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Conocí a Suzanne Perrottet en Zurich hace algún tiempo. En septiembre pasado la ciudad y sus amigos celebraron su cumpleaños noventavo.

Ella es una de esas grande s


ancianas, una prueba viviente del hecho de que la edad es puramente ficticia y cualquier relación entre la persona y sus años reales de vida es simplemente una coincidencia.
Cuando esperaba la visita de Karl Lorenz, un profesor alemán muy interesado en Emile Jaques-Dalcroze - de hecho, sueña con reconstruir una versión moderna de Hellerau - pedí
a Suzanne Perrottet que se nos uniera. Ella era la sal de la fiesta, nos contaba aquellos días de fin de siglo cuando se hizo estudiante de Dalcroze cuyo método de experimentar la
música mediante la expresión rítmica del cuerpo y, al mismo tiempo, soltar y enaltecer todas las fuerzas mentales y creativas del hombre, era nuevo entonces.

"Era nuevo y revolucionario," dijo Suzanne. "A Dalcroze le gustaba la forma en que me movía, y avanzaba a la posición de ser su ayudante. Empecé a enseñar a mis compañeros
estudiantes."
Muy pronto perfeccionó la jerga Dalcroze rítmica. La pedagoga que había en ella podía seguir fácilmente sus intenciones, pero la bailarina que había en ella trataba de ir más allá de
su sistema y explorar el movimiento rítmico como medio de expresión del estimulo emocional. En 1905, Dalcroze viajó por Europa con sus estudiantes, dando exhibiciones en
muchas ciudades. En París, Suzanne recordó, "cuando bailamos para Auguste Rodin, su entusiasmo le llevó lágrimas los ojos" (Me permito haber un paréntesis en este punto de su
historia. Rodin se enamoró primero de Loie Fuller a principios de 1890 y después, unos años más tarde, idolatraba a Isadora. Cuando leí los informes de que los hombres lloraron
en sus barbas viendo bailar a Isadora, la barba de Rodin debe haber estado entre ellas. Siempre he preferido tomar esta imagen como una similitud más que como un hecho. Pero
allí estaba Suzanne Perrottet, un testigo viviente de esas lágrimas.)
Después Dalcroze y sus alumnos viajaron a Polonia y Rusia lo que se observa porque una muchacha polaca llamada Miriam Rambach, más tarde Marie Rambert, después Dame
Marie, muy pronto se iba a unir al grupo Dalcroze. "Cuando nos establecimos en el instituto que fue construido para nosotros en Dresden-Hellerau," Suzanne dijo "Mary Wigman y
Marie Rambach estaban entre los estudiantes con los que trabajé."
Cuando en 1913 tuvo lugar la famosa reunión entre Nijinsky y Rambach - fue el momento histórico en que Diaghilev llevó su compañia a Dalcroze para mejorar sus sensibilidades
rítmicas - Suzanne Perrottet ya no estaba allí, Marie Rambach había tomado su lugar como ayudante de Dalcroze y siendo polaca como Nijinsky, ambos hablaban el mismo idioma,
linguística y mentalmente.
Suzanne, habiendo oído hablar de aquel mago de los "movimientos rítmicos" llamado Rudolf von Laban, se le unió en Ascona, Suiza y a su taller en Monte Verita, la montaña de la
verdad. Fue durante el verano cuando Mary Wigman estuvo allí también. Al final del curso de verano, Wigman había mostrado a Laban su contrato como maestra en la Escuela
Dalcroze de Berlín. Las palabras históricas de Laban son: "Felicidades. Ahora tiene usted un empleo para toda la vida. Pero usted es una artista y pertenece al escenario," hizo que
Wigman rompiera el contrato, y se convirtió en la artista que fue.
"Muy pronto nos dejó," continuó Suzanne, "y trato de encontrar su propio camino. Yo me fui por el otro lado. Me quedé con Laban por muchos, muchos años. Estuve con él en
Zurich cuando nació Dada. Estuve muy cerca de él todo el tiempo y le di un hijo. André Perrottet- von Laban se había hecho de un nombre como diseñador de escena. Este don lo
heredó de su padre. André se hizo conocido por su proyecto de un teatro redondo en el que el auditorio se podía mover y regresar al escenario."
"Volviendo a esos primeros años con Laban," dijo Suzanne,"fue un tiempo emocionante. Teníamos una escuela Laban en un pequeño lugar cerca de Zurich, en donde la gente
joven se instruía en la música, el movimiento y la danza expresionista. Experimentábamos todo el tiempo. Durante ciertos meses, Wigman estuvo con nosotros. No hubo un día en
el que Laban no trabajara en sus partituras. Pero entonces con la primera gran Guerra Mundial que continuaba al pasar los años, repentinamente nos encontramos sin estudiantes.
Hicimos una vida pobre. En Zurich, Laban se ocupaba de dar conferencias con buena asistencia y yo tocaba el piano. A menudo no teníamos suficiente dinero para una comida
decente. El Yoghurt nos ayudaba a mantenernos en pie"
En los años veintes, Laban salió de Suiza y fundó en Hamburgo su Teatro Kammertanz y además las Escuelas Laban para maestros y bailarines en varias ciudades alemanas. En
1938 emigró a Inglaterra. Suzanne se quedó en Suiza y estableció su propia escuela en el Seegartenstrasse, en donde previamente había trabajado con Laban. El camino que tenía
que tomar por sí misma no siempre fue fácil. "Tuve días difíciles, pero también otros maravillosos," comentó. "Ensené siempre que pude, hasta en las playas del Lago Zurich. Pero
con los años mi escuela creció, y todavía doy clases. algunas veces más de treinta horas a la semana."
Este es un logro bastante bueno para una nonagenaria. En el curso de nuestra conversación a menudo demostraba lo que hizo por Dalcroze y cuáles fueron sus experiencias con
Laban. Si hubiera habido un piano en el departamento, habría tocado algo para nosotros, estoy seguro, quizá Schönberg, a quien interpretó durante la Primera Guerra Mundial en
Zurich, en el tiempo que sus composiciones todavía eran un anatema para los oídos burgueses. Hasta hoy se siente curiosidad de lo que la nueva generación tiene que ofrecer.
“Estar vivo significa empezar cada día con una gran expectativa." Y Suzanne Perrottet estaba muy llena de vida a la edad de noventa años.
1980
Walter Sorell
REFLEXIONES SOBRE UNA MARAVILLA
Diario de un crítico de danza