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Subcomandante Marcos.

La genial impostura
ERNESTO AGUILAR-ALVAREZ BAY | 15 JULIO 1998

Autor: BERTRAND DE LA GRANGE, MAITE RICO

Bertrand de la Grange y Maite Rico

El País-Aguilar. Madrid (1998). 472 págs. 2.900 ptas.

Bertrand de la Grange y Maite Rico sientan cátedra de periodismo con este análisis serio y escrupulosamente
documentado que descubre al hombre detrás del pasamontañas y, con él, al movimiento guerrillero que sacudió a
México y al mundo el primer día de 1994.

Los periodistas de El País y Le Monde realizan una certera radiografía de los principales actores del conflicto
chiapaneco que, con sus acciones o silencios, han enmarañado la situación hasta convertirla en lo que es hoy: una
herida abierta, sin visos de curación, que por momentos adquiere tintes de comedia y, en trágicos instantes, recobra su
carácter de lucha fratricida. El libro presenta una ventaja que lo permea de principio a fin: la extranjería de sus
escritores. No debe extrañarnos que sean un francés y una española quienes ofrezcan uno de los trabajos más
completos sobre el conflicto en Chiapas. Esa distancia de origen es, precisamente, lo que facilita la claridad en la visión
y la mesura en las opiniones.

Si a la carga sentimental del conflicto añadimos que tanto el gobierno como los zapatistas han optado por el
encubrimiento o la manipulación de la verdad como parte fundamental de sus respectivas estrategias, entenderemos
mejor que, hasta ahora, el desconcierto y la incredulidad dominen en la mayoría de los mexicanos. México ya no sabe a
quién creer y, si bien el libro no responde cabalmente a todas las preguntas que plantea en su prólogo, sí arranca las
máscaras a Rafael Guillén Vicente, alias Marcos. Esta es su mayor riqueza.

A raíz del movimiento armado, muchos mexicanos y no pocos extranjeros ansiosos de una causa hicieron suyo un
extraño grito de batalla: "Todos somos Marcos". De esta manera el hombre se convirtió en mito. Marcos se transformó
en el nuevo adalid de la justicia, en un personaje sin rostro en quien pudieran ocultarse las mil caras de todos los
"revolucionarios".

Cuanto más crecía el mito, más se perdía su identidad. El gobierno necesitaba encontrarla con urgencia y sólo incurría
en bochornosos palos de ciego. Sólo la traición de uno de los cabecillas de la rebelión permitió descubrir bajo el
pasamontañas el rostro desbarbado de Rafael Guillén. Mientras casi todos los periodistas se extraviaron en los
laberintos de la superficialidad, los corresponsales de Le Monde y El País pusieron plumas a la obra. Su meta:
descubrir al hombre detrás del pasamontañas, rastrear su pasado, analizar sus motivaciones, perfilar su personalidad.

El libro persigue -con orden, claridad y un impecable estilo- la pista que muchos eligieron pasar por alto: la búsqueda de
la verdad. Sin medias tintas, los autores lanzan una afirmación dramática: "La verdad fue la primera víctima de esta
guerra". En un ambiente lleno de conjeturas, sensacionalismo y marcados favoritismos, los autores emprendieron la
ardua tarea de distinguir entre realidad y ficción para presentar un retrato acabado del líder del Ejército Zapatista de
Liberación Nacional. El resultado no será del agrado de quienes eligieron a Marcos como nuevo paradigma de la lucha
libertaria. El caudillo favorito se nos presenta llanamente como Rafael Guillén: actor obsesionado por emular al Che
Guevara, filósofo cargado de ideología izquierdista, astuto guerrillero, talentoso escritor y, sobre todo, un fenomenal
estratega de la comunicación.

Este Marcos necesitaba un escenario -Chiapas-, muchos personajes secundarios -los indígenas chiapanecos- y un
argumento -la incapacidad del régimen para resolver las terribles desigualdades sociales-. La mercadotecnia corrió a
cargo de la prensa y el surrealismo mexicano proveyó la música de fondo. En esta colosal puesta en escena, Rafael
Guillén pronunció sus líneas con la seguridad que dan varias décadas de ensayos clandestinos y despertó
estruendosos aplausos.

Aplausos que con el tiempo han ido menguando, un poco por la aparente desaparición de Marcos, otro tanto porque
México no es un país afecto a recordar. Es este un capítulo difícil de la historia mexicana en el que aún quedan muchos
cabos sueltos. Pero, al menos, este libro ha despejado una de las incógnitas: ahora ya sabemos quién se escuda
detrás del mito.

Ernesto Aguilar-Alvarez Bay

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