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Anales de lo cotidiano.

Lo cotidiano es lo que se nos da cada día (o nos toca en suerte), lo que nos preocupa cada día, y
hasta nos oprime, pues hay una opresión del presente. Cada mañana, lo que retomamos para
llevar a cuestas, al despertar, es el peso de la vida, la dificultad de vivir, o de vivir en tal o cual
condición, con tal fatiga o tal deseo. Lo cotidiano nos relaciona íntimamente con el interior. Se trata
de na historia a medio camino de nosotros mismos, casi hacia atrás, en ocasiones lada; uno no
debe olvidar ese "mundo memoria", según la expresión de Piguy. Semejante mundo nos interesa
mucho, memoria olfativa, memoria de los lugares de infancia, memoria del cuerpo, de los gestos
de la infancia, de los placeres. Tal vez no sea inútil reiterar la importancia del dominio de esta
historia "irracional", o de esta "no-historia", como todavía la llama A. Dupront. Lo que interesa de
la historia de lo cotidiano es lo invisible...1 Pero no tan invisible. El propósito de este segundo
volumen, aspecto sin duda más importante que la explicación de las artes de hacer y los modos de
acción del primer volumen,* es precisamente trazar los rasgos de una cotidianidad concreta,
dejarlos surgir en el espacio de una memoria. Parciales y necesariamente limitados, estos anales
de lo cotidiano no pueden ser, en un lenguaje de la espera, más que efectos marcados por esos
"héroes oscuros" de los que somos sus deudores y semejantes. El estudio, narratividad encantada,
no busca pues echar fuera de la casa a los autores vivos y muertos que la habitan, para hacer de
ellos sus "objeI Paul Leuilliot, prefacio en Guy Thuillier, Pour une histoire du quotidien au XIX' siécle
en Nivernais, París y La Haya, Mouton, 1977, pp. XI-XiI. Cfr. Michel de Certeau, La invención de lo
cotidiano, 1. Artes de hacer, op. cit. . X X IV 1 tos" de análisis. Se articula sobre la relación que su
extrañeza mantiene con la familiaridad. Dos motivos lo organizan. Por un lado, la habitación del
barrio a través de prácticas familiares remite a "la estructura aglutinante de la calle", 2 que es a su
vez la estructura de hormiguero de las actividades cuyo ritmo está dado por los espacios y las
relaciones. Por otro, las virtuosidades culinarias instauran el lenguaje plural de historias
estratificadas, de relaciones múltiples entre gozar y manipular, de lenguajes fundamentales
deletreados en detalles cotidianos. Estas dos investigaciones, nacidas de un trabajo común,
colocado bajo el signo general de las prácticas cotidianas 3 se tomaron sus libertades. Se escapan.
Siguen su propio camino. Serían necesarias muchas otras, que por lo demás no hacen falta. Pienso
en el Pedigree de Georges Simenon, que dice de su padre Desiré, cuando vivía en Lieja: Ha
ordenado sus días de tal suerte que se han vuelto un encadenamiento armonioso de pequeñas
alegrías y la más pequeña de esas alegrías que llega a faltar amenaza con derrumbar todo el
edificio. Una tasa de café y una rebanada de pan tostado con mantequilla, un plato de chícharos
pálidos, la lectura del diario junto al fuego, una empleada doméstica que, sobre un taburete, limpia
a fondo una vitrina, mil satisfacciones apacibles que lo esperan en cada recodo de la vida, que él ha
previsto, y que lo hacen regocijarse por adelantado, le resultan tan necesarias como el aire que
respira; gracias a esas alegrías está a salvo de un verdadero sufrimiento.4 "Anales del anonimato",
dice Valéry. Pero en última instancia, sus "sentidos", que vinculan un arte de hacer con un arte de
vivir, están escritos por una mano anónima, en un graffiti de la calles de Rosiers en París: "¿ Y para
cuándo su alegría?