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El turismo místico es una forma de peregrinación moderna, a lugares sagrados de

concentración de energía y otros futuros destinos Mágico Religiosos, que reúnen toda una

gama de posibilidades que pueden ser “canalizadas” en la presente década, por lo que los

practicantes de este tipo de turismo se denominan peregrinos. (Begazo, 2000, pág. 47)

El turismo místico consiste básicamente en el turismo orientado a la visita de lugares con

ciertas “propiedades energéticas” (Cohen, 1992; Campodónico & Fabreau, 2011;

Gamboa, 2016b). Este tipo de turismo tiene como principal motivación la visita a zonas

consideradas “energéticas”, es decir, que poseen una energía inmanente en el territorio,

también existen personajes principales que participan en los diferentes ceremonias entre

ellos tenemos al chaman:

“ Al chamán se le considera tal porque es capaz de desarrollar y de usar una conciencia

independiente de los sentidos físicos, identificada con su ‘sombra’, que él intencionalmente

‘extrae’ de su cuerpo para efectuar el ‘viaje’ en el espacio y en el tiempo con fines

divinatorios y terapéuticos” (Polia 1994 B, 109)

“Curanderismo es la práctica relacionada con la salud, ejercida por personas especialista de

sectores populares tanto rurales como urbanos. La carga semántica de esta expresión ha

transitado por varios cambios; sin embargo, podríamos decir que aún mantiene su vigencia

cuando se quiere describir un sistema que está asociado a la curación y tratamiento de

enfermedades que no están comprendidos en el sistema médico formal asociado con el

Estado” Lanza y Cazorla (2014, p. 249) en su artículo de investigaciones Turismo Místico

para la Diversificación del Producto en el Corredor Turístico Aimara”


Flores (2007) indica que el turismo místico es una de las alternativas para generación de

economías que viabilice el desarrollo de las poblaciones inmersas al Corredor, en este caso

la conceptualización del término «turismo religioso» contiene una cierta complejidad. Se

trata de un concepto, formado por dos entidades, turismo y religión, que tienen valor en sí

mismas y que dan lugar a una nueva realidad o entidad que comparte las características o

los elementos de ambas entidades (Parellada, 2009).

El turismo religioso es un producto más de consumo turístico que está vinculado al

significado cultural y espiritual de los lugares. Este proceso, se encuadra en la laicización

de los actos religiosos, que a su vez se convierten en una importante atracción turística

(Cànoves Valiente, 2008).

En cambio, en el caso del turismo religioso la motivación siempre remite a la búsqueda de

la trascendencia y la fe (Parellada, 2009; Cabrera, 2011; Macedo, 2011; Fabreau, 2014).

De ahí que este tipo de turismo siempre se manifieste en alguna de las siguientes

modalidades: como peregrinación (visita individual o colectiva a santuarios religiosos),

como reuniones a gran escala (celebraciones de eventos religiosos importantes), y como

visitas a lugares sagrados.

Ostrowski (2002) considera el turismo religioso como «el nuevo término que refleja una

nueva forma de turismo que se coloca entre lo sacro y lo profano». Cada forma de turismo

se destaca y se caracteriza por varias motivaciones que mueven a las personas hacia lugares

determinados. Estas motivaciones pueden coincidir y ser transicionales, o tener un matiz

específico, propio a cada una de las formas de turismo.

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