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La capacidad de diferenciar intervalos de tiempo de manera consciente, sin usar

instrumentos que midan exactamente su paso, es una habilidad que no muchas personas
logran desarrollar a cabalidad. Un ejemplo de ello es cuando se habla de la vida cotidiana,
por lo general, se piensa únicamente en las actividades que se han realizado últimamente
en la vida, de forma tan constante que a veces ya ni se detiene la persona a reflexionar en
ello: estudiar, trabajar, caminar determinados trayectos, alimentarse, la delgada línea con
el hábito a veces ni siquiera puede distinguirse.
Entonces, si hablamos de eventos que suceden en determinados lapsos de tiempo,
podemos ayudarnos del enfoque cronológico para ordenar las situaciones que ocurren en
nuestra vida identificando momentos (en el espacio y el tiempo) que nosotros mismos
podemos considerar relevantes, o no, y que son la causa de que actualmente estemos en
esta particular etapa de nuestra existencia.
Ahora bien, una vez que identificamos dichos episodios de nuestra historia personal será
posible apreciar que en cada uno de ellos nuestro actuar pocas veces fue el mismo. Esto
es así porque las condiciones en las que nos encontrábamos como individuos, las personas
que nos rodeaban e incluso el ambiente en el que nos desenvolvíamos, nos encaminaban
a cumplir ciertas actividades para asegurar el funcionamiento de la estructura a la que
pertenecíamos familia, trabajo, escuela o la sociedad como conjunto. Lo cual, en sí mismo,
es otra forma de ordenar, clasificar y entender la vida de una persona.
Con el propósito de entender mejor los enfoques cronológico y estructural funcionalista,
realizaré un análisis de algunas etapas que, bajo mi criterio, han resultado relevantes para
llegar al punto donde me encuentro.
Nací en el año de 1988, este año es muy recordado en el país por la famosa caída del
sistema que le dio la victoria en la contienda electoral a Salinas de Gortari y puso en duda
la legitimidad del proceso, y aún sin tener yo el menor atisbo de consciencia ya cumplía una
función determinante en mi familia. Mi concepción y posterior nacimiento fue el motivo
principal por el que mis padres se casaron, porque en aquellos días no estaba bien visto
tener un hijo fuera del matrimonio, entonces, la función que tenía era la de unir una pareja
para cumplir con el convencionalismo social.
Un año y medio después de mi nacimiento mis padres tuvieron su segundo hijo y en 1992
nació el tercero, entonces pasé a desempeñar el rol de hermano mayor. Durante toda su
vida mis padres se han dedicado el comercio, en aquel entonces mi mamá tenía un puesto
de frituras, botanas, gelatinas y flanes en la puerta de la casa y mi función era avisarle si
alguno de mis hermanos comenzaba a llorar, mientras ella atendía su negocio, para que
acudiera a ver qué necesitaban o qué sucedía.
En 1993 inicié mi etapa escolar, en segundo año de kínder, ahí empezó mi rol de estudiante
con la encomienda de comenzar mi preparación para una vida productiva en el futuro y
también, al ser el primer hijo que asistía a la escuela tenía el objetivo de hacer sentir
orgullosa a mi mamá. En este mismo año se forma una unión de comerciantes para crear
un tianguis en la ciudad. Mis padres tienen la oportunidad de incorporarse, porque el lugar
donde se ubicó quedaba cerca de nuestra casa, poniendo un puesto de jugos y yo también
comienzo a ser comerciante porque, en la medida de mis posibilidades, los ayudo a llevar
las cosas que eran necesarias para poder vender.
De 1994 al 2000 asisto a la primaria, en este período empiezo a destacarme como
estudiante y asisto a concursos de aprovechamiento representando a la institución y su
calidad educativa en la zona y en dos ocasiones a nivel estado. En este periodo el tianguis
cambia de ubicación por tercera vez, ahora en un espacio más amplio y mi familia tiene la
oportunidad de tener dos lugares para vender. En el nuevo espacio ofrecíamos plásticos,
cubetas, ollas, etc. y mi labor era “gritar” a los transeúntes para que se acercaran a comprar.
Además, en la temporada de fiestas patrias (septiembre) mi mamá nos mandaba a mí y a
mi hermano, el que seguía de mí, a vender flanes al jardín por las tardes.
En el 2001, mientras cursaba la secundaria, mis padres decidieron separarse. Mis
hermanos y yo nos quedamos con mi mamá; ahora, además de hermano mayor, era yo el
hombre de la casa. Continuamos trabajando en los tianguis, y antes de irme a la escuela
tenía que ayudar a mi mamá a instalar completamente el puesto para que ella se quedara
atendiéndolo mientras sus hijos íbamos a clase. En este punto, también ayudaba a mis
hermanos con sus dudas sobre las tareas que les dejaban porque mi mamá estudió la
primaria en la escuela nocturna de trabajadores y desconocía algunos temas que yo sí
había tenido oportunidad de ver.
Cuando inicié mis estudios de preparatoria, comencé a trabajar por las mañanas para
contribuir a los gastos de la casa que eran un poco elevados, porque uno de mis hermanos
estaba en la primaria, el otro en secundaria y mi hermano el más pequeño (nacido en 1998)
representaba un gasto considerable en leche y pañales. De éste último hermano, el menor,
era yo casi completamente responsable por las tardes y noches mientras mi mamá atendía
el su puesto. Al tener 15 años era capaz de cambiarlo, alimentarlo y bañarlo. Como dato
curioso, a falta de otra figura masculina en casa, el pequeño decía que yo era su papá al
ver que éramos mi mamá y yo quienes nos hacíamos cargo de él.
Durante los dos años que cursé mis estudios en la Universidad Tecnológica del Norte de
Guanajuato, de igual manera, tuve trabajos a medio tiempo. Al concluir mis estudios busqué
ejercer lo aprendido en la carrera y aunque no tuve mucho éxito, pues era común que me
pidieran experiencia o que el horario se me complicara por el día jueves que tenía que faltar
para ayudar en el tianguis, entre a trabajar en un ciber café donde era encargado de
administrarlo, además pude ayudar a algunos jóvenes y niños enseñándoles a usar la
computadora y el internet, me gusta pensar que los apoyé a continuar sus estudios de
manera más fácil al poder manejar la tecnología sin depender de otra persona.
En el 2010, contribuí al establecimiento de la primera sucursal de la cadena OXXO en la
ciudad al ser parte del primer equipo de trabajo que se hizo cargo de la tienda.
Personalmente me parece un logro relevante porque dentro de la misión de la empresa
están los valores de satisfacer las necesidades de los clientes de manera rápida, práctica
y confiable. Es una empresa de servicios que cumple varias funciones que uno no pensaría
que van con una tienda de autoservicio y, coloquialmente, es símbolo de progreso para una
ciudad que cadenas comerciales de renombre en el país abran establecimientos en los
municipios que podrían considerarse pequeños.
A finales del 2011, se me presentó una aparente mejor oferta de trabajo. Establecer una
tienda de conveniencia en una gasolinera, por los conocimientos y el contacto con
proveedores de mi ocupación anterior logré la encomienda de forma exitosa,
posteriormente pasé al área administrativa de la estación de servicio, pero me encargué de
dar capacitación a los empleados que fueron ingresando a la tienda. A la par, de manera
esporádica, brindaba apoyo capacitando también a nuevo personal para tienda OXXO. En
el 2012 hubo cambio de administración en la gasolinera y las condiciones nuevas
condiciones laborales no me resultaban favorables.
En ese año tomo la decisión de iniciar un negocio propio, un local de renta de computadoras
y venta de impresiones. El establecimiento cumplió la función de satisfacer una necesidad
latente de un servicio que no existía en la zona. En ese mismo negocio, una vez más,
enseño a niños y a jóvenes a usar la computadora para hacer sus tareas y ayudarse en sus
estudios, situación que hace que tome consciencia de la vocación por la enseñanza que
había estado dejando de lado por algunos años. Es por este gusto a la educación, que tomé
la decisión de estudiar la licenciatura en pedagogía porque conjuga la formación de otras
personas, la vocación de servicio y el entendimiento de las necesidades del entorno.
Para concluir, se nos ha dicho -pareciera que demasiadas veces- que debemos tener metas
claras y un objetivo en la vida para motivarnos, para no perder el rumbo o para darse sentido
a nuestra existencia. Pero ¿Qué necesitamos para formular esas metas o nuestro objetivo?
La recomendación común es determinarlas de manera realista, que se encuentren dentro
de nuestras posibilidades, y la mejor manera de entender de lo que somos capaces es
voltear hacia atrás y analizar lo que hemos vivido.
Nuestra forma de pensar, y en consecuencia nuestras acciones, están determinadas por
varias causas; desde el contexto temporal donde nos ubicamos, hasta las interacciones
sociales y los roles que experimentamos al permanecer a distintos grupos. Es muy
importante que el individuo reflexione sobre su historia personal pero yendo más allá del
cuándo y dónde. Entender el por qué brinda la oportunidad de mirar el propio reflejo, bueno
o malo, y aprender de él para tratar de cometer la menor cantidad de errores en el futuro y
que aquellos que se presenten no sean de impacto tan negativo.
En específico, a futuro, la utilidad de los enfoques cronológico y estructural funcionalista
dentro de mi labor docente es poder aprovechar al máximo el tiempo en la formación
adecuada de los alumnos. Preparando individuos informados, pensantes y educados que
contribuyan al desarrollo de la sociedad mediante la enseñanza de conocimientos
pertinentes tanto a su edad como a su maduración mental, por lo que es imprescindible
-como mínimo- conocer las etapas evolutivas del hombre. Así mismo, si busco estructurar
adecuadamente mis clases será más fácil asegurar la consecución de los objetivos para el
curso y realizar mi actividad optimizando los tiempos disponibles de acuerdo a la
calendarización escolar.