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TEMA 2.

LA LENGUA HABLADA Y LA LENGUA ESCRITA

1. Características de la lengua hablada y de la lengua escrita

La lengua hablada y la lengua escrita presentan las siguientes características y diferencias:

 La lengua hablada se transmite mediante la articulación de sonidos, mientras que la lengua


escrita se representa por medio de signos gráficos (el alfabeto).
 La lengua hablada es instantánea y suele manifestar mayor carga emotiva. La lengua escrita es
fruto, no de emociones instantáneas, sino elaboradas, y de un proceso de razonamiento.
 La lengua hablada puede presentar rasgos de descuido en la construcción de oraciones y en la
pronunciación, así como cierta pobreza léxica. La lengua escrita se distingue por ser cuidada y
pulcra. Existe una rigurosa aplicación de normas ortográficas y sintácticas.
 La lengua hablada se expresa de forma inmediata, mientras que la lengua escrita permanece en
el tiempo de forma material.
 La lengua hablada presenta repeticiones y abundancia de detalles. La lengua escrita está regida
por el principio de la economía: comunicar de forma clara y precisa con la menor cantidad de
palabras.
 La lengua hablada refleja el grado de cultura de la persona y su buena o mala educación. La
lengua escrita tiene el fin de transmitir y conservar la cultura de la comunidad.

1.1. Lengua hablada

En caso de que un enunciado presente ambigüedad semántica, en la comunicación oral es posible aclarar de
inmediato lo que se ha entendido mal o resulta confuso. El emisor oral puede desdecirse de algo que haya
resultado inapropiado y reformularlo de forma diferente, pero, aunque pueda rectificar su emisión, no puede
borrar lo dicho, puesto que el mensaje se elabora y se emite de manera casi simultánea al momento en que es
comprendido por el receptor.

El destinatario de un texto oral percibe los sonidos que se encadenan en palabras y oraciones como una sucesión
en el tiempo; por ello, la comunicación oral es efímera, no sólo porque el sonido desaparece, sino también
porque ni la memoria de los receptores ni la de los emisores es capaz de retener por mucho tiempo todo lo
hablado al pie de la letra.

La comunicación hablada es más susceptible de verse influida por el estado emocional del hablante que la
escrita, dado que se produce estando presentes emisor y destinatario del mensaje.

Otra peculiaridad de la lengua hablada es el uso de muletillas (empleo innecesario y reiterado de determinadas
palabras) que, al igual que ciertas expresiones populares (chachi, piba, tronco, etc.), no se consideran aceptables
en la escritura. A esas características de la lengua hablada se suman otras de diversa índole: la reiteración de las
ideas y la prolijidad en los detalles (redundancias y repeticiones), el dejar inacabadas las oraciones, fenómeno
sintáctico conocido como anacoluto, realizaciones fonéticas descuidadas (pa’llá, pa’lante…), todas ellas
inaceptables en la escritura.

1.2. Lengua escrita

La lengua escrita requiere un mayor grado de formalidad y perfección, con una selección de palabras más
cuidada y más culta.

Se caracteriza por su carácter material y perdurable, utiliza soportes materiales que permanecen en el tiempo.
Los textos escritos pueden funcionar con autonomía respecto de la situación extralingüística específica en que se
encuentra el autor en el momento de escribirlos y en la que se hallará el lector en el momento de leerlos.
También es rasgo inherente a la escritura el hecho de que el emisor y el receptor del mensaje estén separados
temporal y espacialmente, por lo que el marco de relaciones personales y sociales entre hablante y oyente sólo
se crea a través de recursos lingüísticos.
La comunicación escrita puede ser elaborada reflexivamente antes de la emisión, y su recepción es diferida.
Tanto la elaboración como la permanencia en el tiempo otorgan a los textos escritos prestigio social y también
credibilidad, puesto que la inscripción material supone un registro inalterable que confiere a los escritos valor
testimonial.
El uso de dos variedades de la misma lengua y por un único hablante en situaciones distintas se denomina
diglosia. Ésta se produce cuando coexisten dos variedades de lengua muy distintas en una misma comunidad
lingüística y cada una de ellas tiene una función social diferente: una variedad, más culta, se utiliza en situaciones
serias o formales, y otra, menos formal, para las conversaciones en situaciones distendidas.

Si la lengua escrita mantiene una cierta supremacía con respecto a la lengua oral es porque representa patrones
sociales y culturales que se sirven de la escuela como uno de sus instrumentos de mantenimiento, transmisión y
reproducción. Hay dos razones para que exista la valoración de superioridad de la escritura: el efecto del sistema
educativo y el efecto reforzador del sistema social. El primero consiste en que la escuela refuerza la superioridad
de la escritura sobre el habla. El segundo efecto se observa en que quienes poseen el código de la escritura
tienen más poder que los que no lo conocen en las sociedades en donde subsiste el analfabetismo, entre otras
cosas porque los últimos no tienen acceso a la información que se transmite por vía escrita.

El discurso hablado y el escrito manifiestan diferencias en lo que concierne a la construcción de los enunciados,
al vocabulario y al registro de la expresión. Pero ambos lenguajes constituyen dos sistemas discursivos que, pese
a su diferente valor social, se correlacionan. Las diferencias radican muy a menudo en un mayor grado de
elaboración de la lengua escrita.

Lengua hablada Lengua escrita


Coincidencia espacial y temporal de hablante Separación temporal y espacial de emisor
y oyente y receptor
Marco de relaciones compartido en la Marco de relaciones creado en el texto
situación de comunicación
Temporalidad Permanencia
Utilización de gestos y mímica Ausencia de gestos y mímica
Posibilidad de controlar la comprensión del Imposibilidad inmediata de controlar la
mensaje por medio de preguntas comprensión del mensaje con preguntas
Abundancia de muletillas Escasez de muletillas
Repeticiones Repeticiones escasas o inexistentes
Abundancia de detalles Precisión y concisión
Oraciones incompletas Oraciones completas

2. ¿Qué se considera hablar bien?

Hablar bien es conseguir expresar con eficacia lo que se propone transmitir, de modo que el mensaje resulte
adecuado teniendo en cuenta quién es el interlocutor y en qué situación comunicativa se encuentran. Por
ejemplo, no es adecuado usar el mismo discurso para dirigirnos a familiares y amigos en la vida cotidiana y para
dirigirnos a un superior durante una reunión profesional.

2.1 La adecuación

Conocer una lengua implica saber escoger el término apropiado en el estilo adecuado, el tiempo y lugar
correctos. Este conocimiento de cómo usar la lengua apropiadamente, en todas las situaciones sociales, se ha
definido como “competencia comunicativa”-

2.2 La corrección oral


La lengua hablada no suele presentar el mismo grado de esmero que la escrita. Las incorrecciones que se
observan en la lengua hablada pueden ser tanto de pronunciación (“pograma” por “programa”) como de
morfología y sintaxis (“me se cae” por “se me cae”, “la dejé un recado” por “le dejé un recado” (a ella), “andó”
por “anduvo”, etc.), así como de vocabulario inapropiado.

La Ortoepía es la rama de la fonética que se ocupa de la pronunciación correcta. La Ortofonía estudia, a su vez, la
corrección de los defectos de la voz y de la pronunciación. Y ambas forman parte de la Ortología, que es el arte
de pronunciar correctamente y, de manera general, de hablar con propiedad.

Acciones comunicativas del discurso oral

Las acciones comunicativas fundamentales que realizamos en la interacción social son: establecer contacto,
influir en el interlocutor, manifestar aprecio o valoración, informar y discutir.

La conversación

Entre las formas más naturales y cotidianas de la lengua hablada está la conversación, la cual se consideraba, en
la tradición retórica, como un arte sujeto a normas estrictas. En los antiguos manuales de conversación se
informa sobre los temas que podrían ser objeto de las conversaciones elegantes, pues no todos los temas se han
tratado libremente en todos los pueblos.

En la conversación intervienen varios niveles del lenguaje: la pronunciación, la elección del léxico, los registros y
también otros elementos paralingüísticos: los gestos y las actitudes corporales (la proxemia estudia las distancias
espaciales mantenidas entre los hablantes en la comunicación verbal), así como la coherencia entre los gestos y
el sentido del discurso.

Para que la conversación tenga éxito, conviene tener presentes unas normas, como respetar los turnos de
palabra y los temas de conversación entablados, no exceder un periodo razonable en el uso de la palabra, prestar
atención al que habla y, por supuesto, controlar la intensidad y el tono de la voz, y hasta el ritmo.
Según la relación que exista entre los hablantes será preciso aumentar el grado de cortesía.

En la conversación se emplean diversas estrategias estilísticas y retóricas, que no son patrimonio exclusivo de la
literatura. En el registro coloquial, son frecuentes las metáforas y el sentido figurado de las expresiones. Las
relaciones humanas se canalizan por medio del diálogo, y el éxito o fracaso en la consecución de nuestros fines
depende en gran parte de la habilidad conversacional.

3. Propiedad e impropiedad léxicas

La propiedad léxica es el significado exacto de las palabras y consiste, por lo tanto, en el ajuste, en el uso, entre la
palabra empleada y lo que se desea significar con ella. Se habla con propiedad cuando nos expresamos con
claridad inequívoca, buscando los términos apropiados y acomodándonos a lo que quieren decir, es decir, al
significado que tienen en el diccionario.

Por el contrario, la impropiedad léxica es la falta de propiedad en el uso de las palabras. Se consideran
impropiedades las palabras que utilizamos al hablar o escribir y a las que conferimos un significado que no se
corresponde con el que tienen en el diccionario.

Una de las causas de impropiedad léxica es la paronimia. Los vocablos parónimos, muy próximos en el
significante, pero que nada tienen que ver en el significado (se confunden “inerme” con “inerte”, “salobre” con
“salubre”, etc.); la homonimia (rallar – rayar) y la sinonimia, que provoca cruces entre los significados (confirmar -
ratificar)
Las siguientes palabras no se deben confundir:

 Accesible (de fácil acceso o trato) y asequible (que puede conseguirse o alcanzarse). No se dice “mi jefe
es una persona asequible”.
 Acervo (bienes de tipo moral o cultural, o haberes que pertenecen a varias personas) y acerbo (áspero al
gusto, cruel, riguroso).
 Adolecer significa “causar dolencia o enfermedad” y “padecer algún defecto”. Por tanto, no puede
usarse para hechos positivos. No se puede decir “adolece de sentido del humor”.
 Apertura y abertura se confunden a menudo. Abertura tiene que ver con boca, agujero, mientras que
apertura es el acto de dar principio a algo.
 Bienal no es lo mismo que bianual. Bienal es algo que sucede o se repite cada dos años, mientras que
bianual ocurre dos veces al año.
 Cesar significa “dejar de desempeñar algún empleo o cargo”, mientras que destituir es “separar o
deponer a alguien de su cargo”. No se puede decir “cesaron al director de informativos”, sino
“destituyeron al director de informativos”. En el mismo caso que “cesar” se encuentra “dimitir”, nunca
sinónimo de “destituir” (“El consejero de cultura dimitió”, no “Dimitieron al consejero de cultura”),
 Desternillarse es reírse mucho sin poderse contener, mientras que desternillarse es desconcertarse
obrando o hablando sin juicio.
 Detentar es retener y ejercer ilegítimamente algún poder o cargo público, no es sinónimo de ejercer,
ocupar, desempeñar. Tampoco ostentar (mostrar o hacer patente algo, hacer gala de grandeza,
lucimiento y boato) debe usarse por “desempeñar un cargo”.
 Escuchar es prestar atención a lo que se oye, mientras que oír se limita a percibir con el oído los sonidos.
 Hojear es pasar las hojas de un libro o escrito, leyendo deprisa algunos pasajes. Su homónimo ojear es
mirar sin prestar atención, superficialmente. Es correcto “hojear el periódico”, pero no “hojear los
titulares del periódico”.
 Ingerir es introducir por la boca comida, bebida, etc., mientras que injerir es meter una cosa en otra, o
entremeterse, inmiscuirse en asuntos ajenos.
 Reticente se dice de quien, con malicia, oculta o calla algo que debiera decir. No puede usarse por
reacio, remiso o terco. No se puede decir “mi padre es reticente a las discusiones entre nosotros”.
 Reverter es rebosar; revertir es volver una cosa al estado que tuvo antes.
 Visionar es ver imágenes cinematográficas o televisivas, especialmente desde un punto de vista técnico
o crítico, mientras que visualizar significa imaginar algo que no se tiene a la vista.

4. Nuevas acepciones admitidas por la Real Academia Española

La Real Academia ha aceptado algunas palabras con significados adquiridos recientemente. Así, incrementar se
admite como sinónima de aumentar; incidir se incluye en el sentido coloquial de “hacer hincapié”; deleznable se
acepta por despreciable, de poco valor; nominar también es presentar o proponer a alguien para un premio, etc.

5. Usos que deben evitarse

 La adjetivación innecesaria, que resulta inexpresiva por el hecho de formar sintagmas la mayoría de las
veces redundantes: serio problema, profunda atención, agudo conflicto, falso pretexto, indigencia
absoluta, etc.
 Los adverbios de relleno. Se usan sin control los adverbios terminados en –mente (básicamente,
evidentemente…). Sí pueden aparecer dos juntos, como lisa y llanamente, pura y simplemente…
 Varios sinónimos. La acumulación de sinónimos sobra si la palabra que debemos perseguir es la
apropiada y más correcta. Por ejemplo, hacer público y manifiesto, fue tajante y rotundo…
 Las palabras inútiles o superfluas. Se trata de la introducción de complementos que no se precisan,
como en el peor de los casos, por así decirlo, o quiero decir. Siempre es mejor conocer que tener
conocimiento de, manifestar a poner de manifiesto, etc. En este grupo se encuentran los circunloquios,
como después de las razones aducidas, estamos en condiciones de poder afirmar…, cuya expresión más
simple podría ser tras lo dicho, ya podemos afirmar…
 Los tópicos. Son palabras “prefabricadas” que dicen una generalidad. Como por activa y por pasiva, a lo
largo y a lo ancho, comerse el marrón, puro y duro…
 Las palabras baúl o comodines. Son aquéllas que tienen un significado muy general que suele servir para
casi todo. Es el caso de verbos como haber, tener, poner, hacer, etc. Todos ellos son prescindibles, ya que
pueden sustituirse por otros verbos (hacer una película – rodar una película; poner una emisora –
sintonizar una emisora; ser de un partido – militar en un partido).
 La hinchazón expresiva. Viene provocada por la utilización de un léxico exagerado: antagonístico por
antagónico o antagonista; disturbar por molestar; dimisionar por dimitir.

6. El manejo del diccionario

Un diccionario es un repertorio de unidades léxicas, generalmente ordenadas alfabéticamente, donde se


exponen las palabras de un idioma.

El primordial es el Diccionario de la lengua española (DRAE) que publica la Real Academia Española en sucesivas
ediciones. Es el diccionario normativo por excelencia. La última edición del diccionario académico es del año
2001.
También son destacables los siguientes diccionarios:
 El Diccionario de uso del español, de María Moliner y el Diccionario del español actual (DEA) son
diccionarios de uso que se utilizan para una exacta comprobación del uso que los hablantes de una
lengua hacen de las palabras y de sus significados. Incluyen definiciones que no siempre coinciden con
las que da la Real Academia. Introducen palabras usuales e inusuales, eruditas, científicas, pero también
rurales.
 El Diccionario ideológico, de Julio Casares, agrupa las voces por familias léxicas, es decir, por grupos de
palabras que giran en torno a una misma idea.
 El Diccionario crítico-etimológico castellano e hispánico, de J. Corominas y J.A. Pascual, proporciona,
fundamentalmente, la etimología y el origen de las palabras.
 El Diccionario de dudas de la lengua española, de Manuel Seco, es un diccionario en el que se detalla la
conjugación de los verbos irregulares, las construcciones sintácticas que ofrecen problema, etc.

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