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El liderazgo, es el gran tema, y lo es simple y sencillamente porque los ámbitos de

mayor impacto en nuestra vida (el socio-familiar, el educativo, el económico, el


político y el religioso) dependen de las decisiones que tomen aquellos a quienes
llamamos líderes. Ante esta situación, queda claro que se necesita un despertar de
conciencias en los líderes del nuevo milenio. Para esta enorme tarea
transformadora se requiere, de manera inaplazable, formar a dichos líderes
(mujeres y hombres, en sus papeles de padres de familia, hijos, alumnos, maestros,
empresarios, directivos, empleados y gobernantes) para que enfrenten el reto de
forjar nuevas generaciones en todos los ámbitos del conocimiento, sin distinción de
niveles sociales, credos o razas, preferencias o niveles económicos. A todos ellos
hemos dedicado este libro. El eje central de esta obra es el concepto de servicio
como tarea fundamental de todo líder, pues a través de la acción comprometida y
ética podrán servir cada vez más a mejores causas, y fomentar así el tan necesario
progreso integral y sustentable de la humanidad. Es oportuno anticipar que la acción
de servir a otros admite muchas posibilidades, por lo que no se puede reducir el
concepto de servicio a una sola actividad. Hay quienes sirven produciendo cosas,
otros enseñan y forman, algunos más diseñan y planifican, otros dirigen, incluso hay
quienes sirven con una vida de oración, meditación y contemplación. Como vemos,
servir a los demás es una actividad que tiene muchas caras, pero siempre debe
observarse una misma actitud y un mismo objetivo: mejorar este mundo con más
aportaciones valiosas y productivas.

Los valores constituyen el conjunto de principios o reglas esenciales del juego bajo
las cuales se van a guiar las actitudes y conductas de las personas y los grupos.
Las ciencias sociales, la ética, la psicología, la sociología y en especial la
antropología, definen los valores como principios que permiten la supervivencia de
un grupo, cualquiera que sea éste. Los valores son concepciones prácticas y
normativas que, mediante la sabiduría colectiva (de la familia, la empresa, los
grupos, etcétera) regulan la actuación de un grupo. Es importante señalar que estos
tres conceptos o dimensiones constituyen una manera de pensar y hacer las cosas,
es decir, una cultura. Los grandes hombres de la historia nos han enseñado la
importancia de generar dentro de uno mismo la fuerza de una visión y misión
personales para guiar la propia vida, pues mediante ellos, i.e., con la misión y la
visión se han transformado en personas llenas de un poder interior que se ha
constituido en la base sobre la que han integrado sus valores, sus metas en la vida
y en el trabajo, así como sus habilidades e intereses. El poder interior que genera
contar con una misión personal convierte a hombres y mujeres comunes en
personas entregadas a la tarea de crear, para sí mismas y para quienes las rodean,
un mundo de nuevas perspectivas, retos y realizaciones que, de otra manera,
parecerían inalcanzables. La misión parte de una visualización particular del futuro,
de lo que puede (o más bien debe) ser, de lo que se puede crear para darle sentido
a la propia vida. La visión son los sueños que uno puede alcanzar durante su
existencia, sin miedos, con sentido de reto y trascendencia, incluso a pesar de las
propias debilidades y carencias.
Goleman no entiende la empatía sólo en su concepto tradicional, es decir, como la
capacidad de "sentir con el otro", sino como la habilidad y virtud de entender el
entorno psicológico y emocional del ser humano y de tratarlo de acuerdo con su
personalidad y sus reacciones emocionales. En este sentido, el líder debe tener una
gran sensibilidad intercultural, así como una capacidad de percepción e intuición
muy desarrollada. La empatía así entendida produce en quien la posee un perfil
educador y generador de talento, así como una gran capacidad para generar arraigo
y lealtad por parte de sus seguidores.
Compromiso social
Capacidad de relación y vinculación
Compromiso frente al grupo y la comunidad

Tanto en psicología como en relaciones humanas está suficientemente investigado


que las actitudes y conductas generosas, respetuosas y empáticas hacia los demás,
promueven el crecimiento y la autoestima. Estas relaciones humanas positivas
impulsan el crecimiento y desarrollo de las personas y siempre dan buenos frutos.
Por el contrario, las actitudes y los comportamientos agresivos, fríos y negativos
dejan como resultado heridas, frustraciones y miedos que traen consigo baja
autoestima e inseguridad en las personas que son tratadas de esa manera.

La inteligencia emocional del líder tiene como razón y objetivo fundamental, generar
y mantener un capital emocional en los grupos y organizaciones, como la verdadera
causa de la productividad humano-organizacional.
Se han analizado los tipos de liderazgo, las características que debe tener todo líder,
el impacto que ejerce éste, sus valores, etcétera, lo cual, sin duda, ha representado
una gran contribución; sin embargo, ha sido poca la atención que se ha puesto en
la otra parte del binomio, la cual es tan importante que sin ella la idea de líder y, por
tanto, de liderazgo, no pueden existir.
No siempre los líderes impuestos cumplen con las condiciones que se requieren
para desempeñar su función; sin embargo, siempre tendrán la posibilidad de
desarrollar las habilidades, conductas y actitudes necesarias para lograr un
verdadero liderazgo. De hecho, uno de los más grandes retos sociales del momento
en que vivimos consiste precisamente en que todo aquel que no se haya percatado
de que es un líder se dé cuenta de ello, y que quien ocupe posiciones de influencia,
se convierta en un líder verdadero.