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Wolfgang Amadeus Mozart

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Wolfgang Amadeus Mozart

Retrato póstumo, obra de Barbara Krafft, 1819.

Información personal

Nombre de Johannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus


nacimiento Mozart

Nacimiento 27 de enero de 1756


Salzburgo, Arzobispado de Salzburgo, Sacro
Imperio Romano Germánico

Fallecimiento 5 de diciembre de 1791(35 años)


Viena, Archiducado de Austria, Sacro
Imperio Romano Germánico
Causa de la
Faringitis estreptocócica
muerte

Lugar de
St. Marx Cemetery, Austria
sepultura

Nacionalidad Arzobispado de Salzburgo

Lengua
Alemán
materna

Religión Catolicismo

Familia

Familia
Familia Mozart
nobiliaria

Padres Leopold Mozart


Anna Maria Pertl

Cónyuge Constanze Weber (1762-1842)

Hijos 6 hijos[mostrar]

Educación

 Johann Schobert
Alumno de
 Johann Christian Bach

Información profesional

Ocupación Compositor, director de orquesta

Años activo desde 1761

Empleador  Hieronymus von Colloredo

Estudiantes Johann Nepemuk Hummel, Franz Xaver


Süssmayr y Barbara Ployer

Movimiento Clasicismo

Géneros Ópera, sinfonía, concierto, música de


cámara, quinteto de cuerda, sonata para
piano, concierto para piano, cuarteto de cuerda,
música sinfónica, música sacra y música clásica

Instrumentos Piano, clavecín, violín

Obras  Serenata n.º 13


notables  La flauta mágica
 Las bodas de Fígaro
 Réquiem
 Sinfonía n.º 40
 Fantasía n.º 3

Miembro de Francmasonería (desde 1784)

Distinciones Orden de la Espuela de Oro

Firma

Johannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus Mozarta (Salzburgo, 27 de


enero de 1756-Viena, 5 de diciembre de 1791), más conocido como Wolfgang Amadeus
Mozart o simplemente Mozart, fue un compositor y pianista del antiguo Arzobispado de
Salzburgo (anteriormente parte del Sacro Imperio Romano Germánico, actualmente parte
de Austria), maestro del Clasicismo, considerado como uno de los músicos más influyentes y
destacados de la historia.
La obra mozartiana abarca todos los géneros musicales de su época e incluye más de
seiscientas creaciones, en su mayoría reconocidas como obras maestras de la música
sinfónica, concertante, de cámara, para fortepiano, operística y coral, logrando una
popularidad y difusión internacional.
En su niñez más temprana en Salzburgo, Mozart mostró una capacidad prodigiosa en el
dominio de instrumentos de teclado y del violín. Con tan solo cinco años ya componía obras
musicales y sus interpretaciones eran del aprecio de la aristocracia y realeza europea. A los
diecisiete años fue contratado como músico en la corte de Salzburgo, pero su inquietud le
llevó a viajar en busca de una mejor posición, siempre componiendo de forma prolífica.
Durante su visita a Viena en 1781, tras ser despedido de su puesto en la corte, decidió
instalarse en esta ciudad donde alcanzó la fama que mantuvo el resto de su vida, a pesar de
pasar por situaciones financieras difíciles. En sus años finales, compuso muchas de sus
sinfonías, conciertos y óperas más conocidas, así como su Réquiem. Las circunstancias de su
temprana muerte han sido objeto de numerosas especulaciones y elevadas a la categoría
de mito.
Según críticos de música como Nicholas Till, Mozart siempre aprendía vorazmente de otros
músicos y desarrolló un esplendor y una madurez de estilo que abarcó desde la luz y la
elegancia, a la oscuridad y la pasión —todo bien fundado por una visión de la humanidad
«redimida por el arte, perdonada y reconciliada con la naturaleza y lo absoluto»—.1 Su
influencia en toda la música occidental posterior es profunda; Ludwig van Beethovenescribió
sus primeras composiciones a la sombra de Mozart, de quien Joseph Haydn escribió que «la
posteridad no verá tal talento otra vez en cien años».2

Biografía
Familia e infancia

Casa natal de Mozart, en la calle Getreidegasse n.º 9, Salzburgo.

Véanse también: Anexo:Familia Mozart y Mozart y la viruela.

Wolfgang Amadeus Mozart nació el 27 de enero de 1756 en Salzburgo, en la actual Austria,


que en esa época era un arzobispadoindependiente del Sacro Imperio Romano Germánico.
Fue el último hijo de Leopold Mozart, músico al servicio del príncipe arzobispo de Salzburgo.
Leopold era el segundo maestro de capilla en la corte del arzobispo aunque fue un
experimentado profesor. Su madre se llamaba Anna Maria Pertl. Debido a la altísima
mortalidad infantil en la Europa de la época, de los siete hijos que tuvo el matrimonio sólo
sobrevivieron Maria Anna, apodada cariñosamente Nannerl, y Wolfgang Amadeus.
Fue bautizado en la catedral de San Ruperto el día después de su nacimiento con los
nombres de Joannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus Mozart; a lo largo de su vida
firmaría con diversas variaciones sobre su nombre original, siendo una de las más recurrentes
«Wolfgang Amadè Mozart».3
La casa natal de Mozart se encuentra en la Getreidegasse de la ciudad de Salzburgo. Se trata
de una casa que actualmente cuenta con una gran cantidad de objetos de la época e
instrumentos que pertenecieron a Mozart durante su niñez. Es uno de los lugares más
visitados de Salzburgo y una especie de santuario para músicos y aficionados a la música de
todo el mundo.4
Leopold componía y daba clases de música. El año del nacimiento de Wolfgang publicó un
exitoso tratado para la interpretación del violín titulado Versuch einer gründlichen Violinschule.
Después del nacimiento de Wolfgang abandonó todo, salvo las tareas propias de su cargo,
para dedicarse de manera exclusiva a la formación de su hijo. Fue exigente como padre y
como profesor y en todo momento estuvo al tanto de la formación de Wolfgang, para guiarlo
como hombre y como artista.
Nannerl y Wolfgang Amadeus mostraron desde muy pequeños facultades para la música.
Nannerl comenzó a recibir clases de teclado con su padre cuando tenía siete años y su
hermano, cuatro años y medio menor que ella, la miraba evidentemente fascinado. Años
después de la muerte de su hermano ella rememoró:
A menudo pasaba mucho tiempo en el teclado, eligiendo terceras, que a él siempre le sorprendían y
mostraba con placer que el sonido le gustaba. [...] En su cuarto año de edad, su padre comenzó a
enseñarlo, como un juego, a interpretar unos minuetos y otras piezas en el teclado. [...] Podría tocarlo
impecablemente y con la mayor delicadeza y manteniendo exactamente el tempo. [...] a la edad de cinco
años ya componía pequeñas piezas, que interpretaba para su padre, al que estaban dedicadas.3

Retrato de Wolfgang Amadeus Mozart pintado por encargo de Leopold Mozart en 1763. El autor es
desconocido aunque posiblemente fuera Pietro Antonio Lorenzoni.

Entre esas pequeñas piezas se encuentran el Andante para teclado en do mayor, Köchel
Verzeichnis (KV) 1a, y el Allegro para teclado en do mayor, KV 1b.
Cuando Wolfgang Amadeus tenía cuatro años tocaba el clavicordio y componía pequeñas
obras de considerable dificultad; a los seis, tocaba con destreza el clavecín y el violín. Podía
leer música a primera vista, tenía una memoria prodigiosa y una inagotable capacidad
para improvisar frases musicales.
Definitivamente no era un niño común. Su progenitor era un hombre inteligente, orgulloso y
religioso. Creía que los dones musicales de su hijo eran un milagro divino que él, como padre,
tenía la obligación de cultivar.5 Cuando el niño iba a cumplir seis años de edad, Leopold
decidió exhibir las dotes musicales de sus hijos ante las principales cortes de Europa. Según
los primeros biógrafos de Wolfgang, su padre «quiso compartir con el mundo el milagroso
talento de su hijo...». Leopold creyó que proclamar este milagro al mundo era un deber hacia
su país, su príncipe y su Dios, por lo que tenía que mostrarlo a la alta sociedad europea, ya
que de otra manera él sería la criatura más ingrata.6
El biógrafo Maynard Solomon afirma que mientras Leopold era un profesor fiel a sus hijos,
existen evidencias de que Wolfgang trabajaba duramente para avanzar más allá de lo que le
enseñaban.7 Su primera composición impresa y sus esfuerzos precoces con el violín fueron
por iniciativa propia y Leopold se vio fuertemente sorprendido. Padre e hijo tenían una relación
muy estrecha y estos logros de niñez hicieron llorar de alegría a Leopold más de una vez.3
Finalmente Leopold dejó de componer cuando el excepcional talento musical de su hijo se
hizo evidente.8 Él era el único profesor de Wolfgang en sus primeros años y le enseñó música,
así como el resto de asignaturas académicas.7

Años de viajes
La familia Mozart durante su viaje: Leopold interpretando el violín; Wolfgang Amadeus
al clavecín y Nannerl, cantando. Acuarela de Louis Carrogis Carmontelle hacia 1763.9

Artículos principales: Viaje de la familia Mozart y Mozart en Italia.

Durante los años en los que Mozart se estaba formando su familia realizó varios viajes por
Europa, en los cuales mostraron a él y a su hermana Nannerl como niños prodigio. El 12 de
enero de 1762 la familia entera partió hacia Múnich, comenzando con una exhibición en la
corte del príncipe elector de Baviera Maximiliano III y más tarde en el mismo año en la
corte imperial de José II de Habsburgo en Viena y Praga. La permanencia en la ciudad de
Viena, uno de los principales centros de la música en esa época, culminó con dos recitales
ante la familia imperial en el palacio de Schönbrunn. El pequeño Wolfgang causaba sensación
en cada concierto, aunque el dinero recolectado en este viaje no fue tanto como los elogios
recibidos. Podría decirse que este fue un viaje de prueba para Leopold. El 5 de
enero de 1763 la familia Mozart retornó a Salzburgo; el viaje había durado poco menos de un
año.
El 9 de junio de 1763 iniciaron una larga gira de conciertos que duró tres años y medio, en la
que la familia se desplazó a las cortes de Múnich, Mannheim, París, Londres, La Haya, otra
vez a París y volvieron a casa pasando por Zúrich, Donaueschingen y Múnich, cosechando
grandes éxitos. Durante este viaje Mozart conoció un gran número de músicos y las obras de
otros compositores, en particular a Johann Christian Bach, a quien Mozart visitó en Londres
en 1764 y 1765. Bach fue una influencia importante para el joven compositor. La familia
regresó a Viena a finales de 1767 y permaneció en la ciudad hasta diciembre del año
siguiente. En Viena fueron llamados al palacio por la madre del emperador, María Teresa,
quien quedó encantada con el niño Wolfgang Amadeus hasta el punto de que incluso lo sentó
en su regazo y lo besó.
En Versalles los Mozart tocaron ante el monarca Luis XV. La anécdota fue que en esa ocasión
la amante del rey, la altiva Madame de Pompadour, no permitió que el niño Wolfgang la
abrazara por temor a que se estropeara su traje.10 En Londrescausaron la admiración del
rey Jorge III y durante este viaje el joven músico compuso su Primera Sinfonía (en mi bemol
mayor, KV 16).11 En los Países Bajos deslumbró tocando el órgano y compuso su
primer oratorio (Die Schuldigkeit des ersten Gebotes, KV 35) a los nueve años.12
A menudo estos viajes eran duros debido a los rudimentarios medios de transporte de aquel
tiempo,13 la necesidad de esperar pacientemente las invitaciones y el pago de las actuaciones
por parte de la nobleza14 y las largas enfermedades, algunas casi mortales, padecidas lejos de
su hogar: en primer lugar enfermó Leopold, en el verano de 1764 durante su estancia en
Londres,15 y luego enfermaron ambos niños en La Haya durante el otoño de 1765.16
La familia regresó a Salzburgo el 30 de noviembre de 1766. Después de un año en la
ciudad Leopold y Wolfgang viajaron a Italia, dejando en casa a la madre de Wolfgang y a su
hermana. Estos viajes duraron de diciembre de 1769 a marzo de 1771y, al igual que los
primeros viajes que realizaron, tenían como objetivo mostrar las capacidades del joven como
intérprete y como compositor que maduraba rápidamente. Mozart conoció
en Bolonia a Giovanni Battista Martini, importante teórico de la música en aquel tiempo y por
quien Mozart siempre guardó un gran afecto, y fue aceptado como miembro de la Academia
Filarmónica de Bolonia, considerada el centro de erudición musical de la época.1718 El ingreso
de Mozart en la Academia fue extraordinario, ya que aún le faltaba mucho para los veinte
años, edad mínima exigida por el reglamento.

Wolfgang tocando el clavicordio y Thomas Linley (de la misma edad) el violín, durante su estancia
en Florenciaen 1770.

Llegaron a Roma el 11 de abril de 1770, donde escuchó el Miserere de Gregorio Allegri una
vez durante una representación en la Capilla Sixtina. Esta obra tenía carácter secreto, pues
sólo podía interpretarse en dicho lugar y su publicación estaba prohibida bajo pena
de excomunión. Sin embargo, apenas llegado a la posada donde se alojaba, el joven
compositor demostró poder escribir de memoria una versión muy aproximada de
la partitura completa. El papa Clemente XIV, admirado del talento del músico de 14 años, no
sólo no lo excomulgó, sino que lo nombró Caballero de la Orden de la Espuela de Oro.19b20
En Milán Mozart escribió la ópera Mitridate, re di Ponto (KV 87, 1770), que fue interpretada
con éxito. Esto supuso el encargo de dos nuevas óperas y Wolfgang y Leopold volvieron dos
veces más a Milán (desde diciembre de 1771 hasta agosto de 1772 y desde octubre de ese
mismo año hasta marzo de 1773) para la composición y los estrenos de Ascanio in
Alba (KV 111, 1771) y Lucio Silla (KV 135, 1772). Leopold esperaba que estas visitas
consiguieran una contratación profesional para su hijo en Italia, pero sus esperanzas nunca se
cumplieron.21 Hacia el final del último viaje a Italia, Mozart escribió la primera de sus obras
más famosas y que todavía es interpretada extensamente en la actualidad,
el motete Exsultate, jubilate, KV 165.
Cada representación del joven Wolfgang Amadeus era una exhibición de su virtuosismo con
el clavecín y el violín (se cuenta que ya en esa época podía tocar el teclado con los ojos
vendados), y maravillaba a los espectadores improvisando sobre cualquier tema que le
proponían.22
La corte de Salzburgo

La relación de Mozart con su patrón el arzobispo de Salzburgo, Hieronymus von Colloredo, fue bastante
turbulenta por sus continuas discusiones y desembocó en la renuncia del compositor y su marcha a la
ciudad de Viena.

La casa de la familia Mozart desde 1773 en Salzburgo y ahora museo; conocida


como Tanzmeisterhaus. Wolfgang vivió allí hasta 1781, y su padre, Leopold, hasta su muerte en 1787.

Mozart y su padre volvieron definitivamente a Salzburgo el 13 de marzo de 1773. Allí se


enteraron de la muerte del príncipe-arzobispo Schrattenbach, quien siempre los había
apoyado. Comenzó entonces una nueva etapa, mucho más difícil, en la que Hieronymus von
Colloredo, el nuevo príncipe-arzobispo de Salzburgo, se mostró autoritario e inflexible con el
cumplimiento de las obligaciones impuestas a sus subordinados. Mozart era hijo predilecto de
la ciudad, en la que tenía muchos amigos y admiradores,23 y tuvo la oportunidad de trabajar
en numerosos géneros musicales, incluyendo sinfonías, sonatas, cuartetos de
cuerdas, serenatas, divertimentos, mucha música sacra y algunas óperasmenores. Varias de
estas primeras obras aún son interpretadas. Entre abril y diciembre de 1775, Mozart desarrolló
un entusiasmo por los conciertos para violín, produciendo una serie de cinco conciertos (los
únicos que escribiría en su vida), incrementando constantemente su sofisticación musical. Los
últimos tres (KV 216, KV 218 y KV 219) son ahora básicos en el repertorio de este
instrumento. En 1776 centró sus esfuerzos en los conciertos para piano y orquesta (de los
cuales compondría un total de 27), culminando en el Concierto para piano y orquesta n.º 9 en
mi bemol mayor (KV 271, llamado Jeunehomme) a principios de 1777, considerado por los
críticos el punto de inflexión de su obra.24
A pesar de estos éxitos musicales y de ser confirmado en su puesto de maestro de conciertos
(Konzertmeister), Mozart estaba cada vez más descontento con su situación en Salzburgo y
redobló sus esfuerzos para establecerse en cualquier otro sitio. Uno de los motivos de dicho
descontento fue su bajo salario, 150 florines por año,c25 pero también necesitaba mucho
tiempo para componer sus óperas y la ciudad en raras ocasiones se lo permitía. La situación
empeoró en 1775 cuando el teatro de la corte fue clausurado, especialmente desde que el otro
teatro de Salzburgo fue reservado principalmente para las compañías visitantes.26
Leopold y Wolfgang realizaron dos largas expediciones en busca de trabajo durante su larga
estancia en Salzburgo. Visitaron Viena desde el 14 de julio al 26 de
septiembre de 1773 y Múnich desde el 6 de diciembre de 1774 hasta marzo de 1775. Estas
visitas no tuvieron éxito, aunque el viaje a Múnich tuvo una gran acogida popular con el
estreno de la ópera La finta giardiniera (KV 196) y el viaje a Viena fue positivo para su arte, ya
que conoció el nuevo estilo vienés a través de la música de Joseph Haydn.27

El viaje a París

Retrato de la familia Mozart hacia 1780, obra de Johann Nepomuk della Croce. De izquierda a derecha,
Nannerl, Wolfgang y Leopold. El retrato de la pared es de Anna Maria, la madre de Mozart, que falleció
en 1778.
Retrato de Mozart llevando la insignia de la Orden de la Espuela de Oro, recibida en 1770 de manos
del papa Clemente XIV en Roma. La pintura es una copia de 1777 de una obra ahora perdida.

Mozart trabó relación con los miembros de la famosa orquesta de Mannheim, la mejor de
Europa en esa época. Esta orquesta era conocida porque, de una manera muy característica y
especial, exageraban de manera muy explícita la diferencia entre los pasajes suaves y los
fuertes. Este estilo se difundió como «estilo de Mannheim» y pocas décadas después sería
una característica principal de la música del Romanticismo. También se enamoró de Aloysia
Weber, una de las cuatro hijas de la familia Weber, a la que conoció durante una escala en
Múnich. En Mannheim había algunas perspectivas de conseguir empleo, pero no encontraron
nada y los Mozart se marcharon a París el 14 de marzode 177828 para continuar su búsqueda.
Allí su suerte apenas mejoró. En una de sus cartas a casa insinúa la posibilidad de
establecerse como organista en Versalles, pero Mozart no estaba demasiado interesado con
este nombramiento.29 Su situación económica era delicada hasta el punto de que debido a las
deudas tuvo que empeñar objetos de valor.30 El peor momento de su viaje fue cuando la
madre de Mozart enfermó y falleció el 3 de julio de 1778.31 Probablemente se demoraron
demasiado en llamar a un médico, según Halliwell, por la falta de fondos.32
Durante la estancia de Wolfgang en París, Leopold seguía buscando enérgicamente
oportunidades para la vuelta de su hijo a Salzburgo33 y con el apoyo de la nobleza local
asegurarle una mejor posición como organista y primer violinista de la corte. El salario anual
ascendía a 450 florines,34 pero Wolfgang era reacio a aceptarlo35 y después de marcharse de
París el 26 de septiembre de 1778 se detuvo en Mannheim y Múnich, todavía con la
esperanza de obtener un nombramiento fuera de Salzburgo. En Múnich se volvió a encontrar
con Aloysia, convertida en una exitosa cantante, pero ella le dejó claro que no estaba
interesada en él.36
Finalmente, Wolfgang regresó a su hogar el 15 de enero de 1779 y aceptó el nuevo puesto,
pero su descontento con Salzburgo no había disminuido. La Sonata para piano n.º 8 en la
menor (KV 310) y la Sinfonía n.º 31 en re mayor (KV 297, llamada París) están entre las obras
más conocidas de la estancia de Mozart en París, donde fueron ejecutadas el 12 y 18 de
junio de 1778, respectivamente.37
Marcha a Viena

Mozart acudió a las celebraciones del acceso al trono austriaco de José II de


Habsburgo como emperador que tuvieron lugar en Viena.

En enero de 1781, se estrenó en Múnich la ópera Idomeneo, re di Creta (KV 366) de Mozart
con un «considerable éxito»38 y en marzo, el compositor fue llamado a Viena, donde su patrón
el arzobispo Colloredo acudió a las celebraciones del acceso al trono austriaco de José II de
Habsburgo como emperador.d Mozart, fortalecido por los elogios recibidos en Múnich, se sintió
ofendido cuando Colloredo lo trató como a un mero sirviente y particularmente cuando el
arzobispo le prohibió tocar ante el Emperador en casa de la condesa Maria Wilhelmine Thun,
actuación por la que hubiera recibido unos honorarios iguales a la mitad del salario anual que
cobraba en Salzburgo.
El enfrentamiento llegó en mayo, cuando Mozart se negó a llevar un paquete enviado por
Colloredo a Salzburgo. Ante su negativa de convertirse en mensajero, Mozart es insultado por
su patrón y el compositor, de forma audaz, lo interrumpe en medio de su ira: «¿Su Gracia no
está conforme conmigo?». La respuesta de Colloredo fueron más improperios y se cerró con
un «¡vete ya!». Mozart intentó dimitir de su puesto presentando su dimisión al auxiliar del
arzobispo, el conde Arco, pero el arzobispo la rechazó. Le concedieron un permiso el mes
siguiente, pero de forma insultante. Días más tarde, cuando Mozart intentaba entregar
personalmente a Colloredo un último «memorial», el conde Arco le cerró el paso en la
antecámara del arzobispo, produciéndose otra escena violenta, y el compositor fue expulsado
literalmente «con una patada en el culo».39
La discusión con el arzobispo fue muy dura para Mozart porque su padre se posicionó en su
contra, ya que esperaba fervientemente que siguiera obedientemente a Colloredo en su vuelta
a Salzburgo. Leopold intercambió cartas con su equivocado hijo, urgiéndole a reconciliarse
con su patrón, pero Wolfgang defendió apasionadamente sus intenciones de emprender una
carrera independiente en Viena. El debate finalizó cuando Mozart renunció a su puesto,
liberándose de las demandas de un patrón opresivo y un padre demasiado solícito. Solomon
caracteriza la dimisión de Mozart como un «paso revolucionario» que alteró enormemente el
curso de su vida.40 En Viena, Mozart se había dado cuenta de algunas buenas oportunidades
y decidió instalarse allí como intérprete y compositor independiente.39
Primeros años en Viena
Véase también: Mozart y la francmasonería

La nueva carrera de Mozart en Viena tuvo un buen comienzo. A menudo realizaba


interpretaciones como pianista, destacando en una competición ante el Emperador con Muzio
Clementi el 24 de diciembre de 1781 y pronto se «consolidó como el mejor intérprete de
teclado de Viena».39 También prosperó como compositor y en 1782 completó la ópera El rapto
en el serrallo (Die Entführung aus dem Serail, KV 384), que fue estrenada el 16 de julio de ese
mismo año y obtuvo una enorme aclamación. Además daría inicio al género operístico
conocido como singspiel u ópera alemana, en un momento en que el italiano era el idioma
más habitual para la ópera. La obra fue pronto interpretada «a través de la Europa de habla
germana»39 y consolidó plenamente la reputación de Mozart como compositor. Como
anécdota, el emperador José II comentó al final del estreno de la ópera: «Música maravillosa
para nuestros oídos, verdaderamente creo que tiene demasiadas notas», a lo que el
compositor contestó: «Exactamente, ¿cuántas son menester?».
A pesar de que Mozart aún no lograba su madurez y profundidad definitiva, en esta obra se
expresa quizá por primera vez la dimensión dramática que se aprecia en las posteriores
óperas del compositor de Salzburgo. Esta ópera le dio a Mozart el mayor éxito teatral que
conocería en vida.

Retrato de Constanze Weberrealizado por su cuñado Joseph Langeen 1782

En la época en la que sus disputas con el arzobispo Colloredo estaban en su punto más
álgido, Mozart se trasladó con la familia Weber, que se habían mudado a Viena desde
Mannheim. El padre, Fridolin, había fallecido y el resto de la familia acogía ahora huéspedes
como medio para subsistir.41 Tras su fracaso sentimental con Aloysa Weber, que estaba ahora
casada con el actor Joseph Lange, encontró consuelo en Constanze, la hermana menor. Pero
sabía que su padre Leopold no apreciaba a esa familia puesto que, no sin razones, creía que
estos (fundamentalmente la madre) querían aprovecharse del éxito de su hijo. Sin embargo,
hay suficientes antecedentes de que Constanze amaba verdaderamente a Mozart y nunca
compartió las maquinaciones de su madre. Como el consentimiento de su padre era
fundamental para Mozart, quiso viajar a Salzburgo para presentarle formalmente a la novia,
pero varios eventos postergaron el temido viaje para enfrentarse a su progenitor.
Finalmente, el 4 de agosto de 1782, sin el consentimiento paterno, Wolfgang Amadeus y
Constanze se casaron en Viena.42 Para celebrar la unión y para calmar a su padre, Mozart
compuso la inconclusa Gran misa en do menor (KV 427). Pensaba estrenarla en Salzburgo
con Constanze como primera soprano solista. Sólo pudo hacerlo en agosto de 1783, pero no
consiguió su objetivo. Deseaba demostrar a su familia que había sabido elegir, pero Leopold y
Nannerl jamás terminarían de aceptar a Constanze. En el contrato de matrimonio, Constanze
«asigna a su prometido quinientos florines que [...] ha prometido aumentar después con mil
florines», «para poder sobrevivir» con el total. Además, todas las adquisiciones conjuntas
durante el matrimonio debían ser propiedad común de ambos.43 El matrimonio tuvo seis hijos:
Raimund Leopold (17 de junio de 1783-19 de agosto del mismo año), Karl Thomas Mozart (21
de septiembrede 1784-31 de octubre de 1858), Johann Thomas Leopold (18 de
octubre de 1786-15 de noviembre de ese año), Theresia Constanzia Adelheid Friedericke
Maria Anna (27 de diciembre de 1787-29 de junio de 1788), Anna Maria (25 de
diciembre de 1789, fallecida poco después de su nacimiento) y Franz Xaver Wolfgang
Mozart (26 de julio de 1791-29 de julio de 1844), de los cuales sólo dos sobrevivieron, Karl
Thomas y Franz Xaver Wolfgang.
Durante los años 1782 y 1783 conoció profundamente la obra de Georg Friedrich
Händel y Johann Sebastian Bach a través del barón Gottfried Van Swieten, un coleccionista y
aficionado musical que tenía en su poder una biblioteca con gran cantidad de obras
de compositores barrocos. Entre las obras que estudió se encontraban los oratorios de Händel
y El clave bien temperado de Bach. Mozart asimiló los modos de composición de ambos,
fusionándolo con el propio, dando a la mayoría de las obras de este período un
toque contrapuntístico, apreciable en las transcripciones que hizo de algunas fugasde El clave
bien temperado KV 405, las fugas para piano KV 394, KV 401 y KV 426 (esta última transcrita
luego para cuerdascon el número de catálogo KV 546). Pero, sobre todo, se puede apreciar la
influencia de Händel y Bach en los pasajes de fuga de La flauta mágica y el final de la Sinfonía
Júpiter. El estudio de estos autores fue para Mozart tan importante que llegó a
realizar arreglos para obras como El Mesías (KV 572) o Alexander's Feast (KV 591), ambos
oratorios de Händel.
En 1783, Mozart y Constanze visitaron a la familia de este en Salzburgo. Leopold y Nannerl
fueron, a lo sumo, solamente corteses con Constanze pero la visita al menos incitó la
composición de una de las grandes obras litúrgicas de Mozart, la ya mencionada Gran misa
en do menor (KV 427). Aunque no completada, fue estrenada en Salzburgo con Constanze
cantando las partes solistas.44
Mozart conoció a Joseph Haydn en Viena y en ocasiones interpretaban juntos en un cuarteto de
cuerdasimprovisado.

Mozart conoció a Joseph Haydn en Viena. Cuando Haydn visitaba la ciudad, en ocasiones
interpretaban juntos en un cuarteto de cuerdas improvisado. Los seis cuartetos de Mozart
dedicados a Haydn (KV 387, KV 421, KV 428, KV 458, KV 464 y KV 465) datan del período de
1782 a 1785 y suponen una respuesta cuidadosamente considerada a los Cuartetos de
cuerda rusos Opus 33 que Haydn había compuesto en 1781. Al oírlos, Haydn permaneció en
pie como signo de respeto hacia Mozart y, según recordó más tarde su hermana, dijo a
Leopold sobre Wolfgang: «Le digo a usted ante Dios, y como un hombre honesto, que su hijo
es el mayor compositor conocido por mí en persona y por reputación, tiene gusto y, además,
la mayor habilidad para la composición».45
Desde 1782 hasta 1785, Mozart organizó conciertos en los que realizaba interpretaciones
como solista, presentando tres o cuatro nuevos conciertos para piano en cada estación. Ya
que el espacio en los teatros era escaso, reservó lugares poco convencionales para realizar
sus conciertos, como un cuarto grande en el Trattnerhof (un edificio de apartamentos) y el
salón de baile del Mehlgrube (un restaurante), entre otros.46 Los conciertos eran muy
populares y de los que él estrenó algunos todavía son obras básicas de su repertorio.
Solomon escribe que durante este periodo Mozart creó «una conexión armoniosa entre un
ejecutante-compositor impaciente y una audiencia encantada, que dieron la oportunidad de
atestiguar la transformación y la perfección de un género musical principal».46
Con las sustanciales ganancias de sus conciertos y otras actuaciones, el matrimonio Mozart
adoptó un modo de vida más bien lujoso. Se trasladaron a un apartamento caro, con un
alquiler anual de 460 florines.47 Mozart también compró una excelente fortepiano de Anton
Walter por aproximadamente 900 florines, una mesa de billar por unos 300,47 envió a su hijo
Karl Thomas a un internado caro4849 y contrataron sirvientes. Por lo tanto, con este modo de
vida el ahorro era imposible y el corto período de éxito financiero no hizo nada para amortiguar
las dificultades que más tarde Mozart experimentaría.5051
El 14 de diciembre de 1784, Mozart se convirtió en francmasón y fue admitido por la logia Zur
Wohltätigkeit.52 La francmasonería jugó un papel importante en el resto de la vida del
compositor, ya que acudió a muchas reuniones, muchos de sus amigos eran masones y en
varias ocasiones compuso música masónica.
Mozart anhelaba reformas sociales en el sentido de progreso pero no al punto de apoyar las
reivindicaciones sociales que Pierre-Augustin de Beaumarchais defendía en la pieza original
de Las bodas de Fígaro. Mozart tenía el espíritu del ideal masónico completamente opuesto al
de los jacobinos. La condición de «doméstico» o «lacayo» no le parecía deshonrosa.53
Vuelta a la ópera

Libreto del estreno de Las bodas de Fígaro en Praga en 1786

Véanse también: Anexo:Óperas de Mozart, Mozart y Beethoven y Mozart y Praga.

A pesar del gran éxito obtenido con El rapto en el serrallo en 1782, Mozart compuso poca
literatura operística en los siguientes cuatro años, produciendo únicamente dos obras
inconclusas (L'oca del Cairo, KV 422, y Lo sposo deluso, KV 430) y la comedia en un acto Der
Schauspieldirektor (KV 486). Se centró fundamentalmente en su carrera como pianista solista
y como compositor de conciertos. Sin embargo, alrededor de 1785, Mozart abandonó la
composición de obras para teclado54 y comenzó su famosa colaboración operística con
el libretista Lorenzo da Ponte.
En 1786 tuvo lugar en Viena el exitoso estreno de la ópera Las bodas de Fígaro(KV 492),
basada en la obra homónima de Pierre-Augustin de Beaumarchais y que no estuvo exenta de
polémica debido a su contenido político. Sin embargo, Mozart y Da Ponte se las arreglaron
para excluir de esta todo aquello que pudiese «poner nerviosas» a las autoridades vienesas y
logró pasar la censura. La preocupación del Emperador residía en que la obra sugería la lucha
de clases y en Francia ya había provocado algunos disturbios a su hermana María Antonieta.
En el aria de Fígaro «Se vuol ballare» se nota parte de ese contenido que quiso minimizarse
(Fígaro, con fina pero intensa ironía, entona una cavatina dirigida a su patrón el Conde de
Almaviva).
Su recepción en Praga más tarde en el mismo año fue aún más cálida y esto condujo a una
segunda colaboración con Da Ponte: la ópera Don Giovanni (KV 527), que fue estrenada en
Praga en octubre de 1787 con un rotundo éxito, al igual que sucedió en su estreno en Viena
en 1788. Esta obra, que narra las aventuras de Don Juan, había sido un tema recurrente en la
literatura y el teatro y, por lo tanto, Da Ponte no se basa en un texto en particular, sino que
recoge información de múltiples fuentes. La ópera fue catalogada por Mozart como
un dramma giocoso y su título original era Il dissoluto punito o sia Il D. Giovanni. El contenido
dramático de esta obra está presente desde el comienzo, con la muerte del comendador,
hasta el final y contiene algunos de los pasajes más hermosos de la obra de Mozart.
Las dos óperas se encuentran dentro de las obras más importantes de Mozart y son básicas
en el repertorio operístico actual, aunque en sus estrenos su complejidad musical causara
dificultades tanto para los oyentes como para los intérpretes. El padre del
compositor, Leopold, no pudo ser testigo de estos acontecimientos, ya que había fallecido
el 28 de mayo de 1787. Esto sumió al hijo en una gran aflicción, ya que su padre había sido su
mejor consejero y amigo (hecho documentado en la numerosa correspondencia entre ambos).
En diciembre de 1787, Mozart finalmente obtuvo un puesto estable bajo
el patrocinio aristocrático. El emperador José II lo designó como su «compositor de cámara»
(Kammermusicus), un puesto que había quedado vacante el mes anterior tras la muerte
de Christoph Willibald Gluck. Este fue un nombramiento a tiempo parcial, recibiendo
únicamente 800 florines por año y que sólo requirió que Mozart compusiera obras para los
bailes anuales en el palacio imperial. Mozart se quejó a Constanze de que la paga era
«demasiado para lo que hago, demasiado poco para lo que yo podría hacer».55 Sin embargo,
a pesar de que este ingreso era modesto fue importante para Mozart cuando llegaron los
tiempos duros. Los expedientes judiciales muestran que el objetivo del Emperador era impedir
que su estimado compositor abandonara Viena en la búsqueda de mejores perspectivas.55
En 1787, el joven Ludwig van Beethoven pasó dos semanas en Viena, esperando estudiar con
Mozart. Los documentos existentes sobre este encuentro son contradictorios y existen al
menos tres hipótesis en vigor: que Mozart oyó la interpretación de Beethoven y lo elogió, que
Mozart rechazó a Beethoven como estudiante, y que nunca se llegaron a encontrar.

Dificultades económicas
Véase también: Viaje de Mozart a Berlín

Retrato de Mozart durante su visita a Dresden en abril de 1789, por Dora Stock

Hacia el final de la década de 1780 la situación económica de Mozart empeoró. Alrededor de


1786 dejó de aparecer frecuentemente en conciertos públicos, por lo que sus ingresos se
redujeron.56 Esa época fue de grandes dificultades para todos los músicos de Viena a causa
de la guerra entre Austria y Turquía y que el nivel de prosperidad y estatus económico de la
aristocracia, que los financiaba, se había reducido.57
La ciudad de Viena iría perdiendo el interés musical por Mozart debido al advenimiento de
otros pianistas con una técnica mucho más aguerrida, como en el caso de Muzio Clementi,
con escalas en terceras y acordes más sonoros ideales para los pianos de construcción
inglesa de una sonoridad más robusta (al contrario de los de sonoridad delicada vienesa,
aptos para las escalas y sutilezas del pianismo mozartiano). Sus Academias o conciertos por
suscripción, que habían sido en toda su estadía en Viena una de las mejores fuentes de
ingreso (además de inspiración y motivo de composición de sus conciertos para piano y
orquesta a partir del n.º 11, KV 413), comenzaron a perder audiencia, por lo que ya no le
reportaban beneficios económicos.
A mediados de 1788, Mozart y su familia se trasladaron desde el centro de Viena a un
alojamiento más barato en el barrio periférico de Alsergrund.56 Mozart comenzó a pedir
prestado dinero, cada vez más frecuentemente a Johann Michael Puchberg, un amigo y
hermano de la misma logia masónica, documentados por una «lamentable secuencia de
cartas suplicando préstamos».58 Maynard Solomon y otros autores han sugerido que Mozart
estaba sufriendo una depresión y que parecía que ralentizaba su recuperación económica.59
Las principales obras de este periodo incluyen las tres últimas sinfonías (n.º 39 en mi bemol
mayor, KV 543, n.º 40 en sol menor, KV 550, y n.º 41 en re mayor, KV 551 Júpiter), todas ellas
de 1788, y la última de las tres óperas escritas en colaboración con Da Ponte, Così fan
tutte (KV 588), estrenada en 1790.
Aproximadamente en esa época, Mozart realizó una serie de largos viajes con la esperanza
de incrementar sus ingresos: a Leipzig, Dresde y Berlín en la primavera de 1789 y
a Fráncfort, Mannheim y otras ciudades alemanas en 1790. Estos viajes sólo produjeron éxitos
aislados y no mitigaron los sufrimientos económicos de la familia.
En 1789 recibió una oferta del empresario inglés Johann Peter Salomon, quien le propuso a él
y a Haydn realizar una gira de conciertos por Inglaterra. Se acordó que Haydn fuese el primero
en ir, durante la temporada 1791-1792, y Mozart iría a la vuelta de este, lo que no pudo
concretar por su fallecimiento.

Último año de vida


Véase también: Último apartamento de Mozart

El último año de vida de Mozart, 1791, fue, hasta su enfermedad final, un tiempo de gran
productividad y, en cierto sentido, un tiempo de recuperación personal.60 Realizó numerosas
composiciones, incluyendo algunos de sus trabajos más admirados: la ópera La flauta
mágica (Die Zauberflöte, KV 620), el último concierto para piano y orquesta (n.º 27 en si bemol
mayor, KV 595), el Concierto para clarinete en la mayor KV 622, el último de su gran serie
de quintetos de cuerda (KV 614 en mi bemol mayor), el motete Ave verum corpus KV 618 y el
inacabado Réquiem en re menor KV 626.
La situación financiera de Mozart, una fuente de ansiedad extrema en 1790, finalmente
comenzó a mejorar, ya que, aunque las evidencias no sean concluyentes61 aparecieron
patrocinadores ricos en Hungría y Ámsterdam prometiendo anualidades a Mozart a cambio de
composiciones ocasionales. Probablemente también se benefició de la venta de música de
baile compuesta en su papel como compositor de cámara imperial.61 Mozart no volvió a pedir
dinero prestado a Puchberg y empezó a hacer frente al pago de sus deudas.61
Experimentó una gran satisfacción por el éxito público de algunos de sus trabajos,
destacando La flauta mágica(representada en numerosas ocasiones en el corto período entre
su estreno y la muerte del compositor)62 y la Pequeña cantata masónica KV 623, estrenada
el 15 de noviembre de 1791.63
En marzo de 1791, Mozart ofreció en Viena uno de sus últimos conciertos públicos; tocó el
concierto para piano y orquesta KV 595. Su último hijo, Franz Xaver, nació el 26 de julio.

Enfermedad final y fallecimiento


Artículo principal: Muerte de Wolfgang Amadeus Mozart
Véase también: Último apartamento de Mozart

Mozarts letzte Tage (Últimos días de Mozart) de Hermann von Kaulbach (1873)

La salud del compositor empezó a declinar y su concentración disminuía. Mozart se sintió


enfermo durante su estancia en Praga el 6 de septiembre durante el estreno de su ópera La
clemenza di Tito (KV 621), compuesta en ese año como un encargo para los festejos de la
coronación de Leopoldo II como emperador.64 La obra fue acogida con frialdad por el público.
Al regresar a Viena, Mozart se puso a trabajar en el Réquiem y preparó, en compañía del
empresario teatral y cantante Emanuel Schikaneder, los ensayos de La flauta mágica. Esta se
estrenó con enorme éxito el 30 de septiembre, con el propio Mozart como director.
Por entonces Mozart escribió el Concierto en la mayor para clarinete (KV 622), compuesto
para el clarinetista Anton Stadler. En octubre su salud empeoró; caminaba con su esposa por
el Prater cuando de pronto se sentó en un banco y muy agitado comentó a Constanze que
alguien lo había envenenado. El 20 de noviembrela enfermedad se intensificó y cayó postrado
en cama, sufriendo hinchazón, dolores y vómitos.65

Cenotafio de Mozart en el cementerio de St. Marx en Viena

Mozart recibió los cuidados de su esposa Constanze y su hermana menor Sophiedurante su


enfermedad final y fue atendido por el doctor Nicolaus Closset. Es un hecho probado que
estaba mentalmente ocupado en la finalización de su Réquiem. Sin embargo, las evidencias
de que realmente dictara pasajes a su discípulo Franz Xaver Süssmayr son muy remotas.6667
El 5 de diciembre de 1791, aproximadamente a la medianoche, llegó el doctor Closset de
la ópera y ordenó que le pusieran compresas frías de agua y vinagre sobre la frente para
bajarle la fiebre (a pesar de que Sophie se mostró reacia a hacerlo, puesto que pensaba que
no sería bueno para el enfermo el cambio tan brusco de temperatura). Esto hizo tanto efecto
en él que perdió el conocimiento y no volvió a recuperarse hasta su muerte. Según Sophie, los
últimos suspiros de Mozart fueron «como si hubiera querido, con la boca, imitar
los timbales de su Réquiem».68
A las doce y cincuenta y cinco minutos de la madrugada, Mozart falleció en Viena a la edad de
35 años, 10 meses y 8 días, y su funeral tuvo lugar en la Catedral de San Esteban (donde
anteriormente se había casado con Constanze), el día 6 de diciembre. Fue amortajado según
el ritual masónico (manto negro con capucha).
El entierro de Mozart fue de tercera categoría, con un coste de ocho florines con cincuenta y
seis kreutzer (más un suplemento de tres florines para pagar el coche fúnebre), lo usual para
miembros de la burguesía media. Fue enterrado al anochecer, siendo trasladado el féretro en
coche de caballos hasta el cementerio de St. Marx en Viena, en el que recibió sepultura en
una tumba comunitaria simple (parecida a una fosa común).69 El tiempo que hacía aquella
noche era suave y tranquilo, y con nieblas frecuentes, no tormentoso o ventisca como se ha
pensado erróneamente. El biógrafo Otto Jahnafirmó en 1856, al entierro asistieron Antonio
Salieri, Süssmayr, Gottfried Van Swieten y otros dos músicos.70
La escasa afluencia de público al entierro de Mozart no reflejó su categoría como compositor,
ya que los funerales y conciertos en Viena y Praga contaban con mucha afluencia.71
Ciertamente, en el período inmediatamente posterior a su muerte la reputación de Mozart se
incrementó considerablemente: Solomon lo describe como «una ola de entusiasmo sin
precedentes»71 por sus obras. Varios escritores redactaron biografías sobre el compositor,
como Friedrich Schlichtegroll, Franz Xaver Niemetschek y Georg Nikolaus von Nissen, entre
otros; y los editores compitieron para publicar las ediciones completas de sus obras.71

Hipótesis sobre su muerte


Artículo principal: Muerte de Wolfgang Amadeus Mozart

Véase también: Último apartamento de Mozart

La inesperada y misteriosa muerte de Mozart ha suscitado gran interés desde el principio. En


el acta de defunción oficial constaba que el compositor austriaco había fallecido a causa de
una hitziges Frieselfieber («fiebre miliar aguda», refiriéndose a una erupción cutánea parecida
a semillas de mijo), una descripción que no basta para identificar la causa en la medicina
moderna y que es demasiado amplia e inexacta, ya que no se llevó a cabo la autopsia debido
al avanzado estado de descomposición en que se encontraba el cadáver.
Se han propuesto una multitud de teorías sobre la muerte del compositor,
incluyendo triquinosis, gripe, envenenamiento por mercurio y un extraño achaque en el riñón.
La práctica de sangrías en los pacientes era común en la época y también se cita como un
posible factor que contribuyera a su muerte. Sin embargo, la versión más ampliamente
aceptada es la muerte por una fiebre reumática aguda. Es conocido que tuvo tres o incluso
cuatro ataques desde su infancia y esta enfermedad es recurrente, con consecuencias
incrementalmente más serias en cada ataque, como una infección descontrolada o daño en
las válvulas cardiacas.65

Aspecto físico y personalidad


Artículo principal: Aspecto físico y personalidad de Wolfgang Amadeus Mozart
Véanse también: Mozart y la viruela, Mozart y la Iglesia católica, Estornino de Mozart, Oreja de
Mozart y Último apartamento de Mozart.

Retrato inacabado 72 de Mozart a la edad de 26 años, realizado por su cuñado Joseph Lange en 1782.
Este retrato es considerado por los historiadores como el más fiel a la imagen de Mozart.

El aspecto físico de Mozart fue descrito por el tenor Michael Kelly, en


sus Reminiscencias como «un pequeño hombre notable, muy delgado y pálido, con una
prominente cabellera de cabellos claros, por la que se mostraba muy vanidoso». Como
escribió Franz Xaver Niemetschek, uno de sus primeros biógrafos, «no había nada especial en
[su] físico. [...] Era pequeño y su semblante, excepto sus ojos grandes e intensos, no mostraba
ningún signo de su genio». Su tez facial estaba picada, una secuela de la viruela que sufrió en
su niñez. Le gustaba la ropa elegante; Kelly lo recordó en un ensayo de la siguiente forma:
«Estaba sobre el escenario con su pelliza carmesí y su bicornio con encajes de oro, dando
el tempo de la música a la orquesta». Por su lado, Constanze escribió más tarde que «era
un tenor, bastante suave en la oratoria y delicado en el canto, pero cuando algo lo excitaba, o
era necesario esforzarse, era tan poderoso como enérgico».73
Por lo general Mozart trabajaba durante mucho tiempo y con energía, terminando
composiciones a un gran ritmo debido a los ajustados plazos. A menudo hacía bosquejos y
esbozos aunque, a diferencia de Ludwig van Beethoven, no se han conservado ya que
Constanze los destruyó después de su muerte.74
Fue criado según la moral católica y fue un miembro leal de la Iglesia en todas las etapas de
su vida.75
Mozart vivió en el centro del mundo musical vienés y conocía a un gran número y variedad de
gente: compañeros músicos, intérpretes teatrales, amigos que como él se habían mudado
desde Salzburgo y muchos aristócratas, incluyendo algún conocido del emperador José II.
Solomon considera que sus tres amigos más cercanos pudieron haber sido Gottfried
Janequin, el conde August Hatzfeld y Sigmund Barisani. Muchos otros incluyeron entre sus
amistades a su viejo colega Joseph Haydn, los cantantes Franz Xaver Gerl y Benedikt
Schack y el trompista Joseph Leutgeb. Leutgeb y Mozart mantuvieron un curioso tipo de
burlas amistosas, a menudo con Leutgeb siendo el objeto de las bromas pesadas de Mozart.76
Disfrutaba jugando al billar y el baile y tenía varios animales domésticos: un canario,
un estornino, un perro y también un caballo para equitación lúdica.77 En particular en su
juventud, Mozart tenía un cariño asombroso para el humor escatológico(no tan insólito en su
tiempo), que se aprecia en muchas de sus cartas que han sobrevivido, especialmente aquellos
escritos a su prima Maria Anna Thekla Mozart alrededor de 1777-1778, pero también en su
correspondencia con su hermana Nannerl y sus padres.78 Mozart incluso escribió música
escatológica, como el canon Leck mich im Arsch KV 231 (literalmente «Lámeme el culo», a
veces idiomáticamente traducido como «Bésame el culo» o «Atáscate»).e

Producción musical

Estilo y valoración musicales

Mozart aparece hoy como uno de los más grandes genios musicales de la historia. Fue
excelente fortepianista, organista, violinista y director, destacaba por sus improvisaciones, que
solía realizar en sus conciertos y recitales.
La música de Mozart, al igual que la de Joseph Haydn, es presentada como un ejemplo
arquetípico del estilo clásico. En la época en la que comenzó a componer, el estilo dominante
en la música europea era el estilo galante, una reacción contra la complejidad sumamente
desarrollada de la música del Barroco. Pero cada vez más, y en gran parte en las manos del
propio Mozart, las complejidades del contrapunto del Barroco tardío surgieron una vez más,
moderado y disciplinado por nuevas formas y adaptado a un nuevo entorno estético y social.
Mozart fue un compositor versátil y compuso obras para cada uno de los géneros
musicales principales para la época, incluyendo la sinfonía, la ópera,
el concierto para solistas y la música de cámara. Dentro de este último género, realizó
composiciones para diversas agrupaciones de instrumentos, incluyendo el cuarteto y
el quinteto de cuerda y la sonata para piano. Estas formas no eran nuevas, pero Mozart
realizó avances en la sofisticación técnica y el alcance emocional de todas ellas. Casi sin
ayuda de nadie desarrolló y popularizó el concierto para piano clásico. Compuso numerosas
obras de música religiosa, incluyendo una gran cantidad de misas; pero también
muchas danzas, divertimentos, serenatas y otras formas musicales ligeras de entretenimiento.
También compuso para cualquier tipo de instrumento.
Los rasgos centrales del estilo clásico están todos presentes en la música de Mozart. La
claridad, el equilibrio y la transparencia son los sellos de su trabajo, pero cualquier noción
simplista de su delicadeza enmascara el poder excepcional de sus obras maestras más finas,
como el Concierto para piano n.º 24 en do menor KV 491, la Sinfonía n.º 40 en sol menor KV
550 y la ópera Don Giovanni. Charles Rosen hace hincapié en este punto:
Es sólo por el reconocimiento de la violencia y la sensualidad en el centro de la obra de Mozart por lo
que podemos encaminarnos hacia una comprensión de sus estructuras y hacernos una idea de su
magnificencia. De un modo paradójico, la caracterización superficial de la Sinfonía en sol
menor de Schumann puede ayudarnos a ver al demonio de Mozart más regularmente. En todas las
expresiones supremas de sufrimiento y terror de Mozart, hay algo terriblemente voluptuoso.79
Sobre todo durante su última década, Mozart explotó la armonía cromática hasta un extremo
inusitado, con una notable seguridad y un gran efecto artístico.
Una sección de una página del manuscrito del Réquiem de Mozart, KV 626. (1791), mostrando el
encabezamiento de Mozart en el primer movimiento. Austrian National Library, Codex 17561a, folio 1
(recto).

Una hoja de partitura del movimiento Dies Irae de la misa del Réquiem en re menor (K.626), escrita a
mano por Mozart. Mozarthaus, Viena.

Mozart siempre tuvo un don para absorber y adaptar los rasgos más valiosos de la música de
otros compositores. Sus viajes seguramente le ayudaron a forjarse un lenguaje compositivo
único.f En Londressiendo niño, tuvo lugar un encuentro con Johann Christian Bach y escuchó
su música. En París, Mannheim y Viena encontró muchas otras influencias compositivas, así
como las capacidades de vanguardia de la orquesta de Mannheim. En Italia conoció
la obertura italiana y la opera buffa, las cuales afectaron profundamente en la evolución de su
propia práctica. Tanto en Londres como Italia, el estilo galante estaba en auge: música simple,
brillante con una predilección por la cadencia; un énfasis en
la tónica, dominante y subdominante y la exclusión de otro tipo de acordes, frases simétricas y
particiones claramente articuladas en la forma total de los movimientos.80 Algunas de las
primeras sinfonías de Mozart son oberturas italianas, con tres movimientos que penetran unos
en otros; muchas son homotonales (cada movimiento en la misma armadura de clave, con el
movimiento más lento en el tono relativo menor). Otras obras imitan a las de Bach y otras
muestran las simples formas binariasredondeadas escritas habitualmente por los
compositores vieneses.
A medida que Mozart fue madurando, fue incorporando a sus composiciones más rasgos
adaptados del Barroco. Por ejemplo, la Sinfonía n.º 29 en la mayor KV 201 tiene un tema
principal de contrapunto en su primer movimiento y experimenta con longitudes de frase
irregulares. Algunos de sus cuartetos a partir de 1773 tienen finales de fuga: probablemente
bajo la influencia de Haydn, que había incluido tres finales en esa forma en su Opus 20 que
había publicado por esa época. La influencia del movimiento Sturm und Drang (Tempestad e
ímpetu) en la música, con su presagio de la llegada de la era romántica, es evidente en la
música de ambos compositores en esa época y la Sinfonía n.º 25 en sol menor KV 183 de
Mozart es otro buen ejemplo de ello.
Mozart a veces cambiaría su foco de interés entre la ópera y la música instrumental. Compuso
óperas en cada uno de los estilos predominantes: la opera buffa, como Las bodas de Fígaro,
Don Giovanni y Così fan tutte; ópera seria, como Idomeneo; y el singspiel, del cual La flauta
mágica es el ejemplo más famoso. En sus óperas posteriores empleó cambios sutiles en
la instrumentación, la textura orquestal y el timbre, para aportar una mayor profundidad
emocional y destacar los movimientos dramáticos. Algunos de sus avances en el género
operístico y la composición instrumental son: su empleo cada vez más sofisticado de la
orquesta en las sinfonías y conciertos, que influyó en su orquestación operística y el desarrollo
de su sutileza en la utilización de la orquesta al efecto psicológico en sus óperas, que fue un
cambio reflejado en sus composiciones posteriores no operísticas.81

Obras
Véanse también: Catálogo Köchel, Óperas de Mozart, Sinfonías de Mozart, Sinfonías espurias o
de dudosa autenticidad de Wolfgang Amadeus Mozart y Misas de Mozart.

Véanse también: Anexo:Conciertos para piano de Mozart, Conciertos para trompa de


Mozart, Cuartetos de cuerda de Mozart y Arias de concierto, canciones y cánones de Wolfgang
Amadeus Mozart.

La obra de Mozart fue catalogada por Ludwig von Köchel en 1862, en un catálogo que
comprende 626 opus codificados con un número del 1 al 626 precedido por el sufijo KV.
La producción sinfónica e instrumental de Mozart consta de: 41 sinfonías, entre las que
destacan la n.º 35, Haffner (1782); la n.º 36, Linz (1783); la n.º 38, Praga (1786); y las tres
últimas (la n.º 39, en mi ♭; la n.º 40, en sol menor, KV 550; y la n.º 41, en do mayor, KV
551 Júpiter compuestas en 1788); varios conciertos (27 para piano, 5 para violín y varios para
otros instrumentos); sonatas para piano, para piano y violín y para otros instrumentos, que
constituyen piezas clave de la música mozartiana; música de
cámara (dúos, tríos, cuartetos y quintetos); adagios, 61 divertimentos, serenatas, marchas y
22 óperas.
Mozart empezó a escribir su primera sinfonía en 1764, cuando tenía 8 años de edad. Esta
obra está influida por la música italiana, al igual que todas las sinfonías que compuso hasta
mediados de la década de 1770, época en que alcanzó la plena madurez estilística. El ciclo
sinfónico de Mozart concluye con una trilogía de obras maestras formado por las sinfonías n.º
39 en mi ♭ mayor, n.º 40 en sol menor y n.º 41 en do mayor, compuestas en 1788.
Con respecto a su producción operística, después de algunas obras «menores» llegaron sus
grandes títulos a partir de 1781: Idomeneo rey de Creta (1781); El rapto en el serrallo (1782),
la primera gran ópera cómica alemana; Las bodas de Fígaro(1786), Don Giovanni (1787)
y Così fan tutte (Así hacen todas, 1790), escritas las tres en italiano con libretos de Lorenzo da
Ponte; La flauta mágica (1791), en la que se reflejan los ritos e ideales masónicos, y La
clemencia de Tito (1791).
El grueso de la música religiosa que escribió forma parte del periodo salzburgués, donde
existe una gran cantidad de misas, como la Misa de Coronación, KV 317, sonatas da chiesa y
otras piezas para los diversos oficios de la Iglesia católica. En el período vienés disminuye su
producción sacra. Sin embargo, las pocas obras de carácter religioso de este periodo son
claros ejemplos de la madurez del estilo mozartiano. Compuso la Misa en do menor KV 427
(la cual queda inconclusa, al igual que el Réquiem), el motete Ave verum corpus KV 618 y
el Réquiem en re menor, KV 626.
Johann Nepomuk Hummel fue probablemente el discípulo más conocido de Mozart y una figura de
transición entre el Clasicismo y el Romanticismo.82

También escribió bellísimas canciones, tales como Abendempfindung an Laura KV 523, entre
otras. Compuso numerosas arias de concierto de gran calidad, muchas de las cuales fueron
usadas en óperas de otros compositores a modo de encargo. De sus arias de concierto se
pueden destacar, por su calidad y encanto: Popoli di Tessaglia...Io non chiedo, eterni dei KV
316, Vorrei spiegarvi, oh Dio! KV 418, ambas para soprano, o Per pietà KV 420, para tenor.
A principios de 2012 fue descubierta Allegro Molto, de 84 compases y tres minutos de
duración, en un desván del Tirol. Se estima que la obra fue compuesta en 1767.83

Influencia y legado
Véase también: Mozart y Beethoven#Influencia de las composiciones de Mozart en Beethoven

Categoría principal: Alumnos de Wolfgang Amadeus Mozart

El discípulo más conocido de Mozart fue probablemente Johann Nepomuk Hummel, a quien
Mozart tomó bajo tutela en su casa de Viena durante dos años cuando era un niño. Fue una
figura de transición entre el Clasicismo y el Romanticismo.82
Más importante es la influencia que Mozart ejerció sobre los compositores de generaciones
posteriores. Después del aumento en su reputación después de su muerte, el estudio de sus
partituras ha sido una parte común de la educación de los músicos clásicos.
Ludwig van Beethoven, catorce años más joven que Mozart, valoró y estuvo profundamente
influido por las obras de este, al que conoció cuando era un adolescente. Tal y como se
piensa, Beethoven interpretó en la orquesta de la corte de Bonn las óperas de Mozart84 y viajó
a Viena en 1787 para estudiar con Mozart. Algunas obras de Beethoven son comparables
directamente con las obras de Mozart y compuso cadencias (WoO 58) del Concierto para
piano n.º 20 en re menor KV 466 de Mozart.
Varios compositores han rendido homenaje a Mozart componiendo conjuntos
de variaciones sobre sus temas. Beethoven escribió cuatro conjuntos (Op. 66, WoO 28, WoO
40 y WoO 46). Otros ejemplos son las Variaciones para piano y orquestaOp. 2 de Frédéric
Chopin sobre «Là ci darem la mano» de Don Giovanni (1827) y las Variaciones y fuga sobre
un tema de Mozart de Max Reger (1914), basado en la Sonata para piano n.º 11 KV 331.85
Piotr Ilich Chaikovski compuso su Suite orquestal n.º 4 en sol, llamada «Mozartiana» (1887),
como un tributo al compositor salzburgués. Existe un Vals del compositor Josef Lanner sobre
temas de óperas de Mozart, llamado "Die Mozartisten" (Los "Mozartistas", op. 196).
Mozart en la cultura popular

Mozartkugeln originales

Artículo principal: Mozart en la cultura popular

Dado que Wolfgang Amadeus Mozart tuvo una vida dramática en muchos sentidos, incluyendo
su extraordinaria carrera como niño prodigio, sus luchas para alcanzar la independencia
personal y desarrollar su carrera, sus problemas financieros y su muerte algo misteriosa
mientras intentaba terminar su Réquiem, numerosos artistas han encontrado en Mozart una
fuente de inspiración para sus obras. Tales trabajos han incluido novelas, óperas, películas —
entre las que destaca Amadeus de Miloš Forman— y juegos. También se ha usado su imagen
en la acuñación de monedas o en la emisión de sellos postales, en muchos casos con motivo
de los aniversarios de su nacimiento o fallecimiento.
Anexo:Método de composición de Wolfgang
Amadeus Mozart
(Redirigido desde «Método de composición de Wolfgang Amadeus Mozart»)

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Retrato inacabado de Mozart, obra de su cuñado Joseph Lange.

Determinar cuál era el método de composición de Wolfgang Amadeus Mozart ha sido una
cuestión muy estudiada. La visión decimonónica de este tema se basaba a menudo en una
concepción romántica e idealizada del proceso de composición; los estudios más recientes
han tratado de abordar el asunto a través del examen sistemático de las cartas y documentos
que han sobrevivido, llegando a diversas conclusiones.
Esbozos[editar]
Mozart anotaba a menudo esbozos de sus composiciones, con una extensión que oscilaba
entre breves fragmentos y extensos borradores de las mismas. Aunque muchos de estos
bosquejos no han sobrevivido por haber sido destruidos por la esposa de Mozart,1 han llegado
a nosotros alrededor de trescientos veinte, lo cual supone alrededor del diez por ciento de la
obra del compositor.1
Ulrich Konrad, especialista en los bosquejos,2 describe el efectivo sistema de esquematización
que usaba Mozart, basándose en el análisis de los documentos conservados. Los esbozos
más «primitivos» están escritos con una caligrafía despreocupada, mostrando breves
fragmentos de música; los bosquejos más desarrollados cubren las principales líneas
musicales (y la melodía y, con frecuencia, el bajo), dejando otras líneas en blanco, para ser
rellenadas posteriormente. Mozart consideraba que estaba completa una partitura en forma de
borrador, de tal forma que la apuntaba en su catálogo personal, que llamaba Verzeichnüss
aller meiner Werke.nota 1 Sin embargo, el borrador no incluía todas las notas: faltaba por
completar las voces internas, rellenando la armonía; estos elementos se añadían para crear la
partitura completa, que aparecía en una caligrafía muy legible.3
Este procedimiento concuerda con lo que Mozart escribió a su padre en una carta, fechada el
30 de diciembre de 1780, en la que habla de su ópera Idomeneo, haciendo una distinción
entre «compuesto» y «escrito»: «Tengo que terminar [de escribir esta carta] ahora, porque he
de ir a gran velocidad, todo esta compuesto, pero aún no está escrito». Para Konrad, Mozart
habría completado el borrador de la partitura de la obra, pero aún necesitaba producir la
versión final completa.
De los bocetos que han sobrevivido, ninguno corresponde a obras para teclado solo. Konrad
sugiere que la «improvisación [faceta en la que Mozart tenía grandes aptitudes; véase más
abajo] o la prueba real de posibilidades particularmente exigentes e imaginativas podía
compensar en este caso la falta de esbozos».4

Uso del piano para componer[editar]


No cabe duda de que Mozart necesitaba un piano para elaborar sus ideas musicales, esto
puede deducirse de sus cartas y de otro material biográfico. Por ejemplo, el 1 de agosto de
1781, Mozart escribió a su padre hablándole de sus preparativos para instalarse en Viena,
ciudad a la que se había trasladado recientemente: «La habitación a la que me voy a trasladar
está siendo preparada; voy a salir ahora para alquilar un piano, porque no puedo vivir allí
hasta que no me lo hayan entregado [el piano], especialmente cuando tengo que escribir
ahora mismo, y no hay tiempo que perder».5 Konrad cita una carta similar escrita desde París,
indicando que Mozart no compuso mientras permanecía en el hospedaje, pero que visitaba
otras casas para utilizar el piano que hubiera allí. Una evidencia similar se halla en las
biografías basadas en las memorias de Constanze Mozart.

Obras incompletas[editar]
Alrededor de ciento cincuenta de las obras de Mozart que han llegado a nosotros están
incompletas, aproximadamente un cuarto del total.1 Gracias al análisis de las marcas de agua
y de la tinta, se sabe que algunas de las obras completas parecen ser finalizaciones de
fragmentos que se dejaron incompletos durante mucho tiempo. Este es el caso de los
conciertos para piano números 14 (KV 449), 23 (KV 488), 25 (KV 503) y 27 (KV 595), así
como del Concierto para clarinete(KV 622).
En la actualidad, se conoce la causa de que tantas obras quedaran incompletas. En algunas,
el registro histórico muestra que Mozart pensó que era una oportunidad para la interpretación
improvisada en el transcurso de la ejecución.6 Braunbehrens (1990) observa: «Muchas piezas
[...] fueran escritas por encargo o para una interpretación específica, si no para el propio uso
del compositor. Mozart a menudo resaltaba que él nunca consideraría escribir algo para lo que
no hubiera perspectivas de interpretación en público. En efecto, apenas unas pocas de sus
obras no fueron escritas para alguna ocasión particular o, al menos, para hacer uso de ellas
en sus conciertos».7

La improvisación[editar]
No cabe duda de que Mozart tenía una habilidad prodigiosa para "componer sobre la marcha",
es decir, para improvisar. Al parecer, poseía esta habilidad incluso en la infancia, tal como
señaló el prior benedictino Placidus Scharl:
Incluso a los seis años de edad era capaz de tocar las más difíciles piezas para pianoforte, de su propia
invención. Rozaba la octava, [intervalo] que sus pequeños dedos no podían alcanzar, a una velocidad
fascinante y con una precisión maravillosa. Uno sólo tenía que darle el primer sujeto para que viniera a
su mente una fuga o una invención: él lo desarrollaba con extrañas variaciones y pasajes
constantemente cambiantes tan largos como quisiera; podía improvisar contrapuntísticamente un pasaje
durante horas, y esta forma libre de tocar era su mayor pasión.8
En el transcurso del viaje que realizó a Italia durante su adolescencia, Mozart dio un concierto
en Venecia (5 de marzo de 1771). Según un testigo, «un músico experimentado le dio un
sujeto de fuga, que desarrolló durante más de una hora con tal ciencia, destreza, armonía y
apropiada atención al ritmo, que incluso los más grandes entendidos quedaron atónitos».9
Mozart continuó improvisando en público siendo adulto. Por ejemplo, el exitoso concierto que
dio en Praga en 1787, en el cual estrenó su Sinfonía n.º 38, conocida como la Sinfonía
"Praga", concluyó con una improvisación de media hora por parte del compositor.10nota 2

Uso de la improvisación como apoyo a la repentización[editar]


Existen evidencias de que Mozart usó, en una ocasión, su habilidad improvisatoria para
apoyar sus repentizaciones o ejecuciones a primera vista. Así, el compositor André
Grétry afirma:
Una vez en Ginebra conocí a un niño que podía tocar cualquier cosa a primera vista. Su padre me dijo
después del encuentro: Así que no debe quedarte duda sobre el talento de mi hijo; escríbele algo, para
mañana, un movimiento de sonata muy difícil. Le escribí un Allegro en mi bemol [mayor]; difícil, pero sin
pretensiones; él lo tocó y todos, excepto yo mismo, creyeron que era un milagro. El niño no se detuvo;
pero siguiendo las modulaciones, había modificado varios pasajes con respecto a lo que yo había
escrito...11
Al parecer, el encuentro entre Grétry y el joven Mozart tuvo lugar en 1766.12

Uso de la improvisación como recurso para ahorrar


tiempo[editar]
Braunbehrens sugiere que en al menos una ocasión, Mozart llegó a tocar una de sus obras en
público improvisando la parte de piano. Esto es lo que ocurrió con el Concierto para piano n.º
26 (KV 537), estrenado el 24 de febrero de 1788. En esta obra, el segundo movimiento se
inicia con un pasaje solista para el piano; la partitura autógrafa de la música muestra las
siguientes notas:
Braunbehrens y otros especialistas afirman que es posible que Mozart no inciase el
movimiento con una línea melódica sin adornos, y que fuese improvisando un
acompañamiento en la mano izquierda. A lo largo del concierto aparecen pasajes similares.
La obra fue publicada únicamente en 1794, tres años después de la muerte de Mozart, y el
editor Johann André encontró a algún otro compositor (cuya identidad es desconocida) para
rellenar los pasajes incompletos; desde entonces, la obra suele interpretarse según esa
versión.13nota 3

La memoria de Mozart[editar]
Al parecer, Mozart poseía una excelente memoria para la música, aunque probablemente no
la habilidad casi milagrosa que ha pasado al mito, hecho del que atestigua el uso del piano y
de esbozos para componer, mencionados más arriba. No obstante, varias anécdotas dan
testimonio de las habilidades memorísticas de Mozart.
Dos de sus sonatas para violín dieron pie a anécdotas sobre el hecho de que Mozart interpretó
en el estreno la parte de piano de memoria, mientras que el violinista tocaba de la partitura.
Esto es real para la Sonata para violín n.º 27 (KV 379/373a) sobre la que Mozart escribió en
una carta a Leopold (8 de abril de 1781) que había desarrollado la parte de violín en una hora
la noche anterior a la interpretación,14nota 4 «pero a fin de ser capaz de terminarla, sólo escribí
el acompañamiento para Brunetti y retuve mi propia parte en la cabeza».14 Una historia similar
ha llegado a nuestros días sobre la Sonata para violín n.º 32 (KV 454) interpretada ante el
emperador José II de Habsburgo en el Kärntnertortheater el 29 de abril de 1784.15
Uno podría cuestionarse si, en efecto, en estas ocasiones Mozart retuvo en su mente en la
parte para piano completa, nota por nota; lo más probable es que hiciera uso de sus
habilidades para rellenar huecos mediante la improvisación.
Otro ejemplo de la gran memoria de Mozart es el célebre episodio de la memorización de oído
y posterior trascripción del Miserere de Gregorio Allegri en la Capilla Sixtina cuando tenía
catorce años de edad. Aquí, varios factores sugieren nuevamente las grandes facultades de
Mozart, aunque sin llegar a ser milagrosas: la obra en cuestión es bastante repetitiva, además
de que Mozart pudo volver a escucharla dos días más tarde, corrigiendo los errores cometidos
en la transcripción. Solomon sugiere que Mozart pudo haber visto otra copia antes.16

La visión decimonónica[editar]
Konrad describe el punto de vista que, sobre la erudición de Mozart, prevaleció en el siglo
XIX.17 En particular, el «hacer música fue [...] mitificado como acto creativo». En esa época se
referían al proceso compositivo de Mozart como una forma de «composición impulsiva e
improvisatoria [...] casi como un acto vegetativo de creación».18 Konrad sostiene que el siglo
XIX también idealizó la memoria musical de Mozart.

La carta de Rochlitz[editar]
Una fuente importante para las concepciones tempranas acerca del método de composición
de Mozart fue la obra de Friedrich Rochlitz, editor de principios del siglo XIX, que propagó una
serie de anécdotas sobre Mozart que se consideraron auténticas durante mucho tiempo, pero
que han sido puestas en duda por investigaciones recientes.19 Entre otras cosas, Rochlitz
publicó una carta, indicando que era de Mozart pero que hoy se considera falsa, en la cual se
habla acerca de su método de composición.20nota 5
Esta carta fue tomada como evidencia en dos puntos considerados dudosos por los
especialistas modernos. Uno es la idea de que Mozart componía en una especie de proceso
mental pasivo, de tal manera que las ideas simplemente venían a él:
Cuando soy [...] completamente yo mismo, [estoy] enteramente solo y de buen humor; ya sea viajando
en un carruaje, o paseando después de un buen almuerzo, o durante la noche cuando no puedo dormir;
es en estas ocasiones cuando mis ideas fluyen mejor y de forma más abundante. No sé de dónde ni
cuándo vienen, ni puedo forzarlas. Aquellas ideas que me agradan, las retengo en [...] la memoria, y
estoy acostumbrado, tal y como te he dicho, a canturrearlas para mí mismo. Si continúo de esta forma,
pronto me ocurrirá que sacaré provecho de este o ese bocado, de tal manera que podré formar un buen
plato con eso, como se dice, de acuerdo con las reglas del contrapunto, con las peculiaridades de los
distintos instrumentos, etc.21
La carta falsificada de Rochlitz fue utilizada también en las investigaciones tempranas sobre
Mozart para dar veracidad a la historia, aparentemente falsa, de que Mozart podía componer
contando únicamente con su memoria, sin hacer uso del piano ni de esbozos:
Todo esto enciende mi mente y, puesto que no estoy desconcentrado, mi sujeto se alarga a sí mismo,
se sistematiza y define, y entero, aunque sea largo, permanece casi terminado y completo en mi mente,
de tal manera que puedo contemplarlo, como [si fuera] una excelente pintura o una hermosa estatua, de
un vistazo. Ni hago ni oigo en mi imaginación las partes sucesivamente, sino que las oigo [...] todas a la
primera [...] Cuando procedo escribir mis ideas, las saco del bolso de mi memoria, [...] en el que han
sido previamente reunidas, de la forma que ya he mencionado. Por este motivo, la puesta por escrito se
hace lo suficientemente rápido, como para que todo esté, como dije antes, ya terminado; y raras veces
difiere lo que hay en el papel de lo que había en mi imaginación.
Aunque ha sido influyente en las concepciones históricas sobre Mozart, la carta no se
considera en la actualidad una descripción precisa del método de composición del compositor
austriaco.
Wolfgang Amadeus Mozart
Considerado por muchos como el mayor genio musical de todos los
tiempos, Wolfgang Amadeus Mozart compuso una obra original y poderosa
que abarcó géneros tan distintos como la ópera bufa, la música sacra y las
sinfonías. El compositor austriaco se hizo célebre no únicamente por sus
extraordinarias dotes como músico, sino también por su agitada biografía
personal, marcada por la rebeldía, las conspiraciones en su contra y su
fallecimiento prematuro. Personaje rebelde e impredecible, Mozart
prefiguró la sensibilidad romántica y fue, junto con Händel, uno de los
primeros compositores que intentaron vivir al margen del mecenazgo de
nobles y religiosos, hecho que ponía de relieve el paso a una mentalidad
más libre respecto a las normas de la época. Su carácter anárquico y ajeno
a las convenciones le granjeó la enemistad de sus competidores y le creó
dificultades con sus patrones.

Wolfgang Amadeus Mozart

Wolfgang Amadeus Mozart nació el 27 de enero de 1756, fruto del


matrimonio entre Leopold Mozart y Anna Maria Pertl. El padre, compositor y
violinista, publicaría ese mismo año un útil manual de iniciación al arte del
violín; la madre procedía de una familia acomodada de funcionarios
públicos. Mozart era el séptimo hijo de este matrimonio, pero de sus seis
hermanos sólo había sobrevivido una niña, Maria Anna. Wolferl y Nannerl,
como se llamó a los dos hermanos familiarmente, crecieron en un ambiente
en el que la música reinaba desde el alba hasta el ocaso, ya que el padre
era un excelente violinista que ocupaba en la corte del príncipe-arzobispo
Segismundo de Salzburgo el puesto de compositor y vicemaestro de capilla.

Por aquel entonces Salzburgo empezaba a recuperarse de los desastres


humanos y económicos de las guerras civiles del siglo XVII, pero aun así la
vida cultural y económica giraba casi exclusivamente en torno a la figura
feudal del arzobispo, al tiempo que empezaban a circular ideas ilustradas
entre una naciente burguesía urbana, todavía ajena a los centros sociales
de prestigio y poder. Una atmósfera que cabe recordar para, en su
momento, hacerse cargo de la mentalidad de Mozart padre, así como de la
rebeldía juvenil del hijo.

Leopold, en efecto, educó a sus hijos desde una tempranísima edad como a
músicos capaces de contribuir al sustento de la familia y de convertirse lo
antes posible en servidores a sueldo del príncipe de Salzburgo. Una
aspiración lógica y común en su tiempo. Nannerl, cinco años mayor que
Wolfgang, ya daba clases de piano a los diez años de edad, y uno de sus
alumnos fue su propio hermano. El interés y las atenciones de Leopold se
concentraron al principio en la formación de la dotadísima Nannerl, sin
percatarse de la temprana atracción que el pequeño Wolferl sentía por la
música: a los tres años se ejercitaba con el teclado del clavecín, asistía sin
moverse y con los ojos como platos a las clases de su hermana y se
escondía debajo del instrumento para escuchar a su padre componer
nuevas piezas.

El más precoz de los genios

Pocos meses después, Leopold se vio obligado a dar lecciones a los dos y
quedó estupefacto al contemplar a su hijo de cuatro años leer las notas sin
dificultad y tocar minués con más facilidad con que se tomaba la sopa.
Pronto fue evidente que la música era la segunda naturaleza del precoz
Wolfgang, capaz a tan tierna edad de memorizar cualquier pasaje
escuchado al azar, de repetir al teclado las melodías que le habían gustado
en la iglesia y de apreciar con tanto tino como inocencia las armonías de
una partitura.
El Tratado para una escuela violinística básica,
de Leopold Mozart

Un año más tarde, Leopold descubrió conmovido en el cuaderno de notas


de su hija las primeras composiciones de Wolfgang, escritas con caligrafía
infantil y llenas de borrones de tinta, pero correctamente desarrolladas.
Con lágrimas en los ojos, el padre abrazó a su pequeño "milagro" y
determinó dedicarse en cuerpo y alma a su educación. Bromista, sensible y
vivaracho, el pequeño Mozart estaba animado por un espíritu burlón que
sólo ante la música se transformaba; al interpretar las notas de sus piezas
preferidas, su sonrosado rostro adoptaba una impresionante expresión de
severidad, un gesto de firmeza casi adulto capaz de tornarse en fiereza si
se producía el menor ruido en los alrededores. Ensimismado, parecía
escuchar entonces una maravillosa melodía interior que sus finos dedos
intentaban arrancar del teclado.

El orgullo paterno no pudo contenerse y Leopold decidió presentar a sus


dos geniecillos en el mundo de los soberanos y los nobles, con objeto tanto
de deleitarse con las previsibles alabanzas como de encontrar generosos
mecenas y protectores dispuestos a asegurar la carrera de los futuros
músicos. Renunciando a toda ambición personal, se dedicó exclusivamente
a la misión de conducir a los hermanos prodigiosos hasta la plena madurez
musical. Aunque el niño era a todas luces un genio, cabe observar que su
talento fue educado, espoleado y pulido por la diligencia del padre, al que
sólo cabe achacar haber expuesto a un niño de salud quebradiza a los
constantes rigores de unos viajes ciertamente incómodos. La iconografía de
Mozart niño no nos ofrece un retrato fiel de su aspecto, pero los
testimonios coinciden en una palidez extrema, casi enfermiza.

Así, los hermanos Mozart se convirtieron en concertistas infantiles en giras


cada vez más ambiciosas; contaban con el beneplácito del príncipe, sin el
cual no habrían podido abandonar la ciudad. De 1762 a 1766 realizaron
varios viajes por Alemania, Francia, Gran Bretaña y los Países Bajos. En
1762, un año después de la primera composición escrita de Mozart, los
hermanos daban conciertos en los salones de Munich y Viena. En el mismo
año viajaron a Frankfurt, Lieja, Bruselas y París.

Su hemana Maria Anna Mozart

En Versalles, aquel niño mimado por el aplauso de todos, pero niño al fin y
al cabo, saltó en un arrebato a las faldas de la emperatriz para abrazarla, y
le propuso a la futura reina María Antonieta, entonces niña de su misma edad,
casarse con él, además de hacer un público desplante a madame de
Pompadour por negarse a besarlo. De allí marcharon a Londres, donde
tocaron en el palacio de Buckingham y conocieron a Johann Christian Bach, el
hijo predilecto de Johann Sebastian Bach, cuyas composiciones sedujeron al
niño. En sólo seis semanas Wolfgang fue capaz de asimilar su estilo y
componer versiones personales de su música.

Sin embargo, no todos los viajes estaban alfombrados de éxito y beneficios.


Los conciertos, en ocasiones similares a números de circo, no daban todo lo
esperado. El monedero del padre Mozart se encontraba vacío con
demasiada frecuencia. Como la memoria de los grandes es escasa y
caprichosa, algunas puertas se cerraron para ellos; además, la delicada
salud del pequeño les jugó diversas veces una mala pasada. El mal estado
de los caminos, el precio de las posadas y los viajes interminables
provocaban mal humor y añoranza, lágrimas y frustraciones.
La primera gira concluyó en 1766. De 1767 a 1769 dieron conciertos por
Austria, y desde esta fecha hasta 1771 por Italia, donde recibió la
protección de Martini, que gestionó su ingreso en la Accademia Filarmonica.
Leopold reconoció que pedía demasiado a su hijo y en varias ocasiones
volvieron a Salzburgo para poner fin a la vida nómada. Pero la ciudad poco
podía ofrecer a Wolfgang, aunque recibiría a los trece años el título
honorífico de Konzertmeister de la corte salzburguesa; Leopold quiso que
Wolferl continuase perfeccionando su educación musical allí donde fuese
preciso, y continuó su peregrinar de país en país y de corte en corte.
Wolfgang conoció durante sus giras a muchos célebres músicos y maestros
que le enseñaron diferentes aspectos de su arte y las nuevas técnicas
extranjeras.

Mozart en Verona (óleo de Saverio dalla Rosa, 1770)

El muchacho se familiarizó con el violín y el órgano, con el contrapunto y la


fuga, la sinfonía y la ópera. La permeabilidad de su carácter le facilitaba la
asimilación de todos los estilos musicales. También comenzó a componer
en serio, primero minués y sonatas, luego sinfonías y más tarde óperas,
encargos medianamente bien pagados pero poco interesantes para sus
aspiraciones, aceptados debido a la necesidad de ganar el dinero suficiente
para sobrevivir y seguir viajando. A menudo se vio también obligado a dar
clases de clavecín a estúpidos niños de su edad que le irritaban
enormemente.
Entretanto, el padre se sentía cada vez más impaciente. ¿Por qué no había
conseguido todavía la gloria máxima su hijo, que ya sabía más de música
que cualquier maestro y cuya genialidad era tan visible y evidente? Ni sus
conciertos para piano ni sus sonatas para clave y violín, y tampoco los
estrenos de sus óperas cómicas La tonta fingida y Bastián y Bastiana habían
logrado situarle entre los más grandes compositores. Sólo en 1770 Leopold
considerará que al fin su hijo goza de un éxito merecido: el Papa Clemente
XIV le otorga la Orden de la Espuela de Oro con el título de caballero, la
Academia de Bolonia le distingue con el título de compositore y los milaneses
acompañan su primera ópera seria, Mitrídates, rey del Ponto, con frenéticos
aplausos y con gritos de "¡Viva il maestrino!"

Mozart (al clavicordio) con el violinista


Linley en Florencia, 1770

El 16 de diciembre de 1771 los Mozart regresaban a Salzburgo, aureolados


por el triunfo conseguido en Italia pero siempre a merced de las
circunstancias. Aquel afamado adolescente de quince años ya tenía en su
haber la escritura de más de cien composiciones (conciertos, sinfonías,
misas, motetes y óperas) y lucía con orgullo la Espuela de Oro del papa.
Ese mismo año, sin embargo, había fallecido el arzobispo de Salzburgo, y
las ideas y el carácter del nuevo mitrado, el conde Gerónimo Colloredo,
alteraron el rumbo de la vida de Mozart.

En Salzburgo

Contra lo que pueda parecer, la atmósfera en la Austria católica era menos


rígida y puritana que en la Alemania protestante, sobre todo en Viena, y el
nuevo arzobispo no era un señor feudal a la antigua usanza, sino todo un
reformista ilustrado, que convirtió a los siervos y criados de su corte en
funcionarios públicos. En esta operación, sin embargo, Colloredo actuó con
la rigidez de un déspota, y para el joven Mozart, equiparado
administrativamente a los jardineros de palacio, la modernización de la
corte le resultó más humillante y gravosa que el trato benevolente y
paternal, aunque arbitrario, de su antiguo señor. La corte salzburguesa
estaba, además, impregnada de clericalismo e intrigas en la tradición
vaticana, y el vitalismo y cosmopolitismo de Mozart ansiaba la vida de
Viena, por la intensidad de su apertura y curiosidad musical y la animación
artística de sus teatros.

El arzobispo Colloredo (óleo de F. X. Koenig, 1772)

Sólo su naturaleza alegre y despreocupada salvó al joven de la apatía o la


rebelión y le permitió crear en esta época más y mejor que nunca. Era el
fin del niño prodigio y el comienzo de la madurez musical. En sus conciertos
rompía con las concepciones tradicionales alcanzando un verdadero diálogo
entre la orquesta y los solistas. Sus sinfonías, de brillantes efectos
instrumentales y dramáticos, eran excesivamente innovadoras para los
perezosos oídos de sus contemporáneos. Mozart resultaba para todos a la
vez nuevo y extraño. Pero tampoco su siguiente ópera, La jardinera fingida, en
la que fundía por primera vez audazmente drama y bufonada, constituyó
un éxito, aunque había tratado de seguir al pie de la letra las reglas de la
moda y los convencionalismos. El joven se sentía frustrado, deseaba
componer con libertad y huir del marco estrecho y provinciano de su ciudad
natal. Nuevas y breves visitas a Italia y Viena aumentaron sus ansias de
amplios horizontes.
Durante este período su producción de encargo fue básicamente sacra,
aunque Mozart compuso además varias óperas cortesanas, cuartetos de
cuerda, sonatas y divertimentos. Tras una estancia en Munich, en enero de
1775, para representar ante el elector Maximiliano III La jardinera fingida,
Mozart consiguió finalmente autorización de Colloredo para una nueva gira.
Acompañado esta vez de su madre, partió de Salzburgo, feliz de abandonar
su «salvaje ciudad natal» y con la esperanza de revivir sus éxitos infantiles
en París. Pero primero se detuvo largos meses de 1777 en Munich,
Augsburgo y Mannheim, entre otras ciudades. En la última trabó amistad
con Ramm, Wendling y Cannabich y escribió el Concierto para piano que fue la
número 271 de sus composiciones.

El 23 de marzo de 1778 llegó a París, donde conoció la primera de sus más


amargas experiencias: la ciudad le ignoraba; había crecido; ya no era, por
su edad, un fenómeno de la naturaleza que pudiera ser exhibido en los
salones, unos salones contra los que Mozart escribió durísimas palabras por
la frivolidad e insensibilidad musical ante su obra. Sus condiciones de
subsistencia se hicieron extraordinariamente precarias, lo que sin duda
contribuyó a minar la ya precaria salud de su madre. Anna Maria falleció el
3 de julio, y esta muerte contribuyó a incrementar los malentendidos y
tensas relaciones entre padre e hijo.

La madre de Mozart, Anna Maria Pertl

Derrotado, antes de regresar a Salzburgo, Mozart recaló en el hospitalario


refugio de la familia Weber en Mannheim. Durante su viaje de ida se había
enamorado de Aloysia Weber, quien, a su corta edad, presagiaba una
prometedora carrera de cantante. Si esperaba entonces encontrar consuelo
en ella, ésta sería su tercera experiencia de dolor. En su ausencia, Aloysia
había triunfado y le hizo saber claramente que no uniría su vida a un
músico sin un futuro asegurado como él.

Los dos años siguientes los pasó en Salzburgo, languideciendo en su


«esclavitud episcopal», hasta que le llegó un encargo de Munich: la
composición de una ópera, Idomeneo, en la que Mozart, aun dentro del
esquema cortesano de Gluck, superaría sus anteriores composiciones para
la escena. En 1781 Mozart y la familia Weber coincidieron en Viena. Él,
como miembro de la corte de Colloredo, trasladada a la capital; la familia
Weber, para seguir los acontecimientos musicales de la temporada. Surgió
entonces el amor por la hermana de Aloysia, Constance.

Entretanto, las relaciones con el arzobispo se encresparon. Mozart, para


desesperación de Leopold, no era ningún modelo de diplomacia y, pese a
su carácter risueño y bondadoso, reaccionaba con acritud instantánea
cuando se sentía atacado o humillado. A primeros de mayo, Mozart recibió
la orden, a través de un lacayo de Colloredo, de abandonar inmediatamente
Viena, al parecer, para llevar un paquete a Salzburgo, en donde se le indicó
que debía permanecer. Mozart presentó su carta de dimisión al arzobispo,
quien la aceptó de inmediato. Libre de patrones, Mozart residiría en Viena
el resto de su vida.

En Viena
Mozart prefiguraba así el artista moderno del romanticismo, muy en
consonancia con el espíritu rebelde del Sturm und Drang y la sensibilidad
wertheriana que conmocionaba a la juventud alemana de la época; un
artista que quería liberarse de la servidumbre feudal, que se resistía a
insertarse en las filas del funcionariado cultural, y pretendía sobrevivir a
sus solas expensas. Mozart habría de pagar muy cara su ejemplar osadía;
pero, por el momento, se sintió feliz y libre. Comenzó a dar lecciones de
piano y a componer sin descanso.
Muy pronto la suerte se puso de su lado: recibió el encargo de escribir una
ópera para conmemorar la visita del gran duque de Rusia a Viena. Como
por aquel entonces estaban de moda los temas turcos, exponentes del
exotismo oriental con ciertos toques levemente eróticos, Mozart abordó la
composición de El rapto del serrallo, que, estrenada un año más tarde, se
convirtió en su primer éxito verdadero, no solamente en Austria sino
también en Alemania y otras ciudades europeas como Praga.
El 4 de agosto de 1782, poco después de este gran triunfo, Mozart se casó
con Constance Weber, a quien dedicó la serenata Nachmusik (K. 388). Mucho
han discutido los biógrafos los motivos de esta boda. ¿Auténtico amor?
¿Debilidad ante las maniobras casamenteras de la madre de Constance?
¿Necesidad de afirmarse en su nueva independencia frente a las presiones
de Leopold? Posiblemente hubiera de todo un poco. La genialidad musical
de Mozart no tenía por qué coincidir con la madurez del carácter.

En general se tiende a creer que la señora Weber, que había soñado alguna
vez con convertir al prometedor joven en su yerno, intentó despertar el
interés de Mozart por su hija menor, Constance, de catorce años. No sería
difícil: Wolfgang no pudo ni quiso resistirse a la dulce presión y se prometió
a la muchacha, que era bonita, infantil, alegre y cariñosa, aunque quizás no
iba a ser la esposa ideal para el caótico compositor. Constance tenía aún
menos sentido práctico que él, todo le resultaba un juego y no podía ni
remotamente compartir el profundo universo espiritual de su marido,
enmascarado tras las bromas y las risas. Pero aunque era una joven de
poca finura espiritual, su vitalismo tenía que agradar e incluso fascinar al
rebelde Mozart. Y Mozart se consideró el hombre más afortunado del
mundo el día de su boda, y continuó creyendo que lo era durante los nueve
años siguientes, hasta su muerte. Parece injusto afirmar que Constance
fuera la sola causa de su ruina y quebrantos. No es seguro que le fuera fiel
(algunas de las cartas del marido a la esposa son extremadamente
patéticas, en sus ruegos de que sepa «guardar las apariencias»), pero
tampoco lo es que Mozart se lo fuera a ella en todo momento.
Constance Weber (óleo de Joseph Lange, 1782)

Lo indudable es que, al igual que su joven esposo, Constance no era la


administradora que la delicada situación de un artista independiente
hubiera requerido, y parece ser que derrochaba con la misma alegría que
Wolfgang Amadeus: el hogar vienés de los Mozart recibía diariamente la
visita de peluquero y otros servidores; en los momentos de mayor penuria,
Mozart se las ingeniaba para aparecer en público impecablemente vestido y
mostrarse liberal y obsequioso. Sólo tras su muerte, sus amigos, muchos
de ellos en envidiable situación económica, se enterarían con sorpresa de la
magnitud de su endeudamiento.

El matrimonio se instaló en Viena en un lujoso piso céntrico que se llenó


pronto de alegría desbordante, fiestas hasta el amanecer, bailes, música y
niños. Era un ambiente enloquecido, anárquico y despreocupado, muy al
gusto de Mozart, que en medio de aquel caos pudo desarrollar su enorme
impulso creador. Una sombra en estos años fue la poca salud de su mujer,
debilitada con cada embarazo; en los nueve años de su matrimonio dio a
luz siete hijos, de los que sólo sobrevivieron dos: Karl Thomas y Franz
Xaver (nacido cuatro meses antes de la muerte de Mozart y futuro
pianista). Constance se vio obligada a seguir curas de reposo, gravosísimas
para la endeble economía familiar.
Todo en Mozart era, por tanto, derroche: de facultades, de vitalismo, de
proyectos, de obras y de sentimientos. No se acercó a la francmasonería en
1784 en busca de una ayuda económica que nunca, por orgullo, solicitó de
sus amigos, sino por saciar un ansia de universal fraternidad y
espiritualidad que Mozart, como muchos católicos austriacos, sacerdotes
incluidos, encontró en los símbolos y los ritos masones antes que en la
pompa clerical de la Iglesia. Una simbología que más adelante sabría
plasmar musicalmente en la composición de La flauta mágica.
Los nueve años que separan su matrimonio de su muerte pueden dividirse
en dos períodos. Hasta 1787, y sobre todo a partir de los éxitos vieneses de
1784, Mozart disfruta de unos años que pueden ser calificados de «felices».
Durante este primer período, su producción fue ingente en todos los
géneros: conciertos para piano, tríos, cuartetos, quintetos... De 1783 es
la Misa en do menor, a la vez solemne y exultante; de 1784 datan sus más
célebres Conciertos para piano; en 1785 dedicará a Haydn los Seis cuartetos. Todas
ellas son obras magistrales, pero el público seguía mostrándose
consternado ante una música que no acababa de entender y que por lo
tanto le ofendía.

Representación de Las bodas de Fígaro


De 1786 data la ópera Las bodas de Fígaro, con libreto de Lorenzo da Ponte a
partir de la obra de Beaumarchais. La elección del tema era arriesgada, pues
la obra original estaba prohibida; pero en esta misma elección se puso de
manifiesto el arrojo liberal del compositor al participar de la crítica suave,
pero en el fondo corrosiva, que de los privilegios nobles había llevado a
cabo Beaumarchais. Mozart espera con impaciencia el día del estreno de su
nueva ópera: los mejores artistas habían sido contratados y todo parecía
anunciar un triunfo absoluto, pero después de algunas representaciones los
vieneses no volvieron al teatro y la crítica descalificó la obra tachándola de
excesivamente audaz y difícil.
El ocaso

Viena empezó a cerrarle inexplicablemente sus puertas e inició así un


período gris y doloroso que duraría hasta su muerte. Los biógrafos hablan
de su excesivo tren de vida, de las costosas enfermedades de Constance y
de las maquinaciones de los músicos vieneses, envidiosos no de su fortuna
pero sí de su genio. En la casa de los Mozart se instaló de pronto la mala
suerte. El dinero faltaba, los encargos escasearon y el desprecio de los
vieneses se redobló. Mozart se enfrentó a la amenaza de la miseria sin
saber cómo detenerla.

El matrimonio cambió de casa diversas veces buscando siempre un


alojamiento más barato. Sus amigos les prestaron al principio con gesto
generoso sumas suficientes para pagar al carnicero y al médico, pero al
darse cuenta de que el desafortunado músico no iba a poder devolverles lo
prestado, desaparecieron uno tras otro. Si la pareja seguía bailando en
salas de dimensiones cada vez más reducidas durante los largos e
inclementes inviernos de Viena no era por su alegría festiva, sino para que
la sangre circulase por sus heladas piernas. La salud de Constance
empeoraba y Mozart tuvo que enviarla, pese a sus deudas, a un sanatorio.
Era la primera vez que los esposos se separaban, y el compositor sufrió
enormemente; nunca dejó de escribirle cada día apasionadas cartas, como
si su amor continuara tan vivo como el día de la boda.

Para sobrevivir, el genio se vio obligado al recurso de las clases


particulares, que no siempre encontró. La ausencia de Constance, la
humillación de sentirse injustamente relegado, las penurias económicas, la
experiencia del dolor, en suma, no agriaron su carácter; es más, se
acrecentó y afinó su inspiración musical en una fecunda serie de obras
maestras en el ámbito de la sinfonía, del concierto, de la música de cámara
y de la ópera. Las composiciones de esta época nos hablan de un Mozart
tierno, ligero y casi risueño, aunque con algunos toques de melancolía.
La Pequeña música nocturna y su célebre Sinfonía Júpiter son buena muestra de
ello.
Fotograma de Amadeus (1984), de Milos Forman
Mientras Constance está internada, Mozart recibirá desde Praga el encargo
de una ópera. El resultado será Don Giovanni, estrenada apoteósicamente el
29 de octubre de 1787. Praga, enamorada del maestro, le suplicó que
permaneciese allí, pero Wolfgang rechazó la atractiva oferta, que
seguramente hubiera mejorado su posición, para estar más cerca de su
esposa. Al fin y al cabo, Viena le atraía como el fuego a la mariposa que ha
de quemarse en él.
En 1790 se estrenó en la capital austriaca su ópera Così fan tutte y al año
siguiente La flauta mágica. Inesperadamente, ambas fueron recibidas con
entusiasmo por el público y la crítica. Parecía que los vieneses apreciaban
al fin su genio sin reservas y deseaban mostrarle su gratitud teñida de
arrepentimiento, aunque fuese tarde. Pero su salud se quebró: sabemos
que el día del estreno en Viena de La flauta mágica, el 30 de septiembre de
1791, ya no pudo asistir al gran triunfo popular de la más optimista y
querida de sus composiciones. El maestro comenzó a padecer fuertes
dolores de cabeza, fiebres y extraños temblores.
Un Réquiem para su propia muerte
Mucho se ha escrito sobre la muerte de Mozart. La idea romántica de que
fue envenenado tenía incluso un protagonista: Antonio Salieri, músico de
éxito de la época al que la leyenda dibuja como un artista mediocre que
supo, como ninguno en su época, comprender el original genio de Mozart,
y, muerto de envidia, no pudo soportar la idea de que un hombre aniñado
tuviera semejante don. El paroxismo llegó al extremo de creer que Mozart
fue enterrado en una fosa común para borrar las huellas del homicidio.
Hasta tal punto se extendió esta historia que se convirtió en el argumento
de la ópera Mozart y Salieri de Rimski-Kórsakov, de una obra de teatro del
célebre escritor ruso Alexander Pushkin y del drama Amadeus de Peter Shaffer
(texto en el que se basa la exitosa película homónima de Milos Forman,
estrenada en 1984 y protagonizada por Tom Hulce). No existe ningún
referente histórico que pueda corroborar dicha versión.

Antonio Salieri

La realidad es que en julio de 1791, cuando ya sufría los síntomas de la


enfermedad que le resultaría mortal (posiblemente uremia), Mozart recibió
la visita de un personaje «delgado y alto que se envolvía en una capa gris»,
que le encargó la realización de un réquiem. La leyenda romántica pretende
que Mozart vio en el anónimo personaje la encarnación de su propia
muerte. Desde 1954 se conoce, por un retrato, el aspecto físico del
visitante, que no era otro que Anton Leitgeb, cuya catadura era
ciertamente siniestra; le enviaba el conde Franz von Walsegg, y la misa de
réquiem era por la recientemente fallecida esposa del conde.

El hecho de que altos personajes encargaran secretamente composiciones a


músicos famosos y las presentaran en público como obras propias no era
algo infrecuente por aquel entonces, y no podía sorprender a Mozart, quien,
en cualquier caso, aceptó el dinero del encargo. Pero la ominosa
coincidencia del siniestro aspecto del mensajero, la condición fúnebre del
encargo y la conciencia de la propia debilidad de sus fuerzas tuvo que
impresionar profundamente la sensibilidad del músico, quien no ocultó a
sus amigos su creencia de estar componiendo su propio réquiem.
En cualquier caso, está fuera de lugar la calumniosa hipótesis de una
alevosa trama o de un envenenamiento urdido por Salieri o algún otro
músico rival. Mozart nunca fue diplomático con sus colegas de inferior talla
artística, pero precisamente Salieri no escatimó sus alabanzas a Mozart, y
fue uno de los entristecidos asistentes a su funeral. Hoy en día sólo un
dudoso interés novelesco puede ignorar las razones y la identidad,
perfectamente establecida, que se ocultaba tras el encargo del réquiem. Si
bien se mira, las coincidencias reales del azar son más inquietantes que la
maliciosa fantasía de los fabuladores.

Mozart componiendo el Réquiem


Mozart acertó en su intuición de que moriría antes de terminar su Réquiem.
Como en las otras obras de este último período, su estilo es más
contrapuntístico y su escritura melódica más depurada y sencilla, pero
ahora con protagonismo de unos muy sombríos clarinetes tenores y
fagotes. A la muerte de Mozart, Joseph Eyble recibió la partitura para su
terminación, que no llevó a cabo, recayendo esta tarea en Süssmayer. Éste
pretendió haber orquestado completamente los movimientos del Réquiem,
desde el «Dies irae» hasta el «Hostias», pretensión sobre la que no existen
pruebas fehacientes.
La mañana del 4 de diciembre de 1791, Mozart todavía trabajó en
el Réquiem, preparando el ensayo que sus amigos músicos habrían de
realizar por la tarde en su alcoba. Hacía ya una semana que los médicos le
habían desahuciado. Aquella tarde, durante el ensayo del «Lacrimosa»,
Mozart lloró y le dijo a su cuñada Sophie, llegada para ayudar a Constance:
«Ah, querida Sophie, qué contento estoy de que hayas venido. Tienes que
quedarte esta noche y presenciar mi muerte». A la noche, con gran
serenidad, dio sus últimas instrucciones para después de su fallecimiento y
entró en coma. Murió a las pocas horas, en la madrugada del 5 de
diciembre.
Su amigo el conde Deym le hizo una mascarilla fúnebre, lamentablemente
perdida, pues habría podido clarificar el enigma de su aspecto físico, tan
contradictorio en sus varios retratos. A continuación tuvo lugar un funeral
en una nave lateral de la catedral de Salzburgo, al que asistieron, pese a la
fortísima tormenta de nieve y granizo desencadenada, un nutrido número
de músicos, francmasones y miembros de la nobleza local. El dato es
significativo, porque desmiente la leyenda sobre la indiferencia que rodeó
su muerte y entierro. Es cierto, sin embargo, que nadie acompañó el
cadáver al cementerio de San Marx, donde fue enterrado sin ataúd. Pero
éstas eran las normas dictadas por el emperador José II en su curioso afán
de «modernizar» la salubridad pública, normas que, incluso después de ser
abolidas, fueron respetadas por numerosos librepensadores y
francmasones.

Cronología:

1756 Nace el Salzburgo, Austria, el 27 de enero.

1761 Escribe su primera composición.

1762- Primera gira como concertista con su hermana por Alemania, Francia, Gran Bretaña y Países Bajos.
66

1767- Nueva gira por Austria e Italia.


71

1769 Es designado concertino del príncipe-arzobispo de Salzburgo.

1770 Éxito en el estreno de su ópera Mitrídates, rey del Ponto.

1771- Permanece en Salzburgo, aunque realiza algunos viajes. Compone preferentemente música religiosa. Sus
81 relaciones con su nuevo protector, el príncipe-arzobispo de Salzburgo Gerónimo Colloredo, se deterioran
progresivamente.

1778 Estancia en París. Muere su madre.

1781 Ruptura con el arzobispo Colloredo. Se establece definitivamente en Viena.


1782 Se estrena con gran éxito la ópera El rapto del serrallo. Contrae matrimonio con Constance Weber.

1784 Ingresa en la masonería.

1786 Estrena en Viena la ópera Las bodas de Fígaro, recibida con frialdad.

1787 Su ópera Don Giovanni triunfa en su estreno en Praga, pero Mozart prefiere permanecer en Viena.

1790 Triunfa de nuevo en Viena con la ópera Così fan tutte.

1791 Gran éxito de La flauta mágica, su última ópera, a cuyo estreno no puede asistir por su debilitada salud.
Compone el Réquiem. Fallece en Viena el 5 de diciembre.

Su música:

Mozart y el clasicismo
El clasicismo, como etapa de la estética musical, fue ciertamente breve
pero de vital trascendencia. Se dejó sentir con particular intensidad
aproximadamente entre 1770 y 1805, supuso una notable evolución de los
estilos musicales y tuvo en las figuras de Haydn y Mozart a sus dos
mayores representantes, sin olvidar una parte importante de la primera
producción de Beethoven, vinculada a los preceptos clásicos. En la historia de
la música occidental, el clasicismo corresponde a la etapa que en las demás
artes recibe el nombre de neoclasicismo. Durante este periodo, las
restantes artes toman como modelo el arte griego y romano; la música
carecía de dichos modelos, pero, al igual que en las otras artes, se percibe
en las composiciones de este periodo una búsqueda de lo bello y lo
equilibrado.

El clasicismo surge como resultado de un conjunto de tendencias musicales


que empiezan a desarrollarse hacia 1740 y que reaccionan contra la música
barroca. El agotamiento a mediados del siglo XVIII de las formas barrocas
hizo nacer entre los compositores un deseo de renovación, que conllevó el
cultivo de un estilo más sencillo y equilibrado, deslindado de lo que algunos
consideraban "excesos barrocos".
Mozart

La búsqueda del equilibrio y de la transparencia, es decir, de un lenguaje


natural, condujo a maestros como Johann Christian Bach (1735-1782) a
formular una música desprovista de la severa arquitectura de sus
antecesores. Fue el modo de dejar atrás la última de las etapas barrocas, el
Rococó, cuyo intimismo, algo afectado, respondía todavía a un mundo
formalista.
En las obras de Johann Christian Bach y de otros contemporáneos, como su
hermano Carl Philipp Emanuel Bach (1714-1788), Johann Stamitz (1717-1757)
y Johann Christian Cannabich (1731-1798) -los dos últimos fueron artífices
de la conocida escuela de Mannheim, tan importante para Mozart-, se
advierte ese intento de fluidez estilística y de crear un lenguaje refinado a
la vez que ágil. La sensibilidad de los movimientos lentos, siempre
meditativos, fue una característica del denominado "estilo galante", y
respondía a una nueva forma de concebir la realidad, condicionada por los
aires de la Ilustración. La Razón llevó a construir las obras musicales con la
lógica de la prosodia, lo que musicalmente equivale a decir que las
partituras presentaban una clara estructura de frases y una única y
destacada melodía, que discurría sobre una base armónica que ya no tenía
su punto de apoyo en el bajo continuo.
Viena, capital de la nueva música
Si fue en Alemania donde comenzó a detectarse este cambio musical, el
punto más importante de elaboración e irradiación del estilo clásico fue
Viena, ya que en esa ciudad trabajaron los músicos más señalados del
momento. Aunque Joseph Haydn (1732-1809) prestaba sus servicios en la
corte de Esterháza, bastante lejos de Viena, estuvo muy vinculado a esta
ciudad, sobre todo a partir de 1780, momento en que estableció mayor
relación con los editores musicales vieneses.

Al año siguiente Mozart se estableció en la capital, cuando su estilo


musical, ya maduro, empezaba a producir obras de la dimensión de El rapto
del serrallo y de la Sinfonía núm. 35, "Haffner". No mucho después, en 1787, el
todavía joven Ludwig van Beethoven (1770-1827) marchó a Viena para
conocer a los célebres maestros y estudió con Haydn tras la muerte Mozart.
Beethoven ya no dejaría Viena. Si tenemos en cuenta que Christoph Willibald
Gluck(1714-1787), que ya en 1762 con su Orfeo y Eurídice impulsó el nuevo
estilo operístico, residió en Viena desde su adolescencia, será fácil deducir
la importancia musical que adquirió dicha ciudad. En ella vivieron también
músicos tan notables como Johann Georg Albrechtsberger (1736-1809)
y Antonio Salieri (1750-1825), que fue maestro de Beethoven y,
posteriormente, de Franz Schubert (otro insigne vienés) y de Franz Liszt.
Joseph Haydn
A Joseph Haydn se le considera el principal artífice de la evolución estilística
del clasicismo, al menos hasta la llegada de las obras de madurez de
Mozart. El avance más significativo emprendido por Haydn fue en la
sinfonía, que le sirvió de excelente campo experimental y en el que mostró
una desbordante inventiva. No en vano se le conoce como "el padre de la
sinfonía", pues contribuyó a su desarrollo en tal modo que le confirió una
nueva fisonomía con respecto a las de Johann Christian Bach y Stamitz. Su
mayor duración, la inclusión de pasajes solistas, el regular incremento del
metal, el diálogo más intenso entre las secciones instrumentales, el uso
del minuetto (agregado a los tres movimientos) y su consiguiente desarrollo,
el acentuado cromatismo, las extensas codas y los repentinos cambios
tonales son algunos de los rasgos que encontramos en el espléndido
catálogo sinfónico de Haydn.
Haydn llevó esa misma evolución al ámbito del cuarteto de cuerda, para el
que fijó los ahora habituales cuatro movimientos y la disposición invariable
de dos violines, una viola y un violonchelo, a los cuales concedió la misma
importancia, de modo que los instrumentos más graves, rompiendo la
tradición, dejaron de ejercer una función de acompañamiento. La profusión
de motivos y diseños, y la interlocución cada vez más acentuada de los
instrumentos, cosa que se evidencia sobre todo a partir de sus Cuartetos de
cuerda, op. 30, hicieron que el ilustre escritor alemán Goethe comparara el
cuarteto de cuerda clásico con una conversación mantenida por cuatro
personas inteligentes.
Mozart
"Su hijo es el mayor compositor que jamás haya conocido." Éstas fueron
las palabras que Haydn dirigió a Leopold Mozart, padre del compositor.
También Goethe, después de la muerte del músico, comentó a Eckermann
en sus Conversaciones que "Mozart es inalcanzable en el terreno de la música,
y Shakespeare lo es en el de la poesía".

Instrumentos de Mozart en su casa


natal, hoy convertida en museo

En 1772 un hecho iba a condicionar la trayectoria de Mozart: la llegada del


príncipe-arzobispo Colloredo al trono de Salzburgo, con quien mantuvo una
relación tensa, violenta a veces, y que terminaría con el afincamiento de
Mozart en Viena en 1781. Sin embargo, mientras estuvo en la casa paterna
escribió bellísimas obras, como los cinco conciertos para violín (1775),
la Serenata "Haffner" (1776) y, sobre todo, el Concierto para piano núm. 9 "Jeune
homme", considerado como la primera obra plenamente "clásica" del músico.
Esta producción la alternaba con viajes constantes a Munich, Viena,
Augsburgo y Mannheim, en cuya corte conoció a los más avanzados
músicos del momento, miembros de una famosa orquesta que sirvió de
modelo para toda Europa. Mozart aprendió mucho del estilo de aquellos
maestros, y siempre acarició la posibilidad de formar parte del insigne
conjunto orquestal.
Este ir y venir (cabe recordar que en 1778 emprendió de nuevo el camino
hacia París) colmó la paciencia de Colloredo, y en 1781 las desavenencias
propiciaron la definitiva marcha del maestro a Viena. Allí se casó en 1782
con Constance Weber e inició una etapa febril, decisiva para la historia de
la música, pues fue entonces cuando consolidó el lenguaje del clasicismo y
llevó a mayores extremos los preceptos de su estimado Haydn. Debe
considerarse que desde su llegada a la capital hasta su muerte, período en
el que no transcurrieron más de diez años, escribió alrededor de trescientas
obras, entre las que hay composiciones capitales como los conciertos para
piano (sobre todo, los núms. 17, 19, 20, 21, 23, 25, 26 y 27), las sonatas
para el mismo instrumento, el Concierto para clarinete, las sinfonías (de las que
subrayamos las relacionadas con los núms. 35, 36, 38, 40 y 41), los
cuartetos de cuerda (de los que destaca una bellísima serie dedicada a
Haydn), el Quinteto para clarinete y diversas óperas, cada una de las cuales
habría bastado para granjearle la fama universal: Las bodas de Fígaro, Don
Giovanni, Così fan tutte, La clemencia de Tito y La flauta mágica. Su última partitura
es de carácter sacro: se trata de una de sus páginas más legendarias,
el Réquiem (del que dejó muchas partes inacabadas), que el propio Mozart
creyó que escribía para sí, dada su precaria salud, en nada favorecida por
los excesos de la vida disipada que llevó y por el denodado esfuerzo que
supuso tan sublime y copiosa producción.
La obra de Mozart
Son muchos los aspectos que hay que tener en cuenta a la hora de valorar
la obra de Mozart. Compositor sumamente prolífico, llama la atención en
primer lugar la gran variedad de estilos que componen su repertorio. Puede
afirmarse que es el único de los grandes maestros de la historia de la
música culta que cultivó todos los géneros de su época con el mismo
interés. Otro aspecto es la pasión por la composición que le acompañó toda
su vida. Fue un compositor tan precoz que traspasó los límites de lo que se
entiende por un niño prodigio. El nivel de su producción, además, no
decayó a lo largo de su vida (lo más habitual es que los niños tan
aventajados pierdan del todo el interés al llegar a la pubertad). La
intensidad de su trabajo era además compatible con una personalidad
alegre y desenfadada. Sus contemporáneos le describen como un hombre
de mundo, apasionado y degustador de los placeres de la vida, consumado
bailarín y de amplias relaciones sociales. Así se creó a su alrededor la idea
de que el Mozart mundano nada tenía que ver con el Mozart que se sentaba
al piano, como si un ser superior se apoderase del hombre distraído y
bromista que conocieron sus cercanos.
Si al Mozart mundano no se le prestaba especial atención, su música no
despertaba tampoco el suficiente interés. Los músicos contemporáneos,
centrados más en satisfacer los gustos del momento (con menos talento,
por supuesto) que en desarrollar un nuevo lenguaje musical, fueron
alabados y agasajados abiertamente; en Mozart, los momentos de olvido o
menosprecio superaron a los de gloria. No sería verdaderamente hasta La
flauta mágica, una obra casi póstuma, cuando el gran público comenzó a
fijarse en él; con anterioridad sólo había tenido éxito en la alta sociedad.
No mucho tiempo después, Mozart se convertiría en el ídolo de los jóvenes
románticos, y el reconocimiento a su obra pasaría en poco tiempo a
convertirse en el culto que todavía hoy se le profesa.

Para comprender el universo musical de Mozart hay que tener en cuenta,


por un lado, la ciudad donde nació. Salzburgo era encrucijada de influencias
artísticas, a medio camino entre los grandes centros italianos y alemanes y
Viena, la "capital europea de la música" en época de Gluck y Salieri. Y por
otro, la sólida formación cultural y musical de su padre, Leopold, que sobre
todo le familiarizó con los compositores del sur de Alemania. A ello hay que
añadir los viajes que Mozart realizara y que le pusieron en contacto con los
grandes maestros del momento, en especial los cercanos al otro gran
centro musical del momento, París. Además, Mozart fue un consumado
maestro del arte de la imitación, y supo sacar lo mejor de cada maestro
(Eberlin, Adlgasser o Haydn entre los germánicos, y Schobert, Eckardt y
Honauer entre los del círculo parisino) para utilizarlo luego en su propio
provecho. Si a eso sumamos su inmenso talento y su capacidad de trabajo
(hasta la propia extenuación), podemos llegar a comprender el inmenso
legado que dejó tras su muerte.

Primera etapa: infancia y adolescencia

Mozart escribió más de seiscientas composiciones, entre las que se


encuentran cuarenta y seis sinfonías, veinte misas, ciento setenta y ocho
sonatas para piano, veintisiete conciertos para piano, seis para violín,
veintitrés óperas, otras sesenta composiciones orquestales y otros cientos
de obras más. Sus obras fueron recopiladas en 1862 por Ludwig Von
Köchel; de ahí la letra "K" seguida de un número que se utiliza siempre
para catalogar sus composiciones.

Su abundante producción suele agruparse en tres periodos, el primero de


los cuales abarcaría su infancia repleta de viajes y giras de concertista
prodigio y finalizaría aproximadamente cuando, en 1771, terminan sus
giras y permanece preferentemente en Salzburgo. En sus primeras piezas,
simples frases cortas realizadas entre los 5 y los 7 años, no se dejan
todavía ver las cualidades del Mozart que vino después, pero dan una idea
de la precocidad de su genio. Sus primeras composiciones completas,
fundamentalmente sonatas en varios movimientos para piano, dejan ver las
influencias de su primer viaje a París, sobre todo la estructura melódica de
Johann Christian Bach.

Mozart a los 11 años

Con apenas nueve años Mozart ya componía sinfonías (llegaría a crear un


total de treinta y cuatro), lo que muestra su afán por aparecer ante los ojos
del mundo musical de la época no sólo como un intérprete virtuoso, sino
como un verdadero compositor. Además de componer obras de géneros
más cercanos a él, como serenatas o divertimentos, también se atrevió con
formas que empezaban a desarrollarse en esa época, como los cuartetos de
cuerda, en los que se puede observar la línea italianizante que también
pesa en sus primeras composiciones.

Otro corpus importante de su primera época como compositor es la música


religiosa, que se enmarca dentro de la tradición salzburguesa. Así, escribió
cinco misas, dos "Regina Coeli", dos letanías y un gran número de obras de
menor entidad, además de seis sonatas para la epístola. Sin embargo, la
pujante composición italiana del momento hizo también mella en el joven
creador, que imprimió a sus obras un lenguaje cercano a la ópera, con
líneas melódicas exaltadas y una orquesta que ejerce de mero
acompañante, todo ello sin dañar la dignidad armoniosa de sus
composiciones.
A ello deben añadirse los primeros intentos en géneros de los que luego se
convertirá en maestro, como el singspiel, la ópera bufa o la ópera seria. En
este campo deben destacarse Apolo y Jacinto, Bastián y Bastiana y La tonta fingida.
Dentro de la ópera seria, pertenecen a esta etapa Mitrídates, Rey del
Ponto (1770), Ascanio en Alba (1771), El sueño de Escipión (1772) y Lucio
Silla (1772).
La juventud en Salzburgo
El segundo periodo correspondería a la etapa en la que, pese a algunos
viajes, permaneció en Salzburgo al servicio de Colloredo, y terminaría con
la ruptura definitiva con el arzobispo (1771-1781). En este momento
producirá fundamentalmente música religiosa e instrumental. La ópera,
género por el que Mozart demostró mucha inclinación, apenas pudo
desarrollarse en esta etapa por la falta de encargos. Sin embargo, la obra
más destacada de esta etapa sería precisamente una ópera: Idomeneo, rey de
Creta (estrenada en 1781). Características propias del universo musical
mozartiano, como la introspección armónica y melódica, la riqueza formal,
el colorido instrumental y la profundidad en la interpretación del texto
estuvieron ya presentes en esta obra, y fueron un adelanto del Mozart
maduro de su etapa vienesa. No obstante, la intensidad dramática no es la
misma en Idomeneo que en sus grandes óperas posteriores.

En este período compuso innumerables arias para concierto, las cuales


alcanzaron una intensa expresión tanto por la amplitud de su concepción
como por el carácter apasionado. La música religiosa, por su parte,
continúa a medio camino entre el estilo antiguo y el estilo moderno. Esto
puede comprobarse en las doce misas de este período, donde Mozart
comienza a dar forma musical a los largos textos del "Gloria" o el "Credo",
particularmente en la KV 317 y 337.

En cuanto a las obras sinfónicas, Mozart se esforzó en este período en


definir el carácter de los diferentes movimientos y equilibrarlos en el
conjunto de la obra, como puede comprobarse en las KV 183 y 201, que
están cuidadosamente acabadas. La influencia de la música parisina, que
está muy presente en las obras sinfónicas de este período, puede
comprobarse en la Sinfonía "parisina" KV 297, que es más pomposa.
Donde, sin embargo, el talento de Mozart alcanzó su verdadera dimensión
como artista en esta época fue en sus divertimentos y serenatas. Esta
música, alejada del boato y la seriedad de las obras religiosas y sinfónicas y
de las óperas, y mucho más indiferente y alegre, fue muy del agrado de la
sociedad de Salzburgo. Movimientos de carácter sinfónico, danzas
populares y otras obras muestran su inventiva y su libertad compositiva.
Algo similar ocurrió en el campo del concierto, desde su primer Concierto para
piano KV 175, donde se muestra ya la riqueza musical de su arte, hasta las
sonatas para piano, que se enmarcan en la misma línea de las obras
anteriores, aunque con más amplitud en cuanto a su exigencia técnica. Por
otro lado, los cuartetos de cuerda se inspiran en los de Haydn, y se alejan
de los primeros cuartetos italianizantes del período anterior.
La madurez vienesa
Este tercer y último período se asocia con su establecimiento definitivo en
Viena (1781-1791) y tiene como primera característica un descenso
sintomático en la composición de obras religiosas. También se redujeron las
serenatas y sinfonías. No obstante, la producción escasa de este tipo de
obras no está reñida con un perfeccionamiento y un cuidado exquisito por
parte del compositor. Serenatas y sinfonías darán paso a conciertos para
piano, donde se registra la música más "mundana" de la producción
mozartiana. El valor dado a las óperas y a la música de cámara en este
período es mucho mayor, casi excluyente, aunque Mozart también tuvo
interés en componer obras de circunstancias, arias, conjuntos y
coros, lieder y cánones.
En el clima artístico de la capital el estilo de Mozart llega a su suprema
madurez, despojándose de todo localismo: disminuida la producción de
música religiosa, de serenatas y entretenimientos, surgen las formas
clásicas de la sinfonía, del cuarteto y del concierto. Se establece con Haydn
un fecundo y recíproco intercambio de influencias, especialmente en la
producción de cuartetas. Un ilustrado melómano vienés, el barón Van
Swieten, revela a Mozart la grandeza de Bach y de Händel, y su arte se
fortalece con la solidez del contrapunto. Por lo que se refiere a la música de
piano no dejó de ejercer influencia sobre el estilo de Mozart el agridulce
torneo de habilidad ejecutiva en el que fue su oponente Muzio Clementi, de
paso por la corte de Viena en 1781.
Mozart hacia 1780

Pero aunque Mozart partiera de las piezas de su amigo Joseph Haydn y del
estudio de las obras de Bach y Händel, si por algo se caracteriza este
período es por la apropiación de las fuentes, que son modificadas y
moldeadas para acoplarse por completo a los deseos del compositor,
creando un lenguaje musical completamente original y único. Del estudio
de Haydn parten piezas como los seis cuartetos de cuerda KV 387, 421,
428, 458, 464 y 465. En cuanto a la influencia de Bach y Händel, se
concreta en numerosas fugas y fantasías; la huella de El Mesías, Acis y
Galatea o la Oda a Santa Cecilia están presentes en sus dos grandes obras
religiosas de este período, la Misa en do menor KV 427 y el Réquiem, ambas
inacabadas.
La práctica ausencia de serenatas y divertimentos da una idea del escaso
interés de Mozart por la música de simple entretenimiento y el deseo de
centrarse en una música de cámara espiritualizada, como puede
comprobarse en las serenatas KV 361, 375 y 388, y especialmente en
la Pequeña música nocturna KV 525. Por su parte, en las seis últimas sinfonías
se aprecia el interés de Mozart por la obra sinfónica de Haydn y su
evolución en el trabajo contrapuntístico y temático. Mozart amplía además
la sonoridad sinfónica y dota a las últimas de una profunda introspección,
llevando este tipo de composición hacia una expresión más profunda que la
que tenía hasta entonces. Buenas prueba de ello son la Sinfonía Haffner KV
385, la Sinfonía "Linz"KV 425 y la Sinfonía "Júpiter" KV 551.
Mozart dedicó en este último periodo mucho más tiempo a la composición
de conciertos. Compuso en esta etapa diecisiete conciertos para piano.
Algunos se hallan en la línea de los anteriores; otros se acercan más a su
trabajo para música de cámara (KV 449, 453 y 456), mientras que en otros
la brillantez y la frescura son las notas dominantes (KV 450, 451 y 459). La
sonoridad está especialmente cuidada en los conciertos KV 482, 488 y 491,
alcanzando cotas a las que Mozart no había llegado hasta entonces,
sublimes ya en el KV 537, que contrasta con el Concierto "de la coronación" KV
537 y el Concierto en Si Bemol KV 595, donde está más presente la seriedad de
la ocasión, que se aprecia en cierta ausencia de contrastes. Además de
estos conciertos para piano, Mozart escribió cuatro para corno y un
concierto para clarinete.
Mozart fue el primero en hacer de la música de cámara para piano un
género independiente. Compuso en esta etapa cinco tríos para violín, piano
y violonchelo; el trío "Kegelstatt" para clarinete, viola y piano KV 498; dos
cuartetos para violín, viola, violonchelo y piano; y el quinteto para cuatro
instrumentos de viento y piano KV 452. La principal característica de estas
piezas es el estilo sobrio y cuidado, con una temática simple pero cargada
de gran intensidad. En ellas, a pesar de ser el piano el que domina, las
cuerdas adquieren una mayor importancia. Algo similar ocurre en el
divertimento KV 563, el quinteto con clarinete KV 581 y en los últimos
cuatro quintetos de cuerda KV 515, 516, 593 y 614; en todos ellos se
conjugan la majestuosidad, la delicadeza y la extrema sobriedad de las
últimas composiciones de Mozart, también presentes en las numerosas
arias de concierto y los lieder de este período.
Las óperas vienesas
Las óperas del período vienés figuran, sin duda, entre las piezas más
célebres de la obra de Mozart; constituyen la culminación de
los singspiel alemanes, las óperas bufas y las óperas serias que ya había
cultivado en su juventud. Del primero de estos géneros destaca la obra que
inició este periodo, El rapto del serrallo (estrenada en 1782), donde la
diversidad estilística supera el corsé histórico del género. Es, además, la
primera obra en la que Mozart intervino decisivamente en la elaboración del
libreto, tomando por tanto un papel decisivo no sólo como músico, sino
también como autor dramático. Destacan sus aportaciones en las delicadas
melodías en el canto de los enamorados, y en las alegres conversaciones
entre criados.
Todo ello alcanzó su plenitud en Las bodas de Fígaro (1785, estrenada en
1786). En parte, la evolución de Mozart como compositor operístico
emblematiza el derrotero mismo de su vida personal y estética. En Las bodas
de Fígaro (primero de los tres libretos que Da Ponte escribió para él)
prevalece el concepto de opera buffa atenido, como señalarían algunos
historiadores del arte, a la modalidad del encargo, y sometida a las reglas
que el mecenazgo exigía (respeto de las convenciones, sometimiento del
genio al oficio). A pesar de que se trataba en un principio de una ópera
bufa, la alejan de este género el desarrollo de los caracteres de los
personajes, que alcanzan un componente humano impensable en obras
anteriores.
Don Giovanni (Don Juan, 1787) introduce, por su parte, otros niveles de
dramatización, al sumar a los caracteres humanos otros de índole
sobrenatural. Considerada actualmente la más trágica y perfecta de sus
obras, fue concebida por Da Ponte y el mismo Mozart como un drama al
estilo fijado por Carlo Goldoni para el teatro italiano: un drama «jocoso»,
donde los enredos y la ligereza de las andanzas del seductor y su criado
Leporello están contrapunteados por una partitura llena de oscuros
presagios y amenazantes barruntos demoníacos: el retorno de los muertos
y las puertas del Infierno que se abren ante el pecador irredento. La
expresión musical abarca entonces mayores matices, pues de las
bufonadas de Leporello se pasa a la altivez y al desprecio por las leyes de
don Juan. El terror de don Juan en sus últimos instantes contrasta con la
escalofriante aparición del espectro del Comendador, en una de las escenas
de mayor intensidad dramática de la ópera realizada hasta entonces.
Così fan tutte (Así hacen todas, 1789, estrenada en 1790), sin embargo, lleva
la trama al puro juego. La armonía en los cantos y en los numerosos
conjuntos de personajes que, realmente, sólo son marionetas con una
ligera caracterización, alcanzan una resonancia como en ninguna otra obra
de Mozart. Puede decirse que es la pieza en la que más se aleja de la
realidad para entregarse al puro arte por el arte. A un argumento y una
trama enteramente pertenecientes a la tradición buffa impone Mozart una
música de tal complejidad (propia de su último estilo o Spätstil) que
convierte a la leve historia en el andamiaje de una grandiosa realización
estética: tanto los sentimientos como la música están a enorme distancia
del ligerísimo libreto, lo cual le permite incorporar tonos irónicos y
paródicos, oponiendo acentuados y excelsos momentos de elevada
expresión a risas y comentarios entre dientes de los actores y cantantes
secundarios. El efecto es sorprendente: en parte, puede ser visto como la
manifestación, en Mozart, de una tensión que sólo encontraría su definitiva
resolución en Beethoven: la tensión entre el artesano y el genio. Para
Beethoven, la música y su argumento provenía enteramente de su interior.
Mozart, en cambio, debía equilibrar su propio arrebato a las exigencias
históricas de su función al servicio de la corte.
Todo ello contrasta con La clemencia de Tito, obra anacrónica y denostada en
la que, sin embargo, pueden encontrarse los elementos propios del Mozart
en la madurez de su arte. Quizá el motivo del encargo, la coronación de
Leopoldo II, pesara en el compositor a la hora de crearla, y le llevara a
poner en escena una ópera mucho más "pesada" y pomposa que las
anteriores. Con La flauta mágica (1791) cerró un ciclo vital. En ella, Mozart se
centra en una idea masónica de la humanidad hacia la que convergen todos
los personajes, por lo que puede decirse que es una obra más preocupada
por las ideas que por la caracterización de éstos. La extrema simplicidad
tonal de muchos pasajes de la obra le confieren una espiritualidad sin
parangón hasta ese momento.