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LA PUREZA SEXUAL

Juan 17:15 Dice: “No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal”
Las Palabras de Jesús toman tal fuerza en nuestra actualidad sobre todo por la condición humana
tendiente a la degradación y el deterioro de los aspectos que norman nuestra conducta, con un
mundo tan cambiante impregnado de conceptos erróneos y alejados de la voluntad de Dios, hacen
que la mayoría de las personas sufran a causa de una vida hueca y sin propósito.
Es doloroso ver que esta situación afecta también directamente a la Iglesia ya que se experimenta
el dolor por causa del pecado. Tal influencia, ha permeado especialmente las áreas que al verse
afectadas dañan directamente el espíritu. Adulterio, Pornografía, Fornicación, Aborto, Divorcio,
Abandono, son el resultado de un mal entendimiento y desconocimiento de la sexualidad conforme
a los planes de Dios.

Desde el principio Él creo seres sexuados con características y necesidades propias a su género,
con una identidad pura y orientada a la satisfacción mutua, una mujer para un hombre: “Y estaban
ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban” Génesis. 2:25, este versículo nos habla
de una verdadera intimidad en la pareja. El Plan de Dios es que todo hombre y mujer encuentre en
el matrimonio completa autorrealización y satisfacción en su vida sexual, “El acto sexual no es
pecado. Cuando se practica dentro de la intimidad matrimonial, no quebranta ninguna ley bíblica,
moral o espiritual”.

“Pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación; que cada uno de
vosotros sepa tener su propia esposa en santidad y honor;” 1ª Tesalonicenses 4: 3-4

La santificación implica la pureza sexual en todas nuestras relaciones, una actitud limpia que nos
permita ver el sexo como parte de nuestro ser y que debe ser regulado por la ley espiritual de Dios
ya que Él nos lo dio para disfrutar de una vida satisfactoria y abstenernos mientras no es tiempo de
ejércelo o de todos aquellos hábitos que pueden llegar a desviarnos de lo que Dios establece.

“Porque el ocuparse de la carne es muerte…” Romanos 8:6

En Romanos 1:24, el apóstol Pablo nos menciona que la persona que elige abandonar su relación
con Dios y se vuelve contra lo establecido es entregada a su propia concupiscencia, es decir a su
deseo carnal, que está arraigado en su corazón y que conduce a una corrupción total. Al vivir una
vida lejos de Dios ajenos a su voluntad, sin el conocimiento del orden establecido por Él,
seguramente estaremos sufriendo las consecuencias, es necesario darnos cuenta que la raíz de
todo pecado se origina en el corazón del hombre Marcos 7:21-23, en el ser, en lo que él es; y por
lo tanto el daño es más profundo de lo que parece.

Antes de practicar el acto como tal, sea adulterio, fornicación, homosexualidad, mirar la
pornografía o cualquier otra perversión sexual el área donde se recibirán los primeros ataques será
en los pensamientos, fantasías y de ahí al acto, de manera tan sutil que a veces no se sabe cómo
es que se llegó hasta esa condición “… nuestros enemigos no son solamente pensamientos lascivos
sexuales sino sentimientos <<no dañinos>> de fantasías no concretadas”. Por consiguiente una
persona que cae en impureza sexual, deberá examinar sus pensamientos y desechar todo aquello
que le conduce a imaginar o fantasear al respecto, sino se vuelve de su camino y busca a Dios en
una actitud de arrepentimiento puede presentar un deterioro gradual que lo va hundiendo a
tal condición que su identidad y valor personal se ve destruido, su cuerpo va en busca de
experiencias cada vez más imperantes que terminaran por confundirle hasta destruirlo. De acuerdo
a la luz de la Palabra de Dios y reconociendo que ha sido escrita para prevenirnos de cualquier
asechanza del enemigo es necesario recordar que Cristo mismo guardará nuestros corazones y
pensamientos para librarnos de caer, Filipenses 4:7-8.

EFECTOS EN LA PERSONA:

1.”Mente reprobada” Rom. 1:28, nula comprensión de su condición pecaminosa, e insensibilidad del
daño que se causa a sí mismo y a los demás.
2. Entran a un proceso de deterioro en todas las áreas y especialmente en lo espiritual Rom. 1:28-
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3. Dificultad para establecer relaciones interpersonales, sanas y duraderas.
4. Trastornos en las relaciones sexuales: impotencia, dispareunia, eyaculación precoz, lesbianismo,
homosexualidad, frigidez, etc.

PARA MINISTRAR:

1. Enseñar a la persona sobre la determinación que debe tomar ya que la manera de terminar
con este mal es tomando una actitud radical ante todo lo que llegue a empañar o ensuciar el
Plan de Dios en esta área,
2. Identificando todo aquello que despierte el deseo de caminar sin la aprobación de Jesucristo,
pensando que todo lo que soy, lo que hago glorifica a Dios, 1ª. Corintios 10:31
3. Conocer, escudriñar y meditar en la Palabra del Señor, Salmo 119:11, Salmo 1:2, Josué 1:8
4. Manteniendo cautivos nuestros pensamientos en Cristo Jesús, Isaías 26:3
5. Fortaleciéndose en el poder de la Presencia de Dios a través de la oración, Hebreos 4:13
6. Despojarse de hábitos y compañías que lleguen a influenciar nuestra decisión de abstenernos
7. Cuando la persona que ha caído en impureza sexual es un ministro o siervo de Dios será
necesario dejar por un tiempo el servicio para procurar la restauración de la persona y si es
necesario también de la familia.

RECOMENDACIONES.

Aunque muchas personas hoy en día imitan al hombre que tiene una dedicación agobiada a su
trabajo, así como a la mujer que vive una vida apresurada, el doctor James Dobson afirma que esa
ética equivocada es responsable de una epidemia de matrimonios desdichados. De acuerdo con su
manera de ver, como psicólogo familiar, el doctor Dobson muestra que “la vida ocupada” es una de
las cosas más destructivas para el hogar.
En este librito él nos relata un conflicto que ocurrió en su propio hogar y que le llevó a evaluar de
nuevo sus propias prioridades. Por medio de esa experiencia aprendió tres valiosas lecciones, las
cuales son útiles como principios para la preservación de matrimonios en una sociedad
caracterizada por sus hogares destruidos.

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