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Psicología Clinica III Julieta Briamonte 2018

Winnicott - La observación de niños en una situación fija

(5 a 13 meses)

Winnicott realiza observaciones a sus pacientes pediátricos. Utiliza el método


del baja lengua. Si se trata de un niño pequeño le pide a la madre que tome
asiento ante él con la esquina de la mesa entre ella y él, con el pequeño en
las rodillas de la madre.

Coloca en el borde de la mesa un baja lengua reluciente y en ángulo recto de


forma tal que el pequeño pueda, si así lo desea, agarrarlo, intentando no
intervenir en la situación, de forma que lo que suceda se atribuya a la
espontaneidad del bebé. Un primer punto de observación será si la madre es
capaz o no de no intervenir en la situación, así le dará la pauta de cómo es en
la casa.

Comportamiento del bebé

En principio se siente atraído por el objeto y quizás se balancea, titubea.

Primera fase: Pone la mano encima del baja lengua, y medita al respecto
desembocando en dos opciones; o bien mira al médico y a la madre
expectante, o bien su interés se desvanece del todo y esconde la cara en la
blusa de la madre

Segunda fase: Se produce un periodo de hesitación (duda) , el pequeño


mantiene el cuerpo quieto pero no rígido y va dando paso a la valentía de
recogerlo, pero primero lo desea, y se produce un cambio en el interior de la
boca, comienza a salivar. Después de un rato se mete el bajalengua en la
boca y lo mastica con las encías. La expectación y la inmovilidad se sustituyen
por la confianza en sí mismo y la soltura de sus movimientos. Siente el baja
lengua bajo su poder, da golpes en la mesa, hace ruido, lo acerca a la boca
del médico o a la boca de la madre y se alegra si fingen que los está
alimentando (desfallecimiento de la subjetividad).
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Tercera fase: Deja caer el baja lengua como por accidente y cuando se le es
devuelto se alegra, vuelve a tirarlo y disfruta deshacerse de él agresivamente.
La tercera fase termina cuando desea reunirse con el bajalengua en el piso y
jugar con él o quitarle interés y agarrar otro objeto.

Winnicott – El juego del garabato

El fundamento de este trabajo especial es la teoría de que un paciente (niño


o adulto) trae a la primera entrevista una cierta capacidad para creer que
obtendrá ayuda y confiar en quien se la ofrece  Expectativa confiada.

El analista tiene que darle un encuadre estrictamente profesional, en el cual


el paciente esté en libertad de explorar la oportunidad excepcional que le
brinda la consulta para la comunicación. Proporcionar una relación humana
natural y flexible dentro del encuadre profesional, en tanto el paciente se
sorprende así mismo a producir ideas y sentimientos que no estaban antes
integrados a su personalidad total. Dar una forma de sostén.

Desarrolla un método (no técnica) para establecer contacto cuando el


paciente es un niño. Es un juego reglado y el valor consiste en que el
consultor utiliza los resultados para saber lo que el niño quiere comunicar. La
base es jugar.

Una vez que ha llegado el niño, en el momento adecuado Winnicott le dice:


“Juguemos a algo. Te mostrare a que me gustaría jugar a mí”. En la mesa, que
hay entre el niño y él, hay papel y dos lápices. Primero toma algunas hojas de
papel y las rompe por la mitad, dando así la impresión de que lo que van a
hacer no tiene una importancia desmesurada, y luego empieza a explicar:
“Esta juego que a mí me gusta no tiene reglas. Simplemente hago esto…”, y
probablemente mirando hacia otra parte traza un garabato a ciegas.
Continua entonces con la explicación: “Me dirás a qué se parece esto que yo
hago, o si puedes lo conviertes tú en alguna cosa; después tu harás lo mismo
para ti, y veré si puedo hacer algo con lo tuyo”.
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Observaciones:

 El garabato le sale mejor a Winnicott pero los niños dibujan mejor


 El garabato contiene un impulso, lo que sale
 Los garabatos son locos, de cualquier forma, algunos niños lo
consideran aterradores, no tiene representación.
 Son incontinentes, no son estructurados, salvo por las limitaciones
propias del garabato, los niños lo consideran travesura.
 Hay una cierta integración en el garabato que proviene de Winnicott,
pero no se trata de algo que hay que hacer necesariamente, se permite
el caos. Permite el gesto espontaneo del niño.
 Si el garabato es satisfactorio en sí mismo, en como un objeto
encontrado. (creación propia)
 Se la utiliza en una sola entrevista, a lo sumo en dos pero no en más
porque es un método diagnóstico.

Todo esto se conecta con la etapa, muy temprana, de máxima dependencia,


en la cual el self del bebe aún no está formado. Su yo es muy débil a menudo
que reciba auxilio del yo de la madre (como suele suceder).

Winnicott – ¿Por qué juegan los niños?

 Placer

La mayoría de la gente diría que los niños juegan porque les gusta hacerlo, y
ello es innegable. Los niños gozan con todas las experiencias físicas y
emocionales del juego. Los niños son capaces de encontrar objetos e inventar
juegos con mucha facilidad, y disfrutan al hacerlo.

 Para expresar agresión

El niño siente que un buen ambiente debe ser capaz de tolerar los
sentimientos agresivos, siempre y cuando se los exprese en forma más o
menos aceptable. Debe aceptar que la agresión está allí, en la configuración
del niño, y éste se siente deshonesto si lo que existe se oculta y se niega.
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La agresión puede ser placentera, pero inevitablemente lleva consigo un


daño real o imaginario contra alguien, de modo que el niño no puede dejar
de enfrentar esta complicación. La agresión también puede utilizarse en la
actividad que tiene una meta final constructiva. Pero estas cosas sólo se
logran gradualmente.

 Para controlar ansiedad

La ansiedad siempre constituye un factor en el juego de un niño, y a menudo


el principal. La amenaza de un exceso de ansiedad conduce al juego
compulsivo o al juego repetitivo o a una búsqueda exagerada de placeres
relacionados con el juego; y si la ansiedad es excesiva, el juego se transforma
en una búsqueda de gratificación sexual.

 Para adquirir experiencia

El juego es una porción muy grande de la vida para el niño. Las experiencias
externas e internas pueden ser ricas para el adulto, pero para el niño las
riquezas se encuentran principalmente en la fantasía y en el juego. Así como
la personalidad de los adultos se desarrolla a través de su experiencia en el
vivir, del mismo modo la de los niños se desarrolla a través de su propio
juego, y de las invenciones relativas al juego de otros niños y de los adultos.
Al enriquecerse, los niños aumentan gradualmente su capacidad para
percibir la riqueza del mundo externamente real. El juego es la prueba
continua de la capacidad creadora, que significa estar vivo.

 Para establecer contactos sociales

Al principio los niños juegan solos o con la madre. No hay una necesidad
inmediata de contar con compañeros de juego. Es en gran parte a través del
juego, en el que los otros niños vienen a desempeñar papeles preconcebidos,
que una criatura comienza a permitir que sus pares tengan existencia
independiente. Así como algunos adultos tienen facilidad para hacerse de
amigos y enemigos en el trabajo, mientras que otros pueden vivir en una
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casa de pensión durante años y preguntarse por qué nadie parece


interesarse por ellos, del mismo modo los niños se hacen de amigos y de
enemigos durante el juego, mientras que eso no les ocurre fácilmente fuera
del juego. El juego proporciona una organización para iniciar relaciones
emocionales y permite así que se desarrollen contactos sociales.

 Integración de la personalidad

El juego, el uso de las formas artísticas, y la práctica religiosa, tienden de


maneras diversas, pero relacionadas, a la unificación y la integración general
de la personalidad. Por ejemplo, es fácil ver .que el juego establece una
vinculación entre la relación del individuo con la realidad personal interna y
su relación con la realidad externa o compartida.

 Comunicación con la gente

Un niño que juega puede estar tratando de exhibir, por lo menos, parte del
mundo interior, así como del exterior, a personas elegidas del ambiente. El
juego puede ser "algo muy revelador sobre uno mismo", tal como la manera
de vestirse puede serlo para un adulto. Esto es susceptible de transformarse
a una edad temprana en lo opuesto, pues cabe decir que el juego, como el
lenguaje, nos sirve para ocultar nuestros pensamientos, si nos referimos a los
pensamientos más profundos. Es posible mantener oculto el inconsciente
reprimido, pero el resto del inconsciente es algo que cada individuo desea
llegar a conocer, y el juego, como los sueños, cumple la función de
autorrevelación y comunicación en un nivel profundo.
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Winnicott – Juego y realidad cap 3 y 4

La psicoterapia se da en la superposición de dos zonas de juego: la del


paciente y la del terapeuta Está relacionada con dos personas que juegan
juntas. El corolario de ello es que cuando el juego no es posible, la labor del
terapeuta se orienta a llevar al paciente, de un estado en que no puede jugar
a uno en que le es posible hacerlo.

El tema del juego ha sido vinculado en forma muy estrecha con la


masturbación y con las distintas experiencias sensoriales. Pero el juego debe
ser estudiado como un tema por sí mismo, complementario del concepto de
sublimación de la pulsión.

El jugar tiene un lugar y un tiempo. No se encuentra adentro, ni tampoco


está afuera, no forma parte del mundo, el no-yo, lo que el individuo ha
decidido reconocer como verdaderamente exterior, fuera del alcance del
dominio mágico. Para dominar lo que está afuera es preciso hacer cosas, no
sólo pensar o desear, y hacer cosas lleva tiempo. Jugar es hacer.

Para asignar un lugar al juego postulé la existencia de un espacio potencial


entre el bebé y la madre. Lo universal es el juego, y corresponde a la salud:
facilita el crecimiento y por lo tanto esta última; conduce a relaciones de
grupo; puede ser una forma de comunicación en psicoterapia.

Teoría del juego

Proceso de desarrollo y buscar donde empieza el jugar:

 El niño y el objeto se encuentran fusionados. La visión que el primero


tiene del objeto es subjetiva, y la madre se orienta a hacer real lo que
el niño está dispuesto a encontrar

 El objeto es repudiado, re-aceptado y percibido en forma objetiva. Este


complejo proceso depende en gran medida de que exista una madre o
figura materna dispuesta a participar y a devolver lo que se ofrece.
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 La etapa siguiente consiste en encontrarse solo en presencia de


alguien. El niño juega entonces sobre la base del supuesto de que la
persona a quien ama y que por lo tanto es digna de confianza se
encuentra cerca, y que sigue estándolo cuando se la recuerda, después
de haberla olvidado. Se siente que dicha persona refleja lo que ocurre
en el juego

 El niño se prepara ahora para la etapa que sigue, consistente en


permitir una superposición de dos zonas de juego y disfrutar de ella.
Primero, por supuesto, es la madre quien juega con el bebé, pero cuida
de encajar en sus actividades de juego. Tarde o temprano introduce su
propio modo de jugar, y descubre que los bebés varían según su
capacidad para aceptar o rechazar la introducción de ideas que les
pertenecen.

Psicoterapia

En esa zona de superposición entre el juego del niño y el de la otra persona.


El terapeuta se ocupa en especial de los procesos de crecimiento del niño y
de la eliminación de los obstáculos evidentes para el desarrollo. El juego es
por sí mismo una terapia. Conseguir que los chicos jueguen es ya una
psicoterapia de aplicación inmediata y universal, e incluye el establecimiento
de una actitud social positiva respecto del juego.

El juego es una experiencia siempre creadora, y es una experiencia en el


continuo espacio-tiempo, una forma básica de vida.

Punteo

El contenido no importa, lo que interesa es el estado de casi alejamiento, afín


a la concentración de los niños mayores y los adultos. El niño que juega
habita en una región que no es posible abandonar con facilidad y en la que
no se admiten intrusiones.
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Esa zona de juego no es una realidad psíquica interna. Se encuentra fuera del
individuo, pero no es el mundo exterior.

En ella el niño reúne objetos o fenómenos de la realidad exterior y los usa al


servicio de una muestra derivada de la realidad interna o personal. Sin
necesidad de alucinaciones, emite una muestra de capacidad potencial para
soñar y vive con ella en un marco elegido de fragmentos de la realidad
exterior.

Al jugar, manipula fenómenos exteriores al servicio de los sueños, e inviste a


algunos de ellos de significación y sentimientos oníricos.

Hay un desarrollo que va de los fenómenos transicionales al juego, de este al


juego compartido, y de él a las experiencias culturales.

El juego implica confianza, y pertenece al espacio potencial existente entre


(lo que era al principio) el bebé y la figura materna, con el primero en un
estado de dependencia casi absoluta y dando por sentada la función de
adaptación de la figura materna.

El juego compromete al cuerpo: debido a la manipulación de objetos; porque


ciertos tipos de interés intenso se vinculan con algunos aspectos de la
excitación corporal.

La excitación corporal en las zonas erógenas amenaza a cada rato el juego, y


por lo tanto el sentimiento del niño, de que existe como persona.

En esencia el juego es satisfactorio. Ello es así cuando conduce a un alto


grado de ansiedad. Existe determinada medida de ansiedad que resulta
insoportable y que destruye el juego.

El elemento placentero del juego contiene la inferencia de que el despertar


de los instintos no es excesivo; Se puede decir que el juego llega a su propio
punto de saturación, que corresponde a la capacidad para contener
experiencias.
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El juego es intrínsecamente excitante y precario. Esta característica no deriva


del despertar de los instintos, sino de la precariedad de la acción recíproca,
en la mente del niño, entre lo que es subjetivo (casi alucinación) y lo que se
percibe de manera objetiva (realidad verdadera o compartida).

El juego. Actividad creadora y búsqueda de la persona

En él, el niño o el adulto están en libertad de ser creadores. La realidad


psíquica interna tiene una especie de ubicación en la mente, en el vientre, en
la cabeza, o en cualquier otro lugar, dentro de los límites de la personalidad
del individuo, y que lo denominado realidad exterior se encuentra fuera de
esos límites, en tanto que al juego y a la experiencia cultural se le puede
asignar una ubicación si se emplea el concepto de espacio potencial entre la
madre y el bebé.

No solamente pueden ser creadores sino que en el juego ambos pueden usar
toda su personalidad, para que esto suceda en el análisis el analista debe
procurar que sea posible la relajación con un marco de confianza y
aceptación, para desplegar las ideas no relacionadas entre sí. Que un
paciente asocie significa que juega.

Roitstein – Psicoanalisis con niños

Psicoanálisis con niños

Cuando trabajamos con niños estamos acompañando y modelando los


distintos tiempos de la constitución psíquica; estamos contribuyendo a la
instalación de la represión primaria, a la constitución del narcisismo y
pasamos de la anarquía pulsional a dar forma a un circuito por donde
pasaran una sucesión de objetos de la satisfacción.

El análisis con niños concierne a operaciones que instituyen subjetividad.


Atendemos al niño, pero siempre apuntamos al sujeto.

También situamos el lugar que ocupa el niño en el discurso parental,


evidenciamos de ahí los movimientos identificatorios, las relaciones de
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objeto, los lugares de padecimiento, de goce y el síntoma. Los puntos no


resueltos, las carencias, las fallas en la constitución, que pasan de generación
en generación, produciendo eficacia y actualidad expresadas en algún
padecimiento. Marcas del lenguaje y por el lenguaje instalan su repetición y
diferencia: no son ajenas las funciones parentales.

El niño no puede ser abordado del mismo modo que el adulto.

EL LUGAR DEL NIÑO

Es por medio de la ilusión de los padres correspondiente a su deseo que un


hijo tiene un lugar en la familia antes de nacer. Del lado de la madre el deseo
de tener un hijo se enlaza como plantea Freud a la temática fálica, desde el
prometedor anhelo de tenerlo y la ilusión de obtenerlo; esto llevará a
desplegar las funciones maternas de los cuidados al infante. Están signados
por un interés particular, y marcados por sus propias carencias. Si se cuenta
con esta carta de las equivalencias simbólicas el cachorro humano encontrará
un lugar en el deseo materno. Ella anticipará para él un lugar anudado,
preexistente y necesario. Esta operación de anticipación impulsará al
recubrimiento narcisístico del cuerpo del bebé y a la búsqueda de su nombre.

Es un tiempo de la construcción subjetiva donde la madre sostiene el cuerpo


del niño en el narcisismo. Un tiempo fundamental como plantea Freud de
otro que debe asistir a los cuidados y necesidades, que debe ofertarse
amorosamente para crear el circuito de la demanda.

El recién nacido depende totalmente del medio ambiente facilitador, es el


tiempo de la dependencia absoluta donde aún no hay diferencia yo- no yo; la
primera oposición no-yo se ubicará en ese espacio de experiencia que la
madre ofrecerá para que junto con el tiempo, le sea posibilitada la
experiencia de SER.

Por lo tanto una madre lo suficientemente buena cederá su pecho para que
el niño experimente el ser, para lo cual sabrá hacerlo jugar, para que desde
este hacer alcance el ser.
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Si todo va bien, otro tiempo advendrá y lo maternal puede introducir la


pérdida, esto nos remite a las funciones simbólicas en la madre.

Es aquí donde podemos ver el juego del Fort da. Porque hubo un tiempo
primer de afirmación, de alojamiento, algo puede, restarse, sustraerse o
ausentarse, puede jugarse a la presencia – ausencia; comienza el esbozo del
orden simbólico junto con el despliegue de lo lúdico.

La madre se desustancializa y puede perderse para dar lugar al circuito de las


demandas objetales para la satisfacción del niño, son objetos simbólicos
cincelados por el juego presencia-ausencia.

Del padre esperamos las funciones que él encara de la ley en el deseo, es el


que realiza las operaciones de nominación “Tú eres mi hijo”, introduce a este
en la filiación, instala la prohibición del incesto. La nominación vectorializa la
prohibición y limita el goce.

Los analistas sabemos de las consecuencias clínicas que se producen en la


infancia con el desfallecimiento anticipado. Esto puede dejar estragos en la
constitución subjetiva, en la medida que su consistencia depende del buen
anudamiento que esto tiene en los tiempos de la infancia. No es lo mismo
intervenir sobre un sujeto que supone de la palabra y la escritura, que con
aquel que siendo sujeto del lenguaje no cuenta con ellas como recurso.
Aunque la constitución no haya sido completada, esto no impide ubicar el
lugar que ocupa el niño y el acto correspondiente en cada tiempo del sujeto.

Es necesario situar los tiempos de sujeto para pensar nuestra modalidad de


intervención. El juego es nuestro soporte en los primeros tiempos de la
infancia instala el principio del placer funciona como bisagra entre el placer y
el goce. Cumple una función homeostática.

El análisis con niños puede encontrar su pivote en el amplio abanico de lo


lúdico que incluye tanto el juego, el dibujo, el escribir y el relato. Cada uno
tiene un matiz singular.
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 El juego es una creación, es un artificio en el sentido del arte de jugar,


el hacer ingenioso. El niño inventa otro mundo donde se asienta su
sentido simbólico. La satisfacción lúdica se produce porque la ficción
da levedad de sentido a lo real, el niño aliviana con el juego lo
intramitable o lo traumático; el juego eyecta ese más allá del principio
del placer y a través de lo lúdico se transforma y diferencia el mundo
real, del mundo de la invención. El juego es transformador de lo
ominoso, y también ejerce como dice Freud una dominación de la
situación. Se domina lo displacentero al establecer la ligadura. Esto no
solo se refiere a la cuestión simbólica – lo que ha quedado fuera del
enlace con la palabra-, sino que ésta noción se enlaza fuertemente con
la imagen – lo vemos en el trabajo con niños- que es lo que arma
contorno y posibilita la flexibilización del narcisismo.
El niño escribe con el juego; hace cifra, transcribe lo real que le llega de
la percepción, de los signos de percepción, haciendo ficción; escribe la
pulsión o sea, recorre algún circuito apoyado en “el como si”,
transmuta las experiencias en imágenes; constituye la represión
primaria y el inconsciente como sistema.
El juego transforma el displacer. El niño escribe y tramita con el juego
lo que esta perturbado en su ser. Cuando el niño no juega y el displacer
se ha transformado en su fin detectamos una falla del anudamiento, y
nuestra función como analistas será restaurar la homeostasis,
reinsertando lo lúdico.

 El dibujo comienza como una escritura de la imagen. Su trazado


conlleva una operación de velamiento. La representación pictórica del
objeto dibujado implica efectivamente el pasaje del objeto real a lo
simbólico y una ficcionalización, logrando la representación y la buena
forma. Lo que ocurre es que el velamiento logrado en el dibujo oculta
a la mirada, un resto no percibido presente en toda percepción. De
este modo el dibujo revelador, se muestra en la transferencia al
analista; por ejemplo leyendo los dibujos es posible localizar en
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mamarrachos los desgarros o inacabamientos en la constitución del


propio cuerpo.

 La escritura. (En los chicos más grandes) Esto implica que contamos
con algo de la constitución del cuerpo y por lo tanto con la posibilidad
de soportar el desdibujamiento del mismo. Las combinatorias de
letras, los procesos de combinación y la sustitución hacen de sostén
de la posibilidad de la escritura, nos referimos a funciones metafóricas.
En el escribir de los chicos, la escritura producto de un decir
inconsciente se expresa. La escritura que el inconsciente revela no se
confunde con lo escrito. La primera es la que espera ser leída por un
analista. La primera forma de escribir es un trazo, que luego serán
trazos que salen de la represión primaria. El surgimiento de la lectura y
la escritura son procesos que requieren de las operaciones de
sustitución y desplazamiento, son frutos de las operaciones de la
sexualidad infantil, de la castración y de la represión primaria. El
escribir inicial de un niño perteneciente a la primera vuelta de la
sexualidad, es una escritura que aún no es propia, no novela; todavía
está en una dependencia con el otro.

En la segunda vuelta de la sexualidad, con el predominio de la vertiente


simbólica se produce un viraje de la posición del sujeto, hay un giro en la
escritura, hay un anudamiento a la fantasía, hay neurosis.

Freud nos planteó que el juego infantil puede concluir en la creación o en la


fantasía neurótica. Ambas están en la desembocadura de las operaciones de
la sexualidad infantil.

Los latentes y los púberes sustituyen el juego con la creación literaria o


musical; allí la letra se multiplica en el sendero de la sublimación.

PADRES

¿Cómo intervenir?
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Analizar a los padres, dejando de lado al niño desconociendo que hicieron


una consulta por su hijo, resultó un fracaso. Derivándolos a otro analista para
comenzar un análisis, si bien es un movimiento interesante, lo que sucede las
más de las veces es que queda en el camino. Citarlos planteando una cierta
periodicidad llevó al cumplimiento parcial, y los encontró refractarios si se les
proponía revisar sus historias personales.

Freud plantea en nuevas lecciones de introducción al psicoanálisis,


conferencia 34, un párrafo muy revelador para este que planteamos:

“…las resistencias internas que combatimos en el adulto están sustituidas en


el niño muchas veces por dificultades externas. Cuando los padres se erigen
en portadores de la resistencia a menudo peligra la meta del análisis o este
mismo; por eso suele ser necesario aunar al análisis del niño algún influjo
analítico sobre sus progenitores”.

Se tratará de establecer un dialogo abierto entre padres y analista, para


poder intervenir en determinados lugares donde la trama familiar de ha
quedado detenida.

Los padres pueden consultar de diferentes maneras: están los que a partir
del padecimiento de su hijo se hacen preguntas, tienen algún interrogante
que se ha despertado a partir del síntoma de su hijo, y tiene la inquietud por
desentrañar lo enigmático. Otros padres llegan porque el niño ha herido el
narcisismo de ellos o molesta por la falta de ajuste a que esperan de él.
Quieren que el niño se adecue a las demandas que recaen sobre él.

También están los que llegan por una instancia tercer, colegio hospital,
juzgado. Son los terceros los que detectan un padecimiento parasitario que
no causa molestias a los padres. De ser así, los padres se sienten muy
incomodos por la interrupción de algún goce. El primer planteo es el que
mejor nos permite trabajar, dado que le supone un saber al analista que bajo
los medios de la transferencia le permite intervenir.
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Y la intervención del analista para aquellos padres que suelen idealizar la


eficacia del analista y esperan que éste repare el daño narcisístico que el niño
ha ocasionado, consistirá en reintroducir la castración en el saber que le es
supuesto. Aunar al análisis del niño con el influjo analítico es extender la
transferencia hacia la presencia real de los padres, y de esta manera poder
intervenir en los lugares estancos del enlace entre padres e hijos, también
intervenir en los lugares fallidos, en las fallas en la constitución,
absteniéndose de inferir en los lugares conquistados u logrado de la dinámica
y dialéctica entre padres e hijos.

Cuando nos encontramos con padres portadores de un constado más


estanco, inmóvil, resistencial y cuando aun el sujeto no cuenta con la
disponibilidad simbólica y hay una dependencia real hacia los padres, citarlos
nos da la posibilidad de destrabar algún atrapamiento, permitiendo
recuperar al sujeto en cuestión. Dicho de otro modo, el analista abrirá
senderos para que el niño no quede atrapado en la telaraña parasitaria para
interrumpir el arrasamiento subjetivo.

TRANSFERENCIA

El análisis con niños como hemos dicho concierne a operaciones que


instituye subjetividad, en él verificamos un tiempo de la transferencia. Hay
efectos de la transferencia; efectivamente en el juego y por medio de éste se
crea el artificio de la transferencia. El niño atribuye al analista un saber jugar,
si se encuentran el juego del niño y la actitud lúdica del analista.

¿Cómo se constituye esto?

La clave la tenemos con Hans; éste se dirige al padre pero su mensaje está
destinado a Freud. Al buen entendedor. Hay un dialogo entre Hans y el
padre, referido al deseo de eliminar a su hermana; y el padre dice que “un
buen muchacho no desea eso”; Hans responde: “pero le está permitido
pensarlo”, ante la negativa nuevamente del padre, plantea:” y si se lo
hacemos saber al Dr. Freud…”
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Entonces el punto de ruptura de la transferencia en uno de los padres, ese


punto donde ya no hay un buen entendedor, que pueda escuchar la
subjetividad en el mensaje, ahí donde sería importante que lo escuche. Ahí se
ubica el analista como buen entendedor. El analista es el que restablecerá el
desfallecimiento de la subjetividad infantil. El analista permitirá que la
neurosis del niño en transferencia se desarrolle. El juego articulado en la
escena analítica posibilita la transferencia mediante las intervenciones
dentro del despliegue lúdico.

Y cuando de niños se trata, encabalgamos los tiempos de la constitución


subjetiva con los tiempos de la transferencia. El niño de los momentos
instituyentes es el que está fabricando neurosis el que va camino a armar
síntoma. Es el tiempo de la primera vuelta de la sexualidad; la transferencia
desempeña otro papel, no recorre todo el circuito completo ya que aún su
constitución no se lo posibilita.

Son transferencias inacabadas que de alguna manera indican terminaciones


de análisis también inconclusas. Se producen entonces transferencias
parciales y limitadas y transferencias múltiples: con el niño, la madre, el
padre o el tutor. El niño recrea en lo lúdico, en el como si, disfraza a estos
padre reales que sigue operando como presentes, recreándolos en otro
personajes. Si bien al comienzo son los padres los que sostienen la
transferencia, el avance del tratamiento es posible porque la transferencia
queda más del lado del niño. En los chicos más grandes cuando el significante
empieza a poblar la escena analítica, la transferencia se va a hilvanar con las
funciones paternas, la segunda vuelta de la sexualidad y las operaciones de la
castración. El analista llega a encontrar un lugar en la neurosis del niño; pero
no será como en el adulto una neurosis de transferencia que sustituirá a una
neurosis ordinaria. Porque ya ésta neurosis ordinaria es para el niño la que
arma la transferencia. Transferencia incompleta, indirecta y contemporánea
al establecimiento de un lazo transferencia.