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LOS TESTAMENTOS

DE VÍCTOR NEGRETE BARRERA

Montería, julio 2017

De izquierda a derecha Rafael Negrete, padre; Sara


Barrera, madre; Camilo Negrete, hijo; Tania Negrete,
hija; Giomar Guerra, esposa; Víctor Negrete, autor,
en los 15 años de Tania. 1 febrero 1986

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Víctor Manuel Negrete Barrera

Investigador social y periodista nacido en Montería, Colombia. Con la dirección de


Orlando Fals Borda iniciaron la elaboración y aplicación de la metodología y concepción
del proceso conocido con el nombre de Investigación Acción Participativa a partir del
trabajo adelantado con campesinos en lucha por la tierra en los departamentos de
Córdoba y Sucre durante el periodo 1972-1975.

Desde entonces ha continuado hasta el presente. Es autor de numerosos libros, revistas,


cartillas, videos. Publica artículos y documentos en periódicos locales y nacionales y en
semanarios virtuales. Es fundador de la Academia de Historia de Córdoba, la Fundación
del Sinú y el Centro de Estudios Sociales y Políticos de la Universidad del Sinú en Montería.
Dirigió la Dirección de Acuerdos de la Verdad del Centro Nacional de Memoria Histórica
en Córdoba.

Sus trabajos están relacionados con el conflicto social y armado, humedales, historia local
y regional, familias, grupos políticos, desarrollo rural, cultura y medio ambiente,
producidos con participación de grupos, organizaciones y alianzas de pensamiento y
acción afines. El área de trabajo es la región Urabá-Caribe conformada por los
departamentos de Córdoba, Sucre y las zonas del bajo Cauca, Urabá antioqueño, bajo
Atrato y sur de Bolívar.

En el transcurso del trabajo realizado ha pasado por momentos difíciles que lo


estimularon a pensar y reflexionar sobre la muerte, por estas razones escribió lo que
llama ‘los testamentos’

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Tania y Camilo

Hijos míos, sé que ustedes ya comprenden lo inevitable que es la muerte: suele venir
cuando menos se espera o en el momento preciso y añorado. Yo, de un tiempo para acá,
tal vez por mi trabajo y el deseo inmenso de servirle a este pueblo mío, he sentido a mí
alrededor la inquietud de las alas de la muerte estropeando el polen de la vida que llevo
en todo el cuerpo. Y me he entristecido muchas veces en silencio pensando en ustedes y
en mis viejos. Por mi no me preocupo, ustedes y otros continuarán mi labor. De eso estoy
seguro. Pero de todas maneras lo que siento por ustedes es demasiado grande y tengo
necesidad de decírselos otra vez para tranquilizarme un poco.

Nosotros, los tres nos entendemos bien. Sé que el vacío que mami dejó en ustedes no he
logrado llenarlo del todo pero me siento satisfecho, de lo que juntos hemos hecho. Por
favor no olviden nada cuanto les hice y les dije, ni derrumben los sueños que levantamos
en todos los momentos y en todas las actitudes porque en todas ellas fuimos
conociéndonos y entendiéndonos. Por esto les pido que no se separen ahora,
consérvense juntos otro tiempo, lo más que puedan, pero eso sí, nunca dejen de
ayudarse.

Mi recuerdo debe servirles para que sean mejores en el estudio y en el trabajo. No


abandonen el estudio; perfecciónense cada día que pasa sin desmayos ni desalientos; no
permitan que las dificultades les destrocen los propósitos ni las ansias de triunfo. Yo los
estaré viendo desde algún lugar y sentirán mi alegría en sus alegrías y mi dolor en sus
dolores.

Pórtense bien, sean sencillos, juiciosos y amables, amen la vida, admiren las cosas bellas
y sencillas en las canciones, las poesías y los cuentos encontrarán mis tristezas, mis

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preocupaciones y mis esperanzas con ustedes. A propósito: no olviden cepillarse los
dientes, bañarse bien, comer bastante, ser ordenados y estar dispuestos siempre a seguir
adelante.

Hay algo que me anima: la confianza en que ustedes no me fallarán. ¿De acuerdo?

Tania y Camilo, hijos míos, los besos siempre.

Papi

Montería, 4 de noviembre de 1981, a las 6 de la tarde, la hora de la inmensa tristeza.

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Tania y Camilo

Hace algunos años les escribí una especie de testamento porque sentí la cercanía de la
muerte. Hoy otra vez siento la misma sensación y de nuevo les escribo.

Afronten este hecho con decisión y mucho realismo y más bien traten de recordar los
tiempos buenos que vivimos juntos. ¿Cierto que fueron agradables? La experiencia de
ser mamá y papá durante algunos años me sensibilizó y me hizo profundamente humano.
Gracias a ti Tania pude entender mejor a las mujeres y gracias a Camilo supe que la
tristeza es una mirada de niño que contempla el mundo con ternura.

Hasta ahora no me han fallado en nada y quiero que así continúen: tratando de ser los
mejores, de servir a la sociedad y de dejar algún recuerdo bueno para el futuro.

Le he pedido a Giomar y algunos amigos que les ayuden a terminar sus estudios. Y estoy
seguro que lo harán pero ustedes no pueden quedar mal con ellos ni conmigo.

Así que aprovechen. Cuando se sientan desfallecer, en la literatura, en la poesía, en mi


ejemplo y en mis notas podrán conseguir algún aliento. Desfallecer es humano, continuar
el camino es mucho más humano todavía.

Ayúdense siempre y ayuden a los demás.

No se sientan solos, hablen conmigo en la intimidad de sus corazones. Tengan la plena


seguridad que los escucho y les responderé, no importa la hora.

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Disculpen mis rabias y las incomprensiones que a veces tuve con ustedes.

Los quiere siempre. Traten de darles ánimo a los viejos.

Papi

Montería, 14 de noviembre de 1988

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Mamá y Papá

Yo sé que mientras más viejos son los corazones, más sufren en los momentos de dolor.
Pero ahora quiero pedirles que no sufran tanto por esta partida. Y saben ¿por qué?
Porque quise a mi pueblo, a mi departamento, como muy pocos lo han querido: sin
intereses de ninguna especie, buscando siempre lo más grande para mi gente, con
grandeza y con visión del futuro. Y si en algo contribuí a través de mis investigaciones, de
mis libros y revistas, de la prensa, los videos, las charlas, los concursos y, en fin, con todo
cuanto hice, fue gracias a ustedes: a tu honradez papá, a tu gran amor por cada uno de
nosotros y a tu preocupación e inmensa comprensión mamá. Sin estas cualidades que
siempre he observado en ustedes, jamás hubiera sido un hombre como el que fui. Y no
me arrepiento de veras. Les dejo, como algo que es de ustedes, todo cuanto hice, dije o
escribí. Mi ejemplo de algo ha de servir en estas horas aciagas, que no se ve ni el camino
ni la luz. Yo como ustedes, sé que el camino y la luz existen. Y todos juntos, identificados
plenamente, tenemos que encontrarlo tarde o temprano. Entonces viejos míos gracias
por enseñarme a ver, sentir y querer la vida, mi vida, que la siento tan valiosa en el sentido
más humano posible: siempre dispuesta al servicio de mi gente.

Les pido sosiego. Si las cosas mejoran procuren sonreír y si empeoran todavía más
cuéntenmelo para ver qué puedo hacer junto con tantos hombres y mujeres, grandes y
comunes y corrientes, que también han caído por querer la paz y la grandeza.

Besos y muchos abrazos.

Víctor

Montería, noviembre 14 de 1988

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Giomar

Bien sabes que nunca sobra hablar de la muerte. Sobre todo en las circunstancias que
vivimos. ¡Todo es tan frágil! La vida es como una envoltura de papel silueta, con el que
hacíamos barriletes, que todos, por su delicadeza, pueden dañar irremediablemente. Así,
estamos a la voluntad de muchísimas manos y mentes.

Quiero agradecerte todo cuanto has hecho por mí, por mis hijos y por los míos. En
realidad no sé cómo decirte todo lo que siento por tu bondad y tu comprensión.

Como amiga, como amante, como esposa y compañera de sueños e ilusiones eres
incomparable. Muchas veces pienso, que yo, preocupado porque mi gente sea mejor en
todos los sentidos, te fui haciendo participe de este sueño que parece imposible de
realizar porque hay otros que se empeñan obstinadamente en destruir sin ningún
remordimiento. Y por este motivo gozaste y sufriste junto conmigo en las distintas
ocasiones en que hubo necesidad de celebrar y llorar.

Tal vez es poco tiempo lo que hemos vivido juntos pero es suficiente para entenderte y
quererte como estoy tratando de hacerlo porque bien lo mereces.

Te quiero mucho, a mi manera tú lo sabes. Y trataré de hacerlo mejor cada día que la vida
lo permita.

Creo que no dejaré de quererte y siempre estaré en deuda contigo.

¿Habrá olvido después de la muerte? Espero que no para recordarte siempre.

Víctor

Montería, 14 de noviembre de 1988

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Mono Galeano

José Galeano, julio de 2017

¿Qué te puedo decir? ¿Qué llegó el momento que muchas veces vislumbramos en
nuestras sesiones de la vida? ¿Recuerdas que siempre hablábamos de poesía, de mujeres
y de muerte? Es decir, de la vida en una sola palabra: tensa, vibrante, a veces nostálgica
y apesadumbrada pero siempre palpitante.

La Fundación del Caribe primero y luego la Fundación del Sinú con todo lo que significa,
fue y debe seguir siendo una muestra de la vida que queremos. La filosofía que nos ha
guiado debe seguir, mejorándola cada vez más.

Hoy, sin saber quiénes ni por qué, acaban con mi vida. ¡Absurdo pero terriblemente
cierto! ¿Acaso nuestra falta fue querer a este departamento, a nuestra tierra, a nuestra
gente?

¿Y por esto se debe matar? Siempre hemos querido un departamento próspero,


desarrollado, optimista, bueno y noble. Desafortunadamente la pobreza es tanta y la falta
de confianza es tan abrumadora que pasarán muchos años para que empecemos a palpar
que nuestros deseos se convertirán en hermosa realidad.

Pero hay que seguir. El hombre cordobés del futuro, el que ya hemos imaginado y por el
que estamos hablando, escribiendo y haciendo se alzará sobre la desesperanza y será
capaz de crear una tierra noble y una gente sana, inteligente y progresista.

En todas mis charlas a los niños, los jóvenes, los adultos y los viejos siempre les dije que
si queríamos podíamos volver realidad los sueños de esta nueva estirpe.

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Muchos no creyeron. Otros comparten estas ideas y tratan de sembrarla donde pueden.
A veces sucedió que los viejos fueron los más entusiastas; pero confío mucho más en las
mujeres por razones que he repetido muchas veces.

Hasta ahora hemos hecho historia y la generación presente y las venideras tendrán
materiales y ejemplos para juzgarnos.

Salvo algunos hombres y mujeres, limpios de mente y de corazón, ninguno más puede
juzgar imparcial y con toda justicia el trabajo que durante varios años llevamos a cabo de
manera incansable y optimista. A pesar de tantas adversidades pudimos demostrar que
las investigaciones y las iniciativas eran posibles en comarcas como las nuestras. Pienso
que hemos sido un ejemplo, difícilmente igualado o superado por otros.

Lo triste es que estos ejemplos que tienden a la grandeza se les trate de acabar con la
violencia ruin y la sevicia infame. ¡Son tan absurdas las cosas a veces! Mono, que las
sesiones de la vida y el espíritu creador que nos impulsa, continúen para bien de nuestra
tierra.

Víctor

Montería, 14 de noviembre de 1988

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Tania y Camilo

Tal vez este sea el último testamento que les escriba, ya van dos, ¿recuerdan? Ahorita
mismo los veo en las fotografías que tengo en el estudio, como esta donde ambos
muestran tu diploma Tania. Me gusta mucho verlos unidos y contentos en estas y otras
fotos que guardo de ustedes. En esta, por ejemplo, me encanta tu alegría Tania por el
título logrado, acompañado por la risa traviesa y querendona de Camilo. Quiero una, y
ojalá podamos hacerla, donde estemos los tres abrazados y riéndonos. Lástima no
haberla hecho antes. Pero bueno, ahora me interesa decirles tres cosas… después,
cuando ya no nos veamos más, me las ingeniaré, con la ayuda de ustedes por supuesto,
para seguir conversando y animándonos a cada momento.

Desde hace varios años, en mis vigilias y sueños, deseo volver atrás el tiempo, hasta sus
infancias y adolescencias, para quererlos más en todos los sentidos; hacerles sentir mi
afecto y mis sentimientos plenos sin trabas de ninguna clase; corregir mis errores, las
limitaciones e incomprensiones que tuve; abrazarlos y besarlos más a menudo y disfrutar
de todo cuanto representan para mí. Pienso que pude quererlos más, mucho más.
Discúlpenme por mi formación y creencias de esos años. Espero las tengan en cuenta con
sus hijos y mis nietos.

Quiero, y no me pueden fallar en ningún momento, que cada día se preparen más, sean
mejores, honestos, humildes, solidarios y sirvan siempre a quien lo necesita o solicite de
verdad. En ustedes no puede existir ninguna brecha… sean uno solo: apóyense,
compréndanse y quiéranse siempre. ¡Que nunca, nada ni nadie los separe! No pierdan la

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relación con la familia, los amigos, los paisanos, los muertos y la tierra… vengan a
regocijarse con ellos y a charlar sobre lo poco que hice y lo muchísimo que dejé de hacer.

Esto último es una idea que no quiero se sientan obligados. Las circunstancias dirán,
llegado el momento, si es posible o no, sobre todo porque no dependerá solo de ustedes.
¿Recuerdan el deseo del viejo Negrete de tener sus restos en un mismo nicho junto con
los de sus hermanos y mamá? ¿Podrá suceder esto mismo con nosotros?

Para terminar: esta mañana me llamaste Tania y ahora en la tarde acaba de hacerlo
Camilo: brindándome apoyo, dándome ánimo, ofreciéndome lo que son y lo que tienen.
Esto hace que los quiera más y trataré de enfrentar las adversidades hasta donde pueda
para no causarles nuevas penas.

Los quiero siempre,

Papi

Montería, 5 de junio de 2003, 4:02 de la tarde

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¿Qué quiero cuando muera?

Celebración de año nuevo 2017. En compañía de hijos, nietos y otros familiares

Hace algunos años conversaba con mi hija acerca de las personas que dan a conocer
indicaciones precisas a familiares y amigos sobre qué hacer con el cuerpo y los recuerdos
que quedan después de la muerte.

Hablábamos de esto por la decisión de Manuel Zapata Olivella, el conocido escritor de


Lorica, de pedir que cremaran su cuerpo y esparcieran sus cenizas en el río Sinú. De esta
manera, pensó él, ya convertida en polvo su carne, su espíritu regresaría al lugar de sus
ancestros africanos.

Un ritual muy hermoso, dijo mi hija. Y sin pensarlo, como si fuera lo más natural del
mundo me preguntó y tú ¿qué quieres que hagamos cuando mueras? No sé, no lo he
pensado todavía, le dije un poco sorprendido. Y para no especular, en vista de mi
incertidumbre decidimos darnos un tiempo prudente para meditarlo. Veintiún días
después de esa conversación ya tenía claro lo que quiero que hagan con mi cuerpo y mis
recuerdos. Espero no causarles molestias por esta presunción mía.

Durante mi velación quiero escuchar, ojalá no sea la última vez, la voz de mis amigos y
familiares. Debe ser una charla amena y sincera, salpicada con anécdotas y bromas donde
hablemos, yo con mi voz muda por supuesto, de lo que hicimos en vida, la concepción
que nos animó, las ilusiones que perseguimos, las dificultades y retos que siempre
enfrentamos, el apoyo de las comunidades, el desinterés de los apáticos y las enseñanzas
que deben perdurar para bien de todos.

Confesemos que hemos vivido, amado y luchado… manifestemos nuestro amor por la
vida, las mujeres, la poesía, los hijos, los nietos y familias…y no olvidemos los pueblos

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abandonados, los adolescentes y jóvenes sin porvenir, el sufrimiento de las víctimas, el
sacrificio de las madres solas, las fuentes de agua desaparecidas, la música que encanta
y los pájaros que cantan. En esta despedida no deben faltar creencias y cánticos,
acompañados de santos y santas que los pobres de la tierra han creado para su propia
satisfacción, reparación y recompensa por todo lo padecido injustamente sin importarles
la pobreza, la fatalidad ni la violencia.

Si es posible y me gustaría mucho, deseo que mi sepelio sea en el viejo cementerio de la


calle 29 de Montería, cerca del lugar donde nací y donde están los restos de mi abuela
paterna, padres, tíos paternos y mi hermana Gloria. Este sitio lo conozco muy bien
porque lo recorrí muchas veces durante mi infancia y adolescencia, sería ideal para seguir
creando y compartiendo preocupaciones y propuestas que me comentarán familiares y
amigos cuando me mencionen en algún comentario o pensamiento o me visiten en la
tumba que compartiré con mi gente.

Al día siguiente, a la hora que ustedes quieran o puedan, depositen en las aguas de los
ríos Sinú, San Jorge o cualquier otra corriente, balsas pequeñas, repletas de flores
autóctonas, con una bandera azul anunciando que los espíritus de los defensores de las
fuentes de agua están eufóricos por el reencuentro con los ríos y humedales amados más
allá de la vida y el tiempo.

Permítanme explicarles un poco más. Las balsas deben ser aproximadamente de un


metro de largo por sesenta centímetros de ancho con barandillas o bordes de quince
centímetros para que las flores no caigan al agua. Las flores pueden ser bonche,
astromelias, corales, jazmín, azahar de la india, flor de amor, tacana, anturio cienaguero
o las de los árboles camajón, matarratón, bonga, polvillo, cañaguate o guásimo. La
bandera azul debe tener este mensaje con letras blancas: “Cuida las fuentes de agua,
todos los seres vivos y la tierra las necesitamos ahora y siempre”. Los sitios seleccionados
para este homenaje póstumo deben ser escogidos por ustedes.

Lo pueden hacer una o varias personas. En la balsa depositen las flores en silencio,
musiten una plegaria, un deseo, una canción, un adiós o hasta luego. No importa si una
lágrima furtiva les delata algún sentimiento conmovido.

Les confieso algo muy íntimo que no quiero callar aunque suene pretencioso. Si en cada
aniversario de mi muerte y de otros defensores del agua pudiese hacerse algo semejante
en ríos, ciénagas, quebradas, caños, pantanos y humedales en cualquier lugar, la
contribución que haríamos a la protección de nuestras fuentes de agua sería importante.
Es obvio que los mensajes de las banderas cambiarían de acuerdo con la situación de
cada sitio.

Yo, que hasta ahora he recorrido la mayor parte de los ríos Sinú y San Jorge y las ciénagas
Grandes del bajo Sinú y Ayapel, guardo la esperanza de hacer lo mismo con los ríos
cercanos al Nudo de Paramillo, el Caño Carate, la quebrada de Uré y otros que ejercen

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sobre mí un encantamiento especial. Si no puedo hacerlo o no me alcanza el tiempo, mi
espíritu se encargará de navegar sobre las balsas con flores y banderas que construirán y
echarán a andar los amigos y defensores del agua acompañados con sus sueños que le
darán la fe y la esperanza suficientes para seguir haciéndolo todas las veces que sea
necesario.

Montería, 19 de diciembre de 2004, 3:00 de la tarde

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