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{ANA RECIBE UNA CARTA DE Su TIA D0- ROTEA, QUE HA MUERTO HACE O1EZ ‘AROS: LA TIALE DEJA COMO HERENCIA LUNA CASA, PERO CON UNAS EXTRARAS ‘CONDICIONES... CUANDO ANA SE MUDE [ENCONTRARA ALLL, ADEMAS DE UN SA- PO Y UN LORO, UN MISTERIOSO SECRE- TOFAMLIAR, {LAURA ESCUDERO NACIO EN CORDOBA 1987. YADE CHICA QUERIA SER MAES- ‘TAA Y ESCRITORA: ESTUDIO ARTE Y TEA ‘TRO, Y SE RECIBIO DE PROFESORA OE NIVEL INICIAL ¥ DE PSICOLOGA EN LA UNIVERSIOND NACIONAL DE CORDOBA, ACTUALMENTE, TRABAJA EN DIFEREN- TES PAOYECTOS DE PROMOCION DE LA LECTURA POR MEDIO DE LA ITERATURA ‘A PARTIR DE 9 ANOS EL BARCO DE VAPOR ono Laura Escudero Heredé | un fantasma Colin crits par Sasa Are traces Cine ctr, 2008 ces i Bure: Ales 205, . « EicowsSM Cle Cyan 283i 208 Prove Sing de Cie ATENCION AL CLIENTE Teller 60 3691312 chiens ne Isenso7asers7e.c205 ete opt qu esas a iy 11.728 Libre edcnargentna ingen Chie rein Chie impel ics Teor pre dete rm st | | emcees tori Bass Ticeseaorrcramwtore | |" Eaeinn sh a, mia geigara fea opr | | rng Yorn 1 ro ps a2 | mara ny nn Ape Tle fangs ypre=neltte a ny ent |e ome eo aaaazs EL BARCO DE VAPOR Laura Escudero Heredé un fantasma A mi madre, por su herencia. Todas las maiianas tenia por costumbre abrir la puerta de mi casa y mirar la entrada, Apenas levanta- da, cumplia puntualmente con mi ritual: asomarme, revisar ef montén de hojas secas arremotinadas en cl piso y comprobar que las cartas no aterrizaban ahi, siempre pasaban de largo. Hasta que fue distinto. Abri la puerta y vi una carta de verdad, con estam- pilla y eodo, Una carta en un sobre blanco, escrita con, letra cursiva prolijisima. La levanté y me fui a prepa- rar una taza de café con leche, porque dicen que la sorpresas en ayunas caen mal Hice bien Era wna carta de la tia Dorotea. Pero eso no pedtia sex, porque Dorotea habia muerto diez afios atras. Es sabido que hay cartas que se deroran, pero diez afios era demasiado. Para no caer en especulaciones iniitiles, saqué el papel y leis Mi querida sobrina nieta Sabirds que hay cartas que dan la wuelta al mundo. Esta no, es viajera en el tiempo. ‘Me’ imagino lo extraiiada que estartis de haberla recibido, desprué's de tantos atios. No te preocupes, no fue que se perdio:(y supongo que no pensards que la mandé yo ‘misma desde el més allé!). Nada de eso. Estuco guardada en una caja. Experé todo ese tiempo hasta que vos crecieras y puudieras hacer lo que te voy a pedir Anttes de pasar a explicarte el motivo de la carta, te quiero hacer algunas advertencias. Sé perfectamentee que las malas lenguas han dicho muchas cosas de mi: que soy una amarreta, que estoy avinagrada, que hablo solia y evito las vistas. Las peores aseguran que estoy chifladaa. Es de envidiosos, no te quepa la menor duda, No les hagas caso Te pidlo que leas todo hasta el final y después te tomes cinco minutos antes de decidir. Ahora si, varmos a lo que nos importa. Como te habran consado, nunca me casé, y tampoco tuver hijos. Igual me fuue de lo mds bien, no te preocupes. Agarrate fuerte, porque esta es a parte en que podés newesitar una silla para no caerte. Vas sos una digna heredera del apellido Tobler ‘y mi pariente mds cercana. El caso es que te dejo cde herencia mi casa. La.que hizo mi papd, o sea tu bisabuelo, y donde nacimos tu abuelo y yo. Desde donde te estoy escribiendo, Estards cerrada desde mi muerte con los muebles dentro y todo. La tinica condicién para recibirla es que te instales a vivir en ella de inmediato, Tenés que ocuparla ‘permanentemente durante los proximos tres meses sin decirle a nadie. Es un secreto Te doy una hora para terminar de leer y armar las valijas. Después te vas a Rivadavia 21 le pedis la Mave a don Iturriaga, que es quien te hizo llegar la carta Acordate bien: hoy mismo tenés que instalarte -ydormir en la casa; sino, chau herencia. ‘Note preocupes por los impuestos: don Iturriaga se ocups de pagarlos, al igual que las otras deudas. Acordate de regar las plantas Con cari, Dorotea Tobler P.Dz Me encanta cémo quedan los pensamientos en el cantero del frente de casa 9 Fueran malas o buenas las lenguas que lo dijeron, tenian raz6n: tia Dorotea estaba completamente chifla- da. Eran los desvarios finales de una vieja desquiciada, iqué duda cabia! Recordé el pedido de los cinco minutos y detuve el impulso de arrugar el papel. Me quedé sentada —por alguna misteriosa razén le hice caso— y me acordé de la casa de la tia Dorotea. Era grande, con dos patios y también jardin. Tenia ventanales y mamparas de vidrio. Una cocina amplia y, contra la pared, uina mesa de madera con cajones (de los que me gustaba sacar piolines y tapitas). Habia un sill6n de terciopelo azul, sobre el que me acostaba pata ver un cuadro de un paisaje con un molino, un rio y animales... Era una casa hermosa, un poco vieja. Pero, en qué estaba pensando? Seguro que todo cra un grandisimo invento! La pobre tia estaba delirando. Inme inmediatamente... Qué ocurrencia! Miré la cocina pequefia y comprimida, vi las man- chas de humedad en la pared, recorri mentalmente el departamento en la planta baja de la enorme pajarera en donde vivia, pero lo que me decidié fue el recibo de alquiler. Ultimamente, mi economia venia bastante desmejorada. Desde que habia dejado la facultad, la mensualidad que me enviaban mis padres era cada ver snenos gencrosa. Y bueno... Qué podia perder con ir a ver? La calle Rivadavia al 21 quedaba a unas cuadras. Doy un paseo 10 Ly me saco la mufa, pensé, porque hay que tener mala suerte para recibir una carta en la vida y que sea de una tia abuela fallecida; heredar una casa y que sea el in- vento de una vieja loca... Lo del paseo no pudo ser, porcjue caminé muy apre- suradamente (en el fondo, tenia alguna esperanza). En cuanto a la mufa, se convirti6 en impaciencia. En Rivadavia 21 habia un estudio juridico. Pude ver una placa de bronce donde estaban escritos los nombres de los asociados. Quedé paralizada al leer “Dr. Iturriaga”. En ese momento, la carta se me cayé encima: cada palabra como gota de lluvia, y toda junta como un diluvio que me dej6 empapada en la vereda. La confirmacién de las palabras de tia Dororea me ponia nerviosa. ;Y ahora? No queria entrar, estaba se gura de que alguien me iba a decir: “|Que la inocencia te valgal ;Cémo caiste?”,0 algo por el estilo. Una sefiora con aspecto de secretaria de estudio ju- ridico abrié la puerta y me pregunté si queria pasar. Como no me podia quedar en los escalones todo el dia, entré. Caminé hasta la oficina como por un terreno minado, a cada paso podia estallar la desilusién. El doctor Iturriaga apareci6, en carne y_hueso. Existia de verdad, no cabia ninguna duda al respecto, Tendria unos sesenta afios, Me miré con airé de incre- dulidad y dij: —Asi que usted ¢s la sobrina de la sefiora Dorotea Tobler. u —Sobrina nieta —contesté. — Recibié la carta? por eso vine. El doctor Iturriaga hizo una seia indicindome la silla, se acomods los anteojos y continué diciendo: —La sefiora Dorotea nos dej6 instrucciones preci- sas, aunque entiendo que puedan resultarle un poco extrafias. Nos pidié que guardaramos un sobre en una caja fuerte, Exactamente diez afios después, en el ani- versario de su muerte, debjamos enviarle la carta a su sobrina nieta. Una tal... Ana Tobler —y, mirindome por encima de los anteojos, agreg6- trata de usted. presumo que se Como confirmacién, simplemente mostré la carta, que hasta ese momento no habia soltado. El doctor Itu- triaga esboz6 una sontisa algo irénica y continud: —Bueno, sefiorita Tobler, no cabe duda de que su fa- miliaes algo... peculiar. Sin embargo, el procedimiento s cotrecto y su tia Dorotea dej6 todos los detalles pre- vistos, Excepro la manera de ubicarla —el hombre volvié a mirarme con gesto burlén por encima de los anteojos—. Debo confesarle que hemos tenido serias dificultades para conseguir su domicilio actual Hace casi un afio que vivo en el mismo departa- mento —le dije. —Aha, Pero el contrato de alquiler esta a nombre de su padre, que actualmente vive en... —Copenhague. 2 —,Copenhague? —Si. Copenhague, Dinamarea. —Pero, sno estaban en Neuquén? —-Estaban. Ahora viven en Copenhague. Usted sa be, cosas de quimiicos fanaticos. Mis padres tienen una debilidad desmedida por los tubos de ensayo, asi que van adonde encuentran mas... En fin, usted iba a ex- plicarme sobre la carta de la tia Dorotea. El doctor Iturriaga, que no parecia dispuesto a re- nunciar a su interrogatorio, continué preguntando. AX como €s que usted no esta con ellos? Digo... con sus padres. —Bueno, no me gusta el fio y, ademas, yo tenia que comenzar la universidad. —Alh, si si, En las universidades también busca- ‘mos, pero... no permanecié en ellas demasiado tiempo. (En cual fue que la encontramos inscripta...? —En la Facultad de Medicina, Un intento desafortu- nado por continuar la tradicién cientifica de mis padres —dije rapidamente, sin querer recordar demasiado mis dudas vocacionales—. Me descomponia el olor a for- mol y, para qué se lo voy a negar, las clasificaciones de los huesos me mataban de aburrimiento.., Ahora, don Teurriaga, gpor qué no vamos al grano? {Qué le parece si me va explicando este asuntito de la herencia de la tia Dorotea? —Muy bien, sefiorita Tobler, me imagino que algo debe saber por la carta. Se trata de la casa de su tia B abuela —el abogado sacé una enorme carpeta del ar- chivero—. Usted ha sido designada como heredera por la sefiora Dorotea. ntonces, jes asi? /Ella me dejé a mi la casa, asi porque si, sin nombrar a mis padres ni a nadie mas? —Si, pero exige ciertos requisitos includibles. ¥ este 6s un punto que insistié en dejar perfectamente claro. Usted quedara como tinica heredera de fa casa y recibi- 4 una modesta pensién temporal, bajo la obligacién inexcusable de cumplir con las condiciones expresadas cn la carta y enumeradas en este documento que voy a pedirle que firme. Usted debera mudarse ahora mismo y habitar la casa de continuo durante los proximos tres meses. Por otra parte, no podrd informar a nadie nin- sin aspecto del asunto durante ese tiempo. El incum- plimiento de la clausuia de silencio dejara invalidada Ia adjudicacién de la herencia. —dnvalidada? —Eso quiere decir que si usted no habita la casa a partir del dia de hoy,o si divulga algo sobre estas cit- cunstancias extraordinarias, pierde la herencia —el doctor Iturriaga volvié a lanzarme otra de sus miradas divertidas y agreg6—: para el caso,es una suerte que sti familia esté en... en, Copenhague —apunté en un estado de agitacion incontenible—. Entonces, firmo este papel, no le digo nada a nadie y me mudo ya mismo a la casa de la tia Dorotea. 4 —Entendié bien —afirmé el abogado—. Ahora voy a darle las Haves. También le hago entrega de un sobre con la cantidad.de dinero asignada para el pri- mer mes. Dentro de treinta dias tendra que venir a re- tirar una suma igual, y en ese momento acordaremos la fecha para la altima entrega. Ahora, por favor, me firma este recibito, y caso cerrado. Esta noche, un escri- bano vaa pasar a certificar que ha tomado posesion del inmucble,y dentro de los tres meses le entregaré la es- critura. Qué le parece? —Perfecto. Me parece perfecto. {Qué mas podia decir? Nadie dijo nada de una bro- ma ni del estado mental de la tia. Nada. -~Ah... una tiltima observacién, sefiorita Tobler: la sefiora Dorotea dijo que tal veo tuviera alguno que otro inconveniente, pero que no se dejara intimidar ante la primera dificultad —advirtié el abogado. —Le aseguro que no. Agarré el sobre con las Hlaves, vi que tenfa la direc- ci6n de la casa escrita en el frente,y me Fui. Ahora que estaba en el baile habfa que bailar, qué tanto, Para qué andar con vueltas. Yo no soy una chica remilgada. Con un reciente pero interesante sentido practico, decid que iria en busca de mi nucva morada. La tia Dorotea podria haber estado rematadamen- te loca, pero si me queria regalar su casa, zqué podia hacer yo...” Armé mi mochila de campamento con Ia velocidad de un rayo. A la media hora, ahi estaba yo, preparada como para irme de vacaciones a la casa de tia Dorotea. Me tomé el 50 hasta el barrio Los Bulevares, deci- dida a conquistar mi herencia. Dial Primera etapa: comienzo de la mision La exploracién del Himalaya fue un pororo al lado de lo que me esperaba. La de la tia Dorotea no era una casa: era una selva tropical impenetrable, Desde afuera se vefan plantas ex6ticas que se empujaban para ver cutil seacercabya mas ala vereda, como monstruos herbiceos, Unos frutos gordos y coloridos pendian peligrosamente, a punto de caer sobre la cabeza de cualquier peaton. {Como habian permitido que semejante engendro vegetal germinara en medio de un barrio tan, tan. barrio? En la mitad habja un portén que se abrisi hacia la maraita verde, Al intentar entrar, comprobé que cl muro arboreo impedia el paso hacia el interior. El pa- nnorama era desalentador. Volverme sin siquiera haber cruzado esa verja era inaceptable. No me podia dar por vencida. Me senté en la vereda a pensar. Habia que organizar la conquista del territorio, Desplegué un papel y eseribi en él una lista de instrumentos indispensables: a)un machete: 5) una brijula; ©) botas y guantes protectores; d)repelente de insects, Las cosas no iban a ser faciles, necesitaba ayuda, El tiempo cotria y yo tenia que pasar la noche alien esa jungla, Aforcunadamente, acerté a pasar un vecino de apa- riencia amigable que me pregunté de buenas maneras si pretendia entrar a esa casa. Yo,ni lerda ni perezosa, le contesté que si, pero que sola no podria. El vecino result6 llamarse Mario, y daba la increible casualidad de que era guia scour y, por lo tanto, tenia en su casa (que, jvaya coincidencial, estaba en la esquina) un machete, una bréjula, repelente, y hasta una lupa yun hacha, que segtin su vastisima experiencia también hharian falta. Y.ademis de todo, era tan pero tan amable, que esta- ba dispuesto a ayudarme. Apenas Ilegé con su mochila pusimos manos a la obra. Lo primero que hicimos fue decidir que abriria- mos un sendero en linea recta desde el portén hasta divisar alguna pared o teja. Al principio los resultados 18 fueron aceptables, pero después del primer tramo los troncos, las hojas y las enredaderas se volvieron tan incrincados, que el avance se hizo muy lento, y hasta legamos a pensar que estébamos dando yueltas en circulos. Por suerte, tenfamos la brijula. Soportamos nubes de mosquitos, hormigas colora- das, arafias del tamafio de una mano, y hasta creimos ver una serpiente deslizandose por el tronco de un cei- bo. Pero seguimos. Estabamos muy concentrados en los machetazos y hachazos cuando escuchamos el arrullo de palomas. Mario paré las orejas y dijo: —Por ahi debe estar el techo: las palomas buscan las tejas para dormir, Menos mal que estaba Mario. Viramos hacia el Oeste, desde donde venian los ruidos y aleteos. Con renovadas energias, eguimos abriendo camino, Final- mente, cuando el cielo estaba violeta y amenazaba la noche, aparecié la galeria. Unas baldosas casi enterra- das habian impedido el avance de la selva. Linterna en ‘mano, Ilegamos hasta la puerta de roble macizo, Estaba cruzada por cadenas herrumbradas, candados, pasado- res, pestillos y cerraduras. Yo no tenia intencién de abritlos, No se veia casi nada y, ademis, quién sabe lo que encontraria adentro, Con ayuda de Mario, armé mi carpa ight, prendi una vela dentro de un frasco vz cio y desenrollé mi bolsa de dormir. Mario se despidié: + —Tené cuidado, esta casa tiene mala fama. 19 jA qué se habria referido? :Fama de qué? Otro dia Je preguntaria. Aunque, en realidad, yo estaba total: decidida a habitarla, Los ruidos de la noche eran muchos y misteriosos. Alguien, golpeando las manos desde afuera, me salvé de mi propia imaginacién. Con pasos agigantados, atravesé en pocos segundos el sendero que nos habia Ile- vado todo el dia abrir. Era el escribano en persona. Me ‘iré como a un extraterrestre, saco unas fotos y se fue. {Na esta? ;Eso iba a ser todo? {Qué tal si me tomaba el 50y me acostaba a dormir en mi departamentito himedo pero civilizado, sin un pastito, puro cemento? No podia hacerlo: era un riesgo y, ademas, un acto cobarde. Entré, me meti en el ight y aseguré todos los cierres. Saqué mi bloc de hojas y escribi “Aqui hay gato encerradoo algo peor. La hipstesis sobre a Iocura de la tia ya no sesostene. O por lo menos no aleanza. ‘Apagué la vela y me dormi. Estaba exhausta 24 Dia2d AL dia siguiente me despert6 la vor de Marito (creo que a esta altura ya podia decirle asi) Entr6 has ta donde estaba la carpa con cl termo, el mate y unos bizcochos. ‘demas rramicntas “Me senté en el piso para tomar los mates que Maz: tome cebaba, amargos y calientes, pero bué. Miré la galeria. Un poco me acordaba de ese lugar, cuando tbamos a visitar ala tia Dorotea. La volvi a ver en mi memoria, Era grande, muy grande, como wna cancha de ftbol,y siempre estaba lustrada. Unos mace: tones con geranios rojos se apostaban en las esquinas... Miré los pedazos de maceta y me miré las wis, cortitasal ras del dedo. Y pensé en las horas que babia pasado en ese lugar deshojando flores y pegindome sn su mochila de scout trafa una caja de he- 2B con jabsn los pétalos. Y en la tia Dorotea, que siempre le decia a mi mama: “Dejala,es una chica coqueta, co- mo la ti ‘Sime viera ahora! Despeinada,con la ropa arrugada, con la bolsa de dormir pegada a la cara y las manos...!, manchadas con savia pegajosa y tierra. Una verdadera mugre. Mis manos de manicura estaban en el mismo lugar que los geranios: el olvido. Ahora, esa galeria no era tan grande, Parecia una cueva, rodeada de enredaderas y plantas locas, Miré a Marito y estuve a punto de preguntarle sobre la mala fama de la casa. Pero no pude. Mi compaftero se levan- 16 enérgicamente y puso manos a la obra, Segunda etapa: conguista del interior EI primer obstaculo por vencer fue la entrada, En el manojo habia por lo menos diez Llaves. Quisimos empezar por los candados pero no pudimos, porque fio abrian. Estaban tan rojos de herrumbre, que se nos desgranaban entre los dedos. Ahi nomas, Marito abrié su caja de lata Hena de herramientas, perfectamente ordenadas por tamafio y color. $acé cuidadosamente luna sierra pequefiita y empez6 a cortar la cadena, Mientras tanto, yo probaba las tlaves en cada cerradu- ra, Cuando salto el primer pestillo, festejamos con m4 unos mates, Al rato teniamos la puerta abierta... su- puestamente, porque todavia no nos animabamos a girar el picaporte. — Las veces que tuve ganas de hacer esto! —dijo Marito—. {De chico que miro la casa y me quiero ineter. —Bueno —le dije—,esta es wu oportunidad. Me mir6 burlonamente, como si me reftegara cl miedo por la cara, pero no me importé: yo sabia que él también tenia lagartijas en la panza. El picaporte gird con dificultad. Tendria que acor- darme de accitarlo. Me parecié que abrir esa puerta era un poco como abrir la caja de Pandora. Correr un velo de misterio... y de peligros. Sacar afuera cosas con las que tal vez no sabria después qué hacer. 1a curiosidad me carcomia, Yo era Pandora. Abri- mos despacito, No apareci6 ningtin monstruo, por el momento. [Nos miramos sin hablar, para darnos fuerza, Antes de entrar, tuvimos que despejar las cortinas de telara- fas. Estaba oscuro. Senti un olor a encicrro que en el fondo, alla en las tiltimas particulas olfativas, percibi como familiar, Me di cuenta de que esa ya era mi casa, y me recibia a mi, su duefa, Levanté la vista por unos segundos y me estremect bajo la mirada de alguien. Era Marito, desde el espejo grande que colgaba sobre ia pared del frente. Cuando a5 mis pupilas se acomodaron a la penumbra, vi el sillon de terciopelo azul y el cuadro.... Entonces, salté esos metros de distancia y me tiré ‘encima del sillon. Diun grito de felicidad en medio de la nube de polvo que me envolvi. Y comenzé el show de las persianas. Hicimos entrar luz.a raudales, la casa se desbordé de sol y de aite. Al gunas plantas las bloqueaban, pero las empujamos, despejando sombras y abriendo cielo, Estaba la mesa de cedro (jtenfa tapitas y rollos de piolin en el cajén!), el pasillo largo con las estufas a querosén, las dos habitaciones con sus camas, placares empotrados, roperos Hlenos. También un bafio enorme con bafiera, Marito miraba todo como si hubiera entrado a una piramide egipcia abierta luego de milenios. —Pensé que todo se iba a desintegrar cuando le die- rala luz —me dijo Lo miré con ganas de que se fuera; queria disfrutar cde mi casa, de mis recuerdos, de mis ganas de recorrer- Ja veinte veces, sola. Se dio cuenta y anuncié que ya se iba. Antes, me dijo: —Vuelvo a la tarde y te traigo un sol de noche. No debe funcionar ninguno de los foquitos. Pero después vasa tener que llamar a Ernesto, el electricista de act a la vuelta {Qué practicidad, este Maritol Ni se me hubiera ccurtido pensar en esas cosas. Sabjia que don Iturriaga 6 i tendria que haberse encargado de que todo estuvieta en orden... :Habria gas? Me queria dar un bai. ‘Me fui a la cocina, Miré-la otra puerta, con todas las cerraduras. Espié por el vidrio y vi la casilla para las garrafas de gas en el lavadero... Bueno, lo que alguna vez habia sido el lavadero, que ahora estaba convertido en otro desborde vegetal. Por el momento, decidi dejar- la cerrada. ‘Abri fa canilla, Estaba completamente muda. Bus- qué la llave de paso, la encontréa un costado y la movi Un solo de quena salié por el pico de la canilla, armé- nico, herrumbrado... y seco. 2En qué lugar estaria la Ilave principal? Me acordé de que suelen ser redondas como el timén de un barco y acostambran estar afuera. Sali a la galeria del frente, y nada. Necesitaba encontrarla, Machete en mano, arremeti contra el yuyaje que crecia pegado a la pared. Me deslicé hacia adelante como por un téinel. La encontré en la esquina final, casi contra la me- dianera, detras de una puertita de hierro. Desenrosqué con stavidad, dando tiempo al reencuentro circular Sali de la jungla y me meti en la cocina justo a tiem- po para escuchar las toses de los cafios por toda la casa, hasta que por fin el pico escupié un chorro rojo y viejo. “Tuve suerte, me dijo Marito después: él hubiera ase- gurado que las cafierias estaban todas tapadas. Después de un'fato,cl fondo de la pileta se cubrio de tun mar transparente. Pero. .. no solo con agua se limpia semejante antigi “dad de polvo. En el almacén de enfrente, don Baldac: tun gordo bigotudo, me vendié unos bidones llenos de productos olorosos y que hacian espuma (me asegurs) Aproveché y compré mis cosas, que sé yo... galletitas Alfajores, dulce de leche y otros elementos indispensa- bles para la supervivencia. Y empezé el show del agua, Baldes de lat6n y olas de burbujas. La casa estaba tomando forma. El escobillén raspé paredes y techos, desmontando de! cielo raso una verdadera obra de ingenieria textil realizada por las arafias, Bailé el carnavalito sobre los colchones, hasta que ddej6 de sali por completo el polvo de diez aftos. Plu- mereé con energia bélica todos los mucbles con sus adornos y adornitos. Saqué una montafa de tierra, toda recolectada a escobillén y pala. Entonces, con més tranquilidad, abri un ropero, La prolijidad de la tia Dorotea era ejemplar: habia bolsas apiladas Ilenas de sAbanas y toallas (todas bordadas a mano), paftuelos, una caja con jabones de jdiex aftos avris! Hacia un costado, una cabeza de telgopor, parada sobre un pic de madera torneado, sostenfa una peltica No pude dominar el impulso y me la probé. Me miré en el espejo de! bafto. Quedaba bastante parecida a la tia Dorotca. Comparé mi imagen con una foto, y si, 28 éramos, De todos modos, esperaba no tener que usar nunca semejante accesorio: era la cosa mas incomoda. Miré la bafiera al fondo del bao y me antojé. La Ilene. Entibié el agua calentando una olla sobre un Fueguito improvisado en la galeria, Me met y enti co- do mi cuerpo blando,estaba bien, Era una sensuci6n de libertad indescriptible. Respiré profundamente y miré para arriba. Justo encima de la bafiera, el techo se que- braba y subja bruscamente sobre el rectangulo. Como Ja torre de un castillo, Por una banderola en el vértice, cl sol entraba naranja y de costado. Me quedé un buen rato, Cuando tuve todas las manos arrugadas sali, me puse la toalla y vi algo en el piso. Algo que esquiv6a mi pie, un algo gordito... ¥ aparecié Stravinsky. Asi le puse a mi sapo. Era mio, porque todo lo que estaba alli era mio. Stravinsky cra bastante feo y malhumorado. Croaba mirandome fijo, como para echarme. Porque él vivia alli desde hacia tiempo, se ve. “Tenia todo el derecho a quedarse en ese lugar que le habia costado tanto conguistar, bien lo imaginaba yo. Debié de haber entrado por la cafteria y salido al bao por el resumidero, Muy chiquito tuvo que haber sido para pasar por eses agujeros. Sin duda, habia pagado derecho de piso por ese hogar detris del inodoro. Le puse “Stravinsky” por lo afinado, Nunca antes habia escuchado a un sapo con tan armonioso croar. Bueno, Stravinsky, escondete otra vez en tu rincon, que esta por venir Marito y parece demasiado practico para entender tu presencia, Apenas me vesti, escuché un golpe en la puerta, Mi querido vecino, parado en el umbral, cargaba dos ga- rrafas,una.con sol de noche y !a otra con un quemador. s verdad), algan dia tendria que cocinat. Por el mo- ‘mento, nos conformamos con unos sandwiches. Marito clogié mi trabajo. La casa estaba mucho me- jor, y con el correr de los dias iria acostumbrindose al mundo nuevainente, La misin “conquista” marchaba exirosamente. Con la noche, una procesiénede insectos intent en. trar por las ventanas. Cerramos todos Jos vidrios. Mi nuevo amigo se despidié y eché Have a la puerta, La jungla escondia sonidos que se me enroscaban en cl cuerpo, y quise mantenerlos lejos. Durante la cena, Mario me habia aclarado la cuestion de Ia mala fama: segiin los vecinos, la casa guardaba un misterio, Saqué mi papel y anoté Cosas que incluyen misterio: 1.Unasesinato, (2. Una maldicion, 3. Un tesoro enterrado (mi favorita), Al dia siguiente pensaria en las opciones con mayor detenimiento. Es mas: podria anotar cuidadosamente todas las evidencias, para evitar sorpresas desagradables, 30, Saludé a Stravinsky, que se acurrucé sobre la loza, y me acosté, La cama era cémoda, pero no podia dormirme. Ha- bia algo dando vueltas por el ambiente. Sentia una compaiiia extrafia, Empecé a pensar en la tia Dorotea. @Y si su espiritu estaba conmigo? Senti escalofrios. ,Y si esa era su cama? {¥ si se acostaba a mi lado? Me le- vanté,encendi el sol de noche y vi que todo estaba en su lugar, Es mi imaginacién que me pone zancadillas, pensé, me duermo, me duermo, apago (apagué) y me dormi. Soiié con la tia Dororea envuelta en una mortaja transparente, atravesando paredes y acariciando gatos negros. 31 Dia 3 Hoy ta casa esta radiante, Stravinsky... Miri los manojos verdes por la ventana... Pero, ssabés qué? Hay que desenredar un poco esa marafia despeinada. Porque la tia Dorotea me dijo bien clarito,en la carta, que queria pensamientos en los can- tcros del frente. ¥ no queremos que se inquiete, ;n0? Por las dudas. Creo que antes de empezar a trabajar deberiamos tener una idea clara del estado de las cosas. Voy a hacer un relevamiento del terreno. Después de una exploracién exhaustiva, volvi con el reporte. Stravinsky escuch6 sin inmutarse, por lo que deduje que coincidia con mis observaciones. 3 —— Informe del estado de los territorios adyacentes ala casa de la tia Dorotea Zona Este(el frente) _ Viumos euantos drbolesenredaderas yarbastos. Me c= cé con tres lagartigas, una oruga y varias langostas. Hay hormigas y mosquitos como para hacer dulce (te gustaria, eh!) ero me evé una increible sorpresa: hay dos grandes smatas de margaritas. Sern recontratataranietas de las que plantaba Dorotea? Zona Norte al costado) Selva intrincada. Se divisan criaturas exbricas sospecho gue los ruidos que nos asustan tanto de noche provienen de estos lados). Por las dudas, no entré. Al fondo, un bananero prodigioso ocalta un loro: lo vi de lejos y lo escuché. Dejé unas hojas de lechuga y zanahoria. ¢Comerdén es0? Zona Oeste (del lavadero para atrds) Regién peligrosa,oscura y hiimeda. Parece ser tierra dees- eros y pantanos. Hay que caminar con muchisimo cuidado, puede haber arenas movedizas (aunque a vos esos lugares chanchos te encantan: mirate, sino, atrds del inodoro). Sos- pechas de un catia roto 4 Bueno, Stravinsky, espero que te haya quedado claro el panorama. En verdad, quedaba mucho trabajo por hacer. En el lavadero encontré pala, pico, rastrillo y una manguera gue no debia servir. ‘Comencé por Ia galeria, Como si fuera un trabajo de arqueologia. Con la paciencia de un relojero, ir qui- tando las capas del tiempo sobre las cosas, para poder verlas, para descubrirlas. Con la pala, saqué las montatias de tierra y pasto que habian comenzado a invadir la galeria. Después, baldazos de agua y escoba removieron lo que quedaba, hhasta que aparecié el piso rojo. En eso estaba cuando llegé Ernesto, ‘Apenas lo vi, me di cuenta de quién era. Venia con ‘un mameluco azul y manchado, como corresponde. En sus manos Llenas de nudos traia una enorme valija de cucro gastado, Ernesto tenia como cincuenta afios y co- nocia a todos los vecinos del barrio. Primero me dijo que Marito lo habia mandado, y después me cont6 que no era la primera vez que venia a trabajar ala casa. Mientras sacaba cables, cambiaba fusibles y enros- caba foquitos nuevos, soltaba cataratas de palabras. Dijo que la tia Dorotea siempre habia tenido mu- chos problemas. Parece que en el tiltimo tiempo los, dlesperfectos se repetian a cada rato, A lo mejor, habia que hacer toda la instalacién nueva, porque esa que ¢s- taba la habia hecho su padre, allé por el afio cuarenta. 35 Peto, aunque no {fueria ser indiscreto, a él le parecia que muchas cosas que pasaban en esa casa no tenian, explicacién, y por mas cable nusevo que se pusiera,.. ~» Ahi cambio de tema. Traté de sacatle mas, pero no hhubo caso, Después me hablé de los vecinos. De un lado vivia una chica con sus tres hijos. Nueva en el barrio. Un poco diferente. Se Hamaba Eugenia, era arquitecta, y ese parecia ser el problema: no era trabajo para una mujer (pensé que me gustaria conocer a Eugenia). El sefior del otro lado, don Pedro, exe si que era un tipo muy raro, no hablaba con nadie, Y estaban la sefiora Juana y don Ro- :mero, macanuidos los dos. Todos los jueves, ly los demas “muchachos” sejuntaban en lo de Baldacci para jugar all truco. Dia sagrado. ;Romero? Por supuesto que iba. Y asi, describié a cada vecino de la cuadra. Hasta que enroscé la tiltima lamparita. Cuando le tocaba a la casa de la esquina, en la que yo tenia un interés espe- cial, cert6 la boca: ni una palabra acerca de Marito, ni de con quién vivia. Nada, Después, me pidié las llaves para abrir la puerta de 4a cocina que daba al lavadero, Por suerte, habfa sepa- rado del manojo las que ya habiamos usado en a puerta del frente, Reneg6 un rato y abrié, Afuera, re- vis6 la conexién del gas, mientras hablaba del elima: que era increible la humedad de los Giltimos tiempos, «sas lluvias molestas, el efecto invernadero y no sé cuan- tas cosas mas. Finalmente, me dijo que me iba a man- dar al sefior que cambiaba las garrafas. Que esperara 36 tuna camioneta roja y dejara, con toda confianza, que don Nicolis hiciera el cambio, que era muy buena gen- te y no me iba a cobrar demasiado. Volvié a meter todo en el valijén y se fue diciendo, gute ante cualquier cosa lo llamara, que ningéin proble- ‘ma, Su casa era la de rejas negras, justo a la vuelta, Don Nicolas Iegé enseguida, tocé bocina y entré con la enorme garrafa. La puso en la casilla, revisé y abrié la llave. Don Nicolas era muy distinto de Ernesto, ‘No hablaba, sélo hacia un ruido, algo asi como “jem”, Mas 0 menos este fue nuestro didlogo: — (Usted es el sefior del gas? —Jem. —(Lo mandé don Ernesto? em. — {Usted conocié a Ja tia Dorotea? —Jem. Al final, me dirigié una palabra para di to era. Yo ya me habia dado por vencida: a este seftor no podria sacarle una frase completa. En realidad, ya me estaba acostumbrando a hablar sola o con mi sapo, asi que... Cuando se fue, prendi todas las huces de la casa y pu- se miisica, Después cocine una olla de arroz a la valen- cciana, por si Marito se aparecia. Corté la cebolla finita, la puse al Fuego sobre la cocina viejisima. Seguramente era de la época de mis bisabuelos; tenia dos hornallas y un. horno pequefio y se paraba sobre cuatro patas. me cuan- 37 Lo esperaba a Mlarito porque tenia ganas de hablar con alguien, pero no vino. Comi mientras charlaba con, Stravinsky, que escuchaba atento desde el bafio, y me fui a la cama. Esta vez me dormi enseguida. A la medianoche, un ruido muy extrafio me des- perté. Era como un quejido lejano, y parecia venir del iving. Un fio me corrié por la espalda. Estaba casi se- gura de que era el espiritu de la tia Dorotea. Cerré la puerta de mi habitaci6n y traté de seguir durmiendo. En algéin momento logré conciliar el suefio de nuevo. 38 Dia4 ANN estaba, instalada en mi nuevo hogar, con un sapo como compafiero, un amigo que ya no venia a vi- sitarme y un misterio escalofriante por resolver. Pero no me iba a entregar a la nostalgia. Decia mi abuelo que ton el trabajo se alvidan las ppenas, asi que puse manos ala obra. Con la pala y el Pibolbget acer Ikeja de las plants dete not tonaban contra la verja Cuando, pude despejar un metro, dejé la tierra jteparada, ioe fu al vedd y cola ust monn de pensamientos que planté en una hilera perfecta, jus- to al Frente de la casa. Ya estaba, La tia no se podria quejar: cumpli con su deseo. Eso si, dejé la mata de margaritas asomarse por un costado. Me parecia re- cordar que era ast como tenia Dorotea la casa, en sus Intec tictpos. 39 Marito no voleié a visitarme. Esto del secreto eral terrible, no poder hablar con nadie, eran demasiadas cosas para masticar sola, Extrafiaba bastante a mis -amigos. Stravinsky resultaba una buena compafiia en estas circunstancias. Escuchaba callado, no interrumpia y itraba con esos ojotes que daban verdadera impresion de entendimiento. Menos mal que tenia a mi sapo. Mellavé las manos y me senté en la mesa del comedor. Era un lugar que me daba un poco de miedo. Los ruidos de la noche parecian salir de alli, Miré el cuadro y me tranquilicé. Si la tia Dorotea me habia clegido para de- jarme su casa, seguramente no queria hacerme dafo. Desplegué mi bloc y taché de la lista las cosas que in- cluian un misterio: un tesoro enterrado, aunque me hubiera gustado, no podia ser; una maldici6n y un cri- men... parecian poco probables, En realidad, cada vez estaba més convencida de la presencia de la tia Dorotea. Cémo habia olvidado anotar la mas antigua y tipica causa de un misterio? UN FANTASMA! ‘Todas las evidencias apuntaban en esa direccién. ‘Casi todos los fendmenos ocurrian de noche. Pero, qué queria el fantasma de la tia Dorotea? ;Por qué me habia mandado la carta? ¢Esperaba algo de mi? Anoté estas preguntas y levanté la vista de la hoja, como para dejar entrar las respuestas por algiin lado. Mi mirada recorrié el salon, Parecia un musco de reli- 40. {quias familiares, No era extrafio que el fantasma de la tia Dorotea hubiera elegido ese lugar. Ademas del cua- dro, habia un montén de objetos que pertenecian a la familia desde hacia un siglo, por lo menos, Habian ve- sido con mis bisabuelos desde Zurich. Me detuve en tuna fote color sepia dentro de un marco ovalado. Era cl retrato del bisabuelo Federico, con su8 bigotes blan- cos; estaba parado detris de la bisabuela Lina. Yo no {os conoci, y mi abuelo hablaba muy poco de ellos. En realidad, hablaba muy poco de todo, Habis adoptado este pais, Desde muy joven se fue a trabajar al campo como administrador de estancias. Oscar Tobler, un suiizote que vistié toda su vida con bombachas de gau- cho. Sabia jugar a la taba y le encantaba el asado. No le importé nunca el pasado glorioso de la familia ni las tradiciones alpinas. Era un gaucho de las pampas,y le cantaba al mba. Pero la tia Dorotea no. Para ella, las cosas fueron di- ferentes. Cuid6 esa casa como el Gltimo bastién de la herencia Tobler. Por ese lado si podia entender su carta y su preocupacién por dejar fa casa en mis manos. La tia respet6 las tradiciones a rajatabla, y podria asegurar que fuse a fa Iglesia Metodisea Episcopal hasta el ilti- mo de sus dias. En medio de la pared habia un plato de madera con la bandera de la Confederacién Helvética. Y sobre el modular, en un lugar de privilegio, estaba el reloj, ese que mi bisabuelo habia traido de Zurich, Llegé con él “a cn el mismo barco, y también se qued6 aqui definiti- vamente, Yo siempre lo habia mirado con un interés special, Era como una caja de madera con curvas y redondeces. Bonito, sobrio, Los néimeros romanos, de bronce, igual que las agujas. Me acordé de que alguna vez, cuando era muy chica, habia descubierto que por el lado de atrés tenia una puerta, Parecia una casa de mufiecas, Me acerqué cuidadosamente, lo di vuelta y lo abri. Algo que siempre habia querido hacer. Un aire frio sali6 desde adentro, una rafaga veloz. Se ime puso la piel de gallina. Lo cerré de golpe. Pensé que ahi debia estar Dorotea. Juncé coraje y la llamé con un susurro: —Doorooteecaaa... Esperé un rato, pero nada. Volvia abrir la puerta del reloj, Ningin viento, ningtin soplido espectral. Vi ell mecanismo, me fasciné el acceso inmediato a la magia. ‘Todas las piczas de bronce tenian una simpleza perfecta, despojada. Ocupaban tan poco lugar... Hubiera sido excelente para jugar a las mufiecas. Hacia un costado de la caja habia una extrafia llavecita, Me di cuenta de que entraba exactamente en un hueco, Era para dar cuerda, Con un sentimiento de triunfo, lo puse en hora yescuché las campanadas, El sonido era ancestral, lim- pio, sin estridencias. Me parecié que el corazén de la casa habia empeza- do a latir nuevamente, con un pulso viejo y nuevo. La casa habia despertado de su letargo de diez afios. Ese a2 debia ser el plan de tia Dorotea. Ahora ya podria des- cansar en paz, yo me ocuparia de todo. ‘Terminé ese dia con tranquilidad, no tenia miedo. Sin embargo, por la noche el espectro de la tia volvi6 a despertar. Por lo menos, eso fue lo que pensé cuando me levanté para iral bafio y vi una vela flotando por el pasillo. —Tia Dorotea! —grité. La vela cayé al piso y un alarido desgarré fa noche. El eco terminé en el living, como siempre. Estaba bastante enojada con la tia:hacerme esto! Yo habia puesto todo mi empefio en cumplir su voluntad, y ella, empecinada en darme esos sustos de espanto. Qué queria? {Divertirse a costa mia? — 0 me dejis de molestar,o me mando mudar de aca y te quedas sola como un hongo hasta que la casa se te venga abajo! Me entendiste? —y cerré,dando un portazo. B Dia 6 Teempranisimo, como el sol, Ilegé Marico, No tuve tiempo de preguntar por qué no habia venido antes. Me dijo que cargara agua en el termo, preparara el mate y ime abrigara. Cerramos la casa con tres llaves. Era la pri- mera vez.que salia desde mi llegada. Que salia de verdad. Respiré el aire frio de la mafiana y caminé por el barrio, Los Arboles tenian las hojas doradas y el cielo se alumbraba de a poquito. Ni me interesaba adénde me Ilevaba Marito. “Ya vas a ver"; me habia dicho. Caminamos por un pasaje de tierra que partia en dos cl coraz6n de una cuadra, Fuimos juntando palitos y ra- ‘mas, hasta que desembocamos en una avenida. Enton- es, Marito se fue hasta un quiosco azul Ileno de diarios y revistas apilados y expuestos uno al lado del otro. Sa- hud6 a un sefior que tenia las botamangas del pantalon 45 sujetas con broches. Intercambiaron unas frases breves y expeditivas. Mi amigo me presenté como “la chica que te conté, la nueva vecina de li casa de los Tobler” El hombre, que resulté ser el papa de Mario, me salu- dé con amabilidad y se excus6 diciendo que tenia que hacer el reparto, que no faltaria ocasién para otro en- ‘cuentro, mates de por medio, Vimos c6mo carg6 unos cuantos diarios en una bici y salié. Entonces, Mario sacé un par de sillitas desplegables. A un costado hici- mos una fogata con la lefia que habiamos juntado. El calor nos subié por las manos. Senti el olor del humo, era interesante, como de maderas aromiaticas. Marito se riée “El Gnico aroma que pueden tener esos palitos esa pis de perro”, No me import6. El fuego crujia con. un encanto nuevo. Mis tarde paré una camioneta y un muchacho bajé ‘una pila de diarios de la capital. Marito los puso en una pequeiia repisa, debajo de los otros estantes. Después, nos paramos sobre el cord6n de la vereda extendiendo el brazo con el diario; a veces grivabamos: “[La Vor! jLa Voz!” Estuvimos riéndonos del viento que arrugaba todo, y nos sentamos en las sillas a tomar mate al lado del Fuego. De vez en cuando, un auto se detenia y Marito llevaba el diario corriendo, se ponia Jas monedas en el bolsillo y volvia. Leimos uno, empe- zando por el horéscopo. Al mediodia, comimos unos sandwiches de milanesa hechos por Amanda, la mama de Marito. 46 Pasaron otras cosas. Pequefias cosas sin importancia. De esas que quedan prendidas en los pensamientos,dan- cdo vueltas como moscas. Cosas que me hicieron sentir del barrio. Una sefiora que pasaba con la bolsa de hacer las com- pras me abraz6 y me dijo lloriqueando: —Mira vos, sobrina nieta de Dorotea, tantos afios, quién diria Un sefior me miré y dijo: —Una ‘Tobler... con mirarte només, JNo estar‘ en lacasa...? Y con Marito nos pasamos toda la siesta entibindo- tos al sol, leyendo historietas y charlando, En un mo- ‘mento, casi le cuento lo del fantasma. Pero me acordé de que era un secreto y me callé. No queria imaginar- me las consecuencias de un enojo de la tia Dorotea. ‘Volvimos a casa por la tarde. Me quedé con el calor- cito de la fogata en el corazén, {Cémo te explico, Stravinsky? Hoy fue un dia dife- rente. Tendrias que salir de vez. en cuando, no sabés lo que te perdés, Podés hacer una pequefia visita a tus pa- rientes de la canilla del patio, Pero no te vayas a entu- siasmar, te estoy hablando de una visita temporal, nada permanente. Mir que sos mi compafiero en esta aven- tura misteriosa, Mira que la casa es de los dos, asi que el fantasma también. ;Vos la viste alguna ver.a la tia Do- rotea? (Qué pensis? Sera asi siempre, transparente,oa veces se la podra ver? Me imagino que eso de la sébana 7 blanca es cosa de los dibujos animados... No me saldra con esa burrada, porque no le voy a tener ningtin res- peto. Ya que es un espectro, quiero pensar que tendra recursos mas dignos. Mira, Stravinsky! jE] loro se esta asomando por la ventana! {Tendré hambre? Vamos a abrirle... Pobre, sta todo apachurrado. Creo que le gustaron las zana. horias y la lechuga... Vamos a traerle un poco. Viene bien tener mas compafia, viejo, asi no nos sentimos tan desprotegidos cuando pasan cosas raras... 2Cémo lo vamos a Hamar? Porque si vive acé, con nosotros, vamos a tener que ponerle un nombre. A ver... qué te parece “Greenaway”? Suena importante, cxco que es el nombre de un director de cine... Sino,se vaa poner celoso cuando sepa tu nombre ilustre. Ima- ginate si le ponemos “Pancho va a pensar que lo que Femos menos. Ademis, “green” es “verde” en inglés, {n0? Miralo, justito para él. Bienvenido, Greenaway, bienvenido. 48 Dia 10 A \fnera estaba fresco. La casa me parecia més gran- de y deshabitada, Necesitaba hablar con alguien que me contestara, alguien que me hiciera sentir acompa- fiada, Puse la pava para hacer un café. Negro y fuerte, para calentarme por dentro. Y se me ocurrié que era tun dia especial para comer algo rico, hacerme algunos smimos. La tia Dorotea solia hacer unos postres suizos que ‘me encantaban, Seguro que tendria un recetario guar- dado por algén lugar. En el cajén de la mesa de la cocina habia visto wha libreta, Busqué entre los ovillos de piokin y las tapitas. La encontré. En la portada decia “Recetas”, Perfecto! ‘Abri, dispuesta a elegir, pero no entendi ni una pa labra. Me di cuenta de que estaban escritas en aleman, {Qué vieja fanatical ;Por qué esa mania conservadora? 9 Como si el gusto de Ia comida tuviera algo que ver con cl idioma, Estoy segura de que pensaba que una man- zana no tenia el mismo sabor que una Apfel Si son exactamente la misma cosa! Ahora, yo tenia unas ganas tremendas de comerme una torta y no habia forma de hacerla... A menos que alguien entendiera aleman... Ni Stravinsky ni Greenaway, claro... {Quién mis en la casa me podria ayudar? En ese momento se me ocurrié. Una idea teme- raria ilumin6 la tarde bastante gris, La tia Dorotea! Nin- guna otra persona podria hacerlo mejor. Ella misma las habia escrito, con su letra cursiva parejita; y, por otra parte, habia hecho esos postres miles de veces. Me dispusea llamarla. La tinica cuesti6n por resolver cera la manera de comunicarme, Pero eso se definiria so- bre la marcha, pensé, ‘Abri la puerta del living. Estaba mas fresco que el resto de la casa, Me acerqué al reloj suizo y dije: —Tia Dorotea, necesito que me ayudes, Nada. El tictac del reloj etumbando contra el recho. —Sé perfectamente que me ests escuchando, sali! —dije en voz un poco masalta. Ni viento, ni soplido. ‘ —Tiita querida, por favor, zme podés ayudar? Esperé un rato, con la mirada fija en el reloj Mira, tia Dorotea: me parece bien lo del secreto, pero, gpor qué entre nosotras? Somos grandes y nos conocemos. Ya pisaste el palito varias veces. Ya me di 30 cuenta de que estds, y también de cémo... Digamos, de tuna manera... poco consistente, para ser sutiles... Hice una nueva pausa. —iNo seas hipécrita! {Ya sé que ests escondida en ese reloj! ;Ayudame!! —grité repentinamente, de ma- nnera bastante poco diplomitica. Me arrepenti enseguida. {Qué tal si los fantasmas también tenian miedo de las personas? ZY si le daba vergiienza o timidez salir a plena luz del dia? Hice un dltimo intento. — (le diste cuenta, tita, de que hoy es un dia verda- deramente helvético? Esta fresquito... ideal para prender un lindo fuego y hacer un exquisite... Rote Griitze —deletreé con dificultad el titulo de una de las paginas de la libreta, Las aguijas del reloj giraron unas vueltas, y el sopli- do circulé por toda la habitacién.;Habia resultado! La tia daba muestras de presencia. Asi que continue. —Y como no sé hablar en alemsn, alguien va a te- ner que ayudarme a leer estas riquisimas recetas... Mira vos, qué horrible descuido lo del idioma... Pero decime: gebmo iba a saber la importancia de hablarlo, sini siquiera me podia imaginar que ibas a regalarme esta casa? Mucho menos, que tendria que retomar to- da la tradicion alpina. Fijate que, de todos modos, la cocina suiza me encanta, Asi que vas a tener que pe donarme estas debilidades en el carscter. Pequeit ‘manchitas de ignorancia en un espiritu torneado por st el rigor helvético. Porque soy Tobler desde la punta del pelo hasta la punta del pie. Un remolino me arrebaté la libreta de las manos. {Me queria ayudar? ‘a, hay un pequefio detalle. forma de comunicarnos un poco més No contest6, Por ahora, parecia que no. La libreta con las recetas flot6 en direccién a la puer ta. Asi que deduje que estaba dispuesta a ayudarme. Una vez en la cocina, me acerqué al recetario sus- pendido en el aie, lo tomé con suavidad (nada opuso resistencia) y volvia leer en voz alta: —Rote Griitze. En ese instante, vi cdmo la cuchara de madera venia en direccién a mi cabeza. Cerré los ojos, no tenia tiem- pode esquivarla.Se deruvo en seco a unos milimetros de mi cara, para posarse suavemente sobre mis labios. Me relajé. La tia me estaba haciendo una sefia de silencio, Claro, se debe haber espantado con mi pronunciacién —Fsté bien —Ie dije—, ensefiame cémo decirlo, La cuchara se elev6 por el aire y se pos6 sobre unos dibujos de frutillas y grosellas estampadas sobre un ta 170, Sefial6 una y otra vez —Esté bien, ya entiendo, no podés hablar. Vamos a hacer una especie de “digalo con mimica”? La cuchara se movié afirmativamente. No habri alguna .- fluidamente? —Lo que me querés decir es que ese rote Griitze... se hace con frutillas,o algo a 32 La cuchara volvi6 a afirmar. —Y esas son frutas que no tenemos... Otro “si”. —Entonces, busquemos orzo postre! —dije, entu- siasmadisima con la “charla’” Las hojas pasaron rapidamente bajo las dedos invisi- bles de tia Dorotea. La libreta se deruvo en una pagina yy se puso delante de mis ojos. —jPero esto es imposible de decir!... Espero que hacerlo sea mis facil que leerlo —dije—. Z-w-e-t-s¢-h- e-n-k-w-e-h-en —intenté leer letra por letra ‘ Miré toda la palabra: Zwerschenkuchen. —Tia Dorotea —dije—,no estoy dispuesta a comer tuna cosa que tenga semejante nombre. Seguro que me indigesto, con esa cantidad de consonantes juntas... La libreta volvie a correr las hojas y me mostré: — Frankfurter Kranz —dije con bastante mas segu- ridad-—. Bueno, esta me parece razonable, Mostré con el dedo la primera palabra de una lista. Entonces, la heladera se abrié y un paquete de mante- ca loté hacia mi, — (ste cs el ingrediente que dice acé? Lacuchara de madera contest6 que si. Esto me estaba gustando. Hasta me habia encarifiado con el fantasma. Después de todo, éramos de la familia. Mientras mi dedo bajaba siguiendo el orden de la lista, los ingredientes (alimentos indispensables de los que me habia provisto en mis sucesivas incursiones por el 54 almacén de Baldacci) salian de sus refugios para hacer una fila delante de mi. Sobre la mesa, claro. Entonces, sefialé el parrafo que continuaba y la tia Dorotea volvié al ataque. Se trajo varios utensilios mas, cen unos vuelos torpes y dubitativos, lo cual me extrait. Pero bueno, tantos afios de inactividad, pobre tia, refu- sgiada en esa caja de madera, sola y abandonada. Estaba realmente fuera de estado, Golped con el filo de la cu- chara un huevo, que cayé en una olla de latén. Herido cen su corazén amarillo y con restos de céscara, el po- bre huevo fue sometido a unos golpes frenéticos de la cuchara de madera. —jEspera! —grité, intentando salvaslo de su desti- no en la basura—. gAhi dice que hay que batir huevos? La cuchara hizo el gesto afirmativo, salpicandome con restos de clara, Fui hasta el aparador, saqué un bols y una batidora manual y le dije: — {le avordis, tia? Se hacia asi Me resultaba bastante raro estar dandole clases de reposteria ala tia Dorotea, Ia mas experta cocinera que yo habia conocido, La que endulzé mi nifiez, la culpa- ble de mi debilidad por los postres De todas maneras, aquella tarde logramos un en- tendimiento nuevo. Con una sincronizacion digna de destacar, la tia oficié de ayudante de cocina. Yo sefialaba cela libreta y ella me pasaba la taza de azdicar, las nue- ces, la crema. Y result6 emocionante poner el molde en 55 el borno. Si la hubiera podido ver, le daba un abrazo, alatia, No sé en qué momento se volvié para su refugio dentro del reloj, Y claro! Debia estar agotada la pobre, ccon semejante trabajo después de tanto tiempo. El aroma de la torta recién-horneada Hlené la casa. Marto Hlegé justo en el momento de sacarla del horno. Si lo hubiera planeado, no me habria salido mejor. Pusimos un mantel bordado y saqué un juego de té de porcelana. Un ambiente perfecto. Una postal de principios de siglo, salvo por nuestra ropa. Me encanto «se regalo,y se lo agradeci a la tia con un murmullo di- simulado cuando saqué la bandeja de plata del mucble del reloj. La frankfurter Kranz era una torta riquisima y dur6 como tres tazas de té, suficiente para una charla soste- nida como de cuatro horas. Cuando la noche cayé del todo, decidimos dar por terminada la merienda, que a esa hora ya podia ser cena. Aaah, muchachos! Mis queridos compafieros, hoy hha sido una tarde més que agradable. A vos, Greenaway, ate gustara la frankfurter Kranz? Mira... parece que A vos Stravinsky, ni tela muestro: ya sé que tenés gus- tos carnivoros: exclusivamente mosquitos y arafias, Les tengo que confesar que la tia Dorotea parece ser un fantasma bastante piola, ;Pueden creer que cocina- ‘mos juntas? Bueno. es una manera de decir... Hay que reconocer que la pobre hizo su aporte, a pesar de sus 56 problemitas de olvido. Sera que la pérdida de memo- ria sigue avanzando con Ia edad, después de... ya sa- ben? jNo se imaginan la torpeza que mostré para batir unos huevos! Espero que no me escuche, a ver si se ofende y terminamos con esta excelente relaci6n... me- jor cambiemos de tema. A que no adivinan quién vino después? Sifi,adivinaron: Marito. Tomamos el té y me cont unas cosas... Estudia en la universidad. ;A que no se imaginan qué? Les voy a dar unas pistas: parece que el chico quiere seguir Ia linea del negocio familiar, pero... cambiando el Angulo de la informacién, como dicen por ahi, ;Adivinan? Si, estudia periodismo. Imaginen que, con tanto tiempo metido entre diarios y revistas....vamosa ser sinceros, jes un chico informa- do! Me conté que trabaja en el quiosco desde los diez afios, ¥ no ha dejado de leer los diarios ni un solo dia. La verdad, jme impresion6! Ya sé quea ustedes tambien les cae bien mi amigo... Ahora me voy a dormir. Chau, Stravinsky, Green- away... Antes de apagar la luz, saludo a la tia, que estu- vo macanuda,y de paso le recomiendo prudencia en sus paseos nocturnos. Dia 14 Conoci a la vecina y me cayé muy bien. Me levanté temprano, sali a hacer unas compras y cuando volvia la vi. Estaba al ndo un portén: impro- visado, empujaba el alambrado hasta unos ganchos en tun poste, Me acerqué y la saludé. Le conté que yo me habia mudado hacia unos dias ala casa de al lado.’ —jLa casa de al lado! —dijo, sorprendida—. Me parecié que ef jardin estaba cambiando, aunque los vecinds insisten en atribuir cualquier cosa que pase ahi a una presencia misteriosa. Vaya con el secreto de la tia Dorotea!, pensé, lo sabe todo el barrio. Eugenia tenfa una casa preciosa, lena dé cuadros, rincones con esculturas, cosas mexicanas (me conté que habia vivido durante un tiempo cn México) y tres chicos inquietos. 59 Nos tomamos tunos mates, escuchamos buena miisi- ca y me volvi para casa. Desde ese dia, nuestras visitas se hicieron frecuentes. La arquiteceura parecia ser una profesién interesante, Vefa a Eugenia pensar casas como quien arma rompecabezas. De vez en cuando me quedaba con los chicos mien- tras ella se iba a una obra. Son muy divertidos. Jugé- bamos geniales partidos de fatbol. A veces inclufamos a Rufus, su gato, y a Frida, su perra peluda. Una vez, intentamos poner a Stravinsky en un arco, peto tenia tun problemita de reacci6n (jera tan lento!). Los dias que venfan a casa le dejaba bien claro a la tia Dorotea que tenia terminantemente prohibido ha- cer acto de presencia. ‘Ademés de ser una apasionada descubridora de ob- jetos de arte, Eugenia era una gran lectora y tenia una biblioteca nutrida, de la que yo podia sacar lo que qui- siera. Se lo agradecia enormemente. Los dias se hacian largos y cada vez. me pesaba mas el aislamiento al que me veia confinada por el capricho de la tia Dorotea. Durante aquellas noches en compaitia de Stravinsky y Greenaway, lo mejor que me podia pasar era tener un buen libro entre las manos. 60 Dia 19 Hoy vino Mario....y me dej6 triste. Me dijo que las cosas ya no eran como antes, ue ahora yo preferia la compafiia de “esa sefiora” y sus “nifiitos molestos”.jNi- fiitos molestos! Ni siquiera los conocia, Dijo que yo ya no tenia tiempo para charlar con él, que no le pedia ayuda... Todo, porque cuando Ileg6 estaba sacando los yuyos del fondo con los chicos. {Qué te parece, Stravinsky? ;Acaso vos te sentiste desplazado cuando vino Greenaway? igh?! No, no pongas esos ojitos de victima, Stra- vinsky, que mi intencién de ninguna manera fue darte una idea, ~ [Estoy enojada, muy rabiosa, ademas de triste! (Qué ridiculo! Un muchacho grande, hacer escenas de celos a estas alturas, y a mi, que casi no cruzo la esquina! “Todo, pot esa idea loca del secreto. La tia Dorotea es el ot primer ejemplar de Fantasma desquiciado que conozco. fe Una excentricidad de espectro. la vieja... Dia.20. Pero lo peor del caso, Stravinsky, es que Marito dijo que no iba a volver. Y eso ¢s lo que me entristece. (Quue puedo hacer? Me levanré con esta mezcla de sentimientos aturdiéndome. Por més que intento pen- sar en otra cosa, vuelvo a Jo mismo. ¥ dale, y dale... Marito y esa explosion que no entiendo. Sigo enojada y rabiosa Me quiero sacar esa imagen de la cabeza. {Qué puedo hacer? ;Para, pajarraco loco! (Qué hacés revoloteando por ahi? Fijate la cantidad de tierra que desparramas por todas partes... jQuedate quicto de una buena vez! ...A menos que esa sea tu idea... Claro! El loro me habia dado una buena idea, Esa biblioteca —si es que se podta llamar asi cosa bastante dudosa— jamas habia sido visitada por un plumero,por lo menos desde que yo vivia aqui. Parecia una especie de estante cempotrado en las alturas. Le pedi a Eugenia una escale- ray mesubi, Era un trabajo que sin duda me distraeria. a iS Tenia que hacer equilibrio en el escaién, sostener el plumero y limpiar sin caerme, Apenas measomé,me di cuenta de que el polvo acu: mulado tenia mucho mis de diez aos. Seguramente la tia Dorotea, a los ochenta, no se ponia a hacer esas acrobacias. Empecé con e! plumero. La tierra era tanta que caia como Iluvia, Greenaway, guapo como pocos loros, plumereaba con aletazos desde el fondo. Yo no podia llegar hasta el Angulo de la pared, asi que agradeci la ayuda, Pero pa- rece que mi amigo se entusiasmé y puso demasiada energia en el movimiento, porque, de repente, algo pa recido a un terremoto ocurridalla arriba, Un derrum- be de libros, evistas, diarios vicjos y hojas sueltas fue a parar con estrépito sobre el piso. No recuerdo bien cémo fue. Solamente sé que me salvé de una caida horrible; Stravinsky, que miraba desde abajo, suftié una lesién en un dedo de la pata izquierda Después de asistir al pobre sapo y dejar a cada bicho cen su lugar, me fui a ver el mont6n desparramado sobre al piso, Habia unos carpetones enormes con secciones de diarios viejos. Mas que viejos. El nombre de mi bi- sabuelo figuraba en la portada, Eran suplementos cul: turales de La Razén, Parece que los coleccioné entre los aftos 30 y los 40. También encontré unas libretas con direcciones (debian de ser todas de compatriotas, porque ios apellidos eran tan impronunciables como Wid Hi 1H Jas tortas de fa tia Dorotea), Los limpiaba como podia y los iba apitando sobre la mesa det living, Casi habia terminado, Quedaban unos libros del afio del moiio, tun gjemplar polvoriento del Fausto de Goethe, Le sacudi latierra y lo abri. En ese momento senti la conocida y extraiia sensa- in que me provocaba la presencia de la tia Dorotea. ira dificil de describir, algo como una tensién en el ambiente. El ejemplar estaba en castellano, y habia sido publicado por la editorial Iberia, de Barcelona,en 1946. Lo separé del resto, por curiosidad y por simpatia con la tia, Busqué el escobillén y la fala para barrer un poco cl polvo. Estaba a punto de terminar cuando vi algo caido hacia un costado, casi parado contra la pared. Era un libro distinto, Me acerqué. En realidad, no era un li- bro, sino una caxpeta viejisima, La tomé con suavidad y soplé sobre la superficie. A mi soplido se sumé otro. Era la tia Dorotea (estaba segura), que seguia paso a paso mis descubrimientos. Miré las tapas amarrona- das, Se parecia a las carpetas que yo habia usado en la escuela, pero archienvejecida, En el frente, arriba, de- cia “Carpeta”; luego, dentro de un circulo, estaba el retrato de Rivadavia. Parecfa la reproduccién de un grabado antiguo, con tramas en color sepia. Abajo, la rribrica inequivoca del procer (la que todavia tienen las hhojas de esa marca). Y por diltimo, alld en los confines de fa tapa, las palabras “Perteneciente a". En trazos 66 cuidadosos, hechos con una pluma, se completaba: Dorotea Tobler, Colonia Suiza, FCCA. Me conmovié ver esa letra apretada y antigua, de ca- ligrafia enrulada. La tia Dorotea estaba ahi, al lado la sentia, Me imaginé la emocién de la pobre, pensé en las lagrimas que debian estar surcando esas gjillas transparentes.({O no tendria mejillas? ;O no tendria lagrimas?) Por las dudas, dije suavecito su nombre unas cuantas veces, para consolarla, —Doorooteceaaa, Doorooteecaaa, Doorooteceaaa... Un chillido bastante espantoso me raspé los oidos. Qué horrendo el agradecimiento de la tia.Por las dudas, decidi abstenerme de dar nuevas muestras de carifio. Volvi mi atencién a la carpeta. El lomo estaba ata- do con una cinta amarillenta; miréndola bien, com- prendi que en alguna época habia tenido los colores de la escarapela, La cinta daba vueltas por delante y por detras, y terminaba en un nudo. También por el otro extremo habia unos mofios abrochados con botones ‘metilicos, herrumbrados, que terminaban en unas ti- ras, Desaté los nudos con la misma emocién con que habia atravesado el umbral de la casa unos dias atras. ‘Tenia la sensacion de estar entrando en otro lugar mit misterioso, Habil tres hojas rayadas, amarillentas y manchadas. La primera, vacia. La segunda, con la siguiente inserip- cién (todo con fa misma letra cursiva dibujada con pluma): La Familia’ Tobler de Ziirich Homenaje, 1626-1926 Estudios Historicos “Del: Dr. Werner Ganz Ziirich. Y la tercera repetia esos datos, y agregaba: Copia de la Traduccién hecha por mi ¥ dedicada: A Dorothea Tobler. Cirdoba. Por: Federico Tobler. Baradero, diciembre 1929. Ahora podia entender a la tia Dorotea! {Cémo no ibaa estar con la mirada puesta en el pasado? Qué he- rencia! Y ahora estaba en mis manos... Algo que habia ‘comenzado en 1626 tenia que ver conmigo... De golpe, trescientos ochenta afios se me cayeron de un estante empotrado. Estaba desconcertada. Pude ver que las hojas estaban numeradas en el an- gulo superior, y un prologo presentaba a Johann Jacob ‘Tobler como el iniciador del linaje. Parecian haberle adjudicado el Burgerreihe (vaya a saber qué cuernos era 30) de Zurich en el afio 1626. Por alli empezaba la his- toria familiar, aunque yo creo que estos suizotes,con su ‘mania perfeccionista, podrian haberse remontado has taalgiin primate prehistérico. Seguia un destile cronolégico de todos los persona- jes Tobler. Afortunadamente, soné el timbre: dejé la carpeta encima del ejemplar de Fausto y sali a abrir. 68 Dia 21 {Como estis, Stravinsky? {Te ducle mucho ese de- do? Hoy no te escuché croar. {Te dije alguna vez que sos el sapo mis creativo que conozco? Logras unas to- nalidades guturales... Afuera serias la envidia de todos Jos sapos machos. No habria sapita que se resistiera a tus conciertos. Aunque, a decir verdad, no sé si eso sea bueno, Sobre todo, si te interesa alguna en especial. porque, pobre, tendria que vérselas con los fantasmas de tus admiradoras. Estoy monoematica, sno? No puedo evitarlo, Por lo ‘menosella tendria una buena raz6n para estar celosa.. No como otros, que de buenas a primeras encuentran ‘una razén para enojarse, aunque sea inventada... total le conté que ayer vino Mario? Si,el que tocé el tim- bre era él, Se vino a disculpar. Y sabés qué, Stravinsky? No le pude decir nada, ¢Qué le iba a contestar?... De z 9 veras, creo que estuvo muy mal. Me quedé ahi, parada contra el marco de la puerta, mirando el piso. Ni le di- je que pasara. :Acaso no me habia amenazado con que “ho iba a venir mas? Esa fue una cosa muy fea. EL solamente dijo que venia a pedirme perdén. Yo segui con los ojos pegados al piso. Entonces, en medio de ese silencio pesado como plomo, dio media vuelta y se Fue, Creo que hice lo que debia, Pero no sé... Me siento bastante mal. 70 Dia 22 Manito votviéal dia siguiente. Cuando abri la puer- ta, vi asomar un bandgrin blanco, Se me escapé una sonrisa: era una rendicién amigable. Traia unas masas vienesas, asi que nos sentamos en. la galeria. Con el mancely las tazas El dia estaba tibio y las palabras nos devolvieron la calides perdida. Marito me explicé que el dia de la pelea habia sido dificil para él. Parece que las cosas se complicaron en el quiosco... Fue de esos dias en los que uno anda como rabioso con todo, me dijo, esos que no se terminan de digerir. Saba de qué me estaba hablando. Yo le conté de mi hallazgo, de la carpeta con la his- toria familiar. De los trescientos ochenta afios surgidos de un hueco en la pared. La tarde fue cayendo; de golpe, sentimos frio y en- tramos, Ya habiamos logrado instalarnos en un clisma 7 de confianza,asi que decid hablarte de... la ta Dorotea Porque, en realidad, en la carta ella me habia pedido que mantuviera en secreto lo de la casa, pero de su fantasma no habia dicho ni una palabra, Ademis, era demasiado para guardarmelo, Semejante secreto ya no me cabia adentro. Asi que mejor lo contaba de a poquito y eranquilamente. Al principio, Marito me miraba con cierta incredu- lidad; después, a medida que avanzaba en detalles, fue centusiasmindose, —jLa quiero ver! —dijo. Le expliqué que no me parecia prudente, la pobre se mostraba tan vulnerable, Teniamos que darle un tiempo. ‘Me despedi de Marito con la promesa de enfrentarlo vvidencias del fantasma. Estaba contenta de seguir contando con mi amigo; y la verdad,era un amigo muy especial... a Dia 24 Me tevanté muy temprano. Abri las ventanas y pude ver el sol asomandose entre los lazos lexibles de has retamas. La conquista del territorio circundante marchaba con éxito, Lentamente, los delirios vegetales iban transmutandose en siluetas reconocibles, con canteros, césped y macctas.El cafio roto habia sido de- finitivamente arreglado por don Ernesto. De manera que el pantano habia dado lugar ana preciosa alfom- bra salpicada de violetas y nica. Pensé que era otro hermoso paisaje para tomar el t€ con Marito. Una manera de sellar definitivamente la paz. ZY qué mejor que una exquisitez suiza para com- pletar la escena? Era algo que ya habia funcionado... Necesitaba la ayuda de fa tia Dorotea. Busqué la li breta de recetas en el cajén de la mesa y me paré delan- te del reloj, —Tia Doorootéecaaa... j{Tiifaaa!!! — nacién mas amable, convoqué su presen. que me ayudaria, ~ Pero nada respondié a mi llamado. —Tia Dorotea, quisiera que me ayudaias a hacer tuno de esos postres tan ricos... Como el otro dia, te acords? Mira, aci tenés la libreta que. La tia debia estar de muy mal humor, porque revoleé la libreta contra la ventana. Después el soplo helado se col6 por todos los rincones. En una carrera loca, se filts6 centre los muebles y, en el torbellino que armé, la muy atropellada derribé dos floreros (que por suerte eran bas- tante feos). Yo solamente atinaba a mirar el descontrol. Después de unos minutos, la tormenta parecié amainat. El vendaval terminé con una lapicera flotando en el aire. Lo tomé como una invitacion. Me paré frente all objeto suspendido, con la intencién de seguirlo, La tia parecia estar mis calmada, En estas condiciones, en- tenderse seria mis facil. Segui la trayectoria florante de fa lapicera, que ter- min6 en mi habitacién, sobre el escritorio. Justo de- lante de mi bloc de hojas,el cual, como era de esperar, se abrid, Con trazos rapidos y una letra dificil de leer, escribics Basta de decirme tia Dorotheat jNo lo aguanto més! ‘Me quedé helada. Esa no se parecia en nada a la pro lijisima letra de la tia: era una complicacién gética, una excentricidad de escritura. 4 Tenia la vista fija sobre el papel,y puedo aseguirar que alos pocos instantes las letras desaparecieron sin que yo hiciera absolutamente nada. Si el fantasma no era la tia Dorotea, quién era, en- tonces? No me atrevia a preguntarlo, De repente, me sentia ante un desconocido. Me sentia victima de un ‘engafio... Todo este tiempo creyendo que vivia con el espectro de la tia Dorotea, y venir a enterarme de que no era ella. ‘Aunque no podia echarle la culpa al fantasma: en realidad, yo jams habia preguntado. Y ahora era mo- mento de hacerlo, Si no sos la tia Dororea —pregunté—, entonces, equign sos? No soy la tia Dorothea,volvi6 a escribis, Soy Georg Christobal Tobler. Claro, pensé,'Tobler tenia que ser, para vivir ast apol- tronado en esa caja de reloj, Ademds, el tipo lefa aleman a fa perfeccidn, Eso era algo que habia comprobado, Mc costaba imaginar que el fantasma fuera de otra persona. Habia vencido el miedo recordando a la tia Dorotea, su cabello blanco y esa mirada dulce. Lo ha- bia ncutralizado con el consuelo de conocerla Lacabeza me daba vuelras. Tenia mil preguntas para hhaccr. Laricé las primeras como quien escupe un caro- z0 amargo. Si el fantasma no era la tia Dorotea, 2por qué me habia mandado esa extrafia carta? {Por qué su insistencia en que todo fuera un secreto? 75 Ella sabia de mi existencia, vivimos juntos mas de 80 aris. Fue su modo de ayudarme, me respondio . {a lapicera,y las palabras se borraron a los pocos segundos. —jAyudarte a qué? —pregunté. Es muy largo de explicar,escribio. —Bueno,entonces decime por qué estas aca, vivien- doen esas condiciones dentro de un reloj. Es una larga historia, volvi6 a escribit. —Me imagino —le si tenés mas de trescien- tos afios, como los otros tipos de la carpeta... 248 anos, para ser exactos. —Perdén —le contesté—, cierto que ustedes son fanaticos de la exactitud. Soy Georg Christobal Tobler, repitio, y necesito tu ayuda, Buscd en la pdgina 27 del estudio histérico de Ganz. La lapicera se asent6 con suavidad sobre el bloc en blanco. Sin pensarlo demasiado, fui a buscar la carpeta. Sen- tia los dedos torpes. Finalmente, encontré la pagina 27. Lei esa traduccién que mi bisabuelo habia hecho se- tenta y tantos afios atrs. Un titulo subrayado hacia la mitad de la pagina decia: Georg Christobal: Hermano de mi bisabuelo Es decir, se trataba del tio bisabuelo de mi bisabuelo. Continué la lectura con bastante dificultad; la es- critura era complicada, en todo sentido, Tal vez mi 76 bisabuelo Federico no manejara bien el castellano. Es- to fue lo que lei: Inteligente vivas'y de risuea jucentud: ast lo testifican Jas correspondencias que mantenia con Joh. K. Lavwather en Ziirich. Admiraba y amaba a su maestro, estudiaba mucho, era ligero, divertido totalmente contraro al carder paterno 1y aun de los antepasados. Adelantaba pronto en su estudio (mas se dijo muchas veces, resulta que: ‘pronto arriba, pronto abajo”). ‘Nacid en el 1757 en Ermatingen, y termind sus estu- dios en 1777, En vee de interesarse por la obtencién de un Pastorado, como sus antecesores, resuelve emprender diversos viajes, que lo ocupan por seis aris. Primero se fue a Basilea, donde romé cargo de Instructor Escolar, en la familia Burkhard-Forkart, descubriendo cucin diferente es el pensamiento conservador basileo del ziricher. Deja Basilea y acepta el mismo cargo en lo de Diodar, en Ginebra; tampoco le satisface su circulo de aqui; pero en esta estadia recibe de vista al poeta Johann Wolfgang Goethe, en 1779. (iVaya con el tio Georg!) Elpoderoso adalid de la Poesia Alemana lo ve luego en Estrazhurgo,en la casa de la mugy nombrada por su bellezar Dama de Brancons, que hasta a Goethe impresionaba fa hermosa marquesa. Consideremos al joven de Zitrich, tam- bién de bella presencia y de inteligencia nada vulgar. No tardé la marquesa en solicitarle ser su Lectorista Educante Jo que produjo entre ambos un acercamiento, Una noche oscura desaparecié Tobler del Palacio Branconi, sin anun- cio y sin despedirse, vigyando directamente a Weimar, a la residencia del poeta Goethe. En su larga estadia cox el escr- tor, prodijose una estrecha amistad ensre ambos. Lacather, el comin amigo de ellos, ofvece referencias... Aqui continuaba una detallada cnumeiacién de episodios referidos a la amistad de Tobler con Goethe. ‘Terminaba diciendo: La traduccién del griego al alemdin de Die Natur y otros textos de Séfocles fueron trabajos meg dificiles, que se cretan realizados por Goethe. Un dia, el propio Goethe se dio a publicidad negando tal cosa. Afirmando que el tra ductor no podia ser otro que G. Tbler'y que lo habia hecho en Weimar unos dias antes de... La historia se interrumpia asi, bruscamente, La pigi- na amarillenta y manchada mostraba los renglones desntudos. La hoja siguiente comenzaba con otro miem- bro del linaye Tobler. ‘Que pasd en Weimar, unos dias después de hacer aquella traduccién? Nadie me habia hablado antes de este pasado glorioso en la familia, A menos que no lo consideraran tan gloriaso... 0 no lo conocieran, Miré el ejemplar de Fausto y me imaginé a Goethe y al tio Georg (decidi Hamarlo asi; ya que viviamos juntos, consideré que podia tomarme ciertas confianzas, por mis fantasma de escritor que fuera y amigos célebres, que tuviera). Las cosas habian cambiado. En unos ins- tantes, después de leer unas cuantas palabras, coda la 78 situacién era totalmente diferente. Intenté tomar dos pa- sos de distancia y revisar los tiltimos acontecimientos. Aver... La tia Dorotea me habia dejado en herencia tuna casa bajo ciertas condiciones; hasta aqui, todo bien. Esas “condiciones” incluian la convivencia con tun fantasma que vivia en un reloj y era de la familia: supongamos que aceptamos eso. Pero resulta que el pa- riente naci6 en Suiza en el mil setecientos no sé cuanto, y necesita mi ayuda para vaya a saber qué. Encima, el tipo tuvo unos amigotes famosos y debe tener su cabe- za de fantasma llena de humos de celebridad. ‘Asi estaban las cosas para mi, Agarré la lapicera y el bloc, tratando de vencer cierta aprensién, y escribi una lista (es algo que siempre me ayuda a pensat} Lista 1 - Preguntas A.