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LOS CRISTEROS

(1937)

José Guadalupe de Anua

 

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A6834

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C7

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1980

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LA MATRACA

19

LA MATRACA

LA MATRACA

19

del folletín a los cristeros

José Guadalupe de Anda LOS CRISTEROS

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7.

Ci.J-

PREMIA editora s.a

~

Planeacián y produc:ci6n Dirección General de Publicaciones y Bibliotecas/SEP y Premiá Editora de Libros, S. A.

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Superuisión Hilda Bautista, Rafael Becerra, Carlos Mapes,

Enriaue M. Limón.

Félix Moreno e Hilda

Rivera.

© Derechos reservados por los coeditores:

Consejo Nacional de Fomento Educativo Thiers 251-lo. piso, colonia Nueva Anzuree 15590 México, D. F. Premiá Editora de Libros, S. A. Morena 425-A. colonia del Valle

03100 Méxice, D. F.

ISBN 968-434- 268- 3

Impreso y hecho. en México Printed and made in México

PRESENTACióN

F-

José Guadalupe de Anda nació en 1880 en San Juan de los Lagos, entonces región recién incorporada, tras carios intentos separatistas, al estado de Jalisco. Realizó estu­ dios superiores y trabajó como jefe de estación en los Ferrocarriles Nacionales, puesto que desempeñó hasta 1914, cuando se incorporó como civil a la revolución, dan­ do comienzo asi a su carrera política, que duraría 16 años. En 1918 fue electo diputado por el distrito de Los Altos, ·

Como novelista, de Anda encontró su vena en el mo­ vimiento cristero, que desató una época de lucha y violen­ cia en México entre 1926 y 1929, durante la presidencia del general Plutarco Elias Calles. Las tres obras más importantes de este autor son: Los cristeros, Los bragados y Juan del riel. Los cristeros (La guerra santa de Los Altos) ( 1937) ha. sido considerada fidedigna en relación a su ambiente histórico, debido a su imparcialidad; en esta obra, de Anda reprueba los excesos y crueldades de ambos bandos. Narra con gran eficacia un periodo de la lucha en Los Altos, región donde el movimiento cristero tuvo especial· intensidad. Por otra parte, Los cristeros tiene cualidades literarias suficientes para considerarla una de las novelas más imp ortantes d e su t iempo.

y

en 1930 fue electo senador por Jalisco.

···-·· ··

(1942) es, hasta cierto punto, una se­

cuencia. de Los cristeros, aunque no centra su trama en el

Los. bragados

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movimiento cristero. Algunos estudiosos han oisto una mejor técnica literaria en esta novela. Juan del riel (1943) es una novela sobre la lucha fe­ rrocarrilera.Se le considera un valioso documento histó­

rico­social.

José Guadalupe de Anda murió en la ciudad de Mé­ xico en 1950.

La novela que aquí ofrecemos, Los cristeros, fue reim­

presa en 1941. La presente edición se basa en la versión de

1937, excepto por la acentuación, que fue modernizada.

E.M.L.

J. GUADALUPE DE ANDA

LOS

CRISTEROS

La Guerra Santa ­­en lo• Altos

MEXICO

IMPRENTA

MUNDIAL

1937

,:

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•••

EN LOS PIRULES

-¡Ave María! -¡En gracia concebida! Don Ramón se baja del caballo y se sienta en el poyo de piedra que se extiende a lo largo del patio, donde des- cansan doña Maria Engracia y doña Trinidad. Es la hora romántica de los crepúsculos, cuando las aguas dormidas de las "tanques" se tiñen de sangre y aparecen tupidos batallones de tordos bullangueros, en- . negreciendo el cielo. Pero aquella gente no sueña ni se conmueve con estas cosas. Doña Trinidad hace cuentas con los dedos sobre los días que faltan para que salgan las gallinas echadas, don Ramón se quita las espuelas haciendo cálculos sobre el número. de toros que hay listos para la capazón de la semana próxima, y doña María Engracia, con e) rosario en la mano, reparte sufragios, equitativamente, entre todos

sus muertos.

-¿Cómo t.e fue, hijo?

. -Pos

bien, madrecita;

arreglé el asunto de Policarpio,

(

mejor que lo que yo creiba. Mil pesos al juez, quinientos al diputao, una vaca parida y una carga de calabazas al secre- tario, fue todo lo que costó la muerte de Estanislao. Con esto, Policarpio ya quedó tan libre como Jalisco; ya puede

! Después de todo, él no

bajar al pueblo. -¡Vaya, bendito sea Dios

tuvo la culpa: tres contra uno, no hizo más que defenderse _·.· ¡Hasta cuándo, Dios mío, se acabará esta larga cadena de muertos! -exclama suplicante, levantando los ojos al

.•.

11

cielo-. Primero, mi difunto Raymundo; después, mis dos ~'.

hijos, matados por esos maldecidos

esa malquerencia que viene desde hace tantos años, haber ·~··

¡Y toda ·

sido por unas cuantas cañas!; ¡por un daño que no valía

! Pero su Divina Majestad, que nos ve y nos

juzga, ha hecho justicia: de los Hurtados, ya van cinco

con éste

Al resultarle favorable la cuenta de los muertos, la abuela calla; satisfecha y conforme con la ventaja

doce riales

- ¿Y el pueblo, cómo está?

- ¡Uy!, ¡uy!, ¡uy!, madrecita! Haga de cuenta un camposanto; ni un alma en la calle; todas las casas cerra- das.como si hubiera muerto tendido; las tiendas a medio abrir, y las campanas toque y toque todo el santo día, para que la gente pida a Dios que remedie los males de la Iglesia. Llegan tío Alejo y Felipe, el hijo menor de don Ramón,

y se incorporan al grupo. Muge la vacada entrando a los corrales. Berrean los becerros. Alegan en voz alta, en disputa de campo, las gallinas. Traquetean a lo lejos las carretas, camino de los trojes, y se presentan las primeras avanzadas de la noche

·-Hora

con lo del boicot o como se llame -p rosigue

don Ramón-, no se oye ni un ruido, ni suena una cuerda por las calles, ni dejan vender los siñores de la Liga "ape-

tito" cual ninguno; por eso no les traje el bocadillo de coco que tanto les cuadra. ¡Cómo estará Ja cosa que a los probes empleaos del gobierno no les quieren vender ni un tlaco de sal

- ¡Muy bien hecho! -dic e airada la abuela-; a esos

infelices ni agua

Veneno era bueno

para acabar con ellos

que les vendieran

- ¿Pero por qué, Maria Engracia? - se interpone tío

Alejo. -¿ Y me lo preguntas? [Brutol ¿Qué no has visto Jo que están haciendo con la Iglesia y los santos padrecitos? ¡Bestia!

- Pero qué culpa tienen esos probes hombres. : : Ellos ni mandan, ni dan las leyes; lo único que hacen es estar pegaos como becerros mamones a las ubres del gobierno, .y

esquilmar al prójimo con las contribuciones y las mordidas,

que antes se llamaban buscas

creencias, y pa' que no se les caiga el giieso, podrán decir y gritar ¡que viva la revolución! y presumir entre ellos de comer curas y acabar con los santos; pero si les abres la camisa, verás cómo llevan una torta de rosarios y escapu- larios, y a las escondidas van a misa, rezan y se confiesan como todo buen cristiano. ''Y eso no creas que es nomás con los empleaditos de a cuartilla; no, Maria Engracia, eso lo ves en algunos diputaos y en munchos de los grandes políticos, que en cuanto sacan la tripa de mal año, cambian de parecer, y ansí como te digo, por un lado vociferan y hasta quisieran

Que por lo tocante a

empedrar las calles con cabezas de curas; pero si los oservas

bien y vas a sus casas, te encuentras con que sus viejas · tienen las paderes cubiertas de santos, y a sus muchachos los mandan a las escuelas de paga, con los padrecitos, pa' que se hagan santos, alternen con los niños decentes y no se revuelvan en las escuelas del gobierno con la gente "

pelusa -Eso a mí no me importa. Pa' mí, chicos y grandes, todos los del gobierno son unos desgraciados que deberían estar ardiendo en los infiernos. Ora, si no fueron ellos, ¿entonces quiénes cerraron los templos y corrieron a los

probes padrecitos?

· - Pos asegún

oi dicir allá en el pueblo, en presiencia

.

del coronel Limón, La Zorra y Moisés La Changa, jueron

los mesmos

no les cuadran las leyes del gobierno, y dijeron: "nosotros no tenemos más jefe que el Papa; no nos registramos, ni dicemos " una misa más, ni bautizamos, ni echamos respon-

padrecitos que se declararon en güelga, porque

y se 1ueron

.

.

- ¡Qué leyes, ni qu é güelgas, ni qué nada! A mí no me

·

-

·-~- ·-

enredes con tus cuentos; ya te digo, todos, desde el más grande al más chico, de la gente del gobierno, son una

.13

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¡.

.pandílla de -¡Ah!, se me olvidaba -vuelve otra vez don Ramón-:

al rnaistro de la escuela del gobierno, unos curros lo echa- ron a la presa con todo y trapos, porque dizque les decía ·

.,

a los muchachos que no había Dios. -¡Alabaos sean los Santos Nombres! ¿Y se salió el ·

condenado? -pregunta temblando la abuela-.

-Sí, como ratón hogao en la manteca; todo atascao de lodo, después de haberse tragado un cántaro de agua cuando menos. -Pos yo, en lugar de esos señores, le había amarrao una piedra en las patas pa que nunca hubiera asomao la cabeza ese impío

-Pero,

hombre, María

Engracia,

¡qué corazón tan

negro!

-mueve la cabeza tío Alejo.

-¡Tú cállate, viejo cara de cuajo!

¡Arrastrao!, que

en lugar de estar con el rosario en la mano, pidiendo a Dios misericordia, porque ya andas "dando las tres y últimas", con las patas como quien dice en la sepoltura, estás defendiendo a los maldecidos judíos del Tío Alejo ríe con socarronería, tuerce un cigarro de hoja; saca su eslabón y su yesca y a poco su cara de ermi- taño se ve envuelta en un :reguerode chispas.

·"

Noche de plenilunio, de dulce tranquilidad campesina. Ladran los perros, espantados con las sombras, y en el monte aúllan los coyotes. En los jacales ronronean los metates, lloran los críos y se escuchan lánguidas canciones lugareñas, acompañadas por un organillo de boca.

De la Sierra, morena, vienen bajando, un par de ojitos negros, ¡Cielito lindo! . de contrabando .

Llega Policarpo cantando, con una reata en la mano

·

.

Es el h110 mayor de don Ramón.

.

·

·

·

.

··. ··

-O!e, -le grita éste-, ordena que les den agua¡.a.··. las bestias y las suelten en el potrero de enmedio, y luego· vas a ver cómo está de pastura El Carey. . -Pero, hijo, ¿onde tienes la cabeza? -le observa car~ñosamente doña Trinidad su mujer-. ¿Qué ya te se olvidó que mañana tienen que ir y los muchachos a ·fa pelegrinación de desagravio a Nuestro Padre Jesús, que va a haber en Caballerías, después de misa? Si sueltan los caballos, mañana los agarran a modo de árguenas y van a

llegar allá -mala la comparación-, Gargajo

como la recua de. tío

puro

-Que

por floja y cansada

toda en junto valla un

-:-termina la frase tío Alejo.

-Caballerías no está ai nomás traslomeando -con- tinúa doña Trinidad-, hay que madrugar y talonearles macizo a los caballos pa llegar a buena hora.

-No, no; suéltenlas, suéltenlas; tenemos muncho qui-

hacer mañana. -¿Cómo, cómo, cómo

percudido pescuezo doña Engracia.

. -Que ai iremos otro día a la pelegrinación, porque mañana hay muncho quihacer, -No, señor; Dios primero que

tenemos que reforzar la presa,

su

· ·

. ? -inquiere, alargando

-Pero, madrecita

capar.unos puercos, curar unos bueyes y preparar la tierra pa'l trigo. No podemos ir.

- Ya le digo a usted: Dios primero que todo. Él pro- veerá.

Don Ramón se rasca la cabeza contrariado; puede desobedecer a su madrecita.

-Mira, hijo -le dice notando su contrariedad-: al que es buen cristiano Dios lo ayuda. San Isidro labrador, cuando andaba en este mundo arando la tierra, dejaba el arao a medio surco y se ponía en oración; entonces, Dfós" Nuestro Señor, en recompensa, mandaba una pareja de

ángeles que siguieran arriando la

pero no

.

iY vieras visto

·

.

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v: cosech~nes levantaba

el santo

a~ual Bailón, cuando se ponía a hacer la comida, lromás

! Lo mismo que San

arru'!1!lba las ollas a la lumbre,

fraci~n, se encontraba con unos guisos que le habían

volvía

y

cuando

de

hecho

su

os nus~os ángeles

de esos de chuparse

los dedos

1

1

por los bueyes y las siem- .

¡nomás

que si nosotros no le buyemos

r~n~s de que ora vengan los angelitos del cielo, a damos siqwera una manita !

no hay espe-

b , Ási es que no te preocupes

-

! ras, que Dios te ayudará. -:Pos sí -murmura

.

.

a media

voz tío Alejo-;

al quihacer,

-¿Otra vez ? ¿Qué estás diciendo?

-No, nada, hermana, que mañana, Dios mediante,

.

clauando ~anezca pelegrmación.

ya vamos caminando

pa Caballerías

a

ª1

.

d - 10iga, tí~ Alej

o,

y a propósito,

¿qué ha ~í~o decir por

e a pelegrmac1on? -le

pregunta doña Tnmdad.

+Pos

ná tú, cuentan

unos que pasaron

esta mañana

por Cab~Ierías,

que aquello

está que no hay ónde

poner

una1abuJ~ del gentío; haz cuenta el mero día de la Virgen

la

pelegrinac1on, hay danza, loterías y bochinche;

han lleg~o unas chaborras de por ai de León, ¡que hasta

la pala

~asaba toda una semana de jilo en un fandango, y casi siempre lo acababa a balazos

me

en

a .fen~, de San

JUmea

!

Juan.

¡Tú

Porque

a más

del

rezo

y

dicen que

verás,

pa mi genio!

Yo que

-¡Válgame

guado?

Dios, tío Alejo! ¿Ansina de rnalaveri-.

:-Pas qué queres;

ese era mi gusto;

pero no pasaba

 

de

no

ch

he · · Hasta e matao

orita mi concencia a ningún cristiano

está

tranquila,

porque

-¿Cómo? Pos no contaban de un tal Bias El Tacua-

.

.

e · · Que había usted matado en el pueblo.

 

·

,

-¡Ah!, sí, Bias El Tacuache

Pero ése era un pole-

 

.

. cia. · · Todavía

ora -prosigue

impertérrito

tío Alejo-, pri-

. r , _!'1e~'atnente me voy a vesitar

al Señor

de la Humildá,

y

· _;jlu

go

a

buscar

una

chaborra

pa echar

una

rebalseada,

alegrada . se oiga

con canciones

!

-¿

P ero ya tan VIeJO . .

y balazos

?

-¡Adiós,

Si el corazón

¡que hasta la barranca-.

no envejece,

el cuero es

el que se arruga;

¡Mah.

adentro

,

todavía

.

!

se me rebullen

las ganas

aquí

En mita~l de la cocina encalichada, iluminada con un mechero que pende de la pared, está la mesa de palo, cu- bierta con un limpio mantel de manta cruda. En derredor, burdos platos vidriados, grandes jarros de leche, y un riquí- simo queso fresco enrnedio. Don Ramón y sus hijos se acomodan dejando recar- ~ados sus sombreros en las patas de las sillas.

Tío

Alejo se sienta

con

los pies

a

lo largo,

cerca

del

fo~ón. Los perros descansan

dor de la mesa. mirando con ojos suplicantes a sus amos, y el gato. echado en un rincón, murmura haciendo girar sus Qjos fosforescentes. Doña Trinidad sirve la cena. Una robusta campesina de senos abultados y gruesos hrazos desnudos, aviva a resoplidos la lumbre del comal pma que no falten las tortillas que engullen con envidiable apd ito y asombrosa rapidez los tres rancheros. La ahueln. en su silla bajita, pegada a la pared, con d rosario en la mano, sigue en la piadosa tarea de sacar ánima» cid purgatorio. -¡Hamún. m<ls Irijolitos, otro jarro de leche! =insinúa solícita v afable doña Trinidad. El ranchero mueve negativamente la cabeza; da un chasquido esrrepitoso con la lengua, chupándose los bos-

cosos bigotes para limpiarlos de la leche que escurre por ellos. y comienza a cabecear. -¡Oye, tú, Alejo, ¿y qué se sabe <le hola? -le pregunta

en los cuartos

traseros, en derre-

doña

Engracia,

luego que

hubo

terminado

de

rezar .sus .

oracrones.

-Pos

hombre,

María

Engracia:

la

cosa

está

que

~

.

.

··

temor.

con.más de ~~en ho~br~s por el. R~ncón de Chávez; que

die~a. Aseguran

que el padrecito

Vega anda

ya

el·

tuer to Damián

rumbo ~e San Gaspar, y que un tal general Valijas, de Tecualtich~, Y un tal Juan Siete Pistolas, andan juntando

trai

mas de veinticinco

endevidos

por el

¡qué se iba a meter

en otra!, si cuando.la

·:~.

Cbinaca, votrió :·."

tuerto,

cojo, muerto

de hambre

y empiojado.

.

.

.

.

··

Y se encontró

su ranchito hecho garras;

puros

adobes.

su e;asa·h&s.tlt

sin puertas;

habían

con los

De animales, no ie

a

dejado

ni los perros,

y lo más grave. del caso;

gente.

Ansí es que ya verás; anda muy revuelta

la cosa

Genoveva

su mujer con una cría

de tres

meses,

después

Y no creas, aquí también se nota muncho desasosiego

de haber estado

separado

de ella por más

de dos.

'•

entre la gente. ~l día menos pensao hay un Ievantadero

¡que hasta rechinen

las cueras

!

Tan . buen creyente

como 'don

Ramón,

se confesaba

cuando había misiones y. traía el peludo pecho constelado ·

. -Pos

yo

no sé

lo que

esperan

+vuelve

a agitarse

la

de medallas,

reliquias

y escapularios.

De todos medos, 'a

ancrana-c;

yo,

de

hombre,

desde

cuándo

andaría

ya en

las revoluciones

les había

cogido asco, y a los padrecítos

la bola

-y

voltea

hacia

la mesa donde están los tres

los veía con recelo. Sólo Policarpo

sonreía y aprobaba con

hombres-.

¿Pos qué es poca

cosa lo que

han

hecho esos

marcados

movimientos

de cabeza,

los reproches

y. desaho-

~aldeci~os judíos del gobierno con quitarnos a Dios de-

jarnos sin misa, sin confesión y sin padres a uno a la hora de la muerte?

que lo auxilien

D.on Ramón,

'!ªe

la ~scucha, aviva el cabeceo;

lan~.

.

estrepitosos

ronquidos,

simulando

estar

dormido,

y

se

';

rasca con funa los sobacos. ~l no era de armas tomar, ni le gustaban las bolas.

 

·

.::

Era un hombre de paz, que no se metía con nadie· un

hombre

hasta el anochecer.

Para él sus tierras, caballos, y san se acabó

de once varas,

de labor,

que fatigaba

desde

que Dios amanecía

sus

tratadas,

sus

pies al gato

sus animales,

¡Qué se iba a meter en camisas

tres

si: año por año hacía los ejercicios

ni qué

Un buen creyente

le_ iba a buscar

cuaresm~les y descargaba su conciencia; rezaba al acos-

tarse,

con relig1os1dad.

destripado

dado un radical cambio de frente. Estaba convertido en un hereje, según el decir de las mujeres. Y como ni su madre .ni su abuela sabían leer, en lugar de ~ext<;>s sagrados y latmes, leía novelas audaces, libros anbclencales y socialistas, y formaba parte del grupo avanzado del pueblo.

~a~a~a los domingos

~studianU:

a misa y pagaba

del

sus diezmos

había

Felipe,

Seminario,

Tío Alejo, que ya sabía lo que eran esas revoluciones,

18

gos de su abuela.

·

Carácter aventurero, valiente, fanfarrón; buen tirador,

amante de las armas, los caballos y los balazos. Si en la

revolución del 15 ha tenido la edad, famosos generales de Villa.

sido uno de los

hubiera

· Por eso en esta ocasión estaba encantado de la opor- tunidad que se le presentaba para llegar a general.

:ij

·;,¿

-Pos

sí -prosigue la abuela-;

en todas partes.

hay

buenos cristianos que ya andan defendiendo su religión; pero lo que es por estos rumbos parece que ya se acabaron · los hombres. ¡Están viendo que se persigue a los probes padrecitos como si fueran unos criminales; pior que perros del mal; que se meren a las iglesias. y .se .roban cuanto incuentran, machetean santos y hacen estropicio y medio con las cosas divinas, y es lo mismo; se quedan con tamaña carota, nomás diciendo: ¡miren qué caso

-¿Quién t.e ha con tao eso, María En gracia? Son men- tiras. En esta ocasión, ni se han metido a las iglesias los "pelones" ni han macheteado santos, ni se han robado

nada. ¡Vieras visto cuando la Chinaca

Rojas, Blanco, Pueblita traiban a los padrecitos de la cola, ·

macheteaban

!

! Antonces sí,

los santos

y se llevaban

cuanto .se. íneon-

·· · traban

en

los templos.

Solamente

del Santuano

de San-_,"'"··,.

i°" Juan, se sacaron veinte carretones cargaos con puros pesos fuertes, y se hubieran .llevado hasta el templete de 18.

18

.

¡:,.'.;

Virge~

le pusieron

si no se quedan

engarruñaos,

mano Pª. levantárselo.

como castigo, los que

¡Ora

qué

!,

ni

ha

habido esos abusos, m la gente, safao aquí en Los Altos

tiene ganas de peliar por esto! No, María Engracia ·

pasó la época de esas guerras.

ya

'

-Es verdad, tío Alejo. Ahora sólo se pelea por la rei- vindicación proletaria· -tercia Felipe, haciendo alarde de . erudícíon-, Por matar en esos hombres de espíritu fenicio, . que se llaman patrones, esa insaciable voracidad de oro ese callo de lucro con que tienen cubierto el corazón y la con- ciencia, para que el trabajador mejore sus condiciones de vida; gane mayor salario y adquiera derechos que nunca ·

ha tenido.

·

La abuela está desconcertada, oyendo aquellas cosas ·

que jamás había oído. Tío Alejo, asombrado de la elocuencia del sobrino ·'

. -Ahora se pelea -prosigue Felipe- por quitar a los terratenientes las tierras que se han robado, para darla a la gente del campo, que es la que la cultiva y fecunda con

Ya pelear por los santos es cosa

muy aceda, eso ya pasó a la historia, convencida la gente de que por la mediación de aquéllos, ni se les ha aumen- tado el mísero salario, ni se les ha dado una vara de tierra. Hasta ahora no s.e ha sabido que San Crispín, zapatero, ni San Pascual, cocinero, hayan bajado del cielo a intervenir en las huelgas. Ni que San Isidro labrador haya venido a hacer causa común con los camaradas agraristas -y eso que cuando anduvo en el mundo ha de haber estado igual que nuestros pobres labriegos: a ración de hambre- .

está boquiabierto sin perder palabra.

su sudor y

-¡Cállate, mal hablado, flasfemo, lengua de sapo !

1

-estalla la abuela-. ¡Meter en tus herejías a los santos del :~~ \·

delo

a este condenado, que ni parece ser hijo de quien es

,¡Vál~~meDios bendito, lo que nunca había pasado en mi

familia, de tener entre ella a un fariseo, a un masón

¡Santo Dios de mi vida

! ¡Alejo,dame de ai un tizón pa quemarle el hocico

!

!

!

Tío Alejo se queda patitieso, arrepentido de haberle

desatado la lengua a su incrédulo Felipe se retira, apenado de haber causado semejante exaltación a su abuela; mujer sencilla, compasiva y buena; pero en el caso religioso, intransigente e inexorable como

un inquisidor.

. Todavía temblorosa la abuela, comenta con tío Alejo:

,

- Todo eso lo sacó Felipe de juntarse con los catrines del pueblo, y de ai viene que esté hecho un .fariseo de descreído· te aseguro que ya no sabe rezar m el Padre

Nuestro. ~. Y de todo tiene la culpa este viejo pachorrudo

de su padre

que el muchacho no quiso seguir en el seminario, lo había pegao al arao y le había puesto una cinchiza que hasta el mismo Niño Dios hubiera hecho pucheros . La casa de Los Pirules quedó en silencio. Afuera, sobre los campos dormidos, resplandecía una luna como la mitad del día. Y de entre los milpales rumorosos salían como lamen- tos las atipladas voces de los veladores, cantando el Ala-

bado

Yo, en su lugar, desde la hora y momento

Por allí pasá Jesús.

Lleva una soga en el cuello

y carga sobre sus hombros

una muy pesada cruz

Gracias te doy, Gran Señor, y alabo tu gran poder.··

Cinco mil azotes lleva

en sus sagradasespaldas

Y una corona de espinas

que sus sienes taladraba

Gracias te doy, Gran Señor, y alabo tu gran poder. · ·

.

.

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LA PEREGRINACióN

Todavía brillaban las estrellas. Don Ramón asoma la· cabeza por la ventana

de su

cuarto que cae al patio; escudriña el cielo buscando el luce- ro del alba, y se retira exclamando: -¡Ah, chispeaol; ¡ya

. comenzó a alear la grulla! ¡Ya es hora, muchachos Policarpo y Felipe se levantan con presteza. Tío Alejo ya anda en el con-al alistando las bestias. Doña Trinidad enciende la lámpara de alcohol para hacer el chocolate en agua que siempre toman al levan- tarse·aquellos rancheros, y doña María Engracia, todavía recostada, masculla con voz ·gangosa sus primeras ora- , clones. Cada quien ensilla su caballo. -Oye, Felipín, ¿pos pa qué ftiites a agarrar· ese caba- llo? ¿Qué no sabes que los caballos tordillos y los pendejos,

!

·

·

se echan de ver dende

alazana

!

lejos?

¡No, saca· la potranca

.

·

Felipe ríe y cambia de cabalgadura. -¡Hombre!, ¡hombre! -vuelve otra vez tío Alejo con

Felipe-: acomoda bien tu freno; qué no ves que el que al enfrenar su bestia no le arregla el capote, es sacristán o

padrote

Ya casi revienta el día. Comienzan a percibirse los primeros rumores del amanecer, y los gallos inician su alegre trompetería. ···· Embozados hasta el cuello en sus pesados jorongos, don·Ramón y sus hijos abandonan Los Pirules, rumbo a Caballerías.

Esta es ley de los rancheros.

Al final, tío Alejo, con sus cueras bordadas y su som- brero de vueltas, tararea con voz ladina:

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·

Y a están cantando los gallos, chaparrita, ya me uoy

Al entrar al camino, feligreses más madrugadores ca- minan en grupos hacia la Congregación. -Buenos días le dé Dios, don Ramón. -Buenos te los dé a ti, Chancharras. -¿Pa' onde va su mercé?

-Pa'

-¡Ah!, pos yo también voy pa' allá; si gusta le haré

Caballerías; a la pelegrinación.

compañía. -Sí, arrímate. ¿Qué sabes de la refolufia; se vendrá la

bola?

-Pos oiga, ramo, yo creo que sí. La gente, y sobre todo las mujeres, están muy alebrestadas. Nicolasa mi

mujer dende ayer no me ha dejao en paz, haciéndome cargos de conciencia si no venía a la pelegrinación. Y usté

sabe, don Ramón, lo que son las mujeres

cuando train encima a los padrecitos, no lo dejan a uno ni resollar; todo el santo día están friegue y friegue "No embargante de que dejé mis laborcitas tiradas, aquí me tiene en camino pa' la pelegrinación; pero hasta

Sobre todo

ai nomás, que lo que es la bola no me meto."

vendes? ¿con qué tratas?

-Pos

l'amo

-Haces bien. A ver, ¿qué trais? ¿qué compras? ¿qué •

¿Con qué quere que trate un probe

como yo?

algo, hombre; ya ves que a mí me gusta el

rejuego; no en balde me dicen Ramón "tratadas". -Pos sí, señor; pero -Te haré una carrerita. El ranchero aguza los oídos para no perder detalle. -Mira: le echo este matalote, orejas caidas, en que voy montado, que como ves ya no puede ni con las pezu- ñas, a esa yegua retinta que trais. Tu boca es medida:

-Con

dices con cuánto juega, a qué horas y ónde, ·

, ·

El ranchero se da un restregón de barbas Y mira. CQn

disimulo el encuentro, la anchura, del caballo de don Ramón.

la riñonada Y las patas

-No,

siñor amo; es muncha .bestia la suya pa' mi

probe animal.

! Por lo demás, con

. -¡Mire l'amo: pa que vea que soy salidor y que no conozco el miedo se la cambio; yo corro su caballo. le doy claro y el lao de l~ vara, y se la juego con doscientos pesos

miedo que tengas,

muncha·bestia, si es un vil garrote

-¡Hum

! Vienes muy negao, Chancharras

¡Qué

y doscientos riales

¡ja

para luego, luego Ah qué diablo eres, Chancharras!

!

-¡Ja!,

¡ja!

, · Ora sí que quise salir a robar y me salieron los ladrones. ~ . -Pos sí, l'amo; su mercé quería hacer abujeros onde

hay tuzas Se quedan silenciosos.

Los caballos pespuntean el camino, alargando el pes- cuezo, queriéndose ganar uno al otro la delantera. · Felipe dormita, con la cabeza clavada sobre el pecho,

suelta la rienda de su cabalgadura. Tío Alejo no ha dejado de cantar:

·

Ai viene ya la máquina pasajera Ai viene ya la Ferrocarril Central

.

. Te acercates a los rieles, comensates a llorar. , ¡No te acongojes, Chatita, que no te voy a deiar!

-Ábranla que lleva bala

! -grita Policarpo, abrién-

dose paso a caballazos en un grupo de rancheros amigos.

­­¡Donde andan las aguilillas, no rifan los ga.vilanes, ni las naguas amarillas aunque les pongan olanes

¡Aquí está Policarpio! Y al que no le guste el "aigre",

que me

la tonada

.25

-···-·-

'.

t: 1

.

l

!

t

¡

1:

Ya se divisa el parduzco campanario, a cuyo derredor se agrupa el caserío, ceniciento e informe, con sus corrales de

ramajes

de

tanto peregrino que congestiona sus retorcidas callejas, y todavía sobre el camino real y veredas que bajan cule-

breando de los cerros, se escucha el ruido de caballos y la alegre algazara de creyentes que llegan, atentos al llamado del padre don Filiberto, amantísimo pastor que cuida de todo aquel rebaño de fieles cristianos. A la entrada del poblado, de trecho en trecho, sem- bradas a los lados del camino, aparecen hileras de cruces

entre los matorrales. Unas, grandes

er-

y piedra, órganos y. nopaleras.

parece

asfixiarse

El villorrio

con la aglomeración

y suntuosas,

bien pintadas,

miran,

-guidas, hacia el cielo. Otras, humildes y pequeñas, desla- vadas ya por las lluvias y el sol, se inclinan abatidas hacia

abajo. Con leyendas inscritas

dan suplicantes un Padre Nuestro y un Ave María por las ánimas de los que allí han caído.

se dice por

allá. Y aquella es tierra de hombres. Caballerías, el cantón de los valientes, a donde se va a misa los domingos y fiestas de guardar, y luego, a la

en sus brazos abiertos, deman-

"Donde

no hay cruces, no hay hombres",

salida, a buscarse los que tienen agravios entre sí; cues- tiones de linderos, daños por ajustarse, rencillas y renco- res pendientes, para liquidarlos a balazos. Es el lugar de cita de los panteras: de los abrabados, donde se goza de toda impunidad y se tiene la ventaja de contar con el santo padrecito que se encarga de conducir al cielo las almas de los que caen y colocarles su cruz ¡Qué ventaja mayor!

-Oiga, tío Alejo, esto me da mala espina -:-le dice
1

1 don Ramón-. Se me afigura que aquí va a haber un San

.;:

!.

Juen rasgao

que nunca asoman las orejas por otras partes, porque los trai de la cola la justicia, son los primeros en armar el borlote, Mire cómo anda el Tragarratas perdonando vidas

Fíjese, los meros apanteraos; los. matones

:i

 

·

.·.

y

echando

bendiciones

con la pistola,

y luego allá· El

Q.>- .

.,

"

yote, oiga qué alaridos tiene. Y eso que vienen a desagra-

viar a Dios Nuestro

Señor

-"Y

por miedo a qué Coyote

no baja mi chivo

agua!"

caballo tordillo

=grita El

Tragarratas

que monta .

rayando

enloquecido

a

la

al . ·

-"Y

nomás no regüelvas

la agua, porque

ansí

l'as de

beber, ¡jijo de la pintada.: J" L-e contesta el Coyote, arris- cándose el sombrero.

-¡Canijo!

Si parece

que andan enyerbaos

=comenta

tío Alejo-. Esto me güele a plomazos

Al pasar los peregrinos

frente

a las cruces, se descu-

bren respetuosos, persignándose y mascullando oraciones.

· "Hoy por ti y mañana camino.

por mí" -dicen

al reanudar su

La noticia

los fieles creyentes del contorno y de lugares y rancherías remotas.

de la peregrinación

atrajo

hacia

Caballerías

a

Las callejuelas

y la terregosa

plazoleta· del villorrio,

están henchidas

Podría

de gente.

creerse que aquello era una feria. Hay puestos

de comistrajo y baratijas en torno de la plaza y al hilo de las calles. Murgas callejeras, que tocan lánguidos corridos, orga- nillos llorones y loterías. De todas partes se eleva un rumor de turbamulta. Ladridos de perros huraños, rezongos de cerdos vaga- bundos, relinchos de caballos alborotados; ruidosas carca- jadas y gritos destemplados de resgatones y baratijeros, · En el centro de la plaza, las piramidales copas de los sombreros de palma surgen de entre la multitud, como cornamentas de reses encorraladas, y heridas por los rayos

de] sol, brillan en los cuadriles de los santos peregrinos las

siniestras quijadas

Estampas de santos y trapos multicolores adornan las ,

y·--., ,.-~'

contrahechas, y en la parte superior, inscrito con cal sobre ;

los muros:

1

puerl.4.c;'-~' de 1as carconn idas casuc h as de adobe. , chaparras

de las pistolas.

"¡Viva Cristo Rey!"

·n

.

.:

i

l

.

~

···~·"·~

;::iirtitériAAi

'•

.

.

~

Las dos campanas del templo, que suenan a cazos rotos, parecen despedazarse, enloquecidas, dando la última

llamada.

y los

. Se produce un sordo rumor entre la multitud,

santos peregrinos con el sombrero en la mano y la frazada a rastras se precipitan en tropel hacia la iglesia que está engalanada como en las grandes festividades. Por doquiera brillan los cirios y aparecen ramilletes de flores de papel; de las vidrieras se destacan aureolas de oro, que van a

iluminar los severos rostros de los santos.

los forma

Y

pasan a besar las laceradas manos del Señor de la Hu-

mildad.

ahí

hombres de aspecto judaico, altos, recios, barbados, cabeza

enmarañada y boscosos bigotes. Viejos encorvados, de caras apacibles y luengas barbas

blancas, que parncen profetas.

Al entrar,

Aquello

se

el cura

asemeja

de cuatro

en

fondo

Van

a

un

desfile

bíblico:

.

Muchachos

e inexpresivos, que parecen venidos de las

· Al retirarse, se abren las bocas de las víboras, se desa-

montaraces,

de cara rubicunda,

ojos azu-

les, muertos

tribus de Abraham.

tan los nudos de fajas y paliacates,

oye el metálico gotear

y por largo

ra~o se

de las monedas sobre la reluciente

bandeja. Después, sentados en el

sombrero entre las piernas, escuchan con todo racogimiento

el sermón.

suelo,

sobre sus fra~ d~,

.

el

-Como

los Cruzados

en los heroicos tiempos

de I.a

Iglesia, nosotros, soldad~s. de Cri~to, debemos u a morir por Él - dice con voz patética el parroco. "Este gobie1n o impío, después de habernos arre~atado

¡ el patrimonio de la Santa Iglesia; después de hab~r d~ctado leyes que nos amordazan y conculcan l~s conciencias d~ los niños, nos cierra los templos, nos pe~s1gue com~ a unos criminales, y nos quiere arrebatar a D10s, entregandonos

maniatados a Satanás "Mas no hay que dejarlo; ¡hay que ir contra él! ¡hasta

;

·. : ! S

h~;~~;~>=:.~\.:~:·1

 

.

.

l

aniquila rlol:

¡ha sta

acabar

con · el último

jud ío de

~H~f1>. ~ ·'; ·.

'.·.

l

-

grita enardecido.

 

.

·

·

~

Los la briegos

 

!.

aue se está

dando

se miran entr e sí, sorp ren did os d el 'sesgo a la peregrinación,

.

,

Felipe los observa y nota cómo tosen los hombres de bien para disimular su turbación y fijan sus inquietas mira- das en la doliente cara del Divino Señor, como interro- gándolo, o voltean alarmados hacia los santos, cuyo aspecto 'inmutable los confunde, obligándolos a inclinar la cabeza, resignados, perplejos.

~

Descubre las miradas expresivas de los turbulentos,

·

que parecen decirse: "Ya se hizo"

el aspecto bonachón de los irresponsables, que sólo bos- tezan, se arañan la cabeza con sus uñas ganchudas o se

rascan

Quiere retirarse; pero es imposible, las puertas están bloqueadas de gente. Por otra parte, no quiere contrariar a su padre; hombre de buena fe, sano, sencillo, que está abierto de brazos, en cruz, rezando una estación con los ojos cerrados; ni tampoco lastimar el sentimiento religioso de su madre y su abuela, que con tanto interés los mari- daron a la peregrinación. Se resigna a seguir escuchando aquel sermón, que más que esto es toda una proclama subversiva. - Hay que ir, pues, a la lucha - prosigue ~l .señ?r cura-, a morir por Dios Nuestro Señor; a exterminar sm consideración a los impíos. Los que caigan, desde ahora les digo que encontrarán abiertas las puertas del cielo. Los

malosc ristianos, los católicos tibios, los timoratos que no oigan en mis palabras la voz del Señor; los irresolutos que no atiendan el llamado que Dios Nuestro Señor les hace por mi conducto, que se queden en sus casas, que al fin Su

cuenta a la hor a de su

muerte, y sentirán en vida el peso de su justicia. Los labriegos se agita n inquietos y sacuden azorados ·tas revueltas cabezas, mirando hacia todas partes. Algu- nos, impresionados, se inclinan con humildad y se golpean el pecho con fervor, decididos a ir a morir por Dios, t.e-

Y contempla al fin

con displicencia

los sobacos.

Divina Majesta d se los tomará en

niendo ya de antemano ganado el Reino de los Cielos,

según las palabras

del padre.

-Id,

pues, a la lucha, queridos

hijos míos, a combatir

a los herejes, y yo os aseguro que las balas del enemigo

os respetarán, pues la sombra de Cristo os seguirá a todas

partes "Y a dondequiera

que lleguéis gritad muy alto:

"Dios y mi derecho. ¡Viva Cristo

-¡Viva! -gritan a una voz los campesinos, haciendo

"

retumbar las bóvedas del templo. Al salir, todos ostentan en el sombrero

la simbólica divisa:

un listón con

¡Viva Cristo rey! unos atemorizados,

Los peregrinos,

otros convencidos,

y los más desconcertados,

para

se dirigen a ensillar sus caballos

retirarse

hacia sus ranchos.

Una voz vigorosa los detiene.

Policarpo,

parado

en los estribos

· de la silla, haciendo

·

de las manos una bocina, les grita:

que pa' seguirme, que se corten lado derecho.

-Los

sean

hombres

y -y señala con la mano su

se

tantién

con

tamaños

Aquella

llamada

a base de hombría

del ~r~.

era tan fuerte

Y

tan persuasiva

como el sermón

. ¡Quién no se iba a cortarl ¡Qmen iba a dejar que. se

pusiera

en duda su hombría,

ni iba a aceptar

que

se

le

señalare

como falto de tamaños!

Menos en aquellos

rumbos

donde

no se reputa como

hombre al que no puede presumir de traer arrastrando

cuando menos una calavera; mas que sea la de un cuico Porque para ellos matar un guardián del orden público, no tiene ningún chiste; no da fama. Esto lo ~acen hasta los

novatos

¡Cómo se iban a quedar impávidos ante aquel llamado viril de Policarpo en aquellos lugares, donde una mala mirada un daño en las labores, un desaire al no aceptar una copa, o una cuenta que no se paga al plazo, es motivo

para iniciarse en la carrera de valientes.

de balazos

Donde,

! por último, cuando se traen muchas ganas de

30

.

·.·

_,,,

pelear y no se encuentra con quién, se encierran en un cuarto oscuro un grupo de bravucones desenfundan las pistolas y disparan, a ver a quién le toca la de malas

~a .divis~ en aquellas

tierras

[Viva Dios y rm pistola!"

de Los Altos,

es esta:

·.

·

"¡Dios te salve Reina y Madre! Y ¡pum!, ¡pum!, puml,

iiiJlJOS de la retostada!'!"

La mayoría

de los rancheros

levanta

.

la rienda

a

su

caballo,

le clava

las espuelas

y, en medio

de corcovos

y

caracoleos,

atropellándose

unos a los otros,

se precipitan

al lugar señalado

por Policarpo.

Sólo algunos

prudentes

se hacen

los sordos, agachan

la cabeza, meten vara a sus bestias, y se limpian -Vámonos, Felipillo -dice don Ramón, dando vuelta

a :su caballo-.

El

que· ha

de

ser

barrigón

mas

que

lo

. Dios lo saque

falen.

.

Este

es

con

el

mismo

bien!

Policarpio

de

siempre;

·

·

¡que

-Bueno

-dice

Policarpo

ya que se ve rodeado por un

numeroso grupo de montados-.

tener

palabras

ya cayó carta del siñor don Anacleto para el siñor cura.

Hay

que de la Liga,

ir a San Juan,

y

a

a

ver si

unas

con los siñores

.

"Desde

luego hay que ir bien montaos

y armaos, por

sr

llegamos a topar con los "pelones".

¿Tú qué dices

Ru-

ñido? -comienza por interpelar a los más bravucones que

estaban

que estoy como el bandolón

plao y al orden, pa' ir a onde queras.

mí la pulpa es pecho y el espinazo cadera! -contesta echán- dose el sombrero hasta los ojos, lanzando un escupitajo.

junto a él.

~¿Yo?

de Jalpa, tem-

¡Ya sabes quepa'

-¿Y

-¡V álgame

tú, Canelo?

la

aventando

ora mesmo, pos si pa' luego es tarde

que

se cayó

del

burro!

-le

contesta

el caballo hasta quedar a su lado-. ¡Vámonos

!

-~l

cabo que si nos incontramos

ren bajar

mojan, Policarpiol

al agua.

.

.

te

aseguro

·

que

con los sardos y que-

ni los cántaros

nos

-¡S'tá

-Bueno,

bueno;

ansí me gustan

los hombres

Policarpio,

¿pos a qué le tiramos?

!

¿qué va·

31

,

;

<A.'.&·,,¡,

.

. '.

.

~

: :.:

,.,

,.,

mos a hacer a San Juan.

Pa' trair una carta no se nece-

cuello del barboquejo. :Unos dormitan de bruces sobre la mesa, otros alegan ·

sitan tantos

-lo interrogan

algunos.

-¿Qué

ya les entró frío? ¡tasajos

!

. y manotean.

i

1

i,:

:,

¡.,

-:-No; pero siempre en deber de uno está saber a qué se le tira, o pa' que mejor nos entiendas, queremos que

nos hables a lo mero pelón

pos a lo mero pelón les diré que vamos a

-Bueno,

echar una pantereada con los letreros que nos dio el padre- cito y llevamos en los sombreros, y pa' que sepan los "sardos" que no les tenemos miedo.

pos ni modo: a juerzas ni

Ni tampoco son títeres de rancho

Ora el que no quera ir

los zapatos entran

onde la entrada es de a güevo -No, pos si pa' qué son más razones, valedor; semos hombres y sabemos cumplir; mañana nos vemos en San Juan. La Congregación poco a poco va quedando desierta. Los tuzos, ancheteros y luchones levantan sus pues- tos, hacen carga y emprenden el camino de regreso a la ciudad. Los músicos de rancho toman rumbo a sus casas, con sus violines y tamboras a cuestas, en esta ocasión mudos. Las urracas vuelven a ennegrecer las copas de los árboles, y las torcazas lloronas inician su cú cú plañi-

de

dero. Burros esqueléticos, vacas anémicas, abundantes

cuernos y escasas de carnes, perros callejeros y cerdos vagabundos discurren nuevamente por las calles y la plaza del pueblo, hurgando a su sabor y antojo en los montículos de basura acumulados en las esquinas. El villorrio recobra su silencio y sordidez habituales. Sólo el puesto de hojas, curacrudos, de María la Galleta, ha quedado rezagado en una esquina de la plaza. Un grupo de cristeros borrachos la rodea. Cada quien retiene su caballo de un cabestro enrollado a sus pies. Algunos tienen los kilométricos sombreros entre las piernas, otros se los han echado hacia atrás, pendientes al

32

Y todos por igual, ostentan en los peludos pechos, a través de la entreabierta camisa de manta, una maraña de cintas, rosarios y escapularios. Del cuadril les penden sendos pistolones 44.

Las bestias, con la cabeza baja,

patean

aburridas,

sacudiéndose las moscas con la cola, remascando los frenos. Cruzadas las aciones sobre las sillas para que no ·se asoleen, quedan a descubierto los pandos machetes amozo- · queños y las reatas de pita, que se antojan serpientes. dor- midas.

Algunas carabinas asoman sus trágicos hocicos por sobre los costillares de los animales. -¡A ver unas hojas, tú, Maria! -ordena Simón El Cuije, clavando sobre la puestera sus ojos pardos, color de tierra. -Sí, orita -contesta halagüeña.

Al moverse le tiemblan las robustas senos volcánicos, opresos en una blusa roja. -¿Cuántas, tú? -interroga sonriente. -Pos a ver, cuéntanos. -¿Con tripas? - 6·Me parecen ne. les

los

caderas y

'

María saca de debajo de la mesa una botella de aguar- diente y en una copa mide la ración que va a poner en· · cada taza.

·N' ·

. que juera veneno! ¡Echale copa) al santo mas que le jumíes

Uy.,'

uy.,1

1uy.

'

hul

1c

a

'

-exc l ama e

l C

-

UIJe-.

.

1

1

las barbas

yo a ti te pago hasta los malos modos

! [Hasta que se redame! ¡Ya sabes, chata, que

!

de

lascivia, y le •

La baña con una mirada preñada

arroja con fanfarronería un puñado de pesos sobre la mesa. -Ai tienes, y si no alcanza, me avisas

La puestera sonríe y le tira picaresca los dedos, congestionados de anillos.

un beso ·entre

.

.

·· .,.:

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1

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•· .:;~::·l

Herculano

El Ruñído, que también

apetece

a

La .:

~,~:,

· ~::· ~>f~~(~··

.ij·:~.:~;~.:~~-~~"'g;~

';
j

.;··.,::··.:

-.

·.·Galleta, tiene clavados sobre ella sus ojos verdes saltones ·

color de cieno.

· ·

~

Para disimular su despecho, coge a dos manos la taza·

·

·

·'

·

·

de hojas hirviente; lanza un fuerte resoplido para. enfriar-

. la; da.pequeños. sorbos, y se limpia achupetones los tupi-

dos

Cuije y ensancha colérico las narices.

· La puestera, mientras hace gorgotear la botella sobre

. =-Oigan: ¿quisque ya va a'ber misa otra vez, y ya van ·

Policarpio,

que en aquellos momentos se retira-. Vamos a abrir las

Mira de reoJo, por debajo del sombrero, al

bigotes.

las tazas, pregunta al grupo:

a volver los padrecitos? -Seguro que sí =contesta con ampulosidad

a los probes padrecitos, y a

¡Árbolesvan a faltar en

Los Altos pa'. colgar a tanto jijo de la tiznada! =termina

acabar con todos los "pelones"

iglesias; a darles garantías

1

1.

•••

dando dos fuertes manotazos sobre la mesa haciendo vol- '

car las tazas. -¡Seguro que sí! =afirman manoteando también. ·

-¡Ojalá! Dios lo quera. Ya es justo que acaben con

esos maldecidos judíos del gobierno

dalupe los saque con bien y la sombra del Señor Santiago

los cubra

'

· coro los rancheros,

La virgen de Gua-

en

-se santigua la puestera.

. .

--:Repítelas,Galleta -dice con brusquedad El Ruftido ·

·

con fijeza y

'

luego le

mirándola con ojos enconados.

·.

. Maria

se le . queda

mirando

replica:

·

.

do

.;_¡Orasí que me creció la piocha por andármela jalan-

! ¡Mah, ni mi papá que jueras pa' que me garbearas

. tanto

·

· que te pagues

!

! -le dice golpeando

sobre la mesa-. ¡Si crees que no traigo con qué, ai'stá pa'

-¡Na, na

! ¡Sin cacayacas

.

.

! ¡A Dios gracias que traigo hasta pa' com-

! -y arroja también sobre la

· . -¡Cálmate dolor de estómago; ya te voy a dar tu ·atole! -le contesta riendo burlonarnente=. ¡Guárdate tus

. mesa otro puñado de p~s.

prarte como fierro viejo

·.34.

centavos, que yo, cuando· más voltea a ver al Cuije.

, Ahora éste es quien mira con ojos rencorosos al RÜ~- ñido; se levanta, agresivo, el sombrero, y le dice a MariaE'. ·· -No cobres, que todo está Ésta voltea hacia El Ruñido y le repite con mofa::

probe eruto a ·.·

-¿Y a oyites? que todo está

-Con una resma de

pagao

-grita Herculano reventando

·de rahia-«

¿Pos qué, mis pesos no sirven?

[Míralos, a

ver si train águila!; ¡muérdelos, a ver si son de plomo

!.

¡Me lleva la

!

-Oye, Ruñido -se interpone El Cuije, barriéndolo

brincos estando

con los ojos-, ¿pos pa' qué son tantos

el suelo tan

pagao? -Yo no sé, ni vengo a chismes y por eso las pago.

parejo

? ¿Qué

no oyites que

todo está

Yo pidí unas hojas, ·

-Esto me güele a plomazos -dice el Pachanga a uno.

. -Sí, pos los dos se queren llevar a la chaborra Los rijosos se ponen de pie. -A naiden me hace menos, Cuije. - Yo no hago menos a naiden; pero en mi presiencia, naiden le grita ni le gruñe a una mujer -le contesta con la pistola en la mano. El Ruñido, viendo que le ha madrugado El Cuije, sólo se rasca la rabadilla vomitando maldiciones.

que está a su lado.

-Hombre, Cuije, [por favor

-Herculano, ¡por tu siñora madre, que no aiga desave- ·

!

·

nencias,

todos semos

amigos!

-tercia

El

Canelo.

-¡A salú! -grita El Pando, levantando la taza. -¡A salú! =contesta el grupo, rodeando a los conten- · dientes. El Ruñido y El Cuije se colocan a distancia; sus mira- das $e cruzan como dos hojas de agresivos puñales, lan- zando destellos de La Galleta lloriquea y se frota. temblorosa las manos, después de haberse embuchado los pesos en el seno.

35

Las hojas con tripas·han hecho remolino y levantado. huracanes en los pétreos cerebros de aquellos bravos cris- teros.

Unos roncan, echados de bruces sobre la mesa escu- r~iéndoles.~ baba; otros gritan, alegan y manotean, 'dispu- tándose triunfos y méritos de valentías. -¡Pos a qué me presumes, Macedonio, si yo juí de los de Villa; de la gente del padre Pérez Rubio, que onde quera que llegábamos, ¡por vi'a de Dios que hasta la tierra

temblaba

que lo diga -dice El Patas, señalándolo. -Cierto y posetivo -asienta tambaleándose un viejo

. pando, chaparro, barbas de chivo, que en sus buenos tiem- pos había sido asaltante de las diligencias en la Venta de Pegueros-. En efeuto, me consta que éste es de los que no

! Y no atestigo

con muertos, ais'tá El Pando

se dejan curar paraos; trai tres calaveras a rastras y lo que sea de cada quen, pelea, pelea; pero no es pa' que presuma. Yo, miren, afíjensen -prosigue el viejo, exten- diendo la mano-; estos callos que me ven, me salieron de lancear chinacos en compañía de mi coronel Juan Chávez.

. Blusa colorada que devisaba; chinaco que

caiba ensartao

Y en cada agarre que teníamos, cuando

por los riñones

menos me echaba al plato una docena de impíos

.

. -¡Ah, chisquetes

! ¡Ni siñor San Baltazar

! -ex-

clama, saltando sobre su asiento, El Patas. :_¡Ora qué chiste! -continúa impertérrito El Pando-;

· ·· con tan lejos

buenos rifles, que matan

dende a media legua de

No, lo bueno era entonces, cuando se peliaba cuer-.

po a cuerpo y ganaba el que los tenía más grandes -¿Y ora cómo la ves, Pando? -¿Te refieres a los sardos? -Sí.

!

·::.·

t:··.

f,¡;

\;.

. -¡Hombre, pos ganarles a ésos y encuerar una borra-

cha es la mesma cosa

son retejuilones

. -Muy cierto, son muy correlones. Y yo lo que sí te

digo, Pando, que ora que vamos a desfender a Cristo Rey, si se pone bonito el borlote, ya no voy a comer babas como

! ¡No van a sabemos ni a melón;

!

·:·~

: .: '.

~.

.

'

:

.

la vez pasada. Dios por delante, cuando menos vuelvo c.k.:······· ·

coronel y la víbora atascada de aztecas

anduve con Fierros, volví de sargento, muerto de hambre· ·

No.que cuando '.

y empiojao.

.

-·Bueno, ¿pos qué te pasó, Canelo? Tú no eres manco

. -No; ¿pero qué querías que hiciera? En los avances

pa'aquello de los avances

siempre entraban por delante los jefes y a uno le dejaban las puras resocas. Es cierto que después de todo truje fas · cargas de bilinbiques y sábanas; ¿pa'qué?, ¿pa'que después

no le sirvieran a uno ni para limpiarse

?

"Pero lo que'es ora

¡Madre mía de Guajicora!, lo·

único que te pido es que me pongas oride aiga, y por Dios de los cielos, que si vuelvo con vida, no me doy por bien servido, te hago tu función con cohetes y música, y te

mando decir una misa de tres padres

-Bueno, pos como dicen los arrieros: "ya es hora de desrnaniar y ver las que estén pasmadas"; ¡vámonos! -di-.

cen algunos, poniéndose de pie.

"

-Aspérense,

no coman ansias. ¡Sirve las otras, Maria! ·

-insinúa El Cuije, sin perder de vista al Ruñido.

A éste parece que le han comido la lengua los ratones;. no ha proferido palabra y tiene el ceño ensombrecido, mi-

rando por debajo del sombrero al Cuije; atento, casi sin parpadear; como un gato en acecho. Continúan las tanteadas y los cálculos alegres. -Yo pa'qué los vo'a engañar -dice tartamudeando El ;

Patas=, dende ora les digo que yo a lo que le tiro es a ser presidente de Tepatitlán, si la Divina Providencia me con- serva la vida; después de haber peliado por Dios y Iibertao a los santos padrecitos, se entiende.

-¿Pero

cómo le haces, Patas, si no sabes escrebir?

-¡Hombre, sí! -exclama decepcionado-; no había re- flejao en eso. -¡No te apures, compadre; eso no le hace! -lo anima

-- · ··· La Pachanga-«, como si no hubiera sellitos que firmarant

por

he visto aquí en Los Altos y en otras muchas partes que

! ¡Mira: las pilas

de presidentes que

¡mah

;.,

··

·

tie1leh $U sellito, .y los que no, los he rnirao sudar

a chorros

pa fin de que pongan su nombre; pero eso sí, con unas

uñas tan largas pa'tocar la'rpa

presidencia van con las nalgas de juera, y a los pocos meses

que cuando llegan a la

_ya los incuentras con rancho, buenos caballos, buenos ves-

.

tidos y dos o tres '

.

10 ••••

mujercillas

-¡ Adió

-¡Sí, hombre, como te lo estoy contando! ¿ A poco

· cuando las eleiciones se matan y se hacen garras por servir

al pueblo

pesebre son las presidencias

? No, compadre; lo hacen porque ¡ah qué buen

! Llegan allí en la espina,

;-!

.,,

;.·

muertos de hambre, desgarraos, y aluego salen 'como los bueyes de pila, rodando de gordos y muy bien em_pelaos -¡Ah!, pos casi nada me has dicho, compadre. Dende ora mesmo le voy·a ofrecer al Señor de la Misericordia · · . una entrada de rodillas con una cruz de mezquite en el hombro y una penca de nopal clavada en el pecho, a·más de la limosna, porque me haga el milagro de hacerme pre-

,,.,

l::

~i! ~,

.

. sidente de Tepatitlán

· Tres

disparos seguidos sacuden el marasmo del pue-

blo, adormilado en el bochorno de una siesta de lumbre. · Ladran alarmados los perros; huyen espantadas las urracas. Los caballos se alebrestan por los disparos y el olor de la pólvora; levantan las orejas y ensanchan las narices, bulliciosos, inquietos. Las gentes asoman con precaución la cabeza. En la puerta del curato aparece la obesa figura del padrecito, que avanza con presteza, desplazando el aire con el ancho vuelo de su raída sotana, creyendo que va a expedir algún pasaporte para el cielo. La Galleta tiembla de pies a cabeza, metida debajo de la mesa. Los del grupo rodean al Cuije, que está bañado en sangre, y a distancia, sobre el camino real, corre un hom- bre a caballo, envuelto en una nube de polvo. Es el Ruñido que huye -Bueno, ¿pos cómo estuvo eso, Cuije?; ¿qué te pegó

a la mala?; como yo estaba dormido no vide.

-No, sólo que me madrugó, como lo sabe hacer. Me echó el grito de ¡ábrete!, cuando ya traiba la pistola en la·

¡Pero

qué tan ancho puede miar que no se le pare el chorro

En este mundo tan grande, de aquí a allí nos incontramos,

y entonces sabrá quén es su padre -¿Qué, estás mal herido?

-No, hombre, esto no es nada; apenas me abujeró la

As-

pérense, déjenme curar. Se retira, y con una copiosa orinada lava la herida; se venda la mano con un sucio paliacate, y se incorpoi a al grupo.

mano y me rasguñó una costilla;

mano, y al sacar yo la mía me disparó, y juyó

!

pero no es nada

En unión de los demás, monta a caballo, se echa en la silla a la Galleta y se aleja gritando: · ·

!

! ¡Viva Cristo Rey!!!

-¡Sólo Dios es caporal; todos los demás son

güeyes

¡Puro Cerro Colorado, jijos de la

.39

;~¡,:. ·.

t

.

·

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,•.:,

EL PRIMER BROTE

En la cantina de don Pomposo Paredes, la mejor de San Miguel, nido de tuzos y vagos crónicos, juegan dominó y · beben tequila a pequeños sorbos, el jefe de las armas y el teniente Coello.

-Váyase con mucho tiento, teniente -dice el prime- . · · ro-, porque tengo informes de que ha habido varios.levan- . i tamientos por estos rumbos. No sea que a la hora menos

pensada estos cristeros nos vayan a

-No son arañas que pican, mi mayor. Estos ranche- ros pajones no son más que borloteros. Se matan, eso sí, unos con otros, por cualquier boberia. En las carreras, en

los fandangos, en las bodas de rancho, siempre al final hay difuntos a quienes cantar el Alabado. Pero tratándose da pelear contra el Supremo Gobierno no dan la medida, son puros pájaros nalgones -No se atenga, teniente, son muy fanáticos y muy conservadores de sus costumbres, y peor si se los agarran .

los

grinación a .Caballerías, que deberíamos haber evitado,

me huele a cocolazos. Póngase muy trucha al ·atravesar el río de Teocaltitán, o al llegar al arroyo del Águila, por- que puede ser que allí le broten.

dar un

Tome toda clase de precauciones. Esa pere-

·

1

¡1

Revuelven las fichas, fuman,

beben.

·

i

Luego el mayor reanuda sus

instrucciones

-Salga mañana con la fresca, para que recoja el chico a buena hora y se viene como de rayo para socorrer a la.tropa,

-Está bien, mi mayor -dice el teniente-. Y luego,

·.

.

.

.

.

.

.

.

despidiéndose,

Las tres de la madrugada. Un frío endemoniado

agrega:

"Voy a alistar mi compañía".

agarrota los ateridos

miembros

de los juanes

qne ensillan

sus caballos,

vomitando

maldi-

.

. c1ones.

·

cavernosas, enérgicas, ·

Montan y toman el camino de San Juan, despedidos

Las voces de mando

resuenan del mesón.

en el amplio patio

por los perros de los jacales de extramuros,

escandalosa

furia.

que ladran con

El viento frío de noviembre

silba entre las hojas secas

de los maizales.

Trotan

los caballos

con la cabeza

baja,

buscando

el

¿Trais

-Ni zoca, Langacha; traiba un chicharroncito; pero

-Bueno, Guanzarotas,

pos hay que calentarse.

·

· por ai un escante?

ya le di el mate

-¡Ande, mulota, no se haga rosca, saque la mariposa. -Verdá de la buena que no traigo; ya sabe que yo no · · soy fijao. -Usté sí trai mota, -Pos hombre, sí, aqui traigo una tecolotita.

-¡Sobre

Todos aprontan gustosos su cajetilla de fósforos. Sofrenan los caballos y forman rueda, atajando el aire

!

Pos

déle fuego, pa' darnos

un atizón

camino en aquella negrura, donde apenas se distinguen,

con las manos y los chacots, fijas sus ávidas miradas sobre

como sombras,

los montados.

la inmunda piltrafa del asqueroso enervante, logrando al

·

-¡Me

lleva el tren

con este frío jijo de treinta mil!

fin encenderla.

-dice tiritando el teniente.

El teniente y el sargento se han alejado sin darse

 

-Pos

échese un pajuelazo, mi jefe -contesta

el sar-

cuenta.

gento Bernal, que marcha a su lado; -¡Ah, vaya!, ¿te acordaste del trago? -¡Naturaca, jefe! Hombre prevenido, casi son dos ··hombres. Le alarga una botella de tequila de la que el teniente bebe dos grandes tragos, devolviéndosela, mientras se lim-

pia los labios con el dorso de la mano.

-Está

suave -comenta.·

· Los· pobres

juanes,

gorgoteo

de la botella

que escuchan

el diálogo y oyen· el

sobre

el blindado

gaznate

del te-

-¡Dequen

las

¡Que role; que

-dicen

a una voz los trece hombres de tropa. Mientras coronan la tecolota, ponderan con frases en- trecortadas, para no dejar escapar el humo, las excelencias

de la juanita.

A los tres minutos nadie siente el frío. Levantan la rienda a los caballos, los lanzan al galope;

una endemo-

se dan caballazos, echan alaridos

niada algarabía,

y provocan

que hace detener al teniente,

alarmado.

-¡Azte que te cai jabón

! -dice uno dando un ern-

niente,

refunfuñan duramente

sobre el·proceder

.

del sar

pellón al sargento.

gento.

·

·

··

-¡Choca!, ¡choca!, ¡choca!; [fúl, ¡fú!, ¡fú

! Aquí vie-

,

-Nosotros

seremos de hule

¡Sí, nos vieron cara de

ne la Ferrocarril

Central -grita

otro pasando

de frente,

a

.

·

hijos de