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----------PASTORAL FAMILIAR VICARIAL------VICARIA SAN JUAN BAUTISTA---------

Noviazgo es la condición o estado de novio. Cuando dos personas se encuentran en pareja y aún no están
casados, se dice que viven un noviazgo. El término también permite hacer referencia al tiempo que dura ese
estado de relación.

Sentido del noviazgo: conocerse, tratarse,


respetarse
Conocerse para amarse: el noviazgo es el tiempo en el que dos personas se descubren
mutuamente. La Iglesia invita a vivir con intensidad esa fase de la relación para
amarse y respetarse. Nuevo editorial sobre el amor humano.

Conocerse
Para quiénes han sido llamados por Dios a la vida conyugal, la felicidad humana depende, en
gran parte, de la elección de la pareja con la que van a compartir el resto de su vida en el
matrimonio. De esto se deduce la importancia que tiene el discernimiento acerca de la persona
apropiada: “La Iglesia desea que, entre un hombre y una mujer, exista primero el noviazgo, para
que se conozcan más, y por tanto se amen más, y así lleguen mejor preparados al sacramento
del matrimonio"[1].
Así, esta decisión está relacionada con dos parámetros: conocimiento y riesgo; a mayor
conocimiento menor riesgo. En el noviazgo, el conocimiento es la información de la otra
persona. En este artículo se abordarán algunos elementos que ayudarán al conocimiento y al
respeto mutuo entre los novios.
Actualmente, en algunos ambientes, al concepto "amor" se le puede dar un sentido erróneo, lo
cual representa un peligro en una relación donde lo fundamental es el compromiso y la
entrega hasta que la muerte los separe: “Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se
unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne. De modo que ya no son dos, sino una sola
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carne. Por tanto, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre" [2]. Por ejemplo, si uno
quisiera hacer negocios con un socio que no sabe qué es una empresa, los dos estarían
condenados al fracaso. Con el noviazgo ocurre algo parecido: es fundamental que ambos tengan
la misma idea del amor, y que ese concepto se atenga a la verdad, es decir, a lo que realmente
es amor.
Hoy, muchas parejas fundamentan el noviazgo, y también el matrimonio, en
el sentimentalismo. A veces, hay actitudes de conveniencia y falta de transparencia, es decir,
“autoengaños" que terminan después apareciendo en los hechos. Con el paso del tiempo, esto
puede convertirse en causa de muchas rupturas matrimoniales. Los novios han de querer
construir su relación sobre la roca del amor verdadero, y no sobre la arena de los sentimientos
que van y vienen[3].
El conocimiento propio es algo esencial para que la persona aprenda a distinguir cuándo una
manifestación afectiva pasa la frontera de un sentimiento ordenado, y se adentra en la esfera
del sentimentalismo, quizá egoísta. En este proceso es esencial la virtud de la templanza que
ayuda a la persona a ser dueña de sí misma, ya que “tiende a impregnar de racionalidad las
pasiones y los apetitos de la sensibilidad"[4].

Se puede pensar en el amor como un trípode, que tiene como puntos de apoyo los sentimientos,
la inteligencia y la voluntad. Al amor acompaña un tipo de sentimiento profundo. Si creemos
que el afecto no es aún suficientemente intenso ni hondo, y que vale la pena mantener el
noviazgo, habrá que preguntarse qué tengo que hacer para seguir queriendo (inteligencia), y
acometer lo que he decidido (voluntad). Lógicamente, conviene alimentar la inteligencia con
buena formación y doctrina, pues de lo contrario, se apoyará en argumentos que lleven al
sentimentalismo.

Tratarse

El conocimiento verdadero de los demás se consigue con el trato mutuo. Igualmente ha de


suceder en el noviazgo, que requiere un trato que llegue a temas profundos, relacionados con el
carácter de la otra persona: cuáles son sus creencias y convicciones, cuáles son sus ilusiones,
qué valores familiares tiene, cuál es su opinión sobre la educación de los hijos, etc.

Las dificultades de carácter son consecuencia del daño causado por el pecado original en la
naturaleza humana; por tanto, hay que contar con que todos tenemos momentos de mal
carácter. Esto se puede paliar, contando especialmente con la gracia de Dios, luchando por
hacer la vida más agradable a los demás. Sin embargo, hay que asegurar la capacidad para
convivir con el modo de ser del otro.

También sucede lo mismo con las convicciones y creencias. Se ven como una consecuencia
tradicional, de la educación recibida o de modo racional. Sin embargo, no es frecuente que se
deje de lado la importancia que tienen o se piense que con el tiempo cederá. Pueden convertirse
en una dificultad grande y, en muchos casos, motivos de problemas conyugales. Es fundamental
tener claro que el matrimonio es “de uno con una; (…) La medalla tiene anverso y reverso; y en
el reverso hay dolores, abstenciones, sacrificios, abnegación"[5].

Podría resultar ingenuo pensar que el otro va a cambiar sus convicciones y creencias o que el
cónyuge será el medio para que cambie. Lo anterior no excluye que las personas rectifiquen y
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mejoren con el paso del tiempo y la lucha personal. Sin embargo, un criterio que puede servir
es el siguiente: si, las convicciones profundas, no se adecúan a lo que yo pienso respecto a cómo
ha de ser el padre o la madre de mis hijos, puede ser prudente cortar, ya que no hacerlo a tiempo
es un error que con frecuencia puede llevar a un futuro matrimonio roto.

Es preciso diferenciar lo que en el otro es una opinión y lo que es una creencia o una convicción.
Podríamos decir que una opinión es lo que sostiene, sin llegar a la categoría de convicción,
aunque para expresarla utilice la palabra “creo". Por ejemplo, si uno comenta “creo que el
matrimonio es para siempre", conviene saber si se trata de una opinión o de una creencia. La
opinión comporta excepciones, una creencia no; la creencia es un valor arraigado, una
convicción, sobre la que se puede sostener un matrimonio.

Con frecuencia, ya siendo marido y mujer, sucede que uno de los cónyuges se da cuenta de que,
cuestiones tan vitales como estar de acuerdo sobre el número de hijos, o su educación cristiana,
o la forma de vivir la sexualidad no han sido tratadas con seriedad durante el noviazgo.

El noviazgo cristiano es un tiempo para conocerse y para confirmar que la otra persona coincide
en lo que es fundamental, de manera que no será extraño que a lo largo de esta etapa uno de los
novios decida que el otro no es la persona adecuada para emprender la aventura del
matrimonio.

La personalidad se va formando con el paso del tiempo, por lo que hay que pedir al otro un nivel
de madurez adecuado a su edad. Sin embargo, hay algunos parámetros que pueden ayudar a
distinguir a una persona con posibles rasgos de inmadurez: suele tomar las decisiones en
función de su estado de ánimo, le cuesta ir a contracorriente, su humor es voluble, es muy
susceptible, suele ser esclavo o esclava de la opinión de los demás, tolera mal las frustraciones
y tiende a culpar a los otros de sus fracasos, tiene reacciones caprichosas que no se
corresponden con su edad, es impaciente, no sabe fijarse metas ni aplazar la recompensa, le
cuesta renunciar a sus deseos inmediatos, tiende a ser el centro de atención, etcétera.

Respetarse
Como dice el Papa Francisco: “La familia nace de este proyecto de amor que quiere crecer como
se construye una casa: que sea lugar de afecto, de ayuda, de esperanza"[6]. El noviazgo crece
como aspiración al amor total desde el respeto mutuo, que en el fondo es lo mismo que tratar
al otro como lo que es: una persona.
“El periodo del noviazgo, fundamental para formar una pareja, es un tiempo de espera y de
preparación, que se ha de vivir en la castidad de los gestos y de las palabras. Esto permite
madurar en el amor, en el cuidado y la atención del otro; ayuda a ejercitar el autodominio, a
desarrollar el respeto por el otro, características del verdadero amor que no busca en primer
lugar la propia satisfacción ni el propio bienestar" [7].

Este hecho conlleva diversas consecuencias, cuyo fundamento es la dignidad humana: no se


puede pedir al novio o a la novia lo que no puede o no debe dar, cayendo en chantajes
sentimentales, por ejemplo, en aspectos referidos a manifestaciones afectivas o de índole
sexual, más propias de la vida matrimonial que de la relación de noviazgo.
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El trato mutuo entre los novios cristianos deberá ser el que tienen dos personas que se quieren,
pero que aún no han decidido entregarse totalmente al otro en el matrimonio. Por eso tendrán
que ser delicados, elegantes y respetuosos, siendo conscientes de su condición de varón y de
mujer, apagando los primeros chispazos de pasión que se puedan presentar, evitando poner al
otro en circunstancias límite.

Como conclusión, podemos afirmar que un noviazgo bien vivido, en el cual se conozca a fondo
y se respete a la otra persona, será el medio más adecuado para tener un buen matrimonio,
siguiendo el consejo del Papa Francisco: “La convivencia es un arte, un camino paciente,
hermoso y fascinante que tiene unas reglas que se pueden resumir en tres palabras: ¿Puedo?
Gracias, perdona"[8].

[1]San Josemaría, Apuntes tomados de una reunión familiar, 31-10-1972.


[2]Mc 10,7-9.
[3]Cfr. Papa Francisco, Audiencia, La alegría del sí para siempre, 14-2-2014.
[4]Catecismo de la Iglesia Católica, 2337.
[5]San Josemaría, Apuntes tomados de una reunión familiar, 21-6-1970.
[6] Papa Francisco, Audiencia, La alegría del sí para siempre, 14-2-2014.
[7]Benedicto XVI, A los jóvenes del mundo con ocasión de la XXII Jornada Mundial de la
Juventud 2007.
[8]Papa Francisco, Audiencia, La alegría del sí para siempre, 14-2-2014.

PARA QUE SIRVE UN NOVIAZGO


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Un buen noviazgo no acaba necesariamente en boda

El noviazgo no es una etapa definitiva: es un periodo que debe servir para que los novios se
conozcan suficientemente y para saber si quieren o no compartir un futuro juntos. Por tanto,
un buen noviazgo no necesariamente acaba en boda sino que el noviazgo logrado es el que
nos permite llegar a tomar la decisión libre y madurada de seguir adelante y casarnos o de
romper nuestra relación.
¿Y qué hace falta para que un noviazgo pueda cumplir estos fines, de
conocernos y decidir dar o no el paso de compartir la vida?
Por un lado, hace falta tiempo: no hay una medida que defina cuánto debe durar el
noviazgo perfecto porque depende de muchas circunstancias (por ejemplo de la edad de los
novios, de si tienen o no los recursos imprescindibles para dar el paso al matrimonio…)
pero es necesario el tiempo suficiente para conocerse y para saber, a grandes
rasgos, qué proyecto de vida nos planteamos juntos.
Ahora bien, para conocerse no basta con pasar tiempo juntos: es necesario que en ese
tiempo hablemos de lo que para cada uno es importante y eso sólo se consigue
compartiendo momentos en los que poder hablar y escuchar al otro; sin interrupciones ni
múltiples notificaciones (teléfonos, redes, likes….) que desvíen nuestra atención.
Para conocerse hay que pasar tiempo juntos, solos; pero también es necesario
y muy importante no aislarse sino compartir tiempo y relacionarnos con
familiares y amigos, para irnos conociendo en todas las facetas y circunstancias de
nuestra vida.
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Además de tiempo, en un bueno noviazgo son necesarias la sinceridad y la
confianza: es verdad que, al iniciar una relación, tendemos a mostrar lo más atractivo y
positivo de nosotros mismos. Pero, para que la relación progrese, uno tiene que mostrarse
tal cual es: ser uno mismo es muy importante porque si no el otro se estará enamorando de
una imagen falsa de nosotros mismos, pero no de la persona que somos. Y para poder ser
sincero con alguien es necesario que entre ambos se cree un clima de confianza: si no me fío
de ti, ¿cómo voy a compartir contigo lo que para mí es importante? La desconfianza lleva a
ponerse a la defensiva e impide que uno se muestre como es. Por eso, en realidad, tiempo,
sinceridad y confianza van unidos: hace falta tiempo para generar la confianza necesaria
para poder mostrarse en sinceridad y verdad.
¿Y qué hace falta para que un noviazgo pueda cumplir estos fines, de
conocernos y decidir dar o no el paso de compartir la vida?
Por un lado, hace falta tiempo: no hay una medida que defina cuánto debe durar el
noviazgo perfecto porque depende de muchas circunstancias (por ejemplo de la edad de los
novios, de si tienen o no los recursos imprescindibles para dar el paso al matrimonio…)
pero es necesario el tiempo suficiente para conocerse y para saber, a grandes
rasgos, qué proyecto de vida nos planteamos juntos.
Ahora bien, para conocerse no basta con pasar tiempo juntos: es necesario que en ese
tiempo hablemos de lo que para cada uno es importante y eso sólo se consigue
compartiendo momentos en los que poder hablar y escuchar al otro; sin interrupciones ni
múltiples notificaciones (teléfonos, redes, likes….) que desvíen nuestra atención.
Para conocerse hay que pasar tiempo juntos, solos; pero también es necesario
y muy importante no aislarse sino compartir tiempo y relacionarnos con
familiares y amigos, para irnos conociendo en todas las facetas y circunstancias de
nuestra vida.
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Además de tiempo, en un bueno noviazgo son necesarias la sinceridad y la


confianza: es verdad que, al iniciar una relación, tendemos a mostrar lo más atractivo y
positivo de nosotros mismos. Pero, para que la relación progrese, uno tiene que mostrarse
tal cual es: ser uno mismo es muy importante porque si no el otro se estará enamorando de
una imagen falsa de nosotros mismos, pero no de la persona que somos. Y para poder ser
sincero con alguien es necesario que entre ambos se cree un clima de confianza: si no me fío
de ti, ¿cómo voy a compartir contigo lo que para mí es importante? La desconfianza lleva a
ponerse a la defensiva e impide que uno se muestre como es. Por eso, en realidad, tiempo,
sinceridad y confianza van unidos: hace falta tiempo para generar la confianza necesaria
para poder mostrarse en sinceridad y verdad.

Si en el noviazgo somos sinceros, no faltará otro elemento esencial: los


desencuentros y enfados. Un noviazgo sin enfados no es real: tienen que darse porque
somos dos personas distintas, no podemos pensar igual en todo ni se trata de llegar a ser
dos personas idénticas, sino de apreciar lo diferente y de aprender a llegar a acuerdos o, al
menos, a respetar las opiniones y deseos del otro que no compartimos. Si no podemos
resolver los desencuentros, o si hay cosas importantes que no podemos compartir, habrá
que valorar si conviene o no continuar esa relación.
Dicho esto: si nos queremos, si hemos llegado a conocernos suficientemente y tenemos claro
los dos que esta relación tiene sentido y que queremos compartir la vida, es el momento de
dar un paso adelante. A veces puede dar un poco de vértigo: pero no podemos querer
amarrar, asegurar y controlar todo porque amar es arriesgarse.
Pero un buen noviazgo nos da razones suficientes para poder tomar una
decisión madurada y nos permite saber que nuestro amor es real y no una
fantasía porque ya hemos experimentado que nos queremos de verdad, en los
momentos buenos y en las dificultades.
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María Álvarez de las Asturias es fundadora del Instituto Coincidir, especializado en
el asesoramiento personal y familiar.

EL NOVIAZGO: ¿PASATIEMPO O COMPROMISO?

Reflexionar sobre las realidades del matrimonio y la familia, implica necesariamente reservar un espacio
para el tema del noviazgo. Se podría decir que el éxito o el fracaso de un matrimonio encuentra su
explicación, muchas veces, en la adecuada o no adecuada preparación para éste.

Ahora bien, uno inicia o es iniciado en la preparación para el matrimonio, no unas cuantas semanas antes
de presentarse ante el altar; aunque a veces se da esto: los novios van corriendo a la parroquia para un
curso prematrimonial a fin de que, según esto, tengan la preparación adecuada para su boda.

Más bien la preparación para el matrimonio inicia desde que uno nace; el tipo de educación que uno recibe;
el aprendizaje práctico en el arte de compartir en familia; la calidad de testimonios que uno encuentre en
su camino; el bagaje de valores dentro de los cuales uno se va desarrollando. Todos estos factores son los
elementos claves en la preparación de un joven y de una muchacha para la vida matrimonial.

Se podría decir que nadie llega al matrimonio como "tavola rasa", nadie llega en blanco. El matrimonio
jamás puede pretender ser el inicio de una nueva vida; será siempre la prolongación de una vida ya vivida,
aún tomando en cuenta la Gracia Sacramental, pero en ese momento no se empieza a vivir, ya se tienen
de veinte a veinticinco años de entrenamiento en el arte de vivir. Sin embargo dentro del contexto de esa
preparación para el matrimonio, no cabe duda, el noviazgo tiene su importancia especial.

Un buen noviazgo, prepara enormemente el camino para un buen matrimonio. Sin embargo, los errores que
se cometen en el noviazgo de alguna forma se pagan en el matrimonio o en la familia.

¿Qué es el noviazgo?

¿A qué nos referimos, cuando hablamos de noviazgo?. Ciertamente es una situación de tránsito; es un
estado pasajero en las relaciones entre un hombre y una mujer; el tránsito entre una condición libre de
"soltero" y una vinculación matrimonial. Es importante subrayar que lo que caracteriza al noviazgo como
contraste al matrimonio es su libertad. Porque a veces se encuentran noviazgos esclavizantes, que dan la
impresión que necesariamente tienen que terminar en el matrimonio; entonces ya no es un noviazgo, ya
son matrimonios. Lo que distingue un estado del otro, es que en uno hay libertad de decisión y en el otro
la decisión ya está tomada.

Por lo tanto, se habla de un período de preparación para el matrimonio; no es simplemente el tiempo que
precede al matrimonio ni mucho menos un matrimonio a prueba. Y precisamente por ser una etapa de
preparación para el matrimonio, el noviazgo tiene su tiempo; no es conveniente que sea demasiado
temprano, y frecuentemente en situaciones normales, tampoco que sea demasiado tarde. No demasiado
temprano, cuando todavía no existe la capacidad de desarrollar una amistad estable, ni la madurez suficiente
para establecer semejante compromiso. Eso no quiere decir que sean inoportunas las amistades entre
jóvenes de diverso sexo antes de ese momento, sino más bien, lo que convendría evitar son esos
compromisos prematuros que contienen toda la formalidad y la exclusividad propias de aquellos novios que
están comprometidos para casarse.

No es tampoco aconsejable, generalmente, atrasar excesivamente esa relación. El enamoramiento tiene su


momento oportuno y si el pecado de los muy jóvenes es un romanticismo demasiado ingenuo, el pecado de
los mayores puede ser un racionalismo excesivamente cauteloso. En resumidas cuentas, citando al Padre
Maciel, en uno de sus escritos: "el noviazgo se podría definir como esa escuela en la que dos jóvenes se
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conocen a fondo y aprenden a amarse de veras, a desprenderse de sí mismos para darse al otro y para dar
vida a otros". De ahí se desprende que los dos elementos importantes en el noviazgo son: el esfuerzo de
conocimiento mutuo y el aprendizaje del arte de amar.

Conocerse para amarse.

Uno de los grandes peligros en la vida y de manera especial en esta época del noviazgo, es entregarse a los
sueños. Los novios, impulsados por su amor, se entregan al placer de idealizar su vida conyugal, se dedican
a imaginar su vida futura, su amor futuro, su hogar futuro y contemplan todo esto a través del cristal
deformador de la imaginación. Imaginan, o al menos creen imaginar que eso será, en vez de dedicase con
pasión a cantar la realidad. En Irlanda se tiene un dicho que quizá en ninguna otra situación tiene una
aplicación tan válida como en el noviazgo: "las colinas desde lejos siempre se ven verdes".

Normalmente, cuando una pareja se casa, el primer golpe que reciben, no el uno del otro sino los dos de la
vida, es el enfrentamiento con la realidad.

Durante el noviazgo, muy fácilmente, uno puede entregarse a los sueños y ella lo ve a él, al novio, tan
hermoso, tan guapo, tan educado, tan fino. Es decir, una maravilla, no tiene defectos, y de repente...
Obviamente esto no puede durar para siempre, se casa con esta persona que resulta ser simplemente una
persona humana, ¡qué decepción cuando ella se da cuenta de que se casó con un ser humano! Y claro,
después salen con los compadres a cenar fuera y ella ve que el compadre es tan fino, tan educado, tan
amable y otra vez empieza a soñar. Entonces esto es muy importante y es muy frecuente.

Una de las primeras características del amor es que es una realidad. Es una realidad que como tal no puede
vivirse sin esfuerzo; el amor no es un juego de niños; compromete a dos seres en una total comunidad de
vida, de cuerpo y alma. Por eso el noviazgo está hecho para reflexionar, porque prepara a una situación
que será irrevocable; deben estar atentos a las responsabilidades que les esperan y anticipar, hasta donde
sea posible, las dificultades que tendrán que vencer. Por eso sí hay que tomar el noviazgo con seriedad, no
puede convertirse en una pérdida de tiempo y esto muchas veces sucede.

Simplemente pasan los días, las semanas, los meses y los años. Se contentan con ver pasar el tiempo
pasivamente, sin realizar el menor esfuerzo para lograr un mejor conocimiento del otro; se admiran, se
alaban, se imaginan cosas, pero no se dedican a trabajar y aunque no suene demasiado romántico el
noviazgo es un período de trabajo y uno de los elementos de ese trabajo es ese esfuerzo de conocimiento
profundo, mutuo.

Deben reflexionar; discutir las orientaciones esenciales de su vida, quizá destruir esa máscara que
inconscientemente lleva cada cual sin saberlo. Intentar, cada uno con su inteligencia, captar la verdadera
fisonomía del otro, a fin de que cuando llegue el día del matrimonio, no se está casando con un desconocido
total. Mucho se ha dicho: "Todos los que se casan, se casan con un desconocido" y tiene mucho de razón,
probablemente, si uno conociera totalmente al otro no se casaría con él.

Y Dios es muy sabio, entonces pone ese velo sobre los ojos para que uno no lo vea todo, pero eso no quiere
decir que uno no pueda ver nada. Es decir, es mucho lo que hay que ver y el noviazgo es el período para
alcanzar ese conocimiento suficiente del otro.

Es un esfuerzo por ser realistas, por aceptar al otro como es, por conocerlo corno es y conocerse a uno
mismo también en relación con la otra persona. Ahora bien, aún suponiendo ese esfuerzo por conocerse, es
inevitable que ese conocimiento sea incompleto, no puede ser un conocimiento completo, no es posible
adelantar el reloj para anticipar al futuro que será necesariamente el revelador de cada quien.
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Aprendiendo el arte de amar.

Algo todavía más crucial dentro del noviazgo, es ese esfuerzo permanente para aprender juntos el difícil
arte de amar. Y el deseo de amar a que nos referimos se explica muy bien en un libro español que se llama
"Cincuenta Amigos" de José Luis Martín Vigil; aquí no se describe el amor entre novios, sino el de una madre
por su hijo.

La realidad es exactamente lo mismo pero la aplicación simplemente es diferente y el autor presenta en


este libro varios personajes: uno de ellos es un muchacho que se llama José Ignacio, hijo de una viuda que
se llama Doña Luz, y en el libro el autor dice lo siguiente: "José Ignacio, el mayor de los hermanos, es lo
que se dice un hijo muy noble, calificaciones excelentes, pero quince años son quince años y un día José
Ignacio quería una guitarra y, ni corto ni perezoso, la víspera de su cumpleaños tuvo la ocurrencia de colocar
sobre la servilleta de su madre, a la hora de la comida, un sobre azul que contenía un tarjetón donde había
escrito previamente con su letra más cuidada lo que sigue: por hacer los recados de mamá, cien pesetas;
por acompañar a Margarita al colegio, ciento cincuenta pesetas; por explicar matemáticas a Juanín,
doscientas pesetas; por sacar sobresaliente en todo, trescientas pesetas; por arreglar la luz y otros
desperfectos, ciento cincuenta pesetas; total novecientas pesetas, y una nota que decía: esto es lo que
cuesta una guitarra.

Doña luz leyó estas líneas sin hacer comentarios, si bien pareció ensombrecerse su rostro dulce y sereno de
costumbre. Aquella tarde José Ignacio estuvo triste en el colegio, temía de pronto haber sido poco delicado
con su madre. El sólo había pretendido pedir algo con humor, pero ahora se maldecía por haber hecho una
cosa semejante; hubiera deseado pedir perdón, explicarse con ella pero le dio vergüenza.

Al día siguiente cuando entró en el comedor ya había olvidado casi la escena de la víspera, por eso mismo
fue mayor su sorpresa al ver sobre la silla una hermosa guitarra.

Pero cuando ya iba a tomarla entre sus manos, vio el sobre azul que reposaba encima de su propia servilleta,
miró a su madre que tenía los ojos bajos y rasgó el sobre con cierta prevención, ahí, con la letra picuda e
inconfundible, estaba escrito lo que sigue: por haberte criado y alimentado hasta el presente, cero pesetas;
por haberte enseñado a rezar y a distinguir el bien del mal, cero pesetas; por velarte treinta noches cuando
estuviste enfermo, cero pesetas; por traducir hasta altas horas con el fin de pagar el colegio, cero pesetas;
por consagrarte mi vida toda definitivamente, cero pesetas, total cero pesetas y una nota que decía "todo
esto y mucho más seguirá haciendo tu madre por ti sólo porque te quiere". Cuando José Ignacio levantó los
ojos, tras leer la última línea los tenía llenos de agua y Doña Luz le atrajo sonriendo contra el pecho "no
llores hijo" le decía, "es porque soy tu madre, ¿no comprendes?".

Ciertamente esa página podría llamarse: "una definición perfecta de lo que es el amor". Y eso es lo que
tienen que hacer los novios; esa es su tarea; eso es lo importante. Si aprenden eso, lo aprendieron todo, si
no, aprenden eso no han aprendido nada.

Amar, en su sentido más pleno significa esencialmente renunciar a sí mismo; olvidarse de sí mismo;
sacrificarse a sí mismo por el otro; por lo que se ama. Por eso, en alguna pareja que afirma amarse, sea
una pareja de casados o una pareja de novios, el problema fundamental está en ver hasta qué punto ambos
están dispuestos a ofrecerse el uno al otro; ofrecerse con una ofrenda total que desprenda radicalmente a
cada uno de sí mismo, para consagrarse al servicio del otro.

Todos somos criaturas de Dios; somos imagen de Dios. También el amor del hombre está hecho a imagen
del amor de Dios, y Cristo nos ha enseñado que el grado de amor se mide por la altura del calvario que
puede subirse por la felicidad del ser amado. "No hay mayor prueba de amor que el dar la vida" son palabras
de Cristo.

Es un lenguaje duro, que no tiene nada de lindo, sin embargo lo curioso, lo paradójico, lo increíble y lo
tremendamente real de todo este panorama, es que solamente así el amor hace feliz al hombre. Ese "deseo
ser feliz", ese "quiero ser feliz", tiene que transformarse en ese giro "hacer feliz". Así es el hombre; si
pasamos la vida buscando nuestra propia felicidad, estamos destinados al fracaso. Pero si decidimos buscar
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la felicidad de los demás, y de eso se trata el amor, entonces seguramente vamos a encontrar nuestra
propia felicidad.

Por eso, lo que más lastima al amor, el más grande enemigo del noviazgo, como de la vida, es el egoísmo.
Ese buscarme yo, ese protegerme yo, ese adorarme yo, ese convertirme a mí mismo en mi propia religión.
La película "Kramer vs. Kramer" narra la historia de una pareja y su niño, en la que un buen día la señora
abandona la casa, se va, se encuentra con una amiga y quiere explicar lo que había hecho diciendo: "lo que
pasa es que yo ya estaba cansada de ser "de alguien", siempre había sido hija "de" mis padres, después
esposa "de" mi marido, madre "de" mi hijo, y añade: "yo quería ser mía por primera vez".

Esa frase que más que el guión de una película es el reflejo de una mentalidad , es básicamente lo que más
destruye a los matrimonios y a los noviazgos. Y si algo tienen que aprender los novios es el arte de amar.

La felicidad de una persona es tan grande como su horizonte le alcanza y le permite; si yo tengo un horizonte
chiquito mi felicidad así será. Si tengo un horizonte amplio, si puedo ver más allá de mis propias narices,
entonces existe alguna posibilidad de alcanzar la felicidad en mi vida.

Aprender a amar al otro.

Aprender a amar al otro es aprender a entregarse a él, pero también es aprender a aceptarlo. Al respecto,
existe una fábula muy sabia, que dice lo siguiente:

"Durante años fui un neurótico, era un ser angustiado, reprimido y egoísta y todo el mundo insistía en
decirme que cambiara y no dejaban de recordarme lo neurótico que yo era y yo me ofendía, aunque estaba
de acuerdo con ellos y deseaba cambiar, pero no acababa de conseguirlo por mucho que lo intentara.

Lo peor era que mi mejor amigo tampoco dejaba de recordarme lo neurótico que yo estaba y también
insistía en la necesidad de que yo cambiara y también con él estaba de acuerdo y no podría sentirme
ofendido con él, de manera que me sentí impotente y como atrapado, pero un día mi amigo me dijo: "no
cambies, sigue siendo tal como eres, en realidad no importa que cambies o dejes de cambiar, yo te quiero
tal como eres y no puedo dejar de quererte".

Aquellas palabras sonaron en mis oídos como una música, no cambies, no cambies, te quiero. Entonces me
tranquilicé y me sentí vivo y sorprendentemente, tan bien.

El mensaje es muy claro: Nadie es capaz de cambiar si no se siente querido; si no experimenta una razón
positiva para cambiar, si no encuentra a alguien que le ame prescindiendo de que cambie o deje de cambiar.

El amor, no es aceptar al otro a pesar de sus imperfecciones, el amor es aceptar al otro con todo y sus
imperfecciones. Sí nosotros, humanos, no somos capaces de amar a seres imperfectos, es que no somos
capaces de amar, tan sencillo como eso.

Dentro de este contexto del conocimiento mutuo y del amor en el noviazgo se escucha con frecuencia una
inquietud:

¿Hasta, dónde podemos llegar?, ¿Qué es lo que podemos permitirnos sin pecar?. Esta pregunta me hace
recordar algo que me sucedió hace unos cuantos años dando una plática sobre el noviazgo a un grupo de
jóvenes. Yo estaba hablando de algunos temas y en eso una muchacha levantó la mano y me dijo: "padre,
yo quiero hacerle una pregunta sobre qué es lo que se puede hacer en un noviazgo", entonces yo, con mi
ingenuidad irlandesa, le contesté: "pueden hacer muchas cosas, pueden comer unos tacos, pueden rezar el
rosario", pero algo me decía que no le estaba contestando su pregunta. Ella insistía y me dijo: "no, no, no,
¿qué es lo que se puede hacer, hasta dónde se puede llegar?".
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Ya al encontrarme arrinconado con la pregunta, tuve que darle una respuesta y les dije: "pueden hacer todo
aquello que les haga plenamente felices". Claro, no hace falta decirlo, los muchachos casi me sacaron en
hombros del auditorio, pero antes de que abrieran las puertas yo les dije: "déjenme explicarles lo que acabo
de decir" y antes de que alguien se escape de aquí también, quisiera explicárselos. Obviamente, la misma
pregunta, creo yo, estaba mal planteada. Cuando unos novios preguntan hasta dónde pueden llegar sin
pecar, están hablando de una actitud de estira y afloja, como queriendo bailar sobre la cuerda floja y
necesariamente están destinados al suicidio espiritual.

Más bien deberían preguntarse: "¿cuál es el mejor camino para preservar nuestro amor de toda
decadencia?", por que no es cuestión de ver que es lo que permite la ley, como si esto fuera algo impersonal
y sofocante, sino más bien preguntarse ¿qué ventajas lleva en sí la pureza, para el amor de los novios hoy
y mañana y qué desventajas y peligros lleva la pasión sexual descontrolada? En otras palabras: ¿realmente
nos conviene?

La plena felicidad es muy diferente a la felicidad de un día o de una noche. Si yo entro en una cantina y le
pregunto a un borracho: "¿oye, tú estás feliz?" Pues me va a decir que es el hombre más feliz del mundo y
probablemente lo es, si no, no lo estaría haciendo, pero si le llego a las seis de la mañana del día siguiente
y le vuelvo a hacer la pregunta, quién sabe cómo me va a contestar.

Entonces, una cosa es la felicidad del momento, otra cosa es la plena felicidad y esa plena felicidad es una
felicidad sin culpabilidad; es una felicidad que da paz; es una felicidad que nos llena; es una felicidad
transparente. No es fácil la plena felicidad de la vida y es eso lo que los novios deben proteger; la plena
felicidad.

Al escuchar las confesiones de los jóvenes es muy frecuente oír hablar de "pecados de amor". Ahora, un
pecado de amor es algo tan contradictorio como nieve caliente o un círculo cuadrado. Es decir, no se puede
pecar de amor. El amor no es un pecado, el amor es un mandamiento; entonces no se peca por amar; se
peca por no amar suficientemente; se peca por quedarse a la mitad del camino; se peca por confundir el
amor con el egoísmo.

San Agustín nos dice: "si amas, puedes hacer lo que quieras" y los novios si aman de verdad; si se aman a
sí mismos; si aman a su pareja; si aman a Dios; pueden hacer lo que quieran. No hay límites si es por amor
lo que tengo.

Ahora bien, ciertamente en el noviazgo hay una forma de amor muy peculiar y no despreciable: ese cortejo,
variado, imaginativo, ese amor romántico con todos sus detalles y manifestaciones; ese descubrimiento
mutuo que en sí es una experiencia hermosísima y de lo más satisfactorio, ¿porqué tienen que romper eso?

Porque es lo que suele pasar cuando el noviazgo entra en una fase sexual. Entonces todos esos detalles se
archivan; se pierden; pierden su sabor; pierden su plenitud. El noviazgo es el mejor momento para aprender
y cultivar esas muchas maneras de decir "Te amo" sin tener que depender de la intimidad física. Ahora
muchos dicen: "pero si nos amamos, ¿por qué no podemos tener relaciones sexuales?" Precisamente porque
se aman, deben de abstenerse porque se exponen a perder demasiado.

En primer lugar, pierden esa tranquilidad para conocerse como personas. Ya se ha dicho que una de las
finalidades del noviazgo es el conocimiento mutuo, profundo. Normalmente, cuando un noviazgo entra en
esa etapa de connotación sexual, se crea una cierta obsesión hacia el otro como persona. Y naturalmente,
ese proceso de conocimiento mutuo se queda a la mitad del camino.

En segundo lugar, se pierde el respeto mutuo; con bastante frecuencia después de esas experiencias se
rompen noviazgos o se viven con una ilusión menos profunda.

Y en tercer lugar, se pierde la confianza mutua; empiezan las dudas sobre la mutua fidelidad. Si fue tan
fácil conmigo, ¿por qué no lo será con otro?, ¿Qué va a pasar cuando estemos casados?, ¿qué garantías
tengo de que tenga la fuerza, la educación, el dominio, la fuerza de voluntad para ser fiel si no ha podido
controlarse en nuestro momento?
----------PASTORAL FAMILIAR VICARIAL------VICARIA SAN JUAN BAUTISTA---------
Por eso los jóvenes no deben temer el camino de la continencia sexual; el hombre es más que un animal y
por eso su sexualidad no puede ni debe rebajarse a la sexualidad de los animales; es algo completamente
distinto.

En la medida que vamos creciendo debemos aprender a controlarnos para poder vivir con los demás;
controlamos la necesidad de sueño para poder estudiar; controlamos el deseo de comer para conservarnos
en buen estado. Por lo mismo debemos conservar el instinto sexual hasta estar listos para las
responsabilidades que ese instinto encierra en sí mismo. El Matrimonio, el Sacramento del Matrimonio es
un acto de donación; pero si uno va a donar algo, tiene que tener ese algo que va a donar; tiene que
dominar ese algo que va a donar, pero si ya lo ha entregado, entonces qué va a significar esa donación.

Si yo voy a vender un caballo a un señor le digo: "el caballo está en el establo véalo". Si le conviene lo
compra, no le voy a decir: "pues mire, mi caballo anda por ahí por los montes". Sucede lo mismo con ese
caballo que es la fuerza sexual; exige ser domado hasta la hora que se convierte en una mutua entregasen
el matrimonio.

Y por último, quisiera recordar algo que contestó el Papa Juan Pablo II a un grupo de jóvenes que en una
ocasión le pidieron les aconsejara sobre su vida de noviazgo:

"Actúen en todo momento como si Cristo los estuviese mirando. Prepararse como cristianos para la vida
matrimonial es caminar necesariamente de la mano de Dios; surge frecuentemente en el noviazgo, en el
matrimonio, en la vida, la tentación de soltar la mano de Dios. Pero irremediablemente, en el noviazgo como
en la vida, nos vamos de cabeza. El amor implica siempre una crucifixión y ningún hombre puede soportar
esa crucifixión sin apoyarse en Dios."

Por eso, lejos de escaparse o esconderse de Dios, los novios deben acercarse más que nunca a El, a fin de
hallar luz y fuerza. En cierto sentido se puede decir que el noviazgo es un catecumenado, y así como en
otros tiempos se preparaba el catecúmeno para la recepción del bautismo, invitándole a instruirse, a
modificarse y orar, así también hay que invitar a los novios a prepararse a recibir el sacramento del
matrimonio.

Los medios son los mismos y un matrimonio que acoge esa bendición de Dios, con el corazón muy abierto,
solamente puede tener éxito en su vida matrimonial.

Hago una invitación a tantos jóvenes que se preparan para el matrimonio, a que vivan toda la felicidad,
pero toda la felicidad que Dios les desea, y no sólo eso, sino que salgan fuera, al mundo, para testimoniar
con sus vidas, su amor y su felicidad, ante este mundo materializado y hedonizado.

Díganle a este mundo, que solamente en Cristo se encuentra la garantía de su amor y la plenitud de su
felicidad.

Oración de los Novios:

En mi corazón, Señor, se ha encendido el amor por una criatura que Tú conoces y amas:

Haz que no malgaste esta riqueza que Tú has puesto en mi corazón:

enséñame que el amor es un don y que no puede mezclarse con ningún egoísmo;

que el amor es puro, y no puede quedar en ninguna bajeza;

que el amor es fecundo, y desde hoy debe producir un nuevo modo de vivir en los dos.

Ayúdanos en nuestra preparación al matrimonio, a su grandeza, a su responsabilidad,


----------PASTORAL FAMILIAR VICARIAL------VICARIA SAN JUAN BAUTISTA---------
a fin de que, desde ahora, nuestras almas dominen nuestros cuerpos y los conduzcan en el amor.