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El mito de la maquina

Mumford Lewis

Capítulo 1: Prologo

Empezamos por hablar de las transformaciones que ha sufrido el ser humano a través del
tiempo, antes el hombre quería dominar la naturaleza, ahora ya la conquistamos y se
quiere separa de ella.
El hombre se convertirá en un animal pasivo, un hombre condicionado por las maquinas.
Sobreestimamos las herramientas y las maquinas.

Nuestros predecesores asociaron de forma errónea sus peculiares formas de progreso


mecánico con un injustificable sentimiento de superioridad moral en aumento; nuestros
contemporáneos, en cambio, que tienen motivos para rechazar esa presuntuosa fe
victoriana en la mejoría obligada de todas las demás instituciones humanas gracias a la
hegemonía de las máquinas, se concentran, a pesar de todo y con maniático fervor, en la
expansión continua de la ciencia y la tecnología... como si solo ellas pudieran
proporcionar mágicamente los únicos medios para salvar a la humanidad.

Analizaremos los orígenes del hombre y la maquina.


Y lo que marcó tan profunda diferencia no fue la mano del hombre, sino su cerebro...
Sobre estimamos las herramientas.
Por tanto, si lo que contara fuese la fabricación de herramientas, apenas podrían
considerárseles humanos.
¿Cuál es la genuina superioridad del hombre?
Por su extraordinaria plasticidad y sensibilidad
Su cerebro superdesarrollado y siempre activo.
La evolución no solo se da a las herramientas, sino que se da a como el hombre en su
exploración paso de solo pensar en la utilidad y desarrollar sentimientos.
El desarrollo del cerebro deriva de su sociabilidad y acicalamientos.
De acuerdo con este criterio, el ritual y la mimesis, los deportes, los juegos y las
representaciones teatrales, emanciparon al hombre de sus insistentes vínculos animales.
La elaboración de una cultura simbólica respondía a una necesidad más imperativa que la
de controlar el entorno.
El desarrollo del lenguaje + el desarrollo de herramientas
En el punto de partida, la técnica estaba relacionada con la naturaleza total del hombre,
que participaba activamente en todos los aspectos de la industria; de este modo, en el
principio, la técnica estuvo centrada en la vida, no en el trabajo ni en el poder.
El hombre como un nuevo yo en apariencia, conducta y plan de vida.
El rasgo humano dominante, fundamento de todos los demás, es esta capacidad de auto
identificación consciente, de auto transformación y, en definitiva, de auto conocimiento.
Lo que más identifica al ser humano es la personalidad humana.
Los factores irracionales que impulsaron la ulterior evolución humana se dieron en el
nacimiento de la civilización , aquí se dio la transformación de una organización social
nueva la magia, la religión, ciencia, fuerzas políticas.
1. Sus organizadores remitían su poderío y fuerza a una fuente celestial .
Desde el punto de vista conceptual, hace cinco mil años los instrumentos de
mecanización ya se habían emancipado de toda función y objetivo humano, salvo el
aumento continuo del orden, el poderío, la previsión y, ante todo, del control.
Apareció la cultura en masas.
En cuanto a las monumentales pirámides egipcias, ¿qué son sino el equivalente estático
exacto de nuestros cohetes espaciales? Ambos son artilugios para asegurar a un coste
extravagante un pasaje al Cielo para unos cuantos privilegiados.
Los colosales desmanes de una cultura deshumanizada centrada solo en el poder
manchan repetida y monótonamente las páginas de la historia.
¿acaso la asociación de un poder y una productividad desmesurados con una violencia y
una destructividad igualmente desmesurada es algo puramente accidental?
pues en ambos casos, unos progresos inmensos en saberes valiosos y productividad
aprovechable fueron anulados por una proliferación igualmente grande de derroches
ostentosos, hostilidad paranoica, destructividad insensata y espantosos exterminios
aleatorios.

Capítulo 2: La capacidad de abstracción


a. La necesidad de especulación disciplinada.
Una y otra vez justifica sus inquietudes actuales denominando a su antecesor
prehistórico «un animal fabricante de herramientas» y dando por supuesto que los
instrumentos materiales de producción predominaron sobre todas sus demás
actividades.
. Hay valiosas razones para creer que el cerebro del hombre fue desde el principio
mucho más importante que sus manos, y que su tamaño no puede haberse
derivado exclusivamente de la fabricación y el uso de herramientas; que los ritos,
el lenguaje y la organización social, que no dejaron huellas materiales, pero que
están permanentemente presentes en todas las culturas, fueron, con toda
probabilidad, los más importantes.
Al hablar de la «revolución agrícola» o la «revolución urbana», solemos olvidarnos
de las muchas colinas por las que habrá tenido que trepar la raza humana antes
de poder alcanzar tales cumbres. Permítaseme, por tanto, abogar en pro de la
especulación como instrumento necesario para llegar al conocimiento adecuada.
2. Deducciones y analogías.
3. Piedras huesos y cerebros
Nuestra principal razón para sobre estimar la importancia de las máquinas y las
herramientas se debe a que las más significativas invenciones de los hombres
primitivos (logradas en el ritual, la organización social, el lenguaje y la moral) no
dejaron reliquias materiales... mientras que las herramientas de piedra han estado
asociadas con huesos homínidos, reconocidos como tales, durante medio millón
de años.
Si las herramientas fuesen realmente fundamentales para el desarrollo mental más
allá de las necesidades puramente animales, ¿cómo es que pueblos tan primitivos
como los australianos y los bosquimanos, que siguen teniendo la tecnología más
rudimentaria, exhiban, sin embargo, ceremoniales religiosos muy elaborados,
formas de parentesco extremadamente complicadas y lenguas muy complejas y
diferenciadas? Asimismo, ¿cómo pudieron culturas tan desarrolladas como la de
los mayas, los aztecas o los peruanos, seguir utilizando elementalísimos
adminículos artesanales con los que fueron capaces de construir obras de
ingeniería y de arquitectura extraordinariamente bien planeadas, como la carretera
que conducía hacia Machu Picchu y la propia Machu Picchu? ¿Y cómo es que los
mayas carecían, por una parte de máquinas y animales de tiro y, por otra parte,
fueron no solo grandes artistas, sino también maestros en cálculos matemáticos
abstrusos?
Aunque fue gracias a sus símbolos, y no a sus herramientas, como el hombre salió
de su estado puramente animal, su forma más potente de simbolismo, el lenguaje,
no dejó restos visibles hasta que estuvo totalmente desarrollado.

4. Cerebro y mente
ya que el paso más radical en la evolución del hombre no fue el desarrollo de su
cerebro (órgano privado y de vida útil limitada), sino el surgimiento de la mente,
que impuso, por encima de los cambios puramente electroquímicos, un modo
duradero de organización simbólica. Esto creó un mundo público y compartido de
impresiones sensoriales organizadas y de significados suprasensibles, y con el
tiempo un dominio coherente de la significación. Tales resultados de las
actividades cerebrales no pueden describirse en términos de movimiento ni de
masa ni de electroquímicos ni como mensajes del ADN o del ARN, pues se dan en
otro plano.
La diferencia entre cerebro y mente es tan grande como la que hay entre el
fonógrafo y la música que de él sale. No hay rastro de música en el microsurco del
disco ni en el amplificador sino mediante las vibraciones inducidas por la rotación
del disco a través de la aguja; pero todos esos agentes y acontecimientos físicos
no llegan a ser música hasta que un oído humano oye los sonidos y una mente
humana los interpreta. Para este acto final voluntario es indispensable todo el
aparato físico y neuronal, pero ni el más minucioso análisis del tejido cerebral,
acompañado por el de toda la parafernalia mecánica del fonógrafo, nos iluminarán
acerca de los estímulos emocionales, la forma estética y la finalidad y significación
de la música. Ningún electroencefalograma de las respuestas de un cerebro a la
música se parecerá ni remotamente a los sonidos y las frases musicales... como
tampoco se les parece el disco físico que ayuda a producir el sonido.
Pero, una vez creada la mente, partiendo de la superabundancia de imágenes y
sonidos (todo un sistema de símbolos destacables y acumulables), logró cierta
independencia que los otros animales, aun los parientes próximos, solo
consiguieron en mucho menor grado, y que la mayoría de los organismos, a juzgar
por sus demostraciones externas, no poseen en absoluto.

5. La luz de la conciencia
La luz de la conciencia humana es, hasta ahora, la máxima maravilla de la vida, así como
la principal justificación para todos los sufrimientos y calamidades que han acompañado al
desarrollo humano.
A la luz de la conciencia humana, no es el hombre, sino el universo entero de materia aún
«inerte», el que deviene en impotente y carente de significación. Tal universo físico, es
incapaz de contemplarse a sí mismo si no es a través de los ojos del hombre; no puede
hablar por sí: para ello necesita la voz humana; es incapaz de conocerse a sí mismo,
salvo a través de la inteligencia humana; en realidad, no pudo comprobar siquiera las
potencialidades de su propio desarrollo hasta que el hombre u otras criaturas sensibles de
capacidad mental semejante surgió, por fin, de la terrible oscuridad y el silencio de la
existencia pre orgánica.
Hacia el final del período paleolítico, ciertos pueblos cazadores «auriñacienses» y
«magdalenienses» dieron otro gran salto adelante al fijar sus imágenes conscientes
mediante la pintura y escultura de determinados objetos, lo que dejó rastros que ahora
podemos reconocer y seguir en las artes posteriores de la arquitectura, la pintura, la
escultura y la escritura, artes con las que se intensificaba y conservaba la conciencia en
forma comunicable y compartida. Finalmente, con la invención de la escritura, hace unos
cinco mil años, se amplió y prolongó aún más el dominio de la conciencia.
Eso de que el hombre se sienta disminuido, como muchos les ocurre en la actualidad, por
la inmensidad del universo o las interminables evoluciones del tiempo, equivale a
asustarse de su propia sombra. Solo gracias a la luz de la conciencia resulta visible tal
universo, y si esta luz desapareciese, solamente la nada quedaría. Fuera de la etapa
iluminada por la conciencia humana, tan descomunal cosmos no es sino una existencia
sin significado. Solo a través de las palabras y los símbolos humanos, que documentan el
pensamiento de la humanidad.

Tales inmensidades del espacio y del tiempo, que ahora nos espantan cuando, con la
ayuda de «nuestra ciencia», nos enfrentamos con ellas, son presunciones vacías en
cuanto dejan de referirse al hombre. La palabra «año» no tiene sentido aplicada al
sistema físico por sí mismo, pues es el hombre, y no las estrellas ni los planetas, quien
experimenta los años y los mide. Esta misma observación es el resultado de la atención
del hombre a los movimientos periódicos, a los acontecimientos estacionales, a los ritmos
biológicos y a las secuencias mensurables; por eso, cuando la idea de año se proyecta
sobre el universo físico, dice además algo importante para el hombre, o sea, que es una
ficción poética.
6. La libre creatividad del hombre

7. La especialidad de la no especialidad