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5 pasos para meditar en la Biblia

6 SEPTIEMBRE, 2016 | Kristen Wetherell

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BIBLIA & TEOLOGÍA

5 pasos para meditar en la Biblia

Meditar en la Escritura es pensar profundamente acerca de lo que Dios nos ha dicho en su


Palabra y esto prepara nuestras mentes y corazones para la oración.

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No hace mucho tiempo le pregunté a mi pastor acerca de la diferencia entre la meditación y la


oración, ya que las dos pueden ser difíciles de distinguir. Él respondió: “En la Escritura, Dios
nos habla. En la oración, hablamos con Él. Lo que Él nos dice a nosotros nos indica lo que
debemos decirle a Él”.

Meditar entonces, es pensar profundamente acerca de lo que Dios nos ha dicho en la Escritura
y prepara nuestras mentes y corazones para la oración. La Escritura llena nuestra meditación y
la meditación llena nuestras oraciones.

Pero, ¿cómo luce exactamente la meditación? Los Salmos nos dan al menos cinco pasos para la
meditación de la Palabra de Dios. Meditamos para concentrarnos, comprender, recordar,
adorar y aplicar.
1. Para concentrarnos

“Meditaré en Tus preceptos, y consideraré Tus caminos”, Salmo 119:15.

Ya sea que leemos la Biblia en la mañana, durante el almuerzo, o antes de acostarnos por la
noche, nuestros horarios y responsabilidades tienden a atacarnos con sus distracciones. De
hecho, las distracciones son una herramienta que Satanás usa para quitar nuestros ojos de
Cristo y nos impiden escuchar a Dios en su Palabra.

El Salmo 119 nos exhorta a poner nuestros ojos en los caminos de Dios. Como seres humanos
rebeldes con muchas actividades y personas que compiten por nuestra atención, la meditación
nos libera para fijar nuestros ojos en Jesús y nos aleja de las distracciones, aunque sea solo por
cinco minutos. Concentrarnos en lo que estamos leyendo en las Escrituras provee claridad
cuando oramos.

Medita para concentrarte en cómo Dios te está hablando a través de su Palabra.

2. Para comprender

“Hazme entender el camino de Tus preceptos, y meditaré en Tus maravillas”, Salmo 119:27.

En la meditación buscamos entender cómo el Dios del universo está hablando sobre sí mismo,
nuestro mundo y nuestros corazones. Comenzamos orando como el salmista: “¡Hazme
entender tu camino!”. Esta es una oración que Dios se deleita en responder.

Algunas preguntas que debes hacer durante la meditación son: ¿Por qué es importante este
pasaje? ¿Qué necesito saber? ¿Qué dice acerca de Dios? ¿Qué dice de mí? ¿Cómo me apunta
esta lectura a Jesús?

Medita para entender lo que Dios te está comunicando a través de su Palabra.

3. Para recordar
“Me acuerdo de los días antiguos; En todas Tus obras medito, Reflexiono en la obra de Tus
manos”, Salmo 143:5.

Toda la Biblia es una gran historia que apunta a Jesucristo de principio a fin. Cuando
meditamos en las Escrituras, lo hacemos para recordar todo lo que Dios ha hecho en su gran
historia de la redención, la forma en que envió a Cristo para salvar a un pueblo de sus pecados.
En la meditación reflexionamos sobre el trabajo de las manos de Dios.

El recordar también puede llevarnos a reflexionar sobre todo lo que Dios ha hecho en nuestras
vidas: cómo nos salvó, las oportunidades que nos está dando para compartir las buenas
nuevas, y lo que hemos aprendido acerca de quién es Dios.

Medita para recordar todo lo que Dios ha hecho por medio del evangelio de la gracia.

4. Para adorar

“Sino que en la ley del Señor está su deleite, y en Su ley medita de día y de noche”, Salmo 1:2.

Una vez que hayamos meditado para enfocar, entender y recordar, vamos a encontrar
normalmente nuestros corazones inclinados a adorar. Así nos detenemos a elevar la mirada
hacia las virtudes de Cristo, para quitar nuestros ojos del mundo, y para expresar acción de
gracias y adoración cuando oramos. La meditación conduce al deleite cuando el Espíritu Santo
inclina nuestros corazones para ver y saborear cuán glorioso es Dios.

A causa del pecado y sus efectos, nuestro corazón a menudo no se deleita en la Palabra de
Dios. Estamos tentados a dejar de leer, perder el enfoque, para pasar a otras cosas. La
meditación “arrastra” nuestros corazones a gozar de la Palabra de Dios, que es vital para
nuestra fuerza espiritual y gozo.

Medita para adorar al Dios que merece toda acción de gracias y la alabanza por lo que es y lo
que ha hecho en Cristo.
5. Para aplicar

Por último, estamos en mejores condiciones para comprender cómo aplicar la Biblia cuando
nos detenemos a meditar. Para la aplicación de lo que leemos, nos preguntamos: “¿y ahora
qué debo hacer?”.

He aquí un breve ejemplo. Digamos que estás leyendo Tito 3:3-5:

“Porque nosotros también en otro tiempo éramos necios, desobedientes, extraviados… Pero
cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y Su amor hacia la humanidad, El nos
salvó, no por las obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino conforme a Su
misericordia”.

De este pasaje, es posible que puedas confesar formas específicas en las que has
desobedecido. Tú pudieras alabar a Dios por enviar su inmerecido amor bondadoso en Cristo.
Pudieras pedirle su ayuda para amar a alguien que te ha herido, con la misericordia que has
recibido.

Nuestro deseo en la meditación es tener cuidado de “hacer conforme a todo lo que está
escrito” en la Biblia (Jos. 1:8). Entonces, traemos estos puntos de aplicación a Dios en oración,
pidiendo fuerza espiritual para obedecer, abandonar el pecado, humillarnos, y andar como es
digno de nuestro llamado en Cristo.

Medita para aplicar la Biblia a tu vida diaria, y para pedir ayuda en oración.

Ayuda en la debilidad

No es casualidad que la Biblia a menudo hable sobre el valor de la meditación y su lugar antes
de la oración. Nuestro tiempo en la Palabra es como correr una carrera: la meditación es el
calentamiento; la oración nuestro correr hasta la meta. No podemos ser eficaces en la
disciplina de la oración aparte de participar en el calentamiento de la meditación.
Entonces, ¿qué hacemos cuando la meditación parece imposible, cuando nuestro enfoque se
ve afectado por las circunstancias externas y nuestros corazones se sienten fríos hacia la
Palabra de Dios? Nos aferramos a su ayuda llena de gracia, derramada por medio de su
Espíritu. Y si nos damos cuenta de que en realidad nunca hemos meditado, confiamos en que
nunca es demasiado tarde para empezar.

Que el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad, ponga nuestros ojos en Cristo, nos dé la
comprensión, nos lleve a recordar las obras maravillosas de Dios, nos llene de alegría, y nos
lleve a caminar en la verdad.

IMAGEN TOMADA DE LIGHTSTOCK

PUBLICADO ORIGINALMENTE EN THE GOSPEL COALITION. TRADUCIDO POR PATRICIA


NAMNÚN.

Kristen Wetherell es una escritora, maestra de la Biblia, y gestora de contenidos de Unlocking


the Bible. Ella es la autora, junto con Sarah Walton, de “Esperanza cuando duele: Reflexiones
bíblicas que le ayudarán a aferrarse al propósito de Dios en su sufrimiento” (The Good Book
Company, abril de 2017). Ella escribe en el blog de su página web , y puedes seguirla en Twitter
. Ella y su marido, Brad, son miembros de The Orchard en Arlington Heights, Illinois.

Versículos bíblicos con consejos para los jóvenes

La juventud pasa muy rápido y es por eso que debemos aprovechar al máximo cada segundo.
Debemos invertir nuestra vida en lo que realmente vale la pena mientras tenemos salud y
fuerzas.

No hay nada más seguro y acertado que invertir en el Reino de Dios que durará para siempre.
Los jóvenes que dedican sus vidas al Señor no quedarán frustrados porque tienen la certeza de
que Dios bendice a los que Le sirven.

No pierdas el tiempo con cosas triviales, ¡vive para el Señor desde tu juventud!

A continuación verás 16 versículos con consejos que te ayudarán en tu andar con Jesús, para
así vivir una vida más centrada en Su amor y en Su voluntad para tu vida.
1. Busca la fuerza verdadera

Les he escrito a ustedes, padres, porque han conocido al que es desde el principio. Les he
escrito a ustedes, jóvenes, porque son fuertes, y la palabra de Dios permanece en ustedes, y
han vencido al maligno. (1 Juan 2:14)

Puede que pienses que la fuerza física es lo más importante y valioso que tienes como joven,
pero aquí vemos cuán importante es permanecer en la Palabra para lograr vencer al maligno.
Fortalece tu espíritu, lee la Palabra cada día, y vencerás.

2. Vive conforme a Su palabra

¿Cómo puede el joven llevar una vida íntegra?

Viviendo conforme a tu palabra.

(Salmo 119:9)

¿Te comportas de acuerdo a lo que dice la sociedad o buscas agradar a Dios? Vive una vida
íntegra, conforme a la Palabra. Interésate en saber lo que Dios espera de ti en cada situación.

3. Reconoce la grandeza de Dios

…los jóvenes y las jóvenes, los ancianos y los niños. Alaben el nombre del Señor, porque solo
su nombre es excelso; su esplendor está por encima de la tierra y de los cielos. (Salmo 148:12-
13)

Solo Dios es digno de nuestra alabanza. Desarrolla un espíritu agradecido, de alabanza y


adoración que reconoce la grandeza y el poder incomparable de Dios.

4. Camina junto a Dios

Bueno es que el hombre aprenda


a llevar el yugo desde su juventud.

(Lamentaciones 3:27)

Pensar en un yugo nos trae a la mente dos bueyes que no tienen otra opción que ir por el
mismo camino. ¿Y si desde ya, desde tu juventud, escoges de corazón hacer de Dios ese
compañero inseparable, llevar el yugo con Él y dejarte guiar por Él? Seguro que con los años
podrás mirar atrás y ver la belleza de un camino andado de la mano del Padre.

5. Guarda Sus palabras en tu corazón

En mi corazón atesoro tus dichos para no pecar contra ti. (Salmo 119:11)

La Biblia habla sobre una gran cantidad de tópicos. Si la lees a diario y la memorizas sabrás la
forma correcta de actuar en cada situación y vivirás una vida más agradable y satisfactoria.

6. Alégrate y disfruta, pero hazlo con prudencia

Alégrate, joven, en tu juventud; deja que tu corazón disfrute de la adolescencia. Sigue los
impulsos de tu corazón y responde al estímulo de tus ojos, pero toma en cuenta que Dios te
juzgará por todo esto.

(Eclesiastés 11:9)

A Dios no le molesta que disfrutes la vida. ¡Todo lo contrario! Él desea que disfrutes tus años
de juventud, que vivas la vida que Él te ha regalado. Solo debes hacerlo de una forma
prudente, basando tus acciones en lo que sabes que alegrará el corazón del Padre.

7. Sé humilde

Así mismo, jóvenes, sométanse a los ancianos. Revístanse todos de humildad en su trato
mutuo, porque «Dios se opone a los orgullosos, pero da gracia a los humildes». Humíllense,
pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él los exalte a su debido tiempo. (1 Pedro 5:5-
6)
Si quieres disfrutar la gracia de Dios, Su favor inmerecido, sé humilde. No impongas tu criterio,
trata a los demás con respeto y humildad. Dios te exaltará en el momento que Él crea
oportuno.

8. Obedece y honra a tus padres

Hijos, obedezcan en el Señor a sus padres, porque esto es justo. «Honra a tu padre y a tu
madre — que es el primer mandamiento con promesa.

(Efesios 6:1-2)

Los hijos deben honrar y obedecer a sus padres. Esto implica tratarlos con respeto y dignidad.
Si conoces los mandamientos entonces sabes la promesa que contiene este mandamiento:
para que tengas larga vida y para que te vaya bien (Deuteronomio 5:16).

9. Si buscas a Dios de todo corazón, lo encontrarás

Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes —afirma el Señor—, planes de
bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza. 12 Entonces ustedes
me invocarán, y vendrán a suplicarme, y yo los escucharé. 13 Me buscarán y me encontrarán
cuando me busquen de todo corazón. 14 Me dejaré encontrar —afirma el Señor—, y los haré
volver del cautiverio. Yo los reuniré de todas las naciones y de todos los lugares adonde los
haya dispersado, y los haré volver al lugar del cual los deporté», afirma el Señor. (Jeremías
29:11-14)

Si deseas experimentar más de Dios en tu vida, si anhelas conocer Sus buenos planes para ti,
búscale de corazón. Él se deja encontrar, y Su presencia viene acompañada de bendiciones y
de la libertad que hay en Él.

10. Tus hechos muestran lo que eres

Por sus hechos el niño deja entrever si su conducta será pura y recta.

(Proverbios 20:11)
No importa lo que digamos, nuestros hechos muestran la realidad de lo que hay en nuestros
corazones. La pureza y la rectitud deben notarse en la forma de tratar a los demás, en la
manera en que nos comportarnos.

11. Busca a Dios desde ahora, no esperes a que lleguen las dificultades

Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que lleguen los días malos y vengan
los años en que digas: «No encuentro en ellos placer alguno»; antes que dejen de brillar el sol
y la luz, la luna y las estrellas, y vuelvan las nubes después de la lluvia. Un día temblarán los
guardianes de la casa, y se encorvarán los hombres de batalla; se detendrán las molenderas
por ser tan pocas, y se apagarán los que miran a través de las ventanas. (Eclesiastés 12:1-3)

Hay personas que piensan que la vida con Jesús es una llena de restricciones y por eso
prefieren esperar para tomar la decisión de servirle. No cometas ese error. Decide servir a Dios
desde tu juventud. La paz, el amor, la esperanza que Él trae a nuestras vidas nos capacitan y
preparan para los momentos de dificultad. Su presencia basta para lograr encarar con
optimismo los días malos.

12. Sé un buen ejemplo

Que nadie te menosprecie por ser joven. Al contrario, que los creyentes vean en ti un ejemplo
a seguir en la manera de hablar, en la conducta, y en amor, fe y pureza.

(1 Timoteo 4:12)

A veces pensamos que da igual cómo hablamos o cómo nos comportamos ya que los demás ni
siquiera se fijan. Pero no es así. Es de gran ánimo e inspiración ver a un joven o una joven amar
a Dios de todo corazón y comportarse acorde con su fe. Rétate a ti mismo a ser ejemplo en tu
hablar, tu andar, y en tus relaciones interpersonales.

13. Escoge bien tus amistades

Hijo mío, presta atención y sé sabio; mantén tu corazón en el camino recto. No te juntes con
los que beben mucho vino, ni con los que se hartan de carne, pues borrachos y glotones, por
su indolencia, acaban harapientos y en la pobreza. Escucha a tu padre, que te engendró y no
desprecies a tu madre cuando sea anciana. (Proverbios 23: 19-22)
Es sabio escoger bien las amistades y escuchar el consejo de nuestros padres o de adultos que
nos aman y comparten nuestro amor por Dios. Esto no excluye que saludemos y sonriamos a
los que encontramos en nuestro camino. Todo ser humano merece nuestro respeto y
reconocimiento. Pero es importante tener amigos que compartan nuestros valores y sueños,
que nos animen a tomar decisiones sabias.

14. Permite que Dios sea parte de tu historia

Tú, Soberano Señor, has sido mi esperanza; en ti he confiado desde mi juventud.

(Salmo 71:5)

Una de las satisfacciones más grandes es la de mirar atrás y poder ver la firma de Dios en
nuestra vida, Su intervención, Su amor y fidelidad. Date a ti mismo este regalo y decide confiar
en Él desde tu juventud, dejar que sea el dueño de tu corazón. ¡No te arrepentirás!

15. La clave de la prosperidad y el éxito

Solo te pido que tengas mucho valor y firmeza para obedecer toda la ley que mi siervo Moisés
te ordenó. No te apartes de ella para nada; solo así tendrás éxito dondequiera que vayas.
Recita siempre el libro de la ley y medita en él de día y de noche; cumple con cuidado todo lo
que en él está escrito. Así prosperarás y tendrás éxito. Ya te lo he ordenado: ¡Sé fuerte y
valiente! ¡No tengas miedo ni te desanimes! Porque el Señor tu Dios te acompañará
dondequiera que vayas». (Josué 1:7-9)

¿Quieres una vida exitosa y próspera? Medita en la Palabra de Dios y cumple lo que te dice.
Dios sabe lo que es mejor para ti y Él desea guiar tus pasos. Sí, muchas veces requiere valentía
escoger obedecer a Dios antes que a los hombres. No tengas miedo, Él está contigo.

16. Vive una vida digna de imitar

Vivamos decentemente, como a la luz del día, no en orgías y borracheras, ni en inmoralidad


sexual y libertinaje, ni en disensiones y envidias.

(Romanos 13:13)
Sé luz, vive una vida que inspire a otros a ser mejores, una vida que demuestre que en Cristo
estamos completos. Intenta que, donde quiera que vayas, todos los que te conozcan digan:
"mi vida es mejor porque le conocí".

Salmo 103: alabanza a Dios por sus bondades

El Salmo 103 es un Salmo de David. Al parecer lo escribió durante sus últimos años de vida,
después de pasar por alguna enfermedad o situación difícil. Debe animarnos e inspirarnos ver
que David decide recordar todas las bondades y misericordias que Dios había tenido para con
él a través de los años, en lugar de quejarse y enfocarse en su sufrimiento.

¡Aprendamos de él! Intentemos tomar unos minutos cada día para recordar las bondades de
Dios en nuestra propia vida y mostrarle nuestra gratitud. Dios es bueno y sus misericordias son
nuevas cada mañana (Lamentaciones 3:22-23).

Examinemos el Salmo en detalle y descubramos cómo debe ser nuestra alabanza a Dios.

Cómo debemos alabar a Dios

Salmo 103:1-2

El Salmo comienza con dos versículos poderosos. David llama a su alma a despertar y exhorta a
todo su ser a alabar a Dios. ¿Cuántas veces alabamos a Dios solo con nuestros labios? Le
cantamos con nuestra boca mientras nuestra mente está en otro lugar. ¡No debe ser así! La
verdadera alabanza surge desde lo más profundo de nuestro ser y despierta nuestro espíritu,
nuestro cuerpo y nuestra mente.

La alabanza nos lleva a reconocer la santidad de nuestro Dios y a anhelar ser más como él. Él es
santo y nos llama a ser santos (1 Pedro 1:14-16). ¿Cómo lo logramos? Acercándonos más a
Dios y permitiendo que él nos transforme cada vez más conforme a su imagen.

"No olvides ninguno de sus beneficios." Cuando nos detenemos a recordar y enumerar
conscientemente todas las bendiciones que Dios nos ha dado nuestro corazón responde con
adoración y gratitud por todas sus bondades. No seamos como los que solo se acuerdan de
Dios cuando necesitan algo. Seamos hijos agradecidos, con corazones atentos y sensibles al
mover de Dios en nuestro día a día.

¿Por qué debemos alabar a Dios?

El salmista David pasa a enumerar algunas de las razones que tenemos para alabar a Dios.
Miremos cada una de ellas y pensemos en cómo podemos mejorar la forma en que alabamos y
adoramos a Dios.

Por las bendiciones que él nos da

Salmo 103:5

Él perdona todos tus pecados y sana todas tus dolencias; él rescata tu vida del sepulcro y te
cubre de amor y compasión; él colma de bienes tu vida y te rejuvenece como a las águilas. El
Señor hace justicia y defiende a todos los oprimidos. Dio a conocer sus caminos a Moisés;
reveló sus obras al pueblo de Israel.

(Salmo 103:3-7)

En estos versículos David menciona algunas de las bendiciones que Dios nos da. Comienza con
el perdón de nuestros pecados porque ese es el regalo más grande que Dios nos ha dado.
David sabía bien lo que es recibir el perdón de Dios, cómo impacta nuestra vida aquí y el poder
que tiene para transformarnos por la eternidad. Nuestro espíritu despierta al saberse
perdonado y se somete voluntariamente para permitir la obra de Dios en todas las áreas de la
vida.

Mira estos ejemplos bíblicos de vidas transformadas por el perdón de Dios.

Dios no solo nos sana espiritualmente sino que también nos concede la sanidad física. Él sana
todas nuestras enfermedades sea por medio de su intervención directa o a través de la
medicina. Servimos al Dios todopoderoso y en él podemos confiar.

Dios nos rescató del sepulcro, no tenemos que temer a la muerte. En Colosenses 1:13 dice que
él "nos libró del dominio de la oscuridad y nos trasladó al reino de su amado Hijo". Su reino es
uno de amor y compasión que él derrama sobre nosotros para que cuidemos y mostremos su
corazón al mundo que nos rodea.

Nuestros cuerpos se renuevan y reciben nuevas fuerzas al recordar las abundantes bondades
de Dios. Cuando llegan los problemas y dificultades a nuestras vidas es importante recordar
todo lo que Dios nos ha concedido, las muchas maneras en las que nos ha mostrado su amor y
cuidado. Este recuerdo renueva nuestras fuerzas y rejuvenece nuestros huesos de tal forma
que a veces parece que somos capaces de volar sobre las situaciones. ¡Así de fuerte es la paz y
la fortaleza que Dios nos concede! La hemos sentido en el pasado y la seguiremos sintiendo
porque Dios es el mismo ayer y hoy y por los siglos (Hebreos 13:8). Él ha sido fiel y seguirá
siéndolo.

Dios es justo y su justicia no es solo para con nosotros sino para con todos los oprimidos. A
veces parece que el mal va ganando, pero Dios sigue moviéndose en este mundo y él defiende
a los que sufren injusticia y opresión. Seamos agentes de bendición, llevemos su libertad y su
justicia a los que padecen opresión. Puede parecer una tarea demasiado grande, pero Dios nos
mostrará cómo hacerlo así como mostró sus caminos a Moisés y reveló sus obras al pueblo de
Israel.

Por sus atributos y la forma en que trata con nosotros

Salmo 103:11

El Señor es clemente y compasivo, lento para la ira y grande en amor. No sostiene para
siempre su querella ni guarda rencor eternamente. No nos trata conforme a nuestros pecados
ni nos paga según nuestras maldades. Tan grande es su amor por los que le temen como alto
es el cielo sobre la tierra. Tan lejos de nosotros echó nuestras transgresiones como lejos del
oriente está el occidente. Tan compasivo es el Señor con los que le temen como lo es un padre
con sus hijos. Él conoce nuestra condición; sabe que somos de barro.

(Salmo 103:8-14)

Dios es misericordioso, es compasivo y está lleno de amor. Contrario a nosotros los humanos,
él no se deja llevar por la ira o el rencor ni actúa de forma injusta. Su ira llega lentamente,
controlada y dándonos antes la oportunidad para que reconozcamos su amor y nos volvamos a
él. Y tan pronto lo hacemos él nos recibe y nos perdona.
Dios no permite que nuestros errores y pecados sean los que dicten cómo nos trata. Su gran
amor impulsa cada acto para con sus hijos y cubre todo lo que nos rodea. Dios llama nuestra
atención para que oigamos su dulce voz y vivamos en obediencia.

La compasión de Dios es como la de un padre con sus hijos. Él intenta ver siempre lo bueno en
nosotros y recuerda nuestra condición humana, nuestra lucha entre el querer y el hacer su
voluntad. Dios es paciente con sus hijos. Él está atento a nuestro clamor para recibirnos en sus
brazos de amor y compasión.

Por su eterno amor

Salmo 103:15-16

Pero el amor del Señor es eterno y siempre está con los que le temen; su justicia está con los
hijos de sus hijos, con los que cumplen su pacto y se acuerdan de sus preceptos para ponerlos
por obra.

(Salmo 103:17-18)

La realidad es que nuestros cuerpos terrenales son finitos. La fuerza y la salud que disfrutamos
hoy puede terminar en cualquier momento. Lo físico perece como la hierba y la flor del campo,
pero el amor de Dios jamás se acaba: nos acompaña en nuestras vidas aquí en la tierra y lo
disfrutaremos en toda su plenitud por la eternidad.

Nuestra mirada debe estar puesta en lo que es eterno. Sí es importante cuidar de nuestra
salud, hacer bien nuestro trabajo, disfrutar de nuestra familia y de las actividades que nos
agradan. Pero lo más importante debe ser estar dentro de la voluntad de Dios y vivir vidas de
obediencia ante él.

Porque Dios es Rey y merece nuestra alabanza

Salmo 103:19
Alaben al Señor, ustedes sus ángeles, paladines que ejecutan su palabra y obedecen su
mandato. Alaben al Señor, todos sus ejércitos, siervos suyos que cumplen su voluntad. Alaben
al Señor, todas sus obras en todos los ámbitos de su dominio. ¡Alaba, alma mía, al Señor!

(Salmo 103:20-22)

Dios reina y David termina el Salmo exhortando a toda la creación a alabarle. Los ángeles, los
ejércitos celestiales, toda la humanidad y todo lo que él creó debe alabarle hoy y por siempre.

¿Y cómo no vamos a alabar al Dios todopoderoso a quien le ha placido reinar con tanto amor,
compasión, misericordia y justicia? La respuesta lógica de nuestros corazones ante todos sus
beneficios debe ser la alabanza. ¡Que no pase un solo día en el cual no nos detengamos a
alabar y agradecer a nuestro Dios por todas sus bondades!

Recibe ánimo al leer estos versículos con bendiciones que recibimos por fe.