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EL MERCADO GLOBAL DE VALORES

A mediados de la década de los noventa empieza a surgir un mercado global de valores,


debido a la ruptura de barreras regulatorias que separaban los mercados nacionales de
valores entre sí. Esto permitía a las compañías atraer capital de los inversionistas
internacionales, cotizar sus acciones en múltiples bolsas y recaudar fondos por medio
de la emisión de títulos de capital o deuda alrededor del mundo. Debido que el mercado
doméstico de capital para algunas empresas como Daimler-Benz o Deutsche Telekom
era muy pequeño como para aportar los fondos que se requerían a un costo razonable,
decidieron obtener capital en los mercados extranjeros.
Los mercados más grandes de este tipo se encuentran en Estados Unidos, Gran
Bretaña y Japón. Aunque cada uno de estos mercados domésticos sigue bajo el control
de inversionistas del país y compañías incorporadas también locales, la tendencia
apunta hacia la internacionalización del mercado mundial de valores. Hoy en día aún se
puede hablar, en términos generales, de corporaciones estadounidenses, británicas y
japonesas, en esencia porque la mayoría de sus accionistas (propietarios) son de las
respectivas nacionalidades. No obstante, esto está en proceso de acelerado cambio.
Inscribir los valores en un mercado extranjero suele ser el preludio para emitir títulos en
el con el fin de recaudar capital. La idea es sacar ventaja de la liquidez de los mercados
extranjeros para incrementar los fondos disponibles para inversión y disminuir el costo
de capital de la empresa. Otras razones son que las acciones y opciones accionarias de
la compañía pueden utilizar para compensar a la administración y a los empleados
locales, satisfacer el deseo de propiedad y ampliar la visibilidad de la compañía ante
sus empleados, clientes, proveedores y banqueros. Cada vez son más las compañías
de los países pobres que explotan esta oportunidad debido a que su propio crecimiento
está limitado por un mercado doméstico sin liquidez.

La búsqueda de capital en la República Checa


A comienzos de 1998, la escasez de capital frenaba el desarrollo económico de la patria.
El trance tenía sus raíces en condiciones macroeconómicas e inconvenientes
institucionales. En el frente macroeconómico, en 1997 se produjo una combinación de
eventos adversos, entre ellos el aumento de la inflación, un creciente déficit
gubernamental y un ataque especulativo sobre la moneda checa que forzó al gobierno
a abandonar su política de tipo de cambio fijo a favor de un tipo de cambio flotante. El
gobierno respondió con un golpe de timón a su política monetaria, esto es, elevó las
tasas de interés en torno a 16 por ciento.
Como se predecía, estos problemas macroeconómicos tuvieron un efecto negativo en
la bolsa de valores de Praga. En junio de 1998, el PX50, el índice clave de las acciones
inscritas en el mercado accionario de Praga, declinó alrededor de 520 a menos de 430
puntos.
Muchos inversionistas occidentales se disuadieron de invertir en acciones checas por la
mala reputación de la bolsa de valores de Praga. Abundaban los reportes de que en
dicha institución existía una manipulación de las acciones por parte de su personal (una
forma de hacer las cosas que hubiese sido ilegal en mercados más desarrollados), falta
de protección para los inversionistas minoritarios, deficientes reportes corporativos y
fraude. Asimismo, muchas empresas paraestatales del país fueron privatizadas por
medio de un esquema de vales. En consecuencia, el mercado accionario de Praga es
pequeño y su liquidez es muy limitada
Con tasas de interés de 16% y demasiados bancos apretando las riendas al crédito para
compensar su pasada generosidad, era cada vez más caro para ellas obtener capital
por medio de préstamos. En cuanto al mercado accionario del país, su mala reputación
y baja liquidez hacían casi imposible obtener capital mediante la emisión de nuevas
acciones.
A pesar de estos problemas, la mayoría concuerda en que la economía checa tiene un
brillante futuro. Sin embargo, este futuro no podrá concretarse a menos que las
compañías del país puedan reunir el capital para invertir en las plantas y equipo que
necesitan.
El Riesgo Del Mercado De Divisas Y El Costo De Capital
Los movimientos adversos de los índices del mercado de divisas pueden incrementar
sustancialmente el costo de los préstamos en moneda extranjera, que es lo que les
ocurrió a muchas compañías asiáticas durante la crisis financiera de Asia en 1997-1998.
Por ejemplo, una firma surcoreana desea pedir prestados mil millones de wons por un
año para financiar un proyecto de inversión. La compañía puede obtener este dinero en
un banco nacional a un interés de 10%, y al final del año pagar el préstamo más el
interés, por un total de 1.10 mil millones de wons. O puede pedir dólares en un banco
internacional a un interés de 6%. Al tipo de cambio vigente de 1 000 wons por dólar, la
compañía podría pedir un millón de dólares, y el costo total del préstamo sería de 1.06
millones de dólares, o 1.06 mil millones de wons. Si pide en dólares, la compañía podría
reducir 4% su costo de capital, o sea 40 millones de wons. Sin embargo, este ahorro se
calcula bajo el supuesto de que durante el año del préstamo, la tasa de cambio dólar/
won permanecerá constante. Ahora imaginemos que el won se deprecia bruscamente
ante el dólar y termina el año de 1 000 wons por dólar en 1 500 wons por dólar. La
compañía todavía tiene que pagar 1.06 millones de dólares al banco internacional a
finales de año, pero ahora le costará 1.59 miles de millones de wons (es decir, 1.06 = 1
500). Como resultado de esta depreciación del valor del won, el costo del préstamo en
dólares se disparó de 6 a 59%, un enorme aumento del costo de capital de la compañía.
Aunque éste parece un ejemplo extremo, les ocurrió a muchas empresas surcoreanas
en 1997 en el pico de la crisis financiera asiática.
Los movimientos impredecibles de las tasas de cambio pueden aumentar el riesgo de
los préstamos en moneda extranjera, con lo cual una operación que al principio parecía
ser más barata resultó ser mucho más cara. El prestatario puede protegerse contra esa
posibilidad si firma un contrato forward para comprar la cantidad de divisas que necesita
a un tipo de cambio predeterminado al vencimiento del préstamo. Aunque esto
incrementará el costo de capital del prestatario, la protección limita el riesgo inherente a
dicha transacción.
Cuando una compañía obtiene fondos prestados del mercado global de capital, debe
sopesar los beneficios de una tasa de interés más baja contra los riesgos de un
incremento en el costo real de capital debido a movimientos adversos en la tasa de
cambio. Aunque utilizar los mercados cambiarios tipo forward puede reducir el riesgo de
tipo de cambio extranjero en los préstamos a corto plazo, no puede erradicarlo.