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La literatura argentina y la literatura gauchesca

Inicios 1500-1800
La literatura de habla hispana en el territorio argentino, se inicia con la conquista y colonización
española. Los conquistadores traían consigo cronistas que redactaban y describían todos los
acontecimientos importantes, aunque con ojos españoles y para un público lector español. Siendo
Santiago del Estero la primera ciudad de la Argentina, varios cronistas de esta población pueden ser
considerados como los iniciadores de la crónica literaria y poesía argentina. Entre ellos destacan Luis
Pardo, quien fuese alabado como poeta por Lope de Vega, y Matheo Rojas de Oquendo. Una Probanza de
Méritos da inicio a la narración literaria desde lo que sería llamada sucesivamente Ciudad del Barco y
Santiago del Estero. Fue escrita en 1548 por un oficial de la conquista, Pedro González de Prado. En uno
de sus pasajes informa al rey: "...pasamos mucha necesidad de comida e fui con el dicho Nicolás de
Heredia que era capitán de toda la dicha gente a descubrir el Río Salado adonde se halló algún maíz e
mucho pescado con que se remedió el dicho Real que tenía mucha necesidad". (Publicado por Roberto
Levillier: Gobernación del Tucumán. Probanzas de méritos y servicios de los gobernadores. 1881, Tomo
I, página 3.) Por su parte otro contemporáneo, Matheo Rojas de Oquendo, escribía su Famatina o
descripción, Conquista y allanamiento de la provincia de Tucumán, desde la entrada de Diego de Rojas
hasta el gobierno de Juan Rodríguez de Velazco. Hacia mediados del siglo XVII la región Noroeste ya
tenía su Historia, redactada por encargo del Cabildo al doctor Cosme del Campo. (José Andrés Rivas,
Santiago en sus Letras, Universidad Nacional de Santiago del Estero, 1989.) El primer cronista del Río de
La Plata fue Ulrico Schmidl, con su obra Derrotero y viaje a España y a las Indias, una obra muy
discutida por las diferencias entre traducciones. La Universidad de Córdoba, fundada en 1613, se
convirtió rápidamente en un centro de cultura. Luis José de Tejeda y Guzmán (Córdoba Argentina, 25 de
agosto de 1604 - 10 de septiembre de 1680) fue el primer poeta nacido en el actual territorio argentino. La
poesía de Luis de Tejeda se enmarca dentro de la Literatura del Barroco desarrollada en las colonias
hispánicas en América. Su estilo corresponde en gran parte al culteranismo y se percibe la influencia de
los poetas españoles del período, en especial de Luis de Góngora. La obra de Tejeda es redescubierta a
principios del siglo XX por los primeros estudiosos de la literatura colonial en Argentina como Ricardo
Rojas y Pablo Cabrera. Sus composiciones se encontraban contenidas en un códice manuscrito titulado
Libro de varios tratados y noticias y se procede a editar e imprimir sus versos entre los años 1916 y 1917.
A medida que la población criolla crecía y la educación de ésta se fortalecía, surgían los primeros
destellos -aunque en forma embrionaria- de una literatura local en forma de cartas, epístolas y otros tipos
de composiciones. Durante la segunda mitad del siglo XVIII, aunque las autoridades españolas se
empeñaban en restringir las noticias que llegaban de Europa a América, al puerto de Buenos
Aires arribaban, subrepticiamente ocultos en los barcos, todo tipo de libros. La Revolución acabó con las
restricciones, y cuando en 1812 se inauguró la primera biblioteca pública de Buenos Aires, promovida
por Mariano Moreno, en apenas un mes los habitantes de Buenos Aires donaron más de 2000 libros. Las
tensiones con la literatura francesa produjeron los fenómenos del criollismo, o literatura gauchesca y la
reivindicación de la literatura española. Hispanistas y gauchescos no formaron escuelas definidas ni
coincidieron siempre en el tiempo; fueron más bien manifestaciones que tácitamente rechazaban la
influencia francesa. Mientras los primeros apenas dejaron huellas en cuanto a cantidad y calidad de obras,
a los segundos se los considera fundadores de la literatura argentina moderna. Sin embargo, el primer

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relato que merece para muchos críticos el nombre de «fundacional», fue escrito antes de mediados
del siglo XIX por Esteban Echeverría (1805-1851), escritor y político liberal, de
tendencia romántica perteneciente a la denominada Generación del 37. Su cuento El matadero, que
describe una escena brutal de tortura y asesinato en los mataderos de ganado de Buenos Aires, es de un
estilo realista infrecuente en la época. Echeverría escribió también el poema La cautiva, de ambiente
rural, pero de estilo culto y complejas resoluciones metafóricas y sintácticas. La literatura gauchesca
comienza con la obra del oriental Bartolomé Hidalgo. Sus Cielitos, que hablan de la peripecia patriótica,
van deviniendo después en poemas en los cuales se incorporan las primeras denuncias que luego
continuarán la voz de Los Tres Gauchos Orientales y más tarde la voz de Martín Fierro de José
Hernández Posteriormente ocurre la publicación de Fausto, de Estanislao del Campo (1866), sátira en
verso en la que un gaucho relata con su propio lenguaje una representación del Fausto de Charles
Gounoden la ópera de Buenos Aires, el Teatro Colón.

Siglo XIX

Generación del 37

Marcos Sastre un librero de la ciudad de Buenos Aires, ofreció en 1837 un salón de su «Librería
Argentina» para oficiar de salón literario y que se efectuaran allí las reuniones de los grupos de lecturas y
discusión de los intelectuales. La primera sesión inaugural fue en junio de 1837. Los conceptos básicos
que cohesionaron al grupo, sentados en los discursos inaugurales de Juan Bautista Alberdi, Marcos Sastre,
Juan María Gutiérrez fueron:
 Necesidad de reflexionar sobre los acontecimientos políticos del pasado para poder actuar sobre
el presente. Como manifestara Echeverría en un discurso frente al Código: "Señores, si hemos de hacer
algo por nuestra patria, es preciso que nuestras ideas nazcan del conocimiento de la vida anterior y
presente de nuestra sociedad."
 Retorno a los ideales de la Revolución de Mayo, de la que se consideraban hijos y sucesores.
 Creación de una literatura nacional, unida al medio geográfico y social, que atendiera "al fondo
más que a la forma del pensamiento, a la idea más que al estilo, a la belleza útil más que a la belleza en
sí" (Alberdi); que "armonice con la virgen y grandiosa naturaleza americana" (Echeverría). Los modelos
literarios serán los ofrecidos por el romanticismo europeo, pero con una fuerte impronta de carácter
criollista.
 Propuesta de un divorcio con respecto a los modelos literarios españoles y a la tutela académica.
 Defensa de la libertad en el empleo de la lengua, aceptan las variantes regionales del español
americano.

Domingo F. Sarmiento: "Facundo"


En 1845, Domingo Faustino Sarmiento, escritor y político que llegaría a la Presidencia de la Nación,
había publicado Facundo, sobre el caudillo provincial Facundo Quiroga, a quien describe agudamente,
pero a la vez pinta como símbolo y representación de la barbarie, a la que Sarmiento oponía el progreso y
la civilización. Para la crítica del siglo XX, Facundo es también un libro inaugural de la literatura
argentina. En esta obra ensayística de Sarmiento se entrelazan distintas tramas discursivas: descripción,
argumentación, narración, etc.; con el fin de reforzar sus argumentos, a partir de una antítesis
fundamental: civilización o barbarie. La primera representada en el ámbito urbano, en el hombre

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racionalista, positivista, educado; la segunda, encarnada en el gaucho, dueño de sus propias leyes, las de
la naturaleza; habitante de la campaña, vasta e inexplorada; ajeno a la educación, a la formación
académica. A partir de una mirada panorámica, descriptiva del ser gauchesco, el autor va particularizando
los escenarios y los personajes, hasta llegar a la figura de Facundo Quiroga, caudillo riojano, en quien ve
representado los ideales del federalismo y al mismo Rosas; político antagonista a quien pretende
desestimar en sus escritos.

La Literatura Gauchesca
La literatura gauchesca es un subgénero propio de la literatura latinoamericana que intenta recrear el
lenguaje del gaucho y contar su manera de vivir. Se caracteriza principalmente por tener al gaucho como
personaje principal, y transcurrir las acciones en espacios abiertos y no urbanizados (como la pampa
argentina). Es importante destacar que, más allá de que este género tiene como eje principal al gaucho,
generalmente es usado por escritores de alto nivel socioeconómico. Esta literatura presenta descripciones
de la vida campesina y sus costumbres, así como de los personajes sociales de ese
entonces: indios, mestizos, negros y gringos, entre otros. Suele haber una exaltación de lo folclórico y
cultural, y se emplea como protesta y para realizar una crítica social. En la forma y el lenguaje, se
distingue por el empleo abundante de metáforas, neologismos, arcaísmos y términos aborígenes. Suele
haber poco uso de sinónimos, y predomina el monólogo sobre el diálogo.
Martín Fierro es un poema narrativo de José Hernández, obra literaria considerada ejemplar del
género gauchesco en Argentina y Uruguay. Se publicó en 1872 con el título El Gaucho Martín Fierro, y
su continuación, La vuelta de Martín Fierro, apareció en 1879. Narra el carácter independiente, heroico y
sacrificado del gaucho. El poema es, en parte, una protesta en contra de las tendencias europeas y
modernas del presidente argentino Domingo Faustino Sarmiento. Leopoldo Lugones, en su obra
literaria El payador calificó a este poema como "el libro nacional de los argentinos" y reconoció al
gaucho su calidad de genuino representante del país, emblema de la argentinidad. Para Ricardo
Rojas representaba el clásico argentino por antonomasia. El gaucho dejaba de ser un hombre "fuera de la
ley" para convertirse en héroe nacional. Leopoldo Marechal, en un ensayo titulado Simbolismos del
"Martín Fierro" le buscó una clave alegórica. José María Rosa vio en el "Martín Fierro" una
interpretación de la historia argentina. Este libro ha aparecido literalmente en cientos de ediciones y fue
traducido a más de 70 idiomas. La última fue al Quichua, tras nueve años de trabajo, por Don Sixto
Palavecino y Gabriel Conti. La obra narra las desventuras de un gaucho, reclutado a la fuerza para la
guerra contra el indio, quien a su regreso mata a un hombre en duelo, huye y se exilia entre los salvajes.
Vuelto a la civilización, pronuncia una serie de máximas a sus hijos y reflexiones sobre las penurias de
sus paisanos, los gauchos, parias de la pampa.
En cuanto a la producción literaria de mujeres, destacan en el siglo XIX autoras como Juana Manuela
Gorriti, Eduarda Mansilla, Rosa Guerra y Juana Manso, que por un lado también discuten a su manera el
problema nacional, por ejemplo con el motivo de la Cautiva o el tema gauchesco, por otro lado se insertan
en la incipiente discusión feminista de la época, con problemas como la educación de la mujer.

Siglo XX
Normalizada la vida política después de las guerras interiores, y con el gobierno en manos de liberales, el
país entra con gran pujanza en el nuevo siglo y la literatura se hace cosmopolita. El poeta, narrador y

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ensayista Leopoldo Lugones es la figura que representa este puente entre dos épocas. Influido por la
poesía del nicaragüense Rubén Darío, escribió poemarios de elaborada retórica, cuentos y combativos
ensayos. De su anarquismo inicial derivó hacia el nacionalismo autoritario, apoyó el primer golpe de
Estadoen el país (1930) y se suicidó en una posada en el delta del río Paraná.
A la poesía suntuosa de Lugones, sigue la «sencillista», de poetas como Baldomero Fernández
Moreno y Evaristo Carriego. También a principios de este siglo es cuando Gustavo Martínez
Zuviría (Hugo Wast) da comienzo a su gran producción de artículos y novelas varias de las cuales fueron
llevadas al cine. Se destacan entre ellas Flor de Durazno (1911) en la que hace su debut en el cine Carlos
Gardel y Valle Negro(1918) novela elogiada por Miguel de Unamuno. También hay que destacar a
Alfonsina Storni, por sus poesías con toque feminista. Ricardo Güiraldes publica su Don Segundo
Sombra, novela rural que a diferencia de Martín Fierro no reivindica socialmente al gaucho, sino que lo
evoca como personaje legendario, en un tono elegíaco. En la provincia de Entre Ríos, a la orilla del río
Paraná, el poeta Juan L. Ortiz inicia una obra solitaria, de intensa relación con el paisaje fluvial, pero
también con sus humildes habitantes. Al mismo tiempo, en la provincia de Córdoba, Juan Filloy hace otro
tanto, escribiendo una prolífica obra manteniéndose al margen del circuito editorial de Buenos Aires. En
la década del cuarenta aparece una nueva vanguardia de la mano de Juan-Jacobo Bajarlía junto a Gyula
Kosice, Edgar Bayley, Carmelo Arden Quin y Tomás Maldonado entre otros. Al mismo tiempo, se afirma
la figura de Borges, a la vez que es cuestionada por su presunto «cosmopolitismo». Ernesto
Sabato publica su primera novela, El túnel, elogiada y premiada en Europa. Leopoldo Marechal publica
varios libros de poesía y su Adán Buenosayres (1948). Publican poetas como Olga Orozco y Enrique
Molina y la poeta Celia Gourinski, influidos por el surrealismo europeo; Alberto Girri, admirador de la
poesía anglosajona y Edgar Bayley, cofundador del «concretismo», de mayor gravitación en las artes
plásticas que en la literatura. Julio Cortázar edita sus primeros cuentos en los años 1950, el primero de
ellos por gestión de Borges, y se autoexilia en París.

La polémica Florida-Boedo
En los años veinte, surge la polémica Florida-Boedo, entre lo que se conocería como el Grupo
Florida y Grupo Boedo. Ambos grupos aglutinan a la vanguardia. El Grupo Florida tiene entre sus
miembros sobre todo a personajes de la élite económica, mientras que el Grupo Boedo se proclama como
antivanguardista, más ligados a los problemas sociales y económicos de las clases trabajadoras, influidos
por el modelo realista de la literatura rusa, entre los que se destaca Roberto Arlt, aunque nunca se
proclamó como perteneciente al Grupo Boedo. La polémica Florida-Boedo no es solamente de carácter
económico, sino que refleja modos diferentes de concebir la literatura y la escritura; esto incluye las
temáticas tratadas, el lenguaje utilizado, la función social que cada grupo le asigna a la literatura y los
modelos literarios a seguir. La hoja de divulgación del Grupo Florida se llamaría,
significativamente, Martín Fierro, para algunos, un gesto snob, para otros, la expresión del matiz
criollista que quería subrayar el movimiento innovador. En ese periódico escribe Jorge Luis Borges, quien
con el tiempo sería el más conocido fuera de las fronteras del país, y otros poetas clave, como Raúl
González Tuñón y Oliverio Girondo (estos últimos, pertenecientes al Grupo Florida).

El boom latinoamericano (1960-1970)

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El Boom latinoamericano fue un movimiento literario que surgió entre los años 1960 y 1970, cuando el
trabajo de un grupo de novelistas latinoamericanos relativamente joven fue ampliamente distribuido en
todo el mundo, preferencialmente en Europa. El boom está más relacionado con los autores Gabriel
García Márquez de Colombia, Julio Cortázar de Argentina, Carlos Fuentes de México y Mario Vargas
Llosa del Perú. Es un movimiento considerado "de vanguardia" por ser estos escritores quienes desafiaron
las convenciones establecidas de la literatura hispánica. Su trabajo es experimental y, debido al clima
político de Iberoamérica en la década de 1960, también muy política. El crítico Gerald Martin escribe:
"No es una exageración para afirmar que si el continente del Sur fue conocido por dos cosas por encima
de todos los demás en la década de 1960, éstas fueron, en primer lugar, la Revolución Cubana y su
impacto tanto en América Latina y el Tercer Mundo en general, y en segundo lugar, el auge de la
literatura latinoamericana, cuyo ascenso y caída coincidió con el auge y caída de las percepciones
Liberales de Cuba entre 1959 y 1971"

Centro Editor de América Latina (1966)


En la década de 1960 aparecerá el Centro Editor de América Latina. Esta editorial se convertirá en el
centro intelectual de muchos de los principales escritores y críticos literarios de Argentina, abarcando a la
generación de intelectuales provenientes de 1950 hasta 1980. Jaime Rest, Beatriz Sarlo, Nicolás
Rosa, David Viñas, entre muchos otros, desfilarán por el Centro Editorial dirigiendo colecciones o bien
contribuyendo como escritores de fascículos. Esta editorial será clave en la difusión de la literatura
argentina con su colección Capítulo. Historia de la literatura argentina, una edición fascicular semanal
que entregará un fascículo crítico junto con un libro de literatura argentina. De esta forma, los críticos
literarios argentinos más destacados darán sus primeros pasos como prologistas y anotadores de obras
literarias argentinas destacadas. El Centro Editor de América Latina no sólo permitió el desarrollo
intelectual de muchas generaciones jóvenes que se iniciaban en la carrera académica, sino que además fue
clave para difundir la literatura argentina a los lugares más recónditos del país, alternando entre clásicos
como el Martín Fierro de José Hernández y obras un poco menos tradicionales como La musa y el gato
escaldado de Nicolás Olivari. En esa década y la siguiente, la vanguardia poética se reagrupa en la
revista Poesía Buenos Aires, dirigida por Raúl Gustavo Aguirre. El poeta Juan Gelman aparece como la
figura más destacada de una poesía de tono coloquial, políticamente comprometida, que incluye aJuana
Bignozzi y Horacio Salas, mientras Fernando Demaría se destaca por su lirismo íntimamente ligado a la
tierra y al paisaje. Destacan, también, en poesía y narrativa: Rafael Squirru, Manuel Mujica Láinez, Sara
Gallardo, Fernando Guibert, Joaquín Giannuzzi, Leónidas Lamborghini, Emeterio Cerro, Juan-Jacobo
Bajarlía, Alejandra Pizarnik,Abelardo Castillo, Liliana Heker, Vicente Battista, Beatriz Guido, Bernardo
Kordon, Juan José Manauta, Rodolfo Walsh, Adolfo Bioy Casares, de muy distintas ideas estéticas, que
recorren una gama de estilos que va desde lo social hasta lo existencial y lo fantástico. Sobresale en el
interior argentino, Juan Bautista Zalazar, poeta y cuentista nacido en La Rioja y afincado en Catamarca.
Después de la dictadura militar de la historia local (1976-1983), en la narrativa se destacan nombres como
los de Daniel Moyano, Ricardo Piglia, Manuel Puig, Antonio Di Benedetto, Juan Martini, César
Aira, Juan José Saer, Julio Carreras (h), Antonio Dal Masetto, Alan Pauls, Ana María Shua, Rodolfo
Fogwill, Alicia Steimberg, Luisa Valenzuela, Alberto Laiseca, Osvaldo Soriano, Luisa Futoransky, Jorge
Asís, Héctor Tizón,Rodrigo Fresán, Mempo Giardinelli, Alicia Kozameh, Reina Roffé, Cristina
Feijóo, Rodolfo Rabanal, Susana Szwarc, Liliana Heker, Jorge Torres Zavaleta, Juan Carlos
Boveri, Leopoldo Brizuela, Guillermo Martínez y poetas como Celia Gourinski, Arturo Carrera, Néstor
Perlongher, Ricardo Zelarrayán, Susana Thénon, Irene Gruss, Cristina Piña, Diana Bellessi,Jorge

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Aulicino, Ruth Mehl, Fabián Casas, Santiago Sylvester, Horacio Castillo, María del Carmen
Colombo, Rafael Roldán Auzqui. Muchos de estos autores habían comenzado su actividad en los años
anteriores a la dictadura; otros aparecen en los ochenta y noventa para reanudar la discusión literaria. El
tono paródico en algunos de ellos, la ironía, la fantasía, el realismo y la épica, la gravedad o la liviandad,
el minimalismo y la lírica intimista y feminista indican las tendencias y tensiones del momento histórico.

Poesía de los años noventa (1990-2000)


Durante el gobierno de Carlos Saúl Menem (1989-1999), surgen nuevos grupos de autores, alrededor de
núcleos de autogestión. Se organizan lejos del circuito tradicional en galerías, y comienzan el uso de
centros culturales barriales y discotecas (boliches). Publican en editoriales pequeñas
(VOX, Siesta, Ediciones del Diego, Ediciones ByF, Selecciones de Amadeo Mandarino), revistas
independientes (como 18 wyskies) y en la Red. Destacan autores como Juan Desiderio (La
Zanjita), Washington Cucurto (Zelarayan y La máquina de hacer paraguayitos), Daniel Durand (Segovia
y El cielo de Boedo), José Villa, Alejandro Rubio (Música mala), Damián Ríos (La pasión del
novelista y El perro del poema), Martín Gambarotta (Púnctum y Seudo), Sergio Raimondi (Poesía
Civil y Diccionario crítico de la lengua), Fabián Casas (Tuca, El Salmón, Oda, El spleen de Boedo y El
hombre de overall), Martín Prieto, Daniel García Helder (El Guadal),Darío Rojo, Ezequiel
Alemian y Manuel Alemian, Rodolfo Edwards, Martín Rodríguez, Eduardo Ainbinder, Verónica Viola
Fisher, Fernanda Laguna. Después del colapso económico y financiero de 2001 y 2002 se intensifican aún
más esas activades autogestionadas.

Siglo XXI
La literatura Post-crisis (2001- Actualidad)
En la segunda mitad de la década de 2000, comenzó a consolidarse una nueva generación de escritores
(narradores y poetas), al mismo tiempo que surgen nuevas voces con escrituras más breves,
experimentales y publicadas algunas a través de Internet, en coincidencia con la aparición del formato del
blog. A este movimiento se lo denominó Nueva Narrativa Argentina y comienza a tomar notoriedad
pública a partir de 2004, con la publicación de la antología La joven guardia, que significa la primera
publicación para una buena cantidad de nuevos autores y la presentación en sociedad de una generación
caracterizada por la autogestión y la organización de lecturas públicas, reivindicando el rol de la literatura
como un acto colectivo. Tras la crisis de 2001 y la impronta nacionalista y de corte populista de los
gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner, esta nueva generación parece haber
dejado atrás algunas de las temáticas más marcadas de la literatura postdictadura, aunque todavía
mantiene un hilo vincular con la generación de los '90. A 2007 pertenece Teoría del Desamparo, novela
de tinte policial del escritor entrerriano Orlando Van Bredam. En 2008Pola Oloixarac publica Las teorías
salvajes. Hacia 2011, la publicación deLos prisioneros de la torre, ensayo de Elsa Drucaroff sobre la
literatura argentina postdictadura, significa la primera legitimación académica de los narradores de La
joven guardia y del movimiento literario que generó. Al mismo tiempo, parece colocar un primer límite
temporal a dicho movimiento y sienta las bases para el reconocimiento de la existencia de una nueva
generación: la "nueva nueva narrativa". Aún poco visible en un campo literario que recién termina de
descubrir la "nueva generación" anterior, se presenta como un movimiento colectivo y de participación
donde la influencia de la dictadura parece haberse reducido para darle lugar a una literatura con un

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compromiso político renovado, donde también aparecen con fuerza la autobiografía, la influencia de los
medios de comunicación, el uso de drogas, un fuerte vínculo con las redes sociales, la adaptación a las
nuevas tecnologías y una mirada lúdica acerca de la realidad, dentro de un marco crítico pero sin la
desesperanza que teñía el espíritu de las generaciones inmediatamente anteriores.

Literatura no porteña
La literatura de las provincias del interior es tan antigua y prolífica como la literatura de Buenos Aires,
con la diferencia que los escritores provincianos, por su acceso restringido 7 a las grandes editoriales y a
los medios de comunicación masivos, son mucho menos conocidos que los escritores metropolitanos.

Córdoba y región central


La pampeana Olga Orozco llevó a cabo una notable producción literaria que le valió numerosos premios.
Por su parte, el correntino de nacimiento pero rosarino de formación, Velmiro Ayala Gauna escribió
cuentos detectivescos, en tanto que Julia Morilla de Campbell canalizó su producción hacia la literatura
infantil.

Noroeste
Juana Manuela Gorriti (1818-1896), famosa por sus obras en prosa, en especial, por sus cuentos. Juan
Carlos Dávalos y Manuel J. Castilla fueron prolíficos poetas que describieron la Salta de mediados del
siglo XX, aunque Dávalos también se incursionó en la prosa. Otro prosista destacado de esa provincia es
Federico Gauffin, y no se puede hablar de literatura salteña sin nombrar a Juana Manuela Gorriti. Héctor
Tizón, jujeño, describió la cultura indígena de su provincia. El catamarqueño Fray Mamerto Esquiú hizo
aportes desde el periodismo, mientras en épocas posteriores, su coterráneo Luis Franco produjo notables
ensayos. En Tucumán descuellan, entre otros, el cuentista Ramón Alberto Pérez y los periodistas y
escritores Tomás Eloy Martínez y Julio Ardiles Gray.

Cuyo
Mendoza produjo, entre otros notables escritores, a Juan Draghi Lucero,Antonio Di Benedetto, Armando
Tejada Gómez o Abelardo Arias.9 En San Juan, Jorge Leonidas Escudero desarrolló una lírica de matices
regionalistas y universales, además de redactar numerosos artículos periodísticos. En las letras puntanas
sobresale Antonio Esteban Agüero.

Litoral y el Chaco
Entre Ríos cuenta con una larga tradición literaria en todos los géneros, con autores de la talla de Fray
Mocho (1858-1903) , Martiniano Leguizamón (1814-1881), Mariano E. López, Emma
Barrandeguy (1914-2006) , Carlos Mastronardi (1901-1976) y Juan L. Ortiz] (1896'1978). En Corrientes
se destacan Francisco Madariaga, Manuel Florencio Mantilla yGerardo Pisarello. Las letras de la región
chaqueña son bastante más recientes e incipientes, por tratarse de provincias relativamente jóvenes.Juan
Ramón Lestani (1904-1952) se destacó en el ensayo y en los estudios sobre la región, al igual que Guido
Arnoldo Miranda (1912-1994). El poeta entrerriano Alfredo Veiravé (1928-1991) , fue muy aclamado en
el Chaco e incluso tiene un Premio de Poesía con su nombre. Aledo Meloni (n. 1912) , con sus coplas, se
coronó como el mejor poeta Chaqueño (A pesar de haber nacido en Buenos Aires). Hugo Mitoire (n.
1971) es una figura que ha aportado mucho a la literatura infantil de terror. Mempo Giardinelli (n. 1947)
resalta en las letras chaqueñas, al igual que Gustavo Roldán (1935-2012) u Oscar Hermes Villordo (1928-

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1994). Sandro Centurión, de Formosa, ha escrito cuentos de diversa índole, mientras que Mariano Quirós,
de Chaco, ha producido una novela detectivesca.

La literatura gauchesca es un subgénero propio de la literatura latinoamericana que intenta recrear el


lenguaje del gaucho y contar su manera de vivir. Se caracteriza principalmente por tener al gaucho como
personaje principal, y transcurrir las acciones en espacios abiertos y no urbanizados (como la Pampa
argentina). Es importante destacar que, más allá de que este género tiene como eje principal al gaucho,
generalmente es usado por escritores de alto nivel socioeconómico. Esta literatura presenta descripciones
de la vida campesina y sus costumbres, así como de los personajes sociales de ese
entonces: criollos, indios, mestizos, negros y gringos, entre otros. Suele haber una exaltación de
lo folclórico y cultural, y se emplea como protesta y para realizar una crítica social. En la forma y el
lenguaje, se distingue por el empleo abundante de metáforas, neologismos, arcaísmos y
términos aborígenes. Suele haber poco uso de sinónimos, y predomina el monólogo sobre el diálogo.
Aunque hay casos aislados de literatura gauchesca desde el siglo XVIII, es en el siglo XIX cuando se
establece firmemente como un género. Los ejemplos del siglo XIX son fundamentalmente poéticos:
los versos políticos de Bartolomé Hidalgo, la poesía en el exilio de Hilario Ascasubi, el Santos
Vega de Rafael Obligado, y la obra de Estanislao del Campo y Antonio Lussich. La poesía gauchesca más
famosa es Martín Fierro de José Hernández. La primera parte del poema apareció en 1872 y la
segunda, La vuelta de Martín Fierro en 1879. En el personaje de Martín Fierro, Hernández presentó
un gaucho que representaba a todos los gauchos, describiendo su forma de vida, su manera de expresarse
y su forma de pensar y actuar según las circunstancias.

Historia
Bartolomé Hidalgo es considerado el "primer poeta gaucho", sus Diálogos patrióticos (1822) inician la
literatura gauchesca; Estanislao del Campo, en El Fausto Criollo (1866), Hilario Ascasubi, en su obra
referida a Santos Vega (1870). Antonio Lussich, considerado por Jorge Luis Borges un antecesor del
"Martín Fierro", y su coetáneo y conocido José Hernández, uno en Los tres gauchos orientales, el otro en
el Martín Fierro (editados ambos en 1872), presentan un gaucho idealizado, de espíritu noble, respetado
por los campesinos por su fuerza física y moral. Asimismo desde los 1830 se destacan las obras de Juan
Baltazar Maciel; mientras que en una especie de limbo literario en cuanto a los gauchos se encuentra la
principal obra del sanjuanino Sarmiento; prácticamente el hijo de un gaucho, en su Facundo (1845), tiene
una relación de amor y odio hacia lo gaucho: caracteriza al gaucho en bueno: rastreador y baqueano, que
vive en un estado de armonía con la naturaleza; y malo: «...hombre divorciado con la sociedad, proscrito
por las leyes;... salvaje de color blanco» que incluye al cantor, que anda «de tapera en galpón» cantando
hazañas propias y ajenas. En 1857 obtuvo cierta fama Santiago Ramos con su obra “El gaucho de Buenos
Aires”. Eduardo Gutiérrez alcanzó especial popularidad con casi una docena de novelas sobre el gaucho,
frecuentemente centradas en el gaucho malo, y por lo tanto sus novelas están llenas de peleas sangrientas,
violaciones y otros episodios dramáticos. Su novela más famosa es Juan Moreira (1879), basada en la
historia de un gaucho que osciló entre la vida delictiva y la violencia política. Otro gran autor gauchesco
es el oriental Elías Regules quien fuera muy leído entre los paisanos de las dos orillas a fines del s. XIX
tal cual lo señala Jorge Luis Borges en su cuento «Historia de un niño que vio un duelo». Otro de los más
destacados autores literarios que llega a tomar temáticas gauchas es el entrerriano Martiniano
Leguizamón. En 1895 los autores gauchescos rioplatenses fundaron la publicación El Fogón dedicada a la
literatura gauchesca. La popularidad de los cuentos y novelas gauchescas a principios del siglo XX creció
de forma considerable al crearse numerosas sociedades cerca de Buenos Aires (y también en Uruguay)
cuyos socios eran sobre todo emigrantes que se vestían como gauchos, e imitaban sus costumbres. Al
tiempo, se fundaron periódicos que trataban temas gauchos. A algunos les pareciera que aquella distinción
entre el gaucho «bueno» y el «malo», dentro del mito asimismo es muy relevante porque permite entender
lo paradójico de este mito. Sarmiento hace hincapié en la existencia nómada del gaucho, en su
comportamiento rústico, en su capacidad de sobrevivir en la Pampa, cuya misteriosa belleza y peligro
oculto le fascinan, pero sobre todo identifica al habitante de la Pampa como un ser incivilizado, opuesto al
avance del progreso en comparación con los refinados ciudadanos «que visten traje europeo, viven de la
vida civilizada... [donde] están las leyes, las ideas de progreso, los medios de instrucción... etc». La
imagen del «gaucho malo» se encuentra también en el Juan Moreira (1880), la novela de Eduardo
Gutiérrez. Este texto relata la vida de un personaje existente y típico del paisaje tradicional pampeano:
Juan Moreira. Nos cuenta los juegos valientes de este «Robin Hood» argentino, cuya nobleza contrasta
con un rastro de crímenes horrendos y muertes insidiosas. Sin embargo, aquella violencia tiene una razón
que le disculpa al gaucho. En la obra de Gutiérrez, el gaucho, víctima de la sociedad, vuelto malo por la
injusticia a la cual se ve sometido, se rebela contra la ley. Su astucia y su temeridad son la base del mito

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criollo (iniciado por el Martín Fierro). Su inferioridad social, y su mala reputación le obligan al gaucho a
aislarse, volviéndose un ser violento y antisocial. Este gaucho lo llamaremos según la expresión popular
«gaucho matrero».
A fines de siglo XIX el francés Gaston Maspero publicó su estudio llamado (“Sur quelques singularités
phonétiques de l’espagnol parlé dans la campagne de Buenos-Ayres et de Montevideo” («Sobre algunas
singularidades del español hablado en la campaña de Buenos Aires y Montevideo») tal ensayo merece una
mención especial al referirse a las características fonológicas del habla de los habitantes de la campaña en
los transpaíses de los puertos de Buenos Aires y Montevideo. También en esa época y hasta la primera
mitad del siglo XX son recordables las obras del entrerriano Eleuterio F. Tiscornia.
Ricardo Güiraldes, en Don Segundo Sombra (1926), vuelve a transformar el campo en poesía. En
palabras de Lugones: «Paisaje y hombre ilumínanse en él a grandes pinceladas de esperanza y fuerza. Qué
generosidad de tierra la que engendra esa vida, qué seguridad de triunfo en la gran marcha hacia la
felicidad y a belleza». Al idealizar al gaucho con líricos toques de virtud y heroísmo en una relación de
completa armonía con la naturaleza, nutre el concepto que ha creado el estereotipo del gaucho tan
evocado en el folclore argentino. Si quisiéramos contar la historia del gaucho malo, habría que comenzar
con el Santos Vega donde el gaucho es malvado y culpable, y continuar en el Martín Fierro donde es
forzado por la autoridad injusta a matar y pelear a ”la partida”, pero se incorpora finalmente al Sistema.
En cambio en Moreira, el gaucho matrero se convierte en un superhéroe peleador quién, herido
mortalmente por la policía, se muere finalmente en su ley. Todavía ahí no termina la línea del mito del
héroe rebelde: encontramos, casi en la actualidad, al bandido-héroe Mate Cosido que, perseguido en el
Chaco por la policía, es querido y protegido por los pobladores porque no roba a los pobres sino a las
grandes empresas explotadoras y se convierte, así, en una forma de vengador del oprimido. Hay que
considerar, sin embargo, que tanto Juan Moreira como Mate Cosido fueron personas reales y no meros
personajes literarios, como sí es el caso de Martín Fierro. En cuanto a Santos Vega, el personaje literario
parece estar basado en alguien que realmente existió pero de quien prácticamente nada se sabe.
A lo largo del siglo XX declina la literatura gauchesca (si bien pervive, sobre todo en las payadas y en las
letras de las canciones folclóricas), aunque se produce un curioso fenómeno: la aparición del gaucho en
la historieta (son los casos de Lindor Covas -de Walter Ciocca-, Santos Leiva -de Ricardo
Villagrán y Raúl Roux-, El Huinca, Fabián Leyes -obras de Enrique José Rapela-, las obras de Carlos
"Chingolo" Casalla como "El cabo Savino" con guiones del propio dibujante y de Julio Álvarez
Cao, Chacho Varela y Jorge Morhain etc. que presentan al gaucho decimonónico en sus aspectos más
virtuosos), estos gauchos de historieta idealizados en exceso ya tenían su contrapartida en la narrativa
visual de las viñetas realizadas a fines de siglo XIX e inicios del siglo XX por Cao (padre) y las pinturas
hechas por Florencio Molina Campos en donde con gracia es presentado un gauchaje más humano, en
los 1970s la tradición visual que representa graciosamente si bien con respeto al gauchaje es proseguida
por otros gauchos de historieta: El gaucho Carayá y, especialmente, Inodoro Pereyra (El Renegau), un
excelente homenaje en clave humorística realizado por Roberto Fontanarrosa. En marzo del año 2000 se
editó el Martín Fierro con ilustraciones del ya citado Carlos "Chingolo" Casalla. En el 2014 aparece una
edición del Martín Fierro ilustrada por Carlos Montefusco. Narradores gauchescos importantes han
sido Benito Lynch (realista), autor de El inglés de los güesos (1924) y de El romance de un
gaucho (1936); Leopoldo Lugones, que publicó su obra La guerra gaucha en 1905; y, sobre todo, Ricardo
Güiraldes, autor de Don Segundo Sombra (1926), la considerada obra maestra de la literatura gauchesca,
cuyo interés por el gaucho está patente desde sus primeros trabajos literarios. En Don Segundo Sombra,
Güiraldes presenta un personaje literario que es el retrato ideal y casi mítico del gaucho, con su concepto
plenamente asentado de la libertad y del individualismo absoluto.
En cuanto al teatro gauchesco, por lo general aprovechaba de los elementos sensacionalistas de la vida
gaucha y el elemento folclórico y no era una verdadera representación de su vida y sus
problemas. Florencio Sánchez es uno de sus representantes más calificados. En uno de sus dramas, M'hijo
el dotor (1903), hay una confrontación entre padre e hijo, con la particularidad de que el padre es un viejo
gaucho y el hijo ha sido educado en la ciudad. Es una representación de la lucha entre la época antigua y
la moderna, M'ijo el dotor aunque es una obra influida por la literatura gauchesca está fuera del ámbito
propiamente gauchesco ya que narra la tragedia de un pobre inmigrante italiano que ha enviado a su hijo
primogénito a estudiar en la universidad y el hijo tras tratar con los "niños bien" o "paquetes"
("patriciado" acaudalado) se avergüenza de su humilde familia de origen. La literatura gauchesca como
tal se inicia definidamente en el siglo XIX con autores como Hilario Ascasubi, Bartolomé
Hidalgo, Estanislao del Campo y el descollante José Hernández. Estos autores para escribir sus obras
literarias frecuentemente recurrieron (tal cual lo ha hecho notar el docto tucumano Ricardo Rojas) a una
métrica típicamente gaucha; la de los versos en octosílabos. Esa es la métrica del payador que resulta
perfecta para transmitir las más profundas emociones improvisando, esa es entonces la métrica de
el Martín Fierrocalificado como «La Biblia Gaucha» por el cordobés Leopoldo Lugones mientras que

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el porteño con madre orientala Jorge Luis Borges ha considerado que el Martín Fierro es el libro más
perdurable de los argentinos. Por su parte el filósofo y antropólogo Rodolfo Kusch analiza a la típica obra
literaria gauchesca como es el caso del Martín Fierro y nota que es una apelación numénica a la
naturaleza y a la memoria para persistir dignamente en el tiempo, en la historia. En cuanto al porteño
citadino de la segunda mitad del s. XIX Estanislao del Campo quien haciéndose el "gauchesco" llegó a
usar como seudónimo el de "Anastasio el Pollo", su obra más importante, aunque no carece de méritos, es
una vista porteña burguesa con pretensiones de "sátira" en la que se intenta ridiculizar a los gauchos; tal
obra se titula Fausto, Impresiones del gaucho Anastasio el Pollo en la representación de la Ópera (más
comúnmente se la conoce como "El Fausto de Estanislao del Campo").

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