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TEMA 19. LA POBLACIÓN ESPAÑOLA.

COMPORTAMIENTO
DEMOGRÁFICO. FENÓMENOS MIGRATORIOS

I. INTRODUCCIÓN
GENERAL II.-
EVOLUCIÓN
HISTÓRICA

Paleolítico
Neolítico
Roma y
III. COMPORTAMIENTO
Visigodos
DEMOGRÁFICO
Edad Media
Edad Moderna
Distribución de la población
Siglo XIX
Áreas metropolitanas
Siglo XX
Población por edad
Población por sexo
Natalidad y Mortalidad
Sectores económicos

IV. FENÓMENOS
MIGRATORIOS

Emigración
Inmigración

V. CONCLUSIÓN

VI. BIBLIOGRAFÍA

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I.- EVOLUCIÓN HISTÓRICA

1.1. El Paleolítico

Sobre los tiempos preestadísticos no se pueden hacerse más que


conjeturas sujetas a un alto grado de error, debido a las técnicas de
estudio indirectas. Parece ser que el solar hispano ha estado poblado desde
muy antiguo. En las investigaciones que se han hecho en Atapuerca (Burgos)
se han encontrado restos humanos de hace unos 800.000 años, y los restos
encontrados en Orce (Granada) datan de hace 1.500.000 de años.

Sin embargo, es prácticamente imposible determinar cuántos habitantes


había entonces. Es muy posible que procedieran del norte de África. Pero
sólo en la época Musteriense comienzan a abundar los restos humanos de
Homo sápiens. Se calcula que había unos 10.000 habitantes, y que a finales
del Paleolítico ascenderían a unos 30.000, pero nada seguro. La tasa de
crecimiento durante esta época sería del 0,02-0,05‰, con lo que la
población se duplicaría en unos 15.000 años, prácticamente estancada.

1.2. El Neolítico

El Neolítico es un período de crecimiento demográfico. Las causas de


este incremento no están claras: puede que fuese por el aumento de la
productividad de la tierra, gracias a la agricultura y la ganadería; o que
fuese debido a la reducción del intervalo intergenésico; pero lo cierto es
que durante el Neolítico hubo una auténtica explosión demográfica. Hacia el
4000a.C. la península será colonizada por los pueblos ribereños del
Mediterráneo. Estas civilizaciones buscan riquezas mineras como el cobre y
el estaño. Además, la península también será invadida por las tribus
indoeuropeas de los campos de urnas. Fenicios, griegos y cartagineses
llegaron hacia el siglo VIII a.C. Todo ello hace aumentar la densidad de
población en las zonas más feraces, y en los nudos de las rutas mercantiles
del sur y el Levante peninsular.

A pesar del aumento de población, la tasa de crecimiento no debió


superar el 0,2-0,5‰, durante todo el período. Esta sería la situación hasta
la llegada de Roma.

1.3. Roma y los visigodos

En tiempos de los romanos había en Hispania, según Plinio y Estrabón,


unos 3.000.000 de indígenas, que podrían ser 4.000.000. Durante la época
romana la población aumentaría lentamente hasta el siglo II, debido tanto al

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crecimiento vegetativo como a la inmigración de romanos veteranos del
Ejército, italianos, mauritanos y judíos. Aunque la romanización supuso un
descenso de la población indígena.

Parece ser que la esperanza de vida de los romanos no era muy superior a
la de las poblaciones indígenas. Sobre todo en la esperanza de vida al
nacimiento.

La península ibérica fue escenario de las primeras epidemias


documentadas en el Mediterráneo occidental, a finales del siglo II. Durante
el siguiente siglo tuvieron lugar las invasiones de los pueblos germánicos y
las migraciones indoeuropeas. Pero la auténtica invasión ocurrió en el siglo V.
Con ellas la sociedad se vuelve rural, cae la fecundidad y la nupcialidad,
debido al clima de violencia e inseguridad. Esta caída de las tasas
demográficas supuso que hacia el siglo VI, cuando los visigodos se asentaron
en Hispania, no hubiese más de 4.000.000 de habitantes.

Por otro lado la ocupación visigoda nunca fue una invasión masiva. Los
visigodos que dominaron Hispania no debieron ser muchos más de 200.000.
En esta época la población creció, a pesar de la alta mortalidad,
probablemente debido a una nupcialidad temprana y universal. Pero también
debieron ser muy comunes las prácticas de aborto, infanticidio y exposición,
ante la falta de recursos económicos. El Concilio de Toledo del 589
condenaba expresamente estas prácticas.

A finales del siglo VI llegan a España las grandes epidemias, que diezman
la población. La peste bubónica en el 542, el 588, y entre el 687 y el 702.
Muy posiblemente hacia el año 700 la población alcanzase sus niveles más
bajos desde el fin del Imperio romano.

1.4. La Edad Media: islam y reconquista-repoblación

La península ibérica fue la única región europea ocupada por los


musulmanes de manera permanente durante el medievo. Pero no hay que
exagerar sus consecuencias. Los invasores musulmanes fueron muy pocos en
el 711. Hasta el 756 no debieron pasar de 60.000. Tuvo más importancia en
la heterogeneidad étnica: árabes, sirios, egipcios y beréberes, que en los
aportes de población efectivos.

La presencia de beréberes no se consolidó hasta la organización del


ejército de Almanzor, a finales del siglo X. Luego, con las invasiones
almorávide y almohade de los siglos XI y XII, llegarían más norteafricanos,
pero siempre serían una minoría. La mayoría de la población era muladí, al

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lado de ellos estaban los mozárabes, los judíos, los árabes, sirios, egipcios y
beréberes, los esclavos negros y blancos y los esclavones. Los mozárabes
desaparecerían en 1126, perseguidos por los almorávides.

El crecimiento vegetativo de la población musulmana era notable, pero las


persecuciones terminaban, con frecuencia, con la huida o el destierro de
amplios sectores de la población. Además, la Reconquista no favoreció un
clima de paz en el que la población creciese sin trabas.

El proceso de reconquista lleva asociado el concepto de repoblación.


Aunque en ocasiones, en las tierras conquistadas, se expulsaba a los
habitantes para permitir el asentamiento de forasteros. La Reconquista
tiene como motivo inmediato conseguir tierras para los colonos cristianos, al
menos en principio.

Se calcula que los habitantes que se refugiaron en los valles del norte
tras la invasión musulmana eran unos 500.000, una auténtica superpoblación
para la zona y sus recursos. Esta situación provocó que las primeras
campañas de reconquista, del siglo VIII, tuvieran un marcado acento
repoblador, para ocupar las tierras de frontera. Pero las repoblaciones de
los territorios más allá del norte del Duero y el Ebro son más producto de la
voluntad y la planificación que de la ocupación espontánea por parte de
agricultores. Los condes y los reyes pretendían fijar colonos cristianos en
las nuevas tierras conquistadas para asegurarse su dominio. Este impulso se
vio favorecido por un incremento, lento pero continuo, de la población
cristiana.

Durante los siglos IX y X la repoblación del norte del Duero y Cataluña la


vieja se hizo con población cristiana. Desde mediados del siglo XI y hasta el
XIII, la Reconquista avanzará sobre territorios poblados por musulmanes,
pero coincidirá con una etapa de crecimiento de la población cristiana.

La población musulmana vivía mayoritariamente en ciudades, más que la


cristiana, pero esta se volvió urbana al conquistar los territorios
musulmanes del sur del Tajo. Muchas veces, la repoblación de estas zonas se
hubo de hacer tras la expulsión de la población autóctona. Estas
repoblaciones están dirigidas por las órdenes militares y la Iglesia. En
general, hay demasiado espacio para repoblar, por lo que surge la gran
propiedad y la agricultura extensiva. Algunas poblaciones, creadas para
colonizar ciertas zonas, fracasaron, al ser tierras pobres; otras fueron
abandonadas, principalmente tras la conquista de Toledo en el 1085.
Durante la repoblación, por medio del asentamiento de colonos, se creó la

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red urbana de los reinos cristianos, a través del sistema de presura, el
concejil y de los fueros que se concedían, aunque en principio serán aldeas
de pocos vecinos, entre 50 y 100.

En esta época el camino de Santiago es una zona pacificada, y la


población se asienta en su entorno; sobre todo emigrantes francos. En las
tierras conquistadas permanecían los moriscos, pero con frecuencia fueron
expulsados, sobre todo tras las rebeliones (1264 en las Alpujarras).

La expansión de la Reconquista no se hizo por falta de tierras, había de


sobra, sino por motivos políticos. Las ventajas que ofrecían los fueros de las
poblaciones del sur provocaron la emigración desde el norte y la
despoblación de las montañas cantábricas y la cuenca del Duero. En
definitiva, este es un ciclo de intensas migraciones en todas las direcciones.

En el período 750-1100 es dudoso que en la península hubiera más de


4.000.000 de habitantes, el norte sería la región con mayor densidad de
población. Su crecimiento sería escaso, debido al hambre, las revueltas
internas y las guerras. Los fenómenos migratorios son intensos, como la
llegada de mozárabes a León durante del siglo X.

Durante los siglos XII y XIII la Reconquista continúa, y la población


aumenta ligeramente. A finales del siglo XIII, cuando sólo queda Granada,
la población sería de unos 5.500.000. Este aumento se atribuye a la
temprana nupcialidad en las zonas seguras, y a las aportaciones de
mozárabes y judíos a los reinos cristianos. Tras la expulsión de los
mudéjares en 1264 muchos se instalan en Castilla.

Entre los siglos XIV y XV la población disminuye. En realidad se da una


crisis en el siglo XIV y un a recuperación en el siglo XV. La causa parece ser
la peste negra, que asola la península. La epidemia afecta primero a Aragón y
luego a Navarra y Castilla. Las epidemias son sucesivas y continuas desde
1348 hasta 1400. La primera se detecta en 1348 y dura hasta 1350, y
afectó principalmente a Andalucía. Se calcula que la peste acabó con la vida
de un tercio de la población, sobre todo en Aragón. La mortalidad producida
por la peste negra produjo una crisis de subsistencia, al dejar los campos sin
gran parte de la fuerza de trabajo. Esto significó el hambre, en muchas
zonas de Aragón a la que se suma la huida de población con motivo de la
guerra de 1462-1472.

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En el año 1492 se expulsa de España a unos 150.000 judíos, después de lo
cual la población debe ser de unos 5.000.000 de habitantes, 6.000.000 si se
incluye Portugal.

1.5. La Edad Moderna


Evolución de la población
española El siglo XVI es de prosperidad económica, por
el descubrimiento de América y el aumento de los
intercambios comerciales con Europa. Y también de
Año Población
incremento de la población. La tasa de crecimiento
1594 8.206.791
es de un 0,6%, que llega hasta un 0,9% en Valencia
1769 9.159.999
y Navarra. El mayor aumento se da en las ciudades,
1787 10.268.150
sobre todo en Sevilla, por la inmigración continua.
1797 10.541.221
La sociedad se urbaniza de manera general. Aunque
1833 12.286.941
los núcleos rurales pierden población, aumentó la
1846 12.162.872
roturación del campo, ya que había que alimentar a
1857 15.464.340 una población mayor. A finales del siglo XVI hay en
1877 16.622.175 España unos 7.000.000 de habitantes, la
1887 17.549.608 mortalidad es relativamente baja, a pesar de las
1900 18.616.630 pestes y las hambrunas, que la final del período,
1910 19.990.669 casi han desaparecido.
1920 21.388.551
1930 23.677.095 Además, España es tierra de inmigración para
1940 26.014.278 los europeos, sobre todo franceses, que llegan a la
1950 28.117.873 Corona de Aragón. Estas inmigraciones compensan
1960 30.582.936 las emigraciones de españoles a América.
1970 33.956.047
La natalidad crece, ya que la fecundidad
1981 37.742.561
legítima es elevada. Los matrimonios son
1991 39.433.942
tempranos, los moriscos se casarán muy jóvenes.
2001 40.499.791
Pero también se incrementa la natalidad ilegítima
2006 44.708.964
en las ciudades.

El crecimiento de la población, en Castilla, se conoce gracias a la


existencia de vecindarios, tras el Concilio de Trento (1545-1563). Se
conocen también la existencia de episodios de mortalidad catastrófica,
como la peste de 1507, el tifus de 1557, el hambre de 1570, el catarro de
1580, la peste atlántica de 1596-1602, etc. Pero sabemos muy poco sobre la
mortalidad ordinaria. El crecimiento demográfico se debió al aumento de la
fecundidad y a la inmigración.

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En el siglo XVII la población decrece, al ritmo de la crisis económica.
Esta etapa es mejor conocida, ya que comienzan a registrarse,
sistemáticamente, los bautizos y las defunciones. De esta época son
también los primeros recuentos por vecinos, los padrones municipales y los
eclesiásticos; aunque son incompletos. De todas formas, se sabe muy poco
de esta etapa. Parece que hubo un ligero aumento de 1.000.000 de
habitantes, con un incremento del 0,1% anual: muy bajo. Aumenta la
mortalidad catastrófica, debido a las pestes y la hambre, que ahora se
hacen crónicas. Pudo haber al rededor de 1.500.000 víctimas. Sin embargo,
no bastan para explicar el descenso de población.

La crisis económica hizo elevar la edad del matrimonio, por lo que la


fecundidad desciende alarmantemente. Además, hay un alto incide de
celibato definitivo, hasta el 10%. Se generalizan las prácticas maltusianas
como el aborto y el infanticidio.

La expulsión de los moriscos en 1609 supuso un duro golpe para la


población aragonesa. La emigración a América aumentó en Castilla. La
emigración y la mortalidad catastrófica hicieron disminuir la población, a
pesar de que la inmigración francesa continuaba siendo importante,
principalmente en Cataluña.

Las causas de la disminución de la población no inciden lo mismo en todas


partes. En Aragón la expulsión de los moriscos afecta a un 16,2% de la
población, en Valencia a un 18,8%, mientras que en otras partes no llega al
2%. La peste de 1676-1683, golpeó sobre todo a Murcia y a Andalucía, y la
emigración a América predominó en Castilla y Extremadura, a la que se
suman los contingentes de milicianos que luchan en los Tercios en Europa y
los funcionarios europeos. La emigración en Castilla tiene particular
importancia, ya que afecta, principalmente, a los adultos varones.

El primer recuento de población que abarcó todo el territorio se hizo en


la segunda década del siglo XVIII: El vecindario de Campoflorido, entre
1712 y 1717. En él se estimaba que la población española era de unos
7.500.000 de personas. A partir de él todos los censos realizados se han
saldado con un incremento de la población, aunque esto no quiere decir que
no hubiese períodos de recesión. En la segunda mitad del siglo se comienzan
a hacer censos individuales, o de almas, en lugar de vecinos. El Censo que se
incluye en el Catastro del Marqués de Ensenada en 1752 se salda con unos
9.400.000 habitantes, un incremento importante, con una tasa anual de un
0,4%.

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La emigración continuó siendo una constante en las zonas del norte. Se
incrementó la emigración americana, y a las comarcas del sur de la península.
Cataluña continuó recibiendo inmigrantes franceses.

El incremento de la población se debió a una menor actividad de las


pestes y una escasa incidencia de las crisis de subsistencia. El maíz y la
patata se utilizan en la alimentación humana. Además, empiezan a
generalizarse las prácticas sanitarias. Comienza la inoculación de la vacuna
contra la viruela. En el siglo XVIII hay una política decididamente
poblacionista, ya que los economistas fisiócratas creen que la riqueza de un
país está en la tierra y en la población que haya para trabajarla. Todo ello
nos pone en el camino del ciclo demográfico moderno.

Las minorías

En la sociedad española no han faltado las minorías étnicas marginadas y


perseguidas. Los judíos y los moriscos sufrieron pogromos y fueron
expulsados en 1492 y 1609 respectivamente.

Los gitanos llegan en el siglo XV, son una población nómada. Los
vagabundos no están bien considerados en el país. Sufren persecuciones que
llegan a su máxima expresión durante el reinado de Fernando VI con la
prisión general, decretada por el marqués de Ensenada, que incluso pensó en
la extinción final, y que no se levantará hasta que Carlos III decrete la

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libre circulación en 1783, aunque con la prohibición de vagabundear. Se
calcula que en el siglo XVIII hay unos 12.000 gitanos, y aunque eran libres,
socialmente estaban discriminados para el ejercicio de muchas profesiones.

La población vagabunda y mendicante siempre fue de difícil


cuantificación, aunque aumentan en época de crisis. De ella tenemos noticias
por la novela picaresca, que refleja la situación de una parte de la población
importante. Estas personas son las que sufren las levas para el ejército, y
las leyes de vagos que les obligan a trabajar por poco dinero en obras
públicas. Proliferan los conventos donde se ofrece la sopa boba y los
hospicios para los huérfanos. En ellos se trabaja bajo el control de los
gremios en oficios útiles.

La esclavitud fue un fenómeno de poca importancia, aunque no faltaron


esclavos en la península. Fue más importante durante la reconquista, pero
una vez terminada disminuyó rápidamente. A finales del siglo XVI podía
haber en España unos 50.000 esclavos, concentrados en Sevilla,
mayoritariamente. En el siglo XVII la crisis casi terminó con el fenómeno.
En el siglo XVIII los esclavos en la península eran una anécdota.

2. El ciclo demográfico antiguo

El estudio de la población antes de la etapa estadística es muy complejo


y está sujeto a hipótesis. Las fuentes que nos proporcionan información
sobre este período son las actasde bautismos, defunciones, matrimonios y
algún recuento de vecinos.

Lo más característico del ciclo demográfico antiguo no es la alta tasa de


mortalidad y de natalidad, sino la influencia que tiene la mortalidad
catastrófica, por epidemias y hambre, en el número de habitantes de un
país. Lo que, además, provoca baja natalidad en las generaciones
posteriores. El número de habitantes de un país esta directamente
relacionado con la situación económica. En época de crisis disminuye la
población, y en épocas de bonanza aumenta.

La tasa de fecundidad es elevada, pero el crecimiento vegetativo es muy


pequeño. El modelo de matrimonio es variable. Durante el siglo XVI es
temprano, en el siglo XVII es tardío y el celibato se generaliza, como
sucede en épocas de crisis. El modelo de matrimonio más habitual es tardío,
las mujeres solían casarse más tarde de los 21 o 23 años, y en algunos casos
más tarde de los 25. Los hombres en torno a los 25. Con este sistema, el
total de hijos nacidos no superaba los 8, de los que sólo sobrevivían al

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matrimonio entre 3 y 5. Independientemente de que fuesen o no legítimos.
Se intenta reducir la natalidad y se adoptan técnicas maltusianas como el
infanticidio y el aborto.

La mortalidad en el ciclo demográfico antiguo es muy alta. Sobre todo la


mortalidad infantil, pero no es la mortalidad ordinaria la que hace crecer o
disminuir la población, ya que esa está asumida, sino la mortalidad
catastrófica. Las medidas sanitarias tomadas en el siglo XVIII no fueron
eficaces para la mayor parte de la población. El tifus y el paludismo, de 1784
y 1787, provocaron más de 1.000.000 de enfermos. Aunque esta época es la
del comienzo paulatino del ciclo demográfico moderno.

3. La transición demográfica y el ciclo demográfico moderno

El siglo XVIII se debate entre los ciclos antiguo y moderno. En él se da


un aumento continuo y acelerado de la población y, además, por motivos
nuevos. Pero las condiciones económicas continúan siendo las mismas. En el
siglo XVIII el modelo agrícola del Antiguo Régimen alcanza su máximo
desarrollo. La bonanza económica hace crecer la población. Pero España aún
no es un país industrializado.

La patata y el maíz pasan a formar parte de la dieta humana, y los


intercambios de grano con Europa se intensifican. Esto basta para terminar
con las crisis de subsistencia, ya que se pueden importar alimentos. La peste
pierde morbilidad, así como la mayoría de las enfermedades infecciosas;
puede que debido a la mejora de la alimentación, aunque no sólo. Esto supone
una reducción radical de la mortalidad catastrófica. La población aumenta
debido a esto, y no tanto a un aumento de la fecundidad o la nupcialidad,
como sucedía en el ciclo antiguo.

Se producen importantes mejoras en la sanidad, aunque tardan en


generalizarse. En 1771 aparece en España la inoculación contra la viruela,
que se pone por primera vez en El Ferrol. En 1796 Edward Jenner descubre
el sistema de vacunación, precisamente con la viruela. La vacuna de Jenner
se extiende con cierta rapidez por toda España, y desde muy pronto (1800),
gracias al apoyo público ilustrado y a pesar de las reticencias de ciertos
sectores. Sin embargo, la guerra de la Independencia cortó la introducción
de la vacuna, y en general el comienzo el ciclo moderno.

Si la peste fue el azote del siglo XVII, la viruela lo fue en el siglo XVIII
y el cólera en el siglo XIX. El cólera, sólo afecta a Andalucía, por motivos
ecológicos, y en medios urbanos, los puertos en contacto con las regiones

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tropicales. Aunque localmente puede ser importante, no supone una
reducción notable de la población española.

El siglo XVIII es el de la Ilustración, y los ilustrados abogan por


mejorar la higiene de las ciudades y por crear una red sanitaria en todo el
país. En 1720 se crea la Junta Suprema de Sanidad, luego los Colegios de
Cirugía. El colegio de Madrid aspirará a proveer de médicos a los pueblos. En
1794 se publica una Farmacopea general y oficial. Mejora la sanidad para
mucha gente, y la higiene comienza a entrar en las escuelas.

También se hacen mejoras urbanísticas, en las que están presentes las


teorías higienistas. Se hacen alcantarillados, se ensanchan calles, se recoge
la basura, los cementerios se sacan de las ciudades, así como las cárceles y
los cuarteles, y se construyen hospitales en las afueras; en general, todo lo
que puede ser un foco de infección.

Sin embargo, a finales del siglo XVIII, tras la Revolución francesa, se


detiene el crecimiento debido al hambre, y la guerra. A finales del siglo
XVII y comienzos del siglo XIX las hambrunas (1792-1795 y 1803-1805) y
la guerra de Independencia detienen la introducción del ciclo moderno y se
vuelve al ciclo antiguo.

El siglo XIX

El siglo XIX está marcado por una mortalidad excesiva, debido a las
continuas guerras y las consiguientes hambres por malnutrición. Sin
embargo, la población aumenta. Este incremento se debe fundamentalmente
a tres causas: una mayor fecundidad, un aumento de la duración de la vida
humana, y el cese de la emigración tras la independencia de América. Sin
embargo, tiende a prolongarse el régimen antiguo de población, en las altas
tasas de natalidad y mortalidad. A finales del siglo, los índices de
mortalidad infantil están en el 20‰, y los de natalidad se situaban en torno
al 34‰; la tasa de crecimiento vegetativo era del 0,9%.

La natalidad continúa siendo alta, pero los períodos de mortalidad


catastrófica reducen las ganancias. El cólera que afectó a Andalucía desde
1830, y sobre todo en la epidemia de cólera de 1885 que produjo una
sobremortalidad femenina e infantil, lo que supuso un descenso de la
fecundidad. Además, ya en al época se dieron cuenta de que las
enfermedades no atacaban a todos por igual. Había enfermedades que
dependían claramente del nivel social y los recursos de la familia. Esto
sucedió con la viruela, sobre todo tras la vacunación, con la tuberculosis y en

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general con todas aquellas enfermedades que dependían de la higiene y
contra las que se habían encontrado soluciones. Las primeras para las que se
hallan remedios son las enfermedades infecciosas, que por otra parte van
perdiendo vitalidad. Son dolencias prevenibles con una buena higiene, para lo
que hay que educar a las personas. Además, se mejora el medio urbano, y
también la alimentación, el vestido y la vivienda, la higiene pública y privada,
se dota a las casas de agua potable y de evacuación de aguas residuales. En
1866 el 60% de los niños quedaban si vacunar. Claro que estas ventajas sólo
alcanzan a quien puede pagarlas, de ahí que las enfermedades tengan un
componente social muy alto. La tuberculosis es compañera de la desnutrición
y la miseria. Aunque se legisla con medidas higienistas, la falta de voluntad
política retrasa su generalización hasta el Estatuto Municipal de 1924.

Durante el siglo XIX perduran las crisis de subsistencia, en la medida


que se mantiene la agricultura como principal fuente de riqueza. El precio de
los alimentos aumenta, las condiciones en las que se desarrolla a agricultura
no son las más saludables, sobre todo en el interior peninsular. Los altos
precios de los alimentos provocan una disminución de los nacimientos; causa
que se suma a la guerra y las crisis políticas. A mediados del XIX, en
España, una mala cosecha sigue significando una mayor mortalidad y una
menor fecundidad.

La crisis económica y la política oficial llevaron a buena parte de la


población a residir en el campo. Se favoreció la emigración, política que se
sostuvo hasta principios del siglo XX. Sin embargo, y a pesar de tener que
favorecer el desplazamiento, la política del Estado continúa siendo
poblacionista. Esto significará que aumenta la corriente migratoria a
América, sobre todo a Argentina, Brasil y Cuba, y ello a pesar de la
independencia, ya que estos países admiten muy bien a los inmigrantes.
También se da la emigración golondrina a Francia, al menos desde 1830 y
hasta 1914, y a África: Marruecos, Argelia y el Sáhara. La emigración es el
factor más característico de finales del XIX y principios del XX. La
emigración a América se extiende desde 1846 hasta 1932, cuando los países
americanos cambian de política, por la crisis de 1929. Aunque la mayor
corriente migratoria se genera después de la primera guerra mundial.

El primer censo moderno, y más fiable de la época es el que se hizo en


1857, que inaugura la serie regular de censos en España. Este censo nos
permite saber que, hasta 1910, la población española aumentó un 94%,
aunque no en todas partes igual. En general el norte pierde población
mientras que el sur la gana, y el centro, excepto Madrid, pierde, mientras
que la costa gana. Esta es, grosso modo, la distribución actual.

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A pesar de todos los problemas, a finales del XIX se había iniciado la
transición demográfica, con la disminución de la mortalidad ordinaria y el
mantenimiento de la fecundidad. Sólo hacía falta que la mortalidad
catastrófica y la emigración dejasen de actuar.

El siglo XX y la transición demográfica

En el siglo XX el descenso de las tasas de fecundidad y mortalidad se


acelera, entrando de lleno en la transición demográfica. La bonanza
económica que trajo la primera guerra mundial permitió que se iniciase el
proceso de una manera definitiva. Además, la contienda provoca la
detención de la emigración tanto a Europa, por la guerra, como a América,
por la ofensiva en el mar. No obstante, aumentó la emigración interior,
primero a las ciudades y luego a las regiones industrializadas, como
Cataluña, la región más favorecida por la guerra, el País Vasco o Asturias.

El descenso de las tasas de fecundidad y mortalidad supone entrar en el


régimen demográfico moderno. Pero la transición demográfica implica el
aumento de la población, mayormente cuando se detiene la emigración. Sin
embargo, la economía española no es capaz de absorber los nuevos
contingentes de trabajadores que tiene, y aumenta el paro hasta
convertirse en crónico. La tasa de mortalidad se sitúa por debajo del 30‰,
y la de natalidad en torno al 36‰.

Tras el fin de la guerra se reanuda la emigración, sobre todo a Francia,


que necesita fuerza de trabajo, ya que ha perdido muchos brazos en el
conflicto. La mayor parte de los emigrantes fueron levantinos. Durante la
República la corriente migratoria aumenta, sobre todo a Europa, pero
también a América, aunque más tímidamente. El crac de 1929 vuelve a
detener la corriente migratoria; la crisis económica no hace tan atractiva la
emigración.

La guerra civil de 1936-1939 supone un duro golpe para España en todos


los órdenes. Se vuelve a detener la transición demográfica, debido a la
mortalidad extraordinaria de la guerra. Con el triunfo fascista salen de
España millones de personas al exilio: a todos los países de Europa y a
América.

Las autoridades franquistas, con su política autárquica, impidieron la


emigración de España, pero tras el Plan de Estabilización de 1959 se vuelve
a autorizar. Cuando se permite la emigración de una España pobre y
atrasada, la partida a Europa se hace masiva, sobre todo a Francia, Suiza y

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Alemania. El exceso de la fuerza de trabajo en España es el que falta el
Europa, y la apertura del régimen hace políticamente posible la emigración.
Los contingentes españoles en Europa son masivos, tanto los legales como
los ilegales. A diferencia de épocas anteriores, la emigración americana es
muy escasa, ya que estos países exigen inmigrantes cualificados.

Los trabajadores que emigran a Europa son, en general, campesinos sin


tierra con escasa cualificación. Este es el tipo de mano de obra que
demanda el continente. Además de la emigración a Europa, se produce un
auténtico éxodo del campo a la ciudad. Con este éxodo rural la sociedad
española se urbaniza definitivamente, y se asimila a cualquier otro país
desarrollado. Este éxodo es la continuación del que había comenzado en la
República, y que se había detenido durante la guerra y la posguerra. La
corriente migratoria, primero se dirige del campo a la capital de la
provincia, luego a las regiones industrializadas, y por último a Europa. Los
polos de desarrollo que se crean en el franquismo también son zonas de
inmigración. El despoblamiento del interior y del campo es una situación
buscada que permite la modernización de España.

La corriente migratoria es menor a partir de 1967, ya que en Europa se


exige una mayor cualificación a los inmigrantes, y se detiene a partir de la
crisis de 1973. La crisis que se produce en ese año no sólo detiene la
corriente migratoria, sino que provoca un proceso de retorno. Pero España
también entra en crisis y el paro aumenta espectacularmente.

La política franquista es claramente poblacionista; sin embargo, la


tendencia de las tasas de mortalidad y fecundidad continúan bajando,
exceptuando años concretos.

La mortalidad continúa reduciéndose, salvo en episodios como la epidemia


de gripe de 1920 y la guerra civil. La mortalidad afecta más a las clases
pobres; hasta 1963, en que se generaliza la sanidad pública y se crea la
Seguridad Social; y tras la posguerra desaparecen definitivamente las crisis
de subsistencia. Pero los éxitos más notables se consiguen en la reducción
de la mortalidad infantil que, aun siendo alta, a principios de los 70 baja
espectacularmente. La tasa de mortalidad está en torno al 6‰.

También se reduce la fecundidad, a pesar de las políticas natalistas del


régimen de Franco. Desde 1914 viene reduciéndose esta tasa, y sólo entre
1957 y 1966 se dan valores más altos, al calor de la bonanza económica. Las
tasas de fecundidad mantienen la tendencia a la baja, en torno al 12‰, no
sólo por la inclinación secular de la transición demográfica, sino también

14
porque la emigración afecta a la población masculina joven, que se casa más
tarde. A partir de 1975 se dan los valores más bajos. La transición
demográfica ha terminado. En la actualidad es está prácticamente en
crecimiento cero, lo que ha hecho envejecer a la población española de
manera alarmante.

La población ha envejecido prematuramente por el rápido descenso de la


fecundidad, desde 1930. En 1950 la población era mayoritariamente madura,
se rejuvenece levemente en los años 60, pero en los 70 y los 80 el
envejecimiento es espectacular. Este fenómeno tiene mayor incidencia en
las regiones más despobladas, ya que han emigrado los jóvenes y regresan
los jubilados en busca de paisajes tranquilos, buena conversación y
naturaleza.

II.- COMPORTAMIENTO DEMOGRÁFRICO (población actual)

Distribución de la población: 45 Millones de personas.

La densidad de población de España, de 88,59 hab/km2 en el 2006, es menor


que la de la mayoría de otros países de Europa Occidental y su distribución
a lo largo del territorio es muy irregular.

Así, la población española se concentra predominantemente en dos zonas:

• Costa y zonas cercanas: las zonas de costa y los valles próximos son
las más densamente pobladas y donde se encuentran los principales

15
núcleos de población y sus áreas metropolitanas (exceptuando a
Madrid), por ejemplo Barcelona que extiende su área de influencia
por toda la costa catalana, Valencia, Alicante-Elche-Murcia, Sevilla-
Cádiz-Málaga-Granada, Bilbao-Guipúzcoa-Santander, Asturias, La
Coruña-Vigo, Palma de Mallorca, etc.

• Madrid: es una zona muy poblada, la ciudad principal es la mayor de


España y su área metropolitana es la cuarta mayor de la Unión
Europea (sólo superada por París, Londres y la región del Ruhr), en la
cual se encuentran ciudades como Móstoles, Alcalá de Henares,
Fuenlabrada, Alcorcón, Leganés, Getafe, etc., que superan los
100.000 habitantes. Esta zona es tan poblada gracias a que Madrid es
la capital de España y su influencia se extiende ya por las provincias
de Toledo y Guadalajara formando una amplia región metropolitana.

Sin embargo, todo el interior sufre problemas de despoblación; en esta


parte del territorio, solamente se pueden destacar Zaragoza y Valladolid.

Diez principales provincias por población

Absoluta Relativa (densidad) (en hab./km²)


1. Madrid 1. Madrid
• 6.008.183 • 748,96
2. Barcelona 2. Barcelona
• 5.309.404 • 687,03
3. Valencia 3. Vizcaya
• 2.463.591 • 514,15
4. Sevilla 4. Guipúzcoa
• 1.835.077 • 362,44
5. Alicante 5. Alicante
• 1.783.555 • 306,61
6. Málaga 6. Santa Cruz de
• 1.491.287 • 287,38
7. Murcia Tenerife
• 1.370.306 • 251,89
8. Cádiz 7. Las Palmas
• 1.194.062 • 227,98
9. Vizcaya 8. Valencia
• 1.139.863 • 209,81
10. La 9. Pontevedra
• 1.129.141 • 204,06
Coruña 10. Málaga

Las siete provincias más pobladas concentran al 45,32% de la población


española, mientras que en las quince con menor número de habitantes (sin
contar a Ceuta y Melilla) sólo vive el 8,03% del total. Ninguna de las
veintidós provincias menos pobladas tiene costa, mientras que, salvo Madrid,
las quince provincias más pobladas tienen todas acceso al mar.

Áreas metropolitanas

16
Las áreas metropolitanas que sobrepasaban en 2005 los 300.000 habitantes
son las siguientes 11 :

Principales áreas metropolitanas de España.

Nº Área metropolitana Pob. estimada

Área metropolitana de 5.883.52114


1
Madrid

Área metropolitana de 4.474.91914


2
Barcelona

Área metropolitana de 1.664.66311


3
Valencia

Área metropolitana de
4 1.332.66914
Sevilla

Área metropolitana de
5 905.03016
Bilbao

Área metropolitana de
6 884.84217
Málaga

Área metropolitana
7 857.49514
central de Asturias

Área metropolitana de
8 748.56514
Alicante-Elche

Área metropolitana de Las


9 723.62914
Palmas de Gran Canaria

Área metropolitana de
10 721.59918
Zaragoza

17
Área metropolitana de
11 459.00014
Vigo

Área metropolitana de la
12 621.71211
Bahía de Cádiz

Área metropolitana de
13 570.75214
Santa Cruz de Tenerife

Área metropolitana de
14 563.27214
Murcia

Área metropolitana de
15 474.03511
Palma de Mallorca

Área metropolitana de
16 472.63811
Granada

Área metropolitana de San


17 400.96011
Sebastián

Área metropolitana de La
18 399.18211
Coruña

Área metropolitana de
19 391.08111
Tarragona

Área metropolitana de 388.55511


20
Valladolid

Área metropolitana de
21 383.36014
Santander-Torrelavega

Área metropolitana de
22 352.41311
Córdoba

18
Área metropolitana de
23 315.98811
Pamplona

Área metropolitana de
24
Almería 304.56420

Además, para las dos mayores áreas metropolitanas, se puede hablar de un


territorio más extenso que las engloba: se trata de la Región urbana de
Madrid (con 6.380.229 habitantes) y de la Región urbana de Cataluña (con
5.239.927 habitantes).

Municipios por número de habitantes

Los municipios de más de 150.000 habitantes en 2006 son los siguientes:

• 1. Madrid 3.128.600 • 22. Elche 219.032


• 2. Barcelona 1.605.602 • 23. Oviedo 214.883
• 3. Valencia 805.304 • 24. Cartagena 208.609
• 4. Sevilla 704.414 • 25. Móstoles 206.301
• 5. Zaragoza 649.181 • 26. Alcalá de Henares
• 6. Málaga 560.631 201.380

19
• 7. Murcia 416.996 • 27. Sabadell 200.545
• 8. Las Palmas 377.056 • 28. Tarrasa 199.817
• 9. Palma de Mallorca 375.048 • 29. Jerez de la Frontera
• 10. Bilbao 354.145 199.544
• 11. Córdoba 322.867 • 30. Pamplona 195.769
• 12. Alicante 322.431 • 31. Fuenlabrada 193.715
• 13. Valladolid 319.943 • 32. Almería 185.309
• 14. Vigo 293.255 • 33. San Sebastián 183.308
• 15. Gijón 274.472 • 34. Santander 182.926
• 16. Hospitalet de Llobregat • 35. Leganés 182.471
248.150 • 36. Burgos 173.676
• 17. La Coruña 243.320 • 37. Castellón de la Plana
• 18. Granada 237.929 172.110
• 19. Vitoria 227.568 • 38. Alcorcón 164.633
• 20. Santa Cruz de Tenerife • 39. Albacete 161.508
223.148 • 40. Salamanca 159.754
• 21. Badalona 221.520 • 41. Getafe 156.320

20
POBLACION
POR EDAD

La edad media
de la población
residente en
España en el año
2006 era de
40,1 años: 38,7
años para los
varones y 41,4
años para las
mujeres 3 . El
15,3% de la población tenía menos de 16 años, el 69,0% tenía entre 16 y 65
años, mientras que el 15,7% de la población tenía más de 65 años.
Amenazada la sociedad española de un envejecimiento irreversible de la
población, la llegada de inmigrantes desde los años 1990 ha frenado este
proceso: la edad media de la población extranjera residente en España era
de 32,8 años en el 2004, frente a 41,0 años de media de los nacionales.

Las comunidades
autónomas que
presentaban un
mayor porcentaje de
población mayor de
65 años eran, según
INE 2006, Castilla y
León (22,60%),
Asturias (21,96%),
Galicia (21,48%) y
Aragón (20,47%).
Por otro lado, las
regiones donde esta
franja de edad tenía
un menor peso eran
Melilla y Ceuta, las
islas Canarias
(12,35%), la Murcia (13,80%), Baleares (13,84%), Madrid (14,48%) y
Andalucía (14,70%) 4 .

21
Según la Organización Mundial de la Salud, en el año 2005 la esperanza de
vida en España estaba situada en los 80,3 años de media: 76,9 los hombres y
83,6 las mujeres 5 .

Población por sexo

En total había en el 2006 en


España 22.608.498 mujeres (50,57% del
total de la población) y 22.100.466
varones (49,43%)6 . El número de
mujeres supera al de hombres en todas
las comunidades autónomas
excepto en las Islas Baleares, Islas
Canarias, Murcia, Castilla-La Mancha y las
ciudades autónomas de Ceuta y
Melilla. Los varones son mayoritarios
entre la población menor de 49
años, mientras que a partir de los
50 años las mujeres son más numerosas.

Proporción hombres/mujer en España:

22
• Al nacimiento: 1,07 hombres/mujer
• Menos de 30 años: 1,06 hombres/mujer
• Entre 30 y 65 años: 1,02 hombres/mujer
• Más de 65 años: 0,73 hombres/mujer
• Total población: 0,98 hombres/mujer

Natalidad y mortalidad

Según los datos del INE para el 2005, se tienen los siguientes datos
relacionados con la natalidad en España 7 :

• Tasa bruta de natalidad: 10,75 por mil.


• Tasa global de fecundidad: 41,95 por mil.
• Número medio de hijos por mujer: 1,346
• Edad media al nacimiento del primer hijo: 29,33 años.
• Edad media a la maternidad: 30,90 años.
• Porcentaje de nacidos de madre no casada: 26,57%.

Datos relacionados con la mortalidad en España para el año 2005 8 :

• Tasa bruta de mortalidad: 8,93 por mil.


• Tasa de mortalidad infantil: 3,79 por mil nacidos vivos.

23
Las principales causas de mortalidad en España para el año 2001 fueron 9 :

• Para varones, los principales grupos de causas de mortalidad fueron


los tumores (origen del 32,50% del total de las defunciones),
enfermedades del sistema circulatorio (29,63%), enfermedades del
sistema respiratorio (11,85%), causas externas (5,91%) y
enfermedades del sistema digestivo (5,34%).
• Para varones, las causas concretas de mortalidad que provocaron un
mayor número de defunciones fueron la isquemia cardiaca (11,56%), el
cáncer de pulmón (8,63%), enfermedades cerebro-vasculares (7,91%)
y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (5,99%).
• Para mujeres, los principales grupos de causas de mortalidad fueron
las enfermedades del sistema circulatorio (39,86%), los tumores
(21,47%), enfermedades del sistema respiratorio (8,79%) y
enfermedades del sistema digestivo (4,87%).
• Para mujeres, las causas concretas de mortalidad que provocaron un
mayor número de defunciones fueron las enfermedades cerebro-
vasculares (12,68%), la isquemia cardiaca (9,70%), la insuficiencia
cardiaca (7,36%) y otras enfermedades del corazón (5,05%).

El crecimiento vegetativo de la población española en el 2005 fue del


1,82‰ .

III.- FENÓMENOS MIGRATORIOS

Emigración española

La emigración española es un fenómeno histórico de larga duración que


comienza en la Edad Moderna, y al que se puede considerar como
continuación del proceso repoblador peninsular de dirección norte sur que

24
fue siguiendo a la Reconquista en la Edad Media. Ya en el siglo XX, varió sus
destinos principales de América a Europa, deteniéndose como consecuencia
de la crisis de 1973, sin volverse a dar posteriormente cifras semejantes,
dado el auge económico que siguió a la entrada en la Comunidad Europea
(1986). A pesar de que se ha producido un retorno importante de
inmigrantes (sobre todo desde Europa), siguen existiendo significativas
colonias de españoles en distintos países europeos y americanos, así como
sus descendientes nacidos allí. Sin destacar numéricamente es
especialmente significativa la emigración de jóvenes universitarios que
terminan su formación científica en el extranjero, y a veces no retornan
(fuga de cerebros).

Inmigración y emigración

Es importante señalar que durante toda la historia la emigración convivió


simultáneamente con la inmigración proveniente del entorno mediterráneo
africano (fundamentalmente bereberes) hacia Al Andalus y de Europa
(fundamentalmente francos) hacia los reinos cristianos del norte, fenómeno
este último que continuó durante los siglos siguientes, incluso en algunos
casos puntuales desde más lejos (repoblación de Sierra Morena por
campesinos católicos alemanes durante la intendencia de Olavide en el
reinado de Carlos III). A partir de los años 1980 la inmigración con fines
laborales (a veces originada por persecuciones políticas o inestabilidad
social o medioambiental) tiene sus orígenes en América Latina, Norte de
África y Este de Europa (además de contingentes menos numerosos de
África subsahariana, China y otros países asiáticos). La inmigración
proveniente de Europa Occidental es muy numerosa, aunque su motivación es
tanto laboral (en puestos de mucha mayor cualificación) como de ocio
(adquisiciones inmobiliarias de turistas y jubilados, que llegan a fijar su
residencia en zonas costeras, como Baleares, Canarias o Valencia).

Historia

Durante toda la Edad Moderna la emigración transoceánica a las colonias de


América es la dominante, además de las salidas forzosas de la expulsión de
los judíos (1492) y la expulsión de los moriscos (1609). Con la independencia
americana el movimiento migratorio no se detiene, centrándose durante
buena parte del siglo XIX en Cuba, y continuando tras la independencia de
ésta en 1898, así como en Argentina (dos millones de españoles emigran
hacia este país entre 1857 y 1935), Brasil, México, Venezuela y otros países
americanos.

25
Desde 1814, con la salida de los afrancesados, comenzó el fenómeno del
exilio o emigración política debido a la represión política de grupos más o
menos amplios de españoles. Los siguientes fueron grupos de liberales, cuyo
destino también fue Francia o Inglaterra.1

La guerra civil de 1936-1939 dio origen al exilio republicano,


incomparablemente más numeroso, que se repartió por Europa e
Iberoamérica (especialmente México). Entre tanto, y tras la ralentización
que había supuesto la crisis de 1929, los movimientos migratorios
tradicionales no se habían detenido ni cambiado los destinos preferentes
(Cuba, Venezuela, México, Argentina...) hasta la salida de la autarquía y el
plan de estabilización de 1959 (a principios de los 50 de crea el Instituto
Español de Emigración), que significó el comienzo de una emigración masiva
en dirección a la Europa reconstruida tras la Segunda Guerra Mundial (más
de un millón de personas, lo que representó el 70% de la emigración total en
el periodo 1959-1973); simultáneamente a la emigración interior del campo a
la ciudad. Los destinos fueron sobre todo Francia, Alemania (Gastarbeiter),
Suiza, Bélgica y el Reino Unido, entre otros. Con anterioridad sólo se había
producido emigración a Europa con la llamada emigración golondrina (anual
de ida y vuelta) cuyo destino era las explotaciones agrícolas de Francia
(habitual entre 1830 y la Primera Guerra Mundial de 1914), y que vuelve a
producirse en esos años, sobre todo para la vendimia.

El fenómeno de la emigración española a Europa duró hasta la crisis de


1973, en que se detiene y es superado por el movimiento de retorno, que
continuó varias décadas. A partir de los años 1980, y de forma más evidente
desde la entrada de España en la Unión Europea, el movimiento migratorio
más importante es la inmigración.

Emigración española al norte de África

La presencia de emigrantes españoles en el Magreb y en algunos otros


puntos del continente africano se relaciona con la colonización iniciada
durante el siglo XIX. Surge en 1839, cuando comienza la colonización
francesa de Argelia, contando con unos 10.000 residentes españoles en
1841, que pasan a 115.000 en 1881, y a unos 160.000 en 1900. En 1930 había
unos 300.000, y a partir de esa fecha el número desciende. Su origen
geográfico eran zonas del Mediterráneo (provincias de Almería, Murcia,
Alicante y las islas Baleares) con mayoría de varones agricultores que se
dirigían a Orán y Argel. Esta emigración se debía a la crisis de la minería y
la pobreza en los campos de esos territorios. En Argelia se ocupaban

26
principalmente de la agricultura, siendo sólo unos pocos los que accedían a la
propiedad de la tierra.

Leyes de Emigración en España

En 1853 se suprime la prohibición de emigrar a América a canarios y


peninsulares; la Constitución española de 1869 reconocía la libertad de
emigrar aunque se establece una fianza para emigrar que no se suprime
hasta 1873. En 1907 se regula por primera vez la emigración, que se permite
a cualquiera excepto a los sujetos a servicio militar o condena, y algunos con
matices (menores de edad, mujeres casadas); se exige permiso del Consejo
de Ministros a la emigración de colectivos cuando estaba en peligro la
posible despoblación de un territorio. Con la Ley de Emigración de 1907 se
hizo la emigración ultramarina masiva de españoles a América. Una nueva ley
de 1924 permite la creación de ayudas estatales y los convenios con los
países receptores.

Las salidas se restringen tras la Guerra Civil. En 1956 España se adhiere a la


Comisión Intergubernamental para Migraciones Europeas, creándose el
Instituto Español de Emigración, que dirige la política migratoria. La Ley
de Ordenación de la Emigración de 1960 asiste a la amplia emigración de
los 60, dirigida sobre todo a la Europa occidental. Se protegía a los
familiares mientras se reunían; la ley de 1971 amplió la acción protectora
del Estado, garantizando derechos civiles y políticos. Se contribuía a la
formación profesional del emigrante, a su educación y la de sus hijos.

La Constitución española de 1978 contempla la libertad de emigrar y exige


la tutela del emigrante por el Estado.

Consecuencias de la emigración

Suele considerarse que la emigración sirve de válvula de escape a las


tensiones internas, y así debió suceder desde la Repoblación medieval. La
oportunidad de enriquecimiento y ascenso social en América permitió el
mantenimiento de un imaginario colectivo de aventura imperial, que se
mezclaba con el orgullo cristiano viejo, funcionando como un eficaz
apaciguador social, manteniendo intactas las disfunciones de la estructura
económica y social. También se suele señalar que la emigración priva del
mejor capital humano a los lugares de origen. El retorno de los indianos que
se habían enriquecido llegó a ser una constante que se visualiza aún en las
mansiones y mejoras públicas (escuelas, fuentes...) que pagaban en sus
pueblos de origen.

27
La emigración a Europa, a través del envío de remesas monetarias, fue
fundamental para el aporte de divisas durante los años sesenta y setenta
del siglo XX (hasta 2004 no fueron superadas por las salidas de remesas de
inmigrantes extranjeros en España).2 Sumadas a la entrada de turistas,
permitían equilibrar el déficit de la balanza comercial española y permitían
una balanza de pagos saneada. Por otro lado, ambos fenómenos
contribuyeron a la paulatina apertura del régimen franquista y, en
definitiva, a la transición a la democracia.

Emigración contemporánea

En la tabla siguiente se refleja el número de residentes españoles en el


extranjero por países, en 2001 y 2007 (las diferencias en las cifras de cada
año se deben no sólo al paso del tiempo, sino a las distintas fuentes y
metodologías utilizadas para obtenerlas). El total del censo cerrado a 1 de
junio de 2007 era de 1.175.656, en todos los países del mundo (1.041.239 a 1
de junio de 2002).3 Las cifras reales han de ser mayores, pues no se
contabilizan los no incluidos en el censo electoral por muy diversas razones.

Puesto País 2001* 2007 **

1 Argentina 247.824 255.243

2 Francia 202.068 159.579

3 México 157.220*** 51.098

4 Alemania 125.256 83.465

5 Venezuela 122.160 119.591

6 Suiza 106.167 71.746

7 Brasil 78.133 63.637

28
8 Reino Unido 59.017 44.713

9 Estados Unidos 53.559 45.394

10 Uruguay 52.353 40.720

11 Bélgica 51.535 33.787

12 Chile 29.000 23.615

13 Andorra 26.224 22.018

14 Cuba 20.411 26.857

15 Países Bajos 19.978 14.099

16 Australia 16.876 12.362

17 Italia 14.905 11.236

18 Colombia 12.300 7.721

19 Canadá 11.952 8.270

20 Perú 11.360 6.380

21 República Dominicana 10.566 27.227

29
22 Portugal 9.744 7.664

23 Panamá 6.000 4.209

24 Marruecos 5.807 3.533

25 Suecia 5.300 3.696

Inmigración en España

La inmigración en España es, desde la década de los 1990, un fenómeno de


gran importancia en la demografía y la economía nacionales. Según el censo
INE 2007, el 9,93% de la población de España es de nacionalidad
extranjera.

En unas pocas décadas, España ha pasado de ser un país netamente emisor


de emigrantes a ser receptor de un intenso flujo migratorio. A partir de
1973, con la crisis del petróleo, la emigración de españoles al extranjero
empezó a dejar de ser significativa y se produjo el retorno de muchos
emigrantes españoles, forzado por el aumento del paro que golpeó a casi
todos los países de acogida. El restablecimiento de la democracia coincidió
con una fase de relativo equilibrio en los saldos migratorios netos, que se
prolongó hasta mediados de la década de los noventa.

Sin embargo, en el extraordinario dinamismo que ha mostrado la economía


española desde entonces se encuentra el origen del fuerte crecimiento de la
inmigración extranjera. Desde el año 2000, España ha presentado una de las
mayores tasas de inmigración del mundo (de tres a cuatro veces mayor que
la tasa media de Estados Unidos, ocho veces más que la francesa y sólo
superada en términos relativos en el continente europeo por Chipre y
Andorra 2 ) y ha sido, tras EEUU, el segundo país del planeta que más
inmigrantes ha recibido en números absolutos. En los cinco años posteriores,
la población extranjera se había multiplicado por cuatro, asentándose en el
país casi tres millones de nuevos habitantes. Según el censo del 2006, el
9,27% de los residentes en España era de nacionalidad extranjera.

30
A estas cifras habría que añadir:

• Los ciudadanos cuya nacionalidad de origen era extranjera y que han


adquirido la nacionalidad española tras un tiempo de residencia en el
país. Se calcula que en la década de los noventa se nacionalizaron de
media unos 9.500 extranjeros al año, mientras que en el 2004 se
nacionalizaron unos 38.300 3 .
• Los descendientes de españoles en Iberoamérica o en la Unión
Europea que han seguido conservando la nacionalidad española de
alguno de sus padres, abuelos, bisabuelos o tatarabuelos y que al
retornar a España no constan como ciudadanos de nacionalidad
extranjera.

Distribución de la inmigración en España

La población extranjera se suele concentrar en las zonas de mayor


dinamismo económico del país, y por tanto con mayor necesidad de mano de
obra. Así, las zonas de España con mayor proporción de inmigrantes son
Madrid y su área de influencia, el arco mediterráneo y las islas. En el caso
de los inmigrantes comunitarios, muchos buscan el poder disfrutar de un
clima más suave que el de sus países de origen; de esta manera, los
residentes de la UE se suelen concentrar en las costas de Levante,
Andalucía, Baleares y Canarias. Por el contrario, las regiones con menor
proporción de inmigrantes en el 2005 son Extremadura (2,3% frente al
8,46% nacional), Asturias (2,5%), Galicia (2,5%), País Vasco (3,4%), Castilla
y León (3,6%) y Cantabria (3,7%). Hay que señalar que el 44,81% de todos
los inmigrantes censados en España se reparten entre tan sólo tres
provincias (Madrid, Barcelona y Alicante).

Según el censo de 2005, la localidad española con mayor proporción de


extranjeros es San Fulgencio (Alicante), donde el 69,55% de sus 8.197
habitantes son no españoles. Los únicos municipios de más de 10.000
habitantes donde los extranjeros superan a los nacionales son Rojales
(65,25% de extranjeros), Teulada (60,37%), Calpe (58,61%), Jávea
(51,22%) y Alfaz del Pi (50,89%), todos ellos en la provincia de Alicante, que
es la provincia con mayor porcentaje de inmigrantes del país. La ciudad de
más de 50.000 habitantes con mayor proporción de extranjeros es
Torrevieja (con un 47,65% de foráneos sobre 84.348 habitantes), también

31
en Alicante, y la capital de provincia con mayor porcentaje es Castellón de la
Plana (15,23% sobre 167.455 habitantes).

Por otro lado, la distribución geográfica de los inmigrantes depende también


en gran medida de su nacionalidad. En Madrid y Cataluña, la suma de
iberoamericanos y africanos (contando magrebíes) representa en ambas
comunidades dos tercios de los inmigrantes, si bien en Cataluña hay el doble
de africanos que de iberoamericanos y en Madrid sucede lo contrario. Los
marroquíes son la colonia más numerosa en Cataluña y Andalucía, y el 75,51%
de todos los paquistaníes del país se encuentran en Cataluña. La mayor parte
de los ecuatorianos se encuentran entre Madrid (un 34% de ellos en el
2005), Barcelona y Murcia. Los británicos son mayoritarios en Alicante y
Málaga; los alemanes, en Baleares y Canarias. Por su parte, casi la mitad de
los rumanos de España residen entre Madrid y Castellón .

Origen de los inmigrantes

Al contrario de Francia, donde el 10% de su población es de nacionalidad


argelina, o de Alemania, con un claro predominio de la inmigración turca, la
inmigración en España es muy variada y está dominada por la procedente de
áreas culturalmente cercanas, mientras que la inmigración desde países
musulmanes es reducida. En España, la mayoría de los inmigrantes provienen
de Iberoamérica (el 36,21% del total de extranjeros afincados en España,
según el censo INE 2006); les siguen después los procedentes de la UE-27
(34,45%) y del norte de África (14,83%). A gran distancia se encuentran los
extranjeros provenientes de la Europa no comunitaria (4,40%), el África
subsahariana (4,12%), el Extremo Oriente (2,72%), el Subcontinente indio
(1,67%), América del Norte (0,66%) y Filipinas (0,48%). Del resto de Asia y
de Oceanía sólo son originarios el 0,50% restante, mientras que están
registrados un 0,02% de apátridas.

32
4
Orígenes geográfico-culturales de la población extranjera en España (2006)
% totalPrincipales
Área de origen Población
extranjeros nacionalidades
Ecuador (11,13%),
Colombia (6,40%),
1 Iberoamérica 1.500.785 36,21% Argentina (3,63%), Bolivia
(3,37%), Perú (2,31%),
Brasil (1,75%)
Reino Unido (6,63%),
Alemania (3,63%), Italia
2 Europa Occidental 872.694 21,06% (2,79%), Francia (2,17%),
Portugal (1,95%), Países
Bajos (0,95%)
Rumanía (9,82%), Bulgaria
(2,45%), Ucrania (1,69%),
3 Europa del Este 735.506 17,75%
Polonia (1,11%), Rusia
(0,96%), Lituania (0,38%)
Marruecos (13,59%),
4 África del Norte 614.436 14,83%
Argelia (1,14%)
Senegal (0,85%), Nigeria
5 África subsahariana 170.843 4,12%
(0,76%), Gambia (0,42%)
China (2,53%), Japón
6 Extremo Oriente 112.680 2,72%
(0,13%)
Paquistán (1,02%), India
7 Subcontinente indio 69.006 1,46% (0,50%), Bangladesh
(0,15%)
8 América del Norte 27.292 0,66% EEUU (0,59%)
9 Filipinas 19.794 0,48% Filipinas (0,48%)
Irán (0,06%), Siria
10 Resto de Asia 18.094 0,44%
(0,06%), Israel (0,04%)
11 Oceanía 2.363 0,06% Australia (0,04%)

Hay que señalar, sin embargo, que el porcentaje de inmigrantes procedentes


de Iberoamérica es aún mayor que el indicado anteriormente, debido a tres
razones invisibles a efectos estadísticos:

• Un gran número de los inmigrantes procedentes de Iberoamérica


conserva la nacionalidad española de sus padres o abuelos, por lo que

33
constan como de nacionalidad española, y suele considerarse que
"retornan" al país, por lo que pueden también recibir ayudas oficiales
para establecerse;
• Los iberoamericanos tienen mayor facilidad para nacionalizarse que el
resto de los extranjeros, por lo que en relativamente poco tiempo
dejan de constar como de nacionalidad extranjera;
• El alto porcentaje de italianos censados en España (115.791, 2,79%
del total) oculta en realidad (para la inmensa mayoría) a argentinos,
chilenos y uruguayos de ascendencia italiana y que han conservado
esta nacionalidad.

Por nacionalidades, las más presentes son la marroquí, la rumana, la


ecuatoriana, la británica y la colombiana. En la tabla siguiente se describe el
crecimiento registrado por las comunidades de inmigrantes más grandes de
España en el 2007, y entre los censos de 2001 y 2006. Las que más
crecieron en este periodo fueron la paraguaya (+2.980%, aunque partiendo
desde niveles muy bajos), la boliviana (+2.012%) y la rumana (+1.187%).

% crec.
5 6 7
Puesto País 2007 2001 2006 2001-
2006

Total 4.482.568 1.370.657 4.144.166 +202%

1 Marruecos 576.344 233.415 563.012 +141%

2 Rumania 524.995 31.641 407.159 +1.187%

3 Ecuador 421.384 139.022 461.310 +232%

4 Reino Unido 314.098 107.326 274.722 +156%

34
5 Colombia 258.726 87.209 265.141 +204%

6 Bolivia 198.770 6.619 139.802 +2.012%

7 Alemania 163.887 99.217 150.490 +52%

8 Argentina 139.711 32.429 150.252 +363%

9 Italia 134.712 34.689 115.791 +234%

10 Bulgaria 121.611 12.035 101.617 +744%

11 China 104.997 27.574 104.681 +280%

12 Perú 102.485 34.975 95.903 +174%

13 Portugal 100.196 47.064 80.635 +71%

14 Francia 100.016 51.582 90.021 +75%

15 Brasil 89.482 17.078 72.441 +324%

16 Ucrania 69.081 10.318 69.893 +577%

República
17 64.422 31.153 61.071 +96%
Dominicana

18 Polonia 61.216 13.469 45.797 +240%

35
19 Venezuela 51.030 16.549 51.261 +210%

20 Paraguay 45.856 928 28.587 +2.980%

21 Argelia 45.236 18.265 47.079 +158%

22 Uruguay 45.700 6.828 45.508 +566%

23 Cuba 45.368 24.534 44.739 +82%

24 Pakistán 41.742 8.274 42.138 +409%

25 Rusia 39.236 10.047 39.904 +297%

26 Chile 40.479 11.674 39.704 +240%

27 Países Bajos 44.241 23.146 39.484 +71%

28 Senegal 36.616 10.627 35.079 +230%

29 Nigeria 31.616 7.598 31.588 +316%

30 Bélgica 31.301 19.869 29.526 +44%

Características socio-económicas

La gran variedad de la inmigración en España hace difícil realizar una


caracterización común.

Sexo

36
El 53,40% de los extranjeros censados en 2005 eran varones, frente a un
46,60% de mujeres. Sin embargo, se encuentran diferencias importantes
dependiendo del origen de los inmigrantes:

• Hay mayor porcentaje de mujeres que de hombres entre los


inmigrantes procedentes de Sudamérica (un 53,42% de mujeres) y de
Centroamérica (59,42% de mujeres).

• La proporción entre mujeres y hombres del continente europeo es


ligeramente favorables a los varones (un 52,41% de hombres).

• Los hombres son claramente mayoritarios en la inmigración de origen


africano (tanto subsahariano como magrebí): la proporción de
mujeres en este colectivo es de tan sólo 31,81%.

• Los colectivos con el ratio más aplastante varón:mujer son los de Mali
(tan sólo un 6,68% de mujeres), Pakistán (9,70% de mujeres), Ghana
(12,91%) y Bangladesh (16,93%). En el lado opuesto, las nacionalidades
con mayores porcentajes de mujeres son la rusa (64,26% de
mujeres), la nicaragüense (61,11%) y la brasileña (64,04%).

Población extranjera en España 1


Extranjeros
Año % total
censados
1981 198.042 0,52%

1986 241.971 0,63%

1991 360.655 0,91%

1996 542.314 1,37%

1998 637.085 1,60%


2000 923.879 2,28%

2001 1.370.657 3,33%


2002 1.977.946 4,73%

2003 2.664.168 6,24%


2004 3.034.326 7,02%

2005 3.730.610 8,46%

2006 4.144.166 9,27%

2007 4.482.568 9,93%

37
Edad

La edad media de la población residente en España según el censo de 2004


era de 40,22 años; 40,99 para los españoles y 32,83 para los extranjeros
residentes.

La mayoría de la población inmigrante viene a España buscando un puesto de


trabajo, de ahí que el 51,91% de los extranjeros residentes en España
(frente a un 32,66% del conjunto de la población) tengan entre 20 y 39 años
y que el 30,19% de los extranjeros tengan entre 25 y 34 años (frente a un
17,44% del conjunto de la población)8 .

Puesto que la mayoría de los extranjeros vienen a España en búsqueda de


empleo, la proporción de mayores de 65 años es escasa, e incluso anecdótica
en algunos países, mientras que el bloque más importante corresponde a la
población en edad de trabajar (entre 16 y 65 años). El 17,71% de los
ciudadanos de nacionalidad española tenía más de 65 años según el censo
INE 2005; esta cifra era de tan sólo 4,81% para el total de extranjeros.
Sin embargo, esto no es uniforme para todos los países:

38
• Dentro de los inmigrantes comunitarios, hay una proporción
importante de jubilados (un 15,85% de los comunitarios tiene más de
65 años), por lo que la distribución por edad de este colectivo es muy
parecida a la española, aunque con un índice un poco inferior de
menores de 15 años.

• La proporción de mayores de 65 años era de 1,94% para los


iberoamericanos, del 0,62% para la Europa no comunitaria
(excluyendo a los naturales de Noruega y Suiza), del 1,35% para los
procedentes del Norte de África, un 0,83% para los subsaharianos y
de un 1,70% para los chinos.
• Las nacionalidades donde hay mayor porcentajes de mayores de 65
años son la suiza (33,19%), la finlandesa (29,86%), la noruega
(28,71%) y la sueca (25,82%). Donde menos, entre los naturales de
Mali (0,07%), Ghana (0,07%) y Gambia (0,08%).

39
La pirámide de edad de la población extranjera residente en España
presenta pues una base un poco más estrecha, un centro mucho más amplio y
un pico despreciable en comparación con los del conjunto de la población
española.

Ocupación laboral

El sector profesional que empleaba más inmigrantes era, en el 2005, los


servicios (59%) y la construcción (21%). En la industria y la agricultura, la
proporción era mucho menor (12% y 8%, respectivamente). De todas
maneras, la ocupación laboral en el que trabajan los inmigrantes en España
varía de manera importante en función de la nacionalidad:

• Entre los inmigrantes de la Unión Europea, suele predominar la


ocupación en el sector financiero y comercial o el desempeño de
profesiones liberales.
• Los procedentes de Iberoamérica obtienen sus principales empleos en
la hostelería y el servicio doméstico.
• La población del Este de Europa es la que, en proporción, más se
emplea en la construcción (el doble que los españoles y casi tres veces
más que los procedentes de la Unión Europea).
• Los marroquíes trabajan en una proporción mucho mayor en el sector
primario que los españoles.

Causas de la inmigración en España

Un fenómeno de tal envergadura como es la inmigración en España presenta,


lógicamente, un carácter multifactorial. Entre sus principales causas se
encuentran:

• El factor más importante de atracción migratoria es el fuerte


desarrollo económico que ha presentado España desde 1993. Basada
en un crecimiento de tipo extensivo, la economía española ha venido
necesitando desde entonces una gran cantidad de mano de obra. En el
2005, el país había creado unos 900.000 empleos netos, de los que
cerca de un 40% fueron ocupados por extranjeros.
• Se han repetido las regularizaciones supuestamente
"extraordinarias" de los inmigrantes ilegales: se han realizado seis
desde 1985, tres realizadas por gobiernos socialistas (la última en la
primavera del 2005) y tres por los gobiernos conservadores del PP. El
Estado, sea de izquierdas o de derechas, ha tendido entonces a
regularizar masivamente y de media una vez cada tres años y medio.

40
• A esto hay que añadir una cierta benevolencia legal, al modelo
francés, que permite la reagrupación familiar y permite, a medio
plazo, la nacionalización. Además, la cobertura médica y la
escolarización están garantizadas de manera gratuita para los
extranjeros residentes en el país, estén o no en situación regular.
• La identidad cultural y lingüística con Hispanoamérica, de donde
proceden el 36,21% de los extranjeros que había en España en el
2006, es un importante factor de atracción para este colectivo.
• Cabe destacar también la cercanía geográfica al continente africano:
con fronteras terrestres con Marruecos, las islas Canarias próximas
al oeste africano y el propio sur peninsular cercano al Magreb, España
es en Europa la frontera sur con el Tercer Mundo. La renta per cápita
española era, en 2001, doce veces superior a la de un marroquí; así, la
frontera hispano-marroquí es la más desigual en términos económicos
de toda la OCDE (la renta de EEUU es sólo cinco veces superior a la
de México). El 18,13% de los extranjeros censados en España en el
2006 procedían de este continente, aunque este porcentaje sea
menor al de países más alejados de África como Francia.
• Otro factor de atracción es la suavidad del clima y la atracción por el
modo de vida, siguiendo el efecto Sun Belt. El 21,06% de los
extranjeros que hay en España proceden de Europa Occidental,
concentrándose en las provincias insulares y en las de Alicante y
Málaga. Muchos de ellos son "inmigrantes de lujo": jubilados,
trabajadores de multinacionales, trabajadores a distancia vía
Internet o empresarios que establecen negocios, por lo general
relacionados con la hostelería.

Consecuencias de la inmigración en España

Consecuencias demográficas

La consecuencia más llamativa de la inmigración en España ha sido el


aumento de la población: así, entre 1998 y 2005 España había crecido en
4.255.880 habitantes, lo que representa un crecimiento del 10,68% de la
población en 7 años, crecimiento muy alto para un país occidental. La mayor
parte de esta cifra ha sido debida a la llegada masiva de inmigrantes
durante este período.

Además, la mayor tasa de natalidad de la población inmigrante es la principal


causa del repunte de la fecundidad que se ha producido en el país, pasando
de una tasa bruta de natalidad del 9,19‰ al 10,73‰ entre 1998 y 2005. En
2005, el 15,02% de los nacimientos registrados en España fueron obra de

41
mujeres de nacionalidad extranjera 10 , aunque sólo es extranjera el 8,46%
de la población española y el 10,64% de las mujeres en edad fértil
residentes en España.

Por otro lado, como la mayor parte de la población que inmigra suele tener
entre 25 y 35 años, el crecimiento es mayor en este grupo de edades y en
consecuencia se rejuvenece la población española. Así, el 51,91% de los
extranjeros residentes en España tiene entre 20 y 39 años, frente a un
32,66% del total de habitantes de España que se encuentran en esta franja
de edad.

Consecuencias económicas

La importante llegada de población inmigrante en edad de trabajar ha


repercutido favorablemente en el total de afiliaciones a la Seguridad Social,
hasta el punto que cerca de un 45% de las altas registradas entre el 2001 y
2005 correspondieron a trabajadores foráneos.

Puesto que casi la mitad del trabajo creado en estos años se ha nutrido de
trabajadores extranjeros, su contribución al crecimiento del PIB en este
quinquenio (un 3,1% medio anual, en términos reales) habrá sido muy
significativo.

Además, el aumento de la población laboral ha comportado un incremento de


la recaudación asociada a la imposición del trabajo (principalmente por la vía
de las cotizaciones sociales), aunque no hay que olvidar que este colectivo es
también beneficiario de las prestaciones (sanitarias, desempleo,
asistenciales...) reconocidas a la población general. Sin embargo, el bajo
porcentaje de su población dependiente (de menos de 15 años y de más de
65 años, que es del 18,98% para el colectivo extrajero pero del 30,83%
para la población general) hace que aporten de manera neta a la caja del
Estado más que la población nacional.

Por otra parte, dado que el empleo extranjero se ha concentrado


principalmente en sectores donde la oferta de mano de obra nacional
resulta escasa (construcción, hogar, hostelería, agricultura...), la inmigración
ha contribuido a suavizar la rigidez de esta oferta, limitando la aparición de
tensiones inflacionistas.

Sin embargo, también se han alzado opiniones criticas que ponen de


manifiesto la distorsión operada por la inmigración en el mercado laboral
español: A pesar de que el PIB español ha crecido entre el 3% y el 4% entre
los años 1997 y 2007, los salarios reales de la población española no sólo no

42
han aumentado, sino que han disminuido ligeramente. Y es que la llegada
masiva de trabajadores no cualificados procedentes del Tercer Mundo ha
tirado a la baja de los salarios en numerosos sectores de la economía
española como la construcción o la hostelería.

Por otro lado, buena parte de los trabajos asumidos por los inmigrantes han
sido creados al calor de la llamada "burbuja inmobiliaria": Alrededor del
30% de los trabajadores de la construcción son extranjeros. Es probable
que, si cambia el ciclo económico, cientos de miles de inmigrantes pierdan
sus empleos y pasen a ser clases pasivas, perceptoras de subsidios de paro,
o bien el volumen del flujo migratorio se reduzca e incluso cambie de
dirección.

Consecuencias socio-culturales

Hasta los años 1990, la población española había sido muy homogénea
cultural y étnicamente. Sin embargo, la llegada masiva de inmigrantes en los
últimos años ha provocado una diversidad racial, cultural, religiosa y
lingüística nunca antes vista en la historia de España.

Por supuesto, la asimilación de la población extranjera representa un reto


para la sociedad española, que se debe enfrentar con problemas nunca antes
planteados, como son la convivencia con nuevas prácticas religiosas, el
estatus de la mujer, la aparición de enfermedades ya erradicadas del país o
la creación de guetos de inmigrantes en ciertas ciudades. Aunque la
evaluación a largo plazo de la inmigración en España es complicada debido a
su carácter reciente, la llegada mayoritaria de inmigrantes procedentes de
ámbitos culturales y/o lingüísticos cercanos (el 75,02% proceden o bien de
Iberoamérica o bien de otros países del continente europeo), unido a que la
inmigración es de origen variado, puede dejar entrever una integración
menos problemática que la surgida en otros países de la Unión Europea.

IV.- CONCLUSIÓN

En España no habrá baby boom. Aunque la población española seguirá


creciendo, pero despacio. En 2030 habrá aumentado un 5,8% respecto a
2005, según las proyecciones del Instituto Nacional de Estadística (INE).
Apenas la tercera parte que el incremento previsto para China, que es del
15,4%, pero el doble que el 2,4% de media de la UE. El crecimiento que se

43
debe fundamentalmente a la inmigración y al leve repunte de la natalidad. En
2005 nacieron en España 465.616 niños, un 2,4% más que en 2004.

El promedio de hijos por mujer está lejos de los 2,9 de los setenta del siglo
XX, cuando España vivía su baby boom, pero también de los 1,15 hijos por
mujer de 1998, la tasa más baja de la historia. En 2005, este promedio
estaba en 1,34. España no alcanza la media de la Unión Europea, que está en
1,50 hijos por mujer, y tampoco el 2,1 que asegura el relevo generacional.
Según las proyecciones del INE, a este ritmo, España tendrá en 2010 un
promedio de 1,40 hijos por mujer.

La creciente llegada de inmigrantes no va a tirar de forma significativa de


la escasa natalidad española. Las extranjeras, una población en edad fértil,
aportan un 15% del total de los nacimientos, pero su tasa de fecundidad se
va pareciendo cada vez más a las de las españolas: tienen 1,73 hijos por
mujer, más cercano ya al 1,28 de las españolas, que a los 2,22 que tenían de
media en 1996.

Además, las españolas son las europeas que más tarde tienen su primer hijo,
con 29,1 años. A diferencia de las madres más jóvenes, las mujeres lituanas,
que tienen a su primogénito con una media de 24,3 años. También la edad
media de la maternidad de las españolas es alta -30,82 años- y continuará
creciendo según los datos del INE. Se prevé que en 2010 será de 31,08 años
y de 31,14 años en 2030. Aunque según los expertos este ritmo podría
ralentizarse por la influencia de la natalidad más joven de las mujeres de
nacionalidad extranjera que viven en España.

Las tasas de natalidad más alta la ostentan Irlanda, Francia, Dinamarca,


Finlandia, Holanda, Suecia y Reino Unido, que superan los 1,71 hijos por
mujer y en algunos, casos como en el de Irlanda, llegan a los 1,98. Según

44
estas perspectivas de natalidad, la Unión Europea pasa de tener 458,5
millones de habitantes en 2005 a 469,4 millones en 2030.

En muchos países comunitarios la población decrece. Según las proyecciones


del INE, los nuevos socios, Rumania y Bulgaria lo hacen un 11,5% y un 19,5%,
respectivamente. Otros países que sufren este fenómeno son Polonia,
República Checa y Hungría.

Otros miembros de la UE, sin embargo, mantienen su ritmo de crecimiento:


Reino Unido pasará de sus 59,9 millones de habitantes en 2005 a 64, 4
millones en 2030.

Bibliografía
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· Anuario Estadístico INE 2002-2003-2004-2005-2006-2007
· Reher, D. (2003): Transformación demográfica y modernización de la
sociedad española durante el siglo XX, en Revista Sistema, nº 175-176,
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Europea, en Revista Papeles de Economía Española, nº 104, pp 2-16.
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46