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Nociones generales del Derecho Procesal del Trabajo

1. Antecedentes:

El nacimiento del Derecho Procesal se remonta desde cuando aparece el principio de que es ilícito
hacerse justicia por su propia mano y los particulares deben de someter sus conflictos al jefe del
grupo social; esta noción comienza a desarrollarse cuando se acepta que la autoridad debe
someterse a normas previas para administrar justicia.

En un principio se atendió a la necesidad de resolver los conflictos de carácter penal y los que se
originaban entre particulares y causa de oposición de intereses; pero poco a poco se fue
extendiendo su aplicación a la solución de muchos problemas que no conllevaban conflicto entre
partes opuestas y que respondían por lo general a la idea de proteger a los débiles e incapaces o la
regulación de ciertos efectos jurídicos.

De esta manera se regula la declaración, constitución, ejecución, tutela de los derechos y de la


libertad y la dignidad del hombre, así como la realización de formalidades necesarias para ciertos
actos jurídicos, no solamente en las relaciones de los ciudadanos entre sí, sino también en la
relación de éstos con el Estado; y las de aquellos con las entidades que lo componen a éste último.

La historia del Derecho Procesal evoluciona primeramente con el período exegético o de los
procedimentalistas, que es la etapa que va del siglo XIX hasta principios del siglo XX, en donde
todo el Derecho Procesal giraba simplemente entorno a enseñar solamente procedimientos
mediante la mecánica de los trámites que era lo que constituía una explicación exegética del
contenido de los códigos; posteriormente viene la etapa del verdadero Derecho Procesal y de la
escuela científica en la que se elaboran los principios, fundamentos e instituciones del Derecho
Procesal y de la escuela científica en la que se elaboran los principios, fundamentos e instituciones
del Derecho Procesal, en ese momento desde el punto del Derecho Procesal Civil, que es la rama
de mayor florecimiento y que aún hoy en día se conserva a la cabeza del movimiento científico. Es
en esta etapa en donde el Derecho Procesal adquiere categoría de ciencia especializada y se
convierte en una de las ramas más importantes de la enciclopedia jurídica.

Durante esta etapa aparecen las tres escuelas europeas más importanes en el tema del Derecho
Procesal:

 Escuela Alemana: con el procesalista James Goldschidt, considerado uno de los más
grandes de todos los tiempos, pues en su obra florecen temas como las excepciones y los
presupuestos procesales y la teoría general del proceso;
 Escuela Italiana: con el procesalista Giuseppe Chiovenda, autor de la doctrina sobre la
acción en el sistema de los derechos y padre de la Escuela Italiana de Derecho Procesal;
seguido por el hoy considerado el procesalista contemporáneo más importante Francesco
Carnelutti y por uno no menos importante que es Piero Calamandrei;
 Escuela Española: en donde sobresalen los procesalistas Jaime Guasp, Pietro Castro, Víctor
Manuel de la Plaza, Niceto Alcalá-Zamora y Castillo.

En relación al Derecho Procesal del Trabajo sus primeros antecedentes se remontan a los años
posteriores a la Revolución Francesa, cuando el surgimiento de las relaciones de trabajo
industriales, generan la necesidad, no solo de regular su marco sustantivo, sino también el de
crear el marco procedimental que permitiera a trabajadores y empleadores dirimir sus conflictos
ante la justicia. Es así como los primeros procedimientos ante los que originalmente se dirimen los
conflictos laborales son los del derecho común, que sirven de asidero mientras se codifica la
legislación laboral, sustantiva y adjetiva.

Como puede advertirse, fue en el continente europeo en donde no solo surgen las primeras
regulaciones del trabajo, sino también donde surge la disposición de crear posteriormente los
cuerpos legales de normas que en forma autónoma vendrían a regular el trabajo. Esto dio como
consecuencia la promulgación de los primeros estatutos legales que regularían las relaciones de
trabajo y por consiguiente esto trajo consigo el rompimiento del cordón umbilical que hasta aquel
momento habían conservado éstas con el derecho común. En Europa se conservó durante los
primeros años posteriores a la creación de los primeros estatutos que regularon las relaciones de
trabajo la contención de algunos resabios de normas de orden común dentro de los propios
cuerpos normativos del trabajo, esto fue considerado como una situación lógica derivada de que
el derecho común, como ya se relacionó, había sido el asidero legal que rigió las relaciones de
trabajo en los albores de éstas.

Aunque las relaciones laborales en el caso del continente americano hicieron su aparición hasta el
siglo XX y de ello el primer antecedente sigue siendo la Constitución mexicana promulgada en
1917, en el caso guatemalteco la creación del primer Código de Trabajo no se da, sino hasta en
1947, cuando al 1 de mayo de ese año cobra vigencia.

2. Importancia, naturaleza y objeto de Derecho Procesal

En la noción del Derecho Procesal no puede dejar de mencionarse que su origen o causa primaria
deviene de que no puede concebirse la existencia de una sociedad humana en la que no existan
conflictos de intereses y de derechos, o que las normas jurídicas que las reglamentan son
susceptibles de ser vulneradas. Ante aquel esquema podrían caber únicamente dos soluciones,
por un lado, permitir la justicia por propia mano; y por el otro lado atribuir al Estado la facultad de
dirimir aquellos conflictos. Derivado de esto, la importancia del Derecho Procesal se origina de una
necesidad que es la relacionada a encausar la acción de los miembros de una sociedad en el deseo
de proteger sus intereses contra otros miembros de la comunidad en donde vive o bien en contra
del mismo Estado, ya sea ante una amenaza o bien, ante un hecho que ha perturbado sus
derechos. Gracias al Derecho Procesal se elimina la justicia privada que se puede constituir en
barbarie y el Estado puede garantizar la paz y la tranquilidad social, sin el Derecho Procesal serían
imposible estas garantías porque las normas jurídicas que conforman el derecho positivo son por
esencia vulnerables y de ello también los derechos y las obligaciones que de aquellas derivan, por
eso, se hace indispensable el derecho procesal para regular los efectos de esas vulneraciones así
como los mecanismos que permitan restituir los derechos y las situaciones jurídicas vulnerables.

En cuanto a la naturaleza del Derecho Procesal puede decirse que éste por el hecho de referirse a
una de las funciones esenciales del Estado, como lo es la de impartir justicia, es un derecho
público, es decir, sus normas son de orden público porque no pueden derogarse por acuerdo entre
las partes interesadas y porque son generalmente de imperativo cumplimiento y deben prevalecer
en cada nación sobre las leyes extranjeras.

El objeto del Derecho Procesal de manera general es regular la función jurisdiccional del Estado en
las siguientes situaciones:

a) En la solución de conflictos entre particulares y en los de éstos con el Estado;


b) En la declaración de certeza de ciertos derechos subjetivos cuando la ley lo exige como
formalidad para su ejercicio o reconocimiento;
c) En el juzgamiento y sanción de ilícitos penales;
d) En la tutela de las garantías constitucionales frente a las leyes comunes y frente al orden
legal de los actos de la administración;
e) En el mantenimiento de las garantías individuales y los derechos que la Constitución y las
leyes les garantizan.

Resumidamente puede decirse que el fin del Derecho Procesal es garantizar la armonía y la
tranquilidad social mediante la impartición de una justicia pronta y cumplida a través de los
órganos jurisdiccionales previamente instituidos para ello.

3. Principios del Derecho Procesal en General

Davis Echandía en relación a los principios del Derecho Procesal señala: “son principios del
Derecho Procesal:

a) Principio de interés público en el proceso. El cual consiste en que el proceso es de interés


público porque persigue y garantiza la armonía, la paz y la justicia social;
b) Principio de carácter exclusivo y obligatorio para el Estado porque con él se evita la justicia
privada y se coloca al Estado en la función de garantizar la vida en comunidad de manera
civilizada;
c) Principio de independencia de la autoridad judicial. Este se refiere a que para que se
pueda obtener una recta aplicación de justicia es indispensable que los funcionarios
encargados de aquella misión puedan obrar libremente en cuanto a la apreciación del
derecho sin más obstáculos que los impuestos por la misma ley. Este principio rechaza
toda coacción sobre el juez, pues éste debe sentirse soberano en la aplicación de la
justicia;
d) Principio de imparcialidad del funcionario judicial. Este se refiere a que los funcionarios
encargados de impartir justicia deben de tener vedado conocer y resolver asuntos en que
sus intereses personales se hallen en conflicto con su obligación de aplicar rigurosamente
el derecho, pues no se puede ser juez y parte en un mismo asunto;
e) Principio de igualdad de las partes ante la ley procesal y en el proceso. Este se refiere a
que las partes en el curso del proceso deben de gozar de iguales oportunidades para su
defensa, además de que no son aceptables dentro del procedimiento privilegios relativos
a la raza, fortuna o nacimiento de las partes. Este principio tiene mucho que ver con que
se posibilite a los pobres y débiles la oportunidad de verdadera defensa y un fácil acceso al
proceso;
f) Principio de necesidad de oír a la persona sobre la cual va surtirse la decisión. Este
principio radica en que la sentencia proferida dentro del proceso solo puede afectar a las
personas que fueron parte en el mismo;
g) Principio de publicidad en el proceso. Este principio significa que no debe haber justicia
secreta, ni procedimientos ocultos, ni fallos sin antecedentes ni motivaciones. En pocas
palabras se reduce a la discusión de las pruebas, a la motivación del fallo y a la
intervención de las partes a lo largo de todo el trámite del proceso.
h) Principio de obligatoriedad de los procedimientos establecidos en la ley. Este principio
consiste en el imperativo para el juez de tener que observar los procedimientos que se
han de seguir para cada clase de proceso, sin que le sea permitido a los particulares, ni a
las autoridades, ni a los jueces modificarlos;
i) Principio de que las sentencias no crean sino declaran derechos. Este principio se refiere a
señalar que el juez al decidir se limita a declarar los derechos que conforme a las normas
positivas tienen las partes, y no les otorgan ninguno que ellos consagren. Deriva este
principio de que todos los derechos subjetivos se originan en el derecho positivo y
principalmente en la ley que es su fuente formal más común y de ello se advierte que los
procedimientos sirven para obtener su tutela, su ejecución, su garantía y para permitir en
ocasiones su ejercicio, pero no para crearlos;
j) Principio de la verdad procesal. Este principio se refiere a que para el juez lo importante y
único es la verdad procesal que su decisión tendrá que ceñirse a ella y que entonces será
recta y legal, aunque en ocasiones la realidad sea diferente. De ahí que pueda afirmarse
que en el proceso lo que importa es la prueba del derecho que se tiene y que tanto vale
no tener un derecho como no poder demostrarlo, pues el juez tiene que fallar conforme a
lo probado en el proceso;
k) Principio de la cosa juzgada. Este principio se explica señalando que una vez decidido, con
las formalidades legales un litigio o un asunto legal entre determinadas partes, estas
deben acatar la resolución que le pone término, sin que les sea permitido plantearlo de
nuevo, y los jueces deben de respetarla. De lo contrario la incertidumbre reinaría en la
vida jurídica y la función del juez se limitaría a la de buen componedor con la consecuencia
de que el proceso estaría siempre sujeto a revisión o modificación, lo que haría imposible
la certeza jurídica.

Como puede advertirse los principios que cita aquel procesalista en su mayoría hacen una clara
alusión a los principios constitucionales del debido proceso, el derecho de defensa y el de
legalidad reconocidos en nuestra Constitución Política, pues en todos ellos, aunque con otras
denominaciones se refiere a los debidos procedimientos dentro del trámite del proceso, a las
garantías que permitan ejercer la defensa de sus derechosa las partes y a la actividad jurisdiccional
de los funcionarios judiciales que tenga como única supeditación al mismo texto de la Constitución
Política de la República.

4. Definición de Derecho Procesal

Echandía define al Derecho Procesal como: “la rama del derecho que estudia el conjunto de
normas y principios que regulan la función jurisdiccional del Estado en todos sus aspectos y que
por tanto fijan el procedimiento que se ha de seguir para obtener la actuación del derecho
positivo en los casos concretos y que determinan las personas que deben someterse a la
jurisdicción del Estado y los funcionarios encarados de ejercerla”.
5. Definición de Derecho Procesal del Trabajo

El Derecho Procesal del Trabajo se define como el conjunto de principios, normas e instituciones
que regulan la actividad de los sujetos procesales tendientes a dirimir los conflictos surgidos con
ocasión de las relaciones individuales y colectivas del trabajo.

De lo anterior puede advertirse que el derecho procesal del trabajo se constituye en el


instrumental que permite hacer eficaces los derechos derivados de las relaciones sustantivas del
trabajo.

6. Contenido del Derecho Procesal del Trabajo

El contenido del derecho procesal del trabajo se divide en dos grandes ramas que son: a) el
derecho procesal individual del trabajo; y b) el derecho procesal colectivo del trabajo.

En cuanto al derecho procesal individual del trabajo, puede decirse que esta es la rama del
derecho procesal del trabajo cuyo objeto es el conocimiento y resolución de los conflictos de
naturaleza individual originados en las relaciones de trabajo. En esta rama y a raíz de la supresión
del juicio de faltas, encontramos un solo procedimiento, cual es el procedimiento ordinario laboral
también conocido como juicio ordinario laboral que hoy constituye la única vía procesal en la que
pueden conocerse todos los conflictos de naturaleza individual.

Por otro lado y en cuanto al derecho procesal colectivo del trabajo, esta constituye la rama del
derecho procesal del trabajo, cuyo objeto es el conocimiento y resolución de los conflictos de
naturaleza colectiva originados en las relaciones de trabajo. En esta rama se contienen los
siguientes procedimientos:

a) Conflicto colectivo de carácter económico social, dentro del cual existen como etapas
procesales del mismo el procedimiento de conciliación y el procedimiento de huelga;
b) Conflicto colectivo de carácter jurídico o de derecho;
c) Arbitraje o procedimiento arbitral.

7. La autonomía del Derecho Procesal del Trabajo

Se dice que el derecho procesal del trabajo es autónomo, porque posee principios, normas e
instituciones que regulan la actividad de los sujetos procesales dentro del proceso. De esto debe
inferirse que la autonomía radica entonces, en que el derecho procesal del trabajo no depende de
ninguna otra disciplina para existir, lo que excluye también lo que se ha pretendido afirmar en
relación a que la aplicación supletoria de disposiciones procesales civiles en el ámbito procesal del
trabajo, disminuya o merme su autonomía, pues aunque aquella aplicación es permitida, esta
debe hacerse solo y en cuanto no contravenga los principios y el texto de las disposiciones que
rigen el derecho procesal del trabajo, contenidas en el Código de Trabajo.
Por lo tanto el carácter autónomo de la disciplina que analizamos radica en que por virtud de
poseer sus propios principios, normas e instituciones, es independiente en su aplicación de
cualquier otra disciplina procesal.

8. Naturaleza jurídica

Siendo todo el derecho adjetivo una rama del derecho público no se abstrae entonces el Derecho
Procesal del Trabajo, el que también es una rama del derecho público derivado de la injerencia
directa que tiene el Estado en la impartición de la justicia mediante la ley. Es decir, que es el
Estado el que mediante la ley inviste de la facultad para juzgar en el ámbito del Derecho Procesal
del Trabajo a quienes ejercen la jurisdicción en ese ámbito, de allí entonces la clara intervención
del Estado que hace que esta disciplina sea una rama del derecho público.

CAPÍTULO II

LA JURISDICCIÓN PRIVATIVA DEL TRABAJO

1. Consideraciones

Antes de abordar el significado del término jurisdicción privativa, resulta importante proponer una
definición de lo que debe entenderse por jurisdicción en el ámbito del derecho procesal del
trabajo. En esta dirección puede afirmarse que la jurisdicción corresponde a la facultad recaída en
los jueces de trabajo por delegación del Estado a través de la ley para poder juzgar en el ámbito
del derecho procesal del trabajo.

Con base a la anterior definición puede ahora afirmarse que el término privativo se refiere a que el
ejercicio de la jurisdicción en este ámbito debe corresponder exclusivamente a los jueces de
trabajo y previsión social a quienes debe facultarse para impartir la justicia exclusivamente en ese
ámbito, así se desprende de lo normado en el Artículo 283 del Código de Trabajo.

Por consiguiente la jurisdicción la jurisdicción del trabajo es privativa porque el juez que juzga en
este ámbito debe hacerlo con absoluta exclusividad, de lo que se advierte que todos los conflictos
relativos al trabajo deben estar sometidos a su conocimiento pues es a ellos a los únicos que les
compete juzgar y ejecutar lo juzgado en aquellos conflictos.

Aunque el carácter privativo de la jurisdicción obliga a suponer que los tribunales de trabajo y
previsión social, no deben someter a su conocimiento otra cosa que no sean los relativos al trabajo
y a la previsión social, este aspecto resulta ser bastante relativo derivado de que sólo en algunos
casos como en el de los juzgados de trabajo y previsión social del Departamento de Guatemala y
en el de Escuintla, existe una verdadera jurisdicción privativa, mientras que en el resto del
territorio nacional, como ya se relacionó en otro apartado de este trabajo, el juzgador al que se ha
investido de jurisdicción y competencia para juzgar en este ámbito, también debe juzgar en los
ámbitos cuando menos, de familia y de lo económico coactivo.
Esto nos hace afirmar que la jurisdicción privativa del trabajo en Guatemala, solamente es
privativa parcialmente. Por supuesto, que esta situación se traduce en una problemática que
empieza a simple vista con la falta de especialidad de los jueces de trabajo y previsión social, pero
que trasciende mucho más allá de eso, y en la casi totalidad de casos, genera una aplicación de
justicia tergiversada o influida por principios procesales distintos a los que inspiran al derecho
procesal del trabajo, esto como consecuencia que los ramos con los que se comparte la
administración de justicia laboral, como el de familia, absorben en vista de la excesiva demanda de
servicios, la atención del juzgador, lo que lo obliga a familiarizarse y especializarse en ese ramo,
más que en cualquier otro. Producto de esto es que se conozca que en la mayoría de juzgados de
instancia de trabajo en el interior de la República los procedimientos de trabajo estén siendo
tramitados por un solo oficial de trámite, porque la actividad del resto de auxiliares del juez de
trabajo ha sido absorbida por el ramo de familia, que hoy en día, no sólo atiende reclamos típicos,
como la fijación, la reducción o aumento de pensiones alimenticias, sino también un inmueble
número de solicitudes de decretamiento de medidas de seguridad por virtud de los problemas de
violencia intra familiar.

2. Naturaleza de la jurisdicción privativa

Siendo la función jurisdiccional una actividad eminentemente procesal, su naturaleza es


precisamente esta, por cuanto como ya se analizó, se traduce en la facultad de que es investido al
juzgador para impartir justicia, facultad que deriva de la ley, pero que se transmite por delegación
del Estado a quienes ejercen la jurisdicción.

3. Caracteres de la jurisdicción privativa

En cuanto a los caracteres de la jurisdicción y fundado en lo que para el efecto establece el Código
de Trabajo en sus artículos 307 y 308, estos son:

3.1. Improrrogabilidad: Esta característica se refiere a que la jurisdicción no puede prorrogarse


ni por razón de la materia ni de territorio a otro órgano jurisdiccional, aunque se trate de
uno que conozca en el mismo ramo de la jurisdicción. Es decir que derivado de esto,
ningún juez de trabajo y previsión social puede trasladar el conocimiento de un asunto
que por ley le corresponde conocer a otro juez que aunque conozca del mismo ramo
ejerza jurisdicción en un territorio distinto al del primero. No obstante esto la ley,
establece como único caso de excepción a esta característica el pacto de prórroga de la
jurisdicción en el que concurran lo siguientes presupuestos: a)haberse convenido por
ambas partes de la relación de trabajo en el contrato individual de trabajo o en pacto
colectivo de trabajo, en cuyos casos debe existir una cláusula en la que s haya contenido el
pacto de prorroga; y b) que la prórroga convenida por ambas partes de la relación de
trabajo, sea notoriamente favorable para el trabajador; es decir, que el presentar la
reclamación ante otro juez que ejerza la jurisdicción en territorio distinto al prorrogado,
debe ser de beneficio para el trabajador.

3.2. Indelegabilidad: Esta característica se refiere a que la jurisdicción no puede delegarse en


la persona de otro juez, que aunque posea jurisdicción, la misma se ejerza en distinto
ramo. este sería el caso del juez de trabajo y previsión social delegando a un juez del ramo
civil, para que ejerza jurisdicción privativa de trabajo en el conocimiento de un negocio
cuyo sometimiento sea obligado al conocimiento del juez de trabajo. el origen de esta
característica proviene de que de acuerdo a la Constitución Política, la facultad de atribuir
jurisdicción y competencia corresponde al Estado por medio de la ley y a través de la Corte
Suprema de Justicia, por consiguiente, permitir la delegación de la jurisdicción sería lo
mismo que conferir al juzgador la facultad de investir a otro juzgador de ejercer
jurisdicción en un ámbito que no le corresponde.

Ahora bien, nada tiene que ver con la improrrogabilidad y la indelegabilidad, los casos de
impedimento, excusas o recusaciones normados en la Ley del Organismo Judicial, que
obligan a que un juzgador deba dejar de conocer de un asunto sometido a su jurisdicción
por razón de la existencia de una de estas causas. En cada uno de estos casos, como en el
de la facultad que tienen los juzgadores de comisionar a otros jueces de igual o inferior
categoría y fuera de la jurisdicción privativa para la práctica de determinadas diligencias
fuera del lugar donde tiene su sede el primero, puede afirmarse que no existe ni prorroga
ni delegación de la jurisdicción.

3.3. Exclusividad: Esta característica se refiere a que la facultad de la impartición de la justicia


en el ámbito del derecho procesal del trabajo es en exclusiva una atribución que
corresponde a los jueces de trabajo y previsión social, derivado del mismo carácter
privativo que como ya se analizó se atribuye a la jurisdicción en ese ámbito.