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UNIDAD 3: TEMA 2

COMUNIDAD INTERNACIONAL Y PROMOCION DE LA PAZ

INDICE

1 ASPECTOS BÍBLICOS

a) La unidad de la Familia Humana y su vocación a la paz

b) Jesucristo, “Príncipe de la Paz”, prototipo y fundamento de la nueva humanidad

c) Resumen de los aspectos bíblicos

2 LA IGLESIA Y LA COMUNIDAD INTERNACIONAL

a) ¿Qué es la Comunidad internacional?

b) Reglas fundamentales de la Comunidad Internacional

c) Organización de la Comunidad Internacional

d) Algunas dificultades actuales

3 LA IGLESIA Y LA PROMOCIÓN DE LA PAZ

a) La paz fruto de la justicia y la caridad

b) Debilidades y fracasos de la paz

c) Medidas y exigencias para mantener la paz

4 COOPERACIÓN INTERNACIONAL PARA EL DESARROLLO Y LA PAZ

a) Derecho al desarrollo

b) Lucha contra la pobreza y la deuda externa

c) Aportes de la Iglesia a la promoción de la Paz


COMUNIDAD INTERNACIONAL Y PROMOCION DE LA PAZ

Introducción

La Iglesia, signo del amor de Dios por los hombres, camina junto a toda la humanidad por
los senderos de la historia, proponiendo un humanismo integral y solidario, que pueda
animar un nuevo orden mundial "la civilización del amor y la paz", fundado sobre la
dignidad y la libertad de toda persona humana, que se van concretando en la paz, la justicia
y la solidaridad.

El empeño y el mensaje social cristiano tienen una


Se hace urgente la lucha por
dimensión universal, se dirige a todas las personas y
una Comunidad
culturas, reconociendo la igualdad fundamental de todos Internacional y la
los seres humanos y su principal mandamiento es el Promoción de la Paz con
amor y la buena voluntad para forjar una sociedad mejor signo humanista y
en el contexto de un mundo globalizado e solidario
interdependiente, que requieren y buscan la estabilidad y
la seguridad de un orden justo y solidario.

Por tanto, se hace urgente la lucha por una Comunidad Internacional y la Promoción de la
Paz con signo humanista y solidario, porque está en juego la dignidad de la persona
humana, cuya defensa y promoción nos han sido confiadas por el Creador (Dios de la
Vida), y de las que son rigurosa y responsablemente deudores todos los hombres y mujeres
en cada coyuntura de la historia; por eso, la Iglesia se siente profundamente implicada en
esta tarea, recordando a cada ser humano que está llamado a ocupar su propio lugar en esta
campaña pacífica que hay que realizar con medios pacíficos, para conseguir una verdadera
comunidad internacional y el desarrollo en la paz.

1 ASPECTOS BÍBLICOS

a) La unidad de la Familia Humana y su vocación a la paz

Las aspiraciones de construir una comunidad universal con una vocación original y esencial
a la paz se encuentran reveladas en la Sagrada Escritura y frecuentemente respaldadas por
muchos esfuerzos a lo largo de la historia de la humanidad. “Las narraciones bíblicas
sobre los orígenes muestran la unidad del género humano y enseñan que el Dios de Israel
es el Señor de la historia y del cosmos: su acción abarca todo el mundo y la entera familia
humana, a la cual está destinada la obra de la creación” (CDSI 428).
Las narraciones del Antiguo Testamento, particularmente del Libro del Génesis muestran
que “el ser humano no ha sido creado aislado, sino dentro de un contexto del cual son
parte integrante el espacio vital, que le asegura la libertad (el jardín), la disponibilidad de
alimentos (los árboles del jardín), el trabajo (el mandato de cultivar) y sobre todo la
comunidad (el don de la ayuda de alguien semejante a él)” (Ibid).

Según el plan de Dios, - a pesar del pecado original de Adán y Eva, de la violencia
homicida de Caín contra su hermano Abel y la desunión de la Torre de Babel – la posterior
alianza de Dios con Noé después del diluvio (Gen 9,1-17) y con Abraham (Gen 12,1-3;
17,4) para hacerlo “Padre” de una muchedumbre de pueblos, manifiestan que Dios quiere
mantener para la comunidad humana la “bendición” original de fecundidad y unidad,
abriendo el camino para la reunificación de la familia humana con su Creador1.

Así mismo, desde una perspectiva bíblica y trascendente “la paz es mucho más que la
simple ausencia de guerra: representa la plenitud de la vida (cf. Ml 2,5); más que una
construcción humana, es un sumo don divino ofrecido a
todos los hombres, que comporta la obediencia al plan
de Dios. La paz es el efecto de la bendición de Dios
sobre su pueblo: « Yahveh te muestre su rostro y te La paz es mucho más que la
simple ausencia de guerra:
conceda la paz » (Nm 6,26). Esta paz genera representa la plenitud de la vida.
fecundidad (cf. Is 48,19), bienestar (cf. Is 48,18),
prosperidad (cf. Is 54,13), ausencia de temor (cf. Lv
26,6) y alegría profunda (cf. Pr 12,20)” (CDSI 489).

La paz como meta de la convivencia social sólo será verdadera y duradera, no únicamente
como fruto del esfuerzo humano, sino sobre todo como don de Dios a los hombres y
fundado en la relación primaria de todo ser creado con su Creador, porque donde hay
violencia no puede estar Dios (1 Cro 22,8-9); “Dios anhela dar la paz a su pueblo: « Sí,
Yahveh habla de paz para su pueblo y para sus amigos, con tal que a su torpeza no
retornen » (Sal 85,9). El salmista, escuchando lo que Dios dice a su pueblo sobre la paz,
oye estas palabras: « Amor y Verdad se han dado cita, Justicia y Paz se abrazan » (Sal
85,11)” (Cf. CDSI 490).

b) Jesucristo, “Príncipe de la Paz”, prototipo y fundamento de la nueva humanidad

Las promesas de unidad y de paz que recorren todo el Antiguo Testamento, hallan su
cumplimiento en la persona de Jesucristo; efectivamente la palabra hebrea “Shalom” o paz
en sentido pleno, se entiende como un bien mesiánico por excelencia; en realidad, el mismo
Jesucristo es llamado “Príncipe de la Paz” (Is 9,5), que a la vez, es el prototipo y el

1
Cf. CDSI 429-430.
fundamento de la nueva humanidad reconciliada en Cristo, santificada por el Espíritu Santo
y llamada a la vida eterna.

Gracias al Espíritu Santo, “Desde el día de Pentecostés, cuando la Resurrección es


anunciada a los diversos pueblos y comprendida por cada uno en su propia lengua (cf. Hch
2,6), la Iglesia cumple la misión de restaurar y testimoniar la unidad perdida en Babel:
gracias a este ministerio eclesial, la familia humana está llamada a redescubrir su unidad y a
reconocer la riqueza de sus diferencias, para alcanzar en Cristo « la unidad completa »” y
una paz verdadera y duradera (Cf. CDSI 431).

“La paz de Cristo es, ante todo, la reconciliación con el Padre, que se realiza mediante la
misión apostólica confiada por Jesús a sus discípulos y que comienza con un anuncio de
paz: « En la casa en que entréis, decid primero: “Paz a esta casa” » (Lc 10,5-6; cf. Rm 1,7).
La paz es además reconciliación con los hermanos, porque Jesús, en la oración que nos
enseñó, el « Padre nuestro », asocia el perdón pedido a Dios con el que damos a los
hermanos: « Perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros
deudores » (Mt 6,12). Con esta doble reconciliación, el cristiano puede convertirse en
artífice de paz y, por tanto, partícipe del Reino de Dios, según lo que Jesús mismo
proclama: « Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados
hijos de Dios » (Mt 5,9)” (CDSI 492).

c) Resumen de los aspectos bíblicos

A la luz de la Sagrada Escritura y la permanente reflexión teológica y moral, la muy


deseada unidad de la familia humana que agrupa a seres que poseen una misma dignidad
natural en una permanente búsqueda de convivencia pacífica, es un bien común para la
humanidad y la sociedad organizada, basadas en el:

- Origen común de toda la humanidad

- Igualdad fundamental entre todos los hombres

- Unidad del género humano (Una sola familia humana)

- Redención de Cristo (Prototipo de la nueva humanidad) que se extiende a todos

- Llamada universal a la santidad y la promoción de la paz

- La Iglesia de Cristo promotora de la paz y la fraternidad universal entre todos los hombres
y pueblos de la tierra.
2 LA IGLESIA Y LA COMUNIDAD INTERNACIONAL

a) ¿Qué es la Comunidad internacional?

Según la Doctrina Social de la Iglesia se entiende por Comunidad Internacional: “Una


comunidad jurídica fundada en la soberanía de cada uno de los Estados miembros, sin
vínculos de subordinación que nieguen o limiten su independencia”2.

b) Reglas fundamentales de la Comunidad Internacional

Los valores y principios que vinculan y fortalecen una verdadera Comunidad Internacional
orientada al efectivo bien común universal, son los siguientes:

- La centralidad de la persona humana y la natural tendencia de las personas y de los


pueblos a estrechar relaciones entre sí, y con otros pueblos, superando los
obstáculos provenientes de las ideologías materialistas, nacionalistas y racistas, que
no permiten una realización integral en todas sus dimensiones, material y espiritual,
individual y comunitaria.
- La convivencia entre las naciones se funda en los mismos valores que deben
orientar la de los seres humanos entre sí: la verdad, la justicia, la solidaridad y la
libertad.
- Los principios constitutivos de la Comunidad Internacional encuentran su justa
regulación en la razón, la equidad, el derecho, la negociación, y el rechazo de la
violencia, la guerra, formas de discriminación, de intimidación y de engaño.
- El derecho se presenta como instrumento de garantía del orden internacional.
- La soberanía nacional es reconocida y concebida como expresión de la libertad que
debe regular las relaciones entre los Estados, respetando toda su dimensión
subjetiva (perfil político, económico, social y cultural).
- La cultura, expresa y promueve la soberanía espiritual, porque constituye la
garantía para conservar la identidad de un pueblo ante agresiones y formas de
dominio.

En este mundo contemporáneo, post moderno y globalizado, frente a cuestiones


relacionadas con la justicia, la libertad y la soberanía espiritual de los pueblos, sigue
creciendo, en forma progresiva, “no sólo, la conciencia del derecho de los individuos, sino
también la de los derechos de las naciones” (Centisimus Annus 21, 1991); el Papa Juan
XXIII hace ya muchos años había afirmado enfáticamente “ Las naciones son sujetos de
derechos y deberes mutuos (…) La misma ley natural que rige las relaciones de convivencia
entre los conciudadanos debe regular también las relaciones mutuas entre las comunidades
políticas” (Pacem in Terris 302, 1963); pero, Juan Pablo II seguía lamentando la ausencia de
2
un acuerdo
Cf. CDSI 434. internacional que vele adecuadamente por “los derechos de las Naciones”.
Las relaciones entre los Estados deben estar fundadas sobre la “armonía entre el orden
jurídico y el orden moral”; es decir, la misma ley moral universal (ley natural) que rige la
vida de los hombres debe regular también las relaciones entre las naciones, cuyo respeto es
condición necesaria para la estabilidad de la vida internacional.

“La búsqueda de tal estabilidad ha propiciado la gradual elaboración de un derecho de


gentes «ius gentium», que puede considerarse como el « antepasado del derecho
internacional ». La reflexión jurídica y teológica, vinculada al derecho natural, ha
formulado « principios universales que son anteriores y superiores al derecho interno de los
Estados », como son la unidad del género humano, la igual dignidad de todos los pueblos,
el rechazo de la guerra para superar las controversias, la obligación de cooperar al bien
común, la exigencia de mantener los acuerdos suscritos («pacta sunt servanda»). Este
último principio se debe subrayar especialmente a fin de evitar «la tentación de apelar al
derecho de la fuerza más que a la fuerza del derecho» (Cf. CDSI 437).

Para consolidar el primado del derecho, es importante ante todo, consolidar el principio de
la confianza recíproca, instrumentos normativos de solución pacífica, mediante
conciliaciones y arbitrajes, con autoridades supranacionales; en definitiva, el derecho
internacional “debe evitar que prevalezca la ley del más fuerte”3.

c) Organización de la Comunidad Internacional

Las aspiraciones de construir una verdadera comunidad universal o internacional, se


encuentran frecuentemente en la historia de la humanidad; pero es en la actualidad que este
ideal de unificación y cooperación a escala mundial comienza a vislumbrarse como algo
factible, gracias a la tecnología y la globalización.

El valor de las Organizaciones Internacionales se concreta en la dirección asumida por la


Organización de las Naciones Unidas (ONU) desde 1945 y su notable contribución a
“promover el respeto de la dignidad de la persona humana, libertad de los pueblos y la
exigencia del desarrollo, preparando el terreno cultural e institucional sobre el cual
construir la paz”4.

El Papa Juan XIII en su Carta Encíclica Pacem in Terris (1963) y el Concilio Vaticano II
(1962-1965), mediante la Constitución Pastoral Gaudium et Spes ya destacaban la
exigencia de instituir “una autoridad pública universal reconocida por todos, con poder
eficaz para garantizar la seguridad, el cumplimiento de la justicia y el respeto de los
derechos”; además debe estar regulada por el derecho y ordenada al bien común.

3
Juan Pablo II, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2004.
4
Cf. JUAN PABLO II, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2004, 7: AAS 96 (2004) 118.
El Magisterio de la Iglesia y la Doctrina Social, valoran y promueven las organizaciones
internacionales, políticas internacionales, organizaciones no gubernamentales y la acción de
voluntarios que tienen como objetivos la fraternidad, el desarrollo y la paz.

d) Algunas dificultades actuales

- Bloques ideológicos, étnicos y económicos

Los mecanismos perversos que condicionan profundamente la vida social y que repercuten
negativamente en el desarrollo y la promoción de la paz, están la división del mundo en
bloques y minibloques contrapuestos de tipo ideológico, étnico y económico, cuyo origen
tiene diversas raíces: religiosas, históricas, raciales, económicas, etc. y se sabe que derivan
de prejuicios aislacionistas y del egoísmo de buscar el propio progreso, olvidando la
fraternidad universal y empujando a la humanidad a un cierto “choque de civilizaciones”5.

Esta “lógica de bloques de influencia”:

- menoscaba la solidaridad y obstaculiza alcanzar el bien común universal (SRS 20.22; CA


42);

- disminuye la autonomía y subjetividad de cada país, creando ciertas dependencias


económicas, políticas y culturales (SRS 15.22; CA 33);

- instrumentaliza algunos conflictos locales de reivindicación (SRS 20);

- exaspera las divisiones dentro de los países, hasta provocar guerras civiles (SRS 21);

- genera una preocupación desmedida por la seguridad nacional implantando una brutal
represión de las libertades civiles (SRS 44; CA 29a) y el mercado de tráfico de armas (SRS
23.24; CA 28);

- multiplica la tragedia de los refugiados y de los exiliados (SRS 24; CA 57);

- sostiene la plaga del terrorismo en todas sus variantes (SRS 24)

- Patriotismo y Nacionalismo

Patriotismo es una virtud que consiste en el amor ordenado por el propio país o región de
origen, por sus tradiciones y valores (se puede llamar también regionalismo o nacionalismo
moderado); en cambio, el Nacionalismo es un amor desordenado la propia nación o región,
se expresa como una reacción de autonomía extrema, que predica el desprecio de las demás
naciones y culturas (llamado también nacionalismo exagerado), conlleva diversos

5
Cf. HUNTINGTON, Samuel P; Choque de Civilizaciones, PAIDÓS, Barcelona, España 1997.
elementos negativos que chocan contra la caridad y fraternidad universal, porque aísla los
pueblos y conduce a nuevas formas y aberraciones del totalitarismo.

“La dialéctica entre lo particular y universal puede considerarse como algo inmanente al ser
humano… es una tensión vital e inevitable, pero singularmente fecunda, si se vive con
sereno equilibrio”6. Por lo tanto, ¿cuál es la relación entre el amor patrio ordenado y la
caridad universal requerida por el cristianismo?; el ser humano es naturalmente unitario y
poliédrico: nace y crece en una determinada situación histórica que lo marcará con fuertes
vínculos de raza, lengua y tradición; pero la dimensión espiritual le pide que trascienda el
propio ambiente para construir el bien común universal a partir de la común dignidad
universal y destino compartido.

Se tiene que favorecer como virtudes fundamentales el patriotismo y la solidaridad


planetaria como amor ordenado a la propia nación y a toda la humanidad sin distinción de
raza, de credo y de cultura; del mismo modo se tiene que luchar contra dos vicios como el
cosmopolitismo (de quien se siente “ciudadano del mundo”, porque ha perdido la estima
por el propio país y cultura) y chauvinismo o particularismo inicuo (que lleva a denigrar o
rechazar todo lo que es diferente del propio modo de ser y actuar).

- Racismo

Este fenómeno tan antiguo y nuevo, se entiende como menosprecio o rechazo de personas
pertenecientes a otra raza o etnia, considerando como superior la propia raza; se manifiesta
a lo largo de la historia elevando la propia raza a valor supremo y medida de cualquier otro
valor; este prejuicio racial ha sido usado muchas veces para justificar la esclavitud, la
xenofobia y los genocidios.

El racismo que atenta directamente contra la dignidad de la persona, origina diversas


injusticias y menosprecio de los derechos imprescriptibles de la persona humana, provoca
muchos rencores, divisiones y odios, es un gran obstáculo para la recíproca colaboración
entre naciones y pueblos; por eso, frente al racismo, a nivel de la conducta personal, grupal
e institucional, no basta criticar su inmoralidad ni exponer la doctrina correcta, es
absolutamente necesario asumir la defensa de sus víctimas cualesquiera que sean y
dondequiera que se produzcan mejorando las leyes y luchando contra ciertas estructuras
sociales7.

- Emigración

También el fenómeno de la migración es tan antiguo como la misma humanidad; tanto la


historia bíblica y profana como la etnología testimonian la periódica transferencia de los

6
Cfr. JUAN PABLO II, Discurso en la ONU, 5-X-1995, n. 7.
7
Cfr. PONT. COM. “IUSTITIA ET PAX”, La Iglesia ante el racismo, 3-XI-1988, n. 26.
pueblos, con el fin de encontrar mejores condiciones de vida; en otros casos, los
movimientos se dan para escapar de guerras o crisis políticas, económicas y religiosas;
cualquiera que sea la causa, la libertad de emigración forma parte de los derechos humanos.

Los emigrantes siempre están entre los grupos más necesitados y vulnerables, a quienes se
les debe tratar con amor preferencial; porque además, en la perspectiva cristiana puede
surgir de este fenómeno un gran bien moral y humano, por eso la adecuada atención
institucional y humanitaria siempre será necesaria: “los emigrantes también son forjadores
de fraternidad más allá de las fronteras de los Estados; manifiestan la universalidad y la
unidad de la familia humana; son signo de los desequilibrios y de las injusticias que se
deben subsanar en el mundo”8.

Este buen trato, amparo legal y moral, debe extenderse también a favor de las minorías
étnicas, porque reprimir su vitalidad y desarrollo, o peor aún, plantearse su total
aniquilamiento como limpieza étnica, atenta gravemente contra los deberes de la justicia y
derecho fundamental a la existencia; lo más recomendable es, que los gobernantes se
consagren a promover con eficacia los valores humanos de dichas minorías, especialmente
su lengua, cultura y tradición; también sus recursos e iniciativas económicas y políticas,
para que progresivamente puedan integrarse y asimilar la cultura y ventajas de la sociedad
que los ha acogido9.

3 LA IGLESIA Y LA PROMOCIÓN DE LA PAZ

Jesucristo condenó y rechazó la violencia como recurso legítimo para lograr la justicia y la
paz; por el contrario proclamó el amor a los enemigos (cf. Mt 5,43-48), llamó felices o
bienaventurados a los constructores de la paz (cf. Mt 5,9) y prohibió el uso de la espada
incluso en legítima defensa (cf. Mt 26,51-53). Siguiendo estas enseñanzas y actitudes de
Cristo, los primeros cristianos eran muy pacifistas, se negaban a tomar las armas, hacer la
guerra y enrolarse en el ejército; recién a partir del siglo VI, al considerar cómo las guerras
eran inevitables, comenzó a elaborarse la teoría de la guerra justa en determinadas
condiciones y circunstancias.

a) La paz fruto de la justicia y la caridad


La paz es fruto
" La paz es un valor y un deber universal; halla su fundamento de la justicia
en el orden racional y moral de la sociedad que tiene sus raíces y el amor
en Dios mismo, « fuente primaria del ser, verdad esencial y bien
supremo ». La paz no es simplemente ausencia de guerra, ni

8
Cfr. A. LUCIANI, Catechismo Sociale Cristiano, San Paolo, 2000.
9
Cfr. ENRIQUE COLOM, Curso de Doctrina Social de la Iglesia, Palabra, Madrid, 2006, pág. 280-282.
siquiera un equilibrio estable entre fuerzas adversarias, sino que se funda sobre una
correcta concepción de la persona humana y requiere la edificación de un orden según la
justicia y la caridad10. Efectivamente, la paz es "fruto de la justicia" (cf. Is 32,17) y
también es "fruto del amor" y se construye día a día en la búsqueda del orden querido por
Dios y sólo puede florecer cuando cada uno reconoce la propia responsabilidad para
promoverla11.

La violencia no constituye jamás una respuesta justa. La Iglesia proclama, con la


convicción de su fe en Cristo y con la conciencia de su misión, « que la violencia es un mal,
que la violencia es inaceptable como solución de los problemas, que la violencia es indigna
del hombre. La violencia es una mentira, porque va contra la verdad de nuestra fe, la verdad
de nuestra humanidad. La violencia destruye lo que pretende defender: la dignidad, la vida,
la libertad del ser humano »12.

b) Debilidades y fracasos de la paz

- La guerra

El Magisterio de la Iglesia condena « la crueldad de la guerra » y pide que sea


considerada con una perspectiva completamente nueva: « En nuestra época, que se jacta de
poseer la energía atómica, resulta un absurdo sostener que la guerra es un medio apto para
resarcir el derecho violado ». La guerra es un « flagelo » y no representa jamás un medio
idóneo para resolver los problemas que surgen entre las Naciones: « No lo ha sido nunca y
no lo será jamás », porque genera nuevos y más complejos conflictos. Cuando estalla, la
guerra se convierte en « una matanza inútil », « aventura sin retorno », que amenaza el
presente y pone en peligro el futuro de la humanidad: « Nada se pierde con la paz; todo
puede perderse con la guerra ». Los daños causados por un conflicto armado no son
solamente materiales, sino también morales. La guerra es, en definitiva, « el fracaso de
todo auténtico humanismo », « siempre es una derrota de la humanidad »13.

- ¿Guerra justa?

Es cierto que existe una antigua y pasada doctrina de la guerra justa, que sostiene que, no
basta que haya una causa justa para hacer una guerra justa; sino que deben darse ciertas
condiciones para una legítima defensa: debe haber una injusticia evidente y
extremadamente grave (una agresión injusta), un fracaso previo de todas las soluciones
pacíficas y una razonable presunción de que las calamidades de la guerra no serán graves

10
Cfr. PONT. CONS. "JUSTICIA Y PAZ", Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, Epiconsa - Paulinas, Lima
2005; Nro. 494, pág. 269.
11
Ibid, Nro. 495.
12
Ibid, Nro. 496.
13
Ibid, Nro. 497.
como la injusticia y el daño que se intenta reparar; es decir, respetando los tradicionales
límites de la "necesidad y de la proporcionalidad" 14.

- Legítima defensa

El Concilio Vaticano II y otros documentos del Magisterio Social de la Iglesia han


actualizado la validez y la aplicabilidad de este principio de la moral cristiana tradicional:
el derecho a la defensa propia y ajena, es lícita y obligatoria, cuando los derechos humanos
fundamentales son conculcados, y se dan las condiciones de legitimidad moral, pero no con
medios militares y violentos; y en ciertos casos extremos, también se puede plantear la
"injerencia humanitaria por la fuerza", como de policía internacional bajo el mandato de la
ONU, con capacidad de desarmar al agresor.

- Guerrilla y terrorismo

Con el propósito de conseguir cambios significativos frente a la injusticia social y poca


participación política, algunos optan por la violencia y la lucha armada como único medio
eficaz; otros simplemente recurren al terrorismo para llamar la atención e imponer sus ideas
y objetivos políticos; ciertamente es una respuesta equivocada, porque "la violencia
engendra más violencia", no resuelve ningún problema, más bien conforma una trágica
espiral o círculo vicioso: la violencia estructural engendra la violencia subversiva; ésta, la
violencia represiva, y esta aumenta la violencia estructural15.

La Iglesia condena en forma terminante la guerrilla, el terrorismo en general (es decir, el


terrorismo de Estado como el terrorismo internacional), porque generan violencia, anarquía
y sufrimiento: "Aun cuando se aduce como motivación la creación de una sociedad mejor,
los actos de terrorismo nunca son justificables" (Juan Pablo II, Sollicitudo Rei Socialis,
24).

- Armamentismo y desarme

El mismo Concilio Vaticano II (1962-1965) había tipificado la carrera de armamentos


como "la plaga más grave de la humanidad y responsable de perjudicar a los pobres de
manera intolerable" (Gaudium et Spes, 81); por lo tanto, es imprescindible la destrucción
de las armas científicas o nucleares (bombas atómicas, biológicas y químicas), y el desarme
de las armas convencionales; además, con una parte de estos gastos militares, se podrían

14
Ibid, Nros. 500-501.
15
Cfr. ENRIQUE COLOM, Curso de Doctrina Social de la Iglesia, Palabra, 2da Edición, Madrid 2006, Pág, 142s.
resolver los principales problemas de la humanidad, como el hambre, salud y educación en
todo el mundo16.

"La doctrina social propone la meta de un « desarme general, equilibrado y controlado ».


La carrera de armamentos no asegura la paz. Las armas de destrucción masiva —
biológicas, químicas y nucleares— representan una amenaza particularmente grave;
quienes las poseen tienen una enorme responsabilidad delante de Dios y de la humanidad
entera"17.

c) Medidas y exigencias para mantener la paz

- Promover y defender la paz como don de Dios y fruto del Espíritu Santo

- Valorar la objeción de conciencia reconociendo la dignidad de toda persona

- Proteger a los inocentes, víctimas y refugiados

- Respetar las disposiciones del derecho internacional humanitario

- Aplicar medidas o sanciones contra quienes amenazan la paz

- Proponer la destrucción y desarme progresivo de armas de destrucción masiva

- Adoptar medidas de control de la producción, venta, importación y exportación de armas

- Denunciar el reclutamiento y utilización de niños y adolescentes como soldados

- Condenar la guerrilla y el terrorismo en todas sus formas

- Predicar la paz y la fraternidad universal desde todas las religiones

4 COOPERACIÓN INTERNACIONAL PARA EL DESARROLLO Y LA PAZ

a) Derecho al desarrollo

El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia constata que el "Subdesarrollo parece una


situación imposible de eliminar, casi una condena fatal, si se considera que éste no es sólo
fruto de decisiones humanas equivocadas, sino también resultado de « mecanismos

16
Ibid, Pág. 137 s.
17
Cfr. PONT. CONS. "JUSTICIA Y PAZ", Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, Epiconsa - Paulinas, Lima
2005; Nro. 508 y 509, pág. 277-280.
económicos, financieros y sociales » y de « estructuras de pecado » que impiden el pleno
desarrollo de los hombres y de los pueblos"18.

Siendo el desarrollo no sólo una aspiración, sino un derecho; como solución a este
problema del subdesarrollo propone la cooperación entre las comunidades políticas
particulares, asumirlo como una obligación y afrontarlo con determinación firme y
perseverante: « La cooperación al desarrollo de todo el hombre y de cada hombre es un
deber de todos para con todos y, al mismo tiempo, debe ser común a las cuatro partes del
mundo: Este y Oeste, Norte y Sur ».

En la visión del Magisterio social de la Iglesia, el derecho al desarrollo se funda en los


siguientes principios: unidad de origen y destino común de la familia humana; igualdad
entre todas las personas y entre todas las comunidades, basada en la dignidad humana;
destino universal de los bienes de la tierra; integridad de la noción de desarrollo;
centralidad de la persona humana; solidaridad19.

"El espíritu de cooperación internacional requiere que, por encima de la estrecha lógica
del mercado, se desarrolle la conciencia del deber de solidaridad, de justicia social y de
caridad universal, porque existe « algo que es debido al hombre porque es hombre, en
virtud de su eminente dignidad »"20.

b) Lucha contra la pobreza y la deuda externa

Las diversas acciones emprendidas para luchar contra la pobreza y manejar adecuadamente
la deuda externa, siempre tendrán más luces y mejores resultados tomando en cuenta los
distintos principios de la Doctrina Social y mirando a los pobres "no como un problema,
sino lo que pueden llegar a ser sujetos y protagonistas de un futuro nuevo y más humano
para todo el mundo"; además, " la lucha contra la pobreza encuentra una fuerte
motivación en la opción o amor preferencial de la Iglesia por los pobres"21.

El derecho al desarrollo de los países pobres muchas veces es afectada por la crisis
deudora; es decir, la deuda externa es una carga y por lo general condiciona profundamente
los caminos y los esfuerzos hacia el pleno desarrollo, generando más sufrimientos y
desequilibrios socioeconómicos: "La comunidad internacional no puede desentenderse de
semejante situación: incluso reafirmando el principio de que la deuda adquirida debe ser

18
Cfr. JUAN PABLO II, Carta enc. Sollicitudo rei socialis, 16; 36-37.39: AAS 80.
19
Cfr. PONT. CONS. "JUSTICIA Y PAZ", Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, Epiconsa - Paulinas, Lima
2005; Nro. 446, pág. 244.
20
Ibid. Nro. 448, pág. 245.
21
Ibid. Nro. 449, pág. 246.
saldada, es necesario encontrar los caminos para no comprometer el « derecho fundamental
de los pueblos a la subsistencia y al progreso »"22.

c) Aportes de la Iglesia a la promoción de la Paz

La Iglesia siempre ha enseñado que una verdadera paz es posible sólo mediante el perdón y
la reconciliación, para ello , lucha en primer lugar con la oración que abre el corazón a Dios
y al prójimo; también con la celebración de las Jornadas Mundiales de la Paz que conllevan
Mensajes y Lemas para comprometerse a construir un mundo de paz y verdadera
fraternidad.

"La promoción de la paz en el mundo es parte integrante de la misión con la que la Iglesia
prosigue la obra redentora de Cristo sobre la tierra. La Iglesia, en efecto, es, en Cristo «
“sacramento”, es decir signo e instrumento de paz en el mundo y para el mundo ». La
promoción de la verdadera paz es una expresión de la fe cristiana en el amor que Dios nutre
por cada ser humano. De la fe liberadora en el amor de Dios se desprenden una nueva
visión del mundo y un nuevo modo de acercarse a los demás, tanto a una sola persona como
a un pueblo entero: es una fe que cambia y renueva la vida, inspirada por la paz que Cristo
ha dejado a sus discípulos (cf. Jn 14,27). Movida únicamente por esta fe, la Iglesia
promueve la unidad de los cristianos y una fecunda colaboración con los creyentes de otras
religiones. Las diferencias religiosas no pueden y no deben constituir causa de conflicto: la
búsqueda común de la paz por parte de todos los creyentes es un decisivo factor de unidad
entre los pueblos. La Iglesia exhorta a personas, pueblos, Estados y Naciones a hacerse
partícipes de su preocupación por el restablecimiento y la consolidación de la paz
destacando, en particular, la importante función del derecho internacional"23.

22
Ibid. Nro. 450, pág. 247.
23
Cofr. Ibid. Nro. 516, pág. 282 s.
A) Evaluación formativa

1.- ¿Cuál es el aporte del mensaje bíblico para forjar una verdadera Comunidad
Internacional y promover la paz con signo humanista y solidario?

2.- ¿Cuáles son las dificultades que obstaculizan la construcción de una verdadera
Comunidad Internacional?

3.- ¿Qué acciones y decisiones humanas se pueden calificar como "derrotas de la


humanidad" porque debilitan y llevan al fracaso el equilibrio de la paz?

4.- ¿Cuáles son las "condiciones" para fundamentar la "guerra justa" y la legítima defensa?

5.- Los creyentes, hombres y mujeres de buena voluntad ¿Cómo deben cooperar al
desarrollo integral y la promoción de la paz?

B) Actividades de refuerzo

- Oración por la Paz de San Francisco de Asís

- Discurso del Papa Francisco en Chile (Temuco 17-01-2018) y Perú (Puerto Maldonado
19-01-2018) a los pueblos indígenas.

- Acercamiento a Instituciones de Cooperación Católica: Adveniat, Misereor, Kirche in not,


Manos Unidas, etc.

- Reflexión acerca de los Mensajes y lemas de las Jornadas Mundiales de la Paz.

- Reflexión sobre la violencia en el Perú a partir de los datos y material fotográfico


proporcionado por los documentos de la Comisión de le Verdad y Reconciliación (CVR)

- Debate sobre la participación de la ONU y las potencias mundiales en las actuales


amenazas nucleares y la guerra civil en Siria.
C) Referencias bibliográficas

PONT. CONS. “JUSTICIA Y PAZ”, Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia,


EPICONSA – Paulinas, Lima 2005.

ENRIQUE COLOM, Curso de Doctrina Social de la Iglesia, Palabra, 2da Edición, Madrid
2006.

PRIMO CORBELLI, scj; Doctrina Social de la Iglesia, Ed. Claretiana, 3ra. Edición,
Argentina 2012.

BESTARD COMAS, Joan; Globalización, Tercer Mundo y Solidaridad, BAC, Madrid


2003.

PAPA JUAN XXIII, Encíclica Pacem in Terris, 1963

PAPA PAULO VI, Encíclica Populorum Progressio, 1967.

PAPA FRANCISCO, Carta Encíclica Laudato Si, 2015.


COMUNIDAD INTERNACIONAL Y PROMOCIÓN DE LA
PAZ

LA IGLESIA Y LA COOPERACIÓN
LA IGLESIA Y LA
PROMOCIÓN DE LA INTERNACIONAL
ASPECTOS BIBLICOS COMUNIDAD
PAZ PARA EL
INTERNACIONAL
DESARROLLOY LA
PAZ

- La Unidad de la familia Humana - Comunidad Internacional: - La paz fruto de la justicia y la - Derecho al Desarrollo
y su vocación a la Paz Comunidad Jurídica caridad
- Reglas Fundamentales de la - Debilidades y fracasos de la - Lucha contra la pobreza y la
- Jesucristo, Príncipe de la Paz y Comunidad Internacional paz: Guerra, deuda externa.
fundamento de la nueva - Organización. Legítima defensa
Humanidad. - Dificultades Actuales: Guerrilla, - Aportes de la iglesia al
Bloques ideológicos, étnicos y Terrorismo, desarrollo y la promoción de la
- Resumen de los Aspectos económicos,; Armamentismo, Paz
Bíblicos Patriotismo y Nacionalismo Desarme
Racismo, - Medidas y exigencias para
Emigración mantener la paz