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INTRODUCCIÓN

En el Perú, la familia y el matrimonio son reconocidos como institutos naturales y


fundamentales de la sociedad, sujetos a protección y promoción. Sin embargo, en los
últimos años estas instituciones vienen siendo cuestionadas por un sector de la población
demandante de institucionalización, como es el colectivo homosexual, reclamando se dé
reconocimiento a las relaciones que forman a través de la inclusión de las uniones civiles
en el ordenamiento peruano. Aduciendo la vulneración de distintos derechos, los
colectivos homosexuales han buscado a través de algunos proyectos de ley, la protección
de sus derechos. De esa manera, hace algunos años se planteó el Proyecto de Ley
N°4181/2010-CR, Proyecto de ley que establece las uniones civiles entre personas del
mismo sexo, el mismo que no prosperó. Posteriormente, se presentó el Proyecto de Ley
N°2647/2013-CR, Proyecto de ley que establece las uniones civiles entre personas del
mismo sexo, del cual hemos tenido noticias especialmente en el 2015 debido a que, en
los días previos a ser debatido, se formaron marchas y diversas manifestaciones, sobre
todo a nivel de medios de comunicación y redes sociales, siendo finalmente archivado
por el Congreso de la República. Es así como esta situación y estas manifestaciones llevan
a cuestionar el hecho de si realmente la población homosexual ha sido discriminada por
el legislador, que debería prestarle protección y amparo,

en el Perú carece del mismo reconocimiento de derechos con los que sí cuenta la
población heterosexual.
La unión civil entre personas del mismo sexo a través de la historia
Los historiadores del matrimonio entre personas del mismo sexo ponen mucho cuidado,
al colocar el debate sobre su legalidad en un marco histórico determinado. Durante
aproximadamente 40 años de tensión creciente alrededor de la cuestión cultural, este
debate ha tomado, en años recientes, una afilada dimensión política. Esta cuestión no ha
sido fácil de dilucidar, ya que es bastante complicado interpretarla, mediante
razonamientos estándar, tanto sociales, como individuales. El marco histórico alrededor
del debate apuntala a ambas formas de interpretación; desde aquellas basadas en textos
religiosos, hasta aquellas provenientes de las leyes. Desafortunadamente, el debate no ha
sido, en la mayoría de los casos, un debate civil; y aquellos sujetos implicados en éste,
han sufrido tanto violencia física y emocional (y un sistema de protección desigual) desde
el momento en que sus sociedades comenzaron a buscar respuestas a esta cuestión.
Aunque la represión no ha sido la única expresión en la historia de los derechos gay y el
matrimonio igualitario, tampoco ha sido la única alternativa. A lo largo de la historia, las
relaciones entre personas del mismo sexo han disfrutado de una relativa libertad en
diversos lugares y épocas.

Relaciones entre personas del mismo sexo en civilizaciones tempranas

Existe evidencia de que los matrimonios del mismo sexo fueron tolerados en algunas
partes de Mesopotamia y Egipto antiguo. Artefactos provenientes de Egipto, por ejemplo,
muestran que las relaciones entre personas del mismo sexo, no solamente existían, sino
que estas uniones eran reconocidas por el reino, por ejemplo el descubrimiento de una
tumba faraónica construida para una pareja del mismo sexo. Mientras tanto relatos de la
partida de los Israelitas a Canaan incluyeron la condena hacia los egipcios justamente por
aceptar prácticas maritales entre personas del mismo sexo; estas prácticas son actualmente
menos conocidas en Egipto, comparadas con Mesopotamia, donde existen documentos
de una variedad de prácticas que incluían amantes (varones) de los reyes; además de la
poliandria.

Ninguna de las leyes grabadas de Mesopotamia, incluyendo el Código de Hammurabi,


contiene restricciones contra las uniones entre personas del mismo sexo, pese al hecho de
que los matrimonios estaban bastante bien regulados.

En la antigüedad clásica en el mundo Occidental son citados frecuentemente ejemplos de


amor y relaciones entre personas del mismo sexo, sin embargo los conceptos de
homosexualidad y heterosexualidad no existían con las mismas características de hoy en
día. Por ejemplo en el Symposium (El Banquete) de Platón, se describen, para la antigua
Grecia, formas de atracción homosexual y de relaciones entre personas del mismo sexo
sin condenarlas. Otros autores apuntan a los ejemplos de la interacción entre personas del
mismo sexo en la obra de arte griego como una prueba más de su condición de igualdad
dentro de la sociedad. Se trataba de una forma de estado individual, de suma importancia
para la libertad de expresión amorosa.

Por otro lado varones de más edad, a partir de los 20 y 30 años, actuaban como mentores
de varones más jóvenes que aún no llegaban a la edad adulta. La relación consistía en un
ritual de cortejo normalizado. En Grecia la atracción masculina entre hombres era
generalmente considerada como un signo de masculinidad. Se sabe que las uniones del
mismo sexo ocurrían, además de las que existían entre de sexos diferentes, tanto para
hombres y mujeres, simultáneamente como un forma de aprendizaje entre profesor y
alumno, fuera de su acuerdo heterosexual. Estas creencias no fueron universales en la
antigua Grecia. Algunos Estados desaprobaban estos rituales y relaciones.

Las principales consideraciones para las relaciones entre personas del mismo sexo en la
historia temprana, fueron a menudo el amor, la belleza y la excelencia de carácter y no el
género. Había también una base cultural-religiosa para la práctica homosexual; registros
de la mitología griega hablan de vínculos entre personas del mismo sexo, en dioses de
alto rango como Zeus. Y los poemas épicos de Homero, la Ilíada y la Odisea, contienen
pasajes poéticos que sugerían amor homo-erótico al oyente educado.

Pero la cultura experimentó una transición durante la cual las expresiones de amor
homosexual pasaron de ser manifiestas a ser ocultas.

En relación a las costumbres sociales romanas éstas son bastante conocidas; donde las
uniones del mismo sexo existían en las altas esferas de la sociedad; es decir entre los
emperadores romanos. El estadista romano Cicerón documentó también los derechos
legales de un individuo al interior de una unión entre personas del mismo sexo. No
obstante las uniones entre mujeres parecen haber sido menos comunes, pero sólo porque
las mujeres disfrutaban de menos libertad en sus actividades económicas y sociales.

Con el tiempo, Roma experimentó un camino similar al de Grecia entre la primera


República y el Imperio y la actitud negativa hacia las uniones entre personas del mismo
sexo y la sexualidad no procreativa aumentó con la aparición del cristianismo. En el siglo
IV, la ansiedad generalizada hacia las uniones del mismo sexo alcanza su mayor
expresión cuando el Estado aprueba una ley que impuso un castigo a cualquier persona
que registrara un matrimonio con una persona del mismo sexo.

Uniones del mismo sexo en otros tiempos y lugares

La actitud de las religiones orientales hacia la homosexualidad ha sido variada, a pesar de


que con frecuencia fue mucho más neutral a este respecto que sus contrapartes
occidentales. Menos específicos en relación a las uniones entre personas del mismo sexo,
muchos de los textos hacen una declaración en cuanto a su posición respecto a la conducta
homosexual.

Los textos sagrados de la tradición hindú, los Vedas, no restringían la homosexualidad;


sino más bien la conceptualizaban como una perversión. Relaciones entre diferentes razas
fueron considerablemente más ofensivas en la tradición temprana. El Budismo japonés
registraba una actitud más tolerante hacia la homosexualidad, en esencia, la elogiaba por
su misterio. Hoy en día, no existen limitaciones religiosas o políticas sobre el
comportamiento homosexual en Japón; la sexualidad sigue siendo un asunto privado y
consentido entre adultos; aunque tampoco existe aún un reconocimiento legal de las
uniones homosexuales.
El Confucianismo enfatizó enérgicamente la importancia de la familia y el linaje, pero no
castigaba la homosexualidad tan severamente como el adulterio. «Siempre y cuando uno
cumpliera con sus obligaciones familiares y sociales. Así el Confucianismo no le otorgó
un reproche especial al comportamiento homosexual. Por el contrario, en ocasiones se
consideraban dotes o contratos, tanto para las mujeres, como para los hombres
homosexuales. Aunque las fuentes históricas tradicionales en China tienden a no tomar
en cuenta las prácticas que se apartaban de las formas sociales usuales, algunos
investigadores han encontrado pruebas de una homosexualidad masculina
institucionalizada a través de uniones y compañerismo en cuentos y obras teatrales que
parecen representativos de una subcultura sexual más amplia.

La Conquista y Colonización europea ofrecen algunos de los mejores conocimientos para


las prácticas maritales y sexuales de los pueblos indígenas de todo el mundo. Ejemplos
de prácticas entre personas del mismo sexo, incluyendo uniones transgeneracionales, han
surgido desde Nueva Guinea hasta la Polinesia (y también frecuentes en el Japón feudal).
Los más numerosos relatos, se refieren a los encuentros europeos con personas
transexuales en los pueblos indígenas, tanto en América del Norte, como en América del
Sur.

El Berdache, originalmente un término despectivo, describe a transexuales como


“pueblos de doble espíritu» predominante en la mayoría de las tribus de Norte América.
Estas personas, tanto hombres como mujeres, asumieron características y roles del género
opuesto y vivieron esos roles dentro de sus comunidades. Estas relaciones fueron
fácilmente percibidas como «homosexuales» por los observadores externos; aunque es
evidente que los lineamientos occidentales de la heterosexualidad y la homosexualidad
no comprendían lo que sucedía dentro de estas sociedades tradicionales. Estos
matrimonios del mismo sexo, tuvieron el reconocimiento cultural y legal de igualdad
dentro de estas comunidades y ofrecían ventajas especiales para las parejas, sobre todo
para las mujeres berdache.

Similares formas Berdache y matrimonios del mismo sexo también se encuentran entre
las culturas de África; que incluían, además, una disposición conocida como «maridos
femeninos». A menudo estériles, estas mujeres asumían los roles culturales de los
hombres, que incluían tener los mismos derechos que los hombres, por ejemplo los daños
y perjuicios si su esposa tenía, sin su consentimiento, relaciones fuera de su unión. La
tradición Berdache del matrimonio entre personas del mismo sexo, en sus diferentes
formas, se encuentra también documentada en Asia. Por ejemplo los Eunucos en China o
las Hijras en la India.

Cristianismo, Tolerancia Social y Homosexualidad en el Occidente Pre-Moderno

El surgimiento del cristianismo y el dominio de la Iglesia en Europa Medieval fueron en


gran medida perjudiciales para las relaciones entre personas del mismo sexo. Existe
evidencia de que las relaciones entre estas personas disfrutaban de relativa libertad
durante la Alta Edad Media. La ley secular europea fijaba sólo algunas limitaciones al
comportamiento entre personas del mismo sexo, e incluso existe evidencia en la literatura
sobre la permisividad entre los clérigos hacia la homosexualidad, especialmente dentro
del propio clero.
En la práctica, la iglesia parecía ser tolerante con las uniones entre personas del mismo
sexo y determinó algunas disposiciones para las ceremonias que conmemoraban la
hermandad entre compañeros. Por otro lado, la iglesia parecía obligada a criticar las
uniones no reproductivas; así mismo se evidencian problemas en la traducción e
interpretación de los documentos y las ceremonias en la Alta Edad Media.

Fue en el siglo XIII, sin embargo, que las primeras leyes contra la sodomía emergieron y
comenzaron a ser aplicadas. Durante los siguientes siglos en Occidente, todo tipo de
comportamiento considerado anormal o artificial comenzó a ser condenado, causando un
cambio con respecto a la creencia anterior de que las uniones del mismo sexo eran sólo
«problemáticas», y se comenzó a considerar las uniones homosexuales como una grave
amenaza para la sociedad y, al igual que los herejes, brujas, y judíos, los que practicaban
estas uniones comenzaron a ser rechazados violentamente. Por otra parte, ya en el siglo
XIX, la heterosexualidad pasó a ser entendida como la orientación sexual “normal”. Las
desviaciones de la norma pasaron a ser concebidas como enfermedades que, de no
tratarse, debían erradicarse. Como resultado, el matrimonio entre personas del mismo
sexo fue prohibido, en gran medida, en todo Occidente. Mientras tanto, los misioneros de
las iglesias occidentales, eliminaban, a la fuerza, las prácticas indígenas. El máximo de la
represión llegó durante el régimen nazi, donde los homosexuales figuraron entre las
muchas víctimas clasificadas como de una “raza inferior”

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Bibliografía

http://ciudadaniasx.org/uniones-del-mismo-sexo-a-traves-de-los-tiempos-la-historia-del-
matrimonio-gay/

https://pirhua.udep.edu.pe/bitstream/handle/11042/2359/DER_049.pdf?sequence=1
http://ciudadaniasx.org/uniones-del-mismo-sexo-a-traves-de-los-tiempos-la-historia-del-
matrimonio-gay/

https://pirhua.udep.edu.pe/bitstream/handle/11042/2359/DER_049.pdf?sequence=1