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Wagner era un nacionalista alemán, un antisemita (hace referencia a la hostilidad hacia los

judíos basada en una combinación de prejuicios de tipo religioso, racial, cultural y étnico),
adoraba los mitos germánicos, leyendas de caballeros y héroes. En general los héroes en sus
libretos, no tenían un carácter militar, más bien todo lo contrario, por ejemplo, Tristán
traiciono a su rey y rompe con todos los códigos caballerosos por su amor; los caballeros
del Grial, viven en un mundo de paz en el que está prohibido matar o estar armados;
Sigfrido, si fue un héroe a la antigua, su gran hazaña es matar a un dragón. No buscan el
poder ni la dominación, sino la salvación a través del amor.
Su música era ruidosa y militarista, parece que incitaba al caos y la violencia.
Los maestros cantores, es la pieza más nacionalista de Wagner, la comedia romántica, se
limita a exaltar la grandeza del arte alemán. La prosa de Wagner es áspera, abstracta e
incomprensible. Wagner, pues, compone como si su música fuera líquida, con un
comienzo y con un fin, pero sin interrupciones: no hay arias, ni melodías, sino una masa
sonora que no remite y que se transforma, y es una masa melódica, pero sin estribillos ni
puntos de agarre definidos. De ahí la idea de melodía infinita: hay breves instantes en los
que esa melodía se convierte en algo pegadizo, fácil de recordar, pero pasan rápido y
desaparecen. Así que al escuchar a Wagner no hay que buscar el placer en las melodías,
sino en los momentos de tensión espera entre lo que es armonía en desarrollo y la
concreción de esa armonía en un motivo memorable. Esos momentos especiales son los
leitmotivs: figuras melódicas sencillas que se identifican con un personaje, con un tema o
con un objeto, y que van apareciendo incrustados en el flujo de notas cuando la acción lo
permite.

Wagner tuvo La idea que resultaría divertido componer otra obra que contara la
historia de una competición de canto, pero en vez de ser seria como Tannhäuser, sería
cómica Los Maestros cantores en el verano de 1845. La lectura era una de las
recreaciones, y en el libro de Gervinius "Historia de la literatura alemana" se encontró por
primera vez con Hans Sachs y los maestros cantores de Nurenberg y sus reglas poéticas. En
esta obra, un joven Sachs agresivo e irritable está enamorado de Kunigunde (el
nombre de la primera esposa del poeta historiador). Ella es la hija de un orfebre el
cual considera que un zapatero (remendón) no está a la altura de su hija, y que
prefiere como posible yerno al pomposo concejal Augsburg. Constantemente reñido
con los otros Maestros que le acusan de tomarse libertades poéticas que van en contra
de las reglas, Sachs, al final, le da la espalda a su amada Nuremberg. Sin embargo,
hace amistad con el Emperador Maximilian, que va disfrazado, y finalmente logra
casarse con Kunigunde, gracias a esta nueva "conexión”. Durante una caminata se le
vino a la cabeza una idea, nada menos que la escena en la que Hans Sachs, con su martillo
de zapatero, corrige los torpes intentos poéticos de un colega poeta. A pesar de la
prohibición médica, días más tarde escribiria Wagner el inmenso esbozo en prosa para la
obra venidera, y ya en este aparece en la escena final: Zerging el Sacro Imperio Romano en
neblina, seguimos siendo el arte sagrado alemán.
Se encontraba después de 16 años de duras decepciones, un largo exilio por razones
políticas, a veces pobreza y difíciles crisis. Termina en Viena, donde se encuentra con su
colega Peter Cornelius, al que inmediatamente cuenta su decisión de componer una ópera
con el motivo de los maestros cantores. Cornelius cae en extasis por esto, y le consigue a
Wagner una edición de los tratados sobre la terminología usada por los maestros cantores
de Christoph Wagenseils. La inspiración comienza a despertar inmediatamente, y Wagner
escribe un nuevo bosquejo en prosa.
"Los maestros cantores de Nurenberg", por su forma de ser, es totalmente única en la
producción musicodramatica de Wagner. Él llamo la obra "gran ópera cómica". Más
exactamente es una "comedia lírica" o "comedia con música". La obra da la oportunidad de
desarrollar caracteres muy diferentes los uno de los otros. Por toda la obra queda grabado
una viveza, por períodos una alegría desenfrenada. Pero todo el tiempo existe un balance
entre broma y seriedad. Y Maestros cantores trata precisamente de personas comunes y
corrientes, no de héroes, ni de dioses o diosas.
El canto es declamativo, melódico e indiferente; el cual se asocia con el acento rítmico de
la lengua alemana.
La genialidad contrapuntista de Wagner se muestra también aquí, quizás principalmente en
la escena del final del segundo acto, la escena de la riña callejera, en donde tiene hasta
veinte grupos diferentes de voces, abarcando una polifonía vocal total.
Resumiendo, Wagner nos entrega no sólo en el texto, sino que también en la música una
imagen de época insuperable, tanto de la historia alemana como de la vida en una ciudad
alemana, aunque sí, un poco idealizada.
El estreno tuvo lugar en el Hoftheater de Munich, por orden del rey Luis II, el 21 de junio
de 1868, bajo la dirección de Hans von Bülow.