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Dante hombre en la Comedia*

Toda obra poética, aún la más abstracta, aún la más hermética, es –en el fondo, y a veces
inconscientemente- autobiográfica. La Divina Comedia quiere ser –conscientemente- una
autobiografía ejemplar, quiere trasmitir la experiencia vital de un hombre que, en su vicisitud
de pecado y redención, piensa representar a toda la humanidad y a sus posibilidades de
salvación. Y a esta salvación la obra quiere contribuir.

El carácter fuertemente “comprometido” de la Divina Comedia afecta, ya positiva, ya


negativamente, su poesía. Por eso, el conocimiento de la vida de Dante, si no nos da la clave
para explicar la conmoción que nos producen sus versos, nos ayuda a prepararnos para leerlos,
en el mismo grado en que nos ayuda el conocimiento del idioma en que están escritos, o de las
circunstancias históricas que intermitentemente reflejan.

Así los influjos provenzales, en la primera formación del poeta, sus amores mundanos, su amor
por Beatriz en la atmósfera del Dulce estilo, su militancia política apasionada y severa, el
destierro amargo que abre al poeta de Florencia horizontes europeos y universales, su
alejamiento de los partidos, su crisis religioso-moral, su pesimismo en terreno humano y su
firme esperanza ultraterrena, su conflictual deseo de gloria y su fé en la poesía, todo esto y
mucho más entra a formar parte del complejo motivo inspirador de la Comedia.

Al crear su inmenso fresco, que quiere representar el destino ultraterreno de la humanidad


según la teología católica que el aceptaba (aunque, por momentos, con acongojado espíritu
crítico), Dante es, a la vez, juez y parte. El primer aspecto se siente más en el Infierno y en el
Paraíso, el segundo en el Purgatorio; pero ambas coexisten el todo el poema, complicando su
trasfondo psicológico. Por ejemplo, la participación tan intensa del poeta - protagonista del
drama de Paolo y Francisca es el fruto de un desgarramiento interior frente a una catástrofe en
la que llega a su punto de ruptura el ideal estilnovista del amor. (Francisca pertenece
declaradamente a la “elite” de los “corazones gentiles”), el ideal que había inspirado la Vita
Nova y caracterizado la juventud de Dante. Otro ejemplo es dado por el canto X del Infierno,
en el que Dante se representa a sí mismo con la agresividad del hombre de partido que él era
aún en 1300 en que está ubicada la visión, y representa a Farinata, con alguno de los rasgos de
ecuanimidad y fraternidad humana que él mismo había adquirido a través de la experiencia
dolorosa del destierro.

*Fragmento del libro La Divina Comedia de Dante Alighieri de la intelectual italo-


uruguaya Luce Fabbri-Cressatti (Departamento de Publicaciones de la Universidad de
la República, 1994, pág 21-22)

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