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Introducción al planteo filosófico

La filosofía es la forma más antigua de saber racional abstracto. Siempre el hombre razonó
para resolver sus problemas, pero tenemos conocimiento de que solo a partir del siglo VII
AC comenzó a elaborar una teoría sobre ese saber. Los griegos de esa época concebían al
universo, a la realidad, como algo intelegible (capaz de ser entendido por el razonamiento) y
sabían que el hombre puede conocer ese orden de la realidad. Con el tiempo la filosofía
antigua fue sistematizando estas investigaciones. En el siglo IV AC ya la filosofía de Platón
y Aristóteles son sistemas que incluyen la mayoría de las partes tradicionales de la filosofía.
Con el tiempo esta sistematización se hizo todavía más compleja y abstracta.

La filosofía históricamente se divide en etapas, que en general, coinciden con las de la historia
tradicional. Estas son: filosofía antigua, medieval, moderna y contemporánea.

Las preguntas filosóficas

La filosofía indaga sobre la realidad desde un punto de vista determinado y propio.


Le interesa el cuestionamiento más profundo, radical y abarcativo que podamos pensar sobre
un tema, y sobre todo una respuesta racional a esa pregunta. Podemos caracterizar a la
pregunta filosófica desde los siguientes aspectos:

Es una pregunta lo más abarcativa y profunda sobre un tema.


Debe ser significativa para todo ser humano.
Debe elaborarse y contestarse en forma exclusivamente racional.

Esto significa que en filosofía las respuestas no se consideran validas por el prestigio de quien
las dice o por la creencia o fe en una religión, solo la racionalidad le da credibilidad a la
respuesta.

Las partes de la filosofía

Con el transcurrir de la historia los cuestionamientos filosóficos se fueron agrupando


en temáticas afines para un mejor estudio de ellos. Estas conforman las partes más
tradicionales en las que se divide la filosofía:

Antropología: se refiere a la esencia humana, a los que nos define como humanos. ¿Qué es
el hombre? ¿el hombre se compone de mente y cuerpo? ¿el hombre es libre? ¿la vida humana
tiene sentido?
Gnoseología o teoría del conocimiento: se ocupa del conocimiento humano . ¿Podemos
conocer la realidad? ¿el conocimiento depende de los sentidos? ¿hay límites para conocer?
Etica: Se ocupa de examinar el valor bien, lo bueno. Es la parte que más nos interesa a
nosotros. ¿Qué es el bien? ¿el bien depende de las circunstancias de cada uno? ¿el bien se
puede conocer? ¿el bien debe imponerse a los demás como una conducta? ¿porqué debemos
obedecer?
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Estética: Se ocupa del valor belleza. ¿La apreciación de lo bello es objetiva o subjetiva? ¿es
una cualidad del objeto o una idea que con la cual lo vemos?
Lógica: Es una de las partes más importantes. Nos enseña la forma de reconocer los
razonamientos correctos. Es un instrumento de investigación no solo para la filosofía sino
para cualquier ciencia.
Metafísica: Es la parte más abstracta de la filosofía. Busca encontrar una estructura que
identifique a la realidad. Se basa en el concepto de “ser” que equivale a realidad. ¿Qué
relación hay entre la conciencia y el ser? ¿la realidad está ordenada o es caótica?

Estas son las partes más tradicionales del estudio filosófico, pero se puede hacer filosofía de
cualquier tema, con tal que mantengamos el punto de vista filosófico. Hay, por ejemplo,
filosofía del deporte, de la historia, del derecho, de la política, de la tecnología, de la
educación, de la economía, de la medicina, etc.

La racionalidad

¿Qué es razonar? Consiste en ordenar nuestras ideas de tal forma que a partir de datos
verdaderos podamos encontrar una conclusión (un dato nuevo) también verdadero, pero
desconocido anteriormente. Por ejemplo

Todo hombre es pensante

Alberto es hombre

Alberto es pensante

Las dos primeras oraciones se llaman “premisas” y son los datos que contamos para
el razonamiento, y la tercera oración es la conclusión.

Este es un razonamiento muy sencillo, pero la complejidad de los razonamientos es


casi infinita. Todas las ciencias razonan, y en la que más se nota es en la matemática.

Decimos todo esto porque en filosofía siempre debemos razonar las respuestas a las
preguntas que nos hacemos, y si hay respuestas diferentes solo es correcta la que esté bien
razonada o la mejor razonada.

Los motivos para hacer filosofía

El filósofo alemán Karl Jaspers sostenía que a largo de la historia los filósofos han tenido
tres grandes motivaciones para cuestionarse filosóficamente:

La duda: Sucede cuando no nos convence las respuestas que nos dan o pensamos que lo que
se conoce sobre un tema es limitado para entenderlo. Todos dudamos en nuestra existencia,
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pero cuando esta duda es muy profunda se vuelve filosófica. Normalmente la duda irrita a
las personas autoritarias o estructuradas, porque creen sentirse seguras con las certezas que
tienen y que muchas veces les terminan imponiendo a los demás. Es común que los gobiernos
autoritarios persigan a los filósofos porque generan dudas en la sociedad sobre las
imposiciones que se hacen, pero también persiguen a cualquiera que dude de lo que se
impone porque desafía la autoridad.

Asombro: Es una conmoción interior positiva o negativa que nos lleva a hacernos preguntas
filosóficas. Por ejemplo cuando nos asombramos de la extraordinaria generosidad de alguien
o de la extrema violencia de algunos, nos preguntamos que nos hace tan nobles o tan
destructivos.

Situación límite: Sucede cuando nos enfrentamos a una situación que no podemos resolver o
controlar con las seguridades cotidianas que tenemos, la reacción que tenemos ante ella nos
muestra en nuestra interioridad, nos mostramos tal como somos. Imaginemos a una persona
que tiene que enfrentar una enfermedad terminal o crónica, alguien que es encarcelado
injustamente. En estas situaciones nos hacemos preguntas de tipo filosófico.

El concepto de filosofía según algunos filósofos

Pitágoras de Samos (582-500 a.C.): “La filosofía es un afán de saber libre y desinteresado”.

Sócrates (469-399 a. C.): “La filosofía es un afán que siente el hombre por saber de sí
mismo” (“Conócete a ti mismo”). “La filosofía es el amor permanente a la sabiduría y la
búsqueda de la verdad de las cosas; pues la sabiduría misma es patrimonio de los dioses”.
“Filosofía es la búsqueda de la verdad como medida de lo que el hombre debe hacer y como
norma para su conducta”.

Platón (427-347 a. C.): “La filosofía es la ciencia de la razón de las cosas”. “La filosofía
es la más alta ascensión de la personalidad y la sociedad humana por medio de la
sabiduría”.

Aristóteles (384-322 a.C.): “Todo lo que sobre este punto nos proponemos decir ahora, es
que la ciencia que se llama Filosofía es, según la idea que generalmente se tiene de ella, el
estudio de las primeras causas y de los principios. La filosofía es la ciencia del ser en tanto
que ser”.

San Agustín (354-430): “La filosofía es un afán de Dios”.

Epicuro (341-270 a. C.): “La filosofía es una actividad que procura con discursos y
razonamientos la vida feliz”.
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Séneca, Lucio Aneo (4-65 d.C.): “La filosofía es la teoría y el arte de la conducta recta de
la vida”. “La filosofía es la sabiduría de la perfección del alma humana. La filosofía es el
amor y la investigación de la sabiduría”.

Cicerón, Marco Tulio (106-43): “La filosofía es el conocimiento de las cosas divinas y
humanas y de sus causas y principios en que todas ellas se contienen”. “La filosofía es la
maestra de la vida, la inventora de las leyes y la guía de la virtud”.

San Clemente de Alejandría (150-215): “Por filosofía no entiendo la estoica, la epicúrea o


la aristotélica, sino a lo que estas escuelas hayan enseñado que sea conforme a la verdad, a
la justicia, a la piedad, a esto llamo yo selecta filosofía”.

Boecio, Anicio Manlio Torcuato Severino (480-526): “La filosofía es el alimento espiritual
de todos los hombres y la que nos protege de todo; es la capacidad que tiene el hombre, por
naturaleza, para alumbrar el pensamiento”.

San Isidoro (560-636): “Filosofía es el conocimiento de las cosas humanas y divinas junto
con el deseo de una vida honesta”.

Santo Tomás de Aquino (1225-1274): “La filosofía es el conocimiento de las cosas por sus
razones más elevadas”. “La filosofía es la sierva de la teología”.

Duns Escoto, Juan (1265-1308): “La filosofía es la consideración del ser en cuanto ser,
esto es, de las cosas en su equidad”.

Suárez, Francisco (1548-1617): “La filosofía es el estudio de la sabiduría”.

Bacon, Francisco (1561-1626): “La filosofía es el conjunto de los axiomas comunes a todas
las ciencias”.

Hobbes, Tomás (1588-1670): “La filosofía es el conocimiento de las cosas por sus causas y
fundamentos y la utilización de este conocimiento a beneficio del hombre”.

Descartes, Renato (1596-1650): “Esta palabra filosofía, significa el estudio de la sabiduría,


y por sabiduría se entiende no sólo la prudencia en la acción, sino también un conocimiento
perfecto de todas las cosas que el hombre puede conocer, tanto para orientar la conducta de
su vida y conservar su salud como para la invención de todas las artes”.

Gracián, Baltasar (1601-1658): “La misma filosofía no es otra que la meditación de la


muerte, que es menester meditarla muchas veces antes, para acertar a hacer bien una sola
después”.

Locke, John (1632-1704): “La filosofía es el estudio del origen, la certeza y el alcance del
conocimiento humano”.

Wolff, Christian (1679-1754): “La filosofía es la ciencia de todas las cosas posibles, que
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muestra por qué y cómo son posibles”.

Berkeley, George (1685-1753): “La filosofía no es más que el cultivo de la sabiduría y la


búsqueda o investigación de la verdad, de ahí que pueda esperarse con razón que aquellos
que le han dedicado mucho tiempo y fatigas gocen de una mayor calma y serenidad del
espíritu, de una mayor claridad y evidencia del conocimiento y están menos perturbados por
dudas y dificultades que los otros hombres…”.

Hume, David (1711-1776): “La filosofía no es otra cosa que la ciencia del hombre, en orden
al problema del conocimiento”.

D´Alembert, Jean Le Rond (1717-1783): “La filosofía no es otra cosa que la aplicación de
la razón a los diferentes objetos sobre los cuales puede ejercitarse”.

Kant, Manuel (1724-1804): “La filosofía es la ciencia de los fines últimos de la razón
humana”. “La filosofía es la legislación de la razón humana”. “La filosofía es la idea de la
perfecta sabiduría, que muestra únicamente los últimos fines de la razón humana”. “La
filosofía es la ciencia de los principios y las leyes según las cuales se desenvuelve el
conocimiento”. “La filosofía es el sistema de conocimientos filosóficos o de conocimientos
racionales por medio de conceptos”.

Hegel, George W. Friedrich (1770-1831): “La filosofía puede definirse ante todo, de una
manera general, diciendo que es la investigación de las cosas por el pensamiento. Ciencia
de la Idea que se piensa a sí misma”. “Solamente la filosofía es el pensar libre, puro,
ilimitado”.

Balmes, Jaime Luciano (1810-1848): “La filosofía es la razón examinando; la diferencia


está en el mas y en el menos, en la extensión y en la forma, pero el fondo es el mismo; donde
hay examen, sea cual fuere su especie, allí hay filosofía…”

Bernard, Claudio (1813-1878): “Por filosofía se entiende ante todo un ejercicio del
pensamiento humano, que trata de conocer el conjunto del universo y de resolver los más
altos problemas de la razón, sobre estos grandes objetos, la naturaleza, el hombre y Dios.
La filosofía es eso en efecto”.

Lotze, Rudolph Hermann (1817-1881): “La filosofía es una cierta inteligencia de sí mismo
y del universo que anima de continuo la acción del hombre adulto”.

Marx, Carlos (1818-1883): “La filosofía es la quintaesencia espiritual de su tiempo”.

Spencer, Herbert (1820-1903): “La filosofía es el saber totalmente unificado”.

Eucken, Rudolf (1846-1926): “Es necesario que haya una ciencia aparte, que trate el objeto
como un todo, que despeje sobre todo el hecho fundamental con una claridad plena y procure
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establecer el contenido de ese hecho así como la situación de éste por lo que toca al mundo
que nos rodea; esta ciencia es la filosofía”.

Korn, Alejandro (1860-1936): “La filosofía –así en singular- no existe. Esta palabra no
significa más que amor al saber. Expresa una actitud, un anhelo, un estado de ánimo: el
deseo de llevar nuestro conocimiento hasta sus últimos límites. No es, pues, un saber
concreto y transmisible sino una actitud espiritual: en ocasiones ésta se puede sugerir y aún
encaminar, cuando preexiste una disposición espontánea. Se adquiere así el hábito de dar
al pensamiento una dirección determinada, a vincular el caso particular a conceptos
generales, a ver en el hecho más común un problema, a empeñar el esfuerzo de la mente en
una contienda con lo desconocido, a superar la limitación individual. Y esta tensión
espiritual, este afán de saber, es el mejor provecho de los estudios filosóficos. La mera
erudición es un peso muerto, como la carga de la acémila”.

Dewey, John (1859-1952): “La filosofía es la crítica de los valores, crítica de las creencias,
instituciones, costumbres y usos bajo el punto de vista de su repercusión sobre el bien”.

Husserl, Edmundo (1859-1938): “La filosofía es, por esencia, la ciencia de los verdaderos
principios, de los orígenes, de las raíces de todas las cosas”.

Whithead, Alfred North (1861-1947): “La filosofía es el intento de expresar la infinitud del
universo en los términos limitados del lenguaje”. “La filosofía es el esfuerzo para hacer
completamente racional la experiencia humana”.

Unamuno, Miguel de (1864-1936): “La filosofía es la ciencia que trata de formarnos una
concepción unitaria y total del mundo que oriente la acción y la vida”.

Russell, Bertrand (1872-1970): “La filosofía consiste en descubrir problemas nuevos y darle
respuestas nuevas a los problemas antiguos”.

“La filosofía ha sido definida como “un intento extraordinariamente obstinado para pensar
con claridad”; yo, más bien, la definiría como “un intento extraordinariamente ingenioso
para pensar con falacia”.

Maritain, Jacques (1882-1973): “La filosofía es el conocimiento científico que mediante la


luz natural de la razón considera las primeras causas o las razones más elevadas de todas
las cosas; o de otro modo, el conocimiento científico de las cosas por las primeras causas y
los más altos principios de todas las cosas en cuanto éstas conciernen al orden natural”.

Jaspers, Karl (1883-1969): “Filosofía quiere decir, ir de camino –el destino del hombre en
el tiempo- en la realización histórica del ser del hombre, al que se lo abre el ser mismo.
Lograr esta realidad dentro de la situación en que se halla en cada caso un hombre es el
sentido del filosofar”.

“Hoy es dable hablar de la filosofía quizá en las siguientes fórmulas; sentido es: Ver la
realidad en su origen; apresar la realidad conversando mentalmente conmigo mismo, en la
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actividad interior; abrirnos a la vastedad de lo que nos circunvala; osar la comunicación de


hombre a hombre sirviéndose de todo espíritu de verdad en una lucha amorosa; mantener
despierta con paciencia y sin cesar la razón, incluso ante lo más extraño y ante lo que se
rehúsa. La filosofía es aquella concentración mediante la cual el hombre llega a ser él
mismo, al hacerse partícipe de la realidad”. 1

Principales tendencias en la historia de la filosofía

La historia de la filosofía puede verse cronológicamente de la misma manera que la


historia común, en las siguientes etapas:

Historia antigua (s. VII AC a III DC)

Historia medieval (s. IV a XV)

Historia moderna (s. XVI a XVIII)

Historia contemporánea (s. XIX hasta ahora)

La filosofía antigua tiene muchos filósofos, pero los más representativos hasta
nuestros días son Platón y Aristóteles en el s. IV AC. Estos desarrollan sistemáticamente las
principales partes de la filosofía. Tienen un concepto del conocimiento muy claro e integral:
creen que cuando el ser humano conoce correctamente la realidad puede explicarla
íntegramente. Desde este punto de vista describen a la realidad y al hombre. Para Aristóteles
el hombre se compone de alma (mente) y cuerpo, si bien tiene semejanza con los animales
su característica distintiva es la capacidad para conocer en forma abstracta (hacerse ideas de
las cosas) y la racionalidad (combinar esas ideas para encontrar nuevas). La ética aristotélica
está centrada en el desarrollo de aquello que distingue al ser humano, es decir la mente. Lo
bueno, es hacer todo aquello que concluya en la expansión de la racionalidad. Este enfoque
de la ética se llama “intelectualista” porque pone el acento en el conocimiento. Aristóteles
pone el acento en la búsqueda de la felicidad, pero distingue la falsa felicidad de la verdadera
felicidad. Por esto también ésta ética se la llama “eudemonista” (ya que “eidos” en griego
significa felicidad). La verdadera felicidad consiste en la contemplación intelectual. Para que
el hombre se encamine a esta meta debe practicar conductas determinadas. Estas conductas
encaminadas a un fin para la realización humana se llaman virtudes. Distingue cuatro virtudes
(llamadas posteriormente virtudes cardinales): la justicia, la templanza, la fortaleza y la
prudencia. Este pensador cree que el hombre virtuoso tiene garantizada la vivencia de la
auténtica felicidad, y aquellos que practican algo de estas virtudes se encaminan a la
felicidad. Es necesario aclarar que las virtudes parten de una decisión de la persona. Uno
decide, o lo obligan, a vivir la justicia o la templanza, pero no es algo que nos salga
naturalmente. El camino de las virtudes implica ponerse la meta de ser justo o fuerte, u
obedecer a aquel que nos propone esa meta. Es algo que se realiza con esfuerzo y dedicación,
y lleva toda la vida, porque siempre se puede ser mejor en cada una de ellas. El planteo
aristotélico tiene influencias de la actividad deportiva. Para los griegos de aquella época no

1
Extractado de http://eudoroterrones.blogspot.com.ar/2009/03/el-concepto-de-filosofia-segun-los.html
25/05/17
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era extraña la idea de ejercitarse continuamente para lograr un cuerpo bello y proporcionado,
o para vencer a los competidores en las olimpíadas.

Actualmente este planteo intelectualista es bastante criticado, porque cierra el bien a


una sola dimensión de lo humano, lo racional, y deja de lado los sentimientos y la sociabilidad
de la persona. Por otro lado Aristóteles hace un planteo abstracto del hombre y la felicidad y
lo propone como un modelo para la vida de todas las personas. No tiene en cuenta las
diferencias de cultura y de circunstancias que tenemos cada uno. No por eso deja de tener
valor esta ética. Todavía hoy, plantear una educación o un comportamiento social en base a
las virtudes es algo valioso. La idea de ejercitarnos en vivir una vida con ciertas convicciones
que nos haga fuertes y nos lleve a superarnos mejoraría muchísimo nuestra propia autoestima
y la relación que tenemos entre nosotros.

La época medieval está caracterizada por la influencia del pensamiento cristiano


sobre la filosofía. Es un tiempo en el que la Iglesia Católica tuvo mucho poder en Europa. En
general, dejando de lado muchos filósofos importantes, destacamos a San Agustín y Sto.
Tomás como filósofos importantes. Este último continuó con el planteo de la filosofía
aristotélica y le agregó innovaciones importantes. Para S. Tomás el bien supremo que nos
lleva a la felicidad es la contemplación de Dios. Retoma el tema de las virtudes aristotélicas
y las completa con tres virtudes de carácter religioso: fe, esperanza y caridad. Para este autor
medieval tenemos que tomar en cuenta que la realidad está regida por tres tipos de leyes: la
ley eterna, la ley natural y la ley positiva. La ley eterna es la del propio Dios, es lo que El
piensa , decide y hace, nosotros solo conocemos algo de ella en lo que El ha querido
mostrarnos. La ley natural es el reflejo en la naturaleza de la ley eterna, es un orden natural
que es autónomo de las decisiones del hombre. La ley positiva es la que decidimos los
hombres para organizar nuestras vidas en comunidad en forma racional. Esta última solo es
válida para S. Tomás si es compatible con la ley natural, porque así también se relaciona con
la ley divina. Toda decisión de la comunidad para regular su vida debe estar de acuerdo con
lo que el orden de la naturaleza determina. De esta manera una decisión social como el aborto
sería injusta, porque contradice a la naturaleza que siempre tiende a la vida, porque
interrumpe un orden natural que siempre busca la vida en su forma más plena; lo mismo
sucedería con la pena de muerte, salvo que sirva para salvaguardar las vidas de los demás en
caso de peligro extremo, no puede justificarse la supresión de la vida de las personas.

Para Sto. Tomás la ley que no es válida no tiene porqué obedecerse, de este modo una
ley positiva que contradiga el orden natural no tiene porqué ser obedecida. Con este tema
entramos en una problemática ética compleja. ¿Qué hacer cuando la conciencia me dice que
algo está mal y al mismo tiempo la sociedad y el estado a través de una ley me manda que lo
haga bajo pena de castigo? Este dilema se resuelve con la “objeción de conciencia”, que
permite que el sujeto se autoexcluya de ciertas responsabilidades impuestas por el estado
porque estas contradicen sus convicciones éticas más arraigadas, pero no todos los sistemas
de derecho tienen la “objeción de conciencia”, y en estos casos el individuo tiene que resolver
por sí mismo este dilema moral.

En primer lugar, hay en el hombre una inclinación - que comparte con todas las
substancias- al bien natural, en cuanto que toda sustancia apetece la conservación de su ser,
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conforme a su naturaleza; de acuerdo con esto, a la ley natural pertenece todo aquello que
contribuye a la conservación de la vida del hombre y prohíbe su contrario.2

Más allá de la fundamentación de la existencia de Dios y de la ley eterna, si


consideramos a la naturaleza como un todo ordenado racionalmente que nos comprende a
todos, el fundamento de la ley positiva como compatible con la ley natural sigue siendo algo
válido actualmente. El debate filosófico de fondo es cómo consideramos a la naturaleza,
algunos aseguran que lo natural tiene un orden propio e intrínseco y lo pueden explicar
filosóficamente, mientras que otros sostienen que la naturaleza es imprevisible y por lo tanto
no puede ser fundamento de nada. Mientras exista este debate también existe el debate acerca
de cuál es el fundamento de las leyes positivas.

En la época moderna comienza a diluirse el poder de la Iglesia en la cultura y se


comienza a humanizar la idea de poder. Los nuevos filósofos desafían el pensamiento de la
Iglesia y, entre otros temas, se plantea el “contractualismo” como fuente del poder. Tomas
Hobbes en su libro “Leviatan” sostiene que el estado se origina de la cesión de derechos
individuales que los individuos de una sociedad hacen para que el estado tenga poder para
organizar la sociedad. Para este autor el hombre en estado natural vive en una situación
permanente de guerra y anarquía, y por lo tanto es imposible organizar la vida común y todos
viven de una manera trágica y terrible. Por esta situación todos deciden resignar libertad y
constituir el estado con un gobernante con la potestad de instaurar el orden a través de las
leyes que el gobernante crea conveniente. Mientras haya paz y progreso, este contrato es
efectivo y el gobernante mantiene su poder, pero si surge nuevamente el desorden, el pueblo
considera que el contrato social se incumplió y puede elegir otro gobernante para restaurar el
orden. Este fundamento de Hobbes tuvo mucha influencia en la época moderna y también en
nuestros días. La mayoría de las constituciones tienen esta idea de contrato social. Pero
Hobbes fue muy criticado porque el pueblo cedía demasiadas libertades y el gobernante tenía
un poder absoluto para instaurar leyes que mantuvieran la paz. Jhon Locke y J. J. Rousseau
criticaron este abuso. Con diferencias, tienen una posición contraria a la de Hobbes. Locke
sostiene que el pueblo no vive en un estado natural de completa anarquía sino que existen
leyes naturales que los hombres siempre conocen y respetan, por lo tanto se deben ceder
menos libertades a los gobernantes. Rousseau también sostiene que el poder del gobernante
debe ser controlado por el pueblo. De esta manera, estos dos autores dicen que las leyes se
originan en una decisión del gobernante, al igual que Hobbes, pero con limitaciones, ya que
no pueden quitarle a los ciudadanos ciertos derechos y libertades que estos traen
naturalmente.

Un poco posterior a estos planteos es la ética de I. Kant. Para algunos, junto con
Descartes, es uno de los grandes filósofos de la época moderna. Kant parte de la idea de la
autonomía de la moral. Esto quiere decir que la persona puede darse a sí misma el fundamento
de las normas morales, y no necesita de la naturaleza ni de un gobernante autoritario que le
diga lo que tiene que hacer. Pero surge la pregunta ¿cómo darnos cada uno de nosotros
nuestra propia norma moral y a la vez convivir con las mismas normas morales? Kant recurre

2
Sto. Tomás, Suma Teológica, I-II, q 94 art. 2
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a la racionalidad. Todos somos capaces de pensar racionalmente, por lo tanto si todos


buscamos el bien racionalmente debemos llegar a las mismas conclusiones.

La ética kantiana es una ética voluntarista, toda la acción moral depende de la


decisión que toma el individuo. Rechazó todas las éticas anteriores, porque eran
“heterónomas” (hacían depender el bien de algo externo al individuo), y propone una
autonomía de la moral. Propone que el individuo se rige por “imperativos categóricos” que
le dictan su propia conciencia racional, es decir que nuestros deberes se fundamentan en
nuestra propia racionalidad. “No existe nada bueno ni nada malo excepto una buena o mala
voluntad”, es decir que nuestras intenciones son aquello que constituye el bien y el mal. Una
voluntad es buena cuando intenta cumplir el deber por puro respeto del deber. Para Kant
nuestros deberes no se nos imponen desde un fin ideal o real, tampoco se derivan de las
costumbres, ni desde cualquier otro contenido, sino que tienen su origen en nuestra voluntad
racional. Para el, desde el punto de vista moral, no existe nada bueno ni nada malo excepto
una buena o mala voluntad. El filósofo nos muestra principios racionales que encontramos
por nosotros mismos que son la guía para nuestra conducta:

1° imperativo categórico: cualquier conducta que queremos tener tiene que ser pensada en
forma universal, como una ley para toda la humanidad.

2° imperativo categórico: el otro y toda la humanidad, siempre debe ser tomada como un
fin en sí mismo, y no como un medio para otra cosa.

Entonces esta ética no señala qué contenidos son buenos o malos desde el punto de
vista moral, sino que se limita a indicarnos el modo o la forma de nuestras decisiones morales,
y lo único que tiene importancia es la intención que guía la acción. Por ejemplo: ¿debo
mentirle a una persona para obtener el beneficio de su influencia social? La respuesta de la
ética kantiana es que si todos mintiéramos para obtener beneficios de los otros nadie podría
confiar en nadie, y si usamos al otro para un beneficio no lo estamos viendo como una persona
sino como una cosa o un instrumento.

A Kant se le critica que su ética deja de lado los sentimientos, todo es por deber, y
exagera la disposición de fines y medios. Si un delincuente me preguntara si tal familia tiene
mucho dinero, según esta postura ética debería decirle la verdad por el deber de decir siempre
la verdad. Por otro lado, las personas necesitan un estímulo para ser buenas, el sentirse bien
por ser bueno, o hacer una cosa buena por no sentirnos culpables, son sentimientos que nos
ayudan en la moral y esto queda afuera del planteo ético kantiano. Lo bueno de esta ética es
que hace depender la acción ética de la persona, y deja en su absoluta libertad y racionalidad
sus decisiones morales. Kant encuentra un fundamento de la ética en la capacidad racional
de la propia persona, sin imponerle nada externo.

La época contemporánea comienza en el siglo XIX. Este siglo tiene como filosofías
principales al marxismo (derivada de las enseñanzas de Karl Marx) y el positivismo (una
filosofía muy ligada al pensamiento científico de las ciencias naturales y al progreso
económico). Dentro de este panorama tenemos a la filosofía utilitarista, que si bien proviene
de la época moderna, todavía sigue vigente en este tiempo. Uno de los principales filósofos
de esta tendencia es Jhon Stuart Mill. Si bien el fundador de esta corriente fue el filósofo
11

empirista J. Bentham, Mill fue uno de sus continuadores. Para esta corriente lo bueno para
el hombre es el placer y lo malo el dolor o el sufrimiento. Desde esta perspectiva aquello
que tenga como consecuencia un sentimiento de placer es bueno y lo que trae como
consecuencia algo doloroso es malo. El principio que guía a la ética utilitarista es el mayor
placer posible para el mayor número de personas. Los utilitaristas sabían que lo que
llamamos placer es algo demasiado general, entonces distinguieron entre placeres bajos y
elevados. Los elevados son aquellos que desarrollan lo intelectual y lo estético (leer buenos
libros, tener conversaciones profundas, disfrutar una buena película o un buen cuadro,
degustar un buen vino o una comida exótica); estos placeres elevados por más que se
incrementen siempre mejoran la vida física, espiritual e intelectual de la persona. Los placeres
bajos están asociados con el ocio despreocupado, la comida en exceso, la actividad sexual
desenfrenada o el consumo intensivo de alcohol; estos placeres al incrementarse causan dolor
porque afectan lo físico, mental y corporal de la persona. Para los utilitaristas lo importante
son las consecuencias de las acciones. Si una mentira hace más feliz a una persona o le evita
un sufrimiento es algo bueno.

Los cuestionamientos al utilitarismo vienen desde su básica clasificación de los


placeres, que reduce a la persona a experiencias positivas y la vuelven demasiado
individualista. Por otro lado el principio de la mayor felicidad para el mayor número puede
caer en excesos, ya que la felicidad de la mayoría puede consistir en someter a una minoría.
Es una ética afín con la ideología capitalista, ya que al reducir la felicidad al placer, también
la hace compatible con el consumo. Sin embargo, Mill advirtió este último punto y propuso
que el estado debía intervenir en favor de nivelar las desigualdades sociales, de tal modo que
se evitara la miseria y a través de la educación los pobres también tuvieran acceso a los
placeres elevados. Actualmente es una postura ética que se practica mucho, porque nuestra
cultura de la una importancia muy grande al placer y al consumo.

En el siglo XX surgen éticas muy diversas, vinculadas con corrientes filosóficas


diferentes. Más adelante examinaremos algunas con detalle y fundamentalmente
profundizaremos en cuestiones bioéticas.

Corrientes éticas contemporáneas

La ética o filosofía moral suele dividirse en tres grandes ámbitos. En el sentido más
general, la meta-ética investiga el origen o las bases de la moralidad, incluyendo cuestiones
como si es esencialmente objetiva o subjetiva por naturaleza. La ética normativa se centra en
las normas éticas en las que se basa la conducta moral: así, el utilitarismo, por ejemplo, es un
sistema normativo basado en la norma de “utilidad”. Por último, en el nivel más concreto, la
ética aplicada traslada la teoría filosófica a los asuntos prácticos, como el aborto, la eutanasia,
la guerra justa y el trato a los animales. Los filósofos han adoptado una serie de posiciones
sobre todas estas cuestiones; y de ahí proceden las distintas tendencias. A continuación
presentamos brevemente las más comunes.

ABSOLUTISMO ÉTICO
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Sostiene que determinadas acciones son correctas o incorrectas en cualquier circunstancia.


Se pone el acento en lo que es la acción misma independientemente de las circunstancias o
la intención del agente a realizarlas. Por ejemplo una teoría ética que fundamente la
incorrección ética de la guerra o de los castigos corporales, esos hechos, en cualquier
circunstancias, estarían mal porque se los considera malos intrínsecamente, malos por si
mismos. No es una teoría ética que en la actualidad tenga muchos adeptos.

EL CONSECUENCIALISMO

Sostiene que la corrección o incorrección de las acciones puede establecerse


limpiamente por recurso a su eficacia para conseguir determinados fines deseables o estados
de hecho, el sistema consecuencialista más conocido es el utilitarismo.

EL DEONTOLOGISMO

Considera que determinadas acciones son intrínsecamente correctas o erróneas, con


independencia de sus consecuencias; atribuye una importancia decisiva a las intenciones del
agente y a las nociones de deberes y derechos. La ética kantiana es el sistema deontológico
más importante.

EL NATURALISMO

Sostiene que los conceptos éticos pueden explicarse o analizarse estrictamente como
“hechos de la naturaleza” que puede descubrir la ciencia, y suele tratarse de hechos de la
naturaleza humana como el placer. En este caso, la decisión sobre si algo es bueno o malo,
la tiene la ciencia, en la medida que dañe o mejore la vida humana o la convivencia. Presenta
el problema de que la ciencia por si misma no explica el bien o el mal, sino que descubre
leyes naturales, las aplica, o explica porque suceden ciertos hechos. Toda la influencia actual
de las neurociencias le ha dado un nuevo impulso a esta corriente, porque puede identificar
los distintos estados cerebrales como mejores o peores para la persona, o asocia los
sentimientos con procesos fisicoquímicos en el cuerpo.

EL ANTICOGNITIVISMO

Considera que la moralidad no es un asunto de conocimiento, porque la preocupación


de la moralidad no debe consistir en “los hechos”, por el contrario, un juicio moral expresa
las actitudes, las emociones, etc., de la persona que actúa. Ejemplos de las posiciones
anticognitivistas son el emotivismo y el prescriptivismo. Esta corriente se enfoca para
clasificar una acción de buena o mala en los sentimientos que le genera al agente o a la
comunidad, los hechos son neutros, pero nuestra respuesta emocional hacia ellos no. Tiene
la ventaja de que muchos se sienten mejor cuando las leyes aprueban o permiten una acción
que les da satisfacción, pero que algo nos de satisfacción puede ser altamente perjudicial para
otros. Por ejemplo, justificar la pena de muerte, el aborto o la eutanasia porque la mayoría de
la gente se siente bien cuando se permiten estas acciones.

EL OBJETIVISMO
13

Sostiene que los valores morales y sus propiedades forman parte del “mobiliario (o
de la fábrica) del universo, y existen independientemente de los seres humanos capaces de
aprehenderlos; las afirmaciones éticas no son subjetivas o relativas a nada, y deben ser ciertas
o falsas de acuerdo con su mayor o menor adecuación al modo en que el mundo es. El
objetivismo afirma que los conceptos éticos son metafísicamente reales y, en consecuencia,
coincide en muchos aspectos con el realismo moral. Es una ética que supone que la realidad
está ordenada racionalmente, el hombre puede conocer ese orden racional, y ese es el
fundamento del bien. Por ejemplo, la Iglesia Católica adscribe a este tipo de ética, pero el
objetivismo va más allá de la compatibilidad con una creencia religiosa.

EL SUBJETIVISMO

Considera que el valor bien no se basa en la realidad externa sino en nuestras creencias
acerca de la realidad, o en nuestras reacciones emocionales a la misma. Esta posición
coincide en lo fundamental con el anticognitivismo. En el caso de la posición cognitivista, el
subjetivista sostiene que existen hechos éticos, pero niega que sean objetivamente verdaderos
o falsos; un ejemplo de esta forma de subjetivismo es el relativismo. Esta corriente no se
apoya tanto en los sentimientos de las personas, sino en las creencias éticas de una comunidad
o de una persona en particular, que pueden cambiar con el tiempo, con la organización
política o con las diferencias culturales.

Diferencia entre ética y moral

1-En términos generales la diferencia entre ética y moral debe buscarse en que la primera
es un estudio filosófico y científico mientras la moral es puramente práctica; es decir, la
ética habla desde la razón y la reflexión filosófica pero la moral se refiere a los actos que
realizamos día a día durante nuestra vida.

Si analizamos etimológicamente ambas palabras nos encontramos con que las dos tienen el
mismo significado originario:

"moral" viene del latín "mos" (costumbre)

"ética" viene del griego "ethos" (costumbre)

Pero actualmente, con la evolución de la lengua, ambos significados se han ido bifurcando
para terminar con dos completamente distintos. A continuación vamos a analizarlos de
forma detallada para entender cuál es la diferencia de base.

2 -Comenzamos a analizar qué es la moral para entender su diferencia inicial con la ética.
Se trata de una serie de principios, valores o normas que son los que rigen nuestro
comportamiento. La moral es la que determina nuestras actuaciones y la que nos marca los
límites que no queremos pasar. Actualmente, a la moral también se la conoce como "tener
principios" y se refiere a, precisamente, ese cuadro de normas propias que seguimos en
nuestro día a día para actuar tal y como nosotros creemos que es correcto.
14

A nivel sociológico, la moral también puede determinar la cultura y forma de vivir de una
sociedad o un colectivo de personas. Algunas normas o principios se transmiten entre
diferentes generaciones de un mismo grupo de personas que establecen, así, unos principios
morales sobre los que crear su sociedad.

3-Ahora nos centraremos en el significado de ética. Se trata de reflexionar sobre los


principios que formarán luego nuestra moral y, por tanto, es la parte filosófica que
determinará el comportamiento al que tendremos que someternos para vivir en sociedad de
forma pacífica. Es decir, es el pensamiento previo, la parte reflexiva que conforman nuestros
actos.

Por ejemplo, los vegetarianos son un tipo de persona que defiende que por sus principios
(por su propia ética) no van a comer carne (moral); esos "principios" han surgido de una
reflexión previa sobre la situación quedando resultante la conclusión final: no comer carne.3

Entonces, la moral es una serie de reglas que regulan nuestra conducta. Estas reglas
pueden provenir de la cultura, de las costumbres, de nuestros valores religiosos, de alguna
preferencia que tengamos para orientar nuestras acciones. La ética es algo previo, es una
reflexión filosófica, esto implica que es racional, sobre lo que es el bien referido al ser
humano. Una moral determinada debería estar fundada en una ética, pero no siempre es así.

Un análisis ético situado: el origen de la violencia.

Siempre ha sido interesante preguntarse porque el hombre se vuelve violento, porqué


en determinados momentos algunas personas pueden torturar o matar fríamente a otra, o
porqué se planifica racionalmente el exterminio, el sufrimiento o la miseria de una población.
La primera reflexión importante sobre el tema la formula S. Freud. El fundador del
psicoanálisis sostiene que la violencia es innata al hombre, nacemos con un instinto que nos
lleva a destruir o atacar, y con otro instinto que nos hace amar y entregarnos al otro. De la
combinación continua de ambos instintos se origina la conducta humana. El sentimiento de
culpa que surge cuando transgredimos las normas morales descarga ese instinto destructivo
sobre nosotros evitando que salga hacia el exterior.

Pero no todos coinciden con Freud.

La respuesta de Fromm
Erich Fromm es considerado por muchos uno de los mas grandes psicólogos,
sociólogos y filósofos del s. XX. Ya hemos mencionado algunos fragmentos de sus opiniones
en especial como miembro de la “Escuela de Frankfurt”. Para analizar el tema que nos
interesa esta pensador comienza analizando en “Teoría y estrategia de la paz” los distintos
significados de la palabra “paz” y encuentra una definición negativa...

3
Extractado de https://educacion.uncomo.com/articulo/cual-es-la-diferencia-entre-etica-y-moral-
21656.html 07/06/2017
15

Paz equivale a no guerra o no utilización de la fuerza para el logro de determinados fines

Y otra positiva...

Paz equivale a estado de armonía fraternal de todos los hombres

El segundo concepto se asimila a la idea profética del “tiempo mesiánico” que aparece
en el Antiguo Testamento, época de armonía entre los hombres y entre el hombre y la
naturaleza; se encuentra siempre dentro de un contexto relativo, en parte dentro de la historia
del Cristianismo, en parte en las sectas y movimientos revolucionarios cristianos y, en su
forma secular, en la teoría de Karl Marx. Con respecto al primer significado del término,
mucho más común, se han propuesto diferentes caminos para llegar a este tipo de paz: uno
de ellos, de tipo político es establecer una autoridad supranacional con poder para evitar el
desencadenamiento de una guerra; otro, de tipo económico, es la propuesta del
librecambismo, que sus autores consideran capaz de proporcionar una base para la paz, y otro
de tipo militar –el “equilibrio del terror”, sucedáneo del “equilibrio del poder”-, en el cual el
análisis racional de la situación por parte de cualquier estado lo lleva a descartar el uso de la
fuerza porque no le conviene utilizarla.
En la época actual con acciones de “guerra preventiva” como la originada por el auge
del terrorismo internacional o el peligro de una guerra termonuclear global, atrae nuevamente
la atención sobre el tema de la paz, y según Fromm no se lo puede tratar ampliamente sin
hacer referencia a una teoría del hombre y de la sociedad en que vive.
Para encarar la primera comienza con un análisis crítico de la noción de “agresividad”
tal como ha sido utilizada por otros pensadores, en particular Freud y Lorenz. Dice en primer
término que “agresividad” no debe confundirse con “destructividad”, ni con “hostilidad”.

En primer lugar no debemos olvidar que hay una agresividad que es solo de acción. Hay
hombres que destruyen sin obedecer a un impulso destructivo ni tener interés psicológico
en hacerlo; siguen órdenes (...) Esto resulta hoy tanto mas fácil, porque una gran parte de
la destrucción está tan lejos del objeto, que ahorra al hombre ver lo que hizo. Llamo a
esta clase de agresividad “organizacional”, queriendo significar que el hombre que
destruye lo hace porque se lo han ordenado y solo hace lo que le indican, y tanto destruye
como construye, según la orden correspondiente (...). El hombre que realiza este tipo de
agresión no obedece a un deseo de destruir. Quizás el concepto más importante (...) que
en los últimos años ha cobrado particular significado a través de la obra de Konrad
Lorenz y de una serie de otros autores, sea la idea de que existe un instinto de destrucción
(...) que muchos consideran análogo al instinto sexual. Me parece importante definir, ante
todo, el concepto de instinto de que aquí se habla: como una cantidad de excitación que
surge espontáneamente y vá creciendo y cuyo fin es la destrucción de objetos, que se va
potenciando cada vez mas y, aunque sea controlada, debe llevar finalmente a una
explosión. Según esta teoría, el hombre busca objetos que le permitan liberar su instinto
de destrucción, tal como en la esfera de la sexualidad busca objetos que le permitan liberar
su instinto sexual. Se trata en cierto modo de la misma idea que se encuentra en la teoría
del instinto de muerte de Freud (...) Lorenz lo dijo una vez de una manera muy simple: no
surge agresividad porque haya partidos políticos en pugna, sino al revés. El hombre se
crea las relaciones por medio de las cuales puede liberar su destructividad, que le es
16

innata, y se va potenciando sin cesar. En mi opinión se puede demostrar que la


suposición de que existe un instinto de destrucción análogo al instinto sexual, es
insostenible. Lo señalan estudios neurofisiológicos particularmente de los últimos años
(...) Uno de los neurofisiólogos más significativos, muerto hace poco, Hernández Peón,
demostró que como en el caso de muchos otros mecanismos, hay un centro excitador y un
centro inhibidor de la agresividad. Esto quiere decir que nunca puede tener lugar una
autoexcitación espontánea y una excitación en progresivo aumento, como en el modelo
hidráulico de Freud y de Lorenz. Sobre la base material antropológica y psicológica se
puede demostrar que el grado de destructividad varía de un hombre a otro, de modo que
parece imposible postular un instinto general de destructividad, innato como tal en el
hombre. En lo que respecta al instinto de muerte freudiano, debería pensarse lo siguiente:
según Freud debe existir naturalmente el instinto de muerte no solo en el hombre sino
también en el animal, pues al tratarse de un factor biológicamente dado, reside en toda
sustancia viva. Sin embargo, el conjunto de material reunido sobre animales no
proporciona el mas mínimo fundamento al supuesto de que los que se manifiestan como
menos agresivos mueran antes (o) se enfermen mas, en comparación con los animales mas
agresivos. Esto significa que el material referente a animales probaría ya por si mismo
que es insostenible la teoría del instinto de muerte como una tendencia normalmente
innata de todo lo viviente.

La discusión relacionada con el tema de la agresividad y de la destructividad, según


Fromm, suele culminar con una oposición entre dos grupos, el que sostiene la existencia de
un instinto destructivo –en el que están Freud y Lorenz- y en el que sostienen que toda
agresividad es aprendida, proveniente de influencias del medio, como Skiner. También esta
última posición le parece insostenible ya que hay en el hombre y en el animal un centro
cerebral que si es excitado eléctricamente provoca reacciones agresivas. Fromm propone otra
solución: suponer la existencia de una disposición a la agresión de origen fisiológico, pero
que se desencadena solo ante determinados estímulos y que estos tienen que ver con
situaciones en las que el hombre y el animal sienten amenazados sus intereses vitales.
Dichos intereses son: la vida –individual y de la especie-, el cuidado de las crías, el acceso a
animales de otro sexo, a las fuentes de alimentación, a la posesión de un territorio. Sin
embargo, mientras el animal sólo mata por necesidad, el hombre lo hace a menudo por
crueldad, es decir, por el placer de destruir, y aquí Fromm distingue entre la
agresividad reactiva ante la amenaza de intereses vitales, que es mayor en el hombre
que en el animal, y la destructividad, exclusiva del hombre, que adopta dos formas
diferentes, y pasa a analizar cada una de ellas por separado.
Comienza por preguntarse ¿porqué la agresividad reactiva es mayor en el hombre que
en el animal? Y propone las siguientes razones.

En primer lugar: el hombre prevé y por ello puede anticipar peligros aún no presentes,
pero que posiblemente surjan en el futuro. Se siente entonces, a diferencia del animal,
amenazado no sólo por el peligro inmediato, sino también por el peligro previsible. En
segundo lugar: el hombre crea símbolos y valores que se identifican con él mismo, con
su existencia total. Los ataques contra éstos símbolos y valores son ataques contra
intereses vitales, que en el caso del animal no existen naturalmente en este dominio. En
tercer lugar: el hombre crea ídolos a los que se esclaviza, pero sin los cuales en un
17

determinado estadio de su desarrollo no puede vivir sin enloquecer o desquiciarse


interiormente. Todo ataque contra esos ídolos se sentirá como un ataque contra sus
intereses vitales.
Bajo esta denominación, debe entenderse (...) [los ídolos] que hoy reverenciamos, los de
las ideologías, los de la soberanía del estado, los de la nación, los de la raza, de la religión,
de la libertad, del socialismo, de la democracia, de la maximización del consumo, de la
organización, etc. Todo eso se idoliza, todo se vuelve algo que se separa del hombre y
resulta entonces más importante y tiene mayor valor que el hombre mismo (...). Quizás no
haya ninguna amenaza que suscite mas hostilidad y destructividad a lo largo de la historia
humana, que la amenaza contra los ídolos que el hombre reverencia; sólo que los hombres
siempre se engañan al respecto, en tanto creen que sus ídolos son los verdaderos dioses,
y los dioses de otros son verdaderos ídolos. En cuarto y último lugar está la sugestibilidad
del hombre. Se puede persuadir a un hombre de que sus intereses vitales están
amenazados, aunque no lo estén en absoluto. Se le puede lavar el cerebro –así se dice
cuando se habla del enemigo- o “educarlo”, como se dice cuando se habla de sí mismo.
Pero sea que los intereses del hombre estén realmente amenazados, o que se cree la
sugestión de que lo están, en los dos casos la reacción subjetiva es la misma. Esta
destructividad o agresividad reactiva del hombre es en principio la misma que la del
animal, pero por los motivos que he mencionado anteriormente, resulta monstruosamente
más amplia y profunda que la de este.

El verdadero problema, en este caso, está constituido por...

La dependencia del hombre respecto de sus ídolos, la falta de una actitud crítica, la
sugestibilidad y todo lo que se relaciona con la falta de un desarrollo anímico pleno en
el hombre

Y todos estos factores se relacionan a su vez, con estructuras sociales determinadas.

Fromm pasa a continuación a analizar las dos formas de destructividad que son
típicamente humanas.
18

El segundo tipo de destructividad, totalmente distinto de la agresividad reactiva, y


específicamente humano, es el que yo llamaría destructividad sádica cruel. Su fin es la
vivencia de la omnipotencia sobre los hombres y las cosas, que se manifiesta en el control
absoluto sobre ambos, hasta el punto de la destrucción, el tormento y la tortura. Esta
vivencia de la omnipotencia solo se entiende si se comprenden sus raíces, es decir, el
sentimiento de impotencia que la mayoría de los hombres han tenido a lo largo de la
historia. No tiene porqué ser consciente, porque hay medios suficientes para engañarse al
respecto, ya que resulta incómodo sentirse conscientemente impotente. (...) La destrucción
de lo que tiene vida es casi tan maravillosa como la creación de la vida, salvo que ésta
requiere esfuerzo, disciplina, abnegación, empleo de todas las capacidades humanas, y
en cambio la destrucción no precisa en la actualidad mas que un arma, o en el pasado,
manos y puños robustos. Por ello encontramos reiteradamente en los individuos y clases
sociales mas privados de la posibilidad de experimentar vivencias creadoras activas –por
ejemplo en la pequeña burguesía alemana de la época anterior a Hitler o en los estratos
blancos, socialmente análogos, de los estados sureños norteamericanos-, que los hombres
que, por su situación real, carecen mas de alegría o de fuerza creadora, son los que
manifiestan con mayor frecuencia esta destructividad sádica

. Aunque solo dure una hora o diez minutos, la vivencia de cabal omnipotencia (...) para
muchos hombres que en su existencia social y en su sentimiento íntimo se perciben solo
como gusanos, es algo por lo que vale la pena morir. Una tercera forma de destructividad
(...) es la destructividad necrófila. La palabra “necrófilo”, en sentido caracterológico, fue
empleada por primera vez por Unamuno en su famoso discurso de Salamanca,
pronunciado seis meses antes de su muerte. En esa oportunidad reaccionó ante una
exclamación del general Millán Astray, secuaz de Franco, cuya divisa era ¡Viva la muerte!,
respondiendo: “acabo de oír un grito insensato y necrófilo”. “Necrófilo” también
significa la atracción por todo lo muerto, lo que es ruina, enfermedad, no-vida, no-
crecimiento,, y lo solo mecánico. (...) En oposición a la necrofilia está lo que he llamado
biofilia, el particular amor a la vida; es característico de los hombres que no sólo quieren
vivir como todos, sino que experimentan una especial alegría ante todo lo que vive, lo
que crece, lo que posee una estructura, lo que se configura a si mismo, lo que no es
mecánico. Es lógico que nos refiramos en este punto a la vinculación que existe entre este
concepto de la necrofilia y la biofilia, y los instintos de vida y de muerte de Freud. Para mi
la principal diferencia reside en que el instinto de muerte en Freud es biológicamente
normal, mientras que a mi juicio (...) la necrofilia es algo patológico.

Una referencia más amplia a biófilos y necrófilos puede encontrarse en otra obra de
Fromm, “El corazón del hombre”. En ella dice al caracterizar al necrófilo...
19

La persona con orientación necrófila se siente atraída y fascinada por todo lo que no vive,
por todo lo muerto: cadáveres, marchitamiento, heces, basura. Los necrófilos son
individuos aficionados a hablar de enfermedades, de entierros, de muertes. Empiezan a
vivir precisamente cuando comienzan a hablar de la muerte. Un ejemplo claro del tipo
necrófilo puro es Hitler. Lo fascinaba la destrucción, y le agradaba el olor de la muerte.
Aunque en los años de su éxito quizá haya parecido que solo quería destruir a quienes
consideraba enemigos suyos. Los días de la Gotterdammerung o “crepúsculo de los
dioses”, y el final, demostraron que su satisfacción mas profunda estriba en presenciar la
destrucción total y absoluta: la del pueblo alemán, la de los que lo reodeaban, la suya
propia. Una información de la primera guerra mundial, de la que no hay pruebas, pero
que tiene mucho sentido, dice que un soldado vio a Hitler como en estado de trance
mirando fijamente un cadáver en descomposición y negándose a alejarse. El necrófilo vive
en el pasado, nunca en el futuro. Sus emociones son esencialmente sentimentales, es decir,
alimentan el recuerdo de emociones que tuvieron ayer, o que creen que tuvieron. Son fríos,
esquivos, devotos de la “ley y el orden”. Sus valores son exactamente lo contrario de los
valores que relacionamos con la vida normal: no la vida, sino la muerte los anima y
satisface. Es característica del necrófilo su actitud hacia la fuerza. Fuerza es, según la
definición de Simone Weil, la capacidad para convertir un hombre en un cadáver. Así
como la sexualidad puede crear vida, la fuerza puede destruirla. Toda fuerza rebasa, en
último análisis, el poder para matar. Puedo no matar a una persona, sino únicamente
privarla de su libertad; quizá quiero solo humillarla o despojarla de sus bienes; pero
haga yo lo que haga, detrás de todas esas acciones está mi capacidad de matar y mi deseo
de hacerlo. El enamorado de la muerte ama la fuerza inevitablemente. Para él la mayor
hazaña del hombre no es dar vida, sino destruirla; el uso de la fuerza no es una acción
transitoria que le imponen las circunstancias, es un modo de vida. Mientras la vida se
caracteriza por el crecimiento de una manera estructurada, funcional, el individuo
necrófilo ama todo lo que no crece, todo lo que es mecánico. La persona necrófila es
movida por el deseo de convertir lo orgánico en inorgánico, de mirar la vida
mecánicamente, como si todas las personas vivientes fueran cosas. Todos los procesos,
sentimientos y pensamientos de vida, se transforman en cosas. La memoria y no la
experiencia; tener y no ser es lo que cuenta. El individuo necrófilo puede relacionarse
con un objeto –una flor o una persona- únicamente si lo posee; en consecuencia, una
amenaza a su posesión es una amenaza a él mismo; si pierde la posesión pierde el
contacto con el mundo. Por eso encontramos la paradójica reacción de que mas bien
perdería la vida que la posesión, aún cuando al perder la vida el que posee deja de existir.
Ama el control, y en el acto de controlar mata la vida. Se siente profundamente temeroso
ante la vida, porque por su misma naturaleza es desordenada e incontrolable. La mujer
que pretende ser sin razón la madre del niño, en el relato del juicio de Salomón, es típica
de esa tendencia. Preferiría tener un niño muerto y adecuadamente dividido que perder
un niño vivo. Para el individuo necrófilo justicia significa reparto correcto, y está
dispuesto a matar o morir en obsequio de lo que llama justicia. “La ley y el orden” son
ídolos para él; todo lo que amenaza a la ley y el orden se considera un ataque satánico a
sus valores supremos”
20

Con respecto a la teoría de la sociedad, Fromm señala solo un punto: la creciente


separación entre afecto e intelecto que se fue operando a partir de la segunda Revolución
Industrial y que llevó a una creciente indiferencia hacia la vida.
A continuación, pese a un cierto escepticismo sobre las probabilidades de mantener
la paz, Fromm propone algunos elementos de lo que llama la “estrategia de la paz” y que son
los siguientes:

1-Evitar la derrota –aunque sea diplomática- del oponente apuntando a un reconocimiento de


los intereses recíprocos.
2-Movilizar grandes masas de hombres a favor de la idea de la paz para presionar a la opinión
pública y a los gobernantes en esa dirección.
3-Tratar de que la gentes conscienticen su descontento ante una sociedad consumista en la
que el hombre es un mero engranaje.
4-Intentar sistemática y masivamente la identificación de los ídolos y rechazar la escalada
del odio y de la fuerza.
Pero en última instancia, concluye Fromm, sólo la paz con sentido positivo puede
garantizar a la larga, la paz en sentido de no-guerra. Los movimientos pacifistas deben
transformarse en...

Humanismo radical, capaz de apelar al hombre total –al hombre que padece esa falta de
vitalidad que ha traído consigo esta sociedad industrial- y mostrar la imagen de una
nueva sociedad y de un nuevo hombre.

La ética de Erich Fromm


En “Etica y psicoanálisis” Fromm analiza distintas éticas hedonistas4 y concluye que
su defecto común ha sido no contar con una herramienta intelectual adecuada para analizar
la noción misma de placer, herramienta que ha sido proporcionada por la sicología
contemporánea y, dentro de ella, por la teoría sicoanalítica creada por Freud.
El sicoanálisis ha mostrado que la experiencia subjetiva es engañosa y no constituye
por si misma un criterio válido de valor. Se puede encontrar que es placentero algo que nos
hace bien pero también hay quienes encuentran placer en lo que los daña o en lo que daña a
otros. Nos referimos a los masoquistas, que son aquellas personas que gozan
experimentando dolor físico o psíquico –los que buscan ser humillados y sometidos- y
los sádicos que son aquellos que disfrutan ocasionando dolor físico o psíquico a otros,
con frecuencia humillando y sometiendo a los demás. A menudo el masoquista y el sádico
no son conscientes de esos deseos y los racionalizan como lealtad o abnegación en el primer
caso o como afán justiciero o sentimiento de indignación moral en el segundo. Los
fenómenos sádicos o masoquistas son, empero, sólo un ejemplo de deseos inconscientes
destructivos; en realidad –añade Fromm- cualquier neurosis5 es consecuencia de ese tipo de
deseos.

4
Se trata de éticas que toman como principio de lo bueno al placer. Su origen puede rastrearse hasta la
época griega. Hoy tienen mucha vigencia, no tanto como teorías filosóficas, sino como una práctica del
mercado de consumo que plantea el placer como un estímulo para consumir.
5
Trastorno psicológico que produce alteraciones en la personalidad del individuo haciendo que su actividad
cotidiana se guíe por sentimientos infundados como por ejemplo miedos u obsesiones irracionales. A
diferencia de la psicosis que le ocasiona al individuo la perdida total (o en alto grado) del contacto con la
21

Todas las neurosis pueden interpretarse como el resultado de esfuerzos inconscientes que
tienden a dañar y a bloquear el desarrollo de la persona. Necesitar aquello que es dañino
y perjudicial constituye la verdadera esencia de la enfermedad mental. Toda neurosis
confirma así el hecho de que el placer puede hallarse en contradicción con los verdaderos
intereses del hombre.

Sin embargo, no siempre la persona que satisface necesidades neuróticas asocia el


placer con su verdadera causa o bien es consciente de ese mismo placer. De igual manera hay
gente que experimenta infelicidad y no es consciente de ella o la separa de su causa verdadera.
Por ejemplo, alguien puede creer que se siente desgraciado porque el éxito que obtiene no
está de acuerdo con sus expectativas o por otras causas externas que influyen sobre su vida
cuando en realidad, su infelicidad deriva de tener una vida vacía o de ser incapaz de
amar, que son ambas causas internas.
Hay quienes objetan que solo tiene sentido hablar de alegría o tristeza, felicidad o
infelicidad cuando el sujeto advierte que las experimenta. En ese caso se pregunta Fromm:

Si los esclavos no son conscientes de hallarse apenados por su suerte ¿cómo puede
entonces la persona que no es esclava oponerse a la esclavitud en nombre de la felicidad
humana?

Y esto lleva a plantearse si la “ilusión de felicidad” es suficiente en sí misma o si por


el contrario, es un concepto contradictorio. En su respuesta Fromm hace una interesante
distinción entre auténtico placer y pseudo-placer.

Estas objeciones ignoran el hecho de que tanto la felicidad como la infelicidad son algo
más que un estado de la mente. En efecto, la felicidad y la infelicidad son expresiones del
estado del organismo entero; la felicidad va unida a un aumento de la vitalidad, o la
intensidad del sentimiento o del pensamiento y a la productividad; la infelicidad va unida
a una disminución de estas capacidades y funciones. La felicidad y la infelicidad
constituyen a tal punto un estado de nuestra personalidad total, que las reacciones físicas
suelen ser con frecuencia expresiones mas patentes de ellas que nuestro sentimiento
consciente. El rostro de una persona, la indiferencia, la fatiga y síntomas físicos tales
como dolores de cabeza o enfermedades mas serias aún, son manifestaciones frecuentes
de infelicidad. Del mismo modo que una sensación de bienestar físico puede ser uno de
los “síntomas” de felicidad. En verdad, nuestro cuerpo está menos expuesto a ser
engañado por el estado de felicidad que nuestra mente (...) De igual modo, el
funcionamiento de nuestras capacidades mentales y emocionales está influido por nuestra
felicidad e infelicidad. La agudeza de nuestra razón y la intensidad de nuestros
sentimientos dependen de ello. La infelicidad debilita y hasta paraliza todas nuestras
funciones psíquicas. La felicidad, en cambio, los aumenta (...). Al placer o a la felicidad
que existen solamente en la mente de una persona, pero que no constituyen una condición

realidad (por ej. el asesino serial), la neurosis mantiene los rasgos fundamentales de la personalidad y su
relación con la realidad aunque con pequeñas desviaciones que de persistir y aumentar le generan gran
angustia a la persona.
22

de su personalidad, deben denominarse pseudo-placer o pseudo-felicidad. Una persona


por ejemplo, hace un viaje y es conscientemente feliz; sin embargo, puede tener esta
sensación porque se supone que debe experimentar felicidad en un viaje de placer; de
hecho, puede estar inconscientemente decepcionada e infeliz. Un sueño puede revelarle la
verdad; o quizá mas tarde se dará cuenta de que su felicidad no fue auténtica. El pseudo-
dolor puede ser observado en muchas situaciones en las cuales el pesar o la infelicidad se
esperan convencionalmente y, por consiguiente, se sienten como tales. El pseudo-placer y
el pseudo-dolor (...) son más bien pensamientos de sensaciones que experiencias
emocionales genuinas.

Fromm toma la definición de placer que da Freud: “sensación que acompaña al alivio
de una tensión nerviosa” y presenta a continuación una clasificación de los placeres con sus
correspondientes caracterizaciones que hemos tratado de organizar en dos cuadros sucesivos,
uno sinóptico y otro de doble entrada.
23

Derivados de la satisfacción de una


tensión fisiológica (necesidades
Placer fisiológicas genuinas)

Comer- cuando se tiene hambre


Dormir-cuando se tiene sueño
Derivados de la satisfacción de una
Tener relaciones sexuales- cuando se
tensión psíquica (necesidades
siente amor erótico
fisiológicas irracionales)

Que se confunden con tensiones fisiológicas

Comer-cuando se está ansioso


Dormir-cuando se siente temor o ira contenida
Tener relaciones sexuales-cuando se quiere mostrar a otros
lo irresistible que se es

Que no se confunden con


Dominar- propia del sádico
tensiones fisiológicas
Someterse- propia del masoquista
Arrebatar al otro lo que posee –propia del
envidioso
Tener con exclusividad a otro a su disposición -
propia del celoso
24

COMPARACIÓN NEC. FISIOLÓGICAS NEC. FISIOL.. IRRACIONALES


GENUINAS
SEMEJANSA AMBAS RADICAN EN UNA CARENCIA O DEFICIENCIA
DIFERENCIAS SE SATISFACEN CON EL SON INSACIABLES
ALIVIO DE UNA TENSIÓN
FISIOLÓGICA
SON NORMALES SON SÍNTOMAS DE UN
FUNCIONAMIENTO
PATOLÓGICO
CONSTITUYEN UNA REVELAN UN ESTADO DE
CONDICIÓN PARA LA INFELICIDAD
FELICIDAD FUNDAMENTAL

El deseo de la persona envidiosa, posesiva o sádica no desaparece con su satisfacción,


excepto -tal vez- momentáneamente. En la naturaleza misma de estos deseos irracionales
reside el que no puedan ser “satisfechos”. Nacen de una insatisfacción dentro de uno
mismo. La falta de productividad y la impotencia y el temor resultante de ella son la raíz de
estos deseos apasionados e irracionales. Aún en caso de que el hombre pueda satisfacer
todos sus deseos de poder y destrucción, no por ello cambiaría su miedo y su soledad,
persistiendo, por consiguiente, la tensión. Esa bendición, que es la imaginación, se
transforma en una maldición; puesto que la persona se encuentra aliviada de sus temores,
se imagina que un constante incremento en las satisfacciones puede curar su avidez y
restaurar su equilibrio interior, pero la avidez es un pozo insondable y la idea del alivio
derivado de su satisfacción, un espejismo.

Fromm señala luego que el hombre, al igual que el animal, necesita determinadas energías
para lograr su supervivencia: las que destina a las satisfacciones de la necesidades fisiológica
genuinas. Pero, a diferencia de aquel que continuamente se ve avocado a la lucha por la
supervivencia y tiene pocas energías excedentes, el hombre ha logrado crear un
intermediario entre él y la naturaleza –que es el mundo de la cultura- que le permite
destinar cada vez menos energía para lograr lo necesario para subsistir y disponer en
cambio, cada vez de más energía excedente. A esta energía excedente la llama abundancia
(por oposición a la escasez característica del estado de necesidad).

El gusto es un producto del desarrollo cultural y un refinamiento como, por ejemplo, el


gusto por la música o por el arte, y puede desarrollarse únicamente en una situación de
abundancia. El hambre es un fenómeno de escasez; su satisfacción, una necesidad. El
apetito es un fenómeno de abundancia, su satisfacción no es una necesidad, sino una
25

expresión de libertad y productividad. Al placer que lo acompaña puede denominársele


goce. Con respecto a lo sexual, puede establecerse una distinción similar a la que hicimos
entre hambre y apetito. El concepto de lo sexual enunciado por Freud lo señala como una
necesidad apremiante (...). Ignora, sin embargo, al deseo y al placer sexual
correspondientes al apetito, que solo pueden existir en el reino de la abundancia y los
cuales son un fenómeno exclusivamente humano. Es creencia de muchos que el goce y la
felicidad son idénticos a la felicidad que acompaña el amor. En efecto, numerosas personas
suponen que el amor es la única fuente de la felicidad. Sin embargo, en el amor, como en
todas las demás actividades humanas, debemos diferenciar entre la forma productiva y la
improductiva. El amor improductivo o irracional, puede ser cualquier clase de simbiosis
masoquista o sádica en la que la relación no se basa en el respeto mutuo (...) sino que
ambas personas dependen una de otra por ser incapaces de depender de si mismas. Este
amor, como todos los demás impulsos irracionales, está basado en la escasez (...). El amor
productivo, la forma más íntima de relación entre dos personas y, al mismo tiempo, la
forma en la cual se conserva la integridad de ambas, es un fenómeno de abundancia. La
capacidad para esta forma de relación es testimonio de madurez. El gozo y la felicidad
son concomitantes del amor productivo. La diferencia entre escasez y abundancia
determina en todas las esferas de la actividad la calidad del placer. Toda persona
experimenta satisfacciones, placeres irracionales y goce. Lo que diferencia a las personas
es la proporción de cada uno de estos placeres en sus vidas. La satisfacción y el placer
irracional no requieren un esfuerzo emocional, solamente la capacidad para producir las
condiciones necesarias para aliviar la tensión. El goce es un triunfo, presupone un esfuerzo
interior, que es el de la actividad productiva. La felicidad es una adquisición debida a la
productividad interior del hombre y no un don de los dioses. Felicidad y goce no son la
satisfacción de una necesidad originada por una carencia fisiológica o psicológica; no son
el alivio de una tensión, sino el fenómeno que acompaña toda actividad productiva; en el
pensar, en el sentir y en la acción. El goce y la felicidad no son diferentes en calidad;
difieren solamente en cuanto que el goce se refiere a un acto singular, mientras que la
felicidad, puede decirse, es una experiencia continua o integrada de goce; podemos hablar
de “goces” (en plural), pero solamente de “felicidad” en singular) (...). La felicidad es el
criterio de excelencia en el arte de vivir; de virtud, en el sentido que posee para la ética
humanista (...). Lo opuesto a la felicidad (...) es la depresión que resulta de la esterilidad
interior y de la improductividad.
¿Con qué se relaciona esta abundancia?

Fromm se había ocupado hasta aquí de los siguientes tipos de experiencias


placenteras: satisfacción, placer irracional, goce y felicidad. A continuación considera otros
dos tipos de placer:
26

Placeres descanso
Acompaña la realización de
cualquier clase de tarea que
el individuo se ha fijado y
que requiere esfuerzo
gratificación

Acompaña a las
actividades que no
requieren esfuerzo y que
son agradables

Finalmente nos propone la siguiente síntesis:

Habíamos comenzado con el análisis del carácter problemático de la ética hedonista, la


cual sostiene que la meta de la vida es el placer y que, por consiguiente, el placer es bueno
en si mismo. Como resultado de nuestro análisis de las diversas clases de placer, nos
hallamos ahora en condiciones de formular nuestra opinión sobre la relevancia ética del
placer. La satisfacción, siendo el alivio de una tensión fisiológicamente condicionada, no
es ni buena ni mala; desde el punto de vista de la valoración ética es neutral, como lo son
la gratificación y el descanso. El placer irracional y la felicidad (goce) son experiencias
de significado ético. El placer irracional es señal de avidez; indica el fracaso en la
resolución del problema de la existencia humana. La felicidad (goce) es, por el contrario,
la prueba parcial o total del éxito obtenido en el “arte de vivir”. La felicidad es el mayor
triunfo del hombre, es la respuesta de su personalidad total a una orientación productiva
hacia uno mismo y hacia el mundo exterior.

Etica, derecho y religión

Como hemos dicho la ética nos muestra un fundamento sobre el bien, sobre la
conducta buena y correcta, y este fundamento debe ser racional. El valor fundamental que
analiza la ética es el valor bien, el derecho se centra en el valor de la justicia. El derecho no
hace análisis filosóficos, en todo caso esto lo haremos en una Filosofía del Derecho.

Establecer en qué consiste el derecho no es fácil porque hay muchos juristas con
distintas miradas, pero veremos las fundamentales.

Etimológicamente, la palabra «derecho» deriva de la voz latina «directus», que significa lo


derecho, lo recto, lo rígido. Sin embargo, para mencionar la realidad que nosotros llamamos
derecho, los romanos empleaban la voz «ius».

La palabra derecho puede tomarse en tres acepciones distintas. En primer lugar, designa el
27

conjunto de normas o reglas que rigen la actividad humana en la sociedad, cuya


inobservancia está sancionada: Derecho objetivo. En segundo lugar, designa esta palabra
las facultades pertenecientes al individuo, un poder del individuo: Derecho subjetivo. En
tercer lugar, el derecho como equivalente a justicia, como portador del valor justicia.

El derecho objetivo se puede definir como el conjunto de normas por las que se rige una
sociedad. Para establecer un concepto de derecho más elaborado hay que determinar los
elementos que caracterizan estas normas que llamamos jurídicas. Se plantea así una
dificultad, en parte material (debido a la amplitud y complejidad de la realidad jurídica) y
en parte formal (debido al significado múltiple del término derecho). Por lo tanto, la
propiedad u oportunidad de una definición puede ser juzgada solamente desde la realidad a
la que se refiere; cada corriente jurídica e incluso cada autor caracteriza el derecho de
diferente manera.

El objetivo de reglamentación de las normas jurídicas es el comportamiento humano. Pero


no es el derecho el único conjunto de normas que regulan la vida del hombre. Junto a él
existen unas reglas morales que pretenden igualmente dirigir las relaciones del hombre en
sociedad.

Existen diversos criterios para llegar a una adecuada distinción entre derecho y moral. El
derecho, sin ser esencialmente coactivo, posee la característica de coercibilidad, mientras
que la moral no es coercitiva. Sin embargo, la diferencia más clara entre ambos conceptos
procede del carácter de individualidad de la moral y de alteridad del derecho. El derecho
regula los actos del hombre en cuanto ser social, que vive en sociedad, y cuyos actos
trascienden a otros. En cuanto norma jurídica, el derecho se caracteriza por su coercibilidad
y su alteridad.

El deber moral es un deber dirigido hacia mí, que soy libre de cumplirlo o no; el deber
jurídico es un deber dirigido hacia los otros, que son libres de impedirme o no impedirme el
cumplimiento de mi deber; por ello, el derecho viene definido como la coordinación objetiva
de las acciones posibles entre varios sujetos, según un principio ético que las determina,
excluyendo su impedimento (DEL VECCHIO).

El derecho incorpora unos valores a la sociedad, valores que fundamentalmente son dos: la
justicia y la seguridad jurídica. Para IHERING, el derecho es la forma que reviste la
garantía de las condiciones de vida de la sociedad, fundada sobre el poder coercitivo del
Estado

Es el instrumento del que dispone el Estado para realizar la justicia en la sociedad. En este
sentido, se habla de derecho objetivo o conjunto de normas que proyectan su voluntad
ordenadora y configuradora de la vida social. El Derecho no inventa relaciones, sino que
cualifica con la nota de la necesidad las relaciones sociales, o la parte de éstas, que estima
merecen una especial protección. Por ello, se puede decir que el Derecho, como conjunto
normativo, ha de representar el mínimo de ética que coactivamente impone el Estado a la
convivencia social. Como que, en buena medida, el Derecho otorga facultades a los sujetos
al mismo, la palabra derecho es la utilizada para designar también dicha facultad o
prerrogativa. En este sentido, se habla de derecho subjetivo.
28

[…]

El derecho es el orden social justo (tesis de Renard). En efecto: el derecho es la fuerza, o es


una regla que trasciende la vida; no hay otra alternativa.

Como los fines naturales del hombre son múltiples como múltiples son las solidaridades que
fomentan la vida social, en vista de la libertad, presente siempre en el hombre, que mal usada
podría hacer fracasar toda suerte de convivencia, surge la necesidad imperiosa de
disciplinar la conducta de los hombres para lograr un orden resultante que favorezca la
obtención de los fines intermedios o naturales y no cohiba ni dificulte el acceso al fin último
o sobrenatural de la persona humana.

Ese ordenamiento de la vida social, que es la única manera de existir de la vida humana, el
es derecho. Pero para que el derecho sea verdaderamente tal y no una mera fachada externa,
el orden impuesto ha de ser justo, es decir, "ajustado" a las características propias de lo
ordenado, que es la conducta humana. Así como el conocimiento es la adecuación de la cosa
al intelecto agente, adequatio rei et intellectus, el derecho es la adecuación o ajuste de la
vida a la regla que le es propia, como dice Santo Tomas. Se trata pues de descubrir cuál es
la regla que se adapta convenientemente a las exigencias propias de la vida humana y a la
dignidad de sus fines, lo que se reconoce por la idea a la que la norma sirve.

Para Ihering, el derecho es la garantía de las condiciones de vida de la sociedad en la forma


de coacción.

Para Kelsen "el derecho es, en esencia, un orden para promover la paz. Tiene por objeto
que un grupo de individuos pueda convivir en tal forma que los conflictos que se susciten
entre ellos puedan solucionarse de una manera pacífica, esto es, sin recurrir a la fuerza y de
conformidad con un orden de validez general. Este orden es el derecho".

Bien se advierte que en esta concepción la "justicia" aparece sustituida por la "paz".

Otros autores, como Kant, remarcan y se orientan hacia un sentido individualista del
derecho: "complejo de las condiciones por las cuales el arbitrio de cada uno puede coexistir
con el criterio de todos los demás, según una ley universal de libertad".6

La religión es un fenómeno social y cultural que aparece en todas las sociedades.


Fundamentalmente es una actitud de vida que incorpora la creencia en lo sobrenatural de
diversas maneras. Las religiones pueden tener un conjunto de creencias estables que las
identifican, como es el caso de las grandes religiones monoteístas: el cristianismo, el islam y
el judaísmo. Dentro de este conjunto estable de creencias dentro de cada religión puede haber
discusiones, pero para que la religión siga siendo la misma al menos debe haber un núcleo
de creencias inamovibles, llamados dogmas de fe. Otras religiones no tienen este conjunto

6
http://www.enciclopedia-juridica.biz14.com/d/derecho/derecho.htm
29

organizado de creencias y se basan en las distintas formas en que los individuos asumen el
contacto con lo sobrenatural. Una diferencia fundamental es que las religiones organizadas
generalmente derivan un conjunto de concepciones morales de estos dogmas. Estas
concepciones morales guían la vida de las personas que profesan esa fe, pero no son
obligatorios para aquellos que no la profesan. Algunas religiones aceptan la libertad humana
como algo dado por Dios y respetan a aquellos que no creen, mientras que otras consideran
que los que no creen son desobedientes al llamado de Dios. Las religiones dogmáticas
generalmente intentan que su visión moral se extienda a toda la sociedad, ya sea que esta
acepte su concepción dogmática o no.

Generalmente los países tienen la libertad religiosa como un derecho del individuo, y
a la vez hacen una diferencia entre las leyes civiles y los mandatos religiosos. Cada uno puede
creer en lo que quiera, pero estas creencias religiosas no pueden transgredir una ley civil, es
decir que hay libertad religiosa, pero nunca podría aceptarse que un mandato religioso
termine en la ejecución de un crimen.

Salvaguarda del derecho a la salud

Según la O.M.S. (Organización Mundial de la Salud)

Datos y cifras

 La Constitución de la OMS afirma que “el goce del grado máximo de salud que se
pueda lograr es uno de los derechos fundamentales de todo ser humano.”
 El derecho a la salud incluye el acceso oportuno, aceptable y asequible a servicios
de atención de salud de calidad suficiente.
 No obstante, unos 100 millones de personas de todo el mundo son empujadas cada
año a vivir por debajo del umbral de pobreza como consecuencia de los gastos
sanitarios.
 Los grupos vulnerables y marginados de las sociedades suelen tener que soportar
una proporción excesiva de los problemas sanitarios.
 La cobertura sanitaria universal es un medio adecuado para promover el derecho a
la salud.

Introducción

El derecho al “grado máximo de salud que se pueda lograr” exige un conjunto de criterios
sociales que propicien la salud de todas las personas, entre ellos la disponibilidad de
servicios de salud, condiciones de trabajo seguras, vivienda adecuada y alimentos
nutritivos. El goce del derecho a la salud está estrechamente relacionado con el de otros
derechos humanos tales como los derechos a la alimentación, la vivienda, el trabajo, la
educación, la no discriminación, el acceso a la información y la participación.

El derecho a la salud abarca libertades y derechos.


30

 Entre las libertades se incluye el derecho de las personas de controlar su salud y su


cuerpo (por ejemplo, derechos sexuales y reproductivos) sin injerencias (por
ejemplo, torturas y tratamientos y experimentos médicos no consensuados).
 Los derechos incluyen el derecho de acceso a un sistema de protección de la salud
que ofrezca a todas las personas las mismas oportunidades de disfrutar del grado
máximo de salud que se pueda alcanzar.

Las políticas y programas de salud pueden promover o violar los derechos humanos, en
particular el derecho a la salud, en función de la manera en que se formulen y se apliquen.
La adopción de medidas orientadas a respetar y proteger los derechos humanos afianza la
responsabilidad del sector sanitario respecto de la salud de cada persona.

Poblaciones desfavorecidas y derecho a la salud

Los grupos sociales vulnerables y marginados suelen tener menos probabilidades de


disfrutar del derecho a la salud. Tres de las enfermedades transmisibles más mortíferas
(paludismo, VIH/sida y tuberculosis) afectan desproporcionadamente a las poblaciones más
pobres del mundo e imponen una carga tremenda a las economías de los países en
desarrollo. Por otra parte, la carga de morbilidad por enfermedades no transmisibles, que
con frecuencia se piensa que afectan a países de altos ingresos, está aumentando
desproporcionadamente en los países y las poblaciones de bajos ingresos.

En los países, algunos grupos de población, por ejemplo las comunidades indígenas, están
expuestos a mayores tasas de enfermedad y afrontan dificultades importantes para acceder
a una atención sanitaria de calidad y asequible. Estos grupos registran tasas de mortalidad
y morbilidad sustancialmente más altas que la población en general, a consecuencia de
enfermedades no transmisibles tales como el cáncer, las cardiopatías y las enfermedades
respiratorias crónicas. Las personas particularmente vulnerables a la infección por el VIH,
incluidas las mujeres jóvenes, los hombres homosexuales y los consumidores de drogas
inyectables, suelen pertenecer a grupos desfavorecidos y discriminados social y
económicamente. Esos grupos vulnerables pueden ser víctimas de leyes y políticas que
agravan la marginación y dificultan más aún el acceso a servicios de prevención y atención.

Violaciones de los derechos humanos en el ámbito de la salud

Las violaciones o la inobservancia de los derechos humanos pueden conllevar graves


consecuencias sanitarias. La discriminación manifiesta o implícita en la prestación de
servicios de salud viola derechos humanos fundamentales. Muchas personas con trastornos
de salud mental permanecen en centros para enfermos mentales contra su voluntad, a pesar
de que tienen la capacidad para tomar decisiones sobre su futuro. Por otra parte, cuando
faltan camas de hospital, se suele dar de alta prematuramente a personas de esos grupos, lo
que puede dar lugar a altas tasas de readmisión, y en ocasiones incluso a defunciones, y
constituye también una violación de sus derechos a recibir tratamiento.

Asimismo, se suele denegar a las mujeres el acceso a servicios y atención de salud sexual y
reproductiva, tanto en países en desarrollo como en países desarrollados. Esta violación de
los derechos humanos está profundamente arraigada en valores sociales relativos a la
31

sexualidad de las mujeres. Además de la denegación de la atención, en algunas sociedades


se suele someter a las mujeres a intervenciones tales como esterilización, abortos o exámenes
de virginidad.

Enfoques basados en los derechos humanos

Un enfoque de la salud basado en los derechos humanos ofrece estrategias y soluciones que
permiten afrontar y corregir las desigualdades, las prácticas discriminatorias y las
relaciones de poder injustas que suelen ser aspectos centrales de la inequidad en los
resultados sanitarios.

El objetivo de un enfoque basado en los derechos humanos es que todas las políticas,
estrategias y programas se formulen con el fin de mejorar progresivamente el goce del
derecho a la salud para todas las personas. Las intervenciones para conseguirlo se rigen
por principios y normas rigurosos que incluyen:

 No discriminación: el principio de no discriminación procura garantizar el ejercicio


de los derechos sin discriminación alguna por motivos de raza, color, sexo, idioma,
religión, opinión política o de otra índole, origen nacional o social, posición
económica, nacimiento o cualquier otra condición, por ejemplo, discapacidad, edad,
estado civil y familiar, orientación e identidad sexual, estado de salud, lugar de
residencia y situación económica y social1.
 Disponibilidad: se deberá contar con un número suficiente de establecimientos,
bienes y servicios públicos de salud, así como de programas de salud.
 Accesibilidad: los establecimientos, bienes y servicios de salud deben ser accesibles
a todos. La accesibilidad presenta cuatro dimensiones superpuestas:
o no discriminación;
o accesibilidad física;
o accesibilidad económica (asequibilidad);
o acceso a la información.
 Aceptabilidad: todos los establecimientos, bienes y servicios de salud deberán ser
respetuosos de la ética médica y culturalmente apropiados, y sensibles a las
necesidades propias de cada sexo y del ciclo vital.
 Calidad: los establecimientos, bienes y servicios de salud deberán ser apropiados
desde el punto de vista científico y médico y ser de buena calidad.
 Rendición de cuentas: los Estados y otros garantes de los derechos son responsables
de la observancia de los derechos humanos.
 Universalidad: los derechos humanos son universales e inalienables. Todas las
personas, en cualquier lugar del mundo, deben poder ejercerlos.

Las políticas y los programas se han concebido para satisfacer las necesidades de la
población, como resultado de los mecanismos de rendición de cuentas establecidos. Un
enfoque basado en los derechos humanos identifica relaciones a fin de emancipar a las
personas para que puedan reivindicar sus derechos, y alentar a las instancias normativas y
a los prestadores de servicios a que cumplan sus obligaciones en lo concerniente a la
creación de sistemas de salud más receptivos.
32

Respuesta de la OMS

La OMS se ha comprometido a incorporar los derechos humanos en los programas y


políticas de atención de salud, tanto en los ámbitos nacional como regional, para lo cual
tendrá en cuenta los determinantes subyacentes de la salud como parte de un enfoque
integral de la salud y los derechos humanos. Además, la OMS ha reforzado activamente su
papel de liderazgo técnico, intelectual y político en lo concerniente al derecho a la salud, lo
que supone:

 fortalecer la capacidad de la OMS y de sus Estados Miembros para adoptar un


enfoque de la salud basado en los derechos humanos;
 promover el derecho a la salud en el derecho internacional y en los procesos de
desarrollo internacionales;
 promover los derechos humanos relacionados con la salud, incluido el derecho a la
salud.7

Calidad de vida del paciente

El concepto de “calidad de vida” originalmente está enmarcado en la sociología y la


economía. Hace referencia a un criterio de análisis de la realidad social y a su medición
correspondiente, que busca determinar las condiciones sociales, físicas, económicas,
psíquicas, ecológicas y espirituales en las que se desarrolla positivamente la vida humana.
Cuando referimos este concepto al paciente, buscamos establecer la mejor forma de vida que
la persona puede tener padeciendo una enfermedad. Generalmente nos referimos a
enfermedades de tipo crónico.

La Organización Mundial de la Salud en su grupo estudio de Calidad de Vida la ha


definido como "la percepción de un individuo de su situación de vida, puesto que en su
contexto de su cultura y sistemas de valores, en relación a sus objetivos, expectativas,
estándares y preocupaciones". Es un concepto amplio que se ha operacionalizado en áreas
o dominios: la salud física, el estado psicológico, el nivel de independencia, las relaciones
sociales, las creencias personales y su relación con las características más destacadas del
medio ambiente. Es en este sentido, que la operacionalización del concepto Calidad de Vida
ha llevado a tal formulación y construcción de instrumentos o encuestas que valoran la
satisfacción de personas, desde una mirada general. Sin embargo, las particularidades de
los diferentes procesos patológicos y la presión por objetivar su impacto específico, ha
motivado la creación de instrumentos específicos relacionados a cada enfermedad y su
impacto particular sobre la vida de las personas. De este modo, podemos distinguir
instrumentos generales de calidad de vida y otros relacionados a aspectos específicos de los
diferentes cuadros patológicos (instrumentos calidad de vida relacionados a la enfermedad)

7
http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs323/es/ 27-06-17
33

los factores básicos son la familia, educación, trabajo, infraestructura, y salud de cada
persona. 8

8
https://es.wikipedia.org/wiki/Calidad_de_vida 27-06-17

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