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LA ENFERMED~D.

EL ENTIERRO
EL PESAME >r •

I
f{ace tiempo, queridísimo lector mío que Yí0 h b
carne y h ueso, 11 eno, por supuesto de' pasiones
, om re como todos de
y d f1 h '
· · ·1 ' e aquezas uma-
nas, au~bque no m~n.1stena es, po~q_ue hasta ahora no he sido bastante
malo n1 , astan
. te v1e10 para
. , ser
. m1n1stro
, . en esta b1en
· sistema
· da repu, bl 1-·
ca monarq~ica, me qune mt seudon1mo por cierta maldita equivoca-
ci~n _de u_n impresor que copió un artículo de un Yo de España; y Yo de
Mex1co, 1n?cente de todo punto, reponé las consecuencias. Disgustado
del maldecido Yo ~e España, me metÍ a viajero, y vi, lo que todos ellos,
luengas y remotas tierras, beodos y groseros por millones, y otras cosillas
más; pero al fin regresé a mi país como un baúl vacío, es decir, sin
ningún conocimiento ni gracia más. Después de mis viajes me metÍ a
político y, ¡oh lector querido!, esto fue un poquito peor; los monar-
quistas me llamaron ruin; los aristócratas y firmones del Tiempo, que
corre desde su alta y sublime altura, me arrojaron una que otra vez
una mirada de compasión, y descendieron hasta hacerme el honor de
tenderme su real mano, con la arrogancia con que un magnate de lan-
dó tira una moneda al ba1dano pordiosero; los ministros me llamaron
vil, y los periodistas de paga sacaron a luz algunos importantes rasgos
de mi fecunda e interesante vida pública y privada. Desengañado, que-
rido lector, acaso mucho más de lo que tú estarás al leer mis mamarra-
chos, he abandonado el puesto que la patria me había indicado, y me
reduzco ahora, en unión de mi bueno y festivo amigo Fidel, a comer-
me el pan que ha producido algunos granos de trigo, que dizque nos
arrojaron de limosna in illo tempore; y persuadido de que todo en el
mundo es mentira, falacia, engaño, traición, maldad e ingratitud, vuel-
vo de nuevo a ser lo que se llama un filósofo, por el estilo de Platón o
de Sócr~tes, que es a la única medianía a que he aspirado en mi vida.
Perdoname, lector mío; pero desprendido de toda afición mundana,
vuelvo ª ocuparme imparcialmente, y con la calma de un hombre de
* !bid., t. II, pp. 7-12.

159
. d ,·tudi o de cont art e(uat ro~,rnJeu: ,que rne .urevo 1)
u1c 10 Y ee ' d b '1 LJu t¡
J _ , ,ombre de cuadros e cost urn re .
¿.1r co n e1 I d. , d .
Ma dejando a un _lado b broma, 1re con _to .ª ·en edad_dos p,ll.ibr,l,
Est e género. de. .e . a ltos, me rec d I
uerda el pnnc1p10 de mis ensc1
h . ym, e
I
fruto J e mi_s v1gd1a , y a pesar, e mu_c .o uempo q~e ~ .1 pasaJo, desde
q ue po r primera vez co mence a e cnb1r . para, el publico ' hoy que me
vuelvo. a ocupar de nuevo• en esto, m1 cor.izo n bte un poco mc1's ve Ioz
y mi alma rebosa de gratitud con el dulce recuerdo del ,1precio e '
. . . h . 1 f
mucho · de mis compatriotas an visto os es uerzos aislados del
. on ~uc
¡
. .d d ,d l b . , que 1a-
~1endo naCI . o y e uca ose .en ~ po ~-eza, ha ofre~1do a su país las mus-
tias y marchitas flores de su mteligenc1a, empobrecida y resfriada 1
. l f. . , a gunc15
veces con 1a de graCla y os. su nm1entos. Basto ya de exordio, y v.imos
a nuestro asunto, que es pintarte la enfermedad, la muene y el d 1·
de m1. amigo . don Ab un d'10 ealabaza. l ue o
Er~ este bu~n se~or un. hombre de vientre abultado y redondo como
una cu pu la de 1gles1a, .Y piernas ~an delgadas, que parecía imposible que
sostuviera ta~ complICad? arqu1~ectura. Su cabeza era completamente
calva, su nanz a_ la borb~n; _tenia su dentadura co mpleta, excepto las
1
muelas, los colmillos y seis dientes que faltaban, y esos podrían llamar-
se blancos, a no ser porque estaban sombreados de mil colores, como si
fueran hechos del mármol negruzco de las canteras de Sicilia. En su
juventud tendría tersos y hermosos carrillos, pero en la edad en que se
hallaba, que serían los sesenta, caían sobre su garganta a la manera de
dos viejos coninajes. Jamás el señor Calabaza conoció las obras maravi-
llosas de Van Gogh y de Cussac; jamás los gorjeos de la Chesari, o los
bufidos de Sisa llegaron a sus oídos; jamás supo lo que era indigestarse
con las comidas de Laurent, o con las pastas de Emilio; jamás experi-
men tÓ el muelle movimiento de un landó, sino sólo el horrible terre-
moto de un coche simón en las ocasiones solemnes, en que acomp_añado
de su mujer, hijas y criados, ec.haba sus largos paseos a la Y11la de
Guadalupe, a Tacubaya, o a la Y 1ga.. . , _
Las costumbres, hábitos y ocupac10nes de do~ Abund10, ; ran analo
' ·co Levantábase a las nueve de la manana, despues de tomar
gas a su f1s1 . ' . ¡ b ¡ . no
en la cama su chocolate con sus huesitos. N_ o .sbe. ava a a cr,~~ab~~ su
· b ¡ · nos con agua u ,a, Y se ma
constiparse; se en¡uga a asma h .' d A bs dos de 1.1 t,nde, el
oficina, donde por supue~to no ac'.ª. ~a h~nros~ puesto, y dobl,10do
latido del estómago lo hac1,l ab.rndonar si~ . . diendo el polvo de
'b . d . . ·olorJdo pa ,acate, sacu '
como un 11 nto e misa su e , d . hrero se dirig1.1 a su ca.a.
. · d . aguz l o sorn , ·h ·d
sus agudas botas, y l,mp1an o s~1 ·.,. h~méricos que habían contri u1 o
Allí lo aguardJb,rn esos banquetts . 1 lto verde y sus gor.i de
· . El ·1ldo con su e 11 1 1 nos
tanto a engordar su vientre L, 1 . ' I .idornado con ,1 gu
. ·¡¡ . ·1 puc 1ern so o ' as de
limón sus c1ltentes w ru .is, l. . ¡· do y l.1 miel con ca~car ·
' I lbóndig 1s o esto a ,
solitarios garbanzos, J S ª '·
. _ mpon
ían el servicio de la mesa de nuest ro am . ( , 1 ¡
..,¡¡ranJª• cdo J ,cert mascaba unas cascarillas secas d ' ~go •rl a )a, a.
" r eae., , e naran¡a y el . r~¡
ffl Iug~ un trozo de pan con sal. Acostábase .d' ca e _<J
. uta con d l b , en segu1 a a dormir
susot1 rga s1•esta, y cuan . o sel evanta a, d solia tomar una t aza de agua de
ª a para quitarse
uflªbabuen . e amargo
l e la boca
. · Rezaba en scgu1 . ·da su
yer . para concluir con as graves fatigas y cuidados d I d'
sano, Y • dl • . e 1a, se
ro , ondoso tres amigos e mismo temple a Jugar malilla 0
unta c d' b' ' porra-
re de a ocho tantos P?r me 10, o 1en, pasaba una parte de la noche
z0 . do en una botICa.
E11 cuanto a su fami·¡·1a, constaba de una venerable señora y de dos
Plat1can
. ,, corno un botón de rosa, alegrillas, pizpiretas, y que de vez en
0 1nas o
d y como s1. fueran comandantes generales de departamento se
cuan , .d. d . ,
nunciaban, pi 1en o teatro, y paseo, y traJes, y tertulias; pero el
6:~n don Abundio y s~ honra?ª ID:itad, doña Nicanora, l~ tranquiliza-
b n con algunos regalitos y hsonJeras promesas, y volv1a a remar la
ªonotonÍa monárquica en la casa de nuestro amigo.
rn formaba un contraste de estas pacíficas costumbres coloniales, con-
servadas en toda su pur7za por el pa~r_e y la madre, ; n medio del ro-
rnántico y regenerador siglo XIX, las v1s1tas que se hab1an procurado las
muchachas y las tendencias que manifestaban al tono. Componíase to-
das las noches la tertulia de un almibarado comandante de escuadrón,
ayudante siempre de algún general en servicio de guarnición, que se
llamaba don Anacleto; de un curioso y bien adornado dependiente de
un cajón de ropa; de un empleado aristócrata y presumido, y de dos o
tres mozalbetes, de estos que visten bien pero que nunca pagan al sastre,
y cuya existencia es un enigma indescifrable para la sociedad.
El comandante don Anacleto, cuando estaba de servicio, nunca deja-
ba de ir ataviado con toda la pompa militar, y sudoroso, arrastrando la
inocente y brillante espada, trozando y descomponiendo con los acica-
tes las madejas de seda que las niñas dejaban por acaso en el suelo. Se
sentaba con desenfado en una silla, se quitaba el pesado casco, compo-
nía su luenga cabellera, relumbrante con el macasar, y se ponía a hablar
de las penalidades y fatigas del servicio de la capital, con tanta melanco-
lía y entusiasmo, como lo harían los soldados que regresaban de la cam-
paña de Egipto. Era algunas veces tan patético, que a las muchachas se
les llenaban los ojos de agua.
Don Floro , el comerciante, conocía un poco más el corazón . de. las
b
mujeres, y cuando pensaba que estaban bastante enternecidas, _vana ª
la conversación, y con un tacto exquisito hablaba de balsonnas, ?e
marabús, de chales de burnuz de encajes para las e.naguas blanca_s, _sdin
omitir · · 1as frases de 'tono que todos ' los ca1·en·11 os usan, "hemos dreci 1 1
6 °
d p ' ,, " d ,, " os han llega o en e
e ans , tenemos los tercios en la a uana ' nd'd d" "nuestro sur-
paquete americano'\ "vendemos con mucha corno 1 ª '
161
, elegante·•. Con e tas frases solemnes las rt' l
. de lo mas d ' , •ll l i ,1d
udo e enas del comandante, y se ec1an en v z baj . ,, 1 "
1
olvid~~dand as ~ talento de don Floro: vaya, es un hombre inu' f <{ué
1

am ab1li a , qu5 al comercio... • En esto entraba don Mateo el ernY 1nr' .


• ana vamo l, d p 1e 1 ¡
man I nte blanco apretado, el panta on e Cussac, perfect · l ''·
con e gua elegante saco, desa broe hado, para lucir . el sobresal·arnent t'
h
hec o, Y el ba con cierto
· ·11 o a1 comandanttente Y
.
bien orf mado pecho. Saluda toni
' , . l . ' ' e, y se
dignaba hacer algun mas agasaJO a caJero, porque este soha fiarle
una corbata, ya un corte de chaleco, ya un moderno dril!. Sentáb~"
do nde Je diera la luz de lleno, para que las muchachas admira e
· ' H bl b ·
·nteresante f1sonom1a. a a a en tono sentencioso, citando sie · ran su
1 . d . l' 1 . . mpre a
la condesa fulana, al embaJa or mg es~a mm1stro del Interior 1
merciante neo. . A to dos estos persona1es 1os trataba, segun , decí, a co-
una confianza de hermano. Los d1as ' de 1a semana eran conos para, dcon
tinarlos a tanta v1s1ta,· · y en las noches se ve1a ' forzado a concu ª . es-
. d
cinco O seis palcos, so pena e caer en a nota l de descones. , Las mu rnrh a
. e a-
chas olvidaban por un momento las balsonnas y gasas de don Flo
, l , . . d. ro, y
extasiadas, recog1an as max1mas y sent~nciosos iscursos del gran don
Mateo, ídolo de toda la nobleza mexicana. En cuanto a la señ
entresueños O1a ' to da esta algarab'1a, que _t:asto~nab~ 1a cabeza a lasora, ni-
ñas, y de vez en cuando preguntaba al militar, s1 el d1a de San Francis 0
caía en martes o en domingo; a don Floro, si le habían llegado medf
de algodón, y a don Mateo, si la condesa, su amiga, sabía comer tonill:
0 almorzaba con bizcochos de la calle de Tacuba, en vez de pan.
Ya que el lector tiene una rápida idea de la familia de don Abundio
a la cual sólo hemos tocado por incidente, pasell}OS con nuestro héroe'.
Llegó un término fatal para el buen hombre. Este fue la festividad de
Corpus, día del santo del jefe de su oficina, el cual, queriendo populari-
zarse con algunos de sus camaradas, los convidó a comer. Don Abundio
limpió con chinguirito sus pantalones y su frac, se puso la camisa más
almidonada y menos vieja, y dio bola a sus botas. El jefe echó, corno
suele decirse, la casa por la ventana, y los estofados, los fiambres, los
pasteles, los pavos rellenos, las jaletinas, los postres y los helados cu-
brieron varias veces la regia mesa del famoso covachuelista.
Don Abundio miró asombrado tanta pompa, y después de haber
mirado, procedió a los hechos, haciéndose blandito a las instancias del
héroe de la fiesta, y comió mucho de todo, y por su orden, no dejando
de echar sus sendos tragos de vino y de cerveza. Cuando se retiro a su
casa~ las. calles se le andaban, le parecía que las gentes carni~aban en
sentido inverso, y que todo el mundo se volvía de arriba aba¡o. T~~o
·
apenas tiempo para llegar a su casa, para decir a su mu¡er · Ya sus h1¡as
que se mor,1a! ' Y para tendersc de largo en la cama y pedir · con voz sofo-
cada un medico y un confesor.
162
,;ora despertó de su sueño J . ~
r ;1 se . · • • as ninas s I
J.- es fingieron un sent1m1ento profundo e a armaron, los concu-
(rert1 do bienestardy de su sabrosa
•, conve rsac• );' todos arrancados
.
de su
_0f11º El coman ante corno a traer a su 10. 0 , se pusieron en movi-
~jeflr0· comÓ su sombrero y se ofreció~~!? el doctor don Adolfo;
00
f Joro asas de doctores; y don Mateo s1• Jar ~ecado en dos o tres
i·(erenteS e guró a las niñas que iría en c~a ~eptr er su gravedad aris-
1cr3tica, asede N., y de allí sacaría precisamenc:s/ond~as de H .. º de
¡O .¡rques~ h ) en medicina. uno e los me1ores
1~f11 (si los ay . . ' d d Ab .
1 ctores anto, la ind1gesuon d e on
vO
und10 crecía, Y 1os momentos
fntretha ban, así que la ma re, •aunque • no. de acuerdo
, con las h"tJas,
estrec j riada a llamar a1 v1eJO y rancio medico que vivía en la
.,¡ó con ª cll ....,aba don Amado Buenapasta. La flaca yegua en que
en•¡ dad, y se dª1"albardon , aman·11o, 1os anteoJos . montados en la pun-
11
veC b I bur o
f!lonta a, e_ e1 aire de anugue . .. dad que tenia' e1ta l d?ctor, disgustaban
.
ela nanz, Y rnuchchas, afectas, como hemos dicho, al progreso y
1adernaner_ a,a 1asM corno el caso urg1a, ' y e1vientre
· de don Abundio
br
10 · · 1on
civd1zac lf.. as hubieron de rec1"bIr· a1doctor Buenapasta con una
a a mongo iera,
1
era una . .
le
b . sonnsa. uero -di1'0 don Abund10, luego que vio entrar
arna-Amigo 'o
mi '
rne m h d
d de la ruina a una onra a esposa y a dos 1no- .
. salve uste
j doctor-,
ª nres niñas, , fas y con tono so1emne, diJo: ..
ce d r calo sus ga ,
El octo
r el pulso. ,
- A ve ' d' 1 bandono su mano.
A bun io e a
-Don . -d"jo Buenapasta con voz grave.
-Papel Y untehro h / acercó un tinterito de cuerno y un sobrescri-
Unade las mue ac a
wde una farra.. , I ciente?-preguntó el doctor al tiempo de mojar
-éQue com10 e Pª
lapluma. d pondió don Abundio con voz quejosa.
-De to o-res .,
-éDe todo?-interrump10 el doc~_or.
-De todo-dijeron en coro las h11as y 1~.madre. .
-Entonces el caso es un poco grave --dtJO con mucha seriedad el
doctor, comenzando a recetar.
- Salchichones, helados, tortas guisadas con mantequilla, ¡oh!, mu-
chas cosas buenas, ¡ay, ay! -exclamaba el enfermo.
~Se puede salvar todavía-dijo el doctor-, antes de que la infla-
macio~ mterese los intestinos. Que Je den la bebida que va recetada,
desrues _udna frie~~' y después... que me avisen si hay novedad.
acna acornoal b .
se ministr . .ª ouca, Ya poco vo1vio . , ya con las med1..
c1nas que
el pobre h:~~ mmedia,tameme a don Abundio. El efecto fue espantoso,
re parec1a que estaba a bordo, segun' Jas hornb. 1es nauseas
,

163
. el estómago y la cabeza le dolían honiblernent
que lo ataca ban· • 1 d e: un
, teaba por su frente, y en los rnterva os e descanso v , su.
dor fno go d d 1. , o1v1a J0
.
OJOS a su
muJ·er e hiJ·as, y con voz entrecorta a y o 1ente, les dec'
la:
s
-Me muero, me muero; un confesor.
El estruendo de dos carruajes que pararon en la puena deseo ,
I d l . b nceno
Por un momento e cua ro ·1·asumoso que presenta a el pobre don
Abundio, rodeado de su fam1 1a.
-Ya están aquí -exclamaron las niñas, y dejando la vela y los t
tes que tenían en la mano en poder de la madre, corrieron a la pu ras.
donde se encontraron con don Floro y don Mateo, acompañado:~~
unos doctores, por supuesto, procedentes de allende de los mares
-Pasen ustedes, y verán cómo ha matado a mi papá ese viejo t~nto
de Buenapasta.
-¿Buenapasta ha visto ya a su papá de usted, Julita?
-Sí,
. por nuestra desgracia -contestó la muchacha, exprimiendo
1OS OJOS.
-¡Qué barbaridad! ¡Un médico retrógrado, de albardón y caballo
flaco, curar a un hombre tan respetable como su papá de usted!
~ué quiere usted, Florjto -continuó la joven con tono quejum-
broso--, nosotras nos opomamos ... pero ...
-No hay pero que valga, Buenapasta ha matado a su papá de us-
ted ... Doctores, adentro, adentro, acudid pronto -clamó don Floro
como asaltado por una idea feliz, como las que Napoleón tenía en me~
dio de sus batallas.
Los doctores penetraron, y don Mateo aprovechó la ocasión para
decir a Isidra, que así se llamaba la otra muchacha:
-Isidritita de mi alma, si queda usted huérfana, aquí me tiene a mí.
Soy su amigo ... sin interés ninguno ... Isidritita. ¿Lo oye usted? Yo tengo
grandes relaciones en casas muy grandes, y la condesa de B. y el conde...
Isidra, al entrar en grupo con los galanes y doctores, pagó la aten-
ción de don Mateo con una mirada expresiva. Una vez que hubieron
entrado los doctores, la algarabía fue infernal.
-Aquí está el doctor Calabavoisht -le decía don Floro a don
Abundio.
-Y también está aquí el doctor Petritroff--decía don Mateo-. La
baronesa D. se moría de una enfermedad como la de usted, señor don
Abundio, y mi doctor la sanó ... ¡Este doctor ...!
-Me muero, señores --decía don Abundio.
-¿Qué doler usted? - preguntaba un doctor.
-Todo britaba el enfermo.
-¿No sangrar usted? - preguntaba otro doctor.
-Volver mucho --decía la esposa.
-¿Qué tiene, por fin, señores? -exclamaba Julia.
164
I
• Aí papa se m uere --grit ab 11
cJ arno esta, com o d 1.funto _a .o ran<lo Isidra.
---JVJ .
---¡_;, , d , ~ intcrrum ,
___¿Escapahra e esta, shenorfdocto r? --dec1~ªJ 1ª¡_criada.
.poder ace r mue o es uerzo p u 1a.
---,
día el docto r. ara desoc upar la b arn.ga? - res-
pof1 Es menest er ver la recet a del bo rico
--- dico.
1
compañe ro - rnte. rrump1a , el
Lae receta; ¿d on
ocro J11 ' d e esta, la receta? ---clam .
--- · mpo--; que busquen la receta· M ~ron vanas voces de tiple
un ue d M , an1na, la receta· do n Floro
J e Ja receta; on ateo, no parece la receta ' ,
busyqurodos los que clamaban se esparcieron por ·el cuan o , registran · do
les y costuras, y cuanto encontra b an.
Pª~a~ina sacó del ~eno la receta, doblada minuciosamente, y decía:
1
-Niñas, aqu1 esta la receta.
l pero qué ... _si er~ una torre de Bab:l; todos buscaban la receta con
t enacidad 1ncre1ble, hasta que la cnada la puso en manos de uno de
unadoctores, que asom b rad os vetan
los ' tod a esta barah unda,
' y se habían
reado al enfermo para pulsarlo y preguntarle las causas de su mal.
ace_ Acercar la vela, mochacha -dijeron los médicos a Martina.
Marti na acercó la vela, y habiendo los doctores leído, dijeron
riendo: .
-El enferm~ estar del demonio, por haber dado el borico del paisa-
no a él mucha h1pecacuana.
- ¡Qué dicen! ---exclamaron las muchachas volviendo de buscar la
receta.
-Que se muere, niñas -les dijo la criada.
- ¡Ay!, ¡ay!, señor doctor, salve usted a nuestro padre --exclama-
ron las dos jóvenes dando de gritos.
- Ya está, Julita --dijo don Floro.
- No se aflija usted, Isidritita.
- ¡Ay!, ¡ay!, mi papá se muere y yo también: ¡Jesús! ¡Jesús!
Isidritíta se puso pálida; las manos le comenzaron a temblar, y cayó
en los brazos de don Mateo.
-¡Ay!, ;ah, Dios mío!, ¿por qué nos castigas así?-d.ijo Julia sollo-
zando-, mi po bre hermana se muere.
-Vamos, calma, calma ---contestó don Floro--, todo se compon-
drá; ~enga usted, y dejemos a los doctores que obren. .
Mientras todo esto pasaba, el pobre don Abundio, con los OJOS ce-
rrados'. apenas exhalaba un quejido ronco, como el de un cabaHo que
cae¿atigado de una larga carrera
apJ' os doctores, por fin receta~on y con una actividad sin ejempJ?
icaron a d Ab
cieron . on
' ,
undio sinapismos, emplastos, riegas, e
f · tcétera e hi-
' ,
respirar a las muchachas algunas sales, con lo cual se calmo su
165
·ta~ión nerviosa. En cuanto a la pobre madre, como si un fu
agi ~ · · d d l d f ene 1
pe en 1~ cabe~a le hubiese pnva o ,e uso ~ su_s ac~ltades, perrnan ~(~,
como insensible dando vueltas aqu1 y aculla, sm obJeto, y lirn . , ~eta
las lágrimas que de vez en cuando caían de sus mejillas. piandose
Don Floro y don Mateo estuvieron de lo más oficiosos y .
y se retiraron en unión de los doctores a las dos de la mañ cumplidos,
don Abundio estaba más . tranquilo. Las
. muchachas tuvie ronana,que
que Ya
lar a sus ah orros, y registrar sus bolsitas de chaquira para a ape-
doctores. P gar a los
El comandante de escuadrón no volvió.

Hemos dejado a nuestro don Abundio en las orillas del sepulc


tregado en manos de tres sab'1Os medicos,
, procedentes del otro ro y en-
lado d¡
charco. e
Las niñas, ~~lícitas y cuidadosas, se daban sus escapaditas del lado de
sus amables v1s1tadores para atender al buen viejo, que había caído en el
lecho con el aplomo de una torre cuando la derriba un temporal.
. El al?1_ibarado ~ajerillo, el_f~ribundo hijo de Mane, y el consumado
d~plomauco, conunuaron visitando con frecuencia; y como todos la
picaban de nobles y de caballerosos, tuvieron por conveniente no aban-
donar a la familia en el conflicto; y llegó su atención hasta el grado de
que, despojándose de todas sus pompas y vanidades, acudían a la cocina
en compañía de las niñas, y con un afán digno de tan buena causa,
soplaban la lumbre con el aventador, extendían en los lienzos la cata-
plasma destinada para la barriga de don Abundio, y entraban y salían
apresurados con un repuesto de botellas y de pomitos en la mano.
¡Qué buenos señores! ¡Cuánta caridad los animaba! ¡Ellos, tan de-
centes, tan apreciados de las condesas y marquesas, sop~an la lumbre
con un tosco aventador de palma, y componen con sus propias m~nos
la cataplasma destinada para el pobre empleado enfe~mo! La se?ora
estaba loca de gusto con estas finezas, y como suele decirse, se bebia en
un jarrito de agua a los elegantes caballeros; pe_~o otra~ lc~guas mal-
dicientes decían en voz baja: "¡Lo que es tener h11as bonitas! , 10
En cuanto a las muchachas, eran días de frasca. No comprendian_
.· orc10-
que es la o rf~ndad, y por el presente ~~zaban las del1c1as .~ue prop ue a-
na un trabaJO conunuado en compan1a de los amables Jovenes q / .
decían hermosísimas equivocaciones. A don Floro le parecían cazue it,l S

* !bid., pp. 225-227.

166
,.,, 05 de la niña; así es
--
1::is lita coma ba una manecit
J'Tl""' que e d
a a 1110
·ílZue ' d l a suav
" es los brazos e· a otra chica le p e: el, e·ªPitan
rnento
. ' ' en vez de tomar
pllco1•• rt'letÍa los mismos desacien areclan ab lera todavía mas
. • d os q so ut
' una
torpe
Y odudan nsas, ~ira as maliciosas ue ~\ cajero ~ente aventadores'
pr .rt'liento demasiado agradable ' alu~iones ag . d odas estas escenas'
efllP• al . u as· f'
t "Kas volvamos enfermo. Los . 'en in, un entrc-
ivJ. .' 1 ' . . sa6los d
. di·gesuon y e emeuco, es decir l f actores d l
10
ían pro duci'do una irritación
· • 'forª en.derrnedad y laecrnararo
d.. n gue la
b
ha cion ' de acci.dentes fat ales, acabadon11 able en los intest' e tema ¡untas
Pºr • · · . s, Por su mos, Y otra
enc1a, tuvieron una Junta, dos Juntas t . puesto, en itis. En
cu l f d , res )Unt . canse-
s que es ueron paga as a cuatro pesos d as; en fin, cuatro ·Jun-
ta ' discipu
sabios ' 1os_de H'1pocrates.
' ca a una, a cada uno de los
En la cuarta Junta se resolvió ' primero , que don Ab d.
enfermo; segundo, que debía curarse· tercero l un . 1? estaba
hasta ese tiempo'
se le habían aplicado' de nad ,lquheb~ medi~mas que
1· ' 1 , a e a tan serv1d
to que de b1an ap 1carse e otras; quinto que si las di. ~; cuar-
' ' f h b ' ' b' . ' nuevas me dcmas no
lesuruan e ecto, no a· na d
mas ar 1tno sino deJ'arlo
.
.
monr con escanso
Los doctores, hab1en o previamente tendido la 'b'd ·
, 1· l , mano, rec1 1 0 en
ella los u umos cuatro pesos, y co ocadolos . con gran dis1mu · 1o y cuno- .
sidad en 1a bo1sa derecha del chaleco, baJaron la escalera Ymontaron en
sus carretelas, orgu 11osos de haber dado tan sabias resoluc·
'd. l 10nes.
Uno de los me 1cos, que vu garmente se llama de cabecera, y que es,
por lo re~1ar_, el que despac_ha al c_am_posanto al pa~fente, se encargó de
matar al 1~fehz don Abund10; y _s1gu1endo la opm_1on de la junta apeló
1
a las sangnas y pu:gas; y no sui:uen_do tampoco nmgun efecto, se deci-
di6 ~ ad~ptar medidas extraordinarias, y de luego a luego recetó un par
de causucos.
La calentura creció en don Abundio, y una fiebre violenta se declaró:
pero como los médicos habían dicho que eso era poca cosa, y que la vio-
lenta gastroenteritis les daba cuidado: las cosas pasaron así algunos días.
La señora, siguiendo el uso antiguo, trataba de curar a su caro espo-
so con chiquiadores, con ceb? y azu~re, con friegas de aceite de al~en-
dras y vino blanco; con ladrillos calientes en las plantas de los pies, y
con su atolito y su naranjete; pero todos los que la veían, se echaban a
rdr y le decían: f
-¡Oh!, no piense usted ya en eso tan antiguo, hoy se sanan las ie-
bres de otro modo.
-Pero señores ;acaso las fiebres han variado? d d-·
, ," d'1 d Fl con grave a '
- ·10h! y mucho señora - respon ª on
, ' h oro
st las en fermedades·.
todo está hoy más civilizado, más en progreso, ª ª
Ypor otra parte, los médicos saben lo que sedhabce. tras de conven-
a a mues
La santa matrona meneaba la cabeza Yn O

167
cer e con estas razo nes, pero tenía que condescen<lc 1 .
la civilizac10n que hab'1a .rn va
• • 1 dºd
. 1 o su casa.'
U)fl ·I
e: 1ur 1l ll ( • j
La fiebre de don Abun d10 se aumento prodigio l t.:
· ' · L · •, ~a rncru ,
se pusieron mas senas. a Junt~ se volv10 a reunir, d, l, ~ l.~ ,
Abundio estaba fuera de todo nesgo de v iv ir. y ccl,1 ro (lUe 1
1

1
,

t
Apenas se difundió tan fatal noticia por la cas , cir,
prorrumpieron en amargos lloros, y los desmayosª' cluanclo 1<15 ni ,
. . y as co n~r
vo lvieron a comenzar, sm que por supuesto falta nvul\io ,'
. l . d ran Ios nl ~
gal anes para arnmar a as nances e las niñas los p • acornedid
.1rlas en sus b razas, y cu1'darlas con un esmero fom1tos de OIor r,, o~
b , . . raternal T ' ~e,.
proc1amaban a voz en cuello, lo hac1an sm interés · · odo est
. . 1 f ·¡· 1 . ninguno , o,
aprecio smcero a a ami 1a: a as niñas las querían sólO ' Y solo po
0
y a la madre la veneraban por . sus vinudes. ·¡Qué bue nos corr:}
seno hermana/
1 ,
tos de esta e1ase h ay que qmeren reformar la educación d I res. ¡Cuán-
tos y tomar parte en la suene y asuntos de las mamás stn · . e 0 ~ herrnani-
Algunas malas lenguas del barrio y de la vecindad m~eres ~inguno!
"¡Lo que es tener hijas bonitas!" Si don Abundio ~ephti~~ 0
sin cesar:
estas muchachas, habría mueno como un perro. u iese tenido
Hemos pasado en silencio circunstancias muy im
sin em b argo son frecuentes entre 1as fam1has
. . . de condic·,
penantes
• ' y que
don Abundio. ion igual a la de
Las primeras visitas del médico se pagaron con los ah
mue h ac h as ten1an' en sus bo lsitas
. de seda: para las J.untas orros
f
que 1~
. . d ·11 d ue necesano
que se aespoJaran e sus an1 os y e, sus pequeñas sogas de perlas, que
fueron a paso . re do bla.do al montep10.
l hAgotado este recurso comenza-
ron 1as esque litas escntas por as mue achas.

Señor de mi estimación:
Mi papá se está muriendo en cama y mi mamá dice que si le hace usted
favo_r de prestarle 20 pesos que se los pagará a usted luego que se alivie, su
servidora.

Por este tenor dirigieron a varias personas de estimación cartitas, asaz


mal escritas; y como en tales casos sucede, todos se excusaron diciendo
que las circunstancias actuales eran muy crÍticas, que los tiempos esta-
ban azarosos, y que la revolución tenía todo paralizado. Una que otra
persona hubo que en vez de 20 pesos mandó 20 reales, con los cuales la
familia de don Abundio salía de los ahogos del día.
Luego que el anciano se agravó, hubo materialmente en la_casa u~a
invasión de viejas y de comadres: doña Sinforosa, doñ.~ R_ita, do; a
Floripundia, doña Macaría, doña Ricarda, en fin, un e¡ercito: to ~s
disputadoras, parlanch inas y tragonas. Entraban y salían, d~ban su
nión en todo, abrían y cerraban roperos, destrozaban camisas para u
ºt~
168
",enda ; regañab
Jf . cln a 1a cocrner,1 v recJ , d'
J un rr.1guJC o de dni ere , m~n r.1, pe 1,lll, un.1 pu/c¡uc
1,c •
f ~ / . , o tra arroz de m1 t '
·,c1 }' no com1a ch lie ord nd b . . rc1: u rr,1, <.<>nH, c, i,1h 1 di'
J1, uejaban
' d e ¡atido
· y 'de hisre , .a. que le hicieran arror rod.11, , un VO/
1 1
~, 9nes. ene o, y todas hablaban y dab,rn , u<, di\po
,,c,o .,.,. ¡_,as n1nas, en tre tanto lloraban
por los novíos; y la 'mad re yde~an consoladas, Lomo hemos d1-
t·hO, recaba las man os, y m a ndaba vae:~ =~amen re _buena y a~o~gojad.i,
eap Janes, y hasta la ropa blanca de l P ~ª la tienda los tun1cos, los
fiue , as n1n as D b
pJ_ ro de que se echo mano fue del un -fi · d e e sup~ner e que 1o
prime ancado del infeliz empleado. 1 arme, e1espadrn y del som-
1.rero rn .,
t' U ,, vez que se reconoc10 que la habilidad d 'd .
n(,I J' J e 1os me 1cos poco o
d a v(,I,,Jía' se ape o a os sancos,
/
y al efecto ' cada vi·e·Ja Intrusa
· d e as que
1
nJ 5 hablado, comenzo a poner en planta sus reson ' .
ef1lº J 1 b
h. . ,,e• y los santos, as ve as enditas y las reliqu 1· . es con mon1as
/ g10Sa.,, d as comenzaron a
re1 y a ocupar las pare es y las mesas de la recámara d I ·
1rar h b, . e paciente,
en d como debe suponerse, a 1a multitud de botellitas bot -
d 11 e, ,., J'd d , es y vas1-
: de rodas clases, tamanos y ca 1 a es, llenas de aceites, de ungüentos
1d caraplasmas.
¡ r doctor, miran~o la gravedad de do~ Abundi?, mandó preparar
1
,. de agua caliente y una gran cantidad de nieve, y ordenó que
b
u.n ano el enfermo tuviese · e1cuerp9 en e1agua ca11ente, · se le aplicase
/T1lenrras era de nieve . en 1a ca beza. Este es e1meto ' d o moderno, y que
una mon t
, terrible pronunc1am1ento · · entre 1as v1e1as,
· · que a una voz grita-
auso.¡0unvan a matar, Jo van ama t ar; pero 1a parte pensadora y c1·v 1·1 iza · da
oan, 1
triunfo; es dec1r, · 1os ga1anes, 1os me'd.1cos extranJeros · y las
deIJ ca Sa . b .
•· y don Abundio fue con m11tra a1os y penas, supuesta su gordu-
ninas,
enado a entrar en un bano,., de agua ca11ente, · y a tener una mon-
ra. cond d. . b, d
m de nieve en la cabeza. Esta me 1c1na aca o e poner de remate al
enfermo; pero los médicos_afirmaban que estaba de ali~io, y no ~~bía
iuereplicar a esto. Las ancianas rezaban coronas, rosan os, .magn1f1cas
,·/eranías; y los almibarados galanes, con muestras de ferviente devo-
JÓn, se arrodillaban y elevaban sus plegarias a Dios, rogando por la
~uddel padre de tan bellas muchachas. ¡Qué buenos señores!
En la noche multitud de gentes se ofrecían a velar, y hubo gran cena;
:rx>dría decirse que fue una especie de festividad.
llsLo~ barios, los cáusticos, las sangrías, las cenas, los rosarios, las lágri-
¡~/d05 desmayos se repetían por espacio de tres días, a cabo de los
es on Ab d. .' ¡; .
~nfan· , un 10 muno, y a e que ya era tiempo, pues a 1am1 ia no
1 r ·1 ·
, que ve d . ,
n er ni que empeñar.

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