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IDEAS FUNDACIONALES DE UNA

INTERACCIÓN DE COACHING Y
FACILITACIÓN

El material que se transcribe a continuación es una entrega, que hacemos a


los participantes del Diplomado de Facilitador Coaching, con fines
exclusivamente didácticos.

Titulo: Ideas Funcionales de una interacción de Coaching y Facilitación.


Autor: Miriam Heller / Marzo 2010

IDEAS FUNDACIONALES DE UNA INTERACCIÓN DE


COACHING Y FACILITACIÓN

OBSERVACIÓN RESPONSABLE

La conversación de coaching implica un elevado nivel de RESPONSABILIDAD. Desde


un mirar reflexivo acerca de nuestros pensamientos, nuestra emocionalidad, nuestro
lenguaje y nuestro accionar, podemos hacernos cargo de los procesos que generan los
resultados que estamos teniendo en una conversación de coaching y poder así
intervenir con mayores posibilidades de resultados satisfactorios para nuestros
asistidos.
Es por ello, que estar atentos a observar el cómo observamos y el cómo nos
observamos es un paso importante para generar una actitud responsable.
Cuando nos observamos nuestro cerebro despliega su potencial y activa las
capacidades más recónditas que caracterizan a los seres humanos: la reflexión, la
emoción, la intuición, el discernimiento, la decisión, el coraje…
Recordemos que cuando la avalancha de preguntas, de intervenciones, de
interpretaciones se precipitan arremolinadamente no propician reflexión sino confusión,
cansancio y, muchas veces, resistencia.
En consecuencia, observar al observador que estoy siendo implica un nivel más
profundo de observación. Implica reconocer que podemos entrar en un estado de
conciencia desde el cual podemos ser observadores de nuestros juicios e
interpretaciones que, a veces, nos parecen naturales y aceptables. Se trata de poder
intervenir nuestra manera de observar y de observarnos y asumir con responsabilidad
los resultados de nuestras acciones.

EMOCIONALIDAD:
Conocemos la estrecha relación que guardan nuestras emociones con los juicios; se
alimentan recíprocamente y se hacen visibles a través de nuestro cuerpo. Una manera
de estar en paz durante el proceso de facilitación y coaching es permanecer en el
momento presente y soltar aquellas fluctuaciones de la mente hacia el pasado o el
futuro.
Es importante parar esas historias y explicaciones que no son otra cosa que las
interpretaciones y el sentido que otorgamos a los eventos que nos pasan. El miedo, la
desconfianza, el hacer nuestro el quiebre y la emoción del otro puede generar la
pérdida de nuestro centro y nuestra estabilidad.
Podemos acompasar al asistido, sintonizarnos con su emoción, escuchar su mundo
interior, sus inquietudes pero “sin engancharnos” con la emoción que lo desgasta
porque los coaches confiamos en que él tiene la posibilidad de salir de allí y para ello
cuenta con nuestro apoyo, con nuestras distinciones y nuestra comunicación empática.
Puede suceder que la emoción, lejos de ser desgastante, es de alegría, de entusiasmo
ante una situación que le causa un quiebre enjuiciado por el asistido como positivo, por
ejemplo una reunión de trabajo que consideraba sería muy conflictiva resultó exitosa y
productiva. Pareciera, entonces, que no hay quiebre y por supuesto no habría
necesidad de una conversación de coaching, pero no es así porque siempre podemos
propiciar en el otro la reflexión acerca de las acciones realizadas para generar los
resultados obtenidos, ya sean juzgados satisfactorios o no.
Recordemos el modelo: OBSERVADOR-ACCIÓN-RESULTADOS. Imaginemos que,
además, el asistido atribuye su éxito a la suerte y nosotros propiciamos el “darse
cuenta” de las competencias que puso en práctica para el logro del resultado obtenido
¿estaremos haciendo coaching? Por supuesto que sí y, por otra parte, estaremos
facilitando el proceso de transferencia de esas competencias a situaciones similares. Si
el asistido no las hace conscientes, ese proceso de transferencia tendrá poca
posibilidad de ocurrencia.
En un intento de síntesis pudiéramos decir que durante la conversación de coaching es
importante encontrar un espacio de quietud interior desde el cual sea posible contactar
con nuestra intuición, con nuestra paz interna y soltar la necesidad de control, la
búsqueda de certeza y la preocupación excesiva por las normas y los resultados.

CORPORALIDAD:
Ser observadores de nuestra corporalidad y de la corporalidad de nuestro asistido es
un primer esfuerzo requerido para el logro de los objetivos deseados en nuestro
interactuar como facilitador coach, Nuestro cuerpo es como una tarjeta de presentación
personal la cual nos crea identidad pública. Expresiones tales como “…lo sé por el
modo en que camina” nos demuestra hasta qué punto estamos dando y recibiendo
información a través de nuestro cuerpo. Resulta pertinente tener la frescura para
cambiar patrones corporales porque ello nos ayuda a evitar perturbaciones físicas y
emocionales causadas por la rigidez y la inflexibilidad. Se trata de mantener la
versatilidad de la plastilina para poder movernos, adaptarnos y danzar con los cambios
que se suceden momento a momento pero, también, saber regresar a nuestro centro
sin perder el foco de lo que estamos haciendo y sin engancharnos con el quiebre del
asistido.
El saber estar en presencia centrada nos permite priorizar, interpretar, legitimar,
intervenir, respirar, cerrar compromisos…siempre conectados con la serenidad y la
estabilidad.
Por otra parte, recordemos la importancia de la analogía de los diferentes elementos:
tierra, agua, aire y fuego con nuestro actuar y movernos en el mundo. Desde la
corporalidad podemos mostrar al asistido su fortaleza y su área de mejora en
cualquiera de los elementos.
Recordemos que el espejo de las emociones es el cuerpo por ello, propiciar el
desplazamiento

MARCO ETICO:
Cuando hablamos de marco ético en la conversación de coaching aludimos a la
entrega de nuestro amor y nuestro deseo de servir en acciones de valoración, de
respeto y de legitimación del otro. Se trata de ofrecer un modelo de acción congruente
con nuestros pensamientos y sentimientos porque es ello lo que nos hace íntegros y
confiables.
Recordemos siempre que la relación del facilitador-coach con el asistido o con su
audiencia es una relación horizontal, no vertical. El facilitador-coach posee ciertas
distinciones cognitivas, emocionales y corporales desde las cuales puede brindar
apoyo al asistido o a la audiencia para que observe nuevas posibilidades de acción y
pueda así superar los quiebres que le impiden avanzar hacia donde desea. Ofrecemos
una mirada diferente pero no, por ello, somos seres superiores. También un coach, en
muchas circunstancias de su vida, necesita la mirada de otro coach para superar sus
quiebres.
El asumir que, como seres humanos, somos parte de un sistema armonioso de
relaciones, nos hace respetar y disfrutar la diversidad. Aceptar y comprender que cada
uno tiene una misión, un potencial único y precioso que compartir con todos, nos ayuda
a buscar la excelencia y el equilibrio en la diversidad de lo complejo. No necesitamos
transformar a nadie porque cada quien posee el potencial para transformarse.
En definitiva, pudiéramos decir que, en las conversaciones de coaching, lo ético es algo
para ser vivenciado y sentido, no teorizado.

HERRAMIENTAS CONVERSACIONALES:
Las herramientas conversacionales son distinciones lingüísticas que están ubicadas,
esencialmente, en el espacio conversacional. Son herramientas que nos permiten
apoyar al asistido para que se produzca el “darse cuenta” de diferencias fundamentales
como las existentes entre fenómeno y explicación, entre afirmación y juicio, entre un
juicio fundado y uno infundado, entre una petición que no ha sido aceptada y una
promesa, entre oír y escuchar…
La interacción de coaching es un tipo de conversación que requiere la utilización de
distinciones que se dan en el dominio de lenguaje y que apoyan al asistido en la
utilización de las mismas en su vida personal y laboral. De hecho un quiebre puede
disolverse con la formulación de una petición adecuada, con una declaración
pronunciada en el momento preciso, con el análisis de consecuencias y evidencias, con
la clarificación de metas y el diseño de acciones para llegar a ellas.
Otra herramienta lingüística muy valiosa es la pregunta. Hacer preguntas poderosas
mueve la reflexión del asistido y en consecuencia genera el “darse cuenta”. Cuando el
asistido expresa ¡AHHH! se está dando cuenta de algo que antes no veía. Está
ampliando su marco perceptual y desde esa nueva mirada aparecen cursos de acción
distintos a los que tenía antes de la interacción de coaching.
Son muchas las distinciones que aprendemos en la teoría del coaching pero de nada
sirven si no las aplicamos y observamos sus resultados. La invitación es a
interiorizarlas, a utilizarlas y a recrearlas.

APRENDIZAJE:
Desarrollar la competencia de aprender, desaprender y volver a aprender es, para los
que estamos abocados a la tarea del coaching , un paso importante para generar, en
nuestros asistidos, los aprendizajes que posibiliten la expansión de su capacidad de
acción y de compromiso con ellos mismos y con su entorno. A través del “darse cuenta”
el asistido es capaz de diseñar conversaciones, y coordinar acciones que, antes de la
conversación de coaching , le era imposible imaginar. Es por ello imposible separar
nuestra función como coach, de aquella que desempeñamos como facilitador del
aprendizaje transformacional.
Sucede que en ocasiones puede resultar difícil aceptar el “no saber” y relacionarnos
con lo nuevo desde el umbral del asombro. En la interacción de coaching el asistido
tiene la posibilidad de observar aquellas creencias y limitaciones que sabotean su
aprendizaje: juicios, temor a exponerse a lo nuevo, miedo a sentirse obsoleto o
vulnerable. El coach propicia una mirada nueva, un nivel de reflexión que le permite
abrirse a nuevas posibilidades de acción.
Para la generación de aprendizajes, los coaches contamos con una herramienta de
apoyo de especial importancia: el modelo “ OBSERVADOR-ACCIÓNRESULTADOS”
en ambos sentidos, tanto para diseñar las acciones a realizar dirigidas a obtener
resultados diferentes, como para reflexionar sobre la relación entre los resultados y
aquellas acciones que nos condujeron a esos resultados.
Quizás no sea suficiente el rediseño de acciones y tengamos que acudir a un nivel
reflexivo más elevado que generaría cambios en el observador; estaríamos hablando,
entonces, de aprendizajes que transforman el SER y no sólo el HACER.
Humberto Maturana sostiene que “educación es transformación en la convivencia”.
Ya Vygotzky y posteriormente los estudios constructivistas se refieren al facilitador y
educador con el nombre de “mediador de experiencias de aprendizaje” cuya tarea
esencial es crear, a través de la conversación, el contexto emocional para la reflexión y
la elevación de la auto-confianza necesaria para el desarrollo de las potencialidades del
ser humano.
Invitación a reflexionar:
Dibuja una estrella de seis puntas y elige el tamaño de cada punta de acuerdo a tus
fortalezas o áreas de mejora en cada una de las ideas fundacionales.