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was EL BARCO DE VAPOR El campo deportivo Marisa Potes Ilustraciones de Javier Joaquin smiliteratura ‘irecion terara: Cecilia Repti Edleldn: Cinta Roberts Coorinacin d a edll6n: Luz Azcona Jefa de Diseta: Noort Binda Diagramactén: Elisabet Lunazat Responsable de Corteccin: Pat Correcin: Gustave Wolovelsky Coordinador de Operaclones: Ncolts Paladino Responsable de Preimpresin: Sendra Reina Gerente de Planifcacion eInteligencia de Mercado: Vanesa Chulak Ilystraiones Javier Joaquin ia Motto Rouco © del texto: Marisa Potes, 2018 © de as iustrationes: aver Joaquin, 2018 (© Eslciones SM, 2018, ‘Ay. Calloo 410, 2 plso (CLOZ2RAR Ciudad de Buenos aires Prins eer de 2018 1364 978.987-73173045 eth el eptstoqu establece ey 31.723, Inpresa el Seen | rite gota {st lro se termine mpc en enero 2018, fntatten iter SA Bueno es ee es zs or en ‘Staaten tien’ ol || ER SAESRE pont et-come mg toes |] Rusunciee e raters dl] BEB pee ed Eo peta vay a oe (strstr A mis amigos atletas, Victor'y Maria. © EL TORNEO DE ATLETISMO Anil vienew —dijo César haciendo una sefia con la cabeza, sin sacar las manos de los bolsillos. |Qué espanto de uniforme! Ajai. Los seis chicos miraron a los que entraban unifor- mados de rojo y verde, un poco de reojo, sin moverse de donde estaban, Los recién Ilegados caminaban por el lateral opues- to de la pista, también mirando de reojo a los de uni- forme amarillo y violeta, y sin dejar de mirarlos, se fueron sentando. Unos en las gradas, otros en los bancos destinados a los competidores. —Mala suerte. Trajeron a Aquiles. —A quién? —Al “Sefior Trampas”. jAh! No, no, Mira, sigue con el brazo vendado. —Menos mal. Fabio y Rail chocaron las manos para festejar. Aquiles era el mejor corredor del equipo contrario. —Pero tiene vendado el brazo, no la pierna —ter- i6 otro. —Ay, Tiago! gPero cémo va a correr cien metros con el brazo enyesado? Hoy les ganamos. César hizo una mueca de desagrado. —No ime gusta ganar porque el “Trampas” no co- re, Yo quiero ganarle a él, Le palmearon la espalda. Seguro que ganabas igual. Pero si Aquiles no esta... segundo y tercer puesto son para nosotros tam- bién. —La que esté sana es Ruth —dijo Fabio sefialando auna chica que elongaba. —jUh! Perdimos el salto en alto —dijo Carina. Fabio la mir6 con ojos sofiadores y le dijo: —Pero a tu salto en largo no le gana nadie. Carina se cruz6 de brazos, hizo un chasquido con la boca antes de responderle. —Nite gastes, no voy a salir con vos —y se fue ha- cia donde la entrenadora la lamaba, agitando su tren- zarubia, Fabio dejé caer la cabeza sobre el pecho. —iVoy a morir de amor! —exclamé con tono me- lodramatico. Una mujer joven se acercaba palmeando las manos. — Bueno! {Todos a prepararse! Den lo mejor. Sino ganan, estarin orgullosos de haber hecho todo lo po- sible. —Como si hacer todo lo posible sirviera para algo al momento de sumar puntos... —le murmuré César a Fabio. —A la hora de mirarse al espejo sirve. ‘César meneé la cabeza. jLa profesora Ducal y sus ideas de que lo importante era competir y esforzarse! “Pavadas", pens6, “el que compite lo hace para ganar, Los que se saben perdedores se quedan en su casa”, De todas maneras, no dijo nada. Querfa concentrarse en lograr la mejor maxca, aunque el hecho de que Aquiles no participara lo sacaba de quicio. ‘Todos se acomodaban en las gradas. Eran las fina- les, Estaban los de la escuela de Arte, los de la Comer- cial y.otros, pero los verdaderos contrincantes eran los de la Técnica, Por cincuenta afios se habian organi- zado con ellos todo tipo de competencias: olimpiadas ‘matematicas, concursos literarios, de dibujo, festivales de teatro, y por supuesto, los juegos deportivos, even- tos en los que se habia ido construyendo una rivalidad ‘que se habia convertido en tradicién. Cada escuela levaba contabilizados los triunfos, y todos eran menos memoriosos con las derroras. Mientras, del lado rojo y verde... — (Qué te pasa, Aquiles? —Estoy muerto de bronca. Quisiera encontrarme al que me llevé por delante con la biciclera. —Bueno, ya va a pasar. {Para qué te querés encon- tar al que te Ilev6 por delante? —lo consolé la chica de rulos oscuros. —{Cémo te sentirias vos, Ruth, si sabiendo que tenés el triunfo asegurado como fo tenés, no pudieras 9 saltar? Te sentitias igual que yo —mix6 para el lado de César que lo observaba mientras se quitaba la cam- pera—. [Le queria ganar hoy! —Le ganaste la anterior. —Si, pero las otras dos me las gané él —Igual los pasamos por cinco, No van a poder su- perar esa marca —dijo Cristian mientras sopesaba la garrocha, —Vayan. Abi los llama Monroe para darles las til- timas indicaciones —les avis6 malhumorado Aquiles, y sefial6 hacia donde estaba el profesor que batia pal- mas pidiendo reunién, — {No venis? —No —y mascullé por lo bajo—. {Para escuchar otra vez. que dar el cien por cien es lo que vale? Que se quiebre un brazo, no pueda competir y después me cuenta! La escuela de Ciencias era Ia anfitriona. El campo deportivo quedaba cerca, y a falta de campo propio, utilizaban el municipal. Las escuelas asistian casi completas para apoyar a sus representantes. La orga- nizaci6n se habia encargado de asignar lugares a cada parcialidad para evitar incidentes. Y habian tenido la precaucién de ubicar a la Técnica y a la Cientifica en lterales opuestos, lo que impedia irse a las manos... aunque les permitia clavarse la mirada por mas que fuera a la distancia, Eldirector de la escuela de Arte les dio la bienveni- daa través de un micr6fono que, como suele pasar en 10 e308 actos, emiti6 un pitido que obligé a todos a cerrar tun ojo y Ievarse las manos a los oidos. Habl6 de la confraternidad entre las escuelas, de lo importante que era encontrarse, lo fundamental que era reconocerse como parte de una misma comunidad, lo saludable que es el deporte... Confraternidad... —susurr6 Fabio al ofdo de César—. Yo los aplastaria a todos con una topadora —Nosotros no hacemos eso. Nosotros los aplas- tamos ganandoles. Solo los retrégrados pelean a las trompadas fuera de un cuadrilétero —replicé César sin dejar de mirar al otro lado de la tribuna, —Si, si, ya sé, es una manera de decir, —Mesigue mirando —murmuré Aquilesen la tri buna opuesta—. Esta vez.no puede ser, pero la proxi- ma... Voy a entrenar para que arrastremos ese espan- oso uniforme por todo el ladrillo de la pista. —Me pregunto a quién se le habré ocurrido com- binar amarillo y violeta —meneé la cabeza Cristian. —Bueno —musité Ruth porque por el parlante estaban pidiendo silencio para empezar a entonar el Himno Nacional—, la combinacién del nuestro no es mucho mejor. —iiDe qué lado ests, Ruth?! —exclamé sin le- vantar el volumen Cristian, —La verdad es queeel verde y el rojo tampoco com- binan bien. — Sabias que ellos te llaman “la rulosa”? —Ie dijo Aquiles con safia—. El verde, por si no lo recordés, a simboliza la garra que ponemos en cada competencia, yel ojo, la sangre que corre por nuestras vena, Ruth le iba a decir que a ella el apelativo no le im- portaba, pero empez6 la misica del Himno. Habia que ponerse de pie, estar firmes y cantar con todo el cora- z6n. Ellos se ponian muy draméticos en estas compe- tencias y précticamente gritaban el “oh, juremos con gloria morir”. ‘Luego de los aplausos, los espectadores se sentaron, tomaron sus banderas y pancartas para vivar a sus equipos, mientras la adrenalina empezaba a recorrer los cuerpos de los deportistas que precalentaban. Los organizadores se tomaban muy en serio estas competencias. Un instante mas tarde, se oy6 el primer Mamado: —(Cinco mil metros, damas! Se prepara salto en garrocha, caballeros, Cristian se puso de pie y recibié el saludo de sus compafieros: todos levantaban el pufio, gritaban “;A. ganar!”, el arleta respondia “Por la Técnical”, y alli marchaba, cual gladiador entrando a la arena. Del otro lado, se practicaba un rito parecido con Julieta, la representante femenina para la carrera de fondo: juntaban las manos, gritaban “Por el triunfo!” la competidora respondia “Por la Ciencia!”, y laatlera iba a buscar su lugar en la pista. Punto para la Cientifica. Punto para la Técnica. Ruth efectus su mejor salto en alto y Carina super su propio récord en salto en largo. Sabia que tendria 12 tuna chance en los Regionales si seguia con esas marcas ¥y se jugaba el todo por el todo... por eso el récord le costé una renguera, —Creo que me esguincé —le dijo a la profesora Ducal, tratando de que la Lagrima se quedara quieta dentro de su ojo. —Esto debe doler, sno? —le pregunt Julieta, so- lidarizandose. —Si. jPero no importa! Con el “Sefior Trampas” fuera de combate este afio los deportivos son nuestros. iAy! Profesora, me duele. La profesora sonriéy Ia ayud6 a sacarse la zapatilla —;Cémo? {Qué es eso de “Sefior Trampas”? Carina se mordié los labios. Saba quea Ducal no le gustaba que les pusieran motes a las personas, Pero to- dos sus compaficros, incluso ella, pensaban queen una de las competencias anteriores Aquiles habia hecho trampa, de lo contrario jamais podria haberle ganado la carrera a César. —Profesora, es que... —Tiene nombre: se ama Aquiles. —[Pero hizo trampa cuando fuimos a. —Hiace dos afios de eso, Carina. ¥ nadie pudo con- firmarlo, Por otro lado, un buen deportista no tiene que ser rencoroso. El rencor le resta energias a lo im- portante, Carina decidié no oponerse-y necesitaba que la pro- fesora Ducal le vendara el tobillo con suavidad porque Jedolia mucho. 3 Punto tras punto, fueron emparejandose. Prescin- didi de los logros de las otras escuelas: si la de Arte ganaba con la jabalina o la Agropecuaria con el dis- 0, era irtelevante: median segundos, terceros o quin- tos puestos. Cientifica contra Técnica. Técnica versus Cientifica, era lo que contaba. Llevaban ganados tres primeros puestos cada escue- la, cuando llegé Ia Gltima competencia, Pero el duelo verdadero no era posible, Los cien metros, la carrera estrella del atletismo, no enfrentaria a César y Aquiles, os maximos rivales. Aquiles se levanté de su grada y marché hacia el bufet. No pensaba ver cémo César le sacaba varios cuerpos de ventaja a Sergio, que jams estaria a la altu- ra de semejante rival. Al grito de “Por el triunfo!” y con la respuesta de “Por la Ciencia!”, César fue a la pista. Miré hacia el conjunto de uniformes rojo y verde: Aquiles no estaba. Le dio rabia. Queria dedicarle la victoria exhibiendo delante de su cara ocho de sus dedos, es decir, la can- tidad de disputas que tendrian a su favor luego de su triunfo. Aquiles se senté en el bute, se puso los auriculares + subié el volumen de la miisica. No queria escuchar los vitores de la tribuna. Imaginaba que todos estarian vivando al favorito, incluso las lindas de la escuela Co- mercial que se babeaban por César, aunque le ganaraa su propio representante uw Durante los escasos segundos que duraba la carrera se empefié en que la miisica le taladrara los ofdos y lo aislara de lo que pasaba afuera. Cuando caleulé que el pecho de César se estaria llevando la cinta por delante, tomé un largo trago de agua. Golpeé la botella sobre la mesa. Podia imaginarlo vanagloriandose de los falsos ocho triunfos hist6ri- cos con los que supuestamente los sobrepasaban, ex hibiendo cuatro dedos de cada mano en alto, cuando todos sabfan que en realidad ellos los superaban por cinco premios. Un grupo grande de gente fue entrando al bufet. Mala suerte, El evento habia terminado y no se le ocurrié que todos irfan ahi. Tendria que haberse ido antes. —jAquiles! ‘Abi estaban sus compafieros con sus buenas inten- ciones. No queria la compasién de nadie, ni la frasecita “Bueno, Aquiles, pero solo gané porque vos no esta- bas”. Se puso de pie fastidiado, sin bajar la miisica. Lu- ciana, una de las velocistas, le hablaba con una sonrisa de oreja a oreja. Quiso ignorarla, ;Qué le decia? Qué Je podia causar tanta felicidad? Se iria de ahi, —jAuch! ;...caminas! —Alcanzé a escuchar lad tima parte dela frase, porque en el choque con uno de Ja Agropecuaria, uno de los auriculares se lesali6. —JNo te parece fantistico, Aquiles? —le decia Luciana, Fy — ,Qué me tiene que parecer fantistico? —gruid, ‘zatando de abrirse paso hacia la salida, — {Es que no me escuchaste nada? jLa Comercial ¢gané la carrera! —i{Qué?| —no podia ser lo que estaba oyendo, aque el lentisimo corredor de la Comercial le habia ganado a César? —. Quién le gand? —jJuirez! —{Juirer? fests segura? ,Y cémo hizo? Luciana lo tomé por el brazo y lo hizo salir del co- medor abarrotado de personas. —Juarez hizo un tiempo malisimo, pero César pa- recia ido, Fabio se torcié un tobillo, Sergio lleg6 segun- do. y César, tercero, jEmpatamos, Aquiles! Sumamos un punto mis y los superamos en puntaje. Laboca de Aquiles formé un redondel casi perfecto porel asombro. —Entonces ya no los pasamos por cinco triunfos, jahora son seis! sil Por un momento Luciana tuvo la esperanza de que Aquiles la abrazara para festejar, pero él tenia los pen- samientos en otra cosa: estaba satisfecho de poder su- mar otra estrella en la pizarra conmemorativa, aunque ain sentia el sabor amargo de no haber ganado perso- nalmente. No le gustaba ganar por ser visitante, Que- ria ganar por ser mejor. No obstante, el malhumor se le terminé de disipar cuando volviendo hacia donde el profesor Monroe los 16 esperaba, se cruz6 con César. Y quiso la buenaventura que esta vez no estuvieran uno a cada lado de la pis- ta: estaban a menos de un metro. Pudieron verse a los ojos. ¥ Aquiles adivin6 répidamente cual fue el moti- vo de la derrota de César: su ausencia. Evidentemente, se habia desconcentrado porque su méximo rival no hhabia estado en la carrera. —La proxima —le dijo César, sefialindolo. Aquiles asintié. No le habia ganado, pero al menos no habia tenido que soportar sus ocho dedos extendidos delante de su cara. Ellos seguian adjudicindose ocho victorias. —Profe, squé le pas6 a César? —le pregunté uno de los alumnos. ‘La profesora Ducal pensaba que lo importante era competir, aunque no ganaran... pero también que ha- bia que dar lo mejor de si, por eso no dejaba de sentir cierto enojo con César. Al dia siguiente se cruzaria con Monroe en el Instituto Superior donde ambos daban clase, y no tenfa ganas de soportar su sonrisa socarro- nna, Montoe, fiel al mismo precepto, jamas decia nada, pero su forma de no decir era demasiado expresiva cuando se alzaba con el triunfo. Ademés, ella habia sido alumna de la Cientifica y Monroe de la Técnica, de modo que la tivalidad era ancestral. Por eso su tono al responderle al alumno fue un poco agrio. wv No sé, pero quiero creer que sufti6 una lesién de ‘tiltimo momento. —Corrié como un ciempiés al que le faltan cuaren- ta patas... La profesora sonri6, El comentario gracioso la ayu- 6a distenderse un poco. —Pregiintenle ustedes, a ver qué les dice Pero César no parecia dispuesto a hablar con nadie, ‘Caminé hasta la escuela delante del grupo, aparta- do. Dejé en el depésito el equipo que le correspondi6 trasladar y pregunt6 si podia retirarse. — (Estas bien? —lo indagé la profesora, pero més que nada quiso verlo a la cara, ‘César bajé la cabeza. Los ojos oscuros de la profeso- 1a Ducal eran demasiado poderosos. ¥ decidié respon- der la verdad: —Me desconcentré al saber que Aquiles no com- petia, —Quizé para la préxima ver deberias recordar que esto no se trata de tu duelo personal con Aquiles, sino de representar a la escuela. Si no estas en condiciones, dale tu lugar a otro que si quiera ser parte de un equi- po. lan, por ejemplo —Ia profesora sefialé a un chico que, agotado, se habia sentado en un banco—. No ob- tuvo medalla, pero corrié con toda su alma. César le eché una fugaz mirada al chico y salié de la escuela. No podia refutarle nada a Ducal. Estaba muy enojado consigo, Al quedarse pensan- doen que Aquiles, el Gnico rival digno, no corria y que 18 a todos los demés les podria ganar sin siquiera trans- pirarse, habia desestimado el Lema mas importante: “Dar todo de si”. Pésimo. ,No habfa leido cientos de veces la fabula de la liebre y la toreuga? Bueno, gra- cias a él, habia ganado esa tortuga de Juarez. Estaba tan furioso que salié caminando para su casa como si Iubiera puesto piloto automatico. —jCuidado! —El grito se mezcl6 con el chirriar de los frenos, el empujén de aquella mano salvadora y los insultos del conductor. Cuando se dio cuenta, ya estaba en el suelo,y el auto, con el brazo del conductor agitindose por la ventanilla, se alejaba Tan le tendia la mano para ayudarlo a levantarse. —Gracias —Ie dijo un poco aturdido atin. ;Qué hacia Ian ahi? Tan le sonrié. — {Estas bien? {Te golpeaste? Perdoname por em- pujarte, pero no iba a permitir que te pasara algo. César lo abrazé y le dijo: —Gracias, en serio. A Tan hacta un tiempo se le habia muerto el padre; ‘César quedé muy impresionado porque su propio pa- dre habia estado enfermo para esa época y temié que corriera la misma suerte que el de su compafiero. Por es0 si bien Ian a veces era demasiado pesado, él lo tole- raba, No queria ni imaginarse cémo seria quedarse sin padre, y era su amigo. —(Te acompafio? —le pregunté Ian. —No, gracias. Estoy bien, en serio —el susto no 19 habfa logrado eliminar su frustraci6n, y por eso pre- firié caminar solo. Para colmo, al Ilegar a su casa, sus padres le dijeron que no importaba que hubiera legado segundo, que estaba muy bien porque habia hecho su mejor esfuer- zo, lo abrazaron y le rogaron que comiera la torta que hhabian comprado para agasajarlo. Fue su hermana, dos afios mayor que él, quien le dijo la verdad: —{lu méjor esfuerzo? Cémo se ve que papa y mamé te quieren, [Fue un desastre! No sé cémo voy a hacer para entrar a clase mafiana: todos me van a mo- lestar porque por tu culpa perdimos el trofeo de este fio, jA ver si tus dos neuronas entran en conexién y se comportan para la Olimpiada Matematica! ‘A César se le cerré el estémago de la bronca, Mejor se dedicaria a jugar al Age of Empires, viejo, si, pero le gustaban los juegos clasicos. Y en el Age te- nia potestad absoluta, Tiped su nick Rolan. Buscaria a su mejor aliado: Adhelmar. No estaba, ‘Maldijo. No se le daba ninguna ese dia: habia salido tercero en la carrera, casi lo habia atropellado un auto su socio predilecto no estaba conectado. Se preparé para armar un ejército de sarracenos: para ganar igual, en su nombre y en el de Adhelmar. 20 En la Técnica todo era algarabia. Los habian reci- ido con globos, papel picado, y alguien habia ido a comprar helados para el equipo de atletismo. —jAhora hay que ganar la Olimpiada Matemati- cal —exclamé algin triunfalista entusiasmado. Cristian y los otros miembros del equipo matema- tico se miraron. AA Jos de Arce los hactan polvo, la Co- mercial era un problema, pero los cientificos... tenfan tanta matemética como ellos. —Si hubieras estado sano, los haciamos puré —dijo el padre de Aquiles desordendndole el cabello rubio con afecto, Antiguo alumno de la Técnica, disfrutaba decada triunfo como si él mismo hubiera participado, —Pero no estoy sano —dijo Aquiles. —Menos mal que tenés el brazo izquierdo —le dijo el hermano mayor—. Para el concurso de dibujo... —Deberias ensefiarme a dibujar —dijo Celeste, su hermana menor. —Y wos deberias ser del equipo de saltos. Te he vis- tosaltar. —jAy, no seas ignorante! Eso es un cabriole no un. “salto”, Vos ocupate de dibujar bien en el concurso, que yo me sigo dedicando a la danza, ;si? Asintié, Menos mal que era el derecho el afectado, porque no hubiera tolerado también quedar fuera del concurso de dibujo. at © LAS MANZANAS 23 Y 24 Dias pesruts, un mediodia, mientras las personas de- gustaban tranguilas sus almuerzos, y los eternos riva- les no eran la excepcién, Ilegé a las casas a través del informativo local la noticia acerca de la construccién de un nuevo centro comercial que daria impulso a un sector de la ciudad. —En un adelanto exclusiva de nuestra emisora, el mes pasado anunciamos que los descendientes de Ema Boscucci,pionera de la ciudad, vendieron las manzanas 23 +24 a un grupo de inversores, quienes decidieron convertir esos terrenos baldos en un polo econémico que contribuird «a mejorar la oferta turistica de la zona. La oficina de tierras, a pedido de los compradores, ha realizado un nuevo estudio planimétrico informs que por error se perimetraron para la futura construccién las man- zanas 25 y 26, terrenos que hace atios estén en litigio de sucesién y que no pueden ser usufructuades. Por lo tanto, queridos televidentes, tendrén que pensar en que el centro comercial estard una cuadra mds allé:en las calles Aguila -yDuraznos. Aquiles se atraganté. 2 | / —jAguila y Duraznos? jEscuché bien, mama? Aguila y Duraznos? —Si, escuchaste bien. {Ese no el lugar donde entre- nan ustedes? Pero la madre no recibié la confirmacién, porque su hijo abandoné la milanesa napolitana, que era su plato preferido, y salié corriendo rumbo a la casa de Julio. El padre de Luciana pregunté lo mismo; Ruth, alarmada, llamé a Cristian, que lamé a Sergio, que lamé... En sintesis: a muchos se les atraganté la co- mida. El revuelo en la escuela Técnica practicamente im- ppidié dar clases en los talleres del turno tarde. — Qué es eso de que nos enteremos por Ia televi- sién en lugar de enterarnos por las autoridades de la escuela? —protestaba Monroe en la sala de profesores mientras se servia un café, que luego abandoné porque se dio cuenta de que eso iba a alterarlo mas. Ya se sabia que en cualquier momento podia pa- sar algo asi, El campo no es de la escuela. Ademis, te- nemos un buen gimnasio —le dijo un colega. —Claro que tenemos un buen gimnasio, pero no ¢s suficiente: nuestro mayor baluarte es el atletismo. Estamos armando un equipo de fitbol también, gme explicaris cémo vamos a entrenar a los atletas en el gimnasio? —La directora se va a mover para conseguir otro lugar. No te preocupes, Monroe —lo consolaron—. 2% ‘Todo se va a solucionar. Para esta escuela es muy im- portante el deporte. No van a dejar que se malogren tus proyectos. Si los profesores estaban alarmados, los alumnos, mucho mas. —No puedo saltar con la garrocha en el gimnasio. Voy a atravesar el techo con la cabeza... — Ay, no seas exagerado, Cristian! —exclamé Lu- ciana—. El techo del gimnasio es alto. Mas complica- dos estn Jos del equipo de lanzamiento. ;Te imaginds tirando el disco ahi adentro? Alguien se rio. —No me parece gracioso —dijo Aquiles—. Con mucho sacrificio logramos un buen equipo de atle- tismo y si nos quedamos sin lugar donde entrenar... (Namos a permitir que nuestro esfuerzo desaparezca asi como asi? {ol —exclamaron varios. —Propongo que salgamos a buscar terrenos —dijo Ruth, —¢Para qué? No tenemos plata —Ay, Sergio, no vamos a comprarlo. Vamos a pe- dirlo prestado para entrenar. —Es una buena idea —asintié Aquiles—. Lo me- jor va a ser que dividamos las tareas: Ruth, traé papel y lapiz, por favor. Armemos grupos: primero, ave- riguar si realmente las manzanas 23 y 24 son las de Aguila y Duraznos —dibujé las dos manzanas en el pizarrén—. Porque pueden ser el cruce de Aguila y 25 Duraznos, pero para el lado de Roble, no para el lado de Naranjo. Nuestro campo est en las manzanas de Aguila, Cisne y Gaviota, atravesadas por Duraznos y Naranjo —dijo mientras ponfa los nombres en la pi- zarra—. Si van a construir ahi, tenemos dos grandes tareas —dibujé dos flechas armando un esquema, —Una campafia para que no hagan el centro comer- cial en ese lugar, hablando de ecologia o algo asi, y la otra es tratar de conseguir un nuevo lugar donde en- trenar. ~Y si conseguimos uno —dijo Ruth—, pidamos que construyan vestuarios, un lugar cerrado donde es tar cuando Ilueve, una buena pista de aeletismo... — {No estis exagerando? —objeté alguien. —No —respondié Ruth, firme—. Apuntemos a la uutopfa, asf logramos aunque sea algo. Si quieres llegar ala Luna, debes apuntar a las estrellas, —No es asi. Bs: “Apunta hacia la Luna; si fallas, aterrizards entre las estrellas” —Ia corrigié Cristian. —Bueno, da igual, es parecido el mensaje. — {Se pueden dejar de discutir pavadas? —se fas- tidié Aquiles—. Anétense los que puedan ocuparse de hacer las averiguaciones, Estamos todos en esto. El que se anote en este papel —lo tocé con reverencia— esta haciendo un juramento de accién. Todos los presentes, muy circunspectos, se anota- ron autoasignandose una labor. Aquiles se anoté en todas, y como consecuencia se convirtié en el coordi- nador general de acciones. 26 La primera tarea de inteligencia, comandada por Luciana, ruvo resultado negativo para ellos: efectiva- ‘mente, las manzanas donde estaba el campo deportive eran las 23 y 24. Entonces siguicron por la segunda tarea de inteligencia, que fue comandada por Cristian, conn resultado mas negativo atin: eran las manzanas donde se construiria el centro comercial. Tan ast era que dos dias después de la pesquisa, cuando fueron a entrenar, se encontraron con que un cami6n descarga- bacl alambre que cercaria el predio. El profesor Monroe se acercé a hablar con uno de os hombres de casco amarillo y luego anuncié: —Paor ahora solamente van a cercar. Podemos se- guir usando el campo hasta que comiencen a construir. —Mejor, no se nos va. ir la pelota ala calle —bro- med uno del equipo de fitbol. Pero pese a la buena onda que le quisieron poner, estaban desconcentrados y jugaron realmente mal. bio! A ver, Aquiles, a dirigir. )Y ustedes, a jugar! La semana que viene tenemos amistoso contra la escuela de Ciencias. {O quieren que nos ganen? ‘amos, sefiores! No agreguemos més problemas a los que tenemos —arengé Aquiles—. A jugar buen Fatboll (Sergio y Julio, defiendan! Monroe sonrié. Hizo bien en ponerlo a dirigir. Estaba tan enojado por no poder jugar que al volear sa energia en la competencia se transformé en el esti- mulo que el equipo necesitaba. 2 ‘Cuando terminé el partido volvieron las conversa- ciones sobre el predio. Ahora tenfan que hacer campa- fia para que no se construyera el centro comercial allt o conseguir otro lugar. —Muy dificil —meneaban la cabeza viendo el papel donde habjan juramentado en qué Area partici- parian. —Nadie dijo que seria facil —dijo Aquiles total- mente metido en su rol de dirigente del movimiento “Conservemds nuestro campo deportivo”—. Pero si zo luchamos, no vamos a tener donde entrenar y en lo ‘inico que vamos a poder participar es en actividades de gimnasio, y no es nuestro fuerte. —Nosotras somos bastante buenas en véley —dijo tuna de las chicas. —...y podemos hacer un equipo de papi fitbol... —cavilé un chico. Aquiles dio un golpe sobre el tablero de la mesa. —@Estan diciendo que piensan rendirse sin lu- char? Asi que van a reducir todo lo que logramos a tun equipo de novatas de wéley y al equipo de once de fitbol lo van a convertir en dos equipos de papi fat- bol? {Gracias eh?! Parece quea nadie le importa que ros quedemos sin lugar donde entrenar. Yo soy bueno jugando al Age of Empixes y sin embargo no propongo cambiar el equipo de atletismo por uno de juegos en. ted! Se oyé algiin carraspeo, algiin movimiento de silla, pero nadie dijo nada. 28 —;¥ tenés alguna idea de cémo hacer para conse- guir otro lugar? : —Un grupo se va a ocupar de buscar terrenos para que nos presten. —;¥ la campafia contra la construccién del centro comercial? —pregunté alguien més. —Ahies donde vamosa tener que pensar todos. Yo, pot lo pronto, mafiana voy con el equipo de dibujo al concurso. —Vamos a estar complicados. El concurso es en la escuela de Arte —dudé Cristian, —No importa —la expresién de Aquiles denota- ba excesiva seguridad para el gusto de alunos—. Soy zzurdo: esta ver el brazo no me vaa impedir demostrar que soy el mejor. Luciana lo mizaba fascinada y Ruth meneé la cabe- za, Luciana no se daba cuenta de que ella también era miembro del equipo de dibujo, pero Aquiles hablaba en singular? César también habia escuchado la noticia, y cuan- do se dio cuenta de que los de la Técnica se quedaban sin lugar de entrenamiento, se ro tanto que su familia se pregunté sino se habia vuelto loco. En esta ocasi6n el adversario a superar era la escue- lade Arce por razones obvias: se trataba de un concur- so de dibujo. 2 El equipo de la escuela de Ciencias recorrié la gale- sia'mirando la exposici6n de trabajos. —No tenemos chance —dijo Fabio, pesimista, —No. Peto los de la Técnica tampoco. Miren: este afio es dibujo publicitario. La escuela de Arte tiene asegurado el triunfo —dijo César mientras caminaba con Jas manos en los bolsillos, deteniéndose frente a una lamina que le llamé Ia atencién. —No tengo la menor idea de qué puede ser esto —murmuré Julieta, a su lado—. [Pero qué bonito es! —Parece cubista... —opiné lan—. Mira, acd hay un ojo, y esto parece ser otz0 ojo. -No. Yo creo que es el interior de una cétula. Esto sel niicleo.. esto un lisosoma... —opiné Fabio. —No sé, pero es bonito. —A vos todo te parece bonito, Julieta, —Miren. Allé estin el Seftor Trampas y la Rulosa, —Quiénes? —Aquiles y Ruth, Julieta y Fabio se miraron, Para qué queria ir alla? Siempre con las manos en los bolsillos, César se paré frente a Ruth y Aquiles, que armaban el tablero de dibujo en el salén donde se Llevaria a cabo el con- curso, y les dijo: —Asi quese quedan sin campo de entrenamiento... —No me extrafia que te alegre. Solo pueden ganar si nosotros no participamos —resopl6 Aquiles. César endurecié la expresién bruscamente. —No me interesa competir si no es para ganar- 30 es a ustedes. Especialmente a vos —Io sefialé con el dedo—. Por eso ni me molesté con la carrera del otro dia. 4 ‘Aquiles no conéestar. Fue Ruth la que hablé con César: — (Bstis en el equipo de dibujo? —No. Lo mio es la matemitica. — Ah! ZY no presentan equipo? —Si, pero act la verdadera competencia son los an- fitriones. —No este afio —sonrié Ruth, No tenfa ni idea de por qué Aquiles se mostraba tan seguro, pero ante ell pedante de César (que, cabe aclarar, le parecia un bom- bén) no ibaa dar ni'un paso atras. — Ab, no? {¥ qué? {Ustedes van a dar el gran gol- pe? Y si, capaz que los dejan ganar por lastima. Imagi- rnense que estamos todos muy apenados con su desgra- cia —después de decir lo cual, se marché dandoles la espalda. Y mientras se iba, se sintié un estipido: gpara qué fuea hablarles? Las tres horas que tuvieron para hacer el dibujo y esbozar la campafia publicitaria sobre tema libre Fue- ron momentos de mucha tensién. No se permitia a los asistentes circular entre los participantes, pero traba- jar con tantos ojos mirandolos no fue sencillo, Mientras el jurado deliberaba, se hablaba del asun- to del campo deportivo de la Técnica, y el consenso ge- neral era que seria una pena que el tradicional equipo de atletismo no tuviera donde entrenar. 31 Finalmente, se reunieron en el aula magna para la entrega de premios. Habia tres caballetes tapados con, telas que se exhibisian al momento de anunciar los tes primeros puestos. —...y tenemos el agrado de anunciar que el trabajo ganador es j"Conservemos nuestro campo” del equipo de la escuela... Técnica! El caballece fue descubierto y aparecié un dibujo muy fiel del campo deportivo cuando era un terreno baldio, con la leyenda: ‘Antes del deporte, esto era nada. ‘Ayiidennos a conservar nuestro campo deportivo. César se qued6 boquiabierto, y sus compafieros se codeaban entre si, asombrados también, a la vez que le echaban répidas ojeadas para ver su reacciér El equipo ganador, con Aquiles y Luciana ala cabe- za, subié al escenario, ante las at6nitas miradas de los participantes de la escuela de Arte y los enemigos dela de Ciencias —Qué bajo. Un golpe bajo —gruié César. —Si, pero efectivo —meneé la cabeza Carina—. Hay que reconocerlo: no sé cuanto saben de publici- dad, pero de oportunismo saben mucho. Creo que de- betian dedicarse a hacer campafias politicas. —Es fraude —refunfusié Fabio. —No. Supieron ganar —se resigné Carina, César achicé los ojos y dijo: 32 —Pero su equipo de atletismo desapareci6. Espero que, aunque no estén, corras como sabés hacerlo —le dijo Carina, porque lo tenfa atragantado desde la competencia que César habia perdido de ma- neta tan absurda. César no dio muestras de escucharla, —Yo estoy entrenando duro para que ademas de (César haya mas opciones en el equipo —dijo Ian. —Vos? —le pregunté Fabio —Si, yo. ;Por qué no? —Porque llegaste tiltimo —dijo César malhumo- nado. Ian se qued6 callado. 33 NUESTRO CAMPO?! Si BIEN LA ESTRATEGIA tuvo suficiente efecto como para petmitirles sumar otro blasén, no fue tan efectiva para atraer adherentes a su causa, Con todos los problemas ue habia en el pais, a quién le importaba un equipo deatletismo de una escuela? El timbre anuncié la entrada al aula, Matematica. ‘Aquiles empez6 a leer un problema, pero su mente estaba en otra cosa. Asi que el pedante de César era del equipo de matemitica. El no estaba a la altura. Quiz debi6 prestarle més atencién a la materia. Sacudié la cabeza. Ahora tenia que ocuparse del campo de entre- namiento. —Nos van a mandar a practicar atletismoa un club si tanto nos gusta, y la actividad principal de Educa- ccién Fisica va a ser saltar la soga —decia Luciana. —Buenos dias, alumnos. La directora habia entrado al aula, Se pusieron de pie, saludaron y se volvieron a sentar, Estoy anunciando Ia buena nueva en los cursos donde hay miembros del equipo de atletismo —la 35 mujer hizo una pausa, los miré, tomé aire y dio la no- ticia’con sonrisa de satisfaccién—. Gracias a nuestras gestiones, conseguimos un lugar magnifico donde po- dean entrenar como lo hacian habitualmente. Varios aplaudieron y vivaron. Aquiles, por su par- te, sintié una mezcla rara entre alivio y despecho: él hubiera querido encontrar la soluci6n, —{¥ dénde es, profesora? —pregunearon. —El campo deportivo que esta en el cruce de Los Ciruelos y Las Nutrias. “Los Ciruelos y Las Nutrias, aja” — (Qué?! —grité Aquiles cuando se dio cuenta. En su cabeza, porque como la boca se le secé de golpe, 1no pudo emitir sonido, — (Nos prestan el lugar? —pregunté Sergio. —En realidad, no es que nos presten, porque no ¢s privado —aclaré la mujer—. Es municipal. Cualquie- ra tiene el derecho de usarlo, Solo que acordamos un uso compartido, ya que... —Aauiles, zpor qué esa cara? —susurré Luciana, «que habia logrado sentarse junto a élese dia Aquiles se pasé la lengua por los labios para poder articular: —Es el campo donde entrena... va escuela de Ciencias —decia la directora Luciana miré a Aquiles un poco aterrada. Los alumnos se miraron desconcertados. —jPero vamos a... compartir el campo con... la Cientifica? 36 Si. Es el campo donde se realizan las competen- cias, de manera que ante esta emergencia, considera- mos que lo més adecuado es que entrenen alli. ;Qué mejor queentrenar en el sitio donde luego se compite? La directora sonreia contenta. “Los alumnos estaban desconcertados. {Como podia ser que esta mujer no entendiera? {Cmo podia ser que no advirtiera que afios aftos de rivalidad hacian que fuera absolutamente impensable compartir el campo con la escuela de Ciencias? — (Pero cémo...? —cuchicheaban algunos mien- tras escuchaban lo que la directora seguia diciendo. —Vamos a tratar de mantener los horarios como hasta ahora, Las actividades bajo techo seguiran reali- zindose en el gimnasio de la escuela como se ha hecho siempre, Las otras, en el Campo Deportivo Municipal. Creo, sinceramente, que es la mejor solucién que-se podia encontrar. Y también creo que es lo que se debi6 hacer desde un principio, teniendo un predio como ese a disposicién de toda la comunidad. Dicho esto, la docente se marché dejando a los alumnos alelados. —¢Cémo puede ser que la directora diga que no éentiende por qué nunca usamos el campo municipal? —Porque hace dos afios que esté en nuestra ciudad, jpor eso! —dijo Ruth. —Esto es... —Aquiles apret6 su lapicera hasta que los nudillos se le pusieron blancos. Luciana aprovech6 para pasarle la mano por laespalda,a modo de consuelo. 37 “Aquiles siguié sorprendido por el anuncio, pero se dijo que la caricia de Luciana era un consuelo muy grato. En la escuela de Ciencias, més o menos a la misma hora, César dibujaba un disefio experimental. — Perfecto! —exclamé Julieta No lo suficiente para entrar al equipo de dibujo. —Ya estis en el de atletismo, el de matematica y el de fiitbol. En cudntos mas querés estar? —se rio Fabio. —En todos. Julieta comprendié. Aquiles dibujaba como los dioses y a César se le hacia dificil digerir eso. —Revisemos la lista —dijo Rail, el encargado de proveer los materiales en su grupo de quimica, en el de atletismo, para las fiestas en fin, era el utilero ofi- cial. Alambre de cobre, agua destilada, agua salada... —uenos dias, alumnos! Los que estaban sentados se pusieron de pie. Los demas se volvieron hacia la puerta. El regente habia entrado y trafa aquel gesto tan suyo de querer que le prestaran atencién. —Como ustedes saben el campo deportivo es mu- nicipal, es decir, queno pertenecea la escuela, sino que es de toda la comunidad. César dejé el lapiz, sobre Ia mesada, se agarré la cabeza y dijo: 38 —iAy, no! Carina y Rati lo miraron sin entender. — Qué pasa? —susurré Carina Shhh. Espero que no sea lo que pienso. —(Qué..? El regente pedia silencio. —Creo que no desconocen el hecho de que la es- cuela Técnica estd por perder el lugar donde entrenan, sus alumnos, porque se va a construir alli un centro comercial Carina, Rail y Julieta se miraron entre si, y luego miraron a César. Sabian lo que se venia. —Cuando comience la construccién —continué el regente—, los alumnos de la escuela Técnica van a entrenar en el Campo Deportivo Municipal. Se los co- mento para que no los tome por sorpresa y después no «estén prorestando porque no se les comunicé nada. Por supuesto que espero de ustedes el mejor de los compor- tamientos. Dicho esto, el regente se marché, — (Qué dijo? —casi grité Fabio que compartia la mesada con Julieta y dos chicos mas—. Nos van a obligar a compartir el campo con... la Técnica? —iEs una locura! —exclamé otro. —Bueno, bueno... —intenté serenarlos el profesor de Quimica—. No se alteren tanto. Falta mucho para que comience la construccién. -iVan a invadirnos! —Carina y Julieta se abraza- ron como si fuera el fin del mundo. 39 E —Algo tenemos que hacer —propuso Raiil. El profesor de Quimica intervino. —Hagamos una cosa: terminen de preparar el di- sefio y les doy el resto de la hora para que sigan con el tema del campo deportivo, Pero no interrumpan su trabajo ahora. Si no terminan, no vana tener el tiempo de charla y ademis les bajo la nota. (Queda claro? César trat6 de concentrarse en su trabajo. De nin- guna manera iba a bajar sus notas por esos intitiles de a Técnica. Ni bien terminaron con el disefo, se fueron reu- niendo a su alrededor. — (Qué vamos a hacer? —pregunt6 alguien, —Algo para que no nos invadan —mascullé Cé- sar—, por supuesto, Tiene que haber una solucién, Esto no puede estar pasando, — Pero cuil? — (ds quea nadie se le ocurre una idea, que tienen que venir a preguntarme a mi?! jEstoy tan shockeado como ustedes! Necesitamos pensar todos juntos. —Bueno, es que siempre sos el que tiene buenas ideas —dijo Julieta mientras hacia con las manos un esto pidiendo calma—. Creo que tendriamos que es- cribir una carta. —{Una carta? ;A quién? —A la direccién —sugirié Carina—. Desde que ‘ii papa venia a esta escuela que nos pasamos compi- tiendo con ellos, zy ahora nos obligan a recibirlos en nuestro campo? 40 —Pero escuchaste a la directora —tercié Raiil—. ‘No es “nuestro” campo. . _—jEs nuestro campo! —exclamé6 Tiago—. jY tene- mos que defenderlo! César se habia quedado callado. Que intenearan con la carta. El no era muy optimista. No les habian preguntado: les habfan comunicado. “a © UN PARTIDO “AMISTOSO” [AHORA DEBIAN CONCENTRARSE en el partido de fitbol, Un amistoso. jJe! Ningiin partido entre estas dos es- cuelas era un amistoso. Apenas si lo eran los que juga~ ban entre ellos para entrenar. Y asi lo vivieron el dia que Lleg6 el partido. Y de la misma manera que el dia de la justa de atletismo, los chicos vestidos de violeta y amarillo vieron cémo los de camisetas rojiverdes entraban a la cancha y los res- tantes se acomodaban para hacer hinchada. — {Te imaginds tener que presenciar este espect’- culo todos los dias? —murmuré Fabio a César. —Mis de lo que cualquiera puede soportar —res- pondié. Aquiles ya no tenfa el brazo enyesado. Asi que tam- bign jugaria. (César se calzé el brazalete negro. —Mird, César también es capitin del equipo de fatbol —Ie dijo Sergio a Aquiles. —Parece que es el tinico que sabe hacer algo en esa escuela de cuarta —respondi6 Aquiles mientras se sentaba en el banco de suplentes. “a Como era algo informal, arbitré el encargado del bufet, y tuvo bastante trabajo porque jugaron muy fuerte. Varios tobillos recibieron golpes que no iban dirigidos a la pelota, el hombro de Cristian embisti6 sin miramientos el cuerpo de Fabio, el codo de Raiil se evs por delante el estomago de Sezgio. Cuando la Cientifica hizo el primer gol en el se- gundo tiempo, Monroe decidié hacer un cambio. —Aquiles, por Julio! Julio salié del campo sujetandose el muslo. —jSuerte! —le dijo al compafiero palmeandolo. Aquiles troté unos segundos en el lugar y entré a la cancha. jPor fin! [Excrafiaba tanto poder jugar! Cuan- tos eventos le habia hecho perder el brazo? Pero estaba de nuevo en la cancha, preparado para disputarle el partido al colegio enemigo. Pronto se dio cuenta de que estaba fuera de estado. Corri6, hizo todo lo que pudo, pero invariablemente César fue mis veloz. (Por qué se fijaba en César si habia diez jugadores mis en la cancha? Porque César jugaba atacando y él jugaba defen- diendo. Pero sobre todo, porque era el rival ante el que se media, Se enfrentaron, se miraron a los ojos. César esbor6 una sonrisa burlona, Amag6 por la derecha y salié por fa inquierda. La sonrisa burlona fue suficiente aviso para Aquiles, quien interpuso el cuerpo. Cuando Cé- sar trat6 de esquivarlo nuevamente, se arrojé6 al piso 4 con las dos piernas por delante y le sacé el balén lim- piamente. : Saque lateral a favor del equipo atacante, —Y se enfrentaron nomis! —dijo Luciana. —César es bueno —dijo Ruth sin poder dejar de irarlo, Le encantaba cémo combinaba su cabello os- ccuro con los ojos claros. —Si, pero Aquiles no le vaa dejar hacer ningéin go. Ruth sacudié la cabeza. jEstaba mirando més a Cé- sar quea los suyos? —jPor supuesto que no le va a dejar hacer ningéin gol! —declaré con énfasis exagerado, Luciana la miré, se encogié de hombros y siguié alentando. ‘No hubo mas goles; pero justamente, como no hubo iis goles... gané la Cientifica. Festejaron como si hubiera sido la final del Mun- dial. Se sacaron las camisetas, la hinchada subi so- bre sus hombros a Fabio, autor del gol, al arquero y al capitin, Entonaron cantitos de victoria y, sin nom- brarlos (porque estaba prohibido), gozaron la derroca de los otros. Ducal y Monroe se estrecharon las manos y cada equipo se Fue a su casa, Los de la Técnica, rumiando el resultado. —No nos vaa quedar otra que ira entrenar al eam: po de esos perdedores, y ni siquiera pudimos ganarles. —Eh, Julio, si no pudimos ganarles no son perde- dores, son los ganadores... —dijo uno de la hinchada. 45 —sDe qué lado ests vos? Esta claro que ellos son los perdedores, nosotros solo tenemos una mala racha, Cuando se recuperaron un poco de la amargura, comenzaron con la siguiente fase: conseguir un lugar donde poder realizar sus pricticas deportivas. $i les prestaban un terreno, no tendrian por qué ir al campo de los otros. Desistieron de luchar contra la construccién del centro comercial: era un objetivo demasiado grande para ellos solos. 46 ; ane © LA OBRA DE “BIEN” ‘LA ALEGRIA DEL TRIUNFO futbolistico no fue suficiente para hacerles olvidar a los alumnos de la escuela de Ciencias el inminente arribo de los eternos rivales a su ‘campo de entrenamiento, Presentaron la carta y, como suponian, la respuesta fue negativa. Las rivalidades son en el contexto de a sana competen- cia, pero no son reales. ¥ aunque lo fueran, el campo es mu nicipal, no nuestro. La escuela Técnica tiene tanto derecho como nuestra institucién a disponer de él Fin de la discusién. —{ si hacemos unas pancartas que digan que no son bienvenidos? —sugirié alguien. César negé con la cabeza. —No. Nuestra propia escuela ya nos dejé en claro que no tiene sentido oponerse. Y se qued6 con las manos en los bolsillos, los ojos fijos en un punto por delante de él, como tratando de escudrifiar el mundo de las ideas que cada ver se le ha- cia mis oscuro. —{¥ cémo vamos a hacer? jCada vez que corra- mos les vamos a tener que pedir permiso? —Fijense nuestra grilla —dijo Rad sefialando los casilleros de horarios en una planilla—. Nuestra es- cuela usa todos los dias el campo. —A menos que ellos entrenen a la mafiana —pro- puso Julieta. —No. A la mafiana tienen clase igual que nosotros. —Son ellos los que tienen el problema. Que cam- bien el horario, asi no nos tenemos que encontrar y pueden tener todo el campo para ellos —exclamé lan. —jEso! jPodemos presentar esa propuestal Les de- ‘cimos que no tenemos inconveniente en compartir el campo, pero que si el objetivo es mantener el nivel de Jos atletas, no es bueno que ni nosotros ni ellos reduz- camos nuestro horario de entrenamiento. Entonces, para evitarlo, que ellos podrian entrenar a la mafiana y nosotros, a la tarde, —Muy buena intencién, Julieta, pero los turnos no pueden rotarse asi como asi en una escuela. Para hacer so tendrian que cambiar todas las clases de horario, y no van a hacerlo —objet6 Carina, que estaba preocu- pada por los horarios, porque era muy estricta con sus entrenamientos. —Si, ademas nos van a decir: “compartan, organi cense, colaboren” —agreg6 Rail. —|E'so! —César se irguié con los ojos iluminados y una sonrisa amplia, pero tan siniestra que asust a algunos—. ‘Vamos a colaborar! 43 — {Recibiste un pelotazo en la cabeza? —Carina chascé los dedos delante de los ojos de César. —No, ¢por qué? —Porque estis desvariando —se rio Fabio. No, claro que no. Estoy més lécido que nunca. — Por qué no escuchamos a César? Si siempre es- peramos que tenga alguna idea Io justo es escucharlo aunque nos parezca que... —sugiri6 Julieta haciendo ‘un gesto circular con su dedo indice sobre la sien. —A ver cuil es la idea genial —dijo Tiago con cara de fastidio. No le caian bien las ideas de César. No le cafa bien que César liderara los equipos. En suma, no le cafa bien César. —;Por qué no se dejan de murmurar y lo escucha- mos? —dijo lan muy decidido a apoyarlo, aunque no tenfa ni la menor idea de qué ibaa proponer. —Ayudémoslos. —Ayudarlos? — (Bsa es tu idea genial? si. Qué? {Vas a hacer la obra de bien de tu vida ayudandolos a ellos? —Si. Vamosa hacer la obra de bien de nuestra vida ayudéndolos a ellos. El asunto es muy simple: zpor qué van a invadirnos? —Porque no tienen campo deportivo. —Exacto. No tenemos que ayudarlos. Tenemos que impe- dir que entren a nuestro campo —afirmé Tiago. 4 —No podemos impedir que entren a nuestro cam- po porque no es nuestro campo —sefialé César—. Por eso lo que tenemos que hacer es ayudarlos a tener su propio campo deportivo, Si alguien tiene una idea me- jor, les propongo que la digan. Se miraron entre ellos, pero por més que pusieron, cara de pensar, nadie tuvo una idea mejor. —Yo entiendo, César, pero... jayudarlos no te pare- ce mucho? —dijo Ian. —Nada es suficiente para defender nuestro lugar. {Quieren ver todos los dias un desfile de uniformes rojiverdes circulando por nuestro campo? —No, la verdad que no. —Bueno, entonces colaboremos con ellos. El quese oponga, proponga. ‘Tiago grufé algo por lo bajo, pero no se opuso, por- que no se le ocurria nada. —z¥ c6mo vamos a hacer? —Vamos a ofrecernos para lo que necesiten, —iYo no voy a rebajarme! —gritd Tiago. (César se volvi6 hacia él. —Nadie va a rebajarse ante nadie. Simplemente... —achicé los ojos con maldad— colaboraremos. Alia siguiente, en la pista de la manzana 23 y 24... Aquiles se acuclill6 en la marca. Pens6 que quiz fuera una de las dltimas veces que entrenarian alli, 50 “Apoyé la yema de los dedos en el piso rojo y pronun- cid su mantra: . —Tengo que recuperar mi estado, Debo entrenat duro si quiero superar mi marca y tener chance en los Regionales. Entonces not6 que varios comentaban algo con mucho énfasis, por lo tanto, la largada se interrumpi6, — (Qué pasa? —pregunt6 acercindose al grupito. —jMira! —una de las chicas, Melina, le mostr6 un papel. jLA ESCUELA TECNICA NOS NECESITA! Todos acolaborar en La camy por el campo deportivo propio. El centro comercial le daré impulso a la ciudad, pero el deporte saca a los chicos de las calles, favoreciendo su salud fisica y mental. Que el impulso de la ciudad no saque de carrera a los, alumnos de la escuela Técnica. WX esto? —Fijate quiénes lo firman. — Bh? La firma estaba clarita: Comisién Solidaria de la es- cuela de Ciencias. — jPodés creer, Aquiles, que nos hagan esto? {Qué se creen que son? —exclamé Melina—. Seguro que como a nosotros nos fue bien en el concurso de dibujo 51 publicitario con el tema de campaiia, ellos van a pre- sentarse como escuela solidatia del afo, —jSe burlan de nosotros! —dijo Sergio. —Esto no va a quedar asi —dijo Aquiles ponién- dose la campera. — Qué vasa hacer? —dijo Luciana, preocupada, —Exigirles que terminen con esto. [Vamos 2 buscarlos a la salida de la escuela todos juntos! —grité Melina. Varios apoyaron la mocién le- vvantando lo’ pufios de la misma manera en la que se deseaban suerte cuando competian. —iNo! —los detuvo Aquiles—. jBso es una estu- pide! — (Una estupidez? —Melina se par6 delante de él con los brazos en jarra, seguida de dos de sus amigos, Palmiro y Dalmiro, que replicaron su gesto—. ;Y va~ ‘mos a dejar que usen nuestro problema para ganarse ‘un premio? —A ver, gc6mo creés que se veria que una banda cenardecida fuera a la puerta de la solidaria escuela de Ciencias a reclamarles porque nos quieren ayudar? A Melina se le cruzaron un montén de insultos bas- tante creativos, pero no iba queda como la desubicada del grupo, por eso solamente dijo: —Enterate de que no estoy de acuerdo para nada con lo que decis. — .Qué sugeris que hagamos, entonces? —pregun- 16 Sergio—. Falta un rato para que llegue Monroe. —Hiablar con ellos. 52 er —iYo me ofrezco! —levanté la mano Ruth, entu- siasmada por la oportunidad de entrevistarse con los ojos claros de César. —No —dijo Aquiles tajante—. Voy yo. César se acuclillé en la marca. Pens6 en que quiza fuera la Ultima vez que entrenaran solos en el Campo Deportivo Municipal. Apoyé la punta de los dedos en el piso rojo y murmuré: “Si sigo entrenando asi, tendré posibilidad en los Regionales. Entonces noté cuchicheos y que los que se prepara- ban en las calles vecinas se ponan de pie. Levanté la cabeza y vio cémo un chico alto, de pelo claro, camise- ta roja y verde, atravesaba la cancha con pasos largos, seguro de si mismo, ¢ iba directamente hacia ellos. — ;Qué hace este act? —murmuré Tiago y le said al paso—. ;A qué venis? —A hablar con el lider. —Yo soy el lider. Hablemos. Aquiles lo miré de arriba abajo, despectivamente, —No lo creo. Ey! —exclamé dirigiéndose a César. Este se incorporé, se puso las manos en los bolsillos, cn su gesto habitual y lo mir6. — (Qué querés? —Hiablar con vos. César le hizo un gesto de invitacién con la cabeza 53 y caminé hacia el vestuario. Aquiles lo siguié, Los de- ‘més miraban la escena asombrados. Por supuesto que a nadie se le ocurrié ir tras ellos Jan, que estaba terminando de lavarse las manos, centendi6 por la sefia que César hizo que debia dejarlos solos y se marché. Pero se quedaria cerca. No crefa que la presencia de Aquiles, alias el “Sefior Trampas”, tra- jera nada bueno. —Te escucho —dijo César. —Si estdit pensando usarnos para ganarse el pre- mio de la escuela solidaria del afio, no vamos a permi- tirlo —soltd Aquiles — Eb? — (Qué son esos carteles de “La escuela Técnica nos necesita”? —(Hay un premio a la escuela solidaria del afio? No lo sabia —dijo César irénico. —Siustedes estén haciendo una campafia a nuestro favor, no se me ocusre otro motivo. César se apoy6 en un lavatorio y estir6 tun poco los labios en una leve sonrisa mordaz. —Realmente queremos ayudarlos a tener su pro- pio campo deportivo...a menos que quieran entrenar con nosotros para aprender algo... —Aja. :Y por qué en lugar de ayudarnos a nosotros no procuran tener ustedes su propio campo? Porque el campo es municipal... —La escuela de Ciencias entrena en ese lugar des- de hace cincuenta afios. {Te parece que a alguien se le 54 ee ya a ocurrir que necesitamos un campo deportivo? Pero ustedes hace cincuenta afios que entrenan en las manzanas 23 y 24, Si le van a conseguir un terreno a alguien, ;quién tendrfa més posibilidades? cUstedes 0 nosotros? ‘Aquiles no aparté la mirada de Ja cara de César, quien tampoco bajé la vista. — (Qué quieren a cambio? —Que les den un maravilloso lugar asi no nos in- vaden. Queremos seguir como estamos. Si los ayuda- ‘mos, a lo mejor no tengamos que soportar que pisen este campo. “Aquiles sopes6 las palabras de César sin dejar de mirarlo a los ojos. —Esta bien —dijo al cabo de un instante tendién- dole la mano—. Es un trato. por un segundo, pero se la estrech6. —Vamos a trabajar juntos en esto. —jAlguna idea? —Campajia como la de nuestros carteles y tu ge- mebundo dibujo del concurso, Eventos para recaudar fondos con intencién de alquilar un predio. Recorrida buscando terrenos que les puedan prestar. “,Gemebundo?”, pens6, pero obvié el comentario. —Es0 ya lo hicimos. No logramos dar con los due- fios de los terrenos libres —dijo Aquiles. —Los ayudamos. Campafia contra la construccién del centro comercial creo que seria una quimera. —Si, estan todos entusiasmados con es0. Pero la César vaci 55 analogia entre el impulso de la ciudad y el impulso al deporte me parece una buena idea —admitié Aquiles, —Creo que lo ideal es que cada uno trabaje por su lado, pero con los mismos objetivos. —Hecho. — Primer evento? —Baile a beneficio —dijeron los dos a la vez. Volvieron a estrecharse las manos. Salieron del vestuario. Aquiles, con pasos argos, abandoné el campo y todos rodearon ansiosos a César, = {N? Qué queria? —Agradecernos por nuestra campatia, Tiago grufié y se Fue del lugar seguido por sus ami- gos. César se encogié de hombros y volvié a la pista a continuar con el entrenamiento. —jAhi viene! —exclamé Luciana. Fue la primera cen verlo porque estaba pendiente de todo lo que Aqui- les hacia—. 7? —Su intencién de ayudarnos es sincera. Buch! jLo que faltaba: Inocencio! —exclamé Melina. ‘A algunos se les escapé una risita, pero la situacién no estaba como para reirse. —El sarcasmo es el recurso de los que no tienen, nada inteligente para decir —replicé Aquiles, —2Cémo sabemos que son sinceros? —pregunt6 56 . aa Julio, que si bien no se llevaba con Melina y sus ami- gos, temi6 que estuviera en lo cierto y Aquiles se hu- biera vuelto ingenuo repentinamente. —Porque nos ayudan para que no les invadamos el campo. Por eso sé que son sinceros. Y les explicé rapidamente la propuesta de César. Yo no pienso asociarme a ellos! —exclamé Me- lina. —Hlasta que de tu mente no salga algo creativo y verdaderamente itil, te ecomiendo que te llames asi- Iencio —le dijo Aquiles. —Eh, pero Aquiles. fiar en ellos? —Si, porque no nos estén ayudando a nosotros: se estén ayudando a si mismos. A ellos les molesta tanto como a nosotros que entrenemos en el mismo predio. Mientras Aquiles contaba cémo habia sido su en- trevista con el lider rival, Ruth se imaginaba sentada junto a César, trazando planes, pero como una discu- si6n entre Melina y Luciana la sacé de su ensofiacién, alzé la mano y propuso: —Levanten la mano los que apoyan Ia alianza con la escuela de Ciencias. Hubo mayoria de manos levantadas. Dalmiro y Palmiro estuvieron a punto de aceptar, pero ante la mirada de Melina dejaron la mano quieta. —Creo que el pueblo ya decidié, Melina. Somos mayorfa: nos aliamos —anuncié Aquiles con burla. —dijo Julio—. {Vas a con- 57 —Sigo pensando que es un error —mascull6 Meli- nacruzindose de brazos. Se apart6, pero se quedé oyendo, De todas maneras este era su equipo. 58 ; an © JUNTOS... PARA ESTAR SEPARADOS No PERDIERON TiEMPO. Al dia siguiente, cada uno en su escuela puso manos a la obra para organizar el baile. ‘Mis o menos a la misma hora, Aquiles entraba a la oficina de la directora de la escuela Técnica y César al despacho del regente de Ia escuela de Ciencias. Y ‘més o menos a la misma hora, cada uno se reuni6 con su grupo llevando la respuesta negativa; y al borde de la sancién por haber sido demasiado insistentes, pues tanto la directora como el regente consideraban que el problema del campo deportivo yano era un problema —Esto esté mis que complicado —se preocupé Cristian—. En cualquier momento vamos a tener que empezar a entrenar en el campo de la Cientifica. — [Después se quejan de que la juventud no se inte- resa por las buenas obras! —cuestioné Sergio—. {Por qué no nos dejan intentarlo? No van a darnos permiso, Sergio —dijo Ruth— La directora se lo dijo bien claro a Aquiles. —Los de la Cientifica se vanaglorian de que quie- ren ayudar —reflexioné Aquiles—. Bueno, esta bien. Llegé la hora. 59 —jA dénde vas? —pregunté Luciana. —A hablar con César —dijo y luego encaminé sus argos pasos hacia el Campo Deportivo Municipal. Mientras, César les daba la mala nueva a sus com- pafieros. —A ver, no entiendo —decia Carina, apretandose las sienes con ambas manos—. Si queremos ayudar a nuestros rivales, 2por qué no nos dejan? {No es una obra de bien? —Y, capaz que no es una obra de bien —la corrigi6 Fabio—. Es una obra de mal. —Bueno, a lo mejor Ja intencién es malvada, si, pero objetivamente es una fiesta solidaria... —El problema es de ellos, entonces que consigan el gimnasio para la fiesta. Voy a hablar con Aquiles —resolvi6 César. —(Con quién va a hablar? —pregunt6 Tiago. —Con el "Seftor Trampas” —respondié Carina, —jAbl... 2¥ para qué? Sergio meneé la cabeza y fue con Tan, que pedia que Jecronometraran la carrera, Con Jas manos en los bolsillos y pensando qué ibaa decir, César caminé hacia las manzanas 23 y 24. “Qué casualidad. Ahi viene el 'Sefior Trampas”, pensé. Se pararon a cierta distancia, mirindose con cautela, —Justo iba a hablar con vos —dijo Aquiles. —Vos primero —dijo César. 60 Se La escuela no nos apoya. A nosotros tampoco. Dicen que el asunto esté zanjado. —iNecios! ;A esta gente la trasplantaron de Marte? (Noestin enterados de que hace cincuenta afios no nos soportamos? iY sien lugar de hacer dos eventos hacemos uno solo y decimos que el baile es para “confraternizar", como dice el director de la escuela de Arte? —sugiié Aquiles. César pens6 la proposicién por un instante. No le interesaba asociarse con los de la Técnica, pero preci- samente por eso, acept6, —Podria ser una buena idea. Porque jeuil es el ob- jetivo del baile? Juntar plata para hacer la campafia Nos mostramos como amigos durante la fiesta, hace- mos la campafia juntos, y va a ser més ffeil que nos escuchen. —gEn qué escuela? —La tuya. Tienen un gimnasio més grande. Aquiles asintié, sacé su celular y dijo: —Creo que vamos a tener que estar comunicados, Dame tu celu y en el mensaje te pongo mi correo elec- trénico. —Esti bien. El mioes facil: cesaraoe@mixmail.com. —sAoe? —Aquiles hizo un gesto de disgusto por la coincidencia—. El mio es aquiles.ace@mixmail.com. Me lo hice cuando empecé a jugar en linea al Age of Empires. 61 —Yo también. Nunca pensé que tuviéramos algo ‘en-comiin —mascull6 César. Peto no pudo resistirse a hablar de uno de sus temas favoritos—. Persas en el Roma y sarracenos en el Conqueror. —Hititas y bizantinos. Aquiles tuvo que pestafiear. ;Persas y sarracenos? Ese tipo jugaba con ejércitos de persas y sarracenos? “No puede sex”. —Vos... no serés Rolan, ;n0? César se quedé pasmado, No, No podia ser. —Si... lo sefialé incrédulo—. ,Adbelmar? Permanecieron en silencio un instante. La sorpresa cera desagradablemente grande. cAdhelmar, el general rubio amigo de Rolan, con el cual decidié aliarse justamente por su nombre, por su fuerte amistad, por ser un gran guerrero era... ‘Aquiles? —jBueno! —habl6 César con tono seco—. O sea que ya hemos comperido para el mismo equipo vos yyo. —Si. Y siempre ganamos —respondié Aquiles. Se quedaron callados, sintiéndose un poco ineémo- dos por la revelacién. —Cuando obtenga el permiso, te aviso —dijo Aquiles finalmente, Se queria ir. Nosotros conseguimos disc jockey. Lo paga- mos entre las dos escuelas con lo que se saque de la recaudacién —César miré su celular—, Ahi lleg6 eu mensaje. 62 —Te puse otro contacto mis por las dudas. Ok. Nos vemos. No se dieron la mano esta vez y cada uno volvié a su campo. César mixé el mensaje con la direccién de correo. Horas incontables habia jugado en equipo con ese tipo. Tendria que ser mas cuidadoso para elegir compa- fieros de juego por Internet. Le habia dado otro contacto. De quién? Ah, Ruth, Ruth! Sino fuera de la Técnica, disfa que era preciosa. Sacudié la cabeza y arrojé el celular al fondo de su mochila. Qué idioteces estaba pensando? “Aquiles también miraba la direccién de e-mail, in- crédulo atin, ;Podia ser que todo ese tiempo estuviera jugando en equipo con su mayor adversario? Habian derribado murallas, aplastado castillos, arrasado al: deas, capturado reyes, todo juntos. No volveria a jugar con nadiea quien no le hubiera visto la cara antes, Cuando se cruz6 con Ruth, le dijo: —No estoy demasiado seguro de haberte hecho un. favor, pero le di tu e-maila César. Ruth se puso roja; pero cuando no la vefan, sonsié contenta. 63 —Traigo noticias —dijo Tan, que llegaba corrien- do.con un papel en la mano, — {Todo el dia vas a estar corriendo? —Ie pregun- t6 Carina, —Entreno cada ver.que puedo. —Vasa terminar liquidado por agotamiento en lu- gar de ser mas rapido —le dijo Rail. —Dame agua, y me repongo. 0 cual es la noticia? —pregunté Tiago, aburri- do—. Los de la Agraria necesitan un criadero y van a usar nuestro laboratorio para traer sus ranas? —No. jLos Torneos Regionales! Aci esté el regla- mento. Carina le arrebaté la hoja pero no pudo leer porque se la quité César. —Nunca ganamos un regional —se lament Fabio. —Siempre gana la capital, y eso es trégico —mened la cabeza Julieta, —Este afio vamos a cambiar eso —César se puso a leer el reglamento—. Eh? No puedo creerlo, — Qué? —iNo esti la carrera de cien metros! Contaba con sa categoria para tener una medalla regional esta vez. —La modestia no es tu fuerte, sno? —Ie dijo Ca- rina. —No es falta de modestia. Es la verdad. —Si, pero perdiste la del intercolegial —adujo Tia- 0, que vio una buena oportunidad para picar a César sin que los demés se le tizaran encima. 64 ee I | i i i snr nsec César lo miré, pero no podia argumentar nada en contra. —Entonces si digo que tenemos medalla segura en salto en largo, no fanfarroneo, ;n0? —No, Carina, pero el problemita es que las pruebas de saltos van todas juntas: salto en alto, en largo y ga- rrocha, 0 sea que tu maestria tampoco va a ser suficien-. tepara ganar una medalla. Se consideran las marcas de todo el equipo. Carina finalmente logré hacerse con la hoja y ley: —iQué desgracial ¥ para correr tenemos solo rele- vos: 4x 100 metros. —Podemos armar un buen equipo de postas: César, Fabio, yo... —propuso Ian. —{Vos? César salié tercero en la carrera, pero vos saliste Gltimo —sefialé Rail. —Estoy entrenando fuerte y hasta empecé una dieta especial, Voy a traer una medalla para nuestra escuela, Se lo prometi a mi mamé. (César, a quien lo conmovia la situacién familiar de Tan, lo palmeé. [Seguro que si seguis asi, vamos a ganar! —le dijo, animandolo. — dntonces voy a poder ser del equipo de postas? —exclamé lan, entusiasmado. —jSeguro, Ian! Te ests esforzando muchisimo. —A ver qué més hay?... —decia Fabio—. El tor- neo de fitbol, otras cosas en las que nosotros no parti- cipamos, y paralelamente, regionales de matematica. 65 _ Espero que no sea todo a la vez, No puedo jugar un minitorneo de Faitbol, correr los relevos y resolver problemas matematicos —cavilé César. —El que mucho abarea poco aprieta —aprovech6 otra vex Tiago. César estuvo a punto de tomarlo de la camiseta; pero no lo hizo porque consideraba que la violencia fisica era cosa de retrégrados. Lo que no pudo evitar fue el pique verbal, —Cuando estés capacitado para traer alguna me- dalla a nuestro colegio avisame para que haga apuestas por cinco a uno, porque nadie va a creerlo, Uno de los amigos de Tiago lo decuvo por el brazo para evitar problemas, —Bueno —dijo Carina—. Entonces tenemos que buscar a los mejores para armar los equipos. Si Ruth y Cristian, el pelirrojo, fueran de esta escuela, tendria- ‘mos un equipo de salto imbarible —suspir6 con resig- nacién—. Vayamos alo urgente, que es el baile: Rati, aconseguis DJ? —