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Artículo de opinión

Biografía del autor:


Andrea Anayely Pauyac Márquez, nació el 5
de diciembre del 2001 Cañete – San Vicente
en el Hospital Essalud.
Estudiante de Psicologia en la Universidad
San Juan Bautista.
Biografía del asesor:
Auris Villegas, nacio el 21 de mayo de 1975
Huancavelica – Perú.
Escritor, poeta, editor, pedagogo y profesor
universitario.
Artículo de opinión

Mi barrio es el reflejo de: gente con instrucción, pero con


poca educación

Por: Andrea Anayely Pauyac Márquez


Asesor: David Auris Villegas

Mi barrio es como muchos del distrito de cañete. Es un barrio de clase media; la mayoría de
vecinos son profesionales y todos tienen estudios. Son trabajadores y muy luchadores. Sin
embargo, es difícil vivir en mi barrio. Como es usual, hay gente con iniciativa y con ganas de
hacer bien las cosas.

Tampoco falta quien quiera imponer su manera de pensar y cuando su opinión no es tomada en
cuenta, se enoja y decide no participar más. Piensa que solo él sabe cómo hacer bien las cosas.
La seguridad es nuestra principal preocupación y no porque haya muchos robos, sino porque la
gente no acepta que la seguridad tiene un costo.

El barrio siempre ha tenido una aguja y una casetilla para guardas. Todos los vecinos disfrutan
de este beneficio, pero no todos pagan por él. Algunos se disculpan diciendo que se les olvida
pagar, otros buscan cualquier excusa para no hacerlo. Sin embargo, la empresa de seguridad
cobra puntualmente y la junta directiva es la que corre para poder pagar a tiempo.

Falta de cultura. A pesar de que todos los vecinos tienen un nivel educativo alto, el nivel de
cultura es más bien bajo. La urbanidad y las normas de convivencia muchas veces brillan por su
ausencia.

Por otro lado, viven cerca de nosotros los vecinos que a menudo organizan fiestas ruidosas hasta
la madrugada. La policía ha llegado varias veces a callarlos, pero algunos minutos después de
que se ha ido la patrulla ellos vuelvan a subir el volumen de la música.

Está el vecino que corta el zacate con su máquina los domingos a las seis de la mañana o la
vecina que le gusta limpiar con las puertas bien abiertas y el radio a todo volumen.

Si así son los padres, no podemos esperar que los niños sean diferentes. A un grupo de ellos les
gusta tirar piedras a los techos, otros golpean los portones con bolazos. La frustración aumenta
cuando, al reclamar, la respuesta es “Usted sabe cómo son los chiquillos”.

Gente con instrucción, pero con poca educación, todos exigimos nuestros derechos, pero
evadimos nuestros deberes, y existe poco respeto por el vecino. Si el sector de la sociedad que
debería tener suficiente criterio como para darse cuenta de que el respeto al vecino es la base
para una sociedad mejor, no lo hace, ¿cómo podemos esperar que el país mejore? La respuesta
probablemente será que es un problema que alguien más debe resolver, no nosotros mismos.

Todos queremos un país desarrollado, pero eso no es solamente un esfuerzo económico. Si no


aprendemos a respetar y a pensar más en vivir como sociedad, nunca lograremos la meta. El
Perú y mi barrio seguirán siendo lugares donde es difícil vivir.