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Fe bíblica y modelos de mujer En los 15 años de Deni Jesuri Jiménez

Pérez GINEBRA VIVA AUTOR Leopoldo Cervantes-Ortiz 06 DE MARZO DE


2011 Jesús revolucionó de muchos modos su tiempo y, para nosotras, las
mujeres, su actitud es una revolución total. Con él y en su movimiento
hicieron el proceso de descubrirse como personas con dignidad, como
“hijas amadas de Dios”, y de abrirse a la participación en la comunidad.
[1]Carmen Bernabé Ubieta. ¿MUJERES ENCORVADAS PARA SIEMPRE?
Con el inicio formal del organismo oficial de las Naciones Unidas para
promover la igualdad de género de las mujeres, asistimos a una nuevo y
crucial avance en el reconocimiento al papel de las mujeres en el mundo
actual, a contracorriente de muchas fuerzas ideológicas (entre ellas,
muchas iglesias) que insisten en seguirlas reduciendo a un lugar
dependiente y secundario. El hecho mismo de que sea una ex presidenta
latinoamericana, la chilena Michelle Bachelet, quien presida este
organismo, es una clara manifestación de que, incluso en países con
fuerte marca hispano-católica, este movimiento reivindicador avanza y es
una firme realidad. Las palabras de Bachelet son dignas de citarse: “Mi
propia experiencia me ha demostrado que no hay límites a lo que puede
conseguir una mujer”.[2] Por todo ello, la figura de la mujer encorvada
que aparece en Lucas 13:10-17 es un ejemplo y una representación de la
forma liberadora en que una parte importante de las comunidades
cristianas interpretó y aceptó las acciones de Jesús en relación con las
mujeres de su época. Como resume José Cárdenas Pallares, la
perspectiva de este evangelio es muy consistente acerca de esto: “…a
Jesús no le importó desacreditarse: ayudó a las mujeres (Lc. 4:38-39;
7:11-17; 13:10-17), incluso comparó la alegría de Dios con la alegría de
una mujer común y corriente (15:8-10). Se dejó atender por mujeres, y
conversó largo y tendido con ellas (7.36ss.; 10.38-42). Para colmo,
recorrió con ellas los caminos, recibiendo de ellas un servicio prolongado
y continuo (8.1-3). Una vez más Jesús rompe las barreras que aíslan a los
hijos de Dios”.[3] Sin ánimo de convertir a esa mujer anónima en un
símbolo interpretado y aplicado de manera fácil a la situación general del
género femenino de su época, es posible leer esa historia, como lo hace
Suzanne Tunc, en clave reivindicadora: Ya el mismo hecho de que Jesús
‘enderece’ a esta mujer encorvada puede manifestar el deseo de Jesús
de ver a las mujeres en pie y erguidas. Pero la continuación del texto va
más lejos. Jesús relativiza la Ley poniendo como más importante la
caridad que la observación del sábado […] Seguramente no le faltaba a
Jesús cierto humor al tomar como ejemplo de aquellos a los que se
ayuda, aun en sábado, a los dos animales domésticos que el
Deuteronomio cita en la Ley como la propiedad inviolable de su amo con
el mismo título que su mujer (Éx 20:17; Dt. 5.21) [4] Tunc destaca también
que quizá lo más importante del relato, junto a la sanidad misma que
obtuvo la mujer, por supuesto, fue que, al momento de sanarla, Jesús la
califica como “hija de Abraham”, un adjetivo que sólo se otorgaba a los
hombres. Con ello, agrega: Jesús inaugura un lenguaje nuevo. […] Que
Lucas haya referido este episodio, y que lo haya hecho en estos términos,
parece indicar que había comprendido que las mujeres entraban en la
Alianza con Dios sin pasar por la intermediación de los varones, puesto
que eran, en sí mismas, “hijas de Abraham”, “herederas de la promesa”.
[…] Esta incorporación de todos en Cristo constituía la basileia, el reino
de Dios que Jesús de Nazaret había venido a proclamar y “aproximar”, en
el que ya no debía haber exclusión alguna, sino una total “unidad-
igualdad”. El bautismo es un signo de todo esto.[5] En otras palabras,
Dios quería comenzar a tratar con mujeres libres, erguidas, y ya no
encorvadas ni sometidas a los caprichos de los varones. Estaba
naciendo, pues, un nuevo modelo bíblico de mujer. Algo similar sucedió,
según los otros evangelios, con la mujer samaritana y la siro-fenicia.
MODELOS CRISTIANOS DE MUJERES DIGNAS Ciertamente, la lucha
contra los estereotipos, en este caso, de la mujer y, más aún, de la mujer
virtuosa o cristiana, es una tarea inacabada, pues lo peor que ha
sucedido es que dichos estereotipos han sido interiorizados por las
mismas mujeres y sociedades enteras llegan a creer que tales esquemas
mentales son universales y, por lo tanto, insuperables. De ese modo,
incluso para leer la Biblia se requiere una clara conciencia del conflicto
de interpretaciones que implica percibir las acciones liberadoras de
Jesús. Incluso el evangelio de Lucas no escapa de la práctica de una
simbolización, en este caso negativa, de la persona de las mujeres. Se
trató de una “construcción artificial de modelos femeninos” (Tunc)[6] Son
santas, perfectas, vampiresas come-hombres, o tramposas, seductoras y
frívolas, sin término medio, sin vida auténtica. Forman parte de “historias
de miedo y deseo”, como afirma G. Miranda: Las mujeres pueden
representar la capacidad de sufrir, la seducción, la ternura, la traición, el
engaño, la muerte o la vida, por el mero hecho de ser mujer. La cultura
patriarcal les ha adjudicado una fuerte carga simbólica. Pero estas
representaciones simbólicas las reducen a la exclusión, ya que los
valores que ellas representan y encarnan son valores simbólicos
secundarios y no privilegiados por el sistema patriarcal que los fomenta
y que, a la vez, los desvaloriza (esto sucede, incluso, con valores como la
ternura o la capacidad de sufrir). Estas representaciones simbólicas
sostienen y legitiman el propio sistema patriarcal que las alimenta.[7]
Aparentemente, esta simbolización que, en el caso de María de Nazaret,
por ejemplo, podría movilizar la conciencia de las mujeres cristianas,
pero no sucede así porque ella, al encontrarse deificada, endiosada,
colocada en los altares, se vuelve un modelo poco útil para quienes la
ven tan lejana, no es violenta, pero la carga simbólica que conlleva
arrastrar con siglos de dominación y sumisión manifiesta lo es,
finalmente: “es una violencia amortiguada”, una “lógica de dominación
ejercida en nombre de un principio simbólico conocido y admitido, tanto
por el dominador como por el dominado”.[8] Para el protestantismo, María
sería prácticamente “irrecuperable”, aunque ya existen varios intentos
importantes.[9] Las mujeres, por ello, no son vistas como algo real, sino
como una abstracción más fácilmente manejable. En ese sentido, la
contribución de las iglesias a la superación de los modelos poco
dinámicos y movilizadores debe pasar por una sana lectura de los textos
bíblicos y por una nueva formulación de la doctrina referida a la
humanidad. Para no ir más lejos, Proverbios 31.10-31debe ser releído
críticamente a fin de dejar de “inyectarle” al texto la ideología
predominante sobre la mujer. En estos tiempos globalizadores es posible
acercarse a ese pasaje mediante un horizonte de comprensión muy
distinto al de tiempos pasados, como lo ha demostrado Carmiña Navia
Velasco: Este canto aparece en continuidad con los consejos de una
madre a su hijo. No hay nada en el texto que indique que la emisora del
mensaje haya cambiado, se trata entonces de la visión de una mujer
sobre su congénere ideal. Es necesario insistir, una vez más, que somos
las mujeres las más capaces de vernos/descubrirnos y valorarnos a
nosotras mismas. Se trata de una mujer que se registra como valiosa...
por ello se compara con las piedras preciosas, por ello mismo se resalta
el valor o la suerte de encontrarla. Su valor se define, no se pone en
duda.[10] La revista El Faro, al preguntarse qué es una “mujer educada”,
en una especie de eco de la famosa interrogante de Proverbios 31 sobre
la “mujer virtuosa”, responde así: “En primer lugar es libre, libre de la
mala influencia del mundo porque ya no es una máquina, libre de varias
tentaciones porque ya no es nada más la hembra, libre de la tutela del
hombre porque ya se puede bastar a sí misma y ya no se casará por
hambre”.[11] Este modelo “protestante” de mujer, desarrollado como
parte de un proceso civilizatorio en una época de empuje misionero en
los países latinoamericanos tiene que ser profundizado hoy con las
aportaciones de los estudios bíblicos, sociológicos y culturales que
permitan la superación definitiva de los moldes e ideologías que pugnan,
todavía, por mantener a la mujer lejos del ideal evangélico de igualdad y
libertad. Con ello en la mente, y a partir de la reconstrucción del
seguimiento histórico de Jesús por parte de las mujeres, podrán
atisbarse nuevos horizontes para la humanidad en general, no sólo para
las iglesias. [1]C. Bernabé Ubieta, “Jesús y la mujer”, en
www.mercaba.org/FICHAS/H-M/721-2.htm [2]“Inaugurada ONU Mujeres
como un paso más de integración”, en ALC Noticias, 25 de febrero de
2011, http://alcnoticias.net/interior.php?lang=687&codigo=19032. [3]J.
Cárdenas Pallares, “La mujer en San Lucas. Relectura de un mestizo”, en
RIBLA, núm. 11, www.claiweb.org/ribla/ribla11/la%20mujer%20en%20san
%20lucas.htm [4]S. Tunc, También las mujeres seguían a Jesús.
Santander, Sal Terrae, 1998 (Presencia teológica, 98), p. 45. [5]Ibid., p. 46.
[6]S. Tunc, pp. 21-22: “Lucas mismo las presenta como ‘curadas por Jesús
de malos espíritus y enfermedades’, siguiendo la opinión general, según
la cual ¡las mujeres están enfermas o son pecadoras, mucho más que los
varones! […] desde su misma presentación por Lucas, las mujeres son ya
virtualmente arrepentidas agradecidas, consagradas sólo al servicio y a
la expiación, a menos que sean simplemente ricas y piadosas
benefactoras”. [7]G. Miranda, “Las mujeres en la Biblia como referentes
simbólicos”, en Signos de Vida, núm. 40, junio de 2006, p. 19,
www.claiweb.org/Signos%20de%20Vida%20-%20Nuevo
%20Siglo/SdV40/las%20mujeres%20en%20la%20biblia.htm [8]Idem. [9]Cf.
W. Deifelt, “María, ¿una santa protestante?”, en RIBLA, núm. 46,
www.clailatino.org/ribla/ribla46/maria%20una%20santa
%20protestante.html; y E. Salazar, “María: mujer santa y santa mujer”,
http://jesussalvamifamilia.org/docs/doc/Maria_mujer_santa.pdf. Salazar es
una teóloga pentecostal chilena. Este texto fue su contribución en el I
Congreso Internacional Mariano, Chiquinquirá, Colombia, 2008. [10]C.
Navia Velasco, “Mujer y neoliberalismo. Aportes para una lectura bíblica”,
en RIBLA, núm. 37, www.claiweb.org/ribla/ribla37/mujer%20y
%20neoliberalismo.html. [11]El Faro, 1 de diciembre de 1897, p. 178, cit.
por J.-P. Bastian, “Modelos de mujer protestante: ideología religiosa y
educación femenina, 1880-1910”, en Carmen Ramos E. et al., Presencia y
transparencia: la mujer en la historia de México. México, El Colegio de
México, 1987, p. 179.
Leer
más: http://protestantedigital.com/magacin/11716/Fe_biblica_y_modelos_d
e_mujer

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