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Universidad Tecnológica de Pereira

Maestría en Filosofía Política y Argumentación

Juan Pablo Arroyave Rico – 1088263371

Exposición libros IV y V de Política de Aristóteles

El objetivo del libro IV de Política de Aristóteles consiste en continuar la exposición sobre los diversos regímenes políticos. En este caso, la exposición del filósofo se centra en las características de la república, la oligarquía, democracia y tiranía. En este breve escrito, la atención estará puesta sobremanera en la oligarquía, la democracia y por extensión, a la república o politeía. Como es dicho por el autor, el conocimiento de las especies que configuran la diversidad de la ciudad es al mismo tiempo el conocimiento de cómo se forman y en qué consisten los diferentes regímenes. El criterio que emplea Aristóteles para clasificar las especies de ciudadanos obedece a un juicio implícito que vale la pena aclarar. En principio, la diversidad de ciudadanos, las especies, está dada por los oficios que cumplen, su origen y capital familiar, más no, como ocurre hoy día, por diferencias ideológicas, religiosas, idiomáticas, etc. De esa manera, se plantea una distinción ciudadana marcada predominantemente por factores económicos, de carácter y tiempo libre, el ocio, una de las características esenciales de la vida política en la antigüedad clásica.

No estaría de más, en efecto, recordar que tanto la democracia y la oligarquía son consideradas por Aristóteles como formas de gobierno que han degenerado de formas correctas, a saber, la oligarquía de la aristocracia y la democracia de la república. Por esa razón es posible entender a la postre la reducción inicial que realiza Aristóteles entre ricos y pobres, puesto que estos extremos identifican aquellas legislaturas. Cabe aclarar, además, apegándose al contexto histórico, que no debe considerarse como pobre a aquel que no tiene los medios suficientes para subsistir; más bien, se trata de un tipo de familia libre que debe ocuparse por entero al trabajo y cuidado de sus bienes, lo cual conlleva a una falta de ocio, que le permita el cultivo de saberes y prácticas políticas enteramente dedicadas, sin que por ello, evidentemente, sean excluidos por sí mismos del ejercicio político. Respecto al ciudadano rico la cuestión es más difusa. En efecto, la variabilidad de la riqueza permitiría, en términos moderados, un ejercicio político más eficaz, en tanto se dispondría de tiempo libre para el gobierno, pero una vez la riqueza se acrecienta, es evidente que su ocupación amerita mucho tiempo, impidiendo concentrarse en el gobierno. Bajo esta división, que es ideal comprenderla conjuntamente en términos de tiempo libre, económicos y de carácter, nacen los partidos preponderantes que definen las dinámicas de la oligarquía y la democracia,

y a su vez, la república (Politeia), puesto que ésta es una mezcla mesurada entre las dos anteriores.

Precisamente por lo anterior, Aristóteles comienza su tratamiento de los regímenes a través de la exposición de lo que define a la democracia y oligarquía. El nombre democracia sugiere, por su etimología, poder o gobierno del pueblo, de una mayoría que se hace cargo de la legislatura. Esta apreciación sería correcta si por demos se entiende no la totalidad de la ciudad, sino las especies más humildes. Frente a ello, Aristóteles aclara que las definiciones de democracia y oligarquía no se pueden formular dependiendo apenas de la cantidad de entes encargados de gobernar. Lo que define en su núcleo a estos dos regímenes es la cualidad de las especies de ciudadano, a saber, si se tratan de ricos o pobres. Puesto que todos los

ciudadanos libres pueden aspirar al gobierno y se diferencian por la riqueza y el tiempo libre, dan cabida a formar partidos y constituir regímenes que favorezcan a la parte que adquiere

el poder.

Dado que las ciudades tienen diversas especies que forman la democracia, ésta se presenta

en algunas formas arquetípicas, jerárquicamente expuestas por el autor desde la menos dañina

a la más degradada. El Estagirita identifica que la democracia se sostiene, a pesar de sus

variables, bajo la condición de que se gobierne de acuerdo con la ley, que rija de igual manera

para todos. No es una diferencia sutil entre decir que se gobierne mediante la ley a decir que gobierne la masa; no se trata, pues, de decir que el régimen democrático no formule leyes, sino que debe evitarse la autoridad de la masa sobre la ley y la manipulación de la opinión pública mediante la demagogia. La diferencia, en todo caso, radica en que el gobierno de la masa no formula leyes amparadas en los principios de igualdad y libertad, en las cuales destaca precisamente un status donde no sobresalen ni los pobres ni los ricos, sino decretos que se transfiguran en edictos, imposiciones hacia la ciudad por el uso despótico del poder. En todo caso, ésta forma radical de la democracia conlleva en últimas a la desaparición de la propia democracia, al transgredir sus propios principios de legislatura.

Una de las características elementales de la oligarquía reside en que, mediante el uso del poder que acompaña la acumulación de capital, restringen en varios niveles el acceso a la legislatura. Por ello la comprensión media de la oligarquía indica que sea precisamente el gobierno de unos pocos, que van haciéndose menos en la medida que la riqueza se acrecienta. Cuando la clase oligarca posee una riqueza relativamente baja, determina que las rentas que deben pagarse para ocupar cargos públicos no sean muy altas, permitiendo así el acceso a especies de ciudadanos pobres que puedan permitirse el pago. Una vez que los bienes de los ricos se incrementan, a la par que la especie disminuye, el acceso del demos se restringe totalmente, puesto que la renta aumenta lo suficiente como para no poder ser costeada por los pobres. Es así como la oligarquía se elige a sí misma, llegando al caso de suceder el poder a los herederos. En ambos casos, no se ha llegado al extremo de corrupción de esta forma de gobierno, pues el poder ejercido no es tal que puedan gobernar sin ley. Una vez la especie oligarca disminuya, pero el capital sea llevado al extremo, el círculo oligarca se cierra lo suficiente como para el mutuo favor, logrando de esa manera la plena autoridad de los hombres, con lo cual viene a coincidir con la forma más corrupta de la democracia.

El término república, que debe entenderse mejor como politeía, puesto que designa toda constitución política en general, es el resultado de una mezcla entre oligarquía y democracia. Cierto es que la politeía tiende a inclinarse hacia la democracia, sobremanera por el estatuto de la libertad, pero puede identificarse como presente en una ciudad cuando existe una mezcla legislativa mesurada entre ricos y pobres, a saber, entre dinero y libertad, elecciones que no dependan de la renta en el caso de la especie pobre y elección por nombramiento entre oligarcas y, sobre todo, el florecimiento de ambas especies, las cuales no desearían otro régimen político. La concordancia de esas condiciones permite el surgimiento de las clases medias, donde las virtudes de la politeía se ven con más claridad.

Si bien la aristocracia es el mejor régimen de todos, puesto que pone a los mejores hombres, en términos de virtud ética y nobleza, a cargo del gobierno, resulta difícil implementar un

régimen tal en las ciudades. El que más se acerca a ello, por dirigirse a la virtud y al pueblo,

y que tiene más posibilidades fácticas de aplicación es la politeía. La clase media no sólo

significa equilibrio económico, sino que es la condición de posibilidad para el desarrollo de

la virtud y actitudes políticas sanas. Al mantener un punto de equilibrio, la clase media evita

la confrontación entre los extremos de las clases, las querellas típicas entre pobres y ricos, tales como la envidia y la soberbia, así mismo una legislatura que intente la supresión de la

otra parte. En tanto prevalece el ideal de igualdad, que no es meramente igualdad en libertad,

y las condiciones para ello son dadas, el sentido de comunidad cívica, por ser el más común

a ricos y pobres y de mayor confianza, encuentra los medios para su realización.

Pasando al libro V, Aristóteles se centra en la exposición de las causas del cambio de sistemas políticos, cuáles son las corruptelas de cada uno y cómo se conservan cada uno de los regímenes. Inicialmente, los cambios en los sistemas políticos nacen de las ideas de igualdad

y desigualdad que tienen las especies pobres y ricas respectivamente. Al considerarse como

iguales por la libertad, los pobres exigen participar en todos los derechos; bajo el amparo de

la riqueza, los menos desean ser tratados como mejores. Estas desigualdades son inherentes

a la democracia y a la oligarquía, aunque encierren dentro de sí un cierto grado de justicia.

Son inherentes en la medida que el ideario de igualdad está dado diversamente. En efecto, no es de la misma naturaleza la igualdad numérica, propia de una mayoría democrática, que la igualdad basada en el mérito, que estaría al parecer más cercana a la oligarquía, claro está, cuando se justifica el mérito, pues no es característica necesaria de los ricos el ser en sí mismos esforzados. Con estas distinciones panorámicas, se comprende las distintas disposiciones de ánimo para generar cambios en los sistemas políticos: los que buscan una igualdad numérica por ser libres y los que buscan la desigualdad por considerarse superiores, buscan favorecer su posición en la ciudad. A grandes rasgos, las diversas disposiciones pueden enmarcarse en la falta de amistad y el carácter propio que va asociado a las especies:

los unos, por considerarse inferiores o por tener menos, exigen más; los otros, por tenerse en alta estima y estar en una posición elevada, no ven con buenos ojos los honores y favores que reciben los pobres, incluso los de su misma clase.

A lo anterior habría que añadir un número de causas específicas que llevan al cambio de los

regímenes. La democracia cambia, principalmente, con la aparición de la figura del demagogo, un tipo de hombre que tiene la capacidad de ganarse el favor de la masa, en el

uso público de un pseudo-discurso, cuya peculiaridad más destacable consiste en la adulación, la calumnia y la manipulación. Al ganarse el favor de las gentes, generalmente provoca oposiciones radicales entre ricos y pobres, provocando el cambio de la democracia hacia la oligarquía, o cuando exalta las fuerzas de la masa, hacia una tiranía de los pobres.

Siendo la oligarquía un sistema político más inestable que la democracia, sus posibilidades de cambio obedecen a un número mayor. En primer lugar, bajo el uso de la fuerza propia, se quiere ejercer un poder lo suficientemente despótico sobre la masa, en la cuál no sólo se le impide su participación legislativa, sino un perjuicio general a la especie. En segundo lugar, parece patente que los ciudadanos ricos aspiren a la administración de la ciudad, de tal manera que un cambio dentro de la misma oligarquía se gesta cuando los ricos no pueden acceder a los puestos de administración pública. La demagogia vuelve a aparecer, pero en este caso bajo un doble movimiento: hacia la misma oligarquía, que a base de adulación hacia los gobernantes quiere hacerse con el poder y, luego, vuelta hacia las masas, haciéndose pasar como partidario y defensor de los pobres. Otra de las causas tiene que ver con la riqueza:

cuando la oligarquía dilapida sus propios bienes, o cuando los quieren acrecentar robando los bienes públicos. Así mismo, los cambios de la oligarquía se presentan cuando, a causa de las guerras, se genera una desconfianza lo suficientemente grande hacia los pobres, viéndose persuadidos a contratar soldados para su seguridad; de manera similar ocurre en los periodos de paz, donde desconfían entre ellos mismos, delegando la seguridad a un mediador. Surge otra causa de cambio cuando existe desprecio mutuo entre los oligarcas, haciendo que algunos de ellos queden a merced de otros. También, cuando la oligarquía es despótica tiende a ser derrocada por otros gobernantes. Por último, por cuestiones de azar, donde la clase media gana cierto territorio político y desplaza a la oligarquía.

Para finalizar resta hablar de los medios de salvación de los diversos regímenes. El principio rector para salvar a un régimen precisa en el conocimiento de aquello que provoca cambio o destrucción. En efecto, dicho conocimiento hace las veces de la prevención de una enfermedad. Lo demás parece, de manera esquemática, una serie de prescripciones prudenciales frente a los tópicos más concurrentes de los cambios y las discordias entre las especies políticas. Es común a dichas prescripciones mantener el equilibrio de las distintas especies, en términos de riqueza, participación política y derechos, así como también se inculca la participación en los temas de las otras especies, es decir, que los ricos ayuden a resolver las problemáticas de los pobres y viceversa. También es recurrente que dentro de estas prescripciones se de un espacio para el desarrollo de la virtud al evitar lo extremos de riqueza y pobre, al mismo tiempo que se cultiva la virtud civil más importante de todas: la amistad.

Bibliografía:

Aristóteles (1993) Política. Trad. Carlos García Gual y Aurelio Pérez Jiménez.

Barcelona, España: Altaya.