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EL EROTISMO FEMENINO SU ESTRUCTURACION EN LA INFANCIA.

SUS
MANIFESTACIONES EN LA MUJER ADULTA
Francoise Dolto
Sexualidad Femenina
Libido, erotismo, frigidez
Paidós: Psicología Profunda

Las condiciones pregenitales


del investimiento erótico de las vías genitales
de la niña y su acceso al planteo del Edipo;
el complejo de Edipo; su resolución

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Desde el nacimiento, un bebé neonato del sexo femenino, como el de sexo masculino, es
sensible a los afectos que lo rodean. Todo ocurre como si los bebés registraran la significación
de lo que sucede en tormo de ellos y les concierne, y el clima emocional de la relación de sus
padres con respecto a ellos. Hay que saber, como he dicho anteriormente, que el bebé
reconoce a los hombres y a las mujeres incluso antes de verlos; las niñas -sea por el olfato o
por la audición de la voz- son muy sensibles a la presencia masculina, en particular a la del
padre. Todo lo contrario, ocurre con los varones, que son sensibles a todas las presencias
femeninas, y en particular a la de su madre. La niña es sensible a la presencia de su madre
cuando tiene necesidad de ella; una vez que se ha saciado y se siente bien, la atrae más un
hombre que una mujer. ¿En que se sustenta esto?, comparto el hecho de que efectivamente si
pueden discriminar la presencia de una mujer o un hombre, o por la audición o por el olfato,
pero de allí a que los niños sean más sensibles a las presencias femeninas y las niñas a las
masculinas, hay una distancia?
Hay actitudes inconscientes de la madre y del padre y decires conscientes que, desde la
primera infancia hasta la edad de la palabra, a medida que la beba los oye, producen su fruto
simbólico en la manera en que construye una imagen de sí misma, narcisizada o no en su
persona y en su sexo. Ella tiene la intuición de su feminidad y de su sexo, en acuerdo o en
desacuerdo con el placer o desplacer de su madre, por una parte, y de su padre respecto de
ella, y con el placer que le dan en su cuerpo las sensaciones de su sexo. Si la madre está ella
misma narcisizada de ser mujer y feliz de tener una hija, todo está en orden para la niña, para
que ella misma invista su feminidad y su sexo de manera positiva.
Cuando la niña, por su desarrollo psicológico y su crecimiento alcanza la edad de expresar
emociones para comunicarse con los demás, lo hace a partir de que se siente valorada por las
personas del entorno. Este valor se le entrega en el curso de esta primera infancia, de una
manera totalmente inconsciente, tanto para los padres como para ella misma.
Una hija es un espécimen humano hembra, pero su feminidad le es otorgada como valor en el
lenguaje (dando por entendido que esta palabra no significa sólo el lenguaje verbal, sino todos
los intercambios sensoriales y físicos que permiten la comunicación 102 con el medio
humano). Con este medio humano la niña tiene contactos corporales que toman un sentido de
acuerdo o de desacuerdo afectivo e ideativo en la relación de ella con los otros, según los
decires y las reacciones de los otros. Ocurre un fenómeno que se denomina introyección, y la
noción de su feminidad se establece en la beba por otorgamientos de valores simbólicos
positivos que ella ha recibido así de los otros, concernientes a su ser en el mundo, su cuerpo,
su presencia y su aspecto, su comportamiento.
Podemos distinguir varias etapas, cuyo impacto reencontramos en los análisis, donde
comprobamos que marcaron para la feminidad de la niña un signo positivo o negativo en
cuanto a su narcisismo femenino y a la inteligencia de su sexo.
Primera etapa. Su acogida en el mundo: 'es una nena". "tiene una linda nena, señora, o señor"
y la otra voz de la madre que responde: "aquí alegría!" o ah, qué lástima, habría preferido un
varón!" A la acogida de la madre se agrega la acogida del padre, y luego sobre todo el primer
nombre, femenino o neutro. Cuando los padres no preveían ni esperaban una niña, no tienen
nombre para ella y tardan en encontrarlo. Es importante. Parece que esto marca a la niña; si
bien he tenido en la anamnesis el testimonio de la alegría de los padres por haberla esperado y
que fuera una nena, ocurría lo contrario con la niña; algunas semanas después la madre
misma, a raíz de la comunicación que se establece entre hija y madre, me explicaba: "Le dije a
Ud. que había sido bien recibida, pero con todo nos llevó varios días hacernos a la idea, nos
hubiera gustado tanto un varón!" En ese momento es muy importante confirmar a la niña que
su sentimiento era justo, que sus padres la hubieran preferido varón. Y con gran asombro de
sus padres, todo lo que era hasta entonces negación de su sexo, trata de mostrarse casi neutro
en esta niñita, desaparece, y la feminidad de la niña puede expandirse sólo porque con
palabras justas se ha abordado una sensación, una intuición justa de la que hasta ese
momento no se había hablado. Así, en el curso de esta acogida, vemos la alegría, la
indiferencia o la angustia que este nacimiento procura a los padres. También en esta acogida
hay que tomar en cuenta los dichos concernientes a su aspecto, su salud, las inquietudes que
pueda suscitar su supervivencia, y sobre todo el ambiente agradable o desagradable que la
beba parece absorber como una esponja, del cual se impregna.
Segunda etapa. Si la madre misma no hace saber a la niña quién es su madre, quién es su
padre, esa función corresponderá a la instancia educadora, sobre todo si la niña no conoce a
un hombre como pareja de su madre, sea que ésta viva con ella o que la vea de tiempo en
tiempo, cuando visita a su nodriza. E incluso -y sobre todo, quizás- cuando el progenitor ha
partido o murió. O también si la niña fue abandonada y está destinada a la adopción. He visto
niñas 103 perturbadas en casas de adopción, entre los 4 y los 18 meses, lleva- das a la
psicoterapia por su perturbación, que bebían mis palabras cuando les contaba lo poco que se
sabía de su historia, pero la verdad. Con asombro de las personas de la institución, las niñas
puestas así en contacto con su verdad original parecen encontrar los medios de curarse de lo
que las enfermaba Estas dos etapas significan (la primera) que se comunican a la niña en
palabras las dos raíces de su vida simbólica: la noción de sujeto, su primer nombre real aunque
también se le aplique un sobrenombre, y la noción de su filiación. Esta resulta del patronímico
cuando la niña es legítima, pero la noción de su patronímico no se da de ordinario en relación
con el nombre de sus padres. Es como si no se diera Nunca es demasiado pronto para
verbalizar estas dos verdades y repetirlas con frecuencia a la niña y, ante ella, a otras personas.
Todo niñito tiene derecho a su verdad. El adulto cuya misión es educarla enraíza así la vida
carnal en la vida simbólica.
Tercera etapa. Oír hablar de ella al mismo tiempo que se le da su valor de hija, como por
ejemplo: te estás volviendo una nena grande, eres como una señora".. etc. La función fálica de
la libido significa que todo lo que tiene valor ético y estético da lugar a inter- cambios de
percepciones entre la madre y la niña: bien, mal, lindo, feo, bello, fuerte, débil, no bien, etc,
bueno, malo. Así, es importan- te tener un significante para todas las partes de su cuerpo
nombrándoselas, y tener también un significante para nombrar su sexo, por- que lo que no se
nombra no es nada. Es importante que ese significante no sea, el día en que la niña comprenda
el lenguaje, una palabra que tenga sentido desvalorizante. Recuerdo un niñito que llamaba a
su sexo: su pecado. Así se lo habían denominado. Es una lástima que se enseñen a los
pequeños nombres ridículos. Es tan simple decir pene y vulva. Tal como en el caso del nombre
de pila si se les da un sobrenombre, se le puede dar otro sobrenombre al sexo, siempre que el
niño conozca el verdadero significante
Desde que la pequeña esboza una autonomía motriz en su comportamiento, es necesaria la
referencia de este comportamiento -cuando se presta a ello- a su noción intuitiva de que ella
quiere actuar como su mamá, como una señora, que así tienen que ocurrir las cosas, que está
bien que sea así. También, ya desde muy temprano la niñita se siente atraída por su padre y
por los hombres, y es bueno que en lugar de burlarse de ello, se le diga una palabra que
signifique que eso le parece bien a su madre. En esta época de la observación y de la
motricidad en desarrollo, la niña se entrega naturalmente a exploraciones de su cuerpo. Es
importante que estas exploraciones den ocasión de nombrar todas las partes del cuerpo y de
mencionar sin vacilación el sexo.
Cuarta etapa. La erotización de las partes genitales comienza 104 temprano, a raíz de estas
exploraciones, pero si no se dice una palabra respecto del sexo, la manipulación erotizante del
sexo se vuelve a veces compulsiva. Cuando la niña manifiesta un placer visible por esta
masturbación genital, es necesario que la madre al percibirlo le diga, le nombre en ese
momento el lugar donde ella siente visiblemente placer, significándole: es ahí donde eres una
ver- dadera nena, eres como mamá. Esto basta generalmente para narcisizarla, para dar
significado a sus percepciones e impedir el nacimiento de una masturbación compulsiva,
durante la cual la niña puede perderse en ensoñaciones y desinteresarse del mundo exterior
Desde que la niña habla, si se siente confiada, declarará que tiene ahí un agujero y un botón.
Es cierto, debería responder el adulto, en lugar de horrorizarse. Ningún niño recurre a la
masturbación si no se aburre, salvo en el momento de adormecerse. La masturbación, sea oral
(succión del pulgar), anal (juego de retener o de soltar los excrementos) o de hurgarse el ano
(de jugar con los ex- crementos), todos estos juegos eróticos de la primera infancia son
sustitutos de una relación simbólica más diferenciada con la madre En efecto, las zonas
erógenas son lugares de presencia y de inter- cambio agradable con la madre, y si la niña no
recibe educación, en el sentido de educación psicomotriz y de expresión verbal y gestual de
todo lo que le interesa en tormo de ella, se ve obligada a re- tornar a manipulaciones de su
cuerpo y de sus zonas erógenas. La educación sexual del niño muy pequeño, aparte de las
palabras veraces que se digan sobre las regiones de su cuerpo, comprendidas todas las zonas
erógenas, consiste en desarrollar la destreza de los pies, de las manos, del cuerpo, de la voz, de
la boca. Estas son todas las actividades necesarias para el mantenimiento del niño, para su
nutrición, que al ayudarle a desarrollar sus pulsiones transferidas a objetos, evitan el retorno a
su cuerpo intempestivo y continuo, que es deshumanizante para el niño. La educación
esfinteriana -no me canso de repetirlo- debería ser abandonada por completo. Basta con las
palabras justas respecto de los excrementos, respecto del cambio, el echar a la basura. Las
palabras exactas con las que se ex- plica al niño cuando pregunta al adulto: "adónde vas y éste
le contesta que el baño a donde va es también para él el lugar de "hacer sus excrementos", son
más que suficientes para la educación esfinteriana del niño. La verdadera educación no
consiste en impedirle al niño que se ensucie u obligarlo a una regulación de sus emuntorios; la
transferencia a esa habilidad de la facultad de dominio y con trol motor es lo que permite por
sí misma, debido a la maduración del sistema nervioso central, llegar a la continencia cuando
nunca se la ha exigido. Sólo los seres humanos pueden prolongar la incontinencia de los
esfínteres más allá de lo que el cuerpo exige; éste haría que no se ensuciaran, si la limpieza
nunca hubiera formado parte de la relación impuesta por la madre.

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Esta cuarta etapa es porque la educación y la motricidad y la autonomía a la que se debe
prestar atención la educadora, acompañar a un lenguaje exacto respecto de todas las
actividades del niño y las señales de la relación ante el logro Cuando todo transcurre
normalmente en la crianza y la educación, la niña de 21 a 22 meses es muy hábil, buena mujer,
cita, muy erotizada en su feminidad; en todo caso a los 30 meses esto ya está totalmente
adquirido y la niña habla muy bien su lengua materna. A partir de esta edad, de 24 a 30
meses, el rol dominante para formar la sensualidad sana de una niña es el valioso rito implícito
o explícito, el permitido y lo prohibido por el medio. Todo está en orden en su sexualidad,
desde que ha adquirido espontáneamente la limpieza esfinteriana y tiene esta decisión en su
vida cotidiana, para que la niñita esté preparada para una vida sana de mujer no frígida.
Quinta etapa. Es el descubrimiento de la diferencia sexual, al observar la desnudez de los
varones. Ya he hablado mucho de esto, y todo el mundo habla; lo importante durante esta
etapa es valorar la observación justa de la niña y la explicación que siempre ha sido así, así
como la razón por la cual ella es una niña. Su madre está hecha de la misma manera. La
respuesta a la pregunta sobre el pecho de la madre, y la respuesta es más fácil. En ese
momento la niñita olvida totalmente su deseo momentáneo de tener un pene centenario.
Está orgullosa de su sexo cuyo nombre sabe, y que le da placeres que no son prohibidos y,
además, le prometen un porvenir de mujer.
Hay un momento delicado: es cuando la niña, al darse cuenta de que los bebés antes de nacer
están en el vientre de las mujeres, imagina que éstas los tienen por el ano. Son para ella cacas
mágicas. Es un momento importante, ya que se percibe un fantasma erróneo como éste, no
hay que dejarlo en los engramas de los artículos mentales de la niñita. Hay que decirles: pero
estás equivocada, el bebé nace por adelante. Llega enseguida la pregunta: ¿y por donde
entra? Entonces, por ejemplo: tu marido, cuando tengas uno te lo dirá. La niña sigue sus
preguntas día a día; cuando un niño no sigue formulando una pregunta, no se trata de seguir
explicando las explicaciones que no pide. La respuesta debe ser siempre parcelada, justa, y
dejar abierta la posibilidad de otras preguntas, a lo que se va a responder día a día, a medida
que se presenta, hasta el día en que esta serie llega a la idea de que los niños nacen por el
encuentro del sexo del hombre el sexo de la mujer.
En ese momento el Edipo está muy consolidado, pues el padre es el objeto de los
pensamientos, los ensueños y las fantasmas de la niñita; es totalmente inútil disuadirla de ello
si no verbaliza constantemente 106 esta esperanza, pues una niña que la verbaliza a cada
instante está formulando en realidad una pregunta implícita. Basta decirle “¿Te parece? pero
yo (la mamá que responde) no me casé con tu abuelo, que es mi papá". Esta respuesta basta a
veces para liberar a la niña, y otras no, cuando su sensualidad está muy comprometida. Llega
entonces un día en que al hacer más particularmente que de costumbre la corte hacia su
padre, deba oír de éste, y no de la madre, las palabras liberadoras: "Pero nunca te amaré como
una mujer, porque eres mi hija". Esta verbalización totalmente simple de la prohibición del
incesto alivia a la niñita que habla entonces del asunto con su madre. Corresponde a ésta
decirle que todas las niñitas son como ella y comenzaron creyendo que se casarían con su
papá.
A esto sigue, aunque ya no haya sido un contacto deseado de amor proveniente del padre, la
idea mágica y el fantasma de que ella tendrá igualmente niños cuyo padre será su papá. Esta
educación en la prohibición del incesto dura entre seis meses y dos años generalmente
muchos pequeños aspirantes de su edad en torno a ella, con los cuales comienza a hacer
proyectos. Este momento es delicado para el padre, ya que no debe mostrarse celoso. La
resolución edípica es un momento decisivo para el porvenir de la niña, y debe ir acompañada
de la prohibición de incesto lateral con los hermanos
Sexta etapa. La curiosidad de la niña se despierta cada vez más y desea enterarse con mayor
detalle de la intimidad de su madre y de su padre. Esta es la etapa siguiente, pues esta
curiosidad va a traer consigo, si no es objeto de reproche sino que se incita a la niña a que diga
lo que quiere saber (lo que el padre y la madre hacen en la cama), la respuesta exacta en lo
referente a las relaciones de amor y de contacto físico entre padre y madre. Hay que decirle
que la vida la invitará también a estas relaciones cuando sea más grande, y sobre todo darle la
idea de que ella nació precisamente gracias a este amor y a este deseo de su madre por su
padre. Este fantasma proporcionado a la niña, de la escena primaria original de su vida,
cuando se lo verbaliza en un buen ambiente entre ésta, su madre y su padre (pues es una
conversación que se puede tener entre varios), produce en la niña la liberación definitiva de lo
que quedaba de incestuoso respecto de su padre, en tanto heterosexual, y respecto de su
madre, en tanto homosexual.
El narcisismo femenino tiene un menoscabo en el momento de la caída de los dientes de
leche. Si el Edipo está listo, si fue abordado con palabras, la resolución edípica se produce en
el momento en el que se establece la dentadura definitiva y la niñita, al mirarse al espejo, se ve
cómo su sonrisa se va transformando en la de una señorita. 107 Todos sus sueños y fantasmas
versan ahora sobre el futuro. Pero llega la fase de latencia fisiológica y todas las pulsiones
encuentran su sublimación en la cultura, la sociedad, con sus amigos, en actividades de todas
clases. Esta niña está ya dotada de todo lo que puede sostener su narcisismo femenino.

Séptima etapa. La pubertad. La pubertad de la niña constituye a veces una sorpresa, cuando
no ha sido preparada por su madre La aparición de sangre en la vulva es siempre un
traumatismo cuando no ha sido prevista como signo de una promoción, el signo de que se
transformaba en una joven. Esta promoción por el establecimiento de las primeras reglas
puede resultar a veces traumatizante, cuando la madre habla de ello al padre, que a su vez
habla a la hija. Por la experiencia que tengo, me parece que en el momento de la pubertad la
niña no debe ser objeto de la curiosidad de su padre en lo que res- pecta al establecimiento de
su ciclo menstrual. El problema es complejo cuando el padre es médico, y siempre resulta
traumatizan- te para las jóvenes, sobre todo porque ciertos médicos que son padres no
comprenden el pudor de sus hijas. En los casos ordinarios lo que la niña necesita es sobre todo
la complicidad con su madre o comienzan las reglas; luego esto ya no tiene ninguna
importancia, porque al cabo de algunos meses la situación ha quedado establecida. Ella
misma, si la madre la ha educado en la simplicidad respecto de las cosas del cuerpo, dirá muy
fácilmente a su padre y a sus hermanos: "Hoy no me voy a bañar porque tengo la regla”.

En efecto, el pudor de la joven es un pudor de sentimientos. Cuando se refiere al cuerpo, es


sólo al comienzo de la instalación de la feminidad. Esto no es razón para que los padres no
sigan teniendo pudor respecto de su hija, y que en la casa no le enseñen el pudor del cuerpo,
porque así como se le enseña al niño que no hay que destruir el bien del vecino, ni robarlo,
incluso en la familia, para habituarlo a la vida social, también la educación en familia está
hecha para preparar al niño para la vida en público. La falta de esta formación de la feminidad
de la niña, con comportamientos que la valorizan (y el pudor valoriza la feminidad), es un
defecto de educación de las madres.

La masturbación de las jóvenes puede continuar después de la pubertad, pero también puede
no existir. Esto no es un signo de falta de sensualidad. El erotismo de la niña y de la joven, con
o sin masturbación, le da sensaciones voluptuosas debido a sus ensoñaciones nocturnas o a los
fantasmas que tiene respecto de jóvenes que ve, sea que los conozca muy bien o que apenas
los haya visto. La educación desempeña también un papel en estos rap- tos de amor que a
veces trastornan la sensibilidad de una adolescente. Es raro que ésta se lo comente a su
madre, pero no es raro que hable con otra mujer, amiga o de la familia. Basta con que hable
del 108 asunto y oiga que le dicen: "es normal, todas fuimos así", para que todo recobre la
normalidad. En este caso contrario puede instalarse la masturbación, que alimenta ensueños
que la joven cree culpables, o malsanos, más bien culpables, y anormales, pues la vida
imaginaria erótica no le parece normal a una joven como le parece a un muchacho.

Sabemos poco sobre el investimento erótico de las vías genitales de la joven, y lo que sabemos
tenemos, sobre todo, de dichos retroactivos de mujeres. No es seguro que se acerque tan
bien de su juventud, pues cuando somos adultos, proyectamos sensaciones y sentimientos
actuales al pasado.

Conocemos mejor los efectos de un narcisismo que no ha investido la erotización de las vías
genitales. Son las perturbaciones somáticas que acompañan a las reglas, o que acompañan a
los deseos de niñas por celos de la madre, cuando esta da una luz a un bebé. He tenido
oportunidad de ver una niña de 13 años, ya desarrollada, que había presentado muy
bruscamente metrorragias, por lo cual la llevaron a un ginecólogo que no pudo examinarla y
proporción la dirección de una ginecóloga que tampoco pudo examinarla y creyéndola
psicótica, o por lo menos muy neurótica, me la envió. Era, en efecto, una niña que vivía de una
manera taladrante los celos por la parición de su madre. Había nacido un último hermanito,
que reacomodaba todo el planteo del Edipo y el complejo de Edipo. En esta familia no se
explicaba nada. El estado aparentemente gravísimo de la niña, tanto orgánico como
psicológico, se derrumbó en tres semanas, es decir, en seis sesiones en que luego de un
mutismo desdichado y desnarcisizado, unas palabras de mi parte permitieron a la niña adquirir
confianza y contar sus deseos de homicidios hacia el hermanito. Eran estos deseos homicidas
lo que había desencadenado las metrorragias. En verdad, no quería destruir a su hermanito,
sino destruir al objeto que constituía el orgullo de su madre. Esta niña no había sido informada
del rol paterno en la concepción.

A partir del momento en que la niña acepta (e incluso con orgullo) las características de su
sexo, y si se conoce el rol del padre que sin serle explicitado en detalle no le está prohibido en
la fantasmas y en palabra, nace su libido genital respecto del falo y del deseo de intromisión
futura. Por ello es muy importante que se explicite a la niña la noción de erección, que hace
posible la penetración. A falta de esta explicación del funcionamiento eréctil del pene
masculino, que corresponde al despertar del deseo sexual de los machos, la intuición de la
niña no tiene significante que le correspondencia. Por otra parte, como se siente en ella la
emoción del encuentro con los jóvenes, puede creerse constante en peligro junto a ellos,
porque el deseo que experimenta la hace desconfiar de sí misma. Esto se explica muy bien. El
deseo de tener un niño 109 está siempre ligado, en las niñas y los jóvenes, con la noción de
amor por un hombre. Y este deseo del niño es tan fuerte como temido. Su lógica les hace
comprender que no están maduras para criar a un niño, y los fantasmas de la violación que
excitan la feminidad de una niña desde la edad edípica se confunden con la realidad posible de
la violación, en cualquier tipo de encuentro social con un joven. Esto obstaculiza por
completo la vida social de la joven, por lo demás sana. Pero se la cree neurótica. En realidad,
le falta de información.

Así como de pequeña el lenguaje proporcionó a la niña la noción de su feminidad, también al


llegar a púber el intercambio verbal con una mujer de confianza, preferiblemente su madre, si
esta es experimentada y sin voyeurismo ni autoridad que frene la libertad de su hija, puede
proporcionarle todas estas informaciones a tiempo, es decir, en los meses que siguen el
comienzo de las re glas. Por lo común, esto no se hace y esta educación sexual queda librada
al azar de las conversaciones de la niña con personas de confianza.

Produce asombro ver y oír a mujeres cuando hablan de este período, comprobar qué
desprovistas están las niñas ante los “cuentos” que les hacen los muchachos para lograr que se
dejen penetrar, en un coito que no tiene sentido ni para el varón ni para ellas en el plano
simbólico, sino sólo, como decía una de ellas, por "la pequeña experiencia". Que se lo diga o
no, es así como los adolescentes de uno y otro sexo, sobre todo las chicas, son solicitadas
excesivamente temprano y antes de que tengan el deseo de realizar el acto sexual.

Creo que en nuestros días es importante que las niñas narcisizadas femeninas y conscientes
del valor de su persona y de su sexo reciban información educativa en que se les diga que no
tienen que ceder a las instancias de un joven cuando no se sienten atraídas por él.
Actualmente la educación de las jóvenes, desde el punto de vista de sexual, se hace sobre
todo por medio de compañeros de colegio. Lo que se ha introducido en la escuela no es la
educación, sino sólo la información, lo que no está en absoluto lo mismo. En otro tiempo sólo
había en la escuela la represión, que se llamaba educación, y la ignorancia, que era valor ético
para todas las jóvenes. Felizmente, esto ha cambiado. Pero por desgracia, no se hace nada
para apoyar en ellas el sentimiento de su valor, y el respecto de la sexualidad, para incitarlas a
pensar por sí mismas, en lugar de dejarse llevar, por ejemplo, por los movimientos de los
medios de comunicación de masas, que por razones comerciales destacan más el goce del
cuerpo que la simbolización de los valores femeninos.

Según la experiencia que he podido tener, a raíz de consultas de jóvenes perturbadas, se


trataba siempre de series de relaciones sexuales que no habían tenido sentido para ellas, en el
momento 110 en que se habían dejado engañar por las burlas de sus compañeros y de los
muchachos antes de su reticencia a entregarse, mientras no experimentaban ni deseo ni amor.
Finalmente, se dejan poseer para no parecer estúpidas, y también porque es frecuente entre
los jóvenes el temor de ser frígidas. Por supuesto, se ponen justamente en condiciones de
llegar a serlo, si se entregan, sin que eso tenga ningún sentido, ni ético ni estético, ni simbólico
para ellas, en el momento en que se entregan. Sin duda para ellas, como siempre, como antes,
el hecho de entregarse por primera vez tiene un valor por el hecho mismo de haberse
entregado; El abandono por el muchacho, que por otra parte no se había comprometido
absolutamente a nada, provoca una crisis de depreciación narcisistica en la niña. Ella temía ser
frígida y cree ahora tener la prueba de ello. Y todos estos jóvenes, por otra parte, cuando
acuden a los psicoanalistas, lo hacen por curarse de su "frigidez". Este trabajo de psicoterapia
es muy interesante para los psicoanalistas, porque nos permite ver a las mujeres a una edad
en que antes no teníamos contacto con ellas, salvo si se presentan perturbaciones visibles
para la sociedad, no teníamos ocasión de ayudarlas a llegar a ser autónomas manteniendo su
núcleo personal.

Desde la existencia y la liberalización de los medios anticonceptivos, aparecen en las jóvenes


dos sentimientos. El primero es el temor de ser ridículas por no haberse acostado aún con un
muchacho aunque todavía no aman a ninguno, y el segundo, que la preocupa a los
ginecólogos, es que después de algunos ensayos de insensibilidad sexual en las condiciones
que he dicho, las jóvenes dejan de tomar la píldora por deseo de tener un hijo. No para
conservarlo y criarlo, sino porque piensan que son frígidas, para asegurarse de que son por lo
menos mujeres y que una concepción se lo demuestra. Lo que se toma entonces a la ligera, en
la mayoría de los casos, es el recurso del aborto. Pero no ocurre con todas, y el aborto
necesario, dada la situación de inmadurez total tanto social como personal, es un choque no
para la psicología consciente, sino para el inconsciente de la joven.

La imagen libidinal erógena


del cuerpo y el sexo en la joven.
La simbolización estética y ética de que de ella resulta.

En el proceso de desarrollo sexual de la mujer, podemos esquematizar las etapas siguientes:

1. La fase pasiva oral y anal. Todo lo que le preocupa a los funcionamientos, las necesidades
que siempre están ligadas a deseos, y los deseos cruzados con los de la madre, hacen que sea
lindo, sea bueno "comer bien" y, eventualmente, comer "demasiado". Vomitar 111 no es
lindo, es feo, y sobre todo angustiante. En cuanto a la erogación anal, las deposiciones deben
ser lindas, pero la madre que parece tan feliz de recibir de las asentaderas del niño las
deposiciones cuando son lindas, y que presenta una mímica angustiada cuando no ocurre así,
provoca un comienzo de estética (de los sentimientos estéticos) que consiste, desde que el
niño puede actuar de forma voluntariamente con sus manos, en manosear la comida y en
manosear las heces. En ese momento este objeto parcial que se consideraba lindo de ser
tragado, se vuelve "no bueno para ser tocado". El otro objeto, que era lindo cuando la mamá
lo tomaba, no es la lindo cuando es el niño quien lo toma
2. La fase sádica oral y anal, que sigue y está imbricada con la primera, desde que existe
actividad prensiva y actividad de arrojar, ya que las manos son lugares de transferencia de la
zona erógena oral y anal. Hacer con la boca y hacer con el ano es lo que se transpone al "bien"
hacer o al "mal" hacer con las manos.

En la época de estas dos fases, en la relación de comunicación verbal con la madre y los
familiares, se establece mediante el lenguaje y las reacciones del entorno el deseo transpuesto
del niño sobre sus expresiones motrices. Es en este punto donde las escalas de valores muy
complicadas, se entrecruzan y se anulan. Cuando el gusto del niño no encuentran satisfacción
en un alimento, lo que se rechaza: es feo. En cambio, si rechaza algo que quema, con la mano,
eso es bueno para rechazar. Cuando algo es bueno y el niño quiere tocarlo, puede producirse
una catástrofe, y hay cosas feas que producen placer tocar. Es por ello que en esta época
sádica anal se estructuran escalas de valores contradictorias con el deseo y el placer del
infante, que está alienado del deseo y el placer de la madre. Gritar cuando se tiene un
malestar, es bueno, pero visto por los padres es malo. En esa época se encarna, podríamos
decir, la propensión a la mentira en un niño cuya libido es bastante fuerte y que recibe una
educación inversa a lo que le parece bueno. Inversa también en relación con el ritmo de la
micción y la defecación, en relación con el ritmo del sueño. Según su ritmo espontáneo, el
niño no tiene sueño: tiene que dormir, tiene que callarse, tiene que estar en la oscuridad y
nada de juguetes. Todo esto falsea el deseo en su realización, en verdad ni "bueno" ni "malo",
pero que un determinado tipo de educación hace "malo". Para los niños de los dos sexos
puede instaurarse una moral masoquista a partir de esta edad, para poder permanecer en
buena armonía con sus padres.

3. La fase fálica, que ya ha comenzado con la valorización de la teta, objeto parcial fálico para
la zona erógena oral atractiva y engolfante, y del objeto anal del cilindro fecal, valioso,
expulsado y dado a la madre, que se regocija tanto de tomarlo, con esta compilación de la
estética y la ética, bastante contradictorias con las mímicas de la madre.
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Pero la fase que se llama fálica, en cuanto a los genitorios, llega a la observación de la
diferencia sexual. Esta es más o menos tardía, pues las niñas casi no tienen ocasión de ver
orinar a los va- rones antes de los 5 6 6 años. Lo que los adultos deben retener es que el sexo
no existe ain para el niño; se trata de regiones eró- ticas voluptuosas de conjunto y como lo
que es específicamente erótico pasa desapercibido tanto para el niño como para los adultos se
trata de emociones que la niña siente en la vulva y quizás en la vagina, y el varón con la
erección de su pene. La fase fálica es en tonces uretral. Toda niña, la primera vez que ve el
pene de un niño, quiere precipitarse sobre él diciendo: "Es mío, dámelo, lo quiero" to provoca,
por otra parte, la hilaridad del niño y despecho en la niña, al ver que el varón no se siente
humillado. Inmediatamente, la niña se vuelve hacia sı madre;"Por qué yo no tengo eso como
e1?" Es entonces cuando la palabra de la madre puede hacer virar el sentido estético y ético
de la niña, si acierta con la expresión justa que identifique su cuerpo con el de su hija. Y como
corolario el cuerpo del varón con el cuerpo del padre. Inmediatamente, la pre- gunta de la
ninita se dirige a lo que es fálico en la madre, los senos "Por qué no tengo?" Y la única
respuesta es: Cuando yo era chiquita tampoco tenfa, me crecieron cuando me volví grande,
Cuanto tu lo seas, también tendrás tetas". Por otra parte, hay que decir la palabra exacta a las
niñas. Conocí a una ninita de cinco años que llamaba a los senos de su madre sus barrigotas",
lo que nos dice mucho desde el punto de vista del significante del vientre en la ninita, ese
vientre que tendrá tanta importancia más tarde en las perturbaciones psicosomáticas de las
mujeres, si se vuelven frustradas genitales. A partir de esta edad de la castración primaria,
resulta patente la diferencia entre los varones y las niñas. Las niñas toman todo lo que
encuentran para meter, hundir en bolsos, esconder en rinco- nes ocultos, mientras que el niño
toma los objetos fálicos y va a ocultarno: en un lugar, felizmente en las casas siempre el mismo
donde se sabe que hay que ir a buscar las llaves, sobre todo las lla- ves, por lo demás: lo que
entra en los agujeros. Esto demuestra cómo comienzan a actuar en los dos sexos esta estética
y esta ética espon- táneas, aunque los niños no hayan recibido ninguna explicación Vinculado
con esta ética inconsciente de los dos sexos, hay -en francés- el sentido incompatible para una
niña con el que tiene para un varón la palabra tirer". Para la niña es tirar hacia sí para el varón
es tirar.. "pum... pum". Hay una dinámica centrípe- ta en la niña, vinculada con la palabra tirar,
y una dinámica centrí- fuga en el varón. También a esta edad comienza el "arrojar la pe lota",
diferente para los dos sexos. La niña arroja la pelota en supi- nación. El niño recibe la pclota en
supinación, transferencia de lo oral, y la lanza en pronación. En las sublimaciones orales, las ni
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ñas aventajan a los varones. Tienen, como se dice, la lengua "bien puesta. El niño, el seguro de
tener un pene, no tiene prisa en tener la palabra. Observa otro desplazamiento en la
motricidad: las niñas les gusta empujar un recipiente en el que han puesto cosas, mientras
que el niño desplaza los objetos por el placer de los niños, sin duda, mucho más que las niñas,
por otra parte, pero que no está en el vehículo empujado, más bien que que empuje. madre,
mientras que el niño prefiere seguir siendo aún el objeto parcial de la madre A partir del
momento en que la niña aceptó, como prueba de su conformidad con el cuerpo femenino, que
fue construido sexualmente como lo está, parece que eso le provoca en ella un desrrollo
simbólico mucho más ahora visible en el niño: la curiosidad, el deseo de hacer ", el deseo del
objeto parcial, las cajas mágicas o los padres de papá que son muñecas". Lo que no es falso,
pero son madres sádicas orales y sádicas anales, no son madres como sus madres adultas.
Cuando se trata de la edad de la muñeca, no se puede tener la madre de sus muñecas, ni de
las niñas ni de las madres de las mufñecas, ni se dice que el padre es su papá . Parece que
desde la fase sádica anal y fálica se ha convertido en una práctica de la situación dual en la que
se representa con sus comportamientos hasta la madre como el padre, y los objetos a la mima,
los animales de felpa, por ejemplo, son una imagen de él, que es una vez una imagen de la
madre La niña, por el contrario, es golpeada y lanzada por así decirlo en una situación
triangular de personas en la vida imaginaria. No tener el falo le permite simbolizar el tercer
objeto, ese objeto parcial que el hombre tiene entre él y la madre, simbolizarlo sobre muchas
cosas que tienen para ella valor de falo parcial. "La curiosidad de su cuerpo y la habilidad que
ha adquirido le ha permitido invertir en su práctica y en la información práctica.". ", ella sigue
encontrándose bue- no, pero cree que también es malo, porque lo dijo su mamá. Recordar a
una niña a la que había tenido una muñeca y que había puesto la cabeza abajo, el arreglo de la
bachita de chocolate, La palabra golpeó y dijo: "No tiene botón, no es interesante" En ese
momento se confundió la fase clitoridiana y vulvar. En la ética y la estética es la valorización de
los huecos, los secretos de los escondites, las cajas, el Interés femenino por las telas va-
porosas, los pliegues, la desvalorización de los falsos pliegues, los inés-téticos, el amor por los
botones, la otra parte, una sublimación, la alegra, las ninitas, la de aprender, los botones, no
importa.
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donde ni cómo, pero poner botones, es decir, poner pezones y clí- toris por todas partes -es
lindo- Estos ocultamientos en los hue- cos o en los agujeros, en el caso de la niña-no en los
agujeros exterior, como hace el varón, en un bolso del que no quiere sepa- rarse, etc., son el
signo de que la valorización del falo conduce a la nina a la dinámica centrípeta La continuación
del investimiento vulvo-anal en el Edipo que comienza. Es la limpieza esfinteriana de las niñas,
que se instala mucho más rápido que en los varones, y que prueba que ya no habrá más
confusión para ellas entre lo uretral, lo anal y lo vulvar. Es decir, lo sexual. El deseo de interesar
a los portadores de falo, o sea los hombres, se muestra por la identificación con la madre en
los cuidados domésticos, cuando la madre es buena ama de casa, y la identificación de su
cuerpo con un objeto adornado por signos que la hacen mirar por los chicos, o por lo menos
así lo imaginan. Los moños en el cabello, aun en la actualidad, en que ya no están de moda. Los
collares, los brazaletes, y su ingenio se multiplica para fabricar ella misma todas esas bagatelas
que son sobrecompen- saciones de la ausencia de su pene, pero que prueban también la
dinámica centrípeta de atraer hacia sí la mirada y la atención de los hombres 5. La marcha
esbelta, la destreza física y la gracia se desarro- llan en las niñas - todo lo que va a hacerlas
lindas, contrariamente a los varones, que desarrollan la fuerza y la acrobacia-. Cuando chicas
oyen música, los varones se mueven con una kine- varones y sia ritmada de los miembros
esqueletales, mientras que las niñas se mueven con gestos ondulatorios y sacudidas de la
pelvis 6. El disfraz. A los varones les gusta disfrazarse de modo de producir impresión sobre los
demás. Querrían ser vigilantes, solda- dos, presidente de la República, camioneros, inspectores
de trenes; a las niñas les agrada hacer de mamá, ser señoras, mujeres casa das, envolverse en
telas vaporosas, ponerse alhajas, pintarse las uñas y los labios, incluso cuando su madre no
acostumbre hacerlo, 7. La fase de la entrada en el Edipo se traduce en la estética por el deseo
no ya de hacerse ella misma joyas, sino de recibirlas cosa que a veces no sucede; pero
entonces cuenta historias, se iden- tifica con la heroína, y ésta tiene un señor que le regala
anillos collares, o, ahora, autos; pero, cosa curiosa, en este momento en que las mujeres
manejan automóvil tanto como los hombres, las niñas desean por cierto tener un pequeño
vehículo entre sus obje- tos heteróclitos, pero no juegan con él como los varones, que em-
prenden juegos de ir y venir, hacer ir y venir sus autitos, hacerlos chocar, éstos se identifican
con el más fuerte, mientras que las ni ñas cuidan su propio cuerpo, como signo de que es el
objeto pre ferencial del hombre Los juegos motores dinámicos de la niña son mucho más es
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Aticos que los juegos de varones. Consisten en saltar a la cuerda, soltera, hojear, círculo,
saltando sobre la empanada, jugar a la pelota entre las niñas. Cuando tengas que jugar con los
guiones, no te hagas como los varones, ni los que sea más lejos ni siquiera los que te ayuden a
recogerlos, sino también a los que te gusten los idiomas, o van a buscarlos. Lo que les gusta es
guardar y jugar con lo que guardan. Parece que la ética es tanto anal como vaginal. Los
llamamientos de novios, "trata de hacer", "Vamos a correr". Bueno, lo que sí es por qué no es
lo que le interesa, lo que quiere es saber que ella es su preferida. Lo que quiere decir es jugar
con ella a juegos de movimiento. Si una niña habla de "cuando el mar grande", le gusta pensar
que tendrá hijos con un marido, y que las hijas serán de ella y los varones del papá. Por el
contrario, cuando el niño imagina el porvenir, no tendrá un papel en general sino un hijo, un
niño, un niño, un niño, un niño, un niño, un niño, un niño, un niño, un niño, un niño, un niño.
sea su mamá. Es una persona, una mujer, una mujer, una mujer, una mujer, una mujer, una
mujer. O lo que se puede inducir a un juego por las niñas, cuando esta actividad va a ser un
poco sádicos, como lo es la doctora. En cambio, cuando el niño es un hombre, las niñas y los
varones gustan de jugar al médico, las niñas se identifican con el rol, el mar de una mujer o el
de un hombre. Las variantes se identifican en principio con la persona Las diferencias son
también bastante notables cuando los niños juegan en los oficios, que son los juegos de
intercambio en el que se realiza el rol del oficio objeto comercializado, y el cliente mita el dar
dinero y el llevarse el objeto. Y bien, las niñas nunca juegan al carnicero, sino a la carnicera.
Sólo juegan a roles que pueden ser desempeñados por mujeres. Cuando no hay un rol para
mí, preferimos ser la clienta. El rol del cliente, pero nunca el rol de la clienta. Ni el rol de un
comerciante. Esto es, sin embargo, sobre todo, quiénes son, y también, sobre todo, la función
que desempeña este papel. Las niñas, cuando vuelven al hogar, juegan a la maestra. Se
entretienen a veces repitiendo en la casa los trabajos y deberes en que fueron iniciados por la
maestra. Juegan a que están en la escuela, pero no a la maestra
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Mientras tanto, los niños pequeños. Y sus animales, que nunca han sido siempre nenas
siempre varones. No hay ninguna duda de que durante la fase edípica, que puede durar hasta
los 6-7 años para el uso, y más tarde para la niña, el tibido del yo está gratificado en la nina
por no tener que preocu parse de ese miembro precioso, el pene. El narcisismo del niño está
atrapado por la necesidad de defender la erectibilidad de su cuerpo fuerte y diestro, hábil,
temible, mientras que la niña ha sido aceptada. Así, desarrollamos muy bien el evitamiento, la
prudencia, la economía, el sentido de conservación. Y también el camuflaje de sus tesoros.
Cuando la zona erógena está expuesta a todos, como ocurre con el uso, el tiempo es tan
grande como este es celoso del lugar de su padre, proyecto sobre los grandes que están
celosos del suyo. Teme entonces ser atacado por grandes. Al mismo tiempo, desea
provocarlos para que el miedo que tiene. La niña, cuando teme el ataque de un niño, grita
muy fuerte, no teme en absoluto mostrar que tiene miedo. Cuando el niño siente su
erectibilidad, tiene que ver en el sonido de la guerra para arriesgarla, para exhibirla, para darse
tono. Hender y atravesar es su.rol, para asegurar la certidumbre de su persona, más allá de los
eclipses de su erectibilidad peniana. Estos arreglos de bravura y prestancia, cuando se repiten
a través de los mensajes del entorno admirable del coraje de las varones, le permiten retomar
el tiempo durante los momentos depresivos. Se puede esperar, entonces, a través de las
redes deportivas y las redes sociales, así como en el ámbito de las verificaciones de la potencia
genital, localmente peniana. Es curioso que los varones sean mucho más blandos, como se
dice, que las niñas. Es decir, el menor ataque de su integridad corporal, vuelve el fantasma de
la agresión supuesta que ha sufrido las niñas, y que podría ser la desgracia que la ocurrencia. El
hombre, el hombre, debe superar sus pulsiones pasivas orales y anales, pues son No solo las
amenazas de castración, sino también la violación anal. No es el nombre de la persona que se
encuentra con los valores de los detalles, los movimientos envolventes, los riesgos demasiado
peligrosos! El principio, aparte de sí mismo, de sus cuerdas, es decir, tener, conservar,
defender y defender sus bienes que están a la vista, sus primeros bienes: pene y testículos. Y
además, proteger y defender y mantener los compromisos que hemos tomado. Es a menudo
en este punto donde la conducta se complica el masoquismo masculino, en el hecho de que el
niño debe rehusarse a una regresión materna, aunque también se debe a una tentadora y
sobre todo necesario para la restauración.

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ración del parcelamiento es mucho más rápido que las niñas. Estas están tranquilas, es algo
terminado, no hay nada más que cortar. En efecto, el parcelamiento es un riesgo efectivo que
corre el cuerpo del cuerpo de los combates. Se arriesga a él imaginariamente en los fantasmas
erécti- les de conquistas sexuales, porque siempre van a ser seguidos de flexionamiento
peniano. También se puede ver, simbólicamente, a través de su nombre, en la conducta
extraconyugal de su mujer, que puede enlodar su nombre, en los fracasos de su fraternidad
masculina que lleva nombre, de su d lo lleva. En su vinculación con su padre, desde que está la
corporación corporalmente y no fantasmáticamente, o culturalmente por una mediación
simbólica, puede estar dominada por los afectos que derivan de lo que se proyecta sobre su
padre, los celos por su éxito, la en su relación con el padre. Y cuando se encuentra en la
situación de inferioridad, por cualquier razón que el mar, y se aproxima para un poco de
tiempo por el padre, siempre está presente en el límite de tiempo, de volverse un bebé; O, si
el padre es un hombre muy fuerte y su voz, el hombre tiene que ver con sus debilidades, por
temor de ser ridiculizado. El dilema del masoquismo y el narcisismo es mucho más importante
en la infancia de los varones que en la de las niñas. También resulta curioso que esta
condición libidinal crítica haya pasado hasta ahora desapercibida y que muchos psicoanalistas
hayan sido considerados tam- bién envidiable la suerte de los machos. Claro, todos ésos son
psico-analistas varones. Veamos ahora las razones de angustia. Para la niña, las razones de
angustia sólo existen cuando se desobedece a la madre, y se puede decir que se ha contado al
padre, y que se ha desvalorizar. Pero la niña puede enfrentar muy fácilmente a su madre, pues
basta con que finja estar de acuerdo con ella. En cuanto a su padre, ella sabe ha legado un
sable con qué medios pueden desarmarlo. Una niña lo hace llorar, otra haciéndolo, otra vez
publicando, para escapar a la angustia. No tiene que llorar, porque es cosa de nena. No tiene
que jugar con una muñeca, porque es cosa de nena. Y Dios sabe cuántas varones tienen que
tener jugar con la muñeca y las escondidas para afirmar como padre y madre, es decir, fuertes
al respecto, sí, las mujeres, las mujeres, los padres, los padres y los niños. Como resultado, si
no despreciara el sarcasmos y los ataques de ese objeto, se juzga débil, se compadece, se
rechaza, se destruye el orgullo mas culino del varón. ¿Cuál es la condición de testimonio
constante de su forma fálica, doblemente fálica -en el cuerpo y en el sexo- debe ser el hombre
el derecho de los portadores de su sexo? Junto a él, la compañera rica de lo que oculta, se
construye con
118
emociones de las que nadie es testigo, en una continuidad, una estabilidad fisiológica ritmada
sin caprichos con el ritmo inmuta- ble de las lunas, Sin duda la mujer, siempre segura de su
maternidad, mientras que un hombre sólo puede saber su paternidad si se lo dice su mujer, y
no necesita dar su nombre al niño. El niño sabe quién es su madre, pero en lo referente a su
padre sólo lo sabe por la madre. La mujer, para ser mujer, no tiene necesidad de que los otros,
en su vida, se lo digan constantemente. Para llegar a ser genital- mente madura necesitará un
hombre que la ame, pero estamos hablando ahora de la estructura de la mujer en su ética y en
su estética. Por mi parte, creo que en el juego de las suertes narcisís- ticas, ella es la mejor
provista. Las sensaciones erógenas genitales en la mujer El orgasmo Los objetivamente, por el
testimonio de los hombres, como subjetiva- mente, por el testimonio de las mujeres. Una gran
variedad de in- formación permite aproximarse a una cierta veracidad y a una cierta
concordancia en cuanto al fenómeno del orgasmo en las diversos tipos de orgasmo femenino
son reconocibles tanto mujeres Las pulsiones, de origen endógeno, están en relación con la
vida de un organismo femenino. El deseo, cualquiera sea su provocación ocasional aparente,
por una causa exógena sensorial, una vez signifi- cado a los sentidos de la mujer, se focaliza en
su región genital. La mujer experimenta una sensación de erectibilidad clitoridiana y de
turgescencia orbicular vaginal, acompañada por calor y secreción humoral y por placer
excitante de intensidad creciente hasta un má- ximo, el orgasmo. Este placer que la invade va a
veces acompañado de una emisión humoral aun más neta que durante la fase de creci- miento
del placer, aunque en ocasiones esto no ocurra. Después del acmé de tumescencia y de
voluptuosidad, la sensibilidad de excita- ción decrece más o menos rápidamente, hasta que se
calma del todo la tensión, con detumescencia de la zona erógena y detención del proceso
humoral secretorio, por la necesidad local fisiológica de repo- so, lo que hace penosos y a
veces dolorosos los intentos de excitación artificial por maniobras externas. Después del
orgasmo, la mujer experimenta una distensión corporal general, que trae consigo a menudo
un período de sueño más o menos prolongado. Se puede distinguir: El orgasmo clitoridiano El
orgasmo clitoridiano-vulvar; El orgasmo vaginal;
119
El orgasmo útero-anexial, que se copfunde a veces erróneamente con los orgasmos anteriores,
sobre todo con el orgasmo vulvo-vaginal, porque la mujer no lo siente conscientemente y por
lo tanto nunca se refiere a él. Pienso que es lo que debe distinguir, por lo tanto, por razones
descriptivas, objetivas y por sí mismas. Estos orgasmos se pueden sentir aisladamente o en
cadena, cuente con una sola persona, las condiciones que producen el otro, pero no se puede
discernir unos con otros en el placer de Ia mujer. de evolución libidinal) puede interrumpirse,
reprimirse, ne garse, reemplazarse por un síntoma. La duración necesaria para la realización
de los orgasmos es muy variable, aun en la misma mujer. También lo son su intensidad y su
calidad. El tiempo de reposo entre los coitos, para que sean satisfactorios, también es
variable. Todos estos factores dependen de no sólo de la mujer, sino también de la pareja que
forma con su parte en general, y en ese instante. Una vez sentido el orgasmo en el curso de un
coito, y si no hay elementos muy perturbadores en las relaciones de una pareja, es siempre
repetible con una calidad y una intensidad que puede variar, pero sin más detalles más allá de
un nivel mínimo de placer . Creo que las variaciones de la intensidad voluptuosa y emocional
de los orgasmos con el mismo partícipe se convierten en el hecho más específico de la
sexualidad genital de la mujer. Se admite que la excitación clitoridiana sirve para
desencadenante a las secreciones vulvo-vaginales y al placer esperado y reclamado por la
mujer y la intromisión del mundo en la vagina. Estas secciones hacen que la penetración
resulte más ajustada y voluptuosa para las dos partes. La excitación de los pezones debe
vincularse con la excitación cli toridiana, es decir, que puede no existir, como no puede existir
la excitación clitoridiana, o, al contrario, puede existir por compensación. de una atresia o una
ausencia de clítoris; no puede aportar más allá del momento en que la excitación de la vagina
entra en su fase ascendente. Hay inclusive vaginismos primarios, en mujeres vírgenes, que
solo se deben a la prolongación de la masturbación mamelonaria, a la que se limitan los
encuentros corporales con el amante, y la demora demasiado tiempo la intromisión. La teoría
psicoanalítica debe tener en cuenta el presupuesto de los órganos, la forma parte integrante
del inconsciente.
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Desencadenamiento de otros goces, es decepcionante, discordante, ambiguo, contradictorio


con el placer vulvar que sin embargo ha sido desencadenado. Este hecho se debe también a
las correspondencias eréctiles del clítoris con el sistema músculo-esquelético, ya que se trata
del mediador de la organización y la conservación de la imagen cinética del cuerpo. Ahora
bien, el orgasmo en la mujer solo toma amplitud con el relajamiento de todos los músculos de
la vida de la recreación, los músculos perineales que se relacionan con la aprehensión de la
peniana y cuya motricidad es muy poco consciente, y los músculos abdominales que no
Tienen que invertir en la relación de objeto en la época fálica. Por otra parte, en la época
arcaica oral, con una lengua o un diente, la protrusión iba a acompañar por secreciones. Pero
entonces su importancia ex- clusiva no producía emociones diferenciadas. Contrariamente a
lo que han sido convertidos en hombres, muchas mujeres, no hay un deseo focalizado en el
clítoris, o en todo el caso de una manera constante, mientras que muchos tienen, en el coito,
todo el deseo focalizado en el contorno de la cavidad vulvo vaginal, y el placer clitoridiano es
como accesorio en el instante de la máxima vaginal vaginal; esto puede ocurrir en el momento
del despertar del cuello uterino, que es para muchas mujeres un órgano ambiguo, erguido
fálicamente en el fondo de la cavidad vaginal y su existencia o, en todo caso, sensibilidad táctil
ignoran antes de haber tenido el placer en el curso del coito. En suma el orgasmo clitoridiano
que sobreviene solo no calma la tensión sexual. Si los hombres no saben mejor esta evidencia,
es porque nos siguen y nosotras nosotras nos sentimos emocionados por ellas, nosotras
nosotras nosotras nosotras nosotras nosotras las podéis ver. Para ellos, también es menos
peligroso que la abertura de la vagina, fantasmeada a veces como un abismo e incluso como
un abismo dentado. La excitación vaginal produce sensaciones voluptuosas de tu- mescencia
de las mucosas vulvovaginales y movimientos orbiculares, ritmados de la ondulatoria, desde el
exterior hacia el interior, el cuerpo de la mujer. Estas sensaciones exigen imperiosamen- te, a
partir de una cierta intensidad, la penetración del pene cuya representación se impone como
el único objeto adecuado y deseado. El ajuste ondulador que la vagina realiza sobre el pene
requiere una tonicidad mínima de los músculos perineales. Es voluptuosa para los dos
partícipes y esa voluptuosidad aumenta con los movimientos de varones masculinos,
concomitantes con los movimientos peristálticos vaginales y con las presiones parietales
vaginales debidos a los músculos perineales. Esta motricidad de la vagina en el placer La
sensación de la mujer, pero no es completamente controlable Esta motricidad es en la parte
que se refleja en el placer, Durante la fase
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De la voluptuosidad vaginal y de la intromisión, si la mujer no es frígida, se produce una
modificación del tono muscular general. Hay relajación de los músculos del cuerpo locomotor
y un relajamiento paralelo de la autoobservación y del autocontrol. La respuesta a la ley del
cuerpo se basa en el tema de la relación entre el cuerpo y el hombre. El ritmo, la intensidad, la
calidad de los intercambios. A partir de estas observaciones se puede deducir que el placer
sexual puede obtenerse mediante una estrategia anátomo-fisiológica derivada de la
kinesioterapia. Puede ser muy bien que el contacto simultáneo con el clítoris y el cuello con el
pene del hombre desencadene un orgasmo hasta ese momento retenido, pero se trata de un
aspecto más bien del aspecto del sistema y del fetichismo de las relaciones sexuales,
satisfactoriamente para el placer, que de su aspecto genital y de sus efectos simbólicos en la
relación de los miembros de la pareja. El desentendimiento en el nivel vaginal del mismo
puede ser el resultado de la incompatibilidad dimensional de los órganos sexuales, o de las
tradicciones rítmicas entre los dos partícipes, o bien de otras desar- monfas, pero también
debe ser el mismo que con las representaciones mentales y afectivas discordantes que son las
únicas que tienen una relación sexual su valor positivo. En el caso de un entendimiento entre
los miembros de la pareja, nuestro ritmo coincidente, los movimientos orbiculares
ondulatorios va- ginales se propagan de manera inconsciente sobre el conjunto de las paredes
de la vagina que se ajustan al pene y traen sí una turgescencia secretoria el cuello uterino que,
si recibe el contacto con el pene, provoca en el punto máximo de la excitación vaginal
espasmos vaginales cuyo efecto sobre el aparato sexual masculino es la eyaculación
espermática en el punto máximo orgás- tico del goce femenino. La mujer que funciona y hasta
ese punto está consciente de su voluptuosidad, solo puede ser ya pasiva, enteramen- te
invadida por sensaciones receptivas, sobre todo después de la desadaptación del sistema
uterino, cuya causa provoca un orgasmo auténticamente satisfactorio. La resolución
resolutoria de la tensión sexual se limita al orgasmo vaginal puede producir, en ciertas
mujeres, cuyo nombre es O se obtuvo muy rápidamente, un espasmo vaginal orbular-vulvar
de algunos minutos, más raramente un espasmo, dolorosos, que son signos de una tensión
pulsátil remanente
122

debidos a la falta de incorporación del cuerpo uterino a los movi- mientos característicos del
orgasmo en la mujer La entrada en escena en el coito del útero y del ligamento ancho se
desencadena en general a raíz de la excitación peniana táctil del fondo de saco posterior de la
vagina, del cuello, o por la inundación espermática del cuello uterino El orgasmo utero-anexial
se caracteriza por movimientos del cuerpo uterino que se balancea de adelante atrás y de
atrás adelante con una cierta articulación ritmada del cuello sobre el cuerpo ute rino, con
movimientos ondulatorios del cuerpo uterino que siguen a los de la vagina, pero de tipo
succión-aspiración, al punto que los espermatozoides son proyectados en algunos segundos
hacia las trompas, cosa que la observación ha permitido confirmar (sin orgas- mo útero-anexial
su tiempo de recorrido es mucho más largo). Estos movimientos del orgasmo útero-anexial son
totalmente reflejos, y la mujer sólo muy raramente o en forma muy vaga está consciente de su
desencadenamiento. Es el que produce el goce máximo, secreto y silencioso, característico de
este orgasmo, goce tan vivo que no es compatible con el mantenimiento de la sensación de
existir en la mujer. El compañero es el único testigo de ello. Inmediatamente después de
terminar esta revolución órgano-psíquica resolutoria la mujer puede recuperar su conciencia
perdida por un breve lapso para recordar que se vio llevada en su goce al último punto de
impac- to vaginal, arrastrada por la rompiente como por una ola de fondo, al mismo tiempo
que experimenta una sensación intensa de bienestar y de reconocimiento hacia su pareja. El
orgasmo útero-anexial siempre es para una mujer plenamente satisfactorio, tanto desde el
punto de vista emocional como físico Nunca va seguido por dolores espásticos, ni de vaginismo
reaccional pasivo o activo. Su efecto de renovación energética se hace sentir en todos los
dominios psicosomáticos y emocionales Ante los efectos benéficos de los orgasmos sexuales,
se com- prende que Aldous Huxley, en su novela Un mundo feliz, haya fantasmeado
humorísticamente la organización social de satisfac- ciones orgásticas obligatorias. Se ven
también las motivaciones racionales teóricamente justificadas de ciertos psicoanalistas que,
como Reich, han llevado a buscar una técnica psicoterapéutica para "conducir" al sujeto al
orgasmo. Sin embargo, la ausencia total de sentido crítico tanto de la paciente como del
analista en el curso de estos "ejercicios", hace que la lectura de sus trabajos resulte muy
decepcionante. El ideal del yo científico que de ellos se desprende, de una fornicación beata y
terapéutica, es un ideal perverso, que sostiene una pseudomística peligrosa del psicoaná- lisis,
o más bien su deformación fetichista. Cosa totalmente distinta es el valor del orgasmo que
sobre- viene en la unión de dos personas vinculadas entre sí por el lazo
123
del amor. Lo que se conoce de manera recíprocamente. El efímero poder imaginario que se
ha prometido y se ha recíprocamente, en la realidad de su cuerpo, de acceder al falo, focalizar
el sentido de su deseo, es decir, su ser entero. El fruto que la mujer obtiene un orgasmo
completo vaginal y útero-anexial experimentado una raíz del coito, es triple: el relajamiento de
toda la tensión, la beatitud nirvánica, y la reiterada convicción de una felicidad nunca sentida
hasta entonces. La embarcación en una emisora de temática agradecida por su compañero,
una persona entera, un único testigo humano de su existencia durante la interrupción del
tiempo y la conciencia de su orgasmo, justifica quizás entonces su "hendidura", injustificable
sin él; La persona de su amante se aso- cia con su sentimiento y su sensación de renovación.
Se agregan a ello resonancias emocionales de una calidad muy particular, cuando se tiene
probabilidades, aunque sean mis propias palabras, de haber sido fecundo, sobre todo si los dos
miembros de la pareja están socialmente dispuestos a asumir esta eventualidad. Es- es por
cierto particular del orgasmo genital femenino. Es porque es un eco del arcaico deseo del
pene paterno, ¿cuál es la primera infancia? ¿Suplantado la muñeca fetiche? Es la apertura de
los tiempos futuros de un acto que, aun siendo ya totalmente a-lógico en sí mismo, está sin
embargo para la mujer por su aceptación más total, con lo que el niño por venir lo correcto en
una dialéctica trinitaria de fecundidad, significación de perenni- dad viviente del
entendimiento de los amantes, ¿más allá del esfuerzo encuentro dual? En el lugar donde
están dos cuerpos se desrealizan en la pérdida de su común y compa- rataria referencia
peniana al falo. El punto en que se maniesta La potencia fálica impersonal, nacida de su
narcisismo, es el acmé de la curva del enfrentamiento en cada una de las personas de la
pareja, las pulsiones de la vida con ritmos vegetativos circulatorio y respiratorio , intensificado
en su amplitud hasta la galope tarjeta, y las pulsiones de la muerte, en el silencio, total y
profundo, abandono de la conciencia "consciente", es decir, el goce en el curso de la
realización. el orgasmo completo exige de la mujer una participación total en el encuentro
emocional y sexual con su compañero, lo que se encuentra un problema para lo que hay de
fálico en su narcisismo, la libertad que este narcisismeo Es significativo que mar en el abrazo
de los cuerpos acompañados por or- gasmo donde los amores más castos encuentran la
representación de su felicidad.
124
le otorga de estar disponible para la recepción y el acuerdo con el hombre en la realidad. El
don de la mujer al hombre es algo que su narcisismo ignora, cualesquiera sean los fantasmas a
propósito del compañero, y por más positiva que sea una mujer respecto del hombre amado.
Sin la presencia efectiva en la realidad del cuerpo del hombre, de su abra- zo en el encuentro
cuerpo a cuerpo, en sus jueg a su término, el narcisismo de la mujer sólo puede obstaculizar
con la ensoñación un fracaso previsible, si a partir del compañero prese te el narcisismo fálico
de la mujer no se sitúa en él, en su realidad de aquf y ahora. El os y el coito llevado rgasmo
opera también en un campo surrealista cuando trae consigo -al volver la conciencia de si- una
satisfacción irisada del prisma de la libido ligado a su evolución genética. En efecto, se puede
analizar en los efectos experimentados de un goce orgástico, una sensación de plenitud
sensorial ética, estética, de saciamiento en el sentido de una libido oral tranquilizante, de
eliminación de toda tensión muscular en el sentido de una libido anal renovante, de un
reconocimiento al otro, a su cuerpo, al suyo propio, al mundo, una anulación total de la
angustia de vida o de muerte, una restitu- ción ad integrum de toda la persona, una reposición
en su orden del narcisismo eclipsado por un momento en un tiempo cero, en urn lugar
ausente. Cada coito orgástico no se uniria filogenéticamente a la escena primitiva de cada uno
de los partícipes, trayéndoles así, con la regresión ontogénica imaginaria, la experiencia
constitutiva triangular de toda persona humana: dos seres que hablan de un de seo y de un
amor que los une, y que signan así su acuerdo con un destino trinitario del deseo? Este
aseguramiento total del sujeto, en perfecta cohesión con su cuerpo y en una relación de total
con fianza con su compañero, es un aseguramiento a la vez personal e impersonal, como en la
conformidad con las leyes creadoras de la especie, que están a su vez en conformidad con las
leyes cósmicas La excitación accesoria, a veces la desfrigidización de la mujer por
comportamientos sádicos verbales, mímicos o corporales, del compaftero amado puede
entenderse a partir de este peligro narci- sístico que corre la mujer, de sentir que se vuebve
nada. Esto ocurre porque el hombre es el ser en el que ella pone en el coito toda la par te de
falismo que proviene de los estadios pregenitales y de lo que en las pulsiones activas domina
las pulsiones pasivas. Sensaciones limi narmente dolorosas, en partes del cuerpo distintas de
las regiones genitales, serían una prenda del interés anal del otro por ella, que ya no siente los
límites de su cuerpo, pero que gracias a ese otro se ente objeto durable. El deseo de ser
obligada, reducida a sufrir el acto sexual, que forma parte del placer en ciertas mujeres, po-
dría explicarse por la imposible sustracción al peligro orgástico al que se agrega el peligro
remanente de los investimientos sádico
125
oral, sádico anal y agresivo uretral de todo el cuerpo, así como el peligro debido a los
investimientos pasivos de todos los estadios incluido el estadio genital en el lugar mismo del
sexo femenino. Este, sobrevalorado al ser promovido eventualmente a la violación
fantasmeada catastrófica, obliga más aun al Yo a la sumisión, y el placer que por tal motivo
experimentan las mujeres que piden a su amante que recurra a este medio de excitación, es
aun más tenso en el goce después del orgasmo, que revela a la mujer el poder que ejerce
sobre el hombre aceptando el suyo sobre ella. La frigide achos de la especie humana se sienten
muy generalmente gratificados por su deseo y por el placer de la realización sexual, zcómo
sucede que las mujeres se vean tan a me- nudo privadas de ella? Se deberá realmente, como
se oye decir, al egoísmo masculino, a las necesidades de un goce prolongado para la mujer
antes del orgasmo, que los hombres no le concede- rían? No lo creo. Las torpezas masculinas,
en las primeras relacio- nes de desfloración, suelen ser responsables de este síntoma. Se las
podría evitar, por otra parte, si los padres cumplieran respecto de sus hijos el rol de educador,
y las madres respecto de sus hijas. Un poderoso impulso del deseo genital, en una mujer sana
y enamorada, puede eliminar las inhibiciones y los temores debidos al primer coito que resultó
doloroso por culpa de un amante torpe Ocurre que la desaparición de la frigidez puede ocurrir
en oca sión de una breve aventura de la mujer con un amante más hábil, lo que la reasegura
en cuanto a su narcisismo, y permite que la pare ja que se amaba pero aun no había
encontrado la manera de coin dir, la encuentre, es decir, que si existe el amor entre dos
personas se sigue la armon fa sexual. No obstante, aun en estos casos en que aparece en la
anamnesis el rol desencadenante del hombre en la ins- talación de la frigidez en una mujer,
sólo de la mujer depende su curación, y a menudo el restablecimiento de la armonía de la pa-
reja. Puede ocurrir, por otra parte, que estudiando lo ocurrido entre ella y su compañero se
descubre que fue la mujer la que in- dujo el fracaso inicial, en particular en el caso en que su
compa- nero era un amante apreciado y reputado antes de que ella lo co- nociera Tengo como
testimonio de ello la curación ignorada por el mari- do o el amante de mujeres frígidas.
Asistimos a la transformación exclusiva de su su bjetividad en las relaciones sexuales y a la
conse- cuencia que esto tiene: el placer que su compañero descubre en dar- les placer, cuando
ya comenzaba a renunciar a ello. No es el amante o el marido el que cambió, sino la mujer que
de nuevo, ante la reali-
126

dad de este hombre en el encuentro sexual, se ha vuelto disponible, después de haber


expresado en su tratamiento psicoanalítico y re. conducido a su fuente muy anterior a su vida
genital ya su encuen- tro con este hombre, los procesos inhibidores inconscientes que el
marido o el amante se habían limitado a actualizar La intervalorización narcisística de un
partícipe por el otro en los juegos sexuales preliminares del coito y en los intercambios de
lenguaje y de palabras amorosas después del orgasmo es siempre importante en la dialéctica
genital, pero parece desempeñar un rol menor para el hombre que para la mujer, a la que le es
fundamental- mente necesaria la valorización narcisística de sí misma , sobre todo si no tiene
experiencia erótica. De la ausencia de ese saber en los partícipes masculinos provienen
frigideces que se vuelven habituales en mujeres que son capaces de orgasmos cuando los han
conocido, y que por otra parte siguen siéndolo, es decir, que por lo menos bordaron el
comienzo de la situación edípica , el momento en que la nina pequeña quiere identificarse con
la madre, y en aquellas cuya primera experiencia no ha sido ni precoz ni traumatizante La
ignorancia erótica de ciertas mujeres no tiene siempre origen en la represión de las pulsiones
genitales, sino en su presencia aún no develada y en su investimiento latente de regiones
todavía rgenes. Si el hombre amado en tanto persona y en tanto represen- tante fálico se
muestra carenciado en su opción objetal por la mujer debido a una homosexualidad
insuficientemente sublimada oa una fjación a su madre, no puede valorizar verbalmente sin
peligro de stia de castración el sexo de su compañera, sexo que todavía es para ella sólo un
agujero de contorno orbicular, lo único que conoce y donde siente, ésta corre el riesgo de no
investir narcisísti- camente las paredes mucosas e internas de la vagina, ni las emociones
matizadas que se relacionan por naturaleza con sus sensaciones pro- fundas. Mientras la mujer
no haya sido reconocida en el valor del don que hace de su sexo, éste permanece desconocido
por su conciencia aunque esté presente en su eficiencia sublimada, industriosa y cul- tural. El
sexo de la mujer está tambien comprometido en el amor independientemente de que la
sexualidad sea un éxito para ella, pues I amor es, en todos los niveles de la libido, la
sublimación en la idealización de la persona cuyo deseo, cualesquiera sean las pulsio - nes en
juego, hace que ella falle al que la ame, en el sentido en que representa para él todas las
referencias del narcisismo. Cuando una mujer está animada de amor hacia un hombre y
experimenta deseo de él, si el coito no le produce un orgasmo que ella sienta como completo,
no sabe que está fijada a ese hombre por su sexo, y no está liberada, en cuanto a su
narcisismo, de la preocupación perma- nente de su persona, como lo está una mujer que ha
sido "revelada" por su compañero que responde a su amor y que sabe llevarla al orgasmo. Los
efectos del orgasmo en una mujer enamorada son sim
127
SAMSUNG bólicos y cambiantes. La voluntad de acceder a la genitalidad y sus sublimaciones.
Igual que los fonemas, agradables sensaciones auditivas, tiendas que se reúnen en una
organización que los encuentros interhumanos son también en el encuentro de los sexos las
emociones se intercambian en una mediación emocional expre- sada en palabras para que los
juegos eróticos se transformen en una pareja en un lenguaje de amor humano, y no sólo en
figuras de co-publicación, estereotipadas o acrobáticas, con finalidades higiénicas deliberadas
y eventuales efectos fecundadores Insatisfacción genital erótica y amorosa y representación
Las relaciones sexuales y amorosas entre las partes que el otro Nivel genital de sus pulsiones,
los conductos, por una dialéctica de su unión corporal verbalizada por ellos solos, un co-
nocimiento recíproco. Pero la ausencia de acuerdo carnal no signa refiere, por lo menos para
la mujer, la ausencia de sentido creativo. ¿Cuáles son las variables muy adecuadas? ¿Cuáles
son los resultados? ¿Cuáles son los resultados? Puede ser acom pañante de desplazamiento
consciente, experimentado por la mujer, reconocimiento de narcisismo. Quiero referirme a las
perturbaciones psicasomáti- cas reactivas a una ausencia de conocimiento, que no es siempre
un signo de neurosis ni va siempre acompañado de neurosis. La plasticidad de las mujeres es
muy grande. Lo atribuyo a la menor representación en ellas que en los hombres y una
estructuración menos precoz de Edipo en las niñas, que permite que las pulsiones
comprometidas en ese proceso sigan siendo lábiles durante más tiempo que en las varones.
Por eso, una mujer ha sido abordado, editado en su infancia, y se ha desarrollado bien hasta la
pubertad, incluida la inexperta y el caso que se encuentra en un compañero una relativa
impotencia, o incluso una perversión, organiza sus inves- timientos según las exigencias del
hombre que ha sido elegido y que le gusta el trabajo. Las mujeres son mucho más tolerantes
que los hombres a la frustración orgánica, pero mucho más intolerantes que a la frustración
del amor. Podemos preguntarnos, inclusive, si una organización genital de la libido no sería
compatible con limitarse sólo con un objeto con el objeto del amor en abrazos castos, en la
cual es esencial para una mujer que ella pone en la persona amada.
128
SAMSUNG Hay que hacer notar, en fin, que muchas mujeres narcisistas fóbicas obsesivas,
homosexuales manifiestas o histéricas o incluso psicóti- cas, no son frígidas y pueden
experimentar no sólo orgasmos clito- ridianos sino también vulvo-vaginales. Es sin embargo
dudoso que alcancen el orgasmo útero-anexial. En todo caso, no es sin duda por sí mismo un
signo de equilibrio psíquico el hecho de experi- mentar sensaciones voluptuosas en el curso de
relaciones hetero- sexuales, ni de saber corresponder en los juegos eróticos Vale más no
hablar demasiado rápido de neurosis cuando nos enfrentamos con una mujer frígida que viene
a pedir ayuda a un psi coanalista, si no aparece ningún otro síntoma y la mujer siente su apego
a su cónyuge y a sus obras comunes como algo que da un sen- tido pleno a su existencia.
Muchos hombres informan, en efecto que una mujer que pretende no tener necesidades ni
deseo sexual, pero que se somete sin desplacer al coito, puede experimentar sin embargo
después del acto un bienestar generalizado, mientras niega toda voluptuosidad consciente, sin
haber sentido por tal motivo ningin desagrado. El compañero percibe en estas mujeres
manifestaciones en sus vías genitales profundas, la actuación no sen- tida por la mujer del
cuerpo uterino, tal como ocurre en el orgasmo mejor logrado. Son orgasmos clitoridianos y
vulvo-vaginales que han permanecido silenciosos en lo referente a la conciencia de su goce. El
problema del goce femenino no está aun teóricamente resuelto, como podemos ver. La
ausencia de sensibilidad de las vías genitales anteriores, la única consciente, está
probablemente vinculada con la ética organizadora de sus pulsiones libidinales tanto si la
mujer es neurótica como si no lo es. Vuelve a aparecer en este punto, su plasticidad cultural.
La ausencia de deseo sexual consciente y el hecho de que sin experimentar orgasmo en cuanto
a su conciencia, la mujer sienta sin embargo un bienestar producido por los coitos con el
compañero al que ama, que la ama y la desea por otra parte, la circ ticas, y, por excelente; su
eficacia en la vida común, su disponibilidad inteligente respecto de la actividad del hombre, el
respeto por el padre, progeni- tor de sus hijos, en el amor que ella suscita en éstos y el
ambiente que crea en el hogar, el resultado del impacto emocional de esta mujer en la
educación y la resolución edípica de sus hijos, son la prueba de que sus pulsiones genitales
están en orden. Esto nos hace reflexionar respecto del goce o la frigidez consciente de las
mujeres y plantea un problema teórico aún no resuelto. Después de haber afirmado, al
haberlos descubierto por sus efec- tos, la existencia de sentimientos inconscientes de
culpabilidad ¿está el psicoanálisis frente a otra manifestación de la vida incons- ciente y de su
dinámica que consistiría en sentimientos inconscien- es de felicidad? Sin llegar al punto de
afirmar, parodiando a Knock
129
SAMSUNG el personaje de Pagnol, que es una mujer que se mantiene en las relaciones
sexuales es una mujer que se ignora, o bien que una mujer es fría en las relaciones sexuales es
el modelo de las ternuras sublimes, dirá sin embargo, los valores éticos y estético de la
persona, en una mujer, pueden haber sido canalizado y luego sublimado cantidad de libido
narcisística hacia actividades industriales, hacia actividades culturales, que si su pareja no es la
causa para despertar su erotización en cuanto al deseo parcial de las zonas erógenas genitales,
ella no está bastante motivado por sí mismo para la búsqueda de satisfacciones en el medio
del sexo. Esa mujer no está proyectada sobre el tema, ni tan bien su erectibilidad (tan
indispensable para el narcisismo de todo el hombre), ni siquiera sobre las sensaciones de
placer de su propio sexo, su deseo en lo que hoy tiene de auténticamente genital. Lo que
deseo ha invertido en la persona entera del hombre, al que ha esperado, y cuando esta mujer
ha encontrado o creído encontrar el amor de un hombre hacia ella, en su persona entera,
representante fálica, pueblito de amor hacia El tiempo de su cuerpo y la parte parcial del
cuerpo El hombre que ama. Su sexo de la niña, en la época de la castración edípica, ha
cumplido el fracaso de su primer deseo genital, fue privado para siempre el placer de la
conquista y los favores del pene paterno para una frecuencia incestuosa. La resolución
edípica, si fue completa, sólo tuvo lugar en su sexo, profundas, ignoradas por ella, salvo por
vagas sensaciones debidas a las pulsaciones pasivas del cuerpo uterino sin objeto parcial en
qué localizarlas. Se trata de una "formación" que vendrá, para un destino femenino fuera de la
familia. Si bien todas las pulsiones orales y anales pasivas unidas a las pulsiones genitales
pasivas en el momento del Edipo se caracterizan tam- bién por la castración edípica, todas las
pulsiones se invistieron a partir de ese momento en zonas distintas de su sexo y se aplica Ron
al acceso a los valores creadores y culturales. Su sexo quedó en el mismo momento. Invertir
de pulsiones genitales pasivas (la Bella Durmiente del Bosque). La pubertad, la tensión
constante que promueve las menstruaciones, la vitalidad cíclica de sus vías genitales, la
apariencia fálica de su pecho, suscitan al mismo tiempo, su conciencia de mujer voluntaria, la
rivalidad con las otras mujeres, y una complicidad auxiliar con ellas, frente a los hombres,
mienten tras su libido en el futuro de la inversión inconsciente creciente, por las pulsiones
genitales pasivas, de sus entrañas femeninas. Pero ella se conoce en tanto ser personal,
gracias a la parte de sus pulsiones que han invertido su cuerpo de narcisismo. Se ve también
por las emociones de todo su ser sensible a la aproximación
130
SAMSUNG mación y a la atención de los hombres. Debido a que sabe que su genitalidad es
mediadora en el acceso al cuerpo del hombre, se percibe atormentada y disponible al amor y
sabe también que su genitalidad es lo que la destina a la maternidad Experimenta
precozmente, desde la pubertad, el deseo de la maternidad, debido más a menudo, a mi
parecer, a las pulsiones de muerte que a las pulsiones pasivas genitales de un sujeto femenino
Por pulsiones de muerte entiendo su condición femenina de objeto, de espécimen de la
especie humana, que en una niña puede preva- lecer cuando en la época del Edipo la
resolución edípica no marcó su sexo con la castración de las pulsiones orales y anales,
liberadas entonces para sublimaciones al servicio del sujeto. Este deseo de tener hijos
representaría el residuo de las pulsiones orales y anales de la niña. Cuando al llegar a púber se
siente movida por el deseo de tener hijos y de los fantasmas vinculados con ese deseo, teme la
reali- zación mientras no está segura de haber encontrado, como objeto de amor, a alguien en
el cual tenga plena confianza. Así, por el don de ella misma en el cuerpo a cuerpo, al que la
llevarían las pulsiones genitales y el amor, mantiene su reserva y puede ser que esos fan
tasmas de alumbramiento, sin que la mujer esté aun fijada a un hom bre, sean suficientes en
las pulsiones de muerte para provocar otras tendientes a la realización de ese deseo,
entregándose al coito. Bl deseo del hijo no es prueba de que la mujer haya alcanzado el nivel
de las pulsiones genitales adultas. Este deseo existe en las niñas pequeñas en la edad
pregenital. Pero es posible que una joven, que no espera con impaciencia la maternidad, tenga
pocos medios de in vestir sus vías genitales y que ignore la erotización de éstas mientras un
hombre no la haya revelado a sí misma Por otra parte, una mujer que tiene grandes
satisfacciones sexuales, sobre todo si son precoces, pregenitales, luego genitales está mucho
más narcisizada que las otras. Introyecta el deseo que suscita y, al vivir por sentirse objeto
para otro, se percibe menos que otro sujeto y tiende menos a investir su deseo en valores
cultu- rales, a expresarlo y a satisfacerlo en sublimaciones y encuentros sociales creadores, con
mediación del lenguaje. Sometida a pulsio- nes genitales más intensas en la edad adulta,
tiende probablemente menos a intensificar la libido objetal diferenciada que caracteriza a las
mujeres en tanto sujeto, cuando cobran conciencia de su deseo sexual, es decir, a las mujeres
más evolucionadas desde el punto de vista de su genitalidad, que realizan sublimaciones
culturales En suma, habría una contradicción entre la riqueza de los in. vestimientos culturales
en una mujer y el investimiento narcisístico de su sexo, y aun de su búsqueda en el hombre de
satisfacciones sexuales. Creo también que no existe ninguna mujer que no expe- rimente
jamás satisfacción sexual en sus encuentros con un hom- bre y en el coito
131
SAMSUNG En cuanto al sexo de la mujer, quiero decir en tanto lugar espacio de su cuerpo,
agujero sensible y sensibilizable mediante los juegos del amor y que puede despertar a la
mujer al erotismo y permitirle entonces el descubrimiento del lenguaje interrelacional de los
sexos en los encuentros con sus partícipes, puede seguir siendo para ella lugar de
desconocimiento, sin que por ello sea insensible La ausencia total de masturbación en muchas
niñas después de la resolución edípica es un hecho real, por sorprendente que pueda
parecerles a las mujeres que recuerdan haberse entregado a ella muy tarde y experimentado
placer, culpabilidad o decepción. Esta ausencia de masturbación no es en sí un signo ni de
salud ni de neurosis. Esto puede deberse a la ausencia de imagen parcial ade- cuada a la
intuición de su deseo, que al no apuntar ya a un objeto parcial, oral o anal, como en la época
pregenital, al no apuntar ya al pene paterno ni al hijo incestuoso, objeto imaginario de un don
del padre en la realidad, consagra su sexo al silencio, pero sólo por falta de interlocutor en la
realidad de su presente De todos modos, y como quiera que sea la cuestión referente a la
masturbación de la niña o de su ausencia antes de su desflora ción, la parte destinada a las
características del pene de un hom- bre sólo prevalece excepcionalmente en el amor de una
mujer por ese hombre. El hombre siempre se asombra de ello, pues está muy orgulloso de sus
proezas sexuales y se muestra tan crítico respecto de sí mismo en cuanto a su miembro viril.
He conocido algunos tan convencidos de haber sido desfavorecidos por la naturaleza al comm
parar su sexo con el de los otros hombres, que no comprendían para nada la satisfacción y la
fidelidad de la mujer amada por ellos y que los amaba. El narcisismo de los hombres y el de las
mujeres es muy diferente, tanto en su elaboración en el curso de su vida como en su
mantenimiento en su vida adulta. La mayoría de las mujeres pueden llegar con su cónyuge de
cuerpo, si lo aman realmente, es decir, de corazón, y si intercam bian con él palabras respecto
de ese corazón y de ese cuerpo, a mo- dalidades de relaciones sexuales a la vez satisfactorias y
orgásticas Sólo escapan a este pronóstico favorable las mujeres que han sido desfloradas
sádicamente, a raíz de un matrimonio cuyo contra- to corporal e implicación erótica ignoraban,
es decir, después de un acto sexual no deseado aún con un hombre que ellas no habian
elegido. Lo mismo ocurre con las mujeres que han sido violadas en la infancia por un adulto
estimado como edípicamente investi do, sobre todo si esta "seducción" ilegal ha contaminado
a la niña con la vergüenza que experimentaba su agresor delincuente por no haber sabido
dominar su acto perverso y la coerción que le ha in culcado de no hablar nunca de lo que
pasaba entre ellos, lo que bloqueó completamente toda la vida simbólica de la joven en rela-
ción con su sexualidad. El traumatismo es más grave aun si la viola-
13 2
SAMSUNG cion ha consistido en un coito anal o en la mera sumisión pasiva a prácticas
masturbatorias de un adulto incestuoso. La violación en la infancia por intermedio de animales
es muy gravemente desestruc- turante, pues se trata en tal caso de la promiscuidad de la niña
con un adulto perverso e incluso psicótico. Son traumatizante también las violaciones ante un
testigo, aunque no sean fantasmá ticas, como lo son los azotes en las nalgas en una escena
sadomaso- quista en la cual la nina se ha sentido en público como la cosa de sus padres,
excitados en su supuesta corrección. También constituy un traumatismo sexual para una niña
el haber sido sometida por su madre a repetidas lavativas. Esto significa una angustia compul a
de la madre que ignoraba su propia perversidad y a la cual la hija soportaba por complacencia
o por temor de represalias, peores aun en la idea que la niña se hacía de ellas. He visto los
efectos inhibidores que produce sobre la sexualidad un narcisismo traumatizado, por
desnudamientos completos en pú blico impuestos brutalmente a una niña en ocasión de
consultas hospitalarias. Una enfermedad, una malformación es un mal, es algo anormal -ty por
qué eso interesa a esos ojos y esas manos de hom bres y mujeres jóvenes que palpan
interesándose y hablando mucho entre ellos de lo que tocan en el cuerpo de la niña o de la
joven, sin hablarle a ella misma?-. Son situaciones sociales en que la niña fue despojada de su
cualidad de sujeto. Este acontecimiento exacer ba su narcisismo, lo que puede acarrear una
dificultad para la rela- ción genital cuando la nifña sea adulta. En efecto, para que una mu- jer
invista su persona como genitalmente deseable, debe estar segura de que su cuerpo se
percibe como atractivo por su belleza, por lo que hay de femenino en su persona y que induce
al hombre a ha blarle y a conocer más de su subjetividad dejándole eventualmente los medios
de huir, de ocultarse a la mirada de quien no le agrada En esas consultas públicas en que la
niña debía desnudarse, este valor estaba invertido. La curiosidad que los otros sentían por su
enfermedad o su malformación hacía que fuera una anormalidad lo que motivaba que la
miraran, la tocaran, hablaran de ella y se intere saran en lo que le ocurría. Estas experiencias
penosas, en el momento en que ocurren y en que los padres no comprenden, y regañan
reprenden a las niñas que se rehúsan a desnudarse totalmente dejan rastros eróticos
ambiguos en las niñas y las jóvenes que han tenido que sufrirlas de manera repetida en el
curso de su juventud Esto complica su acceso a la erotización sexual, en tanto genital Estas
"exhibiciones" impuestas por los médicos a sus jóvenes pa cientes son para ellas, sin que éstos
lo sepan, pervertidoras La misma exigencia en nombre del interés científico no tendría ninguna
importancia neurotizante en el adulto o en la joven ya en actividad sexual. Hay en toda mujer,
entre el narcisismo de su cuerpo en los cuidados que ella le prodiga y la apariencia que le gusta
darle
133

SAMSUNG mediante vestidos y atenciones, que son lenguaje para los otros y el narcisismo de
su sexo no visible, una antinomia cuyo modo de integración especifica en cada caso su
personalidad. El cuerpo entero, por desplazamiento y eventualmente desinvestimiento del
sexo hueco, no elocuente fuera de los riesgos del coito, puede ser investido secundariamente
por la nina después de la castración edi- pica en tanto representante fálico, porque es él el que
a distancia interesa a los hombres y hace que la deseen La frigidez secundaria Cuando por una
razón más o menos justificada por las circuns- tancias una pareja hasta entonces feliz y bien
avenida ve desaparecer su ardor sexual, y los partícipes no osan hablar del asunto ni entre sí,
ni con un médico o un psicólogo, se hace muy difícil corregir la situación después de un cierto
número de fracasos, tanto para la mujer decepcionada, sin esperanza o reivindicadora tácita,
como para el hombre humillado y no menos reivindicador tácito. El hom bre, con el despertar
de la angustia de castración, no tiene ni el gus- to ni el coraje de abordar a la que él cree que
es un muro o una pan tera. Rumia su fracaso,1 fantasmea en voz alta, por compensa- ción o
por espíritu de venganza, con que se resarcirá en otra parte lo hace realmente, o se vuelve
impotente. Regresa a sentimientos edípicos de inferioridad. No "se" lo ama, porque ya no hay
deseo de ella hacia é1. Llegaría a desear que su mujer tuviera un amante como en otro tiempo
su madre ten fa a su padre. O si no, fantasmea que está demás en su hogar. Se considera
indigno de ocuparse de sus hijos salvo como aguafiestas, corrigiéndolos impulsivamente,
aunque los ame tiernamente. Intenta absorberse en su trabajo, pero le falta temple, está
descontento de sí mismo porque al sentirse desnarcisi- zado en su sexo puede regresar
dándose a la bebida o contraer ern- fermedades psicosomáticas. Se instala entonces el círculo
vicioso La mujer, desnarcisizada por las declaraciones de su esposo que ya no la desea, se
repliega masoqu ísticamente en su desdicha y en sus actividades domésticas, maternales o
sociales de una manera obse- siva que la desculpabiliza, como superyó del Super-Yo genital de
incompetencia, Pero se produce una regresión latente a emociones de inferioridad edípica y al
rol de objeto irrisorio que ella fue para su padre. Le parece repetir ese rol. Hace falta una
sólida estima social y un largo período previo de 1 Pues los hombres son tan masoquistas
espiritu ales como las mujeres, 2 "Nunca más podrás hacer el amor, eres demasiado vieja.
Además, nunca estuviste hecha para eso."
134
SAMSUNG acuerdo sexual para que tales parejas se mantengan unidas, mientras se van
transformando poco a poco en parejas fraternales, falsamente castas, en que uno de los dos
admite pasivamente lo que cree que es su impotencia genital en la pareja, mientras el otro
sufre de lo que cree que provocó tanto el como su partícipe, pero que no quiere admitir. Se ve
a parejas como éstas, cultural y socialmente valiosas en ocasión de consultas psicológicas de
niños. El niño ha sido en su. ser y generalmente en el momento del Edipo el revelador del con-
flicto genital de los padres. Algo está trabado en la resolución edípi- ca en el niño, y sin
embargo la persona de los padres, de la madre en particular, no está clínicamente afectada
por síntomas neurót y tampoco el padre. Es uno de los efectos de los celos de éste respecto
del hijo, de los que él no ha tomado conciencia. Los padres sufren y es el hijo el que desarrolla
una neurosis. La tolerancia sin síntomas de tales situaciones sexuales puede durar bastante
tiempo, hasta que se produce una oleada libidinal ligada para uno de los adultos a una
tentación extraconyugal, que si es reprimida provoca entonces síntomas, sea en la mujer, o en
los hijos, o en el marido, incluso cuando el adulto tentado no ha cedido y nadie está al tanto de
lo que él vive. Si no se reprime la tentación extraconyugal, esto provoca una crisis de la pareja
en el plano afectivo, pero el alivio de la tensión sexual es inmediato, tanto en el partícipe infiel
como en los hijos. Eso permite detener la regresión, hablar, y muy a menudo, después de los
remolinos de la crisis, reencontrar el equilibrio de la pareja como entidad sexual: y mejor aun
que reencontrarse, redescubrirse de nuevo, mejor avenidos entre si que antes. En estas
frigideces secundarias las emociones del momento durante el coito desempeñan un rol difuso
que matiza el clima emo cional de ternura o de animosidad, de juegos eróticos o de gestos
agresivos. Esta sensibilidad al clima afectivo es lo que puede hacer que ciertos coitos no sean
orgásticos para una mujer, lo que su pa- reja toma como un signo de rechazo, aunque no lo
sea. Es un signo de inhibición transitoria de la mujer. Pero esta ausencia de orgasmo en uno de
los partícipes que los tenía habitualmente desnarcisiza al otro, sobre todo si no pueden hablar
del asunto. icos, El masoquismo femenino La modulación sentimental entre los dos partícipes
puede entonces acarrear, por una intensidad de agresión, la frigidez en una mujer que hasta
ese momento no había sido frígida. Es seguro enton 1 Es una razón que justifica el hecho de
que la infidelidad conyugal por sí misma no pueda ser legalmente causa de divorcio.
135
SAMSUNG ces que los componentes sexuales y emocionales anales y orales activos reactivados
desbordan la actitud genital de acogida de su pa- reja, Esta ambivalencia debida al parasitismo
de las relaciones de corazón sobre las relaciones de cuerpo puede producir la manifesta- ción
consciente o inconsciente de un comportamiento agresivo, lamado sádico, del compañero. La
finalidad de este fantasma, aso- ciado con un simulacro de ejecución, es anular mediante un
dominio muscular simbólico sufrido, el esbozo de defensa activa fálica que parasita el deseo de
entrega en la mujer y obstaculiza la obtención de la resolución muscular que es la condición
indispensable para la primacía del investimiento erótico vaginal, y sobre todo para el orgasmo
completo útero-anexial. Ni estos fantasmas ni estos com- portamientos en respuesta que les
permiten tener un comienzo de realización, se deben a una estructura masoquista de la mujer,
ni a una conducta sádica del hombre. Son elementos coadyuvantes a la intensificación de las
pulsiones pasivas genitales que pueden aparecer en ocasión de la frigidez secundaria de las
mujeres. Las perversiones masoquistas son una cosa totalmente dis- tinta. En ese caso es el
dolor por contusión, por efracción, lo que produce el orgasmo, incluso sin que haya coito. Es lo
característico de las homosexuales, por lo menos latentes, con el cuerpo narci sisticamente
investido como falo parcial fetal o anal de su madre sometido y abandonado a un objeto
erótico activo que desempeña el rol de madre (o de padre) fálica, en situación de consumación
cani- balística u homicida anal imaginaria. Ocurre que todos estos juegos preliminares lleguen
al coito, pero en las perversiones masoquistas eso no ocurre siempre. El tratamiento sufrido
por el cuerpo, en tanto fálico, basta para el goce de la mujer, y sus partícipes son muy a
menudo hombres impotentes. Se las ve raramente en los con- sultorios de los psicoanalistas
por sí mismas, pero vienen a consultar por sus hijos, que tienen perturbaciones diversas de
desarrollo debi- das a una imposibilidad de estructurar su libido edípica. El menor de los
síntomas en esos niños es la enuresis, y sobre todo la encopre sis de los varones. Las niñas
están afectadas después de la pubertad de retraso afectivo y ausencia de narcisismo de su
cuerpo. En sínte sis, los niños, tanto varones como mujeres, tienen dificultad en di- ferenciarse
desde el punto de vista sexual. El vaginismo He visto algunos casos. A primera vista, se podría
pensar que el vaginismo es una exageración de la frigidez. Contrariamente a ella en todos los
casos que he visto se trataba de un síntoma de represión profunda de la libido de todos los
estadios, pero sobre todo del es- tadio genital y oral. La represión culpabilizada proviene del
deseo in-
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SAMSUNG tenso, muy precozmente heterosexual en la mujer, entremezclado con una
agresividad sin objeto conocido, o cuyo objeto imagina- rio está dotado de poder mágico
terrorífico. Se trata de una neuro- sis fóbica. El vaginismo no es nunca el único síntoma fóbico,
aunque se presente como única dolencia de la mujer y ella sólo hable de sus otras fobias
durante el tratamiento psicoanalítico, El vaginismo se asocia muy a menudo con una
compulsión a la succión del pulgar en la vida consciente o durante el sueño. Por otra parte,
estas muje- res, generalmente de aspecto muy femenino, incapaces consciente- mente de
agresividad defensiva, están plenas de encanto, de dulzura y de temura para los hombres a los
que aman y que las buscan. En el momento del coito es cuando desean conscientemente que
se de- tenga la intromisión debido a una contracción muscular incons- ciente que hace
físicamente imposible la penetración. Los casos que he visto se asociaban con secuelas de
violación por padre o por un sustituto de éste, antes de la edad de los fantasmas posibles de
ma ternidad matricial. Los ensueños de las vaginíticas se refieren a peli- gros elementales
cataclísmicos: hogueras, estallido fobógeno des pués de despertar, y son apenas verbalizables.
Un estudio sumario produce la impresión de que el vaginismo esencial aparece en las mujeres
que presentan en su psiquismo enclaves psicóticos Me ha parecido que el vaginismo es una
neurosis más fácilmen- curable por el psicoanálisis, si el profesional es una mujer. Es uno de los
raros casos en que el sexo del analista me pareció impor tante. Es porque en las vaginíticas se
encuentra siempre incons- cientemente el fantasma precoz de la violación eviscerante por la
madre, mientras que la nifña muy precozmente erotizada, incluso antes de la castración
primaria, desea la violación trucidante por el padre? Es precisamente eso lo que constituye el
núcleo del vaginis mo. Cuando el psicoanalista es un hombre, esto impide hablar a 1a mujer.
Quiero decir hablar de sí misma, decir lo que importa. Esto la obliga a callarse o a huir, pues
tiene consciente o inconsciente mente un deseo sexual muy grande de los hombres. Las
mujeres vaginíticas son tratadas generalmente por ginecólogos. Los psico- alistas sólo ven los
fracasos, no sólo de los tratamientos diatér- an micos sino también de los quirúrgicos, pues
esto último existe. Hay que decir que el éxito de un tratamiento ginecológico por diater- mia
agrava siempre otras fobias de la mujer, aunque anule el efecto bloqueante de la fobia que
impide la intromisión del pene. El vagi nismo es pues, tanto desde el punto de vista clínico
como psicoana lítico, totalmente distinto de la frigidez.