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PERSONA Y SOCIEDAD, VOL XIX N o 3 / 2005

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C. ROVIRA, GLOBALIZACIÓN EN AMÉRICA LATINA: SOBRE LOS APORTES Y PERJUICIOS SOCIALES DE LA DEPENDENCIA

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GLOBALIZACIÓN EN AMÉRICA LATINA:

SOBRE LOS APORTES Y PERJUICIOS SOCIALES DE LA DEPENDENCIA

RESUMEN

Cristóbal Rovira *

Existe actualmente un nutrido debate sobre lo que significa la globalización y sus consecuencias. Al observar esta discusión desde América Latina, llama la atención la similitud existente con las teorías de la dependencia que antaño se idearon en el conti- nente. El presente artículo analiza ese vínculo y para ello se divide en tres apartados. En primer lugar (I), se revisan las analogías existentes entre los conceptos de dependencia y globalización, para luego postular que su uso correcto está supeditado a la superación de maniqueísmos presentes en la teoría social. En segundo lugar (II), se propone una re- construcción del concepto de dependencia a la luz del fenómeno de la globalización a través de un análisis de la transición económica y política, que América Latina ha experi- mentado en las últimas tres décadas. El artículo finaliza con una breve conclusión (III), donde se pone el acento en la dependencia como herramienta de poder a través de la cual los países del centro exportan sus proyectos de modernidad y los actores de la periferia se apropian de ellos para reestructurar sus respectivas sociedades.

PALABRAS CLAVE

Dependencia, globalización, América Latina, neoliberalismo, democratización

I. DEPENDENCIA Y GLOBALIZACIÓN: LA SIMILITUD PARCIAL ENTRE AMBOS CONCEPTOS

Hacia los años sesenta y setenta, un sinnúmero de intelectuales latinoamericanos die- ron vida a un tópico que generó creciente interés en el mundo entero. La noción de que

* Sociólogo de la Universidad de Chile y estudiante de doctorado en teoría política en la Humboldt Universität zu Berlin. E-mail: rokaltwc@cms.hu-berlin.de. El autor agradece las críticas y los comentarios de Harald Bluhm, Albrecht Blümel, Matthias Bohlender, Daniel Chernilo, Herfried Münkler y Gregor Walter, quienes no necesariamente comparten los argumentos aquí vertidos y no son, por tanto, responsables de los errores que este artículo pueda contener.

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este continente padecía de una posición dependiente en el orden global y que debido a ello se imposibilitaba su desarrollo se transformó, rápidamente, en una idea en boga. A la luz de este axioma se expandieron artículos y libros en los que se atribuían fenómenos como la desigualdad, exclusión social y pobreza a la imposibilidad estructural de las sociedades latinoamericanas para edificar un modelo de desarrollo en provecho propio y no según los intereses de la/s metrópoli/s. Este nuevo paradigma –que venía a invertir el argumento de las teorías de la moder- nización– despertó un interés en el mundo no sólo por su potencial analítico, sino que también y, sobre todo, por su afinidad ideológica con el pensamiento crítico de la época. En pleno período de la Guerra Fría, muchos intelectuales eran particularmente sensibles a los modelos teóricos cercanos al marxismo que ofrecían la posibilidad de denunciar la política exterior de los Estados Unidos y proponían a su vez caminos –muchas veces revolucionarios– para la superación del subdesarrollo del tercer mundo. Pese a su continuado y rápido auge, hacia los años ochenta se fueron haciendo cada vez más evidentes las insuficiencias de las teorías de la dependencia. Excesivo determinismo, obsesión con los limitantes exógenos al desarrollo y escasa diferenciación entre los países del tercer mundo, fueron algunas de las falencias más pronunciadas de este paradigma. 1 Por otra parte, la irrupción de regímenes autoritarios a lo largo del continente cambió el eje de análisis de la teoría social hacia nuevos tópicos, tales como la democratización y la sociedad civil. Así, a contar de los años noventa, hablar sobre la dependencia en América Latina se transformó en una suerte de anacronismo. No obstante, el debate actual sobre la globalización reactualiza algunas de las ideas centrales de las teorías de la dependencia, como la pérdida de soberanía del estado-nación y las paradojas de una mayor interco- nexión mundial. A continuación se revisarán ambos temas para luego mostrar que la discusión sobre la globalización permite superar maniqueísmos simplistas y expiatorios que subyacen en las concepciones de la dependencia propuestas por los intelectuales latinoamericanos en los años sesenta y setenta.

La pérdida de soberanía del estado-nación

El desdén hacia las teorías de la dependencia se explica no sólo por sus propias falencias, sino también por la irrupción de un cambio histórico de proporciones y la incorporación de otras tradiciones intelectuales para comprender esta nueva época. La caída del muro de Berlín ha dado origen a un reordenamiento de la geopolítica mundial que a su vez ha ido de la mano con una creciente interconexión de campos de acción que antes eran

1

Es importante indicar que en torno al pensamiento sobre la dependencia se desarrollaron varias teorías con posturas

heterogéneas. Así por ejemplo, hay una diferencia significativa entre el estructuralismo ideologizado de Gunder Frank

y el análisis sociohistórico de Cardoso y Faletto. Una discusión sobre las distintas orientaciones teóricas del

pensamiento dependentista se puede encontrar en LARRAÍN, JORGE, “¿Ha muerto la teoría de la dependencia?”, en Estudios Sociales, N˚ 59, 1989, pp. 139-166 y en PALMA, GABRIEL, “Dependencia y desarrollo. Una visión crítica”, en SEERS, DUDLEY, Dependencia y desarrollo. Una reevaluación crítica, Fondo de Cultura Económica, México, 1987. Ver también el trabajo de J. Larraín en este volumen.

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controlados sin mayores problemas por los estados nacionales. Frente a este nuevo esce- nario, la idea de la globalización ha cobrado una particular potencia heurística. La expan- sión de los mercados financieros, la creciente consideración de la problemática ecológica y la aceleración de los flujos migratorios son algunos ejemplos respecto a cómo se desen- cadenan procesos a escala mundial que no son controlados por un solo estado-nación o por un único actor social. El incremento exponencial de literatura en torno al fenómeno de la globalización se explica, en gran medida, porque los países del primer mundo han comenzado a experi- mentar con preocupación cómo se dificulta su eficacia para gobernar. Tanto en Estados Unidos como en Inglaterra, así como también en Japón y en Francia, los procesos de interconexión mundial han puesto en tela de juicio la capacidad del estado-nación para cumplir las cuatro tareas básicas de un gobierno: preservación de la paz interna y externa (seguridad), promoción de un sentimiento de pertenencia civil que facilita la constitu- ción de una comunidad política (identidad), proceso de toma de decisiones considerado como democrático (legitimidad) y balance razonable entre eficiencia económica e igual- dad social (bienestar). 2 Desde este ángulo, el concepto de la globalización representa en forma paradigmática cómo la sociología –en el decir de Habermas– 3 es una suerte de ciencia de la crisis, que sobre todo analiza los aspectos anómicos y disfuncionales de los cambios sociales. El debate en torno a la globalización escenifica así la preocupación central de los padres fundadores del pensamiento sociológico, esto es: la interpretación de transformaciones que ponen en jaque el orden social y que, por lo tanto, exigen reflexionar en torno al posible devenir de la sociedad. En este sentido, si hay algo que tienen en común E. Durkheim y M. Weber con un autor contemporáneo como M. Castells es que todos diagnostican un cambio de época y, en consecuencia, investigan tanto las características principales del emergente tipo de sociedad como el desentrañamiento de las fuerzas que explican dicho proceso de transformación. 4 La noción de crisis que subyace en el concepto de globalización se basa en la observa- ción de que, producto del aumento de la interconexión mundial, se erosiona el núcleo de los regímenes políticos modernos: el círculo social desde donde emana el poder (la na- ción) ya no concuerda necesariamente con el espacio de acción a regular (el estado terri- torial) y, por lo tanto, se dificulta enormemente el desarrollo de un sistema de gobierno eficiente y legítimo (la democracia). 5 Formulado de este modo, llama la atención la cer- canía existente entre el análisis de la globalización y el postulado central de las teorías de la dependencia. Como se indicó con anterioridad, éstas últimas destacaron que el subde- sarrollo de América Latina se debe, en gran parte, a la escasa autonomía que tienen los

2 ZÜRN, MICHAEL, Regieren jenseits des Nationalstaates, Suhrkamp Verlag, Frankfurt a. M., 1998.

3 HABERMAS, JÜRGEN, Theorie und Praxis, Suhrkamp Verlag, Frankfurt a. M., 1978, pp. 290-306.

4 ESPING-ANDERSEN, GOSTA, “Two societies, one sociology, and no theory”, British Journal of Sociology, 51 (1), 2000, pp. 59-78.

5 HELD, DAVID, Democracy and the global order. From the modern state to cosmopolitan governance, Stanford University Press, California, 1995.

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países de la región para elaborar y poner en práctica caminos propios de desarrollo. Se- gún las teorías de la dependencia, para un estado-nación de la periferia las acciones que se toman para potenciar el desarrollo de su población están limitadas por la influencia que tienen los países del centro. Donde más evidente se torna este asunto es en la inferioridad económica de la región latinoamericana, ya que debido a su especialización en extracción de materias primas y en manufacturas con un bajo nivel tecnológico se reproduce una

desigual distribución de las fuerzas productivas a nivel mundial. En función de las asimetrías existentes entre países del centro y de la periferia, los primeros tienen la capacidad de conducir las dinámicas de intercambio globales –tanto culturales y económicas como también militares y políticas– en provecho propio antes que tomando en consideración los intereses de los segundos. En consecuencia, un nexo evidente –aunque curiosamente aún no investigado– entre

el concepto de la dependencia y la globalización es el acento que ambos ponen en el

problema del nacionalismo metodológico, 6 esto es: la crítica a la suposición heurística de que sociedad y estado-nación son una misma unidad de análisis. Tanto las teorías de la dependencia como las de la globalización tienden a objetar la idea de que una sociedad se

organiza tan sólo en función de sus fuerzas internas y, a su vez, tienden a rebatir la tesis de que el estado-nación sea una forma natural, pacífica, simple y única de organización social. Desde este ángulo, es interesante notar que el modo y la radicalidad en el ejercicio

de la crítica al nacionalismo metodológico es uno de los elementos centrales para diferen-

ciar un análisis sugestivo de uno superficial sobre la dependencia o la globalización.

Las paradojas de una mayor interconexión mundial

Si bien el argumento sobre el carácter subordinado de América Latina tiene cierta

plausibilidad lógica y empírica, 7 uno de los errores centrales de las teorías de la depen- dencia fue la extrapolación y sobredeterminación de dicho argumento. Plantear que los poderes extranjeros son los mayores e incluso los únicos culpables del subdesarrollo es quizás una ideología con muchos seguidores, pero no es una teoría razonable. Cardoso y Faletto fueron de los pocos autores que tuvieron esto en mente y por ello señalaron explícitamente que dependencia y desarrollo no son categorías analíticas contrapuestas. 8

A

su juicio, la historia puede ser vista como un proceso de constante rearticulación de

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Una muy buena discusión teórica sobre el tema del nacionalismo metodológico y sus implicancias para el análisis de la globalización se encuentra en CHERNILO, DANIEL, “Social theory’s methodological nationalism. Myth and reality”, en European Journal of Social Theory, 9 (1), 2006, pp. 5-22 y “Methodological nationalism and its critique”, en DELANTY, GERARD y KRISHAN KUMAR, The SAGE handbook of nations and nationalism, Sage, London, 2006.

Al respecto basta consultar los estudios mundiales –y no sólo regionales, como por ejemplo, los de la OECD– que miden el alcance y los efectos de la globalización. Véase, por ejemplo, UNDP, Human Development Report 1999:

Globalization with a human face, Oxford University Press, New York, 1999 y HIRST, PAUL y GRAHAME THOMPSON, Globalization in question: the international economy and the possibilities of governance, Polity Press, Cambridge, 1996.

CARDOSO, FERNANDO HENRIQUE y ENZO FALETTO, Dependencia y desarrollo en América Latina, Editorial Siglo XXI, México, 1969, pp. 156-157; CARDOSO, FERNANDO HENRIQUE, “Las contradicciones del desarrollo dependiente asociado”, en Revista Paraguaya de Sociología, año 11, N˚ 29, 1974, pp. 227-252.

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poder a nivel global, donde algunos países tienen más capacidad que otros para dictami- nar las reglas del juego según las cuales se producen las relaciones de intercambio. Pese a esta presencia de un centro y una periferia, existen espacios de acción que pueden ser usados por los países dependientes para expandir su desarrollo, aun cuando sigan mante- niendo su posición subordinada en el orden mundial. 9 La tesis de que dependencia y desarrollo pueden coexistir es un eje de análisis clave que fue enunciado más no investigado a fondo por Cardoso y Faletto. La historia y el presente del continente latinoamericano se caracterizan justamente por una paradoja entre la gradual consecución de ciertos progresos sociales y la reproducción de mecanis- mos de subordinación en el orden mundial. Así, por ejemplo, nadie duda de que Améri- ca Latina ha vivido en las últimas dos décadas un proceso de democratización –desde el fin de la hegemonía del Partido Revolucionario Institucional mexicano hasta el ocaso del régimen dictatorial chileno– y, al mismo tiempo, difícilmente se puede pasar por alto el hecho de que esta región ha experimentado, en este mismo lapso,un aumento sostenido de su endeudamiento externo. El punto a destacar es que, tal como se demostrará más adelante, ambos procesos no pueden ser comprendidos a cabalidad sin analizar la readecuación de las relaciones de dependencia que Latinoamérica ha mantenido y sigue manteniendo con Estados Unidos y Europa. El hecho de que dependencia y desarrollo convivan mutuamente es un fenómeno que marca la especificidad periférica de América Latina, tanto en la forma en que este conti- nente históricamente se ha relacionado con el mundo como en los cursos que han ido tomando los distintos estados-nación que componen la región. En otras palabras, la co- existencia de dependencia y desarrollo implica la configuración de un tipo de sociedades constantemente desafiadas para encontrar un balance entre generación de bienestar para unos y de pobreza para otros, entre mayor autonomización política y emergencia de nuevas formas de subordinación, entre producción de bienes culturales autóctonos y absorción masiva de productos culturales foráneos. El manejo de estas paradojas no es privativo de las sociedades periféricas, pero los países del centro han desarrollado fórmulas eficaces para resolver dichas tensiones. No obstante, el actual tránsito hacia una nueva época histórica –que está marcada por un aumento de la interconexión mundial y, por lo tanto, por un reordenamiento de las dimensiones espacio- temporales– amenaza la capacidad de los países del primer mundo para mantener una organización estable y próspera de sus sociedades. Mientras esta situación es ya conocida por América Latina y fue estudiada –en muchos casos de forma determinista e ideológica– bajo el concepto de la dependencia, los países del centro han comenzado a tomar en cuenta los límites de sus estados nacionales para gobernar y, de tal manera, ha surgido la noción de globalización. Pese a la amplia literatura existente sobre dicho concepto, es posible plantear que el debate al respecto está marcado por una tesis en común: la expansión de campos de

9 La irrupción de los llamados ‘tigres asiáticos’ es el clásico ejemplo que respalda esta tesis. HOSONO, AKIO y RIVANO SAAVEDRA (eds.), Development strategies in East Asia and Latin America, Macmillan, London, 1998.

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acción que transcienden al estado-nación, sea a través de transacciones culturales, económi- cas, políticas y/o sociales, tiene una serie de consecuencias para el mundo entero. 10 Esta definición de globalización denota que tras dicho concepto suelen confundirse dos ejes de análisis: por un lado, el debate empírico en torno al aumento de la interco- nexión mundial y, por otro lado, la discusión teórica en torno a las consecuencias que entraña una mayor interconexión mundial. Esta última disputa sobre lo que implica la globalización pone especial acento en la pérdida de soberanía, puesto que un aumento de la interdependencia mundial significa que las herramientas clásicas del estado-nación ya no bastan para gobernar de forma efectiva. Y es justamente aquí donde se marca una diferencia radical con el pensamiento de la dependencia, en tanto el análisis sobre la globalización pone atención en las consecuencias tanto negativas como positivas. Habermas, 11 por ejemplo, observa que la expansión del capitalismo financiero destruye los cimientos del estado de bienestar europeo, pero indica además que gracias a las nue- vas tecnologías se facilita la construcción de un espacio de opinión pública transnacional que favorece el pensamiento cosmopolita. Asimismo, un autor como Beck 12 constata no sólo la irrupción de una modalidad de terrorismo global que amenaza la estabilidad de los países (del centro), sino que también analiza la emergencia de actores transnacionales de la sociedad civil que contribuyen a la democratización (de la periferia).

Más allá de maniqueísmos simplistas y expiatorios

La similitud entre el debate sobre dependencia y globalización es tan sólo parcial: lo que en un momento fue para unos la incapacidad estructural del tercer mundo para lograr el desarrollo, hoy en día son, para otros, las consecuencias negativas de una creciente interco- nexión mundial. Por lo mismo, quienes ayer hablaban de dependencia y muchos de los que hoy discuten sobre globalización suelen caer en una identificación simplista acerca de quié- nes son los causantes del subdesarrollo: las potencias económicas mundiales, las grandes empresas transnacionales, el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial. Si bien estos actores globales están lejos de ser fieles representantes de un altruismo social, resulta antojadizo y erróneo pensar que ellos son los grandes y únicos causantes tanto de las relaciones asimétricas entre centro y periferia como de la pérdida de sobera- nía del estado-nación. Desde este ángulo, hoy en día sólo tiene sentido seguir hablando de dependencia en América Latina si este concepto se utiliza para subrayar la ambivalencia que los procesos de la globalización traen consigo. 13 Pues lo nuevo de la época histórica

10 WALTER, GREGOR, Globales Netz und globale Politik? Politische Antworten auf Globalisierung am Beispiel des Internets, Nomos Verlag, Baden-Baden, 2005, pp. 31-32.

11 HABERMAS, JÜRGEN, “Jenseits des Nationalstaats? Bemerkungen zu Folgeproblemen der wirtschaftlichen Globalisierung”, en BECK, ULRICH (ed.), Politik der Globalisierung, Suhrkamp Verlag, Frankfurt a. M., 1998, pp. 67-84.

12 BECK, ULRICH, Macht und Gegenmacht im globalen Zeitalter, Suhrkamp Verlag, Frankfurt a. M., 2002.

13 ROVIRA KALTWASSER, CRISTÓBAL, “Der Beitrag der Dependencia-Schule für das heutige Verständnis der Globalisierung”, en BRAND, ALEXANDER y NICOLAUS VON DER GOLTZ, Herausforderung Entwicklung. Neuere Beiträge zur theoretischen und praxisorientierten Entwicklungsforschung, LIT-Verlag, Münster, 2004.

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que está comenzando es la reconfiguración de viejas y nuevas asimetrías que abren opor- tunidades y amenazas para el presente y futuro de la región: así como ciertas organizacio- nes mundiales presionan por reformas económicas estructurales, otras lo hacen por la instauración y promoción de la democracia. Al mismo tiempo, los países del centro con- sumen arte y literatura proveniente de América Latina, mientras que los ciudadanos latinoamericanos absorben masivamente música, noticias y películas fabricadas por las industrias culturales europeas y norteamericanas. Las dependencias siguen existiendo, pero el debate sobre la globalización permite observar que éstas son más oblicuas y ambivalentes que lo que la mayoría de los intelectuales latinoamericanos pensaron en los años sesenta y setenta. Ni la globalización ni la dependencia son buenas o malas per se. Lo que la teoría social debe hacer entonces es proponer herramientas conceptuales para describir y analizar estos fenómenos de manera tal que no se prejuzgue de antemano cuáles son sus aportes y perjuicios sociales. Uno de los aspectos más interesantes del concepto de globalización es la pregunta por lo que hoy en día está sucediendo con el estado-nación, lo que por cierto no implica aceptar la tesis sobre su ocaso. En otras palabras, existen análisis maniqueos y simplistas tanto sobre la dependencia como sobre la globalización. Pero el debate en torno a este último concepto permite elaborar una mirada histórica y no naturalizada de la sociedad que intenta superar el problema del nacionalismo metodológico. Se abre así un espacio para repensar la noción de la dependencia desde una perspectiva no determinista y ambivalente frente a las consecuencias que este fenómeno entraña. Es preciso subrayar que la imagen predominante sobre lo que implica ser dependiente está marcada por una posición expiatoria según la cual los países de América Latina son dominados y explotados por los países del centro: como si en un lado estuviesen los pobres y en el otro los ricos, o como si acá sólo hubiesen apocalípticos y allá solo existie- sen integrados. La realidad social es, sin embargo, más compleja que lo que varias dicotomías de la teoría social suelen postular. Pese a esto, es plausible plantear que la dependencia ha sido y sigue siendo un rasgo singular de las sociedades de América Lati- na, pero para comprender este fenómeno en forma adecuada es preciso superar prejuicios maniqueístas y, por tanto, resulta necesario reelaborar nuestra mirada sobre la historia y la actualidad del continente. Esta es la tarea a la que se aboca el siguiente apartado del artículo.

II. DEPENDENCIA Y REESTRUCTURACIÓN RECIENTE DE LAS SOCIEDADES LATINOAMERI- CANAS: EL PROCESO DE DOBLE TRANSICIÓN

¿Cómo superar los maniqueísmos simplistas y expiatorios que subyacen en varios análisis de la dependencia y también en otros tantos razonamientos sobre la globalización? El desafío consiste en enfocar el debate hacia un ángulo que logre trascender tanto los viejos determinismos como las actuales exageraciones sobre los efectos que la nueva épo-

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ca histórica trae efectivamente consigo. Tal como se indicó anteriormente, un elemento significativo en este sentido es la forma como se aborda el problema del nacionalismo metodológico. Pero al mismo tiempo es necesario –sobre todo para la sociología latinoa- mericana– tomar conciencia del desarrollo que últimamente ha tenido la teoría social en un punto crucial: la configuración de un orden social no puede seguir siendo pensada como una creación ex nihilo, sino que debe ser analizada como la reproducción de formas de socialización siempre existentes y su modificación histórica en función, tanto del trazo de nuevas fronteras, como del desarrollo de procesos que combinan diferenciación e integración. 14 Esto significa que un orden social es el resultado no sólo de procesos involuntarios o cuasi naturales, sino que también de deliberaciones e intencionalidades. Este último axioma se desprende de la evolución que la teoría social ha tenido a contar de los años ochenta del siglo pasado, pues desde entonces se han propuesto un conjunto de síntesis heurísticas que buscan dejar atrás el dilema entre acción y estructura. El problema de fondo consiste en superar tanto el voluntarismo del interaccionismo simbólico y de los modelos del rational choice, así como también el estructuralismo del neomarxismo y de las nuevas vertientes del funcionalismo. 15 Sobre la base de este diag- nóstico, autores como P. Bourdieu, 16 A. Giddens 17 y P. Wagner 18 han venido elaborando nuevo modelos teóricos que definen a la sociedad como una constelación espacio- temporal que está determinada por las articulaciones que se dan entre actores y estructu- ras. En estos nuevos análisis subyace la idea de que las instituciones deben ser pensadas como conjuntos de reglas y recursos que logran estabilizarse a lo largo de la historia. Esto quiere decir que las instituciones no son meras instancias de constreñimiento para la actividad humana, sino que también abren caminos de acción sobre la base de las reglas establecidas y los recursos que se distribuyen. Plateado así, la interacción recurrente entre sujetos y estructuras es una relación dinámica que está marcada por una tensión entre la rutinización de las prácticas sociales y la transformación de aquellos marcos que restrin- gen la acción humana. En consecuencia, las instituciones deben ser conceptuadas como estructuras de posibilidad que se van actualizando –en ocasiones de forma dócil y otras veces conflictivamente– a partir del accionar de las personas. Estas nuevas perspectivas heurísticas ponen de manifiesto que es necesario repensar las categorías con que la teoría social suele analizar la realidad, pues de lo contrario se seguirán repitiendo análisis maniqueístas. Así, por ejemplo, hoy no tiene sentido hablar de dependencia si con ello tan sólo se quiere plantear que los países del tercer mundo son esclavos de un ‘nuevo imperialismo’. 19 Reconstruir teóricamente la noción de dependen-

14 PETERS, BERNHARD, Die Integration moderner Gesellschaften, Suhrkamp Verlag, Frankfurt a. M., 1993, pp. 366-403.

15 JOAS, HANS y WOLFGANG KNÖBL, Sozialtheorie. Zwanzig einführende Vorlesungen, Suhrkamp Verlag, Frankfurt a. M., 2004, pp. 726-763.

16 BOURDIEU, PIERRE, Die feinen Unterschiede. Kritik der gesellschaftlichen Urteilskraft, Suhrkamp Verlag, Frankfurt a. M., 1987.

17 GIDDENS, ANTHONY, The constitution of society. Outline of the theory of structuration, Polity Press, Cambridge, 1984.

18 WAGNER, PETER, Soziologie der Moderne. Freiheit und Disziplin, Campus Verlag, Frankfurt a. M./New York, 1995.

19 BIEL, ROBERT, The new imperialism. Crisis and contradictions in north/south relations, Zed Books, London/New York,

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cia significa reorientar la investigación hacia los mecanismos a través de los cuales se organizan, institucionalizan y modifican las relaciones entre los países del centro y la periferia. De este modo se puede arribar a nuevos ejes de análisis que puedan revelar las ambivalencias que marcan el desarrollo histórico de los órdenes sociales que han surgido bajo una suerte de modernidad periférica y que siguen desenvolviéndose hoy, en una nueva época histórica, como una creciente interconexión global. En el caso de América Latina, Néstor García Canclini es uno de los pocos intelectua- les que ha llevado adelante esta idea, sobre todo en su libro donde elabora la noción de hibridación. 20 Resulta interesante notar que este autor ha venido introduciendo soterradamente en sus obras posteriores 21 el concepto de la dependencia para caracterizar la singularidad de la región latinoamericana. No obstante, él mismo ha recalcado que producto del proceso de globalización es necesario repensar esta categoría de análisis: “el cosmopolitismo actual y las nuevas dependencias se entienden poco con el vocabulario de la época en que hablábamos de imperialismo y nación. Aunque esas palabras no hayan perdido toda su utilidad, las necesitamos tanto como las que designan los nuevos objetos –compact, disquete, teletienda– y las que conforman el nuevo diccionario de la economía transnacional que articula de otras maneras a ‘actores’ más difusos: deuda externa, dum- ping, préstamos stand by, recesión, riesgo país”. 22 Planteado así, el tema de fondo es cómo recuperar la noción de dependencia sin caer por ello ni en el pensamiento estructuralista, ni en el discurso de la negatividad, ni en maniqueísmos expiatorios. Para asumir este desafío es necesario reflexionar en torno a lo que implica ser dependientes para los países latinoamericanos. ¿De qué manera las influencias del extranjero imprimen un sello par- ticular en la configuración de los órdenes sociales latinoamericanos? ¿Cómo se dan los procesos de estructuración en las sociedades periféricas? ¿Promueve acaso la dependencia en América Latina tan sólo el constreñimiento o quizás posibilita también la expansión de la autodeterminación colectiva? Sin duda alguna que dar una respuesta acabada a estas preguntas excede el espacio de este artículo. Más bien, el objetivo que se persigue es simplemente el esbozo de un marco de análisis útil para reinterpretar la dependencia a la luz de los efectos que el aumento de las interconexiones globales ha tenido sobre Latinoamérica en las últimas tres décadas. Para cumplir este objetivo, se propone a continuación una reconstrucción teórica que acentúa cómo, en América Latina, la formación y continua reestructuración del orden social está íntimamente ligada a las relaciones que se mantienen con los países del centro. Esta reinterpretación del concepto de dependencia se puede observar en forma paradigmática en la doble transición latinoamericana, esto es: de un orden económico

20 GARCÍA CANCLINI, NÉSTOR, Culturas híbridas. Estrategias para entrar y salir de la modernidad, Editorial Grijalbo, México D.F., 1989.

21 GARCÍA CANCLINI, NÉSTOR, Consumidores y ciudadanos. Conflictos multiculturales de la globalización, Editorial Grijalbo, México D.F., 1995; Latinoamericanos buscando lugar en este siglo, Paidós, Buenos Aires, 2002; La globalización imaginada, Paidós, Buenos Aires, 2003.

22 GARCÍA CANCLINI, NÉSTOR, op. cit., 2002, p. 54.

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basado en el estado a uno cimentado en el mercado, y de regímenes dictatoriales o semi- autoritarios a democracias imperfectas o con adjetivos. 23 Los apartados siguientes anali- zan, para ello, la transición económica y política latinoamericana como dos procesos que reflejan el reordenamiento de las relaciones de dependencia.

Internacionalización del modelo neoliberal y transición económica en América Latina

En Latinoamérica, quizás el primer tema que va de la mano con la palabra globalización sea la configuración de una nueva economía mundial y el progresivo establecimiento interno del libre mercado. Una de las transformaciones más radicales que han sufrido los países de esta región es la aplicación del llamado Consenso de Washington, una política económica que se caracteriza por tres elementos: la desregulación del mercado del traba- jo, la privatización de las empresas públicas y, por último, la liberalización de los merca- dos de comercio y finanzas. 24 Desde un ángulo sociológico, lo importante es aclarar que esta transición económica no se da en forma invisible y que se explica sólo parcialmente por la presión foránea. Pues para que en América Latina tenga lugar un giro hacia la ortodoxia neoclásica de la economía tiene que darse un proceso de transformación en la organización de las sociedades de la región y, por lo tanto, de actores que lleven adelante dichos procesos. Cabe estudiar entonces cómo se constituyen estos agentes de cambio, cuáles son los recursos de poder con que cuentan para impulsar los procesos de reforma social y en qué sentido la transición llevada adelante por estos actores refleja la condición dependiente de la región latinoamericana. Hacia fines de los años sesenta y comienzo de los setenta, se hacía cada vez más evi- dente que el modelo de sustitución de importaciones mostraba grandes deficiencias y que su agotamiento estaba ad portas. Por ejemplo, O’Donnell planteó en su clásico estu- dio 25 que la irrupción de estados burocrático-autoritarios en el Cono Sur es un requisito funcional para la expansión del orden económico capitalista en el continente. Al ir deca- yendo el modelo de desarrollo, el paso a una fase de internacionalización de los mercados nacionales es inevitable, lo que a su vez implica un reacomodo de las fuerzas internas que difícilmente podrá ser sorteado sin el apoyo represivo de las fuerzas armadas. El concepto

23 Existen, sin duda alguna, otros campos de investigación donde resulta particularmente interesante recuperar el concepto de dependencia y enfocarlo bajo un nuevo ángulo teórico. Hasta el momento, los estudios sociológicos de la cultura han estado más próximos a esta relectura de la condición dependiente y periférica de América Latina, cuestión que seguramente se debe a la cercanía que esta tradición intelectual mantiene con la discusión en torno a la particularidad de la modernidad latinoamericana. Aparte de García Canclini, puede consultarse a SARLO, BEATRIZ, Una modernidad periférica: Buenos Aires 1920 y 1930, Editorial Nueva Visión, Buenos Aires, 1999, y MARTÍN-BARBERO, JESÚS, De los medios a las mediaciones. Comunicación, cultura y hegemonía, Editorial Gustavo Gili, Barcelona, 1998. En ambas obras se hace referencia explícita a la noción de ‘modernidad periférica’ y se propone una recuperación sugestiva del concepto de la dependencia desde una interpretación no determinista.

24 KLEIN, EMILIO y VÍCTOR TOKMAN, “La estratificación social bajo tensión en la era de la globalización”, Revista de la CEPAL, 72, 2000, pp. 7-30.

25 O’DONNELL, GUILLERMO, Modernización y autoritarismo, Paidós, Buenos Aires, 1972.

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de régimen burocrático-autoritario enfatiza que los militares no gobiernan aisladamente sino que se alían con una tecnocracia modernizadora que importa un modelo socio- económico foráneo –el neoliberalismo– y se encarga de implementarlo a la realidad local. Por cierto, una tecnocracia que primero se apropia de una ideología extranjera y luego se asocia al Estado para llevar adelante procesos de reforma no es una realidad nueva en América Latina. Este fenómeno puede rastrearse desde la influencia de los positivistas de fines del siglo XIX, pasando por la influencia de las misiones económicas europeas y norteamericanas que dan recomendaciones a los países de la región desde los años veinte en adelante, hasta llegar a la institucionalización regional de los expertos del desarrollismo entre los años cincuenta y sesenta a través de la CEPAL y otras organizaciones. 26 ¿Dónde radica entonces lo novedoso de la tecnocracia neoliberal que en América Latina promueve el desmantelamiento del modelo de sustitución de importaciones? Si- guiendo la investigación de Dezalay y Garth, 27 es posible indicar que este proceso mues- tra cómo las disputas políticas del primer mundo se ven crecientemente reflejadas en las transformaciones que han venido experimentando los palacios de gobierno de América Latina. En otras palabras, la irrupción de una tecnocracia neoliberal en Latinoamérica se explica en gran medida por las luchas de poder existente entre una red de expertos en economía y desarrollo, que actúa progresivamente en la esfera global y que tiene su sede de operaciones en ciudades como Washington, Nueva York y Londres. Según los autores citados, hacia fines de los años sesenta la hegemonía que ejerce el pensamiento keynesiano comienza a ser cuestionada por las tesis de la Escuela de Economía de Chicago, lo cual se ve ratificado primero con el Premio Nobel de Economía para Milton Friedman en 1976 y luego con la ascensión al poder de Margaret Thatcher en Inglaterra y de George Bush (padre) en Estados Unidos. A contar de ese momento, la ideología neoliberal se expande aceleradamente por el globo entero. Esto se torna particularmente valedero para América Latina, ya que producto de la crisis de la deuda externa de los años ochenta, los organis- mos financieros internacionales adquieren considerable poder para presionar por la adop- ción de un modelo económico pro mercado. Ahora bien, la puesta en práctica de este proyecto foráneo para la reestructuración del orden económico depende de las constelaciones de poder existentes al interior de las sociedades latinoamericanas, pues las estrategias de reforma promovidas desde afuera son más efectivas en aquellos países donde existe una elite excluida o aspirante al poder que sea capaz de montar una ofensiva modernizadora. Este grupo puede usar credenciales y contactos internacionales para potenciar su capital simbólico y reflejarlo en la arena na- cional, erigiéndose así como un actor clave para reemplazar a grupos de poder estatales que pasan a ser definidos como anacrónicos. La tesis de fondo es entonces que al interior

26 DRAKE, PAUL (ed.), Money doctors, foreign debts and economic reforms in Latin America from the 1890 to the present, Scholarly Resources Press, Wilmington, 1994; CENTENO, MIGUEL ÁNGEL y PATRICIO SILVA (eds.), The politics of expertise in Latin America, Macmillan - St. Martin’s Press, London/New York, 1998.

27 DEZALAY, YVES y BRYANT G. GARTH, The internationalization of palace wars. Lawyers, economists, and the contest to transform Latin American states, University of Chicago Press, Chicago/London, 2002.

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de los países del primer mundo existen visiones encontradas respecto a la transformación de sus propias sociedades, de modo que se constituyen bandos antagónicos y que, con una retórica cosmopolita, intentan exportar sus proyectos de modernidad hacia otros países del mundo. En todo caso, el proceso de trasplante no es automático, sino que está determinado por las relaciones existentes entre los países del centro y la periferia. En lo que respecta a América Latina, los ejemplos de Chile y México reflejan de manera paradigmática este fenómeno de exportación de la ideología neoliberal a través de la formación de expertos nacionales que posteriormente velen por la implantación efectiva del nuevo modelo económico y tengan la capacidad de mantener una interlocución flui- da con las agencias globales de desarrollo. En el caso chileno, cabe destacar que ya en 1955 se firma un programa de intercam- bio, financiado por el gobierno de los Estados Unidos, entre las Facultades de Economía de las Universidades Católica de Chile y Chicago. 28 Esto implica que en Chile existe desde temprana data un debate entre las posturas monetaristas y estructuralistas que en un comienzo se resolvió en favor de los segundos. Esta situación cambiará radicalmente con el golpe de estado, ya que los militares están interesados en desmantelar la fuerza de las ideologías de izquierda y ven entonces con simpatía las propuestas de los economistas neoliberales chilenos. Es así como los llamados Chicago Boys se transforman en los inte- lectuales orgánicos del régimen autoritario, en cuanto representan una visión técnica y científica que contrasta con los dictámenes políticos e ideológicos del pasado. 29 De for- ma paralela a este reordenamiento de la economía, en los sectores políticos contrarios a la dictadura chilena se van generando cuadros técnicos en el extranjero que se apropian del discurso del neoliberalismo y le dan una cara más humana a esta ideología. 30 Es justa- mente de este modo como los gobiernos chilenos post-autoritarios van a contar con grupos de tecnócratas que manejan a la perfección el nuevo lenguaje de la economía y, por tanto, pueden mantener relaciones fluidas con las organizaciones mundiales y, a su vez, defienden internamente el reforzamiento del modelo. En el caso de México, la emergencia de los expertos neoliberales se relaciona con la elevada deuda externa de ese país y las dificultades de los gobiernos de José López Portillo y Miguel de la Madrid para resolver dicha crisis. Producto de esta situación, el todopode- roso Partido Revolucionario Institucional (PRI) se encontró en una encrucijada que lo llevó a darle el poder a un grupo de jóvenes políticos que poseía las credenciales técnicas para enfrentar el descalabro económico del país. Se trataba de un pequeño y relativamen- te nuevo círculo de poder que no había seguido el camino de ascenso tradicional dentro del partido: no eran abogados, sino que economistas; no habían estudiado en la Univer-

28 CORREA, SOFÍA, Con las riendas del poder. La derecha chilena en el siglo XX, Editorial Sudamericana, Santiago, 2004, p. 189.

29 SILVA, PATRICIO, “Technocrats and politics in Chile: From the Chicago Boys to the CIEPLAN Monks”, en DRAKE, PAUL (ed.), op. cit., 1994, pp. 205-230.

30 DEZALAY, YVES y BRYANT G. GARTH, op. cit, 2002, pp. 186-197.

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sidad Nacional Autónoma de México (UNAM), sino que en Harvard, Stanford o Yale; y no propugnaban la intervención del estado en la economía, sino que promovían la ex- pansión del libre mercado. 31 La irrupción de este nuevo grupo queda en evidencia con la elección presidencial de Carlos Salinas de Gortari –doctor en economía de la Universi- dad de Harvard– quien puso en marcha un profundo programa de reformas pro libre mercado. La llamada ‘salinostroika’ 32 es continuada posteriormente por Ernesto Zedillo, doctor en economía de la Universidad de Yale. La posterior elección de Vicente Fox no hace más que reafirmar este modelo económico, lo que se refleja en la orientación políti- ca de su Partido de Acción Nacional (PAN) y en nominaciones ministeriales muy cerca- nas a la elite empresarial del país. 33 ¿Qué es lo que se puede concluir de la breve revisión de estos dos ejemplos? Pese a las diferencias existentes entre Chile y México, ambos países han adoptado a contar de los años ochenta una política económica neoliberal, situación que no ha variado pese a la transición democrática y el quiebre de la hegemonía partidaria en cada uno de estos países, respectivamente. A su vez, tanto Chile como México han establecido un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, lo que refleja no sólo la disposición de desmantelar una política económica intervencionista, sino que también la existencia de equipos negociadores que cuentan con credenciales simbólicas y competencias técnicas para llevar adelante dichas negociaciones y transformaciones. Lo interesante de ambos casos es que se ha contado con cuerpos de tecnócratas pro libre mercado, que han tenido la habilidad de institucionalizar su poder a escala nacional y de propagar la hegemonía de su pensamiento. Esta experiencia contrasta con la realidad de la mayoría de los países de la región, donde han existido tecnócratas neoliberales aislados, pero no cuadros de exper- tos económicos capaces de institucionalizar sus ideas y velar por su aplicación a lo largo del tiempo. Neopopulistas como Collor de Mello y Menem en su momento llevaron adelante reformas pro mercado, mientras que hoy en día los gobiernos de Kirchner y de Lula da Silva intentan darle más poder regulador al Estado. Esto indica que para que la exportación de modelos foráneos no sea una operación de transplante altamente contin- gente, es preciso que los países importadores cuenten con cuerpos de expertos que no sólo estén bien formados, sino que a su vez tengan la capacidad de instalar sus ideas en el estado, la política y la sociedad. En otras palabras, la legitimidad interna de las reformas no descansa sólo en los éxitos económicos, sino que también, y sobre todo, en la institucionalización de estos agentes de cambio en el mundo universitario, los partidos políticos y el espacio de la opinión pública.

31 CAMP, AI RODERIC, Mexico’s mandarins: crafting a power elite for the twenty-first century, University of California Press, Berkeley/Los Angeles/London, 2004.

32 CENTENO, MIGUEL ÁNGEL, Democracy within reason: Technocratic revolution in Mexico, Pennsylvania State University Press, University Park, 1994.

33 HERNÁNDEZ, ROGELIO, “Politische Führung und politische Elite in Mexiko: Von der autoritären Herrschaft zur demokratischen Wende”, en HOFMEISTER, WILHELM (ed.), Gebt mir ein Balkon und das Land ist mein: Politische Führung in Lateinamerika, Vervuert, Frankfurt a. M., pp. 17-52.

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Hasta el momento se ha intentado mostrar que la transición económica en América Latina es un proceso que no se dirige de forma automática y que se explica sólo en parte por la presión foránea. Pues para que el nuevo modelo funcione a cabalidad se requiere que elites locales legitimadas socialmente defiendan las cualidades del nuevo orden y velen por su institucionalización. De darse esta situación, es evidente que las relaciones asimétricas no desaparecen, aun cuando los canales de diálogo entre periferia y centro pueden llegar a ser más fluidos. En este sentido, la transición económica de América Latina, de un orden basado en el estado a uno en el libre mercado, es ambivalente en la reducción de formas de dependencia clásicas y modernas. Ello puede observarse en las siguientes dos tensiones. Condicionamientos e incentivos externos. La agenda del Consenso de Washington ha sido llevada adelante en la gran mayoría de los países de la región por presión foránea antes que por convicción interna. En aquellos pocos casos donde sucede lo segundo, como cuando por ejemplo en Chile y en México el orden neoliberal se arraiga con fuerza, se obtiene a cambio un trato privilegiado a través de la puesta en práctica de tratados de libre comercio. Los condicionamientos externos van entonces de la mano con una oferta de mayor integración para quienes sigan las estrategias de modernización promovidas desde afuera. No obstante, los procesos de intercambio difícilmente logran vencer las asimetrías entre el centro y la periferia, lo que se manifiesta, por ejemplo, en las políticas arancelarias e inmigratorias de Europa y Estados Unidos. 34 Pérdida de soberanía y expansión económica. La noción de globalización pone en el tapete las crecientes dificultades que tiene el estado-nación para gobernar de manera efectiva. Si bien este problema afecta tanto a los países del centro como a los de la perife- ria, estos últimos tienen menor capacidad económica y política para oponerse a los agen- tes globales del capital. En este sentido, se puede constatar una creciente presencia de enclaves autoritarios transnacionales al interior de los países latinoamericanos. 35 Por otra parte, mientras más abiertas son las economías nacionales, mayor es la posibilidad de que lleguen inversiones extranjeras. Es así como se llevan adelante procesos de liberalización y de desregulación para obtener a cambio un aumento de la interconexión económica mundial; pese a ello, sigue existiendo un debate abierto sobre los costos y las ganancias que estas estrategias de apertura traen consigo. 36 La tensión existente, tanto entre condicionamientos e incentivos externos como entre pérdida de soberanía y expansión económica, refleja que dependencia y desarrollo siguen coexistiendo en América Latina. Ahora bien, el reacomodo de las relaciones de depen- dencia que la región ha vivenciado en las últimas tres décadas no es un proceso mecánico

34 RODRIK, DANI, Grenzen der Globalisierung. Ökonomische Integration und soziale Desintegration, Campus Verlag, Frankfurt a. M./ New York, 2000; STIGLITZ, JOSEPH, Globalization and its discontents, Norton Press, New York/ London, 2003.

35 GARRETÓN, MANUEL ANTONIO, “La transformación de la acción colectiva en América Latina”, Revista de la CEPAL 76, 2002, pp. 7-24, 12.

36 BECK, ULRICH, op. cit., 2002.

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y ahistórico. Más bien, los diferentes países han ido desarrollando sus propias estrategias

de inserción global que varían no sólo según la fuerza que tienen los condicionantes foráneos y la atracción que poseen los incentivos ofrecidos por el exterior. También influ- yen de forma decisiva los actores nacionales, ya que éstos tienen márgenes de maniobra para utilizar contactos internacionales y poner en práctica los proyectos de modernidad que son promocionados globalmente.

Universalización de la democracia y transición política en América Latina

Desde los años ochenta en adelante, el mundo ha experimentado la llamada tercera ola de democratización y América Latina ha sido uno de los continentes donde este proceso ha resultado más palpable. Si bien es cierto que los regímenes latinoamericanos post-transición son democracias defectuosas, 37 es difícil pasar por alto que los procesos de elecciones regulares y transparentes tienden a institucionalizarse, así como también el poder que ha venido ganando la sociedad civil, en general, y los movimientos de defensa de los derechos humanos, en particular. A juicio de Adam Przeworksi, 38 esto se explica porque hay una afinidad electiva entre la expansión del libre mercado y el florecimiento de la democracia, es decir, el proceso de transición económica va necesariamente de la mano con el proceso de transición política. El objetivo de este apartado no es revisar en detalle las causas de la democratización de América Latina, sino que interesa analizar el peso que los factores internacionales han tenido en el proceso de transición política de las sociedades de la región. Pues al igual que en el caso del cambio hacia un orden económico pro mercado, no se trata de un decurso lineal y automático, sino que tras él existen actores sociales, recursos de poder e institu- ciones globales. Cabe preguntarse entonces cómo se da esta reestructuración de las socie- dades latinoamericanas, quiénes son los agentes nacionales determinantes, cuáles son las formas de apoyo externo existentes y si el proceso de transición política refleja la condi- ción dependiente y periférica de la región latinoamericana. En el ya citado estudio de Dezalay y Garth, 39 se argumenta que hacia los años sesenta

y setenta comienzan a ganar preponderancia una serie de instituciones internacionales que velan por la promoción de la democracia. Este fenómeno se relaciona con disputas de poder interno de las sociedades del primer mundo, tales como la posición frente a la guerra de Vietnam y la visión que se tiene frente a los socialismos reales. Expertos de las ciencias sociales y de la abogacía fueron ganando terreno en estas disputas y así es como se fueron expandiendo ciertas visiones sobre los derechos humanos y la sociedad civil. De tal manera, en los años ochenta existe ya una sólida elite transnacional que promueve el proyecto de democratización por el mundo entero. A más tardar a contar de ese enton-

37 MERKEL, WOLFGANG, HANS-JÜRGEN PUHLE, AUREL CROISSANT, CLAUDIA EICHER y PETER THIERY, Defekte Demokratie.

Theorien und Probleme, Leske + Budrich Verlag, Opladen, 2003.

38 PRZEWORSKI, ADAM, Democracy and the market, Cambridge University Press, New York, 1991.

39 DEZALAY, YVES y BRYANT G. GARTH, op. cit., 2002.

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ces, los gobiernos del centro otorgan fondos tanto para la investigación social en torno a este nuevo paradigma como también para la formación de aquellos grupos sociales de la periferia que son contestatarios a los regímenes dictatoriales y semiautoritarios. En el caso de las ciencias sociales latinoamericanas, es particularmente notorio cómo se expanden rápidamente las nuevas ideas promocionadas desde afuera. A lo largo del continente surgen grupos de intelectuales que investigan en torno a la sociedad civil y, de hecho, éstos desarrollan un nutrido debate que sirve al resurgimiento contemporáneo de dicho concepto. 40 Al mismo tiempo, la discusión en torno a las formas de transición a la democracia comienza a ganar terreno, lo que queda ejemplarmente reflejado en los estu- dios comparativos editados por Guillermo O’Donnell. 41 Así, las ciencias sociales del continente sufrieron un gradual pero categórico tránsito desde el discurso de la revolu- ción hacia el discurso sobre la democracia. 42 Este nuevo ambiente intelectual está ínti- mamente relacionado con la importación de teorías foráneas que acentúan el valor de las normas y los procedimientos democráticos. Es así como sucede una autocrítica –más implícita que explícita– y una (re)valorización teórica tanto de la sociedad civil como de la negociación política como alternativas para socavar la omnipotencia de los autoritarismos. La realización de este giro heurístico no se comprende sin el sostén de organizaciones regionales como CLACSO y FLACSO, que por cierto contaron con un sostenido apoyo monetario y técnico de los países del centro. En otras palabras, la difu- sión de un nuevo paradigma en las ciencias sociales latinoamericanas está íntimamente ligada con la vigorización de instituciones supranacionales que fungen como plataformas de poder para los agentes intelectuales. Este hecho refleja dos rasgos sobresalientes de la intelectualidad latinoamericana: por un lado, su estrecha relación con el poder político y, por otro, su pronunciada dependen- cia de las ideas generadas y los fondos aportados desde el centro. Ambos fenómenos pueden ser rastreados a lo largo de la historia del continente, 43 pero lo interesante es que a contar de los años ochenta la condición periférica de las ciencias sociales latinoamerica- nas adquiere un nuevo cariz. Pues, como se indicó más arriba, la promoción internacio- nal de los ideales democráticos va de la mano con la readecuación de los discursos de los intelectuales latinoamericanos. Los agentes nacionales que llevan adelante esta transfor- mación operan de forma similar a como lo hacen los tecnócratas neoliberales: forman redes de acción global, ocupan credenciales internacionales para legitimar su poder inter- no y fomentan su institucionalización a través de la actividad en universidades y centros de investigación; al mismo tiempo, se posicionan en el espacio público y cultivan relacio-

40 COHEN, JEAN L. y ANDREW ARATO, Sociedad civil y teoría política, Siglo XXI, México D.F., 2001, pp. 70-80.

41 O’DONNELL, GUILLERMO, PHILLIPE SCHMITTER y LAWRENCE WHITEHEAD, Transitions from authoritarian rule, Johns Hopkins University Press, Baltimore/London, 1986.

42 LECHNER, NORBERT, Los patios interiores de la democracia. Subjetividad y política, Fondo de Cultura Económica, Santiago, 1990, pp. 17-38.

43 MILLER, NICOLA, In the shadow of the state. Intellectuals and the quest for national identity in twentieth-century spanish America, Verso, London/New York, 1999.

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nes con el mundo político. Por lo mismo, la identidad de los intelectuales de la región se ha modificado a lo largo del tiempo. Éstos se definen cada vez menos como ‘los portado- res de los sin voz’ y se autoidentifican cada vez más como promotores de la profesionalización y la autonomización de sus disciplinas; o en caso contrario, como asesores estratégicos para actores provenientes de la economía, la política, la sociedad civil u otros campos de poder. 44 De forma paralela a este giro conceptual de las ciencias sociales latinoamericanas que es asistido desde afuera, los gobiernos del centro y las organizaciones internacionales fueron revalidando sus mecanismos de presión hacia los gobiernos autoritarios de la pe- riferia. Los instrumentos diplomáticos para el fomento de la democracia desde el exterior transitaron entre condicionantes positivos –como la promoción de incentivos económi- cos y simbólicos– y condicionantes negativos, tales como advertencias y denuncias en la esfera pública internacional y, en caso extremo, el aislamiento y el dictamen de sanciones tanto retóricas como materiales. La relevancia de estos mecanismos de presión no es menor, sobre todo cuando explota la crisis de la deuda externa en el continente. Con ello, los países del centro cuentan con un potente elemento de presión: la negociación de nuevos créditos. 45 Otro de los puntos clave fue el financiamiento y asesoramiento recibi- do por los grupos políticos opositores, que no obstante fue una estrategia que tuvo efec- tos disímiles en razón de las particularidades de cada uno de los países de la región. Para no caer en una concepción maniqueísta de la dependencia, cabe analizar más en detalle cómo estos elementos de presión externa influyen en el reordenamiento de las sociedades latinoamericanas. Para responder este ítem es necesario considerar menos a los intelectuales y más a los agentes del mundo político y de la sociedad civil. Estos últimos encontraron en el discurso de los derechos humanos una bandera de lucha en contra de las dictaduras, lo que fue a su vez promocionado en forma activa por los países del centro. Instituciones como Amnistía Internacional, Human Rights Watch y Diálogo Interamericano operaron como plataformas de apoyo, difusión y formación para actores nacionales opositores a los regímenes autoritarios. De particular relevancia fue el adies- tramiento y soporte que recibieron profesionales latinoamericanos para la puesta en práctica de movimientos de presión, como las Madres de la Plaza de Mayo en Argentina, la Or- den dos Advogados en Brasil o la Vicaría de la Solidaridad en Chile. En consecuencia, es posible plantear que “el mercado internacional de experticia en torno a los derechos humanos fue una contraparte plausible del mercado internacional de experticia econó- mica neoliberal. Ambos estuvieron centrados en el norte, especialmente en algunos campus universitarios de los Estados Unidos. Ambos estuvieron muy bien conectados con los

44 MANSILLA, H.C.F., “Intelectuales y política en América Latina. Breve aproximación a una ambivalencia fundamental”, en HOFMEISTER, WILHELM y H.C.F. MANSILLA (eds.), Intelectuales y política en América Latina. El desencantamiento del espíritu crítico, Ediciones Homo Sapiens, Rosario, 2003, pp. 17-44.

45 DRAKE, PAUL, “The international causes of democratization, 1974-1990”, en MCCUBBINS, MATTHEW D. y PAUL DRAKE, The origins of liberty: political and economic liberalization in the modern world, Princeton University Press, New Jersey, 1998, pp. 70-91.

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medios de comunicación de masas y fueron coexistiendo de forma cada vez más compe- titiva”. 46 Hoy en día, para nadie es un misterio que con la puesta en marcha de los procesos de transición política, muchos de los actores que trabajaron en los movimientos de derechos humanos pasaron a formar parte de los nuevos gobiernos. Estos sujetos cuentan con credenciales internacionales que operan como un capital simbólico fundamental para llegar a asumir puestos nacionales de poder. De hecho, no es casualidad que en la actua- lidad las estrategias políticas para el soporte externo de la democracia se han transforma- do en una industria consolidada y en creciente aumento. 47 Desde los núcleos de poder del centro se han venido expandiendo ideologías y técnicas que abogan por la democra- tización de la periferia, que han tenido una influencia no menor en América Latina debido justamente a la condición dependiente de la región. Uno de los ejemplos más recientes de esto ha sido la presión internacional por el enjuiciamiento de Augusto Pinochet, proceso que desencadenó la detención del ex general en Inglaterra a petición de la justicia española. Sin entrar en los detalles de este caso, interesa tan sólo plantear que este hecho ha generado un nuevo escenario para la profundización de la democracia en este país del Cono Sur: los partidos conservadores se han distanciado de la figura del ex jerarca militar, los medios de comunicación de masas han ampliado su horizonte de debate y la justicia nacional ha comenzado a operar con mayor autonomía. 48 Este ejem- plo revela cómo las relaciones de dependencia son determinantes para la estructuración de las sociedades de la periferia: si es plausible pensar que producto de la detención de Pinochet en Londres se abrió en Chile un nuevo escenario para la democratización del país, resulta pertinente indicar que el origen de este proceso debe ser atribuido preferen- temente a ciertos agentes globales. Dicho en otras palabras, aunque muchos actores na- cionales persiguieron el fin de la inmunidad fáctica de Pinochet, ellos no tuvieron la capacidad de modificar este vértice de los pactos fijados en la transición chilena. ¿Qué es lo que se puede colegir de las funciones que en América Latina han cumplido intelectuales, políticos y agentes de la sociedad civil para la transición política de la re- gión? A pesar de las diferencias existentes entre los países del continente, en todos ellos es posible observar cómo, gracias al apoyo internacional, se fueron potenciando los espacios de acción en contra de las dictaduras. Esto se explica por el (¿altruista y filantrópico?) interés de ciertas instituciones y gobiernos del centro en promover la democracia. Los

46 DEZALAY, YVES y BRYANT G. GARTH, op. cit., 2002, p. 54 (traducción propia)

47 BURNELL, PETER, “Political strategies of external support for democratisation: issues, problems and perspectives”, inédito (Universidad de Warwick, Inglaterra), 2005; BASS, GARY J., “Jus Post Bellum”, Philosophy & Public Affairs, 32 (4), 2004, pp. 384-412.

48 ROVIRA KALTWASSER, CRISTÓBAL, “Chile: Eine vorbildliche Demokratie innerhalb Lateinamerikas?”, en MATHEIS, A., H. THIES, C. KOWALESKI y F. LAUBNER (eds.), Fuera de servicio - Probleme und Perspektive der Demokratie in Lateinamerika, Martin Meidenbauer Verlag, München, 2006.

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agentes de la periferia expandieron así sus vínculos internacionales y a partir de estos contactos comenzaron a poner en práctica nuevos discursos desarrollados en el extranje- ro. Estado de derecho, reglas democráticas, respeto de los derechos humanos y fomento de la sociedad civil son algunos de los conceptos que comenzaron a instalarse en las agendas nacionales. La formación de estos nuevos expertos fue central para la expansión de la idea de la democracia y la posterior realización de los procesos de transición. En un grado diferente en cada país, estos agentes de transformación lograron institucionalizar su poder y no en pocos casos realizaron un tránsito hacia el aparato estatal, ya que cuen- tan con influyentes redes de apoyo internacional y con una legitimidad pública producto de su lucha por la democratización. La estrecha relación que hay entre el extranjero y la formación de los actuales cuadros dirigentes latinoamericanos pone en evidencia uno de los aspectos novedosos de la globalización, a saber: la expansión de un nuevo orden mundial que sigue siendo asimétrico y jerarquizado, pero no sólo respecto a los condicionamientos económicos, sino que a su vez en la creciente imposición de un imperialismo humanitario a los países de la perife- ria. 49 Al igual que en la transición económica de América Latina, el paso de regímenes dictatoriales o semiautoritarios a sistemas democráticos imperfectos refleja cómo formas de dependencia viejas y nuevas siguen operando. Se trata en todo caso de un proceso no determinado de antemano. La exportación de proyectos de modernidad al tercer mundo es una operación contingente que depende de la capacidad que los cuerpos dirigentes nacionales tienen para institucionalizar las ideas y estrategias transferidas desde el extran- jero. Cabe indicar que la profundización de esta forma de dependencia producto de la globalización trae por lo menos dos ambivalencias para el desarrollo futuro de la región. Apoyo externo y subordinación interna. Al interior de las sociedades latinoamericanas existen hoy un sinnúmero de actores que presionan por una mayor democratización, que difícilmente se mantendrían a flote sin el apoyo financiero y técnico proveniente del extranjero. Estos agentes son dependientes de los modelos de acción que son promovidos desde afuera y, por lo tanto, su autonomía es limitada. Un ejemplo de esto es la cuantiosa inversión que han hecho varios organismos internacionales para llevar a cabo una inves- tigación en torno al capital social, ya que este tópico es supuestamente central para com- prender las falencias de los actuales regímenes latinoamericanos. Pareciera entonces que los actores de las sociedades latinoamericanas son conceptuados como ejecutores de dise- ños teóricos y políticos ideados en el extranjero, antes que como sujetos autónomos con capacidad de desarrollar herramientas propias para la expansión de sus democracias. Esta tensión entre apoyo externo y subordinación a lógicas importadas probablemente se irá haciendo cada vez más patente para los actores nacionales que intentan aumentar los grados de libertad en sus respectivas sociedades.

49 MÜNKLER, HERFRIED, Imperien. Die Logik der Weltherrschaft – vom Alten Rom bis zu den Vereinigten Staaten, Rowohlt Verlag, Berlin, 2005, p. 49.

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Pérdida de soberanía y presión unilateral. El nuevo escenario global se caracteriza por una pérdida de soberanía del estado-nación que se observa no sólo en el poder que adquieren los mercados financieros, sino que también organizaciones de la sociedad civil, los medios de comunicación de masas y los tribunales internacionales. Sin embargo, el orden mundial está lejos de ser multipolar y, por lo tanto, para los países de América Latina resulta arriesgado seguir cediendo sus espacios de soberanía en cuanto no es del todo claro que esto implique reciprocidad global. Ante la ausencia de una arquitectura internacional genuinamente democrática, nadie puede asegurar que el día de mañana se desarrollen agendas de presión unilaterales sobre los países del continente, algo que, por ejemplo, ha comenzado a ser discutido a partir de los intentos de aplicar en Perú (Fujimori) y en Venezuela (Chávez) los condicionamientos estipulados en la carta democrática de la Organización de los Estados Americanos (OEA). Los dos puntos arriba señalados revelan que el orden mundial actual es una compleja trama de condicionamientos que se negocian entre periferia y centro, aunque este último tiene una capacidad mucho mayor de hacer valer sus puntos de vista e intereses. Pese a ello, los actores de las sociedades latinoamericanas pueden ampliar sus espacios de acción gracias a su asociación con los poderes del centro. En el caso de la transición democrática, es evidente que los agentes locales han contado con un apoyo sistemático desde el extran- jero y en función de ello se han venido desarrollando procesos de apertura y reforma que aún están en marcha. No obstante, el futuro de la región seguramente estará marcado por la doble tensión indicada: por un lado, la continuación de los apoyos externos a la demo- cracia y las dificultades para disminuir las dinámicas internas de subordinación y, por otro lado, el aumento de la pérdida de soberanía y la posible emergencia de intentos de presión unilateral en nombre de la democracia.

III. CONCLUSIÓN: AMÉRICA LATINA COMO UN LABORATORIO EXPLOSIVO DE LA MODERNIDAD

El hecho que Latinoamérica sea dependiente cultural, económica y políticamente de los países del primer mundo no implica que se dé una simple imposición monocausal. Los órdenes sociales de la región latinoamericana se constituyen entre determinantes estructurales de carácter global y sus voluntades de acción local. Para los agentes naciona- les, una estrategia de poder importante es el acoplamiento con núcleos institucionales de las potencias externas, ya que así se obtienen recursos materiales, nuevas ideologías y reconocimiento internacional. Estos son elementos clave para institucionalizar sus cam- pos de poder y promover cambios en sus respectivos países. En este sentido, se ha querido plantear que la dependencia es una fuente de poder para que los actores nacionales lleven adelante la constante reestructuración de sus socie- dades. Principalmente debido a la cultura occidental de sus elites, su vulnerable posición periférica en la arena internacional y su subordinación a las grandes potencias, América

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Latina ha reflejado frecuentemente, en sus propios contextos nacionales, las tendencias de cambio de Europa y Estados Unidos. Hacia fines del siglo veinte, esta situación de dependencia ha venido aumentando su radio de acción, ya que producto de los procesos de globalización las fronteras nacionales se vuelven más porosas y, por lo tanto, aumen- tan los intercambios asimétricos entre centro y periferia. Este fenómeno suele ser visto como una mera imposición, como si los poderes internacionales fueran los malos y las sociedades periféricas, los buenos de la película. La realidad social es, sin embargo, más compleja que lo que este tipo de maniqueísmos plantea. La discusión en torno a la globalización sirve justamente para tomar conciencia de este fenómeno, en cuanto el aumento de la interconexión mundial y la reorganización de las dependencias abren tanto oportunidades como amenazas para la periferia. Para comprender esta situación, en el primer apartado de este artículo se intentó demostrar que hay una similitud parcial entre el debate en torno a la globalización y algunos postu- lados centrales de las teorías de la dependencia: la constatación de la pérdida de soberanía del estado-nación y la advertencia de las paradojas que una mayor interconexión mun- dial implica. Pese a estas similitudes, la reflexión en torno a la globalización permite tomar cierta distancia frente a las teorías de la dependencia, en cuanto este primer con- cepto enfatiza la existencia de consecuencias positivas y negativas para la periferia. El segundo apartado del artículo ha procurado recuperar esta paradoja propia del mundo actual y, por ello, propone reconstruir teóricamente la noción de la dependencia en fun- ción del fenómeno de la globalización. Es así como se ha interpretado la transición eco- nómica y política de América Latina como un doble proceso impulsado desde afuera que debe explicarse tanto por los intentos del centro por promover sus proyectos de moderni- dad como por las estrategias de aprendizaje e institucionalización que llevan adelante los actores de las sociedades periféricas. Una vez desarrollada la argumentación central del artículo, resulta plausible elaborar una tesis final que pueda servir para posteriores investigaciones. Sin entrar en el debate sobre la singularidad de la modernidad latinoamericana, es razonable pensar que ésta tam- bién está marcada por lo que Wagner ha llamado el movimiento pendular entre libertad y disciplina que se da en toda sociedad moderna: por un lado, el aumento en las capacidades de autodeterminación individual y colectiva y, por otro, la expansión de los mecanismos reguladores e instrumentales. 50 Esta tensión inherente a las sociedades modernas se da en América Latina de una forma particular, puesto que la condición dependiente del conti- nente hace que libertad y disciplina estén íntimamente relacionadas con los vínculos que se mantienen con el extranjero. Pues los países del centro elaboran sus propios proyectos para resolver esta tensión congénita a la modernidad y de forma paralela se esmeran en exportar dichos modelos hacia la periferia. Neoliberalismo y democratización son de hecho dos proyectos que han surgido en Europa y Estados Unidos, que con el paso del tiempo han sido expandidos hacia América Latina y otras regiones del mundo.

50 WAGNER, PETER, op. cit., 1995.

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De ser cierta esta hipótesis de trabajo, resulta interesante averiguar cómo, a lo largo de la historia, los actores de las sociedades latinoamericanas han importado los proyectos de modernidad desarrollados desde el centro. Seguramente este proceso ha sido mucho menos unidireccional que lo que sus gestores han querido, en cuanto las relaciones de depen- dencia difícilmente pueden controlar las consecuencias no esperadas de la acción que trae consigo la implementación de las reformas. En este sentido, la región latinoamerica- na ha sido y, probablemente seguirá siendo, un explosivo laboratorio de la modernidad:

el transplante de modelos foráneos abre nuevos corredores para la libertad y la disciplina. Al revisar las transformaciones que las sociedades latinoamericanas han vivido en las últimas tres décadas, es evidente que los distintos países han ido reestructurando sus relaciones de dependencia y, de tal manera, han ido dando forma a configuraciones sui generis para adaptarse a una época cada vez más globalizada. Bajo esta nueva constela- ción histórica, las presiones del extranjero han ido aumentando, ya sea para la expansión del libre mercado como para la profundización de la democracia. No está de más decir que sería engañoso pensar que la promoción de la transición económica genera exclusiva- mente disciplina y que el apoyo a la transición política promueve tan sólo la libertad. En vez de gastar tiempo y energía en averiguar quiénes son los buenos y los malos de la película, debería reflexionarse en torno a cuáles son los aportes y perjuicios sociales de la dependencia. Espero que esta idea haya persuadido mínimamente al lector, de modo de ir explicitando las ambivalencias que subyacen en la condición dependiente de nuestras sociedades.