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LOS CRISTEROS

(1937)
José Guadalupe de Anua

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LA MATRACA
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1980 '
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LA MATRACA
LA MATRACA José Guadalupe de Anda
19
LOS CRISTEROS

'•lj; 7.

Ci.J-..

del folletín a los cristeros ....


PREMIA editora s.a
PRESENTACióN

F-
José Guadalupe de Anda nació en 1880 en San Juan de
~ Planeacián y produc:ci6n los Lagos, entonces región recién incorporada, tras carios
Dirección General de Publicaciones intentos separatistas, al estado de Jalisco. Realizó estu­
y Bibliotecas/SEP y Premiá Editora de Libros, S. A.
dios superiores y trabajó como jefe de estación en los
Superuisión Ferrocarriles Nacionales, puesto que desempeñó hasta
Hilda Bautista, Rafael Becerra, Carlos Mapes, 1914, cuando se incorporó como civil a la revolución, dan­
Enriaue M. Limón. Félix Moreno e Hilda Rivera. do comienzo asi a su carrera política, que duraría 16 años.
En 1918 fue electo diputado por el distrito de Los Altos,
y en 1930 fue electo senador por Jalisco. ·
Como novelista, de Anda encontró su vena en el mo­
f.·
1
vimiento cristero, que desató una época de lucha y violen­
i
r. cia en México entre 1926 y 1929, durante la presidencia
~ del general Plutarco Elias Calles.
Las tres obras más importantes de este autor son: Los
cristeros, Los bragados y Juan del riel.
Los cristeros (La guerra santa de Los Altos) ( 1937)
© Derechos reservados por los coeditores: ha. sido considerada fidedigna en relación a su ambiente
Consejo Nacional de Fomento Educativo histórico, debido a su imparcialidad; en esta obra, de
Thiers 251-lo. piso, colonia Nueva Anzuree
15590 México, D. F. Anda reprueba los excesos y crueldades de ambos bandos.
Premiá Editora de Libros, S. A. Narra con gran eficacia un periodo de la lucha en Los
Morena 425-A. colonia del Valle Altos, región donde el movimiento cristero tuvo especial·
03100 Méxice, D. F.
intensidad. Por otra parte, Los cristeros tiene cualidades
ISBN 968-434-268-3 literarias suficientes para considerarla una de las novelas
más importantes de su tiempo. · ·-·· · ..-··t~·
Impreso y hecho. en México Los. bragados (1942) es, hasta cierto punto, una se­
Printed and made in México cuencia. de Los cristeros, aunque no centra su trama en el

..' ' :.:·~·-·~·,


movimiento cristero. Algunos estudiosos han oisto una
mejor técnica literaria en esta novela.
Juan del riel ( 1943) es una novela sobre la lucha fe­
rrocarrilera. Se le considera un valioso documento histó­
1 rico­social. J. GUADALUPE DE ANDA
1
José Guadalupe de Anda murió en la ciudad de Mé­
xico en 1950.
1 La novela que aquí ofrecemos, Los cristeros, fue reim­
ij presa en 1941. La presente edición se basa en la versión de
¡
>
1937, excepto por la acentuación, que fue modernizada.
'
E.M.L.

LOS CRISTEROS
La Guerra Santa
­­en lo• Altos

MEXICO
IMPRENTA MUNDIAL
1937

8
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• .' ;,. ;1··· •... ,;­ ••• • ......

EN LOS PIRULES
,:
!'
¡

-¡Ave María!
-¡En gracia concebida!
Don Ramón se baja del caballo y se sienta en el poyo
de piedra que se extiende a lo largo del patio, donde des-
cansan doña Maria Engracia y doña Trinidad.
Es la hora romántica de los crepúsculos, cuando las
aguas dormidas de las "tanques" se tiñen de sangre y
aparecen tupidos batallones de tordos bullangueros, en-
. negreciendo el cielo.
Pero aquella gente no sueña ni se conmueve con estas
cosas. Doña Trinidad hace cuentas con los dedos sobre los
días que faltan para que salgan las gallinas echadas, don
Ramón se quita las espuelas haciendo cálculos sobre el
número. de toros que hay listos para la capazón de la
semana próxima, y doña María Engracia, con e) rosario en (
la mano, reparte sufragios, equitativamente, entre todos
sus muertos.
-¿Cómo t.e fue, hijo?
. -Pos bien, madrecita; arreglé el asunto de Policarpio,
mejor que lo que yo creiba. Mil pesos al juez, quinientos al
diputao, una vaca parida y una carga de calabazas al secre-
tario, fue todo lo que costó la muerte de Estanislao. Con
esto, Policarpio ya quedó tan libre como Jalisco; ya puede
bajar al pueblo.
-¡Vaya, bendito sea Dios ... ! Después de todo, él no
tuvo la culpa: tres contra uno, no hizo más que defenderse _ ·.·
¡Hasta cuándo, Dios mío, se acabará esta larga cadena
de muertos! -exclama suplicante, levantando los ojos al

11
.•.
..•
cielo-. Primero, mi difunto Raymundo; después, mis dos ~'. -Pero qué culpa tienen esos probes hombres. : : Ellos
hijos, matados por esos maldecidos Hurtados. . . ¡Y toda · ni mandan, ni dan las leyes; lo único que hacen es estar
esa malquerencia que viene desde hace tantos años, haber · ~·· pegaos como becerros mamones a las ubres del gobierno, .y
sido por unas cuantas cañas!; ¡por un daño que no valía esquilmar al prójimo con las contribuciones y las mordidas,
doce riales... ! Pero su Divina Majestad, que nos ve y nos que antes se llamaban buscas ... Que por lo tocante a
juzga, ha hecho justicia: de los Hurtados, ya van cinco creencias, y pa' que no se les caiga el giieso, podrán decir y
con éste ... gritar ¡que viva la revolución! y presumir entre ellos de
Al resultarle favorable la cuenta de los muertos, la comer curas y acabar con los santos; pero si les abres la
abuela calla; satisfecha y conforme con la ventaja ... camisa, verás cómo llevan una torta de rosarios y escapu-
-¿Y el pueblo, cómo está? larios, y a las escondidas van a misa, rezan y se confiesan
-¡Uy!, ¡uy!, ¡uy!, madrecita! Haga de cuenta un como todo buen cristiano.
camposanto; ni un alma en la calle; todas las casas cerra- ''Y eso no creas que es nomás con los empleaditos de
das.como si hubiera muerto tendido; las tiendas a medio a cuartilla; no, Maria Engracia, eso lo ves en algunos
abrir, y las campanas toque y toque todo el santo día, diputaos y en munchos de los grandes políticos, que en
para que la gente pida a Dios que remedie los males de cuanto sacan la tripa de mal año, cambian de parecer, y
la Iglesia. ansí como te digo, por un lado vociferan y hasta quisieran
Llegan tío Alejo y Felipe, el hijo menor de don Ramón, empedrar las calles con cabezas de curas; pero si los oservas
y se incorporan al grupo. bien y vas a sus casas, te encuentras con que sus viejas
Muge la vacada entrando a los corrales. · tienen las paderes cubiertas de santos, y a sus muchachos
Berrean los becerros. los mandan a las escuelas de paga, con los padrecitos, pa'
Alegan en voz alta, en disputa de campo, las gallinas. que se hagan santos, alternen con los niños decentes y no
Traquetean a lo lejos las carretas, camino de los trojes, se revuelvan en las escuelas del gobierno con la gente
y se presentan las primeras avanzadas de la noche... pelusa ... "
·-Hora con lo del boicot o como se llame -prosigue -Eso a mí no me importa. Pa' mí, chicos y grandes,
don Ramón-, no se oye ni un ruido, ni suena una cuerda todos los del gobierno son unos desgraciados que deberían
por las calles, ni dejan vender los siñores de la Liga "ape- estar ardiendo en los infiernos. Ora, si no fueron ellos,
tito" cual ninguno; por eso no les traje el bocadillo de ¿entonces quiénes cerraron los templos y corrieron a los
coco que tanto les cuadra. ¡Cómo estará Ja cosa que a los probes padrecitos? .
probes empleaos del gobierno no les quieren vender ni un · -Pos asegún oi dicir allá en el pueblo, en presiencia
tlaco de sal ... del coronel Limón, La Zorra y Moisés La Changa, jueron
-¡Muy bien hecho! -dice airada la abuela-; a esos los mesmos padrecitos que se declararon en güelga, porque
infelices ni agua... Veneno era bueno que les vendieran no les cuadran las leyes del gobierno, y dijeron: "nosotros
para acabar con ellos... no tenemos más jefe que el Papa; no nos registramos, ni
-¿Pero por qué, Maria Engracia? -se interpone tío dicemos una misa más, ni bautizamos, ni echamos respon-
Alejo. .
sos. . . " y se 1ueron... .

-¿Y me lo preguntas? [Brutol ¿Qué no has visto Jo -¡Qué leyes, ni qué güelgas, ni qué nada! A mí no me · - ·-~- ·-
que están haciendo con la Iglesia y los santos padrecitos? enredes con tus cuentos; ya te digo, todos, desde el más
¡Bestia! grande al más chico, de la gente del gobierno, son una
.13
¡.

.pandílla de...
-¡Ah!, se me olvidaba -vuelve otra vez don Ramón-:
Llega Policarpo cantando, con una reata en la
Es el h110 mayor de don Ramón. . ·
mano..·. •. .
· · . · . ··
al rnaistro de la escuela del gobierno, unos curros lo echa- ., .. -O!e, tú -le grita éste-, ordena que les den agua¡.a.··.
ron a la presa con todo y trapos, porque dizque les decía las bestias y las suelten en el potrero de enmedio, y luego·
a los muchachos que no había Dios. · vas a ver cómo está de pastura El Carey.
-¡Alabaos sean los Santos Nombres! ¿Y se salió el . -Pero, hijo, ¿onde tienes la cabeza? -le observa
condenado? -pregunta temblando la abuela-. · car~ñosamente doña Trinidad su mujer-. ¿Qué ya te se
-Sí, como ratón hogao en la manteca; todo atascao olvidó que mañana tienen que ir tú y los muchachos a ·fa
de lodo, después de haberse tragado un cántaro de agua pelegrinación de desagravio a Nuestro Padre Jesús, que
!'
!'· cuando menos. va a haber en Caballerías, después de misa? Si sueltan los
-Pos yo, en lugar de esos señores, le había amarrao caballos, mañana los agarran a modo de árguenas y van a
í: una piedra en las patas pa que nunca hubiera asomao la llegar allá -mala la comparación-, como la recua de. tío
cabeza ese impío... Gargajo ....
-Pero, hombre, María Engracia, ¡qué corazón tan -Que por floja y cansada toda en junto valla un
negro! ... -mueve la cabeza tío Alejo. puro ... -:-termina la frase tío Alejo.
-¡Tú cállate, viejo cara de cuajo! ... ¡Arrastrao!, que -Caballerías no está ai nomás traslomeando -con-
en lugar de estar con el rosario en la mano, pidiendo a tinúa doña Trinidad-, hay que madrugar y talonearles
Dios misericordia, porque ya andas "dando las tres y macizo a los caballos pa llegar a buena hora.
últimas", con las patas como quien dice en la sepoltura, · · -No, no; suéltenlas, suéltenlas; tenemos muncho qui- . 1
estás defendiendo a los maldecidos judíos del gobierno. . . ·" hacer mañana. .
Tío Alejo ríe con socarronería, tuerce un cigarro de -¿Cómo, cómo, cómo... ? -inquiere, alargando su
hoja; saca su eslabón y su yesca y a poco su cara de ermi- percudido pescuezo doña Engracia. .j
taño se ve envuelta en un :reguero de chispas. . -Que ai iremos otro día a la pelegrinación, porque · •.j'

mañana hay muncho quihacer, "·

Noche de plenilunio, de dulce tranquilidad campesina.


Ladran los perros, espantados con las sombras, y en
-No, señor; Dios primero que todo.
-Pero, madrecita ... tenemos que reforzar la presa,
.. 'j
el monte aúllan los coyotes. capar.unos puercos, curar unos bueyes y preparar la tierra
En los jacales ronronean los metates, lloran los críos pa'l trigo. No podemos ir.
y se escuchan lánguidas canciones lugareñas, acompañadas - Ya le digo a usted: Dios primero que todo. Él pro- j
por un organillo de boca. veerá. '
Don Ramón se rasca la cabeza contrariado; pero no
De la Sierra, morena, puede desobedecer a su madrecita. .
vienen bajando, -Mira, hijo -le dice notando su contrariedad-: al
un par de ojitos negros, que es buen cristiano Dios lo ayuda. San Isidro labrador,
i: ¡Cielito lindo! . cuando andaba en este mundo arando la tierra, dejaba el
de contrabando . .. arao a medio surco y se ponía en oración; entonces, Dfós"
Nuestro Señor, en recompensa, mandaba una pareja de
ángeles que siguieran arriando la yunta. . . i Y vieras visto
14
v: cosech~nes levantaba el santo ... ! Lo mismo que San
a~ual Bailón, cuando se ponía a hacer la comida, lromás
alegrada con canciones y balazos ¡que hasta la barranca-.
. se oiga ... !
. .
-¿ Pero ya tan VIeJO ....
?

arru'!1!lba las ollas a la lumbre, y cuando volvía de su -¡Adiós, tú ... Si el corazón no envejece, el cuero es
f raci~n, se encontraba con unos guisos que le habían hecho
os nus~os ángeles ... de esos de chuparse los dedos ...
el que se arruga; todavía se me rebullen las ganas aquí
adentro ... ¡Mah. , . !
1 -
b , Ási es que no te preocupes por los bueyes y las siem-
ras, que Dios te ayudará. . .
1
.
! -:Pos sí -murmura a media voz tío Alejo-; ¡nomás
En mita~l de la cocina encalichada, iluminada con un
mechero que pende de la pared, está la mesa de palo, cu-
que si nosotros no le buyemos al quihacer, no hay espe- bierta con un limpio mantel de manta cruda. En derredor,
r~n~s de que ora vengan los angelitos del cielo, a damos burdos platos vidriados, grandes jarros de leche, y un riquí-
siqwera una manita ! simo queso fresco enrnedio.
-¿Otra vez tú ? ¿Qué estás diciendo? Don Ramón y sus hijos se acomodan dejando recar-
-No, nada, hermana, que mañana, Dios mediante, ~ados sus sombreros en las patas de las sillas.
clauando ~anezca ya vamos caminando pa Caballerías a Tío Alejo se sienta con los pies a lo largo, cerca del
pelegrmación. fo~ón .
. d -10iga, tí~Alej..o, y a propósito, ¿qué ha ~í~o decir por Los perros descansan en los cuartos traseros, en derre-
ª 1 e a pelegrmac1on? -le pregunta doña Tnmdad. dor de la mesa. mirando con ojos suplicantes a sus amos,
+Pos ná tú, cuentan unos que pasaron esta mañana y el gato. echado en un rincón, murmura haciendo girar
por Cab~Ierías, que aquello está que no hay ónde poner sus Qjos fosforescentes.
una1 abuJ~ del gentío; haz cuenta el mero día de la Virgen Doña Trinidad sirve la cena.
en a . fen~, de San Juan. Porque a más del rezo y la Una robusta campesina de senos abultados y gruesos
pelegrinac1on, hay danza, loterías y bochinche; dicen que hrazos desnudos, aviva a resoplidos la lumbre del comal
han lleg~o unas chaborras de por ai de León, ¡que hasta pma que no falten las tortillas que engullen con envidiable
la pala JUmea ... ! ¡Tú verás, pa mi genio! Y o que me apd ito y asombrosa rapidez los tres rancheros.
~asaba toda una semana de jilo en un fandango, y casi La ahueln. en su silla bajita, pegada a la pared, con
siempre lo acababa a balazos ... d rosario en la mano, sigue en la piadosa tarea de sacar
-¡Válgame Dios, tío Alejo! ¿Ansina de rnalaveri-. ánima» cid purgatorio.
guado?
-¡Hamún. m<ls Irijolitos, otro jarro de leche! =insinúa
:-Pas qué queres; ese era mi gusto; pero no pasaba solícita v afable doña Trinidad.
de he · · Hasta orita mi concencia está tranquila, porque El ranchero mueve negativamente la cabeza; da un
no e matao a ningún cristiano... . chasquido esrrepitoso con la lengua, chupándose los bos-
ch -¿Cómo? Pos no contaban de un tal Bias El Tacua- cosos bigotes para limpiarlos de la leche que escurre por
. e .. · · Que había usted matado en el pueblo. ellos. y comienza a cabecear.
· , -¡Ah!, sí, Bias El Tacuache ... Pero ése era un pole- -¡Oye, tú, Alejo, ¿y qué se sabe <le hola? -le pregunta
. .. . . cia. · · Todavía ora -prosigue impertérrito tío Alejo-, pri- doña Engracia, luego que hubo terminado de rezar .sus .
. r , _!'1e~'atnente me voy a vesitar al Señor de la Humildá, y oracrones.
· _;jlu go a buscar una chaborra pa echar una rebalseada, -Pos hombre, María Engracia: la cosa está que

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·:~.

.. ~ . . · · temor. . . die~a. Aseguran que el padrecito Vega anda ya ¡qué se iba a meter en otra!, si cuando.la Cbinaca, votrió :·." ..
con.más de ~~en ho~br~s por el. R~ncón de Chávez; que el· tuerto, cojo, muerto de hambre y empiojado. .. . . . . ·
tuer to Damián trai mas de veinticinco endevidos por el Y se encontró su ranchito hecho garras; su e;asa·h&s.tlt
rumbo ~e San Gaspar, y que un tal general Valijas, de sin puertas; con los puros adobes. De animales, no ie
Tecualtich~, Y un tal Juan Siete Pistolas, andan juntando habían dejado ni los perros, y lo más grave. del caso; .. a
gente. Ansí es que ya verás; anda muy revuelta la cosa ... Genoveva su mujer con una cría de tres meses, después
Y no creas, aquí también se nota muncho desasosiego de haber estado separado de ella por más de dos. años. .. '•
entre la gente. ~l día menos pensao hay un Ievantadero ... Tan . buen creyente como 'don Ramón, se confesaba
¡que hasta rechinen las cueras ... ! cuando había misiones y. traía el peludo pecho constelado ·
. -Pos yo no sé lo que esperan +vuelve a agitarse la de medallas, reliquias y escapularios. De todos medos, 'a
ancrana-c; yo, de hombre, desde cuándo andaría ya en las revoluciones les había cogido asco, y a los padrecítos
la bola ... -y voltea hacia la mesa donde están los tres los veía con recelo. Sólo Policarpo sonreía y aprobaba con
hombres-. ¿Pos qué es poca cosa lo que han hecho esos marcados movimientos de cabeza, los reproches y. desaho-
~aldeci~os judíos del gobierno con quitarnos a Dios de- gos de su abuela. ·
jarnos sin misa, sin confesión y sin padres que lo auxilien Carácter aventurero, valiente, fanfarrón; buen tirador,
a uno a la hora de la muerte? amante de las armas, los caballos y los balazos. Si en la
D.on Ramón, '!ªe la ~scucha, aviva el cabeceo; lan~. . revolución del 15 ha tenido la edad, hubiera sido uno de los
estrepitosos ronquidos, simulando estar dormido, y se '; famosos generales de Villa.
rasca con funa los sobacos. · .: · Por eso en esta ocasión estaba encantado de la opor-
~l no era de armas tomar, ni le gustaban las bolas. tunidad que se le presentaba para llegar a general.
Era un hombre de paz, que no se metía con nadie· un -Pos sí -prosigue la abuela-; en todas partes. hay
hombre de labor, que fatigaba desde que Dios amanecía buenos cristianos que ya andan defendiendo su religión;
hasta el anochecer. pero lo que es por estos rumbos parece que ya se acabaron ·
Para él sus tierras, sus animales, sus tratadas, sus los hombres. ¡Están viendo que se persigue a los probes
caballos, y san se acabó ... ¡Qué se iba a meter en camisas padrecitos como si fueran unos criminales; pior que perros
de once varas, ni qué le_ iba a buscar tres pies al gato ... del mal; que se meren a las iglesias. y . se . roban cuanto
Un buen creyente si: año por año hacía los ejercicios incuentran, machetean santos y hacen estropicio y medio
cuaresm~les y descargaba su conciencia; rezaba al acos- con las cosas divinas, y es lo mismo; se quedan con tamaña
tarse, ~a~a~a los domingos a misa y pagaba sus diezmos carota, nomás diciendo: ¡miren qué caso ... !
con relig1os1dad. -¿Quién t.e ha con tao eso, María En gracia? Son men-
Felipe, ~studianU: destripado del Seminario, había tiras. En esta ocasión, ni se han metido a las iglesias los
dado un radical cambio de frente. Estaba convertido en "pelones" ni han macheteado santos, ni se han robado
un hereje, según el decir de las mujeres. nada. ¡Vieras visto cuando la Chinaca ... ! Antonces sí,
Y como ni su madre .ni su abuela sabían leer, en lugar Rojas, Blanco, Pueblita traiban a los padrecitos de la cola, ·
de ~ext<;>s sagrados y latmes, leía novelas audaces, libros :ij macheteaban los santos y se llevaban cuanto . se. íneon-
anbclencales y socialistas, y formaba parte del grupo ·;,¿ . ·· · traban en los templos. Solamente del Santuano de San-_,"'"··,.
avanzado del pueblo. i°" Juan, se sacaron veinte carretones cargaos con puros pesos
Tío Alejo, que ya sabía lo que eran esas revoluciones, fuertes, y se hubieran . llevado hasta el templete de 18.
18 18 . ¡:,.'.;
Virge~ si no se quedan engarruñaos, como castigo, los que desatado la lengua a su incrédulo sobrino. .
le pusieron mano Pª. levantárselo. ¡Ora qué ... !, ni ha Felipe se retira, apenado de haber causado semejante
,,
habido esos abusos, m la gente, safao aquí en Los Altos exaltación a su abuela; mujer sencilla, compasiva y buena; . ,
tiene ganas de peliar por esto! No, María Engracia ya .. pero en el caso religioso, intransigente e inexorable como .. J
':.
pasó la época de esas guerras. · ' un inquisidor. , .
. í

-Es verdad, tío Alejo. Ahora sólo se pelea por la rei- Todavía temblorosa la abuela, comenta con tío Alejo:
vindicación proletaria· -tercia Felipe, haciendo alarde de . - Todo eso lo sacó Felipe de juntarse con los catrines
erudícíon-, Por matar en esos hombres de espíritu fenicio, . del pueblo, y de ai viene que esté hecho un .fariseo de
que se llaman patrones, esa insaciable voracidad de oro ese descreído· te aseguro que ya no sabe rezar m el Padre
callo de lucro con que tienen cubierto el corazón y la con- Nuestro. ~ . Y de todo tiene la culpa este viejo pachorrudo
ciencia, para que el trabajador mejore sus condiciones de de su padre ... Yo, en su lugar, desde la hora y momento
vida; gane mayor salario y adquiera derechos que nunca que el muchacho no quiso seguir en el seminario, lo había
ha tenido. · · pegao al arao y le había puesto una cinchiza que hasta
La abuela está desconcertada, oyendo aquellas cosas el mismo Niño Dios hubiera hecho pucheros .
que jamás había oído. · La casa de Los Pirules quedó en silencio.
Tío Alejo, asombrado de la elocuencia del sobrino Afuera, sobre los campos dormidos, resplandecía una
está boquiabierto sin perder palabra. ·' luna como la mitad del día.
. -Ahora se pelea -prosigue Felipe- por quitar a los Y de entre los milpales rumorosos salían como lamen-
terratenientes las tierras que se han robado, para darla a tos las atipladas voces de los veladores, cantando el Ala-
la gente del campo, que es la que la cultiva y fecunda con bado ...
su sudor y esfuerzo. . . Ya pelear por los santos es cosa
muy aceda, eso ya pasó a la historia, convencida la gente Por allí pasá Jesús.
de que por la mediación de aquéllos, ni se les ha aumen- Lleva una soga en el cuello
tado el mísero salario, ni se les ha dado una vara de tierra. y carga sobre sus hombros
Hasta ahora no s.e ha sabido que San Crispín, zapatero, ni una muy pesada cruz ...
San Pascual, cocinero, hayan bajado del cielo a intervenir Gracias te doy, Gran Señor, y alabo tu gran poder.··
en las huelgas. Ni que San Isidro labrador haya venido a
hacer causa común con los camaradas agraristas -y eso Cinco mil azotes lleva
que cuando anduvo en el mundo ha de haber estado igual en sus sagradas espaldas...
que nuestros pobres labriegos: a ración de hambre- . Y una corona de espinas
-¡Cállate, mal hablado, flasfemo, lengua de sapo ! que sus sienes taladraba...
-estalla la abuela-. ¡Meter en tus herejías a los santos del
1

:~~ \· Gracias te doy, Gran Señor, y alabo tu gran poder. · ·


delo ... ! ¡Alejo, dame de ai un tizón pa quemarle el hocico
a este condenado, que ni parece ser hijo de quien es... !
,¡Vál~~meDios bendito, lo que nunca había pasado en mi
familia, de tener entre ella a un fariseo, a un masón ... !
¡Santo Dios de mi vida ... !
Tío Alejo se queda patitieso, arrepentido de haberle

20
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¡¡ •
1
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LA PEREGRINACióN

Todavía brillaban las estrellas.


Don Ramón asoma la· cabeza por la ventana de su
cuarto que cae al patio; escudriña el cielo buscando el luce-
ro del alba, y se retira exclamando: -¡Ah, chispeaol; ¡ya
. comenzó a alear la grulla! ¡Ya es hora, muchachos ... !
Policarpo y Felipe se levantan con presteza.
Tío Alejo ya anda en el con-al alistando las bestias.
Doña Trinidad enciende la lámpara de alcohol para
hacer el chocolate en agua que siempre toman al levan-
tarse· aquellos rancheros, y doña María Engracia, todavía
recostada, masculla con voz ·gangosa sus primeras ora-
, clones. · ·
Cada quien ensilla su caballo.
-Oye, Felipín, ¿pos pa qué ftiites a agarrar· ese caba-
llo? ¿Qué no sabes que los caballos tordillos y los pendejos,
se echan de ver dende lejos? . . . ¡No, saca· la potranca
alazana ... ! .·
Felipe ríe y cambia de cabalgadura.
-¡Hombre!, ¡hombre! -vuelve otra vez tío Alejo con
Felipe-: acomoda bien tu freno; qué no ves que el que al
enfrenar su bestia no le arregla el capote, es sacristán o
padrote ... Esta es ley de los rancheros.
Ya casi revienta el día. Comienzan a percibirse los
primeros rumores del amanecer, y los gallos inician su
alegre trompetería.
· · · Embozados hasta el cuello en sus pesados jorongos,
don· Ramón y sus hijos abandonan Los Pirules, rumbo a
Caballerías.

23
Al final, tío Alejo, con sus cueras bordadas y su som- dices con cuánto juega, a qué horas y ónde, · . . . ,·
brero de vueltas, tararea con voz ladina: El ranchero se da un restregón de barbas Y mira. CQn
disimulo el encuentro, la anchura, la riñonada Y las patas
Y a están cantando los gallos, del caballo de don Ramón.
chaparrita, ya me uoy ... -No, siñor amo; es muncha .bestia la suya pa' mi
probe animal.
Al entrar al camino, feligreses más madrugadores ca- -¡Hum ... ! Vienes muy negao, Chancharras ... ¡Qué
minan en grupos hacia la Congregación. muncha· bestia, si es un vil garrote ... ! Por lo demás, con
-Buenos días le dé Dios, don Ramón. miedo que tengas, basta. . . .
-Buenos te los dé a ti, Chancharras. -¡Mire l'amo: pa que vea que soy salidor y que no
-¿Pa' onde va su mercé? conozco el miedo se la cambio; yo corro su caballo. le doy
-Pa' Caballerías; a la pelegrinación. claro y el lao de l~ vara, y se la juego con doscientos pesos
-¡Ah!, pos yo también voy pa' allá; si gusta le haré y doscientos riales para luego, luego...
-¡Ja!, ¡ja! ¡ja.. , ! Ah qué diablo eres, Chancharras!
compañía. · Ora sí que quise salir a robar y me salieron los ladrones. ~ .
-Sí, arrímate. ¿Qué sabes de la refolufia; se vendrá la
-Pos sí, l'amo; su mercé quería hacer abujeros onde
bola?
-Pos oiga, ramo, yo creo que sí. La gente, y sobre hay tuzas ...
todo las mujeres, están muy alebrestadas. Nicolasa mi Se quedan silenciosos. ·
Los caballos pespuntean el camino, alargando el pes-
mujer dende ayer no me ha dejao en paz, haciéndome
cargos de conciencia si no venía a la pelegrinación. Y usté cuezo, queriéndose ganar uno al otro la delantera.
sabe, don Ramón, lo que son las mujeres ... Sobre todo · Felipe dormita, con la cabeza clavada sobre el pecho,
cuando train encima a los padrecitos, no lo dejan a uno suelta la rienda de su cabalgadura.
ni resollar; todo el santo día están friegue y friegue... Tío Alejo no ha dejado de cantar:
"No embargante de que dejé mis laborcitas tiradas,
aquí me tiene en camino pa' la pelegrinación; pero hasta Ai viene ya la máquina pasajera .
ai nomás, que lo que es la bola no me meto." Ai viene ya la Ferrocarril Central .
· -Haces bien. A ver, ¿qué trais? ¿qué compras? ¿qué Te acercates a los rieles, comensates a llorar. ,
¡No te acongojes, Chatita, que no te voy a deiar!
¡·.. vendes? ¿con qué tratas? •
-Pos l'amo ... ¿Con qué quere que trate un probe
1

1.
'. -Ábranla que lleva bala ... ! -grita Policarpo, abrién-
....
1::
como yo? dose paso a caballazos en un grupo de rancheros amigos.
-Con algo, hombre; ya ves que a mí me gusta el
rejuego; no en balde me dicen Ramón "tratadas".
­­¡Donde andan las aguilillas, no rifan los ga.vilanes,
-Pos sí, señor; pero ...
ni las naguas amarillas aunque les pongan olanes ...
-Te haré una carrerita.
El ranchero aguza los oídos para no perder detalle.
-Mira: le echo este matalote, orejas caidas, en que ¡Aquí está Policarpio! Y al que no le guste el "aigre", ... -···-·-
voy montado, que como ves ya no puede ni con las pezu- que me chifle. . . la tonada ...
ñas, a esa yegua retinta que trais. Tu boca es medida: tú
.25
... · .·.
Y a se divisa el parduzco campanario, a cuyo derredor se y echando bendiciones con la pistola, y luego allá· El Q.>- .
agrupa el caserío, ceniciento e informe, con sus corrales de yote, oiga qué alaridos tiene. Y eso que vienen a desagra-
ramajes y piedra, órganos y. nopaleras. viar a Dios Nuestro Señor ...
'. El villorrio parece asfixiarse con la aglomeración de .," -"Y por miedo a qué Coyote no baja mi chivo a la
1
tanto peregrino que congestiona sus retorcidas callejas, y agua!" =grita El Tragarratas rayando enloquecido al . ·
t:. t todavía sobre el camino real y veredas que bajan cule- caballo tordillo que monta .
l ¡
!
breando de los cerros, se escucha el ruido de caballos y la -"Y nomás no regüelvas la agua, porque ansí l'as de
alegre algazara de creyentes que llegan, atentos al llamado beber, ¡jijo de la pintada.: J" L-e contesta el Coyote, arris-
del padre don Filiberto, amantísimo pastor que cuida de cándose el sombrero.
todo aquel rebaño de fieles cristianos. -¡Canijo! Si parece que andan enyerbaos =comenta
1: A la entrada del poblado, de trecho en trecho, sem- tío Alejo-. Esto me güele a plomazos ...
bradas a los lados del camino, aparecen hileras de cruces Al pasar los peregrinos frente a las cruces, se descu-
entre los matorrales. "· bren respetuosos, persignándose y mascullando oraciones.
·...
Unas, grandes y suntuosas, bien pintadas, miran, er- "Hoy por ti y mañana por mí" -dicen al reanudar su
- guidas, hacia el cielo. Otras, humildes y pequeñas, desla- camino.
vadas ya por las lluvias y el sol, se inclinan abatidas hacia La noticia de la peregrinación atrajo hacia Caballerías a
abajo. los fieles creyentes del contorno y de lugares y rancherías
Con leyendas inscritas en sus brazos abiertos, deman- remotas.
dan suplicantes un Padre Nuestro y un Ave María por las Las callejuelas y la terregosa plazoleta· del villorrio,
ánimas de los que allí han caído. están henchidas de gente.
"Donde no hay cruces, no hay hombres", se dice por Podría creerse que aquello era una feria. Hay puestos
allá. Y aquella es tierra de hombres. de comistrajo y baratijas en torno de la plaza y al hilo de
Caballerías, el cantón de los valientes, a donde se va las calles.
a misa los domingos y fiestas de guardar, y luego, a la Murgas callejeras, que tocan lánguidos corridos, orga-
salida, a buscarse los que tienen agravios entre sí; cues- nillos llorones y loterías.
tiones de linderos, daños por ajustarse, rencillas y renco- De todas partes se eleva un rumor de turbamulta.
res pendientes, para liquidarlos a balazos. Ladridos de perros huraños, rezongos de cerdos vaga-
Es el lugar de cita de los panteras: de los abrabados, bundos, relinchos de caballos alborotados; ruidosas carca-
donde se goza de toda impunidad y se tiene la ventaja de jadas y gritos destemplados de resgatones y baratijeros,
contar con el santo padrecito que se encarga de conducir · En el centro de la plaza, las piramidales copas de los
al cielo las almas de los que caen y colocarles su cruz ... sombreros de palma surgen de entre la multitud, como
¡Qué ventaja mayor! cornamentas de reses encorraladas, y heridas por los rayos
1 •
-Oiga, tío Alejo, esto me da mala espina -:-le dice de] sol, brillan en los cuadriles de los santos peregrinos las
1 .;:
don Ramón-. Se me afigura que aquí va a haber un San siniestras quijadas de las pistolas.
Juen rasgao ... Fíjese, los meros apanteraos; los. matones Estampas de santos y trapos multicolores adornan las ,
que nunca asoman las orejas por otras partes, porque los '-~' d e 1 as carconn idas casuc h as de a d obe. , chaparras y·--.,....,.-~'
puerl.4.c;
!. trai de la cola la justicia, son los primeros en armar el contrahechas, y en la parte superior, inscrito con cal sobre ;
borlote, Mire cómo anda el Tragarratas perdonando vidas los muros: "¡Viva Cristo Rey!" 1
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···~·"·~. . ,;::iirtitériAAi
. . ..~ .· .... . . ; . . ·.: !S. h~;~~;~>=:.~\.:~:· 1
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Las dos campanas del templo, que suenan a cazos aniquilarlol: ¡hasta acabar con· el último judío de ~H~f1>. ~ ·'; ·. l
rotos, parecen despedazarse, enloquecidas, dando la última -grita enardecido. . '.·. · ·~
llamada. . Los labriegos se miran entre sí, sorprendidos del 'sesgo !.
Se produce un sordo rumor entre la multitud, y los aue se está dando a la peregrinación, . ,
santos peregrinos con el sombrero en la mano y la frazada Felipe los observa y nota cómo tosen los hombres de ~
a rastras se precipitan en tropel hacia la iglesia que está bien para disimular su turbación y fijan sus inquietas mira-
engalanada como en las grandes festividades. Por doquiera das en la doliente cara del Divino Señor, como interro-
brillan los cirios y aparecen ramilletes de flores de papel; gándolo, o voltean alarmados hacia los santos, cuyo aspecto
de las vidrieras se destacan aureolas de oro, que van a 'inmutable los confunde, obligándolos a inclinar la cabeza,
iluminar los severos rostros de los santos. resignados, perplejos.
Al entrar, el cura los forma de cuatro en fondo Y Descubre las miradas expresivas de los turbulentos,
pasan a besar las laceradas manos del Señor de la Hu- que parecen decirse: "Ya se hizo" ... Y contempla al fin
mildad. el aspecto bonachón de los irresponsables, que sólo bos-
Aquello se asemeja a un desfile bíblico: Van ahí tezan, se arañan la cabeza con sus uñas ganchudas o se
hombres de aspecto judaico, altos, recios, barbados, cabeza · rascan con displicencia los sobacos.
enmarañada y boscosos bigotes. Quiere retirarse; pero es imposible, las puertas están
Viejos encorvados, de caras apacibles y luengas barbas bloqueadas de gente. Por otra parte, no quiere contrariar
blancas, que parncen profetas. . a su padre; hombre de buena fe, sano, sencillo, que está
Muchachos montaraces, de cara rubicunda, ojos azu- abierto de brazos, en cruz, rezando una estación con los
les, muertos e inexpresivos, que parecen venidos de las ojos cerrados; ni tampoco lastimar el sentimiento religioso
tribus de Abraham. · de su madre y su abuela, que con tanto interés los mari-
Al retirarse, se abren las bocas de las víboras, se desa- daron a la peregrinación.
tan los nudos de fajas y paliacates, y por largo ra~o se Se resigna a seguir escuchando aquel sermón, que más
oye el metálico gotear de las monedas sobre la reluciente que esto es toda una proclama subversiva.
bandeja. -Hay que ir, pues, a la lucha -prosigue ~l .señ?r
Después, sentados en el suelo, sobre sus fra~d~, el cura-, a morir por Dios Nuestro Señor; a exterminar sm
sombrero entre las piernas, escuchan con todo racogimiento consideración a los impíos. Los que caigan, desde ahora
...'•
el sermón. . les digo que encontrarán abiertas las puertas del cielo. Los
-Como los Cruzados en los heroicos tiempos de I.a maloscristianos, los católicos tibios, los timoratos que no
Iglesia, nosotros, soldad~s. de Cri~to, debemos u a morir oigan en mis palabras la voz del Señor; los irresolutos que
por Él -dice con voz patética el parroco. no atiendan el llamado que Dios Nuestro Señor les hace
"Este gobie1no impío, después de habernos arre~atado por mi conducto, que se queden en sus casas, que al fin Su
¡ el patrimonio de la Santa Iglesia; después de hab~r d~ctado Divina Majestad se los tomará en cuenta a la hora de su
leyes que nos amordazan y conculcan l~s conciencias d~ muerte, y sentirán en vida el peso de su justicia.
los niños, nos cierra los templos, nos pe~s1gue com~ a unos Los labriegos se agitan inquietos y sacuden azorados ....
criminales, y nos quiere arrebatar a D10s, entregandonos ·tas revueltas cabezas, mirando hacia todas partes. Algu-
maniatados a Satanás ... nos, impresionados, se inclinan con humildad y se golpean
"Mas no hay que dejarlo; ¡hay que ir contra él! ¡hasta el pecho con fervor, decididos a ir a morir por Dios, t.e-

28
. ·.·.... _,,,..

niendo ya de antemano ganado el Reino de los Cielos, pelear y no se encuentra con quién, se encierran en un
según las palabras del padre. cuarto oscuro un grupo de bravucones desenfundan las
-Id, pues, a la lucha, queridos hijos míos, a combatir pistolas y disparan, a ver a quién le toca la de malas...
a los herejes, y yo os aseguro que las balas del enemigo ~a .divis~ en aquellas tierras de Los Altos, es esta:
os respetarán, pues la sombra de Cristo os seguirá a todas [Viva Dios y rm pistola!" ·. ·
partes ... ... "¡Dios te salve Reina y Madre! Y ¡pum!, ¡pum!, puml,
"Y a dondequiera que lleguéis gritad muy alto: iiiJlJOS de la retostada!'!" .
"Dios y mi derecho. ¡Viva Cristo Rey!. .. " La mayoría de los rancheros levanta la rienda a su
-¡Viva! -gritan a una voz los campesinos, haciendo caballo, le clava las espuelas y, en medio de corcovos y
retumbar las bóvedas del templo. caracoleos, atropellándose unos a los otros, se precipitan
Al salir, todos ostentan en el sombrero un listón con al lugar señalado por Policarpo.
la simbólica divisa: ¡Viva Cristo rey! ... Sólo algunos prudentes se hacen los sordos, agachan
Los peregrinos, unos atemorizados, otros convencidos, la cabeza, meten vara a sus bestias, y se limpian ...
y los más desconcertados, se dirigen a ensillar sus caballos -Vámonos, Felipillo -dice don Ramón, dando vuelta
para retirarse hacia sus ranchos. a :su caballo-. El que· ha de ser barrigón mas que lo
Una voz vigorosa los detiene. · · falen. . . Este es el mismo Policarpio de siempre; ¡que
Policarpo, parado en los estribos de la silla, haciendo Dios lo saque con bien! . . . · ·
de las manos una bocina, les grita: -Bueno -dice Policarpo ya que se ve rodeado por un
-Los que sean hombres y se tantién con tamaños numeroso grupo de montados-. Hay que ir a San Juan, a
pa' seguirme, que se corten ... -y señala con la mano su tener unas palabras con los siñores de la Liga, y a ver si
ya cayó carta del siñor don Anacleto para el siñor cura.
lado derecho.
Aquella llamada a base de hombría era tan fuerte Y . "Desde luego hay que ir bien montaos y armaos, por
tan persuasiva como el sermón del ~r~. . sr llegamos a topar con los "pelones". ¿Tú qué dices Ru-
¡Quién no se iba a cortarl ¡Qmen iba a dejar que. se ñido? -comienza por interpelar a los más bravucones que
pusiera en duda su hombría, ni iba a aceptar que se le estaban junto a él.
señalare como falto de tamaños! ... ~¿Yo? ... que estoy como el bandolón de Jalpa, tem-
Menos en aquellos rumbos donde no se reputa como plao y al orden, pa' ir a onde tú queras. ¡Ya sabes quepa'
hombre al que no puede presumir de traer arrastrando mí la pulpa es pecho y el espinazo cadera! -contesta echán-
cuando menos una calavera; mas que sea la de un cuico... dose el sombrero hasta los ojos, lanzando un escupitajo.
Porque para ellos matar un guardián del orden público, no -¿Y tú, Canelo?
tiene ningún chiste; no da fama. Esto lo ~acen hasta los -¡V álgame la que se cayó del burro! -le contesta
novatos para iniciarse en la carrera de valientes. aventando el caballo hasta quedar a su lado-. ¡Vámonos
¡Cómo se iban a quedar impávidos ante aquel llamado ora mesmo, pos si pa' luego es tarde ... !
viril de Policarpo en aquellos lugares, donde una mala -~l cabo que si nos incontramos con los sardos y que-
mirada un daño en las labores, un desaire al no aceptar ren bajar al agua. . . te aseguro que ni los cántaros nos
una copa, o una cuenta que no se paga al plazo, es motivo mojan, Policarpiol ·
de balazos ... ! -¡S'tá bueno; ansí me gustan los hombres ... !
Donde, por último, cuando se traen muchas ganas de -Bueno, Policarpio, ¿pos a qué le tiramos? ¿qué va·

30 31

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. . '. . ..... ~ ::.:...,.,..,.,..

mos a hacer a San Juan. Pa' trair una carta no se nece- cuello del barboquejo.
sitan tantos ... -lo interrogan algunos. :Unos dormitan de bruces sobre la mesa, otros alegan ·
-¿Qué ya les entró frío? ¡tasajos ... ! . y manotean.
-:-No; pero siempre en deber de uno está saber a qué Y todos por igual, ostentan en los peludos pechos, a
se le tira, o pa' que mejor nos entiendas, queremos que través de la entreabierta camisa de manta, una maraña de
nos hables a lo mero pelón... cintas, rosarios y escapularios. Del cuadril les penden
-Bueno, pos a lo mero pelón les diré que vamos a sendos pistolones 44.
echar una pantereada con los letreros que nos dio el padre- Las bestias, con la cabeza baja, patean aburridas,
cito y llevamos en los sombreros, y pa' que sepan los sacudiéndose las moscas con la cola, remascando los frenos.
"sardos" que no les tenemos miedo. Cruzadas las aciones sobre las sillas para que no ·se
Ora el que no quera ir ... pos ni modo: a juerzas ni asoleen, quedan a descubierto los pandos machetes amozo- ·
los zapatos entran ... Ni tampoco son títeres de rancho queños y las reatas de pita, que se antojan serpientes. dor-
onde la entrada es de a güevo... midas.
-No, pos si pa' qué son más razones, valedor; semos Algunas carabinas asoman sus trágicos hocicos por
hombres y sabemos cumplir; mañana nos vemos en San sobre los costillares de los animales.
Juan. -¡A ver unas hojas, tú, Maria! -ordena Simón El
La Congregación poco a poco va quedando desierta. Cuije, clavando sobre la puestera sus ojos pardos, color
Los tuzos, ancheteros y luchones levantan sus pues- de tierra.
tos, hacen carga y emprenden el camino de regreso a la -Sí, orita -contesta halagüeña.
ciudad. Al moverse le tiemblan las robustas caderas y los
Los músicos de rancho toman rumbo a sus casas, con senos volcánicos, opresos en una blusa roja.
sus violines y tamboras a cuestas, en esta ocasión mudos. -¿Cuántas, tú? -interroga sonriente.
Las urracas vuelven a ennegrecer las copas de los -Pos a ver, cuéntanos.
árboles, y las torcazas lloronas inician su cú cú ... plañi- -¿Con tripas?
dero. -6·Me parecen ne . les.... '
Burros esqueléticos, vacas anémicas, abundantes de María saca de debajo de la mesa una botella de aguar-
i,: cuernos y escasas de carnes, perros callejeros y cerdos diente y en una copa mide la ración que va a poner en·
vagabundos discurren nuevamente por las calles y la plaza · cada taza.
del pueblo, hurgando a su sabor y antojo en los montículos - Uy.,' uy.,1 1•uy.' 1•chul a....' -exc lama el C UIJe-.
.. 1·N'1 ·
de basura acumulados en las esquinas. que juera veneno! ¡Echale copa) al santo mas que le jumíes
El villorrio recobra su silencio y sordidez habituales. las barbas ... ! [Hasta que se redame! ¡Ya sabes, chata, que
Sólo el puesto de hojas, curacrudos, de María la yo a ti te pago hasta los malos modos... !
i :,
1 ¡., Galleta, ha quedado rezagado en una esquina de la plaza. La baña con una mirada preñada de lascivia, y le •
Un grupo de cristeros borrachos la rodea. arroja con fanfarronería un puñado de pesos sobre la mesa. . . ·i
Cada quien retiene su caballo de un cabestro enrollado .. -Ai tienes, y si no alcanza, me avisas... ·· .,.: 1
a sus pies. La puestera sonríe y le tira picaresca un beso ·entre <> !
Algunos tienen los kilométricos sombreros entre las los dedos, congestionados de anillos. . • · . : ; ~::· l
piernas, otros se los han echado hacia atrás, pendientes al Herculano El Ruñído, que también apetece a La .: ~,~:,
.. ·. . ~: ·. ~>f~~(~·
32 . . .ij·:~.:~;~.:~~-~~"'g;~
.;··.,::··.:... -.

·.·Galleta, tiene clavados sobre ella sus ojos verdes saltones centavos, que yo, cuando· más probe eruto a ·.·
color de cieno. · · ·' · · · ~ voltea a ver al Cuije. ,
';
j · · Para disimular su despecho, coge a dos manos la taza· Ahora éste es quien mira con ojos rencorosos al RÜ~-
de hojas hirviente; lanza un fuerte resoplido para. enfriar- ñido; se levanta, agresivo, el sombrero, y le dice a MariaE'.··
. la; da.pequeños. sorbos, y se limpia achupetones los tupi- -No cobres, que todo está pagao. . . . ..
. . dos.. bigotes. Mira de reoJo, por debajo del sombrero, al Ésta voltea hacia El Ruñido y le repite con mofa::
Cuije y ensancha colérico las narices. -¿Y a oyites? que todo está pagao ...
· La puestera, mientras hace gorgotear la botella sobre -Con una resma de ... -grita Herculano reventando
las tazas, pregunta al grupo: . ·de rahia-« ¿Pos qué, mis pesos no sirven? ... [Míralos, a
=-Oigan: ¿quisque ya va a'ber misa otra vez, y ya van ver si train águila!; ¡muérdelos, a ver si son de plomo... ! .
a volver los padrecitos? · ¡Me lleva la... !
-Seguro que sí =contesta con ampulosidad Policarpio, -Oye, Ruñido -se interpone El Cuije, barriéndolo
que en aquellos momentos se retira-. V amos a abrir las con los ojos-, ¿pos pa' qué son tantos brincos estando
iglesias; a darles garantías a los probes padrecitos, y a el suelo tan parejo ... ? ¿Qué no oyites que todo está
acabar con todos los "pelones" ... ¡Árboles van a faltar en pagao?
Los Altos pa'. colgar a tanto jijo de la tiznada! =termina -Yo no sé, ni vengo a chismes... Yo pidí unas hojas,
dando dos fuertes manotazos sobre la mesa haciendo vol- y por eso las pago. ·
car las tazas. ' ·' -Esto me güele a plomazos -dice el Pachanga a uno.
-¡Seguro que sí! =afirman en coro los rancheros, que está a su lado. .
manoteando también. · -Sí, pos los dos se queren llevar a la chaborra ...
-¡Ojalá! Dios lo quera. Ya es justo que acaben con Los rijosos se ponen de pie.
esos maldecidos judíos del gobierno ... La virgen de Gua- -A mí naiden me hace menos, Cuije.
dalupe los saque con bien y la sombra del Señor Santiago - Yo no hago menos a naiden; pero en mi presiencia,
los cubra ... -se santigua la puestera. naiden le grita ni le gruñe a una mujer -le contesta con
--:Repítelas, Galleta -dice con brusquedad El Ruftido la pistola en la mano.
mirándola con ojos enconados. · · ' El Ruñido, viendo que le ha madrugado El Cuije, sólo
. . ·. . Maria se le . queda mirando con fijeza y luego le se rasca la rabadilla vomitando maldiciones.
replica: -Hombre, Cuije, [por favor... ! ·
· . .;_¡Orasí que me creció la piocha por andármela jalan- -Herculano, ¡por tu siñora madre, que no aiga desave- ·
do ... ! ¡Mah, ni mi papá que jueras pa' que me garbearas nencias, todos semos amigos! -tercia El Canelo.
. tanto... ! -¡A salú! -grita El Pando, levantando la taza.
· . . -¡Na, na .... ! ¡Sin cacayacas ... ! -le dice golpeando -¡A salú! =contesta el grupo, rodeando a los conten- ·
1.
sobre la mesa-. ¡Si crees que no traigo con qué, ai'stá pa' dientes.
1 •••
· que te pagues ... ! ¡A Dios gracias que traigo hasta pa' com- El Ruñido y El Cuije se colocan a distancia; sus mira-
prarte como fierro viejo... ! -y arroja también sobre la das $e cruzan como dos hojas de agresivos puñales, lan-
. mesa otro puñado de p~s. zando destellos de odio. .
· . -¡Cálmate dolor de estómago; ya te voy a dar tu La Galleta lloriquea y se frota. temblorosa las manos,
·atole! -le contesta riendo burlonarnente=. ¡Guárdate tus después de haberse embuchado los pesos en el seno.

·.34. 35
.. ·:·~ : .: '. ... ~. ,. .. . ' : .

Las hojas con tripas·han hecho remolino y levantado. la vez pasada. Dios por delante, cuando menos vuelvo c.k .: · · · ·. ·
huracanes en los pétreos cerebros de aquellos bravos cris- coronel y la víbora atascada de aztecas ... No.que cuando '.
teros. anduve con Fierros, volví de sargento, muerto de hambre· ·
Unos roncan, echados de bruces sobre la mesa escu- y empiojao. .
r~iéndoles.~ baba; otros gritan, alegan y manotean, 'dispu- -·Bueno, ¿pos qué te pasó, Canelo? Tú no eres manco
tándose triunfos y méritos de valentías. pa'aquello de los avances... .
-¡Pos a mí qué me presumes, Macedonio, si yo juí de -No; ¿pero qué querías que hiciera? En los avances
los de Villa; de la gente del padre Pérez Rubio, que onde siempre entraban por delante los jefes y a uno le dejaban
quera que llegábamos, ¡por vi'a de Dios que hasta la tierra las puras resocas. Es cierto que después de todo truje fas ·
temblaba ... ! Y no atestigo con muertos, ais'tá El Pando cargas de bilinbiques y sábanas; ¿pa'qué?, ¿pa'que después
que lo diga -dice El Patas, señalándolo. no le sirvieran a uno ni para limpiarse ... ?
. -Cierto y posetivo -asienta tambaleándose un viejo "Pero lo que'es ora ... ¡Madre mía de Guajicora!, lo·
pando, chaparro, barbas de chivo, que en sus buenos tiem- único que te pido es que me pongas oride aiga, y por Dios
pos había sido asaltante de las diligencias en la Venta de de los cielos, que si vuelvo con vida, no me doy por bien
Pegueros-. En efeuto, me consta que éste es de los que no servido, te hago tu función con cohetes y música, y te
se dejan curar paraos; trai tres calaveras a rastras y lo que mando decir una misa de tres padres ... "
sea de cada quen, pelea, pelea; pero no es pa' que presuma. -Bueno, pos como dicen los arrieros: "ya es hora de
tanto. . . Yo, miren, afíjensen -prosigue el viejo, exten- desrnaniar y ver las que estén pasmadas"; ¡vámonos! -di-.
diendo la mano-; estos callos que me ven, me salieron de cen algunos, poniéndose de pie.
lancear chinacos en compañía de mi coronel Juan Chávez. -Aspérense, no coman ansias. ¡Sirve las otras, Maria!
. Blusa colorada que devisaba; chinaco que caiba ensartao -insinúa El Cuije, sin perder de vista al Ruñido. ·
por los riñones ... Y en cada agarre que teníamos, cuando A éste parece que le han comido la lengua los ratones;.
menos me echaba al plato una docena de impíos . no ha proferido palabra y tiene el ceño ensombrecido, mi-
. -¡Ah, chisquetes ... ! ¡Ni siñor San Baltazar ! -ex- rando por debajo del sombrero al Cuije; atento, casi sin
clama, saltando sobre su asiento, El Patas. parpadear; como un gato en acecho.
:_¡Ora qué chiste! -continúa impertérrito El Pando-; Continúan las tanteadas y los cálculos alegres.
· · con tan buenos rifles, que matan dende a media legua de -Yo pa'qué los vo'a engañar -dice tartamudeando El ;
lejos... No, lo bueno era entonces, cuando se peliaba cuer-. Patas=, dende ora les digo que yo a lo que le tiro es a ser
po a cuerpo y ganaba el que los tenía más grandes ... presidente de Tepatitlán, si la Divina Providencia me con-
-¿Y ora cómo la ves, Pando? serva la vida; después de haber peliado por Dios y Iibertao
-¿Te refieres a los sardos? a los santos padrecitos, se entiende.
-Sí. -¿Pero cómo le haces, Patas, si no sabes escrebir?
. -¡Hombre, pos ganarles a ésos y encuerar una borra- -¡Hombre, sí! -exclama decepcionado-; no había re-
! ... cha es la mesma cosa... ! ¡No van a sabemos ni a melón; flejao en eso.
·::.·
t:··. son retejuilones ... ! -¡No te apures, compadre; eso no le hace! -lo anima
. -Muy cierto, son muy correlones. Y yo lo que sí te -- · ··· La Pachanga-«, como si no hubiera sellitos que firmarant..;., ·
f,¡; digo, Pando, que ora que vamos a desfender a Cristo Rey, por uno. . . ¡mah... ! ¡Mira: las pilas de presidentes que ·
\;. si se pone bonito el borlote, ya no voy a comer babas como he visto aquí en Los Altos y en otras muchas partes que

37
tie1leh $U sellito, .y los que no, los he rnirao sudar a chorros a la mala?; como yo estaba dormido no vide.
pa fin de que pongan su nombre; pero eso sí, con unas -No, sólo que me madrugó, como lo sabe hacer. Me
uñas tan largas pa'tocar la'rpa ... que cuando llegan a la echó el grito de ¡ábrete!, cuando ya traiba la pistola en la·
presidencia van con las nalgas de juera, y a los pocos meses ..
;-!
..
;.· mano, y al sacar yo la mía me disparó, y juyó... ¡Pero
_ya los incuentras con rancho, buenos caballos, buenos ves- qué tan ancho puede miar que no se le pare el chorro ...
. tidos y dos o tres mujercillas ... En este mundo tan grande, de aquí a allí nos incontramos,
. -¡ Adió
10 •••• ' .,,
y entonces sabrá quén es su padre ... !
-¡Sí, hombre, como te lo estoy contando! ¿ A poco -¿Qué, estás mal herido?
· cuando las eleiciones se matan y se hacen garras por servir -No, hombre, esto no es nada; apenas me abujeró la
al pueblo ... ? No, compadre; lo hacen porque ¡ah qué buen mano y me rasguñó una costilla; pero no es nada ... As-
pesebre son las presidencias ... ! Llegan allí en la espina, pérense, déjenme curar.
muertos de hambre, desgarraos, y aluego salen 'como los Se retira, y con una copiosa orinada lava la herida;
bueyes de pila, rodando de gordos y muy bien em_pelaos... se venda la mano con un sucio palia cate, y se incorpoi a
-¡Ah!, pos casi nada me has dicho, compadre. Dende al grupo.
ora mesmo le voy· a ofrecer al Señor de la Misericordia En unión de los demás, monta a caballo, se echa en
· · . una entrada de rodillas con una cruz de mezquite en el la silla a la Galleta y se aleja gritando: · ·
hombro y una penca de nopal clavada en el pecho, a· más -¡Sólo Dios es caporal; todos los demás son güeyes ... !
de la limosna, porque me haga el milagro de hacerme pre- ¡Puro Cerro Colorado, jijos de la... ! ¡Viva Cristo Rey!!!
. sidente de Tepatitlán...
· Tres disparos seguidos sacuden el marasmo del pue-
blo, adormilado en el bochorno de una siesta de lumbre.
· Ladran alarmados los perros; huyen espantadas las
urracas.
Los caballos se alebrestan por los disparos y el olor
de la pólvora; levantan las orejas y ensanchan las narices,
bulliciosos, inquietos.
Las gentes asoman con precaución la cabeza.
En la puerta del curato aparece la obesa figura del
padrecito, que avanza con presteza, desplazando el aire
con el ancho vuelo de su raída sotana, creyendo que va a
expedir algún pasaporte para el cielo.
La Galleta tiembla de pies a cabeza, metida debajo
de la mesa.
Los del grupo rodean al Cuije, que está bañado en
...
,,., sangre, y a distancia, sobre el camino real, corre un hom-
l:: bre a caballo, envuelto en una nube de polvo.
~i! ~,.. .
Es el Ruñido que huye ...
-Bueno, ¿pos cómo estuvo eso, Cuije?; ¿qué te pegó
.39
..· ..,:...,•.:,

EL PRIMER BROTE
• 1

En la cantina de don Pomposo Paredes, la mejor de San ¡1


Miguel, nido de tuzos y vagos crónicos, juegan dominó y ·
beben tequila a pequeños sorbos, el jefe de las armas y
el teniente Coello.
-Váyase con mucho tiento, teniente -dice el prime- . · ·
ro-, porque tengo informes de que ha habido varios. levan- . i
tamientos por estos rumbos. No sea que a la hora menos
pensada estos cristeros nos vayan a dar un golpe. . . ·
-No son arañas que pican, mi mayor. Estos ranche-
ros pajones no son más que borloteros. Se matan, eso sí,
unos con otros, por cualquier boberia. En las carreras, en
los fandangos, en las bodas de rancho, siempre al final hay
difuntos a quienes cantar el Alabado. Pero tratándose da
pelear contra el Supremo Gobierno no dan la medida, son
puros pájaros nalgones...
-No se atenga, teniente, son muy fanáticos y muy
conservadores de sus costumbres, y peor si se los agarran .
los curas. . . Tome toda clase de precauciones. Esa pere-
grinación a . Caballerías, que deberíamos haber evitado,
me huele a cocolazos. Póngase muy trucha al ·atravesar
el río de Teocaltitán, o al llegar al arroyo del Águila, por-
que puede ser que allí le broten.
Revuelven las fichas, fuman, beben. · i
Luego el mayor reanuda sus instrucciones ..
-Salga mañana con la fresca, para que recoja el
;~¡,:. ·. . chico a buena hora y se viene como de rayo para socorrer
t a la.tropa,
-Está bien, mi mayor -dice el teniente-. Y luego,

41
... ····. ..:· ·.

. . . . . . . ..

despidiéndose, agrega: "Voy a alistar mi compañía".


Las tres de la madrugada. -Bueno, Guanzarotas, pos hay que calentarse. ¿Trais
Un frío endemoniado agarrota los ateridos miembros · por ai un escante? ·
. de los juanes qne ensillan sus caballos, vomitando maldi-
. c1ones.
-Ni zoca, Langacha; traiba un chicharroncito; pero
ya le di el mate ...
· Las voces de mando resuenan cavernosas, enérgicas, -¡Ande, mulota, no se haga rosca, saque la mariposa.
en el amplio patio del mesón. · -Verdá de la buena que no traigo; ya sabe que yo no · ·
Montan y toman el camino de San Juan, despedidos soy fijao.
por los perros de los jacales de extramuros, que ladran con -Usté sí trai mota, Tuerto. . . _
escandalosa furia. -Pos hombre, sí, aqui traigo una tecolotita.
El viento frío de noviembre silba entre las hojas secas -¡Sobre ... ! Pos déle fuego, pa' darnos un atizón ...
de los maizales. Todos aprontan gustosos su cajetilla de fósforos.
Trotan los caballos con la cabeza baja, buscando el Sofrenan los caballos y forman rueda, atajando el aire
camino en aquella negrura, donde apenas se distinguen, con las manos y los chacots, fijas sus ávidas miradas sobre
como sombras, los montados. la inmunda piltrafa del asqueroso enervante, logrando al
· -¡Me lleva el tren ... con este frío jijo de treinta mil! fin encenderla.
-dice tiritando el teniente. El teniente y el sargento se han alejado sin darse
-Pos échese un pajuelazo, mi jefe -contesta el sar- cuenta.
gento Bernal, que marcha a su lado; -¡Dequen las tres!. .. ¡Que role; que role!. .. -dicen
-¡Ah, vaya!, ¿te acordaste del trago? a una voz los trece hombres de tropa.
-¡Naturaca, jefe! Hombre prevenido, casi son dos Mientras coronan la tecolota, ponderan con frases en-
··hombres. trecortadas, para no dejar escapar el humo, las excelencias ..
Le alarga una botella de tequila de la que el teniente de la juanita.
bebe dos grandes tragos, devolviéndosela, mientras se lim- A los tres minutos nadie siente el frío.
pia los labios con el dorso de la mano. Levantan la rienda a los caballos, los lanzan al galope;
-Está suave -comenta.· se dan caballazos, echan alaridos y provocan una endemo-
· Los· pobres juanes, que escuchan el diálogo y oyen· el niada algarabía, que hace detener al teniente, alarmado.
gorgoteo de la botella sobre el blindado gaznate del te- -¡Azte que te cai jabón ... ! -dice uno dando un ern-
niente, refunfuñan duramente sobre el· proceder del sar .... pellón al sargento.
gento. · , . · ·· -¡Choca!, ¡choca!, ¡choca!; [fúl, ¡fú!, ¡fú... ! Aquí vie-
-Nosotros seremos de hule ... ¡Sí, nos vieron cara de ne la Ferrocarril Central -grita otro pasando de frente, a . ·
hijos de gendarme! ¡Mientras ellos se calientan, a nosotros galope tendido. ·
que se nos jielen los hígados ... ! -iAy!, [ayl, -¡ay! -Lanzan un coro de alaridos los que
-Esa mula de Bernal es retelambiscón; ya le anda -, vienen atrás.
jalando la patilla al jefe. . . :¡ - Y a se la requemaron estos desgraciados -gruñe el
.:_Ni le pidan, porque es muy codo; primero le sacan . : teniente, escupiendo improperios. , .·
un pedo al Caballito de Trioya, que un trago a ese mara· ' Los somete a cintarazos, los forma y continúa la
guás. marcha.

42
. .. : ..... ,,, .;

Danza de sombras fugitivas que se quiebran en las piedr~i El teniente Coello viene malhumorado.
del camino, abierto entre vetas de ricos minerales. ;",: La fatiga de la caminata y las repetidas libaciones, le
El lucero del alba aparece rutilante, magnífico.. trasi han puesto los nervios de punta. ·
la parduzca silueta del cerro de Sa~ Diego. . . . i: Su enfado estalla al observar que muchos de los ran-
· La oscuridad amengua. Se adivina ya la proximidad j: cheros que transitan por las calles, ostentan en el sombrero
del río de 'Tecualtitán, lugar de peligro señalado por el x el listón conla simbólica leyenda: ¡Viva Cristo Rey! ·
mayor. · A fuetazos sobre la espalda y la cabeza, arranca a los
· -Tecualtitán, mi jefe =-dice el sargento. . campesinos que encuentra a su paso los letreros y vacía
-A vienta un tiro de exploración =contesta secamente '. sobre ellos una andanada de insultos.
~~. . l Los rancheros sacuden la cabeza, enroscan la espalda,'
Un relámpago, seguido de un fuerte estampido, rasga i, rojos de rabia y titubean, tragándose las palabras que casi
las tinieblas, y el rumor del trueno huye dando tumbos · · se les salen de la boca: "Se atienen a que vienen montados
por la vega del río. y train arma larga ... " murmuran entre dientes al reti-
Despiertan los perros, que contestan, rezongando, a rarse;
ladridos. · · Frente al mercado ordena echar pie a tierra .
. Vadean el río y pasan el diminuto poblado con las Por allí entran más rancheros que van a almorzar .
armas preparadas. · menudo al puesto de Matiana.
El oriente .toma tintes de alabastro. Clarea el día. Hasta allá los sigue Coello, fuete en mano, desaho-
Los campos grises ostentan una vegetación raquítica.· , gando su furia a golpes, rompiendo a pedazos las agresivas
Uno que otro órgano, índice de patinado bronce que divisas, mientras suelta otra tromba de improperios.
. ,
·.: apunta al infinito. . .•. Las puesteras gritan y gesticulan, armando una rui-
Mezquites, nopales, escuálidos magueyes; vastas ex-~., dosa algarabía. Algunas van hasta la calle y hacen con
tensiones pobladas de "garruños". disimulo acopio de piedras en los rebozos.
A un lado dejan la Vaquería; a otro el Tasiroc. Allá -¡Lo que se ha de pelar, que se vaya remojando!
quedan la Estancia Vieja y la Mesa del Duarte. . t. ¿Verdá, tú?.,. -dice Coello al sargento que camina a su
'•
: .f . . Los soldados tienen aspecto cadavérico, llevan el ':: 7~:-· lado.
cuerpo rígido y escupen ~on f~~cuencia ~olas de alg~ó~. :~ , -¡Claro que sí, mi jefe!
. Levantan la cabeza, inquiriendo ansiosos la proxmn-v; -Decía anoche el mayor que estos rancheros eran la
dad de.la ciudad. d.·. '. divina. . . y que se comían la lumbre a puños. . . ya viste;
·. Llegan al fin al Cerro de la Salve, y desde a 11.· 1 rvisan T
las majestuosas torres del Santuario de San Juan. . :; les pegué de chivazos en el lomo y les rompí los letreros
La vista del poblado -término de la jornada- Y 1!1 ! en sus meras barbas y ¿qué hicieron? ¡agachar los cuernos
y meter la concha ... !
llegada del sol que les lame acariciante las espaldas, re~- .> 1
ma a los juanes y entran al Puente Grande, parlanchines] De improviso, un individuo alto, nervudo, flaco como .1

y alegres, al trote acompasado de las cabalgaduras. ·· , una hebra y con un ralo bigote cuyas guías miran hacia
Las vecinas del barrio asoman la cabeza: "Aí van es~~
e! suelo, le cierra el paso al teniente, saludándolo.
Sorprendido aquél, echa mano a la pistola.
maldecidos sardos", exclaman de puerta a puerta, ponién- :
· -¡Deteneos, mi teniente; soy el agente del Ministerio
doles la cruz. f-!.;· Público!; ¿qué, ya no me conoce? -exclama don Justo,
. 44
45
.... ·:
.... · ..
. . . .
. . ·.:·
· que tal era su nombre. · · · de la casa donde almuerzan el teniente y los de~/>·?:::::~ ..,,. j;
-:¡Hombre, sí,· mi agentel, ¿qué anda ·haciendo ... ? - Pos que llegaron pelones. y que el que la hace: .üe.:,·~~w.{~~:;-~·
¡
-Pues venía a decirle que estos rancheros traen malas ··~ '
jefe les ha dao de chivazos a todos los que traiban 'el !Qtulp ~:t~S;':
intenciones y que debe tomar precauciones para evitar un que nos dio elsiñor cura en Caballerías.· : · . >: . T~
atentado. · · · --¡Me lleva la... ! -exclama poniéndose cenizo, de
>.::/ ·
. -Sí, mi teniente -confirma las sospechas de. don rabia-. ¿Y entre tanto hombre no ha habido uno que le ', <.';.
Justo el inspector de policía, que llega en aquellos momen- pare los pies a ese jijo de un tasajo? . ·.'.·:.~))
tos-. ¡Hay rumores de que se le quieren echar a las La increpación confunde a todos. Nadie acierta a .. ".
piochas! . · . responder. En cuanto le dicen que el teniente está almor- · .....
-¿A mí... ? ¡Qué va, hombre! -dice Coello con desen- zando, se decide a esperarlo. . :';:
fado-. Son patos, les pesa el buche, y a media laguna se Felipe llega en aquellos momentos, y le dice a Poli-
r hagan .. : Éste y yo solos -agrega señalando al sargento-, carpo: .
r
¡
les damos hasta por debajo de la lengua a toda esa manada
de cristeros, mulas... ¡Como lo oyen! .
-No vayas a cometer una locura, hermano; date cuen-
ta de la responsabilidad que te echas a cuestas; no com-.
~
i:;
·~.
. Don Justo, que a todo trance quiere evitar la tragedia, prometas al pobre de mi padre.
~.
., insiste por convencer al teniente. -¡Déjame, déjame, no me andes a mí con cosas. Aquí
¡
~-, . -Mire, compañero ... -le dice en tono festivo. es onde se necesitan los hombres y o.ra llueve, o nos lle- .
. -¿Compañero... ? -le replica riéndose-; ¿pues ~án- va la ... !
do hemos ido a robar juntos? No, señor agente =prosrgue Felipe se retira presintiendo la catástrofe .
. . palmoteándole la espalda-, lo que usted tiene es miedo, Y
siendo así, compre un santo y cuélgueselo en el lomo... ! El ilustre don Justo puede pasar por un retrato fiel de don
. ¡Ja, ja, ja ... ! Esto no tiene chiste: vámonos a almorzar. Quijote, y en lo ideológico, tiene también con el célebre
. Al dirigirse a la fonda, una turba de rancheros, que se manchego muchos puntos de contacto.
han convertido en su sombra, lo sigue a discreta distancia. · Bibliómano empedernido, idealista incurable, apa-
Don Justo los observa receloso y siente calosfríos. sionado fanático dela justicia. "[La ley, la ley, por encima
. Quisiera llevar ruedas en los pies, para cuanto antes llegar de todo!'.' exclama en sus arrebatos. .
a la posada. Don Justo; por. ejemplo, nunca pudo estar de' acuerdo
El teniente ni siquiera se da cuenta; camina sereno, . con lo que se dijera en la Cámara, cuando se trató de dotar
· jugueteando despreocupado con el fuete entre los dedos. de ejidos a un pueblo: '.'Si para hacer justicia a los cam-
Ya en casa de La Güera, sentados a la mesa, don ., pesinos oprimidos se necesita pasar sobre la ley, bailare- ·
· Justo respira... Casi, casi, se siente tranquilo, y da rienda ' rnos en ella ... " ''¡Qué monstruosidad, qué desacato!" co-
suelta a su pintoresca y peculiar· verborrea. mentaba el agente.
-Ust.ed, por ejemplo, digno hijo de Marte -dice de
l ¡~· . Policarpo es buscado con urgencia, informándosele a me- pie, dirigiéndose al teniente, sin hacer caso de los huevos
~:
v
~ dias de lo que ocurre. fritos y la apetitosa longaniza que tiene servidos; al fla-
.,t ~¿Qué sucede, Canelo?-pregunta a su amigo, cuando gelar como olímpico dios a los labriegos que encontró a su
(:. lo alcanza a distinguir en medio del grupo que se ha esta- paso, estaba violando la Constitución...
.! cionado en la esquina de los Barrilitos, a corta distancia -¡Ja, ia, ja! -ríe a reventar el teniente-. Usted, en

47
..
~·:;. ·-:
cambio, señor agente del Ministerio Público;. les hubiera Y se lanzan resueltos a la calle.
· quitado esos letreros subversivos con jaculatorias y agua ·· · El teniente y sus acompañantes han llegado a la es-
bendita;. pues sí tiene cara de clérigo ramplón. iJ a, ja, quina del Parián Nuevo. · .
• •••• r
J8 De improviso, Policarpo se adelanta del grupo.
Don Justo ríe también y cambia de tema, queriendo · . Desafiante, el cuerpo erguido, la cabeza en alto· . '
la
distraer al teniente, para que no se dé cuenta del tropel de diestra en las cachas de una 44 de formidables proporcio-
rancheros que pasa por la calle y cuyas recias pisadas . nes, y en la copa del sombrero la bélica divisa: ¡Viva Cris­
siente en el estómago. to Rey!
Relata en forma pintoresca sus vicisitudes en la judi- Un reto sin palabras.
catura provocando estruendosas carcajadas. -¡Quítese eso... fantoche! -ruge Coello.
i:.
Las pisadas arrecian en la calle y don· Justo redobla -¡Quítemefo si puede ... ! iJijo de la re ... !
,.
sus meritorios esfuerzos para evitar el choque .. Un salto de tigre y el teniente está ya a dos pasos de
Narra cuentos verdes y acaba por subirse a una silla, Policarpo, con el fuete en alto ..
y en medio de latinajos suelta un sermón siguiéndole la Policarpo para el golpe con la mano izquierda; desen-
broma a Coello. . funda. rápidamente la pistola, y dispara sobre el teniente.
Este, después de limpiarse los bigotes con la punta del El Ruñido le 'llega por la espalda y le hunde su puñal.
mantel, se levanta para dirigirse a recoger el dinero. Policarpo le grita indignado:
Don Justo palidece; pero reacciona en seguida; se tira -¡Ea, cabrón, no le pegues por la espalda; a los hom-
de uno de los mustios bigotes, dándole mordiscos, y sala · bres se les da por delante!
acompañando al teniente. El Ruñido baja la cabeza y se pierde en la bola.
De la esquina norte de la casa se desprende un pelo- Subversivo y vibrante, un grito lanzado por la turba
tón de rancheros, embozados en sus gruesas frazadas. que se arremolina detrás de Policarpo, atruena los aires:
Vienen por media calle, con los sombreros echados . ¡Viva Cristo Rey! ·
hasta los ojos, sacando chispas en el empedrado con los· '; La turba se disgrega a saltos y carreras, lanzando
estoperoles de sus recios zapatones de dos riendas. · alaridos y disparando sus pistolas en todas direcciones.
· El teniente frunce el ceño, preguntando a don Justo: Toman posiciones en las columnas del parián y las
-¿Y ese batallón de mulas, qué, nos viene siguiendo? esquinas.
-No, mi teniente ... :.....contesta titubeando- es que Coello se lleva las manos al pecho: está acribillado a
;t: van al mercado a comprar sus encomiendas. tiros y cosido a puñaladas. ·
. ~;
:....¡Hum... ! -refunfuña Coello, receloso. Roncos estampidos se suceden y la gritería aumenta
~ ·.
en forma ensordecedora.
Policarpo y los suyos esperan en la esquina de la Palma. El valiente sargento se ha hecho fuerte en una esqui.
1
; ...:.
-Desde aquí los podemos observar, Canelo -dice . na, Y descarga ,su 45 repetidas veces sobre la turbamulta
Policarpo. enfurecida que sigue disparando sobre Coello. Este. con
Y mientras el resto del grupo permanece a la expec- . u~a resistencia extraordinaria, demente, los ojos desor-
tativa, los dos amigos entran a la tienda. Para cobrar ártí~··~ · ; · 'bítados, perdida toda noción 'de defensa, cruza la calle, ·
mo piden dos copas de tequila. tambaleándose. Una certera piedra de las lanzadas por las
·-¡Ahí vienen! ... -les gritan los que acechan afuera ... verduleras del mercado hace blanco en su cabeza y cae

49
boca abajo sobre el empedrado. un carnicero astroso, hundiéndole su cuchillo en el estó-
Don Justo salta sobre una pirámide de cacahuates y mago. ·
1:.
no para de correr hasta meterse en la primera puerta que
encontró abierta. · -Bueno -dice Policarpo al grupo de cristeros que lo
El cabo Guanzarotas al oír los disparos, avanza con la rodea-: Pos ora sí, muchachos, al cerro a peliar con los
1. escolta; pero los amotinados los ponen a raya a una cuadra pelones, y a ver de cuál cuero salen más correas ...
. :
de distancia, echando rodilla en tierra y al grito de iVilla -¡As~rate! -dice el Ruñido-, déjanos ir a encomen-
.~I Dios! ... ¡Jijos de... ! sostienen el nutrido tiroteo de la damos a Dios, y a ofrecerle mandas a la Virgen, pa' que
escolta conteniendo su avance. nos saque con bien.
El sargento Bernal descarga por última vez su 45 y -Hombre, sí, está bueno +aceptan todos la idea.
azota fulminado sobre la banqueta al recibir en su cuerpo Se encaminan al templo y entran de rodillas· rezan
la quinta bala. golpeándose el pecho; al final, se inclinan y besan el suelo
Nuevos grupos de rancheros armados se agregan a con humildad.
Policarpo. Por unos minutos, el pueblo se estremece a las El pueblo todo está en silencio; las calles solas y las
descargas de maussers y pistolas. casas cerradas.
Impotente la escolta y, más aún, notando que se les Flota sobre el ambiente un hálito de muerte; percíbese
quiere atacar por la retaguardia, se baten en retirada. una extraña sensación de zozobra, de terror, de miedo) por
Llegan a su alojamiento, montan sus caballos y parten Jas represalias que puedan ejercer los federales a su lle-
como exhalación a dar cuenta al mayor. gada. ·
Como saldo sangriento del motín, Coello, destrozado
Gritos, alaridos, insultos; sombreros lanzados al aire; re- a balazos y puñaladas. El cadáver hecho nudo, de un ran- ·i
chifla, felicitaciones, abrazos. Los cristeros, victoriosos, dan chero, tirado a media calle.
vuelta a la plaza y se pasean por las calles celebrando la Un infeliz bolero, con los brazos abiertos, amortajado
salida de los juanes ... en el blanco sudario de las lozas de la plaza. ·
-¡Viva Cristo Rey! ... ¡Viva Policarpo Berrnúdez! Débiles quejidos de heridos que se arrastran, bus-
=grita la turba que sigue a los alzados. cando la sombra, y el ronco estertor del sargento BernaJ,
Mientras tanto, las vendimieras abandonan sus pues- que está hecho una etcétera, en un rincón del portal.
tos, cargando todavía con las piedras envueltas en los rebo- Salen los cristeros del templo, después de pedir la
! zos; las criadas, con las canastas al brazo; los vagabundos ayuda celestial para ir a matar. Tornan por el Puente
~.
que viven en las plazas y las chulas de barriada -olientes Granda, formados de dos en dos, y se pierden detrás del
a sudor y pachulí-, dejan los escondites donde presen- cerro del Huilote, árido y seco, pelón corno una calavera ....
ciaron el motín y se precipitan al lugar donde está tirado
el cadáver de Coello.
-Éste ya parpareó -exclama la Pitañosa, arrojándole Pardea la tarde.'
una piedra sobre la cabeza. Don Ramón y Felipe regresan del pueblo, camino de
-¡Y a te juites a romanear estiércol al infierno, ma- su rancho. · · -- ·
són! -grita una verdulera pegándole un puntapié. Largo tiempo llevan en silencio, preocupados; con la
-¡Tómala, judío, para que no te queden ganas! -gruñe mirada perdida en la lejanía de azulados contornos.
50
Los caballos, con la rienda suelta, tranquean a lo están pasando todas estas cosas y ...
largo, devorando leguas. -¡Ya!, ¡ya!, ¡ya! ... ¡Párale!, ¡párale! ... Yo de eso no'
La perspectiva no varía: lomas monótonas se suceden entiendo; pero lo que sí te digo es que se hace muy cuesta
áridas y blancuzcas. salpicadas apenas por secos y maci- arriba quedarse sin misa, sin confesión, sin bautizos, sin
lentos yerbajos. indulgencias, y lo pior de todo, sin padres que lo auxilien
Sobre pequeños valles que quedan al claro, corren a uno a la hora de la muerte. Y así estamos mita: las igle-
como rasguños sobre las tierras grises, surcos deleznables sias cerradas y los pobres padrecitos escondidos.
que sostienen raquíticos milpales en fruto. "¿Pos cómo ha de ser eso?
A lo lejos, una larga cadena de cerros calvos y amari- "Ora dime: que nace un muchacho, ¿quién lo hace
llos corta el horizonte con líneas achatadas. cristiano?; que tiene uno un difunto, ¿quién le echa los
De cuando en cuando, don Ramón gesticula y mueve responsos? Que se ofrece un casamiento, ¿quién les echa
la cabeza, todavía impresionado del motín de la mañana. la bendición a los novios? Y que se llega la hora de entre-
-¡Esto ya se lo llevó la trampa, Felipe. Con lo de ora gar cuentas a Dios Nuestro Señor, hazme el favor de
en la mañana se prendió la mecha y se vino la bola ... ! ¡Y decirme, ¿quién lo ayuda a uno a salir de ese atascadero?
· haber sido tu hermano quien le puso el cascabel al gato ... ! ¡Onde que el diablo no duerme! ... "
. ¡Hazme favor ... ! -Pero mire, padre ...
-Pues, sí, padre. Primero el sermón, que fue el grito -No, no, no, Felipe -lo vuelve a interrumpir don
de guerra; luego los letreros subversivos, que eran una Ramón, moviendo obstinadamente la cabeza.
provocación; y al final el choque sangriento, con Policarpo Prosiguen su camino.
a la cabeza de los sublevados, la revolución cristera se ha La inquietud de ·don Ramón se manifiesta por sus
desencadenado. aspavientos y gesticulaciones.
-¡Álgame Dios, .. ! Aquí me tienes con la cabeza hecha Felipe vuelve a tratar el punto, queriendo arrancar de
una baraña, sin hallar qué hacer. Tú sabes que yo no soy su padre la idea de ir a la revuelta.
,·.
...r
de armas tomar; que no me meto con naiden, ni me gustan -¿Y usted cree, padre, que para que vuelva a haber
las bolas ... Pa' mí, mi rancho, mis caballos, mis animalitos misas, bautizos y responsos, se debe ir a matar, a devastar
y amén y santas Pascuas ... los campos, a robar? Porque, a eso es a lo que van. Ya· vio
-Bueno, padre, ¿por qué se preocupa? Se queda usted usted lo que pasó en la mañana ...
en su rancho viendo sus tierras, cuidando· sus animales, -Sí, hijo, sí, ni me lo acuerdes.
. atendiendo sus negocios, y que ruede el mundo. - Y los meros responsables no fueron los amotinados
-Pos sí, hijo; pero ... enfurecidos que se echaron encima de la escolta, no, señor;
-¿Pero qué, padre? ¿Quién lo obliga a meterse en la son los otros, los que azuzan desde las sombras, con pré-
bola? dicas y propaganda subversiva; los que quisieran que se·
-¿Cómo quién? ¿Pues qué no es uno creyente? ¿Cómo retrocediera a los tiempos de los privilegios y la intoleran-
quieres que se quede uno tranquilo, mirando que le cia; a la época feliz de su Alteza Serenísima, cuando man-
quitan a Dios? daban ellos, o quizá hasta más allá, cuando se obligaba a
-No, padre, nadie se mete con Dios. Éstas, acá, son creer por medio del potro y de la hoguera. Pero los tiempos--.
cosas de los hombres. Se trata nomás de que los padrecitos son otros; la revolución ha triunfado y tiene derecho a ...
no quieren ajustarse a las leyes de la revolución; por eso -¡Otra vez la burra al trigo ... ! -exclama con enfado

52
don Ramón-. ¿Pos ónde has leído eso ... ? ¡Me vienes a Felipe no puede contenerse. . .
mí con tus políticas, sabiendo, como te llevo dicho, que yo -La palabra de Dios seria -le dice con vehemencia-s,
de eso no entiendo ... ! cuando predicaran el amor y la igualdad entre los hom-
-Está bien, señor padre. bres; no el odio, la matanza entre hermanos, los distingos, ·
Vuelven a quedar silenciosos. la postergación y la inicua explotación de los de abajo ...
Caen las sombras, amortajando los campos en reposo. "Ahora =prosigue con ironía=, ante el temor de que
Un alegre relincho allá en el monte. se les disgregue el rebaño, como buenos pastores, puede
El clamoroso mugido de las vacas, camino a los co- que tengan razón, porque una vez desperdigado el chin-
rrales. chorro, ¡ah, qué trabajo da juntarlo después! ...
El sonoro bramido de los toros en celo. Don Ramón ya no hace caso de las últimas palabras
Y el canto prematuro de las ranas, 'que irucian su de Felipe; levanta la rienda a su caballo y se aleja tro-
absurda sinfonía ... tando a abrir la puerta de mano que da entrada a los
. , Don Ra!Ilón no puede apartar de su cerebro la impre- terrenos de su rancho.
sion del motín; el aspecto de los muertos, las quejas de los A la vista de su pequeña propiedad, se reanima: le-
heridos, y, sobre todo, Coello, convertido en una masa san- vanta la cabeza y aviva el paso de su cabalgadura; respira
guinolenta, tirado a media calle. con amplitud, satisfecho, como si el aire aquel fuera otro,
Sacude la cabeza; y exclama: que le llevara energías y entusiasmo.
-¿Crees, hijo, que todavía no se me puede olvidar el Un inusitado alboroto entre la gente del rancho, lo
. probecito jefe melitar ... Y los gritos de la gente y los hace detenerse, sorprendido .
lamentos de los probes heridos, pasas a creer que todavía En las puertas de los jacales hay grupos de medieros
me hacen remolino en las orejas? ... y peones que comentan el paso de los sublevados.
. . -P.ues sí, padre, ya lo vio usted. Y ese primer agarre, -¿Pos qué pasó? -pregunta don Ramón-. ¿Qué
desgraciadamente va a ser el comienzo de una guerra en- mitote train?
carnizada, - cruel, que acabará con la tranquilidad de la -Pos qué ha de ser, amo -le contestan rodeándolo-;
región; que segará millares de vidas, cuyo sacrificio será ·que acaba de pasar Policarpio con un titipuchal de gente,
estéril Que dejará muchas viudas y huérfanos desampa- rumbo al Cerro Colorao, a la revolución. ·
rados y madres abandonadas, sin otro recurso que la -Bueno, ¿y qué?
mendicidad. -Pos que nosotros tamién queremos ir, y sólo esperá-
. -¡Álgame Dios, hijo! Todo eso es muy verdá. La bamos a su buena persona pa' pidirle su venia. Ansí que-
'. guerra es mala; pero ... acuérdate de lo que dijo el padre- damos con Policarpio.
¡:
cito en el sermón: "Que se queden en sus casas los cató- -¡Con una ronda de ... ! -vocifera don Ramón-.
licos tibios, los irresolutos, que ya Dios Nuestro Señor les ¡Había de ser Policarpio ... !
tomará debida cuenta a la hora de su muerte ... " -Pos sí, siñor amo, quedamos comprometidos con él.
-Sí, señor padre. Nomás que no siempre tienen razón -¿Así es que si ven que este tal se echa de cuernos a
los padrecitos, y menos recomendando que se vaya a matar un barranco, ustedes también se echan? ¡Tasajos! ...
al prójimo. -No, siñor amo; es que se trata de ir a desfender la .
· -¿Cómo? ¿Qué estás diciendo? ¿Qué no sabes que la religión; mesmo Policarpio nos dijo lo que había dicho el
palabra de ellos es la misma palabra de Dios? padrecito en el sermón, y nosotros, pos la mera verdá,

55
·... . ..

Dios primero que todo. . . . de que van a pelear como el cántaro contra la piedra, y que
=Está bien -les dice con sequedad-. Aquí "la Iibertá ustedes van a ser el cántaro?
es libre". . . Cada quien puede cambiar su jergón por un "La gente del gobierno es mucha; tiene buenas armas
sayal, o hacer como aluego dicen, de su culo un zumbador. y parque en abundancia; mientras que ustedes, ¿de qué
¡Váyanse muncho al tal a hacer gárgaras de lodo, ¡tasa~ armas disponen, cuál parque?"

·.. JOS •••. 1 Como quien oye llover y no se moja, así aquellos
hombres; permanecen impávidos, sin hacer caso a lo que

Felipe se interpone.
-¿Pero a qué le tiran, tarugos? ¿Cómo se van y dejan les está diciendo Felipe.
a stis hijos y sus mujeres abandonados? ¿Sus tierras, sus Sólo un hombretón de edad madura, le contesta:
';
¡' animales y sus cosechas tiradas? · -Pos yo, Felipito, llevo mi pistola y un 30-30 que le
,.

¡:
Una mueca de desdén y un levantón de hombros es su merqué a un carranclán en el afio de 15. Los muchachos
contestación. -agrega señalando a dos adolescentes que están a su
~
U nos se retiran a arreglar sus caballos y probar sus lado-, éste, lleva la güilotera y un costal de balas rasas, y
armas, que tienen escondidas desde la revolución del 15. la verdá-no es que sea mi hijo-; pero a 300 varas no se le.
Otros descuelgan y limpian sus escopetas; los que va un coyote.
menos afilan los machetes sobre las piedras. "Este otro lleva el machete de la leña, que aquí estoy
A Felipe le duele ver aquel inconsciente entusiasmo; sacándole filo, y ai' onde ves, Felipillo, no es corriente; me . i¡
aquella inquebrantable decisión; aquel desdén por la vida, costó veinte riales en la feria de San Juan... 1·
1
aquel desprendimiento para sus familias, por ir a la guerra -¿Pero con esas armas? -le observa Felipe. 1
santa ... -Pos pa' qué es más. David mató al gigante Goliat
Y se queda sorprendido ante la estoica actitud de las de una pedrada ... Con la ayuda de Dios, de un gaznucho
mujeres, que miran impasibles, sin una sola contracción se puede matar a un hereje...
de dolor, sin el más leve aspaviento, ni el más ligero gesto de Felipe se queda mirándolo con estupor. Unas veces
pesar,
. , lbs preparativos
. .
de sus hombres para abandonarlas, le inspira lástima aquel hombre, por su inconsciencia; otras, 1·

quiza para siempre. indignación por la iniquidad que va a cometer arrastrando


Mira cómo permanecen impávidas, pasando sus ma- a aquellos dos muchachos bobos y montaraces a un estéril 1

nos encallecidas sobre las revueltas cabezas de chiquillos sacrificio.


¡:
encuerados, que se agitan inquietos a su derredor, pug- -Pero, ¿qué tienes, Marcelo? -prosigue exaltado Fe-. 1

~:
'. nando por esconderse, espantados, entre los anchos plie- lipe-. ¿Cómo te atreves a llevar a tus dos hijos, como quien . 1
gues de sus burdos zagalejos.
Observa con tristeza el aspecto doliente de viejos casi
.-,~-¡ lleva dos borregos al matadero?
-Pos eso quén sabe -le replica con una calma estul- 1
centenarios, que van de grupo en grupo, trabajosamente, ...... ta-; tú sabes que en la guerra, tantas hay de dar como
arrastrando los pies, a repartir consejos y bendiciones. . :?. 1 de recebir; todo es cuestión de suerte: si les toca la de
Ante aquella iniquidad, vuelve a hacer esfuerzos por malas... pos ya estaría de Dios, se ganarán la gloria con
persuadirlos. . menos trabajo que uno, y sea servida Su Divina Majestá;
-¿Qué no saben -les dice con ardor- que van a dar ora, si es a la visconversa, pos alg.o han de conseguir en.
dado; a cambiar escopetazos por granizadas de balas y la bola... ·
machetazos por torrentes de plomo? ¿Qué no se dan cuenta Felipe está a punto de hacer explosión.
... ·

56
· .. :: :':· : : . :. . ~ ·:· ..... . ·.; ... ,. 1. ·:· . . ~. ···,.

Marcelo continúa con la misma calina: no queda uno que no busque la manera de matar para no
-No creas, ·Felipillo, que mis muchachos están tan quedar atrás de aquel fulano.
atrojaos; no, si ya saben ónde duermen las güilotas; ya ''Que alguno, en una borrachera; hizo recular y escon-
son gallitos de estaca, que no sacan la cabeza. Y a los derse a todos los cuicos del pueblo; al domingo siguiente
miras tan chicampianillos. . . pos aquel ya se echó a uno ai' van otros a querer hacer lo mesmo. Que tú te haces,
al plato; lo mató de un balazo porque le quiso echar babas verbo y gracia, de una bestiecita a.finadita, de buenos
delante de una chaborra que perseguían los dos, y el otro padres, ligera y de buenos movimientos; en cuanto te la
ya es de los que callan la música a balazos cuando cái a ven, venden cuanto tienen, el mais, los bueyes, y si pudie-
algún fandango. No, si ya pierden y ganan en la raya como ran hasta la mujer, y ai' van a buscar otra bestia mejor o
cualquier hombre, y a más de todo, ¿_pos qué no son ta- igual a la tuya. .
mién cristianos ... ? "No digamos en la cuestión de armas; todos queren
. Felipe se queda anonadado ante aquella pasmosa tran- tener lo mejor de lo mejor, porque es con lo que más se
quilidad, y se retira perplejo. presume. Aquí en Los Altos es onde· ai' las mejores armas
del país, valgan lo que valgan... .
En el corral de las vacas, tío Alejo asegura las trancas, "Y ansí en todo lo demás; naiden, como te digo, se
cantando una balona del tiempo de la Chinaca. quere quedar atrás. Por eso jué, que en cuanto pasó
El ruido de la puerta al abrirse, lo interrumpe y voltea. Policarpio tu hermano, y vieron que algunos se compro-
-¡Epa, tú! -le grita reconociendo a Felipe-; pareces metían con él, no quedó uno que no se comprometiera. Te .
ánima en pena;· ¿de ónde vienes; qué trais ... ? digo que son como los borregos; por onde brinca uno,
-Vengo de los jacales, tratando de convencer a la brincan todos. No les importa saber si van bien armados,
gente de que no debe meterse en la bola; pero todo ha sido y si van a ganar o a perder; la cuestión essaber si va fulano
inútil, el rancho se va a quedar sin un hombre: todos se van o zutano, pa' que ellos enlueguito vayan, y a más de todo,
a seguir a Policarpio. · tú sabes el respeuto y la obedencia que tienen por los
-Pos eso sí está malo; ai' vienen las Cabañuelas, y el padrecitos ...
mais se va a podrir en los barbechos. "Ora, como te digo una cosa, te digo la otra, hay mu-
-Eso es lo de menos, tío Alejo; a mí me preocupa más chos tamién que van de buena fe, porque son buenos cris-
el estado en que va a quedar toda esta pobre gente. Muje- tianos.
res, ancianos y niños abandonados. ¿Cuántos de los hom- "Y lo que sí te aseguro de todos, es que no sacan la
bres volverán? Yo creo que muy pocos. Ahora, como yo se cabeza; una vez ya metidos en la bola, son muy peliadores
los dije, el gobierno es fuerte, con buenas armas y parque y van a darle muncho quihacer al gobierno ... "
en abundancia, mientras ellos van como la gente del cura -Sí, tío Alejo; pero eso no basta; los federales, aparte
Hidalgo: a cambiar pedradas y machetazos por granizadas de que disponen-de buenos elementos, traen jefes que los
de balas, fiando .solarnente en la ayuda celestial, según les saben dirigir y ...
1. ha dicho el padrecito, y esto, tío Alejo, es una infamia. -Sí, sí, ya te entiendo, queres decir que no es una
1·,
- Tienes razón, Felipillo; pero ansí es la gente de por pelea casada, ¿eh? ...
acá. Naíden quere quedarse atrás; en todo queren sacar la -Sí, señor. ¿Por qué no va usted, tío Alejo, a ver si
delantera. Si saben que fulano mató a uno, a lo bravo, los convence?
·como los hombres, y comienza a correr su fama de valiente, -¡Hum, Felipillo ... ! Primero tumbas a topes el cerro

58 59
· de San Diego, que convencer a un ranchero de los Altos. ..
-Pero con la estimación que le tienen, y luego sus
buenos consejos, pudiera ser ...
-¡Álgame Dios, hombre! Dende a leguas se ve que no
sabes quiénes son los rancheros. Mira: te voy a decir un
versito que dende chiquillo le oyí a mi agüelo:

"Dar consejos a un ranchero,


LA TOMA DE SAN MIGUEL
es majar en fierro frío.
Es predicar en desierto,
o echarle herejías a un muerto.
Es querer atajar un río, Policarpo ha instalado su campamento en el Cerro Colo-
tapar el sol con los dedos rado.
o apagar la lumbre a pedos ... Con la gente que llevó de San Juan y los que más tarde
se le han ido incorporando, su columna consta de doscien-
"Ansíes que ya verás; andas miando juera e'l olla ... " tos hombres; todos montados y armados.
Unos, con buenos rifles y en buenos caballos; otros,
con escopetas, mosquetes del tiempo del imperio y ma-
chetes.
Aquella tarde, la columna está tendida en línea des-
plegada. El momento es solemne; va a tener lugar lacere-
monia de imposición de banderas.
Policarpo, que ya se siente un Napoleón, revista su
( gente, seguido del Pando. El Ruñido, La Pachanga y El
Canelo.
La gente guarda un religioso silencio.
Policarpo, en su caballo alazán, gorbeteador, su cha-
queta de cuero, cuajada de alamares y su gorra de pelo
galoneada, recorre de uno a otro extremo la columna.
Luego se coloca en el centro, con su estado mayor.
El Pando, que presume de conocer de milicia, por
haber sido coronel de los mochos, funge como jefe del cere-
monial.
i'
Despliega dos banderas; en una está bordado con seda ·
un Sagrado Corazón, con la siguiente inscripción Regi­
miento de Cristo Rey; en la otra están las Tres Divinas
Personas, y dice: Batallón de la Santísima Trinidad.

·u·,~~
-¡Toribio Torres y Anacleto Zendejas! ¡Al frente ... !
Los aludidos; locos de entusiasmo, azuzan sus caba- . : ;<
60

::.~.~· ," .,.,. ·~


.;
; .

llos y los avientan fuera de la línea, sentándolos con toda


f
. ...
·~
precisión frente al Pando.
Todos se descubren y presentan armas.
Dios cómo salgamos ...
-Pos sí, compadre; ya vites lo que dijo el padrecito
en el sermón, que todos los que juérarnos cristianos había-
l -¿Juras por Dios de los Cielos y su Santísima Madre
' ..
·~·' .
.... nos de ir, o que nos atuviéramos al castigo de Dios ... Y
. ~. no dejarte quitar esta bandera que Cristo Rey pone en tus aluego la hablada de Policarpo, que todos los que nos
J: .manos? .
. l
'
sintiéramos con tamaños lo siguiéramos, ¿pos qué iba uno

::·
(;· -Si juro -contestan ambos, besándola. a hacer? ... Son cosas de hombres, a las que no se puede
-¡Viva Cristo Rey! -grita la turba, disparando sus faltar ... Afigúrate cómo iré yo, habiendo dejao a Feli-
armas ... ciana, mi mujer, ya pa' salir de su cuidao; sola, sin quén }p,
Aquello los enardece y hace crecer sus bríos. dé un trago de agua. ¡Hazme el favor ... !
-¡A tomar San Miguel! ¡A tomar San Miguel! -se -Tienes mucha razón, Timoteo. Cabalmente yo no
oye un grito unánime. dejé mujer porque no tengo; pero sí dejé a mi madrecita
Policarpo, consecuente, ordena se forme la gente de sola y íngrima, atenida a quen le haga la caridá de darle
dos en fondo, para ir a tomar aquella plaza. Una vez for- un pedazo de gorda.
mados, da una voz de mando: Pero, pos, ¡ya estaría de Dios! Me agarraron borra-
-¡ T oquen pa '. rmosi1 cho; les dije que sí, y ora hasta salir al barbecho ... [Pri-
Como clarinada del Juicio Final, convocando a los mero muerto que rajao ... !
muertos, vibran los cuernos, sacudiendo los campos en -Ta' bueno, compadre; si yo no creas que me rajo;
reposo, y la columna se pone en movimiento. sólo que ... pos siempre le duele a uno dejar a la vieja, y
Después de rato, pasado el entusiasmo, los más van aluego los muchachillos tarnién hacen comezón. ¡Sepa Dios
silenciosos, reflexivos. Algunos para disimular su turba- si volverá uno ... !
ción tosen estrepitosamente; otros sacan sus eslabones para Se quedan pensativos.
hacer lumbre y encender sus cigarros. Surgen intermitentes puntitos de luz de los cigarros,
Comienza a soplar viento chivero, presagio de la que se antojan bandadas de luciérnagas errantes, revolo-
helada. '....
teando en derredor de la columna.
· Hay murmullos en las hojas caídas de los milpales; Tintinean las espuelas; estornudan las bestias, marti-
lamentos entre los garruñales y rezongos en los huecos de llando sobre la tierra dura, con sus recias pezuñas, y
las cercas. ladran los perros en la lejanía.
Los hombres desanudan sus frazadas y se embozan -De todos modos, Tirnoteo, ya qué alegamos. Nos
en ellas, echándose el rifle a la espalda. comprometimos, y ora, como quera que sea, a cumplir
Individuos de bien que van ahí, rompen al final el como los machos. ¡Al cabo no hemos de morir de parto ni
silencio; comentan su situación. de cornada de burro ... !
-Pos sí, Martín, yo no sé qué jui a hacer a Ca~lle- Sonoras carcajadas festejan la ocurrencia, que viene
. rías, a echarme este compromiso, habiendo dejar tirao a inyectar optimismo a aquel grupo de ingenuos campe-
mi maicito -dice Timoteo, mientras enciende un pando smos.
cigarro de hoja en el botón de fuego de la yesca-. Todavía .,, Los turbulentos, los matones de fama que van alá ·-·
si después de la pelegrinación me hubiera arrendao pa' mi ·'·
vanguardia, también hacen comentarios a su modo.
rancho, no me habría metido en este berengenal, que sepa -Yo pa' qué te lo niego, Tranquilino, largo se me hace.
1'., ~

O;< 62
:"'. ·.

llegar a San Miguel, pa' echarme encima del caballo atravesando potreros para acortar la distancia.
retinto de don Félix. Es una bestia ... que no respeta A poco, al descender de una loma, instintivarnent.e
lienzos; ligera como un venado y un gobierno ... que la todo mundo hace alto: San Miguel de los Alcalás al frente.
·haces dar vuelta en una peseta y bailar un jarabe en un 1:1. blanco y risueño caserío está medio iluminado por
comal. .. Aunque don Félix es mi amigo, lo que es ora los débiles rayos de una luna anémica en menguante.
rompemos con la amistá: me la avanzo, quera Dios o no Como manchas grises aparecen las formas confusas de
quera ¡Pos luego, entonces pa' qué son las refolufias! las casas. ·
¡Mah ! Los perros de los arrabales parecen estar dormidos o
-En efeuto, vale -dice Nicolás-; pa' eso son las bolas tener miedo; no ladran. ·
y hay que aprovechar. Y o por lo tocante a bestia, con ésta La columna se detiene. Policarpo selecciona cincuenta
me basta y sobra; a lo que le tiro al llegar a San Miguel. es hombres; los manda echar pie a tierra y les ordena que
a ver si me puedo robar a la chata Rosalía, que está de avancen, divididos, por las calles que desembocan en la
"revolcón, brinco y pugido" ... Pa' qué te digo más ... plaza principal, a fin de tomar por asalto la presidencia.
-Pos yo -agrega Marcelino, el Tuerto=, en cuanto Al resto de la gente, la distribuye en distintos lugares
éntremos al pueblo, me voy de jilo al juzgao, a buscar los alrededor del pueblo.
papeles onde ese juez jijo de siete ... me sentenció a veinte . Antes de salir a tomar sus posiciones, los montados se
años por los dos endevidos que maté, y a ver si me toca bajan, aprietan sus sillas, revisan sus armas se calan los
la de buenas de agarrarlo pa' hacerlo bailar la Varsoviana barboquejos, se aseguran el sombrero; sacan' sus medallas
a balazos. . . :; y sus escapularios, se santiguan y montan nuevamente
En cambio, los irresponsables, rancheros montaraces, musitando oraciones: ·
asustadizos, que rara vez bajan al pueblo, y vienen ahí sin -¡Sombra del Señor Santiago, cúbreme! ¡Virgen de
saber por qué vienen ni hacia dónde van; tan solo porque Guadalupe, protéjeme con tu santísimo manto! ¡Señor
los llevan sobre sus doloridos lomos las pacientes acémilas, ; San Miguelito, empréstame tu machete ... ! -se escucha
caminan impasibles, con los machetes atravesados en la a media voz.
silla, canturreando a media voz: Los montados se repliegan a· las casas de las afueras
del pueblo, y como sombras, en el mayor sigilo desaparee
En una mesa te puse cen, sitiando a San Miguel. '
un ramillete de flores. Cautelosamente, los de a pie se escurren por las estre-
Mariana, no seas ingrata, chas callejuelas que llevan hacia la plaza. .

,r'r·
regálame tus amores ... Policarpo y El Ruñido los siguen. . · .
-Oye, Caifás, ¿ónde están las sogas? -le pregunta El
-¡Rompan filas y búiganle ... ! Ruñido.

.1 ,.
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..
Corre de boca en boca la consigna.
Había que llegar a San Miguel favorecidos por las
-Aquí están, mi jefe.
-Bueno, ténlas ai', pa' ora que se ofrezca. •
sombras de la noche y sorprender dormida a la defensa ; -¿Pos pa' qué son tantas reatas, tú, Ruñido? -pre-
de don José María. gunta Policarpo.
La columna se disgrega; todos avanzan en turbulento :--Pa' acabar con todos esos López, que como te dije.
tropel galopando a campo traviesa, derribando cercados y ., me tienen muy agraviado ... Mira: ésta pa' colgar al viejo,

64 65
~:;•. del balcón; ésta otra pa' Miguel, y ésta más, por si me toca Las esbeltas columnas del portal aparecen ante los
·}:.
la suerte de que ande ai' el tal Silverio, pa' colgarlo del perspicaces ojos de los asaltantes; como un batallón de
palo de la bandera y que sea el primero que le saque gigantes, tendidos en línea desplegada. Esto los . impre-
vueltas a los zopilotes ... siona, haciéndolos avanzar con mayor cautela.
-¡Pero, hombre, tanto colgao! Ni que juera Sábado -Les encargo muncho al viejo -recomienda a media
de Gloria! No, mira, Ruñído, deja mejor las reatas pa' voz El Ruñido-; no me lo dejen juir, lo mesmo que a ...
amarrar los caballos, y si tienes agravios con los López no Una estruendosa descarga le mata las palabras en la
. f::·1· boca.
te valgas de la ocasión; búscalos y cualqúera de ello~ te
cumple onde queras y a la hora que queras ... Venemos a Los cristeros quedan desconcertados. buscando sobre
desfender ~Cristo Rey y no a vengar agravios; yo, cuando qué disparar. ·
los he temdo con alguno, le he parao los pies como los Nuevas descargas continúan, uniformes, precisas. Una
hombres; ansí se usa aquí en Los Altos. ¿Qué, allá por ráfaga de fuego se extiende de extremo a extremo del pretil
tierra adentro, de onde tú eres, no es ansina? de la presidencia, y de la torre del templo salen escupitajos
Un sordo gruñido y una maldición es la contestación de lumbre.
de El Ruñido. . El pueblo despierta alarmado, sacudiéndose de es-
panto.
Don José Maria, -~l alcalde, que tan agraviado tenía a Y un baile trágico, dantesco, se inicia a media plaza.
Herculano, El Ruñido, ya los esperaba. Los cristeros saltan de un lado para otro, todavía des-
Parapetado en las alf:uras de la presidencia y las concertados. Hay gritos, carreras, alaridos, blasfemias y
torres del templo, con veinte hombres de la "guardia lament:os de los Que caen heridos.
Policarpo, impotente, grita y vocifera enfurecido, se
guzga", como allí llamaban a los miembros de la defensa
social, estaba resuelto a rechazarlos. mesa los cabellos y se muerde, rabioso, los brazos, por no
poder hacer uso de su buena puntería, en medio de aquella
-Nadie se mueva ni haga ruido -dice a su gente-.
Estos desvelaos creen que nos van a encontrar echados en penumbra.
Hubiera querido que la luz incipiente del día, apare-
el,nido, Y v8!1 a ver cómo a la hora de la hora, no saben ni
ciera como un rayo, de golpe; no tan poco a poco como
donde quedo .el colorado ... Ahora, mucho silencio, porque
iba llegando, tenue, tímida, medrosa. ·
son muy ladinos; hay que procurar que no nos sientan
A pesar de la sorpresa, los cristeros no retroceden,
para hacerlos caer en la ratonera ... Hasta que salgan a l~
plaza y den blanco, hacen fuego. enfurecidos también, buscan parapetos entre los yerbajos
y bancas de la plaza, y disparan sobre la oscura mole de la
~mbarrándose a las paredes, como espectros, a pasos
medidos de gato en acecho, avanzan Jos asaltantes. presidencia.
De las alturas sigue saliendo una lengua de fuego,
La débil luz de la luna en retirada, ahora es un borrón
desconcertante. Hay una confusión de sombras y de gentes, inmensa, fulgurante. De abajo, los escupitajos de lumbre
que hace exclamar alarmado al alcalde: - se multiplican por toda la plaza.
-¡Reculen! ¡reculen! =grita al fin Policarpo con voz
. -¡Ah, chisguetes, muchachos ... ! Si es un hervidero.
¡Listos! ronca.
A rastras, agazapándose, pegados a fas paredes, los
Pron!-0 dejan las calles de vomitar cristeros sobre la
plaza desierta, envuelta en un silencio impresionante. cristeros se retiran de la plaza en busca de buenas posi-
ciones.
67

...... :.~
-¡Demen blanco, guzgos piojosos, JIJOS de. seten~
mil. .. pa' que sepan quén es su padre ... ! -grita Poli- hombres que traigo, no poder con veinte ... ¡Écheme otro
carpo a media calle, con el rifle en la mano-. ¡Saquen cuarto ... !
i ..
siquera los cuernos pa' tumbársel?~.; asomen mas que -¡Ya, Policarpo; no te aflijas; al cabo hay más tiempo
las greñas pa' tuzarlos a balazos, JIJOS de munchas .... 1sean que vida ... Un volao a ver a quén le toca bailarles el meco
-¡Cristeros hambriaos, caga velas =les conte~~~n a media calle a esos guzgos piojosos -dice El Canelo.
aquéllos-. ¡Aquí está su presidencia, vengan por ella, JIJOS -¡Zaás ... ! -aprueban en coro los circunstantes.
de la ... ! -¿Qué le vas, Pachanga, águila o sello? -y de las
Y las descargas continúan por ambos lados. manos de Policarpo salta un peso haciendo piruetas en el
Mientras tanto, las puertas y ventanas de la~ casas se. aire .
abren eón precaución y asoman manos descolon~as, . con -Águila -contesta aquél, saltando del.mostrad<_>r.
velas encendidas, echando bendiciones por el triunfo de -¡Jué sol. .. ! =grita la chusma en medio de alaridos=:
la santa causa. ¡perdites ... !
-Maistro -dice la Pachanga, subiéndose los panta.
El alcalde, con su guardia guzga, sostiene su posición. El lones-: écheme medio cuartillo pa'l susto.
asalto por parte de los cristeros es imposible. La defensa -¡Válgarne el Siñor de Chalma! -agrega levantando
de don José María se defiende con bríos. el vaso de tequila-; ¡con esta carga cualquera se pone
El bochorno del sol de mediodía apacigua los ánimos; pando ... ! . ·
hay una tregua. . . Se lo empina de un sorbo, y de un brmco se planta a
·.·1
A dos cuadras de la presidencia, en la tienda de don media calle a cien metros de la presidencia. 1

Ranulfo Tapia, viejo cristero, hermano mayor de la Vela -¡Ay!,' ¡ay!, ¡ay!, chivos flacos, pelones, ~antenidos
Perpetua y jefe de la Liga, se emborrachan Policarpo y su con zacate; en la punta ... de este cerro les b'ai~o su cho- .1·!
estado mayor. colate ... -y comienza a bailar, disparando su pistola.
-¡Canijo, quén se iba a soponer que este viejo con De la presidencia sale una granizada de balazos sobre
sólo veinte hombres nos aiga dao en la madre ... ! Porque La Pachanga.
lo que es que si no se le acaba el parque ... lo sacamos d~ -¡Aija y aija!, ¡upa y apa ... ! -salta de un lado para
ai' el año de la tiznada ... ! otro, toreando las balas. .. .
! "¡Mire nornás, amo don Ranulfo; lo que no nos pasó De la tienda salen a borbotones carcajadas y gritos,
en San Juan con los sardos, nos vino a pasar aquí con festejando la audacia. . . .
estos deshilachados ... ! ¡Álgame Dios, ónde venimos a La Pachanga no cesa de bailar en medio de la lluvia
darlas ... ! ¡Écheme otro cuarto de tequila, don Ranulfo! de balas que le caen, por todas partes, salpicándolo de
-dice Policarpo. tierra.
-¡Pacencia, mi coronel, pacencia; de aquí a mañana -¡Aija y aija! ¡y upa y upa!. ..
no queda uno solo de esos fariseos; yo sé lo que le digo. Y a Lo que tenía que ser: una bala lo alcanza en una
mandé a avisar a San Julián y pa' esta noche o mañana pierna. Se bambolea y se dobla poco a poco; se arr~tra
tenemos aquí la gente de don Miguel, y entonces verá ese hacia la tienda y se retira en cuatro patas, con la pierna
viejo si los soldados de Cristo pueden o no pueden .. : sangrante. . ,
=Sí; pero siempre la vergüenza de que con doscientos -Don Ranulfo, emprésteme una botella de tequila pa
curar a éste -dice Policarpo. Le descubre la henda Y le
68
69
quiere vaciar la botella en ella. . La gente se precipita a asomarse. Contemplan gusto-
-No, hombre, Policarpo; no lo desperdicies; echa pa' sos la larga columna de polvo que se mueve en dirección
cá la bote!la, me hace más falta en el estómago ... Mira, al pueblo.
Canelo, buscate unas telarañas ai' detrás de la puerta pa' -Sí, son federales que vienen a damos auxilio -dicen
que me taponiés la herida ... satisfechos=. Ora sí, pa' que se les acabe el hipo a estos
Aquello qué importancia tenía para Juan La Pa- desgraciados cristeros; sobre todo al Policarpo, ¡quis'que
changa, si el fierro de herrar con que marcaba sus' animales se las come crudas ... !
en su rancho se lo aplicó en un cachete nomás para saber "Pa' de aquí a media hora, no van a encontrar ni por
qué era lo que podían sentir cuando se los aplicaba en las ónde salir, y van a cair como ratas ... "
ancas ... Pero, en cuanto más se aproxima la columna, y co-
. ~sa era la cau~. de que trajera plegada, deformada mienza a despejarse la polvareda, aparecen anchos som-
hornblemente la mejilla derecha. breros de petate y blanquean las camisas ...
La prodigalidad de don Ranulfo no tiene límite para Los hombres de la defensa se quedan atónitos; se
aquella turba de defensores de Cristo, a quienes se com- miran entre sí, perplejos, sin proferir palabra, y se retiran
place en agasajar. Las botellas de tequila con mistela de lívidos, desalentados, a tomar nuevamente sus armas.
hambre, el Carlón, los amargos de estafiate y limón se Era un nuevo grupo de cristeros.
,
vacían con asombrosa rapidez. ' El viejo alcalde echa una desolada mirada: sobre sus
Al filo de las tres, cuando el bochorno de la siesta es hombres, y los encuentra abatidos, macilentos, exhaustos.
más intenso, Policarpo y su estado. mayor han dado las Veinte individuos, resistiendo con bríos desde el día
tres y últimas: Unos están tirados, cuan largos son, sobre anterior las furiosas acometidas de un enemigo diez veces
el suelo, en medio de nauseabundas vomitadas; otros están superior, ¡no era para menos! ·
de bruces sobre el mostrador, escurriéndoles un hilo de Comprende que toda resistencia es inútil. No era justo
babas, y otros más están hechos nudo, la cabeza colgante sacrificar a aquel grupo de generosos y valientes labriegos
Y el sombrero tirado a sus pies, sobre los cajones vacíos que tan leales le habían sido y que lo seguirían siendo hasta
que hay en derredor de la tienda. el fin.
Y cual más y mejor roncan estrepitosamente, dando -¡Destápenle, muchachos!; ¡vamonos .. .! Brinquen
la impresión ·de una loca sinfonía de contrabajos a toda por el corral de don Martín, y al cerro ...
cuerda . . · Los cristeros se dan cuenta de que han escapado los
de la defensa, cuando éstos ya se han internado en el
Madrugada lívida. monte.
El sol aparece con síntomas de locura: ya se esconde -¿Los seguimos, Policarpo?
tras la densa cortina de una nube pachona; ya reaparece -No, déjenlos, probes; bastante hicieron con tenemos
lamiendo acariciante los pretiles y las copas de los ár- a raya más de un día ¡Ora, Ruñido, anda a seguir a los
i' .:
}. boles.. . López ... ! ¡Ja, ja, ja! Te dejaron con la luna en pren-
. . . t
Por los áridos llanos del camino que lleva a San -Iu-' das. . . na, Ja, Ja. . . . .
lián, se levanta una densa polvareda. . El Ruñido se mordisquea los erizados bigotes y vomita. -···
=Federales que vienen a reforzarnos -exclama don sapos y culebras ...
José María, regocijado. Suenan las músicas; repican las campanas; el pueblo

70 71
n-
~ '
todo se ha congregado en la plaza y se confunde entre los
~· soldados de Cristo, otra vez victoriosos. Las beatas se distintos estilos y colores; blancos cortinajes de gancho,
abren paso a empellones hasta llegar con Policarpo y su amarrados con listones azules. Las paredes, al frente, tapi-
flamante estado mayor, para condecorarlos con medallas, zadas de santos y piadosas leyendas, predominando, en fa
cintajos y escaputf1rios. pared central, con grandes letras de 01·0: ¡Viva Cristo Rey!
A los lados, cuadros vulgares de barbería de pueblo:
Vetusto caserón de cantera toscamente labrada; ventanas la guerra del 70, agrestes paisajes, escenas de cacería y la
enrejadas a los lados, coronadas con cruces de palma del Villa. de Guadalupe.
;~·
Domingo de Ramos. Un largo cordón de gente, como hormigas arrieras, ·1..,l
En medio, ancho portón de mezquite, capaz de resistir van y vienen trayendo trastos, ollas y charolas coronadas 1
cañonazos, ostentaodo en lo alto, a manera de emblema, el de puchas y soletas. I~
,
.... Santo Patrono del lugar: un San Miguel de cantera. Doña Melitona, la esposa de don Chon, con sus an- -~
Hacia dentro, amplio patio empedrado; en un rincón chas enaguas de olán al vuelo, botines de charol rechina-
1¡:
el pozo pueblerino, de· alto brocal y quejumbroso carrillo dores y un monumental chongo anudado con un listón
de madera.
Por sobre la pared encalichada trepa una vieja parra,
carmesí, va hacia todos lados, moviendo rítmicamente sus
robustas asentaderas.
,,
de brazos descarnados, a cuya escasa .sombra duermen la . La música de los "cinco viejos", que largo rato llevan t
1,1; ¡
siesta dos· perros gruñones. de templar para ponerse a tono, sueltan al fin una de
Al fondo, vasto corral oliente a estiércol, con su puerta aquellas polkas pespunteadas, que allá se les llamaba de ·1. I
de golpe, por la· cus! asoman la cabeza burros trasijados, brinco, arrempujón y pujido. .
caballos aburridos y cerdos rezongones. · . El pueblo se sacude de gusto. Las calles se pueblan de
.1
Una vieja casona que, por fuera, tenía un menguado rumores; se abren las puertas con estrépito y salen corrien-
·sello de heráldica ramplona y, por dentro, el rústico as- do los chicos a tomar posiciones en lo alto del enrejado
pecto de una venta cervantina, tal era la morada de don de las ventanas, para disfrutar mejor de la suntuosidad
Chon Tapones, agiotista ruin y despiadado que tenía hipo- de aquella fiesta. · . ·
tecado a todo el pueblo, Y en la cual -caso insólito=-, se iba Un movimiento general entre la concurrencia, sobre
a festejar con un "refresco" a Policarpo y demás jefes. todo en las mujeres, que se cubren recatadamente el pecho
-Con un trago de agua endulzada y unas cuantas con los tápalos, se recogen las faldas y se acomodan sobre
..."· puchas y soletas me congracio con éstos, pa' que no se sus .asientos con toda compostura, las hace interrumpir
' vayan a tragar mis reses ni a llevarse mis caballos -se dice sus sabrosas pláticas de comadres criticonas.
para sus adentros el agiotista. · Los tres padres del pueblo, seguidos de Policarpo,
con su estado mayor, penetran en la sala. ·
Por fa noche, el ancho zaguán y las ventanas, abiertas de Toda la concurrencia se pone de pie, .Y los que están
pal'. en par, arrojan cborros de luz sobre la calle. · cerca besan con toda reverencia las manos de los tres pa-
La sala de la casa de don Chon, según opinión de las drecitos. ·
vecinas, está como si se fuera a recibir a su Señoría Ilus- . Fuera, la gente .del pueblo, que no tiene acceso a aque-
trísima, o a don Cherna Lozano, cuando era ministro. la rica mansión, se precipita a empellones y codazos sobre
Sillas en profusión, conseguidas en el vecindario.. de las ventanas.
/,
72 '18
Hay exclamaciones y gritos de entusiasmo al divisar'] viendo lo que nos· está pasando con la . Iglesia, por tanto
al héroe victorioso: ¡Viva Policarpo Bermúdez ... ! ¡Vivan'. ofender a Dios Nuestro Señor ... !
los soldados de Cristo ... ! . . La fiesta va cobrando animación.
Policarpo es obligado a sentarse en el lugar de honor, ~; Se baila la Malobra a atropellones y carreras, a lo
en medio de los padres. Siguen el Canelo, El Patas, La '; largo de la sala. .
Pachanga y El Pando. ' La mujer en un extremo y el hombre en ~l otro, el
Los abroncados rancheros sienten que todo da vueltas baile consiste en no dejarse pasar uno al otro bailador del
a su derredor; les falta piso donde fijar los píes. Están campo que cada quien guarda, cerrándole el paso. Y unas
anonadados de vergüenza; no saben dónde colocar las veces cae la mujer con sus dos asentaderas en el su~lo Y
manos, ni hacia dónde dirigir sus ojos azorados. las piernas en alto, y otras rueda el hombre por tierra,
Todas las miradas de la gente, tanto la de dentro, mientras la concurrencia canta en coro:
como la de fuera, caen sobre ellos, como una plancha de
plomo, aplastándolos de mortificación. En aquellos mo- Y ésta es la dicha M olobra
mentos están arrepentidos de ser héroes. Que a los muertos resucita
Uno de aquellos schotis huracanados, que allá se les Sacando la cabecita
llamaba de volantín, carrera y caballazo, viene a aliviar , Por entre la sepultura ...
su situación. La gente se distrae; se inician las conversa- .:
dones, y los rudos rancheros resuellan a sus anchas, por- . Los "Cinco Viejos" se duermen sobre sus instrumen-
que ya no tienen sobre sí aquellas penetrantes miradas de . '. tos sin mermarle al guitarreo.
sus admiradores. i Los gritos y las risotadas congestionan la sala, y fuera,
Un catrín del pueblo, presuntuoso y relamido que se ~.' donde apenas se percibe el monótono l'Un. . . run. . . del
quiere exhibir, tiene la audacia de ofrecer el brazo a una .. contrabajo, aúlla la gente de contento.
muchacha que se encoge y esconde la cabeza, roja de :' A la puerta de la sala, un grupo de ranch~ros alzados
vergüenza, invitándola a bailar. . '. obstruye la entrada. Dan vueltas, se arremolinan Y em-
-¡Mira, tú, a la menguada de Trenidá, cómo se hace ,·f pujan como manada de reses entrando al corral.
de la boca chiquita! -comentan dos muchachas-; no quie- . Va doña Melitona y los mete a empellones.
re salir a bailar con Toribito; se hace como las tortugas: Entran pisando en lana, arrastrando los sombreros,
¡No me echen al agua porque me hogo... ! ¡Ya quisiera rojos de vergüenza; procurando taparse unos con otros,
la pobre que ese chivo padre le diera un tope; ¡pos de qué : hasta que se acomodan cerca de los músicos.
presume! Junto al tololoche está don Chon, con las manos so-
Doña Melitona, que alcanza a ver semejante desacato, bre la barriga, cabeceando. .
corre a interponerse -No, Toribio -le dice afablemente al Como es más sordo que una tapia, los astutos ran-
galán-; me vas a hacer el favor de dispensarme, pero lo·:;- cheros se dan a divertirse con él.
que es aquí en mi casa no se balsan esos bailes tan peca· · -¡Oiga, tío Chon: -le dice uno despertándolo, simu-
minosos ... ! Muncho menos estando aquí los padrecitos ... lando con las manos, como si le hablare de caballos- ¿ Có-
El Jarabe, La Botella, La Malobra, puedes rebalsarlos • mo está doña Meli su mujer?
hasta que se te hinchen los pies; pero lo que es de esos bai- -Pos hombre -'le contesta· bostezando-,· está muy
.
1ecitos de arre1un tam1en. t o,, . . . no, ¡ma. alma. . . '. ¡ Estás
engerida. Dende el otro día que se aventó, no puede estar
H •

74 '15
buena. Vo'a sacarla del potrero, y a meterla en la caba- Por su parte, la música no se da tregua; aúllan los
lleriza, a ver si ansí se le corta el "chorro" ... violines y los bandolones, cada cual por su lado; carras-
-¿Y Chonita? -le pregunta otro, refiriéndose a su pean los bajos, y ronca estrepitosamente el tololoche, has-
hija, haciendo señas como si se tratare de una vaca-. ta el amanecer ...
¿Cuánto vale?
. . -Pos hombre ... hay me darás sesenta pesos por ella
-le responde rascándose la cabeza-. Es hija, como tú sa-
. bes, de la vaca coneja, muy buena lechera .. > La verdá, te
conviene, ya anda ubrándose ... ! .
:.•¡
~· 1 ..
. Ruidosas carcajadas ruedan por la sala, y el agiotista
ríe también estúpidamente. ··
Policarpo y su estado mayor bailan el Jarabe a me-
dia pieza. Doña Melitona acompaña al primero; levanta
ufana la cabeza, pidiendo aplausos, orgullosa de bailar con
el héroe.

Y andaba toreando un toro


En mi caballo alazán
¡
;;

f -canta con voz gangosa tío Pascasio, el del bajo.


\
;,1 Y el toro estaba en Zacoalco
•.:
..
r.
:,
Y yo estaba en Ücotlán ...
1·'· -le contesta con voz atiplada Félix, el del bandolón.

Y ah qué demonio de toro ... ! ,:


Ya merito me alcanzaba.
~
Si no es porque estaba en medio · ~
La laguna de Chapala .. .! · · 11
.1
i!
El Jarabe parece interminable. Entrados en calor,
los bailadores redoblan a zapatazo limpio, y las mujeres I
..!
taconean a toda ley; se levantan picarescamente la falda

1'
para lucir las puntas bordadas de sus fondos y enseñar · .r.;;¡
:~\.
.(-.

sus robustas pantorrillas, a pesar de la presencia de los ."'V'

santos padrecitos, que se remueven gustosos sobre sus


asientos y aplauden a rabiar ...

76 '
77
'
•, .
·: ·.
'! i.:
i.

I
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l

LA TIERRA DE PROMISióN

Con los triunfos de San Juan y San Miguel y los 300


hombres a su mando, Policarpo ya se consideraba un ge-
neral -la mayor ambición de su vida, que lo había arras-
trado a la rebelión cristera.
En lugar del águila, llevaba en el sombrero una estam-
pa de Cristo, y a cambio de charreteras y galones, un
escapulario.
Así salió de San Miguel, al frente de su "cuerpo de
ejército", a reunirse con el padre Vega en el Rincón de
Chávez, para marchar juntos sobre la capital.
Como la vez anterior, de dos en fondo, para que se
hicieran muchos, caminan los cristeros, envueltos entre
nubes de polvo y llamaradas de sol.
Nada hay que merezca descripción de los áridos Ha-
nos por donde van pasando: tierras grises exhaustas, casi
muertas, cruelmente pisoteadas por el paso de los años.
Sin un árbol, ni un yerbajo, ni nada que atestigüe la vida.
Parece que sobre aquellos campos yermos se revolcó el
diablo. . . Sólo cuervos rapaces y auras pelonas rubrican
el aire, revoloteando hambrientas en derredor de la co-
lumna.
Al aproximarse a la Congregación, Policarpo ordena r
i
1'
se guarde orden y se presenten armas al f llegtar ~~f~·~~ ~¡ :;
e ura. ,. "· . ~ ·. <-· .."
El Pando se apronta a recorrer la colum
l t
~a IíW,t:}
.
t run· a a gen e. . . -~ .¡."" ,~n .....
~ .~ t"
-¡Epa, tú, Lagartija! Parece que vas en '~ ·,. proc~'/
sión con una vela en la mano; no has olvidao . ...,.,, .. ,.,,• ti{
todavía
oficio de sacristán ... Recárgate la arma en la pierna. ¡Eso eres de buen. lugar. ,~Vaya'., 1[vaya!., 1[vaya!• - y sse re t.ira.
es, ans1, .... 1 riendo.
-¡Ora, tú, Tragarratasl, si no es chuzo ... Para bien Ordenada la gente, la columna prosigue su 'marcha.
el machete y alíneate ... ¡Áscuale ;ansina .. .! Aquel la~go cordón de montados antójase una apocalíp-
-¡Arrea, tú, Guaraches!; ¿qué, todavía te sobró sueño? tica serpiente que repta derecho, luego ondula y se retuer-
;Levanta los cuernos, sacúdete la rienda a tu caballo y ce, siguiendo los recodos y vueltas del camino.
échate el machete al hombro ... ¡Ajá; ansí, sí! Pos qué va Policarpo se acomoda sobre la teja de la silla y voltea
a decir el padrecito de nosotros, qué clase de melitares hacia atrás. El pecho se le hincha de satisfacción al verse
sem°''3..4 ·;.
al fren~ de aquel numeroso contingente; alarga la cabeza
-¡Oye, tú, tasajo! ¿Pos ónde viene el convite? para mirar la cola del monstruoso reptil que va guiando y
-¿Por qué? manejando a su arbitrio, y con el cual va a conquistar Los
-Porque pareces payaso de circo como te meneas; o Altos y a_ ob~ener el ansiado sombrero texano, ya sea que
pa que mejor me entiendas, te zangoloteas tanto, como si ~leve el Aguda o el Ojo de la Divina Providencia, poco·
trujieras gusanos en el rabo ... ¿Pos qué es eso? Amaciza importa; pero que lo señale como general. ..
las nalgas y aprieta bien las piernas ... ¿Qué no eres de a -¡Rincón de Chávez! ¡Rincón de Chávez ... ! -se ele-
caballo? va un ronco murmullo desde la cabeza hasta la cola de la
-Pos sí; pero qué no mira cómo trotea este animal;· columna.
parece que trai alambre en las patas como brinca el jijo Rincón de Chávez ... Hosco caserío de adobes, escon-
de un ... Y a me sacó el entresijo, y me voltió al revés el dido entre viejos mezquites y sarnosos nopales. Rincón
cuajo, las tripas y el cagalar ... ¡Me lleva la ... ! de "bragados" y "panteras", donde se lleva el sombrero
por un lado y se escupe por un colmillo ... Cueva de va- l
-¡Malajo pa'l muchacho tan mal hablao! -gruñe el
Pando levantando el machete. '~'Z· lientes, donde el primer juguete que se da a los niños es
El muchacho se barre sobre el agudo lomo de la mula ··~ una pistola de patardos y un machete de hojalata para
que monta, esquivando el cintarazo. .\,, .... enseñarlos a hombres. . . Nido de matones y malaveri. · 'I
. i
-¿ónde están el sombrero, la cobija y el machete? !~ · guados, donde se nace con las piernas arqueadas para e

-Pos ... pos ... -titubea. aguantar los reparos de las bestias, y un callo en el cuadril .
i:
-¿Pos qué? -vuelve a gruñir el Pando, amenazándolo. a fin de soportar el peso de la 44. . . ¡Tierra de prodigio' ·
-Pos me los ganaron anoche en los albures. · donde se siembran calaveras y nacen cruces ... ! · · '
El Pando se queda viéndolo, y se alisa parsimoniosa- La columna hace alto frente al cura, que está tendido
mente las barbas. con un centenar de hombres en la plaza del pueblo.
-Pos, ¿de ónde eres, muchacho? Va montado en un caballo tordillo, con chaqueta de
-De la Cañada de Pérez; po' allá cerca de San Juan. cuero y pantalón ajustado. Un sombrero de pelo alacra-
1'1 ' -¡Ah, vaya! Pos es raro que no aigas jugao también nado, sustituye al litúrgico bonete. En lugar del hisopo
la camisa y los calzones, porque allá en tu tierra, ¡ah qué que bendice y arroja agua bendita, lleva debajo de la ación ·
buenos son pa' la jugada ... ! Y o vide en una feria que de la silla, un 30.:30 que escupe balas y mata a nombre de
llevaban a un hombre dentro de una canasta pizcadora, ·· '· Cristo Rey... . ...
encuerao como lo había parido su madre, porque había · Pelos erizos comenzaban a ennegrecer su cara tene-
perdido hasta los calzones en un carcamán ... Ansí es que· brosa, y sus ojos desviadosdespedían destellos de perfidia
:·.

80
El felón y sanguinario Ruñido vocifera · y· 1llurintifil ;.~>;;·x!
y de maldad.
despechado. Apenas lo había nombrado capitán el padre- , i "??~t
. l\:1ás qu~ padre, parecía uno de tantos panteras salido cito, siendo que él había sido de los que habían matado. ' -; ,
del mismo R~ncón de Chávez, o venido de Tacoitapa =otra más pelones en la emboscada que les tendieron a éstos en
cueva de. vahentes-, a algún fandango. . ·
el Arroyo del Águila. . . ·
. No iba a defender la doctrina de Cristo· iba a hacer -¡Y ahora, valientes -grita en medio de la columna
·.la lucha para llegar a obispo, canónigo, o cuando menos a el padrecito-; ¡a pelear como los buenos! ¡a exterminar
:· ... · cura de ~n cur~to n:iejor; ya no quería seguir soterrado en a los impíos ... ! Dios lo quiere. ¡Viva Cristo Rey ... ! -y.
:
1'

aquel misero villorrio. Por la misma razón se había levan-


extiende el brazo echando bendiciones. · .¡,/
t~do Angulo, Pedroza, Aldape, curas todos de congrega-
ciones y rancherías paupérrimas.
La columna, cuyo mando supremo ha asumido el padre . ..~
Los cléri~os, curas,. canónigos y obispos que disfruta- ...
Vega, se pone en movimiento y avanza por un estrecho
b~n de comodidades y dinero, no se habían levantado jamás .
m se levantaron. No tenían por qué. Reconcentrados en callejón quelleva a La Capilla.
> Los caballos caminan con el pescuezo colgando, tan-
las grand7~ ciudades y en el extranjero, a cubierto de
teando sus pisadas, afocando sus ojos de cuarzo sobre ,el
responsabilidades y peligros, esperaban que los otros, se-
pedruzcal que martillean con sus recias pezuñas.
cun~ados por la gente del campo, les restituyeran por
medio de balazos a Cristo. . El callejón parece interminable. Los montados se
- -¡Muy bien, don Policarpo; así se sirve a la santa · bambolean hacia los lados, por el paso inseguro de. Ias ,
causa de Dios -:-le dice el cura, echándole el brazo sobre bestias. !
la espalda-:. Así cumplen los verdaderos creyentes. -¡Si aquí nos cogieran los pelones, tú, Canelo, no ·· . !'
Y elogia con frases laudatorias su meritoria labor al · nos dejaban ni madre ... ! Aquí sí que ni pa' onde sa- ..
.aportar. aquellos tr,e~cientos hombres de corazón, decidi- carle. . .
dos, valientes. ¡Que importa que algunos vayan armados -Sí, hombre, 'qué fiero está esto. Parece que estárt ·
con machetes mohosos y mosquetes viejos, a cambiar cinta- sembradas las piedras ... Aquí las lagartijas han de usar
razos Y bolas de plomo que ni hacen blanco, ni hieren, por pechera de cuero pa' poder arrastrarse sobre estos pedre-
bala~ de acero que diezman ... ! Cristo estaba de por gales. . . ¡Álgame Dios ... ! . . .
l med10... · La marcha continúa, provocando aburrimiento en los ·
!
: · . - Por otra parte, toda grande acción al iniciarse re- montados. ¡
. ·~
Los mismos llanos amarillentos, arañados por la nece- .. 'i
',

quiere abnegación y sacrificios; reclama víctimas y ~ár-


''1: sida d.
tires que ejemplaricen y hagan todavía más santa la cau-
sa .... -filosofa el cura al ver a los reclutas: muchachos Las mismas tierras tísicas, salpicadas por escuálidos
aturdidos, con C;8ra de imbéciles; labriegos ultramontanos, rastrojos, cuyas hojas secas hace llorar el viento ...
alzados que bajaron de rancherías apartadas a incorpo- Remolinos como tirabuzones se elevan hacia el cielo,.
rarse a las huestes cristeras, a servir de camaza ... queriendo perforarlo. Y el sol de mediodía escupe plomo
"[Muy bien, don Policarpo!, ¡muy bien! ... Desde este derretido sobre las piramidales copas de los anchos som-
momento queda usted nombrado coronel. breros de petate. , . . ... __
. Policarpo está a punto de hacer explosión. Un brin- Un escuadrón de sombras sigue a la columna, jugué- .~--
. quito más, y el codiciado generalato ... teando; suben y bajan a las cercas; se achican y se agran- ·
i -.

82
· ... · dan; se dobl~n y se arrastran, se escond~n entre las oque- .i

. dades; se adelantan y luego retroceden, sm nunca quedarse


Chinita, por tu amor
atrás... · · d d l la vida me han de quitar. 1
. La columna atraviesa por rancherías abrasa as e so
y de tristeza, donde mujeres blancas! de ojos azules, como V ale más morir peleando,
·en un pasaje bíblico, salen con sus ca!1taros de agua sobre que yo dejarte de amar ...
el hombro a ofrecerla a los santos cnsteros ...
1

Entran al fin a la tierra de promisión de Los Altos; a Trae eJ aire entre arrullos esta típica canción, ento-
la tierra bermeja que parece estar regada con sangre; nada por muchachos querendones y broncos. .
1
donde todo es grande y basto: los hombres, s~s barbas, sus En el centro de cada milpa se levantan blancas pirá-
calzones, sus sombreros; su bondad, su gentileza, su hom- mides de maíz en greña coronadas con una rústica cruz.
La columna, por orden del cura, se detiene a admirar
bría.
Lugar de maravilla, donde se cuen~a que los c~rdos se aquel cuadro campestre, bravo y pintoresco.
encuentran por nidadas entre los agujeros, X se d1ce. que · Los campesinos suspenden sus labores y voltean extra-
hay vetas de manteca y montañas de "carmtas Y chicha- ñados. En cuanto se dan cuenta de la presencia del cura,
, tiran las canastas, se descubren, van hacia él y le besan la
. rrones"... . · . . mano.
Los cercados · de un color parduzco, se extienden en
todas direccione; sobre aquellos magníficos campos la- -¡Hola, don Gumersindo! -dice el cura reconociendo
brantíos; suben y bajan a los montes; corren sobre _el Han~, al presidente municipal de un poblacho cercano, ocupado
bifurcándose, y se pierden en los barrancos y .los nos, deli- en colocar unas piedras sobre un portillo abierto en una
mi tando los pequeños ranchos de los campesmos. cerca de terrenos de su propiedad-. ¿Qué hace aquí su · ·
Señoría? · · .,
••• f.,

Cada propiedad se distingue por _su casa d~ ado?e


colorado, circundada por corrales de piedra. Hacia atrás, -Pos aquí nomás, señor, tapando este portillito.
un montecillo de nopales y magueyes; al frente, un ~ron- -¿Pero toda una autoridad -añade en tono burlón
doso mezquite, donde se sombrean y duermen las gallinas, el cura- haciendo estos trabajos como si fuera un peón?
y a un lado un tanque de agua zarca. .
-Pos qué le hemos de hacer, señor, si aquí todos semos
piones, y el que no le huye al quihacer, no saca la cobija. · · :,
Nada hace falta en estas plácidas moradas de ~ulce
· Estos terrenos son muy probes, y hay que regarlos con
tranquilidad agreste: Hay vacas, bueyes, ~aballos, gallinas,
sudor pa' que produzcan.
manadas de cerdos y maíz en abundancia. Santos, ca~a-
-¿Qué sabe de los pelones?
binas, pistolas; un cura en cada familia; y una santa mujer
-Pos oiga -le contesta mintíendo-. ¡Como si se
con una docena de hijos. . . ·
hubieran muerto, dende qué hace que no asoman la
Es época de pizca. . cabeza por todo esto ... !
· Los campesinos, con la canasta a cu~stas, reman~dos
Los campesinos, que habían dejado sus labores pen- ·
los. anchos calzoncillos e inflada la cami~a por _el viento,
dientes, rodean al cura y escuchan descubiertos.
van y vienen a lo largo de los rojos barbéchos, jugando a
-Y tú, Nicolás, ¿qué haces ahí tan encogido? -se ..
la voladora con las robustas mazorcas que arrancan de las
dirige a un viejo encorvado, de barba enmarañada, que ··7·-_
milpas despuntadas y caen rebotando sobre los ventrudos
. . cestos, reforzados de cuero .
procura sustraerse a sus miradas, por el lastimoso estado ..
~ ';
de su vestimenta (unas calzoneras de gamuza, abiertas .i
.:;¡
:~¡ . : . . .
::t,..: 84

ti::;~.-- . ·. . . ·
... ::.·
. :·• ... -.·,•·::' .

hasta arriba, una deshilachada camisa de manta y unos Les cuenta · Jos triunfos alcanzados, inventando los
guaraches despedazados)-. ¿Qué razón me das de Pas~ más ~ inflando los pocos obtenidos, asegurándoles que era
cualillo? , cuestión de días para terminar con el judío gobierno; pero
~Pos que está bien, siñor cura, y que este año; pa' la: : . :· que se necesitaba un esfuerzo conjunto por parte de Jos
Noche Buena, se ordena. ~: buenos creyentes, por lo que era necesario· que todos
-Pues debes estar muy contento y darle gracias a fueran a la lucha.
Dios Nuestro Señor de ver logrado a tu hijo. Los labriegos se miran entre sí como preguntándose·
-Pos sí, siñor, nomás que ya no jallo la puerta. ¡Viera unos a los otros; esperando que alguno se comprometa;
qué caro. me ha salido el padrecitol Ya vendí todos mis pero como si se les hubiera puesto un candado en la boca·
animalitos y mis yuntitas de bueyes, y hasta tengo ena- ninguno abre los labios. '
jenao mi terrenito con don Chon ¡Pero, no embar- El cura los barre con una dura mirada, echándoles en
gante, estoy satisfecho y contento El Siñor me ha de cara su indecisión.
dar licencia de vivir pa' de aquí a diciembre y ver a mi Aquella mirada fría, que se hundía como puñal en las
hijo hecho padre, ya que la probe de mi dijunta María . tímidas conciencias de aquellos buenos hombres, los hizo
-que de Dios goce-, no tuvo ese gusto. } comenzar por disculparse.
Inclina la cabeza dando vuelta entre las manos a su · -Pos si a mí ánimo me sobra, sólo que pos toavía ni
tosco sombrero desgarrado, y aproximándose al cura, se comienzo a pizcar, y ¿cómo vo'a dejar tirao mi maicito?
coge de los tientos de la silla, levanta hacia él su cara -Engual que yo· -agrega otro-, si no juera porque
doliente de santo viejo y le dice con voz clamorosa: tengo que pagarle a don Lucas la habelitación que me dio
: · ~¡ . . -¿Qué, ora que su buena persona llegue a obispo, no a principio de año, dende luego me iba con su mercé.
podría su buena mercé hacerme la caridá, que Dios le -Pos lo mesmo yo -surge un tercero-; si rete harto
pagará algún día, de dármele a Pascualillo un buen curato? que me cuadra el borlote; pero pos ni modo... tengo echa-
. ¡Viera su mercé que no es tonto... ! . da a Crescenciana ... y con cuat.es... ¡Hágame su mercé
El cura se le queda viendo, halagado por el buen augu- el favor... !
rio, y en tono complaciente le contesta: Los demás permanecen mudos, sin atreverse siquiera
-Pues ahora que terminemos con estos impíos, que a levantar la vista.
esperamos en Dios no ha de ser muy tarde, si su Divina El cura se queda pensativo, buscando la manera de
. Majestad dispone que llegue a ser uno de los jefes de la llevarse consigo a aquel· grupo de rancheros, reconocida-
iglesia, pierde cuidado, Nicolás, que no me olvidaré de mente peleadores, poseedores, además, de magníficas ar-
Pascualillo. mas. Era un contingente de mucha valía al cual había que
El viejo campesino quiere hasta besarle los pies; le arrastrar a la revuelta, aun cuando parecía que su principal
tiemblan, emocionado, las barbas, y no encuentra palabras religión era la tierra, y que su maicito y sus engordas les ·
con qué significarle su agradecimiento; inclina la cabeza interesaban más que la misa y los sermones.
llorando. -¿Qué tal de cosecha, tú, Ramón? -se dirige el· cura ·
, ....
El cura ya no quiere perder el tiempo. Conversa con a un campesino que llega en aquellos momentos.
u los labriegos, insinuándoles con cierto tacto el deber que -La mera verdá, buena, padreeito. Hubo mucha agua,· - ·-----.
1
tenían de incorporarse a las huestes cristeras en defensa y usté sabe que de que el temporal es bueno, hasta los
de la causa. vaqueros se ubran .. ,

r.
fj''.

86 87
¡:,.:
~;:;···
-¡Vaya, vaya,' hombre!; me alegro mucho. temhlándole la harba de rabia-, al primer jij~ de uri tal
Y . sigue hurgando en su cerebro, buscando la forma que ~le~ue-por a9uí queriéndonos quitar nuestras tierritas, · ·
·.de convencer a que lo sigan todos aquellos buenos hombres. por Dios ~el · Cielo que nos trenzamos con -él y los que ·
Levanta la vista hacia el campo, erizado en toda su traiga, a tiznadazos ... perdonando su mercé la espresión.
extensión de milpales en fruto, que se mueven rumorosa- Y si no sobramos ninguno de los hombres quedan nues-
mente hacia los lados, impulsados por un viento acari- . tras mujeres que tamién saben echar bala .. '. ¡Mah ... ! ··
ciante. Y desde el fondo del río, a donde abrevan los -Seguro que sí -gritan los demás, con los puños en
ganados de la ranchería, llegan como lamentos las lángui- alto.
das canciones de los vaqueros:

Cueruito, cueruito, ¿qué haces en la peña?


·~
.~.~;
El cura los deja que hagan explosión y luego agrega:
-Pero ustedes solos van a un sacrificio inútil; no, la
manera de defender sus propiedades y principalmenté la
sufriendo y llorando por una trigueña ... ~ta caus~ de Dios, es viniéndose conmigo a reforzar las
cuervito, cueroito, ¿qué haces tan cuitado filas de Cnsto Rey. ·
sospira y sospira por enamorado... En esta ocasión ya no titubean los campesinos:
·-¡Vamos... ! -gritan decididos->, Al escurecer esta-
El cura está a punto de ordenar se prosiga la marcha, mos con su rnercé en la Capilla. .
reservándose para en mejor ocasión convencer a aquellos Y se alejan, después de. besarle la mano, murmurando
campesinos a que lo sigan, cuando de pronto lo asalta una como un colmenar alborotado.
idea. . .· Policarpo elogia calurosamente al cura por su habi-
· -Pues sí, como les decía -se dirige nuevamente a los lidad, Y se frota las manos de satisfacción al ver que su
labriegos-, todos los buenos cristianos tienen obligación poder aumenta con los nuevos contingentes que se van
de defender la santa causa de Dios, y luego sus propios agregando. . . .
intereses. Porque deben saber que en todos los pueblos · Suenan los cuernos, y la columna se pone nuevamente
que quedan atrás, desde Lagos hasta San Miguel, las en movimiento. · ·
tierras vienen siendo repartidas por el gobierno, y el día · · Los camp~sinos se pierden entre los milpales, y sólo se
de mañana que lleguen por aquí, harán otro tanto con los alcanza a percibir el murmullo de sus voces exaltadas.·
· terrenitos a todos ustedes; vendrán a quitárselos esos agra- Los campos quedan abandonados; los maizales a me-
ristas ladrones, apoyados por el perro gobierno y ... dio pizcar; los. aperos y las canastas, con la boca hacia
Los campesinos no lo dejan continuar; cambian la abajo, tiradas a orillas de los barbechos. Altos montones
sumisa actitud que observaban; sus semblantes se tornan de mazorcas se destacan corno blancos sudarios en medio de
agresivos y torvos; se agitan, manotean y se mueven ansio- los milpales...
sos, queriendo hablar todos a la vez. · Don Gumersindo es el único que continúa en su labor
-Pero, ¿por qué? -dice uno-, si nuestras tierritas nos de tapar el portillo. Ya va a retirarse, cuando llega un
han costao nuestro trabajo y nuestro dinero; a naiden le hombre corriendo a caballo.
hemos robao nada; ¿por qué nos las han de quitar? -¡Patrón! -le dice precipitadamente-, unos cristeros 1'¡!
-Pues eso digo yo también -repone el cura=-; pero es se 11evaron. su yegua. · - -----·~;·1

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el caso que así lo viene haciendo la gente del gobierno. , -¿Cómo? -ruge erizándosele el boscoso bigote. · 111
-Pos con perdón de su buena persona -salta otro,
·-Pos sí siñor; quén sabe quén la denunciarla. El
jué que llegaron derechito a onde estaba ...
Los. cristeros que . rodean la fogata resaltan en todos .. !
-¡Mi yegua tan fina ... ! =manotea bailando de ra- . ;

bia-. Pero me la pagan estos cristeros jijos de un ... sus pintorescos· detalles: unos tienen cara de santos de
Monta su caballo, ya carrera tendida va a dar cuenta
templos pobres de rancho, sólo que en lugar de llevar túni-
al jefe de las armas del paso de los cristeros. cas y aureolas de santidad, llevan calzoneras de cuero y
sombreros de petate; y otros tienen el aspecto hosco y
A los primeros toques de la oración, que obligaban a des-. huraño de gitanos remendones de cazos.
cubrirse a todo mundo, penetran los cristeros al pueblo ·
de La Capilla, sobre el camino real de San Miguel, y por Después del toque de ánimas, que hace que todo mundo se
el lado opuesto huyen los empleados del gobierno, a todo vuelva a descubrir y rezar por los difuntos, la tambora
correr, rumbo a Guadalajara, pues ya sabían lo que les gorda de las grandes festividades anuncia con estruendosos
esperaba si alguno caía en las manos del cura Vega: pri- retumbos que repercuten en los campos y montes vecinos,
mero, medio centenar de balazos, ·porque todos querían la Pastorela que aquella misma noche se va a representar
hacer justicia y enseñarse a blanquear con los herejes; en honor de las fuerzas de Cristo. ·
¡ después, la soga al cuello, y de allí al palo santo, a sacarles La Chapetilla -un pitillo lánguido y llorón, semejante
~
t...
~: vueltas a los zopilotes, como dijera El Ruñido. a una gaita asturiana->, que enloquece de entusiasmo a la
;~
No hay zozobra ni alarma en el pueblo, a pesar de los ~~nte de la tierra colorada, está instalada, rodeada de
gritos, las carreras y los disparos de los santos cristeros. muchachos, a la puerta del mesón de don Chago, en cuyo
Las puertas y ventanas de las casas, cuyos marcos es- amplio corral se va a verificar la representación.
tán coronados de piadosas leyendas y vivas a Cristo Rey, El propio don Chago, que es cantor, organista y sacris-
permanecen abiertas. Las gentes, unas desde aquellos tán del templo, es el organizador y director escénico.
lugares, lanzan vivas y aplausos al paso de las fuerzas, y La caballeriza de la posada ha sido elevada·a la cate-
otras se agregan a la columna al grito de ¡Viva Cristo Rey! . goría de escenario, sirviendo de portada uno de los arcos
,­Viva el padrecito Vega! ¡Viva el coronel Bermúdez! de la misma, sobre el que ha sido colocado un telón rojo ..
El Ruñido, por orden del padre Vega, se adelanta a Los cristeros y la gente del pueblo han tomado aco-
saquear e incendiar lacasa municipal. modo donde mejor pudieron; unos sobre gradería de vigas
Toda la gente que rodea a la columna se apresta gus- recargadas a la pared, otros sobre los pretiles de las azo-
tosa a servir en aquel acto de estricta justicia: extinguir, teas, y los más distinguidos, en sillas que exprofesamente
1 . :,,. exterminar, borrar por medio del fuego todo lo que diga se han enviado de las casas .
! ·:. gobierno. Todos esperan ansiosos la representación.
En un momento, las oficinas quedan vacías. El mobi- -Oiga, padrecito -le dice Policarpo al cura Vega...... ,
liario, los papeles, los expedientes y el archivo forman una . me da muy mala espina eso de que se nos aigan perdido
montaña a media plaza, a la que prende fuego el cura los pelones; eso de que ni siquiera sépanos ónde andan, no
Vega, al mismo tiempo que El Ruñido incendia, con botes me cuadra. ¡A la mejor nos· están tanteando: y cuando
de gasolina, la casa municipal. menos piénsemos, los tenemos encima ... ! Vámonos mejor
Sobre el fondo oscuro de una noche de tinta, se des- a pasar la noche al Cerro Gordo, y vamos dejando p
tacan las torres y las casas que circundan la plaza envuel- dientes los pastores.
tas en un ascua de lumbre. Grandioso espectáculo nunca -¡Pero mi coronel, quién se acuerda ya de los pelones!
visto en el pueblo. ¿Qué no se hadado cuenta de que andan espantados? Con

90 91
.~.

las zurras que les hemos dad~;ya no hallan ni para dónde de palma, y otras, los hermosos rostros de las mujeres
correr ... D~ aquí en adelaáte, nomas con que les sonemos capillenses, encajados dentro de dos gruesas trenzas, ador-
las cueras, tienen ... ¿ Verdad, Herculano? · nadas con listones de vivísimos colores.
. -¡Seguro que sí, siñor cura. De aquí pa' alante... puro Pero ·eso sí, hombres y mujeres estaban separados,
Cnsto Rey... , porque. . . entre santa y santo, pared de cal y . canto ...
-Está bueno -acepta Policarpo, por no contradecir. según el refrán.
. -Oye, Pachanga -le dice, separándose de la comí- Se levanta el telón y aparece el payaso:
tiva-«, orden~ avanz~das que vigilen las entradas del pue-
blo Y que ~a1den quite frenos ni desensille, por orden mía. Y a la luna va saliendo
El padrecito sabrá decir misas y echar bendiciones y el · alumbrando el callejón.
otro echar habladas y matar amarrados; pero lo q~e es A las muchachas, un beso,
guerrear ... ¡pos cuándo ... ! y a las viejas, un trompón ...
. ·Ya está todo el pueblo de La Capilla y los cristeros
en el corral de la representación. La Chapetilla ha dejado Y a por esta me despido,
de sonar; la tambora descansa, y más el tamborero ... contra el gobierno y la ley
. ¡~ué beatífica actitud la de Juan Cueras, que está tmueran los bf;ndidos sardos,
inmediato al cura; ¡que franciscana humildad la de este . C.risto Rey .... '
y vwa
aguerrido soldado de Cristo ... ! Tiene los brazos cruza-
dos sobre el pecho y la apacible mirada de un cordero en -¡Vivaaa! -grita la multitud.
agonía. Cuando bosteza, se santigua dibujando una cruz Se retira el gracioso en medio de silbidos, pedradas y
sobre la boca, con el dedo gordo; su cara es la de un naranjazos.
hombre de bien. ¡Y quién lo viera allá en su rancho, cuando En el escenario aparece una cabaña, rodeada de pas-
llega a encontrar algún infeliz gañán comiendo tunas ver- tores, y a poco llegan el Ermitaño y Gila. Esta última una
des o recogiendo barañas de leña seca... Saca su machete guapa muchacha que provoca tentaciones y sabrosos co-
y los baña en sangre; los amarra, y con una soga 8.1 cuello mentarios entre los broncos cristeros:
los lleva al pueblo a entregarlos a las autoridades, acusados -¿Qué me echas de ver, Pachanga? ~le grita uno en
de robo. Y cuando babia cuerdas, aquellos miserables iban tono picaresco.
a reforzar las filas de la dictadura. . . ¡Y quién hubiera -¡Los cuernos ... ! -le contesta éste.
vis~ !1 este benem~rito cristero rematar a un pobre pelón,. · -¡Consíguemela de cura y te la doy de sacristán! -le
arrojándole una piedra sobre la cabeza, para despojarlo grita otro. . ·
del máuser que ahora tiene entre las piernas ... -¡Ya quisiera el maiz pa' mí, y no pa' los chiflaos
Y luego allá ~l Tortugo, El Cienpiés, El Pinto, que puercos! -le responde en medio de una ruidosa carcajada.
el que menos ha~i_a mandado d~ difuntos a la sepultura, -¡Ay, qué cuero tan bonito pa' hacerme unas calzo-
formaban, en umon de El Ruñido ·y de Juan Cueras, el neras ... ! -aúlla uno de galería. ·
estado mayor del cura Vega. . · ~¡Ah, que fuste, valedor, pa' echar una jineteada ... !
. . Las cazolejas .de manteca que alumbran aquel impro= . . ·-¡Y cómo te pondrías, guarache, con una correa como
visado teatro al aire libre, no pueden fijar su escasa luz. . ésa ... ! -siguen gritando otros muchos.
Unas veces iluminan un tendido uniforme de sombreros :ii' -¡Ave Maria Purísima ... ! Cállense, hombres, ¿qué

92 93

:. ... · ...
no ven que es cosa santa? ~interviene un viejo. ·. tes a los terribles cintarazos de Lucifer, que ni quiere ni
'j Callan los cristeros y se quedan como los perros de los · da cuartel. ..
chicharroneros: viendo visiones y relamiéndose los tupidos La gente abandona sus asientos y los de galería saltan
bigotes, ahíto~. : . de deseos. . . . , a tierra, rodeándose excitados del escenario.
Da principio la representación. -¡No te rajes, Chacuiz, zonrájale un palo en la
El diablo, que está escondido detrás de unos matorra- •
guaJa.... 1
.
les, grita con voz entre burlona y cavernosa: -¡Ora, Pitacoche, por las costillas! No le mermes ... !
-¡Ándale, Gallareta; mídele el lomo con tu garrote!;
Dende aquí los estoy viendo, ¡ai lo tienes!; ¡duro con él. .. ! ¡Viva Cristo Rey ... !
pastores nalgas chorreadas... Un nutrido tiroteo alrededor del pueblo deja atónitos
a todos los concurrentes y pone fin al combate.
A lo que ellos rápidos contestan: -¡Los federales, los federales... ! =grita uno que llega
corriendo.
Sí tamién te estamos mirando, La confusión que se produce es espantosa. Gritan y
jijo' de siete ... de espadas... lloran las mujeres, oprimiéndose las manos; pero sin des-
mayarse, porque el momento es realmente trágico.
El diablo salta del matorral y comienza el combate. ' Los hombres se atropellan unos a otros, escupiendo ·
Como había que ajustar, para hacer más alusiva la repre- maldiciones.
sentación, al momento histórico religioso, los pastores lle- El cura, con su estado mayor, corre derribando sillas, ·
van en los gorrillos la simbólica divisa, representando a. atropellando a quienes se interponen a su paso, en busca
Cristo Rey, y el diablo. al impío gobierno. Así, pues, la de Policarpo. .
lucha es encarnizada ... De la gradería caen racimos de cristeros al suelo, y
Lucifer va armado de un machete que maneja con corren desaforados a buscar sus caballos.
rara habilidad, y los santos pastores, con cayados y ga- El pueblo está en tinieblas. Los disparos y gritos de
rrotes. los pelones se oyen cada vez más cerca.
El público está expectante, con la respiración en sus- Las avanzadas, favorecidas por la oscuridad, se para-
penso. · · · petan en las esquinas y logran medio contener a los asal-
Entra al fin en acción la refulgente espada de Luzbel. tantes; que se precipitan, como una avalancha, . por las
Culebrea siniestramente en el aire, lanzando relámpagos calles del pueblo. · · .
¡: y chispas, y ya se enrosca en los tobillos, derribando a Entre bambalinas, el Diablo, el Ermitaño, Gila; toda
I',. unos; ya chicotea brutalmente las espaldas de otros o la comparsa, se arrancan a tirones la pastoril indumentaria
azota con crudeza las robustas nalgas de los que huyen .... y se restregan la cara con aliva y tierra para quitarse el.
. Con-e Gila espantada y el Ermitaño cae de bruces sobre colorete.
el 'escenario, lanzando un largo pujido. . . · -¡Juanita, mis calzones... ! ¡Espiridión, mis faldillas,
Toda la concurrencia se pone de pie y se agita frené- por el amor de Dios... ! ¡Mis guaraches, con una tizna-
tica; hombres y mujeres gritan, gesticulan y manotean da ... ! =grita el Ermitaño, arrancándose las barbas.
enardecidos porque el diablo tiene azorrillados a los santos En un momento el corral queda como si hubiera sido
pastores, que no hacen otra cosa que anteponer sus garro- sacudido por un cataclismo. Las sillas, destrozadas, espar-

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·.·.··•:.•.\·. . . ,.~;..:.:·.·· ... :, .... :-· ::~ ..· .
; -..·

cidas por todas partes; el armónico del templo, volteado gaduras, para no darles blanco a los sardos, que les. van
. hacia abajo, con las teclas e-orno dientes de burro que pisando los talones .
mordieran la tierra. · Un grupo de éstos se interna en el monte, a fiñ de
Jirones del telón flotan por todos lados. Rebozos, gua- cortarles la retirada a los cristeros. En la penumbra del
raches y zapatos huérfanos, esparcidos por el suelo, junto amanecer apenas se distinguen las parduzcas siluetas de los
a las cazolejas que humean moribundas. pelones, por entre el huizachal.
Las barbas del Ermitaño, el chongo de la virgen, los Policarpo se da cuenta de que los van flanqueando, y
calzones de Bartolo y las faldillas de la Gila; la cola, los con diez hombres de los suyos, echa pie a tierra y se
cuernos del diablo y la tambora; con la barriga abierta> parapeta sobre un lienzo para contener el avance de los
yacen abandonados al pie del escenario. . . . sardos y proteger a los suyos que vienen atrás.
-¡Tómala, jijo de un ... ! -dice éste entre dientes, y
. .:. . ¡Estamos sitiados! -ruge Policarpo. un pelón abre los brazos, hace un Cristo en el aire y cae
La turba de cristeros, ya a caballo, corre de un lado hacia atrás, resbalando sobre el anca del caballo.
para otro, arremolinándose sin saber qué hacer. -¡Apárale y haz quimil, jijo de la mala ... ! -balbu-
Suenan los cuernos con desesperación. cea La Pachanga, y otro soldado se encoge, suelta la rien-
El tiroteo es cada vez más nutrido, y cada minuto que da, se bambolea y echa un "clavado" por sobre la cabeza
pasa el peligro de caer como ratas en manos de los pelones del animal.
es más inminente. Las avanzadas se repliegan más y más, Recargado a la cerca, un cristero está hecho nudo,
'l. . ante el empuje arrollador de los sardos. moribundo, mordiendo una medalla. Otro va a rastras,
-¡A romper el sitio por el callejón de la huerta de don atorado de un estribo de la silla, rebotando horriblemente
Zacarías, para salir al camino del Cerro Gordo, y el que sobre el pedregal, tirado del caballo, que corre desbocado.
quedó, quedó ... ! -grita Policarpo. · A lo largo del camino se miran manchones blancos de
·Como un· río furioso, incontenible, la avalancha de cristeros que han caído bajo el fuego de los federales, para
cristeros se precipita sobre el estrecho callejón, dispután- no levantarse ya nunca ...
dose a caballazos y maldiciones la delantera. -¡A romanear estiércol. al infierno, jijo de tu pelo-
Los que quedan atrás, que ya sienten que las balas de na ... ! -grita otro de los de Policarpo, y un federal más
los federales les chicotean las espaldas y oyen cómo silban azota de lado con todo y bestia. .
sobre sus cabezas, gritan desesperadamente a los que van -¡Ah, jijo ... ! -gruñe La Pachanga al sentir que le
delante: · vuelan el sombrero de un balazo-; aquí 'sí que como dijo
-¡Búiganle, búiganle que nos vienen quemando ... ! el perico: si no me agacho... me tiznan .. ,
Y desgarran con las espuelas los ijares de las bestias, El hilo de cristeros rezagado no se corta. Algunos ·
que relinchan alborotadas, parándose de manos; se preci- vienen heridos, y todos, por igual, con las quijadas caídas,
pitan sobre las de delante, enloquecidas, frenéticas, ensan- sin sombrero. U nos maldiciendo ·y otros rezando a los
. chanclo las narices y abriendo los hocicos como furias in- santos y metiendo vara, desesperadamente, a los flacos
fernales, hasta abrirse paso. caballejos que montan.
La oscuridad o la 'sombra del Señor Santiago los favo- El padrecito y su estado mayor son de los que van - - · ·
rece. Logran salir del pueblo y entran al camino real a delante, sin siquiera voltear hacia atrás. · ·
carrera tendida, alagartados sobre el cuello de las cabal- -¡Timoteo, por tu santa madre, échame en ancas,

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que este maldecido anim~l ya rio puede ni con las orejas, y la presencia de los pelones. Otros se aventuran a asomar
aquí estaco el cuero! -gnta uno. la cabeza por sobre los acantilados, divisando hacia abajo
Timoteo está sordo, ni siquiera levanta la cabeza. cómo se mueven por entre la ranchería, que duerme recos-
-¡Por la Virgen Santísima ... ! ­sigue gritando lasti- t.ada a Ja falda del cerro, las diminutas figuras, como cor-
meramente, ¡te~go mujer Y cinco hijos!; ¡denme ancas!; dón de hormigas, de los federales.
¡por amor de D10s!; ¡denme ancas ... ! -¡Mira, vale, cómo nos andan buscando los sardos
-Muévanse, tasajosl, que nos quieren cortar la reti- por entre las casas... ! -dice uno a otro que está a su lado
rada =increpa ~olicarpo a los cansados, y vuelve con los debajo de unos grangenos. '
suyos a seguir d1spa~andosobre los federales. -¡Qué va, hombre! Lo que andan buscando es qué
Éstos, sorprend1d.ospor aquel ataque inesperado, ha- tragar y gallinas y puercos pa' ávanzárselos. . . Y a nos-
cen alto para reorganizarse y tomar posiciones. otros les importamos una pura. . . ¡Pos si yo juí sardo,. y
'·· Policarpo y los demás aprovechan: se echan en ancas ya les conozco el modo...
a los heridos que encuentran a la mano y huyen a todo "Ya con esto tiene el jefecito pelón pa' rendir un parte
correr, internándose en seguida en el tupido boscaje del de esos 'tres piedras' ... Lo menos que va a decir es 'que
Cerro Gordo, d~mdedesaparecen como si la abrupta mon- pelió con un enemigo superior, tres días con sus noches,
taña se los hubiera tragado. y que nos redotó haciéndonos unas cien bajas entre muer-
A poco' sobre el lomo anguloso de la sierra remota • tos y heridos. Que hizo muchos prisioneros, a quienes quitó
aparece riéndose la cara grotesca del sol. papeles de muncha importancia; que recogió las pilas de
)

armas y manadas de caballos. Que por las juellas de sangre


El Cerro Gordo es la atalaya de Los Altos; la parte más que íbanos dejando en el camino, todos veníanos heri-
elevada de toda la región. Desde sus altos picos se domina dos... Asegurando, por último, que la revuelta cristera Se
el Bajío, Los Llanos del Tecuán, la Sierra de los Cañones había acabao en Los Altos.. .' ¿Qué tanteas... ?
y el Plan. · El cura y Policarpo se pasean a lo largo del campa-
Sobre su ancho lomo, partido por en medio, duermen mento, comentando el suceso. .
las nubes, echadas como vacas -halagador indicio de un -¿Ya contates la gente, Pando? -pregunta Policarpo.
buen temporal para los campesinos comarcanos. =Sí: faltan como dos docenas y media de endevidos.
Sus hondos barrancos, cuevas y abruptas quebradu- El cura se muestra abatido.
ras son albergue de gente perseguida por la justicia; allí -No se apure, padrecito; por ai han de venir; ya verá
anidan los matones Y los bandidos. · · como al rato van cayendo ...
En las bos(:osascumbres de este cerro legendario -vie- En efecto, no tardó mucho para que aparecieran como
jo guardián que parece cuidar de la tranquilidad de la sombras, por entre el breñal, las blancas siluetas de algu-
comarca-, se han refugiado los cristeros. nos dispersos...
Sobre la hondonada que forman las dos jorobas del -¡Ja, ja, ja! -ríe Policarpo al ver llegar al Chato
cerro, tendidos en la yerba, descansan los soldados de Rómulo con un chuzo en la mano; en calzoncillos, una
Cristo, sin recobrar aún sus caras descoloridas, la sangre tirlanga de camisa y un pedazo de sombrero en la cabeza-.
que al parecer se l.es fue h~sta los talones. ¿Pos qué te pasó?; ¿ónde larga tes las cueras y la cotona, .... ·-·:
Nadie osa abrir los labios. Algunos miran todavía con cristiano ... ? .
recelo la tortuosa vereda por donde llegaron, temerosos de -Pos ónde había de ser, en el pueblo. Cuando se nos

98 99.
vinieron encima los pelones, el potro de dos riendas que En el centro humean las hogueras, donde se asa la·
traiba se azoró con los disparos, y al quererlo montar se carne de las reses que han matado a balazos, cuyos despo-
dió el arrancón y me dejó tirao de olla en las piedras, con jos yacen entre charcos de sangre, nublados de moscas.
la luna en prendas ... No me quedó otro recurso que me- Los hombres, unos duermen tendidos a lo largo sobre
terme en la primera casa que incontré abierta, y allí me la yerba, con las monturas y sudaderos de cabecera; otros
aguanté hasta que amaneció Dios. Luego cambié mis conversan con los dispersos que han estado llegando.
trapos por estas hilachas, y ai vengo pian, pianíto, con mi -Pos no dicían las mujeres en el rancho que a nos-
chuzo en la mano; paso a paso por entre los sardos, como otros no nos entraban las balas -dice un muchacho, ense-
si juera a arriar mi yunta. ñando un horrible oquerón en el brazo derecho, todavía
-¿Y· qué sucedió con los pelones, pa' ónde se fueron? sangrante.
-Pos cuando yo salí estaban arreglándose pa' salir Los que lo rodean alargan la cabeza para mirar la
rumbo a Guadalajara; no han de tardar en pasar. herida. i
- Y a cuántos agarrarían de los nuestros; ¿no su- El quejoso prosigue:
pites? -Ora al probe de Eligio no le valió ni el rosario que 1
-Pos oí dicir que eran seis y que ya los tenían ama- traiba en la mano, porque se quedó tirao, más frío que l
rraos pa' llevárselos.
;

un granizo ... Ni a don Pefeuto el del Valle le sirvió trair j


-¡Dios Nuestro Señor tenga misericordia de ellos! ' el pecho cuajao de medallas y escapularios; se quedó enga-
-musita el cura, echando una bendición al aire. rruñao a lao de unos garabatillos, hecho un arnero de
Policarpo, en cambio, está apesadumbrado; presiente tanto balazo que le metieron los maldecidos sardos ...
el fin de aquellos compañeros. Se queda pensativo, bus- -Pos sí -repone uno de los del grupo-; no vites que
cando la manera de-rescatarlos de los federales. Un asalto ya mero ni el santo padrecito se escapaba ... Si no es por
por sorpresa ... y quitárselos. Una emboscada como la del don Policarpo que estaba cercas y lo alcanzó a levantar
· Arroyo del Aguila, donde no salió un solo pelón con vida ... de la chaqueta cuando el caballo ya mero lo escupía por
Pero aquella era una pequeña escolta y el lugar se pres- las orejas, allí estaca el cuero, y a estas horas, pue que
taba admirablemente. Aquí no había manera; había que toavía no acabara de rendirle cuentas a Dios Nuestro
salir a combatir cuerpo a cuerpo ... Señor ...
-¿Y como cuántos pelones serán, tú, Chato? Los del grupo no prestan mayor atención a lo que se
~¡Hum! ¡Pos si es un jervidero ... ! Todas las calles está comentando; tienen sus ojos y su corazón fijos en la
del pueblo estaban llenas ... ¡Con seguro que pasan de ,,.
-:
lejanía; en dirección a los ranchos, donde quedaron aban-
dos mil. .. ! donados los suyos.
Policarpo ya no tuvo más que inclinar la cabeza. Era -A mí me habían dicho -vuelve otra vez el mucha-
imposible todo intento de rescate. Acaba por encomen- cho-- que en caso de mucho apuro la sombra ·de Señor
darlos. a Dios, igual que el cura. Santiago lo tapaba a uno, y· yo me afiguro que a mí no me
alcanzó a tapar de todo a todo, y se me quedó el brazo de
En lo alto del cerro, alrrededor de la explanada donde se Juera ...
ha establecido el campamento, los hombres han formado Y se queda mirando con sus ojos de ópalo la herida;.. -:-=,.,.,,.,.
tiendas de campaña con las frazadas, extendidas sobre de cuyos bordes sanguinolentos extrae, con sus uñas gan~
las ramazones de los árboles. chudas, las esquirlas del hueso destrozado.
100
¡
¡ ·
-¡Ah!; [qué as tan resagao, no lo has podido sacar ... !
. Los caballos, persogados al pie de cada grupo, casi ni -dice uno.
resuellan para no perder el tiempo al devorar el abundante -¡Hum!; ¡aspérate! ... ¡Más jondos los he sacao, con-
pasto que tienen al frente. Cuando mucho se abanican los timás a pelo e'tierra ...
flancos con la cola para espantarse las moscas y patean -¡Az ... te arco chirrión del diablo ... ! iMátame~ ma-
de vez en cuando para cambiar de postura. . chete viejo! -vuelve a gritar llamando al as.
Parece que ha renacido la tranquilidad. Las cartas siguen cayendo sin que aparezca éste.
Una calma sedante adormece el espíritu. Los mirones casi ni parpadean. Policarpo infla los
Las copas de los árboles se mecen cadenciosamente carrillos y suda.
al impulso de un viento acariciante. -¡Hasta que llovió en Sayula! -exclama lanzando ·
Algunos canturrean a media voz y otros roncan cu- fuertes resoplidos al salir el as de espadas.
bierta la cara con los sombreros. ' -Éste va pa' ti, Lagartija -dice El Canelo aparen .. ·
· El cura no ha olvidado la liturgia: recargado en el tando serenidad-. ¡Caballo, siete!
tronco de un árbol: El Lagartija se le queda mirando.
­¡Oremus! -dice rezando en su breviario el Oficio -¡Pero oye, Canelo: tú sí que queres enseñarle el
Divino. Padre Nuestro al señor obispo. . . ¡A poco no vide que
Policarpo, El Canelo y El Lagartija, rodeados de un tienes "amarraos" los caballos ... No, eso no está bueno;
numeroso grupo de mirones, echan albures. hay que ser decentes ...
-¡Sota y rey! .....dice El Canelo que tiene la baraja. -Sí, por eso le ganates la cobija y el machete al mu-
I;.
j~ • -A la sota; pero yo la corro. Y toma la baraja Poli- chacho de San Juan, escondiéndole Jos reyes; ¡por de-·
carpo; se unta saliva en el índice de la mano derecha y cente ... !
comienza a tirar, poco a poco, de las cartas. ·-¡Ja, ja, ja ... ! ¡Eso jué con el muchacho; pero ya
Los ojos de los mirones caen como reflectores sobre entre tú y yo es diferente; porque dime: ¿ónde has visto
la baraja. que dos arañas se piquen?; ¿que un león se coma a otro
-¡Delgadeeeta, saca el pie... ! ¡Ándale, chatita, si león, y que un perico diga misa delante de un sacris-
vienes te llevo al baile -dice en tono festivo Policarpo, tá n.... ?p¿ os on
'd?.e....
llamando la sota. Y las cartas caen sobre el sarape, lenta- ·-¡S'tá bueno, valedor ... ! ¡Aire; favor al cuatro y
mente, haciendo piruetas en el aire. contra al rey ... -grita nuevamente El Canelo.
-¡Bien aiga lo bien parido, que ni trabajo da criarlo! -Voy favor -grita uno que llega abriéndose paso,
[Hasta que llegates, curra ... ! -exclama tirando la baraja arrastrando una silla de montar.
·y recogiendo la apuesta. -¿Cuánto?
·· Vuelve a barajar El Canelo, sin inmutarse por la pér- ·-Lo que me hagas de mi montura.
! ,: dida. y nuevamente grita: -¡Hum! Pos si a tu silla le falta todo; está mesma- . : i
-¡As, cinco! mente igual que los calzones de Juan Liborio, uno de allá !
·-Al as y cinco de camonina al de espadas. de mi tierra. . . al . ¡
La misma expectación de los mirones y la misma len- -¡Mah ... ! Pos si a mi silla le falta cu quiercosa .. ~ . ¡
titud de Policarpo para correr el albur. Salen un sinnúmero Los bastos, un estribo, una arción, el cincho y el contra- · • ¡
de cartas y el as no aparece. látigo... · - ¡
... : . ~'

102 103·.'°
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-Lo mesmo que a los calzones de Juan Liborio, les puños en forma ~menazante, y de todos los labios, tem-
faltaba cualquer cosa: el fundillo y las dos piernas... ¡Eran blorosos de emoción, sale una letanía de maldiciones.
la pura pretina y los botones ... !
Un coro de carcajadas festejan el ingenio del Canelo. Atardece.
Varias descargas cerradas, seguidas de algunos tiros Los rayos bermejos del sol rebotan sobre el cristal
aislados, se escuchan allá abajo,' sobre el camino real. azul de los tanques de la ranchería, y del vientre rojizo de
Alarmados los hombres, se ponen de pie y corren a la montaña baja un sordo rumor de voces enconadas.
tomar sus armas y a buscar sus caballos. Los que están -V amos a recoger a nuestros hermanos -dice el cura,
acostados saltan semidormidos y se preguntan 'unos a contraído el entrecejo.
otros con la mirada: AJ llegar algunos se demudan; las piernas les tiem-
-¿Qué pasa? blan, y apartan espantados la cabeza.
Suenan los cuernos roncos y trágicos, llamando a reu- Es que no están acostumbrados a ver estos espectácu-
nión. los. Ellos allá se matan unos a otros, casi todos los días;
Los caballos dejan de tragar; voltean en dirección a pero a pesar de esto, los muertos siempre les causan es-
donde viene el ruido, ensanchan las narices olfateando el panto.
peligro; paran las orejas y acaban por sacudir la cabeza, Muchos de ellos nunca habían visto colgados, y me-
contrariados, en espera del freno y la' montura. nos en semejante profusión. La Revolución no pasó por
El cura tira el Breviario y va en busca de Policarpo, Los Altos, y no dejó, por tanto, este rastro macabro. Por
con las quijadas caídas. otra parte, aún no se acostumbraban a las peripecias de
:E!ste permanece sereno; cuando divisa al cura, va a su la guerra. ·
encuentro: Los más juzgaban la revuelta como una aventura de
-No se alarme, padrecito; de aquí no nos sacan ni pocos días, con sus gritos, carreras y balazos, muy propio
todos los pelones juntos. ¡Véngase, vamos a ver qué pasa! de su carácter turbulento. Algunos pobres de espíritu
Una columna de tierra colorada se levanta junto al creían que no los alcanzaban las balas del enemigo, ni las
caserío y avanza en dirección al sur. Se alarga cada vez sogas tenían la resistencia suficiente para suspender sus
más y más; parece interminable. cuerpos de las ramas de los árboles. por andar al servicio
Al disiparse la nube de polvo que dejan tras de sí los de Cristo.
·'
:~ federales, aparecen colgando de las ramas de un árbol unos Pero la lección que les acababan de dar los federales,
bultos blancos, delgados y largos, como manojo de velas. y, además, el racimo de colgados que tenían al frente, los
Los cristeros se miran atónitos, sin atreverse a aclarar hacía ver la realidad.
unos a otros que aquello es un racimo de colgados. -¡Alabao sea Dios! -exclama aproximándose El Pan-
Al disiparse por completo la polvareda y al verse per- do, dándose una palmada en la frente-. Si es Doroteo, el
teguear las cabezas, no queda duda alguna de que aquellos hijo de tía Ramona, que se le vino a escondidas ... ¡Probe
...
colgados son hermanos cristeros que cayeron en el ataque madre, era con lo único que contaba en este mundo .•. ! ·
·;
de La Capilla. -¡Válgame la Virgen Santa! Si es Teófilo mi compa-
Los hombres que siguen a Policarpo y al cura se vuel- dre, tan hombre y tan buen amigo que era. . . ¡Ora qué va
ven a mirar sin proferir palabra; luego voltean hacia el a hacer la probe de mi comadre con tanto muchacho ... !
cordón de tropa que zigzaguea a lo lejos; levantan los -exclama otro .

. 104 105
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-¡Probecitos hombres! -rumorea, moviendo la cabe- -¡Sí, probecito niño -agrega otra-. ¡Viera visto qué·
za, con los ojos preñados de lágrimas, un ingenuo mucha- tamaños de muchacho ... ! Al pararlo frente al paredón
cho montaraz. ni siquiera se arrugó; se agarró de la mano del más viejo
-¡Dichosos ellos que ya están gozando de Dios! -inte- y gritó como los otros: Viva Cristo Rey ... ! ¡Cómo sería>
rrumpe el cura los tristes comentarios. Se santigua y mas- que cuando estaban los probecitos tiraos en el suelo, revol-
culla latinajos, diciéndoles responsos. cándose con las ansias de la muerte, pasó el jefe de los
.s- , Polica_:po caJla, conmovido. A cuatro de los colgados sardos y nomás buyó la cabeza, diciendo: "¡Estos probes
el los había arrastrado a la revuelta, asegurándoles un no tienen la culpa ... ! iLástima de hombres tan ma-
éxito inmediato, exento de peligros. Siente remordimiento, chos ... l"
Y. no se atreve a levantar la vista para verlos, porque pu-
diera ser que le echaran en cara su engaño.
Los oblicuos rayos del sol en retirada. iluminan sus
pálidos.s:mblantes, que no presentan, por cierto, el aspec-
to horripilante de los ahorcados. No tienen el pelo erecto
ni los ojos saltados, ni la lengua de fuera. '
. .El primero de la orilla tiene entrecerrados los ojos e
inclinada la cabeza; parece que juega a la malacanchon­
. cha, dando vueltas con los brazos abiertos.
Dos que le siguen, como están tan cerca, se miran de
soslayo, con la boca entreabierta, y se tocan uno al otro
con la mano, pareciendo decirse: "¡mira, vale, qué gen-
tío ... !" ..
Otro está quieto, con los brazos caídos, en actitud de ..
"firme", los ojos zarcos enormemente abiertos, clavados .•

sobre la multitud.
Y el último mira sin parpadear al sol, cuyos rayos
doran sus largas barbas blancas. . . ,
Manchas de sangre, como .clavos de lumbre, motean
sus anchos calzoncillos y sus burdas camisas de manta.
~· Por los pies amarillentos, llenos de cuarteaduras, les
escurre la sangre, como chorreaduras de cirios que se con-
1 sumen alumbrando el firmamento.
1 Y cinco sombreros de alta copa aguzadá se levantan
a sus pies como piras mortuorias.
Todo el mujerío y los chicos de la ranchería les for-
man rueda.
-¡Probe criatura, si toavía traiba la leche en los labios!
-comenta entre sollozos una mujer.

106 107
l

l
; .

LAS BRIGADAS DE SANTA JUANA DE ARCO

-¡Canijo! Si ya se me estaba enmojeciendo el rifle y se


me estaban enlamando los tiros en la canana ... Creo que
ya no sé ni cómo se manija una pistola ... -exclama riendo
La Pachanga, disparando toda la carga de su 44.
-¡Al raso de todo el plan se divisan los cañones! ¡Aquí
va el chato Toribio a acabar con los... -grita blandiendo
su machete amozoqueño.
-¡Y agua le pido a mí Dios, y a los pelones l'olla!
=-aúlla El Pando arriscándose el sombrero.
Son los cristeros que bajan del Cerro Gordo, después
de haber estado remontados, como consecuencia del desas-
tre de La Capilla.
Vienen "crecidos", "abravados", con ganas de acabar ·
con los sardos. Traen hambre de correr por los. campos,
brincar cercas y arrojarse a los barrancos, detrás de los
pelones; sobre todo, de echar bala ...
Por entre el breñal resbalan los caballos, sentados en
los cuartos traseros, marcando surcos sobre la tierra suelta,
con los remos erectos.
Unas veces asoman los cuerpos de los montados; otras
1 sólo los picos pajizos de los sombreros y las alborotada.'
1 cabezas de las bestias, en medio del huizachal.
¿Y los sardos ... ? ¡Como si se hubieran muerto!
Y a en el plan acampan en la rancheria donde fueron col-
gados los cinco hermanos cristeros, a quienes se les han
levantado cinco humildes cruces de palo, sobre pequeños
montones de tierra.

109
Los sombreros que quedaron acéfalos a los pies de lo
v.
colgados, los llevan a la espalda, como reliquias, algunos semillas ni elementos con qué cultivar sus tierras. se ven
;
piadosos cristeros, y, en el seno, los guaraches manchados obligados a incorporarse a las huestes cristeras, antes que
de sangre. morirse de hambre o de ir a mendigar a los pueblos ...
>'. Divididos en pequeñas guerrillas se desparraman En los sembrados que quedan abandonados duele ver
como la langosta por toda la región de Los Altos. cómo las robustas mazorcas se inclinan hacia el surco,
Asaltan pueblos mal guarnicionados; exterminan .las devolviendo a la tierra su generoso fruto, porque los hom-
defensas, saquean, exigen préstamos y secuestran a gentes bres que-debieron recogerlo se fueron a la guerra.
acomodadas. El bullicioso cordón de los atajos, que jamás se cor-
Sorprenden a las pequeñas escoltas en los caminos, taba, inyectando animación y vida a la región, ha desapa-
matando sin consideración hasta el último soldado, labor recido.
· en que se distingue el feroz Ruñido. Si acaso, una que otra recua de burros flacos y que-
Arrasan las rancherías al grito de ¡Viva Cristo Rey!, jumbrosos, cargados con barañas de leña, aparece condu-
llevándose los caballos) las armas y las monturas de la cida por viejos de cara atribulada que se santiguan al
gente pacífica. tropezar con uno que otro colgado que "pendulea" de las
Matan a balazos las reses y los bueyes de labor; des- ramas de los árboles que bordean el camino ...
trozan los sembrados y abren las trojes,. tirando las semi- De adentro de las casas y jacales, donde quedaron
llas. abandonadas las mujeres, salen voces de encono como pro-
Buenos jinetes, en buenos caballos, cuando son perse- testas y amenazas anónimas.
guidos por un contingente federal al cual no pueden hacer Hasta los chicos parecen comprender la tragedia; se
frente, saltan los cercados o se precipitan sobre los barran- han vuelto taciturnos; están quietos, y los viejos pasan los
cos, dejando sólo sus huellas y una nube de polvo. días sentados a las puertas, rumiando su impotencia .•.
Con esto su fama crece hasta la apoteosis: unos los
juzgan napoleones, otros los consideran santos y los ado- Escasea el parque.
loridos los califican de bandidos ... La gente comienza a murmurar y a desmoralizarse.
Ahora comienza la revolución cristera. La audacia de Policarpo llega hasta el extremo de
f
Los ranchos se despueblan a gran prisa, agitada la acercarse a las orillas de Guadalajara en busca de car-
l f: gente por la intensa propaganda de beatas y liguistas,
: ! tuchos.
curas y sacristanes, que no se dan reposo, ya avivando el Acampa en La Barranca, en un lugar estratégico que
fanatismo ancestral de aquellos hombres; ya reviviendo le permite avistar a los federales desde larga distancia,
su fama de valientes y matones; ya emulando la fanfarro- con tiempo sobrado para ponerse a salvo, ya sea bajando ,
nería de su limpia sangre criolla, o estimulando su ingenua hasta el lecho del río, o internándose en el monte, rumbo
credulidad con promesas ultraterrenales. a Los Altos.
Y la llama de la rebelión se extiende arrolladora por Pero parece que su presencia no inquieta a los pelones,
toda la región de Los Altos. porque no obstante de que están a las puertas de la capital,
Hasta la gente de paz, hombres de buen sentido que no salen a batirlos.
no prestan oídos a las prédicas y propaganda subversiva, Por las noches las luces de la ciudad se ven como
cuando los dejan con los brazos cruzados, sin bueyes ni rosarios luminosos extendidos a lo largo de las calles y se
''·~
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percibe el ruido sordo, confuso, de la población al entrar "Felicite en nombre de la Liga al señor don Policarpo
en reposo. y a todos los valientes defensores de Cristo, por los triunfos
Ya llevan días allí; la gente está confiada. Unas veces qu~ ha.n tenido sabre los herejes. y a sabemos que ustedes,
tumbados en la yerba, debajo de los grangenos a cubierto los invictos alteños, son el azote de los federales; conocemos
del sol, otras. tirados sobre la arena, en la margen del río, sus hazañas, dignas de esforzados cruzados. Sus éxitos
pasan los cnsteros los días, aburridos, lamentándose de tienen perplejos y desconcertados a los inicuos persegui-
· ver sus cartucheras vacías. dores de nuestra santa religión.
Para aquellos rancheros bulliciosos amantes de la El Pando y La Pachanga están tiesos, de una sola
aventura, era preferible andar a salto de mata escondién- pieza, escuchando el discurso. Parecen estatuas; no se atre-
dose aquí y reapareciendo allá, toreando a l~s federales ven ni a mover los pies para no ensuciar con sus guaraches
que el estar inactivos en aquellos terrenos desconocidos' enlodados la blanca alfombra sobre la que descansan; ni
tirados de barriga al sol. ' cambian de postura para no manchar con sus ásperas
. .....:Bueno, Policarpo, pos si creo que ya nos están nalgas, chorreadas de tizne, el fino brocado de los asientos
saliendo patas en la panza y nos están engordando las que ocupan en aquella regia sala del opulento burgués
nalgas de tanto estar echados ¡Vámonos por ai a "pros- jefe de la Liga.
petar", como dicen los norteños Vale más que nos maten -Y de dinero, ¿qué nos dice su rnercé? ... El coronel
cori;endo sobre el lomo de nuestros cuacos, que el seguir me endicó que le dijiera a su buena persona que ya no tiene
aquí, echaos como puercos. con qué socorrer a la gente.
Policarpo los calma y los deja que salgan a merodear -De fondos andamos muy escasos·-dice, y les refiere
por los contornos, para que no se aburran. las dificultades que han tenido con los ricos beatos, com-
. Él es del, mismo temple que sus compañeros; también prometidos a ayudar con dinero a la causa-. Esperen un
siente el hastío, pero ... ¿a dónde van sin parque? momento; voy a ver cuánto puedo reunirles.
-Oye, Pando -le dice una mañana-: disfrácense tú En cuanto ve La Pachanga que la figura acartonada
y La Pachanga de arrieros y vayan a Guadalajara. Es del jefe de la Liga se pierde detrás de una cortina, mueve
menester hablar con los jefes de la Liga, a ver qué sucede la cabeza y le dice al Pando a media voz:
con el parque. :ii -Lo que es que de aquí vamos a salir mesmamente
Al siguiente día, a la salida del sol, arriando una recua igual que las ánimas benditas: apretándonos las manos,
i de burros cargados de carbón, El Pando y La Pachanga llenos de la mesma necesidad, porque lo que es ese viejo
entran a Guadalajara. cara de vejiga no es chiva que dé leche...
-Pos sí, siñor, ya tenemos varios días en La Barranca, -Se me afigura que sí -asienta El Pando.
esperand<?el par9ue. Y, pos, la mera verdá, siñor, la gente ·¡ -¡Cómo siento no poderlos auxiliar con dinero -les
1 y~ se está abumendo... -le dice El Pando al jefe de la ¡·. ~·.· .
dice afablemente el jefe al regresar-; pero, en cambio, aquí
i Liga. . les traigo estas reliquias para que los guarde Dios de todo
-Un poquito de paciencia, señor mayor; el parque · mal y los precava de las balas enemigas; esta jaculatoria
ya no debe tardar. Dígale al señor coronel Bermúdez que · para bien morir, quinientos días de .indulgencia y la ben-
calme a la gente con la promesa de que Dios Nuestro Señor dición episcopal para toda la gente.
tomará en cuenta cuanto sacrificio se haga en pro de la "Díganle al señor don Policarpo -agrega-, que bus-
santa causa. que la manera de arbitrarse fondos, exigiéndolos de los

112 113
, ...
buenos cristianos y principalmente de los herejes, por
bien o por la fuerza, al fin que la causa es muy santa .Y -¿Qué ... yo robar, agarrar gente y martirizarla pa'
justifica todo procedimiento. · sacarle dinero, como lo hacen El Ruñido y la gente del
-Está bien, siñor -dicen encogidos los rancheros, y padrecito Vega... ? No. Eso sí no; yo de eso no sé. Yo
se despiden respetuosamente. peleo y mato pelones onde se ponen de modo, y no me
'-¡Qué te dije, Pando ... ! Pura música; muncho dis- tiembla la manó pa' agarrarme de hombre a hombre con
curso, munchas caravanas; pero ni un cartucho, ni un cualquera; pero robar y agarrar a la gente que no se mete
níquel. .. Ora vamos a llevarles a los compañeros las reli- con naiden y maltratarla pa' sacarle dinero, ¡nunca ... !
quias para que se quiten los balazos de los sardos; el rezo ¿Y del parque?
pa' que no se los lleven los diablos; las indulgencias pa' que -Del parque, que de aquí a dos o tres días lo tenía-
coman, y la bendición de su señoría ilustrísima pa' qui- mos aquí -agrega El Pando.
tarnos de encima a los pelones. . . Si no juera porque -Está bueno -dice Policarpo contrariado. Se araña
Policarpo es mi amigo, orita mesmo tomaba el camino el pelo y se queda callado.
pa' mi rancho.
Han transcurrido tres días, Policarpo, decepcionado, ha
dado orden de retirada para aquella noche, a la salida de
A oscuras, repechados a un paredón, hechos mogote, cu-· la luna, rumbo a Los Altos.
.: . biertos con sus toscas frazadas, Policarpo escucha al Pando No veía cohesión, ni seriedad, ni abnegación en los
~~ .
y La Pachanga, dándole cuenta de su comisión: dirigentes de la revuelta. Comenzaba a entrever la per-
-Pos sí, ya te digo, Policarpo, el hombre se manifestó fidia; las intrigas ya las había palpado al lado del padre
muy fino con nosotros, nos metió a la sala como si juéramos Vega, con El Ruñido y otros; por eso se había separado
unas personas muy prencipales, y entre otras· muchas de ellos. Estaba desalentado.

.
cosas nos dijo que un rico que había ofrecido dar mil Había momentos en que pensaba seriamente en reti-
pesos pa' la revolución, se presentó casi llorando diciéndole rarse; pero el amor propio lo retenía. A la mejor inter-
:
> '
que le quitaran el compromiso porque una partida de los pretaban sus amigos y la gente de sus terrenos: "que le
nuestros le había acabao con los pastos de su rancho y se había entrado el miedo" ...
habían comido tres bueyes y seis chivas y media, sin Recargado en el tronco de un árbol, miraba con dis-
dejarle ni los cueros. Que otro, también comprometido a plicencia el alboroto de sus hombres, alistando sus caba-
dar dinero, solamente le llevó unas carabinas mojosas de llos y sus armas para la salida aquella noche. .
en tiempo de Maximiliano, unos anteojos pa' mirar dende De improviso, tres mujeres salen de entre el boscaje
lejos y unos fulminantes pa' hacer bombas y volar trenes; y se acercan cautelosamente al campamento.
y que unas viejas cotorras, muy beatas, que se les podía
.... pesar en oro, en lugar de dinero, le llevaron unas cuantas
Su presencia provoca expectación. Los cristeros sus-
penden sus maniobras y las miran con curiosidad.
;,
1 ~ . docenas de camisas y calzones y las reliquias que me dio, Cuando ya están cerca, dos se detienen, y una avanza
1 i. de las cuales te hago entrega. Por lo que el hombre no hasta ponerse al habla con los hombres más próximos.
pudo, pues, dar ni un centavo; pero me hizo la recomenda- -¿Dónde está el coronel Bermúdez? -pregunta.
ción de que te dijera que agarráramos al que se pusiera -Allí niña -le contestan señalando el árbol donde
de modo y le sacáramos la fierrada, por bien o a güevo, que está recargado Policarpo.
al cabo en la guerra todo valía ... Cuando éste se da cuenta, ya está la mujer frente a él.
114 115
Al mirarse, los dos se quedan mudos: él admirado de -Pues ya lo ve, coronel, cosemos los cartuchos en los
la estupenda guapeza, de la distinción de aquella dama. que chalecos, nos los ponemos debajo d~ la ropa, y así los
en tan extraña forma se le presentaba. Ella, sorprendida de traemos a los bravos defensores de Cristo, como usted, por
la apostura y gallardía de aquel cristero recio; musculoso: sobre las narices de los sardos.
blanco, de ojos garzos y crespos bigotes enhiestos. Un -¡ Ah, eara y.t 1[qué vivas • • • •1 -es- lo u' nico que sabe
valioso semental de los muchos regados en aquellas tierras decirles en elogio a su audacia.
por la gente de Nuño de Guzmán. Conversan brevemente.
Ella lo mira de frente, examinándolo con estupor, a Oculto el sol, la dama se despide de Policarpo, ofre-
la vez que con agrado. ciéndole volver con más parque al siguiente día.
· Él la ve con timidez, lleno de turbación, apartando Policarpo se queda de pie, siguiéndola con la vista has-
sus ojos de las audaces miradas de aquella mujer en pleni- ta que se pierde entre las ramazones del otro lado de la
tud, con todas sus redondeces y protuberancias en sazón. barranca.
-¿Usted es el coronel Bermúdez ... ?
-A sus órdenes, señora -le contesta barriendo el suelo Aquella extraña mujer que había llegado al campamento
~:
·~:.
con las anchas faldas de su sombrero. · a llevar parque y a conturbar a Policarpo con su. presen-
~: -Vengo a traerle parque, coronel -le dice sonriente. cia, era Marta . Torres, generala en jefe de la famosa .
Policarpo tartamudea perplejo; no puede concebir brigada de Santa Juana de Arco, agrupación formada por
que aquella mujer tan fina anduviera en aquellas an- cristeras, que se encargaban del boycot y comisiones deli-
danzas. radas y peligrosas, tales como la compra de parque en
.f:;.
' ...; -Muy bien, señora -dice al fin-; se lo agradezco México y la frontera, y luego la conducción y distribución
mucho. de éste a los campos rebeldes.
=Señorita, si me hace favor... Marta, avecindada y educada en la capital, era de
Policarpo enrojece. origen alteño. Hembra decidida y valiente, de pelo en
-Muy bien, señorita -balbucea avergonzado. pecho, que atravesaba por entre los federales. llevando
-Espéreme un momento, señor coronel. parque, informes y misivas a los cristeros. Llevaba un
Policarpo la ve apartarse, y reunida con las otras dos, ··~
.... pequeño revólver oculto entre la ropa para prevenirse de
se ocultan en el boscaje. cualquier desmán por parte de los pelones, quienes más
-¿Parque ... ? -se dice-; ¿pos de ónde, ni cómo ? de alguna vez le dirigían requiebros y piropos, sin sospe-
. Me han de trair alguna cajita de tiros pa' mi pistola . char la labor que andaba desarrollando.
¡Vaya... ! Era una mujer atractiva, cuadrona, que se aproxi-
A poco reaparecen las tres mujeres. Cada una lleva maba a los treinta años. No precisamente una hermosura;
en las manos un pesado chaleco de lona con quinientos pero sí todo un monumento de provocación.
tiros para máuser. Policarpo, el tipo donjuanesco de Los Altos, que en
Policarpo se queda anonadado ante el ingenio y la las rancherías y congregaciones por donde pasaba, y en
decisión de aquellas mujeres, sin encontrar palabras con las bodas y fandangos a donde caía, a la polla que no se
qué significarles su agradecimiento y admiración. levantaba la dejaba cacareando, ahora, la gallina aquella·
-¿Pos cómo le hacen, señoritas? -acaba por pregun- de los ojos dormidos, lo había dejado atontado, alicaído ...
tarles. Al perdérsele Marta de vista, todavía permaneció de
116 117
Y Policarpo describe semicírculoe en el aire con so
pie, sin apartar los ojos de la vereda por donde desapa- sombrero.
reció.
Ella también iba enyerbada; al ir a dejar de ver a Las visitas de Marta continúan. Los cristeros se hartan
Policarpo, volteó y lanzó un largo suspiro ... de parque; ya llevan cada uno dos cartucheras erizadas de
Al siguiente día, a más temprana hora, Marta, seguida tiros, cruzadas sobre el pecho y otra más enroscada en la
de sus dos compañeras, apareció en el filo de la barranca. cintura.
Ahora venía más atractiva, peinada con más esmero, la . Ahora el idilio entre los dos enamorados es en lugar
cara más radiante y un traje más llamativo. apartado, muy lejos, a cubierto de las miradas indiscretas
Policarpo, que ya la esperaba desde que amaneció, de la tropa; en una abertura del sombrío acantilado de la
corrió a su encuentro; se estrecharon efusivamente las barranca, a la orilla del río.
manos; ella se apoyó estrechamente a su brazo, haciéndolo -Deben ser muy bonitos Los Altos. Mi padre me pla-
sentir desmayos al contacto de su tibio y oloroso cuerpo, y tica, suspirando, de las carreras, los coleaderos, los fan-
así se encaminaron hacia el campamento: Policarpo, fre- dangos y las fiestas ruidosas de aquellos pueblos.
nético, resollando gordo,. acezando como un .perro asolea- "¡Cómo me gustaría andar por allá, corriendo a caba-
do, y ella fatigada, ensanchando la nariz, subiendo y ba- llo, detrás de los toros, saltando cercas ... ! En las carreras,
jando, acompasadamente, sus senos opulentos. en los herraderos, en los rodeos, en medio de las disputas
· Después de la entrega del parque, se sientan sobre la y balazos de aquella gente bronca y generosa ... ! ¡Qué
hierba y conversan largamente. encanto formar rueda en un fandango, alegrado con te-
Hasta el campamento, donde los hombres se reparten quila, gritos, tiros y tarnborazos, en un patio cercado de
el parque, llenando sus cartucheras, se perciben las alegres piedras y ramazones, oloroso a tierra mojada, oyendo
risotadas de Policarpo. bramar las vacas y los becerros, en medio de los alegres
-Se me afigura que ya mi coronel se enredó con . la retumbos de las tamboras, todo iluminado por la luna!
,¡. catrina, tú, Lagartija ... -·dice Marta, temblorosa de emoción, entornados los ojos,
-¡Ah! Pos con razón ... Aparte de lo enamorado que reclinada en el hombro de Policarpo.
es, la chaborra está ... "que de un soplido rompe una -Pos vámonos pa'llá, chat.ita, a Los Pirules, pa' lucirte
tambora" ... en los fandangos y los coleaderos, montada en un buen
=Sí, vale, ¡qué piedra· para darse un trompezón ! cuaco, con tu pistola fajada en la centura, como andaba
¡Lástima que de esas pulgas no brinquen a mi petate ! mi abuela cuando yo era chiquillo ... ¡Vámonos pa' Los
Ahora la despedida es más tierna. Policarpo retiene Altos, pa' que en las bodas de los ranchos y en las fiestas
entre sus ásperas manos la fina y sedosa mano de Marta, del pueblo hagas rabiar de envidia a las mujeres, y a los
y se la oprime, viéndola con ojos borrachos de amor. hombres se les caiga la baba ... !
i . Ella vuelve a sentir la fatiga de su llegada, y vuelven "A la hora que tú queras nos vamos, vale, que yo no
a subir y bajar, ritmicamente, sus pechos alborotados ... ando vendido; ando por mi mero gusto, porque me cuadra
-¡ Adiéos, m1. corone 1.... 1 el rejuego ... Tenía ganas de set· general pa' tener a quén
-¡Adiós, Marta ... ! mandar, lucir la águila y encandilar palomas ... Pero ya
Ya para trasponer la montaña, Marta agita, como te incontré a ti, Marta, y ora sólo quero t.u amor y tus
sacudiéndolo, su blanco pañuelo. caricias ... ÍVámonos, y cuando nos casemos te hago una

118 119
boda que dure una semana con sus días y sus noches ... ! Al ver que ninguno le contesta, los increpa: .
-Sí, Policarpo; de aquí a un mes que cumpla el jura- -Si tienen miedo, díganmelo, que a mí me sobran
mento que hice ante Dios y las. Sagradas Escrituras de tamaños pa' ir solo...
servir a la causa como arquera de Santa Juana de Arco, -Pero, hombre, Policarpo -habla El Pando=, ¿pos
nos vamos a Los Altos ... qué estás distraido? Porque sólo a un loco se le ocurre irse
Un beso interminable, silencioso; de esos de acopla- a meter en la boca del lobo...
miento de labio sobre labio, aprendido en el cine, selló el -No me cantes mañanas, Pando; si tienen miedo, ya
pacto de amor. les digo, no vayan. Que me ensillen el caballo chancaco, al
Después. . . silencio, suspiros, murmullos y la eterna fin yo no necesito vejigas pa' nadar... Me voy solo.
cantinela del río ... -No seas ansí, Policarpo; nenguno tenemos miedo;
Marta se levanta enrojecida, sacudiéndose como las pero en deber de uno está como más viejo, de alvertir a
gallinas después de que han sido pisadas por el gallo. los amigos cuando quieren hacer una pendejada ...
-¿Y no me engañarás, Policarpo? ·. -¡Ya!, ¡ya!, ¡ya! ... No me la corras tan larga ... No
-¡Nunca, Marta... ! Los rancheros semos hombres y vayan -y da vuelta para retirarse.
cuando queremos, queremos de un jalón; con todo y todo, -Oye, ¡aspérate ! -lo coge de la chaqueta El Pan-
y en jamás de la vida hacemos una traición. do-. No seas porfiado entiende de razones ... mira que
-Así lo espero, Policarpo, porque si ahora que te he el dicho dice:
dado todo: mi cariño, mi cuerpo y mi honor, me abando-
naras. . . Yo también traigo sangre de allá, no te perdo- El sabio jierra una vez
naría ...
Se miran y sonríen; se estrujan, y otro largo beso, de el tarugo jierra tres
esos en que quisieran extraerse la vida por la boca, los y el porfiao jierra ciento ... !
deja callados.
-¿Qué, ya estás cansao de vivir... ? Porque asegún lo
Marta no volvía al campamento. Era que la policía ya que queres es tanto como hacer la maleta pa' irnos al otro
sospechaba de ella y le seguía los pasos. barrio ...
Policarpo se pasaba los días desasosegado, inquieto, -¡Oh ... ! ¡Con una chiflada. .. ! ¡Ya no me predi-
como un potro en persoga; con un humor que se le podían ques ... !
tostar chiles en el lomo, según el decir de sus subordi- -Bueno. . . -levanta los hombros El Pando=. Si ya
¡ ' nados. estás decedido, nosotros no tenemos miedo y contigo
Cierta tarde, desesperado, reúne al Pando, La Pa- vamos hasta el infierno. Las armas están ya listas y parque
changa y El Canelo. tenemos hasta pa' atrancar el tren ...
! -Limpien bien sus carabinas y sus pistolas; abastéz- . ¡A echar sillas, muchachos, y vamos a San Juan. de
1
1 ,·
¡
canse de parque, escojan tres caballos de los mejores y Dios a beber atole y a comer tamales con los jotos ...
estén listos pa' ora que se haga noche ir a Guadalajara , dii110 m1e
¡ Quen . do. . . '. ·
-les dice Policarpo. Cuando las sombras empezaban a subir del fondo de.
Los tres rancheros se quedan mirándose, sin querer dar la barranca, se arrastraban por el campo y se prendían a
crédito a lo que están oyendo. las ramas de los árboles desplazando la luz, Policarpo,

120 121
seguido de 'sus tres fieles amigos, sale del campamento Se desmontan, se encajan las pistolas dentro de las
rumbó a Guadalajara. faldas de la camisa, y El Canelo se hace nudo, sentado en
Uno tras otro siguen la tortuosa vereda que los lleva una piedra, reteniendo los caballos de la rienda.
a los suburbios· de la ciudad. El Canelo, por delante, va -Muy chango, Canelo; en cuanto oserves algo nos
cantando: · echas un chiflido. No te vayas a aplomar y te quiten las
i'
'•.-:, bestias ...
Si es alta será una palma -No tengas cuidao, Policarpo; primero me quitan el
y no la podré alcanzar: cuero de la cabeza: a los pies, que el que yo los deje a pie ...
Si es chata será una gata Nomás mándame un trago pa'l frío.
'y no me vaya a rasguñar ... Con los sombreros encajados hasta las orejas, para
Si ancha, será tambora parecer hombres de bien, a pasos contados, sacando chispas
y no la podré abrazar... sobre el empedrado con los estoperoles de sus recios zapa-
[Nunca mujer a mi gusto, tos, entran a la calle donde vive Marta.
nunca he podido incontrar ... ! Penetran a un changarro de dos puertas, que está en
la esquina.
-¿Conoces bien las calles, Pando? Dos hombres de aspecto obrero chiquitean sendas co-
-Como a mis propias manos; a oscuras te llevo por pas de tequila.
todo Guadalajara. ¿Pos qué no sabes que juí sosteniente -¡Buenas noches!
de los gendarmes montaos ... ? · -Buenas se las dé Dios, señores -contesta la tendera,
-Bueno, pos vamos a entrar al barrio de La Capilla poniéndose de pie.
de Jesús, onde vive Marta. · · -Oiga, doña, denos un trago.
-¡Ah, chirrión! Al barrio de los mormaos, que se ha- -¿De qué lo quieren? hay amargos de estafiate, limón
cen pandos pa' . andar, por lo malditos que son... ? ¿Al -, 1 y cáscaras de naranja.
cantón de los chaveteros ... ? los que al dar vuelta a una -De lo que raspe más.
esquina le dicen a uno: iaí' te mpresto este fierrito ... ! y Mientras la mujer está sirviendo las copas, suelta la
se lo dejan a uno guardao en el estómago. . . [Chulo ba- lengua, provocando conversación. ·
rrio ... ! ¡Pero entramos· por encima de Juan Cuerdas ... ! -Ustedes no son de por-aquí, ¿verdad?
Yo los derijo. -No, nosotros semos arrieros de tierra adentro =con-
Había sonado el toque de·queda: testa en tono áspero El Pando, para matarle la curiosidad.
La turbulenta barriada estaba· en paz. -¡Ah, vaya, pues yo creía que eran de acá de Tepa-
Sobra las calles desiertas brillaban uno que otro foco titlán! Se parecen mucho a los lomilargos de aquel rumbo.
1. macilento, haciendo guiños. · -Sirva las otras, y a ver qué toman estos amigos
i.
1.
De . los .. tendajos que permanecían abiertos, salían -dice Policarpo, señalando a los dos artesanos.
1 lengüetadas de luz amarillenta. -Oiga, doña, ¿por un casual no sabe usté ónde vive
Los cuatro cristeros penetran a un oscuro callejón, doña Marta Torres ... ?
cuyo único indicio de vida se manifestaba por los ininte- -¡Ay, señor de mi alma ... ! La niña Marta vivía allí
rrumpidos ladridos de los perros callejeros que allí· se . enfrente; pero ahora sabrá Dios lo que habrá sido de la
acuartelaban por las noches. · pobrecita ...

122 123
..
-¿Por qué, doña? -la interroga Policarpo sobresal- El Pando, cogiéndole la pistola-. Tú no eres ansí ... Estos
tado, agrandados los ojos como marcadores. probes siñores qué culpa tierien...
-Pues porque hace tres días se la llevaron -le con- · -Es cierto -dice, doblegando la cabeza-. Dispensen,
testa compungida. · amigos; tomen lo que gusten.
'¡:: -Quiénes? -ruge Policarpo. Les echa el brazo al cuello y llora reclinado en el pecho
"' -Los federales. de uno de ellos.
Sólo faltó que Policarpo escarbara, para que el bra- Se repone, clava los codos sobre el mostrador y escu-
mido que salió de su pecho fuera igual al de los toros cha a doña Cholita:
cuando huelen sangre. . . · -Pues sí, señor -relata la tendera secándose los
-¿Los federales... ? -grita con voz ronca-. ¡Y no ojos-, hace tres días vinieron los gorrudos, y como si fue-
haber estado yo aquí, para a ley de mis tanates habérselas ran a aprehender a algún malhechor, llegaron con las
quitado .a esos sardos ji jos de sus rechi. .. fiadas madres ... ! pistolas en las manos y se metieron a la casa de la niña
¡Aaaaah .. : ! Marta, que acababa de bañarse y traía una bata vaporosa
Sus gruesas manos caen como mazos sobre el mostra- que le caía muy bien. ¡Se miraba tan linda ... !
dor; se arranca de la cabeza el sombrero y lo azota furioso "Entraron husmeando como perros hambrientos; an-
contra el suelo, resollando gordo y vomitando maldiciones. duvieron por toda la casa, tirando y volteando triques,
Da vueltas al derredor del pequeño changarro, como hasta que dieron con el escondite de armas y parque que
fiera enjaulada, gesticulando y tirándose de los cabellos... estaba en el pajar.
-Paciencia, hermano -pretende calmarlo El Pando, "[Ay, señor de mi alma ... ! el escándalo que hicie-
poniéndole la mano sobre el hombro-; vamos escuchando ron ...
a la siñora, a ver cómo estuvo el asunto, y luego veremos "Vino el que la hacía de jefe, y como si fuera un sen-
qué lucha puede hacerse. tenciado a muerte la pobrecita de la niña Marta, así le
Se acercan al mostrador. preguntó de cosas aquel hombre.
·~ -¡Échenos un medio cuartillo de estafiate a cada =Conque, díganos usted, señora, de dónde viene este
uno! -ordena Policarpo dando una manotada. parque y a quién se lo compran y ya no la molestamos
Doña Cholita sirve lloriqueando en cuatro vasos, cua- más.
tro grandes raciones de alcohol. ­No sé, no sé y. no sé... -era todo lo que salía de la
-Faltan las de esos amigos -observa Policarpo, vol- boca de la niña.
teando hacia los dos obreros. ­Pero, mire usted que si no nos dice, usted va a ser
-No, señor, dispénsenos, eso es mucho ... la perjudicada; quién sabe lo que le cueste el estar negando.
-¿Cómo.:.? -les clava fulminantes los ojos-. ¡Ora Usted como jefa de la brigada, debe saberlo...
se lo toman a güevo... ! · El mismo no sé, no sé y no sé, repetía Martita.
! .
1. -, ·Pe... pe... pero senor
- .... ' =Bueno -dice el gorrudo-, nos la vamos a llevar.
-¡Ora se lo toman, o se los echo en la cara ... ! ¡Jijos =Cuando ustedes gusten -les contestó sonriente.
de ... ! -y saca la pistola. La rabia y el alcohol lo habían Y el hombre se quedó descolorido de rabia porque no
trastornado. podía sacarle nada.
-Pero, hombre, Policarpo, ¿qué es eso?'-se interpone ­Pero antes de llevárnosla, cristera jija de un ... va­
124 125
mos a darle una purguita de plomo al viejo de su padre, Inmediatamente aparece El Canelo con los caballos.
aquí en el corral. . Montan los tres cristeros, se calan los barboquejos, y ha-
-¡Aaaaouh ... ! -lanza otro bramido Policarpo, levan- ciendo notables equilibrios sobre las sillas, sacan las pis-
tando la cabeza y arrancándose mechones de pelo-. ¡Jijos tolas, azuzan los caballos y se lanzan calle adentro dispa-
de ... ! -grita a todo lo que le da la garganta. rando balazos y gritando: ¡Sardos jijos de la... aquí están
-¡Échenos otro medio cuartillo, doña! sus padres... ! ¡Viva Cristo Rey ... !
Policarpo se engulle su ración de un golpe; se da un A poco, regresan a carrera tendida, disparando hacia
restregón en los bigotes, y otra vez, de codos, sigue escu- atrás sobre los federales que los venían siguiendo.
chando.
~· .·
-Pos tiene usted, señor, que levantaron al pobre vie- -Pos sí, Policarpo, hay que saber ser hombre y morderse
r:
~::.• ..
jecito, que está paralítico, de la silla donde estaba sentado, un brazo -le dice El Pando.
y cuando lo llevaban para el corral a fusilarlo, Martita, sin Policarpo, que no había proferido palabra desde la
soltar una lágrima, se hincó y le dijo: Padrecito: échame escapada de Guadalajara, después de oír al Pando, le
•· . tu bendición, y espérame en el cielo... pregunta:
Aquí no pudo contener el llanto la tendera, y suspen- -Oye, ¿como qué tan lejos quedan las Islas Marías?
dió la narración. ¿Cuántos días se harán de aquí allá ... ?
Policarpo estaba atontado, con la mirada vaga, echan- -Hombre, pos no te puedo dicir con firmeza; pero no
do espumarajos por la boca. son menos de ocho.
Los demás hombres tosían para dominar: su emoción. -¡Ah, pos no está muy lejos! -se alienta Policarpc--,
Afuera, la calle y la barriada seguían· hundidas en el Bien podemos ir con los hombres que tengo, y en un ratito
silencio. de suerte, les podemos quitar a Marta a los pelones. ¿Qué
Muy allá, se escuchaba el lánguido pitido del se- te parece, hermano?
reno ... -No, Policarpo -le contesta moviendo la cabeza-;
La tendera, moqueando, prosigue la narración: eso no se puede. Las Islas Marías no están en tierra firme;
-Viendo que ni con promesas ni amenazas le podían están allá, muy lejos ... casi del otro lado del mar ... Y,
sacar algo, los malditos gorrudos soltaron al señor, y por hermano, juerza es que te hagas el ánimo: la gente que
media calle, ¡señor de mi vida!, en medio de aquellos fari- va pa' allá, no vuelve ...
seos, se llevaron a la niña Marta a la comandancia. -¿Ansí es que aquella es la tierra de irás y no vol­
,
Policarpo ya sólo lanza roncos gruñidos. veras .... 2
El Pando y La Pachanga se bambolean agresivos, sa- -Mesrnamente, hermano; mesmamente igual a lo que
cando las pistolas. oyíamos en los cuentos cuando éramos 'chiquillos: aquella
-Sígale, siñora, no se espante. es la tierra de irás·y no volverás...
-A media noche -termina doña Cholita- la embar-
caron en un tren y se la llevaron, revuelta entre bandidos
y rateros, a las Islas Marías ...
Policarpo, cayéndose, recoge su sombrero, lanza un
fuerte silbido y arroja sobre el mostrador un puñado de
pesos.

126 U'I
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.~ :: .

, '~I !

EL SAQUEO
.:•
.,;

Habían vuelto las golondrinas.


Los días se hacían interminables; pasaban perezosos,
cansados, como si arrastraran de las barbas al tiempo.
Llegaba la sequía amarillando los campos y convir-
tiendo los aguajes en charcas pestilentes, como pútridas
llagas. .
El viento se revolcaba a sus anchas sobre los herba-
.:;:~ '
zales encanecidos, levantando lengüetadas de tierra que se
elevaban jadeantes hacia el cielo.
Entraba la cuaresma.
J.
En el portal del rancho, sentada en un rincón, a donde no
llegaban las llamaradas del sol de mediodía, doña Engracia
tira con lentitud de la escobeta, desenredando su blanca
cabeza de algodón.
Tío Alejo remienda con manos temblorosas sus gua-
raches, y a sus pies, tirados a lo largo, duermen acezando
los perros.
-¡úchilaa!, ¡úchilaa!, ¡úchilaa ... ! -grita a medio pa-
tio doña Trinidad, espantando con la punta del rebozo al
gavilán que describe círculos en el aire al derredor de las
gallinas, que cacarean espantadas.
-¡Mire nomás qué terregal, madrecita! -le dice a doña
Engracia, señalándole a lo lejos el camino.
=Sí, mi alma; pos si ya entró la cuaresma; ya es
tiempo de remolinos ...
Tío Alejo se endereza y observa.

129
'1':,
.~d
;•

-¡Qué remolinos ni qué ojo de hacha! ... lo que viene


es gente.
Al fin aparece don Ramón, suaoroso, jadeante, cuan-
-¿Cómo?
do la chusma est.á a cien metros de distancia. Entra a la
j:'
-Sí, María -afirma, colocándose la mano extendida caballeriza, le pone el freno al caball~, monta en pelo ,Y
o;;· sobre los ojos-. Y es un jervidero ... viene el camino sale disparado; brinca la cerca del patio; corre por <letras
lleno.
de la casa y se interna en el monte. . . .
-¡Alabaos sean los santos nombres de Jesús, Maria y Los rebeldes disparan sus armas sobre él y algunos
José! ¿Otra vez... ? -murmura persignándose. brincan también la cerca y lo siguen.
'-¿Y de qué gente será, tú? -pregunta con ansiedad. -¡Virgen del Perpetuo Socorr?, ayúdalo! ¡~mbra d~l
-Aspérate, déjame ver bien... Pos por los sombreros Señor Santiago, cúbrelo. : . ! -gntan las mujeres, opri-
-dice al fin-, es gente de Cristo Rey. miéndose las manos.
-¡Ah, vaya! -respira con descanso la abuela. Un hombre carcomido horriblemente por la viruela,
-De todos modos, madrecita, hay que decirle a Ra- con una ancha cicatriz que le baja de la oreja al labio supe-
món pa' que esconda el caballo; ya ha visto qué' ganas le rior, dejando a descubierto los dientes, se adelanta y se
train todos ... ¡Ramoón! ¡Ramoón... ! -le grita parándose ·encara con las mujeres:
en la puerta del corral. -¿Quén es ese tal que juyó? -les pregunta con la
-¡Pero, adió, tú, qué ansias ... ! ¡Déjalo, andará ocu- pistola en la mano. . .
pao. Siendo gente de Cristo, no hay cuidao; todos son -Pos es Ramón -contesta doña Engracía con altivez.
· hombres de bien, de muncha concencia y muncho temor -¿Y por qué juyó el jijo de un... -insiste echándoles
de Dios; y aluego el papel que nos dejó Damián. bendiciones con la misma pistola. ·
La gente se aproxima al galope; ya se pueden distin- . -Pos quén sabe; se le ha de haber espantao el caballo
guir las camisas y los anchos sombreros. Y a se escuchan con sus gritos. ¡Como llegan pior que perros del mal; como
los gritos, los disparos y la estruendosa algarabía que fariseos que fueran a llevarse a Jesús de Nazareno; engual
traen. que si uno juera un creminal. . . · .
Doña Trinidad, a pesar de lo que dice la abuela, se -¡Cállese, vieja retobada! -la amenaza lev~nt.ando la
retira buscando a don Ramón. "La gente que ha venido pistola a la altura de su cabeza-. ¿Onde están ese tal.
en otras ocasiones, no ha llegado con tanta boruca -se
.
.dice-.¡ Quen
. , sa be qmenes
., , es
seran , t os.... ,,, ..
Felipe y el Ranilla?
-¡Quén sabe! Búsquelos. . . ·
El caballo relincha alborotado al ventear las bestias
¡v·
. ¡,. en que vienen los cristeros. Don Ramón no aparece.
-¡Lástima que sea viejal, ¡jija de la ... ! -sigue escu-
piendo borbotadas de insultos el Cacarizo. . .
Los cristeros ya entraron al callejón que conduce a la -¡Cálmese, cristianol, ¡por amor de J?10s! -se ínter-
casa. Ya se pueden apreciar sus facciones. pone doña Trinidad-. Orita le voy a trair el papel que
Las mujeres de la ranchería abandonan los metates y tenemos, pa' que nos deje en paz y vea que semos gente
se asoman a las puertas de los jacales con la Ilusión de que pacífica. ·
puedan venir allí sus hombres. Se paran en las puntas de Y corre hacia dentro a traer el salvoconducto que les
los pies o trepan sobre las piedras de las cercas; alargan había dejado el cristero Damián, .
la cabeza y escrutan con ansiedad las caras de los que -Aquí está, mire cómo semos de los mesmos -dice
llegan.
entregándoselo.
180 131
.. ·.·, .
·,•.·

Lo recoge el Cacarizo de un manotazo, y como no · tren a la caballada, sin dejar un grano ... ! A ver, diez
sabe leer. llama a uno. hombres acá, a buscar las armas y el parq1!e que han ·de
-1·A ver, t u.,
' ' (,que
· ' d.ice es te pape 1 .... ? tener escondidos esos tales. . . Y los demás, adentro; a
Éste lo toma al revés, lo voltea por uno y otro lado; se revolver triques y a agarrar lo que les cuadre; manos
lo acomoda cerca de las narices, dobla la cabeza, y con libres... . · .
Como si se hubiera reventado el infierno. la chu.sma se
. t o ., . deletrea: "Ejér ... citooo fe.. ·: deral ... 34
muchos trabajos
Regi. ... nuen precipita hacia las piezas, saltando y lanzando gritos de
La cercenada cara del jefe cristero se torna ceniza; se entusiasmo, atropellándose unos a los otros, queriendo
le erizan los pelos del bigote y los escondidos ojos de cerdo ganar todos la delantera. , · .
se le enrojecen. De las trojes salen borbotones de maíz y el p~tio se
Prende al caballo con las espuelas, queriendo atro- convierte en un lago amarillento, donde se refocilan Y
pellar a las mujeres; pero tío Alejo lo coge de la rienda, revuelcan las bestias, con los frenos colgados de las cabe-
haciéndolo pararse de manos. zas de las sillas. . .
Uno de los rebeldes se acerca con rapidez, saca el Adentro se oye un estruendo espantoso; hay msultos
machete y asesta a tío Alejo un terrible cintarazo por la y golpes al abalanzarse sobre los objetos y prendas de más
espalda, haciéndolo rodar por el suelo, donde se revuelca de valor.
dolor y de rabia. Saltan las cerraduras y crujen las maderas de los mue-
-¡A un hombre no se le pega ansí, jijo de tu mala ... bles al romperse. · . .
A poco comienzan a salir los que ya hicieron carga.
¡A un hombre como yo, se le pegan balazos ... ! ¡Mal haya
tu repuerca y perra madre, bandido ... ! Unos traen las pantaloneras plateadas y las cotonas
-¡Cállese, jijo de ... o lo abujero! -le dice el cristero bordadas de don Ramón. . . ·
apuntándole con la pistola. Otros vienen enfundados en las levitas y trajes de
.l Felipe, bailando grotescamente ,en son de mofa. . · ·
· .-¡Mátame, jijo de la ... ! =Ie grita tirado boca arriba; s

levantando, crispadas, las manos, y rechinando los dientes. Los que no alcanzaron mas, salen con brazadas de
-¡Conque son de los nuestros, viejas tales ... -las ropa de las mujeres y con dos o tres sombreros empal-
increpa nuevamente el jefe-, y tienen papeles de los sar- mados. . · 1 .J ...
dos ... ! ¡Ora van a saber quén es el coronel López ... ! ¡Con El Patas Pintas viene vestido de mujer, simu aneo
razón me mandó acá el padrecito Pedroza, pos si esta es con hilachos metidos dentro de la . camisa, red~ndeces Y
una nidada de pelones ... formas femeninas, lo que provoca ruidosas carcajadas, pro-
Doña Trinidad se queda atónita al darse cuenta que caces requiebros y obscenos manoseos. · ·
se había equivocado con el papel, y voltea a ver, cohibida, El Cacarizo, sentado en el poyo del portal, r~llan~o
a la abuela que se cierne y le castañean los dientes de como un fuelle y limpiándose el sudor con, ~n sucio palia-
rabia, erguida, de pie, en la puerta, mirando con altivez a cate, presencia riéndose aquel c~maval tra.gico. . ·
Jos cristeros. Doña Engracia y doña Trinidad. se retiran c.ubierta la
Tío Alejo se arrastra pujando y se hace nudo en un cara con los rebozos y van a refugiarse a los jacales de
rincón del portal, sin dejar de mascullar maldiciones. la peonada. . di . .
-¡Pie a tierra! -ordena el coronel a su gente. Detrás de ellas, sin dejar de escupir mal iciones, se
-¡Abran las trojes y echen todo el máiz que incuen- arrastra penosamente tío Alejo.

132 183
f·· '
:
,',\.
'¡ -Si nomás porque soy de buen corazón =murmura el saber que pasó un río a caballo por ·encima de su capa.
t.
ri;:· .: Cacarizo al ver que se van las mujeres- no hago una lumi- .. ,
-¡ Ah· ch 1rnon.... ' . .
v , naria a medio patio con todos sus triques, [viejas brujas! -Sí, como lo estás oyendo, así fue. Acá está San ~11-
f. Denle gracias a Dios que no haiga venido el padrecito vestre, rey y señor de los montes, abogado contra brujas,
l.·
!:' Pedroza; que si llega a venir, con todo y lo que anda
¡ .. hechiceras y hombres de mal corazón .
.\
!· hablando el tal Felipe y aluego el papel de los sardos ... ya ... 1
-¡ Ah , )lJO.. . . , .
hubieran visto cómo ni los adobes de la casa les deja ... -¡Bueno y pa' qué quieres más ... ! Aquí tienes a
. . perperas
¡ V1ejas , '.... Señor Santiago, en su caballo tordillo, general en jefe de
Y sigue presenciando el grotesco desfile. Abre la boca los ejércitos celestiales; santo muy hombre y muy macho,
hasta donde le dan de sí las quijadas y bosteza, persignán- que del que es amigo, es amigo. Con decirte que se han
dose. dado muchos casos de que les llegue a prestar su caballo
-Oye, tú -le grita a uno que lleva bien cogidos los a los que son sus devotos ... Pa' qué quieres más. . . ·
objetos que avanzó­. Echa acá esas pantaloneras y esa -Bueno -dice satisfecho>, yo con estos tres tengo
cotona bordada ... -y los coloca en la copa del sombrero. .
-¡Erria ! =detíene a otro-. Trai acá esa gorra -Ora muchachos a poner frenos, y ¡vámonos ... ! Ya
galoneada Todo esto -les dice como disculpa- es pa'l vendremos' otro día más .
' espacito, pos no pierdo la espe-
padrecito Pedroza, que le va a cair mejor que si juera una ranza de pedorrearrne en el lomo de ese famoso Carey.
sotana nueva y un bonete. ¡Tanto que le cuadran estas
cosas ... ! --¿Pero pos qué te pasó, Trenidá? ¿Cómo fuites a equivo-
-¡Oye, Coyote, quítale a aquél esas cueras de venado carte con el papel? -la interroga la abuela.
y las chaparreras piteadas que lleva! -Eh, madrecita, pos me atarant~ ~on el susto, y P?r
-¡Ah, -qué canijo! -exclama riéndose-« De mi mesmo coger uno cogí otro. Ora estoy refle1s10nando que decía
tamaño; como si me hubieran tomao medida -agrega bien Felipe, si he sabido ler, no nos sucede esto ... -sol.lo·
midiéndoselas por encima-. ¡Mah! ¡Pos que Dios se los za-. No que después de que nos maltrató ese maldecido
pague ... ! cacarizo hasta que se cansó, toavía arrastraron hasta con
Se levanta con sus cueras y sus chaparreras en la :¡ el último hilacho esos perros bandidos ...
mano, a dar órdenes de retirada, y se fija en unos que se Las mujeres de la ranchería rodean a la~ señoras, que
están acomodando en los sombreros estampas de santos están refugiadas en el jacal de María, la mujer del boyero.
que quitaron de las paredes. Sentadas en el suelo, las contemplan, llorando, con
-¡A ver!, ¡a ver! ¿Qué train? ojos dolientes, como si tuvieran m':1erto t~ndido. . .
Los hombres se acercan mostrándole las imágenes. -Bueno, pos ya estaría de Dios -dice manteniendo
-Oiga don Serapio -llama a un viejo de bigotes recor- su energía doña Engracia. .
tados y cara apergaminada que le está poniendo el freno -¡Válgame Dios, madrecita; pero eso de que lo dejen
a su caballo-. Usté que ha. sido sacristán y sabe muncho uno con lo puro encapillado. . . , .,
más que uno, ¿cuál. de todos estos santos es el más mila- -¡Ya, ya, no te acongojes por eso ... ! Mas se perdió
.. griento? en la inundación de León. . . ·
'
-¡Hum! -murmura éste con suficiencia, examinán- -Sí; pero eso no era de uno -gruñe tío Alejo, que se
dolos-. Pos desde luego aquí está San Martín, que has de está untando una vela de sebo en el verdugón amoratado

lM 136
que le dejó el cintarazo-. Tiene muncha razón Trenidá tado, corriéndole arroyos de sangre por la cara y el cuello.
¡P?s cómo no va a doler que le lleven a uno sus trapos: La ropa hecha jirones, deja a descubierto las piernas
así, a la mala ... ¡Mah ... ! y la espalda llenas de raspaduras y moretones.
-¿Ora tú tamién? -manotea frenética la abuela-. De su garganta sale un sordo rugido de interjecciones
¡Como si cuando te echaron a este mundo no hubieras y palabras maldicientes.
venido encuerao ... ! ¡Mah... ! Corre llorando doña Trinidad a abrazarlo.
-No, si en lo tocante a eso, yo no digo nada... ¡A poco -¡No me atoques! -le grita con aspereza-; ¡vengo
eres que yo pienso que me parió mi madre con todo y hecho garras ... !
calzoneras ... ! No, María Engracia. Las mujeres de la rancheria lo rodean gimoteando.
"Pero siempre le puede a uno que lleguen endevidos Al entrar al jacal de María, se encuentra con doña
como éstos, que dicen desfender a Dios y vienen gritando: María Engracia.
¡Viva Cristo Rey ... ! pa' robarle a uno sus cosas... -Madre -le dice con voz doliente-: mire cómo me
"¡El trabajo que me costó juntar los centavos pa' han dejao esos hombres que dicen desfender a Dios ... -y
mercar mis cueras y mi sombrero de vueltas ... le enseña el pecho desollado, las piernas y los brazos san-
"No, si ora estoy reflejando que tiene razón Felipe; grantes.
todos estos cristeros no son más que una pandilla de ladro· El rostro severo de laalteña bravía, que siempre sabía
nes... sobreponerse a las adversidades y comerse en silencio sus
"[Pero permita Dios de los cielos, que le metan tres pesares; que no se ablandaba ni ante las ternezas ni las
balas en los entrecijos a ese maldecido cacarizo, cara de lágrimas; aquella hembra de temple de acero que amor-
molcajete al revés ... ! ¡Jijo de cincuenta mil almácigos tajó a sus hijos y a su esposo, matados por viejas rencillas
de ... !" de familia, sin soltar una lágrima, en esta vez. ante seme-
jante. injusticia; aflojó las mandíbulas que parecía tener
-¡Sant.o Niño de Atocha ... ! ~.t~rmlladas para mantener su habitual energía; se dulci-
-¡Virgen de las Maravillas ... ! fico un tanto su arrugada cara de acordeón, y le temblaron
-. ·N·-
mas, por e1 amor de D.1os.... ' los labios al ver a su hijo convertido realmente en un Jesús
-¿Qué trais, mujer? -inquiere con ansiedad doña Nazareno ...
Trinidad. -¿Pos qué te pasó, hijo? -le pregunta con voz aca-
-¡ ·Ay, runas,
·- por l as sie
. t e 11agas .... ' riciante.
=-¿Qué, qué ... ? -la estruja doña María Engracia. -Pos ya lo ve, madrecita, me medio mataron esos
-El amo don Ramón ... hombres por quererse llevar mi caballo. Se me echaron
-¿Qué le pasó? di pronto. encima como unos diez, brincaron la cerca detrás de mí
-Viene hecho un Nazareno. queriéndome atajar; ¡pero pos ónde me iban a alcanzar en
Todas las mujeres se precipitan fuera del jacal, menos el Carey ... ! Viendo que no podían agarrarme me echaron
doña María Engracia, que permanece de pie, parada en la una granizada de balazos y me mataron el caballo. Yo
puerta. quedé tirado entre unos garahatillos, sin sentido, y de allí
Don Ramón viene apoyado en una vara de grangeno, me levantaron a atrompellones y cintarazos; me echaron
arrastrando una pierna. Su cara es una bola de carne san- un lazo del pescuezo y me arrastraron quén sabe hasta
guinolenta, cubierta de pelos. Sin sombrero, el pelo alboro- ónde, dejándome tirao como muerto. . . Cuando volví en

1S7
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mí, arrastrando me fui a ver a mi caballo. Allí estaba el perdido el buen humor, las energías, fas ganas de trabajar: 'i.;,/~: ;·
prolJe<;ito todo a~ujerado a balazos, con las patas tiesas, Se pasaba las horas sentado en el portal del rancho, · ·. ·~>::
,.
el hocico entreabierto y los ojos pelones ... ¡Mi bestia tan rodeado de sus perros, con la cabeza entre las manos, sin
: fina, tan buena, tan noble, que no reconocía rival por despegar los labios.
todos estos rumbos. Que nunca supo lo que era perder Los cristeros lo habían hecho ganas. Le habían lle-
una carrera, ni qué capaz que se le juera un toro ... ! ¿Pos vado grandes partidas de ganado; de las manadas sólo
qué les hacía mi probecíto animal ... ? ¿Dígame, madre- quedaban algunos potros relajos que andaban remonta-
1
t.. cita, si esto manda la santa ley de Dios? -termina tem- dos. Ni un buey de trabajo, ni un caballo de silla; hasta
bloroso, limpiándose los hilillos de sangre que todavía le con los cerdos y las gallinas habían arrastrado ... ~
~:
escurren por las barbas. Las labores estaban abandonadas, incultas, cubiertas . '
<

La anciana inclina la cabeza sin hallar qué contestar de yerbajos y garruñales. . {


;
a aquella queja. Y ahora con el saqueo, consumaban su obra, dejándo- <

Un silencio impresionante los amordaza a todos. Sólo los en cueros.


se escucha el borboteo del nixtamal a media lumbre, el -Ramón, ya no te apures tanto -se le acerca doña
ronroneo del gato y el fatigoso acecido de los perros, que Trinidad palmoteándole la espalda=. Realiza los animales
dormitan echados a la puerta del jacal. Afuera, espesas que quedan, vende cuanto haiga y vámonos al pueblo.
sombras comienzan a amortajar los campos. . . · -No, eso ni lo pienses, Trenidá. Lo que es a mí sólo.
. -¡Hijo! -rompe al fin el silencio doña Engracia-, me sacan de aquí adentro de un cajón, con los pies pa'
hay que conformarse y sufrirlo todo por Dios. _; 1 delante. Si acaban con todo y me dejan los puros terrones,
-Pero, madre ... ! yo no me iré de aquí a morirme de tristeza al pueblo.
-Sí, hijo, hay que buscar primero el Reino de Dios Aquí seguiré aunque sea tirado de barriga al sol; pero en
.<
y su justicia, que lo demás se os dará por añadidura, dicen mis tierritas que tanto quiero, viendo a diario el cielo, los
.~ los Santos Evangelios.
\ árboles, el campo, que desde que abrí los ojos siempre he
., :-Pos sí- -rezonga tío Alejo desde donde está sentado estado mirando ...
con los pies a lo largo-, sólo que estos tales cristeros que -¡Pero hijo, por tu salú, hazte el ánimo y vámonos ... !
..
,
t•

nomás llevan a Cristo en la punta de la lengua y en la -¡Pero cómo me voy a ir Trenidá, si parece que oigo
copa del sombrero, ni buscan a Dios, ni muncho menos su que todas estas cosas me gritan que no las abandone; que
justicia; sólo andan detrás de los centavos y las cosas del no sea ingrato; si veo cómo cabecean los árboles, como
1 . ;. prójimo, y aluego, por añadidura, lo medio matan a uno diciéndome que no; que no los deje solos; si siento que la
a - golpes y cintarazos. Ai' está el probe de Ramón y yo, tierra me jala de los pies ... ! ¡No, Treriidá!, ¡nunca!, ¡nun-
aporreados a golpes; él sin su bestia que valía tanta ca! ...
plata, y yo sin mis cueras bordadas y mi sombrero de· Al ranchero se le arrasan los ojos, y doña Trinidad
vueltas ... Estos no serán los Santos Evangelios pero es la se limpia las lágrimas con la punta del rebozo ...
purita verdá ... Y si eso hacen con nosotros que izque
semos de los mesmos, pos qué no harán· con los otros ...
[Probecito de Cristo con estos desfensores ... !

Desde aquel día don Ramón no levantó cabeza; había

138
;
.
,.

LA MATANZA DE PALO BLANCO

Al tranco, suelta la rienda de su cabalgadura, Felipe, por


delante, va cantando un son ranchero.
A su zaga, sobre un caballo lechero, flojo y dormilón,
talonea y talonea, lo sigue Ranilla.
Los dos amigos se encaminan hacia Los Pirules.
Vienen de huida del pueblo, por los desahogos que
tuvieron en contra de los cristeros, en la tienda de Chan-
clas; el cristero espía.
El terregoso camino se alarga interminable sobre un
árido y blancuzco lomerío, hasta perderse en la comba
azul del horizonte.
Los caballos caminan ahondando más las canalejas
abiertas sobre el tapete, por incontables recuas que han
transitado por aquellos atajos desde hace siglos.
El viento alli no aúlla, no grita, ni siquiera murmura;
se desliza suavemente, jugueteando con los rastrojos que
]:.
1 levanta de los surcos abrasados de sed.
Parece que se atraviesa por las bíblicas tierras de
Judea o los legendarios campos de La Mancha.
Ranilla se ha quedado muy atrás.
Felipe sofrena su caballo y le lanza un largo silbido . :
.
campirano. ¡ p·egal e.,1 ¡pega
• l e ..... 1
Ranilla, haciendo un esfuerzo sobrehumano, hace tro-
tar al jamelgo.
-¿Pues por qué te quedas tan atrás? ¿Qué vienes re-
zando el rosario o haciendo versos?
-No; el que viene rezándole una letanía a la madre
del Chanclas es este infeliz rocinante, que por su culpa lo

141
fuimos a quitar del pesebre ... Porque cuando no viene =No, si no lo tolera. Casi todos los días se las llevan
dormido, viene abriendo el hocico y murmurando ... y no a la cárcel; pero, pues si parece que les gusta, porque van
1 •• bastan los talonazos ni los tirones de rienda para hacerlo riéndose y cantando por las calles como si fueran a un
andar... - baile, seguidas por turbas de cristeros vagabundos, que
-¡Desgraciado Chanclas ... ! >¡ van vociferando en contra del gobierno. Hasta los lagar-
-¡Maldito, cobarde ... ! -estalla Ranilla-. Después de ··,,.¡ tos viejos, los tuzos y los coyotes que a diario se asolean
que él nos provocó y nos obligó a vaciarnos sobre los tales !: sentados en las bancas de la plaza, lanzando noticias alar-
cristeros, mientras no salió la escolta del pueblo se aguan- 1 mantes, siguen al pintoresco cortejo ...

1
tó; pero una vez que se fue nos echó a la gente encima ... . -Pues yo, mira, Ranilla, si fuera autoridad, acababa
Si no es por don Severiano y algunas personas prudentes con esas payasadas en menos que canta un grillo: en lugar
que intervinieron, nos linchan .. : A ti por poco te desba- de meter a las viejas a los separes de la comandancia, las

1a
.,,,
rata la cabeza de una pedrada aquel cargador borracho, y mandaba a la penitenciaría y las ponía a moler el maíz y
a mí si no se interpone tan a tiempo don Seve, me abre echarles las tortillas a los presos, o cuando menos las des-·
la barriga de una puñalada aquel cochino carnicero ... tinaba a cuidar los locos del manicomio.
-Los resabios del seminario, Ranilla. De cura destri­ 'fi "En cambio, si las viera trotando como nuestras solda-
pado o padre jerrado. Dios te agarre confesado... según i~ deras, detrás de los. cristeros que andan remontados, les
il
dice tío Alejo. Ahora por lo que hace a la gente del pueblo,
.~,
m
levantaría un monumento, porque de esa manera sí demos-
¿Qué otra cosa pueden hacer, si esto es Jo que se les ha
enseñado .... ? Y más en estos momentos de fobia...
"Pero doblemos la hoja, y felicitémonos por haber
~, trarían un verdadero interés por su causa, y quizá logra-
rían llegar a la categoría de santas, si una bala perdida se
las llevara al cielo con todo y chanclas. . . ¿Y qué clase
salido bien librados en esta ocasión. ¿Qué me cuentas de de mujeres son?
Guadalajara ?" -
.- -¡Hum ... ! Un verdadero batallón de cucarachas; to-
-Pues lo más interesante son las actividades de. las .
~ das están muy feas, no provocan ni siquiera tentación; la
cristeras. Verás que salen parvadas de mujeres vestidas '· que no está cacariza, está lunanca; la que no tiene las
de negro, que parecen urracas; paran los. coches y los ca- piernas como chorros de atole, parece que va enclavada
miones en las calles y bajan a los ocupantes con la pro- en dos morrillos, la que no tiene cara de pan crudo, parece
mesa de tantos más cuantos días de indulgencias. que está barnizada de chapopote; todas son beatíficas
"Van a las escuelas oficiales y sacan por la fuerza a doncellas desahuciadas de San Antonio, que no han podi-
los niños, diciendo que aquellos son antros infernales. Im- do encontrar hombre ...
piden hacer compras·en. las casas comerciales y la entrada -No es eso lo que te pregunto -replica con enfado
a teatros y cines. Todo con la idea de crearle dificultades al Felipe-. ¿A qué clase social pertenecen?
gobierno. -Pues algunas son de esas de medio pelo, medianejas,
"Otras, como ya lo sabes, van y vienen corno.hormigas y las más son de inconfundible sello proletario, levantadas
arrieras a la capital, trayendo parque. en los barrios. De pomada no vi ni una. . . .
"Te aseguro que estas cucarachas de sacristía están -El mismo caso de los cristeros que andan remon-
causando tantos estragos como los mismos cristeros que tados, las mujeres humildes de los barrios y una que otra
andan levantados." beata de la clase media, son las obligadas a defender la
-Bueno, ¿y el gobierno cómo tolera eso? causa en esta forma, sufriendo los arrestos y quizá hasta
142 143
Se detienen a la puerta del primero que encuentran
vejaciones, mientras las beatas aburguesadas, que las azu- a su paso.
zan y dirigen, siguen en sus suntuosas mansiones, con sus -Buenos días, señora; ¿No quiere regalamos tantita
mismas comodidades, enmedio de fiestas y despilfarros ... agua? -grita Ranilla.
-¡Y eso es inicuo, Ranilla ... ! ¿Hasta cuándo abrirán -Sí, siñor, orita -contesta una voz dolorida.
los ojos esas pobres gentes? Ambos se saborean y sacuden la lengua que llevan
-Hasta el día que los vayan a abrir en las Islas Ma- pegada al paladar, al oír el gorgoteo del cántaro al va-
rias, y se den cuenta de que mientras ellas están relegadas ciarse.
en aquella sucursal del infierno confundidas entre ham- Una mujer blanca, de ojos azules, cara demacrada,
pones y criminales, las señoras, en cambio, dan recepcio- cubierta la cabeza con un rebozo oscuro. se para en la
nes, rezan y bailan en sus palacios. . . sin acordarse de puerta con un jarro de agua en la mano.
ellas. . . Lo mismo pasa con los cristeros ingenuos, que Ranilla lo toma con avidez y se lo lleva a la boca.
andan de buena fe en la revuelta. Mientras éstos se están La mujer, espera, inclinada la cabeza con abatimiento.
jugando la vida, a salto de mata por los montes y las Felipe observa con pena la cara atribulada de aquella
sierras, muertos de hambre y empiojados, los cristeros campesina, y acaba por preguntarle:
vergonzantes, los curas y los burgueses que los empujaron -¿Qué le pasa, señora? ¿está enferma?
a que fueran a defenderles, no a Cristo, sino a sus intereses, -Muerta debía de estar -exclama entre sollozos-
siguen viviendo tranquilamente en sus casas, con sus capi- hace tres días que quedé sola en el mundo, con estas dos
tales intactos, rodeados de garantías y consideraciones; criaturas; me mataron a mi marido los federales.
algunos, todavía engordando en los curatos, y otros, en el -¿Pero cómo fue eso?
extranjero, disfrutando de sus cuantiosos caudales, sin -Pos ansí, siñor, a la mala, porque pueden hacerlo.
importarles saber que los árboles de la región de Los Altos Andaba Juan mi marido, que acababa de llegar de la Es-
ya no pueden resistir el peso de tanto santo ... melda, volteando con su yunta la garrita de tierra que
· =-Elocuente estás, Ranilla. tenemos, cuando unos cristeros desbalagados pasaron co-
-¡Pues vaya, si digo la verdad ... ! rriendo y fueron a esconderse a la barranca del Gato, ese
Siguen caminando. arroyo que se mira ai enfrente.
Los rayos del sol de medio día caen como saetas de "Detrás de ellos venía una manada de sardos, que
!' lumbre sobre el llano. parecían demonios como echaban maldiciones, y alcan-
Se aproximan a una ranchería que rompe con la zaron a devisar a Juan, que seguía clavao sobre la yunta.
desolada perspectiva de aquellos campos muertos. Dentro '' -¡Erria, tú, cristero jijo de un tal, ven acá ... ! -le
de un montecillo de mezquites y sauces llorones se perfila gritó el jefe-. Juan dejó la yunta y jué a onde lo llamaba
una hilera de casuchas de adobe y herrumbrosos jacales. aquel hombre, con su sombrero en la mano.
Los dos amigos avivan el paso de sus cabalgaduras, "-ónde están esos cristeros que vengo siguiendo;
para llegar cuanto antes a pedir un trago de agua. ¿ Pa 'ónde ganaron?
No se divisa gente, ni se ve un solo animal, ni se escu- "-Pos, siñor, no vide. Como estaba agachado arrian-
cha ruido alguno, sólo por los hilillos de humo que se do mi yuntita ...
escapan a través del pajonal que cubre los jacales, se < "-Cómo no ibas a ver, ¡jijo de un ... ! -le dice cogién-
adivina que están habitados. dolo de la camisa, zarandeándolo.

144 145
..... ·

"-Pos no· siñor, como se lo estoy diciendo a su rnercé: "Así no se sofoca la rebelión, Ranilla. Lo que están
no vide -le contesta Juan con aquellos tamaños que tenía: haciendo algunos malos elementos militares y muchas au-
El ~aldecido sardo se le queda mirando, con los pelos toridades venales, es fomentar más la revuelta con sus
del bigote paraos, rechinando los dientes, cenizo de coraje. atropellos y desmanes. Porque por cada campesino pacífi-
"-¿Con que no vites, cristero jijo de la tiznada ... ? co que cuelgan, muchos que permanecían tranquilos la-
-le grita dándole un aventón contra la cerca. brando sus tierras, se levan tan ante el temor de aue les
"- p os no, smor
·- ... pueda pasar a ellos lo mismo.
"-~ueno, pos pa'que otra vez abras bien los ojos ... "Con este rigorismo absurdo y torpe y los muchos
rtornal!l ¡Y me lo dejó tirao como un perro, con un balazo abusos que se están cometiendo con gente ajena a la re-
en la cabeza ... !!!" vuelta, lo único que se logrará será hacer más intensa,
El lla_nto hacía cerairse y sollozar a gritos a aquella más prolongada, más cruel esta guerra absurda. No cono-
pobre mujer, que· acaba por cubrirse la cara con el rebozo. cen la calidad de estos rancheros broncos que son como
~ • 1
A Felipe se le humedecen los ojos al contemplar aquel los toros de casta, que se crecen al castigo ... "
cuadro. -Es cierto, Felipe; pero a mí lo que más me subleva
Ranilla, con el jarro en ta mano, tiene la vista clavada es que esos malos elementos militares y esas autoridades
en el suelo, también emocionado. · venales, siempre buscan como blanco de sus atropellos a
Las mujeres de la ranchería asoman la cabeza por los los encalzonados, a los desvalidos ...
oquerones que les sirven de puerta a sus jacales, y miran -Pues seguro, hombre, es que a esos infelices ¿qué
extrañadas, con ojos enconados, a Felipe y Ranilla. les pueden quitar si no es la vida ... ? En cambio, cuando
La campesina se serena, levanta la cabeza, limpián- cogen algún cristero ricachón, con responsabilidad com-
dose las lágrimas y recoge el jarro para traer más agua. probada, le ponen precio a su cabeza y lo dejan ir. Y es
-¿Pero qué en realidad no se fijó su marido para dón- que con los desvalidos viene sucediendo aquello que refiere
de se habían ido los cristeros? -le pregunta ingenuamente tío Alejo que decía "el vale coyote" en los títeres de su
Ranilla. · época:
-¡Válgame Dios, siñorl; pero cómo no los iba a ver
si yo dende aquí los estaba mirando agazapaos en el pare- Siempre el probe desmerece:
dón del arroyo. Sólo que Juan era muy hombre y óndé Cuando muchacho, apaleado;
se iba a rajar ... ¡Qué capaz que juera a dicir ónde estaban Cuando soltero, soldado.
escondidos aquellos probes cristeros... ! Cuando casado, encornado
! . ·El Ranilla se pone encendido con aquella· patética Y de viejo abandonado ... ·
lección de hombría. ;.Qué favor le debe al sol
. Felipe ya no quiere seguir escuchando a aquella pobre Con haberlo calentado ... ?
muJ~r; da vuelta a su caballo y se retira, seguido de ¡Siempre el probe desmerece ... !
1.
1'
Ranilla.
-¡Qué derroche de hombría! Por no denunciar a los Comienza.a oscurecer cuando atraviesan por entre un
cristeros, ese pacífico labriego que no se metía· en nada montecillo de huizaches.
pierde la vida a manos de un soldadón brutal sin con- Un tecolote espantado lanza un fuerte graznido y
ciencia ni criterio. pasa casi rozando la cabeza de Felipe.

148 147

l::O~·····rr=1.,1
-¡Agáchate... ! -le grita Ranilla, que otra vez se ha Felipe inclina la cabeza. .
quedado atrás. Los cristeros se forman de cuatro en fondo, colocan
-;;¿Qué te pasa? -voltea riéndose Felipe. . enmedio a los dos prisioneros, y toman por el cauce del
-Ese maldito animal ... -le contesta temblando. arroyo hacia un rumbo desconocido. .
-¡Ja!, ¡ja!, ¡ja... ! Luego, tú eres de los que creen en Eran las primeras horas de la noche. Hundidos en el
esas boberías; ¿en el maleficio de esos animales? [Pues de- fondo del arroyo, la oscuridad no dejaba verse ni las manos.
veras que estás atrasado ... ! Felipe y Ranilla caminan a tientas, tropezando~ cada
1 1 -Tú dirás lo que quieras; pero de este tiro ya nos paso con los guijarros de~ arroyo. Más avezado Felrpe, se
llevó Ja ... coge de los tientos de la silla de uno que va ce~ca de el. En
-Pero Ranilla, parece mentira que tú, un hombre cambio, Ranilla va cayendo y levantando, pisoteado con
ilustrado, de ideas no sólo avanzadas, sino hasta atrevidas, frecuencia por los caballos.
creas en esas supercherías propias de gente sencilla -le -¡Agárrese de los tientos, pendejo ... ! Nomás cuídese
reprocha Felipe- mientras descienden al Arroyo Hondo. de que las pezuñas de mi bestia no le vayan a rebanar los
-¡Alto ahí!, ¿qué gente ... ? -se oye un grito en el callos... -le dice uno estrujándolo de un brazo.
fondo del arroyo. La gente camina recelosa, callada. Hay orden de
Los dos amigos se quedan mirándose con estupor. hacerlo así, en el mayor silencio, y no encender luces,
-¿Qué gente? -vuelve a oírse con mayor fuerza, al porque andan muy cerca de ahí los pelones. A eso obedece
mismo tiempo que el crujir.de muelles de los rifles. que vayan por el cauce del arroyo.
-Gente de orden, pacífica -responde Felipe. El jefe, que va delante, se detiene con frecuencia, y el
-¡Avancen... ! cordón de tropa hace otro tanto para escuchar. Luego se
-¿Felipe Bermúdez y El Ranilla? prosigue la marcha con el mismo sigilo, procurando que
-A sus órdenes -responden ambos, ya rodeados de un los caballos hagan el menor ruido posible.
grupo de gente armada. Los hombres parece que llevan un candado en 10.S
-Pie a tierra y entrieguen las armas. labios, casi ni resuellan. Es que en aquellos momentos van
-Aquí está mi pistola -se adelanta Felipe. atravesando por el lugar más peligroso.
-¿l,os amarramos, mi jefe? De pronto, todo el cordón de tropa, como si fuera un
-¡Humm! -titubea éste-. Sí, amárrenlos codo con tren que se enfrenara en emergencia, se detiene. Era que
codo; cuanti más seguro, más marrao. Estos tales Berrnú- las finas orejas de aquellos rancheros cristeros alcanzaron
dez tienen fama de panteras ... a percibir extraños ruidos. Luego un vago rumor de voces
Mientras los están amarrando. Felipe pregunta en y pisadas de caballos. ·
tono humilde: Después, las risotadas, las canciones de l<JB sardos; el
-Bueno, señor ¿Por qué es esto? Yo quisiera saber traqueteo y los estornudos de las bestias ... Y por último,

1
qué gente son ustedes. las charlas de los juanes, el trie-trie de los sables y el
-¿Qué está ciego, jijo de un tal. .. ? -se adelanta rechinido de las monturas. . . Tenían encima, sobre sus
urio echándole el caballo encima- o no sabe leer -le grita cabezas, a los pelones...
golpeándose con la mano la copa del sombrero donde Una larga columna de federales pasaba sobre el cami-
estaba adherido un hilacho que a letras rojas decía: ¡Viva no real, a cincuenta metros del arroyo hondo, donde
Cristo Rey! estaban los cristeros ...
148 149

·~f:
Si un caballo estornuda, si una tosida incontenible se Esparcidos por el llano, se veían algunos en cuclillas,
escapa del pecho de alguno de ellos; un relincho, un movi- cubiertos con los sombreros, los cigarros prendidos en la
miento de las bestias ... no queda uno solo vivo. . . se les boca, haciendo gestos. Otros encendían lumbre para hacer
tapan las dos salidas del arroyo, y allí como quien mata el almuerzo.
ratones en una ratonera ... La gente que llegaba hace alto frente al padre Pe-
Si no fuera por el ruido que producían entre sí los droza.
federales, hubiérase alcanzado a percibir el tintineo de las -Aquí le traigo a los dos catrines, padrecito -le dice
espuelas, del temblor que sacudía a los santos eristeros, y Ciriaco, echando por delante a Felipe y Ranilla-. Casi los
el bisbiseo de sus labios resecos al encomendarse a Dios. saqué de entre las piernas de los pelones. . . Por poco ni
Y los pelones pasaban y pasaban y pasaban ... se la cuento; los sardos nos pasaron como de aquí a onde
Y a los cristeros les parecía que desfilaban todos los está su mercé; sólo que estábamos metidos en el arroyo, y
ejércitos del mundo y que tardaban siglos. no nos sintieron, ¡que si nos llegan a sentir ... !
.· Algún santo les ayudó en esta ocasión, porque los -Está bien, Ciriaco, está bien. . . -le dice el cura
caballos ni estornudaron ni movieron una pata, y los hom- moviendo la cabeza-; ¡desamárrenlos... ! -y sus ojos
bres casi ni respiraron. Jinetes y bestias estaban conver- encapotados y tenebrosos barren de pies a cabeza a los dos
tidos en piedras ... prisioneros. ·
Cuando al fin acabó de pasar la columna, y las voces -¿Conque ustedes son de los avanzados del pueblo?;
y los ruidos de la tropa se iban perdiendo en la distancia. de esos bolcheviques come-curas que predican el reparto de
los cristeros aflojaron el cuerpo y soltaron los alientos. tierras y soliviantan a los trabajadores en contra de los
Como un fuelle al desinflarse, de cada pecho brotó un patrones? ¿Los que han llamado bandidos a todos los
largo ¡aaah ... ! de alivio. defensores de la religión, y muy principalmente a nosotros
Salieron del arroyo cuando una luna llena iluminaba los representantes de Dios? -los increpa en tono amena-
en toda su amplitud los campos silenciosos. zante Pedroza.
La gente comentaba, todavía con azoro: Felipe y Ranílla permanecen con la vista clavada so-
-¡Por ví'a de Dios que ni cuando me quedé cortao en bre el suelo. Están rodeados de un numeroso grupo de
el cerro de Tetillas, me ha entrao tanta cisca como ora ... ! cristeros que escuchan en silencio, con las caras adustas,
Puedes creerlo, Atanasio. la tremenda requisitoria del cura.
·. - Te garantizo que no me cabía ni un alfiler por el: -Conque ustedes dijeron en la tienda de don Casi-
ojo de atrás. · miro El Chanclas, que había que quemar todos los santos
-¡Engual que yo; en mi repelo de vida me ha entrao para' desfanatizar al pueblo. volar con dinamita los tem-
un temblor tan juerte, y toavía orita no puedo hacer plos y colgarnos a todos los padres, ¿eh... ?
saliva ... Y todo por venir a llevar a este par de catrines, -No, señor, no hemos dicho tal cosa. Conversamos
jijos de sus repelonas madres ... ! . con don Casimiro como viejo amigo y condiscípulo sobre ·
Ya casi amanecido llegaron al campamento con los los trastornos que puede traer una rebelión como ésta y ...
dos prisioneros. -¡Y a... ! ¡Tenían que ser además de herejes y len-
La gente comenzaba a levantarse y discurrían en guas sueltas, cobardes y rajones ... ! -interrumpe el ~ura ·
grupos al derredor de la cueva que servía de guarida a los a Felipe, clavándole en forma feroz sus ojos ensombrecidos.
jefes de aquella fracción cristera. -No, señor ...
150 151
.
i!
.: ....~
-¡Cállese, chiflao -se interpone Ciriaco, dando un - Y a la menor intentona de fuga, hacen fuego sobre
manotazo en el pecho a Felipe-. [Mire que no está ha-· ellos.
blando con uno de su igual ... ! -Magnífico, siñor cura.
-Es que quiero aclarar la verdad -repone Felipe. Ranilla y Felipe •se retiran y se tumban sobre la
-¿La verdad ... ? -replica en forma irónica el cura, yerba, a estirar sus miembros entumecidos.
dejando a descubierto sus grandes dientes podridos-. La Cerca de ellos se acomodan los dos vigilantes, con los
verdad es que dentro de breves momentos van a presen- rifles entre las piernas.
tarse ante Dios, a rendirle cuentas de su vida. :-Y se retira. Cuando comienza a calentar el sol, salen como espec-
Felipe y Ranilla permanecen callados, con la convic- tros uno tras otro los heridos. Es una legión; unos llevan
ción de que van a ser ejecutados. Era bien conocida la los brazos en cabestrillo, otros arrastran los pies, apoyán-
fama de este cura sombrío, inexorable y cruel con los dose en bordones de palo; otros más van amarrados de la
enemigos que caían a sus manos. A nadie perdonaba; al cabeza y el cuerpo cruzado de hilachos ennegrecidos de
que no fusilaba, lo colgaba u ordenaba que se le apu- mugre. Todos con la cara amargada, viendo con recelo a
.. ñalara ... los catrines .
{ No tardó en regresar, con el sombrero negro, donde -¿De ónde trairian este par de curros ... ?
traía dos calaveras bordadas, echado hacia atrás, las -Cro que de po'allá arriba -contesta el interpelado
manos dentro de unas chivarras peludas que le entorpecían descostrándose con las uñas la herida que tiene en una
el paso; llevaba una pistola 45, canana repleta de tiros y pierna, hasta hacer salir un chorro de asqueroso pus.
W1 fino puñal toledano. -Pos estos pa' de aquí a la tarde ya están en el
Su color cetrino, sus ojos torvos y recelosos y la bos- infierno entrándole al plomo derretido y bailándole un
cosa barba negra que le ensombrecía la cara, le daban el jarabe al diablo ... A no ser que le aflojen la fierrada al
aspecto de un beduino. ·I padrecito ...
Los semblantes de Ranilla y Felipe se pusieron del -Por si o por no, yo me voy a estar chango, a ver si
color del papel, creyendo que había llegado el momento. me toca la chaqueta del más chiquillo.
-En atención a que su hermano es uno de los princi- - Y yo también, a ver si me quedo con los pantalones
pales defensores de la causa, y un buen creyente, para del otro ...
bochorno de usted -se dirige a Felipe-, se ha acordado Agotados por el cansancio y los sustos, los dos amigos
conmutar a ustedes la pena de muerte, a cambio de que su se quedan dormidos.
padre remita en el término de ocho días cinco mil pesos. Hacia el atardecer, los ruidos de la gente, que ensilla
-Pero, señor ... y pone frenos a sus bestias, los despierta.
-¡CAflese ... ! [Mira, Ciriaco: Pon a estos sujetos U na yegua tuerta, manca, de ancas angulosas, que
centinelas de vista, que no se les despeguen ni cuando va- parecían estar formadas de tablas, está lista para los dos
yan a exonerar ... ! ca trines.
I· Por lo de exonerar, Ciriaco se queda a medias sin Sobre un fuste rastrojera sin avíos ni estribos, se
entender el rigor de la consigna, y quiere rectificar. acomoda Felipe y Ranilla, en ancas, sobre aquel suplicio
-Dice.que no los dejen solos ni cuando vayan a tirar de huesos agudos, capaces de partirlo en dos, así se incor-
los calzones -le aclara en voz baja don Serapio el sacristán. poran a las huestes del padrecito Pedroza, que aquella
-¡Ah!' Muy bien, padrecito. misma tarde sale a exterminar a los agraristas de Palo

152 153
Blanco, congregación agraria incrustada en el corazón
de magníficas haciendas del Plan. En las calles del pueblo, envueltas en sus rojos cho- · ·
. ,.'
1 ·:. Se ha recibido aviso .de que la escolta federal que la mites; anchas y cuadrilones, temblones los pródigos senos,
resguardaba, ha evacuado la congregación; por eso van que sujeta la camisa bordada de rojo, hormiguean bulli-
confiados y seguros del triunfo. ciosas las mujeres de los agraristas.
•1l¡
Toda la noche se caminó por entre cerros y veredas Con las bateas en alto, coronadas de trapos, unas ba-
apartadas del camino, para evitar un mal encuentro con jan hacia el río a lavar, o vuelven del ojo de agua con el
Jos sardos. cántaro al hombro.
Otras vienen de la tienda con el comistrajo, y las más
Al amanecer, los quinientos y tantos hombres que lleva el con la canasta al brazo, caminan presurosas hacia las labo-
cura, están emboscados en los cerros que circundan el res a llevar el almuerzo.
poblado. Y los chicos ruedan encuerados en las calles, entre
Desde las alturas se domina el pequeño valle verde- nubes de tierra y llamaradas de sol.
gueante, dividido como tabla de ajedrez con rayas negras Un tiro es la señal.
que delimitan la pequeña propiedad de cada campesino. De entre los garruños y yerbajos donde han estado
Del río mansurrón que bordea las parcelas, salen hili- escondidos, asoman las cabezas y las bocas de los rifles
llos de plata que se adentran culebreando a los sembrados de los cristeros.
en plena lozanía. Y en medio de alaridos y vivas a Cristo Rey, comien-
Era un campo tranquilo de labor; un remanso de· paz, za una horrenda cacería de hombres y mujeres ...
a cuyo plácido sosiego se acogían bulliciosas bandadas de Aquí cae un hombre, resbalando sobre el flanco lus-
tordos. troso de uno de los bueyes de su yunta. Otro allá se
El campanario, guarida de búhos, se eleva como un encorva y se queda sentado sobre un surco, conteniéndose
dedo sarnoso apuntando al espacio. la sangre con las manos. A su lado, otro más queda ten-
El templo, donde ahora los herejes agraristas sesionan dido enmedio de una zanja, tiñendo de rojo el agua. Más
y verifican bailes, se destaca enmedio del risueño caserío allá grita revolcándose una mujer, arañando la tierra para
como un cajón de muerto, cubierto con un sudario gris. taparse con ésta el oquerón que tiene en el vientre, del
Nada hace sospechar a aquellos hombres de lucha, cual sale un chorro de sangre.
la acechanza cristera. Cuando aparece el sol, salen de sus El tiroteo es cada vez más intenso, más encarnizado,
casas en grupos, parlanchines y alegres hacia sus semen- más cruel y los vivas a Cristo más vibrantes.
1 .:
teras. Los campesinos siguen cayendo, se les ve doblarse
La gente de Cristo, acecha. Espera que todos anden poco a poco y perderse en el fondo verdinegro de las
esparcidos por el valle, desprevenidos, inermes, para ca- labores.
zarlos a campo raso, como a manada de coyotes perjui- Los pocos hombres que quedaron en el pueblo, suben
ciosos. al campanario y suenan las campanas, no llamando a
Ya los hombres unos andan clavados sobre la yunta, misa, sino a rebato.
otros le hacen cosquillas a la tierra con sus azadones, lim- Los que logran salir ilesos de aquella infame cacería
piándola de la mala yerba, y los más le abren paso al agua toman las alturas, y en unión de los demás abren el fuego
que llega rumorosa, dando los buenos días. sobre los cristeros, sin dejarlos salir de sus escondites.
! .
•.
164 155
dos; acosados por los tantos ojos que parecen barrenarles
Hasta los viejos y las mujeres están disparando desde las . el cuerpo.
azoteas de sus casas. -Ahorita s~ ~as voy a dar -prosigue el cura con mofa.
El valle está salpicado de manchones azules y rojos -¡A ver, Ciriaco, trae acá esos costales de tierra! ¡Va-
de las mujeres y hombres tirados entre los surcos· unos mos, aquí la tienen ... !
heridos, otros muertos. ' Les cuelgan los sacos al cuello y los conducen al pie
El tiroteo dura hasta el atardecer. d~ un fresno que hay en Ja plaza, de cuyas ramas penden
La cobarde táctica del cura le da resultado; a esa hora diez sogas.
se les había agotado el parque a los agraristas. Ahora, todos los cristeros, a excepción del cura, están
Las casas se cierran a piedra y mezcla· los hombres consternados, presenciando en silencio los preparativos.
huyen hacia el cerro opuesto, y el pueblo queda sumido Los tres campesinos están lívidos, del color de la cera,
en un lúgubre silencio. Y por s~s car~s bronceadas, cuyos fuertes rasgos parecen
Los cristeros entran al pueblo disparando sus armas haber sido forjados con hacha, corre copioso sudor. Por el
y lanzando alaridos y maldiciones, escarneciendo a Cristo esfuerzo que hacen para mantener su entereza, sus man-
al mencionar su nombre. Prenden fuego a la puerta del
campanario y suben a coger los que quedan arriba. ~ . .a punto de hacer explosión. De su boca como
díbulas están )

en un pnncipio, no sale una sola palabra de perdón ni una


Diez que no tuvieron tiempo de descolgarse por las queja, ni una súplica. · '
sogas que había detrás del templo son atrapados y con- -¡Qué infamia ... ! -exclama Felipe sin poderse con-
ducidos a presencia del cura. tener, Y c~erra 1?8 ojos cuando tiran de las sogas, y los
-¿Conque ustedes son los que apoyados por el han- cuerpos de los diez agraristas se levantan del suelo retor •
. dido gobierno, se han venido a robar estas tierras? -los ciéndose: en medio de horribles contracciones, para ~uedar
apostrofa el clérigo-. ¿De los que han arrebatado, contra suspendidos en el aire, cada uno con su saco de tierra
la ley de Dios, a respetables señores, hombres honestos, colgándole del cuello ...
de conciencia ejemplar, lo que por su trabajo, honradez y
laboriosidad han adquirido?
Los campesinos permanecen callados. De sus bocas
..~ resecas, cuyas recias mandíbulas parecen estar atornilla-
! ~ das, no sale una sola palabra.
Los cristeros, que les han dado rueda, los miran con
estupor, sorprendidos de su entereza. Algunos los ven con
conmiseración, quizás arrepentidos por su complicidad,
recordando el real y medio y ración y el mal trato de los
amos, quienes los habían enrolado en las filas de Cristo a
::'
miles de ellos.
.
,. El cura los observa con fijeza, y luego se alisa sus
negras barbas de chivo al preguntarles en un tono sarcás-
tico: "¿No quieren más tierrita?"
Los labriegos siguen de una pieza, con los labios sella-

156
157
EL ASALTO AL TREN EN OJO LARGO

Don Ramón y tío Alejo están recargados en la cerca del


patio mirando el camino.
=No, si. como te digo, Ramón, a mí naiden me quita
de la cabeza de que a Felipe se lo llevaron los mesmos
hombres que saquearon el rancho, porque llegaron bus-
cándolo.
-¿No serían los Hurtados, tío Alejo, que lo haigan
matado y echado a alguna zanja y tapado con pencas de
nopal, como lo saben hacer ... ?
-No, no, no; eso no. A los Hurtados tiempo les falta
para desvalijar el correo y asaltar los camiones del pueblo,
en compañía del tal general Valijas. Y aluego tú bien sabes·
que le alzan escobeta a Policarpo, y no se arresgarían a
hacer una cosa de esas, porque de ellos no sobrarían ni los
perros ...
Callan por largo rato, abrumados en tristes conjeturas.
La noche se venia encima y aquel día pasaba como
los anteriores, envuelto en las mismas dudas y zozobras.
La silueta de uno que venía en dirección del rancho,
i'
resaltaba en el fondo oscuro de la cerca que formaba el
callejón que llevaba a la casa.
¿Quién será ése, tío?
-¡Hum! pos quén sabe ... Ya a estas horas apenas
distingo como sombras a las gentes. Esta jué una de las
ventajas que saqué en la otra revolución cristera.
El hombre se detiene frente a don Ramón, saludán-
dolo de mano, saca de entre la faja una carta y se la
entrega.

159
Don Ramón va hacia dentro de la casa a leer la misiva. muerto, donde ni las arañas encuentran una sombra, se
Doña Trinidad se le acerca, ansiosa de conocer su agrupa el parduzco caserío del Valle de Guadalupe, partido
contenido, y la abuela, con la misma ansiedad, alarga su por mitad por el antiguo camino de las diligencias, paraje
cara enjuta. de arrieros y caminantes.
Luego que la acaba de leer don Ramón, la estruja Un desmedrado arroyuelo de aguas turbias, cuyo cau-
balbuciendo una insolencia, la hace bola y la arroja al dal no es mayor a la orinada de una burra preñada, bordea
suelo con rabia. el pueblo. Hacia un lado, un charco cenagoso, cuajado de
-A Felipe se lo llevó la gente del padre Pedroza, y ajolotes, sapos y tepocates, es el orgullo de los vecinos del
éste quiere cinco mil pesos de rescate. lugar, quienes aseguran que aquel es un Ojo de Mar,
-¡ Válgame Dios! -exclaman las mujeres, oprimién- donde se atrapan bacalaos, huachinangos y uno que otro
dose las manos. tiburón ...
Tío Alejo llega en aquellos momentos. Gente generosa, pacífica, hospitalaria, son los mora-
Don Ramón pasea a lo largo de la pieza, manoteando. dores de esta melancólica villa, incubadora de curas. Ape-
-¡Cinco mil pesos! ¿Pos de ónde? ¡Si estos mismos bandi- nas los muchachos pueden leer y se saben de memoria el
dos nos han dejado en la miseria ... ! No se conformaron catecismo, pasan indefectiblemente al seminario; pero nin-
con saquearnos, tirarnos el maíz, arriar con el ganado y guno se logra; todos destripan y salen licenciados, médicos,
los caballos, matarme mi bestia y arrastrarme, sino que boticarios o se vuelven a laborar sus tierras, congestio-
todavía se llevan a mi hijo para sacarme dinero ... ¡Pos de nados de latines y humanidades.
ónde les doy cinco mil pesos ... ! ¡Ladrones! ¡Bandidos! Y así, no es extraño encontrar algún vallense con
¡Maldita revolución! [Curas jijos ... ! -todavía el escrú- calzoneras y guaraches de dedo que suelte un latinajo
pulo no lo deja terminar la frase. como éste: "Josephus: consumatum pecunian est, pelan-
- Tienes muncha razón, Ramón, estos endevidos no tour galluos, eliminorun nostroum. José: se acabó Ja fie-
destinguen, ni tienen concencia ni compasión del prójimo. rrada, pela gallo, vámonos ... "
Lo único que buscan es dinero, poniendo al probecito de Durant:e el laborío de sus tierras, trabajan de sol a
Cristo de parapeto -arguye tío Alejo. sol, echando los bofes. Después ... comer, dormir, multi-
"Por lo pronto dile a ese hombre que trujo la carta, que plicarse y jugar carreras y baraja, son funciones defini-
le diga al padre que allá vas a verlo y mañana al amanecer tivas de vida en aquel plácido y tranquilo valle. ·
salemos, tú en el caballo pocholongo mas que esté tuerto Suenan las campanadas de las doce, que corren pere-
y renco, y yo en la mula lunanca de l'agua, que es lo único zosas sobre el pueblo amodorrado y se extienden ululantes
que han dejao estos desfensores de Cristo. Es decir, don sobre el campo.
Pispiote y Sancho Panza, como dice Felipe. ¡Je, je, je ... ! Don Ramón y tío Alejo se detienen, se quitan los
¡qué le vamos a hacer ... !" sombreros y rezan las plegarias de esta hora.
Toda la mañana caminan los dos viejos por entre el -¿Llegamos al pueblo?
l.
monte siguiendo veredas apartadas para evitar un mal -No, tío Alejo, cómo quiere que llegue en estas fachas,
encuentro con los sardos. con estas cueras chorriadas y este sombrero gacho, y luego
Van en dirección del Cerro de Ayo, en busca de en esta matadura de animal, donde siempre me han visto
Felipe. con buenas chaparreras, en una buena bestia y una buena
Sobre un llano desolado, raso como tabla de cajón de montura ...

160 161
=Pero hombre, [qué presumido! ni que tuvieras no- . jando sólo los perros, y abandonó· a las probes mujeres a

via. . . ¿Cuándo ha sido un .defeuto estar probe ni un que se murieran de hambre con todo y chiquillos.
delito el estar amolado? Pero, como tú queras: .. rvá- Don Ramón y tío Alejo se miran y mueven la cabeza.
monos... ! · -¿Qué razón nos da de los cristeros? -lo int.erroga
Sacuden ~ riendas a sus mustias acémilas, que ya tío Alejo.
estaban dorrmdas y prosiguen su camino por aquellos -Pos la semana pasada por aquí andaban; pero lle-
caml?os resecos, agrietados, como fauces abiertas por la garon los pelones y los echaron pa' bajo; rumbo al plan.
sequía. Ora que suban la loma verán cómo negrea de zopilotes
Caía el sol cuando avistan una ranchería. comiéndose a los probecitos muertos, y si vieran sus mer-
Acosados por el hambre, don Ramón azuza su rocín cedes que por las noches hasta se enchina el cuerpo del
y tío Alejo hace trotar su mula para llegar cuanto antes. aulladero de los coyotes, peleándose por los huesos de los
Se aproximan a la casa principal del rancho, rodeado dijuntos...
de sórdidos jacales que enseñan su miseria por todas par- -Ora, por el lao de Tecultiche, dicen que hay un
tes. colgadero de cristianos, que nomás blanquean los árbo-
Cuando quieren penetrar al patio, un hombre se. les les...
acerca, se descubre a dos manos, saludando y les dice: Don Ramón y tío Alejo se vuelven a mirar, ·ahora
. -No hay gerite, siñores runos; la casa está vacía. recelosos.
• Se .miran uno al otro, con desconsuelo,. don Ramón y -¿Y cuál es el camino aquí pa'l Cerro de Ayo? .
tío AleJO, y alargan la cabeza buscando algún jacal por -Pos cogen sus mercedes todo el camino de Arandas,
. donde saliera humo y se oyera ronronear los metates; y él los lleva. N omás váyanse con muncho tiento, porque
pero no se oye ruido alguno, ni asoma el más ligero hilillo todo . eso de por ai está plagao de pelones, y ya habrán
de humo por entre los herrumbrosos pajonales.. Parecían oído ustedes dicir que no se la perdonan a naiden si le ven
estar solos aquellos escondrijos de hurones. . . . blanquear los calzones y el sombrero de palma...
-Oiga, don, ¿no hay por ai' ónde echar un taco? -le ·-Bueno, pos que Dios se lo pague -dice don Ramón
pregunta tío Alejo. . levantando la rienda a su caballo, dejando un peso en la
-No, siñor: aquí la gente se está muriendo de ham- mano del labriego.
bre. En los más de los jacales llevan días de no poner lum-
.
l :
. ·~
bre; la probe gente se la está pasando con nopal y tunas
verdes.· Juera de mí y dos o tres viejos rucanos no se
Durant.e todo el día han estado bajando de Los Altos,
grupos de cristeros, llamados por los tres curas rebeldes:
incuentra ningún hombre; todos se jueron a la guerra, y Angulo, Vega y Pedroza. ·
a las probes mujeres y los chiquillos que dejaron ya se les Están acampando en las lomas de Feliciano, inme-
junta la rabadilla con el estómago. diatas a la vía del ferrocarril. .
. -¿Por qué, pos luego el patrón? Se dice que se va a dar un golpe; pero nadie sabe a
.-El patrón nomás encampanó a los hombres a que se quién ni cuándo. ..
metieran a la bola, y luego que la vido fea, se jué con todo La gente está t.endiéndose bajo sus respectivos estan-
y ria ta como aluego dicen: cargó con sus triques, sin. dejar dartes sobre el lomerío.
ni las escobas; se llevó hasta el último grano de maíz sin Escuadrón del Sagrado Corazón, Batallón de la San­
dejar ni los olotes; arrió con el ganado y las bestias: de- tísima Trinidad, Regimiento de Nuestra Señora de Guada­
162 163
¡; , ;;·
'':
lupe, Dragones de Cristo Rey -se lee en las banderas que combatiendo. Si yo a veces he llegado hasta a sospechar ·
ondean al pie de cada grupo. . que se anda volteando ... A mí me quitó de las manos a
Visto desde lejos aquel rebaño, podría creerse que muchos juanes y gente del gobierno que iba a escabechar·
aquello es una romería de penitentes, camino hacia algún dio por no obedecerme en muchos casos, y en fin otros
templo testigo de portentos y milagros. · muchos detalles de hombres que ya les contaré ...
Los tres curas pasean satisfechos al notar que cada -¡Ah!, sí, ¿aquella muchacha de San Miguel? -lo
1
vez . es mayor el contingente que llega. Los caminos no bromea Angulo.
ce~n de vaciar sobre aquel campamento, a turbas de Vega asiente con un ronco gruñido.
cristeros montados. Su número ya se acerca al millar. -¡Pero a la hora que lo agarre mal parado.. .. ! -mur-
-¿Tienes seguridad en ese hombre, Angulo? mura-, no van a quedar ni rastros del bandido ... Yo me
:-Absoluta; es un hombre de confianza, muy vivo. comprometo a quitártelo de enfrente para que no te haga
Nadie sospecha de él; es, además, muy conocido de las sombra, Pedroza. [Por éstas ... !
~r~onas , con quienes tenemos combinado el golpe; un - Y yo a mi vez le haré la lucha a ese Gorra-Prieta
hábil espía que ha prestado grandes servicios a la causa. -cierra el pacto Angulo- ¡No faltaba más que nosotros
-Magnífico. Porque de otra manera, sería muy la- que fuimos los promotores de la bola, y batimos el agua,
~enta~le que fuéramos a gastar nuestra pólvora en infier- viniera otro a bebérsela... Como quien dice: trabajar para
nitos, sm lograr el resultado que buscamos, pues ya sabes el inglés ... ¡Bah ... !
que no andamos muy abastecidos de parque ...
· -Claro que sería lamentable, pero para evitar esto él Don Ramón y tío Alejo aparecen en la ceja. del Cerro del
ya está entendido de que al aproximarse el tren, nos ~an Ojo Largo, desde donde se avistan las lomas de Feliciano,
a hacer una señal por una de las ventanillas con una lám- donde están los cristeros.
para eléctrica, lo que querrá decir que vienen allí los dos- -¡Alabado sea Dios! -exclama don Ramón, brincán-
cientos mil pesos. . dole el corazón [Hasta que dimos con ellos... ! ¡Allí está
Pedroza escucha, sin terciar en la conversación. Anda mi hijo, tío Alejo! -le palmotea gustoso la espalda. .
con el ceño ensombrecido, despechado porque no se le ha -¡Sí, hombre, sea alabada su Divina Majestá! [Cani-
nombrado jefe supremo de la campaña de Los Altos.. jo, y mira qué gentío con banderas y estandartes ... ! Con
_ -¿Qué han sa~ido hustedes -pregunta a sus compa- seguro que es otra pelegrinación como la de Caballerías.
neros-, de que quieren mandarnos como jefe a un tal ¿Qué habrá por aquí cerca algún santo milagriento?
Gorostieta o Gorra-Prieta? -No lo sé, tío.
-Yo, nada =-contesta Angulo. Avivan gustosos el paso de sus cabalgaduras, bajando
-Pues ya he sabido -agrega Vega- que no es Goros- por la cuesta.
tieta, sino el bauzán de Policarpo Bermúdez. El día se replegaba rendido. Comenzaba a oscurecer.
-¿Y quién es ése? Don Ramón va formulando in mente el discurso que
;. -Un ranchero boca de palo, atrabancado, que anda- le va a decir al cura para que le suelte a su hijo, y tío Alejo
ba conmigo. Un ranchero imbécil, muy ladino, con una tararea una canción.
sue~ loca, que siempre le salen bien todas sus tarugadas; Han descendido al plan; pero aún es larga la distancia
sensiblero que perdonó a los pelones que caen en sus que han de recorrer para llegar al campamento.
manos, y nunca fusila ni cuelga a nadie; él solo mata Los cristeros ya están tendidos, unos, pecho en tierra

164 165
sobre el lomerío; otros detrás de las tongas de durmientes . Pedroza y El Ruñido están dirigiendo e1 ataque y
que hay a lo largo de la vía. azuzando a las turbas. "¡Viva Cristo Rey! ¡Viva Cristo
En el cielo aparecen las primeras estrellas y cierra la Rey!'' se sigue escuchando el sarcástico grit:o de guerra.
·noche. Los heridos agonizan dentro de los carros, cuyos-pisos
Súbitamente, un grueso chorro de luz perfora las comienzan a cubrirse de sangre. ·
tinieblas y aparece el gusano luminoso de un tren de pasa- Angulo y Vega trajinan fatigosos acarreando del ex-
jeros. press los doscientos mil pesos, motivo de aquella espantosa
Se retuerce y ondula sobre las curvas o repta derecho carnicería.
sobre las tangentes. De las ventanillas ya apenas sale uno que otro tiro;
La locomotora avanza alegre y retozona, suelta hacia después ... nada. .. La escolta ha sido aniquilada.
) . atrás su blanca cabellera de humo. Su ronco silbato hace Los cristeros se abalanzan como fieras hambrientas
~ . estremecer a los cristeros, que preparan temblorosos sus sobre el convoy y penetran a los carros con los puñales en
armas. alto, amenazantes. Angulo, por delante, también lleva el
Al entrar a una curva da una cabeceada; se sacude suyo en la mano.
con estrépito, pega un salto y azota de lado sobre el terra- -¡A acabar con los malditos pelones!; ¡a rematar a
plén, enmedio de un estruendo espantoso. los que queden vivos... ! -grita.
­¡Viva Cristo Rey! -se oye un alarido, al mismo Dentro, mujeres que se abrazan a sus hijos moribun-
tiempo que una lluvia de balas cae sobre el convoy des- dos, enloquecidas de angustia.
carrilado. Hombres que gritan enronquecidos y sacuden a sus
Don Ramón y tío Alejo se detienen sorprendidos. gentes, acribilladas a tiros, ya sin vida. ·
-¡Están guerreando, tío Alejo! -grita don Ramón-. Heridos que se arrastran pidiendo agua con clamo-
¡ Y a hí1e.<;tá m1· hiiIJO•... ',e·
¡ . . orra 1e .... , rosa voz...
Tío Alejo tiene que arrancar alientos a su mula a Y· los pobres juanes, abandonados, en una espantosa
fuerza de espolazos y palos, a fin de dar alcance a don confusión los muertos y los heridos, con sus armas hu-
Ramón, que corre desaforado, con el sombrero en la mano. meantes tiradas por un lado ...
El tiroteo arrecia. Los cincuenta hombres de escolta ...;..¡Padre! -se abraza una mujer a las rodillas del cura,
contestan desde las ventanillas, con bríos, la brutal aco- bañada en lágrimas y sangre-, ¡me han matado a mi
metida de las turbas fanáticas, que están "defendiendo manido y a mis . hii
IJOS •••• '
sus derechos y restaurando el reinado de Cristo", asesi- -¡Todo es por Dios, hijita; ofrece tu dolor a la Virgen
nando cruelmente a hombres, mujeres y niños inocentes Santísima y resígnate! -y la aparta, echándole bendi-
que están dentro del convoy. ciones.
De los carros sale un coro de imprecaciones y Lamen- -¡Padre! -claman los heridos, levantando suplicantes
tos. La gente se revuelve y se arrastra sobre el piso de los la cabeza- y el cura sigue marcando con el puñal, en el
coches, buscando un lugar seguro que los libre de la infame aire, el signó de la cruz.
matanza de que están siendo víctimas. -¡Padrecit:o! -murmura con débil voz un soldado,
Gritan en un tono angustioso que no tiren; pero las haciendo esfuerzos por incorporarse.
orejas de los santos cristeros no oyen, y por el contrario, -¡Tómala, judío ... ! -¡Y en esta vez el puñal del cura
el fuego es más intenso, más encarnizado, más cruel. .. se hunde en la garganta del infeliz pelón ... !
166

.. ...::..-1
· -¡Aquí está uno! ¡Acá está otro! ¡y acá está otro ... ! "A nuestro Dios sacrosanto los dichosos querubines,
=gritaban los sanguinarios cristeros al descubrir a los solda- ángeles y serafines dicen: ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo!" ·
dos heridos.
Y los puñales se hunden una, otra, repetidas veces en
los cuerpos inermes de los pobres juanes, hasta no quedar
uno solo con vida ...
Los curas y demás victimarios salen bañados en san-
gre, fatigados, jadeantes de la ruda labor de exterminio
que han llevado a cabo en el nombre de Dios ...
-¡A prender fuego al tren! -grita Angulo.
Había que consumar la obra, reduciendo a cenizas los
cadáveres y los heridos, para escarmiento de los secuaces
de Satanás.
La gente sale corriendo, arrastrando unos a sus muer-
tos, otros a sus heridos, perseguidos por las llamas, que
comenzaban a consumir el convoy.
Felipe y Ranilla presencian horrorizados, mudos de
espanto, aquella segunda San Bartolomé.
Don Ramón y tío Alejo andan vueltos locos, entre los
cristeros, que ya se disponen a emprender la retirada, bus-
cando a Felipe.
-¡Felipe! ¡Felipeee ... ! =-grita don Ramón, aproxi-
mándose al convoy, envuelto en grandes llamaradas que
iluminan el cielo y los campos absortos de pavor.
-. ·Feli peee '.
-¡Padre ! -se le cuelga éste al cuello, oprimiéndolo
enternecido,
-¡Hijo ... ! ¿Qué, estás herido? -le pregunta temblan-
do don Ramón-; estás bañado en sangre ...
-No; padre; por salvar a unos pobres heridos de morir
quemados. ¡Vámonos cuanto antes de este espantoso in-
fierno! ¡Vámonos! ¡Vámonos ... ! .i
i
Don Ramón se echa en ancas a Felipe; tío Alejo a
i ;
Ranilla y se retiran corriendo, perdiéndose luego en la
densa oscuridad de la noche.
Los eristeros, con las cabalgaduras cargadas de pesos,
todavía chorreando sangre, van subiendo la loma, dando
gracias a Dios cantándole· alabanzas ...

188 169
EL CRIMEN DEL CURA VEGA

Convencido Policarpo de que no podría rescatar a Marta,


según lo que le había dicho El Pando, tomó la resolución
de volverse a Los Altos.
-¡Vámonos tierra arriba, a nuestros comederos, a aca-
bar con los sardos; a empedrar las calles de los puebloscon
cabezas de pelones... ! ¡Si a mi señora madre la incuentro
con chacó y uniforme, a mi señora madre le meto bala-
zos... ! -les dice a sus amigos cuando abandonan, ebrios,
La Barranca.
Se entregó a la bebida en forma desenfrenada. Siem-
pre andaba borracho, y en ese estado cometía barbaridades
y locuras, de las cuales siempre salía bien librado, gracias
.. a su buena estrella, que cada día refulgía más, acrecen-
'
tando su fama.
Entraba a los pueblos mal guarnicionados, les sonaba
el cuerno y toreaba a los pelones, haciéndoles toritos de
petate por las calles.
Asaltaba los cuarteles, balaceaba a la guardia, y se
retiraba corriendo, se metía a las tenduchas de los arra-
, ,. bales, montado en su caballo, lo hacía que pusiera las
'' manos sobre el mostrador y pedía vino para él y su cuaco
golondrino que también sabía beber tequila endulzado
con azúcar.
Lo seguían como siempre sus tres fieles amigos: El
Pando, La Pachanga y El Canelo.
. Cuando se retiraban después de cometidas sus fecho-
rías. El Pando, en su tono paternal acostumbrado; le
reprochaba:

171

y.
- Y a está bueno que dejes la bebida, Policarpo, y te -¿Qué te pasó, Pando?
quites de tanta pantereacla. No tientes a Dios de pacien- -¡El dijunto!, iel dijunto ... ! -les contesta castañeán-
cía, porque en una de esas se te cansa la suerte y vas a dole los dientes.
acabar mal. .. -¿ónde?-tiemblan todos a la vez.
-¡.Ja, ja, ja! -se carcajeaba Policarpo=. ¡Qué corazón -¡Eeen eeel meezquite ... ! -y corren todos espanta-
de pollo el tuyo, Pando! ¡En qué poca agua te hogas ... !
dos, creyendo se trataba de alguna ánima en pena.
·Toavia no nace el que me baje a mí los ... humos! Y esto
1 l . Ya a distancia, cuando se incorporaron al grueso de .
no es de hora, ¡dende cuándo lo sabes que yo en cua quier

l
'
gancho me atoro! .
-¡8'tá bueno, hombre! [s'tá bueno ... ! ¡Que Otos te
socorra!
la columna, comenzaron a rezar una estación.
El Pando todavía no podía volver en sí; todavía sen-
tía la impresión de los pies del colgado sobre el pescuezo ...
Entrado el día llegan a San Isidro, con un sol esplen-
Después del agarre de San ,J ulián, donde hasta las muje- doroso.
res del pueblo combatieron al lado de Policarpo contra los
Los pocos soldados. que guarnecían el "pueblo, hu-
pelones, a quienes derrotó completamente, salió para San yeron.
Isidro, arrastrando los laureles. Así, pues, su entrada fue pacífica, enmedio de jubilo-
Cuando por la noche atraviesa el campo donde había sos repiques, músicas y aclamaciones de todo el pueblo
sido el combate y su caballo tropieza con los cráneos y los en masa.
cuerpos de algunos muertos insepultos "¡Ave María!" ex- Para festejar tan fausto acontecimiento, se iba a veri-
clama estremeciéndose; luego se persigna. ficar una misa al aire libre, en la plaza principal.
-¡Si vieras, Pando, que siempre me da lástima y se me Se improvisó el altar frente al atrio del templo.
enchina el cuerpo cuando mi caballo se tropieza con los Los balcones, las azoteas, las ventanas están corona-
di juntos ... porque después de todo, como dice Felipe, los· das de gente. La plaza y las calles convergentes se mueven
probes soldados qué culpa tienen! como el flujo y reflujo de una marea humana. En el resto
-Pos en efeuto; pero ansí es. la guerra. del pueblo no se encuentra alma viviente.
-¡La guerra ! La guerra que me van a dar en la Encienden los cirios, se colocan los santos; la música
noche los dijuntos Si toavía de vez en cuando no me y los cantores ocupan su lugar.
deja dormir el jefecito pelón que matamos en San Juan ... Los cristeros, con Policarpo al frente, rodeado de su
-¡Ya te acostumbrarás; yo tamién era ansi, y más estado mayor, están tendidos en línea desplegada, frente
ora que llegues a general. .. ! al altar, los sombreros a los pies, terciadas las armas.
Con aquel halagador pronóstico a Policarpo se le · El momento es solemne.
olvidaron los muertos. La misa se desarrolla dentro del más religioso silencio.
Caminaban conversando de cosas ajenas a los difun- La potente voz del párroco tremola corno una admo-
tos, cuando al pasar debajo de un mezquite, El Pando nición sobre la cabeza de los fieles.
lanza un· grito espantoso. El caballo se dispara, bufando, · Los litúrgicos cantos gregorianos se esparcen treme-
hacia afuera del camino. El Pando, sin sombrero, no pue- - : bundos, fríos, como un regaño sobre "todo el pueblo.
de hablar del temblor que lo sacude. Cuando se llega a los pasajes culminantes, los crist.ero
Policarpo y los demás se le acercan. hincan la rodilla en tierra, presentan armas y hacen una

172 l'IS
descarga general al viento, y los fieles creyentes, de hino- -Pos hombre, eso ni·se pregunta. Clarito se ve que
jos, se golpean el pecho o se abren de brazos, en cruz, pi- es para darte la noticia de que ya eres general y entregarte
diendo a Dios proteja a los denodados defensores de su la águila que te vas a poner en el sombrero. ·
santa causa. · -Bueno, pos sabes que si soy general, tú, Pando, subes
Termina la ceremonia; la plaza se sacude y se agita, a coronel y ustedes dos a mayores; ¡y a matar chivos pelo-
como si estuviera siendo devorada por millares de gusanos. nes y a tendernos sus zaleas!
Alderredor de Policarpo se ha formado un espantoso Con los caballos sudorosos, meciéndose por la fatiga
remolino de gente que lo levanta eR peso, lo lleva hacia de tan larga carrera, llegan al fin al lugar donde está el
uno y otro lado, disputándose el honor de estar cerca de cura Vega.
él, de cogerle la mano, o aunque fuera, tocar la orla de sus Parte de su gente está apostada en grupos, en forma
vestiduras. sospechosa, en el patio de la casa.
Las beatas, arrastrando los mantos, desgreñadas, se Al ver llegar a Policarpo con sus tres amigos, se ponen
abren paso a pellizcos y rasguños y lo coronan y lo cubren pálidos, los ven con ojos recelosos, se secretean, cogen
de cintas, escapularios y medallas como si fuera un santo disimuladamente sus armas y se colocan en lugares estra-
milagroso. tégícos.
· Vuelven a sonar las músicas y a repicar las campanas Ninguno de los cuatro sospecha nada.
• y el héroe es llevado en hombros, aclamado por la multi- Policarpo se apea del caballo, entrega las riendas al
tud, como si saliera de una corrida de toros, después de Pando, y con todo y espuelas, gustoso, lleno de optimismo
•·
(;
. •. haber cortado orejas y rabos ... porque ya iba a ser general, penetra a la pieza donde lo
espera el cura acompañado de seis individuos .
-¡Qué gente tan buena la del pueblo', ¡chirriones ... ! -¡Buenos días, señores! -les saluda sonriente, qui-
Lo que hicieron contigo, Policarpo, no lo han hecho ni con tándose el sombrero-. ¡A sus órdenes, padrecito! -se apro-
el siñor obispo. Eso de sacarte en hombros tocarte tanta xima dándole la mano.
diana y taparte las mujeres el sol con sus ~bozos; echarte El cura, por más que pretende dominarse, siempre se
flores, y aluego aquella viejita que te llevó los mil pesos demuda y le tiembla la diestra al saludarlo.
de oro ... ¡No lo hacen con naiden! Los seis hombres tienen la cabeza baja, tosen o fuman
¡Qué gusto traiban todos! ¡cómo gritaban y se hacían para disimular su turbación y apenas contestan el saludo.
bola por arrimársete! ¡Canijo ... ! Ora algunas niñas, dende A Policarpo le causa extrañeza aquella actitud; pe-
lejos se les echaba de ver que traiban ganas hasta de ro... " ¡ despecho.' -se díice-, por mi. ascenso " .
morderte ... ! Las que no pudieron más te arrancaron los -Aquí estoy, ¿pa qué soy· bueno -se dirige nueva-
alamares y los botones de la chaqueta como recuerdo ... mente al cura.
¡Canijo, la suerte· de cada carajo ... ! -comenta regocija- -Pues el asunto es penoso, coronel -principia balbu-
damente el Canelo, galopando al lado de Policarpo. ciente Vega-. Hay informes de que usted está en tratos
Van a marchas forzadas, llamado urgentemente Poli- con la federación para voltearse, traicionando la santa
carpo por el padre Vega. El grueso de la columna se mueve causa de Dios ...
lentamente, en su seguimiento, con algunas horas de -¿Qué, qué, qué? -le interrumpe Policarpo con altí-
intervalo. vez-. A ver, barájemela más espacito ...
-¿Pa' qué me quedrá el cura, tú, Pando? -Lo que le estoy diciendo: que se han recibido infor-

1'14 .1.7.5
mes de.que usted quiere voltearse, pasándose a la genté: · Policarpo se asusta y entrega el arma. · .
del gobierno. :• Rápidamente, los seis individuos, que tal cosa espe-
-¡Mentiras! Esos son chismes y cuentos de envidiosos ..., raban, sacan sus puñales y se le echan encima, lo rodean,
Y o sé cumplir mi palabra; soy hombre en cualquier terre- .: y se entabla una lucha horripilante en la que hay saltos
no y ni dormido me volteo ... gritos, blasfemias, ruidos de cuerpos que ruedan por ei
-Pues eso lo podrá usted alegar en el consejo de suelo y, al final, se oye un largo ronquido de agonía ..
guerra que se le va a formar en estos momentos, . Policarpo queda tirado en el suelo, desgarrado a puñala-
Policarpo baña al cura con una hosca mirada; luego das... .
voltea y mira con desdén a los seis individuos que lo van . Al cristero más famoso de Los Altos, ídolo de los
a juzgar y levanta los hombros. pueblos; al ranchero generoso y fanfarrón de Los Pirules·
-Bueno -les dice-, vamos a las pruebas. a Policarpo Bermúdez, azote de los pelones y amigo de los
-Sí; pero para juzgarlo tiene usted que estar desar- amigos, se le había cansado la suerte ...
mado -agrega con timidez el clérigo-, entrégueme la
pistola. . .
-¿Desa1marme a mí. .. ? ni mi señora madre. . . iSólo
muerto me quitan a mí la pistola ... ! -la desenfunda rápi-
damente y se la coloca al cura a la altura del pecho-. Si
se trata de hacerme una mala jugada aquí vamos a ver .
a cómo nos toca ... y se queda mirándolos con fiereza.
El cura y los seis individuos se quedan .de una pieza,
lívidos, con las quijadas caídas. Todos conocían a Poli-·
carpo y sabían de lo que era capaz. .
El cura traga gordo y se queda callado; luego apela '
a un recurso que lo saca avante.
En tono sentencioso, autoritario, le dice:
- Y o, con la potestad que Dios me ha dado sobre la
tierra, lo conmino en su nombre a que se rinda, coronel; a
que deponga esa agresiva actitud contra el representante
de Cristo, que soy yo.
Policarpo, sorprendido, afloja el cuerpo y baja el .
cañón de la pistola.
El cura se crece:
-Sabed -agrega- que los ministros de Dios aquí en
la tierra, tenemos facultad para absolver y condenar; para
abrir las puertas de los cielos o arrojar a los infiernos ... Y o :·
puedo confundirlo y hacer que la maldición de Dios caiga<
sobre usted para toda su vida ... ¡En nombre de este '. _
Santo Cristo, ríndase ... ! '
171
176
:,,
.''

LA RECONCENTRAClóN

Las mujeres de los medieros vagan como ánimas en pena



al derredor de la casa de Los Pirules. Sus cabezas, cubier-
¡
..: tas con tirlangas de rebozos que parecen redaños, asoman
por encima de la cerca del patio. · ·
- Ya andan ai' esas probes gentes, tío Alejo; deles su.
maicito -le dice don Ramón. ·
-Sí, ¡probecitas! Sólo que te digo, que estirándolo
mucho, apenas quedarán unas veinte fanegas ... · ·
-No le hace; habelítelas; ya veremos después. Con
qué corazón se sienta uno a comer, sabiendo que esta
probe gente se pasa el día sin probar bocado. . . ·
Tío Alejo las llama con la mano, y un cordón de
mujeres descalzas, cubiertas de harapos, desfila con la
cabeza baja hacia la troje. . .
Salen llevando el maíz en los rebozos y los delantales,
y al pasar frente a don Ramón le rezan una letanía de
1 '
:f
agradecimiento:
! . -¡Que el Siñor se lo pague ... !
! :
-¡Que su Divina Majestad se lo dé de gloria. .. ! .
-¡Que la Santísima Virgen lo llene de felecidades, don
Ramoncito ... !
-Esta probe gente antes no tenía necesidá de aver-
gonzarse; pero como las dejaron viudas sus maridos por

f:s~~ 0~murmura tío Alejo al regresar con 11í~v~


irse a la bola, ¡qué otra cosa pueden hacer las.~ci'."
e~'. , .
-¿Ya saben que anoche volvió Marcelo? \~t .·. ,
-No, tío Alejo. ··~:~
........, .. ;·

. ,, •·":;-,· ~·~· ·:; •' . tt: .


I '4'.J)fMJ:)IT9
~.t. .
-Pos sí, Felipe, y volvió solo el probe hombre. Al cha- Doña Trinidad, cubierta de negro de los pies· a la .
valito más chico se lo colgaron en uno de los agarres de cabeza, lloraba inconsolable, de la mañana a la noche."
Tepatitlán y al otro se lo mataron por ai por Yahualica. El rancho de Los Pirules, antes tan movido y alegre, .
1 Está esa probe gente de dar compasión; la mujer tirada en ahora era un cementerio.
1
el petate con fiebre y el probe hombre vuelto loco de Una mañana en que el cielo apareció como barrido y
angustia, no deja de llorar ni de día ni de noche ... el sol lanzaba escupitajos de lumbre sobre los campos, se
"En cambio el padrecito don Filiberto, que jué ·e] escucha un ruido extraño que venía del sur, del otro lado
que movió aquí la agua con el sermón de Caballerías y los del Cerro Gordo.
papelitos que repartió, le dejó su rancho a don Atenógenes Parecía ruido de tempestad, zumbido de nubes obra-
el que nos dio rótulos de ¡Viva Cristo!; se puso de catrín mido de río crecido; así creía la gente. Pero en el cielo no
y se jué pa' Guadalajara. Dicen algunos que llevaba un se veia nube alguna y los lechos de los ríos estaban secos.
tanate llenito de onzas de oro ... ¡quén sabe ... !" Las mujeres de la ranchería comienzan a asomar la
Al generoso ranchero don Ramón, le preocupan las cabeza alarmadas. El ruido era cada vez más fuerte, y la
pobres campesinas hambrientas. gente se hacía cruces sin poderse explicar qué sería aquello.
-Mire, tío Alejo, mañana hacemos la lucha por aga- -¿Pos qué será esto Pifania?
rrar uno de los toros ladinos que andan remontados y lo -Pos oiga, doña, ¡quén sabe! Ai' nomás se oye un
matamos para que siquiera coman un pedazo de carne esas rezumbido del otro lado del cerro ... y alargaban sus cabe-
pobres gentes. zas desgreñadas, con la mirada fija en el horizonte,· estu-
-S'tá bueno; mañana mesmo. pefactas. ·
-Pero, oiga... -quiere rectificar don Ramón-, cómo A poco, remontando el cerro aparecen de improviso
van a comer carne, si es vigilia ... tres aeroplanos, volando a buena altura, para prevenirse
-¡Hum, que tú! ¿apoco en la cuaresma los probes sólo sin duda de las balas cristeras.
pueden comer maíz? porque, ¿con qué compran el pes- -¡Alabado sean los santos nombres de Jesús, María y
cao? No, déjalos que coman su carnita; ai' los ricos que sí José!
pueden mercarlo, que guarden la vigilia... -¡Válganme las Siete· Llagas de Cristo ... ! · .
Don Ramón asiente con un ligero movimiento de -¡Jesús de la Misericordia, qué avechuchos son és-
cabeza, y vuelve a quedar silencioso, encendiendo uno tras tos ... !
otro los cigarros, con la mirada fija en la lejanía. Y se esconden espantadas las mujeres.
Después de la muerte de Policarpo, se pasaba los días Los aeroplanos descienden, describen un círculo en
enteros sentado en el poyo de. piedra del portal, sin qui- derredor del rancho y permanecen haciendo evoluciones,
tarse el cigarro de la boca, mudo como una piedra. observando tal vez. El ruido de los motores es ensordece-
Cuando Felipe o tío Alejo, que le hacían compañía, dor; el pánico entre la gente aumenta.
le dirigían la palabra para distraerlo, apenas les contestaba -¡Parece que se queren bajar esos animales· de los
con cortantes monosílabos o ligeros movimientos de cabe- infiernos... ! -se gritan de puerta en puerta-. [Doña To-
za. Estaba muy agobiado. dosia, por la Virgen Santísima, saque la vela bendita y
.• La abuela llevaba semanas de estar encerrada en su
pie-La, rezando sufragios por Policarpo, su nieto consen-
suene la campanita consagrada ... ! .
-No, mejor conjúrelos haciendo la señal de la cruz,
tido, o dormida, clavada sobre el pecho su blanca cabeza engual que las culebras .. '. =opina otra temblando.
de algodón.
180 181
,~:~:~~\;: ~;·/~:~{:.~·
. ;:
Y una mujer saca la vela encendida y suena la cam- y lo dejen a uno en paz, ¡mah ... ! Ora sí que los pací~~'.' '·: '.~>
pana,· y otra· alarga el brazo y con un cuchillo marca una estarnos quedando como los gallos chinampos; ·picoteados:: . . /:::.
cruz en el aire, diciendo: "Yo te conjuro, enemigo malo, en . por los otros gallos, y aborrecidos por las gallinas. Porun
el Nombre de Dios Padre, de Dios Hijo y de Dios Espíritu lado los cristeros nos han dejao en un petate, y ahora los·
Santo". pelones nos echan al pueblo a que nos muéramos de ham-
Después cierran y atrancan sus jacales y se arrinconan bre. ¡Mah ... ! ¿Pos ónde se ha visto eso? ¿Cuál es esa
rezando. ley? ·
-¿Qué ruidal es ese, tú, Felipe? -pregunta levantada Don Ramón permanece inalterable, como si no oyera
la cabeza tío Alejo. o no le preocuparan los comentarios de tío Alejo. Enciende
-Son aviones, tío, que deben andar localizando algún un cigarro en la colilla de otro, y mueve los labios como
grupo cristero. si hablara solo. Con frecuencia hacía lo mismo y gesticu-
-¡Canijo! La verdá que los que les suben a esos caba- laba con síntomas de enajenación mental.
llos del diablo, tienen más valor que el que le habla a un -Pos sí, tío Alejo; pero ¿qué le vamos a hacer ... ?
muerto ... A mí, primero me afusilaban que subirle a uno -Pos sí, después de conejo juído, pedradas 8:1 m~.to-
de esos. Si las pocas veces que le he montao a la máquina rral. . Si en lugar de haberse quedao munchos jefecitos
pasajera, antes he hecho un acto de contrición ... Y eso melitares metidos en los pueblos, apachurrándose en com-
..' que anda sobre rieles, pos ora éstos que andan en el aigre
¿a qué se atienen?
pañía de los jefecitos políticos a los probes. que cayían e!1
sus manos, con los centavos, hubieran salido a perseguir
De los aviones· comienzan a caer papelillos de colores. como Dios manda a los primeros cristeros, en menos de
: ~·. Felipe recoge uno, y en cuanto lo está leyendo se tres meses hubieran acabao con ellos. No que ora ya está
pone pálido. . muy peludo el asunto; ya andan ende~oniados. los críste-
-¿Qué dice eso, tú? ros y los no cristeros; ya andan decedidos, calientes, con
Felipe lee: . ganas de hacerse garras como perros rabiosos con los sar-
... "Y por tanto, se previene a todos los campesinos dos, .y aluego azuzados por esos tres curas de _hígados tan
de la región de Los Altos, que deben abandonar los ran- negros que los dirigen, va a estar muy trabajoso que los
chos, reconcentrándose en las poblaciones, en el término acaben... ·
de cinco días contados desde la fecha, apercibidos de que -Es verdad, tío Alejo. .
vencido este plazo, cualquier persona que se hallare a - Y vas a ver, Felipe, cómo esto s~ va a poner pior;
cuatro kilómetros fuera de los centros de población, será porque munchos en lugar de irse a morir d~ hambre a los
1.. ejecutada en el mismo lugar que se le encuentre ... " pueblos, mejor se remontan y se van a Juntar con los
· -¿Y eso qué quiere decir? cristeros.
-Pues que hay que abandonar el rancho antes de "Pero en fin ' la condición del pro .
. be es como el jueguito
de la correllita: Si la ensartas pierdes, Y si no, tarnien
..
cinco días.
-¡Adió! ¿Pos. por qué? ¿Qué siendo uno pacífico no pierdes. . . y ora nosotros resultamos perdidos Y ensar-
tiene derecho a vivir onde se le hinche? · tados. ¡Malhaya la madre ... !''. ·
-Pues sí, pero ... Los aviones se retiraron dejando tras de sí tres rayas
-¡Nomás ésa faltaba, que váyamos a pagar justos por grises de humo y una conturbación general en el ánimo
pecadores .... ! Allá que los pelones acaben con los cristeros de todos los moradores de los campos alteños.

182 183
Sólo faltan dos días para que se venza el plazo. La gente
todavía se resiste a abandonar sus tierras y sus jacales. vacíos. Y un espeso silencio se desploma aterrador sobre
Pero la amenaza es terrible: pena de muerte al 'que se los campos.
encuentre fuera de las poblaciones después del quinto día. Los animales huyen hacia el monte, y los perros aúllan ·
La región se agita como un hormiguero alborotado. lastimeramente levantando el hocico hacia los cielos al sen-
Las gentes principian a abandonar sus ranchos, de- tir el vacío...
jando sus triques, sus cosas y sus animales al cuidado de ¡La reconcentración ... ! Columnas de pelones vienen
Dios. Bajan de los montes, salen de las hondonadas y los barriendo atrás, echando razias, empujando a la gente
lomeríos o surgen de los valles en largos cordones abiga- hacia los pueblos inhóspitos. De otra manera no creen
rrados, en busca del camino que los lleve al pueblo más poder apagar el incendio, que algunos de ellos, por torpeza
cercano. o por maldad, lo han dejado que tome incremento.
Las mujeres, algunas, lanzan gritos insólitos de deses- . Al perder de·vista sus jacales, las mujeres inclinan la
peración, otras, sollozan impetrando a los santos; las más cabeza y sale de sus pechos oprimidos de miseria y de
vienen llorando en silencio. Llevan en los brazos a los angustia un clamor de llantos y lamentos.
críos que no saben andar, y cargado a la espalda un lío de Los hombres aprietan las mandíbulas y desvían sus
harapos. miradas para que no los traicionen sus ojos, lamentándose
Con paso tardo, como resistiéndose, los hombres cami- de no andar mejor en el monte, combatiendo a los pelones.
nan detrás, cargando también sobre la espalda el petate Entran al camino y se confunden con gente igualmente
enrollado, las frazadas y las estampas de sus santos favo- pobre, igualmete abatida, que viene de más atrás. Y así
ritos. Y entre marido y mujer conducen por delante un se va formando la doliente caravana, y se inicia el éxodo
enjambre de chiquillos encuerados. atravesando aquellos campos resecos, polvorientos, cubier-
Otras mujeres van tocadas con anchos sombreros de tos de grises matorrales y agresivos garruños que les roban
pelo o de petate; llevan colgados a los hombros manojos . al pasar pedazos de harapos ...
de pollos y gallinas, o van arriando al puerquito cebado Trepan sobre montes huraños, amarillentos, pelones
o al borrego sancho, a la espalda su montón de trapos o como enormes calaveras, que no pueden ofrecerles un. pe-
su guitarra, todo su patrimonio. dazo de sombra y bajan a los ríos, cubiertos de un blanco
Y otras muchas, de Vientres deformados, senos sueltos sudario de arena, que no pueden brindarles una gota de
y campaneantes y la cara estrujada por la miseria, sólo agua. .
llevan hambre ... Los niños lloran de sed y los viejos se doblegan de
Es la gente más pobre, que quedó rezagada en Jos fatiga. El camino va quedando sembrado de grupos donde
ranchos; mujeres de medieros y peones incautos que las hay viejos y niños que no pueden resistir ... Y el cielo, in-
abandonaron con su numerosa prole por ir a la guerra clemente, raso sin una sola nube que amengüe los rayos
santa, creyendo que los santos padrecitos o los piadosos de lumbre que arroja el sol sobre aquellos pobres cami-
patrones que los empujaron a la revolución irían en su nantes.
ayuda; pero tanto unos como otros se fueron a esconder a La caravana se mueve lentamente, en silencio, ago-
las ciudades y las dejaron encomendadas a los santos de b~ada de calor y de pena. Los burros perezosos en que
mayor prestigio, sin un grano de maíz. vienen algunos, llevan las orejas caídas y los esqueléticos
Los ranchos van quedando solos, los jacales y las casas caballos en que viajan otros, los va empujando el aire.

184 185
La gente de Los Pirules se incorpora. Las señoras, en dos . midad del pueblo, otros con laxitud, andando maquinal-
burras paridas, con los pies a lo largo, enrnedio de cargas mente, todavía ~esistiéndose; los más, resignados, mirando
de colchones y trebejos, vestidas de negro y la cabeza. con profunda tristeza cómo se van quedando atrás sus tie-
cubierta con sus tápalos. Don Ramón, con la tazón per- rras y jacales, de los cuales nunca habían salido.
dida, va hablando solo y riéndose, sobre su caballo pocho- -¿Todavfa está lejos el pueblo? -pregunta a tío Alejo
longo, cojitranco. Tío Alejo en su mula lunanca, encorvado una mujer que lleva por delante media docena de mucha-
como un chango de circo, resaltándole el sombrero y la chos, con las caras congestionadas por el sol y la fatiga.
joroba. Ranilla y Felipe a pie al lado de las señoras. Tío Alejo le muestra en el fondo de la árida hondo-
· Se revuelven entre la muchedumbre y siguen el paso nada por donde van descendiendo, dos torres majestuosas,
lento de la caravana. iluminadas todavía por los últimos rayos del sol.
-¿Y a qué nos echarán al pueblo, tía Petra? -pre- A la vista de aquellos dos inmutables centinelas, que
gunta una muchacha a una mujerona ancha y cuadrilona parecen guardar de la tranquilidad de aquel poblado, los
que va cargada de pollos, gallinas y guajolotes y tira de hombres se descubren y todos rezan, fieles a la costumbre.
un lazo a un chivatillo relajo. El pueblo, circundado de cerros, parece que está
-¡Pos a qué ha de ser, tú... ! A que nos muérarnos de sentado en el fondo de un ombligo.
hambre ... Y a que no han podido los maldecidos pelones Las calles, carentes de luz, aparecen tétricas, som-
con los hombres de Los Altos, se nos echan encima a las brías, como largas tumbas abiertas.
mujeres ... [Mira tú qué clase de hombres... ! -¿Oiga, síñor, izque nos llevan presos?
"Parece como que queren que no quede ni brizna de -Pos así parece.
la raza; por eso queren acabar con las mujeres y los mu- -¡Válgame el Santo Niño de Atocha ... ! ¿Y nos van
chachos ... Pero lo que es conmigo no se dan ese gusto los a· meter en ese pueblo, dentro de esas calles que parecen
desgraciados, pa' eso llevo estos animalitos, y espero en sepolturas ... ?
Dios de los cielos que antes de que me los acabe de comer -Sí -le contesta secamente tío Alejo, que lleva pocas
con mis muchachos, no ha de sobrar un maldito pelón en ganas de hablar.
todos Los Al tos ... " La mujer lanza un hondo suspiro y sigue cuesta abajo.
-¡Maldecidos, gallinas!; ¡maricones... ! -exclama la La caravana hace irrupción en el pueblo, llenando las
muchacha con la mano empuñada=-. ¡Quén juera hombre estrechas callejuelas.
pa' andar en el monte echándoles bala, en lugar de venir Todos llevan los ojos extraviados, como un rebaño
aquí, echando los bofes... ! espantado, sin saber a dónde refugiarse. Las posadas, los
"No, si yo con todo y ser mujer, si no tuviera este mesones, con sus patios, caballerizas y corrales, están con-
ejército de muchachos a quienes mantener, por la Virgen gestionados de gente que tomó la delantera.
Santísima que andaría en la bola como tía Juana Ma- La caravana discurre por las calles, mirando con timi-
chete. Corazón me sobra y los tamaños me arrastran como dez; recorre todo el pueblo, buscando algún repecho si-
a cualquer hombre ... -se acomoda la carga y sigue cami- quiera. Las caras doloridas y el llanto silencioso de las
nando limpiándose el sudor con el dorso de la mano." mujeres, contrasta con las caras adustas y las toses for-
zadas de los hombres.
Había caído el día. La gente camina con menos lentitud; Y las puertas de las casas de los santos cristeros del
algunos hasta con ansiedad porque ya adivinan la proxi- pueblo, se amurallan.

186 187

...~J.1
· -Mira, Gertrudis -dice una vieja· larga, flaca como El cielo, emborronado de tinta, no ha dejado ni siquiera ·. .:
espátula, que ostenta sobre el pecho la medalla de las Hijas un resquicio por donde pueda asomarse alguna estrella. · .
de María-: echa la cadena y asegura bien la tranca del El pueblo, sacudido fuertemente por el asalto dado
zaguán, porque están llegando muchos pelados y si nos por los cristeros hacía dos días, aun no vuelve en sí; está
descuidamos nos limpian ... sobresaltado. ·
-¡Josée! -lanza un grito acompañado de un silbido, Los focos de las calles, los más han quedado ciegos·
un viejo de bigotes recortados, colorado y barrigón, con sólo el Ojo de la Divina Providencia, que la piedad encien:
cara de fraile bien comido-. ¡Ándale~ tasajo, trai la llave de en lo alto de las torres, refulge haciendo guiños. .
pa' cerrar la maicería ... Mira el gentío que sigue llegando, Las gentes que están amontonadas en las calles, se
y si dejamos abierto, pa' de aquí a mañana no queda un apretujan medrosas y se estrechan entre sí, al paso de las
grano de maíz. Hay que esconderlo, pa' aprovechar ... ! escoltas que patrullan la ciudad.
-¡Córrele, mujer ... ! Ora hay modo de que te aco- Tío Alejo y Felipe están sentados en el marco de la
modes -le grita una vieja cara de murciélago a otra des- puerta de la casa donde se han podido acomodar en el
colorida, con los ojos quebrados, que estaba encinta-; sal pueblo.
a la puerta y córnprales a los rancheros lomi-largos los -Como te lo dije, Felipillo, esto de la reconcentración
pollos que necesites pa' ora que caigas en la cama. No te resultó al revés volteado; por sonarle a la tambora, le
vayas a dejar; andan dando a real y medio los pollos que dieron a los platillos ...
aquí valen a seis reales y a peso. . . ¡Ya verás ... ! "Más de la mitá de la gente que no se metía en nada
-¡Nicolás, tráete de la bodega los costales de frijol y vivía pacífica en su rancho, al venir el rejunte para
picado y el maíz podrido. arriarnos corro manada de reses a los pueblos, se cortó y
-Pero, amo, si es el puro gorgoja). .. ganó pa'l monte a juntarse con los otros. Y otros munchos
-No le hace; estos rancheros pajones comen hasta que venían a rendirse, entre ellos El Pando, La Pachangr
mierda ... Y si ahora no salemos de nuestro maíz podri- y El Canelo, porque quedaron solos después de que mata-
do ... ¡cuándo... ! ron a Policarpo, en cuanto la olieron, se arrendaron otra
Estos eran los santos cristeros de los pueblos... güelta pa'l cerro a peliar por su cuenta. Y ansina unos y
Como un chinchorro extraviado, siguiéndose unos a otros, ansina otros, de aquí pa' delante vas a ver lo bueno ...
la caravana se agrupa en la plaza, se arremolina y se mueve "¿Dime qué se ha ganao con su famosa reconcentra.
convulsa, buscando un pedazo de techo que los cobije; pero ción? El número de cristeros se ha doblado, y ora están
lo único que había eran los portales, y estaban sembrados, peliando con más ganas, como perros bravos, buscando la
en una lastimosa confusión, de gente, animales y harapos, revancha porque les trujieron a sus mujeres y a sus hijos
De aquel hacinamiento de miserias salían agrias ema- a que se mueran de hambre y de virgüelas en los pueblos.
naciones de sudor y tierra, alientos de animales y deyec- "Y no te estoy mintiendo; ya vites lo que pasó antier,
ciones, que obligaban a retirarse volteando la cara. · que cuando menos lo esperábamos, cayeron los cristeros
Abrumados, agotados de cansancio, los campesinos se disfrazados de reconcentrados y acabaron con los probes
tumban en las calles, se apretujan entre sí, se acurrucan en muchachos de la defensa.
los quicios de las puertas o se repegan a las paredes. "Dicen que corrió la sangre por la calle, de los vein-
Y así, tirados en las calles, hambrientos, ven rodar ticinco endevidos que mataron a puñaladas en la casa
los días de su largo cautiverio. onde tenían guardao el parque. Ora lo que vimos tú y yo

188 189
•..
:·•·:
. .

ai' en el mesón con los pro bes q · · .. 'rraron arriba en la . ~luz de la calle se refleja en su calva reluci~~e;
azotea, cómo los cogían de los pi . _:as manos y los echa- ilumma su cara venerable de santo, profusamente bar-
ban pa' abajo gritando: 'Una, dos~·~>~s... y vuela ... ¡Viva bada.
Cristo Rey! ¡Una, dos, tres y vuela~\.!' ¡Qué corazón tan Lanza un quejumbroso suspiro, se coloca el sombrero .
negro de pelaos ... ! " Y permanece en silencio, Luego habla con voz temblona:
-Sí, tío Alejo. Esta maldita revolución, producto de - Yº. era como los potros relajos, Felipillo, que antes
la rapacidad y la perfidia de curas, acejotemeros, hacen- que dominarlos se matan. A mí no me quebrantaba nada
dados y liguistas, que se han quedado muy tranquilos en ni naiden; C?mo hombre siempre he cumplido en cualquer
sus casas, mientras esta gente bronca y generosa de los terreno; naiden me ha sobajado. Las penas nunca me
campos alteños se mata todos los días, va a acabar con amilan~ron; se me jué mi mujer, que muncho la quería y
todo ... me dolieron hasta los entrecijos; pero no me quebranté
"Ya usted vio con nosotros: Policarpo asesinado por seguí ~an~ndo y bailando en los fandangos; se me murie~
orden del padre Vega, la abuela se murió de pesar, y el ron mis siñores padres.y les lloré y les recé; pero no clavé
pobre de mi padre, loco y en la miseria. Este es el saldo el pico, me siguieron gustando los rebumbios, los bailes y
•:
trágico, sangriento, que ha venido dejando por todos Los las cantadas,
. porque esa ha sido mi debilidá dende chico·'

r Altos esta guerra insensata ... " pero se vino esta maldecida revolución y comencé a enge-
-¡Álgame Dios... ! -mueve la cabeza tío Alejo. nrrne y a perder el buen humor, porque he mirado mun-
-¿Qué tiene esto de santo? Ni se defiende a Dios, ni chas lástimas y rnunchas injusticias con los probes ...
a los santos, ni a nadie ... Lo único que quieren los que la "Y ora que han matado a Policarpo, que lo quise igual
empezaron es defender sus "derechos", es decir, los privi- que a ti, como si jueran mis hijos; que se ha muerto mi
legios, la autoridad y el poderío de que antes disfrutaban hermana, tan entera y tan macha, que la quería como si
los curas y los latifundistas, sus aliados; conservar sus· hubiera sido mi segunda madre, y sobre todo, ora que veo
tierras y el predominio sobre la pobre gente del campo a al probecito de Ramón, el hombre más bueno que ha
la que han tenido subyugada por siglos... parido madre, que se quitaba el bocao de la boca para
"Por eso esta guerra es mala -prosigue impetuoso darlo; el hombre más honrado, más cumplido y más traba-
Felipe-. Esta gente pelea contra sí misma, a favor de sus jador de todos Los Altos, vuelto loco y muerto de hambre,
verdugos; pero día llegará en que salga del fanatismo y la no me ha quedao nada: ni ánimo, ni gusto, ni voluntá; soy
ignorancia en· gue se encuentra y entonces irá contra los un costal de güesos... Ora sí ya me siento quebrantao; ya
que ahora la han engañado y empujado al matadero ... perdí ...
"¿Dígame si no, tío Alejo? Y suponiendo que domi- "Ya me pesan los años y las penas; siento como si tru-
naran los cristeros, ¿qué van a ganar con esto los campe- jiera sobre el lomo una losa muy pesada, que me estuviera
sinos? Muchos escapularios, indulgencias, el reino de los arrempujando a la sepultura ...
cielos, misa todos los días y una soga en el pescuezo para "Y creo, Felipillo, que en esta ocasión les he quitao
los que quieran tierras ... el trabajo de que me traigan cargao dende el rancho con
"Por eso es que le digo que ... " los pies pa' delante .. ."
Suenan los clamores de las ocho, tristes y evocativos,
pidiendo sufragios por las ánimas benditas.
Felipe calla al ver que tío Alejo se descubre y reza.
>¡. !
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INDICE

Presentación . 7
Portada facsimilar de la primera edición . 9
I'
En los pirules
. ., . 11
• La peregnnac1on . 23
El primer brote . 41
La toma de San Miguel . 61
L t
a .
1erra de prom1s1on
.. , . 79
Las brigadas de Santa J nana de Arco . 109
El saqueo . 129
La matanza de Palo blanco . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 141
El asalto al tren en Ojo cargo . 159
El crimen del cura Vega . 171
La reconcentración . 179

).

.r.

1 ~'
LA MATRACA
·a.··.
~t.
Del f oUetín a los cristeros ...
1.-FLORENCIO M. DEL CASTILLO, Hermana de los Angeles.
2.-MANUEL PAYNO, El hombre de la situación.
3.-VICENTE MORALES, Gerardo, historia de un jugador.
4.-JOSJ;: PEóN Y CONTRERAS, Veleidosa.
5.-ARCADIO ZENTELLA, Perico.
6.-JOSÉ TOMAS DE CUÉLLAR, Los mariditoe.
7.-JUAN DtAZ COVARRUBIAS, Gil Gómez; el insurgente.
8.-PEDRO ROJAS, Los plateados de tierra caliente.
9.-NICOLAS PIZARRO, La coqueta.
10.-JUAN A. MATEOS, La majestad caída
11.-MARIANO AZUELA, Sin· amor.
12.-JOSÉ FERREL, Reproducciones.
13.-DAVID G. RAMtftEZ, Héctor.
14.-JORGE FERRETIS, Tierra caliente.
15.-IRENEO PAZ, Amor de viejo.
16.-PEDRO CASTERA, Los. maauros.
17.-RUBJ!:N M. CAMPOS, Claudia Oronoz,
18.-MANUEL SÁNCHEZ MARMOL, Preoioida.
19.-JOSÉ GUADALUPE DE ANDA, Los cristeros.
20.-EDUARDO URZAIZ, Eugenia.
21.-MARIANO AZUELA, Las tribulaciones de una familia de­
cente.
22.-AGUSTlN VERA, La revancha.
23.-CIRO B. CEBALLOS, Un adulterio.
24.-FERNANDO ROBLES, La virgen de los cristeros.
25.-JUSTINO SARMIENTO, Las perras.
26.-TEODORO TORRES, La patria perdida.
27.-JULIO SESTO, La tórtola de Ajusco.
28.-HERIBERTO FRIAS, El último duelo.
29.-SALVADOR QUEVEDO Y ZUBIETA, La camada.
30.-PORFIRIO PARRA, Pacotillas .

. ~.
··~
LA RED DE JONAS (Sección; Literatura)
LA RED DE JONAS (Sección: Ensayo)
ESTEBAN INCIARTE, Adiós a Dios
JOAQUIN DE LA TORRE, Anticipación de un burgués a la
muerte
CARLOS MENESES, Seis y seis FRANCQIS AUBRAL Y XA VIER DELCOURT, Contra la nueva
OSCAR HAHN, El cuento fantástico hispanoamericano en el filosofía
s. XIX (Estudio y Textos) QUENTIN BELL, El crítico y el historiador de arte
JORGE RUFFINELLI, Crítica en marcha MILTON FRIEDMAN Y OTROS, El marco monetario de Milton
RENATO PRADA OROPEZA, Larga hora: La vigilia . Fríedman.
HENRI MICHAUX, El infinito turbulento (Experiencias con la
mezcalina) VARIOS AUTORES,América Latina: Cincuentaañosde industria-
HERNAN LAVIN CERDA, Metafísica de la fábula lización
GILBERT TOULOUSE, Un verano en México . FERNANDO RITTER, El pseudocapítal
ANGEL FLORES, Orígenes del cuento hispanoamericano . , CARL BOGGS, El marxismo de Gramsci
RAUL DORRA, La pasión, los trabajos y la~ horas de D8;lll1.an ANTONIO GRAMSCI, La política y el Estado Moderno (Escritos 1),
TZVETAN TODOROV, Introducicón a la literatura fantastica ALEX CALLINICOS, El marxismo de Althusser
NOE JITRIK, El ojo de jade . STANLEY ROSS (ed.), ¿Ha muerto la revolución mexicana?
DANIEL SADA, Lampa vida
IRIS M. ZAVALA, Kiliagonía YURI PLEJANOV, Cuestiones Fundamentales del marxismo
MARGO GLANTZ, No pronunciarás GILLES DELEUZE Y FELIX GUA'IT ARI, Rizoma (Introducción)
BERNARDO RUIZ, La otra orilla ALAN SWINGEWOOD, El mito de la cultura de masas
CARLOS MONTEMA YOR, Mal de piedra MAX WEBER, La ética protestante (y el espíritu del capitalismo)
HUMBERTO GUZMAN, Historia fingida de la disección de un GEORGES COIGNOT, ¿Qué es el comunismo?
cuerpo JACQUES KAHN;Para comprender las crisis monetarias
MARIA JOSE DE CHOPITEA: Sola·
ALINE PETTERSON: Casi en silencio ESTEBAN INCIARTE, Erótica y mística
MIGUEL DONOSO PAREJA; Nunca más el mar ALAN McGLASHAN, Gravedad y ligereza
ROBERTO PARAMO: El corazón en la mesa MARIE JAHODA, Freud y los dilemas de la psicología
JORGE RUFINELLI: Las infamias de la inteligencia burguesa
RENATO PRADA OROPEZA: La ofrenda y otros relatos THOMAS SZASZ, Esquizofrenia (El símbolo sagrado de la psi-
VLADIMIRO RIV AS; Los bienes quiatría)
LUIS ARTURO RAMOS: Los viejos asesinos WESTON LA BARRE, El culto del peyote
JULIO ORTEGA: Acto subversivo ·- JOHN D. NAGLE, Sistema y sucesión (Las bases sociales del reclu-
R. BARTHES, T. TODOROV y otros: Análisis estructural del tamiento de la élite política)
relato PETER L. BERGER, Las pirámides del sacrificio
NOE JITRIK · La lectura como actividad J.-T. DESANTI, El filósofo y los poderes
f RENE AVILES FABILA: La canción de Odette
. ~:.
POLI DELANO: La misma esquina del mundo ANTONIO GRAMSCI, Introducción a la filosofía de la praxis
ALBERTO RUY SANCHEZ: Mitología de un cine en crisis (Escritos Il)
ADOLFO COLOMBRES: El sol que regresa JACQUES LACARRIERE, Los gnósticos (Prólogo de Lawrence
EUGENIO AGUIRRE: El testamento del diablo , . Durrell)
ENRIQUE GIORDANO: La teatralización de la obra dramática. T.W. HUTCHl'SON, Conocimiento e ignorancia en economía
De Florencio Sánchez ~ Roberto Arlt
ANGEL FLORES: César Vallejo. Síntesis biográfica, bibliográ- IGOR A. CAR USO, Aspectos sociales del psicoanálisis
fica e índice de poemas JAN BAZANT, Breve historia de México (De Hidalgo a Cárdenas)
MIGUEL SABIDO: Las tentaciones de Maria Egipciaca 1805-1940
JORGE ARTURO OJEDA: De Troya a Itaca BENJAMIN GIBBS, Libertad y liberación
PATRICIA ROSAS: Las torturas de la imaginación FRANCOIS ROUSTANG, Un funesto destino
JORGE RUFFINELLI: El primer Mariano Azuela
JORGE ARTURO OJEDA: Octavio
RAUL RODRIGUEZ CETINA: Flash Back
...
FRANCOIS CHATELET: Historia de las ideologías (3 tomos) LIBROS DEL BICHO
Tomo I: Los mundos divinos (hasta el siglo VIII)
Tomo II: De la Iglesia al Estado (del siglo IX al XVIII)
Tomo III: Saber y poder (del siglo XVIII al XX) l PEDRO LASTRA, Noticias del extranjero.
MAX WEBER: El político y el científico . 2 CARLOS GERMAN :BELLI, En alabanza del bolo alimen·
A. y M. MATTELART: La problemática de la población latino- ticio.
americana .. .. 3 SALVADOR DIAZ MIRON, Lascas (Edición facsimilar).
JEAN PIAGET Y COL.: Investigaciones sobre la ganeralización 4 TOMAS SEGOVIA, Figura y secuencia.
BIANKA ZAZZO: Un gran paso: del jardín de infancia a la 5 LUIS MIGUEL AGUILAR, Medio de construcción. .
escuela elemental. 6 LEOPOLDO LUGONES, Las montañas de oro (Edición fac-
DOUGLAS KELLNER: El marxismo revolucionario de Karl similar).
Korsch - 7 DANIEL LOPEZ ACU~A, Tú llegarás a mi ciudad vacía.
JAMES M. BUCHANAN: Los límites de la libertad. (De la 8 MANUEL JOSE OTHON, Poemas rústicos (Edición facsi-
· anarquía a Leviatán) milar).
THOMAS SZASZ: Herejías . 9 LEDO IVO, La imaginaria ventana abierta (Traducción y
MAX WEBER: Sobre la teoría de las ciencias sociales prólogo de Carlos Montemayor).
HANS W. LOEWALD: El psicoanálisis y la historia del individuo 10 ALI CHUMACERO, Poesía completa (Presentación de Mar-
EDGARDO DE HABICH: Embajador en Cuba co Antonio Campos).
EMILE DURKHEIM: Las reglas del método sociológico 11 DANIEL LEYV A, Talabra.
RAYMOND BOUDON: Efectos perversos y orden social 12 MANUEL GUTIERREZ NAJERA, Poesía completa (Edi-
REMY DE MONTAVON: La implantación de dos empresas ción facsimilar) (Prólogo de Justo Sierra).
multinacionales en México · 13 NICOLAS GUILLEN, Cantos para soldados y sones pa.ra
ROBERTO DEL RIO: El toreo ha muerto turistas (Edición facsimilar) (Prólogo de Juan Marinello).
FRANCOIS PARTANT: La guerrilla económica 14 TOMAS SEGOVIA, Anagnorisis.
EDWIN LIEUWEN: El militarismo mexicano 15 MARCO ANTONIO CAMPOS, Hojas de los años.
TED HONDERICH: Tres ensayos sobre violencia política 16 GABRIELA MISTRAL, Desolación (Edición .facsimilar)
LAING LOMAS v otros: La crisis de la familia (Prólogo de Carlos Montemayor). ·
PJERRE FAUGE.YROLLAS: Contradicción y totalidad (Apa· 17 JUAN CUNHA, Enveses y otros reveses.
rición y desarrollo de la dialéctica) 18 EFRAIN HUERTA, Estampida de poeminimos.
ROY SHAFER: Lenguaje e idea 19 VICENTE HUIDOBRO, Altazor (Edición facsimilar) (Pre-
sentación de Bernardo Ruiz).
20 PALABRA NUEVA, Dos décadas de poesía en México (Com-
·. :i.
pilación, prólogo y notas de SANDRO COHEN).
21 JOSE KOZER. Jarrón de abreviaturas.
22 CARLOS ILLESCAS, Réquiem del obsceno. (Edición fac-
similar). .
23 FA YAD J AMIS, Los puentes. .
24 . XAVIER VILLAURRUTlJ\, Nostalgia de la muerte (Edi-
ción facsimilar) (Presentación de Marco Antonio Campos).
25 JAVIER SOLOGUREN, Vida continua.
26 RAUL RENAN, De las queridas cosas.
27 CECILIA BUST AMANTE, Discernimiento.
28 CARLOS DRUMMOND DE ANDRADE, Poemas (Traduc·
ci6n y prólogo de Francisco Cervantes).
29 ENRIQUE LJHN, Estaci6n de los Desamparados.
30 EDUARDO LANGAGNE, Donde habita el cangrejo.
31 ANTONIO CISNEROS, Crónica del Niño Jesús de Chilca.
· 32 MANUEL MEJIA VALERA, El testamento del Rey Midas.
33 SERGIO MONDRAGON, Pasión por el oxíReno y la luna.
~: 34 NICOLAS GUILLEN. El son entero (Edición facsimilar):.
Considerada unánimemente como la me-
jor obra del ciclo caiíficado como "las no-
velas cristeras", el libro de José Guadalupe
de Anda (1880-1950), es no sólo un tes-
timonio histórico en el que la propaganda
o la defensa de principios religiosos no
ocupa el lugar preponderante en la histo-
ria, sino una muy bien llevada narración
en la que el interés por la tragedia social y
humana e inmediata es más importante por
la propia cadencia organizativa del mate-
rial literario utilizado. Algunos críticos han
comparado la técnica de José Guadalupe
de Anda en Los cristeros con las de Azuela
de Los de abajo y, como señala también
Brushwood, "Obtiene un buen efecto del
conflicto entre la sociedad en movimiento
y la sociedad inmovilizada. Los cristeros
muestra que el movimiento de la revo-
r . lución se realizó en parte, y en parte fue
potencial, y que no sólo los privilegiados,
sino a menudo los humildes, no aceptaron
., !
una interpretación extremista de la revo-
lución".

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