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Por: Ana Patricia Donaciano Crisóstomo

Había una vez en una tierra mágica


llena de bosques encantados y
criaturas misteriosas, una hermosa
ciudad hecha de marfil y porcelana
con enormes torres, jardines de
flores silvestres y fuetes con piedras
de colores

Pero lo más hermoso de la ciudad


era la torre de oro que se alzaba
imponente en el centro de la villa.
En ella vivía un rey, una reina y
sus dos preciosas hijas.

Ellos eran muy felices, tanto que


incluso las personas del pueblo los
envidiaban.
El rey era un hombre alto y guapo, joven
y sabio y, además, una de las personas
más sencillas y humildes. Nunca traía
caros trajes, ni capas despampanante y en
absoluto portaba joyas o su corona en su
lugar traía pantalones de mantas y
sencillas capas viejas y desgastadas; por
esa razón la gente lo quería mucho más.

Cierto día, en el equinoccio de primavera,


el rey recibió una hermosa piedra de
regalo de cumpleaños, tan hermosa que
dejo sorprendido a todo el mundo. Cuando
el rey vio la piedra pensó que era incluso
más hermosa que su ciudad.
El rey, por miedo a que alguien más las
viera, se encerró en su castillo.
Busco por mucho tiempo un lugar para
ponerla a salvo de las miradas ajenas
hasta que por fin decidió dejarla en el
cuarto de los tesoros decidido a que nadie
más que él podría entrar ahí

Cuando el rey vio todo el oro que había


en el castillo se emocionó tanto que se
puso a da saltos de felicidad. Era una
cantidad inmensa de oro y joyas. Estaba
tan alegre con su oro que ese día no
salió del cuarto
Ese día se la paso contando todo su oro y
probándose todas las joyas. Así paso un
día y después una semana hasta que las
semanas se convirtieron en meses.
Entonces la gente se comenzó a preocupar
por su rey.

Después de dos meses el rey se empezó a aburrir


de llegar siempre a la misma cantidad cuando
terminaba de contar. Así que, decidido, salió del
cuarto de los tesoros con la más bella corona y las
más ostentosas joyas, mando hacer trajes tejidos
con hilo de oro y capas de seda y decreto que
diario los ciudadanos le tenían que dar una
moneda.
La demanda era bastante y pronto la
gente se quedó sin dinero. Ya nadie
tenía para comer ni comprar, las
mujeres se desmayaban y los niños se
desnutrían.

Las personas muy enojadas con el rey


elaboraron un plan para despojarlo de
sus riquezas y repartirlas entre todas
las personas
Esa noche el rey se enteró del plan de los
ciudadanos y el miedo lo invadió al
imaginarse siendo separado de sus riquezas.
Así que esa noche cargo a 10 caballos con el
oro y él se colocó la más fina de sus capas y
el más caro de sus trajes.

Y se fue…

Cabalgo por dos días y dos noches buscando


un lugar para esconderse hasta que encontró
en el fondo de uno de los tantos bosques
encantados un viejo molino donde decidió
instalarse. No conforme con esto pensó en
buscar a alguien que cuidara su dinero.
El rey recordó que había un dragón que podría
cuidar de sus riquezas mientras él buscaba un
castillo para vivir, así que decidió buscarlo.
Cuando lo encontró le propuso que si el
cuidaba de su oro le daría la mitad. El dragón
al ser muy codicioso acepto sin rechistar.

Pero el rey tenía planeado matar al dragón


cuando su búsqueda terminara, sin embargo,
nunca pensó que el dragón también tenía
otros planes. Cuando el rey se fue el dragón
se llevó todo su oro y lo escondió en su
madriguera y dejo únicamente una solitaria
moneda de oro.

Cuando el rey regreso se enfureció tanto de


solo encontrar una moneda de oro que grito
tan fuerte y enojado que hasta los caballos
se espantaron. Busco por mucho tiempo al
dragón sin tener suerte y cuando por fin se
rindió regreso al viejo molino
El rey, en su desgracia, saco la única moneda
de oro que le quedaba y lloro…lloro por su
familia, por su ciudad, por su gente y lloro
por su sosería.
Lloro por días enteros hasta que de sus ojos
no salieron más lagrimas

Años más tarde, cuando el dragón regreso al


molino, vio a un corroído y rancio esqueleto
sosteniendo una única moneda de oro. El
dragón soltó una carcajada, se rio tan fuerte
y alto que resonó en todo el bosque. Le quito
al esqueleto su moneda de oro y batió las
alas listo para marcharse.

Antes de irse miro por última vez al rey y


dijo con una sonrisa:
-EL PEZ POR SU PROPIA BOCA MUERE Y
EL HOMBRE POR SU PROPIA CODICIA
CAE-
Fin

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