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LOLA ÁLVAREZ BRAVO

(fotografía artística)

Dolores Concepción Martínez Anda nació de


padres ricos en el estado de Jalisco. Con su padre y
su hermano se trasladó a Ciudad de México siendo
una niña. En su adolescencia (13 años) murió su
padre y quedó a cargo de su hermanastro. Se crio
en un colegio de monjas y con apenas 20 años la
gran ciudad, el DF, se abrió ante sus ojos, y también
el amor.

Se casó en 1925 con Manuel Álvarez Bravo, a


quien conocía desde la infancia y se trasladaron a
Oaxaca donde Manuel era contador del gobierno
federal. Como Manuel había aprendido fotografía de
adolescente, instalaron su primer cuarto oscuro en la
cocina de su vivienda, y ella se acercó a la
fotografía, espiando, observando, aprendiendo en
silencio, porque Manuel no le ponía las cosas
fáciles.

Ya de regreso en la Ciudad de México en 1927 con


su único hijo, experimentan con una galería de arte
que acondicionaron en su casa.

Tres años después instalaron el Taller de Fotografía


Álvarez Bravo y más tarde con otros amigos
formaron un cineclub.

En 1930, Tina Modotti, amiga de Manuel, fue deportada. Necesitaba dinero con urgencia
y Manuel y Lola le compraron dos de sus cámaras fotográficas; una, la Graflex, fue desde entonces
completamente de Lola. Poco después, en 1931, Manuel cayó gravemente enfermo y Lola debió sacar
adelante el trabajo que él hacía en la revista Mexican Folkways. Así pudo completar su formación y
dedicarse a la fotografía como oficio para siempre.

El matrimonio se separó en 1934, pero ella conservó su apellido de casada. Empezó a trabajar en
la Secretaría de Educación Pública haciendo fotografías para la revista El maestro rural, con lo que entra
en contacto con el campo. Fue muy amiga de Frida Kahlo y de María Izquierdo.

Inspirada por fotógrafos como Edward Weston, Tina Modotti, Henry Cartier Bresson y
otros, Lola emprendió una carrera independiente que duró aprox. 50 años, fotografiando una amplia
variedad de temas, tomando imágenes documentales de la vida cotidiana en pueblos de México y las
calles de las ciudades, retratos de grandes líderes, de escultura prehispánica y arquitectura, entre
muchos otros.
Tiburoneros, Acapulco, Guerrero, México, 1950.

Entierro en Yalalag, Hidalgo, 1946


También experimentó con fotomontaje desde 1935 y otras técnicas: foto murales y
fotogramas. Hizo también series de fotografías, quizá la más difundida es la que hizo
a Frida Kahlo en la Casa Azul en Coyoacán, en 1946. Con ella incursiona en su primer y
único intento cinematográfico que no llegó a concluir.

El sueño de los pobres, fotomontaje, 1935


Lola como parte de sus
actividades en el Instituto
Nacional de Bellas
Artes hizo el registro de
obra de los pintores más
destacados de la época,
documentó eventos
culturales de teatro,
danza, música y otros,
montó exposiciones a lo
largo del país, escribió el
argumento para ballet La
doncella Ixquic y el
artículo Ideales
identificados, por la
plástica e hizo una
amplia gama de trabajos
de manera
independiente.
“Computadora I”, Fotomontaje 1954

Expuso por primera vez en el Palacio de Bellas Artes y posteriormente a nivel internacional con mucho
éxito. Una de sus últimas empresas fue instalar un taller de fotografía y la Galería de Arte
Contemporáneo, donde Lola organizó la primera y única exposición en vida de la obra de Frida
Kahlo (1953). También enseñó fotografía en la prestigiosa Academia de San Carlos en Ciudad de
México.

Convertida en la fotógrafa de un México que iba desapareciendo ante su cámara, en 1961 y a causa de
un infarto, sus actividades fotográficas fueron mermando. Murió, en 1993, a los 90 años, ya reconocida
como artista y como maestra de fotógrafas.

El archivo completo del trabajo de Lola Álvarez Bravo está en el Center for Creative Photography
(CCP) de la Universidad de Arizona en Tucson, que también gestiona los derechos de autor de su obra.

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