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Análisis del texto “La casa de los conejos” Laura Alcoba

Durante todos los periodos de dictaduras o regímenes autoritarios, la memoria es considerada


como un factor esencial para preservar los hechos ocurridos y a la vez ser un testimonio sobre
la realidad que experimentó un sector de la población que en su momento fue silenciada. Es
por esto que, la intención del libro “La casa de los conejos” de Laura Alcoba es ser una
herramienta de memoria para la sociedad argentina durante la dictadura.

Primero es fundamental mencionar que el libro narra sobre experiencias de la autora sobre lo
que ella presencio durante la época, lo que le sucedió a su familia, cuáles fueron sus
sentimientos y cuál fue la visión de los niños en ese periodo. Estas experiencias son
consideradas como un reconocimiento que ella activa sobre lo que vivió, pues como señala
Jelin (2001), el reconocimiento es “una asociación, la identificación de un ítem referido al
pasado” (p.5), los cuales se activaron a partir de distintas huellas que fue recordando en su
edad adulta, a partir de factores como el arte: la fotografía y la música, que no fueron posibles
de olvidar. Sin embargo, no fue simplemente un reconocimiento, sino que debido a su viaje
a Argentina ella generó una memoria personal sobre lo que vivió, pero a la vez una memoria
social, dado que cuando ella comienza a narrar los hechos, evocarlos y darles una forma a
sus recuerdos. En esa memoria comienza a predominar un proceso social que es considerado
traumático para un gran porcentaje de la población, dado que muchos de ellos se sentirán
identificados con la narración, lo cual permitió que esa memoria personal se convirtiera en
una memoria social.

Sus narraciones son un fiel testimonio para reconstruir lo que fue la historia de Argentina
durante la dictadura, pues al ser un portador de verdad permite que esa historia que estaba ya
determinada se vaya cuestionando y llevando a un debate sobre si esa memoria instaurada es
la realidad o si existe otra historia que fue ocultada. Además, al narrar la historia desde el
punto de vista que tenía cuando era niña, permite que la descripción del pasado sea visto
desde una objetividad, pues ella al no saber lo que ocurría, narraba fielmente lo que ella veía,
sin darle una subjetividad guiándose por una orientación política. Esto se evidencia cuando
narra los momentos en que debía callar donde vivían porque de lo contrario se llevarían preso
a sus papás, en el cual ella mencionaba que solo debía callar sus datos sin saber más a fondo
el por qué debía callar.
Si bien describe hecho que son totalmente personales, también narra hechos que involucran
a otras personas, como por ejemplo cuando explica las conversaciones que tenían los
“adultos” acerca de las estrategias que utilizarían para divulgar el periódico, no solo
involucraba a la familia, sino que muestra la memoria de un grupo social que lucha por hacer
conocer la realidad que vivían, que buscaban formas en las cuales comunicarse y protegerse,
es decir, de un grupo social contrario al que gobernaba al país. Esta memoria se considera
colectiva a partir de lo que señala Ricoeur citado en Jelin (2001) “la memoria colectiva es un
conjunto de huellas dejadas por los acontecimientos que han afectado al curso de la historia
de los grupos implicados que tienen la capacidad de poner en escena recuerdos” (p. 5).

Segundo, es fundamental mencionar que, si bien es una memoria construida a partir de


recuerdos, estos fueron posibles de mantener dado que, al ser una experiencia vivida desde
el punto de vista de una niña, estas solo fueron vivenciadas siendo un agente pasivo de la
historia, es decir, la niña no tuvo que luchar por sobrevivir y arrancar de los militares que
deseaban exterminar a toda la gente con pensamiento político y social contrario a los de ellos,
por lo que no fue un hecho “traumático” para ella. Al no ser un hecho traumático, no
existieron borraduras de hechos u olvidos producido por voluntad propia o por miedo, sino
que fue una memoria que fue ocultada por muchos años hasta el momento en que decidió
cuestionarse el pasado y a construir una nueva historia sobre el periodo de dictadura. Gracias
a que la autora se cuestionó y activó sus recuerdos, comenzó a plasmar en sus escritos cual
era la percepción que tenía sobre los hechos, es decir, en ciertos momentos escribía dándole
espacio a sus percepciones subjetivas y que experimentó posterior a lo ocurrido en esa época.
Como por ejemplo cuando hablaba de la palabra “embute” que, si bien cuando pequeña
quería entender el significado, ella lo naturalizaba y no indagaba más allá, sin embargo, en
su edad adulta investigó por muchas fuentes hasta llegar al concepto y esto lo explicitó en el
libro. También, se evidencia la existencia de una subjetividad, ahora en su edad adulta, al
etiquetar grupos o personas que cuando era más pequeña no era posible de reconocer, con la
intención de ser un relato fiel a lo que fue en esa época.

En definitiva, este libro y la forma en que está narrado busca tomar consciencia de una nueva
realidad que fue ocultada, con el fin de activar en las demás personas aquellas huellas o
recuerdos que fueron creados en el pasado con la finalidad de comprender el futuro para crear
una nueva historia sobre lo ocurrido. Además, toda esta historia permite construir una
identidad y memoria social a partir de la transmisión generacional, es decir, mostrando una
historia familiar que podrá ser leída para las futuras generaciones, no tan solo de la familia
cercana, sino una historia de los argentinos.

Si bien, es una historia de atrocidades, terror, guerra y matanzas, es una historia que debe ser
recordada y no olvidada, es por eso que la autora tuvo la fortaleza de narrarla. No obstante,
existieron muchos obstáculos, entre ellos el temor a ser incomprendida por los demás al ser
gente ajena a lo ocurrido, al cuestionarse el por qué abrir cicatrices que solo traerán
problemas, pero por sobre todo a romper ese miedo y silencio impuesto por los agentes que
son como Jelin (2001) menciona: “actores que elaboran estrategias para ocultar y destruir
pruebas y rastros, impidiendo así recuperaciones en el futuro” (p.11). Sin embargo, Laura
Alcoba desea plasmar los hechos y vivencias en este libro con la intención olvidar “un poco”
lo ocurrido, pero a la vez no olvidar a los vivos que fueron participes de los hechos.

Por lo tanto, el libro permite un análisis profundo acerca de cómo ocurrió la dictadura en
Argentina desde el punto de vista de una niña y cómo se vio afectado el grupo de izquierda
en ese momento. Esto permite que se construya una nueva historia, considerando todas las
vivencias de los grupos sociales que vivieron esa época y que sea cuestionada la historia que
hasta el momento era la “real”. Todo esto para poder corregir aquellos datos del pasado que
están alterados y que afectan totalmente la memoria de los ciudadanos del pasado como del
presente, en que los testimonios tengan un mayor valor en la sociedad y que esa memoria
predomine en la construcción de la historia, pues como se señala en el libro y en cada texto
que habla de las dictaduras “El silencio no es olvido”.