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UNA HISTORIA DE UN REINO NO TAN

ANIMAL…

CAPITULO 1
MIRADAS "PRIMER ENCUENTRO"

Son muchas las cosas que pueden pasar en cuestión de segundos, cosas que pueden
marcar el destino de tu vida. Pero muchas de estas pueden resumirse en tan solo algunas
situaciones que con el tiempo se borraran de la mente. Mientras que otras pueden ser tan
agradables que te llevan a un éxtasis emocional, marcándote por el resto de la vida.

Tal vez pueda ser la conexión que se da entre unos cristalinos ojos negros, y unos
brillantes ojos cafés; eso fue lo que vi un día, cuando me dirigía caminando por uno de los
senderos de la capilla, Cundinamarca, cuando frente a un árbol antiguo que debió
acompañar muchas de las lunas de miel en el pasado de la finca.

Era un día soleado, la finca se encontraba desierta, y cerca al lago en un matorral al lado
de un árbol de cedro, sobrevolaba un pequeño colibrí que parecía dirigirse a un descanso.
Del otro lado del árbol, volaban tres colibríes, que hicieron una parada estratégica para
saborear unas pequeñas flores que se encontraban al norte del árbol de cedro, y que
dejaban ver su esplendor a la luz del sol. Uno de los tres colibríes recién llegados tenía el
copete “parado”, tenía unos profundos y cristalinos ojos negros, y era el más alto,
simplemente era el más hermoso de los tres, aunque parecía no darse cuenta. Los otros
dos eran pequeños, y aunque tenían ojos cafés, no se comparaban con la hermosura de
los ojos del mayor, a quien decidí darle el nombre de Aneas. A los otros dos decidí
llamarlos Janne y Layla.

Por otra parte, del otro lado tenia a una colibrí no tan grande como Aneas, pero también
con el copete parado, y con unos ojos cafés oscuros que emanaban en ese momento una
sensación de tranquilidad. Su plumaje era un poco más oscuro que el de Aneas. A esta
decidí llamarla Josselin.

Por un momento el grupo de Aneas, no se percato de la presencia de Josselin, aunque


por lo que me pude dar cuenta, ella si pudo darse cuenta de la presencia de estos tres.
Por un momento Aneas solo estuvo bebiendo el néctar de una hermosa flor amarilla,
hasta que vio al otro lado del árbol de cedro, a Josselin, y hubo algo en él que llamo su
atención, no sé qué fue lo que paso, que fue lo que lo motivo a mirar de esa manera tan
curiosa y a la vez interesada a Josselin, pero lo que haya sido causo mucha curiosidad en
el.

No paso mucho tiempo antes de que Josselin se percatara de cómo estaba siendo
observada por Aneas, y por alguna razón ajena a mi viví una conexión entre estos dos
colibríes, que aunque pretendían aparentar que no había pasado nada, los dos sabían
que de alguna u otra manera sus vidas cambiarían a partir de esa primera conexión y
dejarían de ser los mismos.

Aunque esta conexión no duro más de 5 minutos, me alcance a percatar de la química


que emanaban estos pequeños pajaritos, que para mí era una total novedad, y desde ese
momento me he comenzado a cuestionar; estoy seguro que no va a ser la última vez que
me voy a encontrar a estos curiosos colibríes, y espero aprender de ellos, porque estos
pequeños me han enseñado una lección en cuanto lo que es el destino, y espero seguir
descubriendo lo que estos curiosos animales, las distintas lecciones de vida que tienen
por enseñarnos.

JJMV

CAPITULO 2
CONEXIÓN MÁGICA “UNA SITUACION PARA NO OLVIDAR”

Nuevamente me encontraba meditando y caminando en uno de los senderos de la finca


cuando de repente me tope de frente con Janne y Layla, dos de los colibríes que me
había encontrado el otro día en mi meditación. Parecían algo sedientas del néctar de unas
flores que se encontraban muy cercanas a la única piscina de agua natural en Pax Christi,
una pequeña finca dentro de la finca La Capilla. Andaban algo despistados, y no parecían
haberse percatado que yo andaba cerca. Me pregunte donde se encontraba Aneas, el
grande pero a la vez pequeño y tierno colibrí del copete parado. Tal vez surgió en mí la
necesidad de verlo, porque la última vez que había visto a los 4 colibríes reunidos -
aunque uno no hacia parte del grupo – me causaron una sensación de regocijo cuando
los estaba contemplando ese día mágico de meditación, ese día en el cual me generaron
la necesidad de volverlos a encontrar.

Deje atrás a Janne y Layla y tome rumbo por el sendero hacia la ciudadela de san Jorge –
otra finca dentro de la finca La Capilla – pasando por una mata de plátano, que cubría
parte del sendero con sus grandes hojas. Unos pocos metros más adelante, me encontré
a Josselin, pero en esta ocasión no estaba sola, estaba acompañada por otra colibrí
agraciada con un plumaje bastante curioso. Esta era casi del mismo tamaño de Josselin,
aunque la diferencia no alcanzaba a ser ni de un centímetro. A esta nueva colibrí decidí
darle el nombre de Denise.

Parecía que estos dos se divertían mucho cuando estaban juntos, y por lo que veía, se
reflejaba un intenso sentimiento de amistad entre estos dos seres, de cooperación el uno
para con el otro; me senté en una de las piedras que estaba al lado izquierdo del sendero,
que era el lado opuesto a donde se encontraban los colibríes, los observe por un largo
tiempo, y por lo que me di cuenta a ellos les agradaba mi presencia, al igual que a mí la
de ellos. Su jugueteo me tranquilizaba y me hacia olvidar del resto del mundo, como si las
cosas fueran tan sencillas como el jugueteo de unos pequeños colibríes.

Cuando menos me lo esperaba, paso cerca a mi oreja derecha un fuerte y ensordecedor


batido de alas a una velocidad impresionante. Era Aneas, con su porte característico al
volar y que no me había detallado en la última oportunidad. Su copete aun seguía parado
como la última vez como lo recuerdo. Anduvo jugueteando cerca a unas flores que
estaban próximas a Josselin y Denise, y no tardo mucho en entablarse nuevamente una
conexión entre las miradas de Aneas y Josselin. Me sentí un poco extraño, porque sus
miradas eran tan avasalladoras tanto la una con la otra, que no podía limitar mi curiosidad
para no mirar. Él único de los que no estaba participando en la conexión que se percato
del asunto fui yo, porque Denise parecía algo atolondrada en una flor amarilla, que estaba
llena del delicioso néctar. En la expresión de Aneas, se veía que disfrutaba de algunas
cosas de la conexión, y parecía hasta perder la concentración, centraba su mente en este
mismo fenómeno del que era participe, al igual que Josselin, aunque está a mi parecer
quedo más desconcertada y perdida en la conexión, tanto así que muchos de sus
movimientos no eran coherentes, porque Aneas se estaba robando gran parte de su
capacidad mental.

La conexión se rompió en cuanto Denise tomo rumbo hacia san Jorge, y Josselin la
siguió, dejando atrás lo que para mí fue una de las muestras más profundas de atracción
en el reino animal. De esta manera reflexione en el porqué estas pequeñas criaturas de
Dios, se asemejan tanto al comportamiento humano en lo que es la atracción por otros
seres de su misma especie.

JJMV

CAPITULO 3
UN GRUPO MAYOR “FORTALEZA DE LA CONEXIÓN”
La capilla, Cundinamarca 14 de febrero de 2010

En esta ocasión, he venido coordinando la convivencia de estudiantes de la universidad


en la que estudio, tengo menos tiempo para mi, y para pasar algo de tiempo con aquellos
colibríes que me tienen algo intrigado, y con la mente deambulando entre los recuerdos
de esa mágica conexión que se genera entre Aneas y Josselin, aún me son desconocidas
las razones de sus miradas; cuales son las intenciones que tienen al hacerlas, son un
misterio para mi, y espero algún día descifrarlo.

* * *
Después del desayuno, a eso de las 9:30 de la mañana del domingo, se acerca mi buena
amiga Laura a mi mesa y me dice con un tono de alegría en su voz, algo característico en
ella:

- Juan Jo, ¿me acompañas a caminar un poco para reposar el desayuno?


- Claro que si mi Laurita, yo también lo necesito – dije, en tono de agradecimiento
por su oferta.

Dejamos a los participantes en el comedor, y nos dirigimos a las escaleras contiguas al


comedor, bajamos las escaleras y caminamos por el sendero que comunica la Capilla –
que era en donde nos estábamos quedando – con Pax Christi. Anduvimos un rato hasta
que Laura Decidió hablar.

- Me alegro de no haberme quedado en Bogotá, a ratos olvido la magia de este


lugar, me hace sentir… llena.
- ¡Que bien mi Laurita!, aunque yo estoy algo triste porque aún no he visto algo que
venía a ver – dije con tono apagado, pero con algo de ansia en mi voz.
- ¿Y que era lo que venias a ver? – preguntó con interés.
- Prefiero ser envidioso con esto, pero no lo tomes a mal, cuando lo descubra
seguro te lo cuento – dije, para salirme por la tangente.
- Listo, estaré esperándolo – dijo entusiasmada.

Seguimos caminando, y al llegar a los límites entre la capilla y Pax Christy, me encontré
con un nuevo colibrí. Este revoloteaba de manera ostentosa, cerca a la escultura a escala
de la virgen de Guadalupe, que cuida día y noche la piscina de agua natural de Pax
Christi; el colibrí emprendió su vuelo con un destino desconocido, fue entonces cuando le
dije a Laura:

- Tengo que hacer una cosa por aquí, nos vemos arriba no me demoro – y sin
permitirle siquiera decir una palabra, salí como alma que lleva el diablo1 a buscar a
mis mágicos amigos, y preciso me los encontré en los arboles colaterales a la
piscina, aunque en esta ocasión habían más, y cada uno se conservaba en su
grupo. En el grupo de Aneas, estaban Janne y Layla, y a parte estaba el colibrí
que yo venia siguiendo. Este era de mayor corpulencia que Aneas, de un color
entre verde y azul, que lo diferenciaba del resto, aunque mi atención estaba sobre
Aneas Y Josselin.

Por parte del grupo de Josselin, se encontraba su compañera de exploración de la última


vez, Denise, y un pequeño, pero regordete y agraciado colibrí que inspiraba ternura, de un
color rojizo. Todos revoloteaban sin cesar, aunque en realidad Josselin no estaba del todo
concentrada, al igual que Aneas por otra parte. Su mágica conexión ya no era sólo por
miradas, sino también por algo que está en la naturaleza de estos seres, y aunque no
sabía a ciencia cierta que era, estaba empeñado en averiguarlo.

1
Expresión tradicional colombiana para describir que una persona va de afán.
Por un momento Aneas pareció estar escondiéndose detrás de Janne, y cuchicheando
algo con Layla, y esto pareció distraer un poco más a Josselin. Lo que paso es uno de los
tantos misterios para mí en el comportamiento de estas creaturas. Aunque tal vez las
cosas no se puedan dar como quiero, y Dios me tiene destinado a averiguarlo no tan
pronto, aunque mi curiosidad con estas aves es demasiado grande, por lo que creo que
mi paciencia no durará mucho.

Estaba ensimismado en mis pensamientos, y en la alegría que me generaban estos dos


colibríes en especial, que había olvidado por completo mis responsabilidades como
coordinador de la convivencia, hasta que me fije en la hora y me apresuré a darles un
último vistazo a los colibríes. Hubiera preferido quedarme viéndolos el resto del día, hasta
de la semana si en mis manos estuviera, pero había asumido unas responsabilidades y el
deber me llamaba, tenía que partir dejando atrás a esos seres que aunque no fueran
consientes de ello, me habían convertido en su fan número uno.

JJMV

Nota: los dos nuevos Colibríes, el corpulento y el que inspiraba ternura, son en honor a
dos colibríes que se presentaron en mi camino este fin de semana en la Capilla, muy
cerca al lago.

CAPITULO 4
UN DESAGRADABLE INCIDENTE “LA REALIZACION DE UN SUEÑO”
Bogotá, 15 de Febrero de 2010

El regreso a Bogotá no estuvo tan malo después de todo, hasta tuve tiempo para hablar
con “Don Germán”, el conductor de la camioneta en la que viajábamos, quien ha recibido
por parte de Dios el don de la sabiduría, por lo que lo incluiré en mis oraciones. No tarde
en llegar mucho a mi casa, cuando caí desplayado en mi cama después de una jornada
dura de trabajo de formación, para mis compañeros estudiantes de la universidad, que
fueron a la convivencia de este fin de semana.

Tome un vaso de un jugo que desconocía, pero que había encontrado en el frigorífico en
mi casa. No importaba su sabor, lo que me importaba era saciar mi sed. Me dirigí de esta
manera a mi cuarto, y de repente me lance a mi cama para descansar un poco de la
jornada.
Me hundí de repente en mis sueños, sin saber que pronto estaría sumergido en la
realidad del mismo.

Desperté algo reducido frente al lago de la finca “La Capilla” de donde acababa de llegar,
me sentía un poco más liviano, con mucha sed, sin dedos en mis manos, con una visión
perfecta, pero con poco equilibrio. Con mis pies descalzos, pero con unos poderosos
músculos en mis alas de color verde brillante, que me permitían moverlas a gran
velocidad para adquirir una buena estabilidad de vuelo. Me sorprendió mucho el darme
cuenta que por causas ajenas a mí, me había convertido en un colibrí, con un plumaje
algo peculiar, de un tono verde muy parecido al del césped pero un poco más oscuro, con
la punta de mi cola de color rojizo y algo reducida mientras no estaba direccionando mi
vuelo. Lo más sorprendente, es que por alguna reacción química, mis patas tenían un
brillo especial, al igual que las plumas de mi cola.

Después de revisar muy bien mi nuevo cuerpo, decidí emprender vuelo, aunque no sabía
muy bien como despegar. Me deje guiar por mi instinto y puse a funcionar mis
musculosas alas, moviéndolas a una velocidad sorprendente, y dejando atrás el suelo a
una velocidad que para mi tamaño era sorprendente. No podía controlar muy bien mi
vuelo, tanto que resulte clavando dolorosamente mi pico en el árbol de cedro en donde
había encontrado por primera vez a mis mágicos amigos, y les aseguro que el Cedro es
una madera muy dura, porque me costó mucho recuperarme del golpetazo. Caí de
sopetón al césped con una fuerte piquiña en mi cabeza. Tuve que esperar un momento
para recuperar todas las funciones de mi cuerpo, hasta que me atreví a retomar el vuelo,
esta vez con mayor precaución, por lo que pude controlar mejor mi cuerpo, y superando
mi anterior intento.

Volé por todo Pax Christi teniendo precaución de no estrellarme de nuevo, pero no había
rastro de ningún colibrí. Me acerque a los arboles colaterales de la piscina, y vi unas
bellas flores fucsia, y de pronto no pude controlar mis movimientos descendiendo en
picada hasta estas flores, entendiendo el porqué se les veía tan felices a los demás
colibríes deambulando por entre estas deliciosas bellezas de la naturaleza. Su néctar era
en pocas palabras lo que es para nosotros los seres humanos, un jugo de naranja recién
extraído, o una taza de chocolate caliente en temperaturas de menos cero grados
centígrados.

Después de ese gran festín de néctar de flor que me di, seguí con mi búsqueda de Aneas
y Josselin. Llegue hasta una de las piscinas vacías de la ciudadela de san Jorge, pero no
habían rastros de estos dos, ni sus compañeros de exploración. Llegué hasta los árboles
que estaban al norte del improvisado helipuerto que alguna vez construyo “Pafer 2”, para la
llegada de un amigo, pero no encontré ni rastro de ellos. Volé a gran velocidad sobre las
envidiosas gallinas de Belén, quien estaba atendiendo a unos muchachos en la tienda,
cuando de repente vi una manchita de color verde azulado en uno de los arboles
cercanos a la Capilla del hotel. Me acerque silenciosamente, para evitar que me
identificara este colibrí, que no había visto antes; aunque no me lo crean, este colibrí tenía
las plumas un poco risadas, desde la cabeza hasta la punta de su cola. Sus ojos, eran de
un negro profundo, y emanaban algo de malicia, se me ocurrió de inmediato un nombre
para este, fue Samuel. Al ver la expresión de sus ojos, y la manera en que fruncía el ceño,
me aterrorice y tome una ruta por detrás de unas hojas de una mata de plátano,
encontrándome con Janne y Layla, quienes parecían no percatarse de la presencia de
Samuel. Mi instinto me decía que Aneas estaba cerca, y continué con mi búsqueda,
culminándola con éxito al ver su copete parado en uno de los arboles antiguos, cercanos
a la cancha de fútbol. De inmediato sentí una fuerte punzada en mi corazón, y como
algunas diminutas hormigas recorrían todo mi ser, en especial mi diminuto buche; fue en
realidad una experiencia que aunque podría haber sido desagradable, para mí fue de lo
mejor, nunca había sentido algo como esto. Aunque por naturaleza mi corazón debía
palpitar a una velocidad que mataría a un humano, en este momento se incremento a
una velocidad aún mayor, y por causas desconocidas para mí, perdí mi concentración y
caí desproporcionadamente al hidratado césped sin siquiera haberme topado con ningún
árbol.

Aneas pareció no percatarse de mi escandalosa caída, pero eso se debía a que estaba
observando a Josselin, quien zumbaba cerca a unas flores próximas. Su expresión era tal
vez de impotencia, no lo sé, conocía poco de expresiones en las aves, pero algo que si
podía ver en sus cristalinos ojos, era que prefería mil veces estar volando de manera
distraída con Josselin, en vez de estar simplemente observándola escondido en un árbol,
con un sentimiento de atracción hacia ella.

Lo más extraño de todo es que Aneas no se había percatado que Josselin no estaba
actuando de manera normal, porque por más que quisiera Aneas no ser visto, ignoraba la
capacidad de Josselin para identificar los aromas descriptivos de los demás colibríes, y el
suyo no pasaría desapercibido al ser reconocido inmediatamente; simplemente espero
que no se haya percatado de mi presencia, porque lo menos que yo quería era interferir
en la conexión mágica que ya no se resumía solo en miradas.

En esta ocasión, Denis no parecía tan atolondrada, sino que su expresión era mucho más
seria de la que yo recordaba, creo que era un efecto del hambre. Mientras que el pequeño

2
Padre Luis María Fernández, a quien cariñosamente le llamamos “Pafer”. Sacerdote Católico y fundador de
la Central de Juventudes. Murió el 13 de Mayo de 1985.
y regordete colibrí que inspiraba ternura a quien cariñosamente le había puesto Cedric,
parecía estar haciendo una danza de cortejo muy cerca a Denis, aunque ella no se
encontraba de la mejor disposición para recibirla.

No podía creer lo que mis ojos color miel estaban viendo. Por una razón desconocida a
mí, Josselin comenzó a batir sus alas con dirección a Aneas; parecía querer comunicarse
con él, y dejar de un lado la conexión visual que tenían, era impresionante la fuerza con
que batía sus alas, se notaba a diferencia de mí, que ella tenia una gran habilidad de
vuelo. El copete de Aneas por un momento se vio mas “parado” que de costumbre, al
parecer estaba un tanto nervioso por el acercamiento de Josselin.

Cuando de repente, la escena se vio inundada por el batir de las fuertes alas de Samuel,
quien embistió a Josselin, que aunque tenía un vuelo perfecto, cualquier acción en su
cabeza se resumía en un solo nombre “Aneas”, y fue por ello que no pudo prever la
llegada tan desagradable de Samuel. Se escucho un golpe certero audible tan sólo para
seres más pequeños que un colibrí. La caída inconsciente de Josselin, fue algo lenta,
pero al tocar el suelo se dio un gran golpe al caer sobre una piedra próxima al árbol en
donde estaba Aneas. Un gran chillido siguió este estruendo, lleno de un gran dolor
originado por Aneas. En el mismo instante emprendió el vuelo rumbo a Josselin. Ella
estaba gravemente herida, y mientras Aneas batía sus alas con todas las fuerzas que era
capaz, también me vi embestido por Samuel, cayendo de forma seca en un pedazo de
tabla que rondaba por la cancha de Fútbol.

Quede sentado de repente en mi cama, con mucha angustia por lo que pudiera haberle
pasado a Josselin, me sentía muy mal por esto. Mire mi reloj de mesa de noche, y este
marcaba las 3:30 de la mañana. Se me había pasmado el sueño, así que me levante, y
me acerque al escritorio que estaba en el cuarto de al lado, tome una hoja de papel
cuadriculado, e intenté escribir lo que había sucedido, aunque no pasaron más de tres
minutos cuando caí desplomado sobre la hoja que acababa de escribir, perdiéndome en
un sueño profundo.

JJMV

CAPITULO 5
MIERCOLES DE CENIZA “UNA CRUEL REALIDAD”
Bogotá, 16 de Febrero de 2010

Las clases del lunes fueron algo aburridoras, aunque yo tenía todos los deberes al día. En
investigación 1, trabaje con mi muy buena amiga Dianita, y con César, haciendo una
pequeña síntesis, sobre el marco de referencia, y el marco conceptual. Apenas
terminamos la clase, Salí corriendo para la pastoral de la universidad, a buscar al padre
Juangui, quien es el sacerdote director de la pastoral universitaria. Quería preguntarle
cuando volvía a viajar a la Capilla, y pedirle que me llevara con él, porque me dejo muy
preocupado la escena que había ocurrido en mis sueños, y aunque me tranquilizaba el
hecho de saber que tan solo había sido un sueño, me preocupaba la suerte de Josselin
después de tan bestial embestida, por lo que me quería cerciorar por mi mismo que todo
estuviera bien. Aspiraba ver con mis propios ojos el perfecto vuelo de Josselin
nuevamente, y el aspecto serio, pero tierno que inspira Aneas.

Golpee la puerta de madera desgastada del centro de ética de la universidad que también
servía de acceso a la oficina de la pastoral. Después de un instante, se abrió la puerta
revelando el rostro de “don Haití” el celador que custodiaba la puerta, quien me saludo
muy calurosamente:

- Don Juan como esta, ¿ese milagro de verlo por aquí?


- ¡Que más don Haití!, no pues el milagro de todos los días – dije de manera jovial
como siempre lo hacía cuando llegaba y saludaba al celador de la entrada del
centro de ética, don Haití.
- Por ahí lo estuvieron preguntando para que entregara las planillas de asistentes de
este fin de semana.
- A claro que si, aquí las traigo, voy a entregárselas a Yamile – fue la última frase
que le dije a don Haití antes de subir al segundo piso, en donde se encuentran las
instalaciones del centro de pastoral de la universidad.

Subí los escalones de uno en uno, sin sacar de mi mente las imágenes de mi sueño en la
noche anterior. Entré en la oficina, y me encontré con Marinita, que recién se había
cambiado su tinte de cabello, a un violeta claro.

- Hola mi Juan, ¿cómo te fue este fin de semana? – dijo Marinita en su tono
maternal.
- Muy bien Marinita, gracias por preguntar. Y ¿a ti como te fue al fin el viernes en el
plan ese de ir a bailar? – dije disimulando un poco mi distracción ahora común.
- A muy bien, estos chicos bailan muy bien, la pasamos muy bueno.
- Que rico Marinita. Te pido un permiso voy a entregarle a Yamile las listas de este
fin de semana – y sin perder un segundo me dirigí al escritorio de Yamile, donde
estaba precisamente ella laborando.

Como era lunes, primer día de la semana, Yamile lucía un sastre de color vino tinto, y a
diferencia de otros días, su cabello estaba liso, al parecer hoy había tenido tiempo de
maniobrar con la plancha para el cabello antes de que llegara el padre Juangui, aunque
en realidad a él no le molestaba el hecho de que ella se quisiera ver un poco más
atractiva en horas laborales.

- Hola mi Yami, como estas – dije dándole un beso en la frente a la joven secretaria
del padre Juangui.
- Muy bien amiguito, y ¿a ti como te fue? – me pregunto con su expresión de
inocencia que tanto me agradaba.
- Bien mi Yami, todos los participantes se portaron muy bien, y el equipo hizo muy
bien su función, definitivamente fue una buena convivencia.
- Y ¿tienes las listas amiguito?
- Claro que si, míralas aquí – dije tomando las listas que estaban dentro de mi “tula”
y se las entregué.
- Listo amiguito, solo falta la evaluación – me dijo con total tranquilidad.
- Oye Yami, ¿el padre Juan Guillermo está en la oficina? – dije con interés en mi
voz.
- Si amiguito, el esta hay, creo que no está ocupado.
- Gracias Yami – y rápidamente, me introduje a la oficina del padre Juangui.

El padre Juangui, hoy lucia especialmente mas esbelto, debido a la radical dieta que
llevaba por salud. Tenía puesto un traje color verde oscuro, y lucia feliz, como a mí me
gustaba verlo.

- Buenas tardes padre como esta – dije cortésmente.


- Hola hijo, ¿cómo va todo? ¿qué tal los estudios? – dijo muy animado.
- Bien padre, esforzándome para sacar buenas notas.
- Que bien hijo.
- Sí señor.

Hubo un pequeño lapsus de tiempo un tanto incomodo, hasta que rompí el silencio y dije:

- Padre, ¿usted cuando viaja a la capilla? – la expresión en el rostro del padre era
de sorpresa.
- Pues este miércoles el padre Hernando me dijo que no podía estar en la capilla, y
me pidió el favor de ir y colocarle la señal de la cruz a los misioneros del 2010,
porque como sabrás, este miércoles es de ceniza. – dijo el padre
informativamente.
- Padre y ¿sería algún problema si yo viajo con usted este miércoles? – dije con un
poco de miedo en mi voz.
- Y ¿por qué quieres ir a la capilla? – esta pregunta en especial, era la que no
quería responderle a nadie, ni siquiera al padre Juangui. La existencia de mis
amigos mágicos, se estaba convirtiendo realmente en una obsesión que quería
tener en secreto solo para mí.
- Pues Padre, tengo ganas de volver, y quiero pensar en algunas cosas, como ya le
había dicho en alguna ocasión, necesito pensar muchas cosas de mi vida como
futuro profesional, y también de la personal. Y pues como usted sabe muy bien, la
capilla me ayuda mucho, por ese aire especial que se respira allá. – dije de
manera convincente, y de seguro al padre Juangui, no le desagradaba un poco de
compañía en su viaje.
- Y ¿a que hora terminas clases el miércoles?
- A las 10 de la mañana.
- Listo hijo, entonces te espero el miércoles aquí en la pastoral a las 11 de la
mañana y nos vamos, y de pasadita me ayudas a llevar unas cosillas que quiero
regalarle a Ema – dijo el padre aprobatoriamente.
- Gracias padre, no se alcanza a imaginar lo que esto significa para mí – y claro que
no se lo alcanzaba a imaginar, porque la existencia de mis amiguitos le era
desconocida, aunque yo tenía la convicción que algún día se lo diría, y hasta le
invitaría a observarlos con sus mismos ojos.

Salí de la pastoral, con la imagen de la caída de Josselin en mi mente, la verdad es que


me había apropiado tanto de la historia de estos dos colibríes, que lo único que quería era
llegar pronto a la capilla, para buscarlos.

****************

El miércoles a las 11 en punto de la mañana, yo ya estaba con mi maleta de viaje lista,


esperando la llegada del padre Juangui, para que partiéramos, y de repente entro en la
oficina, y me dijo:

- Vámonos hijo, ya esta tarde y Hernando nos espera – dijo afanado el padre,
refiriéndose al padre Hernando.

Tome mi equipaje, y una caja rectangular que estaba frente al escritorio del padre, y lo
lleve hasta la 4x4 en que viajaríamos.

Nuestra llegada a la capilla no tardo mucho, los misioneros ya nos estaban esperando.
Fuimos recibidos calurosamente por ellos, en especial por mi noble pero buen amigo
Christian, quien me había dicho el día domingo que no me recibía el próximo fin de
semana si no llevaba unos hilos para hacerle una trenza en su cabello con los colores de
la bandera nacional.

Rápidamente me escabullí hasta Pax Christy, esperando encontrar a mis amiguitos. Pero
no estaban allí. Recorrí la finca entera dos veces, sin encontrar rastro de ningún colibrí
conocido o desconocido. Parecía que por alguna causa desconocida se hubiera abierto
un hueco en la tierra y de repente se sirvió darse un festín con los hermosos colibríes.

Seguí caminando sin darme por vencido, cuando de repente me encontraba entre el lago
y el enramado al que cariñosamente le decíamos “el corazón de Pafer”, cuando sin
esperarlo, vi un zumbido de color gris, y unas plumas algo encrespadas. Si era él, era
Samuel, quien deambulaba buscando algo de alimento, y al verle, quede petrificado por
unos cuantos segundos sin poder hacer ni el más mínimo movimiento. Parecía que mi
pesadilla se hacía realidad, y entonces me dije a mi mismo ¿será posible que de alguna
manera u otra, mi sueño no haya sido un sueño, sino que en realidad hubiese ocurrido? y
de ser así ¿Qué paso con Josselin, quien fue gravemente herido por Samuel?, ¿estaría
en la compañía de Aneas? O ¿simplemente era una casual coincidencia, el hecho de la
existencia de Samuel y simplemente mis amigos no se encontraban en la finca en ese
momento?, la verdad a ciencia cierta no tengo la respuesta a estas preguntas, pero ahora
si estaba entrando en un estado de shock. Sentí como perdía a mis amigos; ni pensar que
no volvería a ver la perfección del vuelo de Josselin, los cristalinos y hermosos ojos
negros de Aneas, la mirada perdida de Josselin en los ojos de Aneas, y la manera tan
despreocupada de Aneas al observar a Josselin, sabiendo que esta ultima sabía muy bien
de su presencia. No sé si en realidad, no volvería a ver a mis pequeños y mágicos
amigos, pero de lo que si estaba seguro, es que el hecho de no volverlos a ver, sería una
razón para no volver a ser feliz, y en realidad eso me preocupaba mucho, porque estos
seres puros, se habían convertido en parte fundamental de mi existencia.

JJMV.

CAPITULO 6
LA CONFIANZA “UNA PREOCUPACIÓN QUE ME AGOBIA”
Bogotá, 17 de febrero de 2010

Me senté junto al lago a llorar apenas pude recuperar las funciones de mi cuerpo por
haber visto a Samuel de manera tan real. Parecía un niño chiquito, cuando es despojado
de su más preciada posesión. Intente reaccionar de todas las maneras posibles, pero aún
seguía esa gran punzada en mi corazón, y el solo hecho de recordar las imágenes que
creía solo habían sido un sueño, eran realidad, aunque no había podido ver a Josselin
moribunda, ni a Aneas, con su expresión de dolor, por el choque de Josselin.

Alguna parte de mi, aún estaba en estado de cordura, y recordó que el Padre Juangui
oficiaría una eucaristía, y haría la imposición de la cruz de ceniza. Entonces como pude
me limpie los ojos, y trate de aparentar que no me había pasado nada. Me puse de pie, y
tome rumbo la capilla principal de la finca, donde ya estaba todo preparado para la santa
misa.

Apenas entre en la capilla ya estaban en la primera lectura, entonces me senté


silenciosamente en una de las bancas de la parte de atrás. Todos los misioneros parecían
muy concentrados en las lecturas, lo cual me alegraba porque de esta manera pasaría
más desapercibido. Aunque la dicha no me duro mucho, porque en la explicación del
evangelio, recibí la mirada de muchos de ellos, en especial de los más jóvenes.

La eucaristía no demoro mucho, y como siempre la explicación del evangelio del padre
Juangui fue de lo más agradable. Compartimos con los misioneros en el almuerzo. Yo me
senté en la misma mesa de Christian, quien me hablo de su preparación misionera,
aunque realmente le vi triste.

- Mano lo veo como bajito de nota, su aura es un poco menor a la que nos tenía
acostumbrados en la pastoral – le dije en un tono cordial y a la vez preocupado,
aunque en realidad es como ilógico que alguien con mis inconvenientes pudiera
serle de ayuda a uno de los misioneros, o cualquier persona con inconvenientes
de cualquier índole.
- A no mi chinito no se preocupe, estas crisis en el año misionero son normales,
sino que me han dado un poco duro las evaluaciones, pero yo voy a seguir siendo
el mismo Christian de siempre – dijo con una nota de estar escondiendo algo en
su voz.
- Pues mi chinito usted sabe que en la pasto todos lo queremos mucho, y lo
apoyamos así sea en la distancia, y pues en realidad veo que le pasa algo, porque
han quedado frijoles y arroz en la mesa y su intención es ir a lavar la loza.
- JEJEJEJEJEJEJE, no mi chinito, es que estoy a dieta.
- Pero de quien sabe que – dije con jovialidad, si es que aun me quedaba un poco
de ella, después del dolor que había en mi corazón. Aunque por lo que me podía
dar cuenta el hablar con Christian me estaba sirviendo porque cambio mi humor
después de todo.
- Bueno ya nos hablamos chinito, voy a lavar la losa – y despidiéndose así, me dejo
solo en la mesa, con mis pensamientos, lo que hizo que tuviera que controlarme al
máximo para no darle de nuevo la bienvenida al llanto.

Nos despedimos de los misioneros con el padre Juangui, a eso de las 4 de la tarde.
Christian me dio un gran abrazo, como a los que me tenía acostumbrado antes de iniciar
su preparación misionera, y luego le pidió el favor a Karina que nos tomara una foto con
nuestras marcas de ceniza en la frente.

Nos subimos al 4x4 del padre Juangui, y tomamos rumbo Bogotá. Hicimos una oración
para encomendar nuestro regreso a casa, y luego el padre Juangui me comenzó a hacer
conversación.

- Y ¿cómo te fue con tus pensamientos este fin de semana? – dijo el padre para
romper el silencio, aunque me pude dar cuenta que mis ojos no pasaron
desapercibidos del todo.
- Pues padre que le puedo decir, la verdad estuve caminando mucho, tanto así que
me duelen los pies de tanto caminar, le di como 20.000 vueltas a la capilla pero
bueno me sirvió mucho el venir, y pude pensar en un asuntico que tengo por ahí
pendiente – dije exageradamente, y procurando no revelar aun mi secreto, el de
mis amigos mágicos.
- Y ¿cómo vas con la lectura de caballero de Dios?
- Muy bien padre, voy en la carta que le escribió el padre Murcia a Pafer – el padre
Murcia, fue por decirlo así el padrino de sacerdocio de Pafer, y le escribió una
carta mostrándole su gratitud y cariño para con él.
- ¡huy! Esa es dura – dijo el padre recordando la carta que había incluido en su libro
“Pafer: caballero de Dios”.
- Si padre, de eso me di cuenta. Le dice muchas cosas puntuales, pero al igual hubo
una parte que me hizo pensar y reflexionar – dije muy interesado en el rumbo que
estaba tomando nuestra conversación.
- Y ¿Cuál fue esa parte? – dijo el Padre Juangui realmente interesado.
- En donde El padre Murcia le dice a Pafer que prefiere una vocación como la de él,
en vez de 1.000 vocaciones mediocres – dije viendo la expresión de aprobación
del padre.
- Si hijo tienes razón, eso pensaba el padre Murcia. Me alegro mucho que te este
sirviendo la lectura de caballero de Dios.

Y con esa frase inicio nuevamente el silencio, hasta que a mí me cogió el sueño gracias a
que no había dormido muy bien en esos días. Cuando llegamos a Cartagenita, un
estruendo me despertó. Un Renault clio se había estrellado contra un bus de pasajeros. Y
de repente el padre juangui gritó:

- ¡Santo Dios! – dijo en tono de asombro el padre.


- Huy, por poco y nos toca es a nosotros. Menos mal vamos con la protección de
Dios – dije algo soñoliento.
- Si ves la importancia de la oración antes del viaje.
- Si padre de eso me doy cuenta.

Seguimos en silencio un rato hasta que yo rompí el silencio:

- Padre, ¿alguna vez ha llegado a preocuparse por alguien sin ni siquiera haber
cruzado palabra con esa persona? – dije con duda.
- Pues como sacerdote, es mí deber, pero en caso específico no, ¿por qué la
pregunta? – dijo el padre con duda, y a la vez preocupación en su voz.
- Padre no se vaya a ofender, no es que no le tenga confianza ni mucho menos,
pero es que este es un tema que quiero mantener en secreto aún. Más bien le
comento como salió todo cuando lo averigüe – dije con miedo en mi voz
- Está bien hijo, tu sabes que yo estoy aquí y que puedes confiar en mí en la medida
que creas necesaria – eso era lo que más me gustaba de hablar con el padre
Juangui, era la persona más prudente que jamás hubiese conocido, y reaccionaba
de la mejor manera ante secretos y cosas por el estilo. Y algo que tenía muy claro,
es que cualquier conversación que tuviera con él, se mantendría en secreto.

No tardamos mucho en llegar a Bogotá, y menos a la calle 45 con caracas en donde me


dejo el padre para tomar un bus hasta mi casa. Cuando llegue, mi mamá me estaba
esperando con un poco de mal genio, porque no es que le agradaran mucho mis visitas a
la capilla; más sin embargo sabia lo mucho que me quería, y lo que hacía era
precisamente porque me amaba como a su único hijo.
Subí pronto a mi cuarto y me coloque mi pijama. Luego me deslice debajo de mis cobijas,
esperando conciliar pronto el sueño, a ver si de alguna manera mágica, como en el día en
que llegue de la capilla la ultima vez, lograba volver a ser ese colibrí de vuelo alocado
para buscar mucho mejor a mis amigos, y averiguar si Josselin estaba herida, y si estaba
siendo acompañado por Aneas, que a mi parecer seria lo que más desearía Josselin.

JJMV

CAPITULO 7
UNA ILUSION “La Comprobación De Una Teoría”
Bogotá, 18 de Febrero de 2010

Desperté el jueves, algo tarde para ir a mi primera clase del día. Aun me sentía algo
acongojado por no saber de mis mágicos amigos, y me seguía preguntando cual había
sido su suerte, después de no encontrarlos en mi última visita a la Capilla. Aunque algo
que me parecía mucho más extraño, era el hecho de que en la noche anterior no había
tenido ni la más mínima señal de viajar nuevamente a la capilla en mis sueños, ni de
poder volar atolondradamente en medio de esos hermosos y antiguos árboles. Mensaje

Las clases del jueves no estuvieron del todo aburridas. Aprendí muchas cosas sobre el
análisis sectorial y algunas políticas en Bogotá. Este día en especial quería alejarme del
mundo, y pensar como podía hacer para volver a mi cuerpo de colibrí. Fui a un parque
muy cercano a la avenida circunvalar, mucho más arriba del chorro e’quevedo. Me senté
a la sombra de uno de los grandes árboles que estaban cercanos a la carretera, y en esta
ocasión se me presentaron fue unas palomas. Parecían algo contrariadas, eran tan solo
3, aunque a estas no les coloque nombre. Estuve sentado hay durante media hora
prestando atención a lo que hacían, aunque no se parecían mucho a mis amiguitos. Estas
palomas eran como decía una amiga de la universidad algo “lelas”, porque parecían
atontarse fácilmente cuando se les acercaba cualquier humano, ya fuera a pie, o que
pasara un carro por la carretera, lo cual me dificultaba el poder observarlas como a mis
pequeños amigos. Como deseaba estar en presencia de ellos, ya me estaba
desesperando de nuevo, y eso parecía irritarme mucho más.

Me quede hasta las 6 de la tarde, y la verdad ya tenía un poco de hambre, por el hecho
de que no había probado bocado desde que Salí de mi casa a las 6 de la mañana. Fui
rápidamente a un restaurante en la carrera tercera cerca a la Jiménez, y devoré un plato
de comida como si nunca lo hubiese hecho ya en alguna oportunidad. Apenas termine fui
a tomar el bus que me llevaría a casa.

Apenas salude a los que estaban presentes en mi casa, y me escabullí pronto a mi cuarto,
tenía mucho sueño, y quería ver nuevamente que podía hacer para volver a mi cuerpo de
colibrí. Trate de recordar que era lo que había hecho la noche en que viaje en sueños
hasta la capilla; ese día tan solo llegue de la capilla y me acosté a dormir, o por lo menos
eso era lo que recordaba, por consiguiente no encontré ningún hecho que pudiera tener
relación con mi maravilloso viaje. Simplemente me acosté a dormir esperando que
mágicamente volviera a mi cuerpo de colibrí.

En la mañana abrí mis ojos a las 5:15 de la mañana, dándome cuenta que en esta
ocasión tampoco había viajado. ¿Hasta cando duraría la espera?, ¿Cuándo volveré a mi
cuerpo de colibrí? Eran preguntas que me hacía, tratando de encontrar una posible
fórmula mágica que me permitiera ser un “alma libre” encarnado en un colibrí

Cuando ya estaba listo para irme a la universidad, mi tía Flora estaba histérica porque al
parecer alguien había tomado un vaso de un jugo especial que ella tenía guardado en el
frigorífico, y al escuchar sus chillidos de reclamo sentí como se iluminaba un foco de luz
invisible por encima de mi cabeza. Recordé que antes de acostarme el domingo, había
tomado un vaso de jugo que había encontrado en el frigorífico. ¿Podría tener propiedades
especiales este jugo?, ó ¿acaso, me estaba precipitando tanto y quería encontrar un
camino para volver a ser un colibrí?, no lo sé, pero si hay algo que es seguro es que de
alguna u otra manera tendría que tomar un poco más de ese jugo a como diera lugar.

Me hice el loco y les dije en mi casa que ese día había una protesta de estudiantes
universitarios en el centro, y que yo no quería verme involucrado y prefería no ir a la
universidad. Me encerré en mi cuarto, y espere a que mi tía Flora se fuera a trabajar.

Como a eso de las 8:30, tan solo estábamos en la casa, mi abuela y yo. Aunque yo era el
único que estaba despierto; me escabullí a la cocina, y tome medio vaso del jugo
misterioso de mi tía Flora. Subí rápidamente al segundo piso en donde estaba ubicado mi
cuarto, traspase la puerta blanca de madera que estaba al lado de las escaleras al fondo
del corredor, y me encerré con llave porque no quería que mi abuela al despertar se
enterara que yo estaba ahí, e intentara de alguna manera despertarme para comer o algo
así.
Me bebí de un solo sorbo el jugo, y me acosté sobre las cobijas de mi cama, esperando
que de alguna manera mágica volviera a tomar posesión del cuerpecillo de colibrí en el
que por primera vez en mi vida había volado, por el hecho que ni siquiera me he “trepado”
a un avión. Di vueltas para un lado y para otro pero no lograba conciliar nuevamente el
sueño, parecía que mis esperanzas se reducían a una simple negativa del destino; estuve
dando vueltas de un lado para otro por tres horas, hasta que me rendí, y más bien antes
de que hubiera más “moros en la costa”, me deslice nuevamente hasta el frigorífico, y
serví otro vaso del extraño jugo que sabia como a “guayaba”, pero que al parecer en
teoría tenia propiedades especiales. Subí el jugo y lo escondí en un gran cajón que había
en el escritorio del cuarto contiguo al mío.

Espere a la noche, cuando ya debía tener suficientes ganas de dormir y beber el jugo
mágico. Me acosté, y espere más o menos unos veinte minutos para conciliar el sueño.

Abrí mis ojos color miel, y tuve uno de mis tantos shocks por estos días, al darme cuenta
de la realidad en la que estaba. Acababa de probar que la teoría de la bebida era cierta,
mi corazón volvió a latir a una velocidad que mataría a un humano, mis alas musculosas y
mi visión perfecta, aunque por razones ajenas a mi yacía tirado al lado de un gran árbol
cercano a la cancha de fútbol, con una jaqueca y una ala adolorida, aunque nada que no
me permitiera volar; tal vez esto se debía al hecho de que había sido embestido por
Samuel la ultima vez, y aún persistían los dolores causados por el golpe. No sabía a
ciencia cierta cuáles eran las propiedades especiales de esta bebida tan maravillosa con
sabor a guayaba, pero me encantaban sus resultados. Tome impulso y me eleve a gran
velocidad. El rápido movimiento de mis alas era simplemente sorprendente; y nuevamente
caí en las encantadoras pero deliciosas flores que estaban cerca a los árboles contiguos a
la piscina de Pax Christy, después de un vuelo desde la cancha de fútbol.

No paso mucho tiempo antes de que yo me diera a la búsqueda de mis mágicos amigos,
aunque en mi primera vuelta a la finca no encontré nada. Me fui quebrada arriba,
arrancando desde la piscina de Pax Christy, me encontré un ave que parecía una canaria
de profundos ojos entre un verde oscuro y un café, aunque eran más parecidos a unos
ojos verdes, o por lo menos eso era lo que yo alcanzaba a ver desde mi posición. La
canaria alzo vuelo, y yo le seguí, aunque ella era más rápida que yo, pero no le perdí de
vista porque tenía algo muy especial en su aura, algo que me atraía sin ninguna razón
que era capaz de controlar todos mis movimientos. Me llevo hasta la cascada, en donde
caía abundante agua; ella se poso en una de las piedras más altas que adornaban la
escena mientras que yo aterrice en una de las piedras bajas que estaban por ahí cerca.
Por un momento nos quedamos mirándonos en silencio, tratando de alguna manera
prever lo que el otro estaba pensando.
JJMV

Nota: esta es la primera vez que escribo en compañía de otras personas, Juan Sebastián
Muñoz, y Beto Barrios, gracias por su compañía, y a Sebastián que gracias por prestarme
su computador.

CAPITULO 8
LAS RELACIONES SOCIALES "MI NUEVO MUNDO"
Bogotá, 19 de febrero de 2010

Seguimos mirándonos el uno al otro, hasta que me di cuenta que enserio el golpetazo que
me había dado contra el suelo gracias a la embestida de Samuel, en mi última
encarnación en este cuerpo me había afectado mucho, porque se estaba moviendo todo a
mi alrededor de una manera imposible, aunque ya comenzaba a recuperarme, y al
hacerlo me di cuenta que esa hermosa canaria, no era canaria, sino que era una colibrí.

Comenzaron a caer unas gotas de lluvia de esas que son pequeñas para nosotros los
seres humanos, pero que para los colibríes son un poco más grandes y dolorosas. Fue
cuando de repente escuche el piar de la otra colibrí, a quien decidí llamarle Anie.
Increíblemente entendía su idioma, aunque yo estaba en estado de shock y parecía no
estarle prestando atención lo cual la irrito y me hablo más fuerte:

- ¡Oiga baboso no me entiende!, le estoy diciendo que yo sé en donde están sus


amigos – pio con rabia Anie.
- ¿Mis amigos?
- Sí, yo sé en donde están, si quiere lo puedo llevar hasta allá – pio un poco más
calmada.
- Claro que sí, he estado muy preocupado por la suerte de ellos – pie algo perdido
en mis pensamientos, sin saber siquiera que era lo que piaba.

Alzamos nuevamente el vuelo, de regreso por la quebrada, hasta que nos desviamos
por el que algún día fue un sendero, que comunicaba con el lago. En esta ocasión si
podía ver el rápido movimiento de las alas de Anie, quien volaba de manera seductora
frente a mí, desconcentrándome y haciendo que las pocas habilidades de vuelo que
había adquirido se perdieran por un momento.

Me llevo hasta un árbol de aproximadamente unos 6 metros de altura hasta una de las
ramas en la parte media de este. Hay estaba un pequeño nido en el que yacía tendida
Josselin, con una de sus alas rotas, el pico algo descuadrado, y uno de sus ojos
totalmente cerrado, por causa de un gran chichón que tenía cerca. Estaba
acompañado por su amiga Denise, por Cedric, y por otro colibrí de tés morena, a
quien le llame Iván. Todos parecían estar acompañando a su amiga, quien se
encontraba en estado de recuperación. De un momento para otro Anie rompió el
silencio:

- Me encontré al atolondrado que también fue golpeado por ese denigrante


animalejo – pio de manera despreocupada.

Todos me miraron, hasta que escuche el hermoso piar de Denise:

- No te ves tan mal después de ese golpetazo que te dio el animalejo – pio
agraciadamente, y con un tono de tranquilidad.
- No, afortunadamente me recupere pronto – pie sin pensarlo.
- Que bien, aunque por lo que te podrás dar cuenta nuestra amiga no fue tan
afortunada como tú, y aún no se recupera del todo. En ese estado no puede volar
– pio Cedric, con tono de preocupación.
- Lo siento mucho, no sé porque fuimos atacados por Samuel – pie con un tono
bajo.
- ¿Samuel?, ¿acaso conoces a ese animalejo sin corazón que les hizo esto? – dijo
Denise con un grado de enfado en su voz.
- Claro que no lo conozco, lo que pasa es que para reconocerlos a algunos de
ustedes les he puesto nombre – pie en mi defensa.
- ¿Y cómo nos has puesto a nosotros? – pio Cedric con duda.
- Pues a ti te he llamado Cedric, a ti te he llamado Denise, a ti te he llamado Iván, a
ti te he llamado Anie, aunque tan solo te he visto hoy, y a ella la he llamado
Josselin - pie despreocupadamente, señalándolos a medida que mencionaba sus
nombres.
- Que curioso, nosotros lo hemos llamado a él “atolondrado”, y él a nosotros nos ha
asignado nombres propios a todos, ¿no les parece algo curioso? – pio en tono
jocoso Anie.
- Si la verdad si, nunca alguien nos había asignado nombres, la verdad que raro
eres “atolondrado” – pio Denise también con tono jocoso, aunque yo llegaba a la
conclusión que en este mundo se carecía de identidad.
- Espero no les incomode – pie algo complacido por su reacción.
- Seria hasta buena idea que nos llamáramos entre nosotros con estos nombres –
pio Iván, quien hasta el momento no había intervenido en nada.
- No es tan mala idea – pio Denise dirigiéndole una mirada cautivadora a Iván, lo
que causo una mirada retorica de Cedric a Iván.
- Bueno pero por lo pronto tenemos que traerle algo de néctar a “Josselin”, porque
no prueba bocado desde ayer – pio Anie haciendo énfasis en el nombre de
Josselin – ¿me acompañas atolondrado?
- Claro que si yo te acompaño – pie perdido en los extraños ojos de Anie.
Emprendimos vuelo con Anie hasta el jardín de una casa cercana a la finca, aunque Anie
tuvo que esperar por el hecho de que yo no podía volar a la misma velocidad que ella
podía hacerlo. Nos detuvimos en unas flores color fucsia y tomamos algo de néctar. Anie
me explico cómo debía llevar el néctar en mi grueso pico para no bebérmelo, y para que
no se fuera a regar por el camino.

Volamos rápidamente hasta el nido de Josselin, en donde todavía estaban los demás
cuidando de ella. La primera en aterrizar fue Anie, quien tenía un estilo bastante curioso y
seductor. Yo aterrice de manera accidentada como era de esperarse, y me tronche una
de mis patas.

- Huy eso fue rápido – pio Denise.


- Si yo lo sé – dijo Anie.

Le dimos el néctar que traíamos con Anie, y cuando desocupe mi grueso pico, me
desplome al lado de Josselin, perdiendo nuevamente la conciencia.

JJMV

CAPITULO 9
LA CONFIANZA “EL SELLO DE UN NUEVO MUNDO”
La capilla Cundinamarca, 20 de febrero de 2010

Me desperté asustado a las ocho de la mañana del sábado, acababa de darle un poco de
néctar de flor a Josselin, quien se encontraba algo herida, pero por alguna razón
desconocida a mí, de pronto había vuelto nuevamente a mi cuerpo humano. Me toque
una y otra vez hasta que mi mente por fin asimilo la idea de volver a mi vida humana; me
sentía tan mal en mi cuerpo de humano, después de haber experimentado la libertad en
carne propia. Era reo de mi propia realidad, pero al igual era lo que Dios me había dado, y
tenía que ser consciente de ello, y de igual manera agradecerlo.

Me levante rápidamente, y llame al padre Juangui.

- Buenos días – respondió el padre.


- Que tal padre habla con Juan José – le dije seriamente.
- Hola mijo como vas.
- Bien padre, pero con una inquietud – dije en tono de duda.
- Claro hijo dime.
- Bueno pues no quiero cogerlo por deporte ni nada por el estilo padre, ni que
mucho menos sumerce valla a pensar que yo quiero ser abusivo, pero este fin de
semana me urge ir a la capilla. Y de pasadita quiero mostrarle una cosa y contarle
algo al respecto.
- No te preocupes, de todas formas hoy solo viajo con Jaime, y pues hay espacio
suficiente así es que te espero dentro de una hora en mi apartamento.
- Ahí estaré sin falta – dije algo apurado.

Una hora después de haber colgado el teléfono, yo estaba esperando en la sala del
apartamento del padre Juangui para partir rumbo a la capilla; eso sí llevaba mi buena
dotación de jugo de guayaba mágico, en caso de que lo necesitara aunque de hecho
estaba en mis planes utilizarlo en la noche.

No tardamos mucho en llegar a la capilla, el sol brillaba en todo su esplendor, y parecía


que hacía tiempo no llovía, lo cual me parecía bastante extraño porque en mi sueño de la
noche anterior había llovido y lo lógico era que el piso estuviera mojado, y que las
muestras de verano no deberían ser tan evidentes.

Una nueva amiga mía estaba este fin de semana participando del taller de liderazgo se
llamaba Natalia. Le salude, y luego fui a ubicarme en mi cuarto para luego perderme de
todos los que habitaban la capilla. Me dirigí al lago a buscar el nido de Josselin, pero pues
no alcanzaba a llegar hasta allá. De repente llego Denise, aunque parecía no conocerme
en mi forma humana. Lucia algo más atolondrada, y miraba mucho hacia un árbol
cercano, donde vi un pequeño resplandor y luego la tés morena de Iván resaltando en un
nido de paja pequeño. Por lo que veía Denise y el aún no se conocían, lo cual me parecía
demasiado extraño por el hecho que tan solo ayer los acababa de ver juntos.

Pero esto no era nada aún, parecía que mis ojos estaban diciendo una gran mentira;
estaba viendo el vuelo perfecto de Josselin, muy cercano a lo que parecía la orilla del
lago. ¿Cómo era posible que de alguna manera u otra se hubiera recuperado tan pronto
del estado en que lo acababa de ver la noche anterior en mis sueños, y no tener ni una
pequeña muestra del golpe?, la verdad es que ya me estaba asustando, y por eso caminé
un poco más cerca al lago bajando por donde el agua del lago alimenta la piscina de Pax
Christy, y al llegar a la escultura a escala de la Inmaculada Concepción, encontré parado
a Aneas, a quien no veía hace mucho tiempo. Estaba solo, y me parecía que estaba algo
triste, no se por qué razón, pero vi en sus cristalinos y hermosos ojos negros, que
necesitaba compañía, y por eso me dejé caer en el césped aledaño a la roca en la que
estaba él. Me miró, y pió algo que no entendía con mis oídos de humano. Me quedé
acompañándolo hasta las seis de la tarde, hasta que decidí que ya era hora de hacer
presencia nuevamente ante mi mundo humano, y tratar de escabullirme a la primera
oportunidad nuevamente a mi nuevo mundo.
Estuve acompañando a los participantes del taller en la cena, y cuando terminamos
pensaba irme de nuevo a dar un paseo por la finca, así ya mis amados colibrís estuvieran
en un sueño profundo. Pero antes de salir fuí abordado por Natalia, que al parecer tenía
algunas preguntas.

- Hola Juan Jo, ¿por qué tan alejado de todos? – me dijo tiernamente con su voz de
soprano.
- No para nada, simplemente les he dejado vivir su estadía en la finca sin mi
presencia. – dije despreocupadamente.
- Solo espero que todo esté bien – me dijo acompañando su voz con una tierna
mirada.
- Claro que si no te preocupes por eso, no es nada grave. Más bien que te parece si
me acompañas a dar un pequeño paseo por la finca para reposar la comida – me
aventuré a decir sin siquiera pensarlo. Pero de lo que si estoy seguro, es que
después de tanta soledad, sería bueno compartir con alguien un espacio en el que
fácilmente ella podría transmitir algo de felicidad.

Emprendimos nuestro camino por la finca arrancando por lo que alguna vez fué la
recepción del hotel. Caminamos por el sendero que baja hasta la cancha de futbol, y
fuimos comentando:

- Y ¿que tal la segunda venida a la capilla? – pregunté para romper el silencio.


- Va muy bien, en realidad esta finca es muy chévere. Me gustaría venir más
seguido.
- Pues ya sabes cómo hacerlo, simplemente sigue tu apostolado, de seguro te
encantará.
- No lo dudo, y ten la seguridad que de ahora en adelante, me vas a ver más
seguido por estas tierras.
- Eso me parece correcto.
- Ven ¿te puedo hacer una pregunta? – dijo Natalia algo preocupada.
- Claro que si, ni que estuviéramos bravos – dije despreocupadamente.
- ¿te está pasando algo malo?, es que cuando te conocí, te veías más radiante y tu
aspecto era más jocoso, pero ahora me inspiras hasta tristeza ¿Qué te pasa? –
me dejó ensimismado esta pregunta que en realidad eran dos. No pensé estar tan
mal como para que otros humanos se dieran cuenta.
- Pues mira la verdad no es que me este pasando nada raro. Lo que sucede, es que
se me está presentando una necesidad de cambio, y pues no sé cómo se está
viendo eso, pero en realidad te aseguro que no es nada malo, así que no te
preocupes, que sigo siendo el mismo “chiste” de siempre – nos soltamos a reír los
dos, y al parecer la preocupación de Natalia se había disminuido pero sin
desaparecer.
- Hay que bien mi Juanito, me agrada mucho que no esté pasando nada malo,
aunque no entiendo nada de los cambios.
- De pronto algún día lo entiendas – Dije en tono apagado pero intrigante.

Al parecer había encontrado otra persona a parte del padre Juangui, que mereciese
conocer el mundo de los pequeños colibríes. La inocencia, y la preocupación por algunas
cosas le habían hecho merecedora del saber de la existencia de mis amiguitos. Así es
que le dije:

- Hay algo que quiero mostrarte, pero no con esta luz – dije consciente de que mis
amados colibríes no estarían despiertos a estas horas de la noche.
- Y ¿porque no puede ser con esta luz? – preguntó algo nerviosa.
- Porque a esta hora ya están dormidos, más bien te propongo que vengamos antes
de la eucaristía de las 12.
- Está bien, pero en serio me lo muestras.
- Claro que sí.

De esta manera se acabo el día. No sé si estaba lo suficientemente consciente de lo que


iba a hacer, mis amados colibríes dejarían de ser un secreto solo mío, para convertirse en
un secreto de dos personas, y lo más curioso del caso es que Natalia ni se alcanzaba a
imaginar lo que estaba a punto de conocer.

El domingo era un día radiante, con un sol poderoso en el cielo a eso de las diez de la
mañana. Y entonces llamé a Natalia y le dije:

- Listo es hora, ¿estas lista?


- Claro que si, desde que me lo dijiste anoche – dijo muy intrigada por la idea.
- Listo, pero antes tienes que prometerme una cosa – dije viendo como cambiaba
de repente la expresión de la cara de Natalia.
- Claro, lo que quieras.
- Prométeme que no le vas a contar a nadie lo que vamos a ver y lo que te voy a
contar.
- ¿así de grave es? – preguntó confundida Ella.
- No, de hecho no lo es. Es más bien algo así como una experiencia que te
mostrará la sencillez de la vida.
- Está bien, te prometo que no se lo cuento a nadie, ni a mi almohada – dijo
guiñándome un ojo.
- Listo, entonces acompáñame y te lo cuento todo.
Pasamos por detrás de la capilla principal, hasta llegar al sendero que pasa por la entrada
a san Jorge, y que comunica con Pax Christy. Estaba seguro que dentro de su inocencia,
estaba algo negativa en cuanto al cambio que le podría traer el conocer mi nuevo mundo;
yo estaba seguro de que le encantaría y no había ni el mas mínimo sentimiento de
arrepentimiento por lo que estaba a punto de hacer.

JJMV

Nota: Quiero agradecerle a Ivonne, por haber abierto su corazón al mundo de mis amados
colibríes. Es la primera que ha conocido con exactitud, los lugares en que se ha
desarrollado la historia (el corazón de Pafer, El nido de Josselin, las deliciosas flores de
Pax Christy, entre otros…), y también quiero felicitarte por ayudar con material para uno
de los apasionantes capítulos de “UNA HISTORIA DE UN REINO NO TAN ANIMAL”.

CAPITULO 10
LA PUREZA DEL ALMA “EL CAMBIO DE PENSAMIENTO”
La capilla Cundinamarca, 21 de Febrero de 2010.

Natalia estaba muy emocionada por el secreto que aunque por el momento le era
desconocido, lo iba a terminar conociendo. Ya nos estábamos acercando a Pax Christy, y
aún no había señales de ninguno de mis mágicos amigos. Llegamos a la piscina y ella ya
estaba desesperada porque no tenía ni la más remota idea del mundo maravilloso y libre
que le iba a presentar.

Apenas nos paramos frente a las flores color rosa que estaban en un arbusto al lado de
abajo de la piscina, nos topamos con Aneas, quien otra vez estaba solo. Entonces
comencé a revelarle mi secreto a Natalia:

- ¿Si ves a este pequeño colibrí? – dije calmadamente.


- Sí, que pasa con el – dijo dudosa ella.
- Te lo presento, se llama Aneas, y en su mundo es uno de los más hermosos
especímenes, y por el que es muy fácil sentir atracción. – dije viendo la cara de
incredulidad de ella.
- Y ¿tu como lo sabes? – dijo con duda.
- Lo sé porque he visto como es observado por otros, y cómo observa a otra colibrí
en especial que quiero presentarte también muy pronto. – su expresión era de
asombro. Su mirada me decía que pensaba que yo ya había conseguido un boleto
gratis para cualquier manicomio.
- Y por que crees eso, ¿es que ahora te volviste especialista en estas aves? – dijo
incrédula ella.
- Claro que no, simplemente me he dado la oportunidad de ser uno de ellos, y
mirarlos a los ojos – ahora si parecía creer que me había vuelto loco por completo.
- Pero no entiendo porque me dices esto – dijo nuevamente incrédula.
- Bueno vamos y te sigo contando – dije para tratar de evitar que no me creyera.

Caminamos hasta el lago, y le mostré un lugar que ella aun no conocía, el corazón de
Pafer. Este lugar tuvo un efecto en ella que la dejó impresionada con su hermosura y la
forma tan particular en que unas plantas forman un corazón. La cara de Natalia, era de
asombro y por lo que me di cuenta nunca había vivido la experiencia de estar en un lugar
tan especial para muchos como lo era este.

Seguimos caminando rodeando el lago, hasta que llegamos a un árbol de bambú, y vimos
a Josselin, acompañada por Cedric. Al parecer ellos estaban merodeando por hay
buscando un poco de néctar.

- Mira, el colibrí regordete, se llama Cedric, y la otra un poco más grande se llama
Josselin, quien ha tenido cierto vinculo con Aneas, espero que pronto puedas
observarlos con tus propios ojos – dije con un aspecto soñador, que sorprendió a
Natalia.
- La verdad no se que decir, esto es muy raro… - dijo ella tímidamente y dejando de
lado su escepticismo.
- Yo se que no lo entiendes, para ti son tan solo unos pajaritos y ya. Pero eso es
porque no has visto lo que yo he visto.

En ese momento vi como se acercaban Janne y Layla, y tras de ellas vi un copete parado
que pertenecía a Aneas. Se posaron sobre unas flores cercanas al árbol de bambú, y
comenzaron a tomar el néctar de unas flores que estaban por hay cerca. No paso mucho
tiempo para que iniciara de nuevo la comunicación por medio de la conexión. Los
hermosos ojos cristalinos de Aneas, nuevamente le hicieron perder la concentración a
Josselin, y de pasadita a mí. Era mágica su expresión, sus ojos apuntaban intensamente
hacia Josselin, y al parecer no fue necesario explicarle nada a Natalia, porque su
expresión había cambiado de un escepticismo profundo, a un aspecto soñador y de
contemplación. Al parecer no le tomó mucho tiempo enamorarse de esta conexión aunque
no al mismo nivel que yo. Enserio estas pequeñas criaturas nos estaban mostrando la
pureza de sus almas, y eso parecía encantarle no solo a Natalia, sino a mi también.
Mientras que Aneas y Josselin estaban sumergidos en su mundo de miradas, de alguna
manera inexplicable para mi, Cedric voló hasta Natalia posándose en su mano abierta y
extendida. Casi le da un paro cardiaco a ella, al sentir la pureza del alma de Cedric
posado sobre su mano. El le estaba regalando a ella una experiencia que seguramente le
cambiaria la vida desde ese momento. Fue un espacio de no más de un minuto, pero para
ella paso toda una eternidad de pureza y regocijo. Es como si se hubiera anticipado su
llegada al paraíso.

No podía creer el cambio tan radical que habían logrado mis mágicos amigos en Natalia,
en especial Cedric que le había regalado una experiencia de otro mundo. Hasta que se
dañó el momento cuando apareció Denise. Ella llegó chillando algo que ni Natalia ni yo
entendimos. Entonces todos los colibríes alzaron vuelo y se perdieron a una velocidad
sorprendente por entre los bambúes, lo cual me parecía raro porque siempre el grupo de
Aneas y el de Josselin andaban por separado.

Natalia no lograba salir del trance que le había generado Cedric aunque él ya no estuviera
hay. Cuando pudo recuperar sus funciones por lo menos en un noventa porciento me
habló:

- ¡Gracias Juan Jo!, me has dado el mejor regalo de mi vida. No puedo creer como
no te creí cuando me lo dijiste. Perdóname – dijo aún en estado de trance, pero de
manera sincera.
- No te preocupes Nata, creo que de alguna manera u otra lo necesitabas, aunque
al principio me hiciste sentir como un loco, pues mas de lo que ya soy – dije antes
de que los dos explotáramos a carcajadas.

No dijimos nada en nuestro regreso a la Capilla, y luego tomamos cada quien rumbo a
nuestros cuartos. Al parecer estábamos demasiado emocionados como para perder la
magia que había quedado en nosotros después de la escena que acabábamos de
presenciar al reunirnos con los demás.

******

En la noche, sin que nadie se diera cuenta, antes de irme a la cama me bebí una buena
parte del jugo de guayaba que había llevado, perdiéndome de esta manera nuevamente
en mi nuevo mundo, el que no quería dejar nunca.

JJMV
CAPITULO 11
UNA PROMESA “PISTAS PARA DESIFRAR EL ENIGMA”
Bogotá, 22 de febrero de 2010

Abrí mis ojos color miel en el nido de Josselin, y precisamente estaba a mi lado ella, quien
aún se encontraba en proceso de recuperación. Al verla en ese estado quede algo loco,
porque tan solo hace unas pocas horas le acababa de ver volando sanamente como tanto
me gustaba hacerlo. Era simplemente una situación de desbarajuste que no podía
comprender de ninguna forma.

Apareció de la nada Anie y luego dijo al resto:

- Vengan todos que Atolondrado ya se despertó.

Ya no era sorpresa para mi el que me llamaran de esta manera, ya había hecho mucho
merito para hacerme acreedor de ese nombre. Todos se aproximaron rápidamente hasta
el nido de Josselin, y me miraban con expresión de aprensión, porque no sabían con
certeza la causa de mi último desvanecimiento y ausencia de casi dos días en sueño
profundo.

- Ya era hora que despertaras – pio Denise con expresión de recelo.


- ¿Cuanto dure dormido? – pie tratando de disimular el hecho de saber la causa de
mi sueño prolongado.
- Mucho rato – pio rápidamente Anie en su tono habitual que me agradaba tanto.
- Huy que pena con ustedes yo importunando la recuperación de Josselin – pie
desviando la mirada a su cuerpo.
- No te preocupes por eso, igual parece que ni ella misma tiene ganas de
recuperarse, y desde el día del ataque de ese que tú llamas Samuel, no ha
pronunciado palabra alguna. Ya ni sabemos que hacer – pio Cedric con una
amarga preocupación en el rostro.
- Eso es verdad, lo hemos intentado todo pero nada ha funcionado – pio Iván
uniéndose a la conversación que estábamos teniendo.
- Me gustaría de alguna manera ayudarla – pie a la vez pensando en como me
había ayudado ella a mi.
- Nosotros sabemos de tus buenas intenciones, pero igual ahora tienes que comer
un poco, porque te notas débil. Ven conmigo y te enseñare un lugar – pio Anie
dejando ver su tono mas amistoso para conmigo.

De esa manera despegamos del nido de Josselin a una gran velocidad, y me pude dar
cuenta que Anie en realidad tenía razón, porque me sentía algo desalentado en mi vuelo
tan perfecto como el del hermoso colibrí que volaba frente a mí y me atraía tanto. Esta
vez fue más difícil mantener la velocidad del vuelo seductor de Anie, pero sin embargo el
recorrido no duro mucho. Habíamos aterrizado tras la cocina de Emita, en la casa
principal de la finca, en donde habían unas hermosas flores rojas, las más exquisitas para
el gusto de los colibríes. Entonces nos adentramos en varias de las hermosas flores rojas
dejándolas limpias de néctar, Anie se veía especialmente radiante y hermosa después de
haber bebido de la flor. Y luego me dijo:

- ¿Ya te sientes mejor? – pio con una rara pero hermosa expresión Anie.
- claro que si, nunca había probado un néctar tan delicioso, es simplemente lo mejor
que he bebido en toda mi vida – y era la verdad ya que mi corta vida de colibrí no
me había permitido probar muchas exquisitas flores.
- Huy entonces en que extraño mundo has vivido, ¿en uno sin flores rojas? – pio
divertidamente con una expresión en su rostro que me derritió.
- Eso parece, aunque nunca había sentido las ganas de probar una flor roja – pie
ocultando la verdad de mi procedencia humana.
- En realidad eres un ave muy extraña ¿lo sabias? – dijo frunciendo un poco su
ceño.
- Más bien pienso que me había escondido muy bien de muchos placeres de la vida
– pie algo tenso por su manera seductora de mirar.
- Pues eso espero – pio antes de comenzar a emitir un sonido que parecía risas.
- Ven y te muestro una cosa – pio poco después de las risas.

Entramos volando por la puerta del comedor que daba al exterior por el nororiente, y nos
posamos sobre una de las mesas en donde había un plato pequeño con un poco de agua
endulzada con azúcar. Mire a Anie, y ella me decía con su mirada que bebiera también de
los platos, y luego yo me dije a mi mismo: “pues si es agua con azúcar, es agua dulce,
que vendría siendo el mismo néctar de las deliciosas flores, agua endulzada”. Me
aventure en el pequeño plato que tenia en frente y bebí tratando de disfrutar al máximo
del que se suponía era un manjar, y lo era; era de lo más sabrosa esa mezcla, al parecer
ahora a Emita le gustaba dejar un poco de agua endulzada para los sedientos colibríes,
aunque a ella le era desconocido el hecho que nosotros sabíamos que estaba escondida
en la cocina disfrutando también de nuestro festín al observarnos.

Como se había acabado el agua endulzada en la mesa en la que estábamos, decidí volar
hasta una mesa más cercana al mesón que comunica el comedor con la cocina. Bebí
despreocupadamente, hasta que me cerciore que en la mesa había un periódico del día.
Me causo mucha curiosidad y fuí a echar un vistazo; en la portada había una noticia que
hablaba del rescate de un secuestrado que llevaba algo más de diez años en cautiverio.
En la parte de más abajo había otra noticia que hablaba de lo que había sido la
celebración del 7 de agosto por motivo del bicentenario de la independencia política de
Colombia. Apenas leí esto quede un poco mas loco que antes; ¿Cómo podía ser posible
que fuera 7 de agosto, si cuando me acosté en mi forma humana antes de encarnar en el
pequeño colibrí, era apenas 20 de febrero?, era algo muy extraño. Parecía que este
mundo cada vez me traía más y más sorpresas. Ya estaba algo asustado, pero este
hecho podría referirse a que mis transformaciones no solamente me llevaban a un cuerpo
de colibrí, sino que también a un futuro de un periodo de más o menos unos cinco meses
y medio. Pensé en ver los resultados de la lotería para jugarlo en mi forma humana en el
pasado y ganarme el premio mayor, aunque eso no me interesaba ya, eran cosas del
mundo humano, de nada me serviría tener mucho dinero en el mundo humano si aquí no
lo necesitaba. El estar como colibrí era un mayor premio que el ganarme la lotería, así es
que tenía cosas más importantes en que pensar, como en el que hacer para quedarme
siendo un colibrí, por ello debía averiguar de donde había sacado mi tía Flora ese extraño
jugo con sabor a guayaba, y su contenido para hacerme volar hasta tan mágico lugar. Ya
no era cuestión de interés solo por el resultado de beberlo, sino también de las cualidades
que lo hacían tan especial, y hasta las consecuencias que podría traer un uso desmedido
de esta.

Anie se dio cuenta de la expresión de mi cara, y se acerco rápidamente a ver que era lo
que me pasaba.

- ¿Qué es lo que has visto en ese papel? – pio interesadamente Anie.


- Nada en especial, solamente que me desconcertó el hecho de ver este papel todo
pintoreteado – mentí por miedo a ser rechazado por la comunidad de colibríes al
enterarse que yo no era exactamente uno de ellos.
- Insisto en que eres muy extraño – pio con tono de aceptación.
- Ya te acostumbraras ¿no? – dije cómicamente.
- Bueno ya mejor vámonos a ver como siguió Josselin – pio rápidamente para no
agrandar el tamaño de la discusión.

Por el camino al nido de Josselin, hicimos una parada estratégica en unas flores cercanas
al corazón de pafer, para llevarle un poco de alimento a Josselin, cuando de repente pie:

- Yo se como podemos hacer para que Josselin deje a un lado el silencio, y le


vuelvan sus ganas de recuperarse – pie con un tono agudo que consiguió como
resultado un pequeño atisbo en la hermosa cara de Anie.
- Y ¿qué es? – pio dudosamente Anie.
- ¿Recuerdas el otro colibrí que estaba presente en la escena en la que resultamos
embestidos Josselin y yo por el animalejo? – pie emocionado.
- Si algo recuerdo.
- Pues estoy seguro que si Aneas, o sea el otro colibrí le visitara en su nido, seria de
gran ayuda para ella, y le daría ánimos para recuperarse.
- ¿lo que me estas queriendo decir es que Josselin ha encontrado el amor en ese
colibrí? – pio escépticamente.
- Si, nada más vasta con ver la expresión en los ojos de ella para darse cuenta que
esta perdidamente enamorada de Aneas, y de alguna manera se siente mal
porque cuando fue embestida por Samuel o sea el animalejo, iba rumbo Aneas, al
parecer le quería revelar sus sentimientos, pero un pequeño incidente lo impidió –
al parecer ya se estaba volviendo una constante el hecho de que los demás seres
pensaran que yo estaba más loco que una cabra, cuando contaba lo del amor de
estos dos.
- Y ¿sabes donde encontrar al tal Aneas? – pio en un tono muy raro
- No exactamente, y aunque se que no me crees del todo quiero pedirte de tu
ayuda, nada te va a costar y con ello podrás ayudar a tu buena amiga Josselin –
pie tratando de salvar mi idea.
- Bueno pero solo si tú me prometes algo – pio con picardía en su cantar.
- Por ayudar a Josselin, te prometo lo que quieras – pie sin pensarlo para hacer que
me ayudara a buscar a Aneas.
- Listo, pero te lo digo cuando encontremos a ese tal Aneas – pio con un mayor tono
de picardía.
- Listo – dije rápidamente.

Alzamos el vuelo después de cargar nuestros picos con néctar de flor para Josselin.
Ahora la expresión de Anie había cambiado radicalmente, la picardía seguía presente,
pero ahora parecía que esperaba con agrado el encontrar a Aneas prontamente. Me era
desconocido que era lo que había prometido, pero algo me decía que no era para nada
malo, antes hasta mi instinto animal me decía que se aproximaba una experiencia que me
agradaría mucho…

JJMV

CAPITULO 12
LA AMISTAD “UN COMPAÑERO DE AVENTURAS”
Bogotá, 24 de febrero de 2010

Nuevamente me desperté en mi cuerpo humano. Parecía que había pasado ya un tiempo


y por lo visto mis compañeros se habían marchado ya del cuarto a seguir con las
actividades de la convivencia; en estos momentos deberían de estar furiosos conmigo por
dejarlos botados con el grupo, pero bueno eso era algo que no me despertaba ni la más
mínima preocupación, por el hecho de que Anie me había regalado un muy buen
momento, y no era de extrañar para mi el hecho de que quisiera estar muy pronto de
vuelta en mi cuerpo de colibrí.
Llego pronto la hora de regresar a Bogotá, todos ya teníamos nuestras maletas listas y
luego procedimos a subirnos a los buses que nos llevarían de vuelta. El viaje fue muy
agradable, nos fuimos molestando con todos y hasta Cristian, alias “mi doctor” tomo la
vocería para tomarle un poco el pelo a las parejas de novios que iban con nosotros, en
especial a Laura y a un muchacho que yo no conocía. Nos divertimos mucho en el viaje, y
estaba seguro que extrañaría estas ocasiones de diversión con personas de mi misma
edad cuando decidiera dejar mi cuerpo humano y convertirme en uno de mis amados
colibríes para toda la vida.

*****

Al día siguiente todo fue muy monótono, fueron las mismas clases, con las mismas
personas, sin cambio alguno. Hasta que llegaron las tres de la tarde y decidí ir a
ejercitarme un poco en el gimnasio, porque mi estado físico no era el mejor.

Llegue y salude a la instructora del gimnasio

- Buenas tardes, como estas – dije de manera tímida.


- Hola como estas, ¿vienes a práctica libre? – dijo de manera maternal la
instructora.
- Si señora – respondí rápidamente.
- Listo préstame tu carnet y toma este candado para que puedas guardar tus cosas
en uno de los closets.

Después de darle el carnet a la instructora, procedí a cambiarme y guardar mis cosas en


uno de los casilleros del gimnasio. Yo sabia que había que iniciar con ejercicios
cardiovasculares para calentar y evitar lesiones, así es que entre en el salón en donde
estaban las bicicletas estáticas, solo había una ocupada por un muchacho algo delgado.
No le preste mucha atención y me subí en una de las bicicletas que estaban en la línea
del medio, frente a un gran espejo y arranque. Dure como unos 30 minutos mal contados
sobre la bicicleta, hasta que decidí que ya estaba bueno y fui a pedirle otro ejercicio a la
instructora. Salí dejando al muchacho que estaba desde antes que yo llegara, y me
acerque a la instructora, quien me puso a hacer abdominales, las que fueron muy difíciles
de hacer con toda la cantidad de grasa que tenia acumulada en mi abdomen.

Después de ello trabaje pecho, en una maquinota que estaba en el centro del salón, y
cuando inicie con mi ejercicio, ya estaba trabajando piernas el delgado muchacho que
había dejado en la sala de bicicletas. No se que paso pero se genero en mí una
necesidad de hablarle a él, y entonces le dije:
- ¿Esta duro el ejercicio no? – dije como para romper el hielo
- Huy si – dijo haciendo una cara de dolor fingido.
- ¿Ya cuanto tiempo llevas en el gimnasio? – pregunté de manera mas calmada.
- Pues estoy viniendo desde ayer, ¿y tu? – dijo de manera mas confiada.
- Pues es la primera vez que vengo, pero esta como bueno esto. – dije con una
expresión de alegría.
- ¿y que estudias? – me pregunto interesadamente.
- Administración de empresas, ¿y tú? – dije rápidamente.
- Derecho – dijo orgullosamente.
- huy no lo puedo creer ¡nos están invadiendo!, ¿es que acaso no hay mas carreras
universitarias? – dije en broma tratando de no ofenderle, debido a que la carrera
que más estudiantes tenía la universidad era la de derecho.
- Huy que pasado – dijo cambiando su expresión seriamente, hasta que los dos
explotamos en risas.
- Y como te llamas – me pregunto después de que paramos de reír.
- Juan José, mucho gusto – dije estirándole mi mano derecha esperando a que él la
estrujara a manera de saludo.
- Alexander, mucho gusto – dijo estirando su mano para estrecharla con la mía.
- Mucho gusto – dije dedicándole una sonrisa.

No tardamos mucho en terminar nuestras rutinas para luego pasar a cambiarnos,


habíamos sudado mucho porque había estado duro el ejercicio, y cuando nos estábamos
cambiando, Alexander me pidió que le acompañara a comer algo, porque el ejercicio lo
había dejado cansado y con un hambre atroz. Al estar cambiados pude apreciar mejor a
Alexander, era alto, como de 1.82 metros de altura, unos oscuros ojos café, su cabello
lucia algo desordenado, pero a la vez daba un toque de estilo y glamur; ese día tenia
puesto un pantalón color claro por no decir que blanco, una camisa azul oscura con rayas
blancas que recorrían todo su tronco de manera vertical, y encima de la camisa un
chaleco de smoking color gris, que le hacia lucir un poco más ancho porque en verdad
que este chico era delgado. Llegamos a la cafetería de la universidad, y nos compramos
cada quien un pastel de pollo.

- Ya me vas conociendo Juan Jo, yo como mucho – dijo dándole una mordida a su
pastel.
- Y lo mejor es que no engordas, ¿Cómo le haces? – dije de manera celosa, porque
todo lo que yo me comía me engordaba.
- Yo no sé, pero como muchísimo y no me engordo, ya estoy cansado de ser tan
delgado – dijo frunciendo el ceño en esta ocasión.
- Pues ahí si como dice el dicho, “mi Dios le da pan al que no tiene dientes”, sino
mírame a mi, que voy a gimnasio para bajar de peso.
- Si en eso tienes razón, pero bueno que le podemos hacer la vida es así.

Pasamos un momento en silencio escuchando “on fire” del maestro Michel Camilo del
reproductor de música de mi celular, hasta que Alexander rompió el silencio.
- Oye será que te puedo contar algo, yo se que recién nos conocemos, pero pues
necesito desahogarme, y me inspiras confianza – en realidad estaba preocupado,
había algo que le agobiaba, y necesitaba deshacerse de ese gran peso que
estaba presente en su pecho, aunque no sabia si yo seria capaz de aguantar más
secretos, teniendo en cuenta la existencia de mis mágicos amiguitos.
- Claro que si, puedes contar conmigo para lo que necesites – dije tratando de
sonar lo mas despreocupado posible, y mostrando una faceta de hierro protectora
de mi verdadero estado de animo.
- Es que mis papas quieren echarme de la casa, y todo porque les parece que soy
un desadaptado que no tiene futuro porque no hago lo que ellos quieren, igual no
están de acuerdo con mi decisión de estudiar derecho, y como si fuera poco no les
cae para nada bien mi novia y mi grupo de amigos, tanto así que hasta creen que
yo soy adicto al éxtasis y no se alcanzan a imaginar que yo nunca en mi vida he
probado esas porquerías. ¿No te parece algo injusto? – dijo esto ultimo
derramando unas cuantas lagrimas de sus ojos café – y pues yo no se que hacer,
a veces quisiera dejarlo todo y salir corriendo, pero no puedo hacerlo porque por
ley aun no soy capaz de sobrevivir por mi mismo, y aún no creo que pueda
sobrevivir solo, hay muchas cosas que no se de la vida aunque a veces quiera
aparentar que si lo sé – me dejo atónito, nunca pensé que el estuviera pasando
por este tipo de problemas, y de alguna manera u otra me sentía en el deber de
ayudarle a como diera lugar
- Siento mucho que tus papas piensen eso de ti – dije acercándome a el y dándole
un gran abrazo, pero al igual sintiéndome como un idiota al no ocurrírseme nada
más por decirle que pudiera subirle el animo. El prosiguió con su llanto, sin poder
decir ni una palabra.
- Como tu me dijiste yo sé que hace poco nos conocemos, pero sin embargo ten la
plena seguridad que puedes contar conmigo para lo que necesites, es más de
hecho yo se de algo que te puede subir el animo – me atreví a decir pensando en
el no ser tan envidioso en este caso, porque estaba seguro que Alexander podría
llegar a ser tocado por mi nuevo mundo, al que yo quería llegar algún día
abandonando mi cuerpo humano, y porque no el no ir solo y brindarle la
posibilidad a otra persona de dejar su posición de reo en su cuerpo humano.
- Y ¿que es eso que crees me puede subir el ánimo? – dijo limpiando sus ojos
ahora rojos a causa de las lagrimas.
- Te espero este sábado a las 8 de la mañana, en la entrada del centro de ética de
la universidad, créeme que te va a encantar, preguntes nada, será mejor que te
dejes sorprender – aunque al principio yo no quería mencionarle a nadie sobre mi
nuevo mundo, y pretendía ser el único humano en saber de la existencia de mis
amados colibríes, creo que había llegado una persona a mi vida que en realidad
merecía el saber de la existencia de estos, de hecho lo necesitaba, y si algún día
lograba encontrar la formula de encarnar definitivamente en “atolondrado”, quería
que fuera el quien me acompañara. Igual ¿que teníamos que perder en este
mundo de humanos?, la verdad es que de alguna manera u otra el mejor camino
era el averiguar de una vez por todas el como hacerlo, y esperaba no estar solo en
esta búsqueda, ahora con la ayuda de Alexander.
- Hay estaré sin falta, y gracias Juan Jo. Aunque no hemos hablado mucho me has
sido de gran ayuda, que bueno fue el haberte conocido, no había encontrado a
nadie con ese don de escucha para desahogarme – aunque la verdad es que yo
no era el más adecuado, pero me alegraba de sobremanera el hecho de haber
aportado mi granito de arena para que el se sintiera mejor. Le acababa de conocer
hacia unas horas, y ya sentía como si fuera mi amigo de toda la vida. Al parecer el
no había sido el único al que le había servido esta conversación, sino que a mi
también me había ayudado a sentirme mucho mejor con migo mismo.

Le acompañe hasta el salón donde tenia clase, ya que él estaba estudiando de noche, y
luego me fui para mi casa, a esperar el sábado ansiosamente para volver a revelar la
existencia de mi mundo, esta vez a quien yo pretendía fuera mi acompañante en la
búsqueda de la formula maravillosa que nos llevaría a ser almas libres encarnados en
unos colibríes.

JJMV

CAPITULO 13
EL IDIOMA UNIVERSAL “EL SECRETO NUEVAMENTE REVELADO”
Bogotá, 27 de febrero de 2010

Caminaba por la carrera quinta con 14, rumbo al centro de ética de la universidad desde
donde partiríamos este fin de semana para la capilla. Cuando llegué ya estaba hay
Alexander, esperando con su maleta para el viaje que seguramente le encantaría.

El viaje no tuvo mayor inconveniente y llegamos pronto a la capilla. Iniciamos las


actividades de la convivencia y en el desarrollo de estas Alexander parecía sentirse un
poco mejor consigo mismo, ya había entablado algunas conversaciones con algunos
estudiantes que habían viajado con nosotros, y a eso de las 4:30 de la tarde le dije que
me siguiera, ya era hora de compartir mi secreto con el, y lo único que esperaba era que
encontráramos a mis amiguitos, porque dentro de mis planes estaba el darle un poco de
jugo de guayaba mágico que estaba en mi maleta, esperando a la noche.

Iniciamos nuestro recorrido por Pax Christy, y al parecer estábamos de buenas, porque
nos encontramos con Denise, quien lucia aún más hermosa de lo que yo recordaba,
curiosamente su plumaje había tenido un pequeño cambio de tono, algo así como si
estuviera bronceada. Y entonces le dije a mí acompañante:
- Mira te presento a Denise, una colibrí muy encantadora y a la vez con una sabiduría muy
rara – dije tranquilamente esperando a que no me mirara como si yo estuviera loco, pero
no, al parecer su expresión era de comprensión.

- Que hermoso pajarito – fue todo lo que dijo con una gran sonrisa en su cara, lo cual me
dejo sin palabras.

- ¿No vas a creer que estoy loco? – pregunte sorprendido.

- No, porque tendría que pensar eso, sin en realidad Denise es muy bonita, y si tu la
bautizaste así, debe ser porque le has cogido cariño o algo así – dijo perdido en el vuelo
atolondrado de Denise alrededor de una flor amarilla.

- Bueno sigamos buscando por allí – dije aun sorprendido por la reacción inesperada para
mi de Alexander.

Caminamos hasta el lago, en donde nos encontramos esta vez a Josselin, quien
merodeaba buscando su alimento. Alexander quedo perdido nuevamente en su vuelo, y
por lo que podía ver, el asimilaba mejor este mundo que yo. Le explique que a mi me
gustaba venir a reflexionar sobretodo al lago y ver a estos colibríes. Estuvimos hay hasta
que oscureció, y luego él dijo:

- Oye tenias toda la razón, el venir aquí me ha hecho sentir muy bien. Ahora he estado
pensando en que todo seria mucho más sencillo si mi vida fuera tan sencilla como la de
estos bellos colibríes – continuo dejándome sin que decir al adelantarse a lo que yo iba a
comentar.
- Tal vez logres serlo, ¿no lo crees? – dije observando el cambio en su expresión.
- Quien sabe, pero seria de lo mejor.

- Pues créeme que si piensas sinceramente hasta mañana en estas aves podrás estar en
su mundo y más rápido de lo que canta un gallo – dije planeando no ir solo esta noche
hasta el mes de agosto a donde llegaría al cuerpo de atolondrado.

- Pues ojala sea así.

- Yo se que si, pero por lo pronto será mejor que volvamos a la capilla porque ya nos
deben de estar buscando.

Emprendimos nuestro regreso al hotel, y cuando llegamos todos estaban amontonados en


el lugar al que nosotros llamamos “la pérgola”, y en donde habitualmente hay una mesa
de billar. Nos acercamos, y oh sorpresa la que nos hemos llevado, ya no había ninguna
mesa de billar en este lugar como habitualmente lo estaba, parecía que mis ojos me
estaban engañando, no lo podía creer, estaba viendo un gran piano que tan solo de cola
tenia como cuatro metros y medio de largo. No pensé vivir para ver lo que mis ojos
estaban viendo, un “Steinway & Sons” de mas o menos principios de siglo XX. Su tamaño
era sorprendente, aunque por lo que me daba cuenta, ninguno de los presentes tenia ni la
más mínima idea de cómo se tocaba este maravilloso instrumento, que era digno de tan
solo los mejores pianistas de este mundo. No tuve la oportunidad de acercarme mucho al
piano porque ya teníamos que ir a comer.

Durante la cena me senté en la misma mesa que el Padre Juangui, quien cada vez se
veía más esbelto por su rigurosa dieta.

- Padre va a tocar que me de la receta porque cada vez lo veo más delgado – dije a
manera de cumplido.

- Huy no, pilas porque o sino me la vengo creyendo y después me vuelvo a engordar –
dijo el padre seguido de una risa muy pegajosa.

- ¿Ya viste el piano que trajeron? – dijo el padre después de una pausa en nuestra
charla.
- Si padre, aunque no lo he podido detallar bien porque me vine a comer, pero sin duda
alguna es un piano que cuesta muchísimo, porque no es cualquier piano, es un Steinway
& Sons – dije en un tono muy profesional.

- Bueno yo de marcas de pianos no se mucho que digamos, pero lo que si se es que


perteneció a un músico famoso a principios de siglo XX, no se si hayas escuchado hablar
de él, se llamaba “George Gershwin”, era Americano y por lo que nos dijeron las personas
que donaron el piano a la central de juventudes, es invaluable – apenas escuche el
nombre de quien había sido el dueño de ese piano, casi me da un infarto, no podía creer
que estuviera tan cerca del instrumento de uno de los compositores mas grandes en la
historia de la música a mi manera de ver. Me surgieron unas ganas incontrolables de ir a
tocar el piano, aunque por el momento las teclas estaban protegidas y no podían ser
interpretadas por el momento, pero estaba seguro que no podía volver a Bogotá sin tocar
las teclas que algún día toco el maestro Gershwin.

Las actividades de la noche en la convivencia le gustaron mucho a Alexander, al parecer


como yo se lo había prometido le estaban gustando mucho las actividades y su estado de
animo había mejorado un montón. Martin Valverde hizo lo suyo cuando les pusimos a
escuchar uno de sus conciertos, donde sonaba especialmente la canción “nadie te ama
como yo” y eso me alegraba porque era una forma de que Alexander y los demás
pudiesen reflexionar respecto a su vida y pudieran hacer un alto en el camino.

Luego de terminar las actividades del día, me escabullí hasta mi cuarto a tener lista la
porción de jugo de guayaba que iba a tomar esta noche, aunque casualmente esta vez en
compañía de mi nuevo amigo Alexander. La había dejado lista esperando a que todos
estuvieran dormidos sin dejar ir a la cama temprano a alexander para poder beber nuestro
jugo de guayaba, aunque me parecía un poco irresponsable el darle del jugo porque aún
no sabía si en el tendría las mismas consecuencias que en mi.

Me dirigí hasta la sala principal del hotel donde estaban ya todos en plan de ir a dormir, y
le pedí a Alexander que en 20 minutos nos encontráramos en el piano de Gershwin.

Cuando baje de mi cuarto hasta “la pérgola”, Alexander ya estaba hay, maravillado por la
magia del gran piano, que al parecer sabia interpretar. Y entonces le dije:

- No dejas de sorprenderme, también eres músico – dije de manera amistosa.


- No pues es que se algo de piano, y no podía quedarme quieto ante este maravilloso
instrumento.
- Si yo lo sé. ¿Sabías que este piano perteneció a George Gershwin?
- Huy no lo sabía, debe ser por eso que me siento tan bien al tocarlo – dijo antes de que
yo me sentara a su lado en el banquillo hacia el lado de las notas de registro grave.
- Qué te parece si tocamos algo entre los dos.

- Listo, pero ¿que tocamos?

- No sé dime tu qué quieres tocar.

- Te sabes “my heart will go on”, yo la tengo en sol.

- Listo yo te acompaño con la armonía – dije seguido de las primeras notas que toque en
el majestuoso piano que alguna vez perteneció a un excelente músico. Era indescriptible
el hecho de estar sentado moviendo mis dedos sobre las teclas perfectas del piano. Su
sonido era simplemente cautivador, en tan solo unos segundos y escuchando solo la
armonía que estaba tocando a manera de introducción, sentía como mi espíritu volaba
libremente como cuando encarnaba en atolondrado, era simplemente una sensación de
regocijo que me hacia olvidar de todo. Entro Alexander con la melodía, y fue el toque que
le faltaba para hacer de esta mágica obra de arte, que alguna vez se utilizó como banda
sonora de una película llamada “titánic”. Era alentador el escuchar el suave golpeteo con
el que los martillos golpeaban las cuerdas impulsados por el movimiento de nuestros
dedos sobre las teclas. Simplemente era una experiencia que jamás olvidaría, y estaba
seguro que no sería la única vez que tocaría en este majestuoso piano.

Después de nuestra mágica interpretación en el piano, nos dirigimos hasta mi cuarto


donde le dije a Alexander que le invitaba a tomar un jugo de guayaba, del que no se veía
en la finca. El se lo bebió por completo ignorando el hecho de que muy pronto dejaría su
cuerpo humano, para ser uno de los colibríes de vuelo libre.

JJMV
CAPITULO 14
EL MISTERIO “NUEVAMENTE FRENTE AL PELIGRO”
Bogotá, 2 de Marzo de 2010

Nuevamente me encontraba encarnado en el cuerpo de atolondrado, que por lo visto ya


estaba sano del todo después de la embestida que recibí de Samuel. La que aún no se
había recuperado del todo era Josselin, pero en ella la cosa era un tanto más psicológica
que física, por el hecho de no haber vuelto a tener contacto con su único y más preciado
amor Aneas, con el que había tenido una mágica conexión visual y a quien yo estaba
decidido buscar con Anie.

Recordé rápidamente que en esta ocasión no debía ser el único que había encarnado en
un colibrí, Alexander debería estar en algún lugar de la finca y tenia que ir a buscarlo, el
problema radicaba en como luciría en su faceta de colibrí, en este momento me di cuenta
de lo irresponsable que había sido al darle de beber el jugo de guayaba. Apenas me puse
de pie al lado del cuerpo dormido de Josselin, vi como venia Denise con su vuelo
cautivador y algo atolondrado hacia el nido:

- Casi que no vuelve a despertar, ya nos estábamos preocupando – dijo ella en tono
represivo.
- Lo siento mucho, pero es que me profundizo mucho en mis sueños y no me es tan
fácil volver – dije tratando de mantener oculta mi otra realidad, la de humano.
- Bueno pues trata de que eso no suceda tanto porque nos preocupas, igual ya
tenemos suficiente con Josselin – dijo ella mostrando su preocupación, algo así
como una madre, a la que ya le estaba cogiendo un gran aprecio.
- Si yo lo se aunque ya he encontrado la solución para ese problema, ya lo veras –
me miro como si estuviera loco, pero igual no le prestó mucha atención.
- Ya estas diciendo locuras, lo mejor será que te acompañe a alimentarte para ver si
dejas esas cosas – dijo nuevamente de manera imponente.

Alzamos el vuelo con Denise quien me había prometido que íbamos a unas flores muy
hermosas que quedaban cerca por el sendero que va hasta Pax Christy, donde
casualmente yo había encarnado por primera vez en atolondrado, y se me ocurrió que
seria una buena oportunidad para encontrar a Alexander aunque no tenia ni la más
mínima idea de cómo reconocerlo; llegamos pronto a las flores cerca al sendero que
comunica la capilla con Pax Christy, pero ahí no había rastro de ningún colibrí. Aunque
nuevamente me perdí en mis deseos de néctar de una flor roja que estaba cerca y me
dirigí como un bólido hasta ella.
Después de alimentarme, le dije a Denise que tenía ganas de dar una vuelta, y tome
rumbo Pax Christy, para buscar a Alexander.

Llegué pronto hasta allí, pero solo vi a Janne y Layla, y me pregunte si estaría con ellas
Aneas quien era mi prioridad mayor en cualquier momento por la mejoría de Josselin, así
es que merodee un poco por ahí buscando a Aneas, pero no le encontré, lo que me dio
impotencia. Concluí que el encontrar a Aneas se estaba convirtiendo para mi también en
una necesidad.

Tomé rumbo a la ciudadela de San Jorge continuando con mi búsqueda de Alexander,


recorrí casi todos los arboles de esta parte de la finca sin tener éxito, hasta que
lamentablemente me encontré a Samuel, al que no veía desde que me quede petrificado
en mi forma de humano hace más de unos cinco meses. Seguía en su faceta seria, y su
mirada maliciosa que era complementada por su ceño fruncido. Esta vez no estaba solo
como siempre lo había visto, lo acompañaba un colibrí tan alto como Aneas, pero no tan
majo como él, era de un tono grisáceo y en su cuello tenia una mancha que se veía como
si tuviera puesta una bufanda, con algunos de los colores del arcoíris, aunque no con el
mismo brillo e intensidad, sino mas bien un poco más apagados. Algo muy extraño en un
colibrí, pero por esto no podía negar que era un colibrí muy bello, y tal vez era por esta
razón que Samuel estaba con él.

Me aventuré a acercarme esperando no ser reconocido, y me escondí tras de unas hojas


que estaban cerca a las flores que sobrevolaban los dos colibríes, y alcancé a escuchar
su conversación.

- Y llevas mucho tiempo viviendo por aquí – pio el nuevo colibrí.


- No mucho, pero por lo que veo tu eres nuevo ó ¿me equivoco agraciado? – pio
Samuel, llamando agraciado al nuevo colibrí.
- Si, acabo de llegar, soy nuevo y no conocía el delicioso sabor de ese néctar de
flor.
- Pero bueno ya lo has probado y es lo importante.
- ¿Y tú por donde vives? – pregunto inocentemente agraciado.
- Mi nido queda cerca a los arboles de plátano que están hacia allá – pio apuntando
con su pico hacia la cancha de fútbol que quedaba cerca a la capilla del hotel – y
creo que tu también deberías ir pensando en hacer un nido si es que te piensas
quedar por aquí – esta vez pio con algo de picardía en el tono de su cantar.
- Pues no se si me quede mucho, ni siquiera se si esto sea realidad, se supone que
estoy dormido y que esto es un sueño – pio revelándome su identidad, este nuevo
colibrí sin duda era Alexander, tenia que rescatarlo de las garras de Samuel, que
no era para nada fácil.
- Bueno y ahora yo me pregunto, ¿cómo te habías alimentado antes si no habías
probado el néctar de una flor? – pio Samuel de manera interesada, y por lo que yo
veía no era fácil que se le escapara algo a él. Tenía que hacer algo, Alexander
estaba contra la espada y la pared sin saberlo, y Samuel no estaba muy lejos de
descubrir nuestra procedencia, por lo que de alguna manera tenía que mantener
en secreto nuestra verdadera identidad, para evitar ser rechazados en esta
comunidad de colibríes.

De repente, llego a mi mente la imagen de la embestida que le hizo Samuel a Josselin, y


al parecer esta era una buena oportunidad para devolverle el favor y de pasada cobrarme
el daño que le había hecho a nuestra familia de colibríes. Me cargue de todas las
imágenes del día del incidente, hasta que por fin mi pequeño y puro corazón estaba
cargado de ira, y alce el vuelo de la manera más perfecta que jamás había sentido, a una
velocidad sorprendente con un único objetivo, derribar a Samuel y dejarlo herido de
gravedad; estaba a unos cuantos centímetros de distancia cuando la mirada de Alexander
me delato y Samuel se dio cuenta de mi llegada, aunque ya era algo tarde, porque no
pudo evitar la fuerte embestida que recibió de mi parte, perdiendo totalmente el control de
su vuelo y cayendo de sopetón en una de las piscinas naturales desocupadas de la
ciudadela de san Jorge .

- Alexander, soy Juan José tenemos poco tiempo sígueme – pie desesperadamente
deseando que me siguiera y no fuera a ver que había pasado con Samuel.

Emprendí mi vuelo hacia el lago, seguido por Alexander encarnado en el cuerpo de


agraciado, quien no volaba muy bien por su estado neófito como colibrí. Trate de no volar
tan aprisa para que agraciado no me perdiera, y tarde un poco más de lo debido en llegar
a la orilla del lago. Aterrice seguido por agraciado, y me cercioré que Samuel no nos
hubiese seguido. Entonces dije:

- Eso estuvo cerca – pie y luego suspire.


- No entiendo porque hiciste eso, ese colibrí estaba siendo muy amable con migo –
pio agraciado con un tono de ira en su piar.
- Tengo mucho que explicarte a cerca de esto – pie más tranquilo.
- Pues yo si creo porque no estoy entendiendo nada, ni siquiera el por qué soy un
colibrí y tu también – pio un poco más desesperado.
- El jugo de guayaba que nos tomamos anoche no es normal, nos permite encarnar
en estas hermosas aves, estamos cinco meses y medio en el futuro, o sea que
hoy es 25 de agosto, día de tu nacimiento como colibrí, y respecto a ese colibrí
que viste, te puedo afirmar que no es como los demás, tiene cierto nivel de maldad
en su actuar, yo pertenezco a una familia de colibríes a la que estoy seguro te
encantará unirte, y hace poco él ataco a dos de nosotros, a Josselin quien se está
recuperando, y a mi que ya me recupere, y todo por separar a Josselin de su único
amor, del cual no sabemos nada desde entonces – pie mientras el aspecto de su
cara iba cambiando un poco, y se tornaba sorprendido.
- ¿Y tu sabias los efectos de ese jugo?, ¿por qué no me preguntaste si quería ser
un colibrí?, y ¿cómo alguien que se ve tan amable como ese colibrí puede ser
capaz de tanto? – pio aun confundido y enojado agraciado.
- Quería sorprenderte compartiendo mi secreto contigo, aunque creo que había sido
mejor contártelo todo para que no te fueras a perder y confundir como lo estas, o
que te hubiera pasado algo malo con Samuel, el colibrí con el que estabas
hablando, no me lo hubiera perdonado nunca. Él estaba siendo amable quizá
porque se dio cuenta que tu procedencia tenia algo extraño, y esa era la manera
más segura de averiguarlo. Quien sabe que intenciones tenia contigo – pie algo
triste por no haberle dicho toda la verdad antes de traerlo hasta este mundo.
- Te agradezco que compartas conmigo tu secreto, y no creas que me disgusta,
para nada este cuerpecito es muy bello, y era lo que yo necesitaba. Tus
intenciones no eran malas y eso es lo que me alegra.
- Gracias por entenderlo, y te pido excusas por no preguntarte antes de actuar.
- No hay problema, igual te lo agradezco, ojala esto durará mucho más tiempo que
un simple sueño – dijo de manera soñadora.
- Pues eso es lo que estoy intentando averiguar – Farfullé rápidamente.

Y eso fue lo último que pie en nuestra conversación a orillas del lago, antes de emprender
nuestro vuelo hacía el nido de Josselin, para presentar a agraciado a la familia.

JJMV
CAPITULO 15
LA BIENVENIDA AL NUEVO MUNDO “LA CERCANIA DEL FIN”
Bogotá, 3 de Marzo de 2010

El vuelo sobre el lago fue muy relajante mientras nos acercábamos al nido de Josselin. El
planeo del neófito Agraciado había mejorado en comparación de nuestro viaje desde la
ciudadela de san Jorge hasta la orilla del lago, aunque aún le era un tanto difícil el poder
maniobrar cuando nos encontramos volando ya entre los árboles.

Llegamos al nido de Josselin, encontrándolo aun moribundo por la ausencia de su único


amor, ese que con su imponente vuelo le había logrado cautivar y envolver en el mágico
mundo que enfrascaba su mirada, y que era un misterio aun para el mismo Josselin. El
aún no mostraba signos de mejora, lo cual nos tenía alarmados a todos, hasta al neófito
agraciado que hasta ahora le veía.

Apenas llegamos, voló Anie desde su nido hasta el de Josselin, que era el mismo mío por
el hecho que me estaba quedando con ella. El cautivador vuelo de Anie logro impresionar
a Agraciado, quien quedo con el pico abierto al ver el seductor aterrizaje con el que se
poso a nuestro lado.

- Hola Anie, como estas – pie con lo que podría haber sido una gran sonrisa en el
mundo humano.
- Hola atolondrado ¿cómo estas? – apenas agraciado escucho mi nombre en este
mundo se hecho a reír de manera incontrolable.
- Que buen nombre, te queda y todo – pio entre las exageradas carcajadas que
estaba produciendo su pico.
- ¿Quien es este? – pio de manera despectiva Anie.
- Los relaciono, Anie él es Agraciado, Agraciado ella es Anie – pie mientras estos
dos tenían contacto cada uno con el ala derecha a manera de formalismo.
- Mucho gusto – pio de inmediato y de forma estúpida Agraciado.
- Mucho gusto – farfulló Anie asustada.
- Este es un viejo amigo mío, que llegó con intensiones de quedarse en este lugar –
pie para tratar de hacer el ambiente un poco más ameno.
- Eso veo. Los dejo, tengo que ir hasta el otro lado de la finca, nos vemos luego –
pio antes de comenzar a seducirnos con su encantador vuelo.
- Oye que hermosa colibrí – pio Agraciado aún perdido en el encantador vuelo de
Anie.
- Si yo se, parece que nos deja a todos con el pico abierto – pie en el mismo estado
de Agraciado – pero bueno vamos y te sigo mostrando al resto de la familia.

Alzamos el vuelo rumbo el nido de Denise, en donde debería estar el resto de la familia.
Aterrizamos en el nido, y me he llevado una sorpresa bastante agradable. Al parecer el
estado de Denise no era normal, su mirada era algo protectora y cubría con su cuerpo
tres esferas ovaladas, algo así como unos huevos, y ha sido una sorpresa mayor cuando
vi quien le estaba acompañando con una postura imponente y que implicaba posesión.
¡Era Iván el que estaba a su lado para sorpresa mía!, y a parte de su estado imponente,
también estaba algo emocionado por el regalo tan hermoso que estaba a punto de darle
Denise.

- ¿Por qué no me habías contado que ibas a ser madre? – pie con alegría
dirigiéndome a Denise.
- Bueno pues esperaba que fuera una sorpresa para todos, pero como ya te habrás
dado cuenta ya hasta el papá lo sabe – dijo graciosamente Denise quien lucia
alegre por su nueva postura materna. Al parecer el tono maternal que había
escuchado al despertar, que procedía de su piar, no había sido pura coincidencia.
- Bueno pues permítanme felicitarlos a los dos, estoy seguro que estos pequeñines
van a ser de lo más encantadores.
- Gracias atolondrado – pio tímidamente Iván.
- No, no hay de que – pie con modestia, después pie – les presento a un amigo mío
quien llego decidido a instalarse por estas tierras, se llama Agraciado.
- Mucho gusto – piaron al unísono los tres, y luego los tres le dimos cabida a
nuestra risa.
- Bueno nosotros no les quitamos más tiempo tenemos que ir a fabricar el nido de
Agraciado, sólo pasamos a saludar – pie para que ellos se sintieran mas cómodos
y pudieran tener mas privacidad.
- Que vuelvan pronto – pio nuevamente Denise en tono maternal.

Me preguntaba que había pasado con Cedric, el colibrí que siempre había estado en
actitud de cortejo hacia la bella Denise. A lo mejor no pudo soportar el hecho de que su
amor había encontrado el compañero para toda la vida, porque esa era la naturaleza de
los colibríes “una sola pareja para toda la vida”, y no podía hacer nada frente a la
imprimación tan profunda que tubo Denise con Iván.

Se nos fue todo el día tratando de hacer un nido para Agraciado, aunque en realidad yo
pensaba vivir hay también, porque me parecía que Josselin se sentía incomoda con mi
presencia, en su hogar, y parecía que pedía un poco de privacidad en su convalecencia.
Para la noche ya habíamos terminado, o bueno eso parecía porque ya tenía cara de nido,
y parecía muy acogedor. Su interior era algo suave, parecía que podíamos fabricar algo
muy similar al algodón, lo que indicaba que nuestra estadía en el nido sería cómoda.

Nos acomodamos con agraciado, después de que le explicara que mientras se suponía
estábamos dormidos en este mundo volvíamos a nuestros cuerpos de humano. Lo cual
no ocurriría apenas cerráramos nuestros ojos de colibrí, o por lo menos en mi caso, y si
hacíamos un llamado a la lógica, lo mismo pasaría en su caso.

En esta ocasión pasó algo muy extraño, yo debía estar dormido en el cuarto nueve en el
hotel de La Capilla, pero cuando abrí de repente mis ojos de humano, estaba en un
bosque desierto, el que parecía nunca había conocido algún humano. Me aventure a
explorar el lugar que me producía miedo; estaba en presencia de un crepúsculo aterrador,
me sentía como en una película de terror que me generaba cierta sensación en el pecho
muy extraña, como si estuviera a punto de morir o algo por el estilo.

Me aterrorice con el solo hecho de pensar que mi vida estaba a punto de llegar a su fin.
Había muchas cosas que quería ver aún. El perfecto vuelo de Josselin, quien aun no se
recuperaba de sus lesiones, y que estoy seguro estaba esperando ver pronto a su amado
Aneas; precisamente también quería yo encontrarle a como diera lugar, quien sería la
cura de la convalecencia de Josselin, quien con su vuelo encantador, su imponente
presencia, y su aspecto serio que escondía un alma pura y serena, sería capas de
devolverle la razón de su existencia a la pura y sensible Josselin.

Me adentre en el bosque, donde había muchos enramados que impedían el paso.


Maniobré como pude superando un tramo de más o menos unos quinientos metros, hasta
que llegue a un pequeño lago que parecía muerto. El lugar era tan atemorizante y
terrorífico, que me hacia sentir cada vez más cercano a mi fin, era una experiencia
indeseable. Preferiría estar mil veces en cualquier otro lugar, fuese cual fuese, antes de
quedarme viviendo esto por un segundo más, pero al parecer la cosa no iba a estar tan
fácil.

El lago era de un gris muerto, o por lo menos eso era lo que la poca luz del crepúsculo
que estaba posado en lo más alto del cielo me permitía ver. Como tan solo llevaba puesto
un jean azul y el resto de mi cuerpo estaba desnudo, sentía un frio que habría dejado
petrificado a cualquiera, mi pecho estaba adolorido y sentía como si una daga enorme
hubiera atravesado mi corazón, pero por alguna razón seguía con vida. Ese dolor era de
lo peor, no se lo desearía ni a mi peor enemigo, apenas podía caminar, porque mi llegada
al lago había acrecentado mi dolor, hasta el punto que me perdí en un llanto incontrolable.
Parecía que por alguna razón hubiera perdido mis ganas de vivir, como si fuera a perder
la razón de mi existencia en el mundo.

Me acosté cerca a la orilla del lago muerto y gris, y sentí como el lugar iba desgarrando mi
alma sin piedad alguna. Ya no tenía nada que perder, así que no me importaba para nada
el que llegara mi muerte. Sentí como pasaban por mi mente en cuestión de segundos
todas las imágenes que habían marcado mi vida, era una situación muy dolorosa y quería
que de una vez por todas terminara ya mi agonía, que no se prolongara más mi
sufrimiento, que de una vez por todas este bosque inicuo se quedara con mi alma y todo
llegara a su fin. Llegaron a mi mente mis recuerdos del colegio, como en mi inocencia de
niño una vez le regale un ponqué a un niño que había olvidado sus onces, o cuando mi
fuerte y robusto amigo en el bachillerato me había salvado de una paliza por parte de
unos abusivos. El final estaba cerca y mi cuerpo y espíritu lo sabían, ya no había
esperanza, el fin estaba a la vuelta de la esquina.

De repente llego una pequeña brisa que le quito su esencia moribunda al lugar, y con ella
llego una voz angelical que me decía: “No te rindas, sigue luchando, no te dejes vencer
por las apariencias, busca en el fondo de tu adolorido corazón y encontraras el camino.
Tu puedes, el final esta cerca, y esta en ti el que sea el adecuado. Los demonios
intentarán desviarte del camino correcto, así es que tendrás que combatir con todas tus
fuerzas hasta vencer, no estas solo, yo te acompañaré”, y luego desapareció la brisa, y
todo volvió a su estado moribundo, dejándome inmerso en la confusión de mis
pensamientos, y el eco de la voz angelical que trataba de darme alientos, y de hacerme
un llamado a su presencia.

JJMV

CAPITULO 16
DECISIONES “EL PRINCIPIO DEL FIN”
Anapóima Colombia, Casa “PATMOS”, 5 de Marzo de 2010.

Aún seguía acostado a la orilla del lago todavía algo perdido en el recuerdo de esa
angelical voz. Había sido una especie de llamado o algo parecido, el problema era que no
sabía hasta donde me quería llevar. Eso era lo que tenía que averiguar, y aunque estaba
aún con ese peso tan horrible por la daga invisible clavada en mi corazón, así esta no
fuera visible ni palpable. Me puse en pie, y fue algo muy difícil porque ahora mi cuerpo no
parecía tener la suficiente energía para moverme.
Comencé a caminar hacia la otra parte del bosque, donde había un pequeño resplandor
de luz. Me adentre en otra parte aún obscura, y fue algo muy doloroso, porque cada vez
que me acercaba al resplandor de luz, mi cuerpo sentía un tortuoso dolor cada vez más
fuerte, y se me dificultaba mucho el andar.

Se posó en uno de los grandes árboles llenos de humedad un cuervo negro y hambriento
de mí, que esperaba a que me quedara sin aliento para alimentarse con lo que quedara
de mi descenso. El enramado era cada vez más enredado, tanto así que uno de mis pies
quedo atrapado entre una planta muy rara, y algo que parecía un helecho. Me escape
como pude de estas plantas, hasta que me encontré con un gran oso hambriento. Tenía
que escapar como fuera, porque este gran oso era mucho más fuerte que yo, y en una
batalla el que llevaba las de perder era yo.

Me encaro con un aspecto muy salvaje, de manera que no perdía ni el más mínimo de
mis movimientos. Traté de no mostrarle miedo, dejándole ver una faceta también dura y
desafiante. No paso mucho tiempo antes que llegara su ataque, y cuando se abalanzó
sobre mí, me agache y me lance a las raíces descubiertas de un gran árbol sin vida. El
ardor de la llaga en mi corazón se incremento, era como si de alguna manera se hubiera
clavado aún más en mi aquella daga invisible, de tal manera que no volviera a palpitar
nunca más. El gran oso se dio cuenta que me había escapado de su ataque y decidió
volver a intentarlo, pero esta vez no me fue tan fácil escapar porque atrapo con sus filosas
garras mi pierna derecha, causándome un dolor aún más profundo que se sumaba a las
punzadas de ardor de mi corazón.

Me comenzó a balancear como a un títere. Era impresionante como no podía hacer nada
para evitarlo, me sentía tan impotente ante la situación, que ahora si veía como el final se
acercaba. Mi pierna parecía no pertenecerme ahora, veía como se iba apropiando el gran
oso de ella. Hasta que vi una gran daga filosa cerca, y trate de balancearme para
alcanzarla. Era muy difícil puesto que el oso tenia cuatro veces mi fuerza, y eso me hacia
más difícil cumplir mi cometido. Seguía haciendo de títere impotentemente hasta que en
un intento de mordisco, me balanceó hacia su hocico apretándome con menos fuerza,
pero dejándome el camino libre para propiciarle un puñetazo con las pocas fuerzas que
me quedaban en uno de sus sobresalientes ojos, quedando en libertad. Rápidamente
corrí como pude hasta la daga apropiándome de ella, y cuando el oso aturdido decidió
nuevamente atacarme, se hecho sobre mí con su imponente cuerpo ocupando todo mi
campo de visión, lo único que tuve que hacer fue apoyar la daga contra el suelo y
agacharme rápidamente para que la daga atravesara su peluda pero gruesa piel,
haciéndole pegar un gemido de manera ensordecedora al encontrarse con la muerte.
Apenas calló el cuerpo del gran oso sin vida, me sentí más adolorido y agotado por el
enfrentamiento, me senté un momento para tratar de aminorar el dolor en donde me había
enterrado las garras el gran oso. Estaba sudando, y me ardían las heridas mientras q las
gotas sudorosas recorrían mi cuerpo produciéndome un ardor mayor especialmente en la
herida que me punzaba sin piedad. Sabía que tenía que salir pronto de ese bosque si no
quería ser consumado en su ambiente de perdición, así que me puse en pie y trate de
seguir mi camino hacia el destello de luz que veía en el fondo del bosque. Esta vez mi
avance fue mucho más lento, pero sin embargo no me evitaba el roce con las ramas de
árboles que parecían en algún tiempo haber tenido vida; una de esas ramas se metió
dolorosamente en la profundidad de mi herida en la pierna izquierda, haciéndome pegar
un alarido ensordecedor y un debilitamiento aún mayor.

Cada vez estaba más cerca del reflejo de luz al final del túnel formado con árboles
muertos, pero eso me significaba un mayor desgaste y dolor en la pierna. Estaba
sediento, cambiaria uno de mis brazos por unas cuantas gotas de agua que lograran
saciar mi sed, porque se estaba convirtiendo ahora en una debilidad mayor. Me encontré
un pequeño nacedero de agua que acaparó toda mi atención. Me acerque, y dirigí mis dos
manos hacia un pequeño sector en donde el agua estaba apozada. Parecía tan deliciosa,
que por un momento olvide todo y mi mente estaba centrada en un ciento por ciento en
beberla. Apenas moje mis manos, sentí como su humedad refrescaba mis dolidas y
cansadas manos, hasta que sentí una fuerte piquiña en la parte superior de mi mano
izquierda; al parecer esta agua no era del todo limpia y pura, tenía una especie de
diminutos seres que al picarte se te metían dentro de la piel y se alimentaban del tejido
interno. Este dolor no era para nada comparado con el que me habían causado las garras
del gran oso, no sabía cómo sacar a dos de estos insectos que estaban ahora abriéndose
camino por mi muñeca, hasta que encontré una piedra filosa y tuve que cortar mi piel
cerca a una de las venas que alimentan las células de mi mano; pude sacarlos, aliviado
por no haberme tragado ninguno de los insectos, aunque perdí una buena cantidad de
sangre por mi muñeca, lo que significaba que ahora mi tiempo para llegar al resplandor de
luz era más escaso.

Camine desesperadamente haciéndome pequeñas cortaduras por todo el cuerpo, pero


esto ahora no importaba porque era cuestiones de supervivencia el llegar al resplandor de
luz, en donde quizá encontraría ayuda, pero era algo incierto, simplemente seguía
caminando porque mi instinto me decía que si llegaba allí, sobreviviría. Estaba ya a unos
escasos metros de distancia del resplandor, y mi desesperación me había llevado a casi
correr si así podía llamarle a esto.
Por fin, podía cantar victoria, llegué hasta un gran marco de una enredadera que
separaba al frio y muerto bosque de una luz resplandeciente e intensa que parecía curar
todas mis heridas, el camino había sido duro, pero la recompensa estaba ya cerca, podía
sentirlo. Crucé cojeando el gran arco, y me encontré en un pastizal de un verde
esperanza; el sudor recorría todo mi cuerpo aún, por eso sentía el ardor de cientos de
heridas en todo mi cuerpo, pero esto ya no importaba, había llegado al lugar donde
encontraría las respuestas que estaba esperando. Todo a mí alrededor era de un blanco
profundo que servía de refracción para toda la luz que había en el lugar. Crecían unas
hermosas flores de color fucsia que si hubiera estado encarnado en el cuerpo de
Atolondrado, me hubieran parecido muy sabrosas.

De repente escuche nuevamente la voz angelical que me había hablado cuando estaba a
punto de desfallecer a la orilla del lago muerto y gris. Estaba entonando un canto
gregoriano que era desconocido para mis oídos. Su voz era tan hermosa que parecía
calmar de repente el dolor de mis heridas, y sorprendentemente así era. Mis heridas
fueron sanando. Mi pierna parecía nuevamente mía y de repente todas las pequeñas
aberturas en toda mi piel se habían cerrado; era sorprendente el poder curativo de este
protuberante canto. Después de haber curado mis heridas, el ángel, que lucía una gran
túnica de un blanco cegador, un cabello de un tono muy parecido al color de la miel
cuando esta recién elaborada por las abejas. Sus alas se extendían a sus costados a una
distancia de unos dos metros cada una, que hacían juego con sus protuberantes y sabios
ojos color verde esmeralda. Su afinación era algo que nunca pensé escuchar. Su belleza
era simplemente indescriptible; a su lado yo parecía un trapo viejo y sucio con el que se
limpia el suelo en una escuela.

- Veo que lograste superar este mortal obstáculo – dijo con su preciosa voz, yo
simplemente le observaba atónito – no muchos lo han logrado, pero tú astucia y
perspicacia, te ha permitido superar uno de los obstáculos más grandes que se
pueden presentar. Tu prueba ha sido superada, y ahora que has demostrado que
tienes la valentía para enfrentar tan duras pruebas, tendrás tu recompensa.
- ¿Y por qué a mí?, ¿por qué he tenido esta prueba tan dura? – mencione aun
ignorando lo que estaba sucediendo, ni siquiera sabía por qué razón diferente a
sobrevivir había superado esta prueba tan dura.
- Sé que tienes muchas preguntas, pero ya encontrarás las respuestas. Has tenido
un gesto muy bonito con un amigo tuyo, Alexander, al mostrarle el mundo que
tanto amas, permitiéndole encarnar al igual que tu en un colibrí. Y es por ello que
te he puesto esta última prueba tan dura, para comprobar la fuerza de tu espíritu, y
has demostrado que no solamente eres solidario, sino también fuerte frente a las
adversidades más precarias y difíciles – aún seguía desconcertado por lo sucedido
– es por ello que tendrás que tomar una decisión muy dura, y de ella dependerá el
resto de tu vida – el ángel hizo un gesto de seriedad que me asusto un poco, pero
igual me relajaba el hecho de estar escuchando su melodiosa voz – ahora tienes
dos caminos y estas en libertad de escoger. El primero es seguir tu vida tal cual
como esta, siendo un humano común y corriente llevando una vida como cualquier
otro. La segunda es encarnar de por vida en un colibrí, teniendo una misión por
cumplir – el ángel hizo una pausa para traer un objeto que parecía una pantalla y
luego en esta aparecieron Aneas y Josselin, quienes estaban compartiendo una
conexión mágica que yo no veía ya hace algún tiempo. Parecían tan felices los
dos juntos, viviendo su amor que simplemente con verlo de esta manera, me
envolvía en una sensación de satisfacción – estos dos colibríes a los que has
llamado Aneas y Josselin, no han podido vivir su amor como estaban destinados
por cosas que se han presentado, y es necesario que lo hagan para que puedan
cumplir con la misión que les ha sido encomendada antes de llegar a la vida.
Entonces te preguntaras cual es tu tarea si así lo decides. Es muy simple, todo lo
que tienes que hacer es unir a estas dos aves, y brindarles la oportunidad de
poder vivir su amor intensamente como debe ser, esta es tu tarea si quieres volar
libremente como un colibrí si es que así lo deseas – hizo una pausa y cuando yo
pretendía decir algo, el ángel se aventuro a hablar antes – creo que no te he dicho
que si decides seguir siendo humano, de tu mente se borrara cualquier recuerdo
por pequeño que sea de la existencia de estas aves, igualmente de la mente de
Alexander, quien deberá probar también que es digno de hacer parte de este
mundo. Es por eso que cuando despiertes no le podrás comentar a nadie de lo
que te ha pasado, ni al Mismo Alexander.

En realidad era una decisión que aunque parecía clara, no lo era del todo, porque tenia
que pensar en que yo llevaba una vida como humano, así la tuviera olvidada. Pero
igualmente tenia que ser sensato con migo mismo, ya que disfrutaba más mi vida como
colibrí que mi vida como humano, y tampoco me podía permitir el olvidarme por completo
de la existencia del mágico mundo que de repente me había hecho olvidar las penas
humanas, y que tan solo con mirar a los ojos de Aneas y sentir como podría de repente
cambiarlo todo, encerrarme en su mundo y no volver nunca. Y Josselin, quien con su
inocencia y ternura, podría enseñarme la profundidad de un sentimiento real, de un único
camino. Simplemente era algo que no podía dejar perder así como así.

El ángel se mostraba en una posición de espera por una pronta respuesta, sus ojos me
decían que la decisión ya estaba tomada, que tan solo tenia que abrir mi boca y decirlo,
hasta que me arme de valor y luego dije:

- ¡¡¡¡Quiero ser un colibrí por el resto de mi vida!!!! – la fuerza con que lo dije no era
esperada por el ángel, quien luego de reponerse, me dio instrucciones.
- Bien, vas a poderlo ser, pero tienes un limite de tiempo de un mes para cumplir tu
misión y una semana para despedirte de tu mundo humano, y dejar las cosas
como te parezca sea lo mejor. Al final de la semana, tu cuerpo humano va a entrar
en un estado de coma, por un mes, y si no logras tu objetivo, al final de este,
despertaras nuevamente en ese cuerpo olvidándolo todo. Pero de no ser así y
logres cumplir tu misión, el cuerpo de humano dejara de tener vida, y morirás en
ese mundo, pero renacerás como colibrí, hasta que llegue tu final. Deberás
contarle a una persona en el mundo humano, que sea de tu entera confianza, y
que pueda servirte de ayuda en ese mundo, lidiando con tus seres queridos, y
haciendo que tu perdida para ese mundo no sea tan notoria – escuchaba con
cuidado, comprendiendo cada una de sus palabras. Era simplemente una locura
que estaba dispuesto a realizar por pertenecer a mi nuevo mundo, el que me
permitiría ver la expresión de felicidad de Aneas y Josselin, el que tan feliz me
hacia – entonces en cinco segundos despertaras en la cama que te acostaste en
el cuarto nueve en la capilla, a las siete en punto de la mañana, y cuando sea el
próximo domingo a esta misma hora, tu cuerpo entrará en un estado de coma, por
lo que te recomiendo te quedes en tu casa.

Y terminando esta frase, quede sentado en una cama del cuarto nueve, sin ninguna
herida ni mucho menos, pero con bastante sudor recorriendo todo mi cuerpo. Todo había
sido tan real, pero igual debía cumplir con lo que me había comprometido, y hacer feliz a
Josselin y Aneas, ayudándoles a vivir su amor plenamente.

JJMV

CAPITULO 17
EL RENCUENTRO CON UN AMIGO “LA APROXIMACION DEL FIN”
Bogotá, 18 de Marzo de 2010

Yo era el único que estaba en el cuarto nueve, parecía que no me reponía aún del choque
emocional que me había generado la conversación con el protuberante ángel, de manera
que mi cuerpo estaba temblando a causa de mi pasada experiencia en el frio bosque
donde había sentido la muerte a la vuelta de la esquina. Me levante de la cama aún
confundido por lo sucedido en mis sueños, y me dirigí a la greca por un poco de tinto; en
la pérgola, muy cerca al piano de Gershwin estaban algunos de los participantes de la
convivencia quienes tenían en sus rostros una expresión de alegría por lo bien que la
estaban pasando en el lugar. Frente a la greca estaba ya Alexander, con una expresión
de alegría, al parecer la había pasado muy bien encarnado en el cuerpo de Agraciado.

- Hola Alexander, ¿cómo te fue en tus sueños? – pregunte aún perdido en el canto
gregoriano del ángel de mis quimeras realistas.
- Muy bien Juan Jo, no sé como, pero fui un colibrí, volé como nunca lo había
hecho, probé el delicioso néctar de unas flores rojas dulces y hasta había un
colibrí llamado Atolondrado que al parecer eras tu – dijo inocentemente y
guiñándome un ojo de manera amistosa. Pero ahora que había tenido una
conversación con el ángel, ya sabía que no podía comentarle a él de la existencia
de este mundo, y que seria mejor que siguiera pensando que tan solo había sido
un sueño del que seguramente no quisiera nunca despertar.
- Que bien, si ves yo te dije que posiblemente ibas a viajar hasta ese mundo, y así
lo hiciste – mentí esperando no dañar la imagen de sueño que tenia Alexander de
mi nuevo mundo.
- Si yo sé, espero que mis sueños me lleven pronto hasta allá nuevamente. Que
mundo tan hermoso, es que por un momento olvidé tantos problemas y me sentí
puro y libre al volar – dijo mientras yo tomaba un sorbo de tinto.
- Yo sé que es eso, pero bueno será mejor que te apresures porque ya van a
arrancar nuevamente con actividades.

El regreso a Bogotá no tuvo mayores inconvenientes, todo estuvo dentro de los límites de
la normalidad. Al parecer, todos se habían divertido mucho, y estaban dispuestos a volver
a la Capilla, y era de esperarse, porque en ese lugar mágico donde hay presente en el
ambiente un no sé que, hace que de alguna u otra manera las personas le cojan cierto
aprecio, y se enamoren de él.

Ahora tenia que buscar una persona que fuera capaz de ayudarme a dejar todo listo en
este mundo tan retrechero, el que iba a dejar, por cumplir la misión que me había sido
encomendada. Pero la pregunta era ¿Quién?, no era tan fácil confiarle a cualquiera ese
gran secreto, y las intenciones que tenia de renacer en un colibrí. La persona que
escogiese, tenía que ser muy allegada a mí, y que estuviese cerca a conocerme del todo,
para que de alguna manera pudiera hablar con mi mamá, y con mis seres queridos, para
que mi partida no fuera tan dolorosa para ellos. Pensé en varios de mis amigos de
universidad y de colegio, pero estaba seguro que ellos no me permitirían el abandonar
este mundo con tanta facilidad, y harían todo lo que estuviera en sus manos para evitar mi
partida. Así es que trate de ser un poco razonable, y así fue como se paso por mi mente
el padre Juangui, quien podría ser el indicado para mencionar algunas palabras que
lograran calamar a mis seres queridos.

Fue entonces cuando decidí ir el lunes hasta la oficina del padre, para contarle lo que
estaba a punto de suceder. El día pintaba algo opaco, y al parecer en la oficina de
pastoral de la universidad, el ambiente estaba tenso. Yamile no estaba de buen humor al
parecer porque misteriosamente se había desaparecido la alcancía de las multas a los
comportamientos indebidos en la oficina, y había hecho contagioso su estado anímico al
resto de los agentes de pastoral. Trate de pasar desapercibido hasta la oficina del padre
Juangui, y por lo visto, lo logre.

- Buenos días padre como esta – dije tímidamente, esperando que el padre
tampoco estuviera contagiado de mal humor.
- Hola Juan José, ¿como estas? – dijo el padre en su tono normal de voz, lo que me
hacia pensar que era inmune a estos estados de animo contagiosos.
- Pues algo cansado de la convivencia de este fin de semana, pero pues hay voy
estudiando – dije para abrir un poco nuestra conversación.
- ¿Y cómo les fue en la convivencia?
- Pues bien, los muchachos quedaron emocionados y quieren volver.
- Que bueno, entonces estamos cumpliendo con el objetivo – dijo el padre con una
sonrisa en su cara, y luego me dijo señalando el monitor de su computador – mira
este caso, un muchacho que fue capaz de entregar su vida por una causa que no
lo merecía. Todo porque no talaran un árbol en los bosques del sur de Washington
en Estados Unidos, y fue atropellado por lo que dicen accidentalmente por uno de
los bulldozer, pero igual él estaba dispuesto a dar su vida por la causa. Increíble,
entregar el regalo más preciado otorgado por Dios de esta manera.
- Si padre yo sé, que mal eso – dije ahora con incertidumbre, porque era seguro que
el padre no me permitiría hacer la locura que estaba a punto de iniciar el domingo
próximo, porque tal vez no entendiera mi misión ahora, sino que tal vez la
malinterpretara como un simple sueño al que no debía hacer caso, eso es algo
que no sé, pero no quería arriesgarme a incumplir mi promesa al ángel, y prefería
contarle mi historia a alguien de quien estuviera ciento porciento seguro me
apoyaría. Pero mi pregunta ahora era, ¿Quién seria mi confidente?, tenía muy
poco tiempo para encontrarlo, así que debía darme prisa – bueno padre yo me
tengo que ir, solo pasaba a saludarlo, y desearle un buen viaje a Anapoima,
porque no sé si venga en esta semana porque tengo mucho trabajo de la
universidad acumulado – termine expresando mis buenos deseos para el viaje que
el padre haría el viernes, a la casa de Patmos en Anapoima.
- Gracias Juan José, y me parece muy bien que le estés prestando atención a tus
estudios, de seguro serás un buen profesional, con los principios cristianos de tu
formación salesiana y ahora en el apostolado grancolombiano – termino el padre
en el momento en que me puse en pie y me apresure a Salir de la oficina.

En mi mente solo estaba la inquietud de quien seria esa persona que guardaría mi
secreto, y que a demás se encargaría de acompañar a mis seres queridos para hacer que
el dolor de mi pérdida no llegara a niveles altísimos, y evitar una protuberancia de mi
descenso al mundo de los humanos fallecidos, pero al nacimiento en otro mundo de
pocas preocupaciones, en donde no estaría tan atado a las cosas terrenales, y me
hallaría lleno, y libre al volar por un ambiente tranquilo.
Salí a caminar el miércoles al medio día por el centro de Bogotá, a pensar en esa posible
persona, después de una reflexión el día anterior. Pasaron por mi mente muchas
personas, pero ninguna aceptaría apoyar mi descenso, y otras hasta me tildarían de loco.
Hasta que por arte de magia llego a mi mente un nombre “Carlos”, un compañero que
estudio conmigo en algunas clases en periodos pasados en la universidad, pero que tenía
una gran sensibilidad y comprensión para con estos temas, era el indicado porque
también había tenido una cercanía con mi familia en algunas ocasiones cuando hacíamos
trabajos en mi casa. La cosa ahora es que me seria algo complicado encontrarlo, puesto
que se había cambiado a la universidad Santo tomas, y no tenia como contactarlo ni por
teléfono ni por E-mail. Entonces desvié mi camino hasta la universidad Santo tomas, en la
que estudiaba ahora el. Al llegar me quede viendo a todas las personas que pasaban por
hay, esperando a encontrarle. Espere casi seis horas frente a una gran puerta de vidrio de
4 pulgadas de grosor por donde entraban y salían estudiantes con sus mentes ocupadas
en sus estudios, y en la aburridora rutina de todos los días. Vi cerca en una de las
esquinas una pareja de novios sin temor a expresar su amor perdidos en la pasión de un
beso que parecía repugnante para quienes los estábamos viendo, pero agradable para
quienes lo estaban viviendo. Por un momento llego a mi mente un pensamiento vago de
lo que seria un beso como colibrí, me imagine a Aneas y Josselin intentando hacerlo, y la
imagen de Aneas acariciando a Josselin aún en su estado de convalecencia, intentando
acercar su pico al suyo para darle el más dulce de los besos, si es que así podía llamarle
a este acto de acercamiento romántico.

Mi espera cada vez era más exasperante, parecía que Carlos no aparecería por ningún
lado, hasta que me precipite y deje de esperar, emprendiendo mi viaje a casa. Me sentía
muy solo, tanta gente que tenía a mí alrededor pero en la que no podía confiar un secreto
de tal magnitud, simplemente me sentía impotente y hasta olvidado. Por un momento
paso por mi cabeza el dejar de lado mi misión y dar un paso al lado, olvidarlo todo, la
magia, los jugueteos, los vuelos atolondrados, el delicioso sabor del néctar de las flores
de color rojo que por una extraña razón eran las más deliciosas que jamás hubiese
probado. Hasta el agua con azúcar que a Emita le gustaba dejar sobre las mesas del
comedor de la capilla para que entraran los colibríes a darse un festín, y alegrarle el rato
con la belleza y pureza de su vuelo. Hasta que de pronto en un lugar donde vendían
comida rápida, vi a Carlos con unas compañeras de su nueva universidad. Parecía que no
le había pasado el tiempo, su cabello seguía siendo de un negro profundo y ondulado,
aunque no parecía tan notorio por su copete sobresaliente y parado, sus ojos café
oscuros con esa expresión inescrutable que no dejaba en evidencia el pensamiento que
pasaba por el momento en su mente. Su tés trigueña casi blanca, que hacía juego con el
mutismo de la expresión de su rostro. En esta ocasión, lucía un pantalón blanco entubado
con rallas negras que iban de arriba a abajo, una camiseta gris que dejaba en evidencia
su pecho, y encima de esta una chaqueta de color negro que al parecer era muy
abrigadora. Me acerque con prudencia hasta su posición, y luego me aventure a
saludarlo.
- ¿Carlos? – dije a manera de pregunta, aunque yo estaba completamente seguro
de la identidad del muchacho trigueño, que tan solo giro su cabeza en torno a mi,
y me dedico una mirada de sorpresa al identificar el origen de la voz que le había
preguntado.
- Juan José, que milagro verte, ¿Cómo has estado? – dijo en un tono que parecía
lleno de sinceridad, y agrado.
- Bien, estudiando arduamente porque este semestre la situación ha estado dura –
dije para darle cabida a nuestra conversación.
- Pues si por allá llueve por aquí no escampa, porque a mi también me tienen lleno
de trabajo – dijo acompañado de una mueca que no entendí.
- Pero eso esta bien ¿no te parece?, así aprendemos más.
- Si, no me cabe la menor duda – dijo haciendo un mohín fingido – pero bueno ¿qué
te trae por aquí?
- Pues la verdad te soy sincero, necesito hablar contigo, y me alegra haberte
encontrado porque ya estaba desesperado – fue todo lo que dije antes de
emprender una conversación que sin duda sería clave para mi futura locura, esa
que tanto estaba esperando, que con cada segundo que pasaba se acercaba con
más antagonismo.

JJMV

CAPITULO 18
EL FINAL EN EL MUNDO HUMANO “UN GRAN AMIGO”
Bogotá, 30 de marzo de 2010

- Me gustaría que habláramos a solas para decirte lo que te tengo que decir – dije
inconscientemente en un tono grosero para con las amigas de Carlos.
- Bueno como te sientas mas cómodo – dijo Carlos en un tono muy apaciguado –
niñas nos vemos mañana, no olviden las matrices del plan de negocios – y
despidiéndose así, salimos de la cafetería con rumbo a un parque cercano.

Caminamos por toda la carrera 13 hasta el parque, que estaba aledaño a un gran edificio
de oficinas. La expresión de Carlos era simplemente inescrutable, su aspecto, aunque era
serio me inspiraba tranquilidad y confianza, y era precisamente lo que me había pedido el
ángel que buscara en la persona a la que le confiaría mi gran secreto. Entramos en el
parque y buscamos una banca. Había una vacía al lado de un gran roble de unos
cincuenta años, y nos sentamos en silencio hasta que Carlos dijo:
- Bien aquí estamos, ¿qué es lo que me tienes que decir? – me dijo en un tono
tranquilo.
- Bien pues la verdad es que pensé que era mucho mas fácil encontrar una persona
de suma confianza para tratar este tema que es bastante delicado, pero no es tan
fácil. Pensé en ti después de mirar la posibilidad de muchas otras personas, y
estoy seguro que puedo depositar mi confianza en ti – apenas dije eso la
expresión de su rostro cambio y se torno un poco asustado.
- Me asustas – dijo confirmando mi sospecha.
- Yo lo se, yo estoy un tanto asustado por eso también, pero igual quiero pedir tu
ayuda – ahora el asustado era yo, pero sin embargo me arme de valor y arranque
con mi relato – en una finca cercana a Cachipay, en la vereda la capilla, me
encontré un mundo paralelo lleno de magia y libertad. Me he permitido conocer
ese mundo, y es de lo mejor. En el hay dos personajes a los que he bautizado
como Aneas y Josselin, quienes no han podido vivir su amor como es debido.
Ellos son dos colibríes, al igual que todos los habitantes de ese mundo. Y yo ya he
sido uno de ellos, y me han aceptado fraternamente.
- ¡QUE COSAS ESTAS METIENDO JUAN JOSÉ! – farfulló incrédulo con expresión
escéptica, y en un tono ensordecedor.
- No me he metido nada, es verdad y te pido que me creas, es muy difícil para mi
explicarte esto, lo tenia como un secreto personal, pero el otro día se me apareció
un ángel después de una dura prueba, y me dijo que tenia que tomar una decisión,
si seguir siendo humano, ó ser un colibrí por el resto de mi vida. Yo decidí ser un
colibrí, pero para ello debo cumplir una misión, y en eso es que quiero pedir tu
ayuda, solo pido que me creas, no tengo a quien mas acudir, eres mi ultima
esperanza – dije y luego de un feo silencio él dijo.
- Bueno, ¿y que tendría que hacer yo? – dijo Carlos después de un suspiro,
- Pues mi misión trata en juntar a Josselin y Aneas para que puedan vivir su amor
como es debido, y para ello tengo un mes, que inicia el domingo a las 7 de la
mañana, y mi cuerpo de humano entrará en un estado de coma por el mismo
tiempo, si en ese periodo logro cumplir mi misión me podre quedar eternamente en
el mundo de los colibríes, pero de no cumplirla, deberé volver a mi cuerpo de
humano y olvidaré por completo la existencia de ese mundo – aspire
profundamente y luego continué – tu misión seria velar que el dolor de mis seres
queridos no fuera tanto al entrar en mi estado de coma, y hacer algunas cosas que
yo no podría hacer desde ese mundo. Debes acompañar a mi mamá en su dolor, y
luego al final de todo, nos encontraremos en la eternidad, después de haber
cumplido con nuestras misiones, en donde te seguiría agradeciendo eternamente
este gran favor.
- Aun sigo pensando que estás loco – dijo Carlos nuevamente en faceta escéptica.
- Yo sé que debo parecer estar mas loco que una cabra, pero todo lo que te digo es
verdad, no puedo mostrarte una prueba física de lo que te estoy diciendo, pero
estoy seguro que después de las 7 de la mañana del domingo me creerás
ciegamente.
- Escúchate, no estas diciendo cosas coherentes, cualquiera pensaría que ya
necesitas ser internado en un sanatorio mental – dijo con su voz seria.
- No sé que más decirte para que me creas, sólo te pido que me brindes tu mano,
que confíes en mi, así como yo lo estoy haciendo contigo – dije en un tono
desesperado, porque lo estaba perdiendo.
- No lo se Juan, eso que me pintas esta muy loco, y de ser verdad ¿te has
imaginado el dolor que vas a dejar en las personas que te aman? – dijo creyéndolo
un poco más.
- Claro que lo he pensado, pero lo hago porque quiero dejar este mundo en el que
soy un reo, donde las supuestas libertades están limitadas, donde en muchas
ocasiones me obligan a pensar de la manera que no quiero hacerlo, simplemente
quiero ser libre de una vez por todas. Sólo te pido que me ayudes con mi familia, y
te lo agradeceré eternamente – dije, viendo en la cara de Carlos el reflejo de la
guerra que se estaba librando en el interior de su cabeza, pero que al parecer
estaba ganando el sentimiento de ayuda a su amigo.
- Bueno cuenta conmigo, yo te voy a ayudar, aunque la verdad por lo que veo vas a
morir como humano, y no vamos a volver a verte. Pero si eso es lo que tu quieres
no soy quien para detenerte, voy a ayudarte, y que nos perdone Dios – dijo
manoteando, en un tono de aceptación – pero por lo pronto creo que debes comer
algo, estas bastante pálido y debes mantenerte saludable por lo menos hasta el
domingo en la mañana.

Caminamos hasta un lugar donde vendían comidas rápidas y nos comimos un perro
caliente cada uno, al parecer no me mantendría tan saludable como lo esperaba Carlos, y
mientras comíamos proseguimos con nuestra conversación.

- Y ¿cómo van las cosas por la gran Colombia? – pregunto interesado mientras le
daba un gran mordisco a su perro caliente.
- Bien, han cambiado muchos profesores por aquello de la acreditación, por eso la
calidad ha mejorado, todo el mundo esta contento.
- Hay o sea que hubiera sido mejor haberme quedado – irrumpimos en carcajadas
por el mohín perfecto que enmarco su cara al decir esas palabras, sin duda alguna
era mi buen amigo Carlos con quien estaba compartiendo, ese que extrañaba
tanto, y que seguramente no volvería a tener la oportunidad de compartir estos
momentos en vida – bueno señor, será mejor que nos vallamos a descansar
porque hay muchas cosas por preparar, ¿cuando nos vemos?
- ¿Te parece si te quedas en mi casa el sábado para que estés en el momento de
mi entrada al coma?
- Si, me parece, yo te llego allá a eso de las siete de la noche – dijo con un raro
resplandor en sus ojos.
- Listo te estaré esperando – dije estrechando su mano y despidiéndome de él.
Era mi última noche en el mundo humano, o por lo menos lo seria si llegaba a cumplir mi
misión. Esperaba ansiosamente la llegada de Carlos en mi casa, mirando un artículo
científico que casualmente hablaba de colibríes. Sonó el timbre de la puerta, corrí
rápidamente, y la abrí, y estaba hay Carlos nuevamente con su expresión inescrutable,
esta vez luciendo una chaqueta de cuero café, y una camiseta blanca que rebelaba su
pecho, combinada con un jean negro. Le invite a seguir para que se colocara más
cómodo.

- ¿Como te ha terminado de ir? – pregunte interesado.


- Muy bien Juan Jo, pero algo cansado.
- ¿Quieres algo de comer?
- No, gracias, así estoy bien por el momento, mas bien cuéntame los últimos
detalles de lo que debo hacer.
- Pues lo más importante, y que te pido encarecidamente es mi mamá, cuídala
mucho, te la encomiendo. También hay algo que quiero que conserves en dado
caso de que cumpla con mi misión, y que no vuelva a este mundo – me dirigí
rápidamente hasta mi cuarto y tome mi saxofón, luego corrí hasta la sala en donde
estaba Carlos y luego le dije – quiero que conserves mi saxofón, es muy valioso
para mi, pero no puedo llevarlo conmigo. Me gustaría que aprendieras a tocarlo, y
que algún día me visitaras en la capilla y tocaras algo para mí – ese saxofón era
una de mis posesiones más valiosas, me lo habían regalado mis papas y había
tocado en muchas ocasiones importantes para mí con él, y por eso pensaba que lo
mejor sería que lo conservara Carlos. “Una posesión valiosa, para un valioso
amigo”, pesé.
- Valla, este es un detalle muy apreciable, créeme que voy a aprender a tocarlo, y
será una de mis pertenencias mas preciadas. Cada vez que lo toque te recordaré
– no pensé que el vinculo que nos unía fuera tan significativo para él también,
porque se derramaron unas lagrimas por sus mejillas, forzando a mis ojos a seguir
el ejemplo de los suyos.
- Estoy seguro que va a estar en buenas manos – dije y luego el me abrazo, al
parecer estaba muy complacido por la confianza que deposite en él, su
escepticismo había quedado atrás.
- Sólo espero que irte de este mundo sea lo que en realidad quieres, y que no te
arrepientas de ello – me dijo secando algunas lagrimas de sus ojos.
- Bueno por lo pronto me gustaría ver una película antes de irme de este mundo,
¿me acompañas?
- Claro, como no.

Nos fuimos hasta mi cuarto, y colocamos una película en el dvd. Estuvimos muy
pendientes, nunca la había visto se llamaba “two much”, de Fernando Trueba. Al final vi a
mis músicos preferidos, tocando una excelente obra llamada “Caribe” de Michel Camilo,
quien lo estaba interpretando en el piano, junto con otros músicos entre los cuales
rescataba sin duda alguna al maestro Paquito D´Rivera, mi saxofonista favorito. Al final
nos quedamos dormidos, teniendo yo como ultima experiencia humana el placer de
escuchar a estos dos maestros de la música latina, aunque no fuera en vivo, pero para mi
bastaba con el hecho de disfrutar de ese festín que se estaban dando mis oídos con esa
maravillosa interpretación. Y recibimos así el nuevo día, el primero de mi nueva vida en la
que esperaba dejar atrás el materialismo humano, y vivir en la sencillez y humildad del
mundo de los colibríes.

JJMV

CAPITULO 19
LA APARICIÓN DE DOS EXTRANJEROS " MI PRIMER DÍA"
Bogotá, 26 de Junio de 2010

Abrí mis ojos que se iluminaron por un protuberante sol que abundaba en los orígenes del
cielo; el día era radiante, todo tan lleno de un verde profundo, simplemente era la madre
naturaleza haciendo su obra entre tanta belleza que rodeaban el lago en la capilla
Cundinamarca. Mi nido estaba muy acogedor como recuerdo que lo habíamos hecho con
Agraciado, y precisamente hay yacía el cuerpo dormido de él, hasta que por sus propios
medios descubriera como volver aquí sin mi ayuda.

Me levante y emprendí mi vuelo hacia las Flores rojas que estaban atrás de la cocina de
Emita, esas que poseían ese delicioso néctar que me había revelado Anie, a quien quería
ver volando nuevamente de esa manera tan seductora que recordaba. Al llegar, me sacie
con el delicioso néctar, hasta el punto de no querer más.

Nuevamente emprendí mi vuelo, pero esta vez hacia el nido de Josselin, quería saber
como se encontraba ahora en la ausencia de su único y verdadero amor, ese que tanto
necesitaba para recuperar su dolido corazón, y del que hasta el momento no teníamos
conocimiento de su paradero. Cuando sobrevolaba uno de los grandes árboles de cedro
aledaños al sendero que comunica la capilla y Pax Christy, escuche de repente una voz
que se dirigía hacia mí. Me detuve de inmediato para ver quien me llamaba, hasta que vi
un pequeño colibrí con el plumaje de tono muy parecido al blanco, muy parecido a un
copo de nieve, con algunas plumas sobre su cabeza y bajo su buche de un color castaño
oscuro; era de una hermosura angelical, con unos ojos color miel, de un tono similar a los
míos, más profundos que los de Aneas. Tenía algo que parecía un lunar muy cerca a su
delicado pico, con un color de plumas que jamás en mi corta vida de colibrí había visto, y
un toque refinado en su rostro que le iluminaba los ojos de manera protuberante,
haciéndome parecer al lado suyo, una de las calabazas que se ven en época de hallowen.
Pero no era está hermosa colibrí la que me estaba llamando, sino su acompañante, un
colibrí de mayor estatura que ella, a quien no podía ver bien por unas hojas que cubrían
gran parte de su cuerpo. Decidí acercarme, aunque me temblaban todas las plumas de mi
diminuto cuerpo, causado por la idea de estar tan cerca de una colibrí de tal belleza.
Aterrice a unos 50 centímetros de donde se encontraban los dos colibríes desconocidos, y
saludé:

- Buenos días, ¿Cómo están?


- agotados después de un lungo viaggio - Pío con un acento al parecer italiano, el
colibrí que acompañaba a la hermosa colibrí de plumaje color casi blanco. Este era
un poco más alto que yo, pero más delgado. tenía un plumaje de color gris
parecido al de un ratón, pero con más lucidez, sus ojos eran color verde y
sobresalían en su rostro. La verdad era un colibrí muy bello, pero no tanto como su
compañera, que parecía uno de los seres más hermosos que habían visto mis ojos
en este mundo, sin tener en cuenta a Aneas y Josselin, ellos estaban fuera de
concurso.
- Oh, ¿y desde donde vienen? - pregunte con interés.
- Desde Sicilia, in Italia, una molto bella región, hasta que nos encerraron en una
Grande caja, y resultamos aquí - dijo algo irritado el colibrí.
- Y ¿cómo resultaron encerrados en esa caja? - píe algo aturdido por el farfullo de
este colibrí.
- Pues estábamos alimentándonos en unas deliciosas flores rojas, hasta que
Salvatore vio una taza con agua dulce dentro de una casa, y entramos a probarla,
y cuando menos lo pensamos nos callo una mucchio cantidad de cosas encima y
nos vimos liberados hasta hace unos minutos, sin que nadie se diera cuenta - pío
la bella colibrí italiana, con un castellano más aceptable que el de su compañero
Salvatore, y un agudo tono de voz, que era simplemente comparable con una
composición de Vivaldi.
- ¿Podrías dirci donde estamos? - Pío algo interesado el otro colibrí.
- Estamos en la vereda la Capilla, cerca a Cachipay, en Colombia, sur América - se
quedaron con el pico abierto, al parecer no lo podían creer.
- Pero como hemos llegado tan lejos - pío la colibrí de plumaje casi blanco algo
desconcertada.
- No tengo la menore idea - pío desconcertado el otro colibrí.
- Bueno creo que deberían descansar después de un viaje tan largo, los invito a mi
nido, donde se podrán colocar mas cómodos para descansar - píe de manera
amigable para hacerlos sentir como en casa.
- Muchas gracias eres molto amable, pero no queremos molestar - pío la colibrí que
parecía un copo de nieve de manera amable con su encantador acento.
- No es ninguna molestia, ni mas faltaba, sería un honor para mi el recibirlos en mi
humilde morada - píe algo sonrojado si es que se podía notar por entre mi
plumaje.
- Bueno entonces in marcha, no perdamos el tempo - Pío Salvatore con ganas de
descansar.
- Listo, sigan me es por aquí - píe, y luego alce el vuelo en dirección a mi nido.

Sobrevolábamos el lago, hasta que píe:

- Creo que no nos hemos presentado formalmente. Mucho gusto soy Atolondrado –
pie algo nervioso aún.
- Molto gusto, Salvatore, un amigo piú - pío Salvatore con una sonrisa marcada en
su pico.
- Mucho gusto, Juliana - pío encantadoramente ella, que hasta me hizo perder la
concentración en el vuelo con su picaresca mirada y casi caigo en picada al lago,
de no ser porque alcance a reaccionar. cuando retome mi lugar. Estallaron en
carcajadas mis dos amigos italianos.

Al llegar al nido, se sintieron muy complacidos, y Salvatore lo califico como "dare il


benvenuto" algo así como acogedor, o que se siente bienvenido, según lo que le alcance
a entender con todo lo que farfulló después en italiano que no entendí muy bien. Se
acomodaron cerca a Agraciado, quien seguía en un sueño profundo, y al que se le
unieron mis amigos italianos.

Emprendí mi vuelo, luego de dejar acomodados a mis nuevos huéspedes en el nido, me


dirigía hasta el nido de Denise quien debería estarse preparando para darles la
bienvenida a tres preciosos colibríes bebes. Al aproximarme a su nido, me percate que
alguien estaba arribando al mismo, y al parecer era Iván, el futuro padre de sus retoños.
Aterrice en el nido y vi la cara de asustados que pusieron los dos.

- No se asusten, soy solo yo - píe despreocupadamente.


- Hay casi me matas de un susto atolondrado - pío con algo de ira Denise
- Solo quería venir a saludar.
- Discúlpame, pero es que en estos días ando algo histérica - pío un poco más
tranquila Denise.
- No te preocupes, yo entiendo que una futura madre este de este temperamento.
- ¿futura madre?, creo que andas algo atrasado en noticias mi querido amigo - pío
esta vez Iván, muy tranquilo y con un tono de alegría en su voz.
- ¿a si?, ¿de que me he perdido? - píe algo desconcertado.
- Míralo con tus propios ojos - pío Denise señalando hacia un rincón del nido que
me había sido indiferente. Allí yacían tres pequeños colibríes recién nacidos.
- Son hermosos como su madre - pío Iván dedicándole una mirada dulce a Denise,
que fue muy correspondida por ella.
- La mas pequeña se llama Marcia, la mediana se llama Lisa, y el que ves un poco
mas grande es Juan. Todavía son pequeños así es que su padre trae el alimento
necesario para ellos mientras yo los cuido - pío Denise mientras yo miraba
tiernamente a sus tres retoños. Eran hermosos, aunque a ninguno de ellos se les
notaba aún la fortaleza en sus alas, ni un plumaje definido, hasta ahora tendrían
una semana de nacidos, y seguían inspirando un gran sentimiento de ternura en
mí, como cuando aún eran unos pequeños huevecillos.
- Bueno Voy a traer un poco de néctar para los pequeños. no me tardo - pío Iván
antes de alzar el vuelo.
- Hay Denise déjame felicitarte, están hermosos tus pequeños.
- Pues claro, no ves que son hijos míos, tendrían que haber heredado algo de su
madre – pió con exceso de humildad Denise…
- Claro que si no lo pongo en duda, pero mira que ternura como Juan arropa a su
hermanita Marcia - pie mientras Juan echaba una pequeña hoja sobre su hermana
Marcia, que tiritaba del frío.
- Eso debió heredárselo a su padre.
- Hay prométeme que voy a ser el padrino de por lo menos uno de ellos.
- Claro que si tenlo por seguro.

Acompañe un poco más a Denise mientras que ella cuidaba de sus retoños, mientras que
llegaba a mi mente la razón de poder estar en este cuerpo, que era la de unir a como
diera lugar a Aneas y Josselin; llegaron a mi mente los pocos recuerdos que habían de las
veces que los vi juntos, con esa conexión tan interesante para mis ojos de humano, y tan
excitante para mis ojos de colibrí. Esperé, hasta que volvió Iván con su mirada dulce hacia
sus retoños, y deje a la familia de colibríes más hermosa que jamás hubiese visto antes.
Sobrevolé varias veces la capilla en busca de Aneas, no sabia con exactitud donde
buscar, así es que decidí aventurarme a mirar si estaba en algunos de los lugares donde
ya lo había visto en otra oportunidad. Ninguno de estos sitios habían sido favorables para
mi búsqueda, al parecer Aneas había abandonado la finca sin dejar ningún rastro, lo que
hacia más difícil mi búsqueda; aterricé en un árbol en Pax Christy, y me puse a pensar en
algún plan de búsqueda de Aneas, pero no se me ocurría nada, hasta que vi su bello
plumaje mono y sus bellos ojos verdes antes que me saludara:

- Hola Atolondrado, ¿cómo estás? - pío Anie de la manera que tanto me gustaba.
- Hola Anie, pues bien dando un paseo - píe algo nervioso.
- Hay yo estoy en las mismas, deberíamos dar el paseo juntos ¿no te parece?
- Claro es una buena idea - píe antes de levantar el vuelo para seguir a Anie, quien
volaba de una excelente y seductora manera, como recordaba que me volvía loco.
- ¿y por qué andabas tan perdido señorito? - Me pregunto ella.
- Pues haciendo unas cosas por aquí, otras por allá, tu sabes.
- mmm que extraño jeje, ¿sabes que eso es algo que me parece muy interesante de
ti?, el no conocerte, eres muy extraño.
- pío con una sonrisa picara al finalizar.
- me haces sonrojar.
- hay que lindo.
- Ya viste que hermosas flores hay en el sur de San Jorge, son deliciosas - píe para
desviar el tema de conversación.
- no, no las he visto, deberíamos ir.

Volamos unos cuantos minutos, bajo el resplandeciente sol que estaba en el cielo, hasta
que llegamos al lugar donde estaban las deliciosas flores en el sur de San Jorge.
Estuvimos jugueteando un rato sobrevolando las flores, cosa que me encanto, era
divertido estar acompañado por Anie, me sentía muy apegado a ella, y pareciera que se
me olvidaba por un momento todo, hasta que me dijo:

- ¿Recuerdas nuestra promesa?- pío Anie.


- ¿Cual promesa?
- que yo te ayudaba a buscar a ese tal Aneas y luego tú te dejabas sorprender con
algo.
- oh si lo recuerdo. Como pude olvidarlo.
- Pues si, eres un olvidadizo - pío haciendo un mohin.
- y ¿has pensado algo para encontrar a Aneas? - píe con interés.
- no, nada aún, pensé que tú tendrías algo en mente.
- Pues busqué en toda la finca, pero no hay ni el mas mínimo rastro de su paradero.
- Ese es un problema.
- Si ahora no se donde podemos buscar.
- Te propongo algo - pío incitando mi curiosidad.
- Dime.
- Pensemos esta noche en planes para buscarle, y mañana nos reunimos y
planteamos algo entre los dos ¿te parece?
- Si me parece. entonces nos vemos mañana aquí, a la misma hora.
- Estaré esperándote - pío antes de alzar el vuelo, dejándonos atrás a las flores del
sur de San Jorge y a mí.

Después de darme un festín entre las flores de San Jorge, volé hasta mi nido, en donde
aún estaban durmiendo Salvatore, y la bella Juliana, quien parecía un ángel recién caído
del cielo; sus bellos pómulos adornaban su perfecto rostro que inspiraba paz mientras
dormía. Me quede atontado unos cuantos minutos frente a ella observando su dulce
sueño, hasta intente tocarla, pero no podía, había una razón desconocida para mi que me
impedía hacerlo. Al parecer me había enamorado a primera vista de la colibrí italiana más
hermosa que jamás había visto.

JJMV

CAPITULO 20
LA PLANEACIÓN DE LA BÚSQUEDA DE ANEAS “UN PEQUEÑO PASEO”
Bogotá, 28 de Junio de 2010

Nuevamente el sol brillaba en lo más profundo del cielo, y aunque teníamos muchas hojas
de los árboles aledaños encima, se alcanzaban a colar por entre algunos agujeros, los
rayos del astro celeste.

Mis amigos italianos aún no se despertaban. Por lo que alcanzaba a ver su sueño era de
un nivel muy placentero. Juliana respiraba a un tiempo constante, no tan rápido, algo que
la hacía lucir maravillosa aunque simplemente dormía. Alce mi vuelo en dirección al lago,
tomaría un pequeño baño y me llevaría un tiempo para pensar en algún plan para la
búsqueda de Aneas.

Me posé a la orilla del lago, y comencé a mojar mis plumas, Recordé cuando caminaba
por la avenida Jiménez en el centro de la ciudad de Bogotá, los pequeños pozos de agua
ubicados en la acera adornando el paisaje citadino, en las mañanas veía posadas a varias
palomas tomando un baño, por eso creí que era correcto tratar de imitarlas, porque nadie
me había enseñado a bañarme como colibrí, por el hecho de que mi madre era humana, y
no tenía ni media pluma encima, pero al parecer me era fácil debido a que ya estaba
implícito en mi mente de ave, en mi instinto.

Mientras tomaba el baño pensaba, ¿cómo debería hacerle para encontrar a Aneas?
¿Acaso se lo habría tragado la tierra? ó ¿simplemente habría caído en una caja
accidentalmente, y habría terminado en Argentina u otro país, como le paso a mis amigos
italianos? no tenia respuesta acertada para ninguna de estas preguntas, pero lo que si
tenía muy claro, era que debía encontrarlo como fuera, y en donde fuera. Hasta que
llegue a la conclusión de que el baño le sentaba bien a mi mente, porque me llego una
idea. En la región, había varias mini colonias de colibríes en donde seguramente deberían
conocer en por lo menos una de estas a Aneas, y podrían darme una pista de su
paradero, ya la parte del convencimiento sería otra tarea en la que pensaría en el futuro.

Aún faltaba un poco para encontrarme con la bella Anie, por lo que mejor fui a tomar un
desayuno en el comedor principal de la capilla, en donde Emita acostumbraba a dejar
unos pequeños platos con agua dulce, que era muy sabrosa para nosotros los colibríes.
Alce el vuelo y pase por encima del corazón de Pafer, que había sufrido una serie de
temporadas de aseo, realizadas por los jóvenes que solían visitar la finca.

Aterrice en una de las mesas del comedor, en donde lucían los platos con agua dulce. Me
sorprendía como no estaba lleno de otros colibríes, teniendo en cuenta que en cada una
de las mesas había un plato con agua dulce. Me pose sobre una de las mesas, y
comencé a beber. Esta agua con azúcar en realidad era una excelente imitación del
néctar de las flores, no tanto como las rojas, pero si como una bella y hermosa flor
amarilla. Comencé a recordar nuevamente todos aquellos momentos en los que tuve de
frente a Aneas y Josselin, recordaba cómo era la mágica conexión que en los tiempos
actuales estaba perdida. Por mi mente pasaba como si fuera ayer el momento en el que vi
a Josselin volando con Denise, yo era humano, y cerca a mi oreja izquierda paso como un
flechazo con su imponente vuelo perfecto Aneas, dándole comienzo a la segunda
conexión visual que yo presenciara, que bellos recuerdos. Hasta que de repente, mientras
que yo seguía sumergido en mis recuerdos felices, escuche un piar de manera
ensordecedora y que me aturdió:

- ¡¡¡HOLA!!! - consecuencia del aturdimiento, perdí mi estabilidad y me caí de la


mesa, chocando fuerte contra el duro suelo.
- Hay no pensé que estuvieras concentrado, lo siento - pío Anie desde la mesa,
mirándome con sus lindos ojos verdes que me volvían loco.
- Por favor la próxima vez trata de no intentar romperme un hueso - píe
exageradamente.
- Lo siento amiguito, solo quería sorprenderte - pío ella con una sonrisa dibujada en
su bello pico.
- Pensé que nos íbamos a ver un poco más tarde – píe posándome sobre la mesa
aun adolorido.
- Bueno yo pensé lo mismo, pero te encontré aquí cuando venía a tomar un poco de
esa agua dulce que tanto me gusta – pío ella de manera encantadora.
Simplemente no sabía cómo le hacía para siempre estar de ese buen semblante
conmigo, aunque ahora ya no era tan dura como lo era al principio.
- Pues bueno entonces ¿se te ha ocurrido algo para encontrar a Aneas? – pregunté,
adelantando nuestra reunión.
- Pues la verdad no sé, yo veo que ese personaje ya va lejos de la capilla, por lo
que se me ocurrió que deberíamos contactar a los patos silvestres, ellos en estos
días estarán de paso por aquí, y podrán llevar nuestro mensaje para cuando
pasen por otros lugares más lejanos, y tal vez así podamos encontrarlo más
rápido.
- muy interesante eso, no sabía lo de los patos silvestres. A mí también se me
ocurrió un plan, sé que cerca a la finca hay más nidos de colibrí, en especies de
colonias, como la que tenemos nosotros cerca al lago, con tu nido, el de Denise, el
de Josselin, el que era de Iván, y el mío. Aneas tuvo que haber vivido o haber
tenido contacto con alguno de los colibríes que viven cerca a la capilla, por lo que
de pronto podrían darnos razón de su paradero, ¿no te parece?
- Pues me parece que podemos llevar a cabo los dos planes mi bello Atolondrado.
Pero debemos estar pendientes de los patos silvestres, porque ellos paran por
poco tiempo, por lo que veo será adecuado pedir ayuda a los canarios, ellos tienen
amigos entre los patos y nos avisaran cuando lleguen. Por otro lado, que te parece
si mañana temprano hacemos el viaje, porque hoy tengo que ir hasta el ocaso,
tengo una cita allá, a la que no le puedo dar más espera.
- Listo está bien me parece, vallamos mañana a visitar las colonias vecinas de
colibríes – píe un poco más alegre por tener ya por lo menos un plan en marcha.
- Esta bien mi Atolondrado, voy hasta San Jorge a avisar a los canarios que viven
allá que nos digan cuando lleguen los patos silvestres, y luego me voy. Nos vemos
mañana, cuídate – pío ella dándome lo que en el mundo humano seria un beso en
mi pómulo derecho, y se sentía como tal.

Se me ocurrió que antes de llegar a mi nido, podría tener un detalle con mis amigos
embajadores de Italia en nuestra colonia. Así es que pensé en llevarles dos flores
rojas de las que había detrás de la cocina de Emita. Alcé mi vuelo, y me dirigí hasta
las flores rojas; estando allí trate de cortar el tallo de la flor, en un punto cercano a la
cabeza de esta, cuando de repente escuche tras de mí una voz muy dulce y
encantadora, en la que sin duda cualquier ser podría perderse sin pensarlo ni una sola
vez:

- Buon giorno – pío encantadoramente la hermosa Juliana.


- Buenos días ¿cómo amaneces? – píe estúpidamente arrastrando las
palabras, debido a su presencia.
- Bien, tu Nido es muy cómodo sabes
- Me agrada que hayas dormido bien. Cuando me levante esta mañana y te
vi durmiendo tan placenteramente, preferí Salir en silencio para no
interrumpir tu placentero sueño – píe ignorando que en el nido también
había dormido Salvatore.
- Qué pena incomodarte, pero no te preocupes nosotros nos vamos hoy
mismo, y si es preciso construiremos otro nido.
- Eso no es necesario, para mí no son una molestia, hasta me agrada su
compañía, no todos los días tengo el honor de tener a dos colibríes
extranjeros en mi nido.
- Ma noi no queremos incomodar, la verdad si sería justo que pensáramos
en hacer otro nido.
- Como ustedes se sientan más cómodos, pero eso si, en mi nido son muy
bien recibidos.
- Eres molto amable.
- Gracias – píe sonrrojado – entre otras cosas, veo que no conoces la
región, así es que se me ocurre que podríamos ir a dar un paseo por el
lugar, para que lo conozcas y puedas disfrutar de la variedad de néctar de
flor que hay en la finca.
- Me parece, entonces señor guía ¿A dónde vamos?
- Déjate sorprender – píe en tono picarezco alzando el vuelo esperando a
que ella me siguiera.
Su vuelo era encantador, el estilo y glamur que le imprimía a su andar, definían su
esplendido estilo único en la capilla, tanto así que no podía concentrarme del todo en mi
vuelo, haciéndole reverencia a mi nombre una vez más, al estrellarme con una gran hoja
de una de las matas de plátano cercanas a Pax Christy.

JJMV

CAPITULO 21
EL INICIO DE UNA NUEVA HISTORIA “EL APEGO A ESTE MUNDO”
Bogotá, 11 de agosto de 2010

El golpe había sido demasiado duro, me salió un diminuto chichón arriba de mi ojo
derecho, y sentía como retumbaba el golpe en mi cabeza, al parecer no me había
estrellado contra la hoja, sino contra el tronco, pero no me había dado cuenta por
concentrarme tanto en la colibrí más hermosa que se había robado mi corazón.

Juliana se acercó rápidamente, y de inmediato me pregunto:

- ¿Estas bien? – note su tono de preocupación, y eso me hacia sentir como


si no hubiese pasado nada.
- Creo que si, pero me duele mucho la cabeza.
- Pues como no te va a doler la testa, si no te concentras cuando vuelas,
será mejor que te concentres más – pío preocupada ella, mientras yo
simplemente parecía estar llegando al cielo en sus brazos.
- Bueno voy a tratar de hacerlo, porque, aún no llegamos – píe alzando el
vuelo de inmediato, seguido por Juliana.

Después del golpe, mi habilidad de vuelo mejoro, pero aún seguía algo desconcentrado,
pero esta vez era porque estaba llegando a mi nariz un dulce aroma que no conocía, algo
que me volvía loco, me estaba asfixiando placenteramente en el aroma que provenía de
Juliana, que era cálido, pero a la vez delicioso. Ese olor, hacia que mis ojos se cegaran
por un momento, y que mi mente se centrara en un solo punto. Era indescriptible, me
hacia sentir como si de repente las preocupaciones no fueran una complicación mayor,
aunque fuesen de vida o muerte. Su olor no era fuerte, tenía la medida perfecta, lo que
hacia que mis sentidos lo percibieran como si fuera el olor de las rosas en la mañana
soleada en un rosal en el que se puede ver el principio, pero no el fin. Aunque pude
concentrarme esta vez mucho más que la anterior, y ahora mi mente se centraba en tan
sólo disfrutar de cada segundo que pasaba mientras que estaba al lado de Juliana, quien
parecía disfrutar el vuelo a mi lado.
Llegamos pronto a la entrada a San Jorge, cerca a la casa de Belén, cuando Juliana me
dijo:

- Hay mira esas flores tan hermosas – pío ella descendiendo hasta las vías
del viejo ferrocarril que pasaba por hay cerca en la finca, y después de
probarlas pío – también son sabrosas.
- Me gusta que te encante el néctar de las flores colombianas.
- Hay si, son deliciosas, no te imaginas cuanto, pero prueba una – pío ella
extasiándose con el dulce sabor del néctar.
- Oye si tienes razón, que delicia – píe después de probar una flor roja,
imaginando que era Juliana, esa Colibrí por la que daría todo, así ella no
me diera ninguna señal de afecto más allá de una bonita amistad.
- Ya me las acabe todas – pío ella con una dulce expresión en su rostro
lucido, que me dejo atónito, al ver una belleza jamás imaginada.
- No te preocupes, yo se donde deben de haber más, sígueme.

Nos dirigimos hacia la capilla, en donde seguramente habría dos floreros que usualmente
dejaban allí cuando se celebraba la eucaristía. Pasamos por encima de las gallinas de
Belen, quienes esta vez estaban picoteando por ahí, buscando su alimento.

Nos quedamos estáticos cuando llegamos al frente del gran ventanal que estaba de tras
del altar de la capilla, miramos hacia dentro, y vimos como se quedaba vacía porque ya
había terminado la eucaristía. Entonces dije:

- Sígueme, siempre he querido entrar por aquí a la capilla – píe


emprendiendo el viaje hacía la campana de la capilla, por donde íbamos a
entrar. Después de estar dentro, nos dirigimos hacia los floreros que
estaban uno a cada lado del altar central, y entonces vi como jugueteaba
ella en las flores que estaban en el florero del lado derecho del altar.
- Wow, estas también están deliciosas – pío zaceándose con el delicioso
néctar de las flores de la capilla.
- Nunca había venido hasta estas flores – píe con lo que seria una sonrisa
dibujada en mi pico, viendo como ella jugueteaba alrededor de las flores,
probando una que otra, hasta que ella pío.
- Hay, ya estoy llena, ¿tu no quieres probar? – pío ella.
- Solo si me acompañas – píe sonrojándome.
- Claro que sí – pío ella de manera amable. Luego comenzamos los dos a
juguetear, era simplemente la experiencia de mayor felicidad que había
tenido en este mundo, la belleza sin igual de Juliana que se acentuaba
cuando le hacia cosquillas muy cerca de su buche, hacia del momento aún
más especial, pero lo que mas aportaba, era sin duda el amor profundo
que sentía por ella, el que nunca había sentido ni siquiera por una mujer en
mi anterior mundo, a pesar que hacia poco la conocía, pero pensaba que el
hecho que hubiese llegado a la Capilla desde Italia no era una mera
casualidad, el destino nos tenia el encontrarnos.
De repente ella miro por una de las ventanas y luego pío seguido de una mirada dulce,
adornada por su bello lunar en el pómulo izquierdo, que me dejo atontado – sígueme…

Hice caso alzando mi vuelo, y atravesando el ventanal por el que había salido ella. No
hablábamos, simplemente volábamos hacia la cancha de fútbol en donde había visto la
caída de Josselin, después de la embestida que le propino Samuel. Cuando de repente
ella aterrizo bajo la sombra de un gran árbol que comenzaba a perderse, en la que se
evidenciaba que estábamos cerca de la noche. Aterrice junto a ella, y me di cuenta que
estaba mirando dos pequeñas cintas que en el mundo humano serían catalogadas como
manillas, una de ellas tenia un color vino tinto con unas manchitas de color beige. La otra
cinta, tenia los colores invertidos, pero en lo demás era exactamente igual a la primera.
las observaba, sin pronunciar ni la mas mínima palabra. Hasta que finalmente pío:

- In Italia, tenemos los colibríes una tradizione muy especiale. Cuando un


colibrí ha llenado a otro, y se ha mostrado tan bello como tu lo has hecho
conmigo, el colibrí con el que se han portado bien, o sea en este caso yo,
le regala algo al otro colibrí, o sea tu, para que él lo cargue a todas partes
donde valla recordando los bellos momentos vividos, de igual manera,
quien regala también se queda con algo y las dos piezas deben estar
conectadas entre si por unas palabras in italiano. Así es que – hizo una
pausa, mientras que tomaba la primera cinta, y se disponía a anudarla en
mi ala izquierda, y luego tomo la otra cinta, la de los colores invertidos, y
me la entregó, para que me dispusiera yo también a anudarla en su ala
derecha y pío – tu debes colocarme esta cinta, y yo a ti esta otra, pero
primero repite después de mi – asentí con la cabeza.

- per quest'oggetto – pío en un tono sereno, y una gran sonrisa en su pico la


hermosa Juliana.
- per quest'oggetto – píe repitiendo con mucha emoción lo que ella decía,
pero sin entender lo que decía.
- uno il mio spirito a questa persona – pío
- uno il mio spirito a questa persona – repetí
- per bene e per male.
- per bene e per male.
- finché è la volontà di Dio.
- finché è la volontà di Dio.

En ese momento, ella anudo la primera cinta en mi ala izquierda de manera que no
incomodara mi vuelo. Pensé que debía hacer lo mismo, por lo que también anude a su ala
derecha la cinta de manera que no le incomodara, simplemente era un adorno a su
belleza incontenible, a ese poema escrito por la mano de Dios que se resumía en su
nombre, Juliana. Y luego ella dio por terminado el ritual, dándome un gran abrazo, y lo
que sería un beso en el pómulo derecho, muy cerca a mi pico; no podía contener a mi
cuerpo, estaba temblando sin control, muy nervioso, tanto así, que estaba sudando frío, y
Juliana pareció notarlo, pero simplemente reaccionó con una sonrisa picaresca de esas
que me encantan tanto.

- Espero que podamos seguir saliendo a beber néctar de flor mas seguido, y
te agradezco mucho por mostrarme este hermoso lugar, del que no me
quiero ir – pío ella con una gran sonrisa en su pico, al parecer la finca la
capilla era mucho más de lo que ella imaginaba.
- Claaarooo quuuueeee siiiii – píe nerviosamente arrastrando algunas
palabras, aún bajo los efectos de la mejor experiencia acontecida en mi
corta vida de colibrí.
- Bueno ya es tarde, será mejor que nos vallamos al nido antes de que
anochezca – pío ella mirándome aún con su gran sonrisa dibujada en su
pico, mientras yo hacia un gesto con el que parecía asentir lo que decía.

Fijamos nuestro rumbo hacia el nido, aunque yo no podía controlar muy bien mi vuelo,
debido a que aún estaba atontado con el acto tan especial en el que acababa de
participar; cuando sobrevolamos el lago, me perdí en sus ojos negros, llenos de dulzura, y
armoniosa tranquilidad. El viento era ahora menos fuerte, ya estábamos en Septiembre, el
mes con el grado mas alto de amor y amistad, y eso era lo que podíamos respirar en esta
inolvidable tarde en la capilla, amistad, y un profundo sentimiento de amor.

JJMV

CAPITULO 22
LA BUSQUEDA “LA MAMÁ DE ANEAS”
Bogotá, 30 de octubre de 2010

Era otra soleada mañana de Septiembre, el mes más especial del año para mí, ese que
me hacia sentir como nuevo, con un horizonte diferente por conquistar, y es que en
ninguno de estos treinta días podría estar triste.

Debía ir al encuentro de Anie, para que fuéramos a los nidos cercanos de colibríes a
preguntar si en alguno de ellos sabían algo del paradero de Aneas. Mire hacia donde aún
dormía la colibrí más bella del mundo, o que por lo menos para mi lo era, y tenia dibujada
una expresión de alegría bastante peculiar, con una sonrisa que me hacia recordar el
cálido día anterior. Me disponía a alzar el vuelo, cuando de repente me llamo una voz de
adentro del nido:

- ¿Per dove lei va? – pío aún medio dormido Salvatore.


- ¿Cómo? – píe sin entender aun el italiano de este colibrí.
- Que ¿per donde vas? – pío el con algo de histeria.
- Quede de encontrarme con una amiga para ir a dar un paseo, pero no te
preocupes, quedas en tu casa, puedes seguir descansando si así lo
prefieres.
- Esta bien, parlamos luego.

Emprendí mi vuelo hacia el nido de Anie, quien ya se disponía a buscarme.

- Buenos días – píe de manera amable.


- Hola, ¿cómo estás? ¿dormiste bien? – pío ella con una gran sonrisa
dibujada en su pico, al parecer por verme.
- Muy bien, dormí como un colibrí recién empollado, y tú ¿ya estas lista para
comenzar?
- Claro que si, solo que antes de arrancar me apetece un poco de alimento,
¿me acompañas? – pío ella
- Me parece, vamos a Pax Christy – píe, y luego emprendí el viaje, seguido
por Anie, quien seguía volando de manera encantadora, pero que no podía
borrar de mi mente la imagen del vuelo de la colibrí de plumaje claro que a
veces parecía un pequeñito copo de nieve, que me había dejado
imprimado desde el primer momento en que la vi.

Mientras que nos dirigíamos a Pax Christi, Anie no me quitaba la mirada de encima, y
presentaba en ella, un sin numero de interrogantes que al parecer eran sobre mi. Pero
esto no era algo que podía cambiar la felicidad que habitaba en mi corazón, eso que me
hacia tener la mirada en el horizonte, y una sonrisa en mi pico.

Paramos en unas flores color naranja aledañas a la piscina de agua natural en Pax
Christy, y comenzamos con nuestro festín. Anie comenzó a juguetear en unas flores al
norte de la piscina, mientras que yo miraba, luego me aventure a seguirla, y comenzamos
a juguetear los dos. Me sentí muy bien con ella, y de repente me pregunte ¿cómo podría
ser esto, si también me sentía muy bien cuando estaba con Juliana?, al parecer estaba
entrando en un pequeño triangulo afectuoso en el que me sentía muy bien, pero que tenia
que romperse para no hacerle daño a nadie.

Bebimos néctar, hasta que quedamos repletos, con el peso que apenas podían llevar
nuestras alas. Encaminamos nuestro rumbo hacia las fincas que limitaban con la capilla al
otro lado de la quebrada, porque era donde seguramente encontraríamos alguna pista de
Aneas, ya que siempre se le veía cerca a Pax Christy.

Pasamos la quebrada, y en la primera finca que visitamos solo encontramos un nido de


colibríes, estaba en un árbol de aromática que estaba al lado derecho de la casa, muy
cerca a la quebrada. Por el momento se encontraba vacío, por lo que pensamos que los
habitantes de este nido estarían fuera, así que decidimos volver después. Nos
adentramos un poco más alejándonos de la quebrada y Pax Chrysti, y pasamos a la
siguiente finca, allí en el primer árbol nos topamos con un nido de colibríes habitado.
Había dos colibríes de un color verde, una con la punta de su cola azul, y el otro con su
cola del mismo color verde de todo su cuerpo.

- Buenos días – pio Anie encantadoramente a estos colibríes.


- Buenos días – piaron al unísono los dos colibríes.
- Mucho gusto mi nombre es Anie, y este es mi amigo Atolondrado,
esperamos no interrumpirlos – pio ella despreocupadamente.
- No, no interrumpen, pero sigan y coméntenos el motivo de su visita – pio el
colibrí de la cola verde.
- Gracias, son muy amables – pie agradecido pero con un tono nervioso, era
mucho mejor que Anie siguiera con la vocería, porque si la tomaba yo, de
seguro no obtendríamos el paradero de Aneas.
- Tenemos un amigo que hace rato no vemos y nos tiene preocupados, no
sabíamos exactamente donde vivía, pero frecuentaba mucho la finca que
esta al otro lado de la quebrada, es alto, y tiene el copete parado, de
casualidad ustedes saben algo de él, ¿quizás lo conocen?
- Pues últimamente no hemos podido frecuentar mucho con nuestros
vecinos, porque como se podrán dar cuenta, estamos esperando unos
pequeñuelos – en ese momento señalo bajo su compañera y nos dimos
cuenta de los dos pequeños huevecillos que estaba empollando – por lo
que hemos estado algo ocupados. Lamento no poder ayudarlos, pero si
siguen más hacia allá – apunto con su ala derecha hacia la profundidad de
un pequeño bosque un poco más alejado de la capilla – de seguro
encontraran más nidos de colibríes, porque en otra dirección no habrá más
de nuestra especie.
- Muchas gracias señor, es usted muy amable, espero que sean dos
hermosos colibríes esos que están esperando.
- Muchas gracias, hasta luego – pie alzando el vuelo tras de Anie quien
volaba a gran velocidad en la dirección que nos habían indicado.

Mientras íbamos volando de repente Anie me dijo:

- De razón Aneas tenia que ir hasta la capilla, ya te fijaste, por aquí no hay
una flor que valga la pena como en La Capilla, pobrecito antes no se murió
de hambre – pio con un tono de desagrado
- Pues démonos por bien servidos, porque tenemos flores exquisitas en La
Capilla.
- Si, es cierto, esperemos que estos colibríes no se den cuenta para que
sean solo para nosotros – pió ella de manera envidiosa, cosa que no me
gustó.

Apenas llegamos a la siguiente finca, Anie se dirigió a un nido que se veía llevaba un
buen tiempo en ese lugar. En su interior había dos colibríes ancianos, pero que me hacían
sentir confiado, era como si los hubiera visto antes, como si ellos tuvieran algo que
decirme. Era raro.

- Buenos días – pie de manera amable pero aun un poco nervioso


- Buenos días – pio Anie algo agotada.
- Como están – nos respondió la colibrí anciana poniéndose en pie frente a
nosotros – ¿en que los puedo ayudar?
- Gracias señora, lo que pasa es que estamos buscando a un amigo nuestro
que hace un tiempo no vemos y nos tiene preocupados, no sabemos
donde vive exactamente, pero es cerca a este lugar. Como le digo hace ya
un tiempo que no lo vemos, y nos urge encontrarlo, una amiga lo necesita.
Él es alto, tiene el copete parado – pio Anie
- Y tiene unos profundos y hermosos cristalinos ojos negros – agregue
siendo consiente de que Anie no le había visto directamente a los ojos y no
sabia de su hermosura. La colibrí intercambio miradas de Anie a mi, y de
mi al que suponía era su compañero que estaba dormido al otro lado del
nido, hasta que de pronto se aventuro y nos dijo:
- Ese al que ustedes buscan, por la descripción que me hacen, es mi hijo.

JJMV

CAPITULO 23
LAS MAMÁS “EL AMIGO DE ANEAS”
Bogotá, 27 de Enero de 2011

Quedamos atónitos con Anie, era algo increíble. La mamá de Aneas estaba frente a
nosotros, de seguro ella sabría donde podríamos encontrarlo. Lo que no me gusto, fue la
faceta que tomo su rostro precisamente después de decirnos que era la mamá de Aneas.
Expresaba tristeza, preocupación, lo que me revelaba que tal vez no nos diría donde
estaba porque no lo sabía, y ni pensar que era lo único que yo quería saber.

- ¿le pasa algo? – pregunto Anie con preocupación en su rostro.


- No, no es nada, lo que pasa es que yo también ya hace algún tiempo que
no veo a mi hijo, y eso me tiene muy triste – Pío ella con algunas lagrimas
en su rostro.
- Tranquilícese, de seguro si nos unimos para buscarlo lo encontraremos
más rápido – pío Anie de manera consoladora.
- Eso es verdad, si unimos fuerzas de seguro lo encontraremos más rápido –
píe con fuerza pero algo poco desilusionado.
- No, yo no puedo abandonar mi nido, Alcides mi esposo esta muy enfermo,
y yo no lo puedo abandonar, debo cuidarlo – pío la mamá de Aneas
limpiándose las lagrimas de sus ojos.
- Bueno, no se preocupe, nosotros lo seguiremos buscando. Pero si
necesitamos que usted nos ayude con, no se, tal vez él tenía algún amigo
con el que se la pasara mucho, y que tal vez pueda ayudarnos con el
paradero de su hijo – pío Anie de una manera muy profesional.
- Bueno pues él se la pasaba mucho con un muchacho del nido de al lado,
creo que se llama Beni, tal vez sepa para donde se fue – pío de manera
más tranquila.
- Pero señora, usted se ve débil, ¿si se ha alimentado bien? – pregunte
pensando aún en el paradero de Aneas.
- Bueno pues no he podido salir hace dos días, no puedo dejar a Alcides
solo, y el que venia a ayudarnos era mi otro hijo, Pedro, pero tubo que
hacer un viaje y no hemos podido salir – pío con poca fuerza.
- Bueno señora, entonces mi amiga Anie la va a acompañar para que vallan
y beba algo de néctar de flor, y le traiga algo a su esposo, yo me quedaré
con él, por si algo llega ha suceder, ¿le parece? – píe seguro, y queriendo
ganar un poco de tiempo para pensar.
- Si, me parece, pero le recomiendo mucho a mí esposo – pío ella antes de
que Anie alzara el vuelo hacia unas flores, que aunque no se veían muy
jugosas, estaban allí cerca y de donde podrían conseguir suficiente néctar
para la señora y su esposo.

Mientras tanto, yo me quede en el nido, observando a Alcides, el padre de Aneas, quien


yacía tendido en lo que parecía una añoranza por la desaparición de su hijo, lo que me
recordaba el estado de Josselin, quien en estos momentos seguía perdida en el recuerdo
sordo de Aneas.

Me senté al costado opuesto de Alcides, y me puse a recordar todas aquellas cosas que
había visto como humano entre estos dos colibríes. Y de repente, llego un vago recuerdo
a mi mente, uno que me hacia muy feliz, que aunque parecía imposible estaba
sucediendo, y aunque quisiera evitarlo me desviaba del objetivo de encontrar pronto a
Aneas. Era el recuerdo del más mágico momento que había vivido como colibrí. El muy
grato instante que viví el día anterior con la colibrí más bella que jamás hubiese visto en
este mundo, la Italiana Juliana, esa que ahora me estaba robando el corazón, que me
hacia perder la concentración de cualquier cosa que estuviese haciendo. Me preguntaba
que estaría haciendo en ese mismo instante, aún debería estar dormida, o ya estaría
pensando en hacer un nido, que era todo lo que menos quería yo, que se fuera para otro
nido con su amigo Salvatore, quien era un gran tipo.

Cerré un instante mis ojos, y de repente llegaron a mi mente unas imágenes del mundo
humano. Vi a muchos de mis amigos en ese mundo en el cuarto del hospital en el que me
tenían internado por el coma que estaba sufriendo. A mi lado derecho estaba mi mamá,
esperando porque pronto despertara. Bajo sus ojos habían dos bolsas grandes, que
dejaban en evidencia el sufrimiento que estaba sintiendo por lo que podría ser la pérdida
de su hijo. Me dolió mucho verla así, ver que por mi culpa su mundo se estaba
derrumbando, que ella daría lo que fuera porque la situación fuera al revés y la del coma
fuera ella. Pero eso no podía suceder, y lo único que ahora podía hacer yo, era encontrar
pronto a Aneas, y juntarlo con Josselin, quien ahora lo seguía extrañando; en el cuarto del
hospital, a mi lado izquierdo estaba Carlos, con su expresión inescrutable, cumpliendo la
promesa que le había hecho a su loco pero bohemio amigo, quien pensándolo bien no se
encontraba en sus cabales al provocar todo esto, y causar tanto daño a sus seres
queridos. Él trataba de no participar mucho en la escena, tan solo veía como mis amigos
de la pastoral de la universidad, en compañía del padre Juan Guillermo, compartían una
oración por mi pronta recuperación.

De repente, el cuarto se hizo nebuloso, y luego apareció el rostro de Juliana ocupando


todo mi campo de visión, distendiéndose en su cara, esa amplia sonrisa que era adornada
por ese lunar en el pómulo izquierdo que tanto me gustaba. Trate de tocarla, pero me fue
imposible. Cada vez que me acercaba más a ella, la sentía más lejos, pero la veía más
hermosa. Sus delgadas pero delicadas piernas no estaban tocando el suelo, por lo que
sus alas estaban extendidas a sus anchas, revelando en su ala izquierda la manilla que
yo le había colocado. Lo único que pude hacer fue quedarme observando el espectáculo
de su belleza, hasta que ella me guiñó un ojo, y sonrió. Luego escuche la voz de Anie
interrumpiendo mi sueño.

- ¡¿Mucho sueño?! - Pío algo irritada ella, quien volvió acompañada por la
mamá de Aneas, y un colibrí de plumaje moreno pero del mismo tamaño
de Anie, al que yo no conocía.
- Ha, lo siento, es que me quede dormido mientras acompañaba al señor
Alcides – píe algo soñoliento.
- Bueno ya no importa. Pero mira, te presento a Beni, aprovechamos nuestra
salida a beber néctar para pasar por su nido, y pedirle su ayuda.
- Mucho gusto, Beni – pío el colibrí moreno que llego con Anie, y la mamá de
Aneas.
- Mucho gusto, Atolondrado – píe ya más despierto, y observándolo de
arriba a bajo.
- Ya le he comentado de nuestra misión, y ha aceptado ayudarnos con
nuestro cometido – pío con una sonrisa dibujada entre sus pómulos Anie.
- ¡Que bien! Espero entonces que lo encontremos pronto – píe fingiendo una
sonrisa también, por el hecho que mi mente aún seguía en aquel hermoso
sueño, observando esa hermosa colibrí que ahora me alegraba la
existencia… - pero bueno, ¿usted sabe de su paradero en este momento?
– pregunté en una faceta más seria y directa.
- La ultima ves que lo vi, estaba subiendo a lo que los humanos llaman, un
automóvil, uno que usualmente esta en la finca de al lado. Creo que dijo
que se quería ir para no sufrir más por yo no sé qué. Me pidió que lo
acompañara, pero a mi me gusta mucho este lugar, y no quería dejarlo por
una aventura que de seguro no tendrá éxito – pío Beni, regalándonos una
valiosa información.
- ¿y porque no lo detuvo? – farfulló histérica la mamá de Aneas.
- Creo que sería más fácil que uno de nosotros detuviera un águila, antes
que ese testarudo me hubiese hecho caso. Pero bueno sé que lo que hizo
no estuvo bien, y por eso quiero encontrarlo, para traerlo de vuelta – pío
Beni con mucha sinceridad en su rostro, lo que me dio confianza en el.
- Bueno, no creo que sea buena idea comenzar a discutir, no es bueno para
su salud señora – pío con una dulce voz Anie.
- Tiene razón – pío Beni con una mirada perdida en los ojos verdes de la
bella Anie, por lo que veía, ella se había ganado un admirador.
- ¿De casualidad le escuchó a los humanos para donde se dirigían? – píe
interesado, ignorando las miradas de Beni hacia mi bella amiga.
- O si, dijeron que iban para un lugar que tiene que ver algo con un palo –
pío Beni, volviendo a la conversación después de la dedicatoria de una
serie de miradas hacía Anie.
- ¡¡¡PEDRO PALO!!! – grité, aturdiendo a mis acompañantes.
- Si, ese lugar es para donde iban – pío después de reponerse Beni.
- ¿Conoces ese lugar? – me preguntó Anie algo desconcertada.
- Es una larga historia que te contaré en otro momento. Pero lo importante
ahora es llegar a Pedro palo. Tal vez podamos colarnos en alguno de esos
autos humanos – píe fingiendo el no saber la función de estos medios de
transporte.
- Si, es lo que debemos hacer, ¿nos acompañarías Beni? – pío a manera de
coqueteo fingido Anie.
- ¡Claro que si! – pío Beni, antes de derretirse ante los pies de mi bella
amiga.
- Bueno entonces debemos averiguar cuando alguno de los humanos de la
finca de al lado viaja a Pedro palo, para colarnos en su carro – píe con la
ilusión de encontrar pronto a Aneas.
- Me parece, y señora – pío en dirección a la mamá de Aneas – no se
preocupe le aseguro que apenas lo encontremos se lo traemos de regreso,
para que esté con usted como es debido – pío Anie.
- Claro que si, yo mismo me encargo de traerlo a rastras si es que no quiere
volver – pío Beni fingiendo una preocupación, pero que lo único que quería
lograr era impresionar a mi bella amiga, que no era para nada fácil.
- Muchas gracias por todo señora, estaremos visitándola para ayudarle con
su marido, y para que pueda beber algo de néctar – pie agradecidamente a
la que esperaba fuera la futura suegra de Josselin.

Alzamos el vuelo con dirección a la capilla, para averiguar si alguien viajaría a Pedro palo
en los próximos días. No fue difícil mantener la velocidad de vuelo, gracias a que Beni
quería impresionar a Anie con su protuberante cuerpo, lo que hacia que ella volara más
despacio, no por que le estuviera prestando atención, sino porque se atravesaba mucho
en su camino y debía disminuir la velocidad para no estrellarse; mientras Beni cortejaba a
mi bella amiga, yo sólo pensaba en lo que debería estar haciendo en este momento la
hermosa Juliana. Ya me estaba preocupando. No podía de ninguna manera sacarla de mi
mente. Era un pensamiento demasiado fuerte que había desarrollado en cuestión de días.
Lo que me preocupaba era que tal vez podría apartarla de mí si le rebelaba mis
sentimientos. Era un miedo horrible, pero tendría que manejarlo si quería seguir
compartiendo con ella.

Llegamos a los límites entre los caseríos y Pax Christy, y continuamos nuestro camino
hacia la capilla. Beni lucia algo preocupado, porque su estrategia no estaba surtiendo
efecto. Anie no le estaba prestando ni la más mínima atención. Este jugueteo ya
comenzaba a animarme, porque eran muy graciosas las caras de impotencia que
colocaba Beni después de cada cortejo fallido.
Llegamos al comedor de la capilla, y vimos como salía el padre Juangui en compañía de
Brandon, uno de mis amigos de la pastoral de la universidad. Al parecer, iban a caminar
un poco después de una merienda, y de pasadita a tener una de esas conversaciones del
padre Juangui, esas en las que tanto se puede aprender; les avise a mis compañeros
colibríes que los siguiéramos, porque el padre le gustaba viajar a Pedro palo. Los
seguimos muy de cerca sin rebelarles nuestra presencia, hasta que por fin llegaron a la
orilla del lago, y conversaron plácidamente. Por lo que lograba escuchar, mi amigo
Brandon tenia problemas con su actual novia, y quería pedirle al padre Juangui que le
guiara por el camino correcto.

Escuchamos aproximadamente media hora de su conversación hasta que Anie pío:

- Aquí no vamos a lograr nada, mejor vallamos a buscar a otros humanos


que si vallan a viajar a ese lugar Pedro palo.
- Vallan ustedes si quieren, yo sé que el padre viaja seguido a Pedro Palo –
píe, seguido del vuelo de Anie de vuelta a la comedor de la capilla,
acompañada por Beni, quien no se le apartaba para nada.

Seguí escuchando detenidamente la conversación que tenían estos dos, hasta que
comenzaron a hablar en un matiz más piano, por lo que no lograba escuchar nada. Sin
darme por vencido decidí acercarme, rebelándole mi posición al padre Juangui, quien me
miró con una sonrisa de oreja a oreja, y diciéndole a Brandon algo como “mira que
diminuto pajarito”. Decidí acercarme más, hasta que vi como el padre estiraba su mano
derecha en señal de invitación a posarme sobre ella. Dude en hacerlo, y fingí distraerme
en una flor cercana que no se veía apetecible. Mientras tanto, el padre le alcanzo la
cámara fotográfica a Brandon, para que me fotografiara. Seguía dudando si debía
acercarme, me podrían atrapar, pero tratándose del padre, de seguro me dejaría libre
después de regalarle una bonita experiencia; vi como el padre minuciosamente se acercó
a una pequeña flor naranja que estaba muy cerca al césped, y la arrancó y sostuvo en su
mano para que yo me acercara a beber un poco de néctar. Trate de fingir que no me
interesaba la flor, pero ignoraba que estaba sediento, y me apetecía el néctar que
contenía. Fue ahí en donde tome la decisión de acercarme, y me pose frente a la flor que
tenía el padre especialmente para mí. Comencé a beber y beber del néctar, observando
también la cara de felicidad del padre. Creo que en todos sus años de venir a la capilla,
nunca había tenido una experiencia como esta. Era mi regalo para él, por todos sus
buenos consejos, por preocuparse, por portarse conmigo como todo un papá cuando era
necesario; al frente de nosotros estaba Brandon atónito porque no creía aun lo que estaba
pasando. El padre le hizo una seña para que se despertara y nos tomara fotos, que fue lo
que hizo inmediatamente. Ya se estaba acabando el néctar de esa flor, por lo que estaba
atento a mi retirada, cuando de repente escuche como el padre le decía a Brandon:

- El otro día me encontré con una de estas extraordinarias aves, estaba en


Pedro palo, por los lados de la catedral, pero era más esquiva que este
pequeñín.
- Que bien padre, como que a usted lo quieren mucho estas aves – dijo
Brandon a manera de cumplido.
- Pues eso parece. Y esto me da una idea para tu pequeño discernimiento
¿tu no conoces Pedro palo verdad? – dijo interesadamente el padre.
- No, nunca e podido ir – dijo Brandon seguido de un Mohín.
- ¿Te gustaría ir el próximo fin de semana conmigo? – dijo el padre.
- Claro que si padre, yo quiero ir – dijo Brandon con un brillo inocente en sus
ojos.
- Listo, pero primero tenemos que venir a la capilla, porque hay que llevar
una loza que hace falta a Pedro palo – Dijo el padre finalizando con una
sonrisa en su cara.

Eso era todo lo que necesitaba saber, el padre viajaría el próximo fin de semana a Pedro
palo, y de seguro ahí estaríamos con mi amiga Anie, y porque no, con la bella dueña de
mi corazón Juliana; me terminé el néctar de esa flor que tenia el padre, por lo que me fui
volando hacia la cocina de la capilla observando la sonrisa de satisfacción del padre por la
experiencia que acababa de presenciar.

JJMV

CAPITULO 24
UNA SORPRESA INESPERADA “EL BESO DE ANIE”
Bogotá, 11 de febrero de 2011

Volé rápidamente hasta el comedor de la capilla, en búsqueda de mi amiga Anie y de


Beni. De seguro no habían logrado averiguar algo, por el hecho de que Beni no dejaba
tranquila a Anie, y yo tan sólo esperaba que Anie no estuviese irritada por los constantes
cortejos de Beni, y que ya le hubiese espetado con un madero.

Mientras volaba, me encontré con Denise, quien me saludo con su tono maternal:

- Hola atolondrado, ¿cómo estás?


- Hola Denise, estoy bien gracias por preguntar. ¿Y como están tus
pequeños retoños? – pregunté con interés.
- Muy bien, precisamente salí a buscar algo de néctar para llevarles, porque
todavía no pueden volar – pío ella con un brillo muy peculiar en sus ojos.
- Ó pero que buena madre eres – píe mientras que ella se sonrojaba.
- Es muy bonito ser mamá, esos pequeñines se han robado mi corazón, y ni
hablar del papá – pío con sus pómulos aún sonrojados.
- Pues me alegra eso. Más tarde pasamos con Anie por tu nido a visitar a tus
pequeñines.
- Bueno allá los espero – pío ella antes de que yo alzara el vuelo con rumbo
el comedor de la capilla.
Volé sobre el corazón de Pafer, en donde ya se notaba que la naturaleza estaba haciendo
lo suyo. No había señales de ningún humano ni ave conocido. Llegue al comedor, que ya
estaba vacío después de la merienda que tomaron algunas personas que estaban en la
finca. Por ahí vi de reojo las plumas monas de Anie que se asomaban por encima de una
de las sillas aledañas a una mesa en el comedor. Me acerque a comunicarle la buena
noticia, y cuando aterrice en la mesa, vi como estaba Anie mirando de manera huraña a
Beni; al parecer, las hormonas de Beni no pudieron seguirse resistiendo ante la
protuberante belleza de Anie.

- ¿Que paso aquí? – pregunté, aunque creía saber ya la respuesta.


- Pues que este atrevido intento darme un beso – farfullo histérica Anie.
- No, no es así, yo solo quería darte un abrazo – pío inseguro Beni.
- ¡¡Claro que no!! lo que usted quería era darme un beso, como se le ocurre,
es que no se ha visto en espejo baboso – pío aún fastidiada Anie.
- Bueno pero cálmate Anie, estoy seguro que la intención de Beni no era
hacerte sentir mal – y claro que no lo era, lo que él quería era que ella le
correspondiera a eso que había despertado en él con tan sólo mirarla.
- Pero como quieres que me calme, después de que este casi se aprovecha
de mi – pío aún histérica.
- Perdóname Anie, no era mi intención, te prometo que no va a volver a
pasar – pío Beni sin estar convencido de lo que decía.
- Claro que no va a volver a pasar – pío Anie emprendiendo su vuelo hacia
el lago. Beni intento seguirla, pero yo lo detuve interponiéndome en su
camino. Y luego le dije:
- Por tus actitudes me doy cuenta que quieres mucho a Anie, así ella no
sienta lo mismo por ti. Pero debes aprender que con colibríes como ella las
cosas no son fáciles. Son de esas colibríes que les gusta ser conquistadas,
esas que merecen una espera. Te aconsejo que la dejes tranquila por hoy,
y yo trataré de calmarla. Mejor nos vemos mañana y les cuento la noticia
sobre el viaje a Pedro Palo, por ahora será mejor que vuelvas a casa – pie
posando mi ala izquierda sobre su regazo.
- Bueno espero que mañana no siga brava, porque en verdad me interesa
esa colibrí.
- No te preocupes, pero debes ser más prudente con ella. Ahórrate esos
problemas, y de pasadita ahórraselos también a ella – píe, seguido de mi
vuelo tras de Anie, a lo mejor necesitaría hablar con un amigo, y para eso
estaba yo.

Volé lo más rápido que pude, ya me acostumbraba a este cuerpo en el que podía
maniobrar mucho más fácil que antes, aunque esto no era de gran ayuda, porque Anie
era mucho más ágil que yo. Volé y volé, pase por el lago y no había rastro de ella. Me
introduje en los árboles por donde quedaban nuestros nidos, al costado superior del lago.
Llegué al nido de Anie, pero ahí no estaba ella. Así es que seguí volando. Anduve y
anduve entre los árboles, llegando hasta donde queda el antiguo acueducto de la finca,
pero allí tampoco estaba. Comenzaba a hacerse muy escurridiza esta amiga mía. Me
detuve un momento en una flor amarilla que estaba aledaña a un árbol de contextura
delgada, pero que estaba cubierto por un verde que demostraba el paso del tiempo.
Comencé a beber el néctar de la bella flor, porque estaba sediento, cuando de repente
hacia mi izquierda, muy cerca de la cascada en la quebrada que pasaba por la finca vi
una diminuta mancha amarilla que se parecía mucho a mi amiga Anie. Sin terminarme el
néctar de la bella flor, descendí hasta la quebrada a una velocidad a la que nunca había
volado. Estando más cerca, me di cuenta que mis sospechas eran ciertas y que la
manchita mona que había visto desde arriba era mi bella amiga.

- ¿Ya estas mejor Anie? – pregunte con un tono muy sereno.


- Un poco. Ese baboso me hizo sentir muy mal – pío ella ofendida.
- Te entiendo, aunque nunca me ha pasado. Pero entiéndelo tu también a él.
No es ciego, y se ha dado cuenta de tu maravillosa belleza. ¿Es acaso un
pecado enamorarse a primera vista de una hermosa colibrí como tu? – píe
tratando de subirle el animo.
- Pero es que a mi no me gusta, no siento nada hacia él. Pero no creas, yo
lo entiendo, yo se más que nadie que es estar enamorado de alguien, y
que ese alguien no te preste ni la más mínima atención – pío ella con
tristeza en su rostro.
- ¿Entonces es eso lo que te molesta?, ¿qué el haya intentado hacer algo
que tu no has hecho con esa persona a la que quieres? – pregunté
tratando de saber el porqué de su disgusto.
- No es eso, lo que pasa es que este tipejo me fastidia mucho – pío ella
sonrojada.
- Bueno eso si se te nota. Pero entonces porque no mejor en otra
oportunidad cuando estés calmada, le dices que tú no lo quieres de esa
manera, que tú sólo lo ves como un amigo – píe algo inseguro de lo que
decía.
- No lo se, hasta si tienes razón, pero no quiero que eso vuelva a pasar – pío
ella con una pequeña lagrima saliendo de su ojo derecho. No pensé que
Anie fuera tan sensible en estos temas. Siempre la veía con una faceta de
rechazo para con estos temas del corazón. Pero por lo que veía su
pequeño corazoncito de colibrí tenia mucho amor para dar. La cosa va en
que no esta para dárselo a cualquiera, sino a ese personaje que se había
robado su corazón.
- Tranquila Anie, yo no voy a permitir que eso vuelva a pasar – píe en tono
consolador, dándole un abrazo para que se sintiera mejor.

Nos quedamos en silencio un buen tiempo, perdidos en el febril abrazo que nos
estábamos dando. Era algo muy hermoso. Las plumas de Anie eran tan suaves como el
terciopelo. El apaciguador momento nos tranquilizaba tanto al uno como al otro. Veía a
Anie como uno de esos peluches que inspira abrazos, y yo estaba recibiendo uno de
esos. Desde que conocía a Anie, ella siempre había estado conmigo, había sido
incondicional, me acompañaba a donde yo le pidiera que lo hiciera. Era una excelente
amiga, y ahora que ella necesitaba alguien a quien abrazar, me parecía que lo más
mínimo que podía hacer era dárselo.
- Muchas gracias Atolondrado, por por estar aquí – pío con la voz llorosa.
- Siempre estaré aquí cuando tu me necesites – píe viendo como se
acentuaba el llanto de mi bella amiga.

Seguimos en silencio, en ese abrazo que estábamos disfrutando tanto mi amiga como yo.
Parecía que ella no tenia intenciones de soltarme pronto; A mi mente llego nuevamente
Juliana, pensaba como sería si en vez de Anie estuviese ella. Sentí una alegría y
entusiasmo grande cuando lo imagine. Me preguntaba como sería darle un abrazo a un
pequeño copo de nieve, tocando sus suaves plumas, disfrutando de su pureza, y de su
febrilidad. Hasta que de pronto Anie se apartó un poco de mi, me miró a los ojos, y se
comenzó a acercarse lentamente, hacia mi pico. El momento era muy incomodo para mi,
yo no quería besarla, lo único que yo quería era que ella se tranquilizara y dejara de llorar.
Siguió acercándose lentamente y con sus alas agarró mis dos pómulos, para evitar que yo
volteara mi pico en otra dirección. Ya estaba a escasos 10 centímetros de mi pico, y yo
comenzaba a transpirar muy rápido. Sudaba como un futbolista después de 90 minutos
intensos de juego. A mi mente se vino Juliana, esa bella colibrí a la que sin darme cuenta
amaba con locura, lo daría todo por que fuera ella la que estuviese ahí conmigo en vez de
Anie, que aunque era muy bella, no era la colibrí que amaba; el tiempo llegó a su final, y
el pico de Anie hizo contacto con el mío. Vivimos lo que en el mundo humano se conoce
como un beso, y parecía que Anie lo disfrutaba. Me sentía extraño, pero a su vez también
lo estaba disfrutando yo, Anie era muy hábil con su pico, y me generó una sensación de
satisfacción con ese beso. Por lo que veía ese personaje del que ella estaba enamorada y
por el que le había dolido tanto el atrevimiento de Beni, era yo. El tiempo de repente se
detuvo, y en la escena solo estábamos Anie, Juliana en mi mente, y yo. Yo no había
cerrado mis ojos en ningún momento, por lo que podía ver que Anie lo estaba disfrutando
mucho, su sueño se estaba haciendo realidad. Hasta que de repente con mis alas la
aparte de mí y le dije:

- Anie, discúlpame, pero yo no te quiero a ti de esa manera. No te lo tomes


personal, pero yo a ti te quiero y mucho, pero no de esa manera, eres la
única que me a acompañado incondicionalmente en este mundo, pero no
quiero hacerte daño, el problema no eres tu, soy yo, porque amo a otra
colibrí – píe tratando de no causarle mucho daño mientras que su llanto se
agudizaba.
- Perdóname atolondrado, pero no me aguantó más, te amo desde hace un
tiempo, y espero que no te lo tomes a mal, no vallas a cambiar con migo
por favor, perdóname – pío destrozada, saltando a mis alas para que la
abrazara.
- No hay nada que perdonar Anie, simplemente hiciste lo que tu corazón te
dictó, y eso no es ningún pecado – píe buscando tranquilizarla.
- Perdóname por favor, y no me sueltes.
- Ya te lo dije, no hay nada que perdonar, y claro que no te voy a soltar- píe
mientras que ella seguía perdida en el llanto.
- ¿Me podrías dar otro beso? – preguntó con nerviosismo.
- No Anie, es mejor que no, eso te hará más daño – píe negativamente.
- ¡Pues quiero entonces que me hagas daño! – pío mientras que me arrojaba
de la piedra en la que estábamos posados. Luego se lanzo en picada sobre
mí, agarrándome con una fuerza que jamás había visto en ningún otro
colibrí, ni en Samuel cuando nos derribo a Josselin y a mí. Me agarró
fuertemente y me beso nuevamente. Luche contra su fuerza, pero creo que
una colibrí del temperamento de Anie enfurecida podría derribar hasta un
águila. Continuó besándome hasta que vi como terminaba su beso forzado
retirándose de mi cara. Me miró con sus ojos llorosos, y luego me dijo:
- Perdóname atolondrado, perdóname – Pío antes de alzar el vuelo a una
velocidad que jamás había visto en mi corta vida de colibrí.

Yo también alcé mi vuelo, pero la velocidad de Anie era increíble, nunca había visto algo
así. La seguí y la seguí, pero se me perdió rápidamente quebrada arriba. La busque y la
busque. Llegué hasta la carretera, pero ya no había rastro alguno de ella. La había
perdido. Me preocupaba el hecho de que cometiese alguna locura en el estado emocional
en el que se encontraba. Pero ahora que la había perdido, lo único que podía hacer era
rogarle a Dios para que no le pasara nada malo.

Cambie de rumbo, de vuelta a mi nido, a ver a Juliana, quien ya debería estar despierta
por ahí con su amigo Salvatore. Mientras volaba de regreso en mi mente se reproducían
una a una las imágenes de los sucesos que acabamos de vivir con Anie. Nunca imagine
que ella me quisiera tanto, hasta un punto de amar; me salí del rumbo que seguí por la
quebrada, para adentrarme en los espesos árboles que separaban la quebrada del lago.
Ya estaba cerca de mi nido, y tomando aire aterrice en el. Me di cuenta que el nido estaba
vacío, no había rastro de Juliana ni de Salvatore. Me preocupé mucho, por lo que alcé
nuevamente mi vuelo sin rumbo a buscar a la colibrí que me tenía loco, la bella Juliana.

JJMV

CAPITULO 25
EL RAYO “LOS NIDOS DE JULIANA Y SALVATORE”
Bogotá, 26 de febrero de 2011

Llegue volando al lago, a ver si de pronto a lo lejos alcanzaba a ver algún rastro de mis
amigos italianos, pero lastimosamente no veía nada. Cambié mi rumbo y me dirigí a Pax
Christy, a ver si estaban tomando un pequeño refrigerio de néctar de flor, y de repente me
puse a pensar que si quizás no volvía a ver a juliana, las cosas en este mundo de
colibríes comenzaban a perder su sentido, y quizás ya no sería tan buena idea encontrar
a Aneas, sólo tendría que esperar a que pasara rápidamente lo que quedaba del mes
para despertar del coma en mi cuerpo de humano y olvidarlo todo. Quizás sería lo mejor.

Me pose sobre el tubo que alimenta de agua la piscina de Pax Christy, a observar si por
ahí cerca veía a Juliana, pero no fue así. Lo único que alcance a ver fue a unas moscas
que se estaban acercando furiosas, porque en una casa al otro lado de la quebrada casi
las habían aplastado, o por lo menos eso fue lo que logré entenderles.

No sabía que tan lejos habrían podido ir, me sentía impotente al no poder hacer nada
para encontrarlos. Nuevamente alce mi vuelo y me dirigí hacia San Jorge, comenzaron a
caer unas gotas de agua que en unos seis segundos se convirtieron en un torrencial
aguacero. Volé sobre la cancha de voleibol mientras que mis alas comenzaban a mojarse,
lo que significaba que no podría seguir volando. De repente vi una fuerte luz
relampagueante y unos pocos segundos después escuché un fuerte trueno, que
nuevamente ilumino cegadoramente la finca.

Abrí mis ojos. Hice un esfuerzo por levantarme y pose mi pie izquierdo en el suelo frio de
la habitación. Me senté sobre la cama y puse mis manos en mis muslos. Tan sólo tenía
puesta una pantaloneta, y lucia mi pecho desabrigado, pero amplio como lo recordaba.
Me puse en pie y empecé a caminar en la oscuridad por un pasillo que me era
desconocido. Avanzaba y avanzaba, aunque no lo podía ver por la presencia de la
oscuridad total. Mis pies descalzos no tenían ningún obstáculo que les impidiera llevarme
al lugar que pretendían. Estaba hipnotizado, mi mente no controlaba mis movimientos,
quien lo hacia me llevaba hacia un puntito chiquito de luz que alcanzaba a divisar en el
fondo del pasillo. Ya el dolor en mis pies se hacia presente, pero no podía dejar de
moverlos, ellos parecían tener voluntad propia. Me pregunté que pasaría con mi cuerpo
de colibrí, quien sabe que se le abría ocurrido ahora a mi amigo el ángel que me había
encomendado la misión de juntar a Aneas y Josselin. Ahora lo que llegaba a mi mente era
preocupación. ¿Qué sería de Juliana?, ¿Dónde estaría?, sentí mariposas volando en mi
estomago al imaginar las respuestas negativas a esas preguntas, porque en todas estaba
sin mi. Sólo esperaba que estuviera bien; de repente me desvié del camino hacia el
pequeño punto de luz, que me llevo a un jardín florido en el que hasta ahora comenzaba a
amanecer. Me dirigía hacia el centro del jardín, a una fuente de agua que se veía
imponente ante las flores. Mientras avanzaba sentía una brisa febril que chocaba con mi
frio pecho, y hacia agradable mi caminata. De repente, al otro lado del jardín vi como se
acercaba otra silueta humana, un poco más baja que yo pero con movimientos
picarescos. La curiosidad toco a mi puerta y esta vez, aunque seguía sin controlar mis
movimientos, quería ir hacia esa persona. Me encontraba a escasos 10 metros de
distancia y aun seguía sin poder ver su cara, lo que si podía ver era que sus pies al igual
que los míos estaban descalzos. La ansiedad que siempre me acompañaba se hacia
presente nuevamente. De repente ya la distancia se redujo a la mitad, y pude deducir que
esa persona a la que me estaba acercando era una mujer, lo que aumento los grados de
ansiedad. Ya quería estar frente a ella, y extrañamente sentía un deseo fervoroso por
tocar sus labios con los míos, su silueta me mostraba que era la más bella de todas en el
mundo. La sangre comenzó a recorrer mi cuerpo mucho más rápido, gracias a que mi
corazón comenzó a bombear a velocidades más rápidas de lo normal, y mucho más aún
cuando ya estábamos a tan escasos dos metros de distancia. Alcanzaba a ver un
pequeño brillo muy peculiar en sus ojos cafés claros, que no se quedaban cortos con eso,
sino que a demás divisaban una nobleza nunca antes vista por mis ojos. Quedamos frente
a frente el uno del otro hasta el punto en que nuestras manos extendidas se tocaron. Nos
acercamos y nuestras narices quedaron a escasos 5 centímetros de distancia. Nos
quedamos un largo rato mirándonos el uno al otro. Ella me sonreía de una manera tan
peculiar que parecía la misma juliana encarnada en un cuerpo humano. Su blanca
dentadura era perfecta, y cuando sus labios se tensionaban formando una sonrisa, se le
hacían unos hoyitos en sus dos pómulos perfectos. Su tés blanca me hacia recordar
mucho más a la bella Juliana, la delataba el lunar amplio y hermoso que lucia en su
pómulo izquierdo. Sin embargo iba mucho más allá de Juliana, pero no lograba robarme
lo que sentía por mi colibrí amada. Esto era totalmente distinto, y me agradaba. Bajo su
labio inferior se formaba una pequeña mancha que no alcanzaba a clasificar como un
lunar, pero que hacia juego perfectamente con esa mirada tan penetrante y perfecta, que
sentía como si estuviese viendo a la perfección mi alma. No podía alejar la vista de esos
ojos hermosos y perfectos. Eran como un imán para mí, y de repente comencé a verlos
más de cerca, y más cerca, y mucho más cerca, hasta que estuvieron a la distancia
adecuada, y automáticamente mis ojos se cerraron, y nuestros labios hicieron contacto en
el beso más placentero que jamás nadie en la vida me había dado. Seguimos así,
haciendo contacto ahora con nuestros brazos también. Sentía un febril aroma que
provenía de ella, y que hacia nuestro beso más placentero aún. Amor a primera vista sin
duda alguna. Comencé a recorrer su cabello crespo pero sedoso con mi mano derecha.
Su suavidad de repente comenzó a recorrer también mi mano, y luego todo mi cuerpo.
Éramos uno solo, y nadie podía impedirlo, ni el ángel, ni Anie, ni nadie. Pensaba que así
podría ser un beso con Juliana. No sentíamos el paso del tiempo, simplemente se había
quedado estático para que nosotros pudiésemos seguir disfrutando de ese momento tan
mágico jamás vivido antes. De repente, de su interior comencé a escuchar una voz, pero
no entendía lo que me quería decir. Sus labios seguían besándome, pero sin embargo su
voz interior seguía intentando hablarme. Todo se hacia más claro para mis oídos, y de
repente lo que escuchaba era: “despierta… despierta… despierta…”.

Abrí mis ojos y vi la cara de juliana mirándome con preocupación en su rostro. A su lado
estaba Salvatore, y ambos estaban mojados, aunque ya la tormenta había cesado. Mis
alas estaban erizadas después de ese rayo que casi me mata. Había quedado aturdido
después de semejante estruendo causado por el rayo que casi me mata, aunque por lo
visto no lo había recibido tan fuerte como el árbol de cedro que estaba cerca. Pero nada
de esto importaba, porque ahora sabía que Juliana seguía ahí, conmigo.

- ¿Estás bien? – preguntó Juliana aún preocupada.


- Creo que si, pero me duele mucho la cabeza, ¿Dónde estaban? Salí a
buscarlos pero no estaban por ningún lado- píe tratando de levantarme,
pero Juliana y Salvatore me lo impidieron.
- Pues como ya te lo habíamos dicho, no queremos seguir incomodándote y
vamos a construir nuestro propio nido – pío Juliana con su encantador tono
al piar. Con sólo escuchar su hermoso canto, ya me sentía recuperado del
rayo que me callo.
- Pero si yo ya les he dicho en más de una oportunidad que yo no tengo
ningún problema con que estén en mi nido, que se pueden quedar todo el
tiempo que quieran – píe desesperadamente, en un intento fallido por la
reacción en sus caras frente a mi comentario.
- Mira Atolondrado, te agradecemos mucho por ese gesto, pero nosotros
también necesitamos tener nuestro espacio, por eso estamos construyendo
un nido para Salvatore, y otro para Mí – pío Juliana, intentando no hacerme
daño.
- Bueno, eso es entendible, si ustedes quieren mudarse por mi no hay
ningún inconveniente, pero no olviden que mi casa es su casa, y las
puertas están abiertas para ustedes – píe mordiéndome el pico, porque yo
no quería que Juliana se fuera.
- Pero no te preocupes, a mi si me tendrás en tu nido muy seguido, porque
mírate nada más como has quedado, ese rayo casi te mata, caray,
necesitas descansar mucho, en este estado no puedes volar, vamos a
tener que llevarte hasta tu nido – pío Juliana mientras que yo me derretía al
seguir sus palabras.
- Tienes que cuidarte muy bien, una vez le paso lo mismo a mi tío Berni, in
Sicilia, y casi no sobrevive, no podía volar al igual que tu, pero tuvo que
guardar reposo y luego se recupero, hasta que murió aplastado por un
automobile – pío Salvatore para hacerme entrar en razón por si protestaba
en cuanto a mi descanso, pero no le preste mucha atención por estar
pensando en esos posibles hermosos días al lado de Juliana cuidándome.
- Bueno pero ahora llevémoslo a su nido, debe descansar, por la
alimentación no te preocupes que yo te la llevaré – pío Juliana, finalizando
su frase con un guiño de ojo hacia mi.

Les fue difícil volar con migo sobre sus espaldas, pero al final lo lograron. No volábamos a
gran velocidad, pero no tardamos mucho en llegar a mi nido. Ellos me dejaron caer en un
rincón que era en el que yo acostumbraba a dormir en compañía de mis amigos Italianos.
Y luego ellos miraron el entorno. Juliana, con su encantadora voz nos dijo: “te ves
hambriento, voy a traerte un poco de néctar de flor, quédate con el Salvatore”, y diciendo
esto partió rumbo Pax Christy en busca de néctar de flor.

Nos quedamos solos con Salvatore, y el intentaba no hablar mucho, cosa que me parecía
muy extraña en él, porque siempre tenía un tema para conversar. En un rincón del nido
aún lucía dormido Agraciado, se le debió dificultar mucho encontrar la manera de volver a
este mundo, o a lo mejor se habría convencido a si mismo de que simplemente había sido
un sueño y ya. El silencio pasaba a ser un poco incómodo para mí por lo que intenté
hacerle conversación a Salvatore:

- Y ¿como van con la construcción de los nidos? – píe aún sin muchas
fuerzas.
- Molto bene, hay muchos buenos lugares para construir por aquí, in Sicilia
es mucho más complicado, pero aquí no, es muy bueno, ya me esta
gustando mucho este lugar, por eso vamos a echar raíces aquí con Juliana
– pío a gusto Salvatore, mostrando nuevamente lo conversador que era.
- Y ¿en donde los están construyendo? – pregunte interesado.
- Por los lados de la Iglesia del gran ventanal, en uno de los árboles
cercanos a una cancha de fútbol, al lado de unas matas de plátano, es muy
bonito ese lugar – pío con satisfacción Salvatore.
- Y ¿por qué se fueron por allá?, hay muchos lugares mejores aquí cerca al
lago, y con más colibríes cercanos – pregunte con poca fuerza en mi piar.
- Bueno, es verdad, pero es que a mi me gustan esos lugares en donde hay
pocos colibríes, no es que sea anti social o algo así, simplemente que me
gusta mantener algunas veces las distancias con algunas aves. No lo digo
por ti, ni por alguien en especial, pero a mis papas les gustaba vivir
apartados y a mi también, Juliana ha venido conmigo, pero a ella le da
igual – pío rápidamente Salvatore, y de repente me dieron muchos celos, y
se me ocurrió una pregunta descabellada para él.
- ¿Juliana y tú son más que amigos? – lancé sin pensar.
- No te voy a negar que Juliana me parece una de las colibríes más bellas
que conozco, y en Sicilia la estuve cortejando. Pero ella tiene otras
expectativas, y ahora que me pongo a pensar, yo nunca le he conocido
ningún novio o colibrí que le guste. Es una dama compleja en términos de
corazón, y usualmente no es tan amistosa con los colibríes machos – pío
Salvatore observando al igual que yo la belleza de Juliana, sin sospechar
de mis sentimientos asía ella.
- Si, es una buena colibrí – píe con cara soñadora, lo que generó sospechas
en Salvatore.
- Parece que a ti si que te gusta la bella Juliana – pío Salvatore con algo de
picardía en sus ojos.
- ¿Qué? ¿cómo se te ocurre? – píe de manera defensiva en el instante en
que Salvatore me descubrió.
- El único al que vas a engañar con esas preguntas es a ti mismo – pío
sabiamente, luego continuo – te he estado observando Atolondrado, y me
he fijado en la manera como lei osserva a Juliana, se te nota en la distancia
que las fibras más sensibles de tu corazón se aceleran cuando le
contemplas. Pero por la reacción que acabas de tener, io me doy cuenta
que lei tienes miedo.
- Es que yo nunca había sentido algo así por una colibrí – píe confiadamente
al encontrarme encerrado y delatado.
- Yo sólo sé que ustedes dos han compaginado muy bien, normalmente ella
no se comporta así con otros colibríes, como te decía ella es molto
complicada con estos temas pero contigo es diferente – pío Salvatore en
un castellano más perfecto del que yo recordaba.
- Esas son las cosas que me dan miedo ¿Qué tal yo le diga todo lo que
siento por ella y la alejé?
- Pues si no te arriesgas jamás lo sabrás, y quizás ella se valla de tu lado a
los brazos de otro.
- Pero es que… - píe antes de ser interrumpido por Salvatore.
- Tu si que tienes la testa dura, molto dura. Pero bueno es mejor que no
sigas discutiendo, debes cuidarte para que la recuperación sea pronta,
Juliana influirá mucho en eso, ya lo verás – pió levantándose a mirar si ella
ya venía, y finalizando nuestra conversación.

JJMV
CAPITULO 26
LOS CUIDADOS DE JULIANA “LA IMPRUDENCIA DE ATOLONDRADO”
Bogotá, Octubre 31 de 2011

Seguíamos esperando pacientemente en el nido a la preciosa Juliana, ya con muchas de


mis dudas aclaradas respecto a mis sospechas entre Salvatore y Juliana, pero con
algunas reflexiones que había dejado Salvatore en mi mente. Aunque aún seguía
inundando las vertientes más internas de mi ser aquella sinfonía de imágenes de aquel
sueño mágico de esa bella mujer, que se precedían las unas con las otras, dándome la
sensación de que por alguna causa ajena a la naturaleza como ya estaba acostumbrado,
Juliana había encarnado en esa preciosa mujer, así como yo había llegado al cuerpo de
atolondrado.

De repente, Salvatore con su cabeza por fuera del nido divisó parte del horizonte que
estaba tras de unas cuantas hojas que rodeaban mí nido, y la vio venir, de manera que se
volvió a acomodar en el piso de mí humilde hogar, después de comunicarme que Juliana
estaba próxima a nosotros.

Ella aterrizó suavemente posando sus esplendorosas patas en mi nido. Me regaló una
mirada dulce y luego dijo:

- esta tormenta dejó las pobres flores sin néctar, pero aquí te he traído
suficiente hasta mañana, cuando haya más – pío ella con el inicio de un
mohín en su pico.
- Tu como siempre tan amable, no sé qué hubiera hecho si ustedes no se
hubiesen aparecido a rescatarme – pío con poca fuerza, pero con gran
convencimiento de lo que salía de mi pico.
- Otro te hubiera encontrado y quizás hubiese hecho lo mismo que hemos
hecho nosotros – pío Salvatore dañando mi mundo ilusorio de Juliana, la
única en todo el mundo que podría haberme salvado.
- Bueno pues mejor que estés contento porque fuimos nosotros y no un
colibrí degenerado que quizás te hubiese dejado a la deriva, o hasta se
hubiera aprovechado de ti – mientras que esas palabras salían del pico de
mi amada Juliana, a mi mente venía el recuerdo de Samuel, y que bueno
que me encontraron ellos y no aquel colibrí, o sino quien sabe que sería de
mí.
- Eso es muy cierto, gloria a Dios fueron ustedes y no cualquier aparecido –
píe con poca fuerza.
- Pero bueno antes de que se me derrame tu néctar será mejor que lo bebas
– pío ella como si tuviera una papa caliente en el pico.
Seguido de estas palabras, Juliana dio dos pasos asía mí, y luego se agachó hasta que
su pico quedo a medio centímetro del mío, causando que mis adoloridas y estropeadas
plumas se erizaran al tenerla tan cerca de mí; mirándome un poco más de cerca me dijo
“abre el pico”, pero yo no pude responder al estar paralizado ante su protuberante belleza
imprimadora. Ella me pegó un pequeño empujón con su ala derecha para que
reaccionara, que fue exactamente lo que pasó, pero lentamente para poder aprovechar
cada segundo que la tenía cerca de mí, con sus cristalinos ojos cafés posados sobre mis
ojos, y su bella tés blanca como un copo de nieve.

Su dulce pico hizo contacto con el mío, que a diferencia del suyo, estaba algo desfigurado
y maltratado por el rayo. Mi corazón comenzó a latir nuevamente de una manera
sorprendentemente rápida, y comencé a temblar incontrolablemente, hasta que ella se dio
cuenta, y no sé porque vino a mi mente que ella sabía perfectamente lo que estaba
pasando en ese instante por mí cabeza, que la amaba como a nadie en este mundo, que
daría la vida por verla feliz a mí lado, que cambiaría mil mundos por estar con ella tan sólo
un segundo y verle sonreír. De seguro ya lo sabía, pero como toda colibrí estaba
esperando a que yo diera el primer paso. El simple hecho de pensar que ella ya lo supiera
me tranquilizaba, porque veía claramente la bandera verde de la esperanza con ella,
acompañada por otra de color rojo simbolizando el gran amor que podría existir entre
nosotros.

Ella terminó de darme el néctar, que en tiempo normal, no tardó más de 5 minutos, pero
para mí fue toda una agradable eternidad, llenándome del gran placer de tenerla cerca de
mí. Se puso de pie nuevamente, y se acercó a Salvatore, quien estaba del otro lado del
nido.

- Bien después de beber este néctar de seguro vas a dormir como un bebe –
pío ella dirigiéndose a mí en un tono suave.
- Pues eso espero, porque sí que necesita descansar – pío Salvatore
consiente de lo que debía yo reflexionar.
- Bien nosotros tenemos que volver rápidamente a mirar cómo han quedado
nuestros nidos después de ese torrencial aguacero, pero trata de dormir un
poco, eso de seguro te va a ayudar a reponerte – pío ella antes de alzar el
vuelo hacía la capilla del gran ventanal, con una expresión tierna, y sin
retener la infinidad de letreros que salían por sus ojos que decían “caíste”,
por lo que me sonrojé un poco.

Yo no sentía sueño. Había muchas cosas en mi mente que rondaban de aquí para allá sin
dejarme descansar como era debido. Una pregunta precedía a la otra. Juliana siempre se
portaba conmigo como una bella amiga, sin pretender ser otra cosa, pero esa escena en
la que ella me miraba y parecía haberse dado cuenta de todo lo que sentía en mi corazón
hacia ella había cambiado cualquier pensamiento que hubiese tenido al respecto. Y ahora
mi pregunta era ¿será que ella también siente ciertas cosas hacia mí? Ese interrogante
me desvelo por unos cuantos minutos más, hasta que fue más fuerte el agotamiento por
ese inesperado pero gratificante accidente, y caí nuevamente en un sueño profundo.
•••••••••••••••••••••••••••

Pasaron tan sólo unos cuantos minutos después de haber conciliado el sueño, o por lo
menos eso parecía, porque la luz de la tarde tan sólo había cambiado un poco. Me puse
de pie olvidando el accidente que acababa de suceder. Mis patas comenzaron a flaquear
por la debilidad, pero me lograban mantener en pie. Le pegué un vistazo al nido en donde
tan sólo estaba el cuerpo de Agraciado echado en un rincón, y aprecié las grandes
dimensiones del nido vacío. Asomé mí cabeza por encima de unas pequeñas ramas, y
trate de divisar el lago entre las hojas que se interponían ante mi campo visual, sin lograr
ver mucho. Estuve así un tiempo hasta que extendí mis alas hacia los lados y traté de
utilizar los poderosos pero diminutos músculos que las movían y me permitían volar. En
efecto funcionaron, y pude alzar el vuelo lentamente. Me alejaba del nido tan despacio
como un caracol, pero sin la baba y volando, hasta que llegaron de sorpresa Juliana y
Salvatore con miradas acusadoras, sobretodo de mi bella Juliana, de manera que aterricé
instintivamente lastimando un poco mis patas.

- ¡Es que acaso no te quieres recuperar! – Vociferó Juliana, dejándome


quietecito en un rincón del nido.
- Juliana tiene razón, no debes esforzarte – pío mucho más calmado
Salvatore.
- Que pretendes, ¿matarte? Tienes que ser más cuidadoso, tu cuerpo aún
está en recuperación, y no te puedes dar el lujo de ponerte a volar por ahí
como si no hubiese pasado nada – pio aún alterada la bella Juliana.
- Pero si ya estoy mejor, bastaron unos pocos minutos y tus cuidados para
que yo pudiera volar – píe en mi defensa.
- ¿Unos cuantos minutos? Si llevas durmiendo todo un día, no te despiertas
desde ayer, y ¿así con ese agotamiento acumulado pretendes volar como
si nada hubiese pasado? No seas irresponsable contigo mismo – dijo
Juliana en un tono más calmado pero acusador aún.
- No pensé que llevara durmiendo tanto, de razón ya tengo un poco de
hambre – píe descaradamente logrando una pequeña sonrisa en el pico de
la Bella Juliana.
- Pues bien entonces descansa mientras te traigo un poco de néctar – pío
Salvatore emprendiendo el vuelo hacia Pax Christy. Mientras Salvatore
volvía, Juliana comenzó a acomodar en un rincón cercano a ella el algodón
formado por el nido, a manera de cama, para poder dormir, luego pío:
- Hoy hemos terminado los nidos, no son tan grandes y tan cómodos como
este, pero ya nos adaptaremos – pío amablemente ella.
- Qué bien, aunque yo te repito que eres bienvenida en mi humilde hogar las
veces que sean necesarias – píe tratando de aminorar la furia que se había
desatado en ella hace unos instantes.
- Pues que bueno que sea así, porque esta noche me pienso quedar aquí
cuidándote de tus propias locuras – pío ella con mi imprudencia fresca en
su mente.
- Qué bueno eso – píe de manera amistosa.
Miré como acomodaba Juliana el nido, hasta que volvió Salvatore con mi néctar. El
también dio dos pasos asía mí, y acerco su pico al mío, con la diferencia que esta vez fue
un tanto desagradable a diferencia del bello momento que fue cuando lo hizo Juliana. Era
como si me estuviera dando respiración boca a boca un tío, y de inmediato recordé una
película que había visto hace mucho tiempo sobre salva vidas en una playa de los
Estados Unidos. Pero al final pude reponerme ante este hecho que borraría fácilmente
otra alimentación por parte de Juliana.

Después de un tiempo de esa desagradable alimentada, Salvatore dijo:

- Bueno, ya es hora de partir, me muero de las ganas por probar el nuevo


nido – pío entusiasmadamente por su trabajo.
- Espero que nos haya quedado bien armado tu nido Salvatore, yo si me
quedo aquí esta noche por si Atolondrado llega a necesitar algo, o por si se
le vuelve a revolcar la testa y le da ahora por nadar a la media noche – pío
sarcásticamente la bella Juliana.
- Bueno espero que pasen una buena noche, y Atolondrado, por favor no le
des más dolores de cabeza a Juliana – pío Salvatore guiñándome un ojo
en señal de aprobación.
- Me portaré muy juicioso esta noche, ya lo verán – píe tranquilamente.
- Pues eso espero – pío juliana antes de despedir a Salvatore.

Ya caída la noche, Juliana se acostó a mi lado, en el lugar que había preparado para
conciliar el sueño. ¿Estábamos a escasos 10 milímetros de distancia, y pretendía que yo
durmiera? Pues bien yo lo veía muy difícil. Lo que no alcanzaba a imaginar, era que se
aproximaba una noche inolvidable para mí, que sería el inicio de un amor eterno junto a la
colibrí más bella que jamás hubiese visto, esa que me robaba el aliento, la bella Juliana.

JJMV

CAPITULO 27
UNA NOCHE CON JULIANA “MI SUEÑO HECHO REALIDAD”
Bogotá, Noviembre 1 de 2011

“Hasta mañana, que pases una buena noche” fueron todas las palabras que salieron de
su pico antes de voltearse y darme la espalda. A duras penas pude desearle lo mismo por
mi estado de impacto al estar durmiendo a su lado. No podía cerrar los ojos, en mi mente
las ideas se sucedían las unas con las otras, la tenía tan cerca, de esa manera como lo
había deseado tantas veces, era como si mi sueño se hubiese hecho realidad pero a
medias, porque la tenía conmigo, pero no de la manera que quería.
Tenía dos posibilidades en ese momento, acercarme y abrazarla, intentar besarla,
consentirla, en pocas palabras revelarle todos mis sentimientos hacia ella por medio de
los hechos. O simplemente darle la espalda al igual que ella y perder esa gran
oportunidad. Pues bien la decisión obviamente era el arriesgarme, oportunidades como
esta de seguro no se volverían a presentar por lo que ella ya tenía su nido al otro lado de
la finca.

Tenía que ser cauteloso, y tener mucho cuidado para no impactar en un solo momento,
sino ganar terreno progresivamente. Así es que lo primero que pensé fue en pasarle mi
brazo izquierdo por encima como especie de abrazo fingiendo estar dormido. Espere, y
espere para acercarme más pero me perdí en su aroma cuando llego a mi diminuta nariz.
Era una fragancia muy compleja pero agradable a la vez. Se me hacía agua el pico el
sentir ese aroma tan cerca de mí que no quería soltarlo nunca más en la vida.

Hasta que pasó algo que daño por completo mis planes, porque gracias al agotamiento
por el accidente, y al estar fingiendo que dormía, efectivamente me quede dormido, con
mi brazo izquierdo sobre su diminuto buche. En la inconciencia de mis sueños me sentía
frustrado, y todo por no tener la suficiente fuerza para aguantar mi agotamiento y
estrujarla suavemente en mis pequeñas pero poderosas alas. Ya un poco más consiente
en mis sueños, comencé a visualizar una gran montaña rocosa que sentía tenía que
escalar. Mis alas no funcionaban, y cada metro que avanzaba sentía mi cuerpo más
pesado y sudoroso. Comenzaba a vislumbrar una serie de piedras en la cima que
comenzaban a caer una tras otra, y un poco después con la visión un poco más nítida, vi
claramente como grandes rocas caían sobre mi diminuto cuerpecillo de colibrí. Quedé
sepultado sobre una gran cantidad de rocas en un pequeño orificio creado por las mismas
rocas, me sentía molido, cansado, exhausto por el esfuerzo realizado al subir. De repente,
en ese estado de agotamiento me comenzaron a halar sutilmente mi ala izquierda, cada
vez de manera más sutil. Era como si alguien quisiera sacarme de esa gran cantidad de
rocas pesadas que tenía encima, pero con poco éxito por falta de fuerza. De repente
dejaron de halar mi ala, y de inmediato el entorno comenzó a cambiar. El peso de las
rocas se redujo al suave susurro del viento de la noche cálida en la capilla, el suelo no era
árido, sino era simplemente el cómodo y confortable suelo de mi nido, y la dura roca sobre
la que estaba posada mi ala izquierda, era un copo de nieve plumífero y suave que hacía
que este momento fuera más irreal que la avalancha de rocas.

El entorno era igual de confortable que el que había antes de dormirme. Quizás algo muy
al fondo de mi inconsciente me había despertado, pero al parecer no era así, sino que
eran los constantes movimientos para un lado y para el otro de Juliana los que me habían
despertado. A demás esta vez para gran sorpresa mía, las plumas del ala derecha de
Juliana y las de mi ala Izquierda estaban entrelazadas como si fueran una sola. Este
hecho me dejó aún más despierto, no lo podía creer. Mi plan seguía surtiendo efecto aun
cuando estaba dormido, así que debía proseguir con lo planteado y seguir haciéndome el
dormido, pero esta vez sin dejar que el sueño y el cansancio me vencieran. Juliana seguía
dando vueltas constantemente, regando su aroma por todas partes, y ese era un buen
indicador porque me mantenía más despierto. Comencé a acercar mis patas a ella para
transmitirle un poco de mi calor, y ella no se opuso al roce con mis patas, de hecho
accedió rápidamente a mi acercamiento, porque le agradaba. Seguimos así por más
tiempo, y me sentía pleno, mi corazón estaba lleno de dicha y alegría, daría muchas
cosas para que este momento nunca llegara a su fin, para que de la nada surgiera un reloj
con un botón mágico que detuviera el tiempo, y nos permitiera quedarnos por el resto de
nuestra existencia así, junticos los dos y cerquita de Dios como dice la canción. Pero eso
no era posible, porque habían cosas mejores que estarían por pasar.

Juliana continúo moviéndose de un lado para el otro, hasta que de repente en uno de sus
movimientos fuertes pero a la vez llenos de una sutileza especial de la que tan sólo ella
era capaz, quedamos frente a frente. Nuestros picos se encontraban a escasos 3
milímetros de distancia, con un fuego ardiente y agradable. Yo estaba paralizado, mis
diminutos músculos no me respondían, no me podía mover, y mis ojos habían quedado
abiertos, no podía cerrarlos y temía que la poca luz crepuscular que entraba entre las
hojas que rodeaban mi nido me delataran, y dañaran este bello momento, porque si de
algo estaba seguro, era de que Juliana no podía dormir, y por eso se movía tanto. Seguí
disfrutando del momento en un estado estático. Ella estaba pensando en algo que no
alcanzaba a interpretar, pero que reflejaba en sus ojos duda.

Seguimos unos cuantos instantes más en ese estado, hasta que sentí como se comenzó
a mover suavemente hacia mí, con una lentitud impresionante que puso a latir mi corazón
de una manera impresionante. Mis nervios estaban en apuros, y yo temía por la salud de
mi corazón. Estaba muy rígido y ahora sí que menos me podía mover. Ella seguía
acercándose lentamente a mi pico, de una manera tan sigilosa que si no estuviese
prestándole atención de seguro no percibiría. El acercamiento llego a su fin, y su delicioso
pico hizo contacto con el mío, no sabía cómo interpretar esto, pero era lo más cercano a
un beso. Su pico comenzó a moverse suavemente con el mío, nada más que yo no podía
moverlo. Los movimientos de su pico, se parecían bastante a los de la mujer de mis
sueños después de recibir ese gran rayo que me había debilitado. Seguía estático pero
con una frenética sensación por abrazarla, hacerla mía, decirle todo lo que había en mi
corazón hacía ella. Su pico seguía moviéndose sin recibir respuesta, pero me era
imposible moverme, todo era tan novedoso para mí que había quedado petrificado ante
esta abrumadora pero encantadora escena. Ella debería estar pensando que yo seguía
dormido producto del agotamiento por el accidente, y lo único que yo quería era poderle
responder como lo merecía.

De repente se cansó de besarme sin obtener una respuesta a sus seductores y deliciosos
besos, esos que nunca nadie en la vida me había dado, los que me estaban llevando del
cielo a la tierra de un momento a otro. Una experiencia diferente, nueva en mi vida, que
con palabras no podría describir, por el sin número de emociones encontradas, hasta el
punto de petrificarme.

Todo era tan hermoso, pero había llegado a su final, ella se había cansado de besarme
sin recibir una respuesta a la altura de ese gran beso. Se dio rápidamente la vuelta y
quedo boca arriba con mi ala izquierda nuevamente sobre su bello buche blanco como un
copo de nieve. Yo quede con mi pico estirado y con ganas de más, pero aún sin poder
moverme. La veía con una expresión de satisfacción, de haber logrado lo que yo tanto
anhelaba, aunque en realidad fue ella la que lo logró, porque yo no hice nada, todo lo
había hecho ella, y por eso se sentía frustrada, porque había dado sin recibir.

Veía el reflejo de la luz en sus cristalinos y puros ojos cafés, y el reflejo protuberante del
bello lunar que adornaba su blanca cara que tanto me encantaba. Al parecer después de
lo acontecido me había enamorado aún más de lo que ya estaba, y lo único que quería
era recuperar la movilidad para responderle como ella lo merecía. Comenzaba a
recuperar lentamente mis movimientos, comencé a mover lentamente las plumas en el
extremo de mi ala derecha y lo logré. Luego comencé con los dedos en mis patas.

Había recuperado el movimiento de mi cuerpo en su totalidad, y ahora si podía


corresponderle a mi bella amada como sólo ella lo merecía. Pero por el momento seguí
fingiendo que dormía, hasta que se me ocurrió una manera de hacerle saber que estaba
despierto, y que había disfrutado como nada en el mundo ese gran momento, especial
como ninguno. Así es que puse mi plan en práctica, y llevé mí ala izquierda que seguía
sobre su bello buche, hasta su pico agarrándolo suavemente entre mis plumas y
moviéndolo varias veces de izquierda a derecha con la sutileza que ella merecía. Luego
me acerqué rápidamente hacía su oído izquierdo y pronuncié claramente las palabras
“estoy despierto”. En ese mismo instante sus ojos parecieron salirse de su cara. Me miró
rápidamente, y luego se dio la vuelta bocabajo cubriendo su rostro como si tuviera pena
de lo que acababa de suceder. Insistí en hacer que me hablara y constantemente le
preguntaba “¿Juliana que te pasa? Dime algo, ¿estás bien? Háblame por favor” pero no
obtenía ninguna respuesta de su parte. Seguimos así unos instantes más, hasta que ella
decidió alzar el vuelo con rumbo al lago. Intente dejarle un momento sola, porque esto
debería ser muy desconcertante para ella, de repente había pensado que todo lo que me
había entregado había sido en vano, y en realidad era el regalo más hermoso que jamás
nadie en la vida me había regalado, algo único e irrepetible.

Habían pasado unos pocos minutos, y decidí seguirla, aunque no fue muy sencillo
ponerme en pie. Mis patas flaquearon, pero lograron mantenerme en pie. Mis alas se
extendieron nuevamente a los lados, y mis poderosos y heridos músculos se pusieron en
funcionamiento y pude volar, esta vez con más facilidad que en la tarde. No era fácil
maniobrar con la poca luz crepuscular que penetraba entre las hojas, pero todo se aclaró
más cuando atravesé la espesa capa verde que rodeaba el lago. Comencé a buscarla
desesperadamente por los alrededores, sobrevolando las orillas del lago, y aunque fue
difícil verle, la encontré posada en una gran roca que sobresalía en la orilla del gran lago,
muy cerca de la corta conexión de un hilo de agua que salía del lago hacía la piscina de
Pax Christy. Estaba ahí con una expresión que no lograba interpretar, con su bella tez
sobre el agua a manera de espejo. Aterricé a su lado sin mirarla y también permití que mi
tez se reflejara en el agua, aunque mi cara parecía la de un espantapájaros al lado de la
suya. Continuamos así unos cuantos minutos hasta que rompí el silencio y le dije:
- ¿Quieres hablar? – píe tímidamente esperando una buena reacción de su
parte.
- No, mejor vallamos al nido – pío con una gran sonrisa de satisfacción en su
rostro, y regalándome a mí también una gran satisfacción.

Antes de volar me extendió su ala derecha en señal de que la tomara, cosa que hice
instintivamente. Caminamos un poco dejando de lado la gran habilidad que teníamos de
volar, y simplemente disfrutamos de ese gratificante momento de satisfacción para estas
dos aves enamoradas que por fin estaban juntas.

JJMV

CAPITULO 28
LA MEJOR NOCHE DE MI VIDA “EL JURAMENTO DEL AMOR ETERNO”
Bogotá, Noviembre 3 de 2011

Seguimos avanzando más y más bajo la luz crepuscular, y me sentía muy extraño porque
nunca había dado un paseo caminando como colibrí, pero era hermoso, y todo gracias a
mi amada Juliana, esa que en estos instantes estaba llenando mi corazón de gozo y que
no se cansaba de regalarme cada segundo de su hermosa compañía.

Parecía que nunca hubiera despertado de ese sueño y que todo lo que estaba viviendo no
era verdad, pero todo parecía tan real que me estaba convenciendo de la veracidad de
esta situación tan hermosa que estaba ocurriendo sin contratiempo; seguimos caminando
sin hablar, agarrados de las alas limitándonos a respirar y mover las patas. Llegamos a
una parte cercana al arco que se formaba en la inmensa capa verde posada a los
alrededores del lago. De repente Juliana se detuvo y me miró fijamente con una expresión
en sus ojos que nunca jamás en la vida le había visto, su profundidad era tan inmensa
que pensé que con esa expresión podía ver hasta en los rincones más escondidos de mí
ser. Se acercó a mi cara y luego me dijo “Atolondrado… tú me gustas mucho” y cerro sus
ojos y nuevamente se acercó hasta mi pico y comenzó a besarme, afortunadamente esta
vez no me quede petrificado como en mi nido, esta vez sí le pude responder como ella se
lo merecía, y nos dimos un gran beso como nunca jamás se lo habíamos dado a nadie.
Su pico suave y ligero era más delicioso de lo que imaginaba. Con sus movimientos
pausados y sensuales lograba elevarme sin tan sólo mover una pluma de mis alas. Si
esto era un sueño, no quería volver a despertar nunca jamás.

Paramos de besarnos por un instante, y nos miramos fijamente a los ojos. Ella me miraba
con una gran sonrisa pronunciada en su pico, y después de unos instantes comenzamos
a reírnos como dos tontos llenos de amor del uno para el otro. Era increíble que todo esto
fuera realidad. Una bella colibrí Italiana que se había fijado en un pobre colibrí colombiano
que lo único que le podía ofrecer era amor puro hasta el final de los tiempos.
Volamos en dirección a mi nido lentamente, para evitar estrellarnos con alguna rama
oculta en la oscuridad de la capa verde. Aterrizamos al mismo tiempo en mi nido, y
volvimos a mirarnos fijamente durante unos pocos segundos, luego arremetimos
nuevamente el uno con el otro, a demostrarnos ese gran amor que por circunstancias del
destino y la improvisación había sido revelado.

En esa hermosa noche nos besamos de todas las maneras habidas y por haber. El pico
de Juliana resultaba de lo más encantador, y me gustaba poder ser el que recibía todo el
amor que tenía ella para dar; después de transcurrido un tiempo de besos y caricias
románticas que iban y venían instintivamente, nos quedamos quietos y abrazados
cariñosamente en el nido, llenos de satisfacción por lo que habíamos logrado ya. De
repente Juliana se decidió a hablar:

- Todos estos días estuve muy triste, porque pensé que este momento
nunca llegaría. Pensé que esta sería una gran frustración porque tú te
veías tan distante, tan inalcanzable para mí, pero míranos, esa idea era
totalmente falsa, y si esto tan hermoso que estamos viviendo es un simple
sueño, no quiero despertar, me quiero quedar el resto de mi vida contigo
amor – pío ella con algunas lágrimas de alegría asomándose por sus ojos
cafés cristalinos y hermosos, contagiándome de ese sentimiento tan bonito.
- Yo pensaba exactamente lo mismo, no sabía qué hacer, estaba tan
confundido, porque yo nunca había sentido esto tan grande. Todo es nuevo
para mí, y te prometo que estaré contigo para toda la vida, cuidándote y
amándote como te lo mereces – píe acercándome a su pómulo izquierdo y
besándole su bello lunar protuberante que me encantaba tanto. Luego ella
aseguro mi cara colocando cada una de sus alas en mis cachetes, y luego
llevo mi pico directo al suyo, y seguimos besándonos de esa manera tan
deliciosa que ahora nos acompañaba. Después de un tiempo ella pío:
- Salvatore se va a morir, no tiene ni la más mínima idea de lo que está
pasando – pío despreocupadamente seguido de unas cuantas carcajadas
de bajo matiz.
- Yo pensaba que ustedes dos tenían algo, y la tarde de ayer cuando tú
fuiste a traerme néctar le estuve interrogando. Le pregunte que si ustedes
dos tenían alguna relación amorosa, y de inmediato me contó que te
estuvo cortejando en Sicilia, pero que tú no le habías correspondido, y que
por eso ahora eran buenos amigos. Aunque él me descubrió porque según
él fui muy evidente, y me estuvo motivando para que fuera valiente y te
dijera todo lo que sentía – píe tranquilamente aún lleno de alegría y
emoción.
- Salvatore anduvo mucho tiempo detrás de mí, se inventaba muchas cosas
locas con tal que le prestara atención, lo que nunca logró. Hasta que un
buen día se rindió y me buscó. Me contó todo lo que había en su corazón
para darme, y fue ahí cuando dejamos todo claro, permitiendo que naciera
una buena amistad entre nosotros – pío informativamente mi Juliana, luego
continúo - ¿me ibas a decir todo lo que sientes en tu corazón?
- Lo estaba pensando seriamente, hasta que llego la mas bella colibrí que
jamás hubiese visto y me ganó – píe antes de buscar su pico con el mío
para besarla, tenía que aprovechar por si este era un sueño y al despertar
todo volvía a la normalidad. Después de un tiempo me dijo:
- Definitivamente lo mejor que me pudo haber pasado fue el haber metido la
testa en esa caja que me trajo hasta ti. Y aunque Sicilia es muy bonita,
tiene un gran defecto… no estás tú – pío nuevamente con esa expresión
que tanto me gustaba verle cuando apretaba el pico y me miraba con una
expresión llena de ternura, inspirándome a comerme su bello pico a besos.
- ¡¡Te amo!! Y ahora si te lo puedo decir, porque antes las barreras del
miedo y el temor me lo impedían – píe con los ojos llenos de sinceridad.
- ¿Recuerdas nuestras cintas y el pacto que sellaba su entrega? – me
pregunto ella con los ojos llenos de ilusión.
- Si, claro que me acuerdo perfectamente, ese ha sido uno de los momentos
más especiales para mí en este lugar. Todos los días cuando me despierto
lo primero que hago es mirar el inicio de mi ala para recordar de ese gran
regalo que me has dado – píe tranquilamente.
- Pues bien es que hay algo al respecto que debes saber… - pío algo
nerviosa.
- ¿Y que es lo que debo saber? – pie nuevamente despreocupado.
- Pues bien el conjuro que hice para sellar nuestra amistad, va mucho más
allá, porque si lo llegas a hacer con alguna persona, así como lo hicimos
nosotros dos, las dos personas quedan ligadas de por vida, y su amor será
como debe ser, hasta el final de los tiempos – pío ella nuevamente con una
lagrima asomándose por su parpado izquierdo.
- Pues por mi parte te digo que yo te amaré toda la vida – píe recordando la
parte de la naturaleza de los colibríes en donde tan sólo nos enamoramos
una vez en la vida, al parecer eso también aplicaba para mí.
- Yo también te amaré para toda la vida mi atolondrado – y después de decir
eso se abalanzó sobre mí y comenzó a besarme nuevamente con una
pasión controlada, pero a la vez desbordada.

Abrí mis ojos en la mañana, y seguía en mi nido. Me desperté asustado, pero la


tranquilidad había vuelto a mí cuando miré a mi derecha y ella seguía ahí, conmigo,
comprobando que todo lo que habíamos vivido la noche anterior, era realidad. Habían
sido las horas más felices de toda mi vida, porque ni como humano ni como colibrí había
tenido antes una vivencia de este nivel tan maravilloso.

Me acerque a ella y posé nuevamente mi ala izquierda sobre su tierno buche. Ella seguía
plácidamente dormida con una sonrisa dibujada en su delicioso pico. La estuve
contemplando un buen rato mientras dormía, y me enamoraba más cada respiro suyo, tan
suave y placentero. Luego comencé a besarla en el cuello muy despacio y suave, para
que no se fuera a despertar, y al parecer le encantaba, porque sus plumas parecían
erizarse tiernamente por mis caricias. Seguí así por un buen tiempo, hasta que ella por fin
abrió tiernamente sus parpados revelando la pureza en su interior.
- ¿Cómo amaneces mi amor? – pregunté con una sonrisa tierna en mi pico.
- Mejor que nunca, porque estoy a tu lado – pío realizada mi bella Juliana.
Luego yo la bese, pero ahora con la sensación que todo estaba pasando
en realidad, y que no era un sueño.
- Me alegra mucho – píe con una mirada perdida en sus ojos.
- Y ¿Cómo siguen tus heridas? – pregunto aun soñolienta.
- Pues parece que ya no me duele nada. Parece que la medicina de tus
besos lo cura todo – píe a manera de piropo, aunque cuando me incliné a
darle un beso me dolió una de mis costillas.
- ¿A sí? Pues a mí me parece que aún no estas curado, voy a tener que
darte más medicina – pío con picardía y luego ya más despierta se
abalanzó sobre mí y volvió a darme uno de esos maravillosos besos que
sólo ella me podía dar. Después de transcurrido un gran tiempo
besándonos le dije:
- Creo que ya es hora de que vallamos a alimentarnos un poco – píe con
muchas ganas de desayunar.
- Sí, tienes razón será mejor que busquemos alimento porque no podemos
vivir toda la vida de besos – pío guiñándome un ojo. Y luego alzó el vuelo –
y añadió – ¡a que no me alcanzas!

De inmediato la seguí con mis costillas adoloridas, y por obvias razones no podía
alcanzarla con facilidad. Ella era muy ágil para mí en esas condiciones, a parte tenía más
experiencia de vuelo que yo. Pero todas esas cosas obvias pasaban a un segundo plano,
porque el amor entre nosotros era más fuerte que cualquier otra cosa.

Llegamos a Pax Christy, y comenzamos a juguetear en unas flores rojas deliciosas. Su


encanto al volar me hacía perder en un mar profundo e hipnótico, como es normal en
cualquier enamorado. Ella de vez en cuando me regalaba una mirada, y en un instante
por su agilidad quedamos frente a frente suspendidos en el aire, batiendo nuestras alas a
una velocidad sorprendente. Nos acercamos el uno al otro y nos volvimos a besar de esa
manera tan mágica que tan sólo conocíamos los dos.

Después de eso, ella me miro y luego me dijo “quiero que nos bañemos los dos mi amor”,
no le respondí con palabras, sino que simplemente asentí dándole otro beso. Volamos en
dirección a la cascada que quedaba en la quebrada que pasaba por la finca, en donde
había conocido a Anie, aunque en este momento era muy distinta la experiencia, porque
Juliana sabía como hacer para darle un toque especial a cualquier lugar.

JJMV
CAPITULO 29
UN TIEMPO CON LA BELLA JULIANA “EL NIDO DE SALVATORE”
Bogotá, Marzo 30 de 2012

Jugueteamos mientras volábamos en dirección a la cascada. Pasamos cerca al nido de


Denise, aunque no le vimos, al que si vimos a lo lejos fue a Iván, quien parecía igual de
callado que siempre, aunque el pareció no detectar nuestra presencia; seguimos volando
entre la espesa capa verde formada por los grandes árboles que servían de vivienda a
bastantes colibríes con los que nunca había tenido contacto. Mi hermosa Juliana trataba
de volar a una velocidad considerable, para no dejarme atrás, y lo único que hacia yo era
perderme en su bello plumaje espeso, que al volar recitaba bellos poemas que tan sólo
eran audibles a mis pequeños y enamorados oídos de colibrí.

Llegamos por fin a la gran cascada, que como colibrí se veía 20 veces más grande de
cómo la recordaba como humano. Allí entre dos grandes y pesadas piedras caía un
protuberante chorro de agua con fuerza, haciendo un ensordecedor ruido para nuestros
oídos de colibrí. Pero eso no era impedimento para que mis ojos pudieran contemplar la
hermosura de Juliana.

Aterrizamos sobre una piedra más pequeña ubicada justo al frente del gran chorro de
agua. Nos miramos, y lentamente nos acercamos el uno al otro, hasta tocar suavemente
nuestros picos moviéndolos de manera placentera y tranquila, adornados por la belleza de
la naturaleza del lugar. Todo era tan perfecto, el sonido del agua al chocar con el suelo, la
brisa leve que movía suavemente las hojas de los árboles, el aroma de la naturaleza, pero
sin duda el factor que más aportaba a la perfección del lugar, era la combinación del
aroma de mi bella Juliana con su suavidad y ternura.

Después de disfrutar por un buen rato de ese lento y delicioso beso, juliana me tomó de
mi ala derecha y comenzó a guiarme hacía el gran chorro de agua que caía. Aunque su
intención no era el ahogarme bajo la gran cantidad de agua que caía, sino llevarme asía
un pequeño pozo que estaba bajo la gran piedra de donde caía el chorro, en el que el
agua se aposaba, pero circulaba hacia otro pozo más grande. Su intención era que nos
bañáramos ahí.

Nos introdujimos allí en el pozo, y de repente ella, con el ala que le quedaba libre me
aventó agua de manera picara. Al sentirme mojado hice lo mismo con el ala que me
quedaba libre, y comenzamos a juguetear hasta juntar nuevamente nuestros picos y
seguir dándole un toque de diferencia a este nuevo día tan raro pero a la vez mágico.
Después del gran beso, ella comenzó a pasar sus alas por mi cuerpo mojado, al igual que
comencé a hacerlo yo. Me decía a mi mismo “que alguien me pellizque para ver si aún
sigo durmiendo”, pero era algo que no iba a pasar, porque no estaba dormido, aunque por
la belleza del momento sentí como si esto siguiera siendo una quimera lejana en lo más
profundo de mi mente.

Después de ese gran baño, decidimos emprender el vuelo hacia el nido de Salvatore,
para comunicarle la buena nueva. Pasamos nuevamente muy cerca por entre los nidos de
aquellos colibríes a los que no conocía. Nos introdujimos en esa espesa capa verde para
salir al lago, y mientras que hacíamos el recorrido, juliana me distraía atravesándose en
mi camino, y aprovechando que yo no podía volar muy bien por mis heridas, aunque
estaba dispuesto a dejarme molestar de la manera en como mi amada quería que lo
hiciera.

Sobrevolamos el lago casi rosándolo, y todo el tiempo clavamos nuestras miradas el uno
en el otro, inevitablemente el imán que formaba esa atracción entre nosotros se hacia
cada vez más y más fuerte. La sensación de sueño imposible se iba borrando de nuestras
mentes; cuando llegamos a la altura del corazón de Pafer, una de mis costillas adoloridas
me jugó una mala pasada con una punzada de dolor y me derribó, caí estrepitosamente
hasta estrellarme con una de las delgadas pero firmes ramas de los arbustos en forman
de corazón, muy cerca al lago. Inmediatamente sentí el febril aliento de mi bella Juliana
para auxiliarme. En silencio, fue de gran ayuda ella para aliviar mi cuerpecito adolorido, de
repente me dijo “creo que te hizo falta más medicina” y en ese mismo instante acerco su
pico al mió y comenzó a besarme nuevamente, aunque este beso tenia algo de especial,
no era como los de la noche anterior, era suave y lento, pero a la vez también silencioso.
Mi mente distraída en sus besos se alejaba del dolor que causaban las heridas en mi
adolorido cuerpo, comprobando la teoría de los deliciosos besos medicinales de mi
Juliana.

- Si esta va a ser la medicina de mis males, creo que no me voy a curar


nunca – píe perdido en su tés blanca.
- Entonces no te daré más – pío ella alzando el vuelo y dejándome ahí tirado
en el suelo. Cuando me disponía a emprender el vuelo de nuevo, apareció
ella de repente a mis espaldas y dándome uno de esos besos tan
deliciosos que solo ella sabía dar - ¿no que no me ibas a dar más besos?
- Te dije mentiras – pío ella perdiéndose nuevamente en mi pequeño pero
extenso pico que la volvía loca.
- Juliana, nunca te voy a dejar me oyes, ¡nunca! – píe perdiéndome en su
tierna mirada, y en la febrilidad del momento.

Después de ese bello instante, seguimos nuestro camino rumbo el nido de Salvatore, de
seguro seguía allí disfrutando del duro trabajo que invirtió en la construcción de su nido,
aunque también sería una buena excusa para dejarnos solos un tiempo a Juliana y a mi,
para que hiciéramos “lo nuestro”.
Sobrevolamos lentamente algunas de las matas de plátano cercanas a la gran capilla,
hasta que por fin llegamos al nido de Salvatore, que estaba también muy cerca al de
Juliana. Aterrizamos con nuestras patas desnudas en un nido que por su apariencia se
veía algo diferente a los demás. Por fuera era más como una taza de café morena que
como un nido, la terminación de los bordes era muy fina, casi ni se notaba que era hecho
con palos y ramas, sino más bien con unas finas especias derivadas del mármol. Su
interior no era tan acogedor como el de mi nido, había poco algodón del que podíamos
fabricar los colibríes, lo que lo hacía un tanto frio, sin embargo se le veía muy cómodo allí
a aquel colibrí sabio con el que había tenido una conversación la tarde anterior.

- Buon giorno Salvatore – pío con una sonrisa dibujada en su pico la Bella
Juliana.
- Pero que sorpresa di soddisfare, ¿Qué tal notte pasaron? – pío Salvatore
emocionado al vernos.
- La mejor de nuestras vidas – me atreví a mencionar sin siquiera pensar.
- ¿De que me he perdido? – pío inmediatamente Salvatore con una
expresión de intriga. Quien sabe que ideas anegaban su mente.
- No te imagines cose raras Salvatore, simplemente pasó lo inevitable, lo
que nuestros cuori sentían – pío relajadamente Juliana, y luego me beso
de esa manera tan deliciosa que disfrutábamos tanto los dos.
- Hasta que por fin te decidiste Atolondrado – pío con una gran sonrisa de
satisfacción Salvatore.
- En realidad todo el trabajo lo hizo ella – píe con mis pómulos sonrojados, y
observando como pasaba lo mismo en mi bella Juliana.
- Io ha saputo que tu Juliana le querías. Que enredo el de ustedes dos - pío
Salvatore con una pequeña carcajada al final.
- Dímelo a mi que me tomo por sorpresa – píe regalándole una tierna mirada
a la dueña de mi corazón.
- Pero bueno io no voglio que me cuenten su historia, me basta con saber
que son feliches – pío satisfecho Salvatore.
- Gracias Salvatore, la conversación que tuvimos ayer me ayudo mucho a
apreciar mucho más a esta bella colibrí – píe nuevamente perdido en los
hermosos ojos de mi amada.
- Bueno me alegra saber que por fin están juntos. Pero bueno, no he salido
en todo el día y ya tengo sed, quedan en su casa – pío Salvatore
despidiéndose de nosotros.
- Gracias, pero vamos a ir a mi nido – pío Juliana.
- Muy bien, nos hablamos luego – pío Salvatore alzando el vuelo. Cosa que
también hicimos nosotros rumbo al nido de mi Juliana.

Llegamos al nido de Juliana que estaba en el árbol de al lado, que era mucho más
pequeño que el de Salvatore, aunque este era mucho más cómodo en su interior, porque
Juliana le había colocado bastante algodón. Aterrizamos plácidamente acompañados el
uno del otro, y seguimos un tiempo en silencio, mirándonos fijamente, detallando cada
milímetro de nuestros rostros, cada rasgo de nuestro cuerpo, “¡menos mal esto no es un
sueño!” y dicho esto me abalancé sobre ella y nuevamente nos perdimos en la
inmensidad de nuestros besos, hasta el punto de quedarnos plácidamente dormidos
alrededor de nuestro gran amor.
JJMV