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1.

Proceso de industrialización de la alimentación

1.1 El caso europeo y norteamericano

Desde mediados del siglo XIX la revolución industrial europea incursiona en el mundo de
la gastronomía buscando mejorar la durabilidad y la facilidad de consumo de los alimentos.
En un primer momento este proceso tuvo sede en la Francia napoleónica que buscaba formas
más económicas y duraderas de abastecer a su ejército.

Por ejemplo en 1860 el químico francés Hippolyte Mège-Mouriés gana el concurso


abierto por Napoleón III para buscar un sustituto más económico a la mantequilla, con su
propuesta de hidrogenar grasas vegetales para formar una pasta a la que bautizó margarina.
(Maubach, 2005)

Además del costo de alimentar al ejército, a los franceses les preocupaba la preservación
de los alimentos ahora que no podían contar con el flujo constante de azúcar y especias
americanas. En otro de los concursos financiados por Napoleón III, Pasteur ingenia en 1864
la técnica de pasteurización para prolongar la conservación de los líquidos. Buscando
solucionar este mismo problema Proust y Parmentier patentan la sopa deshidratada que podía
se reconstituida al hervirse en agua. También intentaron resolver este problema mediante una
primitiva forma de enlatado en hierro que requería seis horas de trabajo para sellar cada lata.
(Goody, 1995)

A finales del siglo XIX lo ingleses perfeccionaron la técnica del enlatado, reduciendo el
tiempo de trabajo necesario a tan solo treinta minutos, producían galletas y bizcochos
empaquetados y de larga duración, y también experimentaron con la deshidratación de los
alimentos, siendo patentada la leche en polvo por un ingeniero de apellido Grimwade en
1885. (Goody, 1995)

De igual manera en Estado Unidos se patentan en 1819 las galletas Oreo, en 1860 los
Corn Flakes, en 1869 la salsa kétchup Heinz, en 1885 la Coca-Cola, en 1890 la pasta italiana
seca, y una infinidad de productos alimenticios industriales que se caracterizan por ser
baratos, duraderos y estar listos – o casi listos – para ser ingeridos. (Goody, 1995)
Otro elemento a tomar en cuenta sobre el proceso de industrialización de la alimentación,
es la industrialización de la misma cocina, siendo capaces de licuar, moler, producir calor y,
sobre todo, congelar sin mayores esfuerzos.

1.2 El caso venezolano

En Venezuela, al igual que en resto del mundo, la industrialización de la producción de


alimentos está ligada al aumento de la población urbana y el abandono del campo, que en el
caso venezolano ocurrió desde finales de la década de 1930; sin embargo podemos ver
ejemplos tempranos de industrialización en la Caracas de mediados del siglo XIX, según José
Rafael Lovera (1988) existían entonces dos plantas industriales para el procesado de los
alimentos en el norte de la ciudad: una desgranadora de maíz y un amasadora de pan, las
cuales al parecer, asustaban a los vecinos que creían que los ruidos de los motores eran
terremotos.

En las mismas fechas se hace latente un proceso de modernización en las plantas de


producción azucarera con la introducción de la máquina de vapor de la mano de la compañía
británica Clayton Shuttleworth para motorizar el movimiento de los molinos; así como
centrifugadoras para el refinado del azúcar. Por supuesto, tales mecanizaciones solo llegaron
a las zonas productoras aledañas a Caracas, las cuales, aunque aumentaron su producción,
siguieron manteniendo el esquema artesanal en las demás fases de la producción. (Luis
Molina, 1994)

En 1846 se funda la primera planta industrial dedicada al procesado del trigo para la
producción de pasta seca: Fábrica de Fideos de La Guaira. (Lovera, 1988). A partir de
entonces, y sobre todo después de 1974, ha aumentado considerablemente la disponibilidad
de pasta seca por la facilidad de su preparación, su bajo costo y su potencialidad para
satisfacer el hambre; sin embargo, siendo la mayor parte de la materia prima importada, tanto
su precio como su disponibilidad ha presentado fuertes oscilaciones dependiendo de las
situación económica general del país. (Abreu & Ablan, 1996)

Otro antecedente a la industria alimentaria en Venezuela fue la fabricación de cervezas,


bebida que ya se importaba de Europa desde el siglo XVIII, pero ignorantes de las técnicas de
pasteurización, la mayor parte de la importación se dañaba en el viaje transatlántico. La
primera fábrica de cervezas en Venezuela fue la Cervecería Tovar fundada en 1840, con sede
en la colonia alemana de la Colonia Tovar. El proyectó fracasó veinte años después cuando
fue saqueada la colonia durante la guerra civil, y la cervecería no reabrió sus puertas hasta
1999. (Villasmil, 2014)

No fue hasta 1893 que se fundan casi simultáneamente la Cervecería Nacional y la


Cervecería de Maracaibo, antecesores de las marcas de cerveza Caracas y Regional, y que
darían comienzo a la producción y consumo masivo de la cerveza, acentuándose aún más a
partir de 1941 cuándo la recién fundada Cervecería Polar añade maíz a su mezcla para hacer
más refrescante y dulce la bebida y, de seguro, para abaratar costos. (Villasmil, 2014).

Tanto en Europa como en América la producción de bebidas gaseosas está ligada a la


industria cervecera. En 1767 el británico Joseph Priesley inventa la soda al lograr extraer
burbujas de dióxido de carbono de las cubas de fermentación de la cerveza y disolverlas en
agua. La bebida resultante, llamada agua de aire fijo, se popularizo como remedio y a
mediados del siglo XIX se empezó a mezclar con siropes para uso recreacional. No fue hasta
bien entrado el siglo XX que la soda empieza a ser producida disolviendo ácido carbónico en
agua, prescindiendo de las burbujas de la cerveza. (Standage, 2005)

Junto con la fabricación de cervezas en Venezuela, proliferaron las fábricas de bebidas


gaseosas embotelladas, para lo cual en 1930 existían 36 plantas industriales en las principales
ciudades del país, pero que se vieron casi triplicadas en 1948 cuando alcanzan la cantidad 104
fábricas activas. (Lovera, 1988)

Tras el éxodo urbano que empezó a finales de las década de 1930, “la población pedía
alimentos procesados en cantidades crecientes, mientras lo producción agrícola se mantenía
baja” (Machado-Allison, 2007, p. 43), lo cual se tradujo en la importación tanto de materia
prima como de bienes ya procesados. Esto se ve con claridad en la cantidad de barcos con
mercancía extranjera que atracaron en el puerto de Puerto de Cabello: en 1935 fueron solo 97
barcos, en 1950, llegaron 883 embarcaciones y para 1965 fueron 2.221. (Machado-Allison,
2007)

De esta manera se profundizó el sistema económico expoliativo, otrora basada en la


producción cacaotera y cafetalera, ahora sustentada en la extracción de petróleo; donde solo
se exporta un producto bien pagado en los mercado internacionales y se importa casi la
totalidad de los bienes consumidos en el país, incluidos los alimentos.

En la segunda mitad de la década de 1940 empiezan a llegar a Venezuela corporaciones


trasnacionales dedicadas a la producción de alimentos industriales, entre las que destacan
Kraft, Heinz, Nabisco, Nestlé, Parmalat y Plumrose. Esta última desplazó el jamón curado al
estilo extremeño de la dieta de los venezolanos por el jamón cocido al estilo de York, en
forma de embutido y ligeramente dulce. Igualmente fue Parmalat la primera empresa en
importar la leche en polvo hacia Venezuela en el año de 1949, posteriormente muy popular.
(Machado-Allison, 2007)

Como parte de este proceso urbanizador, la arepa – que debía ser hecha a mano partir de
maíz crudo – fue quedando desplazada por el trigo en forma de pan o pasta italiana, para la
obtención de los cuales aumentó enormemente la importación de trigo integral, llegando a ser
incluso más barato que el maíz de producción local. (Abreu & Ablan, 1996). De hecho este
aumento en la producción y consumo del pan tiene sus orígenes en 1870, cuando el
presidente Guzmán Blanco, con afanes europeizantes, dedicó una importante suma de dinero
a la importación de trigo y sus semillas, así como a la distribución gratuita de cartilla sobre la
elaboración de la harina y el pan. (Castillo, 2014b)

Sin embargo, antes de caer en el olvido, la arepa es salvada por la industrialización. A


pesar de que la corporación Empresas Polar le atribuya la invención de la harina de maíz
precocido a su fundador Lorenzo Mendoza Fleury, parece ser que en realidad el invento fue
patentado en 1954 por Luis Caballero Mejías bajo el nombre de masa de maíz deshidratada,
la cual fracasó en comercializar bajo la marca La Arepera Compañía Anónima. Tras cuatro
años infructuosos, Caballero accedió a venderle la patente a Cervecerías Polar, la cual, para
abaratar el costo de la producción de su cerveza, acababa de adquirir una planta procesadora
de maíz en la población de Turmero, (Anido & Quintero, 2009), con la cual incursiona en la
producción de alimentos y que tuvo un éxito exponencial: en 1970 el 38% del total de maíz
para consumo humano estaba destinado a la producción de harina precocida, mientras en
1994, esta cifra alcanza el 90% (Abreu & Ablan, 1996)
La siguiente gráfica muestra el vertiginoso crecimiento de la producción de harina
precocida en detrimento de otras maneras de consumir el maíz, utilizando como año índice
1970 con base 100

Los tubérculos no corrieron con la misma suerte que el maíz, siendo desplazados por el
arroz como alimento vehículo a partir de 1961 y por la pasta seca a partir de 1976, a
excepción de las papas, cuya popularidad aumento a partir de 1978 (Abreu & Ablan, 1996).
Igual sucedió con las legumbres y frutas (a excepción del plátano), que fueron
progresivamente remplazadas por los lácteos y las hortalizas respectivamente; igualmente la
panela fue suplantada por el azúcar refinado en centrifugadoras. (Machado-Allison, 2007)

A continuación podemos ver como desde la década de 1970 el consumo de azúcar


refinado se impone drásticamente sobre el de papelón:
En el caso de las carnes, durante la década de 1980, la de origen bovino es lentamente
desplazada por los pescados enlatados y sobre todo, por el pollo, de importación mucho más
sencilla (Machado-Allison, 2007). En las siguientes gráficas se puede ver como después de
1980 la disponibilidad de carne de pollo solo es superada por la carne bovina durante la crisis
de 1988 y 1989; así como un aumento importante en la disponibilidad de atún y sardinas.

Otro cambio fundamental en la dieta contemporánea de Venezuela fue la implantación de


los aceites vegetales como fuente primaria de grasas para cocinar, en detrimento de las grasas
animales. Tras experimentar entre 1960 y 1970 con aceites de coco y algodón, la producción
aceitera pasa a basarse en el girasol y el maíz, y desde finales de los años 90, en la soya. Para
la fabricación de aceites vegetales se importaba el aceite crudo, que era procesado y
embotellado en Venezuela, a excepción del aceite de maíz, que era producido en su totalidad
en territorio venezolano por la Cervecería Polar – en vías de convertirse en el conglomerado
industrial que es actualmente – y bajo el auspicio de la Corporación Venezolana de Fomento
(Machado-Allison, 2007)

Con el aumento en la cantidad de aceite vegetal disponible, se populariza también la


margarina, único uso que se le daba al robusto aceite de palma. En las tablas de
disponibilidad de alimentos presentadas por Edgar Abreu, vemos como a finales de los años
70 la margarina desplaza a la manteca – tanto vegetal como animal, y a finales de los años 80
desplaza rotundamente a la mantequilla. (Abreu & Ablan, 1996).

En la siguiente gráfica se demuestra el avance de la margarina sobre la manteca, así como


el aumento en el consumo de aceite de maíz:

De esta manera conformándose el sistema alimentario contemporáneo de Venezuela,


basado en el maíz casi exclusivamente en forma de harina precocida para la elaboración de
arepas, en el trigo, por lo general ya manufacturado en forma de pan al estilo francés y de
pasta seca y del arroz pulido; cuyas principales fuentes de proteínas son los pescados
enlatados y la carne de pollo en detrimento de las legumbres y la carne bovina y con una
importante ingesta de productos lácteos, generalmente basados en la leche en polvo. Que
endulzan sus preparaciones con azúcar refinada y usan como grasas los aceites vegetales.
CRISIS Y RENOVACIÓN DEL CONSUMO DE AREPAS A MEDIADOS DEL

SIGLO XX EN VENEZUELA

Al iniciar la explotación petrolera en Venezuela en las primeras décadas del siglo XX, se dan un serie

de cambios en lo político, económico y geográfico en un intento de adaptarse a la nueva gran fuente

de ingresos para el país, que por primera vez deja de ser la producción agropecuaria para empezar a

depender de la minera y de la industria.

Quizá uno de los cambios más radicales que sufrió Venezuela a comienzos de la época petrolera fue

la migración masiva de campesinos hacia las ciudades, desde donde esperaban tener un mayor

acceso a la distribución de la riqueza producida por la explotación del petróleo. Este éxodo tuvo

como consecuencia un abandono del campo y una sobrepoblación de las pequeñas ciudades

venezolanas que aún no estaban preparadas para albergar a tantas personas.

No todos los recién llegados a las ciudades lograron conseguir empleos directamente relacionados

con la explotación petrolera, de modo que mucho debieron encontrar un sustento otros ramos del

trabajo urbano, especialmente en el préstamo de servicios. En todo caso, los nuevos habitantes de

las ciudades debían trabajar las ocho horas y media diarias que exigía la Ley de Taller

Establecimientos Públicos de 1.917, de modo que los largos rituales otrora dedicados a la

elaboración de la comida eran simplemente imposibles de cumplir.

Ante estas nuevas circunstancias los nuevos habitantes de las ciudades se vieron en la obligación de

renunciar a sus hábitos alimenticios, para poder dedicar ese tiempo al trabajo que les facilitaría el

acceso a la riqueza.

Esto se ve con mucha claridad al revisar por ejemplo las estadísticas sobre el acceso a los nutrientes

disponibles para la fecha. Si bien las primeras encuestas sobre disponibilidad y consumo de

alimentos elaboradas de manera oficial por el Instituto Nacional de Nutrición datan de 1.945, es
posible conseguir algunas encuestas no oficiales de alcance mucho menor con fecha de finales de la

década de 1.930.

En estas primeras encuestas no oficiales como las que el médico español José María Bengoa elaboró

en 1.940 se puede con claridad como estaba compuesto el patrón alimenticio previo a la producción

petrolera en Venezuela: “se manifiesta un patrón de consumo alto en glúcidos, aportados por

alimentos como la arepa […] pero deficiente de proteínas” (Dehollain, 1994) por un consumo casi

inexistente de carne.

Sin embargo a medida que avanzamos en el tiempo, las encuestas posteriores a 1.945 empiezan a

mostrar un patrón de consumo diametralmente opuesto, caracterizados por un consumo calórico

insuficiente en todas las regiones del país, pero con consumo proteico aceptable. Si bien en estas

encuestas la región con menor consumo de calorías es la de Guayana, le sigue muy de cerca la región

central, centro occidental y zuliana.

Podemos inferir que el aumento en el consumo de proteínas se debe a un aumento en la capacidad

de compra de las familias urbanas producto de la distribución de la renta petrolera en las ciudades,

sin embargo resulta curioso que no suceda lo mismo con el caso de las calorías. Y recordando que

cerca del 80% de la ingesta calórica de los venezolanos está ligada a los cereales y que de éstos el de

mayor producción y consumo es el maíz, debemos suponer que el cambio en el consumo de calorías

está ligado a una variación en el consumo de maíz.

Es muy probable que esta disminución en las calorías consumidas se deba un desplome en el

consumo de arepas en las ciudades, puesto que su preparación artesanal requería de una larga

jornada de trabajo que debía repetirse día tras día y para la cual los habitantes urbanos no tenían

tiempo.

Tradicionalmente han existido dos métodos para la obtención de masa de maíz para la elaboración

de las arepas. En primer lugar está el pelado del maíz, técnica consistente en cocer el maíz ya
desgranado en una solución de agua con cal por una media hora, para luego dejarlo en remojo

durante toda una noche. A la mañana siguiente el maíz ha ablandado y se procede a lavarlo en

repetidas ocasiones hasta que no quede rastro de cal y la totalidad de la concha se haya

desprendido. Solo después de este punto es que el maíz puede ser finalmente molido para obtener

una masa con la cual se pueden hacer las arepas.

En segundo lugar tenemos el método del pilado del maíz, en el que el maíz ablandado simplemente

por haber sido humedecido es pasado por un pilón, de herencia africana, para separar la concha del

endospermo, finalmente una parte del maíz ya pilado es cocido en agua hirviendo mientras otra

parte se mantiene cruda para luego ser molidos de manera conjunta en el mismo pilón y formar la

masa para hacer arepas.

A pesar de las infinitas variaciones en la técnica que pudieran existir entre una localidad y otra o

incluso entre una familia y otra, la obtención de la masa de maíz para hacer arepas por estos

métodos del pelado y el pilado pueden tomar una 4 o 5 horas de trabajo familiar, donde por lo

general todas las mujeres de la familia participan de forma activa y en medio del agitado ritmo de

vida urbano simplemente no se puede cumplir.

A pesar de que estos dos métodos era los más usuales a la hora de preparas arepas no podemos

decir que eran la únicas maneras, puesto que desde mediados del siglo XIX han existido una

importante cantidad de importaciones y algunas pocas invenciones locales que buscaban maneras

automatizadas para la obtención de la masa y de esa manera facilitar la preparación de las arepas.

Desde la década de 1.830, apenas iniciado el sistema republicano en Venezuela ya se pueden

conseguir anuncios publicitarios que ofrecen al público máquinas para desgranar y moler el maíz. El

producto obtenido de estas máquinas es una harina rústica, gruesa y que requiere el tostado previo

del maíz para poder empezar la molienda.


Casi de inmediato surgen críticas a las arepas hechas con este sistema automatizado, por ejemplo el

naturalista y explorador alemán Karl Ferdinand Appun habla muy bien de las arepas hechas por el

método tradicional del pilado, sin embargo, al referirse a las arepas hechas con desgranadoras y

molinos dice: “están muy lejos de tener el mismo sabor que aquellas preparadas del modo descrito

[pilado]; forman una masa tiesa y sólida que pesa mucho en el estómago, mientras que las otras que

consisten en una mezcla de masa muy liviana que se pueden comparar con los mejores pasteles”

(Appun, 1961)

Si bien el siglo XIX venezolano fue el siglo de las guerras, también fue el siglo del desarrollo de la

técnica. Algunos como Appun se limitaron a hacer críticas al sistema industrial para la producción de

harina de maíz, pero otros como el inventor de origen polaco Alberto Lutowski intentaron dar con

una solución que mejorar el sabor de las arepas industriales, que redujera su precio y generara

ganancias.

Lutowski, fue un prolifero inventor que nunca tuvo éxito. Ideó un motor similar al de vapor, pero

que funcionaba a partir del aprovechamiento de la energía producida por la dilatación del aire a

altas temperaturas y también un horno para fundir el hierro de reducido tamaño y que solo requería

leña para funcionar, pero la mayoría de sus patentes nunca fueron aprobadas o bien fallaron en ser

comercializadas.

En cuanto a la producción de masa para las arepas Lutowski afirma que:

“En vano algunos industriales inteligentes se propusieron sustituir en Venezuela el pan de maíz

usado en ella por muchos siglos, por razón de su confección era, como en efecto es, sumamente

cara y penosa […] con otro pan del mismo grano, pero cuya preparación debía efectuarse por

molinos mecánicos […] El pueblo venezolano desechó esta innovación, porque no le proporciona la

arepa tal como la conoció cuando empezó a alimentarse a tierna edad. […] Muy distinta suerte

había tenido esta invención si, respetando los usos y las costumbres se hubiese limitado a
proporcionar los medio mecánicos y económicos para confeccionar este alimento” (Citado en Dorta,

2015)

De manera de Lutowski se propone precisamente esto, la elaboración de una arepa industrial cuyo

sabor y textura recuerde a la arepa de maíz pilado. Tras tres años de prototipos finalmente lo logra,

pero no tiene éxito en comercializarla.

Similares fueron los intentos de varios venezolanos de naturaleza inventiva que durante el llamado

Guzmanato a finales del siglo XIX propusieron máquinas para descascarar y moler los granos del

maíz, sin embargo sus patentes eran negadas una tras otra.

Sin embargo a finales del siglo XIX y principios del XX logran triunfar dos invenciones relacionadas

con el procesamiento automático del maíz: la maicena y el pilón mecánico. La primera es una harina

resultante del proceso de aislar el almidón del maíz disuelto en agua que posteriormente sería

evaporada dejando el almidón en estado puro. Si bien esta harina es útil a la hora de hacer funches,

atoles y ciertas recetas de repostería, no lo es a la hora de elaborar las arepas.

Por otra parte el pilón mecánico si ofrece una manera de simplificar en buena medida la labor de

hacer las arepas. Se trata de maquinaria diseñada para extraer el endospermo de los granos de maíz

por percusión, de la misma manera en que se haría en un pilón tradicional, pero movido por la

fuerza del vapor y posteriormente de la electricidad.

Sin embargo, pese a representar un importante ahorro de tiempo, el pilón mecánico aun deja mucho

que desear. Las plantas que cuentan con uno de estos pilones trabajan solo un par de horas en la

madrugada y solo procesan el maíz previamente hervido que los clientes llevan al establecimiento.

Los clientes entregan un kilogramo de maíz ablandado y luego de esperar unos diez minutos reciben

un kilogramo de masa lista para hacer las arepas.

Este invento del pilón mecánico se comercializaba bajo el nombre de las “arepas mecánicas” y tenía

un costo de entre cinco y veinticinco centavos por kilogramo de maíz en la segunda década del siglo
XX. Se trata de un precio un tanto elevado si consideramos que se trata de un servicio que debía ser

contratado todos los días.

En todo caso, ya llegando a la década de 1.930, conseguimos que no existe ningún método industrial

que logre emular el sabor y la textura de las arepas de maíz pilado a precios razonables y que

además logren en efecto ahorrar las largas horas de preparación previa del maíz.

De manera que cuando el éxodo urbano empieza a arreciar entre las décadas de 1.930 y 1.940 el

consumo de arepas en la urbes tiende simplemente a desaparecer, dejando un hueco en la dieta de

los venezolanos que no vendría a ser subsanada sino después de 1.949 cuando el Estado,

preocupado por la falta de ingesta calórica de los venezolanos lanza el llamado “Plan Arrocero” a

través de la Corporación Venezolana de Fomento para aumentar la producción de arroz en los

estados Cojedes y Portuguesa y de esta manera poner a disposición de los venezolanos un cereal de

fácil y rápida preparación para que pudieran complementar su dieta.

De igual manera en estas décadas se hacer latente un repunte en la importación y consumo de pasta

alimenticia, que en conjunto con el arroz y las papas, se convertirían en el remplazo definitivo de las

arepas; que caían en el olvido por las dificultades que conllevaba su laboriosa preparación, a pesar

de las decenas de intentos por industrializar el proceso.

Cuando la arepa estaba cayendo en el olvido, fue presentada en 1954 una patente sobre un

producto llamado masa de maíz deshidratada. La patente consistía en una harina elaborada a partir

de maíz blanco y que en efecto es el resultado de deshidratar la masa obtenida del endospermo

triturado del maíz, que una vez reconstituido en agua conserva el mismo sabor y textura de la arepa

hecha por medio tradicionales.

Este nuevo invento fue presentado por Luis Caballero Mejías quien intentó comercializar bajo el

nombre “La Arepera” desde 1.957 pero que tras unos pocos años de grandes inversiones sin retorno,

cayó en la ruina y su producto fue olvidado.


Caballero Mejías fallece en 1.959 y su patente es vendida por poco dinero a la Cervecería Polar, que

estaba en vías de convertirse en el conglomerado industrial que es hoy en día.

Para esta fecha la Cervecería Polar estaba en un proceso de expansión con la intención de controlar

todas las fases de la producción de su cerveza y recordando que la mezcla de su brebaje incluía el

maíz, acaban de adquirir una planta para su procesado en la localidad de Turmero. Esta planta tenía

mayor capacidad que la realmente necesaria para la producción de las hojuelas para la cerveza, de

manera que el invento de Caballero Mejías resultaba ideal para darle utilidad al resto del potencial

de la planta.

En menos de un año de iniciado el proyecto sale a la venta la Harina PAN bajo el eslogan de “se

acabó la piladera” y bajo un buen sistema de mercadeo y posicionamiento logra un éxito rotundo. En

tan solo 20 años después de su salida al mercado, la Harina PAN logró que más del 90% del maíz

para consumo de Venezuela estuviera destinado a la producción de harina precocida y del mismo

modo lograr pasar de un consumo anual por habitante de menos de un kilogramo, a más de 30

kilogramos.

El éxito de la harina PAN radica por una parte en su bajo costo, relativamente fácil de lograr si

recordamos que en un principio no era mucho más que un subproducto de la cerveza; pero sobre

todo por la facilidad que implica la elaboración de las arepas con esta harina y por la semejanza en

sabor y textura entre esta versión industrial de la arepa y la versión tradicional que, pese a tener

todo en su contra, nunca terminó de ser abandonada por la nueva Venezuela industrial y urbana.

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