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Universidad Mariano Gálvez de Guatemala

Carrera: Psicología Industrial/Organizacional


Extensión Escuintla
Ciclo: Sexto
Curso: Introducción a la Psicología forense
Doctor: Luis Fernando Zenteno Archila

VICTIMOLOGÍA

Juan Carlos Azurdia Mendoza


9923-17-22245
Índice

INTRODUCCION..................................................................................................................................3

VICTIMOLOGÍA COMO CIENCIA.............................................................................4


ESTUDIO DE LAS VICTIMAS...................................................................................4
CLASIFICACION DE LAS VICTIMAS.......................................................................5
PRIMEROS VICTIMÓLOGOS. (VICTIMOLOGÍA PENAL Y VICTIMOLOGÍA
GENERAL).................................................................................................................6
LA VULNERABILIDAD DEL PRIVADO DE LIBERTAD Y LA POSICIÓN DE
GARANTE DEL ESTADO..........................................................................................7
INTRODUCCION

La victimología es una ciencia joven, sobre sobre la que se asientan los


pilares de un nuevo sistema de justicia, capaz de reordenar y equilibrar
el orden social. Va afianzándose como un nuevo campo de investigación
científico que se encarga del estudio de las víctimas en general,
impulsando durante los últimos años un proceso de revisión científica
del rol de la víctima en el suceso criminal, una redefinición del mismo a
la luz de los conocimientos empíricos, el protagonismo, neutralización y
redescubrimiento, son lemas que nos reflejan su desarrollo.
En conclusión, a grandes rasgos podríamos considerar al delito cómo una
interacción física/conductual, observable y multivariable, que para su comisión
necesita de la “pareja delictual o criminal” compuesta por las acciones y omisiones
tanto del agresor o victimario, como de la víctima en cuestión.
Victimología como Ciencia
La Victimología es el estudio de las causas por las que determinadas
personas son víctimas de un delito y de cómo el estilo de vida conlleva
una mayor o menor probabilidad de que una determinada persona sea
víctima del mismo. Indaga en las razones por las cuales alguien puede
ser víctima de un delito, un accidente de tránsito, un desastre natural o
el abuso de poder. Aborda su personalidad y sus características
biológicas, psicológicas, morales, sociales y culturales, como así también
las conductas en su estilo de vida que podrían favorecer este rol.

Para el estudio de la víctima individualmente o del conjunto de las


víctimas se vale de otras ciencias y disciplinas tales como la sociología,
la psicología, el derecho penal y la criminología.

Si bien el concepto de víctima es tan antiguo como el crimen mismo, su


significación fue cambiando con las épocas.

En el Derecho Romano, la víctima perseguía al ofensor a través de la


querella. Con los años, estos ajustes de cuentas entre particulares
pasaron a manos del Estado, que monopolizó la pena. Esto condujo a
que el Derecho Penal moderno en ocasiones se olvidara del rol de la
víctima. De hecho, las disciplinas que estudiaban los delitos se
centraban en el rol del delincuente (criminología). Como respuesta
necesaria frente a esta omisión nació la victimología, una rama de la
criminología, primero, y una disciplina independiente, después.

Quienes pusieron de relieve en la década de 1940 el rol de las personas


como víctimas de un delito fueron Hans Von Henting y Benjamin
Mendelson, quienes definieron a la víctima como un sujeto capaz de
influir significativamente en el hecho delictivo, su estructura, su
dinámica y su prevención.

ETIMOLOGIA
Desde el punto de vista etimológico proviene de los vocablos "Victima"
de origen latino y "Logos" de raíz griega, lo que significa "ciencia o
estudio de la víctima"

ESTUDIO DE LAS VICTIMAS


El estudio de las víctimas es multidisciplinar y no se refiere sólo a las
víctimas de un delito, sino también a las que lo son por consecuencia de
accidentes (tráfico), desastres naturales, crímenes de guerra y abuso de
poder. Los profesionales relacionados con la victimología pueden ser
científicos, operadores jurídicos, sociales o políticos.

El estudio de las víctimas puede realizarse desde la perspectiva de una


víctima en particular o desde un punto de vista epistemológico
analizando las causas por las que grupos de individuos son más o menos
susceptibles de resultar afectadas y no se limita sólo a la víctima, por lo
que deben analizarse tres niveles:

El primero se denomina individual, cuyo objeto de estudio es la víctima,


su personalidad y características. El segundo nivel es el conductual, en
el cual, se estudia la conducta aislada de la víctima con relación a la
conducta criminal. Finalmente está el tercer nivel, denominado general,
en el que debe estudiarse el fenómeno victimal, como suma de víctimas
y victimizaciones.

A partir de la década de los ochentas del siglo XX, y como consecuencia


de los Simposios Mundiales de Victimología, la naciente disciplina se
emancipa del mero énfasis penal, y empieza a abogar por los derechos
de las víctimas desde una perspectiva constitucional, lo que implica
poner más énfasis en eventos de macro victimización, es decir eventos
en los cuales se victimiza a grandes colectivos.

CLASIFICACION DE LAS VICTIMAS


La víctima puede ser:

A] Directa:

Quien padeció el episodio traumático.

B] Indirecta:

Quien no padeció el episodio traumático, pero por pertenecer a alguno


de los círculos sociales de la víctima directa- sufre las consecuencias.
Esta categoría podría explicarse con lo que se produce al arrojar una
piedra a un estanque. El efecto de ondas que genera el impacto replica
los círculos concéntricos que forman las relaciones personales. El primer
círculo estará formado por los familiares directos, los amigos cercanos o
la pareja; el segundo, por los compañeros de trabajo o de estudio; el
tercero, por vecinos; y así sucesivamente, hasta llegar a los miembros
de la comunidad como un todo.
Lo que le pasa a uno les pasa a todos. Esto también está vinculado a la
teoría sistémica e indica el hecho de que, si alguien es asaltado por un
ladrón, las causas sociales que llevaron a ese delincuente a robar les
concierne a todos, amén de que, si continúa libre, cualquier persona
pasará a ser una víctima potencial de un nuevo atraco.

De hecho, las personas que están en estrecho contacto con la víctima


también pueden llegar a experimentar en consecuencia trastornos
emocionales. Esto se denomina traumatización secundaria.

De victimización primaria, secundaria o terciaria:

A] En el caso de un delito, la victimización primaria es el perjuicio físico,


psicológico, económico o social que sufrió el sujeto pasivo.

B] La victimización secundaria implica la experiencia posterior de la


víctima en relación con el sistema policial y judicial. En ocasiones, esta
nueva experiencia puede llegar a resultar más traumática que la
victimización primaria. Sucede cuando las instituciones que deberían
brindarle asistencia, en cambio, no se hacen eco de la denuncia, le
hacen perder tiempo o dinero a la víctima o, incluso, la acusan, como
ocurre en casos de violación (‘provocación’) o robo (‘ostentación’).

C] La victimización terciaria la vive el delincuente por las circunstancias


que lo llevaron a cometer el delito, su paso por la cárcel y la vivencia
post penitenciaria. Primero sufre una marginación institucional
determinada por los grupos dominantes, luego experimenta el
hacinamiento y el mal trato en los centros penitenciarios, donde
sobreviven los ‘más fuertes’, y finalmente, choca con las dificultades de
su reinserción en una sociedad que no lo contiene.

PRIMEROS VICTIMÓLOGOS. (VICTIMOLOGÍA


PENAL Y VICTIMOLOGÍA GENERAL).
Atribuyen al campo de la victimología el delito desde un punto de vista
legal. Los conceptos claves son los de interacción víctima-victimario y
los de precipitación victimal. A esta corriente de victimología se le ha
considerado victimología penal, como contraposición a la victimología
general.
Von Hentig. Abogado penalista alemán. En 1941 publicó un artículo
titulado “Comentarios sobre la interacción entre el autor y la víctima”.
Su obra importante es la que escribió en 1948 titulado “El criminal y su
víctima”. Este manual es un manual criminológico en el que sólo dedica
un capítulo a la víctima. Fue el primero en tratar a la víctima como uno
de los participes del delito y a través de esta idea, hizo una clasificación
de la víctima desacuerdo a la naturaleza de su comportamiento en el
acto criminal. Se traduce del estudio de este autor que pensaba que la
investigación sobre el papel que juega la víctima podía tener como
consecuencia una mayor prevención del delito.

Mendelsohn. Abogado penalista. Este autor escribió en 1947 una


ponencia en un congreso celebrado en Budapest en el que acuñó el
término victimología. Puso su atención en el papel que jugaban las
víctimas en la precipitación de los delitos violentos, como por ejemplo, a
través de la provocación.

Shafer. En 1968 escribió un libreo titulado “La víctima y su criminal: un


estudio sobre la responsabilidad funcional”. En este libro presenta a la
victimología como un estudio independiente sobre las relaciones e
interacciones antes, durante y después del delito. Además, habla de la
obligación del autor de compensar o indemnizar a la víctima por los
daños sufridos por el delito.

Nagel. Criminólogo alemán. Escribió una serie de publicaciones que se


titulaban “Noción criminológica” en los años 60. Estaba interesado en las
relaciones existentes entre víctima y victimario, es decir, interrelación
victimológica, sobre todo después de la comisión del delito. Desde este
punto de vista opinaba que el sistema de justicia penal debía ayudar a
satisfacer las necesidades del delincuente de arrepentirse de su culpa y
las necesidades de la víctima de una retribución.

Fattah. Criminólogo canadiense, victimólogo y penalista. Escribió en


1971 un libro titulado “¿Es la victima culpable?”, en el que se plantea la
participación de la víctima en el delito. Este autor puede considerarse
como la primera generación moderna de victimólogos.
La vulnerabilidad del privado de libertad y la
posición de garante del Estado.
El derecho internacional de los derechos humanos considera que la privación de
la libertad por parte de un órgano del Estado es un momento sensible ante el cual
las autoridades deben estar alerta. La experiencia muestra que en los centros
penitenciarios o centros de detención se alcanza el más alto riesgo de encontrarse
ante prácticas de tortura, trato denigrante, golpizas e incluso la muerte de
personas recluidas.

Por ello, el proceso de privación de libertad cuenta con una serie de garantías y
mecanismos de protección contemplados en los principales tratados
internacionales de derechos humanos, cuyo objetivo es resguardar el derecho a la
vida y la integridad física y psíquica de los presos o detenidos. Los estándares
internacionales son claros respecto de la solución a la compleja tensión entre
asegurar la sanción penal y resguardar al privado de libertad de esa misma
persecución. Para ello apuntan en dos direcciones. Primero, impedir que para el
logro de sus objetivos penitenciarios y preventivos generales el Estado configure
actos de tortura física o psicológica, y segundo, recalcar que la persona privada de
libertad se encuentra en un estado de indefensión que el propio Estado debe
resguardar.

Los estándares de la Corte Interamericana de Justicia contemplan que el detenido


o privado de libertad se encuentra en las manos del Estado en una relación de
sujeción especial, que lo sitúa en una condición de vulnerabilidad que obliga al
Estado a brindarle protección hasta el 30 punto de convertirse en su garante.

Debemos recordar que durante mucho tiempo el paradigma fue muy distinto: se
consideraba que el detenido o privado de libertad no tenía derechos. Por ejemplo,
en la tradición europea continental la prisión era una zona de no derecho donde
regía la “relación de sujeción especial”, doctrina del derecho administrativo alemán
del siglo xix que permitía que en determinados ámbitos de la sociedad la
administración no se encontrara limitada por los derechos fundamentales. Se
pensaba que en estos ámbitos la disciplina y el orden eran valores superiores que
la administración debía mantener por sobre cualquier otro interés. En
consecuencia, el estatuto jurídico de los presos quedaba reducido a una forma
sencilla en la que éstos sólo eran titulares de obligaciones, y donde la regulación
penitenciaria se limitaba a órdenes de servicio o disposiciones dirigidas a resolver
cuestiones muy específicas.

Los principios del estado de vulnerabilidad del privado de libertad y de la posición


de garante del Estado desarrollados por el sistema internacional de los derechos
humanos modificaron esta lógica, otorgándole una nueva dimensión a la noción de
relación de sujeción especial. Y no para conceder espacios de discrecionalidad y
posibilidad de abusos a la administración, sino para incorporar un lenguaje de
derechos del condenado, de límites y resguardos que deben desarrollarse para
contener de forma razonable los riesgos que se materializan en la prisión, como
muertes, enfermedades, peleas, abusos de funcionarios, motines y huelgas de
hambre.

Bajo esta nueva mirada, todo lo que ocurre dentro de una prisión es
responsabilidad de las autoridades penitenciarias, que deben acostumbrarse a
rendir cuentas y a explicar a la comunidad las decisiones que toman o los
procedimientos que aplican, de forma de no dejar espacio a la negligencia, la
omisión o la intención directa de causar daño a los privados de libertad.

1.- Víctimas no Participantes (o Fungibles): también denominadas enteramente


inocentes o ideales. Su intervención no desencadena el acto criminal; la relación
entre el infractor y la víctima es irrelevante. A su vez, dentro de esta categoría se
distinguen entre víctimas accidentales e indiscriminadas. Las primeras son
sustituidas por el azar en el camino de los delincuentes, como es el caso, por
ejemplo, del cliente que se encuentra en un banco en el momento de consumarse
un asalto a mano armada, o de quien sufre un atropello derivado de la conducción
imprudente de una persona ebria. Las segundas integran un sector incluso más
amplio que el anterior, al no sustentar en ningún momento vínculo alguno con el
culpable. El ejemplo tradicional los constituyen los antentados terroristas, en los
que con frecuencia no existen motivos personales en contra los agraviados (daño
colateral).

2. Víctimas Participantes (o Infungibles): desempeñan cierto papel en el origen


del delito, interviniendo voluntariamente o no, en la dinámica criminal. Así sucede
en algunos casos de imprevisión de la víctima (cuando no cierra las vías de
acceso al hogar, deja a la vista un objeto valioso en el vehículo, camina a altas
horas de la noche por un barrio peligroso, etc.) Otras veces su intervención es
mas decisiva, provocando el suceso, que surge como represalia o venganza
contra su actuación. Asimismo, se habla de las víctimas alternativas, en alusión a
aquellas que se sitúan voluntariamente en posición de serlo, dependiendo del azar
su condición de víctima o de victimario (como sucede en algún duelo o pelea).
Finalmente, la mayor contribución se produce en el supuesto de las víctimas
voluntarias, que instigan el delito o lo pactan libremente (eutanasia, homicidio,
suicidio…).

3. Víctimas Familiares: pertenecen al núcleo familiar del infractor, y se


encuentran en una situación de especial vulnerabilidad por su relación
convivencial o doméstica con aquél (lo que a su vez explica la amplia “cifra negra”
de los delitos producidos en este entorno). Los malos tratos y las agresiones
sexuales en el hogar tienen principalmente como objeto pasivo a los miembros
más débiles: las mujeres y los niños.

4. Víctimas Colectivas: en delitos que lesionan o ponen en peligro determinados


bienes cuya titularidad no corresponde a una persona natural, sino a una persona
jurídica, a la comunidad o al estado: delitos financieros, fraudes al consumidor,
delitos informáticos, y otras defraudaciones de lo que suele denominarse
delincuencia de cuello blanco. En todas estas infracciones destaca la
despersonalización, colectivización y anonimato respecto a las relaciones entre
delincuente y ofendido.

5. Víctimas Especialmente Vulnerables: aquellos sujetos que por diversos


motivos ofrecen una predisposición victimógena especifica. Entre esas
circunstancias se encuentra la edad, ya que a los niños y ancianos les suele
resultar más difícil ofrecer una resistencia eficaz. También el estado físico o
psíquico del sujeto, debido a la mayor debilidad provocada por ciertas
enfermedades y minusvalías; la raza, que motiva victimización de algunas
minorías; y el sexo, siendo generalmente mujer la víctima de ciertos delitos
producidos en el entorno familiar, laboral, etc. La homosexualidad se encuentra en
la base de algunas infracciones (chantajes, agresiones físicas…). Asimismo
existen factores sociales que proporcionan esa mayor victimización: la
desahogada posición económica, el estilo de vida, la ubicación de la vivienda, el
trato con grupos marginales, etc., amen del riesgo inherente al ejercicio de
algunas profesiones (policías, vigilantes, taxistas, empleados de entidades
bancarias, farmacéuticos…), y particularmente el ejercicio de la prostitución.

6. Víctimas simbólicas: algunas personas sufren actos dirigidos a menoscabar


un determinado sistema de valores, partido político, ideología, secta o familia, a
los que pertenece el agraviado, siendo un elemento representativo de los mismos;
los asesinatos de Martin Luther King o Aldo Moro suelen ser citados como
ejemplos.

7. Falsas víctimas: denuncian en delito que en realidad no ha existido, ofreciendo


una doble modalidad: simuladoras, que actúan conscientemente poniendo en
marcha el proceso con el fin de provocar un error judicial; e, imaginarias, que
creen erróneamente (por causas psicológicas, o por inmadurez psíquica) haber
sufrido un acto criminal.

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