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La ética es la doctrina sobre la moral, la moralidad; el sistema

de normas y reglas de conducta de los hombres en su relación con


la sociedad y entre sí; una de las formas de la conciencia social.
La ética es la evaluación de la moral, los comportamientos y las
costumbres de acuerdo a parámetros sociales, religiosos, incluso
culturales.
La historia de las doctrinas éticas forma parte integrante de la
historia de la sociedad, de la lucha de clases, de la sucesión de las
diversas formaciones sociales. Los conceptos éticos de los esclavos
y de sus amos, de los siervos y de los feudales, de los obreros y de
los capitalistas, revelan un carácter opuesto. En la sociedad
esclavista, las cuestiones relativas a la ética fueron analizadas por
materialistas como Demócrito, Epicuro, en su lucha contra los
idealistas Sócrates, Platón, &c. Oponiéndose a la moral religiosa,
Epicuro sostenía que el hombre aspira naturalmente al placer y que
en ello no hay nada reprobable. Pero demostraba también que los
placeres espirituales son superiores a los goces corporales.
En cuanto a Platón, desarrollaba una teoría reaccionaria,
aristocrática, por la cual, vinculaba la moral a un mundo de ideas
suprasensibles, y particularmente, a la idea del “bien”. Afirmaba que
la aristocracia posee, de nacimiento, una moral
superior. Aristóteles concedió, de igual modo, mucha importancia a
los problemas de la ética, especialmente a la virtud cívica. Afirmaba
que la virtud “intelectual” se adquiere por medio de la educación,
mientras que la virtud “volitiva” se obtiene por el hábito. En sus
doctrinas éticas, los filósofos antiguos, ya fueran materialistas o
idealistas, justificaban la esclavitud y concebían la moral como
idealistas, como si fuera un conjunto de verdades eternas aplicables
en todas las circunstancias.
Las doctrinas éticas religiosas adquirieron particular difusión en
la sociedad feudal (Tomás de Aquino, ver, &c.). Esas doctrinas
atribuían a la existencia humana, como fin supremo, el amor a Dios,
la sumisión absoluta a las autoridades de la Iglesia, la felicidad “en el
otro mundo” mediante un renunciamiento ascético a todos los goces
terrenales. Esas doctrinas justificaban el orden feudal y eran hostiles
a las masas trabajadoras, campesinos, pobres de las ciudades,
cuyos representantes (Tomás Müntzer, &c.) exigían una vida feliz no
“en el otro mundo” sino aquí. Con el nacimiento de la sociedad
burguesa, se asistió a la aparición de doctrinas éticas progresistas,
antifeudales, creadas por la joven burguesía que censura la moral
ascética de la Edad Media y proclama el “egoísmo racional”
(Helvecio) según el cual, la conducta del hombre debe depender no
de la religión, sino de los intereses personales bien comprendidos.
Partiendo del hecho de que los hombres nacen iguales, la
teoría del “egoísmo racional” hacía la crítica de los privilegios
feudales, enunciaba el principio de “libertad, igualdad y fraternidad”,
lo que conducía en el fondo a reivindicar un régimen burgués
democrático.
Antigua Grecia
Desde el inicio de la reflexión filosófica ha estado presente la
consideración sobre la ética. Platón afronta la temática ética en
diversos lugares y desde contextos diferentes.
La Ética nicomáquea, seguramente el más importante tratado
de ética de Aristóteles, se basa en la premisa de que todo ser
humano busca la felicidad (ética eudemónica). Para Aristóteles todos
los seres naturales tienden a cumplir la función que les es propia y
están orientados a realizar completamente sus potencialidades. El
bien, que es lo mismo que la perfección de un ser o la realización de
las capacidades es cumplir su función propia, aquello solo él puede
realizar.
También los seres humanos están orientados a la realización
plena de la función que les es propia. El problema que se suscita,
entonces, es cuál es la función propia del hombre. Y si acaso hay
más de un bien propio del hombre, ¿cuál es el bien más alto y más
perfecto de los que puede alcanzar el ser humano?
Edad Media
Es un momento en el que la ética asume elementos de las
doctrinas clásicas de la felicidad y los une a la doctrina cristiana
(vista como Revelación divina), especialmente según la normativa
que recogen los mandamientos. El fin último del actuar humano es la
caridad, que se consigue al vivir desde el Evangelio, y que permite al
hombre acceder a la visión de Dios (en el cielo), donde el ser
humano alcanza su máxima plenitud y el bien supremo.
Edad Moderna
Los filósofos éticos modernos trabajan con la mirada puesta,
sobre todo, en el mundo antiguo (católicos, epicúreos, Platón,
Aristóteles), si bien con algunos elementos heredados de la
Escolástica medieval. Descartes tiene algunos elementos de ética en
su famoso Discurso del método.
Edad Contemporánea
La ética del siglo XX ha conocido aportes importantísimos por
parte de numerosos autores los vitalistas y existencialistas
desarrollan el sentido de la opción y de la responsabilidad. Max
Scheler elabora una fenomenología de los valores.