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Parecen evidentes las razones por las cuales resulta importante incluir a Simone de Beauvoir

en una publicación de encuentro y diálogo de experiencias de mujeres, una publicación con


una perspectiva feminista. Sin embargo, si hay algo que el feminismo y las teorías de género
han dejado claro es que el terreno de lo ‘obvio’ o del sentido común es precisamente aquel
que debemos observar con mayor detenimiento porque es ahí donde se encuentran nuestras
asunciones, nuestros prejuicios, puntos ciegos y, básicamente, nuestras perspectiva del
mundo.

Una publicación como esta es posible sólo porque existe un consenso cultural que
determina a quiénes nos referimos cuando hablamos de mujeres. En 1949 Simone de
Beauvoir publicó el ensayo El segundo sexo, un texto teórico en el que la filósofa se dispuso a
estudiar las formas en las que la ciencia, la filosofía, la religión y la política han construido el
concepto de lo que en ese momento (y hasta ahora) se reconocía como una mujer. ¿De qué
estamos hablando cuando hablamos de mujeres? ¿Cómo se comportan las mujeres? ¿Existe
algo definitivo que comparten todas ellas? El segundo sexo parte del principio fundamental
de que no existe una ‘esencia’ que define lo que es ser mujer ya que aún cuando las
diferencias biológicas existen, el significado que le damos a estas diferencias y los roles
sociales que cada sexo desempeña en la vida cotidiana no se desprenden de la naturaleza
sino de la cultura y de la historia. De ahí la famosa frase “No se nace mujer, se llega a serlo”
que, como la misma Simone de Beauvoir lo expresó, resume todas sus tesis. Esto es, desde la
niñez existen una serie de códigos que se enseñan a hombres y mujeres y que determinarán
su adscripción al grupo en cuestión por medio de comportamientos, formas de pensar y
sobre todo, formas de relacionarse entre ellos. El peligro es que estos códigos se reproducen
y comparten de forma irreflexiva al punto en el que se asumen como ‘naturales’ y reproducen
un modelo social que privilegia a los hombres y relega a las mujeres: el patriarcado.

Simone de Beauvoir nació en 1908 en una familia cristiana de clase media alta en
París, Francia. Fue profesora de filosofía antes de dedicarse completamente a la escritura.
Publicó una serie de obras autobiográficas como Memorias de una joven formal (1958) y Final
de cuentas (1972) en las que explica su constante lucha en contra de los principios de la
sociedad burguesa en la que nació y bajo los cuales fue educada. Simone de Beauvoir se
reveló contra estos valores y decidió, por ejemplo, nunca tener hijos, a pesar de haber
sostenido una larga e intelectualmente fructífera relación con el filósofo existencialista Jean
Paul Sartre, y afirmaba categóricamente que las mujeres debían lograr su emancipación
económica como un primer paso hacia la liberación. Sostenía que el patriarcado, el sistema
social que privilegia a los hombres y su visión del mundo, debía ser combatido y derrocado,
al igual que el sistema capitalista, íntimamente ligado a éste último.

Leer hoy día El Segundo sexo es tan actual y pertinente como lo fue hace 70 años y
aunque originalmente surgió como un estudio teórico sin pretensiones activistas, los
movimientos feministas de los años 60 lo retomaron y es hasta el día de hoy un texto pilar
de las teorías feministas. La misma Simone de Beauvoir se caracterizó por una fuerte
militancia principalmente en los años 70 con el Movimiento de Liberación de las Mujeres
surgido en Francia y a través del cual se lograron grandes avances a favor de la legalización
del aborto, tema central para la filósofa, ya que éste permitió reunir a mujeres de distintos
contextos económicos y sociales en torno a una problemática común que las llevó a tomar
las calles y exigir resultados.

Incluir a Simone de Beauvoir en esta publicación es también pertinente porque, como


ella misma lo expresó, una de las herramienta más importantes que deben tener las mujeres
en su lucha en contra del patriarcado, es lo que denominó “conciencia feminista”, en clara
referencia al concepto marxista de conciencia de clase. La conciencia feminista es la toma de
conciencia de las mujeres con respecto a su situación social, a su lugar dentro del sistema
patriarcal y su necesidad de tomar acción política con respecto a este orden de las cosas. Una
manera de tomar acción así como alcanzar esta “consciencia feminista” es precisamente la
posibilidad de reunirse con otras mujeres para compartir experiencias, vivencias e
inquietudes. Simone de Beauvoir decía que las mujeres “viven dispersas entre los hombres”.
Además, no cuentan con una historia común, una religión o un territorio que permita
agruparlas (como sucedió en el caso de los negros o los judíos). Ante este panorama, la única
manera de lograr una liberación y una toma de conciencia es que las propias mujeres se
agrupen a pesar de sus diferencias, reconociéndolas y hallando en las experiencias
particulares puntos de encuentro. Una publicación como ésta responde precisamente a esta
necesidad y nos invita a dialogar cada quien desde su contexto y su experiencia como parte
de este grupo que llamamos “mujeres”.