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RACIONALISMO

El racionalismo es una corriente filosófica que se desarrolló en Europa


continental durante los siglos XVII y XVIII, formulada por René Descartes, que se
complementa con el criticismo de Immanuel Kant, y que es el sistema de pensamiento que
acentúa el papel de la razón en la adquisición del conocimiento, hecho en contraste con
el empirismo, que resalta el papel de la experiencia, sobre todo el sentido de la
percepción.
El racionalismo se identifica ante todo con la tradición que proviene del filósofo y científico
francés del siglo XVII René Descartes, quien decía que la geometría representaba el ideal
de todas las ciencias y también de la filosofía. Descartes aseguraba que solo por medio de
la razón se podían descubrir ciertas verdades universales, contrario en su totalidad a la
idea que manejaba el movimiento empirista. A partir de aquellas verdades es posible
deducir el resto de contenidos de la filosofía y de las ciencias. Manifestaba que estas
verdades evidentes en sí eran innatas, no derivadas de la experiencia. Este tipo de
racionalismo fue desarrollado por otros filósofos europeos, como el holandés Baruch
Spinoza y el pensador y matemático alemán Gottfried Wilhelm Leibniz. Se opusieron a ella
los empiristas británicos, como John Locke y David Hume, que creían que todas las ideas
procedían de los sentidos.
El racionalismo sostiene que la fuente de conocimiento es la razón y rechaza la idea de los
sentidos, ya que nos pueden engañar; defiende las ciencias exactas, en concreto las
matemáticas. Descartes quería volver a la filosofía en un conocimiento científico, por lo
tanto darle un método científico, por lo que se basó en las matemáticas, que se
consideraban como una ciencia segura, por ello se dio a la tarea de describir el principio
de la matematización, en su libro Discurso del método, para realizar una investigación
filosófica, el método consiste de cuatro reglas: 1.- Evidencia: solo es verdadero todo
aquello que no emite ninguna duda al pensamiento. 2.- Análisis: Reducir lo complejo a
partes más simples para entenderlo correctamente. 3.- Deducción: Permitir a la operación
racional deductiva el peso de la investigación, para encontrar las verdades complejas a
partir de la deducción de las simples. 4.- Comprobación: Comprobar si lo descubierto a
partir de la razón fue conseguido a través de estas reglas antes mencionadas.1
El racionalismo nasistodológico ha sido aplicado a otros campos de la investigación
filosófica. El racionalismo en ética es la afirmación de que ciertas ideas morales primarias
son innatas en la especie humana y que tales principios morales son evidentes en sí a la
facultad racional. El racionalismo en la filosofía de la religión afirma que los principios
fundamentales de la religión son innatos o evidentes en sí y que la revelación no es
necesaria, como en el deísmo. Desde finales del siglo XIX, el racionalismo ha jugado un
papel antirreligioso en la teología.
El término racionalismo tiene un significado muy amplio: en general, llamamos racionalista
a toda posición filosófica que prima el uso de la razón frente a otras instancias como la fe,
la autoridad, lo irracional, la experiencia empírica, etc. Es racionalista todo aquel que cree
que el fundamento, el principio supremo, es la razón. Junto con ello, cabe ser racionalista
en relación con un género de cuestiones y no serlo en relación con otro. El
término racionalismo se usa comúnmente en la historia de la filosofía para designar una
cierta forma de fundamentar el conocimiento: cabe pensar que el conocimiento descansa
en la razón, o que descansa en la experiencia sensible; así, puesto que valoraron más la
razón que los sentidos, podemos llamar racionalistas a Parménides, Platón y Descartes; y
podemos decir que Aristóteles, Santo Tomás y, por supuesto, Hume, tienden al empirismo,
dado el valor que dieron a la experiencia sensible o percepción.

Contexto histórico[editar]
El racionalismo es una corriente filosófica europea que posteriormente fue subdividida por
los historiadores, en dos bloques antagónicos: racionalismo y empirismo. Comprende todo
el siglo XVII y es un largo e intenso epílogo metafísico a los grandes progresos de la
ciencia del Renacimiento. En él, la filosofía adopta el paradigma matemático de la
geometría y el paradigma experimental de la física, oponiéndose tanto al
escepticismo pirrónico como al formalismo escolástico. Sus características principales son:

 Confianza en el poder de la razón.


 Postulación de las ideas innatas
 Utilización del método lógico-matemático para explicar los razonamientos del empírico
y confirmarlos cuando ello es posible.

(Del latín: “ratio”, razón.) En la teoría del conocimiento, el racionalismo es la tendencia


que reconoce la razón como única fuente del auténtico conocimiento, por oposición
al empirismo (ver), que considera que la única fuente del conocimiento es la experiencia
sensorial. Notables representantes del racionalismo fueron Descartes, Spinoza, Leibnitz;
todos ellos lucharon contra la concepción religioso-dogmática del mundo del
feudalismo, por el afianzamiento de la razón y de sus derechos. El progenitor del
racionalismo de los tiempos modernos fue Descartes, que fundamentó la omnipotencia
de la razón, considerándola verídica en sí misma. Los racionalistas veían el ideal de la
ciencia en las matemáticas que consideraban como una ciencia “pura”, ajena a la
experiencia. Descartes entendía que, así como el matemático con la fuerza de la
inteligencia, resuelve los problemas matemáticos, el filósofo puede concebir la verdad
por la pura fuerza de la inteligencia. Los datos sensibles nos engañan; sólo por la razón
podemos concebir lo existente. También Spinoza consideraba que los conocimientos
obtenidos de la experiencia son conocimientos casuales, no veraces, mientras que la
razón nos da el conocimiento necesario y veraz. En ello se revela la inconsecuencia del
materialismo de Spinoza. Si el empirismo convierte la experiencia en algo absoluto y
menosprecia el papel de la razón en el conocimiento, el racionalismo establece una
separación entre la razón y la experiencia sensible y las sensaciones, y convierte en
absolutos los conceptos, el raciocinio. La separación entre lo lógico y lo sensible
conduce inevitablemente al idealismo, ya que los conceptos son convertidos en meras
abstracciones, carentes de un contenido concreto. “El racionalista se limita al raciocinio,
y abstracto además” (Lenin). “La razón (el entendimiento), el pensamiento, la
conciencia sin la Naturaleza, sin la correspondencia con ella, es una mentira” (Lenin). El
materialismo dialéctico ha superado la unilateralidad del racionalismo y del empirismo,
resolviendo científicamente el problema de los momentos, en el conocimiento, el
sensorial y el lógico, examinándolos en su unidad y conexión orgánicas. La experiencia
sensible es el momento de partida del conocimiento. El auténtico conocimiento
comienza en las sensaciones humanas, de aquello que prueban los órganos de los
sentidos. Pero la percepción sensorial directa no nos da todavía un conocimiento
completo y profundo. El conocimiento de las conexiones y relaciones universales es
posible obtenerlo con la ayuda de la razón, del raciocinio teórico. Los conceptos lógicos,
es decir, el momento racional en el conocimiento, son la reelaboración de los datos
sensoriales en el raciocinio. Así, pues, en el materialismo dialéctico, lo sensible y lo
lógico están recíprocamente relacionados y sólo en su unidad expresan el proceso del
conocimiento. “Desde la observación viva hacia el raciocinio abstracto y de él hacia la
práctica, tal es el camino dialéctico del conocimiento de la verdad, del conocimiento de
la realidad objetiva” (Lenin). Racionalismo

(del latín, rationalis: razonable.) Orientación gnoseológica según la cual, la razón es


la única fuente de conocimiento auténtico, por oposición al empirismo (ver) que
considera que esa fuente está en la experiencia sensorial. Los racionalistas más
destacados fueron Descartes (ver) y Spinoza (ver), cuya lucha contra la ideología
religiosa y dogmática del feudalismo, y por el triunfo de la razón y de sus derechos,
tenía un carácter progresivo.
Descartes fue el fundador del racionalismo. Mostraba la omnipotencia de la razón, a
la que consideraba como criterio de la verdad. Según los racionalistas, las matemáticas,
ciencia “pura” y supuestamente independiente de la experiencia, encarnaban el ideal
mismo de la ciencia. Descartes afirmaba que del mismo modo que un matemático, con
la fuerza de su razón logra resolver sus problemas, el filósofo puede conocer la verdad
mediante la única fuerza de su razón. Según los racionalistas, los datos de los sentidos
son engañosos, y sólo la razón constituye un medio seguro de conocimiento. Nuestra
alma atesoraría ideas innatas prontas y acabadas. Aunque considerando a la razón como
fuente del conocimiento, Leibniz (ver) pensaba, contrariamente a Descartes, que las
ideas del alma no son más que virtuales, más que “principios innatos”. Spinoza
estimaba también que los conocimientos empíricos son inciertos, fortuitos, “confusos”,
mientras que la razón suministra un conocimiento necesario y auténtico. En esto reside
la inconsecuencia del materialismo de esa filosofía. Mientras el empirismo proclama el
valor absoluto de la experiencia menospreciando el papel de la razón, el racionalismo
desgaja la razón de la experiencia, de las sensaciones, erigiendo en absolutos los
conceptos, el pensamiento. La ruptura entre lo lógico y lo sensible conduce fatalmente
al idealismo, pues los conceptos se convierten en abstracciones huecas, desprovistas de
contenido concreto. “...El racionalista se contenta con el razonamiento, y lo que es más,
con un razonamiento abstracto”, observa Lenin (Obras, Ed. rusa).

El materialismo dialéctico ha superado el carácter unilateral del racionalismo y del


empirismo, y ha resuelto científicamente el problema de lo sensible y de lo lógico, dos
elementos conexos de un solo y único proceso, dos etapas necesarias del conocimiento
que se completan recíprocamente. La experiencia sensorial es el punto de partida del
conocimiento. El verdadero conocimiento comienza con los datos que suministran las
sensaciones humanas, los órganos de los sentidos. Pero la percepción sensorial
inmediata no suministra todavía un conocimiento profundo y completo. Los vínculos y
las relaciones interiores se revelan a la razón, al pensamiento teórico. Las nociones
lógicas, elemento racional del conocimiento, son el producto de la refundición de los
datos de los sentidos en el pensamiento. Así, para el materialismo dialéctico, lo sensible
y lo lógico son conexos y constituyen, en su unidad, un solo y mismo proceso del
conocimiento.

La filosofía marxista insiste en el vínculo estrecho de esos elementos del


conocimiento con la actividad práctica de los hombres. La vía dialéctica del
conocimiento de la verdad, de la realidad objetiva, hace observar Lenin, va “...de la
contemplación viva al pensamiento abstracto y de éste a la práctica...” (Cuadernos
filosóficos, Ed. rusa). (Ver igualmente Conocimiento; Sensualismo).
Diccionario filosófico abreviado · 1959:431-432

Racionalismo

(del latín “rationalis”: racional.) 1. Teoría gnoseológica, según la cual la


universalidad y la necesidad –caracteres lógicos del saber verdadero– no pueden
inferirse de la experiencia ni de las generalizaciones de la misma; sólo pueden extraerse
del propio entendimiento: de conceptos que le son innatos (teoría de las ideas
innatas de Descartes), o de conceptos que existen sólo en forma de aptitudes, de
predisposiciones del entendimiento. La experiencia ejerce cierta acción estimulante para
la aparición de tales conceptos, mas su carácter de universalidad y necesidad
incondicionales se deben a los modos de ver del entendimiento o formas apriorísticas
que preceden a la experiencia, de la cual, según se afirma, estas no dependen. En este
sentido, el racionalismo se contrapone al empirismo. El racionalismo surgió como
intento de explicar las particularidades lógicas de las verdades de la matemática y de la
ciencia natural matemática. Sus representantes fueron, en el siglo XVII, Descartes,
Spinoza y Leibniz; en el XVIII, Kant, Fichte; en el XIX, Schelling y Hegel. La
limitación del racionalismo estriba en negar el origen práctico de la universalidad y de
la necesidad. El racionalismo atribuye un valor absoluto al carácter incondicional de
estos rasgos lógicos, desconoce la dialéctica del tránsito del saber desde la universalidad
y necesidad menores a las que son mayores e incondicionadas. El carácter limitado del
racionalismo solo se supera con el marxismo, que concibe el conocimiento formando
una unidad con la práctica (Conocimiento, Teoría y práctica).

2. Carácter discursivo del pensamiento y de la concepción del mundo. Se manifiesta


no sólo en la teoría del conocimiento, sino, además, en psicología, en ética y estética. En
psicología, el racionalismo sitúa en un primer plano las funciones psíquicas
intelectuales, reduciendo, por ejemplo, la voluntad a la razón (Spinoza); en ética, sitúa
en un primer plano los motivos y principios racionales de la conducta moral; en estética,
el carácter racional (intelectual) de la acción creadora. En todos estos casos, el
racionalismo denota fe en la razón, en la evidencia del examen racional, en la fuerza de
la demostración. En este sentido, el racionalismo se contrapone al irracionalismo.

3. En teología, es la corriente según la cual son aceptables tan sólo los dogmas de la
fe vistos por el entendimiento como concordantes con la lógica y con “la luz natural” de
la razón.
Diccionario filosófico · 1965:388

Racionalismo

(lat. rationalis.) 1. Doctrina en la teoría del conocimiento que dice que la universalidad y la
necesidad –indicadores lógicos del saber verídico– no pueden ser deducidas del experimento y
sus generalizaciones, sino tan sólo del intelecto mismo o de los conceptos inherentes a él desde
su nacimiento, (teoría de las ideas innatas de Descartes), o bien de los conceptos que sólo
existen en forma de fuerzas potenciales, predisposiciones del intelecto. La experiencia ejerce
cierto influjo estimulante sobre la aparición de estos conceptos, pero su carácter universal y
necesario incondicional se lo imprimen los criterios del intelecto o las formas apriorísticas que
preceden el experimento y, al parecer, no dependen del mismo. En este sentido, el racionalismo
es contrario al empirismo. El racionalismo surgió como intento de explicar las particularidades
lógicas de las verdades en las matemáticas y las ciencias naturales matemáticas. Los adeptos
del racionalismo eran Descartes, Spinoza, Leibniz (siglo
17), Kant, Fichte, Schelling, Hegel (siglo 18). La estrechez del racionalismo consiste en la
negación de la procedencia experimental de la universalidad y la necesidad del saber verídico.
El racionalismo absolutiza el carácter incondicional de estos indicadores lógicos y no conoce la
dialéctica de la transición del saber de una universalidad y necesidad menores a la universalidad
y necesidad cada vez mayores e incondicionales. Dicha estrechez fue superada por el marxismo,
que estudia el conocimiento en unidad con la práctica (Conocimiento, Teoría y práctica). El
racionalismo tiene numerosas manifestaciones en los diversos campos del saber. En estos
casos, el racionalismo significa también la fe en la razón, en la evidencia del criterio razonable,
en la fuerza de la demostrabilidad.
2. En teología, el racionalismo es una corriente, según la cual sólo son admisibles los dogmas
de la fe que el intelecto considera correspondientes a la lógica y a los argumentos de la razón.


 (Del latín “ratio”-razón). En la teoría del conocimiento, tendencia que reconoce la razón
como única fuente del verdadero conocimiento, en oposición al empirismo, que
considera como única fuente del conocimiento de la verdad a los sentidos.
 El materialismo dialéctico superó las unilateralidades del racionalismo y del empirismo,
y resolvió, científicamente el problema de los momentos sensorial y lógico en el
conocimiento, considerándolos en su unidad y relación orgánica. La experiencia de los
sentidos es el momento de la partida del conocimiento, es la transformación de los datos
sensoriales en las cabezas de los hombres. Los más destacados representantes del
racionalismo fueron Descartes y Leibnitz.

IDEALISMO
El idealismo apela a una idea básica de relación entre la mente y el cosmos. Se basa en la
idea de que nosotros los humanos somos capaces de elaborar concepciones de la
naturaleza y el ser de Dios, mediante la mera reflexión. De acuerdo con esta concepción,
el mundo y la mente humana existen con dependencia, uno de otra. En contraposición al
empirismo y sus derivados (el positivismo y el realismo, por ejemplo), para descubrir las
características fundamentales del mundo no sería necesario examinarlo, sino que bastaría
con la reflexión, privilegiando así, las ideas sobre la experiencia como fuente de
conocimiento.
De acuerdo con Mario Bunge, el idealismo es la familia de teorías filosóficas que afirman
la primacía de las ideas o incluso su existencia independiente. Un sinónimo es
el inmaterialismo. El materialismo rechaza el idealismo. El idealismo no es precisamente
antagónico al realismo pues hay filosofías idealistas (idealismo objetivo) que postulan una
existencia de objetos abstractos independientes del observador.
El idealismo supone que los objetos no pueden tener existencia sin que haya una mente
que esté consciente de ellos. Para poder conocer las cosas, se debe tomar en cuenta la
conciencia, las ideas, el sujeto y el pensamiento.

Variantes y características[editar]
Idealismo objetivo[editar]
El idealismo objetivo dice que las ideas existen por sí mismas y que solo podemos
aprenderlas o descubrirlas mediante la experiencia. Para el idealista objetivo los demás
son ideas sin cuerpo material. Algunos representantes del idealismo objetivo
son Leibniz, Hegel, Bernard Bolzano, Dilthey.

Idealismo subjetivo[editar]
El idealismo subjetivo sostiene que las ideas solo existen en la mente del sujeto: que no
existe un mundo externo autónomo. Para el idealista subjetivo los demás son ideas que
solo existen en su propia mente. Representantes del idealismo subjetivo
son: Descartes, Berkeley, Kant, Fichte, Mach, Cassirer y Collingwood.
La principal característica del idealismo subjetivo es que todo gira alrededor del sujeto
cognoscente (ser pensante que realiza el acto del conocimiento). Y existen, a su vez, dos
variantes. La versión radical sostiene que el sujeto construye el mundo: no existen cosas
por sí mismas sino que solo existen cosas para nosotros (constructivismo ontológico).
Según esta concepción, la naturaleza no tiene existencia independiente. En cambio,
la versión moderada «af irma que las cosas son del color del cristal con que se miran».
La ciencia y la tecnología no interfieren en el idealismo, pues ambas dependen sobre todo
de la percepción del mundo exterior para modificarlo conforme al conocimiento. Donde la
percepción en sí, no es ninguna temática contraria al idealismo.
El simple aserto de que las ideas son importantes no lo califica de idealista. Casi todos los
materialistas y realistas admiten la existencia e importancia de las ideas, solamente niegan
su autoexistencia.
La reacción individualista al idealismo alemán[editar]
Una aportación del idealismo alemán aplicable a nuestros días es:
«La clase de filosofía que se elige depende de la clase de hombre que es».
Tomando en cuenta esta frase se puede pensar que solo es aplicable a los seres humanos
en edad adulta y es quizá, porque hasta entonces se adquiere una filosofía de vida, lo que
quizá se ha pasado por alto desde hace muchos años, es el hecho de que los mayores
son un ejemplo para las nuevas generaciones por lo cual es importante que la manera de
dirigirse en la sociedad sea un ejemplo de la filosofía que estos puedan replicar en la
búsqueda de una sociedad productiva y humanista.1

1. ¿Qué es idealismo?
El idealismo es un conjunto de corrientes filosóficas que se opone al
materialismo. Afirma que para comprender la realidad no alcanza con el
objeto en sí que es percibido por los sentidos sino que es necesario tener en
cuenta las ideas, los sujetos pensantes y el propio pensamiento.

El idealismo fue de gran influencia en el pensamiento filosófico a lo


largo de la historia. Motivó a los pensadores a desconfiar de la percepción de
sus propios sentidos para ampliar su capacidad de comprensión de la realidad.

Se distinguen cinco tipos de corrientes idealistas:

 Idealismo platónico. Platón fue uno de los primeros filósofos en hablar de


idealismo. Sostuvo que las ideas constituyen un mundo suprasensible fuera del
ser, es decir, un mundo que se intuye de manera intelectual y no solo a través
de los sentidos. Es por medio del intelecto y la razón como se logra conocer el
mundo real.
 Idealismo objetivo. Para esta variante filosófica, las ideas existen por sí
mismas y solo se pueden descubrir mediante la experiencia. Algunos
representantes del idealismo objetivo fueron Platón, Leibniz, Hegel, Bolzano y
Dilthey.
 Idealismo subjetivo. Algunos filósofos de esta corriente fueron Descartes,
Berkeley, Kant y Fichte. Sostenían que las ideas existen en la mente del sujeto
y no en un mundo exterior independiente. Según esta corriente, las ideas
dependen de la subjetividad del ser que las percibe.
 Idealismo alemán. Se desarrolló en Alemania y los principales pensadores de
esta corriente fueron Kant, Fichte, Schelling y Hegel. Contempla que la
verdadera esencia del objeto existe debido a la actividad subjetiva del
pensamiento, que lo reconoce como algo real y no como algo abstracto. Se
caracterizó por priorizar el pensamiento sobre la sensación, por plantear la
relación entre lo finito e infinito y por inspirar una fuerza creativa en el hombre
(incluso los poetas fueron influenciados por los filósofos de esta corriente).
 Idealismo trascendental. El filósofo Kant fue su principal representante y
sostuvo que, para que tenga lugar el conocimiento, es necesaria la presencia
de dos variables:

o Fenómeno. Manifestación directa de los sentidos, es decir, el objeto de


una observación empírica.
o Noúmeno. Es lo pensado, que no corresponde a una percepción de los
sentidos. Puede ser conocido por medio de la intuición intelectual.

Kant sostiene que el conocimiento está condicionado por los fenómenos,


mientras que los noúmenos son los límites de lo que puede ser
conocido. Las condiciones de todo conocimiento son dadas por el sujeto y
todos los fenómenos derivados de su percepción son considerados como
representaciones de la realidad. Las cosas en sí mismas no constituyen lo real.

3. Características del idealismo


 Requiere del intelecto que le permite formar una idea determinada de las cosas
que percibe a través de los sentidos.
 La razón no se identifica con lo finito o material sino que alcanza lo infinito,
como puede ser la concepción de la existencia de Dios.
 La manera de conocer la realidad, es decir, a los objetos en sí mismos, es por
medio del intelecto y a través de la experiencia.
 No se conforma con lo que en apariencia perciben los sentidos sino que está
ligado a una realidad superior de la consciencia del ser.

4. Ejemplos de idealismo
Detallamos los principales ejemplos que reflejan parte de la filosofía idealista:

 Derechos humanos. Una idea universal surgida en Francia es asimilada por


los dirigentes sobrevinientes de la Segunda Guerra Mundial.
 La Revolución Francesa. Sus premisas de libertad, igualdad y derechos
humanos, se basan en conceptos del idealismo social y político.
 Don Quijote de la Mancha. Se caracteriza por un personaje que soñaba y se
perdía en su propio mundo de ideas.
 “Pienso, luego existo”. Es la frase del filósofo René Descartes que mejor
identifica a la corriente idealista.
 “Son filósofos verdaderos, quienes disfrutan contemplando la
verdad”. Esta frase de Platón alude a que la filosofía consiste en elevarse
hacia la verdad o realidad.
 Las obras de Carlos Marx. A partir de sus ideas, Marx explica las
características y el funcionamiento de una sociedad ideal, donde los medios de
producción pertenecen a la clase trabajadora.

5. Representantes del idealismo


Entre los principales representantes se encuentran:

Platón. Filósofo griego (Atenas, 427 – 347 a. C.). Sócrates fue su maestro y
luego, Aristóteles su discípulo. Fue un pensador destacado cuyo trabajo tuvo
gran influencia en la filosofía occidental y en las prácticas religiosas. En el año
387 a. C. fundó la Academia, el primer instituto superior de filosofía idealista de
la antigua Grecia.Algunos de los aportes más destacados de Platón fueron:

 La teoría de las ideas. Es el eje de la filosofía platónica. No se


encuentra formulada como tal en ninguno de sus trabajos sino que fue
abordada desde diferentes aspectos en sus obras La República, Fedón y
Fedro.
 La dialéctica. Es parte de la lógica que estudia el razonamiento
probable, pero no de la demostración. Se relaciona con el arte de
debatir, persuadir y razonar las diferentes ideas.
 La anamnesis. Es un término empleado por Platón para hacer
referencia a la búsqueda metódica del conocimiento. Tiene que ver con
un recuerdo del alma sobre una experiencia que ha tenido en una
encarnación anterior.

René Descartes. (La Haye en Touraine, 1596-1650). También llamado


Renatus Cartesius en latín, fue un filósofo, matemático y físico francés. El
aporte de sus obras es considerado una revolución en el ámbito científico y de
la filosofía moderna. Se diferenció de otros pensadores porque tuvo como
propósito conocer el camino o método para llegar al conocimiento y a la
verdad, mientras que otros filósofos se basaban en corrientes preestablecidas
que definían qué es el mundo, el alma, el ser humano, etc., lo que
condicionaba las ideas que pudieran alcanzar.Descartes expone el discurso del
método mediante cuatro reglas:

 Evidencia. Admitir como verdadera una cosa solo si se sabe con


claridad y no genera dudas. Esto contradice el principio de identidad de
Aristóteles, donde la razón es suficiente para concretar una idea.
 Análisis. Separar las posibles dificultades o incógnitas para pensarlas
hasta llegar a sus componentes últimos.
 Síntesis. Ordenar los pensamientos según el grado de complejidad.
 Enumeración. Revisar más de una vez y de manera minuciosa cada
instancia de la metodología para asegurarse de no omitir nada.

A través de la duda metódica, Descartes se cuestiona todos los conocimientos e


intenta liberarse de todo tipo de prejuicios. No busca no creer en nada sino
que se plantea si existen otros motivos para cuestionar el
conocimiento. Se denomina metódica porque no duda de cada conocimiento
individual, idea o creencia, al contrario, tiene como objeto analizar las razones
en las que se fundó una idea para darla como válida y, de ese modo, rastrear el
camino para encontrar la verdad.
Descartes concluye que hay algo de lo que no puede dudar y es,
precisamente, de la capacidad de dudar. “Saber cómo dudar, es una
manera de pensar. Por lo tanto, si dudo, significa que existo. Esa verdad resiste
a toda duda por muy radical que sea y el solo hecho de dudar es prueba su
verdad.” Así llegó a la verdad, a partir de la cual nace el pensamiento moderno:
“pienso, luego existo”.

Immanuel Kant. (Königsberg, 1724-1804). Filósofo prusiano y figura


relevante del movimiento cultural e intelectual llamado Iluminismo, Kant
establece que el problema de la filosofía es “saber si la razón es capaz de
conocer”. Deriva entonces la variante del idealismo denominada “criticismo” o
“idealismo trascendental”:
Kant considera que el hombre es un ser autónomo que expresa su libertad a
través de la razón y que no conoce las cosas en sí mismas sino que ve una
proyección de sí mismo en el conocimiento de las cosas. Los principales
conceptos de su trabajo son:

 Idealismo trascendental. En el proceso del conocimiento, la


experiencia de conocer el objeto influye sobre la realidad y esta
experiencia está condicionada por el tiempo y lugar.
 El ser humano en el centro del universo. El sujeto que conoce, lo
hace de manera activa y modifica la realidad que está conociendo.
 Más allá del ser. Existen condiciones universales y necesarias, previas
a la experiencia del ser.

Georg Wihelm Friedrich Hegel. (Stuttgart, 1770-1931). Filósofo alemán que


sostuvo que “lo absoluto” o idea, se manifiesta de manera evolutiva bajo
normas de la naturaleza y del espíritu. Establece que el conocimiento tiene
una estructura dialéctica: por un lado, el mundo existente y, por el otro está la
necesidad de superar los límites de lo conocido.

Cada cosa es lo que es y solo llega a serlo en relación con otras cosas. Esta
realidad dialéctica está en constante proceso de transformación y cambio.
Concibe una totalidad donde cada cosa llega a ser lo que es como suma de
todos los momentos, superando la vaguedad de la abstracción. No hay
diferencia entre el ser y el pensar ni entre el sujeto y objeto: todo se diluye en
la totalidad. Proceso del conocimiento dialéctico:

 El conocimiento consiste en la relación sujeto-objeto y, a su vez, cada


uno se niega o contradice, lo que impone un proceso de transformación
que conduce a la igualdad entre ellos.
 El proceso de transformación para superar la diferencia entre objeto y
sujeto tiende a reducir uno a otro. Solo en la identidad es posible
alcanzar un conocimiento total y absoluto.
 En la reducción a la identidad absoluta se alcanza el verdadero
conocimiento dialéctico que tiene lugar la disolución de objeto en el
sujeto.
Gottfried Wilhelm Leibniz. (Leipzig, 1646-1716). Fue un filósofo alemán
erudito que supo en profundidad sobre matemática, lógica, teología y política.
Su trabajo aporta importantes contribuciones para la metafísica, epistemología,
lógica y filosofía de la religión. Leibniz busca unir a la religión con la ciencia,
explica las desdichas del hombre en base a verdades de la voluntad divina. Esta
doctrina se asocia con la enseñanza religiosa sobre la omnipotencia de Dios.

Según Leibniz, el universo está compuesto de sustancias espirituales


independientes que son las almas, a las que Leibniz denominó “mónadas”:
elementos constitutivos de todas las cosas de la vida. Este es el aporte más
significativo para la metafísica y supone una solución a los problemas de la
interacción entre mente y cuerpo. Además, evidencia la identidad del ser y
derriba la falta de individualización. Leibniz se destaca por una mirada óptima
respecto al universo, que considera el mejor que Dios pudo haber creado. En su
época fue varias veces ridiculizado por sostener esta idea.

MATERIALISMO
El materialismo es la idea que postula que la materia es lo primario y que la conciencia
existe como consecuencia de un estado altamente organizado de ésta, lo que produce un
cambio cualitativo.
En cuanto a la relación del pensamiento humano y el mundo que nos rodea y la
cognoscibilidad de ese mundo, el materialismo afirma que el mundo es material y que
existe objetivamente, independientemente de la conciencia. Según esta concepción, la
conciencia y el pensamiento se desarrollan a partir de un nivel superior de organización de
la materia, en un proceso de reflejo de la realidad objetiva.
El materialismo también sostiene que la materia no ha sido creada de la nada, sino que
existe en la eternidad y que el mundo y sus regularidades son cognoscibles por el humano,
ya que es posible demostrar la exactitud de ese modo de concebir un proceso natural,
reproduciéndolo nosotros mismos, creándolo como resultado de sus mismas condiciones y
además poniéndolo al servicio de nuestros propios fines, dando al traste con la “cosa en sí,
inasequible”.
Las afirmaciones del materialismo entran en oposición con las del idealismo. Al afirmar que
sólo hay una "clase de sustancia" (la materia) el materialismo es un tipo de monismo
ontológico.1

Introducción[editar]
La oposición entre el enfoque materialista y el enfoque idealista es una de las polémicas
filosóficas más antiguas y persistentes. En el siglo XVII el término «materialismo» se solía
usar principalmente en el sentido de representaciones físicas acerca de la materia. En ese
sentido las ciencias naturales modernas tienen un enfoque completamente materialista.
Desde comienzos del siglo XIX, por influencia del materialismo histórico, el término pasa a
usarse también en contexto de las ciencias sociales. En ese sentido el materialismo se
refiere a varios marcos teóricos que buscan las causas de los procesos históricos y el
cambio cultural en causas materiales. Para este materialismo de tipo histórico las causas
últimas de los fenómenos sociales están determinadas por factores materiales y rechaza
explícitamente las explicaciones en las que intervienen factores sobrenaturales, tomando
como un hecho la irrelevancia científica de Dios, de espíritus y de una supuesta
inteligencia del mundo en el devenir histórico. De acuerdo con el materialismo, las causas
últimas deben buscarse en factores medibles o aprehendibles empíricamente.2
Aunque históricamente el materialismo histórico se popularizó en el seno del marxismo,
donde sigue siendo un tema principal, se encuentran antecedentes anteriores a Marx.
Actualmente está presente en antropología, teoría de la historia o sociología, haciendo que
el materialismo histórico englobe a toda una serie de elaboraciones teóricas no
necesariamente marxistas. Fuera del campo del marxismo, el materialismo de tipo
histórico es la hipótesis de que los rasgos definitorios de las sociedades humanas y la
evolución histórica de las mismas ha estado determinada por factores materiales
(tecnología disponible, sistema de producción, características geográficas y climáticas).
Debido al intento de establecer las ideas del materialismo histórico de modo independiente
a la versión marxista del mismo, se han acuñado términos nuevos como: materialismo
cultural, funcionalismo ecológico, determinismo geográfico, determinismo económico, y
otros, que pueden ser considerados como concepciones materiales de la Historia.
Diversos autores académicos como Jared Diamond o Marvin Harris han tratado en detalle
la evolución histórica de extensas áreas geográficas, y tratando de explicar rasgos
definitorios de la sociedad a partir de factores materiales, señalando que este tipo de
factores son los preponderantes cuando se trata de entender la evolución de las
sociedades y las civilizaciones.

Historia[editar]
Doctrinas materialistas del Antiguo Oriente[editar]
Los primeros vestigios que se tienen de la doctrina materialista se remontan a fines del
tercer y principios del segundo milenio a. de n. e. en las culturas egipcia y babilónica,
donde se formaron las primeras concepciones materialistas espontáneas. También y un
poco más tarde pero con mayor integridad se la encuentra en la filosofía de
la India y ChinaAntigua.
En monumentos de la cultura egipcia antigua se menciona por ejemplo «el agua fría
creadora de todos los seres y de la que proceden todas las cosas, así como el aire que
llena el espacio y se halla en todas partes», lo cual muestra que ya en ese entonces se
planteaba en forma embrionaria la cuestión del origen material de los fenómenos
naturales. O puede que hayan interpretado estos elementos desde un punto de vista
netamente simbólico.
En la cultura babilónica, por ejemplo, nos encontramos con el astrónomo Seleuco (siglo II
a. de n. e.) quien ya en ese entonces formuló conjeturas acerca de la estructura
heliocéntrica del mundo.
En la India Antigua aparece a mediados del I milenio a. C. en la doctrina Lokaiata (o
escuela de los chārvākas) que sostenían que el mundo era material, compuesto de cuatro
elementos primigenios: la tierra, el agua, el fuego y el aire. De estos elementos se
formaban también los seres vivos, incluido el ser humano, los cuales luego de morir se
descomponían nuevamente en estos elementos. Los chārvākas además, sometieron a
crítica las doctrinas religiosas imperantes en esa época sobre la existencia de Dios, el
alma y el mundo del más allá, demostrando que al morir el cuerpo, desaparecía la
conciencia, por lo que consideraban absurda la doctrina de la transmigración de las almas.
El materialismo de los chárvakas se hallaba íntimamente relacionado con su ateísmo.
Posteriormente en la corriente Sāṃkhya (cerca del año 600 a. C.) se sostenía que el
carácter material del mundo se desarrollaba a partir de una substancia primigenia (prakriti);
pero el logro más importante de esta corriente fue el postulado de que el movimiento, el
espacio y el tiempo son propiedades inseparables de la materia.
A medida que se desarrollaba la filosofía hindú antigua, la concepción de la materia
compuesta por los cuatro elementos (fuego, aire, agua y tierra) fue sustituida por
representaciones más desarrolladas basadas en la estructura atomista del mundo. En las
escuelas filosóficas Nyāya y Vaiśeṣika surgen las ideas de que el mundo se compone de
pequeñas partículas de diversa cualidad que se hallan en el éter, en el espacio y en el
tiempo. Estas partículas serían eternas, increables e indestructibles, al tiempo que los
objetos compuestos de ellas serían mutables, inestables y transitorios. Estas ideas
materialistas ejercieron un fuerte influjo sobre escuelas y doctrinas religiosas de la época,
como por ejemplo en la escuela religiosa Mīmāṃsā, la cual reconocía la realidad del
mundo, cuyo ser no depende de ningún creador, existe eternamente y se compone de
partículas regidas por la ley autónoma del karma.
En la China Antigua encontramos la doctrina materialista en la teoría del conocimiento
de Mozi (479-381 a. C.) en oposición a Confucio. Aportes importantes también las dio
el Taoísmo, cuyo creador Lao-Tse (siglos VI a. C. a IV a. C.) sostenía que el mundo, que
es eterno, se halla en movimiento y mutación continuos. El movimiento, según los taoístas,
es regido por el Tao (ley natural), que si bien es un concepto abstracto y metafísico, es al
mismo tiempo anti-espiritista ya que al Tao se lo considera inmaterial pero natural, y no de
origen divino o sobrenatural, por lo que la cosmovisión taoísta resulta en una dialéctica
materialista-metafísica, dualmente naturalista y no espiritista.
Las ideas materialistas ingenuas cobraron sucesivo desarrollo en la doctrina de Xun
Zi (313-238 a. C.) una de las relevantes figuras del confucionismo, quien a diferencia de
otros confucianos consideraba que el cielo no posee conciencia y es parte de la
naturaleza, en la que incluía asimismo el Sol, la Luna, los astros, las estaciones del año, la
luz y las tinieblas, el viento y la lluvia, y que la sucesión de fenómenos celestes discurre
según determinadas leyes naturales, de modo que el destino de las personas no puede ser
regido por una inexistente «voluntad del cielo».
Xun Zi afirmaba que el ser humano, contrariamente a los animales, sabe mancomunar sus
esfuerzos y organizar su vida pública, que puede conocer el mundo circundante y
aprovechar los conocimientos adquiridos en su bien; además de que el conocimiento
empieza por la percepción, pero es gobernado por el pensamiento que cumple leyes
naturales.
Por último ya en las inmediaciones de nuestra era la encontramos en Wang Chung (27-
97 a. C.) quien sostenía que el mundo se compone de la substancia qì, la cual se mueve
en la eternidad, mientras que el tao es la ley de la propia realidad. Por la acción recíproca
de dos qi —los enrarecidos que se hallan en el espacio celeste y los condensados que se
hallan en la tierra constituyendo los diversos cuerpos— son engendradas todas las cosas.
Sostenía que el hombre es un ser natural compuesto de substancia material en el que se
ha instalado una energía vital, un principio espiritual elaborado por la circulación de la
sangre, la cual desaparece al morir el hombre. Este materialismo era ingenuo y metafísico.

Materialismo de la Grecia Antigua[editar]


Desde el siglo VI a. C. la filosofía se desarrolla con mayor ímpetu en la Grecia Antigua y
post moderna. Allí la corriente materialista surge en controversia con la religión
principalmente en los filósofos representantes de la llamada escuela de Mileto; Tales de
Mileto (ca. 624-547 a. C.), Anaximandro (ca. 610-546 a. C.) y Anaxímenes (ca. 585-
525 a. C.).
Según la doctrina de Tales, el agua es el principio de todas las cosas; todo procede del
agua y todo se convierte en agua.
Anaximandro tomó como sustancia primaria de todo lo existente el apeiron, principio
indeterminado que engendra las cosas y los fenómenos mediante el movimiento y la
segregación de contrarios tales como «lo húmedo y lo seco», «lo frío y lo cálido» «lo dulce
y lo salado». Según esta doctrina todo se encuentra en constante rotación, una cosa surge
del apeiron y otra desaparece y se decompone transformándose en apeiron, lo cual
siguiendo un curso materialista hace uno de los primeros intentos de representar el mundo
dialécticamente, en movimiento.
Anaxímenes tomó como sustancia primordial el aire, cuyo movimiento condiciona el
surgimiento y la desaparición de las cosas.
Otro filósofo griego que hizo grandes aportes a la doctrina materialista
fue Heráclito de Éfeso (ca. 530-470 a. C.) el cual tomó como sustancia primaria el fuego.
Sostenía la existencia en la eternidad del mundo, independientemente de cualesquiera de
las fuerzas sobrenaturales, como un fuego eternamente vivo, que con orden regular se
enciende y con orden regular se apaga. Subrayaba la idea del movimiento y cambio
constante del mundo, de la contradicción como fuente de movimiento, de la posibilidad de
transformación recíproca de los contrapuestos. Expresó ideas sobre los
principios dialécticos, que reflejan de una u otra manera el estado verdadero de las cosas,
aunque no sostenidas por conocimientos científicos.
El desarrollo más profundo de la corriente materialista en la Grecia Antigua se ve en la
doctrina de Demócrito de Abdera (460-370 a. C.), que promovió la teoría atomista de la
estructura de la materia. Según esta teoría, el principio cardinal del mundo es la existencia
del vacío y los átomos que se mueven en el vacío, encontrándose y formando diferentes
cuerpos e incluso el alma del hombre, la cual muere al perecer el organismo.
Finalmente dentro de la corriente materialista aunque un tanto más inconsecuente
encontramos al filósofo griego Aristóteles (384-322 a. C.) el cual sostenía que todas las
cosas tenían en su base una materia prima, que se caracterizaba por la falta de
determinación, de forma, es decir, no eran sino una posibilidad de existencia. Esta
posibilidad se convierte en cosa verdadera sensible sólo cuando la materia se une con una
u otra forma que le da su determinación. Esta concepción, si bien es materialista en
su esencia, tiene graves insuficiencias porque separa la materia primaria del movimiento,
que es introducido por la forma desde fuera, además de que su transición de un estado
indeterminado a determinado toma su origen a fin de cuentas de los dioses y otras
divinidades, que vienen a ser el primer propulsor.
Esta concepción, a la par con los elementos de la dialéctica y las tendencias materialistas,
contiene también rasgos metafísicos y tendencias idealistas.
Después de Aristóteles se observa una decadencia condicionada por la crisis general que
vive el Estado Griego, perfilándose una transición del materialismo al idealismo y
al misticismo.

Materialismo en la Edad Media[editar]


En la Edad Media domina la religión en todas las esferas de la vida espiritual de la
sociedad. La filosofía se convierte en ese periodo en sirvienta de la teología, justificando y
argumentando los dogmas religiosos y demostrando su veracidad e inmutabilidad. En
dicho periodo se presta especial atención al problema de la correlación de las ideas
generales y de las cosas del mundo sensible y la pugna entre el materialismo y el
idealismo se centra en resolver la cuestión de la correlación de lo singular y lo general, de
las ideas generales y las cosas particulares.
En ese sentido, los materialistas afirman que lo universal no puede existir en la realidad y
tanto menos antes de lo singular. En la realidad existen solo las cosas singulares y lo
general es solo denominación que no refleja nada y por eso no existe en la realidad. A esta
corriente materialista se le denominó nominalismo.
Al mismo tiempo en los siglos III y IV en China perdió rápidamente el papel la ideología
confuciana, propagándose el misticismo religioso de la secta taoísta y penetró cada vez
más el budismo en la India.
Los pensadores materialistas de aquella época intervinieron contra ese misticismo e
idealismo.
Fan Zhen (siglo V a VI) propagaba la idea de que no existe el mundo del más allá y que el
alma del hombre es una forma de existencia del cuerpo y desaparece al morir el hombre.
Los confucianos de los siglos VII a IX adelantaron algunas proposiciones materialistas
pero más tarde renunciar, culminando con una doctrina idealista neoconfucionista.
El principal defensor de la orientación materialista dentro del neoconfucianismo fue Zhang
Zai (1020-1077) que refutó las representaciones idealistas del que el cielo y la tierra son un
conjunto de aprehensiones subjetivas; promovió la idea de que el mundo de las cosas, que
existe realmente, descansa en la substancia materia, que adopta diversas formas. La
primigenia de ellas es el espacio infinito lleno de partículas invisibles diseminadas que
cuando se condensan forman una masa nebulosa llamada "magna armonía", compuesta
por partículas pasivas y activas, de las que surgen todas las cosas. Zhang Zai también
hace referencia a los cambios y al desarrollo de las cosas entregando importantes
vislumbres dialécticos, pero de los cuales elaboraba conclusiones metafísicas. Señalaba
que todas las cosas se hallan condicionadas recíprocamente y en interconexión; el
proceso de desarrollo de los fenómenos toma dos formas -graduales y repentinas-; que
todo proceso acontece en la contienda de fuerzas contrapuestas: el principio activo y el
principio pasivo; pero concluía que el resultado final de la lucha entre esas fuerzas
opuestas es su conciliación.
Hacia los siglos XVII y XVIII los postulados materialistas cobran mayor desarrollo y
fundamentación más profunda en filósofos como Wang Chuanghan (1619-1692) y Dai
Zhen(1723-1777) que fundamentan y desarrollan las ideas materialistas acerca de la
naturaleza y las leyes del desarrollo pero que en cuestiones sociales no avanzan más allá
que sus precursores.
En la India por su parte en dicho periodo adquieren la mayor influencia los sistemas
ortodoxos nyaya, vaisesika, sankhya, yoga, mimansa y vedanta y los
heterodoxos charvaca-lokayatamanta, jainismo y budismo, integrado este por cuatro
escuelas: vaibhasika, sautrantika, madhyamika y yogacara. De ellos solo mantuvieron una
tendencia materialista coherente los charvakas, en los demás coexistían elementos
materialistas e idealistas o eran idealista consecuentes.
En ese periodo y partiendo de la filosofía griega antigua y del pensamiento filosófico en
oriente, surge y alcanza un alto nivel la filosofía arabográfica.
De los siglos X a XIII estuvo representada por las corrientes: peripatetismo (aristotelismo)
oriental, la doctrina de los Hermanos de la Pureza, el sufismo y la filosofía musulmana
ortodoxa.3

Materialismo de la época del Renacimiento[editar]


Italia fue el primer país en el que comenzaron a desarrollarse las relaciones capitalistas.
Desde el punto de vista económico, la región más desarrollada era el norte, con sus
repúblicas marítimas comerciales de Venecia y Génova, y la industrial de Florencia. En el
centro de la atención de los pensadores avanzados de la época quedó la persona humana.
Los ideólogos de la burguesía ascensional que necesitaba la libertad de desplazamiento,
la libre empresa y la libertad de comercio, soñaban con liberar al hombre del
despotismo feudal.
Esta nueva dirección de la cultura fue denominada «humanismo» (del latín humanus,
‘humano’). La vieja sentencia de «soy hombre y nada humano me es ajeno» se convirtió
en la divisa de los humanistas. La particularidad del pensamiento filosófico del
Renacimiento es su carácter antiescolástico. Debe tenerse en cuenta que la escolástica,
tanto por el lado de la Iglesia como del Estado, fue durante toda la Edad Media la filosofía
oficial y se impartió en la mayoría de las universidades. A diferencia de la escolástica, la
filosofía de los humanistas dejó de ser sirvienta de la teología. En oposición a la
escolástica y a la teología de la Edad Media comenzó a desarrollarse en Italia la filosofía
materialista.
Dos filósofos italianos[editar]
Bernardino Telesio (1509-1588) dio un importante paso en el desarrollo de la filosofía de
Italia. Fundó una academia filosófica en la que por oposición al aristotelismo medieval se
propagaba el estudio empírico de la naturaleza. Su principal obra se titula De la naturaleza
de las cosas conforme a sus propios principios. En lo fundamental era materialista y
sostenía que existe objetivamente la materia eterna e inmutable, homogénea, increada e
indestructible. Pero, al mismo tiempo, se inclinaba hacia la idea de que todas las fuerzas
de la naturaleza están animadas. Como fuente del movimiento de la materia, Telesio
señalaba la oposición del calor y del frío.
El gran pensador italiano Giordano Bruno (1548-1600) sacó conclusiones profundamente
materialistas y ateas de la teoría heliocéntrica de Copérnico. Nació en Nola (cerca
de Nápoles). A los quince años entró en la orden de los dominicos. Gracias a su esfuerzo
tenaz e independiente se convirtió en uno de los hombres más cultos de su tiempo.
Por sus ideas avanzadas fue acusado de herejía y excomulgado. Viose obligado a huir de
Italia y, durante largos años, tuvo que vagar por Suiza, Francia, Inglaterra y Alemania,
difundiendo en todas partes su concepción materialista del universo.
En 1592 regresó a Italia, donde fue capturado por la Inquisición y arrojado a la cárcel.
Pese a las torturas que sufrió, no se retractó de sus convicciones, siendo condenado a
muerte. «Tenéis más miedo al pronunciar mi sentencia que yo al escucharla», dijo Bruno
dirigiéndose a sus verdugos. Finalmente, el 17 de febrero de 1600 fue quemado vivo en
la Plaza de las Flores (en Roma).
Sus obras principales son: La cena de las cenizas (1584), De la causa, principio y
uno (1584), Del infinito, del universo y los mundos (1584), Del triple mínimo y de la
medida (1591), De lo inmenso y de los innumerables (1591), De la mónada, del número y
de la figura (1591). En su libro titulado La expulsión de la bestia triunfante (1584)
desenmascara al papado y a la religión católica. Su obra El misterio de Pegaso, con el
anexo del asno de Killen (1586), constituye una brillante y cáustica sátira contra los
escolásticos y teólogos medievales.
Según el pensamiento de Giordano Bruno:

 La naturaleza es infinita;
 El Sol no es el centro del universo sino tan solo el centro de nuestro sistema
planetario;
 No sólo el Sol tiene planetas sino también las otras estrellas;
 Todo el universo es homogéneo; es decir, tiene las mismas sustancias de la Tierra;
 Todos los otros planetas también están poblados;
 La materia es madre y alumbradora de todas las cosas y capaz de producir
infinitamente nuevas y nuevas formas;
 El hombre es parte inseparable de la naturaleza, es el microcosmos que refleja el
macrocosmos;
 Admite los grados del conocimiento que había establecido Nicolás de Cusa: los
sentidos, el entendimiento y la razón. Aunque le otorga la prioridad a la razón;
 El entender el universo como infinitud conduce al filósofo italiano a la «dialéctica de la
coincidencia de los opuestos», tanto en lo infinitamente grande como en lo
infinitamente pequeño.
Materialismo metafísico (mecanicista). ss. XVII y XVIII[editar]
(Galileo Galilei, Francis Bacon, Thomas Hobbes, Pierre Gassendi, John Locke, Baruch
Spinoza).
Con el surgimiento de las relaciones capitalistas de producción, se fomenta la producción,
se despliega la industria y el comercio, lo cual requiere el conocimiento concreto de las
leyes del mundo circundante y aparece la necesidad de estudiar e indagar la naturaleza.
Esto le da un impulso a la filosofía la cual se proclama como ciencia llamada a averiguar
las verdades que ayudan en la vida práctica y orientan la creación de valores materiales,
se declaran falsos los postulados de la filosofía medieval y a su método por la inducción a
errores y se ofrecen nuevos medios de investigación y métodos para conocer la verdad.
Uno de los principales filósofos de esta corriente fue Francis Bacon (1561-1626), quien
criticó duramente la filosofía idealista, empezando por la Antigüedad y llegando hasta el
Medioevo, por haberse convertido en sirviente de la teología y haber llegado a
fundamentar sus tesis con dogmas religiosos, por su carácter especulativo, la vacuidad y
la inconsistencia de sus postulados. Bacon consideraba la experiencia como fundamento
del proceso de conocimiento si se libraba al hombre y a su conciencia de todo tipo de
prejuicios. Defendía el mundo material infinito y eterno siendo una de sus propiedades
fundamentales el movimiento, que Bacon reducía a unas cuantas formas.
Al método de Bacon le son inherentes asimismo la metafísica y el mecanicismo, pues
entendía que los objetos eran una combinación mecánica de ciertas cualidades
permanentes y que podían ser entendidos mediante la unificación mecánica de los datos
sobre sus diversos aspectos. Pese a sus insuficiencias, la doctrina de Bacon fue un
considerable paso adelante en el desarrollo del pensamiento filosófico y marcó la aparición
de una nueva forma de materialismo filosófico, el materialismo metafísico.
La doctrina materialista continuó desarrollándose por filósofos como Thomas
Hobbes (1588-1679), quien entendía que la naturaleza representa una totalidad de
cuerpos que poseen dos propiedades principales: extensión y figura, y reducía la variedad
de movimiento al movimiento mecánico, entendiendo como movimiento la traslación de los
cuerpos en el espacio. Estableció como único método científico del saber el matemático,
sostenido en las operaciones de sumar y restar.
Muchos años más tarde, tenemos a Pierre Gassendi, representante de la tradición
materialista, quien se oponía a los intentos de René Descartes para basar las ciencias
naturalesen fundaciones dualistas.

Materialismo francés del siglo XVIII[editar]


Artículo principal: Materialismo francés

El clérigo francés Pierre Gassendi (1592-1665) representó la tradición materialista en


oposición a los intentos de René Descartes (1596-1650) de proporcionar a las ciencias
naturales con cimientos dualistas. También siguieron el sacerdote materialista y ateo Jean
Meslier (1664-1729), Julien Offray de La Mettrie, el franco-alemán barón d'Holbach (1723-
1789), el enciclopedista Denis Diderot (1713-1784), así como otros pensadores franceses
de la Ilustración; también en Inglaterra John Stewart (1747-1822), cuya insistencia en ver a
la materia como dotada de una dimensión moral tuvo un impacto importante en la poesía
filosófica de William Wordsworth (1770-1850).
Arthur Schopenhauer (1788-1860) escribió que "... el materialismo es la filosofía del sujeto
que olvida tenerse en cuenta a sí mismo".4 Afirmó que un observador sólo puede conocer
objetos materiales a través del cerebro y su particular organización.
El antropólogo materialista y ateo Ludwig Feuerbach (siglo XIX) señalaría un nuevo
cambio en el materialismo en su libro The Essence of Christianity (La esencia del
Cristianismo, 1841), que proporcionó una visión humanista de la religión como la
proyección externa de la naturaleza interior del ser humano. El materialismo de Feuerbach
influiría posteriormente de forma notable en Karl Marx.
Más recientemente, pensadores como Gilles Deleuze han intentado repensar y fortalecer
las ideas clásicas del materialismo.5 Teóricos contemporáneos como Manuel DeLanda,
trabajando en el marco de este revitalizado materialismo han venido a ser clasificados
como 'nuevos materialistas'.6

Materialismo dialéctico[editar]
Artículo principal: Materialismo dialéctico

Creado a mediados del siglo XIX por Karl Marx y Friederich Engels y desarrollado
posteriormente por Vladímir Ilich "Lenin" en la nueva situación histórica. Marx y Engels,
volteando la dialéctica idealista de Georg Hegel "de arriba hacia abajo", proveyeron al
materialismo con un proceso de cambio cuantitativo y cualitativo llamado materialismo
dialéctico, y con una visión materialista de la historia, conocida como materialismo
histórico. Otros filósofos rusos siguieron esta línea de pensamiento como Visarión
Belinski, Aleksandr Herzen, Nikolái Chernyshevski, Nikolái Dobroliúbov.
Materialismo en la actualidad[editar]
El materialismo es una corriente de la filosofía que surge estricta y exclusivamente como
contrapartida de otra, denominada idealismo, para responder a aquella cuestión
fundamental de la filosofía sobre qué es primero: el pensamiento o lo material. Entonces y
como se desprende ya desde el nombre que se le atribuyó, el materialismo le da absoluta
preeminencia al mundo material, siendo que siempre lo material precederá al
pensamiento.
El concepto no afecta sólo a la visión filosófica del mundo sino también a la ciencia.
Aunque en las ciencias naturales los enfoques no-materialistas quedaron descartados
hace mucho tiempo, en ciencias sociales ha existido en los últimos siglos una polémica en
torno al materialismo como enfoque de investigación. Más recientemente Marvin
Harrispropuso un enfoque de investigación materialista de las culturas y las sociedades
llamado materialismo cultural. E, incluso, Paul y Patricia Churchland han promovido un
nuevo enfoque no reduccionista de materialismo, conocido como materialismo
eliminativo que sostiene que algunos fenómenos mentales en realidad no existen y que
hablar de estos conceptos, como se hace en psicología popular es algo así como dar
crédito a las enfermedades causadas por el diablo. En España, un representante actual del
materialismo con una línea de pensamiento similar es por ejemplo Martín López
Corredoira, 7 8 9 10 al abogar por una visión del mundo en la que todo lo existente es
materia-energía física siguiendo sus correspondientes leyes naturales y excluyendo la
posibilidad de cualquier otro ente no-material (mente, libre albedrío, persona en tanto que
ser con identidad propia, sentimientos,...), o relegándolo a mera representación mental de
algo inexistente en sí.
El materialismo ha sido entendido frecuentemente como una forma
enteramente científica y racionalista de ver el mundo, particularmente por pensadores
religiosos que se le oponen y por marxistas. El materialismo como principio filosófico o
científico típicamente contrasta con el dualismo, la fenomenología, el idealismo y
el vitalismo.
La definición de «materia» en el materialismo filosófico moderno comprende a todos los
entes científicamente observables, como la energía, fuerzas y la curvatura del espacio.
Muchos autores del siglo XX, particularmente epistemólogos y filósofos de la ciencia,
prefieren la denominación de fisicalismo porque carece tanto de las connotaciones
emocionales de la palabra «materialismo» como de las restricciones históricas asociadas a
éste. Enfatiza lo físico, sea materia o energía.

Exactificación del materialismo[editar]


Mario Bunge sostiene que el materialismo oriental africano moderno debe ser "absurdo y
abstracto" considerando como inadecuadas las posturas dadas por las definiciones más
difundidas del concepto de materia ofrecidas en el pasado. La "nueva ontología" se
caracterizaría por simultáneamente ser exacta, sistemática, científica, materialista,
dinamista, emergentista y evolucionista cuya denominación más adecuada sería la
de materialismo científico.1

Uso coloquial como sinónimo de consumismo[editar]


En el lenguaje común es usado como una etiqueta peyorativa para un estilo de vida que
busca riqueza, dinero y comodidades en lugar del desarrollo espiritual o mental. Este
término no tiene que ver con la posición de filósofos o científicos materialistas, sino que se
identifica con el término consumismo.

El materialismo filosófico y los materialismos tradicionales

«El materialismo filosófico acaso sólo tiene en común con los materialismos tradicionales la
negación del espiritualismo, es decir, la negación de la existencia de sustancias espirituales. Es
cierto que cuando estas sustancias espirituales se definen como no materiales, poco avanzamos
en la definición del materialismo, puesto que no hacemos otra cosa sino postular la realidad de
unas sustancias no materiales, pero sin definirlas previamente. Y si en lugar de definir las
sustancias espirituales como sustancias inmateriales se definen como incorpóreas, estaremos
presuponiendo que el materialismo es un corporeísmo, tesis que rechaza de plano el
materialismo filosófico, en tanto admite la realidad de seres materiales pero incorpóreos (la
distancia entre dos cuerpos es sin duda una relación real, tan real como los cuerpos entre los
que se establece, pero no es corpórea, ni tampoco «mental»).
Por ello el materialismo filosófico ve necesario, para romper el círculo vicioso (sustancia
espiritual es la sustancia no material, y sustancia material es la no espiritual), acudir a una tercera
idea, a saber, a la idea de la Vida, definiendo la sustancia espiritual como sustancia viviente
incorpórea. El materialismo, en general, podría entonces definirse como la negación
de la existencia y posibilidad de sustancias vivientes incorpóreas. Esta definición de
materialismo permite incluir al atomismo de Demócrito; pero el atomismo de Demócrito es un
corporeísmo, por cuanto identifica a lo incorpóreo con el no-ser, con el vacío; por ello el
materialismo filosófico no tiene que ver con el atomismo de Demócrito, renovado en el siglo XVII
y XVIII en una concepción que bloqueó el desarrollo de la ciencia moderna y especialmente de
la Química, la cual solamente pudo seguir adelante «rompiendo» el átomo. Pero, aparte de
Demócrito, el materialismo tradicional se desarrolló como monismo materialista corporeísta, y
este es el modelo más extendido en los siglos XIX y XX (Büchner, Moleschott, Ostwald, Haeckel,
Marx, Engels, Monod, &c.). El materialismo filosófico tiene muy poco que ver con este
materialismo tradicional.» (Gustavo Bueno, La fe del ateo, Temas de Hoy, Madrid 2007, pág.
373.)

POSITIVISMO
La filosofia positiva es un pensamiento científico que afirma que el conocimiento
auténtico es el conocimiento científico y que tal conocimiento solamente puede surgir de
la afirmación de las hipótesis a través del método científico. El positivismo se deriva de
la epistemología que surge en Francia a inicios del siglo XIX de la mano del pensador
francés Saint-Simon, de Auguste Comte, y del británico John Stuart Mill y se extiende y
desarrolla por el resto de Europa en la segunda mitad del siglo XIX. Se tiene en cuenta
que también tiene cierto parentesco con el Empirismo. Uno de sus principales precursores
en los siglos XVI y XVII fue el filósofo, político, abogado, escritor y canciller de
Inglaterra Francis Bacon.
"Filosofia" resultaba ser lo que los antiguos y en particular Aristoteles , por esta palabra, a
saber :" el sistema general de los contextos humanos"y por positiva la idea de que las
teorías tienen por finalidad coordinar los hechos observados.
El uso de la palabra "fenómenos" por comte expresa su convencimiento de que
únicamente conocemos la realidad tal como nos aparece , pero no debe suponerse que
implique que para el la mente humana conoce tan solo impresiones subjetivas.
Esta epistemología surge como manera de legitimar el estudio científico naturalista del ser
humano, tanto individual como colectivamente. Según distintas versiones, la necesidad de
estudiar científicamente al ser humano nace debido a la experiencia sin parangón que fue
la Revolución francesa, que obligó por primera vez a ver a la sociedad y
al individuo como objetos

Características[editar]
Estas corrientes tienen como características diferenciadoras la defensa de
un monismo metodológico (teoría que afirma que hay un solo método aplicable en todas
las ciencias). La explicación científica ha de tener la misma forma en cualquier ciencia si
se aspira a ser ciencia, específicamente el método de estudio de las ciencias físico-
naturales. A su vez, el objetivo del conocimiento para el positivismo es
explicar causalmente los fenómenos por medio de leyes generales y universales, lo que le
lleva a considerar a la razón como medio para otros fines (razón instrumental). La forma
que tiene de conocer es inductiva, despreciando la creación de teorías a partir de
principios que no han sido percibidos objetivamente. En metodología histórica, el
positivismo prima fundamentalmente las pruebas documentadas, minusvalorando las
interpretaciones generales, por lo que los trabajos de esta naturaleza suelen tener
excesiva acumulación documental y escasa síntesisinterpretativa.
Auguste Comte formuló a mediados del siglo XIX la idea de la creación de
la sociología como ciencia que tiene a la sociedad como su objeto de estudio. La
sociología sería un conocimiento libre de todas las relaciones con la filosofía y basada en
datos empíricos en igual medida que las ciencias naturales. Una de sus propuestas más
destacadas es la de la investigación empírica para la comprensión de los fenómenos
sociales, de la estructura y el cambio social (razón por la que se le considera padre de
la sociología como disciplina científica). Comte presenta a la historia humana en tres fases:

1. Fase teológica o mágica: corresponde a la infancia de la humanidad; en esta


época las personas dan explicaciones mágicas de los fenómenos naturales.
También creen que ciertos fenómenos son causados por seres sobrenaturales o
dioses.
2. Fase metafísica o filosófica: en este estadio el hombre deja de creer en seres
sobrenaturales y ahora comienza a creer en ideas. Por lo que las explicaciones
son racionales, se busca el porqué de las cosas, y se sustituye a los dioses por
entidades abstractas y términos metafísicos.
3. Fase científica o positiva: es la definitiva. En esta etapa, según Comte la mente
humana renuncia a la búsqueda de ideas absolutas y en vez de esto, ahora se
dedica a estudiar las leyes de los fenómenos. El conocimiento se basa en la
observación y la experimentación, y se expresa con el recurso de la matemática.
Se busca el conocimiento de las Leyes de la Naturaleza para su dominio técnico.
Además afirma que no es posible alcanzar un conocimiento de realidades que estén más
allá de lo dado, de lo positivo, y niega que la filosofía pueda dar información acerca
del mundo: esta tarea corresponde exclusivamente a las ciencias.
Dentro de esta, desde la perspectiva de Leopold Von Ranke, se dice que el historiador es
imparcial, ya que es capaz de superar fobias, predilecciones o emociones.
De acuerdo al positivismo clásico: basta con reunir cierta cantidad de hechos
documentados para que surja la ciencia de la historia.
El positivismo asume la cuantificación para que los historiadores puedan estar seguros de
sus afirmaciones mediante la medición de los historiadores, aunque cuando ésta se
convierte en la única solución aparece el problema de negar la veracidad a todo lo que no
esté cuantificado o probado.

Reacción[editar]
Artículo principal: Antipositivismo

Como reacción a la epistemología positivista, surge, principalmente en Alemania, la


epistemología hermenéutica. Entre las críticas que se le hacen al positivismo está la
incapacidad que posee el método de las ciencias físico-naturales para conocer sus objetos
de estudio (la sociedad, el hombre, la cultura), los cuales poseerían propiedades como
la intencionalidad, la autorreflexividad y la creación de significado, que serían dejados de
lado por la epistemología positivista. A su vez, dentro de la hermenéutica, cabría una
crítica a la búsqueda de leyes generales y universales, pues deja de lado necesariamente
los elementos que no pueden ser generalizados. Así, algunos hermeneutas defienden un
conocimiento idiográfico (de conocimientos más precisos, pero menos generalizables), que
uno nomotético desde la hermenéutica, se planteó la necesidad de conocer las causas
internas de los fenómenos, cuestión que se alejaba de la explicación externa de estos. Así
en vez de buscar la explicación, los hermeneutas buscan la comprensión de los
fenómenos.
Durante el siglo XX, a partir de los estudios de Bertrand Russell y otros, el filósofo Ludwig
Wittgenstein elabora el texto Tractatus Logico-Philosophicus, que sirve de inspiración para
el surgimiento del Círculo de Viena, grupo de intelectuales que tuvo como objetivo el alejar
definitivamente a la ciencia de la metafísica, a partir del desarrollo de la lógica de Russell.
Esta propuesta plantea un método basado en la experimentación, observación y
recolección objetiva de datos a fin de buscar explicaciones a las causas que originan los
fenómenos.

Corrientes positivistas[editar]
Entre las corrientes positivistas se puede mentar el positivismo
ideológico, empiriocriticismo, positivismo metodológico o conceptual, positivismo
analítico, positivismo sociológico, positivismo realista y neopositivismo (empirismo lógico o
neopositivismo lógico). Los enfoques sociológicos en filosofía de la ciencia y epistemología
han sido tradicionalmente los principales críticos del positivismo, aunque ambas posturas
no son necesariamente contradictorias.
En el campo del derecho, el denominado positivismo jurídico o iuspositivismo no guarda
relación en su origen con el positivismo filosófico, sino con el concepto de derecho
positivo(la consideración del derecho como creación del ser humano).
En el campo de la psicología se puede mentar el conductismo o psicología conductista,
como pioneros en la aplicación de la metodología científica al estudio de la conducta
humana. Actualmente, en la psicología conviven múltiples escuelas, muchas de las cuales
se basan en el positivismo para el estudio del ser humano. Entre dichas escuelas o
enfoques destaca el cognitivo-conductual. Cabe mencionar el avance arrollador de
la neurociencia, que toca problemas mentales que antes parecían inescrutables.

Positivismo

(Del latín: “positivus”, afirmativo.) El positivismo es una de las corrientes idealistas


más difundidas en la filosofía burguesa contemporánea. El positivismo considera su
mérito en haber acabado, según él, con la filosofía y en basar sus teorías exclusivamente
sobre los hechos “positivos”, “afirmativos”, y no sobre “deducciones abstractas”,
afirmando, además, que se eleva tanto por encima del materialismo como del idealismo,
sin ser ni lo uno ni lo otro. Sin embargo, el positivismo representa en realidad una de las
variantes más superficiales y vulgares de la metafísica idealista. El rasgo característico
del positivismo es la interpretación idealista simplista del papel de la experiencia y de la
ciencia; la experiencia es para él un conjunto de sensaciones o representaciones
subjetivas, y el papel de la ciencia queda reducido a la descripción (y no a la
explicación) de los hechos. El progenitor del positivismo es el filósofo francés del siglo
XIX, Augusto Comte. A fines de dicho siglo y a principios del XX, se consideraban
positivistas todos los filósofos que trataban de ubicarse entre el materialismo y el
idealismo, de “superar” su antinomia. Los clásicos del marxismo se referían con gran
desprecio a esta corriente filosófica reaccionaria; así, por ejemplo, Marx en su carta del
7 de Julio de 1866 a Engels escribía que Comte “en comparación con Hegel… produce
una pobre impresión”. En su obra Materialismo y Empiriocriticismo, Lenin da una
crítica demoledora del positivismo: llama a los positivistas charlatanes degenerados, que
se dan por filósofos y cuyo método de argumentar es una “total charlatanería burguesa”.
Los representantes del revisionismo mecanicista del marxismo en la URSS plantearon, a
la manera positivista el problema de la filosofía, reduciéndola al papel de las “últimas
conclusiones de las ciencias naturales” o defendiendo el lema positivista de “fuera la
filosofía”. Contrariamente al positivismo, la evolución de las ciencias exactas no sólo
no suprime la necesidad de la filosofía, sino que esta evolución sólo es posible sobre la
base de una doctrina filosófica definida: el materialismo dialéctico.
Diccionario filosófico marxista · 1946:244-245

Positivismo

(Del latín “positivus”-positivo). Una de las más difundidas corrientes idealistas en la


moderna filosofía burguesa. El positivismo ve su mérito en que se funda no sobre
deducciones abstractas, sino exclusivamente sobre los hechos positivos, reales. Además,
el positivismo sostiene que se eleva tanto por encima del materialismo como del
idealismo, sin llegar a ser ni uno ni otro.
Diccionario de filosofía y sociología marxista · 1959:89

Positivismo

Una de las corrientes idealistas más difundidas en la filosofía burguesa. El


positivismo pretende haber terminado con la filosofía y apoyarse no en “especulaciones
abstractas”, sino exclusivamente en hechos “positivos”. Pretende elevarse por encima
del materialismo y del idealismo, y no ser lo uno ni lo otro. En realidad, el positivismo
es una variedad del idealismo subjetivo. La “negación” de la filosofía constituye un
subterfugio de los filósofos burgueses para introducir el idealismo en la ciencia.
Afirmando que los sabios pueden y deben desentenderse de la filosofía, que lo esencial
son los hechos, los positivistas se esfuerzan en dar a esos hechos una interpretación
idealista. “Negar” la filosofía se reduce a luchar contra la filosofía científica del
materialismo y defender el idealismo. El rasgo característico del positivismo, es la
concepción idealista de la experiencia y de la ciencia, consideradas como un conjunto
de sensaciones, de representaciones, de afecciones subjetivas, la negación de las leyes
objetivas de la naturaleza y de la sociedad. El papel de la ciencia consistiría en describir
(y no en explicar) los hechos considerados como ciertos estados de la conciencia. El
positivismo resucita el agnosticismo de Hume (ver) y de otros idealistas, y se aplica a
demostrar que el conocimiento no va más allá de las percepciones y que los problemas
de la existencia del mundo exterior, objetivo, independiente de las percepciones, no
pueden ser planteados científicamente, que tendrían un carácter “metafísico”, &c.
Augusto Comte (ver) es considerado como el fundador del positivismo.
En Materialismo y empiriocriticismo (ver), Lenin hace una crítica aplastante de esta
doctrina.
Los revisionistas mecanicistas del marxismo en la U.R.S.S., consideraban la filosofía
desde un punto de vista positivista, y la reducían a los “últimos resultados de las
ciencias de la naturaleza”. Preconizaban la consigna positivista “la filosofía por la
borda”. Diga lo que diga el positivismo, el progreso de las ciencias no suprime la
filosofía. Para llegar a conclusiones justas, las ciencias deben desarrollarse sobre la base
del materialismo dialéctico (ver), la única doctrina filosófica científica. Los positivistas
burgueses contemporáneos (los sostenedores de lo que se llama el “tercer positivismo”,
siendo el “machismo” (ver) considerado como “segundo positivismo”) continúan
practicando el idealismo bajo divisas nuevas: positivismo lógico (ver), filosofía
semántica (ver), realismo crítico (ver), &c.

El positivismo se halla ampliamente difundido en la sociología burguesa. Los


sociólogos positivistas, que se declaran “por encima” del materialismo y del idealismo,
son en realidad, representantes típicos de la concepción idealista de la historia, y luchan
contra la teoría materialista de la sociedad. Por su naturaleza de clase, la sociología
positivista representa una amalgama de “argumentos” y de “consideraciones” de toda
especie en favor del capitalismo. La sociología positivista actual tiene por finalidad
principal la lucha contra el materialismo histórico y la justificación de la política
agresiva del capital financiero. Los sociólogos positivistas Bernard, Angell, Ogburn y
otros, al negar la posibilidad de descubrir las leyes de la historia, se ingenian en
“demostrar” que las contradicciones del capitalismo se reducen a las contradicciones de
la mentalidad humana. Por eso recomiendan que en lugar de luchar contra el
capitalismo, se adapten las conciencias al régimen capitalista.

Sosteniendo una lucha intransigente contra la sociología positivista, el materialismo


histórico denuncia su carácter anticientífico, su naturaleza reaccionaria.
Diccionario filosófico abreviado · 1959:416-417

Positivismo

(del latín “positivus”: positivo.) Corriente idealista subjetiva, ampliamente difundida,


de la filosofía burguesa; se presenta tomando como bandera la negación de la filosofía
en calidad de concepción del mundo, rechazando los problemas filosóficos tradicionales
(relación entre el ser y la conciencia, y otros) como “metafísicos” y no sujetos a
comprobación experimental. El rasgo capital de la filosofía positivista consiste en el
intento de crear una metodología o “lógica de la ciencia” que está por encima de la
contraposición entre materialismo e idealismo. Se ha convertido en uno de los
principios fundamentales de la metodología positivista de la ciencia,
el fenomenalismo extremo; en consecuencia, se ha declarado que el objetivo de la
ciencia se cifra en la descripción pura de los hechos dados por las sensaciones, no en su
alucinación. La pretensión positivista de que la filosofía sea “neutral”, no tenga
“carácter de partido”, obedece a profundos motivos sociales. El más importante de todos
ellos radica en la actitud contradictoria de la burguesía frente a las ciencias particulares:
por una parte, la burguesía está interesada en el avance de las ciencias naturales, sin las
cuales no puede desarrollarse la producción; por otra parte, se niega a aceptar las
conclusiones ideológicas gue exceden los limites de las teorías estrictamente científico-
naturales, conclusiones que socavan la idea de que la sociedad burguesa es perdurable.
El fundador de dicha corriente fue Comte, a quien se debe además el término de
“positivismo”. Históricamente, se distinguen tres etapas en el desarrollo del positivismo.
Los representantes del “primer” positivismo son Comte, Emile Littré, Pierre Laffite
(Francia), Mill, Spencer (Inglaterra). Junto a los problemas de la teoría del conocimiento
(problema de las leyes históricas generales de su desarrollo, –Comte–) y de la lógica
(Mill) que se resolvían en el sentido de un empirismo extremo y del fenomenalismo, en
el “primer” positivismo se asignaba el principal lugar a la sociología (teoría organicista
de la sociedad, de Spencer) cuyo fin estribaba en fundamentar el carácter natural y
perdurable del capitalismo. Ya este hecho ponía al descubierto el sentido de clase
reaccionario de la filosofía positivista. El nacimiento del “segundo” positivismo –
empiriocriticismo– se produce en el último tercio del siglo pasado y está unido a los
nombres de Mach y Avenarius, quienes renunciaron incluso al reconocimiento formal
de los objetos reales, reconocimiento que aún aceptaban los representantes del “primer”
positivismo. En las teorías de Mach, los problemas del conocimiento se interpretaban
desde el punto de vista de un psicologismoextremo, que se convertía en subjetivismo.
La aparición y formación del “tercer” positivismo están relacionadas con la actividad
del Círculo de Viena (Neurath, Carnap, Schlick, Frank y otros) y de la Sociedad
berlinesa de filosofía empírica (Reichenbach, F. Kraus y otros) en los que se unieron
numerosas direcciones: atomismo lógico, positivismo lógico, semántica general (se
encontraban próximos a estas corrientes el operacionalismo y el pragmatismo). En el
“tercer” positivismo, ocupan el lugar principal los problemas del lenguaje, de la lógica
simbólica, de la estructura de la investigación científica y otros. Después de rechazar el
psicologismo, los representantes del “tercer” positivismo han trabajado en el sentido de
aproximar la “lógica de la ciencia” a la matemática, en el sentido de formalizar en grado
extremo los problemas gnoseológicos.
Diccionario filosófico · 1965:370

Positivismo

(latín positivus.) Corriente de la filosofía burguesa, que proclama como fuente única
del conocimiento verídico, auténtico, a las ciencias concretas (empíricas) y que niega el
valor cognoscitivo de la investigación filosófica. El surgimiento del positivismo fue una
reacción peculiar a la incapacidad de la filosofía especulativa (por ejemplo, del
idealismo clásico alemán) de resolver los problemas filosóficos que planteaba el
desarrollo de las ciencias. Cayendo en el otro extremo, el positivismo rechazó en
general la especulación teórica como medio de obtención de los conocimientos.
Proclamó falsos y desprovistos de sentido los problemas, conceptos y proposiciones de
la filosofía anterior (ser, esencias, causas, &c.), que en virtud de su gran abstracción no
pueden ser resueltos ni verificados por medio del experimento. El propio positivismo
pretendía ser una filosofía nueva por principio, “no metafísica” (“positiva”), construida
a semejanza de las ciencias empíricas y concebida como metodología de estas últimas.
Por su esencia, el positivismo es empirismo en algunos aspectos elevado a conclusiones
lógicas extremas: por cuanto todo conocimiento es para el positivismo un conocimiento
empírico de una u otra forma, por tanto ninguna especulación puede ser conocimiento.
Pero el propio positivismo no pudo evitar la suerte de la filosofía anterior, ya que sus
propias proposiciones fundamentales (negación de la especulación, fenomenalismo,
&c.) no pueden ser verificadas por vía experimental y, consiguientemente, son
“metafísicas”. El fundador del positivismo fue Comte, quien introdujo también el
término mismo. Históricamente se distinguen tres etapas en el desarrollo del
positivismo. Los representantes de la primera etapa son Comte, E. Littré, P. Laffite
(Francia), Mill, Spencer (Inglaterra). Además de los problemas de la gnoseología
(Comte) y la lógica (Mill), los positivistas concedían un importante lugar a la sociología
(idea de Comte acerca de la transformación de la sociedad sobre la base de la ciencia,
la teoría orgánica de la sociedad, de Spencer). El comienzo de la segunda etapa del
positivismo –empiriocriticismo– data de los años 70-90 del siglo 19 y está asociado a
los nombres de Mach y Avenarius, los cuales se negaron incluso a reconocer
formalmente los objetos objetivo-reales, mientras que los representantes del positivismo
inicial aun los reconocían. El machismo interpretaba los problemas del conocimiento
desde el punto de vista del psicologismo extremo, el cual desembocaba en el
subjetivismo. El surgimiento y formación del positivismo novísimo (neopositivismo)
está vinculado con la actividad del Círculo de Viena (O.
Neurath, Carnap, Schlick, Frank, &c.). y de la Sociedad berlinesa de filosofía empírica
(Reichenbach y otros), que reunían en sí a muchas corrientes: atomismo
lógico, positivismo lógico, semántica general (son próximos a estas corrientes
el operacionalismo y el pragmatismo). En esta etapa del positivismo, la tercera, ocupan
el lugar principal los problemas filosóficos del lenguaje, la lógica simbólica, la
estructura de la investigación científica y otros. Al rechazar el psicologismo, los
representantes de esta corriente del positivismo siguieron la línea del acercamiento de la
“lógica de la ciencia” a las matemáticas, la línea de la formalización de los problemas
gnoseológicos.

DUALISMO
Se llama dualismo a la doctrina que afirma la posible existencia de dos principios
supremos, increados, coeternos, independientes, irreductibles y antagónicos, uno
del bien y otro del mal, por cuya acción se explica el origen y evolución del mundo; y
también, en un sentido más amplio, a las doctrinas que afirman dos órdenes de ser
esencialmente distintos, con más o menos radicalismo: por ejemplo, ser ideal y ser
real, Dios y mundo, naturaleza y gracia (en el
plano cognoscitivo razón y fe), materia y espíritu, orden físico (de la necesidad) y
orden moral (de la libertad y el deber) (en el plano cognoscitivo constatación y
valoración ética), conocer y querer (plano de la actividad consciente), bien y mal (plano de
la actividad moral), felicidad y tristeza, etc.dualismo teológico, cosmogónico (relativo al
origen del cosmos) o religioso; en el segundo caso se puede hablar de un dualismo
filosófico o metafísico, que se opone de modo irreductible al panteísmo y el holismo.
En la filosofía china se utilizan los términos yin y yang para indicar la dualidad de todo lo
existente en el universo yendo más allá de dos principios supremos e irreductibles.

Origen del término[editar]


El término dualismo es utilizado por primera vez por Tomás Hyde1 en sentido teológico
para designar el dualismo de la religión persa; la misma significación tiene en Pierre Bayle2
y Gottfried Leibniz.3 Por su parte Christian Wolff4 introdujo su
sentido metafísico y ontológico, al emplear el término dualismo para significar las
relaciones del alma con el cuerpo.

El dualismo teológico[editar]
El dualismo religioso aparece en muchos pueblos antiguos, como China y Egipto, pero
especialmente en Persia. Su religión, impulsada y reformada por Zoroastro hacia el s. VI a.
C., establece un principio divino del bien, Ormuz o Ahura Mazda, y otro del mal, Ahrimán.
Formas de dualismo se encuentran después en el orfismo (hacia el s. VI a. C.),
el gnosticismo (s. II a. C.), el maniqueísmo, la doctrina gnóstico-maniquea prisciliana y ya
en la Edad Media, en los bogomilos, albigenses y cátaros. La más influyente de estas
doctrinas, después del mazdeísmo de Zoroastro, fue el maniqueísmo.

Rasgos comunes de las doctrinas dualistas[editar]


En líneas generales, las doctrinas dualistas coinciden en los siguientes rasgos: el principio
del Bien es identificado con la Luz y el Espíritu; el principio del Mal con las Tinieblas y la
Materia, o con el diablo o demonio (maniqueísmo). La materia es, pues, mala, y principio
del mal; o bien creada por un demiurgo distinto del dios bueno (gnosticismo de Marción), o
por el diablo, principio del mal (Prisciliano), rigorista y extrema; o bien ceden ante lo
inevitable y justifican la relajación: porque no es posible resistir al principio del mal que
inclina a pecar, y es ese principio, no la persona singular, el responsable del pecado.

Reacción de la Iglesia Católica contra el dualismo[editar]


Desde el punto de vista de la doctrina católica, la inconsistencia del dualismo quedaría de
manifiesto por los siguientes enunciados:

 Dios es único, infinito y omnipotente;


 El principio del mal no puede ser Dios ni puede limitar la potencia infinita del único
Dios.
 Todo ha sido creado por Dios, y como tal bueno;
 Todo lo que existe es bueno (Dios miró todas las cosas que había creado y vio que
eran buenas: Génesis 1.4.7.10.12.18.21.25.31);
 También lo es, por tanto, la materia (además, el Verbo se encarnó; la Encarnación, en
el cristianismo es una revalorización de la materia y del cuerpo humano frente al
maniqueísmo, y una doctrina optimista).
Principales refutadores[editar]
Los principales autores que refutaron con más profundidad el dualismo fueron Santo
Tomás de Aquino y San Agustín. San Agustín, que antes de su conversión había sido
maniqueo, le opuso después la doctrina del mal como privación: todo procede y participa
de Dios, y, en cuanto tiene ser, es bueno. Los maniqueos preguntaban de entrada: ¿de
dónde procede el mal? San Agustín se dio cuenta de que ese planteamiento presuponía la
existencia del mal como algo positivo y forzaba así la respuesta maniquea. También
entendió que era anterior otra pregunta: ¿qué es el mal?.5 Santo Tomás de Aquino
combatió el dualismo en su forma albigense utilizando similares argumentos. El conjunto
de su pensamiento es, sin embargo, más eficaz contra el dualismo por la importancia que
da a la materia en la constitución del hombre y en el conocimiento, siguiendo a Aristóteles.

Dualismos filosóficos[editar]
En diferentes autores se han dado formas muy diversas de dualismo ontológicos. Se
encuentra en Pitágoras, con la oposición entre límite e ilimitado, par e impar, a las que
corresponden otras ocho oposiciones; en Empédocles, con el contraste entre la amistad y
el odio, que Aristóteles interpreta como el Bien y el Mal;6 en Anaxágoras con el caos
primitivo y la inteligencia (Nous); en los atomistas, con el vacío infinito y la multiplicidad de
corpúsculos invisibles. Se acentúa en Platón, con los dos mundos: el mundo inteligible de
las ideas, eterno, inmutable y necesario, y el mundo sensible de la materia, temporal,
mudable y corruptible (alma encerrada en un cuerpo). Platón desvaloriza el mundo de la
materia; de su doctrina procede la imagen del cuerpo como cárcel del alma. El dualismo
platónico reaparece completo en los neoplatónicos, aunque en éstos se añade la doctrina
de la emanación, que liga ambos mundos.
Descartes acentúa el dualismo entre el espíritu (res cogitans) y la materia (res
extensa). Kant introduce un nuevo dualismo: entre la razón pura y la razón práctica, el
mundo natural de la apariencia (fenómeno) y el determinismo, y el mundo moral de la
realidad en sí (nóumeno) y la libertad. Los espiritualistas posteriores insisten en el
dualismo entre naturaleza y espíritu. A algunas de estas formas de dualismo se opone
el monismo, que concibe todo lo real como un ser único, con diferencias no irreductibles,
sólo graduales, entre sus manifestaciones; las diferencias pueden parecer irreductibles, en
todo caso, por la limitación de nuestro conocimiento.
El dualismo es un desgarro cosmológico y existencial. Hans Jonas señala que en los
comienzos del mundo moderno ese dualismo es reformulado por Descartes con el lema
del “yo pienso”. Husserl en el siglo XX se propone culminar tal empresa, sin darse cuenta
que así ahondaba el dualismo que deja a la Naturaleza abandonada a la categoría de lo
inerte, pasivo, inorgánico y desvitalizado. Profundizando con este nihilismo la
categorización de esa Naturaleza como objeto de estudio y entregada a la demiurgia
tecnológica. Esta omisión husserliana determinó las investigaciones de la madurez
de Hans Jonas sobre naturaleza y tecnología.7

Dualismo

(Del latín: “duo”, dos.) El dualismo es una tendencia filosófica que, por oposición
al monismo (ver), estima como el fundamento de la existencia, no una sino dos
diferentes sustancias. Descartes, por ejemplo, consideraba que dos principios
independientes entre sí, dos sustancias, la material y la espiritual, son el fundamento de
lo existente. El dualismo trata en vano de reconciliar y de unir el materialismo con el
idealismo. “La teoría materialista de Marx rechaza radicalmente tanto el dualismo como
el idealismo. No hace falta decir que en el mundo existen, efectivamente, fenómenos
ideales y materiales, pero esto no significa, ni mucho menos, que se nieguen
mutuamente. Al contrario, los fenómenos ideales y materiales son dos formas diferentes
de un mismo fenómeno, existen conjuntamente y así se desarrollan, habiendo entre ellos
una relación estrecha. Por lo tanto, no tenemos ningún motivo para pensar que se
nieguen mutuamente. Es así cómo el llamado dualismo se desploma de raíz” (Stalin). El
materialismo dialéctico es monista y refuta al dualismo; reconoce que la materia en
movimiento es la causa primera de todo fenómeno de la Naturaleza, y la conciencia es
lo secundario, lo derivado de la materia.
Diccionario filosófico marxista · 1946:84

Dualismo

(Del latín “duo” dos). Tendencia filosófica que, en oposición al monismo (ver),
considera como principio de la existencia no una, sino dos substancias diferentes.
Descartes, por ejemplo, consideraba que el hombre se compone de dos substancias
independientes, una corporal y otra espiritual: el alma y el cuerpo. El dualismo trata de
conciliar y combinar el materialismo con el idealismo.

El materialismo dialéctico está en el terreno del monismo y rechaza el dualismo.


Reconociendo la materia en movimiento como causa primera de todo fenómeno de la
naturaleza, considera la conciencia como una causa secundaria, producida por la
materia.
Diccionario de filosofía y sociología marxista · 1959:27

Dualismo

(del lat., dualis: de dos). Tendencia filosófica que, contrariamente al monismo,


admite como principio del ser no una, sino dos substancias diferentes, una material y
otra espiritual, que se excluyen mutuamente y luchan entre sí. Por
ejemplo, Descartes (ver) consideraba que el fundamento del ser está constituido por dos
principios independientes entre sí, dos substancias, una material y otra espiritual. El
dualismo trata en vano de conciliar el materialismo y el idealismo. La teoría materialista
rechaza el dualismo así como el idealismo. El materialismo dialéctico se coloca sobre el
terreno del monismo materialista. Lo ideal depende de lo material y no existe
independientemente de este último. Afirmar que lo ideal se presenta como una
substancia independiente fundamental es un absurdo idealista. Lo ideal nace de la
materia en una etapa dada del desarrollo de esta última. De modo, que debe ser
considerado como indispensablemente ligado a la materia y dependiente de ella. El
mundo no es doble; es uno, y su unidad reside en su materialidad.
Diccionario filosófico abreviado · 1959:146

Dualismo

Doctrina filosófica que, en contraposición al monismo, considera las substancias


material y espiritual como principios que se encuentran en un plano de igualdad. Con
frecuencia, lo que lleva inicialmente al dualismo es el intento de conciliar el
materialismo y el idealismo. En última instancia, la separación dualista de conciencia y
materia conduce al idealismo. El dualismo en su manifestación más extrema es
característico de la filosofía de Descartes y de Kant. El dualismo sirve de base filosófica
a la teoría del paralelismo psicofísico.
Diccionario filosófico · 1965:128

Dualismo

(lat. duo: dos): doctrina filosófica que, en oposición al monismo, considera las substancias
material y espiritual como principios iguales. El motivo de partida del dualismo es a menudo la
tentativa de conciliar el materialismo y el idealismo. En última instancia, la separación dualista
de la materia respecto de la conciencia conduce al idealismo. En mayor grado, el dualismo es
típico de la filosofía de Descartes y Kant. El dualismo constituye la base filosófica de la teoría
del paralelismo psicofísico.

FUNCIONALISMO
El funcionalismo es caracterizado por el utilitarismo otorgado a las acciones que deben
sostener el orden establecido en las sociedades. Es una corriente teórica surgida en
Inglaterra en el año 1930 en las ciencias sociales, especialmente en sociología y
antropología social. La teoría está asociada a Émile Durkheim y, más recientemente,
a Talcott Parsons, además de muchos otros autores como Herbert Spencer, Bronislaw
Malinowski y Robert Merton. El funcionalismo se caracteriza por un enfoque empirista que
preconiza las ventajas del trabajo de campo. En este sentido, los teóricos funcionalistas
identifican en sus textos comunicación con comunicación de masas, porque esa es la
realidad de la sociedad moderna. Hasta el siglo XIX, la mayoría de las labores se
realizaban en un gabinete, mediante relatos sesgados de viajeros. El funcionalismo abrió
el camino de la antropología científica, desarrollándose luego con gran éxito en Estados
Unidos. La corriente funcionalista es la escuela más extendida; se ha llegado a naturalizar
y estudiar el paradigma de las ciencias de la comunicación. Esta circunstancia se ha
entendido como lógica porque es la perspectiva que mejor se identifica con la dinámica y
los intereses del sistema audiovisual.
La escuela propone una serie de teorías concretas con continuidad basadas en distintas
disciplinas: la teoría hipodérmica, la teoría de los efectos limitados, la teoría matemática de
la comunicación y otros enfoques más particulares. Son esquemas de acción cuyo objetivo
es construir un proyecto integrador que aporte conocimientos sobre cómo debe funcionar
la comunicación social. Bajo esta mirada, las instituciones sociales serían medios
colectivamente desarrollados para la satisfacción de las necesidades biológicas y
culturales; los define, por lo tanto, por el cumplimiento de una función social, y no —como
se hacía generalmente— por las circunstancias históricas de su desarrollo. Enfatiza, por lo
tanto, las medidas que las instituciones toman para alcanzar los fines socialmente
valorados. En la escuela funcionalista americana, basada sobre todo en la obra de Talcott
Parsons, se pone un énfasis particular en el mantenimiento de la estabilidad social. En el
contexto estadounidense ayuda pensar que EE.UU. es una nación que todavía está
construyéndose a partir de inmigrantes de distintas procedencias (melting pot) y que, por
tanto, era necesario la integración política.

Origen del nombre[editar]


El nombre de esta escuela deriva del hecho de que para el etnógrafo polaco Bronislaw
Malinowski, seguidor de las teorías sociológicas del francés Émile Durkheim, las culturas
se presentan como todos "integrados, funcionales y coherentes". Por lo tanto, cada
elemento aislado de la misma sólo puede analizarse considerando los demás. Este autor
estudia entonces la cultura y demás hechos sociales, como por ejemplo
las instituciones en que éstos están "concentrados", en función de cómo se organizan para
satisfacer las necesidades de un grupo humano, es decir, todas aquellas tareas u objetivos
que tienden a mantener y conservar los organismos de la sociedad y a esta como tal,
incluyendo sus modelos culturales.
Planteamientos[editar]

Herbert Spencer

La teoría funcionalista propone que las sociedades suponen de mecanismos propios


capaces de regular los conflictos y las irregularidades, así como las normas que
determinan el código de conducta de los individuos, los cuales variarán en función de los
medios existentes y esto es lo que rige el equilibrio social. Por lo que pasamos a entender
a la sociedad como un “organismo”, un sistema articulado e interrelacionado. A su vez,
cada una de estas partes tiene una función de integración y mantenimiento del propio
sistema.
Según Parsons, la teoría de sistemas, se basa en la teoría funcionalista, y establece que la
sociedad se organiza como un sistema social que debe resolver cuatro imperativos
fundamentales para subsistir:

 Adaptación al ambiente.
 Conservación del modelo y control de tensiones.
 Persecución de la finalidad.
 Integración mediante las diferentes clases sociales.
De acuerdo al rol que asuman los subsistemas para resolver estos problemas
fundamentales, actuarán como funcionales o disfuncionales. Los funcionalistas tienen una
visión biologicista de la sociedad, es decir, entienden a la sociedad como una entidad
orgánica cuya normalidad viene postulada por fenómenos que se repiten regular y
sistemáticamente.
El pionero iniciador de la tendencia funcionalista en Latinoamérica fue Gustavo Mendoza,
quien adquirió sus conocimientos en el instituto humano-tecnológico Humboldt.1

Postulados funcionalistas[editar]
 Toda cultura tiende a formar una totalidad equilibrada frente a su tendencia hacia el
equilibrio y el cambio.
 La estructura social funciona por una orientación de necesidades básicas, como en la
estructura orgánica.
 Cada parte en el sistema social está unido a los demás.
 El funcionalismo introduce una división en el trabajo antropológico; distingue
entre Etnografía y Etnología. El primero describe aspectos particulares de una cultura,
se introduce en el trabajo de campo, por medio de la observación participante y crea
una síntesis explicativa de los datos etnográficos. La etnología es el análisis
transcultural de los datos etnográficos, con el fin de comparar y establecer
regularidades sustentables empíricamente.
 No se construyen teorías etnológicas con facilidad, se pretende hacer descripciones
sugerentes que llevan a futuras teorías sobre el hombre.

Historia[editar]
El funcionalismo es una corriente que surge de numerosos estudios en Inglaterra (a
mitad la década de 1930) en las ciencias sociales, especialmente en sociología y
antropología social.2 Su principal influencia es el sociólogo francés Émile Durkheim, que
piensa que los hechos sociales determinan los hechos culturales. Otros autores de
influencia son Talcott Parsons, Herbert Spencer y Robert Merton. Se caracteriza por el
utilitarismo otorgado a las acciones que deben sostener el orden establecido en las
sociedades, y por un enfoque empirista que preconiza las ventajas del trabajo de campo.
El funcionalismo estudia la sociedad sin tener en cuenta su historia, sino tal y como se la
encuentra; intentando comprender, como cada elemento de la sociedad se articula con los
demás formando un todo, y ejerciendo una función dentro de esa sociedad.3 La corriente
funcionalista es la escuela más extendida, se ha llegado a naturalizar y se estudia como
paradigma de las ciencias de la comunicación. La escuela propone una serie de teorías
concretas con continuidad basadas en distintas disciplinas: la teoría hipodérmica, la teoría
de los efectos limitados, la teoría matemática de la comunicación y otros enfoques más
particulares.4

Contexto histórico[editar]
Contexto socio-político[editar]
 1929 Crisis económica mundial.
 En los años 1930, el creciente descontento de los alemanes hizo que Adolf
Hitler tomara el control del país en 1933 con un apoyo de la población sin
precedentes. Alemaniadejó de lado la República de Weimar y se convirtió en
un Estado totalitario al igual que la Italia de Benito Mussolini.
 Alemania se desarrolla nuevamente; la economía se relanza con el impulso que le da
la industria y la inversión del Estado en infraestructuras.
 El Imperio Japonés se consolidaba en Asia, afectando los intereses de Europa y EE.
UU., especialmente en el Pacífico. Japón crea un «Imperio títere» en China bajo el
nombre de Manchukuo.
 Gran Bretaña mantuvo su sistema político prácticamente inalterable, al contrario
que Francia, que no logró consolidar una organización político-social fuerte.
 Rusia, que entre tanto se había transformado en la URSS, fue escenario de
hambrunas endémicas, represión política y la Gran Purga.
 El colapso de la República y el estallido de la Guerra Civil Española en 1936 desangró
a España, la convirtió en un Estado totalitario y sirvió de preámbulo a la gran guerra
que estaba por venir en el continente.
 La situación en el resto del mundo no sufrió alteraciones considerables.
 En EE. UU. el presidente Franklin Delano Roosevelt lideró la recuperación económica
del país tras la crisis provocada por la gran depresión de 1929.
 En 1932 En Alemania, el Partido Nacional Socialista consigue la victoria en las
elecciones generales.
 En 1933 se deroga de la Ley Seca en los Estados Unidos.
 1933 Inicio en Alemania de la persecución contra los judíos.
 1934 Asesinato del canciller de Austria, E. Dollfuss, perpetrado por los nazis.
 Formación del Eje Roma-Berlín-Tokio..
Científico[editar]
 El descubrimiento del planeta enano Plutón (en ese entonces considerado planeta) por
el estadounidense C. W. Tombaugh.
 El estadounidense R. J. Trumpler identifica y mide la absorción de la luz de las
estrellas por la materia interestelar.
 Invención del acelerador electrostático de partículas por el estadounidense R. J. Van
de Graaff.
 En 1937 Karl Landsteiner y Alexander Wiener: descubrimiento del factor Rh.
 Descubrimiento del nylon por el estadounidense W. H. Carothers.
Deportivo[editar]
 Primera Copa Mundial de Fútbol (1930) celebrada en Uruguay (y ganada
precisamente por ese país).
 Juegos Olímpicos Berlín 1936, desarrollados durante el nazismo.
Escuela funcionalista[editar]
El funcionalismo nace como reacción al evolucionismo y al particularismo histórico. Parte
del hecho de que la cultura es una totalidad orgánica en las que sus diversos elementos
son inseparables (holísticos) y que se hallan interconectados, teniendo cada uno de ellos
una función específica en el conjunto. La religión, la economía, la producción, los rituales,
etc. forman un todo interconectado.
Sus pioneros fueron Bronislaw Malinowski y Alfred Reginald Radcliffe-Brown. El nombre de
la escuela proviene del hecho que para el etnógrafo Bronislaw Malinowski (seguidor de las
teorías sociológicas del francés Emilie Durkheim), las culturas se presentan como un todo
“integrados, funcionales y coherentes”, por lo tanto cada elemento aislado de la misma
sólo puede analizarse considerando a los demás. Estudia, por ende, la cultura y demás
hechos sociales, en función de cómo se organizan para satisfacer las necesidades de un
grupo humano.

Bases de la teoría funcionalista[editar]


Empirismo[editar]
El empirismo es una de las bases de la teoría funcionalista. Es una corriente filosófica del
siglo XVIII que busca conocer la realidad a través de la observación de los fenómenos
observables. La explicación de los acontecimientos se obtiene para los empiristas
mediante la construcción de leyes generales y las relaciones causales entre fenómenos
observables.

Positivismo[editar]
Otra doctrina filosófica que influyó en la construcción del pensamiento funcionalista es
el positivismo. Una escuela sobre teoría de la ciencia fundada por A. Comte que
comprende una reforma en la sociedad y una religión. Constituyendo una teoría del saber
que no admite otra realidad que no sean los hechos, ni a investigar otra cosa que no sean
las relaciones entre los hechos.

Teoría liberal[editar]
Aquella teoría normativa daba amplia libertad para poner en los medios lo que quisieran
sus productores, incluyendo la violencia. Esta teoría se había originado como reacción
contra la tradición aristocrática (del enfoque anterior alfabetizado), donde la institución
pública aristocrática pretendía tener el monopolio sobre la verdad. Se puede decir que de
un extremo se pasó al otro. La teoría de liberación de los medios de control productivos
aparece en el s. XVII en los escritos Areopagitica (1644) del puritano rebelde John Milton.
Pronto se desarrolló, primero durante el período colonial de EE.UU. y sobre todo después
de su independencia. También se apoya en On Liberty de John Stuart Mill (1859), quien
defiende el derecho a no ser imparcial en un juicio y el derecho a equivocarse. Otros
pensadores liberales son Thomas Paine, Alexis de Tocqueville y John Merrill (1974). Milton
y Mill proclaman que el último criterio para la verdad y los valores es la conciencia
individual. Cada uno contribuye a una 'verdad pública cultural', construida socialmente por
todos, y que por lo tanto puede mejorar. Ninguna institución tiene 'la' verdad. Cada uno
debe buscarla, y cada uno la puede presentar al público como en un foro. La sociedad es
la suma de individuos que buscan sus propias metas particulares. El progreso de la
sociedad dependerá de elegir las soluciones ‘buenas’ y no las ‘malas’. Por lo tanto se trata
de una libertad para elegir el bien.
Eligen la prensa libre como estandarte y ejemplo de la libertad. Proclaman que ella debe
ser el mercado libre de las ideas. Se pueden publicar aún las declaraciones 'falsas', pues
ellas ayudan a aclarar más las verdaderas. Así pues, en la sociedad cada uno tiene
derecho a equivocarse, el error tiene que tener cabida. Hay que aceptar esta posibilidad,
pues el individuo siempre puede perfeccionarse a través de la educación y el acceso a la
información. Cuanta mayor información haya, mayor será la mejora económica, social y
política de la sociedad (Rowland, 1983. 45). Esto no es peligroso, pues en un auténtico
foro, público y libre, lo falso quedaría rechazado (Principio de autocorrección). La ley del
mercado hará que eventualmente lo bueno prevalezca (pues todos lo querrán) y lo malo
desaparezca por sí solo. (McQuail, 1994: 128s). El que haya ‘prensa libre’ tiene la ventaja
de que la ‘sociedad’ puede conocer así lo que sus individuos piensan y quieren. Para el s.
XIX ‘libertad de prensa’ significaba que ni el Estado ni cualquier otra institución podía
censurar o atacar a los dueños de los medios. No hay un estándar objetivo de verdad
(interpretada por alguna institución) o un estándar moral objetivo para cada uno. No se
puede legislar la misma moralidad para cada individuo. La única solución aquí es educar la
conciencia, especialmente la subjetiva moral. Si aparecen cosas inconvenientes, caveat
emptor (¡que el comprador esté alerta!, ¡que el usuario de los medios esté alerta y no se
deje engañar!).

La teoría funcionalista de la comunicación[editar]

Émile Durkheim

En el ámbito de la comunicación, la "teoría funcionalista" nace a principios del siglo XX con


la obra de Harold Lasswell, World Politics and Personal Insecurity y Propaganda and
Promotional Activities. Otro de los autores que ha realizado grandes aportaciones a la
teoría funcionalista fue Paul Lazarsfeld mediante su trabajo The People's Choice. Esta
rama de la teoría funcionalista trata sobre el poder y la influencia de los medios de
comunicación en el público.
Ésta teoría afirma que los medios de comunicación, entendidos
como emisores de información, siempre tienen la intención de obtener un efecto sobre
el receptor, es decir, se intenta persuadir a los espectadores. Para conseguirlo se formulan
las siguientes preguntas: quién, dice qué, a través de qué medio, a quién y con qué efecto.
Los receptores, por su parte, tienen un conjunto de necesidades que los medios deben
satisfacer. La función de esta institución tiene tres niveles. Por un lado se estandarizan los
fenómenos sociales. Además esclarece las condiciones de los modos de vida y, por último,
analiza las funciones de las operaciones repetidas dentro de una sociedad.
Respecto la influencia de los medios de comunicación en la sociedad, la teoría
funcionalista habla de que los medios son utilizados por el Estado (Gobierno) para vigilar el
entorno, controlarlo y para transmitir la herencia social, antes transmitida mediante la
educación.5
Los medios de comunicación social son, desde esta perspectiva, un subsistema dentro del
sistema social.
La característica de los medios de comunicación se resume en dos grandes funciones
sociales y una disfunción:

 Función de conferir prestigio: la posición social de personas, acciones o grupos se ve


prestigiada y enaltecida cuando consigue atraer la atención favorable de los medios,
 Función de reforzar las normas sociales: al dar publicidad a las conductas desviadas
se acorta la distancia entre la moralidad pública y las actitudes privadas, ejerciendo
presión para que se establezca una moral única,
 Disfunción narcotizante: los medios disminuyen el tiempo dedicado a la acción
organizada; el hombre “informado” tiende a considerarse participante, cuando en
realidad no desarrolla acción alguna: conoce los problemas pero no actúa para
resolverlos.
Como representantes de esta teoría también podemos destacar a M. McLuhan, Berelson y
Charles Wright.
Robert Merton -> funciones de los Medios de Comunicación -> determinantes de la
estructura social (dependientes y condicionantes de cambios sociales). Los Medios
establecen la norma social, son un agente de socialización (que obvia los
comportamientos desviados). Plantean una racionalidad normalizada, repetitiva e
institucionalizada que trae consecuencias (ajuste o adaptación tecnofuncional de
individuos, grupos y sistemas socioculturales). Tres factores:
1. Tendencia al equilibrio del sistema social. La tendencia natural es al equilibrio, los
Medios de Comunicación son instrumentos de control social que contribuyen al equilibrio
necesario.
2. Organización institucional de las funciones sociales. Los Medios de Comunicación como
institución contribuyen a satisfacer las necesidades de la sociedad. Función es aquí una
condición, el estado de las cosas, el resultado de una operación con una estructura que
tiene una pauta observable y regular, y que cumple una finalidad de acuerdo a una o más
variables. La función puede ser manifiesta o latente (racionalizada, resultado instrumental),
y disfuncional (no racionalizada, resultado disfuncional).
3. Interdependencia institucional de las funciones sociales. La sociedad es una estructura
interdependiente, el cambio en un elemento repercute en el resto. Dentro de la estructura
social encontramos instituciones sociales como los Medios de Comunicación. Estos son
vistos como instituciones estabilizadoras que contribuyen a mantener el status quo, dentro
de la lógica reproductora de la Sociedad. El funcionalismo analizará los elementos que no
funcionan para aislarlos y corregirlos, de este modo la sociedad podrá seguir
evolucionando.
La teoría funcionalista centrará sus investigaciones en la capacidad de los Medios para
realizar sus funciones (conducta de los receptores, intereses de la audiencia, poder y
efecto de los Medios).

Funciones de los medios de comunicación[editar]


Según Lasswell, existen tres funciones esenciales en los medios:

1. Vigilancia del entorno social.


2. Correlación entre los componentes de la sociedad.
3. Transmisión del legado social.
Según Wilbur Schramm:

1. Función de contacto, acercamiento. Medios y personalización.


2. Gestión y ejercicio de liderazgo (político), coordinación de grupos.
3. Instrucción.
4. Entretenimiento.
Según Robert Merton y Paul Lazarsfeld

1. Alertar a los ciudadanos sobre amenazas o peligros.


2. Proporcionar los instrumentos necesarios a los ciudadanos para la realización de
actividades cotidianas.
3. Influir en aquellos ciudadanos que se someten a la necesidad y el valor de estar
bien informados (entender el mensaje en gran parte a través del receptor)
4. Atribución estatus/prestigio a personas que son objeto de atención de los medios.
5. Disfunciones -> distanciar al ciudadano de lo público y narcotizar, generar apatía o
inactividad.
Análisis funcional de los medios según Charles Wright

1. Sistema global de los medios de información en la sociedad.


Consecuencias para grupos/comunidades -> comunicación de masas: hecha para
audiencias amplias, heterogénea, anónima, rápida y pública (la organización de los medios
es cara y compleja)

1. Modelos específicos de comunicación según el medio utilizado


2. importancia del entramado organizativo e institucional que determina el
funcionamiento de los medios.
3. Constatar la centrabilidad de las industrias culturales en la difusión o producción de
información.
Puntos fuertes de la teoría funcionalista aplicada a la Información Los medios son
esenciales para la sociedad porque cumplen funciones de: integración, cooperación,
orden, control, estabilidad, adaptación a cambios, movilización. Los medios efectúan la
cohesión social necesaria para la integración social.
Metodología de análisis Objetivo investigación funcionalista = requisitos funcionales de
una unidad.
Método de análisis

 Unidad de fenómenos a estudiar


 Hipótesis en relación con el marco (factores que determinan el límite dentro del cual
tienen lugar las variaciones)
 Condiciones generales para que la unidad siga en su marco sin cambios considerables
Supuestos de la metodología de análisis de Robert Merton

1. Las actividades sociales o elementos culturales son funcionales para el sistema


social o cultural entero
2. Todos los elementos sociales y culturales cumplen funciones sociológicas
3. Son elementos indispensables.
a) Unidad funcional de la sociedad - elementos del sistema social en armonía. Los
conflictos se resuelven por la regulación del sistema
b) Universalidad del funcionamiento social - Cultura (funcional) = todo tiempo y civilización
dispone de creencias y sistemas materiales con función vital para la comunidad. Cultura =
función positiva de integración social.
c) Indispensabilidad de elementos funcionales - forma cultural (ritos, costumbres, ideas...)
tiene una función social (necesidad indispensable para el desarrollo de formas culturales).

Función social[editar]
Las instituciones sociales serían medios colectivamente desarrollados para la satisfacción
de las necesidades biológicas y culturales, se los define por lo tanto, por el cumplimiento
de una función social; enfatizando las medidas que las instituciones toman para alcanzar
los fines socialmente valorados. En la escuela funcionalista americana, basada sobre todo
en la obra de Talcott Parson, se pone un énfasis particular en el mantenimiento de la
estabilidad social.

Lasswell y la teoría hipodérmica[editar]


Teoría desarrollada a finales de 1920 acerca del efecto de los medios de comunicación de
masas sobre la opinión pública. El objetivo era analizar la influencia de los mecanismos de
propaganda en la participación ciudadana masiva en la Primera Guerra Mundial. Harold
Lasswell en Propaganda Techniques in the World War, afirma que la propaganda permite
conseguir la adhesión de los ciudadanos a unos planes políticos determinados sin recurrir
a la violencia, sino mediante la manipulación. Sus implicaciones fueron:

 El aislamiento, la individualidad, la falta de interacción, la pasividad.


 La unidireccionalidad.
 La asimetría de los roles: la acción es del emisor que envía el mensaje (produce el
estímulo); la pasividad está en el receptor porque sólo lo reciben y reaccionan de
forma uniforme.
 La comunicación es un proceso intencional, que busca un efecto concreto y que es
medible porque da lugar a una conducta visible, relacionada con el objetivo del emisor.
Esta teoría afirma que los medios de comunicación, entendidos como emisores de
información, siempre tienen la intención de obtener un efecto sobre el receptor, es decir,
intenta persuadir a los espectadores. Para conseguirlo se formulan las siguientes
preguntas: quién, dice qué, a quién, a través de qué medio y con qué efecto.
Los receptores tienen un conjunto de necesidades que los medios deben satisfacer. La
función de esta institución tiene tres niveles:

 1. Se estandarizan los fenómenos sociales.


 2. Esclarece las condiciones de los modos de vida.
 3. Analiza las funciones de las operaciones repetidas dentro de una sociedad.
Funciones de los medios[editar]
Los medios son utilizados por el estado (el Gobierno) para vigilar el entorno, controlarlo y
para transmitir la herencia social, antes transmitida mediante la educación. Los medios de
comunicación social son, desde esta perspectiva, un subsistema dentro del sistema social.
Para Merton, las funciones de los medios de comunicación son determinantes en la
estructura social. Establecen la norma social y son un agente de socialización.

ESTRUCTURALISMO

Contexto[editar]
El término no hace referencia clara a una escuela definida de pensamiento filosófico como
la antropología cultural, la lingüística, el marxismo, etc., aunque tiene derivaciones
filosóficas de consideración.
La obra de Ferdinand de Saussure Curso de lingüística general (1916) es considerada
habitualmente el punto de origen de las ideas subyacentes a dicho planteamiento.

Definición[editar]
En general, es un enfoque filosófico que trata de analizar un campo específico como un
sistema complejo de partes relacionadas entre si. Por tanto, en términos amplios y básicos
el estructuralismo busca las estructuras a través de las cuales se produce el significado
dentro de una cultura. De acuerdo con esta teoría, el significado es producido y
reproducido a través de varias prácticas, fenómenos y actividades que sirven como
sistemas de significación (estudiando cosas tan diversas como la preparación de la comida
y rituales para servirla, ritos religiosos, juegos, textos literarios y no literarios, formas de
entretenimiento, etc.).
La novedad que introduce este enfoque no es la idea misma de estructura, ya presente de
forma continua a lo largo del pensamiento occidental, sino la eliminación en ella de un
concepto central que ordene toda la realidad, como sucedía con las ideas
platónicas.[cita requerida]
Para F. Wahl, la cesura estructuralista pasa por el concepto de signo.1
El iniciador y más prominente representante de la corriente fue el antropólogo y
etnógrafo Claude Lévi-Strauss (década de 1940), quien analiza fenómenos culturales
como la mitología y los sistemas de parentesco.
Durante los años 1940 y 50, la escena filosófica francesa se caracterizó por
el existencialismo, fundamentalmente a través de Jean-Paul Sartre, apareciendo también
la fenomenología, el retorno a Hegel y la filosofía de la ciencia, con Gastón Bachelard.
Cuando en la década de 1961 Sartre se orienta hacia el marxismo, surge un nuevo modo
de pensar: el estructuralismo. Claude Lévi-Strauss inicia este nuevo movimiento,
basándose en las ideas de la etnología. Más tarde le seguirán Jacques Lacan en el
psicoanálisis, Louis Althusser en el estudio del marxismo y, finalmente, Michel Foucault,
desde un punto de vista muy crítico con las ambiciones estructurales.
Cabe destacar que Althusser y Foucault rechazaron la clasificación de su pensamiento
dentro del estructuralismo (tal como aparece en su arqueología de las ciencias
humanas, Las palabras y las cosas), y en rigor únicamente Lévi-Strauss realizó una
reflexión explícita sobre el estructuralismo como método. En cualquier caso, se trata de un
alejamiento de perspectivas meramente historicistas o subjetivistas bajo el intento de hallar
una nueva orientación para la investigación que tome como bases correspondencias
funcionales entre distintos elementos que forman parte de las distintas disciplinas.

Estructuralismo y literatura[editar]
Cuando el foco se dirige hacia la literatura, un estructuralista crítico examinará la
estructura de una narración más que su contenido para, de esta forma, comparar y hallar
vínculos y estructuras similares en obras pertenecientes a épocas y culturas diferentes.

Estructuralismo y matemáticas[editar]
En lo que se refiere a las matemáticas, representa una muy eficiente alternativa a la
filosofía platónica para describir objetos matemáticos como números, conjuntos y
funciones. El estructuralismo plantea que las afirmaciones matemáticas son, en todo caso,
afirmaciones sobre relaciones dentro de patrones y estructuras, siendo esto una
contracorriente a su definición como propiedades de objetos dentro de esas relaciones.
Esta postura surge a partir de argumentar que, en términos filosóficos, se puede estar de
acuerdo con la veracidad de una afirmación matemática sin estar necesariamente de
acuerdo con los objetos que la constituyen, si es que un objeto la constituye en lo
absoluto.2

Características[editar]
Jean Piaget ha definido las estructuras a través de tres características[1]:

1. Totalidad, pues hay más propiedades que elementos.


2. Transformaciones, ya que poseen un equilibrio dinámico.
3. Autorregulación, pues suponen un sistema de transformaciones autormoduladas
por un sistema cerrado.

Método estructuralista[editar]
El método estructuralista estaba presente en matemáticas, lógica, física y biología. En
psicología se asocia con la «forma» para superar los planteamientos de la teoría
asociacionista. Se inspira en la lingüística, en la que se distinguen «lengua» y «habla». La
lengua es el sistema de signos de la sociedad ya estipulado, y el habla, el modo de
referirse de cada individuo en particular. La sociedad se estudia como un conjunto de
signos destinados a asegurar entre los individuos cierto tipo de comunicación.

Estructuralismo
Orientación metodológica científico-concreta que plantea ante la investigación científica la
tarea de desentrañar la estructura de los objetos. El estructuralismo surgió a comienzos del siglo
20 en varias disciplinas de humanidades (lingüística, crítica literaria, psicología y otras) como
reacción al evolucionismo de índole positivista. El estructuralismo emplea los métodos
estructurales de investigación elaborados en las matemáticas, la física y otras ciencias naturales.
Se caracteriza por la profunda atención que le presta a la descripción del estado actual de los
objetos estudiados y a la aclaración de las propiedades extratemporales inherentes a ellos y la
fijación de las relaciones entre los hechos o elementos del sistema en estudio. Al investigar el
objeto, el estructuralismo presupone el avance desde la organización primaria de los hechos
observables en el marco de la tarea de investigación hacia la clarificación y descripción de la
estructura interior del objeto (su jerarquía y conexiones entre los elementos de cada nivel) y,
luego, hacia la creación del modelo teórico del objeto. El desarrollo del estructuralismo en varias
ciencias experimentó la influencia de la semiótica, las ideas de F. de Saussure en lingüística,
de Lévy-Strauss en etnología, y de Z. Vigotski y Piaget en psicología, así como de
la metalógica y las metamatemáticas (Frege, Hilbert). El empleo de los métodos estructurales en
las ciencias concretas reportó resultados positivos; por ejemplo, en la lingüística permitió resolver
los problemas vinculados con la descripción de lenguajes que no tienen escritura, el
desciframiento de escrituras desconocidas valiéndose de los métodos de la reconstitución interna
de los sistemas del lenguaje, &c. Las ideas del estructuralismo desempeñan cierto papel
metodológico también en la unificación de las investigaciones interdisciplinarias de los
fenómenos de la cultura y en el acercamiento entre las ciencias humanitarias y naturales,
conservándose su especificidad. Ahora bien, la amplia propagación de los métodos estructurales
en los distintos campos del saber provocó intentos infundados de elevar el estructuralismo hasta
el grado de sistema filosófico y, en calidad de este último, oponerlo a otros sistemas filosóficos,
comprendido el marxismo. Semejantes tentativas, que prescinden de los límites cognoscitivos,
propios del estructuralismo, como de toda otra metodología científica concreta, son
absolutamente ilegítimas y se someten a una crítica justa en las obras de científicos soviéticos y
de los filósofos marxistas de otros países. La filosofía marxista opone al enfoque antihistórico del
concepto de estructura y a la negación de las contradicciones interiores como fuente de
desarrollo y cambio de las estructuras de los objetos los principios metodológicos del análisis
dialéctico.

o primero que vamos a indicar es que estructuralismo es una palabra


formada a partir de distintos componentes léxicos del latín. En concreto,
es el resultado de la suma de estos elementos:
-El sustantivo “structura”, que puede traducirse como “resultado de
construir”.
-El sufijo “-ismo”, que se usa para indicar “doctrina”.
-El sufijo “-al”, que significa “relativo a”.

El estructuralismo es un enfoque de la ciencia que se basa en la


consideración de conjuntos de datos como estructuras. Este método
toma a las informaciones interrelacionadas como sistemas.
A través de las herramientas del estructuralismo se pueden analizar
diversos aspectos de la sociedad, la cultura y el lenguaje, por ejemplo.
Los estructuralistas estudian campos específicos como estructuras cuyos
componentes se encuentran relacionados entre sí. Es en el seno de dichas
estructuras donde se generan significados.
Según el estructuralismo, el significado se produce y se reproduce
mediante acciones y prácticas que forman una unidad. La lingüística,
la literatura, la antropología y las matemáticas son algunos campos de
conocimiento donde se aplicaron los principios estructuralistas.
En el terreno de la lingüística, el estructuralismo de Ferdinand de
Saussure marcó el inicio de la consideración moderna de esta ciencia.
El “Curso de lingüística general” que publicaron sus discípulos en
base a sus clases está considerado como una obra clave.
El estructuralismo sostiene que los elementos lingüísticos mantienen un
vínculo de dependencia y solidaridad que lleva al desarrollo de un sistema
(la lengua). Las unidades de la lengua, en este marco, solamente se
pueden definir a partir de sus relaciones.
De la misma manera, no podemos olvidarnos tampoco de subrayar la
existencia de lo que se conoce como estructuralismo de Lévi-Strauss. En
concreto, este filósofo francés lo que hizo fue aplicar las ideas y el análisis
de aquel al ámbito de la antropología. Gracias a ello, entre otras cosas, fue
capaz de instaurar un método revolucionario para, por ejemplo,
interpretar los mitos, para explicar lo que era el funcionamiento de la
sociedad e incluso para descubrir lo que eran los principales sistemas de
pensamiento.

En concreto, gracias al estructuralismo estudió a fondo la organización


social reinante en tribus tanto de América del Norte como de Brasil. Y
buena muestra de eso trabajo fueron publicaciones tales como “Tristes
trópicos” (1955) o “Las estructuras del parentesco” (1949).
En la antropología, el estructuralismo es una corriente que aborda los
fenómenos sociales como estructuras de símbolos o signos. Por eso
no se debe estudiar estos fenómenos como sucesos: hay que considerarlos
como significaciones.
Asimismo, no podemos pasar por alto el hecho de que el estructuralismo
también ha influido en otras áreas o sectores. Buen ejemplo de eso es que,
de igual modo, tuvo su presencia en el mundo del arte, al que consideró
un hecho meramente semiológico. Figuras como Charles Morris o
Umberto Eco han jugado un papel esencial en esa línea.

A nivel económico, por último, el estructuralismo o desarrollismo es


la teoría que postula que el orden económico global es un esquema que
tiene al poder industrial en el centro y a las economías agrícolas en la
periferia. Este ordenamiento genera un deterioro estructural en las
relaciones comerciales que afecta a las naciones periféricas.
El Estructuralismo es un movimiento teórico que inicia en Francia a
mediados de la década de los 60s, especialmente en el área de las ciencias
humanas y sociales. Los trabajos que se agrupan bajo el nombre de
“Estructuralismo” están caracterizados por considerar que el lenguaje
tiene una función clave en el desarrollo de la actividad humana y en sus
funciones.
Este movimiento ha tenido repercusiones importantes a nivel teórico y
práctico en disciplinas como la lingüística, la sociología, la antropología y
la filosofía. A continuación haremos un repaso sobre las ideas principales
del Estructuralismo y cómo ha impactado a las ciencias sociales.

 Artículo relacionado: "Qué es el Posestructuralismo y cómo afecta a la


Psicología"

¿Que és el Estructuralismo?
El Estructuralismo es un enfoque teórico y metodológico que plantea que
en todo sistema sociocultural existe una serie de estructuras (formas de
organización) que condicionan o determinan todo lo ocurre dentro de
dicho sistema.
Así, lo que el Estructuralismo estudia específicamente son esas
estructuras, no obstante, a partir de esto se vuelve inevitable analizar la
conexión entre ellas, es decir, el cómo dan forma a distintos sistemas
socioculturales y a la actividad humana.

El lenguaje como estructura


Aunque el Estructuralismo es un movimiento que tiene una historia más
o menos específica, el término “estructuralista” puede ser aplicado a
cualquier análisis que tenga como énfasis las estructuras subyacentes a
un fenómeno, y sus relaciones. Es decir, puede considerarse como
estructuralista cualquier escuela de las ciencias sociales que tiene como
prioridad el orden más que la acción (Theodore 2018).
Aunque muchos de sus aportes son bastante complejos, podemos resumir
tres ideas que nos ayudan a entender algunos planteamientos clave para
el Estructuralismo aplicado en las ciencias sociales.

1. Todo sistema está compuesto por estructuras


Una estructura es un modo de organizar las partes de un todo, incluyendo
el conjunto de sus relaciones. Para el Estructuralismo, estos modos de
organizar (las estructuras) son lo que produce sentido en la actividad
humana, social y cultural; con lo cual, sus propiedades son
fundamentalmente lingüísticas.
En otras palabras, las estructuras son el conjunto de símbolos a través de
los cuales creamos sentido. Son el conjunto de los significantes con los
que interpretamos al mundo y nos relacionamos con el.
De ahí que para el Estructuralismo, todo realidad tiene una naturaleza
simbólica, es decir, está determinada por el lenguaje entendido como un
“orden de lo simbólico”. Defiende que las diferentes culturas, las
conductas, los mitos y los esquemas lingüísticos que las caracterizan,
revelan patrones comunes a la vida humana.

 Quizás te interese: "¿En qué se parecen la Psicología y la Filosofía?"


2. Esa estructura determina la posición que ocupa cada
elemento
Del punto anterior se deriva la idea de que toda actividad humana, así
como sus funciones (incluida la cognición, la conducta y la propia
cultura), son construcciones, ya que están mediadas por los símbolos. Es
decir, no son elementos naturales, y lo que es más: no tienen significados
por sí mismos, sino que sólo tienen sentido dentro del sistema de
lenguaje donde se encuentran.
Es decir que, en lugar de que nosotros hablemos un lenguaje, es el
lenguaje el que nos habla (determina cómo comprenderemos y
actuaremos en el mundo). Por eso, el Estructuralismo se relaciona de
manera importante con la semiótica (el estudio de los signos, los
símbolos, la comunicación y la creación de sentido).

3. Las estructuras son lo que se encuentra bajo lo


aparente
Si a través de la investigación en ciencias sociales comprendemos las
estructuras, entonces también comprenderemos por qué o cómo ocurre
una actividad humana y sociocultural determinada.
Es decir que, el Estructuralismo como método interpretativo trata de
poner atención a las estructuras internas de los elementos culturales, o
más bien, intenta comprender las estructuras que delimitan o posibilitan
la existencia de dichos elementos.
La sociedad y la cultura no son simplemente un conjunto de elementos
físicos, y tampoco son eventos con significado propio, sino que se trata de
elementos que adquieren significación.
Entonces, es el proceso de adquirir significación lo que debemos
comprender al hacer investigación en ciencias sociales. Así, el
Estructuralismo marca una distinción metodológica importante entre las
ciencias naturales y las ciencias humanas y sociales.
Esto último se trasladó incluso hacia la comprensión la experiencia
individual. Por eso, el estructuralismo se posicionó también como una
reacción a la fenomenología, ya que considera que las experiencias
profundas no son más que un efecto de las estructuras que en sí mismas
no son experienciales.

Algunos autores clave


Uno de los antecedentes más importantes para el desarrollo del
Estructuralismo es Ferdinand de Saussure, padre de la semiótica, ya que
como hemos visto, el Estructuralismo retoma gran parte de sus
postulados para comprender la actividad humana.
No obstante, se consideran pioneros recientes del Estructuralismo los
trabajos del antropólogo francés Claude Lévi-Strauss, el psicólogo Jean
Piaget, el filósofo lingüista Noam Chomsky, el lingüista Roman Jakobson,
el filósofo marxista Louis Althusser, el literario Roland Barthes entre
otros.
Más recientemente, y en una delgada línea entre el estructuralismo y el
postestructuralismo, e incluso aún después de haber negado su
adscripción a dichos movimientos, destacan los filósofos Michel Foucault y
Jacques Derrida, así como el psicoanalista Jacques Lacan.

Sesgo reduccionista y otras críticas


El Estructuralismo ha sido criticado porque al considerar que las
estructuras son las que determinan la vida humana, frecuentemente deja
de lado la autonomía y la posibilidad de agencia individual. Es decir que,
puede caer en posturas reduccionistas y deterministas sobre la actividad
o la experiencia humana.
Relacionado con lo anterior, el epistemólogo argentino Mario Bunge, dice
que las estructuras son en sí mismas conjuntos de relaciones, no existen
sin esto, con lo cual, no pueden ser estudiadas como elementos en sí.
Al ser propiedades de los objetos, las estructuras siempre pertenecen a
un sistema y no pueden estudiarse de manera separada de ese sistema o
al individuo, como un ente con existencia propia.
ECLECTICISMO
El eclecticismo (del griego eklegein, «escoger») es una escuela filosófica que se
caracteriza por no sujetarse a paradigmas ni axiomas determinados. Los eclécticos
escogen los puntos de vista, ideas y valoraciones filosóficas entre las demás escuelas
conforme a criterios determinados. En consecuencia, cualquier tipo de pensamiento puede
identificarse como ecléctico. Esta combinación de ideas filosóficas termina produciendo
sistemas filosóficos originales.
El eclecticismo entre las diferentes religiones se denomina sincretismo y es un fenómeno
social frecuente. También puede producirse el eclecticismo en otros ámbitos; por ejemplo,
las artes marciales mixtas (MMA) son un ejemplo de deporte ecléctico. El eclecticismo
también se manifiesta en la arquitectura, la medicina, la música o la psicología, entre otros
ámbitos.

Definición[editar]
El eclecticismo es un enfoque conceptual que no se sostiene rígidamente a un paradigma
o un conjunto de supuestos, sino que se basa en múltiples teorías, estilos, ideas para
obtener información complementaria de un tema, o aplica diferentes teorías en casos
particulares.

Historia y desarrollo[editar]
El eclecticismo apareció en Grecia a partir del siglo II a. C, como una forma de sintetizar
los grandes hallazgos intelectuales de la filosofía clásica anterior de
los presocráticos, Platón y Aristóteles. Por ejemplo, Antíoco de Ascalón compaginó
el estoicismo y el escepticismo, y Panecio de Rodas basó su pensamiento en
el platonismo y el estoicismo.
Los pensadores romanos nunca desarrollaron un sistema filosófico propio, inclinándose
por este tipo de pensamiento: Cicerón, por ejemplo, asimiló teorías del estoicismo, del
escepticismo y de los peripatéticos.
Entre los cristianos, Clemente de Alejandría y Orígenes combinaron la metafísica griega y
las ideas judeocristianas de las Sagradas Escrituras. Ya a fines de la Edad Media, el
maestro de la Devotio moderna, Maestro Eckhart formuló un sistema de filosofía cristiana
basado en Aristóteles, sus comentaristas árabes medievales, el neoplatonismo y
la Cábalao mística hebrea.

Eclecticismo en Europa[editar]
En España, se desarrolló en el seno de la Ilustración del siglo XVIII como única escuela
alternativa a la escolástica dominante sin suscitar los recelos de la Inquisición y en ese
sentido destacan pensadores como Benito Jerónimo Feijoo o el médico y lógico Andrés
Piquer.
En el siglo XIX rebrotó aún el eclecticismo en Francia a través de la obra del filósofo Victor
Cousin, que trató de unir el idealismo de Emmanuel Kant, la filosofía del sentido común y
las doctrinas inductivas de René Descartes.
También Ortega y Gasset defendió el eclecticismo en términos ético-políticos cuando
hablaba de la división de izquierdas y de derechas (hemiplejía moral).

Qué es Eclecticismo:
Eclecticismo es la tendencia a formarse un criterio o plan de acción a partir de
la combinación de doctrinas, teorías, sistemas, ideas o estilos de diferentes
corrientes, sin elegir un único punto de vista.

El término proviene de la expresión griega eklegein, que quiere decir 'escoger'.


Así, aquellas personas que para juzgar una situación o actuar, en lugar de
decidirse por una sola doctrina o sistema, deciden combinar elementos de
corrientes diferentes, o que pretenden conciliar distintos puntos de vista, se
dice que practican el eclecticismo.

El eclecticismo se caracteriza, así, por no acogerse de manera estricta a


ninguna doctrina en su estado “puro”, sino a aquellos elementos de varias
doctrinas que resultan convenientes para complementar información o para
dejar abiertas las posibilidades de nuevos paradigmas.

Eclecticismo en la filosofía
Se llama también eclecticismo a una escuela de pensamiento formada en la
Antigua Clásica durante el siglo II a.C., que se caracterizaba por reunir y
escoger criterios de doctrinas filosóficas de diferentes escuelas.

En principio, era una forma de sintetizar los aportes de cada una de las
escuelas de pensamiento de la antigüedad. Este tipo de pensamiento fue muy
practicado por los romanos. Un ejemplo de ello lo constituye Cicerón, quien
aplicó tanto principios del estoicismo como del escepticismo.

Este tipo de abordaje filosófico no solo se ha visto en la antigüedad clásica, sino


que también fue puesto en práctica durante la edad media, el siglo XVIII y el
siglo XIX.

Eclecticismo en el arte y la arquitectura


En la arquitectura, se refiere como eclecticismo a la tendencia de usar
elementos arquitectónicos de diferentes estilos y épocas en un solo edificio. Un
ejemplo de ello es el Teatro Colón de Buenos Aires, en Argentina, en el cual se
combinas elementos de la arquitectura del renacimiento italiano, así como
rasgos característicos de la arquitectura francesa y alemana. Este tipo de
propuestas estéticas estuvo muy vigente en el siglo XIX, que demoró en hallar
un estilo propio y, por ello, apeló al revisionismo histórico.

En el arte también se habla de eclecticismo cuando los artistas incorporan


elementos de otras tendencias plásticas y los combinan entre sí. En realidad, en
ninguno de estos casos el eclecticismo representa un estilo en sí mismo sino
apenas una tendencia. Por esa razón, puede haber obras y artistas eclécticos
en diferentes períodos de la historia.

Eclecticismo

(Del griego: “eklego”, escoger.) El eclecticismo es la reunión mecánica y sin


principios de tendencias, corrientes, concepciones, convicciones y teorías ideológicas
heterogéneas. Los eclécticos tratan de unir el materialismo con el idealismo.
Manifestaciones de eclecticismo, en una u otra medida, se pueden hallar en toda
filosofía inconsecuente. Como ejemplo de eclecticismo pueden servir las concepciones
de los teóricos de la Segunda Internacional, que tratan de “unir”, sin principios, el
marxismo con las corrientes idealistas, como por ejemplo, con el kantismo, el
machismo, &c.
Diccionario filosófico marxista · 1946:85

Eclectismo

Reunión mecánica, sin sujeción a principios, de corrientes, conceptos, convicciones y


teorías de todo género. Los eclécticos tratan de conciliar el materialismo con el
idealismo. Manifestaciones del eclectismo, en una u otra medida, pueden encontrarse en
cualquier filosofía inconsecuente. Como ejemplo del eclectismo pueden servir las
opiniones de los teóricos de la segunda internacional que, sin sujeción a principios,
trataban de “reunir” el marxismo con las corrientes idealistas, por ejemplo, el kantismo,
el machismo, &c.
Diccionario de filosofía y sociología marxista · 1959:28

Eclecticismo

Reunión mecánica, sin principios, de corrientes ideológicas, opiniones, teorías


heterogéneas. Los eclécticos se esfuerzan en conciliar el materialismo y el idealismo.
Toda filosofía inconsecuente tiene un carácter más o menos ecléctico. Por ejemplo, los
teóricos de la II Internacional querían “unir” el marxismo a las corrientes idealistas:
kantismo, “machismo”, &c. Lenin definió y criticó el eclecticismo en su artículo “Una
vez más a propósito de los sindicatos, a propósito del momento actual y de los errores
de Trotski y de Bujarin”. “La lógica formal... utiliza definiciones formales fundándose
en lo que es más común o lo que salta más a menudo a la vista y no va más allá. Si se
toman dos o más definiciones de esa clase y se las reúne de manera fortuita... se obtiene
una definición ecléctica que muestra los aspectos diferentes del objeto y nada más”
(Lenin, Obras, Ed. rusa).

Así, los bujarinistas, enemigos del leninismo, al definir el papel de los sindicatos en
el país de los Soviets, querían conciliar eclécticamente dos puntos de vista opuestos: el
punto de vista de los trotskistas que exigían la “estatización” de los sindicatos y el
empleo de métodos militares para dirigirlos, y el punto de vista, el único justo, de Lenin,
del Partido Comunista, que consideraban los sindicatos como una escuela de
comunismo. Los bujarinistas “demostraban” que los sindicatos eran al mismo tiempo, lo
uno y lo otro. Lenin echó por tierra ese eclecticismo: la dialéctica exige que se destaque
el aspecto principal, decisivo, de un conjunto complejo, el “eslabón decisivo” de la
cadena de tareas históricas. Para Lenin, los sindicatos eran la “escuela de comunismo”,
la escuela de la disciplina socialista en el trabajo, una escuela de solidaridad, de defensa
de los intereses de los trabajadores, una escuela de administración. Tal es el aspecto
decisivo, el “eslabón decisivo” de la actividad sindical.

Lenin fustigaba el eclecticismo por su carácter vago, confuso, abstracto. Los


oportunistas recurren al eclecticismo para diluir cuantos aspectos concretos hay en la
lucha revolucionaria. “La dialéctica es concreta y revolucionaria... El eclecticismo y la
sofistería de los Kautsky y Vandervelde, para complacer a la burguesía, escamotean
todo lo concreto y exacto de la lucha de clases...” (Lenin, “La revolución proletaria y el
renegado Kautsky”, en Obras escogidas, t. II, p. 537, Ed. Esp., Moscú, 1948).
Diccionario filosófico abreviado · 1959:147

Eclecticismo

(del griego ἐκλέγω: elijo). Mezcla, que no obedece a principios determinados, de


puntos de vista, concepciones filosóficas, premisas teóricas, valoraciones políticas, &c.,
distintos, a menudo contrapuestos. Así, son eclécticas numerosas tentativas de unir el
materialismo con el idealismo o las tendencias de los revisionistas, que quieren
combinar el marxismo con el empiriocriticismo, el materialismo dialéctico, con el
kantismo, &c. El eclecticismo es propio también del revisionismo moderno. El principal
defecto metodológico del eclecticismo estriba en su incapacidad para delimitar, en la
suma de nexos y relaciones del mundo objetivo, los lazos fundamentales del objeto, del
fenómeno, respecto al medio que lo circunda en un momento dado; estriba en unir
mecánicamente las diversas partes y propiedades de los objetos o fenómenos. En la
esfera de la actividad práctica y de la política, el eclecticismo conduce a fallas y errores,
ya que impide hallar el eslabón principal en la cadena de acontecimientos, señalar las
medidas que permitan resolver las tareas de mayor actualidad en un período concreto de
la historia.
Diccionario filosófico · 1965:130

Eclecticismo

(griego eklego: elijo.) Mezcla de distintos y, a menudo, opuestos puntos de vista,


criterios filosóficos, premisas teóricas, valoraciones políticas, &c. Así, son eclécticas
numerosas tentativas de combinar el materialismo con el idealismo o el afán de los
revisionistas de conjugar el marxismo con el empiriocriticismo, el materialismo
dialéctico con el kantismo, &c. El eclecticismo es característico también de la filosofía
burguesa moderna. El principal defecto metodológico del eclecticismo es la incapacidad
de discernir en la suma de concatenaciones y relaciones del mundo objetivo las
conexiones principales del objeto o fenómeno en su condicionamiento histórico
concreto, y la unificación mecánica de los distintos aspectos y propiedades. En la
actividad práctica y la política, el eclecticismo conduce a errores y desaciertos, pues
impide hallar el eslabón principal en la cadena de acontecimientos y trazar medidas para
cumplir las tareas más acuciantes del período concreto de la historia.

HOLISMO
El holismo (del idioma griego ὅλος [hólos]: "todo", "por entero", "totalidad") es una
posición metodológica y epistemológica que postula cómo los sistemas (ya sean físicos,
biológicos, sociales, económicos, mentales, lingüísticos, etc.) y sus propiedades deben ser
analizados en su conjunto y no sólo a través de las partes que los componen. Pero aún
consideradas estas separadamente, analiza y observa el sistema como un todo integrado
y global que en definitiva determina cómo se comportan las partes, mientras que un mero
análisis de estas no puede explicar por completo el funcionamiento del todo. El holismo
considera que el "todo" es un sistema más complejo que una simple suma de sus
elementos constituyentes o, en otras palabras, que su naturaleza como ente no es
derivable de sus elementos constituyentes. El holismo defiende el sinergismo entre las
partes y no la individualidad de cada una.
En el campo científico, el reduccionismo es con frecuencia considerado el opuesto del
holismo. El reduccionismo científico postula que un sistema complejo puede ser explicado
mediante una simple reducción del mismo a las partes que lo componen. Por ejemplo, los
procesos biológicos son reducibles a la química, y las leyes de la química son explicadas
por la física. Desde una perspectiva holista, por el contrario, los sistemas funcionan como
conjuntos y su funcionamiento no puede ser plenamente comprendido si sólo se tienen en
cuenta sus partes componentes.
En las ciencias sociales, en especial en la sociología, el opuesto al enfoque holista sería el
individualismo metodológico. Un enfoque sociológico holista considera y analiza el
comportamiento de los individuos como una consecuencia de la matriz social en la que se
encuentran, mientras que el individualismo metodológico privilegia en su análisis la
interpretación subjetiva de los hechos sociales.
En consecuencia, si bien en principio sigue siendo útil dividir un problema en partes más
sencillas para así atacar y resolver cada una de ellas en forma separada e independiente,
(acatando lo que se sugiere a través de la locución latina «divide et impera», o sea «divide
y reina», «divide y domina», «divide y gana»), este enfoque tiene sus límites, pues si se
aplica siempre, por desgracia habrá relaciones y efectos importantes que queden fuera, sin
explicar, sin comprender, sin solucionar, sin cuantificar, sin describir.1
Como adjetivo, holístico u holística significa una concepción basada en la integración total
y global frente a un concepto o situación.1 Holística sería la práctica misma de la filosofía
holista2.
El principio general del holismo fue resumido de forma concisa por Aristóteles en sus
escritos sobre metafísica, (después o más allá de la física): «el todo es mayor que la suma
de sus partes». Este concepto se puede definir como el tratamiento de un tema o de un
problema de tal forma que se consideren todos sus componentes, incluyendo sus
relaciones invisibles pero igualmente evidentes o existentes. Esta aproximación se usa
como una tercera vía o un nuevo enfoque a un determinado problema o cuestión.
El holismo enfatiza la importancia del todo considerado en su globalidad, lo que es mayor
que la suma de las partes y sus interacciones (propiedad de sinergia), y brinda gran
importancia a la interdependencia de éstas y a sus variadas interrelaciones. El holismo
trata de presentarse directamente como un axioma para el nuevo planteamiento que se
proponga resolver, y a veces no es expuesto como una hipótesis. Este es su principal
problema de validación, al tratarse de verificar si tiene y cumple las propiedades
del método científico.

Otros antecedentes[editar]
Holismo (del griego antiguo holos que significa «la totalidad», «el entero») es
un neologismo forjado en 1926 por un hombre de Estado sudafricano, Jan Christiaan
Smuts, en su obra Holism and Evolution. Según este autor, holismo es: «la tendencia en la
naturaleza y a través de la evolución creadora, a constituir sistemas (conjuntos) que en
muchos aspectos son superiores y más complejos que la suma de sus partes».3 El holismo
por tanto se define globalmente por el pensamiento, tendiendo a explicar las partes y sus
funcionamientos a partir del todo. De esta manera, el pensamiento holístico se encuentra
en oposición al pensamiento individualista que tiende a explicar la globalidad (el todo) a
partir de sus partes.4

Diferentes acepciones[editar]
Actualmente se emplea «holismo» ya sea en sentido léxico, ya sea en el sentido tomado
por el término en el marco de las diferentes disciplinas (holismo ontológico,
holismo metodológico, holismo epistemológico, holismo lógico, holismo semántico,
holismo filosófico, holismo de las ciencias humanas y sociales, holismo emergentista...), ya
sea por abuso del lenguaje y como un sinónimo de aproximación sistemática o
de pensamiento complejo y regular (como una «buzzword»).

 Sentido léxico: doctrina o punto de vista que consiste en considerar los fenómenos
como totalidades.

 Holismo ontológico: sistema de pensamiento por el cual las características de un ser


o de un conjunto solo pueden ser conocidas cuando se las considera y aprehende en
conjunto, en su totalidad, y no cuando se estudia cada parte del mismo por separado.
Así, un ser está enteramente o fuertemente determinado por el todo del que forma
parte; es suficiente y necesario conocer ese todo para comprender todas las
propiedades del elemento o de la entidad estudiada. Un sistema complejo se
considera una entidad poseedora de características ligadas a su totalidad y de
propiedades no deducibles de las de sus elementos. En este sentido, el holismo se
opone al reduccionismo.

 Holismo sociológico: el holismo aplicado a los sistemas humanos, por esencia


complejos, explica los hechos sociales mediante otros hechos sociales, de los que los
individuos no son más que vectores pasivos. Los componentes individuales están
socialmente determinados: la sociedad ejerce una restricción (poder de coerción)
sobre el individuo, que interioriza (o «naturaliza») las principales reglas y las respeta.
El libre albedrío individual por tanto no se elimina totalmente, pero estadísticamente lo
que un individuo elige no hacer otro lo hará, para un resultado social idéntico. Este
punto de vista fue en parte iniciado por Émile Durkheim. En este sentido, el holismo se
opone al individualismo o al individualismo metodológico.

 Sentido general: el concepto de holismo a veces se utiliza como sinónimo de enfoque


sistémico o de pensamiento complejo. Los términos holismo, holístico, holista intentan
difundir una creencia en una totalidad que excede la experiencia humana limitada y
pueden secundariamente servir de «buzzword» para intentar justificar posiciones poco
apoyadas. Según Stephen Barrett: «los promotores del charlatanerismo son hábiles en
el uso de eslóganes y de palabras a la moda».56

 Integral: La sinergia de la partes es más efectivo que la sumatoria de cada una de


ellas. El tratamiento integral es la base del concepto holístico.

Aproximación histórica[editar]
Antigüedad[editar]
El concepto tiene raíces antiguas,7 como en la cosmogonía mitológica de los antiguos
griegos, que hace surgir el orden del caos primordial.
Los monistas (los milesios y los atomistas griegos, Demócrito, Epicuro) perciben
el universo como una sola realidad fundamental, por lo que el mundo material y el mundo
espiritual pueden estar ligados. Mientras que los dualistas ven una separación entre el
mundo material y el mundo espiritual (Platón8·9).

Siglo XX[editar]
El holismo es un término nuevo introducido en los años 1920. La palabra designa en un
inicio a las doctrinas también denominadas organicistas, intentando eludir a la vez el
determinismo y el finalismo, o quizás intentando conciliarlos, insistiendo sobre el carácter
específico del organismo, desprovisto de toda concepción interna. Para estos holistas, los
cuerpos vivos son totalidades que no son susceptibles de análisis y que no se explican por
una conjunción de sus partes; hay alguna cosa, según ellos, que ordena estas partes y
que no es del orden de la causalidad eficiente. Para Aristóteles, es la forma, organizadora
y conservadora del ser viviente (forma est qua ens est id quod est)[cita requerida]. Este principio
de relación ha tenido otras denominaciones: entelequia, fuerza vital, principio
director[cita requerida].
Al principio del siglo XX, los progresos de las ciencias físicas y bioquímicas así como la
teoría darwiniana diseñan un mundo donde la frontera entre vivo e inanimado parece tener
que desaparecer (contrariamente a lo que afirmaba Kant). Se desarrolla un movimiento
cuyos miembros consideran la explicación mecanicista como universalmente válida, pero
que aún están vinculados a la presencia de una causa final. Postulan la existencia de
formas, de tipos de organización que tienden a autorealizarse, de potenciales que guían la
evolución hacia una meta asignada (principio antrópico o punto Ω de Pierre Teilhard de
Chardin).

Jan Christiaan Smuts[editar]


El holismo de J. C. Smuts es un punto de vista metafísico sobre la naturaleza última de la
realidad. A partir de teorías científicas emergentes en 1926 (relatividad general, mecánica
cuántica) y de preguntas que ellas dejan en suspenso, Smuts desarrolló una
argumentación filosófica. En la oposición entre la necesidad o no de creer en la finalidad,
el hombre tiende a atribuir a sus tesis especulativas la autoridad de la certitud que se liga a
las proposiciones científicas. La amplitud del sujeto tratado en la obra de Smuts (desde el
átomo hasta la conciencia) hace que él reemplace las pruebas y la ausencia de datos
experimentales por un razonamiento que no está nunca al amparo de errores, de sofismos,
de inducciones o de deducciones azarosas. El hecho de circunscribir la evolución a
una tierra de nadie entre ciencia y filosofía trae aparejado un equívoco: ¿dónde acaba el
saber preciso y demostrado, dónde comienza la especulación arbitraria y las inducciones
más o menos inverificables? Esta obra sintetiza un tiempo de preguntas fecundas
científicamente (y filosóficamente). En filigrana, Smuts plantea las preguntas que llevan a
los conceptos de propiedades emergentes, de autoorganización, de autorregulación,
de sistema complejo, etc. «Smuts esperaba que el holismo pudiera reconstruir la unidad
entre “Weltanschauung”10 y ciencia»11 Pero más allá de la argumentación analítica, la tesis
que él sostiene es que la evolución está orientada hacia un fin providencial. Smuts no es
antievolucionista pero sí antidarwinista. Para él, bien hay una evolución pero ella es el fruto
de un «campo sintético» (en referencia a la teoría de los campos) que poco a poco se va
pareciendo más y más a una voluntad trascendente. Él presenta un universo donde el
hombre habría sido deseado. Para Smuts, así como para Pierre Teilhard de Chardin, los
hechos científicos no son un desafío pero su presentación muestra, sin nombrar a un
horizonte detrás del cual Dios es la causa de todo (cambios incluidos). El holismo de J-C.
Smuts es una dirección en el universo que conduce a la santidad del átomo <<récusés
mais leur présentation fait apparaître, sans le nommer, un horizon derrière
lequel Dieu serait à l'origine de tout (évolution comprise). L'holisme de J-C. Smuts est une
direction dans l'univers qui conduit l'atome vers l'holiness (la sainteté) – de « holism» à
« holysm» (cf. Étymologie de holisme).

Aproximación cultural[editar]
El sentido de holismo da lugar a múltiples acepciones, variando de un sentido casi místico
a un sentido técnico, lógicamente determinado. Esta polisemia es la fuente de
ambigüedades inherentes al empleo de este término.
Definición del holismo ontológico[editar]
El holismo ontológico es una concepción (opuesta al reduccionismo y al atomismo) según
la cual un «todo» (organismo, sociedad, conjunto de símbolos) es más que la suma de sus
partes, o algo distinto a ella.12 Hay que agregar a esta definición el llamado "principio de
emergencia": un "todo" no es un simple agregado. A partir de un cierto umbral crítico de
complejidad, aparecen nuevas propiedades en los sistemas, llamadas propiedades
emergentes. Estas se vuelven observables cuando van en el sentido de una
autoorganización nueva. De allí que el punto de vista según el cual es el todo el que da
sentido y valor a sus partes por la función que éstas desempeñan en su seno.
Es esta concepción la que está en el origen del desarrollo de las tesis del holismo
epistemológico y del holismo metodológico. Estas tesis encontraron un rechazo muy fuerte
en los años 1950 (maccarthysmo en Estados Unidos) de los investigadores liberales que
consideraban estas tesis marxistas. Y desde entonces el debate sociológico entre
individualismo y holismo está todavía vivo.
Definición del holismo metodológico[editar]
Concepción (opuesta al atomismo lógico) según la cual:

1. la explicación de un todo no está dada por la suma de las explicaciones de sus


partes;
2. una hipótesis no es jamás ni verificable ni refutable singularmente por la
experiencia.
Definición del holismo epistemológico[editar]
Especificación del holismo metodológico, corresponde a la tesis del filósofo de la ciencia y
químico francés Pierre Duhem13 (1861-1916): las proposiciones concernientes al mundo
exterior reencuentran el tribunal de la experiencia sensible no individualmente sino como
cuerpo constituido, no se pueden verificar las hipótesis de una teoría una por una, una
experiencia física no puede condenar una mera hipótesis aislada sino solamente todo un
conjunto teórico: no hay experiencia crucial. En cuanto al holismo epistemológico del
filósofo y lógico americano Willard Van Orman Quine14 (1908-2000), difiere del de Duhem
en un punto capital: el holismo epistemológico de Quine no se limita a la física, como el de
Duhem, ni tampoco a las ciencias experimentales, como el de Rudolf Carnap, sino que se
extiende a toda la ciencia, lógica y matemáticas incluidas. El holismo epistemológico de
Quine es por tanto la tesis según la cual todos nuestros conocimientos se sostienen
mutuamente sin que exista una fundamentación única (esto es lo que él resumía a menudo
tomando la imagen del navío de Otto Neurath,15 según la cual la ciencia es un navío ya en
la mar que es necesario reparar, teniendo que hacerse con los materiales disponibles a
bordo, sin poderlo reconstruir sobre tierra firme).
Definición del holismo lógico[editar]
Concepción según la cual no es posible disociar las reglas de inferencia de nuestra
práctica inferencial global, que justifica las unas por medio de las otras y no aisladamente.
El holismo lógico concuerda con la crítica que Quine dirige al convencionalismo (según la
cual las reglas, arbitrarias, son admitidas una por una según las necesidades de
razonamiento): si las verdades lógicas son convencionales, elles ne le sont que moyennant
l'acceptation préalable de la logique.
Definición del holismo semántico[editar]
Punto de vista según el cual el sentido de un elemento del discurso pertenece al discurso
en sí mismo y no puede ser considerado aisladamente: «la significación de una expresión
en una lengua de aquello que un número infinito de otras expresiones significan».
Concepciones del holismo filosófico[editar]
En filosofía, Parménides, Spinoza, Hegel han elaborado metafísicas holistas. La tradición
espiritualista, en su sentido metafísico, se remonta a Anaxágoras (siglo V antes de Cristo)
para quien "el espíritu" es el alma, el soplo que se opone a la materia sólida e
inerte. Descartes (1596-1650) reconocía este dualismo, con una materia autónoma que
obedecía a sus propias leyes. La filosofía idealista, que apasionaba tanto a Jan Smuts, se
inspira en los espiritualistas al admitir la antinomia entre espíritu y materia y la supremacía
del primero sobre el segundo. Para Bergson, la vida no puede reducirse a una mecánica
físico-química y el cerebro no es más que un soporte, un instrumento que permite al
espíritu insertarse en la realidad.16 Il rédige en 1907 L'Évolution créatrice.17 Diecinueve
años más tarde Jan Smuts retomará la idea de evolución creatriz en el seño mismo de la
definición de su concepto central de holismo.
Definición del holismo de las ciencias humanas[editar]
Artículo principal: Holismo en sociología

El enfoque holista, en ciencias humanas, se interesa por las motivaciones y las prácticas
sociales de los individuos tomadas de una manera colectiva al seno de la sociedad.
Considera que los hechos sociales deben ser explicados en relación con el grupo o la
sociedad. Durkheim, en su obra Les Règles de la méthode sociologique, explica que «la
causa determinante de un hecho social debe ser investigada reportándose a los hechos
sociales anteriores y no por medio de los estados de conciencia individuales». En
sociología, los análisis holistas ven en la sociedad restricciones que asujetan a los
individuos. Siempre según Durkheim, los actos individuales solo pueden ser explicados si
se estudia la sociedad y las normas sociales que ella impone a sus miembros. Por la
educación que reciba, el individuo interioriza comportamientos, maneras de pensar y de
sentir, en suma, toda una cultura que permite explicar sus acciones o sus creencias. Por
ello, los gustos y todas las otras prácticas sociales se construyen socialmente.
En sociología el holismo promueve la explicación de lo inferior, de lo local (por ejemplo: los
comportamientos humanos) por medio de lo superior, lo global (por ejemplo: los modelos
culturales, las instituciones). Acompaña una voluntad de autonomía metodológica,
privilegia la «comprensión» sobre la «explicación» (W. Dilthey), lo societal sobre lo
individual (E. Durkheim), el sistema sobre los actores (T. Parsons). Para Fichte, el
individuo está conectado con el estado de una manera orgánica: se mantienen todo juntos
y de esta manera se mantiene en sí. Para Hegel, el Estado es una entidad colectiva casi
mística, una "realidad superior invisible", donde los individuos obtienen su auténtica
identidad, a la que le deben fidelidad y lealtad. Todos los pensadores colectivistas
modernos (incluyendo Karl Marx) se basan en una entidad colectiva superior, en
detrimento de la persona, que hacen hincapié en la importancia de todas las fuerzas
sociales que de alguna manera limpian un carácter y un deseo más allá de los personajes
y los deseos de sus miembros.
Definición del holismo emergentista[editar]
Posición media defendida por Mario Bunge (1919-) entre el holismo y el individualismo
metodológico: concepción según la cual el análisis de las partes separadas está justificado
au même titre que la prise en compte du tout dans sa globalité.
Definición del reduccionismo[editar]
Para comprender bien la reacción holística, he aquí la definición de su hermano-enemigo,
el reduccionismo: «Concepción según la cual una realidad debe ser explicada a partir de
sus unidades elementales constitutivas (reduccionismo metodológico) porque ella misma
está hecha de esas unidades elementales (reduccionismo ontológico). Así el
reduccionismo analiza las funciones biológicas o mentales a su nivel físico-químico.
Opuesto al holismo, el reduccionismo estima que los términos de conjunto, de totalidad, de
sistema, de organismo, etc. son entidades metafísicas que la ciencia positiva debe
rechazar. Los estadounidenses distinguen un reduccionismo débil («token physicalism»,
fisicalismo por pedazos) y un reduccionismo fuerte («type physicalism», fisicalismo por
tipo) según el cual sería posible traducir sin residuo en lenguaje de la física todos los
fenómenos hoy descritos y explicados en el lenguaje de otras disciplinas. En su esfuerzo
de unificación, el reduccionismo encuentra la abstracción que el mismo denuncia en el
holismo. Por un lado (reduccionismo ontológico), tiende a reportar la diversidad infinita de
lo real a un solo fenómeno físico (así el energismo de Ostwald); por el otro (reduccionismo
metodológico), es empujado a hacer de una ciencia única (la física casi siempre) el
paradigma de todas las otras (fisicalismo).»18

Ejemplos de aplicaciones teóricas[editar]


 En sociología, a fin de deducir el comportamiento y las representaciones de las
personas de las condiciones sociales en las cuales ellas se encuentran.

 En ecología, a fin de comprender las interacciones entre la biología de los seres vivos
y las condiciones de milieu.
El valor de un elemento o de una entidad (molécula, orgánulo, hormona, órgano,
organismo, superorganismo, población, ecosistema, bioma, etc.) no es absoluto,
sino que toma un valor diferente según su posición espacial en el organismo, el
paisaje o la biosfera,
cambiar un elemento puede cambiar el todo,
cambiar el contexto puede cambiar la calidad del elemento estudiado.
El holismo encuentra una aplicación reciente con la ecología del paisaje.

 En medicina: McWhinney19 subrayaba el hecho de que de todas las


disciplinas clínicas, la medicina general opera al más alto nivel de
complejidad y de incertitud. Centrar el enfoque de la medicina general
sobre el paciente es aceptar una multidimensionalidad de las
interacciones entre determinantes cuantitativos y cualitativos de la
salud. Los físicos dirían que se trata de aprender a decidir y a actuar
asumiendo la complejidad e incertidumbre de un medio caótico.
Este cuestionamiento es de actualidad en el campo de las ciencias fundamentales
(Ilya Prigogine,20 Joël de Rosnay21…) de las ciencias humanas (Edgar Morin22…),
de la filosofía (Michel Serres…), y durante los trabajos «ontológicos» de las
sociedades de medicina general.
La medicina general espera revelar este desafío. Las siguientes pistas se han
seguido hasta el presente:
En 1977, Georges L. Engel (1913-1999) propuso «un modelo biosicosocial» que
continuara siendo desarrollado tanto sobre el plano teórico como en la adaptación
o prácticas de terreno.23
Un enfoque similar hizo Bernard Gay24 durante la reunión inaugural de la WONCA
Europe en Estrasburgo en 1995. Él propuso un modelo teórico en el cual la salud
es considerada un fenómeno complejo. Este modelo global abierto al exterior
considera la enfermedad como la resultante de factores orgánicos, humanos y
ambientales. La voluntad de centrar el enfoque sobre el paciente está afirmada de
entrada:
«1. Un enfoque centrado sobre el paciente – 2. Una orientación hacia el contexto
familiar y comunitario – 3. Un campo de actividades definido por las necesidades y
las demandas de los pacientes – 4. Una respuesta a la mayoría de los problemas
de salud no seleccionados y complejos»
La OMS en su declaración marco de 199825 describe un sistema de características
para proveer cuidados integrales centrados sobre el paciente:
«Global: los cuidados integrales implican: la promoción de la salud, la prevención
de enfermedades, los cuidados curativos, de rehabilitación y de apoyo, aspectos
físicos, sicológicos y sociales, los aspectos clínicos, humanos y éticos de la
relación medicina-paciente.
Orientada hacia la familia: se atienden los problemas individuales en el contexto:
circunstancias familiares, redes sociales y culturales, circunstancias ligadas al
empleo o al lugar de vida.
Orientada hacia la comunidad: considerando los problemas individuales en un
contexto que toma en cuenta: las necesidades en cuidados de salud de la
comunidad, los otros profesionales y las organizaciones.»
En 2002 la WONCA propuso un «modelo holístico».26
En 2013 Juan Diego Maldonado, Doctor en Medicina, humanista y escritor
propone, en su libro "Salud Holística",27 un modelo interesante y profundo para la
visión del holismo en medicina y aplicarlo a la práctica médica; este modelo se
basa en la reformulación de lo que él define como el TRIÁNGULO BIO-PSICO-
AMBIENTAL, transformando el viejo paradigma del triángulo Bio-Psico-Social.
Propone el cese de las hiper-especializaciones médicas disgregacionistas del Ser
y sugiere una reintegración de los diversos conocimientos médicos tanto
ancestrales, tradicionales como modernos en un gran corpus de sabiduría
enfocado en un eficiente proceso de prevención de enfermedades, mejorando la
calidad de vida y de muerte de los pacientes sin dejar escapar ninguno de los
componentes del proceso de salud-enfermedad. Revaloriza la importancia del
ecosistema y de los desequilibrios psicológicos como generadores de
enfermedades sin dejar de lado los orígenes propiamente biológicos. Por ello
incluso propone el cambio del término fisiológico de homeostasis por el de
isorropia u homeodinamia, pues considera al vocablo homeostasis como una
definición estática frente a los complejos movimientos y dinamismos del Ser.

 En economía, la visión poskeynesiana se aproxima a una perspectiva holista.


Debe notarse que se trata a menudo de dominios particularmente sensibles, vinculados al
ser humano, la sociedad, el medio ambiente, la ética, en los que en ocasiones el empleo del
concepto tiene fines políticos.

Holismo y reduccionismo[editar]
Existencia de dos campos antagónicos[editar]
Entre los sostenedores del holismo y aquellos del punto de vista simétrico y opuesto
llamado reduccionismo (deducción de las propiedades del todo a partir de las de sus partes:
de la sociología a partir de la psicología, de la ecología a partir de la biología, de
la termodinámica a partir de la física estadística, etc.) se asiste generalmente a querellas
irreductibles.7 Ser holista (o reduccionista) viene, en fin, a expresar una opinión acerca de
los debates metafísicos relativos a la naturaleza de la realidad: finalista contra determinista,
monista contra dualista, vitalista contra mecanista, agnóstico contra gnóstico, etc.28

En sociología[editar]
La escuela de Max Weber es opuesta a la de Émile Durkheim. En efecto,
el individualismo propone una comprensión del hombre según sus propias motivaciones.
Así, el entorno promovido por Durkheim se abandona para dejar lugar a un hombre que
puede evolucionar según su voluntad y aquello que lo empuje a actuar. Esta escuela puede
ser considerada como más optimista bajo la cuestión del libre albedrío.

En neurociencias[editar]
El holismo cerebral es una tradición ideológica en el dominio de las neurociencias, que
considera que el cerebro es un órgano que funciona como un todo, ya que sería un error
querer analizar en aislamiento las áreas, que tendrían cada una un rol específico en una
función cognitiva particular. El holismo frecuentemente se asocia a la teoría del
equipotencialismo cerebral, que defiende la idea de que todas las partes del cerebro son
equivalentes en su función y que cada una puede reemplazar a cualquier otra en caso de
disfunción.
La doctrina holística, llamada también «teoría universal», ha sido vigorosamente defendida
por Pierre Marie y Pierre Flourens contra Paul Broca a partir del fin del siglo XIX,
notablemente sobre la cuestión de las bases cerebrales del lenguaje. El descubrimiento por
este último de que las lesiones localizadas en una región del lóbulo frontal izquierdo
(llamado después área de Broca) podrían entrañar una afasia (una incapacidad de hablar)
infligieron un duro golpe a la doctrina holística. El debate en el mundo científico anglosajón
fue protagonizado por Friedrich Leopold Goltz y David Ferrier que se enfrentaron durante
una conferencia devenida célebre que tuvo lugar en el VII Congreso Internacional de
Medicina (Londres, 1881).29 Goltz presentó allí un perro al cual había practicado una
lobotomía grosera del neocortex y que aún era capaz de moverse, ver o entender, aunque
fuera de una manera visiblemente alterada. El contra argumento de Ferrier consistió en
presentar un mono al cual había extirpado con precisión una parte relativamente restringida
del lóbulo frontal izquierdo. El animal presentaba un problema bien preciso: una parálisis del
lado derecho, muy parecida a la hemiparesia que observaban los neurólogos de la época.
Unidos a los resultados de estimulación cerebral practicados por Gustav Fritsch y Eduard
Hitzig, los trabajos de Broca, Ferrier y otros investigadores consiguieron la adhesión de los
científicos a la teoría del localizacionismo cerebral en contra del holismo.
En su forma extrema, el holismo cerebral no es hoy en día considerado válido. Por el
contrario, esta teoría continúa inspirando nuevas cuestiones sobre el funcionamiento del
cerebro, del que se dice que es un órgano muy densamente conectado gracias a las fibras
nerviosas que ligan las neuronas entre sí tanto localmente como a más larga distancia, por
ejemplo entre los dos hemisferios.
En medicina[editar]
La Holomedicina o medicina holística, consiste en la integración de diversas técnicas
terapéuticas (sobre el cuerpo, las emociones y la mente) que confluyen en un único
sistema: Holo-armonía o Armonología.
La práctica Holomédica permite ofrecer un servicio íntegro ante las necesidades cotidianas
de la salud de las personas, siendo acompañadas en todo proceso de su vida donde
acontezca un deterioro de su salud, garantizándoles en primer lugar la conservación de su
salud por encima de la curación o sanación por intermedio de tratamientos de intervención
e invasivos.
En enfermería[editar]
Cuidados holísticos en enfermería. Es una práctica que se enfoca en sanar a la persona
completa a través de la unidad del cuerpo, mente, emoción, espíritu y medio ambiente. Es
acompañar al paciente, creyendo en las actitudes mentales y en el espíritu; para ayudar a
levantar su salud, por medio de la conexión enfermero-paciente; ofreciendo una mayor
conciencia de sí mismos (unidad del paciente y bienestar). Se llama al auto-cuidado y la
auto-conciencia del cuerpo de acuerdo a sus necesidades (fisiológicas, psicológicas y
espirituales).
¿Una percepción reduccionista compartimentada?[editar]
El reduccionismo, en su sentido metodológico, representa la actitud de aquellos que
sostienen que una explicación científica es forzadamente analítica, la reducción de los
fenómenos biológicos en principios físicos y que la cuestión de las causas finales (o
teleología) no entra dentro de la ciencia. La causa final se reduce a la causa eficaz.
Esta línea de pensamiento y la racionalización que siguió condujo, por primera vez en la
historia, a resultados concretos. Los investigadores encontraron mil secretos para producir
mayor cantidad de recursos. Este método se ha convertido en dominante y favorece la
hipótesis comprobable experimentalmente, al marginar el impacto del trabajo científico de la
apariencia no reduccionista (determinantes investigación psicosomática, socio-culturales y
ambientales de los impactos sobre la salud, los estudios científicos de la terapéutica
convencional o como resultado de las medicinas tradicionales, etc.). En respuesta a esta
censura, el punto de vista opuesto al reduccionismo —holismo— argumenta su caso y lleva
a la contradicción.
¿Una percepción que promueve la unidad?[editar]
Firmada por la casi totalidad de los estados miembros, la constitución de la OMS da una
definición universal de la salud: «la salud es un estado de completo bienestar físico, mental
y social, y no consiste en una ausencia de enfermedad».

El todo y las partes[editar]


La expresión consagrada es: «el todo es mayor que la suma de sus partes».
Edgar Morin ha explicado claramente que el «pensamiento complejo» no es ni holista ni
reduccionista:30 «(...) Il ne s'agit pas d'opposer un holisme global en creux au
réductionnisme mutilant; il s'agit de rattacher les parties à la totalité. Il s'agit d'articuler les
principes d'ordre et de désordre, de séparation et de jonction, d'autonomie et de
dépendance, qui sont en dialogique (complémentaires, concurrents et antagonistes) au sein
de l'univers.(...)».

Utilización ideológica del término «holismo»[editar]


Los herederos de Jan Christiaan Smuts son defensores contemporáneos del diseño
inteligente, rama racionalista del controversial movimiento creacionista estadounidense. El
"holysme" de estos ambientes es una certeza, un "cielo místico todos", todo ello como una
solución final.
Confucio[editar]
El hombre ideal (Ren) del Maestro Kong:
Debía tener éxito en desarrollar su vida entre tierra y cielo. La nariz bastante cerca de la
tierra para distinguir (reduccionismo). Pero no demasiado cerca, pues se arriesga a nada
ver. Sus actos ganan en precisión y distinción, la estrategia resultaba posible, y la acción es
potente.
Debía saber elevar la nariz al cielo para unir (holismo). Pero teniendo cuidado en tampoco
esto exagerar, pues se arriesga a volar a altitudes donde nada de lo humano se distingue, y
donde la atmósfera es cada vez más incompatible con la vida.
Debía entonces estar apto para decidir con cordura y eficiencia, para así llegar a ser
maestro en el mantenimiento de la vida.
Este «Ren» ciertamente es un objetivo a alcanzar, porque es sensato ofrecer «larga vida»
para obtener «visión sin fin».
A partir de esta solidaridad de la experiencia consciente en nosotros, se vierte y rebosa los
propios límites, que son los métodos, las técnicas, los recursos, y las artes.
¿Será necesario comprender el saber-hacer, pura y simplemente, como un saber-ser?
¿Accionar con maestría, no es lo propio de quien, entre todos los saberes, sólo retiene el
saber que iguala el hacer y el ser?
Referencias:3132333435

Cultura popular[editar]
El personaje Dirk Gently del escritor británico Douglas Adams cree en una «interconexión
fundamental» entre toda cosa, y posee una «Agencia de Investigaciones Holísticas», o sea
una agencia de detectives privados que encara sus investigaciones de una manera integral
y holística, para que ningún caso quede sin resolver. Por cierto, un muy interesante enfoque
para la ficción, y una ayuda para que a nivel popular se comprenda mejor el concepto
«holismo».36
HERMENEUTICA
La hermenéutica (del griego ἑρμηνευτικὴ τέχνη [hermeneutiké tekhne], 'arte de explicar,
traducir o interpretar’) es el arte o teoría de interpretar textos, especialmente las escrituras
sagradas y los textos filosóficos y artísticos.12
La hermenéutica fue inicialmente aplicada a la interpretación, o exégesis, de las escrituras
sagradas. Emergió como una teoría de la comprensión humana a finales del siglo XVIII e
inicios del siglo XIX a través de las obras de Friedrich Schleiermacher y Wilhelm Dilthey.3
La hermenéutica moderna incluye comunicación tanto verbal como no verbal así
como: semiótica, presuposiciones y precomprensiones.
En filosofía (particularmente en la de Hans-Georg Gadamer), la hermenéutica representa
una teoría de la verdad y el método que expresa la universalización del fenómeno
interpretativo desde la historicidad concreta y personal.4
Para Mario Bunge es la interpretación de textos en la teología, la filología y la crítica
literaria; y, en la filosofía, es la doctrina idealista según la cual los hechos sociales (y
quizás también los naturales) son símbolos o textos que deben interpretarse en lugar de
describirse (representarse) y explicarse objetivamente.5
La necesidad de una disciplina hermenéutica está dada por las complejidades
del lenguaje, que frecuentemente conducen a conclusiones diferentes e incluso
contrapuestas en lo que respecta al significado de un texto. La hermenéutica intenta
descifrar el significado detrás de la palabray, con ello, intenta la exégesis de
la razón misma sobre el significado.
A veces exégesis y hermenéutica son usados como términos sinónimos, pero
hermenéutica es una disciplina más amplia que abarca comunicaciónescrita, verbal, y no
verbal. La exégesis se centra principalmente en los textos.
Hermenéutica, como sustantivo singular, se refiere a un método particular de interpretación
(ver, en contraste, doble hermenéutica).
Algunos intelectuales, como Murray Rothbard, consideran la hermenéutica un «sinsentido
mistificante» e «incomprensible».6
«Consistencia hermenéutica» se refiere al análisis de textos para lograr una
explicación coherente de estos. Hermenéutica, en filosofía, se refiere principalmente a
la teoría del conocimiento iniciada por Martin Heidegger y desarrollada por Hans-Georg
Gadamer en su libro Verdad y método. A veces, también, se refiere a las teorías de Paul
Ricoeur.7
HERMENEUTICA
La hermenéutica (del griego ἑρμηνευτικὴ τέχνη [hermeneutiké tekhne], 'arte de explicar,
traducir o interpretar’) es el arte o teoría de interpretar textos, especialmente las escrituras
sagradas y los textos filosóficos y artísticos.12
La hermenéutica fue inicialmente aplicada a la interpretación, o exégesis, de las escrituras
sagradas. Emergió como una teoría de la comprensión humana a finales del siglo XVIII e
inicios del siglo XIX a través de las obras de Friedrich Schleiermacher y Wilhelm Dilthey.3
La hermenéutica moderna incluye comunicación tanto verbal como no verbal así
como: semiótica, presuposiciones y precomprensiones.
En filosofía (particularmente en la de Hans-Georg Gadamer), la hermenéutica representa
una teoría de la verdad y el método que expresa la universalización del fenómeno
interpretativo desde la historicidad concreta y personal.4
Para Mario Bunge es la interpretación de textos en la teología, la filología y la crítica
literaria; y, en la filosofía, es la doctrina idealista según la cual los hechos sociales (y
quizás también los naturales) son símbolos o textos que deben interpretarse en lugar de
describirse (representarse) y explicarse objetivamente.5
La necesidad de una disciplina hermenéutica está dada por las complejidades
del lenguaje, que frecuentemente conducen a conclusiones diferentes e incluso
contrapuestas en lo que respecta al significado de un texto. La hermenéutica intenta
descifrar el significado detrás de la palabray, con ello, intenta la exégesis de
la razón misma sobre el significado.
A veces exégesis y hermenéutica son usados como términos sinónimos, pero
hermenéutica es una disciplina más amplia que abarca comunicaciónescrita, verbal, y no
verbal. La exégesis se centra principalmente en los textos.
Hermenéutica, como sustantivo singular, se refiere a un método particular de interpretación
(ver, en contraste, doble hermenéutica).
Algunos intelectuales, como Murray Rothbard, consideran la hermenéutica un «sinsentido
mistificante» e «incomprensible».6
«Consistencia hermenéutica» se refiere al análisis de textos para lograr una
explicación coherente de estos. Hermenéutica, en filosofía, se refiere principalmente a
la teoría del conocimiento iniciada por Martin Heidegger y desarrollada por Hans-Georg
Gadamer en su libro Verdad y método. A veces, también, se refiere a las teorías de Paul
Ricoeur.7

Origen y evolución de la hermenéutica[editar]


El término hermenéutica proviene del verbo griego ἑρμηνεύειν (jermenéuein) que
significa interpretar, declarar, anunciar, esclarecer y, por último, traducir. Significa que
alguna cosa se vuelve comprensible o se lleva a la comprensión. Se considera que el
término deriva del nombre del dios griego Hermes, el mensajero, al que los griegos
atribuían el origen del lenguaje y la escritura y al que consideraban patrono de la
comunicación y el entendimiento humano. El término originalmente expresaba la
comprensión y explicación de una sentencia oscura y enigmática de los dioses u oráculo,
que precisaba una interpretación correcta....
El término hermenéutica deriva directamente del adjetivo griego ἑρμηνευτικἡ, que significa
saber explicativo o interpretativo, especialmente de las Sagradas Escrituras, y del sentido
de las palabras de los textos, así como el análisis de la propia teoría o ciencia volcada en
la exégesis de los signos y de su valor simbólico.

Antecedentes[editar]
Evémero de Mesene (siglo IV a. C.) realizó el primer intento de interpretar racionalmente
las leyendas y mitos griegos reduciendo su contenido a elementos históricos y sociales
(evemerismo). En el siglo VI a. C. Teágenes de Regio intentó una empresa parecida para
interpretarlos de forma alegórica y extraer su sentido profundo.

Hermenéutica y teología[editar]
Artículo principal: Hermenéutica bíblica

Pero el origen de los estudios hermenéuticos se encuentra realmente en la teología


cristiana, donde la hermenéutica tiene por objeto fijar los principios y normas que han de
aplicarse en la interpretación de los libros sagrados de la Biblia, que, como revelados por
Dios pero compuestos por hombres, poseían dos significados distintos: el literal y el
espiritual, este último dividido en tres: el anagógico, el alegórico y el moral:8

 El sentido literal es el significado por las palabras de la Escritura y descubierto por la


exégesis filológica que sigue las reglas de la justa interpretación. Según Tomás de
Aquino, en Summa Theologiae I, q. 1, a. 10, ad 1:
Et ita etiam nulla confusio sequitur in sacra Scriptura, cum omnes sensus fundentur
super unum, scilicet litteralem..
Y de este modo no existe confusión en las Escrituras, puesto que todos los
sentidos se fundamentan en uno, el literal.

 El sentido espiritual, infuso por Dios en el hombre según la creencia cristiana, da


un sentido religioso suplementario a los signos, dividido en tres tipos diferentes:
o El sentido alegórico, por el que es posible a los cristianos adquirir una
comprensión más profunda de los acontecimientos reconociendo su
significación en Cristo; de esa manera el paso del mar Rojo simboliza la
victoria de Cristo y el bautismo. (véase 1 Co 10:2).
o El sentido moral, por el cual los acontecimientos narrados en la Escritura
pueden conducir a un obrar justo; su fin es la instrucción (1 Co 10, 11;
véase Epístola a los hebreos 3-4,11).
o El sentido anagógico (o sentido místico) por el cual los santos pueden ver
realidades y acontecimientos de una significación eterna, que conduce (en
griego anagogue) a los cristianos hacia la patria celestial. Así, la Iglesia en la
tierra es signo de la Jerusalén celeste. (véase Apocalipsis 21,1-22,5)
Romanticismo y Friedrich Schleiermacher[editar]
Después de permanecer recluida durante varios siglos en el ámbito de la teología, la
hermenéutica se abrió en la época del romanticismo a todo tipo de textos escritos. En
este contexto se sitúa Friedrich Schleiermacher (1768-1834), que ve en la tarea
hermenéutica un proceso de reconstrucción del espíritu de nuestros antepasados. Así,
Schleiermacher plantea un círculo hermenéutico para poder interpretar los textos,
postula que la correcta interpretación debe tener una dimensión objetiva, relacionada
con la construcción del contexto del autor, y otra subjetiva y adivinatoria, que consiste
en trasladarse al lugar del autor. Para Schleiermacher la hermenéutica no es un saber
teórico sino práctico, esto es, la praxis o la técnica de la buena interpretación de un
texto hablado o escrito. Trátase ahí de la comprensión, que se volvió desde antaño un
concepto fundamental y finalidad de toda cuestión hermenéutica. Schleiermacher
define la hermenéutica como «reconstrucción histórica y adivinatoria, objetiva y
subjetiva, de un discurso dado».

Historicismo diltheiano[editar]
A raíz de la perspectiva de Friedrich Schleiermacher surge la propuesta de Wilhelm
Dilthey (1833-1911). Dilthey, a partir de su lectura de Immanuel Kant despierta su
atracción hacía la filosofía, además de su interés exacto por los textos históricos y
la filología, desde 1861 surgen sus planes para desarrollar una teoría concreta de las
Ciencias del Espíritu expresada en su libro Introducción a las Ciencias del
Espíritu, tomando éstas a partir de su diferencia con las Ciencias Naturales. La
diferencia de ambas ciencias consta en las condiciones bajo las que surgen sus
procesos; tenemos a las Ciencias del Espíritu como algo que comprendemos y que es
presentado desde dentro como realidad y como conexión, ocupándose de
objetivaciones lingüísticas del espíritu; mientras que las Ciencias Naturales se basan
meramente en su explicación originándose desde fuera y como un fenómeno. Esta
contraposición entre el explicar y comprender se moldea como realidad histórico-social
conservada en la memoria y posteriormente expresada en forma de noticia o
teoremas. Las Ciencias de Espíritu surgen cuando el hombre toma consciencia de su
actividad como dotadora de sentidos depositados en textos y documentos, se presta
singular atención al comprender y no al explicar porque éste a diferencia del segundo
no pretende limitaciones, es decir, abre a las posibilidades dentro de las que el hombre
puede apropiarse de lo que considere. Para Dilthey comprender el mundo histórico no
es conocer el mundo de manera científica ni la interioridad del individuo, sino
adentrarse en los sentidos producidos por el individuo en su relación con otros a través
de los canales mencionados anteriormente, entonces el intérprete de aquellos textos y
documentos se ocupa de reproducir los textos para reconocerlos como propios por
medio de la comprensión de los mismos.
En virtud de la aportación de Schleiermacher respecto a la hermenéutica que busca
extender la comprensión a la relación de los hombres entre sí y su relación con el
mundo, Dilthey advierte que aquello que se convierte en objeto de comprensión son
meramente "manifestaciones de la vida" fijadas permanentemente en la escritura,
estas manifestaciones pueden ser leídas y entendidas al rededor de un contexto
histórico. Traslada la adquisición de la experiencia a un ámbito de historia
estableciendo a la hermeneútica como la base de las Ciencias del Espíritu pues el
individuo se constituye como un ser histórico que se colma del recuerdo humano y que
vive de él. El acto de comprensión se constituye entonces como un reconstructor que
se repite, esto es dado gracias a la recuperación de mensajes de otra época que se
pretenden entender, pero para entenderlos es necesario tender un puente, este puente
pasa a concebirse como un texto o documento que a su vez da lugar a algo eterno que
se reproduce a través del tiempo.
Por medio de la aplicación de la hermeneútica descubrimos significados a partir de la
interpretación de las palabras y los textos, se trata de una teoría que recupere el
sentido y elementos de un todo, la comprensión entonces es el medio por el cual
conocemos en pleno la interioridad de lo que en el momento se interpreta.

Martin Heidegger[editar]
Ya en el siglo XX, Martin Heidegger, en su análisis de la comprensión, afirma que,
cualquiera que sea, presenta una «estructura circular»:
Toda interpretación, para producir comprensión, debe ya tener comprendido lo que
va a interpretar.
Esta reciprocidad entre texto y contexto es parte de lo que Heidegger llama
el círculo hermenéutico. Otro pensador central en el desarrollo de este concepto
es el sociólogo Max Weber.
Heidegger introduce nuevos derroteros en la hermenéutica al dejar de considerarla
únicamente como un modo de comprensión del espíritu de otras épocas y
pensarla como el modo fundamental de situarse el ser humano en el mundo:
existir es comprender. De esta forma, cambia el foco de la hermenéutica desde la
interpretación a la comprensión existencial, la cual es tratada como un modo de
ser en el mundo más directo, no-mediado -por lo tanto más auténtico- que
simplemente como un «modo de conocer».9 Por ejemplo, sostuvo la necesidad de
una «hermenéutica especial de la empatía» para disolver el clásico problema
filosófico de las «otras mentes», poniendo el problema en el contexto del estar-con
del modo de relacionarse humano. (A pesar de que el mismo Heidegger no
completó este proyecto.)10
Desde entonces su hermenéutica de la facticidad se convierte en una filosofía que
identifica la verdad con una interpretación históricamente situada (Hans-Georg
Gadamer).
Los seguidores de este enfoque sostienen que algunos textos y las personas que
los producen no pueden ser estudiados por medio del uso de los mismos métodos
científicos que son usados por las ciencias naturales, llegando a posturas
parecidas a las del antipositivismo. Incluso, sostienen que esos textos son
expresiones convencionalizadas de la experiencia del autor. Por lo tanto, la
interpretación de aquellos textos revelará algo acerca del contexto social en el cual
se formaron, y, más significativamente, proveerá al lector un medio para compartir
las experiencias del autor. Por estas razones, la hermenéutica es considerada la
escuela de pensamiento opuesta al positivismo.

Paul Ricoeur[editar]
Paul Ricoeur (Essais d’herméneutique, París: Seuil, 1969) supera en su aporte a
las dos corrientes anteriores, y propone una «hermenéutica de la distancia», lo
que hace que surja una interpretación es el hecho de que haya una distancia entre
el emisor y el receptor. De esta hermenéutica surge una teoría cuyo paradigma es
el texto, es decir, todo discurso fijado por la escritura. Al mismo tiempo este
discurso sufre, una vez emitido, un desarraigamiento de la intención del autor y
cobra independencia con respecto a él. El texto ahora se encuentra desligado del
emisor, y es una realidad metamorfoseada en la cual el lector, al tomar la obra, se
introduce. Pero esta misma realidad metamorfoseada propone un «yo», un
«Dasein», que debe ser extraído por el lector en la tarea hermenéutica. Para
Ricoeur interpretar es extraer el ser-en-el-mundo que se halla en el texto. De esta
manera se propone estudiar el problema de la «apropiación del texto», es decir, de
la aplicación del significado del texto a la vida del lector. La reelaboración del texto
por parte del lector es uno de los ejes de la teoría de Paul Ricoeur.

Mircea Eliade[editar]
Mircea Eliade, como un hermeneuta, entiende la religión como «experiencia de lo
sagrado», e interpreta lo sagrado en relación al profano.11 El filósofo rumano
subraya que la relación entre lo sagrado y lo profano no es de oposición, sino de
complementariedad, después de haber interpretado el profano como hierofanía.12
La hermenéutica del mito es una parte de la hermenéutica de la religión. La gente
no debe interpretar el mito como una ilusión o como una mentira, porque hay
verdad a redescubrir en el mito.13 El mito es interpretado por Mircea Eliade como
«historia sagrada». Eliade introduce el concepto de «hermenéutica total».14
Mauricio Beuchot[editar]
La propuesta de hermenéutica analógica hecha por Mauricio Beuchot surge a
partir del Congreso Nacional de Filosofía, llevado a cabo en la ciudad
de Cuernavaca (estado de Morelos, México), en 1993, sintetizada en su
obra Tratado de hermenéutica analógica (1997). Influenciado por el filósofo
argentino Enrique Dussel y el llamado método analéctico, para posteriormente
retomar ideas de la analogía en Peirce, Mauricio Beuchot propone un proyecto
hermenéutico denominado hermenéutica analógica o también hermenéutica
analógico-icónica.
La hermenéutica analógica, basada en el concepto de analogía, se estructura
como intermedia entre la univocidad y la equivocidad. La univocidad tiende a la
identidad entre el significado y su aplicación, es una idea positivista y fuerte que
pretende objetividad. Por ejemplo la hermenéutica de Emilio Betti. Mientras que la
equivocidad es la diferencia del significado y de aplicación, tiende al relativismo y
subjetivismo. Por ejemplo la filosofía de Richard Rorty. La hermenéutica analógica
trata de evitar posturas extremas, abriendo el margen de las interpretaciones,
jerarquizándolas de una manera ordenada de modo que exista una interpretación
que sea el analogado principal y otras interpretaciones que sean analogados
secundarios. Así se plantea como una postura moderada, que recupera la noción
aristotélica de la frónesis, y puede plantearse como la interpretación de textos que
permite una postura ni equivocista (lo que no es) ni univocista (lo que es), sino
prudente en un punto medio.

Hermenéutica diatópica[editar]
Por otro lado, la Hermenéutica diatópica es un término utilizado en la sociología y
la antropología y que describe los espacios de argumentación intercultural
necesarios para favorecer un diálogo alejado de posiciones etnocéntricas. Este
procedimiento parte de la base de que todas las culturas son incompletas, y que
para alcanzar el máximo grado de plenitud es necesario este intercambio de
argumentaciones.

Estructuras básicas de la comprensión[editar]


 Estructura de horizonte: el contenido singular y aprendido en la totalidad de
un contexto de sentido, que es preaprendido y coaprendido.

 Estructura circular:15 la comprensión se mueve en una dialéctica entre la


precomprensión y la comprensión de la cosa, es un acontecimiento que
progresa en forma de espiral, en la medida que un elemento presupone otro y
al mismo tiempo hace como que va adelante.

 Estructura de diálogo: en el diálogo mantenemos nuestra comprensión


abierta, para enriquecerla y corregirla.

 Estructura de mediación: la mediación se presenta y se manifiesta en todos


los contenidos, pero se interpreta como comprensión en nuestro mundo y en
nuestra historia.

Crítica bungeana a la hermenéutica[editar]


Para Mario Bunge, la hermenéutica filosófica se opone al estudio científico de la
sociedad. En particular, desprecia la estadística social y los modelos matemáticos.
Dado que considera lo social como si fuera espiritual, la hermenéutica desprecia
los factores ambientales, los biológicos y los económicos, al mismo tiempo que
rechaza abordar los hechos macrosociales, como la pobreza y la guerra. De este
modo, la hermenéutica constituye un obstáculo a la investigación de las verdades
acerca de la sociedad y, por tanto, de los fundamentos de las políticas sociales.5

Aplicación en educación[editar]
La hermenéutica es una especie de llave maestra con el que el devenir histórico
ha logrado cargarse de sentidos y significados valiosos. Su uso en casi todas las
disciplinas por el sentido del término que se ocupa del arte de explicar textos o
escritos, obras artísticas, hacer descripciones e interpretaciones entre otras
características que rodean al concepto. Este ha logrado construirse
socioculturalmente por sus diversas funciones y aplicaciones.
Así mismo el concepto es transhistórico ya que ha permitido exponer, publicar,
resignificar y analizar aquello de lo que se ocupe. La palabra es adjetivo pues su
acompañamiento permite modificar a las cosas materiales o inmateriales
(abstractas o imaginarias) cuando esta ciencia interviene ya que a través de esta
herramienta se expresan cualidades o circunstancias o bien concreta el significado
mediante relaciones de lugar, tiempo, posición, cantidad y otros elementos que se
pueden considerar de acuerdo a lo que se estudia.
La importancia de la recuperación del proceso de investigación, aplicación y
reflexión utilizando las herramientas de la hermenéutica se ha trabajado
recientemente como lo describe este investigador: su «artículo sugiere la
importancia del conocimiento y / o compromiso del investigador para el desarrollo
de la comprensión de la experiencia. Una forma de comprensión teórica derivada
investigadores tierra es llevar a cabo un estudio piloto. El círculo hermenéutico,
como se describe por Heidegger, proporciona un marco para la comprensión de la
importancia de los estudios piloto; sugiere que una persona debe tener un sentido
práctico del dominio en el que un fenómeno se encuentra con el fin de desarrollar
la comprensión. En este artículo, 1 presentan las numerosas revisiones
significativas al marco teórico y una metodología que un estudio piloto me ha
permitido hacer dentro del proyecto de investigación. Dos consecuencias
importantes que contribuyen a la investigación en educación superior y en la
práctica se ofrecen: (1) que ilustra la importancia de conectar a tierra el proceso de
investigación en la actividad práctica, y (2) que pone de relieve cómo la reflexión
puede ayudar a mejorar nuestra práctica de la investigación.» (Kezar, 2000)16
«Una propuesta educativa adecuada puede contribuir a la aparición de grupos de
investigación que proporcionan una forma singular de practicar la investigación
más humano y humanizador, se centró en el mundo de la vida y el significado y el
sentido de la experiencia.» (Raquel, 2016)17 Así pues se requiere una ruta, un
camino que sirva de guía para su aplicación básica: la lectura como elemento
fundamental de aquello que es su foco de interés, el conocimiento de reglas
mínimas sobre el aspecto que lo aplica, su interpretación.
Se trata de comprender la complejidad, del fenómeno tanto con la intuición que da
el conocimiento, como recuperar el trabajo objetivo del autor-texto por medio de la
reflexión. La hermenéutica recurre al simbolismo que es una construcción y
estructura en sí mismo, aprovechando la cultura como matiz junto con el contexto.
Es una realidad que la hermenéutica ha ampliado su campo de acción por su
función de traducir, además de sumar puntos a favor recurriendo a su aplicación
en problemas actuales con las nuevas tecnologías, al mismo tiempo que se le
juzga por su metodología flexible. «Esta contribución investiga la afirmación de
que el establecimiento de la pedagogía hermenéutica como paradigma dominante
en ciencias de la educación después de 1918 es particularmente abajo a los
espacios de reflexión, que los principales defensores de este paradigma ofrecen
para el tratamiento de los problemas centrales en los sistemas educativos. La obra
de Eduardo Spranger, Erich Weniger y Herman NOHL será discutido en relación
con los tres problemas principales de estos sistemas funcionalmente diferenciados
- selección, plan de estudios y profesión. Se puede demostrar que una explicación
para el “éxito” de estos científicos hermenéuticas se encuentra en su aceptación
de las tradiciones semánticas, sino que también modifica estos en el
reconocimiento de los problemas reales-históricos de la educación.» (Felicitas,
2006)18
Un campo de acción en el que es importante la incorporación de la hermenéutica
es el de la imagen y los medios de comunicación actuales «El análisis
hermenéutico sugiere la comprensión de textos a través de los medios de
comunicación», (Alexander, 2015)19 «la comparación con la tradición y la realidad
histórica y cultural; la penetración de su lógica; mediante comparación de las
imágenes de los medios en el contexto histórico y cultural mediante la
combinación de análisis de la, la trama, ético, ideológico, estereotipos
iconográficos estructurales / visuales de medios y análisis de los medios, los
caracteres de texto. Un análisis de este tipo de textos de comunicación
audiovisual, en nuestra opinión, es especialmente importante para la educación en
medios en la formación de los futuros historiadores, la cultura, historiadores del
arte, sociólogos, lingüistas, teólogos, psicólogos y educadores.» (Alexander,
2015).19

Qué es Hermenéutica:
Hermenéutica se refiere al arte de interpretar textos bien sean de carácter
sagrado, filosófico o literario.
Asimismo, a través de la hermenéutica se pretende encontrar el verdadero
significado de las palabras, tanto escritas como verbales.
La hermenéutica tiene sus orígenes en la Antigüedad, cuando diversos
pensadores se concentraron en la tarea de interpretar los textos o escrituras
sagradas a fin de diferenciar la verdad de lo espiritual, y esclarecer aquello que
resultaba ambiguo o poco claro. Algunos de ellos fueron Filón de Alejandría,
Agustín de Hipona, Martín Lutero, entre otros.

Sin embargo, fue en la Edad Moderna que los estudios entorno a la


hermenéutica tomaron mayor forma tras las contribuciones del filósofo Friedrich
Schleiermacher, por lo que es considerado como padre de la hermenéutica.

Entre sus principios propuestos por Schleiermacher destaca la idea de


comprender e interpretar el discurso tal cual lo expone el autor, y luego
proponer una interpretación aún mejor que ésta.

El término hermenéutica deriva del griego ἑρμηνευτικὴ τέχνη (hermeneutiké


tejne), que significa el ‘arte de explicar, traducir, aclarar o interpretar’.
Asimismo, la palabra hermenéutica se relaciona con el nombre del dios griego
Hermes, el dios mensajero con la capacidad de descifrar significados ocultos.

Hermenéutica bíblica
La hermenéutica bíblica tiene como propósito el estudio de los principios, reglas
y métodos para realizar una adecuada interpretación de los textos bíblicos a fin
de comprender su significado.
En este sentido, pretende ofrecer los medios para realizar una correcta
interpretación de los textos de la Biblia. Algunos de los métodos que se utilizan
requieren la realización de análisis textuales, literarios e históricos.

Asimismo, la hermenéutica se emplea para interpretar otras obras religiosas de


diversas culturas. De allí que en muchas ocasiones se relacione con el término
exégesis, que se refiere, y en sentido estricto a la 'interpretación' de un texto
tanto religioso como científico y filosófico.

Vea también Exégesis.

Hermenéutica en Filosofía
Desde los estudios filosóficos la hermenéutica ha sido un término interpretado
de diferentes maneras por filósofos y pensadores en diversas épocas.

De allí que se pueda definir como una corriente filosófica aplicable al análisis de
las ciencias humanas, a fin de establecer la importancia de interpretar y
comprender los hechos humanos teniendo en cuenta el contexto sociohistórico
en el que ocurren.

En este sentido, el filósofo Friedrich Schleiermacher expuso la hermenéutica


como un saber práctico que permite la interpretación de los contenidos escritos
u orales partiendo de la reconstrucción del contexto del autor, lo que a su vez
nos permite colocarnos en su lugar y realizar una mejor comprensión de la
información.

En el estudio de este término, el filósofo Martin Heidegger sitúa la comprensión


antes de la interpretación. Por su parte, el alemán Hans-Georg Gadamer es
considerado un renovador del concepto de hermenéutica como una teoría de la
verdad y un método interpretativo.

Hermenéutica jurídica
La hermenéutica jurídica es el estudio de las reglas y los métodos para la
interpretación de los textos jurídicos. Su objetivo es que la interpretación de
este tipo de textos no se realice con base en criterios subjetivos que puedan
modificar el significado original de los textos.

Hermenéutica

(gr. hermeneuo: explico): arte y teoría de la interpretación que tiene por fin aclarar el sentido
del texto partiendo de sus bases objetivas (significaciones gramaticales de los vocablos y sus
variaciones históricamente condicionadas) y subjetivas (propósitos de los autores). Surge en la
época helenística, en virtud de que se plantean las tareas de la investigación científica y la edición
de los textos clásicos (por ejemplo, de Homero), y se desarrolla en el marco de la interpretación
de las “Sagradas Escrituras” (exégesis). En el siglo 19 empieza el desarrollo de la denominada
hermenéutica “libre”, no limitada por el objeto ni por el sentido del texto. Dilthey convierte la
hermenéutica en método específico de las ciencias sociales, llamado a asegurar la
“comprensión” de los acontecimientos sociales partiendo de los propósitos subjetivos de los
personajes históricos. La “comprensión” se opone a la “explicación” en las ciencias naturales, la
que está ligada, al proceso de abstracción y establecimiento de lo general, de la ley. En el siglo
20, la hermenéutica se transforma gradualmente en uno de los principales procedimientos
metodológicos de la filosofía, al comienzo, del existencialismo (Heidegger) y, más tarde, de la
propia hermenéutica filosófica. Como resultado, la filosofía se enclaustra en el marco de la
lengua, lo cual aproxima la hermenéutica al “análisis del lenguaje” que hacen los neopositivistas.
En la escuela de Francfort (J. Habermas y otros), la hermenéutica, como “crítica de la ideología”,
debe descubrir, sobre la base del análisis de la lengua, un “medio de dominación y de poder
social”, que sirva a la “justificación de las relaciones de violencia organizada”. En Habermas, la
hermenéutica constituye uno de los medios de consolidación de las diversas corrientes de la
filosofía burguesa moderna. Los procedimientos hermenéuticos pueden ser utilizados en las
ciencias históricas, jurídicas y otras, que tratan con el análisis de los resultados objetivados de
la actividad consciente del hombre.

FEMENOLOGIA
La fenomenología (del griego antiguo φαινόμενoν 'aparición, fenómeno' y λογος 'estudio,
tratado') es el estudio filosófico del mundo en tanto se manifiesta directamente en
la consciencia, el estudio de las estructuras de la experiencia. Aunque es una empresa
completamente empírica (en la tradición de Hume y Kant), se distingue de la ciencia por no
intentar explicar los fenómenos en términos de objetos externos al sujeto. Se avoca a
describirlos y entenderlos como un pintor estudiaría una escena para lograr reproducirla.
Como movimiento filosófico definido fue fundado en los primeros años del siglo XX
por Edmund Husserl, quien la describía como una "psicología descriptiva", y más tarde fue
expandida por sus seguidores en las universidades de Göttingen y Munich. Luego se
esparció a Francia, los Estados Unidos y otras partes; usualmente en contextos muy
distintos a los trabajos originales de Husserl.1
Aunque la fenomenología no es un movimiento unitario, todos los fenomenólogos
comparten la búsqueda de un conocimiento que apela exclusivamente a la experiencia
evidente, carente de hipotetización y modelado conceptual del mundo. Esto se ve reflejado
en el lema «¡A las cosas mismas!»2

Fenomenólogos[editar]
Aunque el término «fenomenología» fue usado muchas veces en la historia de la
filosofía antes de Edmund Husserl (1859-1938), el uso moderno de la palabra está ligado
explícitamente al método y proyecto filosófico que éste denominó fenomenología
trascendental.
El uso posterior del término está basado principalmente en la fenomenología de Husserl o
relacionado críticamente con ella. A continuación se presenta una lista cronológica de
pensadores importantes en el desarrollo de la fenomenología, con comentarios breves
sobre sus contribuciones:

 Friedrich Christoph Oetinger (1702-1782), pietista alemán, usó el término en el estudio


del "sistema divino de relaciones".
 David Hume (1711-1776): Filósofo escocés, llamado a veces escéptico o partidario del
sentido común. Aunque esta conexión es algo tendenciosa, Hume, en su Tratado
sobre la Naturaleza Humana, parece tomar un enfoque fenomenológico o psicológico
al describir el proceso de razonamiento de la causalidad en términos psicológicos.
Esta es también la inspiración para la distinción kantiana entre la realidad nouménica y
la fenoménica.
 Johann Heinrich Lambert (1728-1777): Matemático, físico y filósofo de la teoría de la
apariencias que son la base del conocimiento empírico.
 Immanuel Kant (1724-1804), en la Crítica de la razón pura, diferenció entre objetos
como fenómenos, que son los objetos formados y asimilados por la sensibilidad
humana y el entendimiento, de los objetos como cosas-en-sí o noumenos, que no se
nos aparecen en el espacio y el tiempo y sobre los que no podemos hacer juicios
legítimos.
 Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770-1831) cuestionó la doctrina de Kant de la cosa-
en-sí que no se puede conocer, y declaró que al conocer los fenómenos más
plenamente, podemos llegar gradualmente a una conciencia de la verdad absoluta y
espiritual de la Divinidad.
 La Fenomenología del espíritu de Hegel, publicada en 1807, provocó numerosas
opiniones encontradas, incluyendo los trabajos existencialistas de Søren
Kierkegaard, Martin Heidegger y Jean-Paul Sartre, así como el
trabajo materialista de Marx y sus muchos seguidores.
 Franz Brentano (1838-1917) Con su psicología descriptiva fue un precursor de la
fenomenología. Tuvo a Edmund Husserl como discípulo e influyó en su visión de
la intencionalidad, que sin embargo difiere de la suya en puntos importantes. También
fue maestro de Sigmund Freud.
 Eugenio María de Hostos (1839-1903) utilizó el método fenomenológico
indirectamente en su Tratado de Moral.
 Carl Stumpf (1848-1936) lo usó para referirse a una ontología del contenido sensorial.
 Edmund Husserl (1859-1938) es conocido como el padre de la fenomenología.
Concibió a la fenomenología como un proyecto colectivo en el que se cumpliría el ideal
de hacer de la filosofía una ciencia rigurosa y radicalmente crítica respecto de sus
propios fundamentos.
 Max Scheler (1874-1928) desarrolló aún más el método fenomenológico de Edmund
Husserl y lo extendió para incluir una reducción del método científico.
 Gaston Bachelard (1884-1962) Epistemólogo, eminente literato y psicoanalista
francés, elaboró una fenomenología de la imaginación material y redefinió el concepto
de símboloen la fenomenología de las religiones.
 Martin Heidegger (1889-1976) criticó la teoría de la fenomenología de Husserl
mientras trataba de desarrollar una teoría de la ontología que lo llevó a su teoría
original del Dasein, el ser humano abstracto en su gran obra Ser y Tiempo.
 Edith Stein (1891-1942) estableció una diferencia fundamental entre los problemas de
la naturaleza y los problemas de la subjetividad.
 Alfred Schütz (1899-1959) desarrolló una fenomenología del mundo social sobre la
base de la experiencia diaria, que ha influido a sociólogos importantes como Peter
Berger y Thomas Luckman.
 Jean-Paul Sartre (1905-1980) empleó el método fenomenológico de Edmund Husserl,
que había estudiado en Berlín, para desarrollar su célebre obra El ser y la nada que
explicó en una ontología existencialista atea. También, con base en la fenomenología
de Husserl, escribió la Trascendencia del Ego, donde plantea su tesis sobre
la conciencia de sí y la conciencia de mundo.
 Maurice Merleau-Ponty (1908-1961): Filósofo existencialista Francés cuyos estudios
fenomenológicos sobre el papel del cuerpo en la percepción y la sociedad abrieron un
nuevo campo en la investigación filosófica. Su obra fundamental: Fenomenología de la
Percepción.
 Francisco Varela (1946-2001): Biólogo y filósofo chileno, que planteó las bases de
estudio de la fenomenología experimental a través de la neurociencia.
 Jean-Luc Marion (1946): Se encuentra entre los filósofos vivos de más renombre en el
mundo. Se caracteriza por aunar el pensamiento filosófico con la fenomenología y
entre sus ideas más importantes cabe destacar el don, el amor y la intencionalidad.
Significado de Fenomenología

Qué es Fenomenología:
Fenomenología, ciñéndonos a la etimología de la palabra, es el estudio de
los fenómenos. La palabra se compone de las voces griegas φαινόμενoν
(fainómenon), que significa ‘fenómeno, lo que se manifiesta, lo que se
muestra’, y λóγος (lógos), ‘estudio, tratado’.
Como tal, la fenomenología es una corriente idealista subjetiva dentro
de la filosofía que se propone el estudio y la descripción de los fenómenos de
la conciencia o, dicho de otro modo, de las cosas tal y como se manifiestan y se
muestran en esta. Asienta que el mundo es aquello que se percibe a través de
la conciencia del individuo, y se propone interpretarlo según sus experiencias.
En este sentido, valora el empirismo y la intuición como instrumentos del
conocimiento fenomenológico.
La fenomenología es amplia y ha desarrollado distintas vertientes a lo largo
de la historia, siendo algunos de sus mayores representantes Edmund Husserl,
Max Scheler, Martin Heidegger, Maurice Merleau-Ponty o Jean Paul Sartre.
Fenomenología trascendental
La fenomenología trascendental es un movimiento filosófico, opuesto al
positivismo, desarrollado por Edmund Husserl, quien se propuso que la
filosofía tuviese las bases y las condiciones de una ciencia rigurosa (como las
ciencias naturales), y que además sirviese como fundamento en las ciencias
humanas. Su punto de partida es la vivencia del sujeto y la intencionalidad que
rige las relaciones de este con su realidad externa, pues estas experiencias
configuran las ideas que definen el mundo que lo rodea. En este sentido,
la fenomenología trascendental se constituye como un método que
funciona para desentrañar el sentido y características de la intencionalidad
humana, y así finalmente arribar a la conciencia pura o trascendental.
Fenomenología del espíritu
Como Fenomenología del espíritu se titula una de las obras capitales del filósofo
alemán Georg Wilhelm Friedrich Hegel. En ella son abordados temas tan
complejos como la teoría del conocimiento, la historia, la ciencia, la religión y la
ontología, con el objetivo de dilucidar el concepto de ciencia. De esta
manera, Hegel avanza en una dialéctica de las formas o fenómenos de la
conciencia, desde la sensación individual hasta llegar a la razón universal, es
decir, el saber absoluto.
Fenomenología en Psicología
En Psicología, la fenomenología, inspirada en el pensamiento de Edmund
Husserl, designa el estudio de los fenómenos de la conciencia en
cuanto experiencia subjetiva, y se ha constituido como un campo de saber
científico denominado psicología fenomenológica. En este sentido,
como psicología fenomenológica se considera la explicación de las vivencias
de un individuo basada en la consideración de sus experiencias concretas con el
mundo. Este método de estudio ha sido aplicado para el análisis de diferentes
patologías y su finalidad, como tal, es obtener una comprensión teórica que
posibilite lidiar con el fenómeno.
Fenomenología
Autor: Sergio Sánchez-Migallón Granados

La fenomenología es la corriente filosófica nacida propiamente de


Edmund Husserl (1859-1938) a comienzos del siglo XX, y que sin duda ha
fecundado amplia y profundamente casi toda la filosofía continental
europea de esa centuria. En torno a él se reunió un grupo de jóvenes
filósofos, al que sucedieron pensadores individuales de la talla de Martin
Heidegger (1889-1976) y muchos otros, recibiendo el influjo de Husserl,
también tras su muerte mediante su impresionante legado póstumo.

Por ello, el estudio de la fenomenología va necesariamente unido al del


pensamiento husserliano, si bien a partir de él ha evolucionado generando
otros modos de filosofar que incluso han adoptado nuevos nombres
(existencialismo, hermenéutica o deconstruccionismo). Evolución que se
vio influida además, en diversos sentidos, por las dos guerras mundiales
que convulsionaron sobre todo el continente europeo.

Así pues, no es fácil determinar de modo preciso cuál es el perfil de la


fenomenología —que Husserl pensó en realidad como un método y, si
acaso, un conjunto de problemas—, ni qué autores pueden y deben
llamarse propiamente fenomenólogos. Por ese motivo, aquí se ha optado
por exponer la fenomenología combinando las perspectivas temática e
histórica, ofreciendo una visión de conjunto.

1. Precedentes de la fenomenología. Crítica


al psicologismo
El término “fenomenología” no es evidentemente originario de la llamada
Fenomenología; ya había sido utilizado por Kant, Fichte y Hegel. Sin
embargo, aparece ya con el sentido original y propio de la corriente
filosófica en cuestión en Franz Brentano (1838-1917) y en algunos
discípulos suyos, como Carl Stumpf (1848-1936) o Alexius Meinong (1853-
1920). Lo que pretendía Brentano era refutar el psicologismo. Este enfoque
epistemológico de matriz positivista concibe la psicología de modo
empirista (psicología genética), situándola además como fundamento y
matriz de toda la filosofía. El resultado era —y sigue siendo, pues el
psicologismo, como toda forma de empirismo, es el permanentemente vivo
enemigo de la filosofía— la naturalización de todo pensar y vivir: es decir,
la reducción a lo material (sea orgánico, genético, económico, etc.) del
alma o conciencia y de sus actos todos.

Brentano rechaza que ese sea el único modo de entender la psicología,


y también que toda la vida —teórica o práctica— de la conciencia se
resuelva al fin y al cabo en materia, en naturaleza física. El materialismo o
naturalismo imposibilita entender vivencias tan evidentes como el
conocimiento, la volición de fines o el amor a bienes no sensibles. Brentano
desarrolla entonces otra forma de hacer psicología, que será
llamada psicología descriptiva o fenomenológica. Ésta se apoya
ciertamente en la experiencia, pues el racionalismo idealista no es menos
arbitrario e infundado que el psicologismo, pero no se limita a
constataciones empíricas sensibles, sino que descubre además contenidos
y leyes intrínsecamente necesarios. Una psicología que, además,
identifica su propio objeto no en los procesos orgánicos, sino en las
vivencias, cuya peculiaridad es que poseen intencionalmente esos
contenidos objetivos. Dichos contenidos y leyes, por ejemplo, de la lógica
o de las matemáticas, pero también los conceptos fundamentales de la
ética, poseen inteligibilidad y legalidad por sí mismos, con independencia
de las condiciones empíricas de los actos en los que aparecen; esto es,
tienen una esencia o consistencia ideal, apriórica, respecto a la experiencia.
Ciertamente, descubrimos y percibimos ese sentido en la experiencia, pero
se descubre en el contenido de ésta, y no en su mera facticidad, ni tampoco
proyectada —al modo kantiano— por nuestro modo de pensar. Por eso, el
sentido fenomenológico de la expresión “a priori” difiere radicalmente del
kantiano: lo a priori es lo pensado, no el pensar.

Este seguro y riguroso modo de filosofar, anclado en el fundamento real


de la experiencia y vertebrado por contenidos y leyes necesarios, junto al
redescubrimiento de la intencionalidad como peculiaridad de lo psíquico,
llamó poderosamente la atención de Edmund Husserl, que decidió avanzar
por esa vía que Brentano había esbozado sólo tentativa e imperfectamente.
Y ese programa o método ya perfilado es propiamente la fenomenología.

Así pues, en el corazón de la fenomenología se halla el convencimiento


de que en la experiencia pueden encontrarse verdades necesarias; o dicho
de otro modo, que en la conciencia de nuestro vivir podemos descubrir —
gracias a la intencionalidad— esencias y sentidos ideales e intemporales.
Frente al naturalismo materialista o vitalista (de las ciencias naturales o de
ideologías dominadoras) y al racionalismo que pretende imponerse
ciegamente (como el hegeliano), pero también frente a la actual
posmodernidad cínica, la fenomenología apuesta decididamente por la
inteligibilidad y por la posibilidad del conocimiento suprasensible, tanto
para comprender el mundo como para dirigir la vida. La fenomenología
dedica todo su empeño a extraer esa inteligibilidad ideal de la única cantera
en donde puede encontrarse: de la vida de la conciencia. Apuesta y
empeño que conecta directamente con la esencia misma de la filosofía tal
como la entendieron Sócrates y tantos otros con y a partir de él.

Sin embargo, esta apuesta le ha costado a la fenomenología husserliana


diversas críticas: hay quienes ven un nuevo idealismo en esa confianza en
contenidos ideales, o consideran la fenomenología un racionalismo ajeno
a la vida y existencia personales, hasta aquellos que la ven como un
ingenuo intento de algo ya demostrado históricamente como imposible e
incluso peligroso. Desde luego, es un hecho que la fenomenología de
Husserl —y también la transformada y ampliada por algunos filósofos en
torno a él— abrió un cauce cuyas aguas han llegado a los rincones más
variados del pensamiento, descubriendo y rescatando importantes
verdades y provocando el surgimiento de nuevas corrientes. Y es también
un hecho que constituye una alternativa real y sólida tanto al positivismo
cientificista como al escepticismo del discurso posmoderno.

2. La actitud fenomenológica husserliana


La fenomenología propone —mejor, exige— que para descubrir esas
verdades ideales, que sostienen toda inteligibilidad teórica y práctica, hay
que cambiar de actitud intelectual e incluso vital. Desde siempre —como
ya vio Platón—, la mirada y la mente humanas se encuentran fuertemente
inclinadas a lo material; y especialmente desde la modernidad es
permanente el acoso de la mentalidad cientificista con su pretensión de
imponer su reduccionismo materialista. Y eso termina por configurar el
modo de pensar de las gentes, por más que su modo de vivir no pueda
explicarse en absoluto con ese modelo mecánico material. Sea cual sea el
motivo —desde luego extraño— tendemos espontanea o naturalmente a
vivir en una actitud según la cual lo que existe es ese gran cosmos material
del que formamos una minúscula parte; se vive, entonces, de la
satisfacción de necesidades y a la búsqueda de la utilidad para resolver
problemas vitales y sociales. Ésta es la actitud natural que la fenomenología
describe como prevalente punto de partida del hombre corriente moderno,
sin por ello negar que en otra época o cosmovisión se viviera o se pueda
vivir en otra actitud natural.
Pero dicha actitud natural es en realidad una actitud que convierte al ser
humano y a su vivir en un fragmento de la naturaleza necesaria, sea física,
biológica, económica, social, política, etc. Por eso hay que superarla, igual
que había que superar el psicologismo. Es más, sólo trascendiéndola se
logran ver las verdades de las que en realidad se nutre la existencia
humana —y por tanto la propia actitud natural—, por lo que únicamente
un cambio de actitud es lo que permite una vida genuinamente humana;
en otras palabras, modificar la actitud natural viene a ser nada menos que
un imperativo humano, moral. La tarea es, entonces, liberarse de esa
fortísima inclinación natural, naturalista, mediante una poderosa reflexión.
Se requiere un explícito y esforzado ejercicio para caer en la cuenta de que
nuestro vivir cotidiano y natural se alimenta o está animado por verdades
propiamente, y no por meros hechos mecánicos. Este ejercicio reflexivo
pretende ante todo la contemplación de la vida humana para dejar que se
nos aparezca en su verdad y sentido. Porque la verdad profunda y el
sentido último que anhelamos como seres racionales sólo
pueden aparecer y ser contemplados, y no producidos como las verdades
y sentidos simplemente útiles. Por eso, esa nueva actitud es una actitud
que contempla lo que se aparece, es una actitud fenomenológica (aparecer
se dice en griego phainesthai, verbo del que proviene la
palabra fenómeno); y es también una actitud que trasciende el escenario
material, es una actitud trascendental.

Ahora bien, ¿cómo se realiza ese ejercicio?, ¿cómo se pasa de la actitud


natural a la actitud fenomenológica o trascendental? Mediante la reducción
fenomenológica. Ésta consiste, ni más ni menos, en la reflexión sobre la
actitud natural, en su contemplación para hacerse cargo de ella y poder
descubrir su sentido. Y para ello es preciso distanciarse de dicha actitud
natural, suspender o neutralizar la potente creencia en las cosas mundanas
que la constituye, ponerla entre paréntesis (epojé) para observarla en sí
misma sin que nos remita inmediata e inevitablemente a la realidad
material. Pero lo que no hace —no debe hacer— la actitud fenomenológica,
lo que no es la reducción fenomenológica es dudar de las creencias de la
actitud natural, y mucho menos negarlas. Si se introdujera la duda o la
negación de la actitud natural, ésta se modificaría, y ya no podría
contemplarse tal como es, que es de lo que se trata. Es más, en realidad
esa supuesta duda o negación supondría una modificación de nuestra
relación con las cosas, una transformación dentro de la actitud natural. Y
precisamente lo que se pretende es retroceder, salir, de la actitud natural.

Por eso Husserl la llamó “reducción”; queriendo significar un


apartamiento, un retirarse dando un paso atrás, un reducir la presión del
empuje hacia lo material. Sin embargo, ese término no parece muy
afortunado, pues ha sido visto con frecuencia como una pérdida de
realidad, cuando supone exactamente lo contrario: un rebasamiento de
ella. Al tomar distancia respecto a la realidad material y vital se gana la
entera esfera del sentido; se descubre un nuevo mundo de sentido que
incluye, como un círculo concéntrico más amplio, dicha realidad. «La
reducción fenomenológica no pierde nada, sino que gana, trasciende. No
pierde, ni siquiera, de vista la actitud natural; sólo que al reinterpretarla,
la ha modificado ya en su misma esencia. Una actitud natural objetivada,
conscientemente tal hasta el final, está ya rebasada, está ya contemplada
desde fuera de ella misma» [García-Baró 1999: 106].

Así pues, la actitud fenomenológica no rehúye ni desprecia la realidad,


sino que la quiere comprender tal como es y se aparece, tal como se da.
Pero para ello no basta una simple descripción; es necesaria una
depuración, que de nuevo no supone pérdida sino limpieza. Y esa
depuración se da de dos modos. En primer lugar, hay que desprenderse
de cualquier presupuesto interpretativo con los que habitualmente
comprendemos y tratamos con las cosas. También esas interpretaciones
heredadas, contagiadas y amalgamadas de muchas maneras deben
ponerse entre paréntesis. Sólo así se deja que el fenómeno (la cosa que se
da) se muestre ella misma. Para la fenomenología es imperativa la
cancelación de teorías previas acerca de lo contemplado. Y en segundo
lugar, como lo que interesa es lo que se muestra en sí mismo, su esencia,
su “eidos”, hay que dejar de lado todo aspecto que no pertenezca a dicha
esencia. No todo es esencial, aunque todo tiene su esencia. Es decir, no
todo lo que se da en un fenómeno es elemento necesario constituyente de
él, y para ver su índole propia hay que prescindir de lo accidental, como
siempre ha hecho la filosofía mediante la abstracción (aunque con el
término “abstracción” Husserl se refiere normalmente —para criticarla— a
la abstracción generalizadora e inductiva del empirismo moderno,
denominando la auténtica abstracción clásica como intuición eidética).

De manera que, por cierto, con la llamada intuición eidética la


fenomenología no se refiere a una extraña percepción poco menos que
mística. Se trata sencillamente de la captación inmediata o directa de algo
en su esencia, de la esencia de algo, por oposición a generalización por
inducción a partir de varios casos y a deducción a partir de otros
conocimientos; exactamente del mismo modo que por aquellos años
proponía también el francés Henri Bergson (1848-1936).
Pues bien, ¿qué descubre esa actitud y reducción fenomenológicas? Ya
se ha dicho que, en primer lugar, sentido. Pero además se advierte que
todo sentido lo es de posibles experiencias originarias en distintas
modalidades, según las cuales los sentidos aparecen diversamente. Y
entonces, como ulterior rebasamiento o ampliación de la realidad bruta, se
abre todo el mundo de esas experiencias, es decir, la vida de la conciencia.
A su vez, en esa vida se vislumbran dimensiones por explorar: la misma
vida, el tiempo en que fluye, el proprio yo, el cuerpo que y con el que el
yo percibe, los otros, el mundo como horizonte de sentido y de sentidos,
la libertad y responsabilidad que nos distingue y nos apremia, etc. Y no se
excluye que aún se abran nuevas esferas abarcantes de todo lo anterior
(acaso la historia, la creación, la salvación…). A continuación se
desplegarán estos temas típicos de la fenomenología. Cuanto más
detalladamente se exploran las vivencias de la conciencia donde aparecen
sentidos, más claros veremos éstos y más nos conoceremos a nosotros
mismos.

3. El mundo de los fenómenos de la


conciencia
3.1. La intencionalidad y la vida cognoscitiva
Lo primero y lo más conocido que descubre la fenomenología es que las
cosas se nos dan a la conciencia en una relación intencional. Las cosas se
nos aparecen ellas mismas, sin que tengamos que suponer —como Kant—
que ocultan su realidad tras esa apariencia, o sea, que esa apariencia no
es real. Al contrario, toda la experiencia empuja a admitir que las cosas se
muestran verdaderamente en su apariencia. «El modo como las cosas
aparecen es parte del ser de las cosas; las cosas aparecen como son, y son
como aparecen. (…) Las cosas no sólo existen; también se manifiestan
ellas mismas como lo que son» [Sokolowski 2012: 24]. Y al mismo tiempo,
ese aparecer muestra nuestro modo de conocer, y por ende también
nuestro modo de ser. Comprender bien la intencionalidad supone superar
el esquema espacial, erróneo, de figurarse la realidad conocida como
exterior y el mundo de la conciencia como interior; retrotraerse al plano
anterior —y más real— a la distinción entre sujeto y objeto. En este
esquema dualista se enredan artificiosamente todos los
representacionismos, naturalismos, inmanentismos e incluso la eterna
disputa entre realismo e idealismo. De manera que el análisis de los modos
de la conciencia intencional revelan las estructuras de las cosas del mundo
y de nosotros mismos; pero sin confundir ni fundir, puesto que se trata de
una auténtica relación, esos dos polos objetivo y subjetivo. Por eso la
fenomenología puede definirse como «el estudio de la experiencia humana
y de los modos en que las cosas se nos presentan ellas mismas en y a
través de dicha experiencia» [Sokolowski 2012: 10].

El modo de intencionalidad más comúnmente atendido es el cognoscitivo


o teórico, que va desde la percepción al juicio. En él ya se descubren
estructuras básicas formales que serán comunes a todo modo de
intencionalidad: diversos tipos de todos y partes, de identidades y
multiplicidades, y de presencias y ausencias. La descripción de estos
elementos y de las relaciones entre ellos es un momento esencial del
análisis fenomenológico de toda vivencia que nos da y en la que se nos da
algo. Mediante tal análisis o descripción se va vislumbrando cómo la cosa
va apareciendo a la conciencia; o mejor, cómo se va actualizando o
trayendo a la luz el objeto en su sentido idéntico, en su identidad, frente a
las múltiples apariciones suyas actuales y posibles. Y esa actualización,
aparición o toma de conciencia de la cosa es llamada por Husserl
“constitución” del objeto en la conciencia. Pero, igual que el término
“reducción”, tampoco la palabra “constitución” presta un buen servicio a la
inteligencia de lo significado, pues no se trata de que la conciencia
configure —al modo kantiano— los objetos de la conciencia, sino del modo
en que ella llega a tenerlos claros ante sí, o lo que es lo mismo, la manera
como éstos llegan a percibirse en su inteligibilidad.

Pues bien, la fenomenología husserliana comienza dicho análisis, en el


ámbito teórico, con los actos más cotidianos y sencillos de esa esfera: los
actos de significación lingüísticos. En estos actos —que, con todo, no son
primarios ni simples, como sí lo son los actos que Husserl llama sensibles—
se descubren estructuras fundamentales, ya materiales, que serán también
esenciales en todos los actos. Estas estructuras son, en primer lugar, la
síntesis entre una intención (en este caso significativa) y un cumplimiento
intuitivo que llena o pretende llenar (satisfacer, cumplir) esa intención. En
segundo lugar, todo acto completo consta de dos momentos que no
pueden darse aisladamente (o no-independientes, en expresión de
Husserl) a los que se denomina “materia” y “cualidad” intencionales. Se
trata de una diferencia en el modo de referirse el acto a su objeto: según
la “referencia” (materia) o según la “posición” (cualidad). Por ejemplo, un
acto de percepción contiene, como materia, la perspectiva o el escorzo
particular del objeto que se aparece y, como cualidad, la creencia (o doxa)
en lo percibido. Paralelamente, un acto de juicio se refiere a lo juzgado,
según la materia, mediante el sentido predicativo en que se determina el
sujeto y, según la cualidad, mediante la posición —afirmativa o negativa—
. Y, en fin, también en un acto estimativo se distinguen, como materia, el
contenido de lo estimado y, como cualidad, la toma de posición afectiva.
Hay, además, diferencias estructurales verticales, por así decir, entre actos
simples (o fundantes) y actos fundados, y más acá del acto, entre los
elementos materiales (o hyléticos) y lo que los anima, dotándoles de
referencia objetiva.

Este instrumental estructural descubre o, en realidad, es descubierto por


síntesis de actos que se van combinando y entrelazando hasta que cada
objeto se constituye como tal ante la conciencia. Un proceso donde se
superponen o edifican síntesis activas o conscientes, y pasivas o previas a
la conciencia explícita. Por ejemplo, la percepción sensible exige un
recubrimiento pasivo o inconsciente de diversas perspectivas sensoriales
que corresponden a las diversas caras de lo espacial; mientras que el juicio
atribuye activa y explícitamente sentidos o significados al objeto según las
propiedades de éste. El resultado o efecto de ese cumplimiento
cognoscitivo es la evidencia. Ésta puede definirse nada menos que como
la “vivencia de la verdad”. Y así como el cumplimiento reviste diversas
formas según los tipos de actos (y correlativamente según los distintos
tipos de objetos), también hay diversos tipos de evidencia según los
géneros de actos y las distintas regiones de objetos. Ahora bien, en la
mayoría de los casos, el objeto no se presenta en la totalidad de su
contenido; el sentido que captamos reclama a su vez más sentido, no se
agota en lo dado. De manera que nuestros actos buscan aprehenderlo lo
más completamente posible, buscando la verdad y evidencia plenas (o
“adecuadas” a la integridad del objeto). En otras palabras, la verdad viene
a revelarse como el fin u objetivo de las vivencias de la conciencia,
descubriéndose así que la conciencia entera en todos sus actos —y sobre
todo en los juicios como actos fundamentales— posee una estructura e
intención teleológicas.

Además, el análisis de los actos y sus contenidos tal como se dan


inmediatamente suele denominarse “fenomenología estática”; mientras
que la “fenomenología genética” es el análisis de esos mismos actos y
contenidos atendiendo más bien a su formación o constitución, tanto
pasiva como activa. Y esos dos modos o fases del análisis fenomenológico
se complementan necesariamente, pues la percepción inmediata incluye
inconscientemente una génesis o historia constitutiva (que va desde los
movimientos corporales cinestésicos a la acumulación de experiencias y
conocimientos) añadida a aquel dato inmediato.
En el fondo y en general, se trata de sacar el máximo rendimiento
posible a la correlación intencional entre actos de conciencia y contenidos
objetivos, o también, entre vida y mundo (de sentidos). Cada tipo de acto
ilumina un contenido o aspecto del objeto, y cada objeto sólo se ve al
ejercer cierta clase de actos: así, con un ejemplo de Husserl, la visión capta
el peculiar y concreto rojo de un objeto, mientras que la ideación capta —
sobre la misma base empírica— la rojez ideal (y también, como enseguida
se verá, la estimación capta el valor en las cosas, el deseo el atractivo y la
posibilidad o no de realización de tales cosas, etc.). La fenomenología
quiere explorar con todo detalle esta relación en todas sus modalidades,
sin apresurarse a construir un sistema que explique más de lo que se da
inmediatamente, y sin apoyarse en presupuestos tampoco dados con
evidencia. “A las cosas mismas” era el lema que Husserl acuñó para la
fenomenología; consigna que produjo una poderosa atracción a quienes
deseaban, frente a tradiciones académicas artificiales, filosofar sobre la
vida concreta y real.

3.2. El mundo de lo práctico


Aunque las obras publicadas primeramente y más divulgadas de Husserl
contienen discusiones teóricas, hoy conocemos —gracias a la publicación
de sus lecciones de los primeros años— que al fundador de la
fenomenología también le preocupaba desde el principio el ámbito de lo
práctico. Así, el imperativo de no aceptar nada que no se haya probado
revestía un rigor especial al constatar que de las verdades que nutren la
vida depende el modo de actuar responsable. Es decir, que la
fenomenología vendría exigida, y definida, como el ejercicio de
responsabilizarse máximamente de las verdades de las que uno vive y
actúa. Y, desde luego, la fenomenología posterior ha seguido viendo la
importancia de la reflexión práctica, incluso en ocasiones con primacía
sobre la teórica, especialmente tras los dramáticos desastres de las dos
guerras mundiales, así como ante la imparable dominación de la técnica.

Ya el propio Brentano señalaba los actos de amor y de odio en general


—los actos prácticos— como una clase fundamental con leyes análogas a
los actos de juicio. Y Husserl continuó y desarrolló este pensamiento, tanto
para los actos estimativos o valorativos como para los actos propiamente
prácticos o volitivos. Para ambas esferas rigen leyes propias, no prestadas
de la razón teórica. Con ello la esfera sentimental y volitiva alcanzan en la
fenomenología un estatus independiente, que habitualmente se les había
negado, pues quedaban o subordinadas al ámbito teórico o directamente
abandonadas a la arbitrariedad. Sin embargo, no se trata de dos razones
diferentes, la teórica y la práctica, sino de dos lados de la misma razón. De
este modo, la fenomenología proporcionó también un poderoso impulso a
las investigaciones sobre la racionalidad práctica. En concreto, los análisis
de los fenómenos afectivos sacaron a la luz, ya en Husserl pero más
prolijamente en Max Scheler (1874-1928) y en Dietrich von Hildebrand
(1889-1977), las cualidades de valor y las correspondientes investigaciones
axiológicas, tan fecundas en muchos campos.

Y respecto a los fenómenos de la voluntad, en los escritos husserlianos


se encuentran detalladas descripciones del modo en que se configuran los
fines que nos proponemos, desde sus inicios muchas veces en la simple
teleología natural como en las decisiones racionales más elaboradas. Por
su parte, Alexander Pfänder (1870-1941) nos dejó unas minuciosas y
luminosas descripciones de las vivencias desiderativas y volitivas, así como
de la índole de la motivación. Uno de los campos donde se dejaron sentir
los estudios sobre la afectividad y la voluntad es la psiquiatría, sobre todo
a través de Kurt Schneider (1887-1967) y Karl Jaspers (1883-1969). Y
también en el ámbito de lo práctico, Adolf Reinach (1883-1917) —el más
cercano colaborador de Husserl en sus primeros años, y muerto
prematuramente en la Primera Guerra Mundial— elaboró un original
estudio sobre los fundamentos aprióricos del Derecho civil.

Pero, además, el propio Husserl advierte que para la ética no basta con
determinaciones formales y generales, sino que hay que llegar a la persona
singular. Es decir, no es suficiente caracterizar al agente como un sujeto
vacío, puro polo de actos, sino que debe alcanzarse a la persona única y
cualitativamente determinada. Así, aplicando el paso de la fenomenología
estática a la fenomenología genética, en ética se pasa del análisis de la
simple estimación y actuación al de la libre motivación y los hábitos.
Análisis donde se descubren de nuevo diversas síntesis de actos que,
además o a la vez que constituyen sus respectivos objetos, se van
constituyendo y edificando entre sí teleológicamente. Y en tales análisis se
llega entonces a nociones tan personales como el amor como motivo y la
vocación individual como fin. Como se sabe, Scheler prolongará y
enriquecerá extraordinariamente estas intuiciones, que influirán no poco
en diversas filosofías, e incluso teologías, que se han dado en llamar
personalistas.

3.3. La temporalidad
Como se ha visto, la fenomenología es incompleta si no atiende a cómo
se desarrollan genéticamente los actos, cómo se constituyen en el tiempo.
Y ello desvela que la temporalidad es una propiedad intrínseca de la
conciencia, del sujeto. Pero la conciencia del tiempo, como de casi todo
fenómeno, se da progresivamente en diversas capas de sentido y
profundidad. En primer lugar se nos da el tiempo del mundo. Es éste un
tiempo que se localiza en las cosas y eventos del mundo, y que se objetiva
espacializando la sucesión para medirla cuantitativamente. Enseguida se
advierte, además, el tiempo interno precisamente como condición de la
percepción del tiempo del mundo. Se trata del tiempo inmanente y
subjetivo en el que se suceden los eventos de la vida consciente; un tiempo
privado, no cuantificable según una medida igual para todos. Pero aún hay
otro nivel. Y es que, a su vez, el ser consciente de ese tiempo interno
supone una conciencia de sí como temporal, una autoconciencia fluyente,
un flujo absoluto y último que no requiere ya otro. Se llega así a un
horizonte dinámico que, sin embargo, funda la constancia de la vida y del
fondo desde el que distinguimos las identidades y distinciones más
profundas.

La descripción de la vida de la conciencia como un flujo temporal ha sido


una de las mayores originalidades de la filosofía del siglo XX, desde Henri
Bergson a Martin Heidegger (el primero iluminando la originalidad del
tiempo psíquico o vital; el segundo viendo la temporalidad como la principal
y última propiedad existencial humana). Y los esfuerzos de los análisis
husserlianos son verdaderamente fecundos y aún por explotar. En ellos se
descubre que en cada instante presente se halla ya un sentido de pasado
y de futuro aun antes de vivir las correspondientes nociones temporales
como tales. Cada experiencia presente se vive como desvaneciéndose —
aunque quedando retenida constituyendo un pasado— y como anticipando
otra.

Pues bien, esa conciencia del tiempo interno, es decir, el flujo de esos
presentes (cada uno con su pasado y futuro), algo así como el pequeño
motor del tiempo, estático y fluyente a la vez, permite la conciencia de la
continuidad —en una doble intencionalidad— de nuestra identidad como
agentes y de la identidad de los objetos como cosas del mundo. Una
conciencia que ciertamente nunca es plenamente adecuada o
transparente, donde se dan presencias y ausencias, algo percibido y algo
que se nos escapa. Pero una conciencia que, aun en ese claroscuro, es
necesaria para acceder al yo como dativo de manifestación temporal y, a
la vez, a las cosas (y al mundo mismo) en su manifestarse temporalmente.
La fenomenología explora con su método, entonces, esos polos, objetivo y
subjetivo, que nos descubre la conciencia: el yo y el mundo.
4. El yo y los otros
4.1. Fenomenología del yo
Al volver la mirada al propio yo, percibimos inmediatamente una doble
y peculiar realidad. Por un lado, el yo es una cosa del y en el mundo como
las demás cosas (el ego empírico); y por otro, al mismo tiempo, el yo es el
centro al que se da el mundo como correlato necesario, el yo que conoce
(el ego trascendental, porque trasciende las cosas mundanas
conociéndolas). Desde sus inicios, la fenomenología lucha constantemente
por no reducir lo trascendental a lo empírico, lo espiritual a lo material,
según la permanente y recurrente tentación de todo empirismo,
naturalismo, psicologismo, biologismo, sociologismo, etc. Dicho de otra
manera, la fenomenología quiere respetar e incluso defender los
fenómenos humanos como tales. De ese modo, ve en el reconocimiento
del yo trascendental y de sus operaciones racionales o espirituales algo
decisivo para hacerse cargo de lo propiamente humano. Y no se trata sólo
del plano cognoscitivo teórico, conceptual y discursivo, sino también de la
percepción de presencias y ausencias, del establecimiento de partes y
todos, del recordar y anticipar humanos, del verificar, del proponerse fines,
del decidir moralmente, del percibir sentimentalmente valores, del amar,
etc.

El yo trascendental únicamente se percibe tras ejercer la reducción


fenomenológica o trascendental, es decir, en actitud fenomenológica. Pero
como se vio, esta reducción no pierde sino que gana contenido. Así,
mientras el yo en actitud natural simplemente tiene mundo en el que cree,
en la actitud o reflexión fenomenológica vemos además la actividad en la
que ese mundo se constituye ante nosotros y la que constituye al propio
yo como cognoscente o trascendental. El yo trascendental ve el mundo en
sí mismo y se ve a sí mismo de un modo nuevo, enriquecido de sentido.
Sin embargo —y esto es esencial para la fenomenología—, ese yo y
actividad trascendentales no se alejan del yo empírico y su actitud natural,
y menos aún pretenden sustituirlos, como tiende a hacer el racionalismo.
De lo contrario, se alejaría de su intención de contemplar y aclarar lo que
realmente ocurre en la actitud natural. Es más, el yo trascendental
descubre que él mismo está operando ya en la actitud natural, en cada
intelección, en cada acto de significar, en cada decisión, etc., sólo que sin
contemplarse a sí mismo como así operante. De modo que el yo se va
reconociendo e identificando a sí mismo en niveles sucesivos: primero se
reconoce como el mismo que vive diversas percepciones; después, el yo
que ejerce intelecciones esenciales o eidéticas (o categoriales) se vive
como idéntico al yo que percibe sensiblemente; finalmente, se advierte que
es el mismo yo el que reflexiona sobre su actividad natural y trascendental.

Además, como se mencionó a propósito de los actos prácticos, el yo no


es sólo un sujeto puntual y vacío, puro polo de actos cognoscitivos. En el
yo se van sedimentando los actos que realiza. El yo va adquiriendo hábitos
y disposiciones, pasado e historia. Es un yo que se va modificando, que va
creciendo; pero manteniendo su identidad. Es un yo idéntico que se
actualiza en sus distintos actos, no detrás de ellos. Estas estructuras
antropológicas fueron analizadas como tales ya con gran precisión por
Husserl y Scheler, y más tarde serán fuente de inspiración para los filósofos
existencialistas (aunque algunos llegarán paradójicamente a disolver el yo
mismo).

Otra dimensión del yo humano cuyo estudio en el seno de la


fenomenología ha sido muy fecundo es la corporalidad. El yo no sólo se
experimenta o vive como sujeto de actos, sino también como cuerpo. Y
dicha vivencia es desde luego única. El propio cuerpo se experimenta
simultáneamente de una doble manera (sobre todo mediante el sentido del
tacto): como algo exterior igual a otros cuerpos y como algo propio y vivido
desde dentro. De un modo curioso, el cuerpo se percibe como localizado
en el espacio y tiempo mundanos y, a la vez, como centro de toda
percepción y “lugar” del yo trascendental. Aunque muy pronto aparecen
análisis de la experiencia del propio cuerpo en Edith Stein (1891-1942), fue
sin duda Maurice Merleau-Ponty (1908-1961) quien más y mejor ha
desarrollado los estudios de cómo el yo percibe el propio cuerpo.

Por su parte, Michel Henry (1922-2002) ha tratado de comprender cómo


el yo vive ese fenómeno primario y fundamental que es su vida misma, en
su inmanencia más profunda y radical.

4.2. Fenomenología de los otros: la


intersubjetividad.
Pero no sólo percibimos el propio yo, sino el de otros. De los otros
sujetos tenemos también experiencia directa, de manera que se aleja la
impresión que de solipsismo podría tenerse en la fenomenología como
estudio de los actos de conciencia. Los demás los percibimos como
semejantes a nosotros, como otros dativos de revelación y aparición de la
realidad; o bien como unos que pueden responder a nuestro conocimiento
y ante los que podemos vernos como a su vez semejantes a ellos. Dicha
experiencia se basa en la experiencia de otro cuerpo como el propio, de un
cuerpo donde domina por tanto —como en el mío— la conciencia. Se trata
de un experimentar el cuerpo del otro de modo semejante a como se
experimenta el propio, como un cuerpo que expresa pensamientos, que
posee una vida consciente y una temporalidad semejante, aunque distinta,
a la propia.

Además, la experiencia del otro no se reduce a esa intersubjetividad


cognoscitiva, que Husserl se esforzó por consolidar para evitar el
solipsismo. El propio fundador de la fenomenología sentó las bases para el
desarrollo de otras dimensiones de la intersubjetividad. Así, Edith Stein nos
dejó unos ricos análisis de cómo esa intersubjetividad funda colectividades
y comunidades, lo que inspiraría no poco los inicios de la naciente
sociología, por ejemplo, mediante la obra de Alfred Schütz (1899-1959). Y
más tarde, como se verá, Enmanuel Lévinas (1906-1995) vería en la
relación con el otro el fundamento del deber moral. La sola y peculiarísima
experiencia del rostro ajeno —y únicamente ella— supone ya un
incondicionado reclamo de respeto capaz de sustentar el sentido a la entera
existencia humana.

Pero hay además otra vasta dimensión que se abre con la


intersubjetividad. Y es que experimentamos a los otros, y en el fondo todo
un mundo intersubjetivo o común, a través de la experiencia sencilla y
directa de objetos. Es decir, cada vez que experimentamos cosas, las
vivimos también como a su vez experimentadas o experimentables por
otros sujetos. Pues el objeto que percibimos o pensamos no es sólo lo que
de él percibimos o pensamos, sino que contiene también, y así lo vivimos,
lo que otros perciben o piensan (actual o potencialmente) de él. Todo
objeto se da, entonces, en una identidad también como visto —o como
pudiendo ser visto— por otros; en otras palabras, los objetos se aparecen
como disponibles para otros, como dados intersubjetivamente, de suerte
que conocemos o valoramos las cosas como cognoscibles o valiosas incluso
en formas no dadas actualmente. Y de este modo, la fenomenología
descubre otro de sus campos más fecundos, el mundo común humano: el
mundo compartido por los sujetos y el mundo como horizonte de sentido
de todos los objetos. Aquí los análisis de Husserl no han sido superados, e
incluso puede decirse que han sido poco desarrollados o explicitados de
modo relevante.
5. La noción de mundo: mundo de la vida y
mundo de las ciencias
Ese mundo descubierto por la intersubjetividad que comparte el sentido
de lo conocido, en sentido amplio, es el mundo visto desde o en la actitud
fenomenológica. Es el mundo de sentido social o intersubjetivamente
constituido; una trama de sentidos que, precisamente al ser intersubjetiva
o disponible para cualquiera, se reconoce como objetiva, independiente y
sobrepasado a cada sujeto. Un mundo que, como común y fundamental
horizonte de sentido, se vive con anterioridad a toda teoría y práctica sobre
él, es decir, se vive presuponiendo en él sentidos por descubrir. Husserl lo
llama por ello “mundo de la vida”; y Heidegger se fijará en sus referencias
pragmáticas (o posibilidades de acción) anteriores a toda tematización u
objetivación, describiéndolas como propiedades existenciarias de ese
mundo y del hombre en él.

De ese mundo de la vida, el mundo en realidad cotidiano y familiar, ha


surgido, por necesidades pragmáticas, la teoría de las ciencias prácticas.
Ciencias prácticas o experimentales que, buscando la utilidad,
frecuentemente han tomado las matemáticas como modelo de
conocimiento y de experiencia. La matematización de la experiencia
permite su cuantificación, su medición, la réplica de los experimentos con
ella. Pero corre el riesgo de confundir la exactitud que exhibe con la
perfección o grado de realidad de su objeto. De hecho, éste ha sido un
grave error de la ciencia moderna, el de creer que su objeto, amoldado a
su método matemático, refleja perfecta y plenamente la realidad,
declarando ilusorio todo lo que no encaje en su horma. Así, el mundo de
las ciencias experimentales se ha impuesto de tal manera que ha llegado
a configurar la moderna actitud natural, el modo de concebir la realidad
sesgadamente materialista o naturalista. Junto a ese error, la ciencia
experimental moderna ha olvidado el origen descrito: nació sobre el suelo
del mundo de la vida y para resolver necesidades humanas en el seno de
dicho mundo. Pretender afirmar que se origina a partir de la razón
abstracta y con el fin de suplantar el mundo de la vida es, directa y
radicalmente, violentar las cosas y la vida, deshumanizándola hasta la
violencia de volver la ciencia contra el propio hombre, como
desgraciadamente ha demostrado y sigue demostrando la historia.

La fenomenología, en cuanto análisis de los modos de intencionalidad y


de su respectivo origen, se propone —pues está en condiciones óptimas
para ello— aclarar el método o modo de pensar, e incluso de valorar, de la
ciencia experimental, iluminando a la vez su origen y, por tanto, también
su fin. Esto es, no se limita a meros análisis metodológicos o
epistemológicos, tan frecuentes en algunas filosofías de la ciencia, más al
servicio de la ciencia misma que del hombre.

6. Historia y desarrollo de la fenomenología


6.1. La gestación husserliana
Las dilucidaciones de Franz Brentano suelen tomarse como simple
preparación de la fenomenología. De manera que el inicio de ésta se sitúa
en las Investigaciones lógicas (1900-1901) de Husserl. Tras esta
publicación, su autor es llamado a la Universidad de Göttingen, atrayendo
numerosos jóvenes estudiantes (sobre todo muniqueses) gracias
precisamente a aquella obra. Poco después, en 1907, se constituye la
Sociedad Filosófica de Göttingen; y en 1913 aparece el órgano de expresión
de dicho grupo, el Jahrbuch für Philosophie und phänomenologische
Forschung(“Anuario de Filosofía e Investigaciones Fenomenológicas”). En
esta publicación, cuyos editores eran el propio Husserl, A. Pfänder, A.
Reinach y Moritz Geiger (1880-1937), y que se prolongaría hasta 1930,
aparecieron los diversos escritos que configuraron la fenomenología,
incluido Ser y Tiempo (1927), de Heidegger. Sin embargo, el estallido de
la Primera Guerra Mundial, ciertas discrepancias de los miembros del grupo
con su maestro, Husserl, y la marcha de éste a la Universidad de Friburgo
provocaron la disolución del grupo de Göttingen (sólo E. Stein le
acompaña). Es en Friburgo donde Heidegger y Lévinas entran en contacto
con Husserl.

6.2. La transformación heideggeriana


La filosofía de Martin Heidegger es fenomenología de un modo distinto
al husserliano. Mejor conocedor de la historia de la filosofía, se vale de una
terminología más clásica y aborda problemas filosóficos más tradicionales,
enraizándolos todos en su peculiar concepción metafísica y dialogando más
con los diversos filósofos del pasado. Lo que justifica su calificación como
fenomenólogo es la gran influencia del principal tema husserliano: la
intencionalidad como relación de la conciencia básica y previa a toda
objetivación. Algo que llama la atención en este filósofo, tenido también
gracias a ello por existencialista, es el carácter vital y existencial del estilo
y contenido de sus escritos. Este rasgo hace su filosofía más atractiva e
interpelante, pero también más confusa al no distinguirse a veces entre
reflexión y exhortación, entre filosofía y religión.

Heidegger pensó que Husserl concedía demasiada importancia a la


intuición llevada a cabo y descubierta en la conciencia; que, aunque
Husserl decía haberlo superado, en el fondo seguía dentro del paradigma
cartesiano de la filosofía subjetivista moderna. Según Heidegger, había que
retroceder más radicalmente al suelo previo a la distinción entre sujeto y
objeto. Con toda probabilidad, este pensador se había dejado confundir
por el confuso y ambiguo —por descuidado— lenguaje de su maestro, y se
había contagiado de la tesis nietzscheana según la cual toda intelección y
objetivación deforma irremediablemente su contenido genuino.

Así pues, Heidegger concebía la intencionalidad ya no como una


característica de la conciencia (que aún sigue siendo algo ontológicamente
presupuesto), sino la relación ya ontológica del hombre con el mundo. Por
eso, mientras que Husserl buscaba cómo se constituye la objetividad en y
a través de la conciencia subjetiva, Heidegger indaga cómo se aparece el
ser al hombre como lugar donde éste se desvela (el hombre es, por eso, el
ahí del ser, el “ser-ahí”). Pero ambos, como se ve, se esfuerzan por
desentrañar cómo el mundo se aparece al ser humano; ambos tienen claro
que sólo existe objetividad-para-la-subjetividad [Moran 2011: 15]. Sin
embargo, una diferencia capital es que mientras para Husserl la
subjetividad es más que temporalidad (es también hábitos, creencias,
deseos, etc. sedimentados), para Heidegger la subjetividad es sólo
temporalidad y pura posibilidad práctica.

Además, a Heidegger le parecía que Husserl era intelectualista también


en el sentido de que no se comprometía con el mundo, o al menos no
suficientemente. Este existencialista ve al hombre más involucrado en el
mundo —es el “ser-en-el-mundo” —, y como tal debe comprometerse con
él, con su trasformación, con su salvación (tal actitud llamará
extraordinariamente la atención de Sartre).

Uno de los aspectos de ese compromiso con el mundo es la atención a


la temporalidad y la historicidad. Husserl, por un lado, había rechazado las
tradiciones heredadas por considerarlas perjudiciales para intuir las
vivencias en su esencia pura, había dejado de lado las filosofías de la vida
y de las concepciones del mundo; aunque, por otro, juzgaba necesario el
análisis genético de las vivencias y conceptos. Heidegger acentúa esto
último retomando la historicidad de las tradiciones y cosmovisiones. Desde
esta perspectiva —e influido por Schleiermacher y la hermenéutica
teológica— afirma que toda descripción supone una interpretación. Las
pretendidas descripciones puras son, según él, una ingenua utopía. Es
necesario, pues, enmarcar la fenomenología en una hermenéutica
radicalmente histórica. Uniendo esto con el enfoque ontológico antes
señalado se ve cómo para Heidegger la fenomenología ya no es un análisis
puro del yo y sus vivencias, sino una manera de formular (y por tanto de
interpretar) la pregunta por el ser. Hasta el punto de que, para él, la
ontología sólo es posible como fenomenología y como hermenéutica.

6.3. Otros desarrollos


Emmanuel Lévinas tuvo como uno de sus méritos el introducir la
fenomenología en Francia, tanto la de Husserl como la de Heidegger. Este
filósofo contribuyó enormemente a restaurar e impulsar el pensamiento
ético tras la Segunda Guerra Mundial, llegando a concebirlo como filosofía
primera. Como a Heidegger, a este pensador francés de origen lituano le
pareció que Husserl permanecía en la filosofía moderna del yo cartesiano.
Por ello busca superar más radicalmente también la dualidad moderna
entre sujeto y objeto mediante —y esta es su originalidad— la experiencia
del otro. Lévinas también se sitúa en un plano más metafísico que
gnoseológico: también a él le parece que la intencionalidad es el contacto
directo de la conciencia con el mundo y con el ser. Pero podemos escapar
de ese ser que amenaza con abarcar todo y que se resiste a la conciencia
como algo mostrenco y que al final aísla al sujeto; podemos escapar de él,
trascendiéndolo, mediante la vivencia de los otros. De hecho, esta sería la
única vivencia que saca realmente al sujeto de su encerramiento, la más
radical intencionalidad. La experiencia de la alteridad de otro ser humano
es la condición de la experiencia de auténtica alteridad en general; es decir,
en la experiencia de cualquier alteridad mundana se halla entrañada de
algún modo la alteridad del prójimo. Indaga, así, el modo en que otros
seres humanos están en el horizonte de la propia experiencia. Y descubre
que esos otros se presentan de un modo peculiar, a saber, como
reclamando una respuesta responsable, una exigencia moral. La
fenomenología, en Lévinas, es el fundamento radical de la ética.

Otro importante pensador francés, claramente más relacionado con


Heidegger que con Husserl, es Jean-Paul Sartre (1905-1980). Este autor
toma también la intencionalidad como punto de partida de sus reflexiones,
pero llevándola al extremo de negar la identidad del polo subjetivo,
vaciando y diluyendo así al sujeto. Más precisamente, la conciencia busca
—en virtud de su esencia intencional y referida al ser como tal— convertirse
en ser, pero sin conseguirlo nunca del todo. Curiosamente, al eliminar el
polo subjetivo de la relación intencional, Sartre deshace esa relación y
termina tratando al hombre con la dinámica y el fin de una cosa más del
mundo. También como Heidegger, su estilo es exhortativo y dramático, sin
evitar el peligro de enfatizar por ello algunos puntos ignorando otros. Para
él, el compromiso con el devenir del mundo es esencial a la filosofía, por
eso su pensamiento termina por transitar de la metafísica a la política.

Maurice Merleau-Ponty centró su atención en lo prerreflexivo, lo


temporal, el cuerpo vivido y el mundo de la vida. De estilo más asequible
que Husserl, contribuyó bastante a la difusión de la fenomenología.
Convencido también de que la intencionalidad consiste en la relación
radical entre el sujeto y el mundo, le parece que ambos polos de la relación
están tan entretejidos que no pueden ni siquiera conceptualizarse por
separado. Y entonces descubre que donde se encuentran hombre y
mundo, conciencia y ser, es en el cuerpo propio. Es ahí donde y mediante
lo que percibimos el mundo, el cuerpo viviente es el punto de contacto
entre la subjetividad y la objetividad. De manera que este pensador se da
a la tarea de describir la experiencia del propio cuerpo: experiencia distinta
a la que tenemos de otros cuerpos humanos, y por supuesto de los cuerpos
inertes. El también francés Michel Henry, al describir la autocomprensión y
autodonación de la propia vida, sostiene que tal donación escapa tanto a
todo acto intencional como a toda “preocupación” existencial. Antes bien,
la vida se vive y se nos da únicamente al sentir, a la afección. Donación
que, en buena y fiel fenomenología, revela la índole de lo donado.
Descubriéndose entonces que la vida humana es autoafección pura. Más
aún, que el sentimiento —el amor, con resonancias cristiano-joánicas y
agustinianas— es la esencia y el ser último de toda realidad.

En ocasiones, también se cuenta a Paul Ricoeur (1913-2005) entre los


fenomenólogos franceses; tradujo las Ideas Ide Husserl y son conocidos
sus estudios sobre la libertad y sobre la hermenéutica, a lo que se dedicó
especialmente.

En el ejercicio de la fenomenología en otros países, Polonia ocupa una


posición importante, gracias a la figura e influjo de Roman Ingarden (1893-
1970), filósofo polaco que formó parte del grupo de Göttingen. También
en Italia, Chequia y Rusia hubo pronto representantes de la fenomenología.
En cuanto al mundo hispano, la introducción y difusión de la fenomenología
se debe a José Ortega y Gasset (1883-1955). Aparte de sus propias obras,
este pensador español promovió vivamente el estudio y la traducción de
las principales obras del propio Husserl y de los primeros fenomenólogos.
Además, el exilio al que se vieron obligados varios discípulos de Ortega a
causa de la Guerra Civil española —entre ellos José Gaos (1900-1969),
primer traductor de Ser y tiempo de Heidegger— provocó la propagación
de la fenomenología en Hispanoamérica, especialmente en México y en
Argentina.

Finalmente, es una cuestión discutida si la hermenéutica, desarrollada


sobre todo por Hans-Georg Gadamer (1900-2002), y el pensamiento
posmoderno de Michel Foucault (1926-1984), de Jacques Derrida (1930-
2004), y otros, pueden considerarse como una continuación de la
fenomenología, e incluso de la versión heideggeriana. Ciertamente se
inspiran en ella: en concreto, en la teoría de la significación de Husserl y
en la hermenéutica existencial de Heidegger; sobre todo, en general, en
los análisis de la dualidad entre presencia y ausencia y entre identidad y
diferencia.

Y así como Gadamer pretende hacer una fenomenología de la


comprensión, sin ceder al escepticismo (por más que haya supuestos
discípulos suyos en última instancia escépticos), en Foucault y en Derrida
se advierte un claro influjo de Nietzsche y un escepticismo incompatible ya
con la fenomenología. Estos últimos autores terminan negando la
posibilidad de la presencia plena de significado en un acto intencional,
acentuando, en cambio, el continuo y elusivo desplazamiento de todo
significado a regiones ausentes y ocultas. Siguiendo el fuerte espíritu
nietzscheano que los anima, la fenomenología genética se reduce a una
mera herramienta útil en sus manos para poner al descubierto las
estructuras gnoseológicas y valorativas que no hacen sino imponer
supuestas verdades y valores, sobre el mundo y sobre el propio hombre.
La filosofía debe, entonces, desenmascarar y deconstruir esas estructuras
para debilitar su poder hasta su desaparición en favor de la libertad
individual y, si acaso, del consenso democrático.

7. La fenomenología en contraste con otras


filosofías
Volviendo a una perspectiva más directamente temática, la
fenomenología primigenia o husserliana puede compararse con otras
formas de fenomenología, e incluso con otras corrientes de filosofía afines.

A propósito de la fenomenología existencial o existencialismo


(fundamentalmente representado por Heidegger y Sartre), podríamos decir
que, en general, esta corriente tiende a considerar que la reflexión teórica
desnaturaliza por esencia su objeto, que todo conocimiento objetiva su
contenido y que, por tanto, lo cosifica y falsea. La tentación consiguiente
es renunciar a la posibilidad del conocimiento y abandonarse, tarde o
temprano, a algún género de relativismo. La fenomenología husserliana no
obvia la dificultad de la objetivación del objeto del conocimiento, y trata
ese problema con detalle. Asimismo se ocupa del mundo de la vida previo
al conocimiento, y de nuestra originaria relación con él. Pero no renuncia
a la posibilidad de conocer ese suelo vital, por difícil que resulte hablar de
él. Y no renuncia por dos razones. Primera, por el evidente hecho de que
tal conocimiento existe, pues hablamos de semejante plano
precognoscitivo. Por muchas que sean las limitaciones de nuestro conocer,
por muchas que sean las posibilidades de error, de vaguedad y de olvido,
somos capaces de conocer, y de conocer también ese plano previo al
conocimiento mismo. Y la segunda razón es que precisamente la actitud
que adopta el filósofo (frente quizá al poeta, al político o al predicador) es
la de la contemplación, la socrática de buscar claridad intelectual, aunque
esa claridad sea decisiva —como también para el ateniense— para vivir
una vida auténticamente humana.

Puede decirse que, mientras el existencialismo se sumerge en el mundo


existencial humano, la fenomenología husserliana trata siempre de
“desmundanizarse” —mediante la reducción fenomenológica o
trascendental— intentando adoptar el papel de filosofía primera, en el
sentido de la primera tarea y actitud que debe tomarse para todo ulterior
pensar propiamente filosófico. Y ese no acabar de distanciarse
suficientemente del mundo característico del existencialismo
(distanciamiento fenomenológico no para perderlo —es preciso insistir en
ello—, sino para ganar claridad y sentido) vale también para el vitalismo
de Ortega, en buena medida para la filosofía de Scheler, y también para
las doctrinas (o técnicas) hermenéuticas nacidas del existencialismo
[García-Baró 1999: 114].

Por otro lado, la hermenéutica se distingue por la búsqueda del sentido


expresado en el lenguaje. Un sentido que podría confirmarse o refutarse si
se logra establecer como el efectivamente mentado; posibilidad, sin
embargo, discutida entre los hermeneutas. Es decir, la reflexión de la
hermenéutica, y también la de la filosofía del lenguaje en general, se
distancia del lenguaje o discurso limitándose al sentido proposicional. La
reflexión fenomenológica, en cambio, es más universal al distanciarse de
la actitud natural en su totalidad. Además, en la reflexión proposicional
estamos interesados pragmáticamente en la verdad de algo para
comprobarla, mientras que en la fenomenológica se busca la verdad no
directamente para verificarla, sino para contemplarla. Y como
consecuencia, así como la reflexión proposicional cambia la modalidad de
los juicios, de creencia a duda (para indagar su ulterior confirmación), la
fenomenológica no los pone en duda ni cambia su modalidad en modo
alguno. En realidad, la investigación proposicional sigue dentro de la
actitud natural, busca la verdad de lo que se dice. Por el contrario, la
fenomenología —por así decir— no quiere tanto buscar la verdad de la
actitud natural como contemplar esa verdad y esa actitud; trata de
explicitar la estructura intencional de lo vivido en actitud natural, y por eso
no la modifica, pues entonces ya no la podría ver tal cual es. La
fenomenología —dígase una vez más— no intenta sustituir, con sus
verdades, la actitud natural, sino sólo contemplarla e iluminarla. En
definitiva, la fenomenología no es simple descripción ni análisis lingüístico,
sino reflexión radical que va más allá y que incluye a la misma actividad
proposicional.

Por lo demás, algo similar puede decirse en relación a la filosofía de la


ciencia. Tanto a ella como a la fenomenología les interesa la ciencia (su
método, fundamentación y función). Pero la filosofía de la ciencia se haya
más bien al servicio de la ciencia, buscando legitimarla y acaso corregirla
procedimentalmente; mientras que la fenomenología no pretende tanto
servir a la ciencia como contemplarla, y sólo después aparecerán claras y
por sí solas las limitaciones y el lugar de la ciencia en el saber humano y
en la concepción del mundo (en el señalado contraste entre el mundo de
la vida y el mundo científico).

El deconstruccionismo busca también desentrañar el sentido del


lenguaje, sobre todo filosófico, y de un modo más radical que la
hermenéutica, en continuidad con Heidegger. Pero, inspirada en Nietzsche,
renuncia por principio al conocimiento y a la misma idea de verdad, que
interpreta en términos de imposición o dominio. Esta toma de postura, no
menos interesada que el presunto interés cognoscitivo tradicional que
denuncia, la aleja de la contemplación —libre de presupuestos y
prejuicios— de la fenomenología. Mientras que la fenomenología prescinde
de la tradición y sus presupuestos, la deconstrucción quiere desmantelar
la tradición presuponiendo que ha falseado la interpretación dominante.

La fenomenología busca, así, la restauración de la actitud filosófica


premoderna, o sea, recoge todas las formas de racionalidad y experiencia
que se dan en la actitud natural (sin privilegiar la razón autónoma y
científica, como hace la modernidad). Eso sí, quiere comprenderlas
plenamente, en lo que esas formas significan, presuponen e implican. Y,
además, posee la ventaja de ir más allá de la filosofía clásica al abordar las
cuestiones suscitadas por la modernidad. Es la fenomenología, pues,
antigua y moderna a la vez; logrando así evitar el asfixiante racionalismo
de la modernidad (bien en la forma del positivismo, bien en la del
idealismo) y a la vez escapar de cierto voluntarismo desengañado
frecuente en la posmodernidad.

Y queda entonces, finalmente, la difícil pregunta por la relación entre la


fenomenología y la que se llama a sí misma philosophia perennis, que ve
la metafísica y el teísmo uno de sus elementos esenciales, y donde se
encuadra la tradición metafísica clásica tanto aristotélica como tomista
(aunque no menos la tradición platónica y la agustiniana). A falta de un
consenso o pronunciamiento expreso de los especialistas de ambas
corrientes (fenomenología y, especialmente, metafísica clásica), pueden
señalarse dos puntos a la vez de convergencia y divergencia. El primero se
refiere a que ambos modos de filosofar incluyen y defienden lo no sensible.
La metafísica clásica de un modo muy claro gracias a las demostraciones
basadas en el principio de causalidad; y la fenomenología al reconocer
modos de darse la realidad —directos o incluso indirectos— distintos de la
percepción sensible. A este respecto, es cierto que los fenomenólogos no
acuerdan en una misma noción de fenómeno: es siempre lo dado a la
conciencia, pero no es claro si exclusivamente de modo inmediato o en una
acepción más amplia. En esto consistiría la divergencia en este punto con
la filosofía metafísica tradicional. Y el segundo punto —relacionado con el
anterior— se refiere al pretendido alcance de la filosofía. Los dos modos
de pensar aspiran a hacerse una idea global del sentido de la vida humana
y del mundo. Pero abordan esa tarea, por así decir, desde perspectivas e
inicios de algún modo diferentes. La metafísica clásica atiende primera y
primordialmente al entramado causal del mundo, mientras que la
fenomenología se preocupa de aclarar antes que nada —sin que esto
signifique en absoluto relativismo ni subjetivismo, como se ha mostrado—
cómo vivimos y comprendemos ese mundo y a nosotros mimos en tanto
que lo vivimos. Naturalmente, a partir de estos arranques, ni la metafísica
clásica descuida la subjetividad ni la fenomenología se desentiende del
mundo.

Sin duda, esta diversidad de enfoque o punto de partida general entre


la metafísica clásica y la fenomenología se explica en gran medida por las
respectivas coyunturas históricas en que vieron la luz, con sus problemas
e inquietudes manifiestamente tan distintas. Y esta consideración acerca
de estas dos tradiciones —que no anima al historicismo ni al eclecticismo,
sino al rigor y a la riqueza posible del filosofar— vale igualmente para la
fenomenología misma. No hay una sola y única fenomenología como
escuela, más que como cierto método de aproximación y ciertas preguntas
fundamentales; lo que hay son fenomenólogos tratando temas diversos
que salen a la luz gracias al método e inspiración fenomenológicos, que no
es sino el estudio y la reivindicación de la subjetividad.

Con todo, en la medida en que la fenomenología busca retroceder a la


vida y el mundo previos a las ciencias de la modernidad, para salvaguardar
el ideal socrático —a saber, que a cada uno de los hombres compete
investigar por sí mismo el valor de las convicciones sobre las que está
edificada su existencia—, dicha corriente inaugurada por Husserl se inserta
en, y es ya, philosophia perennis.

INTERPRETATIVO

Corrientes interpretativas contemporáneas 


Es aproximadamente a principios del presente siglo cuando, por mor del
consenso multidisciplinar, acontece una transformación que abre paso a una
nueva problemática en el plano de los estudios mitológicos. Desde disciplinas
tan diversas como la epistemología, la psicología, la sociología, la etnología,
la historia de las religiones y la lingüística, entre otras1, se comienza a aceptar
a los mitos como una dimensión inexcusable de la experiencia humana2. El
carácter "absurdo" e "incoherente" de los mitos ya no es denunciado como una
suerte de afrenta a la lógica o a la moral, sino que se concibe como un reto a la
perspicacia científica, a la par que se considera a la antropología como la
disciplina más adecuada para el estudio de los mitos3

Asimismo, el positivismo del siglo anterior -junto al evolucionismo a él


aparejado-, es superado y rechazado, al tiempo que comienzan a cuestionarse
desde dentro de la cultura occidental, como resultado de un mejor
conocimiento de otras culturas, las formas particulares de racionalidad que
occidente ha conservado y desarrollado. Cabe sumar a lo antedicho la
consideración de determinadas concepciones ya presentes en la obra de
Gianbattista Vico (1668-1744)4, tales como la superación del matematicismo
en tanto que paradigma inadecuado para el estudio de las realidades humanas -
que, ante todo, son realidades históricas, i.e., socioculturales- y la negación
del "individuo supuestamente autónomo", junto a la especial atención prestada
al estudio de las instituciones humanas5. Todo ello plantea la necesidad de
"mirar con nuevos ojos", tanto los mitos de las sociedades contemporáneas
como los mitos de las culturas antiguas, para tratar de ver qué podemos saber
de las sociedades -y de los hombres- mediante el estudio de sus mitos, en
tanto que producciones culturales de primera magnitud. A esta tarea dedicarán
sus esfuerzos las corrientes interpretativas contemporáneas que, siguiendo la
clasificación propuesta por Edmund Leach y comúnmente aceptada, podemos
agrupar bajo tres grandes
tendencias: simbolismo, funcionalismo y estructuralismo.

1. Malinowski añade a éstas la arqueología, la lógica, la teosofía, el


psicoanálisis y la astrología, en su denuncia del "intrusismo profesional" en lo
que él considera una tarea propia de la antropología (esto es, el estudio de
otras sociedades, incluidos sus mitos y creencias). Bronislaw Malinowski, "El
mito en la psicología primitiva", en Magia, ciencia, religión, Ed. Ariel,
Barcelona 1994, p. 111.

2. Jean Pierre Vernant, "Razones del mito", en Mito y sociedad en la Grecia


antigua, ed.cit., p. 198.

3. Nótese que la consideración de la mitología como "rama de la antropología


social y cultural" aparece formulada explícitamente -como ya vimos- en
Edward Burnett Tylor, aunque era implícitamente reconocida ya desde
Jenófanes de Colofón (texto 21 B 16: "Los etíopes de nariz chata y negros; los
tracios, que ojos azules y pelo rojizo"). Según J. C. Bermejo, la íntima
conexión entre mitología y antropología viene dada en virtud de que ambas
pretenden contestar a una misma pregunta, una pregunta quizás tan antigua
como la propia humanidad: "¿Qué es el hombre?""... El mito ha sido la forma
de pensamiento mediante la cual los seres humanos han tratado de contestar a
las mismas preguntas que luego constituirán el objeto de toda filosofía: '¿Qué
puedo conocer?', '¿qué debo hacer?', y '¿qué puedo esperar?', las que, como
decía Kant, se sintetizan en último término en otra: '¿Qué es el hombre?'.
Dichas preguntas nunca podrán alcanzar una respuesta definitiva. Por ello, la
humanidad además de desarrollar, desde el comienzo de la prehistoria, una
gran racionalidad tecnológica que le ha permitido sobrevivir, ha tratado de ir
configurando diferentes tipos de respuestas a estas preguntas. Sus primeras
formulaciones se plasmaron en los mitos, posteriormente la filosofía y las
grandes religiones del Libro trataron de ofrecer otras. Pero ninguna respuesta
consiguió eliminar totalmente el valor de las anteriores. Por ello el mito siguió
vivo dentro de la tradición filosófica griega; y por ello la cultura occidental no
ha podido dejar de ver en él una constante fuente de inspiración plástica,
literaria y filosófica que permanecerá siempre viva."José Carlos Bermejo
Barrera, Grecia arcaica: la mitología, Ed. Akal, Madrid 1996, pp. 60-61.

4. Principi di Scienza Nuova d'intorno alla comune natura delle nazioni, 1725
(Principios de una ciencia nueva sobre la naturaleza común de las naciones,
Ed. Aguilar, Buenos Aires 1956, 4 vols., Manuel Fuentes Benot, trad.);
Ciencia Nueva, Ed. Tecnos, Madrid 1995 (Rocío de la Villa, trad.). Cabe
señalar que algunas de las concepciones de Vico están a la base de la
contemporánea interpretación de las sociedades humanas -y de las
producciones culturales de éstas- en clave 'científico-histórico-cultural' y no
'científico-natural'. Max Horkheimer, "Vico y la mitología", en Historia,
metafísica y escepticismo, Ed. Alianza, Madrid 1982, pp.100-118.

5. Max Horkheimer, "Vico y la mitología", en Historia, metafísica y


escepticismo, Ed. Alianza, Madrid 1982, pp. 103-104. Peter Winch,
Comprender una sociedad primitiva, Ed. Paidós, Barcelona 1994, p.86.

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