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Resumen

Literatura e identidad nacional

De la introducción a la pág. 27.

Introducción general

Toda identidad ya sea individual o colectiva, obedece a una determinada convención social. En
otras palabras, aquello que solemos identificar como lo costarricense no solamente
corresponde a un conjunto especifico de atributos o rasgos comunes. La identidad es también
un tipo de relato que la sociedad y la cultura nos impone como sujetos y miembros de una
determinada comunidad.

Este relato del cual están hechas las identidades se evidencia a través de los tipos de imágenes
y representaciones colectivas que una comunidad legitima o asimila como propias.

No obstante, cuando nos percatamos de la naturaleza ideológica desde la cual funciona este
relato, la identidad pasa a convertirse en un discurso que incluye y legitima cierto tipo de
representaciones, al mismo tiempo que excluye otro conjunto de imágenes y practicas
colectivas.

En vista del carácter ideológico desde el cual surgen los discursos de identidad nacional,
aquello que definimos como lo costarricense es el resultado de un complejo proceso histórico
donde participan diversas instituciones, practicas y fuerzas sociales.

Las clases sociales se apropian de diversos modos y estrategias culturales del significado
particular de ser costarricense.

La llamada literatura nacional es precisamente una de estas instituciones y prácticas


ideológicas a partir de las cuales trabaja la identidad. Esto quiere decir que cierto tipo de
textos literarios tienen la capacidad de reproducir y captar diversos imaginarios colectivos en
torno al significado que ciertos grupos y clases sociales definen como identidad.

La literatura constituye una práctica ideológica la cual permite cuestionar, criticar y subvertir
las representaciones más convencionales que una determinada comunidad imagina o cree
imaginarse de sí misma.

La literatura es un tipo de saber desde el cual podemos estudiar los distintos modelos de
identidad que conforman el sujeto colectivo costarricense.

Algunos conceptos en torno a la literatura y la identidad

Cuando hablamos de literatura identificamos la presencia de una propiedad bastante cotidiana


y particular del lenguaje: la ficcionalidad.

La ficcionalidad, en distintos grados y modalidades, mantiene un vínculo directo con muchos


de nuestros actos más cotidianos. Desde el hecho mismo de etiquetar una obra como ficción,
hasta contar las situaciones más extrañas ocurridas en nuestros sueños o fantasías, la
ficcionalidad, sea literaria o no, parece encontrarse en la habitación mas intima del lenguaje y
de nuestro inconsciente.

No significa que toda ficción sea literatura, pero sí que toda literatura pasa inevitablemente
por el filtro de la ficción.

Propiedad vesimilitud, el cual permite al lector construir la ilusión de que el mundo ficcional,
organizado y presente en el texto, guarda una relación bastante cercana y posible de realizarse
en el mundo extra-literario o entorno.

Inverosímil, no tiene correspondencia con el entorno no con las lógicas de realidad a las que
nos sentimos familiarizados.

La función de la verosimilitud también puede ser entendida como el contrato de veracidad que
el lector asume de manera transitoria con el fin de relacionar los acontecimientos ficcionales
con el entorno o la realidad extra – literaria. No obstante, par que esta relación se produzca
debe existir un tercer concepto llamado referencialidad.

La función del lenguaje consiste en proporcionarnos de un sistema de nombres y significados


que nos permita establecer una relación con los distintos objetos o situaciones que habitan
nuestro mundo social. Sistema de signos para relacionarse con el mundo.

Desde una perspectiva lingüística, la referencia puede concebirse como la relación entre
aquello que decimos y eso de lo cual hablamos. Hablar de referencias es hablar acerca de las
relaciones que mantiene el lenguaje con los objetos o situaciones que este designa.

La referencia a diferencia de la verosimilitud, no establece criterios de veracidad entorno a lo


que dice o deja de decir el lenguaje. La referencialidad establece una relación entre aquello y
que decimos y eso de lo cual hablamos, independientemente si esa relación es creíble o no por
el lector.

La literatura, al igual que la lengua, funciona como un sistema especifico de signos.

Autor, lector e identidad costarricense

La función del lector y la del autor son entendidas imprescindibles para producir el efecto
literario de la identidad costarricense.

De acuerdo con una larga tradición cultural, resulta común imaginar la figura del autor como la
única y más importante fuente de autoridad del texto y de la lectura.

La producción de sentidos no gira única y exclusivamente en la última entidad, sino que es a


través del dialogo establecido entre la conciencia del lector y la del texto, donde podemos
hallar las diversas interpretaciones que puede producir la literatura.

Así, pues, contrario a la figura paterna y autoritaria que generalmente le atribuimos al autor
literario, es el lector quien pone en funcionamiento la pluralidad de significados e
interpretaciones que posee la literatura. De allí, que todo texto literario siempre está en
espera de su lectura, y es precisamente en ese encuentro con la conciencia activa y
participante del lector, donde la literatura adquiere un sentido histórico y dinámico.
Por este motivo, cuando hablamos acerca del efecto identitario de la literatura costarricense,
nos estamos refiriendo a una convención social la cual supone que la conciencia del lector y la
producción del texto coinciden con un mismo nivel de reconocimiento de la identidad
nacional.

Dado que la producción literaria trabaja a partir de la construcción de distintos discursos de


identidad, tanto el lector como el autor, y hasta la propia crítica y enseñanza de la literatura,
constituyen importantes agentes ideológicos que ayudan a construir la convención de eso que,
en distintos momento históricos y sociales, denominamos como literatura costarricense.

Identidad, otredad y mismidad

De acuerdo con el significado que suelen dar comúnmente los diccionarios, la identidad se
define como aquel conjunto de rasgos propios de un individuo o de una colectividad que los
caracterizan frente a los demás.

Como su nombre lo indica, el termino otredad implica la idea o relación con lo otro. Es decir,
el concepto de otredad hace referencia a un algo que se ubica de manera externa a mi
conciencia y que por tanto lo identificamos como un elemento ajeno e inclusive muchas veces
extraño a nosotros mismos.

El concepto de mismidad hace referencia a ese sentido de pertenencia y unidad que muchas
veces solemos construir para referirnos y representarnos a nosotros mismos.

Como su nombre lo indica, la mismidad, a diferencia de la otredad, implica el conjunto de


rasgos o atributos culturales desde los cuales nos representamos como individuos o como
sujetos de un determinado grupo social. Valga decir que precisamente este concepto el que
mucha veces solemos confundir con la idea de identidad elaborada comúnmente en los
diccionarios.

En el caso de las producciones culturales, estas dos nociones participan de representaciones y


construcciones discursivas muy diferentes. Así, pues, la otredad se manifiesta como un
conjunto de rasgos, comportamientos y valores ajenos a la comunidad nacional, mientras la
mismidad se constituye a partir de las representaciones culturales que una determinada
colectividad identifica y reconoce como propias. No obstante, la identidad, en tanto proceso
histórico y social, se construye a partir de la interrelación entre estas dos entidades.

El concepto de mismidad comprende, de manera general, esta gran variedad de atributos,


cualidades y comportamientos a partir de los cuales se identifica y reconoce una determinada
colectividad.

En este sentido, la mismidad corresponde a una serie de representaciones o imágenes,


relativamente homogéneas, las cuales construyen el sentido común de lo que debe ser un
costarricense.

Este principio de diferenciación, el cual permite determinar las actitudes y comportamientos


ajenos frente a los rasgos propios de una determinada comunidad o grupo socia es justamente
lo que se denomina como otredad.
Capítulo I

La identidad nacional es una representación que resulta ideológicamente eficiente solo en


tanto se derive de las representaciones de la identidad cultural, la cual es anterior a ella.

El proceso de invención de la identidad y la nación costarricense

La idea de una identidad y una comunidad nacional no radica en un inocente y espontaneo


sentimiento de colectividad, sino que está vinculado a los intereses de una clase social y un
contexto especifico.

Durante las tres últimas décadas del siglo XIX, el poder político y económico de nuestro país
estaba concentrado en una clase social ligada al cultivo y a la exportación de café. A partir de
la consolidación y dominio de esta oligarquía cafetalera, la construcción del estado nación
surge como un proyecto ideológico el cual tenía como propósito elaborar un sistema especifico
de representaciones que permitieran a la comunidad costarricense imaginarse a sí misma
como una unidad política y cultural.

Este proceso es justamente al que algunos investigadores denominan como la invención de la


nación costarricense.

Hacia finales del siglo XIX las primeras manifestaciones de una conciencia e identidad nacional
se reflejan en varias producciones arquitectónicas tales como los archivos nacionales, el museo
nacional, el liceo de costa rica, la biblioteca nacional, el colegio de señoritas y el teatro
nacional.

Por otra parte, en el ámbito histórico y patrimonial se reforman las figuras de Juan Santamaría,
el labriego sencillo y Juan Rafael Mora soberanía y ser costarricense. Durante los tres últimos
lustros de este mismos siglo se produce la publicación de importantes periódicos y revistas así
como las primeras reflexiones en torno a la literatura nacional.

De esta manera, conjuntamente con la concentración del poder político y económico esta
clase social logra la consolidar hacia finales del siglo XIX y principios del siglo XX una cultura
ciudadana basada en la idea de modernidad, progreso y civilización que demandaba la
dinámica capitalista del estado-nación.

En párrafos anteriores, mencionábamos que la formación de un proyecto de estado e


identidad costarricense forma parte de un proceso denominado invención.

La invención de la nacionalidad costarricense consiste en un proceso de legitimación y


transmisión de ciertas figuras y rasgos culturales los cuales permiten crear un relato y un
sentido común acerca de la identidad y el ser costarricense. Nociones culturales fuertemente
enraizadas en la conciencia colectiva, previo a la formación de una conciencia nacional.

Acontecimientos y relatos que fundamentan la invención de este modelo de identidad


nacional. Tres representaciones que fundamentan, entre muchas otras, el surgimiento de una
identidad y una literatura nacional: el concepto de soberanía y propiedad privada
representado en la familia patriarcal costarricense, la imagen del labriego sencillo y la blancura
étnica del costarricense.
Las proclamas de don Juanito Mora: Soberanía, familia patriarcal y propiedad privada

Los primeros documentos que expresan una serie de atributos respecto al ser costarricense
aparecen desde la segunda mitad del siglo XVIII hasta finales del siglo XIX.

Son proclamas y documentos políticos escritos por Juan Mora Fernández, Juan Mora Porras,
Braulio Carrillo y Ricardo Fernández Guardia, entre otras destacadas figuras e la historia
nacional, donde se observan las primeras referencias acerca de la identidad costarricense.

No obstante, la existencia y el funcionamiento biológico de dichas nociones se encuentran


ligados al nacimiento del estado-nacion y la consolidación económica de una clase social
oligárquica.

Primeras proclamas realizadas por Juan Mora Porras durante la campaña nacional de 1856, en
donde, según el criterio de algunos estudiosos se fundamentan muchos valores y estereotipos
que definen lo costarricense.

En ellos se encuentran perfilados con más claridad los elementos de una sociedad idílica y se
muestran con excepcional nitidez el poder cohesionante de la imagen de la familia. A la vez,
tanto los postulados ideológicos como los hechos, los héroes y las imágenes resultantes
reaparecen en textos posteriores e incluso llegan a constituir algunos de los estereotipos
nacionales.

Durante el transcurso de esta contienda, el Presidente Mora pronuncia varios discursos mejor
conocidos con el nombre de proclamas a la ciudadanía costarricense.

La primera proclama de Juan Rafael Mora Porras fue publicada el 20 de noviembre de 1855. En
este documento, Mora advierte a los costarricenses acerca del peligro que representaban los
filibusteros ante una eventual invasión al territorio nacional y su consecuente pérdida de la
soberanía.

Los principales atributos del ser costarricense mencionados por el Presidente Mora en la
proclama de 1855 son la paz y el trabajo.

El presidente Mora para referirse a la actitud invasora de los filibusteros: gavilla de


advenedizos, escoria, prófugos de la justicia, horda de aventureros. En contraposición con la
imagen de prosperidad, este conjunto de juicios alude a una actitud de barbarie, traición y
trasgresión del orden civil.

En segundo lugar, el espacio intimo familiar y sus respectivos bienes materiales se transforman
en dos importantes elementos argumentos para referirse al tema de la soberanía y la defensa
armada del territorio nacional. Se deja claro la correspondencia implícita entre la defensa de la
soberanía nacional y la defensa del espacio familiar, representado este último por el concepto
de propiedad privada.

Los términos de (nuestras esposas e hijas) expresa una relación simbólica entre el espacio
nacional y el orden íntimo familiar.
Se debe destacar la importancia simbólica que cumple la estructura familiar como una forma
de representar las relaciones entre el estado nación y el orden civil. Así, por ejemplo, en las
dos proclamas pronunciadas en 1855 y 1856 la imagen autoritaria del presidente se asocia con
la imagen paternal, cuya función radica en proteger y velar por el orden y la convivencia
ciudadana.

En consecuencia con la figura paterna, el concepto de ciudadanía costarricense y su respectiva


obediencia en torno al estado nación se asocia con la relación de padres a hijos.

En relación con esta misma estructura familiar, los textos de las proclamas también evocan un
discurso de fraternidad con el fin de apelar a un sentimiento de lucha y unión
centroamericana.

Esta categoría es también utilizada para exaltar un sentimiento interno de patriotismo y


unidad nacional.

Finalmente, el esquema de la estructura familiar se complementa con la figura materna. En


este sentido, si el estado nación se identifica bajo el símbolo de padre, el concepto de patria y
soberanía se encuentra asociado a la figura de la madre.

Primer conjunto de proclamas a los atributos de la paz y el trabajo. Reelaboradas


posteriormente en el Himno Nacional, se representan como valores propios del ser
costarricense y del estado prosperidad que de acuerdo con la clase social oligárquica,
caracterizaba la situación económica y social de Costa Rica.

Cabe destacar el concepto de propiedad privada que Mora utiliza para referirse a la defensa
del espacio territorial y cuya representación es clave para construir un sentido de pertenencia
y unidad nacional.

La mención a las casas y a las haciendas, como los bienes materiales que el costarricense
posee, se inserta como parte simbólica del discurso y la noción de soberanía. La noción de
propiedad privada adquiere una mayor fuerza ideológica en tanto se asocia con el concepto de
familia.

En vista del contexto patriarcal desde el cual se genera este discurso, la referencia hacia lo
femenino (esposas e hijas) es tratada en el texto bajo los mismos términos de propiedad y
pertenencia que ocupan los bienes materiales. Por esta razón, el discurso de soberanía se
encuentra asociado a un principio de honorabilidad que, de acuerdo con la cultura patriarcal,
debía resguardar y defender la virtud sexual de la mujer.

Por último, la organización jerárquica de la familia patriarcal, compuesta por padre, madre e
hijos, funciona en el texto como una forma de representar las relaciones entre el estado
nación, ciudadanía costarricense, el orden civil y la patria.

La imagen del labriego sencillo en la construcción de Juan Santamaría y el Himno Nacional

La formación de una identidad nacional no puede ser realmente efectiva sin la construcción de
una figura emblemática que se represente los valores y lo rasgos socio culturales con que una
determinada comunidad o grupo social se identifica. Al ser esta una identidad altamente
significativa para la construcción de una conciencia colectiva, algunos investigadores suelen
denominar este tipo de representaciones con el nombre de sujeto nacional.

Juan Santamaría el proceso de invención de la identidad nacional tomo como referencia


algunos de los protagonistas y acontecimientos ocurridos en la Campaña Nacional de 1856
con el fin de crear un sentimiento nacionalista acorde con los intereses de la oligarquía
cafetalera.

Detrás de la invención del sujeto nacional existe también un importante relato cultural el cual
permite que esta figura sea efectivamente reconocida y legitimada por la conciencia colectiva.
En el ámbito costarricense, este relato cultural corresponde a la imagen del labriego sencillo.

Así, pues, antes de desarrollar el estado nación costarricense y su consecuente proyecto de


identidad nacional, la imagen del campesino, trabajador, noble y sencillo, se encontraba
fuertemente internalizada en la cultura colectiva del Valle Central. Es precisamente a partir de
esta representación donde se fundamenta la construcción del héroe nacional.

Finalmente, debemos destacar que la imagen del labriego sencillo no solo se plasma en la
figura heroica y sacrificial de Juan Santamaría. La fuerza cultural que tiene noción en la
conciencia colectiva del costarricense alcanza su mayor plenitud en la letra de nuestro Himno
Nacional realizada por José M° Zeledón en el año 1903.

El himno nacional es donde esta figura, esta frase misma de labriego sencillo, este conjunto de
palabras, esta frase se consolida.

Blancura y modernidad en la representación del ser costarricense

La invención de la nacionalidad costarricense se desarrolla con base en los modelos


institucionales y culturales europeos con el fin de fundamentar un discurso de civilización y
progreso.

En este periodo cuando la sociedad costarricense alcanza un importante crecimiento


demográfico así como un acelerado desarrollo urbano. El ingreso de Costa Rica a las lógicas
capitalistas de la demanda y la oferta mediante el cultivo y la exportación de café resultaba
insuficiente para crear un proyecto de estado nación capaz de homogenizar la gran diversidad
social, plurilingüe y étnica de la cual siempre hemos formado parte.

Era necesario construir un modelo de ciudadanía acorde con los imaginarios o


representaciones culturales de la modernidad que permitiera borrar todo vínculo con nuestra
realidad indígena, afrodescendiente y mestiza, considerada como un rasgo de colonialismo y
barbarie.

A partir de la necesidad de establecer la diferencia entre civilización y barbarie donde la


imagen étnica del costarricense se erige como un rasgo dominante en el modelo de identidad
y cultura nacional diseñado por la elite oligarquía liberal.

La blancura singo de identidad y modernidad nacional. La selección de los estereotipos e


imágenes culturales que fundamentaron el modelo de identidad nacional se encuentran
ubicados desde el principio de nuestra historia colonial, y muy particularmente, en las
relaciones de poder establecidas entre el sujeto indígena y europeo.

A partir de 1492, momento cuando se inauguran las relaciones culturales y económicas con la
Europa colonial, el aspecto étnico y racial se convierte en un signo de la otredad; es decir en
una forma excluyente de diferenciar lo europeo en oposición con lo americano.

En el siglo XIX época cuando surgen los diferentes proyectos de estado nación
hispanoamericanos, el asunto de la blancura vuelve a ser resignificado a partir de la siguiente
serie de oposiciones: civilización/barbarie, modernidad/tradición, cultura letrada/cultura
popular, ciudad/campo, entre otros.

En el caso del estado nación costarricense, el tema étnico racial se convierte en un rasgo
fundamental para construir el modelo de identidad nacional. La construcción de un estado y
una conciencia nacional retoma el aspecto de la blancura como un signo ligado a la
modernidad, la democracia, el trabajo, el orden y el progreso.

Alexander Jiménez, este tipo de nacionalismo identifica como un nacionalismo étnico.

La supuesta blancura del costarricense no obedece a la realidad mestiza, plurilingüe y


multiétnica que somos, sino mas bien radica en la necesidad que tenia la clase oligárquica
liberal de imaginarse como una nación blanca y civilizada con el fin de continuar las nuevas
relaciones comerciales y culturales con la modernidad europea.

A manera de resumen podemos afirmar que estos tres tipos de representaciones (la imagen
de la familia patriarcal, el labriego sencillo y la blancura étnica del costarricense) conforman,
entre muchos otros estereotipos, las principales imágenes culturales desde las cuales la
oligarquía liberal construye el discurso de identidad nacional y cuyas representaciones
literarias serán llevadas a cabo por la generación del Olimpo.

La generación del Olimpo

La primera generación de escritores costarricenses que pone a funcionar las representaciones


de un primer modelo de identidad nacional en la literatura es conocida como la generación del
Olimpo. Esta promoción de intelectuales, nacidos hacia mediados del siglo XIX constituye un
grupo selecto de historiadores, literatos, periodistas y diplomáticos cuyos textos literarios
configuran los primeros rasgos de la literatura costarricense.

De acuerdo con Álvaro Quesada (2010) el surgimiento de esta promoción de escritores


coincide con la formación de estado nación, razón por la cual, la creación de una literatura
nacional se transforma en un importante aliado del proyecto nacionalista y de modernidad
liderado por la clase oligárquica liberal.

Antes de que aparecieran las obras de esta promoción de escritores ya algunas


manifestaciones literarias tales como: las novelas de Manuel Arguello Mora, Risas y llantos,
Elisa del mar, Costa Rica pintoresca, Amores trágicos, y la novela El problema, corresponden a
las producciones narrativas del la generación del Olimpo elaborar de manera mas sistemática
un proyecto literario acorde con un proyecto de identidad nacional.
A raíz del proceso de invención del estado nación, desarrollado a partir de la década de 1880,
los diversos proyectos culturales se concentran alrededor de una misma idea de comunidad
nacional. Para lograr esta sentido de pertenencia y unidad política, la clase oligárquica liberal
utilizo las representaciones más significativas y reconocidas por la conciencia popular del Valle
Central con el fin de legitimar una determinada concepción de lo costarricense.

Siendo la literatura uno de los medios más eficaces para construir y reproducir este conjunto
de valores y estereotipos del ser costarricense, la producción narrativa de esta generación
comienza a construir un discurso literario de la identidad nacional.

La literatura actúa como un campo ideológico donde se debaten distintas posiciones, discursos
y formas de concebir el lenguaje y la identidad costarricense.

El origen de una literatura nacional fue parte de una interesante discusión, llevada a cabo a
finales del siglo XIX, cuyo propósito consistía en definir el lenguaje, los temas y entornos
ficcionales que los escritores debían utilizar en sus producciones estéticas, así como discursos
acerca de los limites y posibilidades que tenía el entorno cultural costarricense para producir
una narrativa con características propias. Este acontecimiento se denomino “la polémica
sobre nacionalismo en literatura”.

La polémica sobre nacionalismo en literatura

Las primeras reflexiones respecto a la formación de una literatura nacional correspondiente a


una serie de cartas y artículos de opinión publicadas en algunos periódicos nacionales
alrededor de 1894 y 1902. Debido al tono crítico y controversial de estas publicaciones,
algunos estudiosos de la literatura costarricense han convenido en nombrar este
acontecimiento como la polémica sobre el nacionalismo en literatura.

La discusión respecto al desarrollo de una literatura nacional se deriva principalmente de los


planteamientos de Carlos Gagini y Ricardo Fernández Guardia. Quienes reflexionaron acerca
de los limites y posibilidades de crear una literatura acorde con el entorno cultural
costarricense.

El origen de esta polémica nace a raíz de la crítica realizada por Carlos Gagini al libro de
cuentos Hojarasca, publicado por Ricardo Fernández Guardia en 1894. Gagini cuestionaban la
falta de una literatura que expresara el lenguaje, los escenarios y los asuntos propios de la
cultura nacional.

El conocimiento de la naturaleza, las costumbres, los conflictos y el lenguaje, característicos de


una determinada localidad o nación, constituyen, para Gagini, el principal marco de referencia
desde el cual se debía fundamentar el quehacer artístico de la literatura.

Pr su parte, en una carta enviada a Pio Víquez, el joven Ricardo Fernández Guardia caracteriza
los comentarios de Gagini como una postura nacionalista de la literatura, la cual juzga además
como un sentimiento patriótico llevado al extremo. Para Fernández Guardia, la creación
literaria no debe estar necesariamente referida al espacio y temas nacionales, sino que esta
debía estar guiada por los modelos estéticos europeos.
La polémica sobre nacionalismo en literatura expresaba un debate político y cultural que
trasciende el orden de lo estrictamente literario. En este sentido, para finales del siglo XIX
periodo cuando se inicia la discusión entre estos dos autores América latina se encuentra en
una encrucijada ideológica en la cual se ven amenazados por los cambios tecnológicos y
culturales que dicta la modernidad capitalista y europea, así como la formación de un proyecto
de identidad y cultura nacional.

Por esta razón, algunos estudiosos de la literatura afirman que este periodo constituye una
etapa de transición para la sociedad costarricense en la cual se manifiesta dos tipos de
discursos: un discurso de modernidad, asociado con el proyecto expansionista de los Estados
Unidos y los modelos culturales europeos, y un segundo discurso de carácter tradicional
relacionado con un sentimiento nostálgico y de afirmación de los valores y de las costumbres
nacionales.

Resulta importante destacar que la identificación entre modernidad y tradición no era un


asunto fácil de resolver, ya que la clase oligárquica liberal, la cual tenía a su cargo la formación
de un discurso de conciencia e identidad nacional, era una clase dependiente de los intereses
económicos generados por el mercado capitalista internacional.

La publicación de la novela El moto (1900) de Joaquín García Monge así como la autoridad
literaria que representaba el género costumbrista desarrollado por Manuel González Zeledón y
Aquileo Echeverría conforman, no sin destacadas variaciones el desarrollo de una conciencia
literaria nacional. “Unos novios” de Manuel González Zeledón, “A Paris” DE Carlos Gagini y
“Neurosis” Ricardo Fernández Guardia.

Tres estrategias literarias en la conformación de la identidad nacional: Magon, Gagini y


Ricardo Fernández Guardia.

Cuentos anteriormente citados nos permiten determinar con mayor especificidad el conjunto
de valores y representaciones culturales a partir de los cuales trabaja la literatura de finales del
siglo XIX.

Análisis del cuento “Unos novios”

El cuento “Unos novios” de Manuel González Zeledón publicado en 1896 en el periódico El


Heraldo, reelabora algunas de las nociones más emblemáticas de la conciencia colectiva
costarricense tales como la figura del labriego sencillo, la estructura de la familia patriarcal y la
idealización de la mujer campesina.

¿Quién es Ñor Sebastián Solano?

En el cuento “Unos novios”, la figura de Ñor Sebastián Solano es construida a través de la


mención de dos acontecimientos muy significativos en nuestra historia política: la fecha de la
independencia, la cual coincide con el nacimiento de este personaje y la campaña nacional de
1856.}

Obliga al lector a reconocer estas dos referencias como aparte de la memoria histórica evoca
un significado nacionalista en relación con este personaje.
A diferencia del labriego sencillo simbólicamente asociado con la figura heroica de Juan
Santamaría, la figura campesina y trabajadora de Ñor Sebastián quien supo además, acumular
una regular fortunita, una nueva variación ideológica del sujeto campesino nacional el cual es
caracterizado por una situación de ascenso y prosperidad económica.

La figura cívica y patriótica de Ñor Sebastián Solano se encuentra asociada al modelo de


ciudadanía desarrollado por la clase oligárquica liberal. Formación del estado nacional.

En el caso de Juan Santamaría, esta figura se asocia con el sentido de sacrificio y de lealtad que
evoca el héroe nacional, mientras que Ñor Sebastián Solano se presenta en el texto bajo la
imagen patriarcal y prospera del campesino costarricense de finales del siglo XIX.

La gran familia nacional y la institución matrimonial

Una vez descrita la figura nacionalista y patriarcal de este personaje el texto introduce el
concepto de familia y su correspondiente institución matrimonial como parte de la
construcción idílica de la identidad nacional.

Asimismo, en conjunto con la situación de prosperidad y unidad familiar descritos en el


cuento, no podemos obviar la referencia al sentimiento de paz y benevolencia que describe
el narrador en torno a este personaje y su familia; atributos que como vimos en paginas
anteriores, se encuentran previamente referidos en la proclama de 1855 de Juan Rafael
Mora Porras.

Conjuntamente con los atributos de paz, trabajo y prosperidad económica, la organización


social de la familia patriarcal se encuentra referida desde el principio del relato. De esta
manera y según hemos visto a partir del análisis de una de las proclamas de Juan Rafael Mora
Porras la familia patriarcal es simbólicamente asociada con la representación del estado
nación.

De expresar la unidad nacional y el estado de prosperidad de esta gran familia costarricense.

La idealización de la mujer campesina

Si el acontecimiento principal de este relato gira alrededor de la unión y la fiesta matrimonial


de dos personajes campesinos (Lencho y Jacinta), la figura letrada y culta del narrador, quien
ha sido invitado a la ceremonia nupcial por parte de Ñor Sebastián Solano, constituye un
importante medio para analizar las formas en que este personaje describe el entorno rural
campesino a través de la exaltación de ciertas virtudes, costumbres y valores tradicionales las
cuales transmiten además una idea pacifica e idealista respecto a la sociedad costarricense.

No obstante, debemos destacar que es a raíz de la idealización que realiza este narrador
entorno a la figura femenina de Chinta donde observamos con mayor claridad como la
idealización de la mujer campesina, ligada a los valores de la virtud, belleza y obediencia
patriarcal, se relaciona con el modelo de identidad nacional propuesto por la generación del
Olimpo.

El narrador respecto a ese personaje femenino, en contraposición con la figura de Lencho,


cuyos atributos corporales son objeto de burla y de rebajamiento por parte del narrador.
La canción del Torito: Una forma de expresar el conflicto social

Las primeras manifestaciones literarias de la generación del Olimpo evocan una imagen
nostálgica o paradisiaca de la sociedad costarricense.

La existencia de los conflictos sociales así como los diferentes puntos de vista del narrador y
los personajes tienden a resolverse en una relativa conciliación entre la herencia de los valores
tradicionales, (generalmente asociados a la estructura familiar patriarcal, la virtud, la
institución religiosa y la belleza) y los valores o comportamientos propios de la modernidad,
representada esta ultima por la idea de progreso, educación y civilización europea.

En el cuento “Unos novios” el autor narrador establece una distancia ideológica respecto al
contexto rural campesino. Este distanciamiento se expresa mediante la referencia del habla
popular y el tono burlesco y rebajador con que se describen los aspectos físicos del campesino.
La diferenciación del autor narrador y el personaje popular también se manifiesta durante el
primer encuentro ocurrido entre Magon y Lencho.

La posición más relevante entre estos dos personajes se explicita en el texto a través del
sentimiento de envidia que siente el narrador al observar la belleza y gracia de Jacinta en
manos de Lencho.

Letra del Torito. No por casualidad, al final del relato, es el propio narrador quien describe
como justo después de haberse emborrachado este se queda profundamente dormido a los
pies de un frondoso árbol mientras escucha a lencho cantar el Torito.

En este sentido, resulta importante advertir como la propia letra de esta canción expresa la
rivalidad implícita entre Lencho y Magon, y porque no de la existencia de dos clases sociales
ideológicamente relacionadas con la construcción idílica de la identidad nacional.

Ver cuadro pág. 20.

Análisis del cuento A Paris

La trama principal de este relato se basa en el acto de infidelidad realizado por Federico
Álvarez a su esposa Adela. La transgresión matrimonial llevada a cabo por este personaje
constituye también un acto de infidelidad por parte del sujeto nacional el cual es seducido por
la cultura extranjera europea, negando los valores tradicionales de la cultura nacional.

Oposición entre la vida cultural europea y el territorio nacional

Desde las primeras páginas de este texto, la comparación entre Europa y el espacio nacional se
hacen presentes en la conciencia moral del personaje principal.

La comparación entre la vida cultural europea y el espacio nacional se encuentran enfrentados


en la conciencia moral de este personaje. Tras conocer el desarrollo cultural europeo, Federico
experimenta un cambio emocional que lo lleva a afirmar un estado de inconformidad y
resistencia de vivir nuevamente en el territorio nacional, el cual es identificado como un
espacio de muerte y tradición, en contraposición con el sentimiento de vida y deseo que este
personaje experimenta en su viaje a Paris.
La institución matrimonial: un orden social

La institución matrimonial aparece ligada en este cuento a una serie de valores y actitudes
identificadas con el discurso nacionalista. La figura del matrimonio y su correspondiente
conducta de fidelidad vendría también a representar un determinado orden social asociado
con la idea de lealtad hacia los valores tradicionales que rigen el estado nación costarricense.

Esta imagen es de fidelidad e identidad nacional se ve fortalecida por las actitudes


matrimoniales y maternales que realiza Adela mientras Federico se encuentra en el extranjero.

La oposición entre Adela y Marta

Las descripciones físicas y emocionales que el narrador realiza en torno a los personajes
femeninos de Adela y Marta, constituyen en el relato otro mecanismo para contra poner los
valores nacionales frente al exotismo europeo. Rasgos físicos y culturales:

Adela Valores y mismidad nacional Marta valores y otredad europea


Joven morena Alta, blanca
Ojos negros y rasgados Pelo castaño ojos pardos
Cuerpo bien formado Cuerpo airoso y andar de reina
Madre y esposa Cortesana
Sacrificio fidelidad Placer infidelidad

Las descripciones psicológicas realizadas a Adela son definidas por su rol de esposa y madre,
mientras que Marta, la amante de Federico, se encuentra relacionada con el ámbito del placer,
el mercantilismo y los gustos culturales europeos.

De esta manera los valores tradicionales generados por el modelo de identidad giran en torno
a la figura de la esposa y madre en contra posición con las actitudes y comportamientos
lascivos de la mujer amante, la cual es relacionada con el discurso de modernidad y liberalismo
europeo.

El espacio urbano: nuevas contradicciones

El escenario inicial de este relato se inscribe en un contexto urbano y capitalino.

En este sentido la referencia a la estación del Atlántico, el tránsito de los coches, lo edificios, el
movimiento de los transeúntes, el tren, el paisaje nublado y melancólico, evidencia los
procesos de urbanización y modernidad que se estaban desarrollando en San José alrededor
de las primeras décadas del siglo XX.

No obstante, de manera conjunta con la imagen de progreso y modernidad que se detalla en


las primeras líneas de este relato, el narrador también se refiere a la diversidad socio cultural
que emigra de los sectores periféricos hacia la ciudad capital, así como las condiciones de
trabajo y de salud de algunos sectores y étnicos marginales.

El espacio urbano se presenta en este texto como un espacio de contradicción y diversidad


social.
Describe en relación con la ciudad de Paris la cual caracteriza de perversa, dado que es
justamente en el espacio urbano donde se produce la degradación y la contradicción moral
que padece Federico al transgredir el principio de fidelidad matrimonial e identidad nacional.

Ver grafico pág. 24

Análisis del cuento Neurosis

La construcción del sujeto nacional costarricense, elaborada en el texto Neurosis de Ricardo


Fernández Guardia, se forma a través de una contraposición entre el espacio nacional y la
otredad europea. Esta comparación se encuentra ligada al conjunto de representaciones
generadas por el discurso de civilización y barbarie así como a la referencia de dos entornos
socioculturales antagónicos: el campo y la ciudad.

La descripción psicológica que realiza el narrador respecto al personaje de Juna Zamora resulta
clave en la interpretación de este relato ya que es a través de los atributos y cualidades
enunciadas por Ramoncillo donde podemos apreciar con mayor claridad la construcción del
espacio y sujeto nacional. Con el fin de ejemplificar la manera en que el discurso de civilización
y barbarie condiciona las múltiples facetas de este personaje.

Identificación con el campesino: tosco y mal trajeado

Juan Zamora aquel mozo esbelto y lleno de arrogancia que tan buena figura hacia el hombre
que tenía delante era un campesino tosco y mal trajeado.

Relación entre el espacio nacional y el discurso de barbarie

De esta manera la identificación con el progreso industrial la vocación y el conocimiento


agrícola, la referencia a una vida campestre asociada con una hacienda cafetalera, así como la
evocación de un estado de salvajismo o de barbarie, constituyen atributos claramente
asociados con el espacio y el sujeto nacional.

La otredad europea, representada por el espacio urbano se contrapone en el texto a la vida


agrícola campesina. Contrario al estado de salvajismo e inferioridad cultural de Ramoncillo
observa en los nuevos oficios agrícolas de Juan Zamora, el texto relaciona la ciudad europea
bajo los términos de civilización así como al desarrollo de las cualidades artísticas e
intelectuales de su amigo Juan Zamora.

Ver cuadro pág. 25

Consideraciones finales:

Los textos literarios anteriormente analizados corresponden a tres estrategias narrativas


vinculadas con el modelo de identidad nacional propuesto por la generación del Olimpo: a)
construcción idílica del sujeto y el espacio nacional, b) lo idílico costarricense identitario de
confrontación con lo exótico europeo, c) la definición identitario costarricense en
confrontación con la otredad europea.

En el primer caso, las nociones del sujeto y el espacio nacional se construyen a partir de un
discurso literario el cual elabora una imagen tradicional y pacífica de la sociedad costarricense.
Idealizar las costumbres, los valores tradicionales asociados al núcleo de la familia patriarcal y
al entorno cultural campesino.

En el análisis de “Unos novios” el modelo de identidad que se estructura en el texto alude a un


sentido de prosperidad económica e igualdad social del estado nación costarricense.

Una segunda estrategia utilizada por el discurso literario de esta generación, radica en la
conformación entre los valores patriarcales asociados a la nación costarricense y los
comportamientos libertinos y culturales relacionados con el espacio urbano europeo.

A diferencia de la primera estrategia narrativa este tipo de textos muestran una sociedad
costarricense en proceso de transición.

Se elabora esta imagen de civilización y progreso, el texto plantea los peligros morales que
acompañan la modernidad europea en detrimento de los valores tradicionales.

La tercera estrategia, presente en los textos narrativos de estos escritores describe la


identidad costarricense con base en los criterios culturales generados por la otredad europea.

Este discurso literario describe y problematiza el tema del sujeto y la identidad nacional a
través de los valores y actitudes que el discurso de civilización y colonización europeo ha
construido para referirse a la realidad americana.

Las primeras expresiones poéticas que surgen en Costa Rica son publicadas entre 1890 y 1891
en una pequeña colección conocida como la lyra costarricense, editada y publicada por
Máximo Fernández.

El primer exponente de la poesía costarricense fue liderado por Aquileo Echeverría debido al
dominio político e ideológico que tenia para ese momento la tendencia nacionalista
desarrollada durante los primeros años del siglo XX.

En vista del modelo costumbrista que imperaba en ese periodo el texto clásico de esta poeta
nacional, titulado con el nombre de Concherías (1995) representaba los modelos de hablar
popular así como una serie de temáticas relacionadas con el entorno rural campesino
contribuyendo así a la formación de un discurso idílico y no menos nostálgico en relación con
los valores tradicionales que la generación del Olimpo había determinado como parte de la
identidad costarricense.

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