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Rumbo al 5to Congreso Nacional Indígena

Expectativa
El viernes 07 de octubre, fui invitada por la Mtra. Sarah Itzel y el Mtro. Ascensión
Sarmiento Santiago, entonces docentes del primer semestre de la Licenciatura en
Gestión Intercultural para el Desarrollo; para asistir junto con el maestro Óscar
Espino al 5to Congreso Nacional Indígena –evento a celebrarse en la ciudad de
San Cristóbal de las casas, Chiapas-.

El viaje inició el día sábado 08 de Octubre, en el momento que abordamos


el autobús que nos llevaría hacia la Cd. De México. El compañero –egresado de la
misma carrera- Omar y yo arribamos cerca de la 1pm la central norte. Ahí
esperamos a una joven de nombre Ana, amiga suya y también originaria de
Papantla, quien posteriormente nos condujo hacia el punto de encuentro -un lugar
cercano a La Arena México-.

Eran ya las 2pm cuando


llegamos al recinto, una
mujer adulta de tez blanca
fue quien nos dio la
bienvenida, intercambiamos
saludos y novedades sobre
nuestros lugares de origen,
ella a su vez compartió que
era originaria de Zacatecas
y llevaba años residiendo
ahí y estando en la lucha.
También nos señaló que
otros compas, habían arribado recientemente y, al igual que nosotros, aguardaban
por el resto: Hombres y mujeres procedentes de los estados de Guerrero, Oaxaca,
Puebla, entre otros municipios de la CDMX.
Al adentrarnos a un auditorio, donde iniciaríamos la espera, conocí a Jesús quien
también había egresado de la LGID, hablante de Náhuatl y, compañero de Omar y
el profesor Óscar en la Maestría de Educación Intercultural. Este último llegó
alrededor de las 5pm, junto con su familia: su esposa y dos hijos -ambos menores
de edad-.

Estuvimos ahí un largo rato, hasta dar las 8 pm. Aproximadamente fue el momento
en que la instrucción fue de abordar los autobuses que nos llevarían hacía San
Cristóbal de las Casas.

El viaje fue largo, caluroso, cansado, sediento pero también ameno. Pocas veces
se tiene la oportunidad de charlar y escuchar a personas hablar sobre situaciones
poco conocidas para los mortales como yo.

Pude apreciar las imponentes


montañas que las rutas
carreteras rodeaban, admirar
la neblina cubriéndolo todo
como con un manto amoroso,
sentir la pequeñeces de mis
huesos en medio de la
bastedad traducida en
vegetación que también
resistía… pude pensar en la
sangre derramada al llegar al
territorio chiapaneco, donde
la tierra era roja y fértil.

San Cristóbal
Había sido un viaje largo, con algunas paradas en la zona Sur del estado de
Veracruz para recoger a otros compañeros Popolucas.

Era medio día cuando llegamos a San Cristóbal de las Casas, a la Universidad de
la tierra (CIDECI), para integrarnos al cuerpo de delegados de los pueblos
indígenas. Esto con la finalidad de llevar a cabo la 5ta sesión del Congreso
Nacional Indígena (CNI) en su 20vo. Aniversario de conformación.
Al descender del
autobús pude
apreciar una serie de
edificios tales como
cabañas, talleres,
garajes (incluido un
pequeño taller
automotriz), una
granja de gansos
ubicado al lado de un
pequeño puente que
debíamos de cruzar,
baños –y su
respectiva señalética en castellano-; las fachadas e interiores contaban con
pintura de colores vistosos: magenta, amarillo, azul, morado, etc. A su vez
pequeños murales o decoraciones pintadas en ellos. La indicación era acudir a
registrarnos.

Tuvimos que esperar, ya que en las instalaciones habían arribado otros miembros
del CNI. Después de un par de horas logramos registrarnos, entonces
acomodamos dentro nuestro equipaje y recorrimos el lugar. Los perdí de vista
durante otras horas, entonces pude detenerme a observar a todas aquellas
personas allí congregadas.

Los compas
Mujeres adultas, jóvenes y niños Tzotziles vendían artesanías alrededor,
deambulaban y hablaban libremente por las instalaciones. Otros grupos de
personas estaban ahí reunidos, con rasgos físicos muy distintos entre ellos,
algunos con ropas autóctonas y hablando sus respectivas lenguas: hombres,
mujeres, jóvenes y adultos.

Entonces comencé a cuestionar, ¿en dónde estaba?, ¿era el CNI un evento


académico?, ¿cuál era el propósito de estar ahí? Mientras pensaba en ello, pude
conocer a Don Victoriano, Gobernador de la Tribu Mayo de los Yaquis de Sonora.
Intercambiamos comentarios en relación a nuestros respectivos viajes y tuvo la
confianza para mostrarme una carta de la jerarquía tribal mayo, un documento que
reconocía el poder ejecutivo.

Al anochecer, nos reencontramos y fuimos dirigidos hacia nuestro lugar en las


áreas destinadas para dormitorios –segregadas en hombres y mujeres-, con el fin
de instalarnos y poder integrarnos, posteriormente, en el comedor. Ana y yo
compartimos lugar en una cabaña, donde había literas cuyo polvo evidenciaba que
su única compañía ahí eran las cobijas igual de solitarias; hacía frío y se colaba
bajo la puerta. Conocimos a Sandra, joven de 21 años, embarazada de la tribu
Kumiai, estudiante de biología originaria de San José de la Zorra de BCS; ella nos
contó que fue enviada por su madre para denunciar el despojo de territorio al que
estaban siendo sujetos. También ahí estaban mujeres como Sarah López de
Campeche, cuyo temple imponía a su alrededor. Su semblante reflejaba a una
mujer aguerrida.

También había una joven que conformaba el cuerpo organizativo del congreso y,
que por dicha situación, vimos muy poco; cuando coincidíamos con ella nos
brindaba algún comentario chusco que alegraba el día. Había mujeres adultas,
entre 40 y 70 años representantes de pueblos mayas, mazahuas y popolucas
como Verónica, del sur de Veracruz. También conocí a Vilma, colombiana, mujer
joven portavoz de algunos pueblos originarios de su país.

Entre los hombres que pude ver y conocer, en su mayoría eran adultos de entre
45 y 60 años. Hombres de piel tostada y manos ásperas, semblantes duros…
almas alejadas de sus respectivos hogares. Entre ellos, el joven Julián quién llegó
a moderar una de las mesas durante el congreso; Juan Dionisio y Estanislao,
veteranos y hombres con los pasos sembrados en el andar del CNI.

El CNI
La mañana del lunes 10 de Octubre, fuimos convocados los delegados de los
pueblos originarios para formar parte de la asamblea en la cual se sabría
estaríamos acompañados por miembros del EZLN.

Después de una mañana caótica en la que tuvimos que aguardar por un turno
para el baño, logramos desayunar y después aguardar por el inicio de la
asamblea. Al esperar, reconocí en derredor medios de comunicación procedentes
del extranjero: identifiqué el idioma inglés y francés, así como el acento argentino
y español.

Pasaba del medio día cuando entré al auditorio del CIDECI, llevaba mi gafete
identificándome como Delegada del pueblo Totonaca, a pesar de ello sólo estaba
ahí para escuchar.

El recinto iba
llenándose, la mesa
de moderadores
había sido ya
ocupada; se dieron
instrucciones. Los
medios de
comunicación no
fueron invitados.
Estaba ahí el llamado Subcomandante Galeano, acompañando al EZLN y al
comandante insurgente Moisés; ellos se ubicaban frente a nosotros. Entonces,
después de que el moderador presentó el porqué del CNI y dio los pormenores,
Galeano tomó la palabra.

Su voz, era calma y recia. Su apariencia fantástica, florecía en mí una idea… un


recuerdo resurgiendo desde la infancia: frente a mí a las abejas de Acteal... ese
nombre resonaba frente a mí.

-Siendo niña, mi madre y yo veíamos el noticiero, recuerdo a un


hombre en medio de un monte, lodazal, su impermeable, bigote,
micrófono. La matanza de Acteal, entonces pienso “fue el estado”.-

El discurso es fuerte, se adentró a nuestros pechos, se evidencia entre los rostros


que se enfrentan. La violencia, los malestares del mundo de los de abajo. Pienso
en Mariano Azuela, El Zarco de Altamirano, Los Bandidos de Río Frío… Este lugar
no es la literatura, estoy en medio de una batalla iniciada varias centenas atrás.

Pasan los días, los compas se expresan, dialogan, comparten las dolencias que
viven desde sus respectivos hogares. Todos hablan de una madre y un espacio
que nos necesita para protegerlo. Cada intervención es parte de una gran lista de
pesares que se abalanzan sobre el mundo.

El doce de octubre fuimos a Oventik, al caracol No. 2, donde me encontré con la


autonomía, también con el frío y miles de corazones incendiados con esperanza.
Aquí la neblina también lo protegía todo.
Los compañeros del EZLN y de la comunidad habían organizado un significativo
programa para recibirnos y compartir los saberes que el movimiento zapatista
había generado, tales como los derechos de la mujer en la vida diaria durante
tiempos de resistencia. Así como el avance hacia el respeto por los derechos
humanos y de los pueblos originarios.

Al término, fuimos convidados para compartir los sagrados alimentos. Los


asistentes estuvimos muy agradecidos por ello. Los habitantes fueron amables
con nosotros y el ambiente fue de gran respeto. También hubo medios de
comunicación presentes.
Partimos alrededor de las 5 pm, de regreso al CIDECI. Donde tuvimos tiempo de
recreación con documentales y películas que fueron proyectadas en el auditorio.

El jueves trece de octubre se realizó la última asamblea donde se dejó pendiente


la sesión para terminar con el 5to. Congreso Nacional Indígena.

Muchas voces denunciaron y gracias a ello, se redactó el comunicado titulado Que


retiemble en sus centros la tierra, cuyo contenido se leyó en diversos medios de
comunicación durante varias semanas. Y yo estuve ahí, en Oventik, en el CNI, en
el corazón de la resistencia.

Después me enteré que los medios de comunicación masiva emitían juicios a


partir de la declaración y complementaban sus notas con suposiciones más que
en hechos o la realidad.