Está en la página 1de 118

Ediciones Especiales

66

INSTITUTO DE INVESTIGACIONES FILOLÓGICAS


Seminario de Lenguas Indígenas
Michel R. Oudijk Matthew Restall

Conquistas de buenas
palabras y de guerra: una visión
indígena de la conquista

UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO


México, 2013
Primera edición: 2013
Fecha de término de edición: 24 de septiembre de 2013

D. R. © 2013, UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO


Instituto de Investigaciones Filológicas
Circuito Mario de la Cueva, s. n.
Ciudad Universitaria, C. P. 04510, México, D. F.
www.iifilologicas.unam.mx

Informes y ventas
Tel. 5622-7347, fax 5622-7349

ISBN 978-607-02-4326-4

Prohibida la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio


sin la autorización escrita del titular de los derechos patrimoniales.

Impreso y hecho en México


INTRODUCCIÓN*

La historia única no existe. Tenemos, por un lado, lo que aconteció y, por


el otro, lo escrito por los historiadores. Esto último es la que muchas ve-
ces se confunde con lo primero. Pero no debemos engañarnos, la historia
escrita, también llamada historiografía, es solamente una visión particu-
lar de ciertos eventos que han ocurrido en el pasado. Esta característica
tiene como consecuencia que la “historia” pueda cambiar según el obje-
tivo de quienes la estudian. Todo comienza con la elección del objetivo.
¿Por qué los historiadores eligen investigar un momento o una cadena de
momentos del pasado? En muchas ocasiones la razón es clara. En Cuba el
momento clave fue la entrada de los revolucionarios en La Habana; para
los países europeos un momento similar fue la Segunda Guerra mundial
y la (re)instalación de las democracias modernas; para México, durante
todo el siglo xx, el punto determinante fue la Revolución; y Estados Uni-
dos tiene su clave en la independencia de Inglaterra (y tal vez en la gue-
rra de Vietnam). Todos esos momentos (o procesos) legitiman el sistema

*
La historia de esta publicación es un tanto extraña y compleja, pero es importante que
el lector la conozca porque explica la existencia de varios textos similares publicados en
diferentes editoriales. El primer capítulo es una traducción con cambios menores del capí-
tulo 1 del libro Indian Conquistadors. Indigenous Allies in the Conquest of Mesoamerica
(Laura E. Matthew y Michel R. Oudijk (eds.), Norman, University of Oklahoma Press,
2007). En 2008 se publicó la traducción de este capítulo con dos capítulos más sobre don
Gonzalo Mazatzin y la probanza de su nieto don Joaquín en un libro llamado La con-
quista indígena de Mesoamérica. El caso de don Gonzalo Mazatzin Moctezuma (Michel
R. Oudijk y Mathew [sic] Restall, México, Secretaría de Cultura del estado de Puebla/
Universidad de las Américas Puebla/ Instituto Nacional de Antropología e Historia, Pue-
bla). El proceso de publicación de este último libro fue bastante irregular y errático, razón
por la cual contiene múltiples errores. Debido a lo anterior y al hecho de que el libro está
agotado, hemos decidido publicarlo de nuevo pero ahora con correcciones y cambios, así
como un nuevo capítulo sobre la Lista de tributos de Tepexi de la Seda.
6 michel r. oudijk y matthew restall

político y social vigente y el estudio histórico representa la visión de los


que han vencido. Muy pocas veces conocemos las voces de los vencidos,
aunque hoy día en el mundo pluriforme del siglo xxi tenemos mucho más
acceso a éstas.
Contrario a lo que se podría pensar, la visión de los vencidos no es una
historia de pena, y tampoco la de gente que no puede manejar los proce-
sos históricos en los que están involucrados. La historia de los vencidos
es la de los que no tienen voz porque no están arriba en la escala políti-
co-económica de su sociedad, o representa una voz que la sociedad no
quiere escuchar por razones diversas. Es la voz, entonces, de las mujeres
en países islámicos, la de los disidentes políticos en países como China
o Cuba, o la de los indígenas en América Latina. Desde la Conquista
de Mesoamérica, que en nuestro tiempo corresponde a los territorios de
México, Belice, Guatemala y El Salvador, los indígenas han padecido
discriminación y la privación de sus derechos que los han conducido a su
muy lamentable situación actual. En México, los indígenas han sido con-
siderados parte de las masas, que solamente tienen utilidad cuando los
dirigentes acuden a éstas. Los indígenas participaron en la Conquista “es-
pañola”, pero nunca tomaron decisiones. Corrieron detrás de los Miguel
Hidalgo, los Pancho Villa o los Emiliano Zapata, pero sin tomar nunca las
riendas, o llevar adelante los grandes e importantes procesos históricos.
La explicación de esa colaboración invisible es una: ningún político ni
gobierno necesita o ha necesitado una legitimación basada en el papel
histórico indígena.
Ahora bien, la invisibilidad de los pueblos indígenas en la historia me-
soamericana evidentemente no elimina su importancia y participación.
En un libro publicado por uno de los autores de esta obra (Matthew y
Oudijk, 2007), se demuestra que la Conquista “española” fue un proceso
muy complejo en el que los indígenas representaron un papel igual, o
más importante, que el de los conquistadores. En las páginas siguientes
ha quedado registrado un testimonio más que ratifica lo anterior. Estamos
de acuerdo, y sabemos, que con la llegada de los españoles a la costa de
lo que hoy es México se marcó el inicio de la Conquista y finalizó al ins-
talarse el sistema colonial. Pero ese proceso no era ajeno a Mesoamérica,
introducción 7

sino que fue una continuación de muchos otros procesos indígenas que
ya existían y que simplemente continuaron después de 1519, aunque en
algunos casos con un ritmo acelerado.
El documento que editamos y presentamos ahora representa una visión
distinta de la Conquista, y nos hace dudar fuertemente de la “historia”
tal y como se ha escrito hasta ahora.1 La presencia de los españoles casi
se reduce a algo anecdótico y el papel de los indígenas es el que rige. Se
trata de una versión de lo que sucedió, pero que no hemos escuchado y
que merece ser oída. Representa las voces de lo que llamamos los ven-
cidos, pero el término es inapropiado, ya que fueron los conquistadores
indígenas quienes se convirtieron en vencedores. Son los protagonistas
de una gran historia; toman decisiones y persiguen mejorar su situación.
Con el mismo orgullo y las mismas frustraciones que sus compañeros,
los conquistadores españoles, estos indígenas nos cuentan su “historia”.
Una historia que ya no podemos ignorar. Una historia que es parte de la
historia mesoamericana.

Este libro sirve como estudio introductorio a un documento de archivo


(AGI, Patronato 245, R. 10, Exp. 1) que se puede consultar en la página
web del Instituto de Investigaciones Filológicas

<http://www.iifilologicas.unam.mx/index.php?page=ebooks#.UYlX4ytvw-Q>

1
Se trata de una probanza que gestionó Don Joaquín de san Francisco. Para la trans-
cripción paleográfica de este documento se han seguido algunas reglas que pueden ser
consultadas al final de las páginas de este libro.
LA CONQUISTA INDÍGENA DE
MESOAMÉRICA
Michel R. Oudijk
Universidad Nacional Autónoma de México

Matthew Restall
Pennsylvania State University

[…] y en esto que escribe es por sublimar a Cortés y abat-


ir a nosotros los que con él pasamos, y sepan que hemos
tenido por cierto los conquistadores verdaderos que esto
vemos escrito […] porque en todas las batallas o reen-
cuentros éramos los que sosteníamos a Cortés, y ahora
nos aniquila en lo que dice este cronista
(Díaz del Castillo, 1955: 265-266).

En la séptima pintura de la serie Kislak sobre la Conquista de México,


pintada alrededor de 1680, la caída de Tenochtitlan está representada
como una batalla épica entre las tropas españolas y los defensores mexi-
cas. Intitulada “Conquista de México por Cortés”, la imagen promue-
ve el papel de los líderes españoles y sus principales capitanes —tres
de los cuales son mencionados en la leyenda del cuadro—, enfatiza la
habilidad militar de los conquistadores, ignora completamente la pre-
sencia de los soldados negros y margina el papel de los tlaxcaltecas y
otros grupos indígenas aliados de los invasores. No omite del todo a
los tlaxcaltecas, pero los presenta en la retaguardia, llegando detrás de los
españoles cuando las batallas ya han terminado y Pedro de Alvarado
“ha alzado ya la bandera de Su Majestad” encima de la “pirámide de
Guichilobos”.1
Las pinturas de Kislak nos remiten de inmediato a las interpretaciones
y al énfasis de la historia de la conquista de México —publicada por
1
Las pinturas anónimas —conocidas anteriormente como la serie Strickland— fue-
ron compradas por la Fundación Jay I. Kislak en 1999. Para apreciar una buena repro-
ducción de estas pinturas, véase Vargaslugo et al. (2005: 42-61). La segunda pintura fue
reproducida y comentada brevemente en Restall (2003: 30-31).
10 michel r. oudijk y matthew restall

Antonio de Solís y Rivadeneira en 1684—, a tal grado que podríamos


pensar que estuvieron influenciadas por ésta. El relato de Solís está ba-
sado en narrativas más antiguas, y tanto este texto como las pinturas de
Kislak presentan una visión de la conquista de México y Perú fundada en
los escritos de los propios españoles, la cual se reforzó a través de la obra
de William Prescott durante el xix y a lo largo del siglo xx se perpetuó de
varias maneras.
¿Cómo fueron posibles tan asombrosas hazañas? Esta es la pregunta
clave de la que parte esta visión de la Conquista. Desde el siglo xvi hasta
nuestros días, éste ha sido el planteamiento que en repetidas ocasiones
les ha funcionado de maravilla a cronistas e historiadores como un gancho
irresistible para meter al lector en la historia y, al mismo tiempo, brindar
una elaborada explicación de la Conquista. Esta visión se fundamenta en
el centro de México ―pero también se refiere al resto de Mesoamérica―
en varios factores: el genio de Cortés; la superioridad de los recursos mi-
litares españoles; la intervención providencial de Dios; la decadencia
política y moral del imperio mexica en el momento de la invasión; la
debilidad estructural de ese imperio; la falta de unidad entre los pueblos
mesoamericanos; el impacto de las enfermedades epidémicas; las fallas
de Moctezuma y su supuesta creencia de que Cortés era Quetzalcóatl.
No nos debe sorprender que en el siglo xx la popularidad de las expli-
caciones religiosas (la conquista como milagro) disminuyó en favor de ra-
zonamientos más seculares (tecnologías militares relativas), y el énfasis en
los grandes hombres fue reemplazado por el de las estructuras y los patro-
nes. Por ejemplo, en su libro Seven Myths of the Spanish Conquest (Los
siete mitos de la conquista española), Restall (2003: 140-144) argumenta
que las conquistas españolas en América se pueden explicar sobre todo por
la combinación de tres factores simultáneos: enfermedades epidémicas,
micropatriotismo —o falta de unidad indígena— y armas de metal aunque
no necesariamente rifles y caballos.
La visión tradicional de la Conquista, basada en el enfoque de los propios
conquistadores españoles, no está tan atrincherada como antes. Por un lado,
el libro de Restall nos presenta esos mitos —en el sentido de ideas falsas y
opiniones erróneas que son creídas totalmente— que están tan ­enraizados
la conquista indígena de mesoamérica 11

que persisten de una u otra forma hasta hoy; y por el otro lado, la propia
existencia de ese texto muestra que hay un número creciente de voces re-
visionistas y presentaciones de pruebas que desacreditan dichos mitos. Es
más, el aspecto más conocido y aceptado sobre la visión revisionista de la
Conquista es la existencia de los aliados indígenas.2 Ejemplo irrefutable de
ello es el hecho de que Tlaxcala proporcionó grandes cantidades de gue-
rreros a los españoles para ayudarlos a sitiar y destruir Tenoch­titlan. Esto
ya no es una observación revisionista, ya que ningún historiador moder-
no argumentaría que la marginalización de los tlaxcaltecas en las pinturas
de Kislak refleja de manera exacta su papel en la destrucción del imperio
mexica. Sin embargo, lo que es mucho menos conocido es el origen del
apoyo indígena y el grado de influencia que éste tuvo sobre la actividad
militar española en Mesoamérica de 1519 a finales del siglo xvi.
En este capítulo, se tratará el papel de los indígenas durante la Con-
quista mediante cuatro categorías, que van de lo más conocido a suge-
rencias novedosas sobre patrones y posibilidades de conquista. Las cate-
gorías son las siguientes:
1. El número de auxiliares indígenas.
2. La ubicación de los aliados nativos más allá de los ejemplos conoci-
dos de la guerra entre españoles y mexicas de 1519 a 1521.
3. El papel crucial de los auxiliares no-combativos (guías, espías, in-
térpretes, cocineras, tamemes, etcétera).
4. La posibilidad de que la Conquista española haya imitado patrones
indígenas de conquista y comercio, hasta el grado de haberse ba-
sado en las conquistas que formaron al imperio mexica. Nuestros
datos provienen de una combinación de fuentes secundarias y docu-
mentos de archivos (principalmente de peticiones de conquistado-
res mesoamericanos mandadas a España durante el siglo xvi).

2
Parcialmente, ésta es la razón por la cual el tema de los aliados nativos está presente
en Restall (2003: 44-63). En el contexto más amplio, respecto a la asistencia que los
españoles recibieron de guerreros indígenas y africanos, véase también Restall, 2000.
12 michel r. oudijk y matthew restall

Una gran cantidad de indios amigos

[…] e vio que al tiempo que vinieron a ayudar a la


conquista della mucha cantidad de yndios amigos
naturales de taxcala e mexicanos y naturales de chu-
lula e çapotecas e mistecas e yopes e de guacachula
todos amygos de los españoles los quales despues de
venidos a esta tierra bio este testigo que en serviçio
de dios nuestro señor y de su mag[estad] se hallaron
en todas las vatallas e rrecuentros […] y servieron
muy bien con sus personas e armas padesçiendo mu-
cho cansançio e hanbres e nesçeçidades y muchas
heridas muchos años hasta que se conquisto e paçifi-
co la tierra y se puso so el dominio de su mag[estad]
[…] (AGI-J 291,1:239r).

Al llamar a la guerra entre españoles y mexicas Conquista española —sea


con aliados indígenas o con asistencia indígena— se corre el riesgo de
otorgarles a los aliados nativos un papel secundario en esta lucha, en lugar
del de protagonistas. Es difícil evitar el uso de estos términos y, por otro
lado, tampoco debemos olvidar que los españoles fueron los iniciadores y
últimos beneficiarios de esta guerra. Sin embargo, si sólo tomáramos en
cuenta el balance demográfico entre las fuerzas aliadas —el gran número
de guerreros indígenas luchando entre 1519 y 1521 contra los mexicas, y
después contra otros altepetl y señoríos—, veríamos más claramente cómo
se eliminó la subordinación nominal de las fuerzas indígenas al liderazgo
español, pues los españoles dependían por completo de los guerreros indí-
genas, que conformaban la mayoría de sus tropas.
Aún antes de empezar la guerra entre españoles y mexicas, cuando los
invasores todavía estaban en la región de Cempoala, Cortés y sus hombres
fueron superados en número —cinco a uno— por una fuerza indígena alia-
da de dos mil soldados. Desde entonces, esa proporción se hizo cada vez
mayor, pues conforme pasaba la caravana española-indígena —es decir,
los aliados— por los pueblos, los gobernantes sumaban soldados locales
para participar con las tropas aliadas. Sin duda, el cálculo numérico es bas-
tante impreciso, ya que son pocas las fuentes históricas indígenas que pro-
la conquista indígena de mesoamérica 13

porcionan cantidades precisas, y las españolas, por lo general, simplemente


prescinden de los aliados nativos. Por ejemplo, Pedro de Alvarado, en su
primera carta dirigida a Cortés, escrita durante su estancia en Guatemala,
no menciona ni a los mexicas ni a los tlaxcaltecas ni a otros grupos nati-
vos que le acompañaban. Sin embargo, gracias a otras fuentes sabemos
que estuvo rodeado de indígenas aliados, además de que el mismo Alva-
rado declara en su segunda carta a Cortés, que sus tropas consistían en
250 españoles “y cerca de cinco o seis mil indios amigos” (Alvarado,
1924: 80).3
El cálculo de la proporción de indígenas en las tropas aliadas se compli-
ca aún más debido a que las referencias a los ejércitos siempre se relatan
en términos de capitanes. Por ejemplo, Cempoala dio cuarenta capi­tanes,
mientras Xalacingo dio veinte. Información de la expedición de Alvara-
do en Guatemala sugiere que esos mismos capitanes encabezaron unida-
des —llamadas cuadrillas por los españoles— conformadas por hombres
de la comunidad o el barrio de origen de cada capitán.4 Dichas cuadrillas
incluían 200 o 400 soldados (Hassig, 1988: 56), lo que significa que el
cálculo del número total puede estar equivocado hasta en un 50 por cien-
to. No obstante, considerando la cantidad más baja —200 por cuadri-
lla—, la contribución de Cempoala a los aliados podría estimarse en un
impresionante ejército de ocho mil hombres, que más tarde, cuando se
estableció la Nueva Alianza, se reduciría significantemente al lado de la
contribución de soldados de Tlaxcala.
Según Bernal Díaz del Castillo, Xicoténcatl, el gobernante principal
de Tlaxcala, insistió en que diez mil soldados acompañaran a los es-
pañoles a Cholula. Posteriormente, durante el sitio de Tenochtitlan, el

3
Otro ejemplo que prueba la existencia de estos aliados, además del reporte de Alva-
rado, son los documentos procedentes de la petición de 1564, citada anteriormente, en
la que descendientes de los conquistadores indígenas reclaman su derecho a tierras y el
privilegio de no pagar tributo (véase AGI-J 291, Exp. 1).
4
AGI-J 291,1:96v: “…al tiempo que el d[ic]ho don pedro de alvarado passo con los
d[ic]hos españoles e yndios capitanes de suso declarados vido que trayan consigo mu-
chos yndios de sus tierras que dezian que heran sus deudos e maçeguales y quel t[iem]
po que este testigo anduvo en la guerra vido que los d[ic]hos capitanes hizieron sus
cuadrillas cada uno por su orden”.
14 michel r. oudijk y matthew restall

número de españoles había aumentado a 500 hombres, mientras que el


de los aliados indígenas sumaba por lo menos 24 mil, cifra que podría
ser mayor, pues existen referencias que señalan que los soldados nativos
que participaron en la expedición a Ixtapalapa sumaban 40 mil (Díaz del
Castillo, 1955: capítulos 81 y 159; Cortés, tercera carta).5
Después de 1521 es menos probable que los ejércitos de indios amigos
superaran decenas de miles debido a la enorme cantidad de muertos du-
rante la guerra entre aliados y mexicas, así como por la aparición de las
epidemias que comenzaron en la segunda década del siglo xvi. No obstan-
te, aún era normal que los españoles emprendieran sus expediciones hacia
cualquier parte de Mesoamérica acompañados de miles de nahuas del cen-
tro de México u otros guerreros indígenas. En la próxima sección veremos
que éste fue un hecho constante durante gran parte del siglo xvi.

En cada una de estas provincias y ciudades


e despues de conquistada e ganada esta tierra los
d[ic]hos yndios conquistadores de la nueva españa
muchos dellos se quedaron poblados en la çiudad
bieja de almolonga ques çerca de guatimala donde
agora estan y biven ellos e sus hijos y desçendientes
y asimismo este testigo sabe e bio que muchos espa-
ñoles capitanes salieron desta çiudad de guatimala
con mucha gente a conquistar e poblar las provinçias
de cuzcatlan que agora se llama entre españoles san
salvador e la provinçia de honduras e la provinçia
de la verapaz e la de chiapa con los quales d[ic]hos
capitanes este testigo vio que ffueron muchos yndios

Recientemente Christian Duverger (2013) publicó una teoría importante sobre la


5

autoría de la Historia verdadera de la conquista de México que puede tener graves


consecuencias para la valoración histórica de la obra. Según el autor, la Historia verda-
dera... no fue escrita por Bernal Díaz del Castillo, sino por Hernán Cortés. Esta obser-
vación muy revolucionaria debe ser analizada con profundidad para ver si tiene razón
o no. Nosotros no hemos podido hacer tal análisis todavía, pero al revisar en este libro
las referencias de la Historia verdadera... no consideramos necesario cambiar nuestras
opiniones en el caso de que hubiera sido escrita por Cortés.
la conquista indígena de mesoamérica 15

de los d[ic]hos conquistadores mexicanos y taxcal-


tecas e çapotecas e chulutecas e mistecas e otras
naçiones […] (AGI-J 291,1:47r-v).

Las elevadas cifras citadas en las fuentes sobre la guerra entre aliados y
mexicas, de 1519 a 1521, también aparecen con regularidad en muchas de
las peticiones y reclamaciones enviadas a la Audiencia Real y al emperador
durante el siglo xvi. Dichos documentos corresponden al periodo antes se-
ñalado, pero continuaron enviándose a lo largo de los años que duraron las
guerras de conquista posteriores a la caída de Tenoch­titlan. Todos los espa-
ñoles que participaron en el proceso de exploración, descubrimiento, con-
quista y colonización de América tenían la obligación de entregar a los ofi-
ciales reales reportes que iban dirigidos al rey. Estos reportes que contaban
en detalle lo que los españoles hacían y encontraban —escritos en forma
de cartas, relaciones u otras variantes— eran llamados probanza de mérito.
La entrega de estos reportes significaba para los españoles que habían par-
ticipado en una conquista, así como la posibilidad de conseguir compen-
saciones como títulos oficiales, privilegios y otros beneficios. Así pues, al
principio, las probanzas provenían de soldados españoles que pedían se les
otorgaran pensiones, encomiendas y oficios en la administración colonial,
pero al cabo de un tiempo los conquistadores negros también comenzaron
a exigir las mismas compensaciones que incluían la exención de tributo y
el derecho a un lote de casa dentro de la traza de una ciudad colonial.6
De igual forma, la élite indígena y comunidades enteras (representadas
por el cabildo), también entregaron sus peticiones, cuyo estilo era un hí-
brido entre una probanza española y una petición mesoamericana (Restall,
1997; Pérez-Rocha y Tena, 2000). Particularmente, durante la segunda
mitad del siglo xvi, varios grupos indígenas mandaron cartas reclamando
derechos y privilegios basados en su participación en la Conquista. Una
constante en esas peticiones es que se hacía referencia al número de perso-
nas que habían estado involucradas en las expediciones militares (Restall,

6
Para el tema sobre el género de las probanzas y su papel en el desarrollo de los
mitos de conquista, véase Restall (2003: 11-18, 37). Existen ejemplos de probanzas de
conquistadores negros en AGI-M 204 y 2999, 2 (véase también Restall, 2003: 54-63).
16 michel r. oudijk y matthew restall

1998; Wood, 2003; Sousa y Terraciano, 2003). Aunque estas cantidades se


hubieran manipulado a conveniencia para obtener mayores beneficios, si
las comparamos con las que aparecen en las fuentes españolas podemos
darnos una buena idea de cuántas tropas nativas participaron realmente en
ciertas campañas. Por ejemplo, en un documento de Xochimilco se afirma
que 12 mil xochimilcas participaron en el sitio de Tenochtitlan y que 2,500
acompañaron a Pedro de Alvarado a Guatemala y Honduras. En una carta
de 1547, se dice que mil soldados de comunidades de Tlaxcala fueron a la
misma campaña a Guatemala, y en otra carta de 1567, se menciona que
20 mil tlaxcaltecas de ese altepetl participaron en las conquistas en toda
Mesoamérica. Don Juan Cortés, el gobernante indígena de Tehuantepec,
supuestamente mandó dos mil guerreros con Pedro de Alvarado para la
conquista de Chiapas y Guate­mala, mientras que Pedro González Nájera,
residente español en Guatemala y conquistador de la región, dice que siete
mil aliados indígenas participaron en las conquistas. Finalmente, en 1527
Jorge de Alvarado llevó entre cinco y seis mil auxiliares nativos a Guate-
mala.7
Al igual que los invasores españoles, los conquistadores mesoamerica-
nos se refieren a los sufrimientos de la guerra y las bajas de esas expe-
diciones con datos que confirman que muchas veces las victorias se ob-
tuvieron gracias a los indígenas. En una expedición a San Salvador, que
duró aproximadamente cien días, salieron 300 soldados indígenas y sólo
regresaron 140. Otros testimonios de estos viajes al sur de Meso­américa
no especifican el número de muertos, pero todos dicen que fueron mu-
chos. También se sabe que en algunos casos los sobrevivientes de estas
expediciones terminaron por establecerse como colonos; por ejemplo, en
una carta al rey, las autoridades de Xochimilco reclaman que más de 1,100
guerreros salieron rumbo a Pánuco, Guatemala, Honduras y Jalisco, y que
ninguno regresó.8

AGI-P 245; AGI-G 52:77r-78r; AGI-M 94,9; AGI-E 160b,1:285r. AGI-J 291,1:239r.
7

Sobre la expedición de Jorge de Alvarado a Guatemala, véase Asselbergs (2004).


8
AGI-J 291,1:88v; AGI-P 184,50 publicados en Pérez-Rocha y Tena (2000: 281-
286). Tal vez algunos de estos conquistadores no murieron, más bien no regresaron a
sus comunidades originales porque se establecieron en las regiones recién conquistadas.
la conquista indígena de mesoamérica 17

Hay evidencias de que la contribución indígena fue más allá de la co­


operación y la alianza. En 1584, don Joaquín de San Francisco, cacique
de Tepexi de la Seda —del cual se hablará en el segundo capítulo de este
libro— pidió que se le exentara del pago de los tributos por los méritos y
servicios que su abuelo, don Gonzalo Mazatzin Moctezuma, había otorga-
do al rey de España.9 En un testimonio asombroso, avalado por las decla-
raciones de al menos treinta testigos, don Joaquín reclamaba que cuando
Hernán Cortés estaba en Tlaxcala, su abuelo había mandado embajadores
con valiosos regalos para jurar lealtad al nuevo emperador. Una ceremonia
similar se repitió tiempo después —luego de la Noche Triste— cuando
Cortés y sus tropas ya habían conquistado Tepeaca, lugar del cual había
salido hacia Tepexi. En esa última ocasión, don Gonzalo recibió a Cortés,
y éste le obsequió una lanza y una espada, acordando que sería él quien
conquistaría la provincia de la Mixteca y Oaxaca y que por ello recibiría
el título de capitán en nombre del rey de España. Mientras Cortés volvía al
norte —camino a la reconquista y como castigo a Tenochtitlan por su re-
beldía en la noche triste—, don Gonzalo se fue al sur y, antes de que la ca-
pital mexica cayera, conquistó hasta 20 pueblos en la Mixteca Baja y Alta.
Es tentador descartar este documento como fraudulento en cuanto
a sus reclamaciones, o por lo menos en cuanto al momento en el que su-
puestamente tuvieron lugar las hazañas de los guerreros de Tepexi. Al fin
y al cabo, ésta no sería la única fuente colonial en la cual se inventa
o exagera el papel de los indígenas en la Conquista.10 Además, ni Cortés
ni Díaz del Castillo ni ningún otro cronista se refiere a la alianza con
Tepexi o las conquistas de Mazatzin. Sin embargo, se puede esgrimir un
fuerte argumento a favor de la veracidad de la versión de don Gonzalo.

9
Don Joaquín reclama que su abuelo, don Gonzalo, era nieto del gobernante mexica
Moctezuma Xocoyotzin, supuesto padre de doña María, madre de don Gonzalo. Sin em-
bargo, por razones históricas y cronológicas, es más probable que don Gonzalo fuera nieto
de Moctezuma Ilhuicamina (1440-1468), como se afirma en la Crónica mexicayotl (1992:
sección 200; Anderson y Schroeder, 1997: 132-133) y relatan varios testigos (AGI-P 245,
R. 10:4v, 12r, 14r, 17r, 19v). Jäcklein (1978) sí aceptó la pretensión de don Joaquín.
10
Véanse, por ejemplo, los relatos contrarios de los mixtecos y nahuas en el valle
de Oaxaca (Sousa y Terraciano, 2003) y el caso de la apropiación creativa, en el mapa de
Cuauhtlanzinco (Wood, 2003: 77-106).
18 michel r. oudijk y matthew restall

El “Lienzo de Tlaxcala” muestra la misma secuencia de eventos descritos


por don Joaquín y sus testigos: la Noche Triste; la llegada a Tlaxcala; las
conquistas de varios pueblos del sur de Puebla (incluyendo a Tepexi),11 y
la conquista de Tenochtitlan (Acuña, 1984: láms. 60-66). Además, la au-
sencia de don Gonzalo en las juntas españolas se podría explicar porque
los conquistadores tenían mucho que ganar al no mencionar la alianza con
Tepexi. En primer lugar, en sus cartas al rey, Cortés quiso demostrar que
él solo había dirigido la Conquista, a pesar de la oposición de fuerzas for-
midables. En segundo lugar —y esto quizá sea más importante—, cuando
don Gonzalo recibió a Cortés y sus hombres, para reafirmar su amistad y
lealtad, le regaló piedras preciosas y valiosos presentes de oro y plata, que
si hubieran sido mencionados, el rey habría reclamado su parte (el quinto
real). Existen muchas referencias a este tipo de obsequios; muchos de ellos
se mandaban a España, pero seguramente otro tanto se escondía para hacer
más provechosas las conquistas, sobre todo después de haber perdido en la
Noche Triste el gran botín de Tenoch­titlan.
Además de lo arriba mencionado, existen muchos testimonios de los
habitantes de los pueblos conquistados por don Gonzalo que dan cre-
dibilidad notable al documento de Tepexi. Seis de los veinte pueblos
que según don Joaquín habían sido conquistados por don Gonzalo eran
también tributarios de la Triple Alianza que sostuvo el imperio mexica
(Berdan et al., 1996; Berdan y Anawalt, 1997: 102-103). Esto significa
que todavía quedaban catorce pueblos que pudieron haber sido conquis-
tado por don Gonzalo, lo cual explicaría por sí mismo un dato curioso de
las conquistas: según varios testigos, algunos pueblos fueron sometidos
“por buenas palabras a lagunas”12 y a otros por guerra (AGI-P 245, R.
10, ff. 10r). Si algunos de estos pueblos ya habían sido conquistados por
la Triple Alianza a cuya cabeza estaba el emperador tenochca, es lógico
pensar que pudieran haber estado dispuestos a aceptar estas nuevas con-

Véase Oudijk (2002a: 95-131), para más información sobre el concepto de con-
11

quista en Mesoamérica.
12
La expresión “buenas palabras a lagunas” quiere decir “lagunas de buenas pala-
bras”, o sea, Don Gonzalo utilizó muchísimas palabras para convencer a los pueblos de
que era mejor rendirse.
la conquista indígena de mesoamérica 19

quistas. Finalmente, el 8 de julio de 1588, don Joaquín recibió la merced


que le exentó del pago de tributo (AGI-M, vol. 110) lo cual significaría
que el Consejo de Indias también aceptó sus argumentos.
Otro aspecto sobre la participación de aliados nativos durante la Con-
quista —que casi no ha sido revisado por los investigadores— es el he-
cho de que los españoles llevaron a guerreros indígenas en sus expe-
diciones militares fuera de Mesoamérica. Por lo general, una conquista
servía de plataforma para la siguiente, y sabemos que los españoles lle-
garon a Perú una década después de Mesoamérica, así que no nos debe
sorprender que guerreros mesoamericanos hayan luchado en los Andes.
Estos soldados no participaron en la invasión de Pizarro y Almagro, ya
que esa expedición salió de Panamá (con hombres y mujeres de Nicara-
gua), pero en 1534 Pedro de Alvarado llevó nahuas y mayas, y más gente
de Nicaragua, al norte de los Andes.
Según Pedro Cieza de León (1986: 219), muchos de esos guerreros
y sirvientes indígenas “murieron del mar o de los grandes apuros que
sufrieron en la tierra”. No hay duda de que algunos de ellos pelearon
contra los andinos, ya que el cronista-conquistador afirma que el mismo
Alvarado le reportó: “que los indios que trajeron de Guatemala comieron
infinidad de gente de los naturales de estos pueblos [...], y después fueron
los más de ellos helados de frío y muertos de hambre” (ibid., 224). Cieza
de León sugiere que algunos indígenas mayas sufrieron muertes ignomi-
niosas ya que los andinos locales eran sodomitas y los indígenas guate-
maltecos eran caníbales, “pecados tan enormes que merecieron pasar lo
que pasaron, pues lo permitió Dios” (ibid.).
Los mayas llevados por Alvarado a los Andes seguramente no fueron
los únicos mesoamericanos que murieron en los barcos españoles en su
travesía por el Pacífico. En la petición de una pensión que hacía un vete-
rano español de las conquistas de las Filipinas en 1624, se afirma que en
una expedición efectuada en 1603 contra chinos sanguinarios (es decir,
nativos de las Filipinas), las tropas aliadas incluyeron algunos japoneses
e indios [(AGI-M, vol. 274, 1:f. 10r (1624)]; que la ciudad había recibi-
do muchos agravios de la gente de guerra que fueron mandados a las
Filipinas y a La Habana, así como de quienes habían participado en la
20 michel r. oudijk y matthew restall

defensa de la Nueva España (AGI-M 274, s/n: f. 1r (1630)). Cabe seña-


lar que el problema del cabildo se refería a la conducta de los oficiales
españoles y a los abusos sufridos por los soldados tlaxcaltecas, pero no
mencionaba el reclutamiento de hombres de la región para el servicio
real en lugares tan lejanos como las Filipinas.
Un siglo después de la guerra entre aliados y mexicas, el hecho de que
soldados mesoamericanos combatieran al servicio de su majestad era un
acto aceptado que formaba parte de la vida cotidiana. Recientemente, los
historiadores se han dado cuenta de que también los soldados negros y
mulatos libres estuvieron de modo omnipresente en las invasiones alia-
das y en las redes de defensa de la Colonia. Ahora bien, no debemos
olvidar que los indígenas mesoamericanos también tenían un papel sig-
nificativo tanto geográfica como cronológicamente.13

Trepidación en sus corazones y bolsas en sus espaldas


Mexicalcinco, que después se llamó Cristóbal, des-
cubrió a Cortés la conjuración y trato de Cuahuti-
moccín, mostrándole un papel con las figuras y
nombres de los señores que le urdían la muerte.
Cortés elogió mucho a Mexicalcinco, le prometió
grandes mercedes (López de Gómara, 1987:370).14
Çelutapech fue matado por los hombres Cehach
[…] Por esta razón los hombres castellanos conti-
nuaron con trepidación en sus corazones, pero cuan-
do mataron a cinco o seis de los soldados [Cehach]
al llegar a Cehach, fueron los hombres Cehach los
que limpiaron el camino hasta Tayasal [Ta Ytza].15

Para más detalles y ejemplos de mesoamericanos y otros soldados nativos al ser-


13

vicio de las tropas españolas durante la Colonia —sobre todo en México después del
1550—, véanse las secciones “The Role of Native Militias” y “Native Militiamen on the
Frontier: Sonora in the 1790s”, en Vinson III y Restall (2005).
14
Para una comparación de varias fuentes sobre esta supuesta conspiración, véase
Restall (2003: 147-156).
15
El texto original está escrito en chontal maya: Título de Acalán-Tixchel:73r, el cual
fue traducido por Restall y puede consultarse en Restall (1998: 64): Çelutapech was ki-
lled by the Cehach men […] For this reason, the Castilian men went on with trepidation
la conquista indígena de mesoamérica 21

Del lado europeo del Atlántico, españoles y otros soldados del continente
conformaban ejércitos cada vez más complejos, grandes y, a veces, bien or-
ganizados, que dependían de redes de apoyo y abastecimiento. No obstan-
te, este hecho —que los historiadores han llamado la revolución militar—
no tuvo mucha relevancia para las conquistas españolas mesoamericanas
del siglo xvi, aunque sí contribuyó a la mistificación de la Conquista. Los
soldados invasores españoles en Mesoamérica no pertenecían a un ejército
estructurado formalmente, más bien eran miembros armados de compañías
de exploración, conquista y colonización (en caso de éxito),16 que espera-
ban que las actividades militares cedieran lo más rápido posible para poder
establecerse y así permitir la llegada de mercaderes españoles con sus su-
ministros, esclavos, correspondencia e incluso familiares. Mientras tanto,
los colonizadores españoles dependieron totalmente de las redes indígenas
de apoyo y abastecimiento. Los guerreros no eran los únicos indígenas que
aportaron a las fuerzas armadas invasores, sino había también cargadores,
cocineros, guías, espías e intérpretes locales, quienes a menudo desempe-
ñaron papeles tan cruciales como los de los aliados indígenas armados.
Los cargadores o tamemes también jugaron un papel relevante e indis-
cutible en el éxito de las empresas militares en Mesoamérica. Después
de todo, las bestias de carga eran desconocidas en la región y durante los
primeros años los españoles trajeron consigo relativamente pocos caba-
llos, por lo que si no hubiera habido tamemes, los españoles habrían teni-
do que cargar todo ellos mismos. Después de que el señor de Cempoala
otorgó 400 hombres a los españoles, Díaz del Castillo suspiró con alivio:
“[…] desde que vimos tanto indio de carga nos holgamos, porque antes
siempre traíamos a cuestas nuestras mochilas […]” (Díaz del Castillo,
1955: cap. 45). El mismo autor indica que a partir de ese momento siem-
pre los pedían, aunque tal cosa no era necesaria, ya que cada gobernante
tenía por costumbre e incluso por obligación proveer al señor aliado de

in their hearts, but as they killed five or six of the [Cehach] soldiers upon arriving in
Cehach, it was Cehach men who cleared the way through to Tayasal [Ta Ytza].
16
Sobre la revolución militar, véase Parker (1996) , y sobre su relevancia en la Con-
quista de Mesoamérica y las percepciones equivocadas relacionadas, véase Restall
(2003: 28-33, 143).
22 michel r. oudijk y matthew restall

cargadores. Las fuentes sobre las expediciones en toda Mesoamérica dan


cuenta de muchas referencias a tamemes dados a los conquistadores. Se
dice que hasta un conquistador español de bajo rango, quien no pudo
permitirse un caballo, tenía por lo menos dos cargadores indígenas.
De hecho, una de las quejas más frecuentes de los conquistadores ami-
gos durante la segunda mitad del siglo xvi fue precisamente la de que sus
comunidades habían dado a los españoles un gran número de tamemes
para que cargaran sus provisiones, armas y comida, y que no habían re-
cibido por ello un reconocimiento o una recompensa adecuada. La mis-
ma queja aparece dibujada en los lienzos de Analco y Quauhquechollan
(Asselbergs, 2004). Obviamente, no sólo los indígenas oficialmente de-
signados como tamemes fueron quienes sirvieron como cargadores, sino
que en varias ocasiones los propios conquistadores indígenas se vieron
en la necesidad de cargar a españoles heridos para trasladarlos del cam-
po de batalla a un lugar seguro y, a veces los guerreros tenían que lle-
var a cuestas a los enfermos y a los heridos durante la marcha (AGI-J
291,1:63r, 89r, 94r, 113v-114r, 124r).
La importancia de los indígenas en el suministro de comida también
fue primordial, aunque muchas veces se ignora o subestima este aspecto.
Desde el primer momento de la invasión española en Mesoamérica, cada
vez que los españoles desembarcaban tenían que buscar y juntar comida.
El problema durante esa primera fase de la invasión era que muchos de
los pueblos ubicados en la costa estaban abandonados o sus habitantes
eran abiertamente hostiles. En la isla de Cozumel, Pedro de Alvarado
simplemente tomó comida de un pueblo abandonado, lo que supuesta-
mente le valió una reprimenda de Cortés, pero poco tiempo después esta-
bleció un acuerdo con los señores locales para que éstos proveyeran a sus
hombres de los recursos necesarios.
Bernal Díaz del Castillo (1955: caps. 44, 45, 51, 68 y otros) menciona
constantemente que hubieron momentos en los que no tenían comida, así
como ocasiones en las que los gobernantes locales les dieron de comer.
Desde el momento en que los españoles llegaron a Cempoala, lugar donde
los señores los invitaron a quedarse y desde el cual comenzaron su marcha
hacia Tenochtitlan, la comida siempre fue proveída por los indios amigos.
la conquista indígena de mesoamérica 23

Referencias a este servicio fundamental se encuentran también con fre-


cuencia en los documentos que tratan las relaciones entre españoles e in-
dígenas.17
El título primordial de Calkiní, una de las fuentes más importantes
sobre los mayas de Yucatán, contiene una detallada descripción de una
presentación ritual de grandes cantidades de comida ofrecida por los se-
ñores de dicho lugar a una fuerza invasora conjunta de españoles y na-
huas. El evento se convirtió en un episodio importante de la historia lo-
cal y, probablemente, también dejó huella en los invasores hambrientos,
pues el relato describe cómo los nahuas corrieron a tomar los “huajolo-
tes, maíz y miel… agarrarlo todo”, mientras su capitán los amonestaba
por no actuar más ordenados.18
En casos como éste, obsequiarles comida a los españoles no represen-
taba mayor esfuerzo, lo que sí se convirtió en un gran problema fue pro-
veer de alimento a los conquistadores una vez que éstos salían de su te-
rritorio. La situación empeoró debido a las tácticas de la parte opositora,
que escondía comida y otros recursos antes de ocultarse en las montañas,
dejando tras ellos pueblos vacíos y tierras baldías (AGI-J 291,1:149r).
En Guatemala, por ejemplo, auxiliares indígenas del centro de México
y Oaxaca “padesçieron muchos trabajos de hambre” (AGI-J 291,1:93v y
siguientes), y durante la expedición a Honduras, liderada por Cortés en-
tre 1525 y 1526, la presión sobre los recursos del reino chontal de Aca-
lán-Tixchel fue tan grande, que a mitad de la estancia españoles y mayas
tuvieron que salir durante varios días para saquear pueblos vecinos en
busca de comida y esclavos. De estos últimos, algunos se incorporaron
al cuerpo de tamemes de las expediciones (Restall, 2003: 149; Díaz del
Castillo, 1955: caps. 175-176).
Otro aspecto importante sobre la participación indígena en la Conquis-
ta es el papel de los guías, espías y mensajeros nativos, de quienes los
españoles dependían casi por completo cuando entraban en un ­territorio

17
Véase AGI-G 52:77r-78r (1547); AGI-P 2,2; AGI-J 291,1:69v, 97r, 171r-v, 174r;
AGI-E 160b:186-189; Muñoz Camargo, 1986: Libro II, cap. IV: 194-209.
18
El título, que forma parte del Chilam Balam de Calkiní, y su traducción fueron
publicados en Restall (1998: 86-103) y Okoshi Harada (2009).
24 michel r. oudijk y matthew restall

que no había sido explorado o que era poco conocido. Durante el tra-
yecto a Tenochtitlan, en varias ocasiones, los guías indígenas advirtie-
ron a los invasores sobre los grandes ejércitos que les esperaban en el
camino. Durante las expediciones posteriores a Guatemala y Honduras,
esos guías “yvan siempre delante descubriendo tierra e sino fuera por
hellos pereçieran muchas vezes porque los yndios henemygos les then-
yan puestas çeladas y muchos hoyos hechos donde el que caya no podia
escapar lo qual descubrian los dichos yndios” (AGI-J 291,1:98r).19
Los guías solían además adelantarse en el camino para limpiarlo y
abrirle paso a la expedición. Así fue particularmente en el sur de Mesoa-
mérica. Varias fuentes mencionan en repetidas ocasiones que los aliados
indígenas tenían que abrir el camino no sólo porque el terreno era rudo,
sino porque después de 1521 las expediciones de aliados frecuentemente
eran muy grandes: cientos de españoles y africanos, así como miles de
guerreros y cargadores nativos. Guiar y abrir caminos era un trabajo ries-
goso, pues los mesoamericanos aliados que eran capturados por los nati-
vos opositores eran ejecutados o sacrificados ritualmente, como los con-
quistadores indígenas dejan claro en sus testimonios (AGI-J 291,1:39v,
76r, 82v, 106v y muchos más).
Por ejemplo, cuando la expedición encabezada por Cortés pasó por
el norte de Guatemala en 1525, los aliados necesitaron de gente local
para atravesar un territorio desconocido y hostil. Para pasar de Acalán-
Tixchel al siguiente reino maya grande, el de los Itza, la expedición tenía
que cruzar ríos y selvas, así como el reino más pequeño de los mayas,
Cehach. Para lograrlo, obligaron a una gran cantidad de mayas chontales
a construir un puente que los comunicara con esta población. Uno de los
capitanes mayas responsables de la operación, Çelutapech, fue muerto
por guerreros cehach en un ataque que desconcertó a los españoles. No
obstante, una vez que los mayas cehach fueron conquistados, los aliados
consiguieron forzarlos a abrir y limpiar el camino a la capital Itza (véase
la cita al inicio de esta sección). El motivo de los cehach para a­ presurar

El lienzo de Quauhquechollan contiene representaciones de una variante de estos


19

hoyos. Véase Asselbergs (2010).


la conquista indígena de mesoamérica 25

la expedición en su territorio es obvio (Restall, 1998: 64; Título de Aca-


lán-Tixchel, ff. 72v-73r [Scholes y Roys, 1968]).
Los textos originales de la Conquista mencionan con frecuencia a los
mensajeros, quienes —según Díaz del Castillo (1955: cap. 62)—, tam-
bién temían perder la vida durante su labor en las expediciones aliadas.
Moctezuma Xocoyotzin estableció un sistema de mensajeros en toda la
región bajo su control y posiblemente más allá. De hecho, cuando los es-
pañoles pisaron tierra, los mensajeros se encargaron de avisarle al gober-
nante mexica. Este sistema, que estaba muy bien organizado, fue adopta-
do rápidamente por los españoles para poder comunicarse con los grupos
enemigos, conquistadores y aliados, lo cual se convirtió en un excelente
flujo de información que fue crucial para el éxito de la Conquista. En sus
relatos, los conquistadores mencionan a menudo que se mandaban men-
sajes continuamente entre ellos, aunque no especifican cómo funcionaba
este sistema. Por Gonzalo de Carvajal sabemos que el sistema de mensa-
jeros indígenas abarcó casi toda Mesoamérica y pone como ejemplo que
los mensajeros de la ciudad de México llegaban cada mes a la provincia
de Yucatán (AGI-J 291,1:17r).
En los relatos de la Conquista, el último grupo de mesoamericanos no
combatientes —que apoyó de manera crucial a los españoles— se nom-
bra mucho más que el de los cargadores y espías (hasta Díaz del Castillo
hace referencia a ellos), pero de manera algo tergiversada. Nos referi-
mos a los intérpretes, simbolizados por doña Marina o la Malinche, cuya
historia e historiografía es larga y compleja y que se convirtió en una
leyenda que revela más sobre la historia mexicana —especialmente la
poscolonial—, que sobre el papel de los intérpretes durante la Conquista.
El punto esencial aquí es que durante la segunda mitad del siglo xvi y
las primeras décadas del xvii, hubo muchos intérpretes indígenas cuya
mayoría parece haber aceptado su misión con bastante desgana. Poste-
riormente, apareció una generación de élites mesoamericanas bilingües
y biculturales, cuyos integrantes fungieron como intérpretes formales e
inter­mediarios culturales —como es el caso del famoso Gaspar Antonio
Chi—. No obstante, en el periodo intermedio “para individuos obligados
al servicio, los requerimientos para la sobrevivencia eran flexibilidad,
26 michel r. oudijk y matthew restall

juventud, un intelecto agudo y mucha buena suerte” (Karttunen, 2000:


215).20 Al igual que el espionaje y la mensajería, la interpretación tam-
bién era un trabajo arriesgado.
Algunas de las fuentes citadas anteriormente incluyen descripciones
de españoles que sufrieron apuros y percances durante los trayectos re-
corridos. Sin embargo, tomando en cuenta las fuentes en conjunto, queda
claro que a lo largo de la Conquista fueron principalmente los mesoame-
ricanos —forzados u obligados de una u otra manera— quienes cargaron
maletas, abrieron caminos, llevaron mensajes y suministraron comida.

Expansión precedida
Las ciudades fueron a menudo atacadas secuencial-
mente, y con los recursos, la información y, a veces,
hasta con los soldados de la última ciudad conquista-
da, conquistaron la siguiente… La expansión azteca,
de la que no hay otro precedente, llevó a los aztecas
a regiones donde no tenían enemigos tradicionales y
donde a veces podían explotar los antagonismos lo-
cales de un adversario contra otro, al ponerse oportu-
namente al lado de uno de ellos. Los aztecas también
libraron campañas de intimidación contra ciudades a
las que no atacaron directamente. Los emisarios iban
a aquellas ciudades para pedir que se convirtieran en
sujetos del rey azteca, usualmente en términos razo-
nablemente favorables. Ambas cosas, la proximidad
de un gran ejército entrenado y obviamente exitoso,
así como el ejemplo de otras ciudades ardiendo a su
alrededor, causó que muchas ciudades capitularan sin
resistencia (Hassig, 1988: 21).21

“for individuals pressed into service, the requirements of survival were flexibility,
20

youth, sharp intellect, and sheer good luck”. Sobre Chi, Malinche y otros intérpretes na-
tivos, véase Karttunen, 1994; Restall, 1998: 144-52; 2001 y 20033: 23-24, 82-88, 91, 93.
21
Cities were often attacked sequentially, with the resources, intelligence, and, some-
times, the soldiers of the latest conquest aided in the next one … The Aztecs’ unprece-
dented expansion took them to regions where they had no traditional enemies but where
they were sometimes able to exploit local antagonisms by siding opportunistically with
one adversary against another. They also waged campaigns of intimidation against cities
la conquista indígena de mesoamérica 27

Las estrategias de expansión y mecanismos de conquista aplicados por los


españoles en Mesoamérica durante el siglo xvi han sido explicados tradi-
cionalmente en términos del genio de Cortés y en los precedentes que él
creó. En fechas recientes, algunos historiadores han señalado que los pa-
trones de la Conquista tienen sus raíces en la experiencia castellana en Es-
paña, las Canarias y las islas del Caribe, ocurrida décadas, incluso siglos,
antes de la invasión a México. Restall (2003: 18-26) ha argumentado que
estos patrones son resultado de una serie de procedimientos de conquista
estándares, que posteriormente implementaron los conquistadores españo-
les —antes y después de Cortés—, y que son evidentes en la conquista
de toda América. Según este argumento, ninguno de estos procedimientos
tiene su origen en los procesos o patrones indígenas de conquista.
No obstante, queremos señalar que la historia de la conquista aliada
de Mesoamérica está marcada por estrategias y mecanismos similares a los
que fueron utilizados en la época prehispánica, y que dicha similitud,
o imitación, puede atribuirse al papel extensivo que tuvieron los alia-
dos indígenas en estas conquistas. Algunas de estas estrategias fueron la
formación de alianzas de varios señoríos, la búsqueda de conquistas se-
cuenciales, el uso continuo de las rutas comerciales y el otorgamiento de
señoríos y tierras para forzar o motivar la participación de las comunida-
des nativas en las alianzas. Esta interpretación puede rebatirse argumen-
tando que las estrategias arriba mencionadas también fueron aplicadas
en las tradiciones de guerra y alianzas en Europa occidental. Sin embar-
go, la cuestión no es tanto lo que era costumbre en Europa en ese tiempo,
sino lo que estaba dispuesta a aceptar la población indígena.22

they did not attack directly. Emmissaries went to such cities to ask that they become
subjects of the Aztec king—usually on reasonably favorable terms. Both the proximity
of a large, trained, and obviously successful army and the object lessons burning around
them led many cities to capitulate peacefully.
22
Esta interpretación al revés tiene un papel dominante en la historiografía mesoame-
ricana y novohispana y consiste en considerar europeos esos elementos iconográficos,
históricos y culturales que ocurrieron en Mesoamérica durante la época colonial y que
tienen su contraparte en Europa. Aunque pocos autores lo formulan tan claramente, es
una interpretación casi automática y, por tanto, no explícita en la literatura histórica. Este
método, en nuestra opinión obviamente equivocado, es muy peligroso por el hecho de que
28 michel r. oudijk y matthew restall

Basándose en sus experiencias y tradiciones, los españoles esperaban


implementar muchas cosas en cuanto tocaron tierra en Mesoamérica,
pero la realidad era que las probabilidades de éxito serían muy pocas si
la población local no cooperaba; al menos durante los primeros años de la
Conquista, pues los españoles todavía no tenían los medios de coacción
coloniales que desarrollaron después. Además, en el contexto colonial
más amplio, la entera estructura de asentamientos y explotación econó-
mica española en América se basaba en la respuesta de los recursos indí-
genas, tal y como lo identificó James Lockhart (1991) en sus “líneas de
tronco y de alimentación del desarrollo colonial”.
A continuación, dividiremos la presentación de nuestro argumento
sobre los patrones españoles o mesoamericanos de conquista en cuatro
temas: alianzas, conquistas secuenciales (o el patrón trampolín), rutas
comerciales y otorgamientos de señoríos y tierras.

Alianzas

La coacción colonial tuvo sus raíces en un sistema de administración y de


gobierno que dependió de la colaboración de la élite local. Desde el siglo
xvi, un tema popular en la historiografía ha sido la supuesta reputación
de los españoles como guerreros invencibles y hasta dioses, aunque las
evidencias de aquel periodo sugieren que este mito fue creado después de
la Conquista, además de que los relatos apoteóticos de aquellos invasores
son apócrifos (Restall, 2003: 108-120).23 La historia verdadera radica en

la historiografía no está en manos de indígenas y tiene en sus raíces aspectos de discrimi-


nación y etnocentrismo que hoy no se pueden aceptar.
23
En relación con el centro de México, este malentendido o mito se basó en gran parte
en el uso del término nahua teotl como una referencia a los invasores españoles. Díaz del
Castillo (1955: cap. 61) explica que este término está relacionado con “los ídolos o sus dio-
ses o cosas malas”. Los nahuas probablemente se refirieron al último de estos conceptos
semánticos cuando llamaron a los españoles teules. La naturaleza aparentemente contra-
dictoria de dichas definiciones está arraigada en el sistema de creencias mesoamericano
en el que las deidades sagradas poseían un mana, es decir, un poder (véase López Austin,
1990: caps. 10-12, para ahondar el tema de la naturaleza de los dioses mesoamericanos).
la conquista indígena de mesoamérica 29

cómo la élite local se inspiró en las tradiciones mesoamericanas de forma-


ción de alianzas para abordar la invasión española.
Según Ross Hassig (1988: 23),24 “las alianzas de varias ciudades es-
taban constituidas por ciudades-estados aliados o estados de múltiples
ciudades con intereses comu­nes —incluyendo el deseo de seguridad ante
las amenazas militares externas— y, por tanto, su tamaño era conside-
rable. Estas alianzas, cuyos miembros no se regían por ningún centro,
no compartían identidad étnica, ni territorios geográficos, funcionaron
como instituciones que se preocupaban por satis­facer las necesidades
comunes”. No es una coincidencia que la descripción de Hassig sobre
la organización política y la estrategia im­perial en el centro de ­México

Que la intención de los nahuas era llamar a los invasores cosas malas y no dioses queda
confirmada en una de las acciones de Cortés al inicio de la Conquista. Para impresionar
a la guarnición mexica en Tizapancingo, Cortés mandó a Heredia “El viejo”, un conquista-
dor que “tenía mala catadura en la cara, y la barba grande y la cara medio acuchillada, y un
ojo tuerto, y cojo de una pierna” (Díaz del Castillo, 1955: cap. 49: 83), y le ordenó disparar
varios tiros al aire para que los indígenas pensaran que era un teul. Cuando uno lee las des-
cripciones relatadas en fuentes indígenas donde se expresa el respeto, el temor y el miedo
que sentían los habitantes locales hacia ciertos españoles, es evidente que dichas tácticas
funcionaban (véase, por ejemplo, la segunda página del Libro de los guardianes y gober-
nadores de Cuauhtinchan, 1519-1640 [1995] o las descripciones en AGI-P 245, R. 10).
Sin embargo, el miedo no impidió a los guerreros mesoamericanos pelear contra los espa-
ñoles y sus caballos y matarlos. Al contrario, es posible que vieran a los españoles como
los ixiptlatli de los teteuh, o sea, como representantes o imitadores de los teteuh y, como
tales, tenían que ser tratados con respeto, pero también podían aniquilarse. De hecho, en la
vida ritual mesoamericana había que matar a los ixiptlatli, como varias fuentes corroboran
(sobre el concepto de ixiptlatli, véase Hvidtfeldt (1958), y sobre rituales mexicas, véase
particularmente Sahagún, 2000). La cuestión de los españoles como teteuh (o ixiptlatli)
sugiere fuertemente que ambos lados buscaban puntos de encuentro o aspectos familiares
en la cultura del otro, para crear una base sobre la cual pudieran comunicarse y trabajar
juntos: el inicio del sincretismo (véase Oudijk, 2002a, en especial la nota 8, para más in-
formación acerca del proceso de sincretismo y las tradiciones coloniales mesoamericanas).
24
“[m]ulti-city alliances were composed of allied city-states or multi-city states
drawn together by mutually perceived interests, including security from external mili-
tary threats, and they could thus be of considerable size”. The members of such allian-
ces were not centrally controlled, nor did they share “a common ethnic identity”. But,
being “less bound by geographical limitations”, they essentially functioned as “special-
purpose institutions, arising from perceived needs and persisting as long as needs were
satisfied”.
30 michel r. oudijk y matthew restall

—así como la oposición a ella— pueda aplicarse perfecta­mente a las


estrategias españolas en Mesoamérica después de 1519. En ese año, el
llamado Cacique Gordo de Cempoala respondió a la llegada de Hernán
Cortés y sus hombres con una propuesta de alianza con Tlaxcala, Huexo-
tzingo y otras ciudades-estados para conquistar Tenochtitlan (López de
Gómara, 1987: cap. 34).25 Antes de la Conquista, estas alianzas entre ciu­
dades se crearon con propósitos defensivos y ofensivos, y se convirtie-
ron en mecanismos políticos fundamentales para las culturas de las ciu-
dades-estados mesoamericanas (Herman Hansen, 2000, 2002).26
La llamada Triple Alianza —una confederación entre Tenochtitlan,
Texcoco y Tlacopan— fue desarrollada y utilizada por los mexicas como
una máquina de conquista que sirvió para incorporar gran parte de Meso­
américa a su imperio al momento de la invasión española. La Triple­
Alianza sucedió a otra confederación entre Azcapotzalco, Culhuacan y
Coatlinchan, a la cual a su vez precedió una alianza entre Culhuacan, Tula
y Otumba (Chi­malpain, 1991: 7, 15). La base ideológica de estas alian-
zas era anteponerse a las reglas tiránicas de otro poder. Ése fue el mo-
tivo de la creación de la Triple Alianza y, un siglo después, de la alianza
propuesta por el Cacique Gordo. Naturalmente, ese tipo de motivación,
que cruzaba fronteras políti­cas, también podía ser usado en contra de los
intereses aliados y, como tal, nos ayudaría a explicar tanto los obstáculos
que enfrentó la expansión aliada en regiones como Yucatán, como el éxi-
to que obtuvo en otras regiones.
Un elemento muy importante en la construcción de alianzas en
­Mesoamérica —antes y durante la invasión española— era el intercam-

Díaz del Castillo (1955: cap. 45: 77) niega que tal alianza fue propuesta en este mo-
25

mento: “Aquí es donde dice el coronista [sic] Gómara que estuvo Cortés muchos días en
Cempoal, y que se concertó la rebelión y liga contra Montezuma: no le informaron bien,
porque, como he dicho, otro día por la mañana salimos de allí”. Según Díaz del Castillo
(1955: cap. 47:79-81) la rebelión contra Moctezuma comenzó cuando Cortés forzó a que
en Cempoala se tomaran prisioneros a los colectores de tributo de Moctezuma y a que se
negaran a pagarle tributo a nadie más que al rey de España.
26
Véanse estos dos volúmenes para las contribuciones sobre las culturas de ciudades-
estados mayas, mixtecas, mexicas y zapotecas de Nikolai Grube, Michael Lind, Michael
Smith y Michel Oudijk, respectivamente.
la conquista indígena de mesoamérica 31

bio de mujeres para el matrimonio. Por ejemplo, los códices mixtecos


presentan complejas genealogías que muestran la relación entre las casas
gobernantes a través de intercambios matrimoniales. Fuentes del centro
de México como la Crónica mexicayotl, los Anales de Cuauhtitlan y los
escritos de Diego Durán no presentan linajes tan largos, pero sí muestran
las historias de las casas gobernantes y sus relaciones de intercambios
maritales. Mientras más tiempo duraba una relación o alianza entre dos
casas, más matrimonios se consolidaban y, por tanto, la relación entre
ellas se hacía cada vez más fuerte y cercana. Este patrón de intercambios
matrimoniales continuó durante el periodo colonial temprano (Oudijk,
2000; Pérez-Rocha y Tena, 2000; Gillespie, 1989), y es el que frecuente-
mente se menciona en las fuentes en referencia a los españoles.
En Cempoala y Tlaxcala, los españoles recibieron a las hijas de los go-
bernantes para “hacer generación” o “engendrar” (Díaz del Castillo, 1955:
caps. 51, 76).27 El caso más famoso al respecto es el de doña Isabel Mocte-
zuma, hija de Moctezuma Xocoyotzin, quien estaba casada con tres gober-
nantes de la preconquista —su tío Altixcatzin, Cuitláhuac y Cuauhtémoc
(los dos últimos fueron emperadores en Tenochtitlan durante la guerra en-
tre los aliados y los mexicas). Después de la Conquista, doña Isabel formó
parte de la casa de Cortés y dio a luz a una hija de éste, pero nunca se casó
con él. Sin embargo, después contrajo matrimonio, sucesivamente, con
otros tres españoles: Alonso de Grado, Pedro Gallego y Juan Cano (AGI-
M 762).28 Desde la perspectiva indígena, los gobernantes masculinos bus-
caron construir alianzas permanentes con españoles prominentes a través
de la sangre, aunque en el caso de doña Isabel, miembro de la nobleza, te-
nemos que reconocer que tuvo un papel muy activo en su historia marital.
Tal como lo reflejan las ilustraciones de los códices mixtecos, este sis-
tema político de construir alianzas no era exclusivo del centro de México.

27
Probablemente no tenemos que entender generación como la relación entre padres
e hijos, sino en el sentido de linaje. En náhuatl y en zapoteco, linaje y generación se
expresan con la misma palabra: tlacamecayotl y tija, respectivamente.
28
Véase Pérez-Rocha y Tena (2000) y Pérez-Rocha (1998) para el tema de doña Isa-
bel y las transcripciones de unos documentos relacionados con las batallas legales por
privilegios. Véase también Chipman (2005).
32 michel r. oudijk y matthew restall

A lo largo del periodo posclásico (1000-1521 d. C.), señores de la Mixte-


ca Alta cambiaron y ajustaron alianzas continuamente, creando una com-
pleja red de lazos políticos. Entre mediados del siglo xiv y 1450 muchas
ciudades estados del valle de Oaxaca y la Mixteca Alta formaron una
confederación para invadir el Istmo de Tehuantepec y tomar el control
de la ruta comercial a Xoconusco y Coatzacualco (Oudijk, 2000, 2002b).
Coixtlahuaca probablemente se había aliado con Cholula, Huexotzingo
y Tlaxcala, entre otros (Pohl, 2003), pero una vez que falló esta alianza,
Coixtlahuaca se incorporó al imperio tributario de la Triple Alianza.
Cuando Cortés y sus hombres conocieron al llamado Cacique Gordo­
—quien les ofreció comida y hospedaje, y sugirió la alianza contra
Mocte­zuma mencionada anteriormente— escucharon con mucha aten-
ción (hasta donde las barreras lingüísticas lo permitieron, claro) la oferta
del gobernante de Cempoala. Durante los meses previos a ese encuen-
tro, los españoles se habían topado con pueblos desiertos y con ataques
de guerreros indígenas que habían dejado heridos a muchos españoles y
caballos.29 En este encuentro por demás hospitalario, Cortés y sus hom-
bres se enteraron de que Cempoala estaba dispuesta a rebelarse contra
Moctezuma y aliarse con ellos, pero también supieron que Cempoala ha-
bía sido conquistada en dos ocasiones por un imperio de tamaño y fuerza
considerables: primero fue sometido por Moctezuma Ilhuicamina, quien
gobernó de 1440 a 1486, y luego por Axayacatl y Moctezuma Xocoyotzin
(Durán, 1995: caps. 19-20; Tezozomoc, 1987: caps. 49-50, Díaz del Cas-
tillo, 1955: 45-47; Hassig, 1988: 328: n. 8; Berdan et al., 1996: 286-287).
Aun si aceptáramos la declaración de Díaz el Castillo de que no había
un claro acuerdo entre Cortés y el Cacique Gordo, el relato del mismo
Díaz deja claro que Cempoala fue el sitio donde Cortés y sus hombres
se involucraron en los modelos socio-políticos mesoamericanos, muchas

En Cozumel, los españoles encontraron pueblos vacíos porque las poblaciones


29

huyeron a los montes y, como consecuencia, los invasores se quedaron sin comida y sin
agua. En un pueblo a las orillas del Río Grijalva, bajo amenaza de guerra, recibieron un
poco de comida. Al día siguiente tuvo lugar una batalla y la gente abandonó el pueblo,
pero la batalla siguió varios días más (Cortés, 1992: Primera carta; Díaz del Castillo,
1955: cap. 25-44).
la conquista indígena de mesoamérica 33

veces sin darse cuenta de ello. Por ejemplo, no fue Cortés sino los seño-
res y guías de Cempoala quienes decidieron que el camino a Tenochtitlan
pasaría por Tlaxcala. Después de que los españoles y sus aliados fueron
recibidos como amigos por Olintetl —gobernante de Iztacamaxtitlan
sometido a Moctezuma—, quien les aconsejó pasar por Cholula en su
camino a Tenochtitlan, Cortés prefirió seguir el consejo de los señores de
Cempoala y continuó rumbo a Tlaxcala. Cholula era otra de las ciudades
dominadas por el imperio mexica, por lo que muy probablemente Cortés
y sus hombres se habrían encontrado una considerable, si no decisiva, re-
sistencia. En cambio, Tlaxcala era un aliado en potencia contra la podero-
sa Triple Alianza. No existen pruebas directas de que ése haya sido el mo-
tivo detrás del consejo del señor de Cempoala, pero es claro que ni Cortés
ni sus capitanes habrían tomado solos esa decisión sin la pericia y los argu-
mentos presentados por los señores aliados mesoamericanos, y esto aplica
no sólo para el caso de la marcha a Tenochtitlan, sino para el resto de las
expediciones españolas realizadas en Mesoamérica a partir de 1519.

Conquistas secuenciales
Otra vez, la descripción de Hassig sobre los modelos nahuas nos propor-
ciona un patrón que puede aplicarse a las actividades aliadas del siglo
xvi. Este autor describe la estrategia secuencial de la expansión mexica
—utilizada posteriormente por los españoles— y señala que los mexicas
usaban el territorio que recién habían conquistado, incluyendo gente y
recursos, como un trampolín para la siguiente conquista. A este mecanis-
mo se añadían las estrategias de explotar antagonismos locales y librar
campañas de intimidación, durante las cuales se invitaba a las comunida-
des a rendirse pacíficamente mientras tenían “los ejemplos de otras ciu-
dades ardiendo a su alrededor” (Hassig, 1988: 21). Este patrón de con-
quistas escalonadas es muy similar al de los españoles y sus aliados en
Mesoamérica, ya que la mayoría de las frases escritas por Hassig podría
aplicarse al modelo de la Conquista sin cambiar alguna.
Uno de los ejemplos más obvios al respecto es el de Tlaxcala, ya que
en general los tlaxcaltecas se presentan como aliados voluntarios de los
34 michel r. oudijk y matthew restall

españoles, pero al inicio ese no fue el caso. En tres ocasiones diferentes


Cortés y sus hombres enfrentaron la feroz resistencia del ejército más
grande que Tlaxcala pudo formar. Después de oponerse a la Triple Alian-
za durante décadas, los tlaxcaltecas sencillamente no estaban listos para
dejar su independencia a causa de esos nuevos invasores. Además, mien-
tras el Cacique Gordo vio la oportunidad de beneficiarse mediante una
alianza con los españoles después de unas victorias en la costa del Golfo,
los tlaxcaltecas no quedaron muy impresionados con la rendición de esos
relativamente pequeños señoríos. Después de todo, junto con Tenochti­tlan
y Texcoco, Tlaxcala era una de las entidades políticas más grandes y más
poderosas del centro de México.
Sin embargo, luego de las tres batallas, la situación cambió considera-
blemente. Incapaces de derrotar a los aliados, los tlaxcaltecas se vieron
obligados a considerar una alianza con ellos, y este hecho, aunque signi-
ficaba una derrota, tenía un lado potencialmente positivo para los tlaxcal-
tecas. Esto les brindaba la posibilidad de que los españoles los ayudaran
a derrotar a los mexicas, lo que a su vez, abría la puerta a una expansión
imperial tlaxcalteca (una expansión que, a fin de cuentas, tuvo lugar con
los guerreros tlaxcaltecas, sólo que en un contexto de ramificaciones im-
periales un tanto diferentes). Además, en caso de que esta alianza no tu-
viera el éxito que ellos esperaban, la opción de seguir oponiéndose a la
Triple Alianza, como siempre lo habían hecho, seguiría siendo factible.
Aunque algunas facciones tlaxcaltecas querían continuar la batalla
contra los españoles —y probablemente los hubieran derrotado y for-
zado a irse hacia la costa—, se formó una alianza que se convirtió en
el punto decisivo de la guerra entre 1519 y 1521. Los tlaxcaltecas, des-
pués de haber peleado tan ferozmente, ahora formaban parte del enorme
ejército invasor constituido por españoles e indígenas aliados. Como los
cempoaltecas antes de ellos, los guerreros tlaxcaltecas se incorporaron
a este ejército, pero se mantuvieron como una sección semi-autónoma,
cada sección tenía su propio líder militar, su propio estandarte y su pro-
pia organización interna, y representaba a su comunidad o barrio. Como
comentamos anteriormente, este patrón se repitió en toda Mesoamérica
durante las siguientes décadas: luego de la caída de Tenochtitlan, guerre-
la conquista indígena de mesoamérica 35

ros mexicas participaron en las expediciones a Guatemala y Honduras;


otros nahuas se fueron a Yucatán, mientras gente de Chiapas se trasladó
hasta Cuzcatlan; así mismo, en Guatemala, hubo tropas locales que in-
cursionaron rumbo a Honduras y a El Salvador, entre otros lugares (por
ejemplo, AGI-J 291,1:86r-91v, 118v, 127v, 131r-v y 148r).
Un caso fascinante a este respecto es el de Mazatzin Moctezuma, re-
gistrado en el documento de Tepexi de la Seda que será analizado en las
siguientes páginas. Pues no sólo confirma el patrón normal de conquis-
ta arriba descrito, sino que además está lleno de detalles extraordinarios.
Cuando llegó la noticia del arribo de Cortés y sus aliados a la región, va-
rios nobles —originarios de poblaciones sometidas del sur de Puebla y del
norte de Oaxaca— se hallaban en Tepexi al servicio personal del tlatoani
Mazatzin Moctezuma, celebrando un ritual para reconocer su autoridad.
Al escuchar la noticia, la ceremonia se suspendió y la ocasión se convirtió
en una oportunidad para discutir la inminente invasión. Mazatzin decidió
no pelear con los españoles y sus aliados, sino llegar al mismo acuerdo que
el de los tlaxcaltecas. Los nobles de los pueblos dominados por Mazatzin
Moctezuma que estaban presentes en el momento de dicha decisión toma-
ron parte en las expediciones de conquista al sur de Puebla y la Mixteca.
Lo curioso de esta historia es que esos nobles hayan participado en las
(supuestamente) violentas conquistas de sus propios pueblos.
La mayoría de los territorios sometidos por Mazatzin ya le habían pa-
gado con tributo y servicio personal. ¿Por qué entonces los conquistó otra
vez? ¿Estaba engañando a los mexicas o, tal vez, a los españoles? Aunque
el documento de Tepexi no da respuesta a ninguna de estas preguntas,
creemos que Mazatzin —o su padre Xochiztin o Tozancoztli— participó
en la conquista de la Mixteca bajo el mando de Ahuizotl o M ­ octezuma
Xocoyotzin (Berdan y Anawalt, 1997: 22-25), y por su apoyo militar,
­Mazatzin recibió el derecho de tributo y servicios personales de algunos
de los barrios de los pueblos mixtecos y chochones, aunque obviamen-
te el grueso del tributo era para la Triple Alianza. Es por eso que estos
pueblos están representados en el Códice Mendoza, el registro de los pue-
blos tributarios de Tenochtitlan. En 1520, con el arribo de los españo-
les, ­Mazatzin tuvo la oportunidad de mejorar su situación a través de la
36 michel r. oudijk y matthew restall

r­econquista o mejor dicho la conquista de los pueblos dominados por la


Triple Alianza, y de esta manera recibió todo el tributo en lugar de sólo
una parte. Así pues, el engaño fue para los mexicas y también para los
españoles: un ejemplo impresionante de manipulación de las complejas
políticas de poder en Mesoamérica a principios del siglo xvi.
Por otro lado, no debemos olvidar la ambivalencia en la naturaleza de
las alianzas y las facilidades que éstas brindan para la manipulación histo-
riográfica. Después de llegar a un acuerdo pacífico, ambas partes podían
reclamar la victoria porque ninguno había sido derrotado por el otro. Esto
es evidente en la alianza entre los tlaxcaltecas y españoles, pero también
ocurría antes de la Conquista. Según varias fuentes mexicas, Tehuantepec
fue conquistado por Ahuizotl, pero las opiniones sobre si Tehuantepec pagó
tributo o no están divididas. Subsecuentemente, el matrimonio entre Coci-
joeza, el gobernante zapoteco de Tehuantepec, y una hija de Moctezuma
Xocoyotzin sellaron la paz entre los dos señoríos. No obstante, fuentes
oaxaqueñas resaltan que Cocijoeza y Moctezuma pelearon en una larga
y cansada batalla que terminó cuando Moctezuma hizo una propuesta de
paz, que también fue sellada con el matrimonio ya mencionado. Obvia-
mente, esas fuentes oaxaqueñas niegan que los zapotecas tuvieran la obli-
gación de pagar tributo a Tenochtitlan. El acuerdo entre estos dos señores
ha sido interpretado de dos diferentes maneras por los historiadores: unos
le otorgan el beneficio de la duda al primero y otros al segundo.30
Así pues, aunque el patrón mesoamericano de conquistas secuenciales
obviamente fue utilizado por Cortés y sus compañeros capitanes contra
los mexicas —y después en otras expediciones militares—, las conquis-
tas de Mazatzin en nombre del rey de España contra su propia gente,
ya sometida, sugiere que había otros patrones prehispánicos detrás. Esos
otros modelos o mecanismos de conquista persistieron igual que el de las
conquistas escalonadas.

Véase Oudijk (2000: cap. 2) para obtener información más completa sobre el
30

asunto. Pero hasta las conquistas son ambivalentes ya que hay diferentes tipos: “e que
alg[un]os dellos fueron conquistados y allanados por fuerça de armas y otros por rrue-
gos y amonestaçiones…” (AGI-P 245: R.10:294r). Véase Oudijk (2000a) para más in-
formación sobre el concepto mesoamericano de conquista.
la conquista indígena de mesoamérica 37

Rutas comerciales

Cuando los españoles llegaron a Mesoamérica, ésta estaba conforma-


da por una gran cantidad de ciudades-estados interconectadas a través
de una compleja red de relaciones sociales, políticas y económicas.
Según­Michael Smith y Frances Berdan, estas ciudades-estados podrían
dividirse en tres diferentes zonas nucleares (aunque algunas de ellas
coincidan sólo parcialmente) de producción abundante y de extracción
de recursos (Smith y Berdan, 2003b). Dentro de cada zona —y entre
ellas— existían relaciones comerciales, de intercambio de regalos y de
tributo.
Considerando que durante las expediciones militares los aliados fue-
ron, en gran parte, guiados por gobernantes y guías locales, podemos su-
poner que éstos siguieron las rutas existentes. Una simple comparación
entre las zonas propuestas por Smith y Berdan y las rutas de las primeras
expediciones de conquista, revela que efectivamente eso fue lo que pasó,
tal como está ilustrado en el Mapa 1. En este mapa los círculos señalan
las zonas de producción abundante y de extracción de recursos de Smith
y Berdan, y las líneas indican las primeras expediciones de conquista,
efectuadas entre 1521 y 1545. Las exploraciones al norte y oeste fueron
encabezadas (de norte a sur) por Nuño de Guzmán (1529-1536), Fran-
cisco Cortés de Buenaventura (1524) y Cristóbal de Olid (1522). Hacia
Oaxaca, Xoconusco y Guatemala, por Francisco de Orozco (1521), Luis
Marín (1521-1524) y Pedro de Alvarado (1523); mientras Gonzalo de
Sandoval fue quien invadió Coatzacualco (1521).
En la península yucateca hubo tres tropas de los Montejo: dos coman-
dadas por Francisco de Montejo el viejo (entre 1527 y 1529, la primera,
y de 1529 a 1535, la segunda), y la de su hijo (entre 1535 y 1545).
Las rutas comerciales prehispánicas y las de conquista, aunque no son
exactamente las mismas, son muy semejantes. Además, hay que tomar
en cuenta que debido a la falta de datos, el mapa no incluye ni todas las
rutas comerciales, ni las zonas relacionadas, ni las rutas de todas las expe-
diciones. Por ejemplo, Cortés y Díaz del Castillo nos informan que Pe-
dro de Alvarado se fue a Tututepec, Oaxaca, para acabar con una ­rebelión,
38 michel r. oudijk y matthew restall

pero no proporcionan información sobre la ruta que tomó. Lo mismo


pasa con Zacatula, se sabe que era una ciudad-estado tributario de la Tri-
ple Alianza, pero no existen datos sobre cómo llegaba ese tributo al cen-
tro de México (Berdan et al., 1996: 277-278).

Mapa 1. La correlación entre las rutas comerciales prehispánicas


y las rutas de las expediciones de conquista

No obstante, algunas de las rutas comerciales están muy bien documen-


tadas. La ruta de Tenochtitlan a Guatemala es una de ellas: pasaba por
Chalco, Cholula, Izúcar, Acatlan, Huajuapan, Coixtlahuaca, Nochixtlan,
Huajolotitlán, Zaachila, Cuilapan, Tlacolula, Mitla, Nexapa, Tehuantepec,
Tonalá, Xoconusco, Zapotitlan, Quetzaltenango, y las sierras guatemalte-
cas. Obviamente, había rutas alternativas en diferentes puntos del camino,
por ejemplo, después de Cholula, uno podía ir a Tecamachalco, Tehuacán,
la conquista indígena de mesoamérica 39

Teotitlan y Cuicatlan, y volver a conectar con la ruta principal en Huajolo-


titlán. Mientras que si se quería evitar Cholula, se podía pasar por Ameca-
meca y Cuautla antes de llegar a Izúcar, además en varios puntos se podían
tomar caminos a otros lugares. Teotitlan también era un importante cruce
hacia Tuxtepec, vía Huauhtla, en las montañas mazatecas, en tanto que en
Tlacolula había un camino hacia el norte que pasaba por la sierra zapoteca
y conectaba otra vez con Tuxtepec, o se podía ir un poco más adelante has-
ta Mitla y luego girar al norte hacia Coatzacualco. Otra alternativa era ir
a Coatzacualco vía Tehuantepec, y de ahí a Xicalango y Tixchel, de donde
se podía cruzar la península yucateca hasta Caye Coco y Santa Rita, en
el norte de Belice. Así mismo, si se seguía la costa vía Champotón se po-
día llegar a Mayapán o Chikinchel, ciudades-estados del norte de Yucatán
(Lee y Navarrete, 1978; Smith y Berdan, 2003a: caps. 22, 31, 33-35;
Gutiérrez Mendoza et al., 2000: 11-20; Oudijk, 2000: cap. 2).
Comparando la ruta comercial a Guatemala con la que fue seguida por
los conquistadores, es claro que, en efecto, fue la misma. La última parte del
trayecto de los españoles fue descrita por Díaz del Castillo y López de Gó-
mara, en referencia a la expedición de Pedro de Alvarado a Guatemala en
1523, la cual pasó por Tehuantepec, Xoconusco, Zapotitlan, Quetzaltenan-
go y Utatlán (López de Gómara, 1987: 338-341; Díaz del Castillo, 1955:
cap. 164). Aunque no existen fuentes históricas que confirmen la ruta exacta
de los conquistadores desde el valle de Oaxaca al Istmo de Tehuantepec, la
única manera práctica era pasando por el valle de Nexapa. Además, en el
valle de Oaxaca casi no hay una alternativa entre Huajolotitlán y Mitla.
Finalmente, la ruta que siguieron los conquistadores por Puebla y la
Mixteca quedó ampliamente documentada por don Joaquín de San Fran-
cisco de Tepexi de la Seda. Sin duda, los españoles recorrieron la misma
ruta que había sido pacificada o conquistada por Mazatzin Moctezuma.
De acuerdo con los testimonios, la expedición de Mazatzin se puede di-
vidir en dos partes: primero su ejército se fue al suroeste de Tepexi y
conquistó localidades hasta el valle de Oaxaca, y después regresó al nor-
te, donde sometió más pueblos. La lista de los lugares dominados duran-
te la primera parte es un poco confusa porque no parece existir un pa-
trón claro en su distribución: Chinantla, Igualtepec, Tlachinola, Acatlan,
40 michel r. oudijk y matthew restall

Ecatepec y Huajolotitlán.31 Aparte de Acatlan y Huajolotitlán, el motivo


para la conquista de estos pueblos parece haber sido el control de centros
de extracción de materiales básicos, pues no están localizados en ningu-
na ruta comercial. Sin embargo, Tlachinola era un cabecera de una pro-
vincia dedicada a la producción de oro, mientras que Igualtepec, Acatlan
y Chinantla eran centros de producción de sal.32
Aunque los testigos dicen que Huajolotitlán es el mismo pueblo si-
tuado a la entrada del valle de Oaxaca y que hoy día lo llaman Huitzo,
el contexto de las otras conquistas deja claro que eso es simplemente
imposible. En ninguna fuente se explica cómo fue que el ejército de
Mazatzin llegara tan al sur y, por lo tanto, no es claro cómo explicar
estos testimonios. La identificación de Huajolotitlán como el pueblo con
ese mismo nombre en el actual estado de Puebla resulta más probable si
se toman en cuenta las siguientes conquistas:

Chila Teotitlan
Te[qui]cistepec Tecomauacán
Acatepec Quiotepec
Zapotitlan Cuicatlan
Tehuacan Coixtlahuaca
Chiapulco Texupan
Coxcatlán Tamazulapa
Teposcolula

De la distribución de estos pueblos se deduce claramente que Maza-


tzin tomó las dos principales rutas comerciales entre el valle de México
y el sur de Mesoamérica. Además se aseguró de los cruces de camino

La presencia de Chinantla en esta lista confunde un poco porque normalmente se


31

asocia a la región chinanteca en el norte de Oaxaca. Sin embargo, en este contexto parece
referirse al nombre del pueblo que está justo al lado de Piaztla (Gerhard, 1986: 44). Igual-
mente, Tlachinola es —o se convirtió— en un Barrio de Tlapa y a veces se usa como un
nombre alternativo del mismo (Gerhard, 1986: 333, Carrasco, 1999: 276-279). No hemos
podido identificar el pueblo de Ecatepec. Véase también Jäcklein (1978) para un recono-
cimiento de estos pueblos.
32
Véase el Códice Mendoza ff. 39r para la provincia de Tlapa, y Berdan et al. (1996:
273, 284) para más información sobre las provincias de Chiauhtlan y Acatlan.
la conquista indígena de mesoamérica 41

Mapa 2. La correlación entre las rutas comerciales


y las conquistas de Mazatzin de 1520

que van a Tuxtepec y la costa mixteca cuando conquistó Teotitlan y


Teposcolula. A simple vista, sus conquistas parecen un intento oportu-
nista por conseguir más poder, pero este análisis de la geografía de su
expedición demuestra que Mazatzin estaba orquestando una expedición
militar totalmente calculada para controlar una de las líneas económi-
cas fundamentales para Mesoamérica, así como una importante zona
de extracción de recursos. Las conquistas demuestran la existencia y
la importancia de las rutas comerciales que conectaron el centro de
México con la costa del Golfo, desde donde se podía llegar a Yucatán
o a la región de Oaxaca, y de ahí a Xoconusco y Guatemala. Al tomar el
sur de Puebla y la Mixteca, ­Mazatzin no solamente se enriqueció y se
hizo más poderoso, sino también preparó el camino para las intrusiones
42 michel r. oudijk y matthew restall

españolas hacia el valle de Oaxaca, la provincia de Tututepec y el sur


de Mesoamérica. Esto explica por qué ninguno de los conquistadores o
cronistas menciona alguna conquista militar en estas regiones en parti-
cular; efectivamente, Mazatzin ya había incorporado esos pueblos a lo
que iba a ser la Nueva España.33
Situaciones similares se dieron cuando se habló sobre la expedición a
Honduras bajo el mando de Cortés (entre 1525-1526), se dijo que pasó
por caminos existentes. Algunos de esos caminos, como la ruta que pasa-
ba por la capital chontal maya de Itzamkanac y la que lleva al territorio
Itza, probablemente ya tenían varios siglos y quizá fueron recorridos a lo
largo de las expediciones teotihuacanas a Tikal durante el periodo clási-
co (Restall, 1998: 62-65; Izquierdo, 1997; Piña Chan, 1978).

Otorgamiento de señoríos y tierras

Uno de los aspectos más intrigantes de la Conquista es la cuestión de


la motivación. ¿Qué motivó a las tropas indígenas a aliarse con los es-
pañoles? La explicación más común hasta ahora ha sido que deseaban
liberarse del control militar y tributario mexica, pero esta razón sólo ex-
plica una parte de la historia. Como ya mencionamos anteriormente, la
participación indígena no terminó después de la destrucción de Teno-
chtitlan, sino que continuó durante muchas décadas más. El proceso de
la Conquista se desarrolló sobre la marcha y los objetivos de ésta fueron
cambiando continuamente, al igual que los de los indígenas aliados.
Como ejemplo podemos citar el caso del Cacique Gordo, quien desde
el primer momento se quejó por tener que pagar tributo y rendir servi-
cios a Moctezuma, así como por la obligación de tener que entregarle
a su gente para los sacrificios en honor a los dioses mexicas. Llama la
atención que cuando Cortés mandó una tropa contra el pueblo vecino de

Cuando los aliados estaban en Tepeaca después de la llamada Noche Triste, Cortés
33

recibió a embajadores de Coixtlahuaca y a ocho representantes de pueblos de esa región,


quienes prometieron lealtad al rey de España (Cortés, 1992: Segunda carta: 94; López
de Gómara, 1987: cap. 117).
la conquista indígena de mesoamérica 43

Tizapancingo, Cempoala juntó un gran ejército de dos mil guerreros para


acompañar a las tropas españolas. Según el Cacique Gordo, Tizapancin-
go estaba lleno de guerreros mexicas que destruían las milpas y agredían
a la gente de los pueblos dominados por Cempoala. No obstante, cuando
el ejército de Cortés y sus nuevos aliados llegaron en Tizapancingo re-
sultó que el Cacique Gordo se aprovechaba de los españoles para ajustar
cuentas con su vecino (Díaz del Castillo, 1955: caps. 49, 51). Este ejem-
plo demuestra que muchas veces la toma de decisiones dependía de las
circunstancias y de las motivaciones de ese momento.
Las razones de los indígenas para participar en la Conquista suelen
parecer oportunistas y a corto plazo. Entonces, ¿qué se imaginaban los
gobernantes que iba a pasar a largo plazo? Ésa es una pregunta difícil
de contestar ya que no existen fuentes indígenas de las dos primeras dé-
cadas del siglo xvi que puedan iluminarnos al respecto.34 Sin embargo,
podemos determinar prácticas prehispánicas en relación con la Conquis-
ta y sus consecuencias, así como también es viable analizar las ya men-
cionadas cartas que los gobernantes indígenas mandaban al emperador
o a la audiencia, pues los reclamos y las frustraciones que en ellas se
expresan nos revelan algunos datos interesantes al respecto. Obviamen-
te, estas cartas pueden considerarse reportes inflados de grupos nativos
que entendieron y supieron cómo manipular el sistema legal español. Sin
embargo, demuestran la continuidad de las prácticas de conquista desde
las décadas prehispánicas hasta las de la Colonia temprana, y también re-
velan que, en verdad, las reclamaciones de los conquistadores indígenas
se basaban en esas prácticas. Entonces tenemos que aceptar que dichas
cartas son más que simples manipulaciones y exageraciones.
Un aspecto típico de las prácticas de conquista antes de la invasión
española era la división de tierra por un líder militar o religioso, o un
señor supremo, entre sus capitanes, quienes probablemente eran líde-
res de grupos cohesionados por algún tipo de relación (consanguínea,
étnica, geográfica, etcétera). Un ejemplo muy claro de este patrón fue
34
Véase Gruzinski (1993) para un análisis de las adaptaciones y los cambios de la
cosmovisión y psique indígenas como consecuencia del arribo de los españoles y del
establecimiento de la sociedad colonial.
44 michel r. oudijk y matthew restall

descrito por el cronista Fernando de Alva Ixtlilxochitl en relación a las


tempranas conquistas nahuas de Xolotl, quien mandó a sus cuatro ca-
pitanes rumbo a los cuatro puntos cardinales para que se adueñaron del
territorio. Xolotl entonces dividió la tierra entre sus señores y les asignó
gente que los sirviera (Ixtlilxochitl, 1975: I: 296).
De igual forma, en otras regiones, como en el Istmo de Tehuantepec,
se tiene conocimiento de que alrededor de 1375 d.C. Cosijoeza I fundó
varios pueblos como baluartes en la ruta comercial hacia el Xoconusco
(AGI-E 160b; Oudijk, 2000). A mediados del siglo xv, cuando Cocijopi
mandó tropas al Istmo, esas localidades fueron invadidas militarmente
y sufrieron una migración a gran escala. Se establecieron nuevos pue-
blos y los líderes militares recibieron el título de pichana o xoana, que
son comparables con los títulos nahuas de teuctli. Una vez recibida esta
distinción, los xoanas tenían que brindar lealtad periódicamente a su se-
ñor por haberles brindado este reconocimiento. Los lienzos de Guevea,
Huilotepec y Santo Domingo Petapa contienen representaciones de las
ceremonias donde las autoridades de esos pueblos reciben el título de
xoana por el simple hecho de que sus ancestros habían sido capitanes
durante la conquista de la región y, como tales, recibieron tierras cuando
el señor supremo y líder militar de la expedición repartió entre sus ca-
pitanes el territorio conquistado. En otras palabras, la ceremonia que se
observa en estos lienzos es una representación de la conquista original.
La repartición de tierras a cambio del apoyo militar es un tema me-
soamericano muy conocido, como es evidente en el contrato que los
toltecas-chichimecas hicieron con los chichimecas para derrotar a los
señores aliados de Cholula. Una vez que los toltecas-chichimecas gana-
ron la guerra, otorgaron el título de teuctli a esos mercenarios, así como
tierras y gente para trabajarlas (Kirchhoff et al., 1989: 158-187:§161-
282). Ejemplos como este aparecen en casi todas las fuentes del centro
de ­México (Durán, 1995: caps. 9: 129-130; Ixtlilxochitl, 1975: 295-296).
Este mismo fenómeno se repitió muchos años después cuando diversas
ciudades-estados apoyaron a los conquistadores españoles.
En 1571 varios grupos indígenas que vivían en Guatemala —pero que
eran originarios del centro de México, Puebla y Oaxaca— reclamaron a la
la conquista indígena de mesoamérica 45

Corona española el derecho a tierras y la exención de tributo basándose


en la participación de sus ancestros durante la conquista de la región
(AGI-J 291,1: 505v). Las autoridades de Tlaxcala enviaron reclamacio-
nes similares, argumentando que Cortés les había prometido verbalmen-
te premiar a la ciudad con una merced a cambio de su apoyo en la Con-
quista (AGI-M 94:33). Se ignora si eso fue cierto o no, el caso es que
los tlaxcaltecas se basaron en dicha promesa para reclamar privilegios y
derechos, lo cual coincide muy bien con el esquema mesoamericano de
participación en conquistas y alianzas.
Naturalmente, los españoles también reclamaron derechos y privile-
gios similares a la Corona como recompensa por la parte que tomaron
en la Conquista, siguiendo así una antigua tradición que podemos tra-
zar hasta tiempos medievales. Sin embargo, la existencia de esa tradi-
ción española no explica la participación indígena en la Conquista de
Mesoamérica. Es evidente que las tropas nativas que participaron en la
invasión española lo hicieron porque daban por hecho que recibirían lo
que hasta entonces solía otorgarse después de una conquista. Pero cuan-
do los españoles no respondieron de la misma manera que los señores
prehispánicos, los nobles indígenas comenzaron a mandar reclamaciones
judiciales. Estas peticiones revelan cómo fue creciendo su desesperación
a medida que el periodo colonial avanzaba. Al final este tipo de reclama-
ciones de nobles indígenas y sus descendientes disminuyeron cuando se
dieron cuenta de que el sistema ya no funcionaba como antes: el mundo
prehispánico se había convertido en una sociedad colonial.

Conclusiones

El descubrimiento de un número creciente de documentos que informan


sobre los papeles extensivos de los aliados indígenas en la Conquista
de Mesoamérica hace indispensable una reevaluación de este periodo.
Nuestra visión sobre esa época se basaba —y aún se basa— en la in-
formación obtenida de la tradición historiográfica europea; sin embar-
go, las fuentes emergentes nos aclaran que también existe una tradición
46 michel r. oudijk y matthew restall

h­ istoriográfica indígena, aunque ésta se halle grabada y preservada en


formatos del sistema colonial.
La visión expresada en la tradición nativa es diametralmente opuesta
a la española. Mientras las fuentes históricas de los invasores presentan
la Conquista de Mesoamérica como una expedición militar controlada
y conciente, guiada por héroes como Hernán Cortés y Pedro de Alvara-
do, las fuentes indígenas describen un proceso muchísimo más complejo
de alianzas y negociaciones entre varios grupos, además de describir la
Conquista como una continuación de procesos de invasiones y domina-
ción precoloniales. Para obtener una visión equilibrada sobre este pe-
riodo es necesario reconstruir y estudiar minuciosamente —y como un
todo— la tradición historiográfica indígena. Es decir, necesitamos consi-
derar el cuerpo de documentos indígenas de manera independiente, antes
de comenzar un análisis y comparar las dos tradiciones.35
Este escrito contribuye a la fase inicial del complejo proceso de re-
construcción de la tradición historiográfica indígena sobre la Conquista
de Mesoamérica. Ofrecemos aquí una discusión preliminar sobre algu-
nas de las fuentes a través de cuatro categorías de análisis. Las primeras
categorías o temas (el número de indios amigos y el papel de los aliados
indígenas después de la caída del imperio mexica), presentan una visión
indígena de este periodo como una serie de eventos decididos y determi-
nados por las tropas y capitanes nativos que los hicieron posibles. Aun-
que a menudo los capitanes españoles tenían posiciones de liderazgo,
no siempre era así, como lo demuestra el caso de don Gonzalo Mazatzin
Moctezuma de Tepexi de la Seda.
La tercera categoría propuesta incluye los tipos de participación na-
tiva no militar en la Conquista, que fueron menos obvios, pero igual de

Este es un desafío metodológico similar al que enfrenta la arqueología histórica;


35

de acuerdo con Michael Smith (1987): “los registros arqueológicos y etnohistóricos


deberían ser analizados independientemente para que proporcionen sus propias conclu-
siones por separado antes de intentar establecer una correlación. Cuando se comparan los
dos registros, uno no debería confundir ningún modelo compositivo resultante con los dos
conjuntos de datos primarios independientes”. Véase también Charlton, 1981; Trigger,
1989; Malina y Vasicek, 1990; Small, 1995; Andrén, 1998, y Moreland, 2001.
la conquista indígena de mesoamérica 47

decisivos. En otras palabras, la participación indígena no combatiente


(de espías hasta intérpretes y de cargadores hasta cocineras) era igual
de importante que la combativa. Por último, la cuarta categoría trata un
tema aún más sorprendente: la importancia de la continuidad en los pa-
trones y mecanismos precoloniales durante la Conquista. En esta parte se
argumenta que existió una correspondencia entre las rutas comerciales
prehispánicas y las rutas de conquista, así como que las motivaciones
para la participación en ésta y el mantenimiento de las alianzas de varias
ciudades eran prácticas y patrones precoloniales.
Todo esto sugiere que hay otra historia que contar; una que, con el
tiempo, podremos narrar con detalle. Sabemos que la mitad de esta his-
toria fue escrita por los conquistadores españoles y sus compatriotas,
pero todavía falta analizar la otra mitad, es decir, aún nos falta conocer el
otro lado de la Conquista de Mesoamérica.
DON GONZALO MAZATZIN
MOCTEZUMA:
SEÑOR DE TEPEXI DE LA SEDA
Michel R. Oudijk
Universidad Nacional Autónoma de México

En las siguientes páginas se analiza con mayor detenimiento uno de los


casos a los cuales se hicieron ya breves referencias en el capítulo ante-
rior. Teniendo como fuente un documento que se halla resguardado en
el ­Archivo General de Indias, se puede tener acceso a una especie de
probanza a la que ya se ha hecho alusión y que nos muestra la manera en
la cual se ofrecían los testimonios de los pueblos indígenas que habían
apoyado a los españoles. El caso de don Gonzalo Mazatzin ­Moctezuma
pone contra las cuerdas la versión historiográfica tradicional sobre la
Conquista, la cual generalmente se basa en los relatos de los conquis-
tadores españoles. Aunque Hernán Cortés es omnipresente en los testi-
monios que constituyen el documento, de ninguna manera tuvo un papel
preponderante en las conquistas hechas por don Gonzalo. La historia que
se relata en el documento es la versión de la Conquista desde el punto
de vista indígena. Un total de 46 testigos de 15 diferentes pueblos de la
región del sur de Puebla y el norte de Oaxaca, hablan sobre su experien-
cia y su conocimiento en cuanto a la llegada de los españoles a la región
y los eventos que siguieron a ésta. Dichos testimonios no dejan ningún
lugar a dudas de que fue gracias a sus esfuerzos y los de sus antepasados
que la conquista de Mesoamérica fue posible.
Aunque muchos de ellos eran niños cuando tuvieron lugar estos suce-
sos, tienen una memoria muy lúcida, probablemente fomentada por una
fuerte tradición oral que existió en aquel entonces en Mesoamérica. La
imagen general que surge de los testimonios es la del gran protagonismo
de don Gonzalo Mazatzin Moctezuma, el gobernante de Tepexi de la Seda,
que organizó y llevó a cabo una exitosa campaña militar. Así como Bernal
Díaz del Castillo denunció a Hernán Cortés y Francisco López de Gómara
50 michel r. oudijk

con su libro Historia verdadera de la conquista de México, los testimonios


reunidos en este documento parecen contar La verdadera historia verdade-
ra de la conquista de México.

El caso
El documento que analizamos se encuentra en el Archivo General de
Indias­en Sevilla, España (Patronato 245, R. 10, Exp. 1-2). Es producto de
un caso judicial iniciado por don Joaquín de San Francisco, gobernante y
cacique de Tepexi de la Seda, Puebla. El texto está dividido en dos expe-
dientes, aunque no se sabe cuál es la razón de esta separación, ya que evi-
dentemente forman parte del mismo proceso. Además, no está completo y,
por tanto, no sabemos del documento mismo cuál fue la decisión del Rey
y su Real Consejo de Indias. Ambos expedientes terminan con un párrafo
en el cual se refieren al hecho de que son traslados, es decir, copias de un
texto original.
En el proceso don Joaquín intenta mostrar el gran apoyo que habían
dado su padre y abuelo en la conquista y la colonización de Puebla y la
Mixteca Alta. La meta era conseguir que la Corona diera una merced a su
familia y sus descendientes, así como al pueblo de Tepexi de la Seda,
para librarlos del pago tributario. Tal petición era muy común durante el
siglo xvi, puesto que los conquistadores y sus descendientes recurrieron
continuamente a esa costumbre.
El caso inicia el 29 de noviembre de 1584 cuando el abogado Agustín
Pinto presenta, en nombre de don Joaquín, la petición al Rey, según el
texto, acompañado por un interrogatorio. Este último consiste de nueve
preguntas (Exp. 2, ff. 3r-5v) que explican la ascendencia de don Joaquín,
sus hazañas en la conquista y finalmente su descendencia. Es importante
hacer notar que el primer expediente no contiene el interrogatorio, y que,
en consecuencia, los testimonios que ahí aparecen no siguen el de este
patrón, sino que son más bien libres en su estructura.
El segundo expediente contiene otra petición de don Joaquín del 4
de diciembre en la que pide al Rey una provisión para que se ejecutara
la investigación a través de la interrogación de testigos. Sin embargo,
don gonzalo de mazatzin moctezuma 51

el doctor Pedro Farfán, oidor encargado del caso, en nombre de la Real


Audiencia­, no esperaba la respuesta del Rey a esta segunda petición. Se-
gún el primer expediente, el 6 de diciembre el doctor Farfán ordena el
inicio de la investigación. Un día después, don Joaquín presentó a seis tes-
tigos, todos de la ciudad de México, que juraron decir la verdad y cuyos
testimonios conforman el resto del expediente 1. Es hasta el 12 de diciem-
bre que don Joaquín recibe una carta y la provisión escritas en nombre del
Rey don Felipe II, las cuales se hallan en el segundo expediente. Posterior-
mente, el 28 de enero de 1585, comienzan las interrogaciones que ocupan
todo este expediente y son de personas del sur de Puebla y la Mixteca. Si
lo ponemos en un cuadro cronológico todo queda más claro:

Fecha Acción Exp.


Presentación de la petición e interrogatorio de don
29-XI-1584 2
Joaquín
29-XI-1584 Poder de la Real Audiencia a don Joaquín 1
4-XII-1584 Presentación de la segunda petición de don Joaquín 2
6-XII-1584 Auto del doctor Farfán para que se haga una probanza 1
Juramento de los seis testigos y inicio de los testimo-
7-XII-1584 1
nios en México
12-XII-1584 Recepción de la carta y provisión en nombre del Rey 2
28-I-1585 Inicio de los testimonios en Tepexi de la Seda 2

Es importante indicar que el primer expediente solamente contiene


testimonios de testigos de la ciudad de México, mientras que el otro trata
de Puebla y Oaxaca. Obviamente era mucho más fácil juntar a los testi-
gos de la ciudad de México, ya que la Real Audiencia tenía su sede allá.
Pero para juntar los testimonios del segundo expediente, tenían que man-
dar mensajeros a todos los pueblos y ordenar que los testigos vinieran
a Tepexi de la Seda para declarar en favor de don Joaquín.

Los testigos
Para defender su petición ante el Rey de España, don Joaquín de San
Francisco presentó 45 testigos de 15 diferentes pueblos. Fue de gran
52 michel r. oudijk

importancia para el caso convocar a señores mayores que tenían un gran


conocimiento de la historia, o incluso que estuvieron presentes en los
hechos que pretendían justificar que don Joaquín y el pueblo de Tepexi
de la Seda no pagaran tributo.

Nombre Lugar Estatus Edad


Don Martín Hernández Barrio de San Juan Moyotla,
principal 72 (6)
Acatecatzintli México
Alonso de San Mateo Barrio de San Juan Tepetitlan,
principal 87 (21)
Tolnahuacatl México
Barrio de San Juan Huehue­calco,
Pedro Gerónimo principal 66 (0)
México
Barrio de San Juan Tepetitlan,
Francisco Martín principal 68 (2)
México
Barrio de San Pablo Tultengo,
Daniel de Santamaría principal 90 (24)
México
Barrio de Sta. Ma. Culhuicaton-
Don Gaspar de Aquino principal 74 (2)
go, México
Domingo Jiménez Barrio de Tlaytictitlaca, Tepeaca principal > 70 (4)

Diego Hernández Barrio de Tlahitic, Tepeaca principal > 72 (6)

Agustín Atenpanecatl Izúcar principal 73 (7)


Don Vicente de
Izúcar principal 60
Castañeda
Don Melchor de
Barrio de Zoquitlan, Izúcar alcalde 75 (9)
Fustamante
Juan Fernández Barrio de Tianquizpan, Izúcar principal 75 (9)

Don Agustín Cortés Chinautla principal 60

Lorenso de Castilla Chinautla natural 45

Juan Marcos Chinautla principal 68 (2)

Francisco Mariz Zapotitlan principal 55

Francisco Sánchez Zapotitlan principal 75 (9)

Felipe de San Juan Acatepec principal 78 (12)

Francisco de Santamaría Acatepec principal 59


don gonzalo de mazatzin moctezuma 53

Antonio de Santamaría Chiapulco principal 76 (10)

Diego de San Miguel Chiapulco natural 60

Francisco Martín Tehuacan principal 79 (13)

Domingo de la Cruz Tehuacan principal 76 (10)

Don Pedro de Guzmán Cuzcatlan principal 83 (17)

Don Antonio López Cuzcatlan principal 78 (12)

Don Juan Velázquez Tequicistepec principal 75 (9)

Don Francisco Felipe Tequicistepec principal 75 (9)

Alonso García Tepexi de la Seda principal 83 (17)


Estancia de Sta Ma Molcaxac,
Alonso de Santiago principal > 73 (7)
Tepexi
Toribio Andrés Estancia de San Gabriel, Tepexi principal > 90 (24)

Juan Antonio Tepexi de la Seda principal 77 (11)

Juan de Santiago Tepexi de la Seda principal 88 (22)

Alonso de San Martín Tepexi de la Seda principal 90 (24)

José de Santamaría Santiago Tecali principal 80 (14)

Francisco Verdugo Santiago Tecali principal 80 (14)

Pedro Canseco Tejupan principal 69 (3)

Francisco de Mendoza Tejupan principal 68 (2)

Alonso López Tejupan principal 70 (4)

Hernando Mendez Coixtlahuaca principal 80 (14)

Cristóbal Pérez Coixtlahuaca principal > 80 (14)

Pedro García Coixtlahuaca principal 85 (19)

Domingo García Coixtlahuaca principal 80 (14)


54 michel r. oudijk

Juan López Coixtlahuaca principal 85 (19)

Don Francisco de Villegas Ixcatlan principal 60

Tomás Jiménez Ixcatlan principal 64

Si se toma en cuenta que la conquista empezó en 1519, podemos


considerar que cualquier testigo mayor a 72 años —o sea, de 6 años en
1519— es una persona que ha vivido y, tal vez, visto con sus propios
ojos los acontecimientos. En el cuadro se ve la edad que tenían los testi-
gos cuando dieron sus testimonios, así como la edad que tenían cuando
Cortés llegó por primera vez a Tepexi de la Seda. De esta información se
puede concluir que 30 testigos, al arribo de Cortés y sus hombres, tenían
una edad que les permitía estar conscientes de lo que sucedía y diez par-
ticiparon activamente en las siguientes conquistas.
Obviamente no se puede tomar por cierta la información dada en la
probanza sin un análisis crítico. El simple hecho de que se repitan los
mismos datos en los 45 testimonios no necesariamente significa que sean
verdad. Además, existen otras fuentes independientes que pueden poner
en duda la mayor parte de la información. Por ejemplo, ni Cortés, López
de Gómara o Díaz del Castillo se refieren al encuentro entre Cortés y
Mazatzin, y mucho menos a las conquistas que, según los testigos, el
último llevó a cabo. Pero el argumento más fuerte en contra de la auten-
ticidad de los testimonios es que el documento mismo es una probanza,
es decir, don Joaquín intenta probar algo para después sacar provecho
de ello. Si logra probar el papel principalísimo que tuvo su abuelo en la
Conquista, puede ganar y mucho. Por lo anterior, es esencial tener cui-
dado con la información proporcionada por don Joaquín y los testigos.
Entonces, ¿cómo podemos hacer un análisis crítico y corroborar la ve-
racidad del contenido de este documento único? Ya que no existe otro
documento que pueda ayudar en la verificación, es necesario analizar el
contexto y la coherencia interna de los hechos. En el capítulo anterior
mostré, con Matthew Restall, que varios patrones de la conquista eran,
en verdad, tradiciones mesoamericanas que explican por qué la histo-
ria tomó tal rumbo. Esos patrones son coherentes dentro del contexto
don gonzalo de mazatzin moctezuma 55

de la guerra y la conquista mesoamericana, por lo tanto su presencia no


es extraña en un documento como la probanza de don Joaquín de San
Francisco Moctezuma. Por ejemplo, la formación de alianzas como la
de Mazatzin y Cortés es perfectamente normal en Mesoamérica y no hay
razones para dudar de su veracidad.
Hay otros elementos que parecen confirmar que la probanza contiene
información fiable. Por ejemplo, varios testigos mencionan la conquista
de su propio pueblo por Mazatzin. Es difícil explicar tales testimonios si
no fueran verdaderos, ¿por qué los testigos de ocho pueblos iban a refe-
rirse a la conquista de su propio pueblo si no fuera verdad, siendo éste un
hecho bastante vergonzoso?, incluso, se refieren a las conquistas de otros
seis pueblos más. Por otro lado, es significativo que ningún conquistador
español mencionara la conquista de la región tomada por Mazatzin. No
obstante, en todas las fuentes se asienta que pasaron por la Mixteca Alta
hacia el Valle de Oaxaca sin reportar ninguna guerra, batalla o resistencia.
Eso es particularmente extraño si, como sabemos, la Mixteca era una re-
gión de poderosos señoríos que contaba con poblaciones grandes y fuer-
tes capaces de resistir enfrentamientos militares. Si fue Mazatzin quien
conquistó esa región, este hecho puede explicar la incógnita.
Aunque la probanza de don Joaquín, entonces, tiene varios problemas
para el análisis historiográfico, tampoco se puede descartar como falso
o dudoso. Los relatos de Hernán Cortés y Bernal Díaz del Castillo tienen
los mismos problemas, sin embargo conforman las bases de la historia
aceptada de la conquista de Mesoamérica. A nadie se le ocurre tachar
esas fuentes como falsas e ignorarlas al describir la historia de México.
Del mismo modo, no puede ponerse en duda fuentes como la probanza
de don Joaquín de San Francisco Moctezuma.

Los testimonios

Como he mencionado, hay dos diferentes tipos de testimonios; el pri-


mero contiene los de los testigos de la ciudad de México que se encuen-
tra en el primer expediente, y el segundo ­expediente, los de la Mixteca y
Puebla. Pero también hay una diferencia en el formato de los t­estimonios.
56 michel r. oudijk

Por ­alguna razón, los testigos de México no siguieron el interrogatorio


y quedó asentado como texto corrido, en vez de dividirlo en respuestas
a las preguntas, como es el caso del segundo expediente.
El formato escogido en el primer expediente tiene como consecuencia
que a veces es difícil para un lector moderno entender el texto por los cam-
bios que ha sufrido la sintaxis y la puntuación del español. Generalmente,
en los documentos de los siglos xvi y xvii, casi no se utilizan puntos, y la
aplicación de comas y mayúsculas es bastante irregular. Por tanto, muchas
veces no es claro dónde comienza una frase y dónde termina, pero tam-
poco es claro cuál es la relación entre las distintas partes de las oraciones
complejas. Ese problema puede resultar en errores de lectura o de interpre-
tación. Pongamos de ejemplo la siguiente frase:

[…] y en lo que toca al d[ic]ho don G[onzal]o Mazatzin motecçuma dixo


que ansimismo oyo dezir quel susod[ic]ho ffue hijo de una hija de monteçu-
ma el viejo rrey que ffue en el tienpo de su ynfidelidad desta d[ic]ha çiudad
de mexico […]

El problema aquí está en la parte de Moctezuma y todo depende de dón-


de se ponga la coma: “una hija de monteçuma, el viejo rrey que ffue…”
o “una hija de monteçuma el viejo, rrey que ffue…”. La importancia está
en la identificación de Moctezuma ya que hay dos gobernantes mexicas con
ese mismo nombre. ¿Se trata entonces de Moctezuma Ilhuicamina (1440-
1469) o de Moctezuma Xocoyotzin (1502-1520)? En el primer ejemplo
puede ser cualquiera de los dos, mientras que en el segundo ejemplo se tra-
ta de Ilhuicamina que también se llamaba Moctezuma el Viejo. Obviamen-
te, por razones históricas es de suma importancia saber a cuál de los dos
señores se refieren, porque así podemos determinar si Mazatzin era nieto
de Ilhuicamina o de Xocoyotzin. De hecho, en varias publicaciones se ha
dicho que Mazatzin era nieto de Moctezuma Xocoyotzin, sin embargo un
análisis pormenorizado muestra que es nieto de Moctezuma Ilhuicamina.
Por ejemplo, en el folio 14r del primer expediente claramente dice ‘avido
e thenido el d[ic]ho don gonçalo por nieto del d[ic]ho Rey montecuma el
biejo’, que no deja ninguna duda sobre la relación entre estos dos personajes.
don gonzalo de mazatzin moctezuma 57

Para evitar tales equivocaciones y facilitar la lectura, en general se


“normaliza” la ortografía y puntuación en las publicaciones de textos co-
loniales. Sin embargo, es importante hacer notar que cualquier cambio
a un texto es una interpretación y, por tanto, un alejamiento de la fuente
original, por lo que es preferible quedarse lo más cerca posible al texto
original. La reproducción más fiel al original es la fotográfica, pero esa
tiene el inconveniente de que la lectura de textos del siglo xvi requiere de
una experiencia y educación especializada, y son pocos los lectores que
pueden hacerla. Entonces, aunque cualquier trascripción en sí es una in-
terpretación, lo más recomendable es recurrir lo menos posible a cambios
o interpretaciones, es por esto que en la trascripción que aquí se publica
no se ha modernizado la puntuación.36
Sin embargo, para que el lector de estas líneas pueda entender mejor
el texto publicado, ofrezco un ejemplo modernizado de un testimonio.
Así se puede comparar el texto en su forma original y en su forma adap-
tada. Al mismo tiempo, dará una impresión de la riqueza de la informa-
ción contenida en la probanza de don Joaquín. Se trata del testimonio de
Alonso de San Mateo Tolnahuacatl,37 un principal de 87 años del Barrio
de San Juan Tepetitlan de la ciudad de Tenochtitlan (Exp. 1, ff. 7v-8r):

[En el margen: testigo] El dicho Alonso de San Mateo Tolnaguacatl, indio,


habiendo jurado en forma de derecho en preferencia del dicho señor oidor y
siendo presentado por el tenor del dicho auto del oficio de la Real Justicia, dijo
que conoce al dicho don Joaquín de San Francisco, gobernador del pueblo
de Tepexi de la Seda de esta Nueva España, desde que el susodicho era
niño de poca edad. Todo lo cual declara este testigo mediante el dicho Juan
de Riberol, intérprete susodicho. Y que sabe que el dicho don Joaquín es
hijo de don Juan de Montezuma, cacique que fue del dicho pueblo de Tepexi
y de doña Isabel, sus padres, a los cuales este testigo se lo vio criar y alimentar
públicamente, haciendo vida maridable legítimamente los susodichos en el di-
cho pueblo de Tepexi de la Seda. Y sabe que no tuvieron del dicho matrimonio

36
Para tener una idea más clara de cómo se realizó la transcripción remito al lector
a las reglas de transcripción que se siguieron para este documento (p. 105).
37
Parece que se trata de un gentilicio, o sea “persona de Tolnahuac”. Tolnahuac quie-
re decir “cerca de los tules”.
58 michel r. oudijk

más que al dicho don Joaquín de San Francisco porque lo vio este testigo se-
gún lo tiene dicho y declarado. Y que conoció a don Gonzalo Mazatzin Tecutle
Montezuma, padre del dicho don Juan de Montezuma y abuelo del dicho don
Joaquín de San Francisco. Y al modo de su gentilidad sabe este testigo, que an-
tes que fuese casado el dicho don Gonzalo, hubo por su hijo al dicho don Juan
de Montezuma, padre del dicho don Joaquín. Porque este testigo es hombre de
más de ochenta y seis años y vio cómo era habido e tenido públicamente el di-
cho don Juan por hijo del dicho don Gonzalo Montezuma, y esto al dicho don
Gonzalo Mazatzin Montezuma. Asimismo sabe este testigo que fue público y
notorio en esta ciudad de México y Nueva España ser el susodicho nieto de
Montezuma, rey que fue en aquel tiempo de esta ciudad de México y Nueva
España, que era en tiempo de su gentilidad. Y que era hijo de una hija del di-
cho Montezuma, que se llamaba Mazatzin. Y en tal reputación de tal nieto del
dicho Montezuma pintado en todas las pinturas antiguas. Y fue el dicho don
Gonzalo señor natural e gobernador del dicho pueblo de Tepexi de la Seda. Y
este testigo le conoció muy particular y vio lo que dicho y declarado tiene en
el dicho pueblo y en esta dicha ciudad de México Y demás de esto este testigo
oyó decir por cosa pública y muy notoria como, habiendo venido a esta Nueva
España el Marqués del Valle don Hernando Cortés y estando en la ciudad de
Tlaxcala, el dicho don Gonzalo Mazatzin Montezuma, siendo gobernador del
pueblo de Tepexi, envió indios principales del dicho pueblo con mensaje
e recaudo suyo al dicho Marqués del Valle. Y entre los que fueron con el dicho
mensaje fue uno de ellos un tío de este testigo que se llamaba Toche. Y envió
a decir al dicho don Fernando Cortés qué se le ofrecía en nombre de su majes-
tad por leal vasallo, él y los suyos, para acudir a servir a la Real Corona en todo
lo que se ofreciese. Y le envió un presente de oro y piedras muy ricas y cosas
de pluma muy preciadas, de lo cual el dicho Marqués recibió mucho contento
y lo tuvo en mucho. Y recibió el dicho presente. Y que había dado la respuesta
del dicho mensaje al dicho su tío de este testigo. Y le había dicho que dijese
al dicho don Gonzalo Montezuma como se vendría por el pueblo de Tepexi
a holgarse y a agradecerle el comedimiento y lo demás que con él había he-
cho. Y después de esto, que viniendo el dicho don Hernando Cortés, Marqués
del Valle, hacia esta ciudad desde Tlaxcala, le salieron a recibir el dicho don
Gonzalo Montezuma y los demás del dicho pueblo de Tepexi en término del
dicho pueblo de Tepexi. Que iba de paso caminando. Y le recibieron junto a la
Estancia de Molcaxac. Y que había recibido mucho contento el dicho Marqués
del Valle con el dicho don Gonzalo. Y que se le había allí ofrecido de nuevo
con su persona y los suyos para servir la Real Corona. Todo lo cual este testigo
no lo vio más de que lo oyó decir al dicho su tío y a otras muchas personas de
este Nueva España. Y fue y es público y notorio entre los naturales de ella,
don gonzalo de mazatzin moctezuma 59

demás de lo cual oyó decir este testigo. Según dicho es pública y comúnmente
cómo el dicho Marqués del Valle admitiendo los ofrecimientos que le había
hecho el dicho don Gonzalo Montezuma, abuelo del dicho don Joaquín de San
Francisco, le había dado y le dio conducta de capitán para conquistar la Mix-
teca y pueblos de ella, de esta Nueva España. Y le había puesto una espada en
la cinta y dándole una lanza para defensa y ornato de su persona. Y con esto se
había despedido del dicho Marqués del Valle el dicho don Gonzalo. Y después
había ido ganando. Como dicen que ganó por fuerza de armas y a su costa y
mención muchos pueblos de indios de la dicha Mixteca por buenas palabras a
lagunas y a otros por guerra. Que con ellos tenía y tuvo hasta conquistarlos y
traerlos debajo de la Real Corona. Y en todo acudió el dicho don Gonzalo a las
cosas del servicio de su Majestad como muy leal y buen vasallo a su costa. Y
gastando, como dicen que gastó toda su hacienda. Y que había sido de mucha
importancia su favor y ayuda para ganar, como se ganaron, muchos pueblos
según dicho tiene. Y al fin de su muerte dejó dos hijas y un hijo, de cuyos nom-
bres de las hijas no se acuerda. Y el hijo fue el dicho don Juan Montezuma, pa-
dre del dicho don Joaquín de San Francisco. Y murió el susodicho don Gonza-
lo en esta dicha ciudad. Y lo vio enterrar en el monasterio de San Francisco de
esta dicha ciudad de México. Y fue casado con la dicha doña Isabel de quien
procede el dicho don Joaquín según lo tiene dicho y declarado. El cual dicho
don Joaquín es hombre en quien cabe cualquiera merced que su majestad le
haga, porque es de buen entendimiento y buen cristiano y muy amigo de espa-
ñoles. Y les favorece en sus necesidades. Y esto lo sabe este testigo porque lo
ha visto. El cual es casado y tiene hijos y familia. Y no sabe este testigo y por
razón de los dichos servicios que el dicho don Gonzalo, su abuelo, hizo a su
majestad en la dicha conquista, le haya remunerado cosa alguna al susodicho.
Ni a sus pasados que este testigo sepa, ni entienda. Solamente le conoce gober-
nador de los naturales al dicho don Joaquín y entiende que con el dicho cargo
tiene poco salario y está necesitado. Y esto es lo que sabe y responde a lo con-
tenido en el dicho auto de oficio de la Real Justicia. Lo cual es la verdad para
el juramento que hizo. Y dijo ser de edad de ochenta y siete años, poco más o
menos. Y que no le toca ninguna de las preguntas generales. Y mediante el di-
cho Juan de Riberol, intérprete susodicho, se ratificó en este su dicho, siéndole
leído y dado a entender. Y lo firmó de su nombre. Y lo rubricó el dicho señor
oidor. Y fírmalo el dicho intérprete Alonso de San Mateo, Juan de Riberol ante
mí, Diego García Flores, escribano o receptor de su majestad.

Don Alonso tenía acceso directo a información relacionada con don Gon-
zalo Mazatzin y sus hazañas con Hernán Cortés, puesto que todo lo sabía
60 michel r. oudijk

a través de su tío, Toche o “el que tiene conejos”, quien seguramente


contaba una y otra vez a todos sus familiares y amigos sobre el encuen-
tro con ese hombre blanco y barbado que había llegado en “castillos”
flotando en el mar. Entre los que escuchaban ese relato estaba Alonso de
San Mateo y probablemente lo oyó muchas veces más desde esa primera
vez, ya que era un momento clave en la historia de su mundo.
Gracias a este ejemplo queda claro que la transmisión de información
a través de la tradición oral era fundamental en tiempos prehispánicos
y coloniales tempranos, ya que al fin y al cabo, la mesoamericana era
principalmente una sociedad oral, por lo que múltiples veces los testigos
afirman que “oyo dezir a sus padres abuelos o antepasados”. Sin embar-
go, Alonso no solamente sabía la historia por las tradiciones orales, sino
que también se refiere a las historias de los pueblos y de sus gobernantes
“pintadas en todas las pinturas antiguas”, que no son más que los có-
dices. Existen diversos documentos pictográficos de toda Mesoamérica
que contienen las genealogías de los señores y seguramente don Joaquín
también tenía varios de esos documentos. Aunque parece muy poco pro-
bable que Alonso mismo los hubiera consultado, había otra manera para
que la gente se enterara de sus contenidos. Los códices fueron contados
por especialistas que revelaron sus historias en frente de un público o el
pueblo entero durante ceremonias o fiestas:

y como se llegase el dia de la fiesta y estuviesen todos aquellos malhechores


en el patio con todos los caçiques de la provinçia y prinçipales y mucho gran
num[er]o de gente levantavase en pie aquel saçerdote mayor y tomava su
bordon o lanza y contabales alli toda la ystoria de sus antepasados como vi-
nieron a esta provinçia y las guerras que tuvieron, el servi[ci]o de sus dioses
y durava hasta la noche q[ue] no comian ni bevian el ni ninguno de los que
estavan en el patio (Relación de Michoacán, ff. 61v).

Es por estos mecanismos de tradiciones orales y presentaciones públicas


que la gente conoció la historia. Esto explica por qué los testigos pre-
sentados por don Joaquín recordaban con mucho detalle los eventos que
pasaron dos generaciones atrás. Por ejemplo, Alonso se refiere a la hija
de Moctezuma Ilhuicamina, madre de don Gonzalo Mazatzin. Según su
don gonzalo de mazatzin moctezuma 61

testimonio la hija se llamaba Mazatzin, nombre que está corroborado por


la Crónica Mexicayotl de Tezozomoc (1992: §200) que dice que la hija
se llamaba Mazaxochitzin (Maza[tl] + xochi[tl]+tzin) y que se casó con
Tozancoztli, señor de Tepexic Mixtlan.
Si miramos el segundo expediente, que tiene una estructura distinta a la
presentada en el primero, vemos que está compuesto por enumeraciones,
listas de respuestas a las preguntas del interrogatorio. Una gran desven-
taja de ese formato es que los testigos a menudo se limitaron a la infor-
mación contenida en las preguntas. Incluso varios testigos empiezan sus
respuestas con la frase “dijo este testigo [que] sabe la pregunta como
en ella contiene, dice y declara”. Esa respuesta es frustrante para noso-
tros, porque sabemos que el testigo probablemente supo mucho más que
la información contenida en la pregunta. Aunque seguramente el juez
pudiera haber sacado mucha más información de los testigos, no pode-
mos olvidar que el objetivo del documento no era dejar un legado para
la posterioridad, sino hacer un registro de las hazañas de don Gonzalo
­Mazatzin para que le dieran privilegios a su nieto don Joaquín y al pue-
blo de Tepexi de la Seda.
Para tener una idea más amplia de lo que contiene la probanza, en las
siguientes páginas se analizan las nueve preguntas y sus respuestas.

I Primeramente, si conocen al dicho don Joaquín de San Francisco Monte-


zuma y si conocieron a don Juan Montezuma, padre del dicho don Joaquín,
y al dicho don Gonzalo Montezuma Mazatzin, su abuelo, caçiques y señores
naturales que fueron del pueblo de Tepexi que dicen de la Seda.

Esta pregunta es típica de todos los interrogatorios y es para determi-


nar si el testigo conoce las partes involucradas y cómo las conoce. Las
respuestas nos brindan información valiosa. Por ejemplo, la mitad de
los testigos afirmaron que habían conocido a don Joaquín desde hacía
40 años, o sea desde 1545, y otra cuarta parte respondió que tenían 35
años de conocerlo, mientras que algunos de estos testigos dijeron que le
conocieron desde su nacimiento. De esa información podemos concluir
que tenía la edad aproximada de 40 años en el momento que se hizo la
probanza. Alonso de Santiago, vecino de Santa Maria Molcaxac parece
62 michel r. oudijk

ser aún más preciso cuando afirmó que conoció a don Joaquín desde su
nacimiento 44 años atrás.
Asimismo, hay cinco testigos que conocieron a don Gonzalo desde ha-
cía 65 años (1520), lo cual es lógico ya que era gobernante de Tepexi en
aquel entonces. Sin embargo, Juan Marcos del pueblo de Chinautla (Exp.
2, f. 52r) mencionó que tenía 60 años de conocerlo (1525), cuando tenía 8
años y había ido con su padre a Tepexi; así también relata que al poco tiem-
po de llegados había fallecido don Gonzalo. De esa información podemos
inferir que don Gonzalo Mazatzin vivió hasta 1525 cuando su hijo, don
Juan, tomó el trono, sin embargo del hijo de don Gonzalo, sabemos muy
poco. Don Juan vivió hasta 1549 y entonces Joaquín, que tenía aproxima-
damente 8 años, tomó posesión como gobernante. Obviamente, todas esas
fechas son aproximadas porque el año en el que los testigos conocieron
a los protagonistas no necesariamente se refiere a la vida de la familia
Mazatzin. Por otro lado, los testigos mencionan números redondos: 30,
35, 40, 45 años, etc, que sugiere que no son fechas precisas.

II Item. Si saben que el dicho don Gonzalo Montezuma Mazatzin era nieto
de Montezuma, el señor que fue de México, y reinaba en él cuando el Marqués
del Valle lo conquistó. Hijo ligítimo de una hija del dicho Montezuma de
México que casó con Xochitzintecutli, que era cacique y señor del dicho
pueblo de Tepexi. El cual, dicho don Gonzalo, casó ligítimamente a su modo
en su infidilidad con Queyahuisutzin, que después se llamó doña María, de
quien hubo por su hijo mayor a don Juan Montezuma.
Y el dicho don Juan, que sucedió en el cacicazgo de Tepexi, casó con
doña Isabel en quien hubo de su matrimonio por su hijo único ligítimo al di-
cho don Joaquín de San Francisco, el cual el día de hoy, como sucesor de la
dicha casa y cacicazgo de Tepexi, es cacique y gobernador del dicho pueblo,
declarado por auto del visorey y autos de vista y revista de esta Nueva Espa-
ña. Digan todo lo que cerca de esto saben y cómo.
VII Item. Si saben que el dicho don Gonzalo Montezuma dejó, cuando
murió, solamente tres hijos; al dicho don Juan y a dos hijas llamadas doña
Isabel y doña Ana. Y el dicho don Juan no dejó más hijos que al dicho don
Joaquín. Digan lo que saben y cómo.

La segunda y séptima pregunta tratan el mismo asunto por lo cual las


discutiré en conjunto. Ambas preguntas están dirigidas a la ascendencia
don gonzalo de mazatzin moctezuma 63

y descendencia de don Joaquín. El hecho de que la probanza tenga como


objetivo principal la comprobación de las hazañas de don Gonzalo es muy
importante, ya que lo que se buscaba era que el Rey diera ciertos privi­
legios a su nieto don Joaquín, por lo que era muy importante demostrar
que sí era descendiente de Mazatzin. Como todavía no había registros de
nacimientos, la manera para mostrar ascendencia era a través de testigos.
El resultado de los testimonios es como se ve en el siguiente cuadro:

Si comparamos los testimonios del primer y segundo expediente,


queda claro que los últimos son más completos en cuanto a la informa-
ción sobre los cónyuges de los gobernantes de Tepexi. Todos los testi-
gos estaban de acuerdo al decir que Moctezuma Ilhuicamina era abuelo
de don Gonzalo Mazatzin, a través de una hija llamada Mazatzin. No
obstante, aquí empiezan las primeras diferencias. Como vimos en el tes-
timonio de Alonso de San Mateo Tolnahuacatl, la hija de Moctezuma se
llamaba Mazatzin, información que también corroboraba don Alonso de
San Martín de Tepexi, pero no Juan de Santiago, otro principal del mis-
mo pueblo, al decir que se llamaba Matzasutzin, exactamente el mismo
nombre que daba Tezozomoc en la Crónica Mexicayotl. Obviamente,
este último nombre está formado por las palabras maza(tl) y xochi(tl),
más el sufijo honorífico -tzin, de ahí que el nombre de Mazatzin sea una
64 michel r. oudijk

forma corta de Mazaxochitzin, sin que los testigos se contradijesen en-


tre sí.38
Lo que sí resulta curioso es que Tezozomoc registrara a Tozancoztli
como marido de Mazaxochitzin, mientras los testigos de don Joaquín
dijeran que se trataba de Xochitzin. O sea, que el nombre del marido sea
precisamente la segunda parte del nombre de la hija de Moctezuma, que
es la parte que casi todos parecen haber olvidado. No obstante, para este
caso hay dos posibles explicaciones. La primera tiene que ver con los
nombres personales y calendáricos. Sabemos que en la tradición del cen-
tro de México los señores normalmente se registraban con sus nombres
personales. Es por eso que conocemos a Ahuizotl y Moctezuma con esos
nombres y no con sus nombres calendáricos, como en Oaxaca, donde es
más común llamar a los señores por sus nombres calendáricos, como es el
caso del Señor 8 Venado, el famoso guerrero mixteco. La región del sur
de Puebla es precisamente el lugar donde se juntan esas dos tradiciones
y donde se puede encontrar ejemplos de ambas, aunque cuando en los
documentos alfabéticos se dan los nombres calendáricos, normalmente
sólo se da el signo y no el numeral. Es el caso de Atonaltzin, el ‘Señor
[con el nombre calendárico] Agua’ de Coixtlahuaca y el de Mazatzin,
o Señor Venado de Tepexi. Tomando en cuenta esas tradiciones, es po-
sible entonces que Tezozomoc, siguiendo la tradición del centro, sólo
hubiese registrado el nombre personal del padre de don Gonzalo, mien-
tras que los testigos de don Joaquín, siguiendo la tradición sureña, le
hubieran dado su nombre calendárico sin el número. Si ese es el caso, el
nombre completo del padre sería entonces Tozancoztli Xochitzin.
La segunda explicación tiene que ver con la memoria histórica. Al res-
pecto también es posible que la señora Mazaxochitzin se hubiese casado
con Tozancoztli y que por alguna razón el nombre del marido fuera ol-
vidado y él se quedara con la segunda parte del nombre de su mujer. Tal
proceso es posible si tomamos en cuenta la importancia de esta señora,
o, más bien, de lo que ella representaba. Mazaxochitzin era el lazo entre

La introducción de la palabra xochitl en el nombre también podría ser una indica-


38

ción del género del que lo ostentaba (femenino). Agradezco a Sebastián van Doesburg
la observación. Véase el lienzo de Tlapa para esta práctica.
don gonzalo de mazatzin moctezuma 65

don Gonzalo y Moctezuma Ilhuicamina, o entre la casa real de Tepexi


y la de Tenochtitlan. Era fundamental, obviamente, recordar ese víncu-
lo, de ahí que todos los testigos rememoraran que don Gonzalo era hijo
de una hija de Moctezuma. Parece que pocos se acordaban del nombre
de esa hija, pero lo que sí recordaban es que era hija del gobernante de
Tenochtitlan. Desde luego, no cabe duda de que la alianza entre Teno-
chtitlan y Tepexi era tan importante que en la Crónica Mexicayotl se
registraron los nombres de sólo tres de los ocho hijos de Moctezuma
Ilhuicamina, siendo precisamente uno de ellos el de Mazaxochitzin.
La cuestión es que la misma Crónica Mexicayotl indica por qué era
importante registrar a la hija de Moctezuma, y es que según esta fuente,
con Mazaxochitzin comenzó el tlatocayotl de Tepexi. El tlatocayotl era
el señorío, el sistema político construido para manejar el altepetl o comu-
nidad autónoma, que tenía en la cabeza al tlatoani o gobernante heredita-
rio. Obviamente, Mazaxochitzin no representaba el inicio del tlatocayotl
en Tepexi, pero sí el inicio del tlatocayotl mexica, ya que seguramente el
pueblo había tenido un señor tlatoani de otra etnicidad. Sin embargo, la
fundación de un linaje mexica en Tepexi, ligado al linaje de Tenochtitlan,
era de suma importancia para ambas partes en tanto que legitimaba sus
intereses políticos. Tenochtitlan reclamó derechos tributarios y servicio
personal a Tepexi, y Tepexi obtuvo una ascendencia prestigiosa y logró
imponerse a otros grupos o comunidades de la región.
Una posible contradicción entre los testimonios del primer y segundo
expediente está en el nombre cristiano de la señora Mazaxochitzin. Según
dos testigos de Tenochtitlan, la señora todavía vivía cuando llegaron los
españoles y se bautizó con el nombre de doña María. Es precisamente el
mismo nombre que tomó la mujer de don Gonzalo, llamada Queyahuisu-
tzin. Ahora bien, aunque es posible que la señora Mazaxochitzin viviera
todavía en 1519 y tuviera el nombre de María que le dieron en el bau-
tizo, lo que es seguro es que ninguno de los testigos de la Mixteca y de
Puebla, ni siquiera los de Tepexi, le dieron ese nombre a la madre de don
Gonzalo.
En el Archivo General de la Nación hay varios documentos que se
refieren a Moctezuma y Mazaxochitzin. En realidad son documentos
66 michel r. oudijk

t­radicionalmente relacionados con caciques de Tlatelolco, que continua-


mente mencionan a Moctezuma y a su hija doña María ­Xochimazatzin, de la
que se dice que estaba casada con Cuauhtémoc. El cambio de Mazaxochit­
zin a Xochimazatzin es insignificante ya que está basado en el diferente
orden de lectura del glifo onomástico de esta mujer, y sabemos que los tes-
tigos de Tenochtitlan obtenían su información de documentos pictográficos,
como el mismo Alonso de San Mateo Tolnahuacatl atestiguaba. No obstan-
te, el supuesto matrimonio entre Xochimazatzin y Cuauhtémoc era de gran
importancia para varios caciques del centro de México, porque reclamaban
ser descendientes de esa pareja. El Códice Techialoyan García Granados
parece retomar, de una manera un poco difícil de entender, la misma infor-
mación (Anverso, núms. 76, 78; Reverso, núms. 84-85).39
Aunque en el caso de los documentos relacionados con Tlatelolco se
trata de Moctezuma Xocoyotzin y en los de Tepexi de Moctezuma Ilhui-
camina con sus respectivas hijas, es posible que se tratara de los mismos
personajes. La explicación a esa mezcla de personajes históricos está
en un proceso que forma parte de la tradición oral llamado “estructura-
ción”, según el cual personajes análogos se fusionan en uno solo (Van-
sina 1985: 21, 167-173). Quiere decir que si existieron dos personajes
con los mismos nombres o características, se tendió a fusionar a esos
personajes en uno, atribuyéndole las hazañas de ambos, convirtiéndose
así la hija de Moctezuma Ilhuicamina en la de Moctezuma Xocoyotzin.
Con base en lo anterior, es fácil imaginar que un proceso igual tuvo lugar
en relación con el nombre cristiano: si Xocoyotzin tenía una hija llamada
Mazaxochitzin que fue bautizada María, la hija de Ilhuicamina llamada
Mazaxochiztin también debía tener ese nombre cristiano.40
Regresando a la genealogía de los gobernantes de Tepexi, don Juan
fue el primero de tres hijos, seguido de sus hermanas doña Isabel y doña
Ana. Como era el primogénito, y además varón, no hubo entonces dudas
sobre su derecho al cacicazgo. La mujer de don Juan era doña Isabel,
a quien todos los testigos identificaron como cacica o principal, si bien

Véase Castañeda de la Paz 2008 y 2009 para una discusión detallada sobre este
39

asunto.
40
Para otro ejemplo, todavía más complejo de estructuración, véase Oudijk (2000).
don gonzalo de mazatzin moctezuma 67

nadie dijo de dónde procedía. De ese matrimonio nació don Joaquín, único
hijo, quien heredó de su padre el cacicazgo de Tepexi. Don Joaquín se
casó con doña Lucía de Constantino, cacica de Zapotitlan, un importante
centro de producción de sal, y juntos procrearon a seis hijos, de los que no
se dieron sus nombres. Tan sólo se dijo que eran cuatro hijos y dos hijas.

III Item. Si saben que cuando el marqués don Hernando Cortés entró con-
quistando esta Nueva España en servicio de su majestad, habiendo llegado
a Tlaxcala, antes que viniese a esta ciudad de México, lo envió a visitar y
saludar de paz el dicho don Gonzalo Montezuma Mazatzin con mensajeros
suyos desde el dicho pueblo de Tepexi. Y le hizo presente ofreciéndose por
amigo, y a sus macehuales, vasallos y parientes en servicio de su majestad.
Y el dicho marqués lo aceptó. Y luego, otra vez habiendo pasado el dicho
marqués a Tepeaca, conquistándole, tomó a hazer el propio ofrecimiento y
mensaje, ofreciéndole ayuda siempre que le hubiese menester de él y de su
gente, Lo cual aceptó y tuvo en mucho el dicho marqués y muy importante
como lo fue. Digan lo que saben y como.
IIII Item. Si saben que, confiado el dicho marqués de la amistad y ofreci-
mientos del dicho Montezuma Mazatzin, pasó conquistando por las provincias
comarcanas a Tepexi. Y habiéndose acercado, salió el dicho Montezuma Ma-
zatzin en persona con muchos principales y vasallos suyos a recibirle y servir
con el dicho marqué, y ofreció y dio obediencia a su majestad. Y allí trató
con el dicho marqués que se viniese la vuelta de esta ciudad de México como
lo hizo, Y que el dicho don Gonzalo Montezuma hallanaría y conquistaría la
Mixteca y provincias comarcanas a Oaxaca, con su gente a su costa. Y enton-
ces el dicho marqués nombró por capitán de su majestad al dicho don Gonzalo
Montezuma y se volvió hacia esta ciudad de México. Y el dicho don Gon-
zalo quedó encargado de la dicha conquista. Digan lo que saben de la dicha
conquista. Digan lo que saben y como el dicho marqués, habiendo recibido
muchos presentes de oro y plata del dicho don Gonzalo, le dio espada y lanza.

Con estas dos preguntas, el interrogatorio gira hacia las hazañas de


don Gonzalo Mazatzin en el momento de la llegada del ejército de Cortés
a la región. Mientras la tercera trataba de las muestras de lealtad que
Mazatzin mandó a Cortés, la cuarta aludía al encuentro entre estos dos
perso­najes. Y aunque las preguntas trataban de temas o eventos diferen-
tes, varios testigos contestaron parte de la cuarta pregunta en la respuesta
de la tercera.
68 michel r. oudijk

A primera vista parece que las dos veces que Mazatzin mandó men-
sajes de amistad a Cortés fueron momentos muy cercanos entre sí. Sin
embargo, aunque la pregunta solamente da una vaga indicación, utilizan-
do la frase “y luego”, sabemos que había pasado, por lo menos, un año en-
tre los mensajes de Tlaxcala y Tepeaca. La primera vez que Mazatzin­
­envió embajadores a Tlaxcala fue cuando los aliados aún no habían ido
a Tenochtitlán, o sea finales de septiembre de 1519 en tanto que la segunda
vez fue después de haber conquistado Tepeaca, en 1520, poco antes de
que Cuauhtémoc fuera instalado como tlatoani, más o menos en febrero
de 1521 (Díaz del Castillo, 1955: cap. 130).
Varios testigos confundieron la primera vez que Cortés estuvo en Tlax-
cala con la segunda, después de la Noche Triste, el 30 de junio de 1520.
Este error de la memoria no es tan raro si tomamos en cuenta que habían
pasado 65 años y muchos de los testigos eran bastante jóvenes cuando
todo esto pasó. Además, porque es normal que la memoria tienda a unir
eventos similares y convertirlos en uno solo (Vansina, 1985). Puesto que
el ejército de Cortés estuvo dos veces en el mismo lugar (Tlaxcala), pare-
ce que eso fue precisamente lo que pasó con los testigos de don Joaquín.
En cuanto a la tercera pregunta, en ella se dice que en 1519 Mazatzin
envió a Tlaxcala a algunos mensajeros con regalos. Alonso de Santiago,
originario de Santa María Molcaxac dijo, sin embargo, que esto se había
hecho después de que se hubiese recibido la invitación de los señores
de Tlaxcala­a través de dos mensajeros. Al parecer, éstos trajeron la no-
ticia de que Cortés había llegado con mucha gente, que eran de ‘extraña
nación’ pero muy valientes. Ésta es, sin duda, una de las pocas expre-
siones que tenemos sobre la impresión que los españoles causaron a los
mesoamericanos. Sólo Francisco Martín de Tepetitlan añadió algo más
al referirse a las palabras de don Gonzalo cuando dijo que habían llegado
a la tierra los dioses. Esto explica que don Gonzalo enviara un comité de
cuatro embajadores a Tlaxcala, los cuales han podido ser identificados:
uno era el padre de Francisco Martín; el otro, Malinatl Teutli, padre de
Alonso de Santiago de Molcaxac; el tercero, el testigo Toribio Andrés
de San Gabriel; y el último, Toche, el tío de Alonso de San Mateo Tolna-
huacatl, otro de los testigos. A través de ellos, así como de otros testigos,
don gonzalo de mazatzin moctezuma 69

se ha podido saber que el comité llevaba un regalo compuesto de basti-


mentos, joyas de oro, piedras preciosas y plumaria, que Cortés aceptó
gustosamente. El objetivo del regalo era ofrecerle la paz.
La segunda vez que Mazatzin envió a Cortés un regalo con un men-
saje de amistad fue cuando éste estaba en Tepeaca, después de haberla
conquistado. Al parecer, el regalo era más o menos igual al primero.
Según varios testigos, pocos días después de esa conquista, y de tras ha-
ber recibido a los mensajeros de Mazatzin, el ejército de Cortés se puso
en camino hacia Tepexi de la Seda, tomando algunos pueblos más en el
camino, entre los cuales estaba Tecali. Probablemente fue en ese mo-
mento cuando Mazatzin decidió ir a recibir a Cortés, al no estar seguro
de que el conquistador español fuera a respetar sus muestras de amistad
o se decidiera a tomar Tepexi por la fuerza. El nerviosismo y la insegu-
ridad de lo que podía pasar era tan grande, que 65 años después varios
testigos todavía recordaban que la llegada y los movimientos de Cortés
con su ejército fue el tema de discusión en toda la región.
Ahora bien, aunque Mazatzin había tomado la decisión de ir a encon-
trarse con Cortés, nunca quiso que su ejército entrara en sus tierras, por lo
que el lugar elegido para el encuentro fue Molcaxac. En aquel entonces,
Molcaxac todavía no era un pueblo, sino tan sólo la “parte y lugar” que
después se convirtió en la estancia de Santa María, que ahora se conoce
como el pueblo de Santa María Molcaxac. Éste se ubica justo en el límite
entre los señoríos de Tepeaca y Tepexi, por lo que su posición táctica y,
probablemente, militar era muy importante, pues justo al lado del pueblo
está situado el único camino que hay para cruzar un profundo cañón e ir
hacia el oeste (Fig. 1). El camino pasa sobre un puente natural que hoy,
como en el siglo xvi, se llama Puente de Dios, o Tuzac y Atlicaca en ná-
huatl. Así, pues, Cortés y su ejército salieron de Tepeaca hacia el sur, y
tomando Tecali llegaron hasta el Río Atoyac. Siguiendo el río se llega
precisamente a Molcaxac, donde se puede cruzar el cañón para tomar el
camino más corto a Tenochtitlan, que es lo que hizo el ejército de Cortés.
En cuanto al gran encuentro entre Mazatzin y Cortés, sabemos que
el primero llegó con todos sus principales regalando nuevamente bas-
timentos, joyas de oro, plumería y piedras preciosas. Cortés, feliz con
70 michel r. oudijk

Fig. 1. El cañón y el Puente de Dios

tanto regalo, olvidó sus posibles planes para conquistar Tepexi y ambos
protagonistas hicieron una alianza que sellaron mediante un abrazo. No
está claro si fue un abrazo a pecho o si solamente de los brazos (Fig. 2),
pero lo que es seguro es que el gesto quedó grabado en la memoria de
casi todos los testigos de Tepexi.
Al parecer, fue Cortés quien tuvo la iniciativa del abrazo, ya que varios
testigos así lo dicen. La cuestión es que con el tiempo el abrazo se convir-
tió en el signo de la alianza con los españoles, como quedó registrado en
varios documentos indígenas, ya fueran alfabéticos o pictográficos.
Respecto a la conversación, sabemos que ésta tuvo lugar mediante la
intervención de Malintzin o la Malinche, como cuatro testigos recorda-
ban. Aunque Cortés hizo “varias ofertas”, fue Mazatzin quien decidió evi-
tar cualquier riesgo y sugirió que el español saliera de su territorio. Varios
testigos se refieren a ese punto, pero fue don Melchor de Bustamante, de
Izúcar, el más explícito a este respecto: “y que luego el dicho don Gon-
zalo dijo al dicho Marqués que no tenía necesidad de pasar adelante,
sino que se bolviese la vuelta de México”. Obviamente, como no podía
insultar a Cortés tan fácilmente continuó diciendo “que [él] se prefería
don gonzalo de mazatzin moctezuma 71

Fig. 2. El abrazo en el Lienzo de Cuauhquechollan y en el Lienzo de Tlaxcala

de ir con su gente toda a conquistar las provincias de la Mixteca, Oaxaca


y las demás a ellas comarcanas”. De esta manera Mazatzin proponía una
atractiva oportunidad para ambas partes. Para Cortés era interesante re-
gresar a Tenochtitlan y tomar revancha de su devastadora derrota, mien-
tras que para Mazatzin era importante no dejar pasar a Cortés por sus
72 michel r. oudijk

tierras. Como la propuesta era demasiada atractiva para rechazarla, Cor-


tés la aceptó inmediatamente, y como prueba del acuerdo dio a Mazatzin
una lanza y una espada para “su decoración y protección”, aunque más
importante fue que lo invistió con el título de Capitán. Aunque Mazatzin
seguramente no lo percibía, lo que Cortés hacía era seguir las normas del
derecho español, a través de las cuales, con el título de capitán se estaba
legitimando para conquistar en el nombre del Rey. No es muy claro qué
pasó después del acuerdo. Dos testigos dicen que al día siguiente Cortés
y Mazatzin se despidieron, lo que implica que se quedaron a pernoctar en
Molcaxac. Es interesante imaginar que los dos pasaron la noche hablan-
do, gracias a la ayuda de Malintzin, pero no hay evidencia para creer
que eso ocurriera. Lo que sabemos es que, una vez que Cortés salió, se
fue cruzando el Puente de Dios hacia México-Tenochtitlan, a un destino
que es de sobra conocido. Mazatzin, mientras tanto, no perdió tiempo y
mandó a mensajeros por todas partes para anunciar su alianza con Cor-
tés (Exp. 2, f. 26r), la cual fue muy apreciada y admirada por la gente
de la región (Exp. 2, f. 49v). Lorenzo de Castilla de Chinautla dice que
Mazatzin era todavía recordado en 1585 porque fue “una de las mayo-
res cosas que el dicho Marqués hizo con el dicho don Gonzalo por no lo
hacer, como no lo hizo, con otros indios de esta Nueva España” (Exp. 2,
f. 50r).
Para terminar con este apartado, y retomando las dos preguntas del
interrogatorio que aquí se comentan, existen indicios que llevan a pre-
guntarse por qué don Joaquín eligió a esos 45 testigos para su probanza.
La respuesta es que muchos de ellos estaban presentes en Tepexi o ­Tepeaca
cuando Mazatzin mandó sus mensajeros a Tlaxcala y Tepeaca, y casi to-
dos estaban en Molcaxac en el abrazo. Según ciertos testimonios, va-
rios testigos estaban también en Tepexi porque debían darle servicio a
Mazatzin.­Es decir, que estaban sujetos a él. Como brevemente se men-
cionó en el capítulo anterior, parece que justo cuando llegó la nueva so-
bre Cortés, había en Tepexi una reunión de señores que tenían que pagar
tributo o dar servicio personal a Mazatzin. Uno de ellos fue, por ejemplo,
Domingo de la Cruz de Tehuacan, que estaba con su padre Itzcuintli o
Señor Perro —según su nombre calendárico—, en el palacio de ­Mazatzin
don gonzalo de mazatzin moctezuma 73

cuando llegaron los mensajeros para informarle sobre lo que estaba ocu-
rriendo en Tlaxcala. Aparte de los principales de Tehuacan, también es-
taban en Tepexi los de Acatepec, Coixtlahuaca y Tejupan. Asimismo, los
principales de Chiapulco y Coxcatlan, que se hallaban dando servicio
personal cuando Mazatzin envió embajadores a Tepeaca. Por otro lado,
principales de Coxcatlan, Tehuacan y Teotitlan fueron a Tepeaca, después
de que este pueblo fue conquistado, para ver cómo estaba allí la situa-
ción. Fue en ese momento cuando los embajadores de Cortés llegaron
a Tepexi.
Sin embargo, no todos los testigos estuvieron sujetos a la autoridad de
Mazatzin, como fue el caso de Antonio de Santa María y su padre Tec-
patzin, de Chiapulco, quienes estaban en Tepexi visitando a sus parien-
tes. También estaba en Tepexi Francisco Verdugo de Tecali quien, junto
con otros principales, se fue a Tlaxcala cuando escuchó de la llegada
de Cortés y su ejército para “saber y inquerir lo que se hazía y pasaba”.
Es posible que don Francisco tuviera mucha curiosidad, pero también
es posible que fuera enviado en calidad de espía para ver lo que estaba
pasando. Otro caso fue el de don Pedro de Guzmán de Coxcatlan, que
estaba en Tepeaca, y cuando Cortés marchó hacia Tepexi “este testigo,
con los demás sus compañeros, se vino tras de él arrevueltos de mucha
gente naturales”.

V Item. Si saben que, en cumplimiento de lo contenido en la pregunta antes


de esta, el dicho don Gonzalo Montezuma hizo llamamento de sus parientes
y amigos y vasallos, y les persuadió y redujo al servicio de su majestad. Y
diciéndoles lo que había pasado con el dicho marqués, y que se había encar-
gado de la dicha conquista, se juntaron de guerra y fueron sobre el pueblo
y provincia de Chinantla. Y por guerra la conquistó don Gonzalo, y puso
debajo del dominio de su majestad y lo propio hizo del pueblo de Igual-
tepec, y el de Tlanchinola, y el de Acatlán, y el de Ecatepec, y el de Hua-
jolotitlán. Y habiendo tenido batalla y resistencia con los de Oaxaca, con-
quistó el dicho don Gonzalo el pueblo de Chila y el de Tequixtepec, y el de
Acatapec, y el de Zapotitlán, y el de Tehuacan, y Chiapola, y Coxcatlán, y
­Teotitlán, y ­Tecomasuacan, y Quiotepec, y Quizatlán [sic], y Coixtlahuaca,
y ­Tamazulapan, y Teposcolula con todas sus provinçias, a los unos por paz y
amonestaciones y a los otros por guerra, hasta dejarlos, como los dejó, a todos
74 michel r. oudijk

pacificos y en servicio de su majestad. En lo cual el dicho don Gonzalo gastó


mucho de su patrimonio y se puso a muchos peligros y sirvió a su majestad
como bueno y fiel capitán. Digan lo que saben y cómo.

A través de estas preguntas podemos ver cómo Mazatzin no sólo mandó


mensajeros por todas partes para anunciar su alianza con Cortés, sino
que también ordenó que los pueblos sujetos a él le enviaran guerreros,
armas y bastimentos para la campaña militar que preparaba para con-
quistar el sur de Puebla y la Mixteca Alta. Pocos días después de haberse
despedido de Cortés, Mazatzin ya había reunido en Tepexi un ejército
con tantos guerreros “que dellos no había cuenta ni razón”. Mientras ese
ejército marchaba hacia el sur, los pueblos en el camino dieron de comer
y bastimentos para lo demás de la campaña. Según varios testigos, los
pueblos continuamente eran informados sobre cómo iban transcurriendo
las batallas. Mazatzin, por su parte, enviaba mensajeros a Cortés para
reportarle sus progresos.41
A continuación conviene tratar dos temas relacionados con la quinta
pregunta que necesitan de mayor explicación: el concepto de la conquis-
ta mesoamericana y el del pueblo compuesto. En la pregunta, así como
en los testimonios, hay alusiones a conquistas “por paz y amonestacio-
nes” y a conquistas “por guerra”, lo que podría parecer una contradic-
ción ya que desde el punto de vista occidental, una conquista siempre
tiene que ser por guerra. No obstante, en Mesoamérica ése no era el caso,
pero para entenderlo tenemos que repasar varios otros documentos pic-
tográficos y alfabéticos.
En los códices o documentos pictográficos de Oaxaca y el sur de Pue-
bla se representa el concepto “conquista” a través de una flecha clavada
en un glifo de lugar. Los códices ñuu dzavui o mixtecos están repletos de
tales escenas con glifos toponímicos atravesados por una flecha, que no
necesariamente pueden ser interpretados como una conquista por armas.
Por ejemplo, si se compara el Códice Nuttall con el Mapa de Teozacualco,

Debido a que la ruta de conquista, así como la motivación para tomar los pueblos
41

durante ésta, fueron explicadas en el capítulo anterior, aquí seguiremos adelante con
otras cuestiones.
don gonzalo de mazatzin moctezuma 75

se puede llegar a algunas conclusiones sobre el concepto de la guerra en


Mesoamérica. La parte superior del Mapa de Teozacualco muestra la ins-
talación del señor 2 Perro y la señora 6 Caña como señores y fundadores
de la tercera dinastía de Teozacualco, y el momento en el que ambos son
recibidos por un grupo de siete principales del pueblo. Entre ambos grupos
aparece una flecha clavada en la tierra, que sin duda ha sido disparada por
2 Perro, quien está representado con el arco en la mano. Evidentemente,
esta escena podría ser leída como una violenta usurpación dentro del seño-
río, especialmente porque los siete señores de Teozacualco están represen-
tados con vestimenta guerrera y totalmente armados, sin embargo, será el
Códice Nuttall 31-34 el que aclare lo que allí ocurre exactamente.

Fig. 3. Toma de posesión en el Mapa de Teozacoalco

Gracias a este códice sabemos que a principios del siglo xiv se pro-
dujo una crisis dinástica en Teozacualco debido a la falta de un descen-
diente legítimo para el trono, por lo que se eligió entonces a un noble de
otro señorío con el objetivo de fundar la tercera dinastía de Teozacualco.
Este noble era el señor 2 Perro, primogénito de Zaachila, hijo de una
señora de Teozacualco, la Señora o Yya Dzehe 4 Conejo, que a su vez
había dejado su pueblo de origen para casarse con el aspirante al trono
de Zaachila, el señor 5 Flor.
76 michel r. oudijk

En ese tiempo, Zaachila era el señorío más importante del Valle de


Oaxaca, lo cual le daba el estatus suficiente para proveer de un fundador
a la nueva dinastía de Teozacualco. Tenía al mismo tiempo el poder de
otorgar legitimidad política y sagrada a los fundadores y señores de cierta
dinastía, como ya se había hecho en Quialoo y Quiaviní (Oudijk 2000).
No obstante, no hay que olvidar que como la señora 4 Conejo era descen-
diente de la casa real de Teozacualco, su hijo 2 Perro tenía los derechos
legítimos al trono de ese señorío. Por tanto, el conjunto de todas estas
razones fueron las que determinaron que él pudiera gobernar en Teoza-
cualco, mientras que su hermano menor podía hacerlo en Zaachila. Para
eliminar además cualquier duda acerca de la legitimidad de la posición
del señor 2 Perro como señor de Teozacualco, lo que se hizo fue arreglar
un matrimonio con una señora de la dinastía gobernante de Tilantongo, el
más importante señorío en la Mixteca Alta durante el periodo postclásico.
Además, era el señorío donde el fundador de Teozacualco tenía su origen.
La información aportada por el Códice Nuttall deja por ello claro que
la llegada de los nuevos señores de Teozacualco no fue, en absoluto, una
hostil usurpación o conquista por guerra, sino más bien un acuerdo políti-
co que, por un lado, unía a los dos señoríos más importantes del momento
(Tilantongo y Zaachila), y por el otro, resolvía el problema de legitimar el
gobierno de Teozacualco. Una información que, sin embargo, se contradi-
ce con la representación que se recoge en el Mapa de Teozacualco, donde
ambos señores son recibidos por siete guerreros armados. El corpus Bèni-
zàa o zapoteco puede aportar una explicación posible a este otro problema.
En un reciente análisis de la historiografía bènizàa (Oudijk 2000)
he sugerido que, de acuerdo con los Lienzos de Guevea y Petapa, así
como en varias otras fuentes, Cosijopii I trasladó su corte de Zaachila
a ­Tehuantepec en algún momento, alrededor de la mitad del siglo xv.
Le sucedieron en el trono su hijo Cosijoeza y su nieto don Juan Cortés
­Cosijopii II, respectivamente, gobernando este último en Tehuantepec en
el tiempo de la Conquista.42

Mi reciente análisis de la historiografía bènizàa ha dado como resultado una visión to-
42

talmente nueva del periodo postclásico en esta región. De esta investigación se deduce que
Cosijoeza I gobernó en Zaachila durante la segunda mitad del siglo xiv, llevando a cabo
don gonzalo de mazatzin moctezuma 77

Si comparamos algunos términos utilizados en los testimonios del si-


glo xvi, referentes a las conquistas bènizàa y española por parte de los
testigos en el caso a favor de don Juan Cortés y su hijo don Felipe, sur-
gen interesantes patrones:
[…] que se llamava chicomematatle su padre que el oyo desir q[ue] le avia
conosçido al d[ic]ho yecaquiahuitl abuelo del d[ic]ho don juan y que el
avia visto q[ue]l avia ganado por guerra esta provinçia de teguantepeque
[…] yecaquiahuit aguelo del d[ic]ho don juan fue s[eño]r y caçique de esta
provinçia de teguantepeque y la avia ganado por guerra y echo della a los
guaçontecas […] (AGI-E, 160b:1:48v, 50v).

una política de expansión basada en varias alianzas matrimoniales y militares que también
contemplaban los lazos con los señoríos Ñuu Dzavui de Tilantongo y Teozacualco. Cosi-
joeza I fue quien, alrededor de 1370, realizó la primera entrada en el Istmo de Tehuantepec,
donde probablemente fundó algunos pueblos entre los que se encuentran Guevea y Jalapa,
con el objetivo de controlar las importantes rutas de comercio a Xoconusco y Coatzacual-
co. Esta actividad fue continuada por su hijo y sucesor, el Señor 6 Agua Quixicayo (±1350-
1435), quien después de un largo reinado murió sin descendencia, ocupando el trono de
Zaachila el medio hermano de Cosijoeza I, el Señor 1 Hierba. Esto probablemente sucedió,
no sin algunos problemas con las otras facciones de la familia real de Zaachila. Así se
observa cuando tras la muerte de Señor 1 Hierba, a mediados del siglo xv, tiene lugar una
crisis dinástica que divide a todo el Valle de Oaxaca en varias facciones rivales, la cual per-
dura hasta la llegada de los españoles en 1521. La razón de estos problemas parece estar en
que, o bien el Señor 1 Hierba no tenía hijo legítimo, o si lo tenía, éste no fue aceptado como
gobernante por las otras facciones. Este supuesto hijo sería Cosijopii I, a quien los Lienzos
de Guevea y Santo Domingo Petapa sitúan en el Istmo de Tehuantepec, en la segunda
mitad del siglo xv. Es el mismo personaje al que la Relación Geográfica de Cuilapa se
refiere cuando menciona que tras perder la lucha por el poder en Zaachila se fue al Istmo.
Una vez asentado allí, Cosijopii I comenzó a conquistar la región, usando probablemente
los asentamientos de Cosijoeza I como base. El hijo de Cosijopii I, Cosijoeza II, continuó
las conquistas de su padre hasta su muerte en 1502. Fue Cosijoeza II el mismo que luchó
contra el ejército de Ahuitzotl (1487-1502) y Moctezuma Xocoyotzin (1502-1521), y que
se casó con la hermana de este último. Don Juan Cortés Cosijopii II fue fruto de dicho ma-
trimonio y gobernó en Tehuantepec en el tiempo de la conquista española, hasta que murió
en 1562. Durante los años previos a la conquista, otros dos Cosijoezas vivieron en el Valle
de Oaxaca; uno en Zaachila y otro en Cuilapa. Esta confusa cantidad de señores con idén-
ticos nombres ha provocado la estructuración historiográfica tan conocida en la tradición
oral; que “simplifica” la historia mediante la atribución de eventos de un largo periodo de
tiempo a una persona en particular. Como ya se explicó, esto tiene especialmente lugar
cuando diferentes personajes históricos poseen un mismo nombre o han realizado más
o menos las mismas hazañas como es el caso de la historia bènizàa.
78 michel r. oudijk

Esta cita deja de manifiesto que fue Cosijopii I (Yecaquiahuitl) quien en


realidad conquistó el Istmo, como queda recogido en el Lienzo de Gue-
vea y Petapa. No obstante, si esto es comparado con las referencias que
hay sobre la llegada de los españoles, podemos obtener una idea muy
diferente del asunto:

[…] puede aver quarenta años poco mas o menos que entraron los españoles
en la tierra y la ganaron por guerra al d[ic]ho don ju[an]o y el se dio de paz
[…] puede aver treinta e quatro años poco mas o menos que los españoles
entraron en esta tierra e la tomaron al d[ic]ho don juan por guerra e se quedo
s[eño]r desta provinçia el marq[ue]s del valle […] (AGI-E, 160b:1:52r, 55r).

En la primera parte de la cita uno tal vez podría decir que el testigo se
refiere a la conquista aliada de la Nueva España, o incluso a la conquista
del gran señorío mexica. Sin embargo, lo que en realidad se dice en am-
bas citas (y el documento contiene muchas más en alusión a lo mismo)
es que los españoles tomaron la tierra de don Juan Cortés a través de una
conquista militar. De todas maneras esto es contrario a lo que se conoce
de los contactos entre los españoles y don Juan Cortés. Es el mismo Her-
nán Cortés quien, en su tercera carta a Carlos V, nos menciona que los
embajadores de Tehuantepec llegaron a México-Tenochtitlan para ofre-
cerle la lealtad de su señor, además de entregarle ricos regalos (véase
también Díaz del Castillo, cap. 164). En 1554 y 1570 numerosos testigos
juraron que don Juan Cortés recibió a don Pedro de Alvarado en paz y lo
proveyó con soldados y provisiones para la conquista de la región Chon-
tal, Guatemala y Honduras (AGI-E,160b). Una relación que nunca cam-
bió cuando se observa que años después don Juan mandó construir la
iglesia y convento de Tehuantepec y que, asimismo, suministró hombres
y materiales a Hernán Cortés para la construcción de barcos destinados a
las expediciones de Sudamérica. Por ello, deducimos que la frase “gana-
ron por guerra” debe significar algo diferente.
Si ahora regresamos a la escena del Mapa de Teozacualco es más claro
lo que está sucediendo en ella. Lo que el señor 2 Perro hacía, al igual que
los españoles 200 años más tarde, era tomar posesión de la tierra, siendo
la guerra la única manera legítima de hacerlo, ya fuera una guerra real
don gonzalo de mazatzin moctezuma 79

o una guerra simbólica. En el Mapa, esta guerra simbólica está represen-


tada a través del señor 2 Perro que tira una flecha al pueblo de Teozacual-
co, mientras que la gente de ese señorío, totalmente armada, defiende su
territorio. Esto es todavía más apropiado si consideramos que el señor 2
Perro era de Zaachila, o en otras palabras, era un extranjero. Como tal,
parece que esta ceremonia es la continuación de una larga tradición que
por lo menos se remonta al siglo xi, con la conquista de Xolotl en el Valle
de México. Más aún, como Xolotl, el señor 2 Perro es retratado como un
guerrero chichimeca, con el arco y las flechas en su mano,43 por lo que una
plausible lectura de su “toma de posesión” podría ser aquella de “él ganó
por guerra”, ya que no parece que este acto hubiera sido considerado dife-
rente al de una conquista militar real.
Con base en lo anterior, tenemos que las conquistas de Mazatzin “por
paz y amonestaciones”, por un lado, y “por guerra”, por el otro, caben per-
fectamente dentro de la típica “toma de posesión” prehispánica, en la cual
no era necesario utilizar la fuerza en una conquista, sino que por el contra-
rio, uno podía tomar el poder en un lugar ajeno, con todo el consenso de la
gente de ese lugar, y llamarlo “conquista”. Lo que era realmente importan-
te era hacer la conquista. Mazatzin conquistó muchos pueblos usando sus
palabras como sus armas, o como lo formuló Alonso de San Mateo Tolna-
huacatl, “por buenas palabras a lagunas”. Obviamente, en el momento en
el que un conquistador va a hablar con un oponente, sus palabras suelen
ser mucho más convincentes si su ejército se está preparando para la gue-
rra, que si hubiera ido sólo con sus principales.
Sin duda, muchos pueblos se sintieron amenazados por el ejérci-
to de Mazatzin y, en consecuencia, dieron a su pueblo “en paz”. Otros,
sin embargo, no se rindieron tan fácilmente. En los testimonios que
43
La dinastía postclásica de Zaachila parece estar relacionada con la tradición chichime­
ca como varios de sus miembros atestiguan al representarse como señores chichime­cas.
En el Códice Selden 12-IV y 13-I, el señor 6 Agua Quixicayo es dibujado con arco
y flechas tras una batalla contra el señor 7 Casa “Águila-Sol” y el señor 3 Lagarto
“Jaguar-Sol”. Esta misma escena es parcialmente representada en la Genealogía de
Macuilxochitl, donde de nuevo el señor 6 Agua es mostrado como un guerrero chichime-
ca. Lo más interesante es que la Genealogía de Quiaviní describe Chicomoztoc como
lugar de origen, siendo éste un rasgo típicamente nahua o chichimeca.
80 michel r. oudijk

t­enemos hay referencias a once pueblos que fueron tomados por guerra:
­Chinan­tla, ­Zapotitlan, Acatepec, Chiapulco, Chila, Tequisistepec, Tlachi­
nola, ­Acatlan, Igualtepec, Coixtlahuaca y Huajolotitlan.44 Curiosamente,
los padres de varios de los testigos, o ellos mismos, participaron en las
conquistas de sus propios pueblos. El caso más extraordinario es el de
Hernando Méndez de Coixtlahuaca, que dice que su padre Ocelotzin se
fue con Mazatzin a la conquista hasta que llegó a su pueblo, momento
en el que el joven H­ ernando lo defendió lanzando piedras contra el ame-
nazante ejército hasta que fue vencido. Esto quiere decir que Hernando
Méndez estuvo tirándole piedras a su propio padre.
Visto el concepto de conquista, pasemos ahora a ver el de pueblo com-
puesto. En el capítulo anterior ya se explicó que mientras una parte de
Coixtlahuaca pagaba tributo y servicio a Tepexi, la otra parte pagaba a la
Triple Alianza, pero es necesario entender la organización de los pueblos
mesoamericanos para que la situación en Coixtlahuaca sea más com-
prensible.
Un rasgo distintivo en los pueblos mesoamericanos era su carácter de
pueblo compuesto. Es decir, consistían, y siguen consistiendo hasta hoy,
de diferentes partes relativamente autónomas que tenían su propia iden-
tidad, historia y organización política. Esta forma de coexistencia tenía
normalmente sus raíces en la fundación y en el desarrollo histórico de un
pueblo. Una comunidad era fundada por diferentes grupos, en diferentes
momentos, y cada uno de estos grupos siguía manteniendo su autono-
mía aunque colaboraba con las demás partes en temas colectivos. La ciu-
dad de Cholula es un buen ejemplo de esa complejidad mesoamericana.
Cuando llegaron los españoles, la ciudad tenía seis asentamientos, cada
uno con su propio gobernante, los cuales se reunían ante un consejo.
Cada uno de estos asentamientos tenía sus propias comunidades sujetas,
relacionadas también con el asentamiento principal a través de lazos his-

Es interesante notar que en su relación de mérito el conquistador español Bernardino


44

Vázquez de Tapia (1988:152) refiere también las conquistas en esa misma región para su-
primir rebeliones. Según su texto, esto tuvo lugar después de la conquista de Tenochtitlan,
y por tanto después de las conquistas descritas por los testigos de don Francisco. Quiero
agradecer a Sebastián van Doesburg por esta referencia.
don gonzalo de mazatzin moctezuma 81

tóricos y personales, pero sin dejar de ser autónomas. Si tomamos como


ejemplo la Historia Tolteca-Chichimeca (1989) se ve claramente cómo
esa compleja organización se debe a la igualmente compleja formación
histórica de la ciudad, con múltiples grupos que llegan a la región y fun-
dan sus respectivas comunidades.
Así pues, el hecho de que sólo una parte de Coixtlahuaca pagara tributo,
diera servicio personal a Mazatzin y participara después en la conquista
del mismo pueblo de Coixtlahuaca, pudiera tener que ver con la división
interna de su población. Por ello, cuando Ocelotzin atacó a Coixtla­huaca,
es muy probable que sólo atacara a las demás partes, y no a la suya. Y
aunque su hijo, Hernando Méndez, era de la misma parte que su padre,
seguramente se vio obligado a defender al conjunto del pueblo, como par-
te del interés colectivo. El objetivo de Ocelotzin, sin embargo, era otro: al
participar en la conquista, Mazatzin tenía que compensarlo con una parte
del botín, que normalmente consistía en tierras y gente para trabajarlas, así
como mantas, piedras preciosas, plumas y otras cosas (Exp. 2, ff. 152v).
VI Item. Si saben que los servicios que el dicho don Gonzalo Montezuma
hizo a su majestad, contenidos en las preguntas antes de esta, fueron de mu-
cha importancia para que se hallanase y conquistase la provincia de Oaxaca
y las demás comarcanas y toda la Mixteca. Y el dicho marqués del Valle lo
estimó y se valió de las cosas de importancia para la conquista de esta Nueva
España. Y digan lo que saben y cómo.

Todos los testigos fueron unánimes al responder esta pregunta: las con-
quistas de Mazatzin ayudaron mucho a Cortés, por lo que fue muy es-
timado por el conquistador, aunque es obvio que ni Cortés, ni Díaz del
Castillo se refirieron a la hazañas de Mazatzin o a la alianza. Esto puede
ser una indicación del desprecio de los conquistadores españoles hacia
los indígenas, pero no hay duda de que sin el apoyo de Mazatzin la con-
quista de la Mixteca Alta y Baja hubiera sido más difícil. La realidad es
que sin el gran trabajo que hizo Mazatzin, los aliados simplemente no
hubieran podido pasar por dicha región.
VIII Item. Si saben que el dicho don Joaquín, que hoy vive y es cacique
e gobernador del dicho pueblo de Tepexi. Es hombre de muy buen natural
82 michel r. oudijk

y entendimiento, buen cristiano aficionado y cuidadoso de los servicios de


su majestad, el cual gobierna el dicho pueblo y su provincia con toda quie-
tud y sosiego y virtud. Y es conocido por uno de los principales capaces
y beneméritos de los naturales y principales de esta Nueva España. Y en
quien cabe toda merced que su majestad le haga, así por su persona como
por sus pasados. El cual es casado y velado según orden de la Santa Madre
Iglesia. Y tiene seis hijos varones y hembras en la dicha su muger. Digan lo
que saben y cómo.
IX Item. Si saben que todo lo susodicho es público y notorio, y pública voz
y fama.

Aquí vuelve a surgir el acuerdo entre todos los testigos, cuando se refie-
ren a que don Joaquín es un buen cristiano y un “muy amigo de espa-
ñoles y les aposenta en su casa y les da de lo que tiene” (Exp. 1, ff. 7r).
La única información extra que se da y que no está en las preguntas se
refiere al lugar de entierro de Mazatzin, pues según Alonso de San Mateo
Tolnahuacatl se enterró en el monasterio de San Francisco, en la Ciudad
de México. Un monasterio del que hoy en día solamente existe una parte
del impresionante edificio, sede de la orden franciscana, y algunas ruinas.

Después de repasar las preguntas de todo el interrogatorio, es eviden-


te que el conjunto forma una historia, e incluso podría decirse que son
diferentes visiones de los mismos eventos. Aunque muchos testimonios
dijeron lo mismo, en ocasiones hubo un testigo que incluyó información
única en su testimonio. Es posible que ese testigo simplemente se acor-
dara de algo que los otros habían olvidado, o que observara algo que los
otros no habían visto, o simplemente lo percibió de manera distinta. Por
ello, sólo si tomamos en cuenta todos los testimonios, nos será entonces
revelada una memoria colectiva constituida por las múltiples voces del
pasado.
Si regresamos ahora a la pregunta de si la historia que cuentan los tes-
tigos es verdadera o no, contestaremos, obviamente, que se trata de algo
difícil de verificar, por las razones arriba expresadas. No obstante, por la
coherencia interna de la probanza y por la gran cantidad de testigos que
consecuentemente relatan los mismos datos, uno tiende a pensar que se
trata de un discurso bastante convincente. Aparentemente, esta misma
don gonzalo de mazatzin moctezuma 83

opinión fue la que tuvo el Consejo de Indias en Sevilla, pues en una carta
que redactó, se mostró favorable a don Joaquín:
Muy p[oderos]o s[eño]r
Don Joachin de San fran[cis]co Moteçuma caçique natural y governador del
pueblo de Tepexi que llaman de la seda en la nueva españa = dize que el es
descendiente legitimo de Moteçuma que fue Rey y señor de la nueva españa
y nieto de don gonçalo Moteçuma que fue hijo legitimo de hija del d[ic]ho
Rey que era de la tierra, el qual don gonçalo al tiempo que don Hernando
cortes, Marques del Valle entro a conquistarla sabiendo que llegaria a Tlascala
se le embio a ofreçer y le embio presente muy rico, y despues le salio a re-
cibir con mucha cantidad de yndio del pueblo de Tepexi donde era caçique y
se ofreçio por leal vasallo de su Mag[esta]d y tomo conducta de su capitan
y hizo gente y començo a conquistar por armas a su costa y conquisto y paçi-
fico muchos pu[ebl]os, y los reduxo al serviçio de su Mag[esta]d y asiguro las
espaldas al dicho Marques y a su gente que con esta ayuda y socorro pudie-
ron pasar adelante la buelta de Mexico en lo qual hizo uno de los mas seña-
lados serviçios que en aquella conquista se hizieron, y de mayor importançia
para el effecto de ganarse la tierra y siempre el d[ic]ho don gonçalo su aguelo
y don Juan Moteçuma su padre y el an servido a su Mag[esta]d como leales
vasallos y hasta aora ni a los d[ic]hos caçiques ni a los vezinos del pueblo de
Tepexi que hizieron tan señalado serviçio se les a hecho m[e]r[ce]d ninguna
como todo consta y pareçe por las ynformaçiones y testimonios que presenta
[1v] y porque aviendo sido su aguelo y los indios sus sujetos de los primeros
que se ofreçieron al serviçio de su Mag[esta]d y los que fueron medio para que
la tierra se ganase y mucha parte della conquistaron a su costa, es cosa justa
y devida que sean gualardonados de manera que quede perpetua memoria
de su serviçio y lealtad // A v[uestra] A[lteza] supp[li]ca le haga m[e]r[ce]d
de franquear y libertar el pueblo de Tepexi de todos los tributos Reales y
personales que aora estan impuestos o se impusieren de aqui adelante, y al
d[ic]ho don Joachin y a los desçendientes del d[ic]ho don gonçalo que do
quiera que estubieren para siempre jamas sean libres y extentos de los dichos
tributos aventahandoles en honrras preeminençias y libertades y haziendoles
m[e]r[ce]d como a desçendientes del d[ic]ho Moteçuma
[otra letra] dese cedula para q[ue] a los indios de tepexi de la seda de quien
es caçiq[ue] don Joachin de moteccuma no los sacan de tierra caliente a tierra
fria para las sementeras ni otros servicios y ansimismo para q[ue] el virrey y
audi[enci]a de la nueba españa onrren y faborezcan a dicho don Joachin en lo que
ubiere lugar en madrid a 8 de julio 1588 [rubricas] fer[nand]o nuñez e ­morq[ue]
cho, Ante my Joan de ledesma (AGI-M, Vol. 110, Ramo 1, Exp. 8, f. 1r).
LISTA DE TRIBUTOS
DE TEPEXI DE LA SEDA
Michel R. Oudijk
Instituto de Investigaciones Filológicas
Universidad Nacional Autónoma de México

El documento llamado Lista de tributos de Tepexi de la Seda forma ac-


tualmente parte de la colección de la Fundación Heye, que se encuentra
en el National Museum of the American Indian en Nueva York. La lista
fue probablemente obtenida por George Gustav Heye (1874-1957), uno
de los coleccionistas de artefactos indígenas más importantes de la pri-
mera mitad del siglo xx. Se trata de una pintura sobre pergamino que
mide 42 x 58 cms.
La Lista de tributos… es relativamente fácil de entender por su clara
estructura y porque algunos textos alfabéticos explican el funcionamien-
to del documento. Si bien es verdad que no siempre se puede confiar en
los textos o en las glosas añadidas a los documentos pictográficos, y me-
nos aún cuando se trata de una copia del siglo xviii o xix, como es el caso
de esta lista de tributos, no hay evidencias en este caso de que el copista
haya cometido muchos errores por no entender el documento original.
En el análisis de esas glosas se verá que son muy coherentes con el con-
tenido pictográfico.
En cuanto al contenido de la pintura, se pueden distinguir cuatro esce-
nas relacionadas, pero distintas en su temática. La primera está confor-
mada por dos señores indígenas sedentes. La segunda escena representa
un conjunto de productos indígenas distribuidos en cuatro filas horizon-
tales. La tercera representa más productos, pero dentro de un recuadro de
líneas negras, acompañado por dos textos en español. La última escena
es otro recuadro dividido en tres partes con plantas y un texto. Un texto
largo explica la función del documento: Don Gonzalo Mazatzin teuhtt-
li Casique, y Señor natural del Pueblo de Tepexic de la ceda, y de sus
Subgetos Barrios, y Estancias, y el Tributo que le daban antes que los
Españoles biniesen es lo siguiente.
86 michel r. oudijk

Este don Gonzalo es obviamente el mismísimo gobernante que he-


mos discutido en páginas anteriores, aunque en esta lista no se utilice su
“apellido” Moctezuma. Al ser señor y gobernante de Tepexi, la gente de
su señorío estaba obligada a pagarle tributo, lo cual está representado de
manera pictográfica en el documento. Las estancias, a que hace referen-
cia el título, son pequeños asentamientos ubicados en el territorio perte-
neciente al señorío de don Gonzalo.

Los gobernantes

En la esquina superior izquierda se encuentra un señor sentado sobre


un tepotzoicpalli o trono de petate con respaldo. Se trata de un trono
decorado con asiento cuadrado, de borde negro. El gobernante lleva una
tilma o manta decorada de flores y puntos grises, con un borde rojo y
en su cabeza lleva una xihuitzolli o tiara atada a la cabeza con una cinta
de cuero roja. Justo detrás de su cabeza se ve la de un venado, que re-
presenta el nombre calendárico del señor en la imagen y que en náhuatl
se lee como mazatl. Sin lugar a dudas, este gobernante es don Gonzalo
Mazatzin Moctezuma.
Debajo de don Gonzalo hay otro gobernante casi idéntico. La única
diferencia es el nombre calendárico detrás de su cabeza, que en esta oca-
sión es una lagartija. En frente de este segundo señor se escribió una
glosa que dice: “Don Juan Moctesuma” lo cual nos explica que se trata
del hijo de don Gonzalo.
La probanza de don Joaquín antes analizada no hace referencia al
nombre calendárico de don Juan, por lo que esta información es nueva.
Delante de don Juan se plasmó el busto de un español con una glosa que
dice “El Marques del Valle”. El primer Marqués del Valle fue Hernán
Cortés, que recibió el título en 1529 y, consecuentemente, lo pasó a sus
descendientes, siendo su hijo don Martín Cortés, el más renombrado de
los marqueses. Y aunque no es claro a cuál de los Marqueses del Valle
hace referencia la Lista de tributos…, tras el análisis del documento y de
otros relacionados se espera encontrar una respuesta.
lista de tributos de tepexi de la seda 87

El tributo
Lo normal en las listas de tributo es que junto a cierto producto se pon-
ga un numeral que indique la cantidad del producto a tributar, o que se
repita el dibujo del producto las veces necesarias para indicar el total del
tributo (fig. 1). Sin embargo, en la lista que aquí se analiza, ninguno de
los productos va acompañado de ese número. Es muy probable que esto
se deba a que estamos ante una copia, y por alguna razón el copista no
incorporó esa información. Salvo por esto, esta es la única incongruencia
del documento.

Fig. 1. Fragmento de la Tira de Tepozotlán II

En cuanto al orden de los productos a tributar, es el mismo en las cua-


tro filas horizontales. El primero representa un hombre sentado en cu-
clillas con una collera de madera. La glosa explica que se trata de un
esclavo. En numerosos documentos se representan a los esclavos como
hombres desnudos o solamente con su maxtlatl o taparrabo, como es el
caso de los Lienzos de Guevea y Huilotepec de Oaxaca, sin embargo, en
este documento los esclavos van completamente vestidos, con una tilma
blanca. El único elemento que señala su condición es la collera de made-
ra, como también se ve en el Códice Florentino (Libro 9, Cap. 10).
En tiempos prehispánicos solamente había tres maneras de convertirse
en esclavo; a través de la guerra, la ley y la propia voluntad del indivi-
duo (Orozco y Berra, 1960: Libro 2: Cap. 4). No obstante, ser esclavo
en Mesoamérica, y en el periodo colonial temprano, no tenía las mismas
connotaciones que se tenía en Europa, e incluso actualmente. Es lo que
se refleja en las palabras de un tal Luis de Hualoo de Tehuantepec, quien
88 michel r. oudijk

dice sobre sí mismo: “que este testigo fue esclavo e que no fue comprado
ny vendido sino porque le sirvio al padre del d[ic]ho don juan de pesca-
dor y esto hera su comund hablar” (AGI-E, 160b, f. 218r). Un testimonio
del que no surge la impresión de sufrimiento o abuso, aspectos que nor-
malmente se asocia con el estatus del esclavo. La esclavitud se permitió
en la Nueva España bajo ciertas condiciones, pero finalmente, en 1542,
fue prohibida con la entrada de las Leyes Nuevas (Zavala, 1968).
Los siguientes dos productos son joyas de oro y piedras preciosas, en-
sartadas en una cinta roja anudada. Las joyas aparecen representadas por
lo que parece una roseta, mientras que las piedras son simples cuentas
perforadas.
Las piedras preciosas fueron bastante comunes como producto tribu-
tario, y tenemos registros de que las provincias de Tepecuacuilco, Coixt-
lahuaca, Tochtepec, Xoconusco, Cuetlaxtlan y Tuxpan las tributaban
a Tenochtitlan antes de la llegada de los españoles (Códice Mendoza ff.
37r, 43r, 46r, 47r, 49r, 52r). Sin embargo, pocas veces se pagaba con
joyas de oro. De hecho, en el mismo Códice Mendoza, sólo Tochtepec
entregó una diadema y unas cuentas de oro a modo de pago. Según se
deduce de este documento, cuando se pagaba con oro, éste se entregaba
en forma de vigas, tablones, morillos, tejuelos o polvo. O sea, como ma-
teria prima. El Códice Kingsborough muestra, por su parte, varias pági-
nas con joyas de oro, de las cuales, las del folio 227r son casi idénticas
a la lista de tributos que aquí se analiza. Resta decir que la manera en la
que está dibujada la cuerda y su nudo recuerda mucho a la piedra pre-
ciosa —con una misma cuerda— en el Códice Veinte Mazorcas. En este
caso también parece tratarse de tributo.
Las plumas ricas, que son el siguiente producto a tributar, fueron re-
presentadas a través de plumas verdes en un tipo de cesta de petate. Una
representación casi idéntica se encuentra en el Códice Florentino (Libro 9,
Cap. 6, f. 26v), donde se habla de los mercaderes que traían productos de
regiones lejanas. Las plumas dibujadas son precisamente las del quetzal
que vive en Xoconusco o Chiapas. El dibujo de estas plumas no quiere
decir, necesariamente, que la gente de Tepexi tuvieran que tributar plumas
de quetzal, sino que lo más probable es que la pluma sea una referencia
lista de tributos de tepexi de la seda 89

al concepto de “pluma preciosa”. Según los testigos de don Gonzalo


Mazatzin, el gobernante mandó a Hernán Cortés no solamente joyas de
oro y pedrería, sino también plumas ricas. Por esto, parece que estos tres
productos iban juntos, como si se tratara de un mismo concepto. El Lienzo
de Guevea refuerza pictográficamente tal interpretación, cuando dibuja las
plumas y las piedras preciosas, unas encima de otras.
Las mantas fueron uno de los objetos de tributo más comunes entre los
señores prehispánicos y coloniales. Casi todos los documentos pictográfi-
cos que tienen algo que ver con el tributo contienen la representación de
mantas, casi como si fueran una entidad monetaria. La glosa que acom-
paña a estos dibujos dice “Mantas blancas, y labradas”, y eso es lo que
también se ha dibujado. En primer lugar hay dos mantas blancas, pero no
es muy claro lo que está pasando. La primera es simplemente blanca y pa-
rece estar entreabierta, mientras que la segunda también es blanca, aunque
se le pintaron líneas negras verticales. Las siguientes tres mantas, por el
contrario, están teñidas. La primera en verde y rojo, colores que aparecen
divididos por una raya diagonal; la segunda es totalmente roja; y la última
es roja con estrellas blancas. Las representaciones más famosas de mantas
que tenemos son las que encontramos en los códices Magliabechiano y
Tudela, pero lamentablemente no se encuentra ninguna lejanamente simi-
lar a las representadas en la Lista de tributos…, probablemente porque las
de esos códices eran de carácter ritual. No obstante, el Códice Mendoza
contiene algunas mantas que se parecen un poco más a las de la lista, por-
que quizás ambos documentos son listas de tributos, de ahí que sus man-
tas sean similares. Encontramos así muchas mantas blancas y algunas con
líneas negras verticales (ff. 50r, 51r), pero también con varios colores (ff.
52r, 55r), o rojas (ff. 21v, 23r). Aunque no hay ninguna con estrellas, el
folio 52r de dicho códice contiene una manta roja con conchas blancas que
se parece mucho a la de la Lista de tributos…. Es posible que las conchas,
asociadas a Ehecatl, no se consideraran un buen motivo en el periodo colo-
nial y el pintor, por tanto, decidió reemplazarlas por estrellas.
Las dos siguientes categorías de productos son, según la glosa, ­“Maxtlatl
naguas” y “Hueipiles: Mantas”. En el Códice Mendoza estas categorías
siempre están dibujadas juntas y aquí parece pasar lo mismo. Los maxtlatl
90 michel r. oudijk

o taparrabos son blancos con dos bandas rojas horizontales. La forma en


la que están representados es a la manera típicamente mesoamericana con
el lazo arriba, las dos franjas abajo y separados por un nudo. Al lado están
las enaguas, que tienen un complejo diseño de cuadros y cruces, siendo
curioso que el autor de las glosas escribiera “maxtlatl” junto a “nahuas”,
ya que el primer elemento es masculino y el segundo femenino. A conti-
nuación vienen los huipiles y las mantas. El huipil —porque solamente
hay uno—, tiene dos bandas rojas horizontales. Un repaso al Códice Men-
doza muestra que casi todos los huipiles representados a partir del folio
27r son exactamente iguales al de la Lista de tributos… En cuanto a las
mantas, no se entiende por qué están separadas del otro grupo de mantas,
vistas anteriormente, teniendo además en cuenta que una repite el mismo
tipo decorativo de líneas negras verticales. La otra tiene una decoración de
cuadros con círculos y cruces, similar a las de unas mantas que también se
encuentran en el Códice Mendoza (ff. 23r, 27r, 37r, 43r).
Los siguientes dos productos son los primeros y únicos comestibles del
tributo. El primero es una bolsa de “cacao”. La bolsa está atada con una
cuerda roja con un grano de cacao en su interior. En las pictografías de
tributos, la imagen de una bolsa puede indicar dos cantidades distintas: la
primera, y la más común, la cantidad de 8,000 (Códice Kingsborough, ff.
211r y 215v), la segunda, una fanega (Brito Guadarrama, 2008: 124-125).
La importancia del cacao en Mesoamérica es indiscutible, ya que fue una
de las razones para establecer la ruta comercial y de contacto más impor-
tante de la región: la que conecta el centro de México con Xoconusco y
Guatemala. Todos los imperios mesoamericanos han intentado controlar
esa ruta, desde los teotihuacanos hasta los mexicas. Don Gonzalo también
controló una parte de la misma ruta, al conquistar el sur de Puebla y el nor-
te de Oaxaca, como ya se ha visto. Sin embargo, con el sistema colonial,
y su estructura monetaria, que se iba arraigando a medida que avanzaba el
siglo xvi, en la economía la relevancia del cacao disminuyó.
El segundo producto tributario comestible es el glosado como “Galli-
nas”, el cual se refiere claramente al guajolote pintado en la imagen. Nor-
malmente, en los textos del siglo xvi, se describen estas aves como “ga-
llinas de la tierra”, para distinguirlas de las gallinas de Castilla, aunque
lista de tributos de tepexi de la seda 91

parece que en la Lista de tributos… el autor no lo consideró necesario. A


pesar de que en el Códice Mendoza tampoco están presentes, en casi todas
las demás listas tributarias o de productos hechos para litigios diversos, se
menciona el guajolote. Por otro lado, las enormes cantidades de guajolotes
que los maceguales pagaban a sus señores, sugieren que no sólo eran para
el consumo de éstos, sino también para su corte, así como para su redistri-
bución en fiestas y del mercado de la comunidad. El papel del gobernante
como receptor y distribuidor de productos continuó durante el primer siglo
de la Colonia, es interesante ver cómo todavía en 1736 esta costumbre es-
taba vigente, aunque había cambiado de forma:
Digo que los Naturales [dan] cierttas Contribuciones perttenecienttes a los
casiques de dicha Jurisdiccion los que han cobrado siempre los Governa-
dores: y es assi que dichos casiquez attendiendo a su piedad y alivio de los
natturales la han destinado Voluntariamente al mayor fausto de las funciones
de Yglecia erogando los Governadores por su mano los gasttos (AGN-V,
Vol. 70, Exp. 7, f. 16r)

En la cita se ve cómo el gobernante recibía el tributo, que después utiliza-


ba para la iglesia, engrandeciendo así su estatus dentro de la comunidad.
En este sentido hay que entender que la voluntad del señor por ayudar al
pueblo y su dedicación a la religión eran los dos aspectos fundamentales
de su poder, pues finalmente era el gobernante el encargado de asegurar el
bienestar de la comunidad.
Los siguientes dos productos tributarios de la lista están típicamente
asociados a la nobleza: las “cotarras” y el “ycpale”. Cotara parece ser una
palabra de origen caribeño que se refiere a un tipo de sandalia que en ná-
huatl se dice cactli, tal como aparece en los documentos novohispanos. No
obstante, muchos autores optaron por utilizar la palabra “cotara”, como es
el caso de fray Bernardino Sahagún (Libro 10, Cap. 20) cuando habla de
aquellos que venden mantas y sandalias, o de fray Bartolomé de las Casas
en su Apologética histórica (II:621, III:1532).45 Existe también un ejem-
plo pictográfico en el Códice Kingsborough (ff. 222v, 234v) que, al igual

45
“Cotaras que son su calzado para los pies, como apargates, hecho de diversas y
lindas maneras”.
92 michel r. oudijk

que la Lista de tributos…, muestra una sandalia tobillera con un cuero


rojo para atarla. Junto al cactli se pintó un icpalli o trono. Tanto don Gon-
zalo como don Juan están sentados en un trono idéntico, aunque mientras
los suyos son más elaborados o decorados, el del tributo es un simple tro-
no hecho de petate. Debido a que en los documentos pictográficos nahuas
se suele representar a los gobernantes sentados sobre sus icpalli, tenemos
decenas de ejemplos de éstos en el corpus pictográfico.
El “Ayacaxtle” es una sonaja y la Lista de tributos… es el único do-
cumento pictográfico que muestra este instrumento como producto tri-
butario. El Códice Kingsborough contiene tres páginas (227v-228v) que
muestran objetos que se parecen muchísimo a las sonajas, aunque una glo-
sa las identifica como penachos. Sin embargo, debido a que el formato de
dichos objetos no parece tener nada que ver con penachos queremos suge-
rir que se trata de sonajas. Ahora bien, a diferencia de la sonaja de la Lista
de tributos…, muy simple y con poca decoración, las del Kingsborough
son muy elaboradas, están decoradas con oro y parecen incluir elementos
toponímicos (Valle, 1994: 80).
Los últimos productos son ocho recipientes cerámicos de diferentes ti-
pos, identificados con cinco diferentes glosas: “Tecomates”, “Cagetes”,
“Tecomate”, “Ollas”, “Cantaros”. Varios de estos recipientes se recono-
cen fácilmente en el complejo cerámico posclásico y colonial temprano.
Para evitar equivocaciones, y ante la falta de experiencia en este especia-
lizado campo, se invitó a la arqueóloga Patricia Plunket46 a describir la
cerámica representada. De izquierda a derecha tenemos:
1) un comal o un tecomate, aunque parece pintado sin su característica boca
2) copa pedestal
3) vaso47
4) jarro trípode
5) copa pedestal
6) olla

Especialista en arqueología del estado de Puebla del Departamento de Antropolo-


46

gía, Universidad de las Américas, Puebla.


47
Podría verse como un cajete cilíndrico, dependiendo del tamaño. Sin embargo, como
está entre copas y vasos que son para beber, es más probable que se trate de un vaso.
lista de tributos de tepexi de la seda 93

7) cántaro48
8) olla

Como bien indica la misma Patricia Plunket (comunicación personal),


mientras la glosa alude a “tecomates”, la representación de este recipien-
te no es clara. Los tecomates son fácilmente reconocibles porque se trata
de cajetes esféricos con una boca restringida. Funcionan para guardar
semillas y frijoles, y actualmente se utilizan mucho durante la siembra,
pero en forma de calabaza. Además, a Plunket le llama la atención la
presencia de varios tipos de vasijas para beber cacao o pulque, si bien
observa que estas formas son muy comunes entre las vasijas polícromas
tipo códice en el periodo posclásico tardío de Puebla y Tlaxcala.
Lo anterior corrobora que las vasijas para beber fueran un producto
de tributo por excelencia, y más aún las de tipo códice. La primera copa
pedestal, de hecho, parece tener alguna decoración, aunque no sea la fa-
mosa decoración de tipo códice.

El servicio
Además de los tributos que la gente de Tepexi y sus pueblos sujetos te-
nían que pagar cada ochenta días, existían también ciertos servicios que
se tenían que realizar cada veinte días. Éstos están representados en un
cuadro con dos filas de productos, en la parte derecha del documento.
Comienza éste con un texto explicativo:
Y cada veinte dias por su turno daba el dicho Pueblo de Tepexic Ciento, y
Veinte Yndios, y otras tantas Mugeres para el Serbicio de su Cassa, y traiyan
en Reconosimiento para los d[ic]hos Casiques las Cosas Siguientes

Este no es otro que el famoso servicio personal que se mantuvo duran-


te las primeras décadas de la Colonia, pero que a partir de la mitad del
siglo xvi fue tajantemente suprimido, aunque con diferentes niveles de

48
La forma es curiosa porque tiene una amplia boca y los cántaros suelen tener cuello
con una boca más chica, puesto que se usan para cargar agua. Nótese las asas asimétri-
camente colocadas, lo cual parece indicar que se trata de una vasija con tres asas —dos
arriba y otra abajo— usadas para meterles unas cuerdas y cargarla a la espalda.
94 michel r. oudijk

éxito (Zavala, 1991: I-II). Pero a pesar de la fuerte carga que el tributo y
los servicios personales suponía para los maceguales, éstos debían, ade-
más, dar mucho más. El cuadro también contiene “las cosas siguientes”
en relación con lo que debían dar cada veinte días.
Como los tributos, los servicios personales también se dibujaron pic-
tográficamente, acompañados de glosas explicativas. En primer lugar
vemos a un hombre sentado de cuclillas vestido con una tilma. Detrás de
él se disponen veinte círculos, los cuales indicaban una cantidad. El con-
junto de todos estos elementos quiere decir que cada veinte días el pue-
blo tenía que hacer entrega de veinte hombres, aparte de los 120 hom-
bres arriba mencionados.
A continuación está el “cacao”, representado por un grano, además
de “gallinas”, que parece más bien un pájaro de dos cabezas. Es posible
que al copiar el documento original, el autor de la Lista de tributos… no
comprendió el dibujo, de ahí que plasmara a esta ave bicéfala. Hay una
última figura en esta primera fila. Se trata de una cabeza femenina junto
a la glosa “molenderas”, para indicar que las mujeres debían moler maíz
para hacer tortillas.
La segunda fila comienza nuevamente con un hombre sentado, pero
desconocemos qué representa y por qué está separado de los veinte “ser-
vicios personales” arriba mencionados. Tal vez se refiera al servicio muy
particular de una persona, el problema es que ese aspecto no queda ex-
presado de ninguna manera. A continuación se dibujó el “axi”, represen-
tado por una cesta de petate con chiles rojos, seguido de la “sal”, plas-
mada a través de una cesta con un montoncito blanco, y de los “frisoles”
figurado a través de otra cesta, en este caso con algo negro.49 Los últimos
tres productos representados son “pepitas”, “benados” y “conejos”, pro-
ductos representados encima de sus respectivas cestas, aunque la repre-
sentación de las pepitas no es del todo clara.
Este apartado está separado de otro por un texto que dice: “En Reco-
nosimiento acudian los de Tepexic, y los d[ic]hos Casiques para su ser-

La ‘s’ en vez de una ‘j’ en la palabra “frisoles” se puede explicar por el fenómeno
49

de que muchas de las palabras que hoy se pronuncia con una <j>, hace cinco siglos se
pronunciaban como <sh> y, consecuentemente, podían escribirse con <s>.
lista de tributos de tepexi de la seda 95

bicio Cada Veinte dias con la Loza, que era menester”. El texto se refiere
a la representación de varios recipientes de barro en la parte inferior del
cuadro. No tienen glosas, pero siguiendo las identificaciones de Patricia
Plunket arriba mencionadas, se puede decir que se trata de un vaso, y
dos ollas, seguidos de lo que parece ser un plato, junto a una olla para
el pulque, muy similar a las ollas que se representan en el mural de los
bebedores, en la pirámide de Cholula.

Las tierras
El último apartado trata del servicio y el tributo que los maceguales de
Tepexi y sus sujetos pagaban a los caciques, en compensación por el uso
que éstos hacían de la tierra. Éstos se disponen en tres cuadros rectan-
gulares, en los cuales se representaron diversas plantas, identificadas
a través de glosas “Algodón”, “Maiz”, “Calabazas” y “Axi”. Dos breves
textos explican la naturaleza de este tributo:
Hazianle Cada Año en Tierras de Regadio Sementeras de estas quatro Cassas.50
Las Tierras de temporal se labraban los de Tepexic cada Año para el sustento
de los d[ic]hos Casiques

La tenencia de la tierra y el tributo relacionado con ésta es un tema muy


complejo en Mesoamérica. De manera muy general se puede decir que en
la región que ahora constituye el sur del estado de Puebla, había dos ins-
tituciones que regían la vida en las comunidades: el altepetl y los seño-
ríos. El altepetl era una compleja entidad corporativa formada por varios
señoríos. Estos señoríos también eran entidades corporativas, cada una
formada alrededor de la idea, real o ficticia, del origen común de cierto
grupo de personas, percibido normalmente como un linaje. En principio
todas las tierras eran del altepetl, pero en la práctica éstas fueron distri-
buidas entre los señoríos que tenían, aparte de estas tierras, otras pose-
siones como casas, palacios o templos, y gente que formaba parte del se-
ñorío determinado. A la cabeza del señorío había un ­representante, que era
50
La palabra “casa” debe referirse a la representación pictográfica de los cuatro tipos
de cultivo.
96 michel r. oudijk

el supuesto descendiente —en línea recta— del fundador de la entidad.


Ese descendiente era el intermediario entre los maceguales y el mun-
do sobrenatural y, por tanto, era la persona que aseguraba el bienestar
del grupo. En compensación, el pueblo debía rendirle tributo y servicio
personal. Como representante o señor de la entidad, a él le correspondía
administrar las tierras patrimoniales que le fueron heredadas desde los
tiempos del fundador del linaje. A los otros miembros de la entidad, más
alejados de la línea directa, les tocaba por su parte trabajar las tierras pa-
trimoniales y pagar el tributo a su señor. Otras tierras podían ser rentadas
a la gente que no formaba parte del grupo.
Ahora bien, el señor más poderoso de los señoríos que constituían un
altepetl era el elegido como su gobernante. Aunque los señores de los
demás señoríos mantuvieron cierta autonomía, reconocían la autoridad
de su gobernante. Esto explica que los maceguales de estos señoríos tra-
bajaran algunas tierras específicamente elegidas, fruto de las cuales salía
el tributo con el cual le pagaban al gobernante como recompensa por su
trabajo. Las milpas que están representadas en el último cuadro de la Lis-
ta de tributos… parece que fueron estas tierras.
Para poder gobernar un nuevo territorio recientemente conquistado,
las autoridades coloniales reconocieron a los gobernantes indígenas
como únicos señores de sus respectivos altepeme, ignorando así a los
señores menores. Y aunque así lograron el control sobre el inmenso vi-
rreinato, a la vez dieron paso a otro problema en potencia: el del esta-
blecimiento de señoríos feudales cuando los antiguos gobernantes y sus
descendientes comenzaron a reclamar la posesión de todas las tierras de
su altepetl. La Corona instaló entonces una política contra tales poderes,
a través de la instalación del cabildo en los pueblos indígenas y, conse-
cuentemente, a las elecciones obligadas de sus miembros. Este proceso
causó que los señores se distanciaran de la política, dejando un espacio
para que la nobleza menor y los maceguales pudieran acceder al poder.
Esta continuada marginación de la nobleza por parte de las autoridades
coloniales dio como resultado su debilitamiento, dejándole el camino li-
bre a los maceguales. Así, poco a poco, los antiguos gobernantes y el
resto de la nobleza fueron perdiendo, no sólo el poder político, sino tam-
lista de tributos de tepexi de la seda 97

bién los ingresos económicos relacionados, dando lugar a un empobreci-


miento de la élite. Este proceso no fue, de ninguna manera, uniforme en
toda la Nueva España, y ni siquiera dentro de cualquier región. Por ello
podemos ver que mientras el linaje del antiguo señor podía continuar en
el poder en cierto pueblo hasta el siglo xviii, en otros había desaparecido
ya en el siglo xvi.
En la región de Tepexi de la Seda era bastante común que las tierras
pertenecientes al señorío ocuparan todo el territorio de un pueblo. Esto
explica que durante las primeras décadas de la Colonia las autoridades
españolas reconocieran a su gobernante como el único señor de su al-
tepetl, ignorando la compleja organización interna del propio altepetl.
Consecuentemente, los maceguales que vivieron en un determinado pue-
blo no tuvieron otra opción que vivir y trabajar en las tierras de su señor
y pagarle la correspondiente renta.
En el periodo prehispánico, la renta era parte de lo que se sacaba de la
tierra, una costumbre que continuó durante el periodo colonial tempra-
no. Sin embargo, con el avance de la Colonia y el establecimiento de la
economía monetaria, fue cada vez más común pagar una renta fija por el
uso de un lote de tierra. En el caso de Tepexi de la Seda, los maceguales
y sus gobernantes no fueron los únicos que pagaron y recibieron esos
tributos y servicios durante la Colonia, también sucedió lo mismo en el
señorío de Tehuantepec:

[378v,…] dixo este t[estig]o que antes que el primero marq[ue]s del valle
ganasse e conquistase esta nueva españa e la d[ic]ha villa de teguantepeque y
su provinçia siendo el d[ic]ho don Juan cortes defunto caçique e s[eño]r della
vio este t[estig]o que los naturales de la d[ic]ha estançia de atotonylco e de las
estanççias e barrios de tlacotepeque suchitlan chiltepeque amatitlan cuzcate-
peque e yzquiapa tributavan al d[ic]ho don Juan cortes mantas e mayz y chile
y le servian en hazerle sus sementeras y rreparalle sus casas particularmente
como yndios de su patrim[on]yo sin que el patrim[on]yo de su tributo que
ansy le davan y los serviçios que ansy le hazian se los hiziesen juntame[n]te
con los demas yndios de la cabeçera de teguantepeque e los demas sus barrios
[379r] no enbargante que hera el d[ic]ho don Jua[n] cortes señor y caçique de
toda la provinçia generalmente y el tributo que le davan al d[ic]ho don Juan
cortes los naturales de la d[ic]ha villa y los demas sus barrios hera diferente
98 michel r. oudijk

del que le davan los yndios de los d[ic]hos barrios porque le tributavan unas
hachuelas de cobre e mantas e mayz y esto lo a vido este t[estig]o tributar a su
padre de este testigo que se llamo quelaña al qual e a otros viejos de la d[ic]ha
villa les oyo desir ansymysmo este testigo que lo mysmo solian hazer e
tributar los yndios de las d[ic]has estançias a los padres e aguelos del d[ic]ho
don Juan cortes en sus tienpos como yndios de su patrim[on]yo e despues que
el d[ic]ho marques gano la d[ic]ha provinçia de teguantepeque en n[ombr]
e de su mag[estad] ansimysmo vio este t[estig]o que los d[ic]hos yndios de
atotonylco e las demas estançias contenydas en la d[ic]ha pregunta tributavan
tan solamente al d[ic]ho don Juan cortes e nunca vio ny oyo desir este t[estig]
o que acudiesen a las obras comunes e publicas que la d[ic]ha [379v] villa e
sus barrios heran obligados hazer los d[ic]hos naturales y como d[ic]ho tiene
solamente se ocupavan e ocuparon en vida del d[ic]ho don Juan cortes en
servirle a el solo syn acudir como d[ic]ho tiene a nyngunas obras publicas
que los demas yndios de la d[ic]ha villa e sus barrios heran obligados y esto
rresponde a la pregunta (AGI-E, Vol. 160b, ff. 378v-379v).

Esta cita muestra claramente algunos de los aspectos que también es-
taban en juego en Tepexi de la Seda. Don Juan Cortés recibió tributo y
servicio de la gente de su señorío y de los otros señoríos que constituían
Tehuantepec, pero haciendo siempre una distinción entre uno y otro. En
este caso sólo se mencionan mantas, maíz y chile como tributo, aunque
otros testigos añadieron que “le acudian con los tributos que cogian en
sus tierras ansi de mayz frutas e de lo que cogian y senbravan y caçavan e
pescavan trayan de tributo” (idem, ff. 51r-v). En el texto vemos, además,
que el servicio personal estaba limitado al trabajo en las tierras de don
Juan y las reparaciones de su casa. Por tanto, la gente que no formaba
parte de su señorío pagaban solamente hachuelas de oro, mantas y maíz.
En la Colonia, don Juan y sus descendientes trataron de reclamar como
suyo todo el territorio y toda la gente dentro de éste, sin embargo en el
testimonio se ve claramente una refutación de tales reclamaciones por no
ser parte del patrimonio del señorío.

El propósito de la Lista de tributos…


Después de haber analizado toda la pictografía, regresamos al inicio del
documento para entender la razón por la que fue hecho. Como el propio
lista de tributos de tepexi de la seda 99

texto que lo encabeza dice, la lista representa el tributo que el pueblo de


Tepexi de la Seda y sus sujetos pagaban al señor don Gonzalo Mazatzin
en tiempos prehispánicos. Sin embargo, justo debajo de dicho gobernan-
te se dibujó a su hijo don Juan Moctezuma, ante el Marqués del Valle.
Debido a que don Juan es la persona más cercana a nosotros en el tiempo,
es probable que fuera él quien mandara a elaborarlo. Por ello, el siguien-
te paso es buscar una razón dentro de su gobierno que pueda explicar
porqué se hizo esta lista de tributos.
Según la probanza presentada por don Joachin de San Francisco, don
Gonzalo murió alrededor de 1525, fecha en la cual don Juan se convirtió
en gobernante de Tepexi. Don Juan, según ese mismo texto, parece haber
muerto a mediados del siglo xvi, razón por la cual tenemos que buscar
qué motivó la elaboración del documento en el segundo cuarto de ese
siglo.
Uno de los problemas con los que nos encontramos es la presencia del
Marqués del Valle. Tepexi de la Seda nunca formó parte del Marquesado
del Valle, que es lo que hubiera explicado la representación del Marqués
en la imagen. El primer Marqués del Valle fue Hernán Cortés, quien al
morir dejó el título a su hijo Martín en 1547. Por otro lado, sabemos que
hasta 1528, año en el que se instaló la primera Audiencia, Hernán Cortés
había sido la autoridad de facto en la Nueva España, por lo que se podría
pensar que el encuentro entre ambos señores, representado en la Lista
de tributos…, estuviera relacionado con ese temprano periodo de la Co-
lonia. El problema es que Cortés no recibió el título de Marqués hasta
1529, lo que hace improbable que el documento fuera de esos años.
En cualquier caso, hasta el 24 de noviembre de 1536 Tepexi estuvo
encomendado a Pedro Carranza. Después de su muerte, el pueblo quedó
a cargo de la Corona y se estableció un nuevo tributo:

√ cada ochenta dias treçientas pieças de naguas y camisas y asi de uno


como de otro
√ doçientas mantillas y mastele de yndios
√ ocho mil almendras de cacao
√ çinco mantas grandes blancas
√ çinco cantaros de miel
100 michel r. oudijk

√ çinco cargas de axi


√ çinco cargas de frisoles
√ çinco cargas de pepitas
√ çinco cargas de sal
√ corren estos tributos desde xviij de nouienbre de M. dxxxvi a[ñ]os en ade-
lante (AGI-C 785b, 333r).51

Es curioso que los productos mencionados en esta tasación sean tan si-
milares a los que se encuentran en la Lista de tributos… por lo que es
probable que ese tributo fuera establecido con base en la información
que don Juan le proporcionara a las autoridades coloniales a través de un
documento como la lista que aquí se analiza. Obviamente, mientras la
Lista de tributos… registra lo que el pueblo pagaba a su gobernante, los
datos de 1536, del documento arriba citado, se refiere a lo que el mismo
pueblo debía pagar al rey de España. Debido a que la pictografía no con-
tiene registros de las cantidades, sino solamente los productos a tributar,
no se puede determinar si la cantidad a tributar por parte de los de Tepexi
varió. Es decir, si don Juan siguió cobrando el mismo tributo de siempre,
al cual simplemente se le añadió el del rey, o si al de don Juan se le restó
el tributo del rey. Sea como fuere, la venta del tributo anual de Tepexi
en el mercado de Tenochtitlán fue de 381 pesos, 3 tomines y 8 granos de
oro en 1537 (AGI-C 658, No. 2, f. 498r).
El mencionado tributo siguió vigente hasta el 6 de octubre de 1537,
fecha en la que el virrey mandó que Tepexi dejara de pagar tributo mien-
tras permitía que Martín Cortés introdujera el cultivo de la seda. Un cul-
tivo cuya producción compensaría la falta de la contribución tributaria
a la Corona durante ese periodo.52 Lo más probable es que este mo-
mento fuera el que se representara en la Lista de tributos… O sea, el mo-
mento en el que don Juan Moctezuma establecía con don Martín Cortés,

51
“��������������������������������������������������������������������������������
Dexaronse de cobrar los tributos deste pu[ebl]o desde seis de otubre de M. dxxx-
vij años en adelante por mandami[ent]o del señor visorrey que esta asentado en el libro
de las prouisiones por quanto se dio a martin cortes para lo de la seda” (AGI-C, 785b,
333r). Véase también Gerhard, 1986: 290.
52
Esta referencia también se encuentra, con algunos errores de transcripción, en el
Libro de tasaciones, 1952: 410.
lista de tributos de tepexi de la seda 101

hijo de Hernán Cortés y segundo Marqués del Valle, el acuerdo sobre la


nueva tasación.
Basado en este análisis se puede concluir que la segunda escena de
la lista, la de las cuatro filas horizontales que representan el tributo, se
corresponde con la representación de don Gonzalo Mazatzin y no con
la de don Juan. Esta última forma una escena aparte, constituida por las
representaciones de don Juan y don Martín, que se refiere a un momento
histórico muy específico: al del reconocimiento de don Martín Cortés
como nueva autoridad virreinal en Tepexi de la Seda por parte de don
Juan Moctezuma.
Cinco años después hubo otro cambio en el tributo:
M. D. XL IJ a[ñ]os
En onze de dezi[embr]e de mil qui[nient]os e quarenta y dos años ante su
s[eñori]a Ill[ustrisi]ma y los ofiçiales de su Mag[esta]d se conçertaron los
yndios de Tepexi en q[ue] se le quitaron todos los tributos q[ue] suelen dar
e q[ue] solamente den de aqui tres cargas de mahiz y tres de camisas cada
ochenta dias y en rrecompensa de todo lo q[ue] se les quita se tasan en
el criar y benefiçiar diez mil morales del conçierto y la tiera donde estan
puestos y hazer casas para criar la seda y en criarla y ylarla, y han de hazer
cada año una sementera de mahiz para q[ue] coman los yndios q[ue] enten-
dieren en los dichos beneffiçios, y han de dar a martin cortes una gallina
de la tierra cada dia y media hanega de mayz e yerba para dos cauallos y
dos cargas de leña y no otra cosa. Los yndios lo obieron por bien (AGI-C
a 785b, 333r-v).53

Establecido el cultivo de la seda, tenemos que a partir de este momento


se comenzó a tributar en ese producto. Debían además pagar tres cargas,
o casi 200 kg, de maíz, y tres cargas de camisas de 20 piezas cada una.
Todo ello debían entregarlo a Martín Cortés, como era lo propia para
mantener una autoridad colonial.
No obstante, este segundo cambio dio lugar a un tributo muy diferente
al establecido en 1537, confirmando con ello que la Lista de tributos…
está relacionada con el primer cambio de la tasación cuando don Juan
informó a don Martín Cortés cuánto se había pagado antes de la llegada

53
Esta referencia también se encuentra en el Libro de tasaciones, 1952: 410-411.
102 michel r. oudijk

de los españoles, para evitar que la nueva tasación fuera demasiada alta.
No obstante, quince años después de la segunda tasación —justo en el
momento en el que la viuda de don Martín Cortés perdía su derecho al
tributo de Tepexi—, se hizo una nueva tasación:
M. D. LVIJ años
En la çiudad de mexico diez y siete dias del mes de dezienbe de mill e qui-
nientos y çinquenta y siete años visto por los señores Presidente e oydores
de laudiençia Real de la nueba Spaña en acuerdo esta ynformaçion rreseuida
a Pedimi[ent]o de los yndios de tepexi sobre que no pueden cumplir los tri-
butos en que estan tasados siendo presentes los offi[cia]les de su Mag[esta]
d dixieron q[ue] atento lo q[ue] por la dicha ynformaçion consta e la calidad
del dicho pueblo e la cantidad de gente q[ue] ay en el mandauan e mandaron
que se aqui adelante los naturales del den en tributo en cada un año mil
y quinientos pesos de oro comund e no otra cosa alguna de los quales aya y
debe su Mag[esta]d mil y doçientos pesos del dicho oro puestos en la cabe­
çera del d[ic]ho pueblo pagados en esta manera cada quatro meses quatro
çientos pesos e lo q[ue] rrestare quede p[ar]a gastos de la comunidad del
d[ic]ho pueblo e sustentaçion de los rreligiosos q[ue] en el Residen q[ue]
tienen cargo de su ynstrucçion e conbersion e p[ar]a pagar los dichos mil
qui[nient]os pesos se rreparta en todo el año a cada tributa[ri]o casado siete
rreales de Plata y el viudo y biuda la mitad, no se los pida ni lleue mas ni se
les heche otro rrepartimi[ent]o alg[un]o so las penas de las ordenanças y las
dichas sobras se pongan en la caxa de la comunidad para q[ue] de halli se
gasta y destribuyan en lo que dicho es de lo q[ue]l se tenga q[uen]ta y Razon
p[ar]a la dar y las llabes ella tenga la una el gouern[ad]or q[ue] es o fuere del
d[ic]ho pueblo y las otras dos una el alcalde y un mayordomo e para q[ue]
los naturales tengan tendido este Repartimi[ent]o lo q[ue] han de dar de aqui
adelante en cada un año a cada uno se les de copia desta dicha tass[aci]on la
qual les haga dar a entender el correg[id]or del dicho pueblo e se asiente en
el libro de las tassaçiones y se tome la rrazon en los libros de la contad[uri]
a de su Mag[esta]d y asi lo proueyeron e mandaron queda asent[a]do en el
libro antonio de Turçios (AGI-C 785b, 333v-334r).54

Aquí es donde se puede ver el cambio a una economía monetaria, ya que


ninguno de los tributos se especifica en productos sino en pesos. El texto
muestra también claramente que a partir del año de 1557, Tepexi de la Seda

54
Esta referencia también se encuentra en el Libro de tasaciones, 1952: 411-412.
lista de tributos de tepexi de la seda 103

estaba ya encomendada a la Corona, la cual tenía su representante en un


corregidor. Empero ocho años después hubo otra tasación:

M. D. LXV años
En la çiudad de mexico tres dias del mes de Agosto de mil quinientos y
sesenta y çinco años los señores Presidente e oydores de laudiençia Real
de la nueba spaña hauiendo visto la visita y quenta q[ue] fue ff[ech]o del
pueblo de tepex y sus sujetos que esta en la Corona Real Atento lo q[ue]
por ella consta y paresçe y la cantidad de gente q[ue] ay en el dicho pu[ebl]
o siendo presentes los offiçiales de su Mag[estad] dixieron q[ue] mandaban
e mandaron q[ue] de aqui adel[an]te hasta tanto que otras cosa se prouea y
mande los yndios del d[ic]ho pueblo den de tributo en cada un año tres mil
y sesenta y ocho pesos y medio de oro comund por los ter[cer]os del d[ic]
ho año puesto en la cabeçera del d[ic]ho pu[ebl]o y no han de dar otra cosa
alguna de lo q[ua]l haya y llebe su Mag[esta]d mil y quinientos y ochenta
y quatro pesos del dicho oro y los quatroçientos y ochenta y quatro pesos y
medio Rstantes quede y sea para la comunidad del d[ic]ho pueblo lo quales
se meta en una caxa de tres laues que la una dellas tenga el gouernador y la
otra un al[ca]lde y la otra un mayordomo, y presentes todos tres y no de otra
manera se saque lo q[ue] se ouiere de gastar en cosas conbenientes y neçesa-
rias a su rrepublica y pro della de lo q[ua]l tengan q[uen]ta y Razon p[ar]a la
dar cada vez q[ue] las sea mandado y para pagar el d[ic]ho tributo se rreparta
a cada tributa[ri]o casado en todo el año nuebe rreales y medio de plata y al
biudo e viuda soltero o soltera q[ue] biviere de por si fuera del poderio de
sus padres la mitad, y no se le pida lleue ni rreparta mas tributo so las penas
de las ordenanças çedulas e prouisiones de su Mag[esta]d las quales no se
cobre el dicho tributo ni otro alguno de los moços q[ue] estubieren con sus
padres en el entretanto q[ue] no salieren del poderio paternal/ o no se casaren
aunq[ue] tengan tierras ni de los viejos çiegos y tullidos e ymposiblitades
que no tubieren d[ich]as tierras y esto guarden por tassaçion y se asiente en
los libros de las tasaçiones y sea a cargo de los d[ich]os offiçiales proueer lo
neçess[ari]o al ornato del culto diuino y sustentaçion de los rreligiosos del
d[ic]ho puebo y ansi lo pronunçieron e mandaron
En la çiudad de Mexico en el d[ic]ho dia mes e año suso d[ic]ho estando los
d[ich]os señores Presidente e oydores en Audiençia publica pronunçieron el
auto de suso contenido, Sancho Lopez de agurto, Melchior de legazpi (AGI-C
785b, 334v-335v).55

55
Esta referencia también se encuentra en Libro de tasaciones, 1952: 411-412.
104 michel r. oudijk

Sin duda, todas estas tasaciones llevaron a don Joachin de San Fran-
cisco a formar la valiosa probanza que aquí publicamos. Según el propio
don Joachin, el apoyo que su abuelo, don Gonzalo Mazatzin, le había
dado a Hernán Cortés en la conquista de Mesoamérica era de tanta im-
portancia, que consideraba que él, su familia y el pueblo de Tepexi de la
Seda entero no deberían pagar tributo. Como en otra parte de esta obra
hemos visto, el rey estuvo de acuerdo con su argumentación y en 1588 le
exentó del pago del tributo.
REGLAS DE TRANSCRIPCIÓN
En la transcripción paleográfica del texto he intentado acercarme lo más
posible al texto original. Por ello no he modernizado la ortografía del
castellano del siglo xvi, ni he adaptado la sintaxis al estándar moderno.
Consecuentemente, el lector encontrará algunos problemas de compren-
sión en el texto transcrito, puesto que se utilizan palabras que hoy no
tienen el mismo significado de antes, o que incluso ya no se usan. Por
tanto, para un mejor entendimiento de esas palabras recomiendo usar un
diccionario moderno, como el Diccionario de la lengua española de la
Real Academia Española. No obstante, si es también recomendable usar
el Diccionario de Autoridades (2002).
Además de esto, conviene saber que la ortografía del español entre el
siglo xvi y el xxi ha cambiado sustencialmente. En líneas generales se
podría decir que la ortografía era bastante libre y, por ello, no es extra-
ño encontrar la misma palabra escrita de tres maneras diferentes en una
misma página. Aunque normalmente no hay demasiados problemas para
entender de qué palabra se trata, en otras ocasiones la identificación sí es
difícil. Un método que puede ayudar a un mejor entendimiento del tex-
to puede ser aquel de leer el texto en voz alta porque muchas veces las
palabras están escritas como se pronunciaban. Los siguientes ejemplos
pueden esclarecer la situación.

y=i
En el castellano del siglo xvi se puede intercambiar la <y> con la <i>,
ya que la <y> se puede pronunciar como /i/. Entonces, se puede escribir
<myll> en vez de <mil> o <yllustre> en vez de <ilustre>. Sin embargo,
el intercambio no funciona al revés, cuando se lee la <y> como /y/, en
cuyo caso no se encontrará <iendo> en vez de <yendo>.

Consonantes dobles

Es muy común encontrar palabras con consonantes dobles donde en la ac-


tualidad utilizamos consonantes singulares. En general este cambio no da
106 reglas de transcripción

muchos problemas porque simplemente leeremos la palabra, como si lle-


vara consonantes simples. Por ejemplo, <officio>, <ffrancisco> y <ffue>,
como <yllustre>, <pussimos> y <quattro>. Muchas veces escriben una
<r> inicial como una <rr>: <rrazon>, <rreputaçion> y <rratificar>.
v = b/p
La <v> y la <b> son en la mayoría de las ocasiones totalmente inter-
cambiables. Sin embargo, es mucho más común ver una <b> reempla-
zada por una <v> que al revés. Tenemos así <governador>, <rreçevir> e
<ysavel>, pero también <bida>, <balle> y <deba>.
Es curioso ver <avsolvieron> en vez de <absolvieron>, aunque en sí
es un fenómeno similar a los pocos casos cuando se escribe <v> por
<p>, como en <rreçevtoria> en vez de <receptoria>.

th = t
La <th> se lee y pronuncia como /t/: <theniente>, <matheo> y <the-
nor>.

ç = c/ z
La <ç> funciona en cualquier contexto como la <c> ante <e> o <i>,
pero también como <z> ante una vocal. Encontramos entonces palabras
como <çiudad> u <offiçio> y <rreçevir> o <çerca>. Para <ç> como <z>
antes de vocal existen los siguientes ejemplos: <fuerça>, <março> y
<monteçuma>.
f=h
Durante el siglo xvi, y en ciertos contextos, se utilizaba todavía la <f>
para expresar <h>. En el documento que aquí publicamos, solamente lo
encontramos en los casos de <ffechas> en vez de <hechas> y <ffecho>
en vez de <hecho>.

ø=h
En los documentos del siglo xvi, a menudo no se escribe la <h> muda.
Por tanto, se escribe <ay> en vez de <hay>, <aver> por <haber>, <a>
por <ha> y <ombre> por <hombre>. Pero también encontramos <aora>
en vez de <ahora>, <ijo> por <hijo> y <oy> en vez de <hoy>.
reglas de transcripción 107

x=j
Muchas de las palabras que hoy pronunciamos con la <j>, en el si-
glo xvi fueron pronunciadas como <sh>, aunque escritas como <x>. Por
ello, los variantes de <dejar> y <decir> se escribieron con <x>: <dexo>,
<dexado> y <dixo>, <dixeron>. Igualmente, <debaxo> en vez de <de-
bajo> o <rreduxo> por <redujo>. Obviamente, este uso no se observa
solamente en los verbos sino también en los sustantivos como, por ejem-
plo, <executorio> en vez de <ejecutorio> y en nombres propios como
<Ximenez> en vez de <Jiménez>.
Por otro lado, la <x> se usó mucho en topónimos y nombres indíge-
nas que se pronunciaban como [sh]: <Tepexi>, <Mexico>, <Tlaxcala>,
<Molcaxac> y <Xochitzin>.

ll = rl
En algunos casos ocurre que la <ll> se pronuncia como [rl] cuando el
verbo y el artículo están conectados. Vemos así <dexallos> en vez de <de-
jarlos>, <avello> para <haverlo> y <agradecelle> en vez de <agradecerle>.

la g
En dos casos la <g> se usa de una manera distinta a la de hoy día:
<aguelo> para <abuelo> y <agora> en vez de <ahora>.

n=m
Generalmente, ante los fonemas explosivos [b, p] la <m> se convier-
te en <n> como en los siguientes ejemplos, <tienpo>, <ynportançia> y
<linpio>, o en <nonbro>, <henbras> y <novienbre>.

Introducción de letras
Se introduce una <n> o una <d> donde hoy no la hay en palabras como
<muncho> y <comundmente>.

Abreviaturas
Los textos coloniales están llenos de abreviaturas que a veces compli-
can mucho la lectura. En las transcripciones utilizamos los corchetes
108 reglas de transcripción

para indicar las letras que faltan en la abreviatura. A menudo, la abre-


viatura incluye una o más letras —generalmente las últimas de la pala-
bra abreviada—, escritas en superíndice como sucede, por ejemplo, en
<notª> para decir ‘not[ici]a’ o <escrivº> para ‘escriv[an]o’. No obstan-
te, también hay muchas abreviaturas que simplemente quitan algunas
letras de palabras como <mrd> para decir ‘m[e]r[ce]d’ o <mag> para
‘mag[estad]’. Aunque uno puede pensar que las abreviaturas son para
acelerar la escritura, a veces parece pasar lo contrario ya que la abrevia-
tura es más elaborada que la palabra misma. Es el caso, por ejemplo, de
<mexco> para ‘mex[i]co’ o <ligitimamte> para ‘ligitimam[en]te’.
Hay algunas abreviaturas que por su historia tienen aspectos un
poco curiosos. Es lo que sucede con <xpto> y <xpianos>. La expresión
<xpto> es una abreviatura de la palabra griega ‘jristós’ que quiere decir
‘Cristo’ en español, de ahí que se utilizara la abreviatura <xpianos> para
‘cristianos’. Otra abreviatura muy común es la de <Juº> que quiere decir
‘Juan’ y que también se puede abreviar como <Jun>. Normalmente se
transcribe esa abreviatura como <Juan> sin dar más explicaciones. Sin
embargo, en las transcripciones queremos acercarnos lo más posible al
texto original, por lo que si transcribimos <Juº> como <Juan> estaremos
perdiendo información, pues no hay que olvidar que el escribano indicó
una <o> en el superíndice por algo. Es por esta razón por lo que en la
presente publicación hemos decidido transcribir < Juº> como <Ju[an]o>
para distinguirlo de <Jun>, nombre que transcribimos como <Ju[a]n>.

Algunas notas más


Como arriba se ha dicho, todo lo que está escrito entre corchetes es lo
que fue añadido al texto original. Quiere esto decir que, si el documento
muestra la abreviatura <dho>, lo trascribiremos como <d[ic]ho>, indi-
cando que las letras <ic> no están en el texto original sino que fueron
añadidas en el proceso de transcripción.
De esta misma manera se trata otra información que es importante
para un mejor entendimiento del texto. La de la anotación <[2r:3]> que,
por un lado se refiere a la foliación del documento original, en este caso
reglas de transcripción 109

al folio 2 recto, y por el otro a la referencia de la imagen digital —en esta


caso la imagen 3—que maneja el Archivo General de Indias en Sevilla,
España, donde se encuentra el documento. Debido a que una parte de los
documentos de su acervo están digitalizados, y los investigadores ya no
tienen acceso a los documentos originales más que a través de imágenes
digitales, como es el caso del documento de Tepexi de la Seda.
Otra anotación es <[sic]>, que se refiere a un error en el documento
original. Por ejemplo, el que aparece en el siguiente texto:

[…] save este t[estig]o que a la sazon que don martin [sic] cortes marques
del valle bino a la çiudad de tascala […]

El error es claro. El texto se refiere a don Martín Cortés, hijo de Hernán


Cortés, aunque el contexto no deja lugar a dudas de que en realidad se
trataba de Hernán Cortés, pues en el periodo de conquista fue éste el que
forjó una alianza con los tlaxcaltecas. El origen de este error probable-
mente esté en que cuando se realizó este testimonio, en 1585, Martín
Cortés —y no su padre— era el Marqués del Valle. Pero hay además otro
curioso error en el texto. Como ya se ha dicho, Hernán Cortés no recibió
el título del Marqués del Valle hasta 1529, mientras que el texto deja por
sentado que ya lo era en 1519. Entonces, aunque históricamente no es
correcto referirse a Hernán Cortés como el Marqués del Valle en 1519,
se entiende el error del testigo porque en 1585, cuando dio su testimonio,
el título llevaba 56 años asociado a esta familia.
BIBLIOGRAFÍA

AGI-C: Archivo General de Indias, Ramo Contaduría


AGI-E: Archivo General de Indias, Ramo Escribanía de Cámara
AGI-G: Archivo General de Indias, Ramo Guatemala
AGI-J: Archivo General de Indias, Ramo Justicia
AGI-M:Archivo General de Indias, Ramo Audiencia de México
AGI-P: Archivo General de Indias, Ramo Patronato
AGN-I: Archivo General de la Nación, Ramo Indios
AGN-M: Archivo General de la Nación, Ramo Mercedes
AGN-V: Archivo General de la Nación, Ramo Vínculos

Anales de Cuauhtitlan (1975). Códice Chimalpopoca. Anales de Cuauhtitlan y Leyenda


de los Soles. Traducción de Primo Feliciano Velázquez. México, Instituto de Inves-
tigaciones Históricas, Universidad Nacional Autónoma de México.
Acuña, René (1984). Relaciones geográficas del siglo xvi: Tlaxcala, tomo 2. México,
Instituto de Investigaciones Filológicas, Universidad Nacional Autónoma de Mé-
xico.
Alvarado, Pedro de (1924). An Account of the Conquest of Guatemala in 1524 [1525],
Edición de Sedley J. Mackie. Nueva York, The Cortés Society.
Anderson, Arthur J. O. y Susan Schroeder (eds.) (1997). Codex Chimalpahin. Norman,
University of Oklahoma Press.
Andrén, A. (1998). Between Artifacts and Texts: Historical Archaeology in Global
Perspectives. Nueva York, Plenum Press.
Asselbergs, Florine (2002). “La conquista de Guatemala: Nuevas perspectivas del
Lienzo de Quauhquecholan en Puebla, México”, Mesoamérica, 44, pp. 1-53.
(2010 [2004]). Los conquistadores conquistados. El Lienzo de Quauhquechollan:
una visión nahua de la conquista de Guatemala. South Woodstock, Secretaría de
Cultura, Gobierno del estado de Puebla, Conaculta, Plumsock Mesoamerican Stu-
dies.
Berdan, Frances E. et al. (1996). Aztec Imperial Strategies. Washington D.C.,
Dumbarton Oaks Research Library and Collection.
y Patricia Anawalt (1997). The Essential Codex Mendoza. Berkeley, University of
California Press.
Brito Guadarrama, Baltazar (2008). Códice Chavero de Huexotzingo. Proceso a sus
oficiales de república. México, Instituto Nacional de Antropología e Historia.
Carrasco, Pedro (1996). Estructura político-territorial del imperio tenochca. La Triple
Alianza de Tenochtitlan, Tetzcoco y Tlacopan. México, Fondo de Cultura Económica.
112 bibliografía

Castañeda de la Paz, María (2008). “Apropiación de elementos y símbolos de


legitimidad entre la nobleza indígena. El caso del cacicazgo tlatelolca”, Anuario de
Estudios Americanos, 65: 1, pp. 13-20.
(2009). “Filología de un ‘corpus’ pintado (siglos xvi-xviii): de códices, techialoyan,
pinturas y escudos de armas”, Anales del Museo de América, 17, pp. 78-95.
Charlton, Thomas H. (1981). “Archaeology, Ethnohistory, and Ethnology: Interpretive
Interfaces”, Advances in Archaeological Method and Theory, 4, pp. 129-176.
Chimalpain Cuauhtlehuanitzin (1991). Memorial breve acerca de la fundación de la
ciudad de Culhuacan. México, Universidad Nacional Autónoma de México.
Chipman, Donald E. (2005). Moctezuma’s Children: Aztec Royalty Under Spanish Rule,
1520-1700. Austin, University of Texas Press.
Cieza de León, Pedro de (1986). Descubrimiento y conquista el Perú. Edición de Car-
melo Saenz de Santa María. Madrid, Historia 16.
Códice Florentino (1979). Códice Florentino. 3 vols., México, Archivo General de la
Nación.
Códice Kingsborough (1994). Códice de Tepetlaoztoc (Códice Kingsborough), Estado
de México. Con estudio de Perla Valle. Toluca, El Colegio Mexiquense.
Códice Magliabechiano (1996). Libro de la vida. Texto explicativo del llamado Códice
Magliabechiano. Comentario de Ferdinand Anders y Maarten Jansen. México, So-
ciedad Estatal Quinto Centenario, Akademische Druck- und Verlagsanstalt, Fondo
de Cultura Económica.
Códice Mendoza (1992). The Codex Mendoza. 4 vols., Edición de Frances F. Berdan y
Patricia Rieff Anawalt. Berkeley, University of California Press.
Códice Nuttall (1992). Crónica Mixteca. El rey 8 Venado, Garra de Jaguar, y la di-
nastía de Teozacualco-Zaachila. Libro explicativo del llamado Códice Zouche-
Nuttall. Comentario de Ferdinand Anders, Maarten Jansen y Gabina Aurora Pérez
Jiménez. México, Sociedad Estatal Quinto Centenario, Akademische Druck- und
Verlagsanstalt, Fondo de Cultura Económica.
Códice Selden (1964). Interpretación del Códice Selden 3135. Comentario de Alfonso
Caso. México, Sociedad Mexicana de Antropología.
Códice Techialoyan García Granados (1992). Códice Techialoyan García Granados.
Estudio de Xavier Noguez y Rosauro Hernández R. Toluca, Gobierno del Estado
de México, El Colegio Mexiquense.
Códice Tudela (2002). El Códice Tudela y el grupo Magliabechiano: La tradición me-
dieval europea de copia de códice en América. Comentario de Juan José Batalla
Rosado. Madrid, Colección Thesaurus Americae.
Cortés, Hernán (1992). Cartas de relación. México, Porrúa.
Crónica Mexicayotl (1992). Crónica mexicayotl. Edición de Adrián León. México,
Universidad Nacional Autónoma de México.
Díaz del Castillo, Bernal (1955). Historia verdadera de la conquista de Nueva Espa-
ña. México, Porrúa.
Durán, Fray Diego (1995). Historia de las indias de Nueva España e islas de tierra fir-
me, vol. 1. México, Cien de México.
bibliografía 113

Duverger, Christian (2013). Crónica de la eternidad. México, Taurus.


Gerhard, Peter (1986). Geografía histórica de la Nueva España, 1519-1821. México,
Universidad Nacional Autónoma de México.
Gillespie, Susan D. (1989). The Aztec Kings. Tucson, University of Arizona Press.
Gruzinski, Serge (1993). The Conquest of Mexico: The Incorporation of Indian Societies
into the Western World, 16th-18th Centuries. Cambridge, Polity Press.
Gutiérrez Mendoza, G. et al. (2000). “Least Cost Path Analysis: an Estimation of the
Most Efficient Communication Route Between the Valley of Oaxaca and the Gulf
Coast Plain of Mexico”, Antropología y Técnica, Nueva época, 6, pp. 11-20.
Hassig, Ross (1988). Aztec Warfare: Imperial Expansion and Political Control. Norman,
University of Oklahoma Press.
Herman Hansen, M. (ed.) (2000). A Comparative Study of Thirty City-State Cultures.
Copenhague, Historisk-filosofiske Skrifter 21, The Royal Danish Academy of
Sciences and Letters.
(2002). A Comparative Study of Six City-State Cultures. Copenhague, Historisk-
filosofiske Skrifter 27, The Royal Danish Academy of Sciences and Letters.
Herrera Meza, María del Carmen y Ethelia Ruiz Medrano (1997). El Códice de Te-
peucila. El entintado mundo de la fijeza imaginaria. México, Instituto Nacional de
Antropología e Historia.
Historia Tolteca-Chichimeca (1989). Historia Tolteca-Chichimeca. Estudio y traduc-
ción de Paul Kirchhoff, Linda Odena Güemes y Luis Reyes García. México, Centro
de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, Fondo de Cultura
Económica.
Hvidtfeldt, Arild (1958). Teotl and Ixiptlatli: Some central conceptions in ancient
Mexican religion. Copenhague, Munksgaard.
Ixtlilxochitl, Fernando de Alva (1975). Obras históricas, 2 vols. México, Universidad
Nacional Autónoma de México.
Izquierdo, Ana Luisa (1997). Acalán y la Chontalpa en el siglo xvi. México, Universidad
Nacional Autónoma de México.
Jäcklein, Klaus (1978). Los popolocas de Tepexi (Puebla): un estudio etnohistórico.
Wiesbaden, Franz Steiner Verlag.
Karttunen, Frances (1994). Between Worlds: Interpreters, Guides and Survivors. Nuevo
Brunswick, Rutgers University Press.
(2000). “Interpreters Snatched from the Shore: The Successful and the Others”, en
Edward G. Gray y Norman Fiering (eds.), The Language Encounter in the Americas,
1492-1800. Nueva York, Berghahn.
Kirchhoff, P. et al. (1989). Historia tolteca-chichimeca. México, Centro de Investigacio-
nes y Estudios Superiores en Antropología Social.
Lee Jr., Thomas A y Carlos Navarrete (eds.) (1978). Mesoamerican Communication
Routes and Cultural Contacts. Provo, Utah, New World Archaeological Foun­dation.
Libro de los guardianes… (1995). Libro de los guardianes y gobernadores de Cuauhtin-
chan, 1519-1640. Edición de Constantino Medina Lima. México, Centro de Investi-
gaciones y Estudios Superiores en Antropología Social.
114 bibliografía

Libro de tasaciones (1952). El libro de las tasaciones de pueblos de la Nueva España.


siglo xvi. Edición de Francisco González de Cossío. México, Archivo General de
la Nación.
Lockhart, James (1991). “Trunk Lines and Feeder Lines: The Spanish Reaction
to American Resources”, en Kenneth J. Andrien y Rolena Adorno (eds.),
Transatlantic Encounters: Europeans and Andeans in the Sixteenth Century.
Berkeley, University of California Press, pp. 90-120.
López Austin, Alfredo (1990). Los mitos del tlacuache. México, Universidad Nacional
Autónoma de México.
López de Gómara, Francisco (1987). La conquista de México. Edición de José Luis de
Rojas. Madrid, Historia 16 (Crónicas de América).
Malina, J. y Z. Vasicek (1990). Archaeology Yesterday and Today: The Development of
Archaeology in the Sciences and Humanities. Cambridge, Cambridge University
Press.
Mapa de Teozacualco (1949). “El Mapa de Teozacoalco”. Comentario de Alfonso
Caso. Cuadernos Americanos, VIII: 5, pp. 145-181.
Matthew, Laura y Michel R. Oudijk (2007). Indian Conquistadors: Indigenous Allies
In the Conquest of Mesoamerica. Norman, University of Oklahoma Press.
Moreland, John (2001). Archaeology and Text. Londres, Duckworth.
Muñoz Camargo, Diego (1986). Historia de Tlaxcala. Madrid, Historia 16 (Crónicas
de América 26).
Nicholson, H. B. y Eloise Quiñones Keber (eds.) (1994). Mixteca Puebla: Discoveries
and Research in Mesoamerican Art and Archaeology. Culver City, Labyrinthos.
Okoshi Harada, Tsubasa (2009). Códice de Calkiní. México, Instituto de Investigacio-
nes Filológicas, Universidad Nacional Autónoma de México.
Orozco y Berra, Manuel (1978). Historia antigua y de la conquista de México. 2 vols.
México, Porrúa.
Oudijk, Michel R. (2000). Historiography of the Bènizàa: The Late Postclassic and
Early Colonial Periods (A.D. 1000-1600). Leiden, Research School CNWS.
(2002a). “La toma de posesión: un tema mesoamericano para la legitimación del
poder”, Relaciones, 91, pp. 95-131.
(2002b). “The Zapotec City-State”, en Mogens Herman Hansen C. A. (ed.), A
Comparative Study of Six City-State Cultures. Copenhague, Reitzels Forlag, pp.
73-90.
(2008). “Una nueva historia zapoteca. La importancia de regresar a las fuentes
primarias”, en Sebastián van Doesburg (ed.), Pictografía y escritura alfabética en
Oaxaca. Oaxaca, Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca, pp. 89-116.
Parker, Geoffrey (1996). The Military Revolution: Military Innovation and the Rise of
the West, 1500-1800, 2a ed. Cambridge, Cambridge University Press.
Pérez-Rocha, Emma (1998). Privilegios en lucha. La información de doña Isabel Moc-
tezuma. México, Instituto Nacional de Antropología e Historia.
y Rafael Tena (2000). La nobleza indígena del centro de México después de la
Conquista. México, Instituto Nacional de Antropología e Historia.
bibliografía 115

Piña Chan, Román (1978). “Commerce in the Yucatan Peninsula: the Conquest and
Colonial Period”, en Thomas A Lee Jr. y Carlos Navarrete (eds.), Mesoamerican
Communication Routes and Cultural Contacts. Provo, Utah, New World
Archaeological Foundation, pp. 37-48.
Pohl, John (2003). “Royal Marriage and Confederacy Building among the Eastern
Nahuas, Mixtecs, and Zapotecs”, en Michael E. Smith y Francis F. Berdan (eds.),
The Postclassic Mesoamerican World. Salt Lake City, University of Utah Press,
pp. 243-248.
Real Academia Española (1992). Diccionario de la lengua española. 21ª ed. Madrid,
Espasa Calpe.
(2002). Diccionario de autoridades. Edición facsímil. 3 vols. [Diccionario de la
lengua castellana…, Madrid, 1726]. Madrid, Gredos.
Relación Geográfica de Cuilapa (1984). Relaciones geográficas del siglo xvi: Ante-
quera. Tomo primero. Edición de René Acuña. México, Instituto de Investigacio-
nes Antropológicas, Universidad Nacional Autónoma de México, pp. 175-184.
Relación de Michoacán (1977). Relación de las ceremonias y ritos y población y go-
bierno de los indios de la provincia de Michoacán (1541). Transcripción de José
Tudlea y estudio preliminar de José Corona Núñez. Morelia, Balsal Editores.
(1988). La relación de Michoacán. Por Fray Jerónimo de Alcalá. Paleografía y
estudio de Francisco Miranda. México, Secretaría de Educación Pública, México.
(2000). Relación de las ceremonias y ritos y población de los indios de la pro-
vincia de Mechuacán. Por Jerónimo de Alcalá. Moisés Franco Mendoza (coord.),
Zamora, El Colegio de Michoacán, Gobierno del estado de Michoacán.
Restall, Matthew (1997). “Heirs to the Hieroglyphs: Indigenous Literacy in Colonial
Mesoamerica”, The Americas, 54: 2, pp. 239-267.
(1998). Maya Conquistador. Baston, Beacon Press.
(2000). “Black Conquistadors: Armed Africans in Early Spanish America”, The
Americas, 57: 2, pp. 171-205.
(2001). “Gaspar Antonio Chi: Bridging the Conquest, of Yucatan”, en Kenneth
J. Andrien (ed.), The Human Tradition in Colonial Latin America. Wilmington,
Scholarly Resources, pp. 6-21.
(2003). Seven Myths of the Spanish Conquest. Nueva York, Oxford University
Press.
Sahagún, Bernardino de (2000). Historia general de las cosas de Nueva España. Mé-
xico, Conaculta (Cien de México).
Scholes, France V. y Ralph L. Roys (1968). The Maya Chontal Indians of Acalan-
Tixchel. A Contribution to the History and Ethnography of the Yucatan Peninsula.
Norman, University of Oklahoma Press.
Small, David B. (ed.) (1995). Methods in the Mediterranean: Historical and
Archaeological Views on Texts and Archaeology. Leiden, E.J. Brill.
Smith, Michael E. (1987). “The Expansion of the Aztec Empire: A Case Study in the
Correlation of Diachronic Archaeological and Ethnohistorical Data”, American
Antiquity, 51, pp. 37-54.
116 bibliografía

Smith, Michael E. y Francis F. Berdan (eds.) (2003a). The Postclassic Mesoamerican


World. Salt Lake City, University of Utah Press.
(2003b). “Spatial Structure of the Mesoamerican World System”, en Michael E.
Smith y Francis F. Berdan (eds.), The Postclassic Mesoamerican World. Salt Lake
City, University of Utah Press, pp. 21-31.
Solís y Ribadenyra [Rivadeneira], Antonio de (1990). Historia de la conquista de Mé-
xico. México, Porrúa [Madrid, 1684].
Sousa, Lisa M. y Kevin Terraciano (2003). “The Original Conquest of Oaxaca: Nahua
and Mixtec Accounts of the Spanish Conquest”, Ethnohistory, 50: 2, pp. 349-400.
Tezozomoc, Hernando Alvarado (1987). Crónica mexicana. México, Porrúa (Bibliote-
ca Porrúa, 61).
― (1992). Crónica mexicáyotl. Traducción de Adrián León. México, Universidad Na-
cional Autónoma de México.
Torre V., Adela y Fernando B. Sandoval (1968). Códice de Tepexic de la Seda, en Los
esclavos indios en Nueva España. México, El Colegio Nacional, pp. 351-354.
Trigger, B. (1989). A History of Archaeological Thought. Cambridge, Cambridge
University Press.
Valle, Perla (1994). Códice de Tepetlaoztoc (Códice Kingsborough), Estado de Méxi-
co. Toluca, El Colegio Mexiquense.
Vansina, Jan (1985). Oral Tradition as History. Madison, University of Wisconsin Press.
Vargaslugo E. et al. (eds.) (2005). Imágenes de los naturales en el arte de la Nueva
España, siglos xvi al xviii. México, Fomento Cultural Banamex, Instituto de Inves-
tigaciones Estéticas, Universidad Nacional Autónoma de México, dgapa.
Vázquez de Tapia, Bernardino (1988). “Relación de méritos y servicios del conquis-
tador Bernardino Vázquez de Tapia”, en Germán Vázquez (ed.), La conquista de
Tenochtitlan, Madrid, Historia 16, pp. 125-154.
Vinson III, Ben y Matthew Restall (2005). “Black Soldiers, Native Soldiers: Meanings
of Military Service in the Spanish American Colonies”, en Matthew Restall (ed.),
Beyond Black and Red: African-Native Relations in Colonial Latin America.
Albuquerque, University of New Mexico Press, pp. 15-52.
Wood, Stephanie (2003). Transcending Conquest: Nahua Views of Spanish Colonial
Mexico. Norman, University of Oklahoma Press.
Zavala, Silvio (1968). Los esclavos indios en Nueva España. México, El Colegio Na-
cional.
(1991). El servicio personal de los indios en la Nueva España. 2 vols. México, El
Colegio de México, El Colegio Nacional.
INDICE

Introducción . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 5

La conquista indígena de Mesoamérica . . . . . . . . . . . 9

Don Gonzalo Mazatzin Moctezuma:


señor de Tepexi de la Seda . . . . . . . . . . . . . . . . 49

Lista de tributos de Tepexi de la Seda . . . . . . . . . . . 85

Reglas de transcripción . . . . . . . . . . . . . . . . . 105

Bibliografía . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 111
Conquistas de buenas palabras y de guerra:
una visión indígena de la conquista,

editado por el Instituto de Investigaciones Filológicas,


siendo jefe del Departamento de Publicaciones
Sergio Reyes Coria,
se terminó de imprimir en los talleres de
Desarrollo Gráfico Editorial, S. A. de C. V., ubicados en
Municipio Libre 175, col. Portales,
del. Benito Juarez, C. P. 03300, México, D. F.,
el 31 de octubre de 2013.

La composición tipográfica fue realizada por


M. Alejandro Solís Hernández
en tipos Times New Roman
de 12:15, 11:13 y 10:12 puntos.

La edición estuvo al cuidado de


María del Refugio Campos Guardado,
con la colaboración del autor, y consta
de 500 ejemplares impresos en papel Cultural de 90 g.

Diseño de portada:
Omar Reyes Solórzano

También podría gustarte