Está en la página 1de 19

EL IRESPETO A LA REAL JUSTICIA:

EL ESTAMENTO MILITAR EN CARTAGENA DE INDIAS.1

RESUMEN.
El surgimiento de un grupo militar privilegiado en la Cartagena de la segunda mitad del siglo
XVIII, causó una situación de conflicto en la ciudad. Este conflicto se dio por el enfrentamiento
entre el grupo militar y las élites cartageneras, al querer los militares hacer valer sus privilegios y
las elites mantener su dominio político y social por medio de los cabildos y la iglesia. Este conflicto
puso de relieve las incongruencias del gobierno colonial español, dado que en muchos casos las
leyes se contradecían o eran manipuladas por ambos grupos para su propio beneficio. A este hecho
se sumaría el conflicto socio – racial entre las elites y los pardos pertenecientes a los cuerpos
miliares privilegiados, quienes no dudarían en aprovechar los privilegios concedidos al grupo
militar, para burlar la justicia ordinaria.

INTRODUCCION
Al hablar de “estamento militar” se hace referencia a un grupo particular de la sociedad
cartagenera en el siglo XVIII que desempeño unas funciones específicas y tuvo un sistema
judicial propio. Sin embargo, esta definición por si sola no es suficiente para aclarar este
concepto. La razón por la que se decidió llamar a este grupo estamento militar, se basa en
un artículo del historiador estadounidense David A. Branding; Government and Elite in late
Colonial México, en la que define como estamentos sociales, a los grupos determinados y
estratificados de acuerdo a los privilegios y funciones que cumplen en la sociedad.2

1
Oscar Fabián Munévar. Historiador egresado de la Universidad Nacional de Colombia. Profesor del colegio
Real de Bogotá. Miembro del grupo Relaciones Internacionales y Fuerzas Armadas. Este texto se sustenta en
trabajo de grado hecho para optar al titulo de historiador. MUNEVAR, Oscar Fabián. Fuero militar y
conflicto en Cartagena de Indias. 1759 – 1794.
2
Se debe decir que en las colonias se dio una variante diferente a la sociedad estamental en Europa ya que
aquí se dio en función de una estratificación étnica: blancos, indios, mestizos, mulatos y negros cada uno
estratificado de acuerdo a su estado civil y fiscal en la sociedad: According to Roland Mousnier, stratification
and status in such society are determined by privileges, functions and comparative esteem of the various
estates rather than by the bierachy of economic class or relation to marketplace. New Spain presents a
complicated variant of this type of society in that the functional distinctions of Europe were replaced by an
ethnic stratification based upon the fives Estates of Spaniards, Mestizos, Mulatoes, Indians and Blacks. These
indicated only the approximate genetic character of an individual are best regarded as definitions of civic
and fiscal status. BRANDING, David. Government and Elite in late Colonial Mexico. En: Hispanic American
Historical Review. Duke. Vol. 53, No. 3 (Agosto 1973); p. 389.

1
El estamento militar de Cartagena fue un grupo delimitado por sus propias leyes y
prerrogativas, otorgadas por medio de las ordenanzas y reglamentos militares de la década
del sesenta.3 Se ha de decir, que estas leyes y prerrogativas no son otra cosa que el fuero
militar. Por eso al hablar de fuero militar, se hace referencia a los privilegios otorgados por
el Rey a sus cuerpos militares, en función del papel de servidores armados que estos
cumplen en nombre del mismo Rey.

Los reglamentos militares aquí citados, dieron coherencia y legitimidad a la existencia de


un grupo militar privilegiado dentro de la sociedad cartagenera, hecho que llevaría a un
enfrentamiento con otros grupos privilegiados.

Hay que aclarar que este fuero tenía dos divisiones, que se hacían en función de la calidad
de las tropas. En América colonial existían dos tipos de cuerpos militares: la tropa veterana
y la tropa miliciana voluntaria disciplinada. La tropa veterana la conformaban militares
profesionales y en estado permanente de acuertelamiento. Mientras que los milicianos
disciplinados no pasaban de ser sólo voluntarios; tropa entrenada militarmente pero que no
tenían como profesión el servicio militar y entraban en servicio sólo cuando había estado de
guerra. En Cartagena tras las reformas militares de 1773, se estableció el Regimiento fijo,
conformado por tropa veterana y el Regimiento de milicias disciplinadas de Cartagena,
conformado por tropa miliciana disciplinada.4

El objetivo de este capitulo es exponer la dinámica de este conflicto así como algunas de
sus características más importantes. Para ello se expondrán algunos casos referentes al
conflicto con el fin de mostrar de manera clara el desarrollo de aquel. Se toma como punto
de referencia la obra de Allan Kuethe, Reforma militar y sociedad en la Nueva Granada
1703 – 1808. Esta obra es uno de los estudios más importantes que se han hecho sobre el

3
Reales Ordenanzas de S.M para el Regimen, Disciplina, Subordinacion y Servicios de sus Exércitos. 1768.
BBNC. Sección Raros. Reglamento para las milicias de Infanteria y Caballeria de la Isla de Cuba. 1769.
BBLA. Libros raros y manuscritos
4
Para ver la historia y desarrollo de estos dos cuerpos: MARCHENA FERNÁNDEZ, Juan. La institución
miliar en Cartagena de Indias. Sevilla: Escuela de Estudio Hispanoamericanos. 1982.

2
conflicto social entre el grupo militar y las elites cartageneras. Sin embargo, las fuentes
primarias consultadas para esta ponencia, serán las que den sustento al texto y a partir de
las cuales se elabore la trama. Éstas referencias se combinarán con bibliografía secundaría
para desarrollar la trama del capitulo.

FUERO MILITAR Y JUSTICIA ORDINARIA ANTES DE LAS REFORMAS


MILITARES.
Allan Kuethe expone en Reforma militar y sociedad en la Nueva Granada que antes de las
reformas los privilegios concedidos a los militares tenían una influencia limitada en la
Nueva Granada debido a que la tropa veterana existente en el Virreinato era pequeña y la
milicia – con excepción de los oficiales – no gozaba de los privilegios contemplados por el
fuero militar.5 Con este argumento Kuethe obvia la existencia de conflictos entre el
estamento militar y otros grupos sociales antes de las reformas militares iniciadas en el año
de 1773 en la Nueva Granada. Al respecto Kuethe alega que:

La reforma alteró profundamente esta situación al aumentar el tamaño del


ejército regular y con ello el numero de personas con derecho al fuero
militar y, más importante, al crear una milicia disciplinada dotada de
mayores privilegios judiciales que su predecesora.6

Sin embargo, se debe decir que si bien el ejército era pequeño y la mayoría de los
milicianos no gozaban del fuero militar, ya existían problemas entre las autoridades
ordinarias y los cuerpos militares por el fuero militar con anterioridad a las reformas de
1773.

El caso de los pardos y morenos: Las elites cartageneras y el fuero militar. Para las
élites Cartageneras, representadas en el Cabildo, no era aceptable que los milicianos Pardos
y Morenos gozaran del fuero militar. Hay que aclarar que en la década cincuenta del siglo
5
KUETHE, Allan. Reforma Militar y sociedad en la Nueva Granada. 1773 – 1808. Bogotá: Banco de la
Republica. 1993. p. 107.
6
Ibid., p. 108.

3
XVIII en el imperio español no existía claridad con respecto a goce del fuero militar por
parte de los cuerpos milicianos. Esto ocasionó tensiones entre estos grupos y los cabildos
de la provincia de Cartagena. Los cuerpos milicianos recurrieron al Virrey e inclusive al
mismo Rey para lograr el goce del fuero militar. Contrario a éstos, Los cabildos lograron en
diversas ocasiones imponerse a los cuerpos militares, logrando la supresión de las
prerrogativas. El caso expuesto a continuación muestra esta situación.

Para el año de 1752 el gobernador de Cartagena, Ignacio Sala, basado en un despacho del
Virrey, decretó que los oficios de milicias de la ciudad de Cartagena así como de la
provincia no gozarían en adelante del fuero militar:

Y que con recado Político de su parte le pase noticia al Señor Alcalde su


Compañero Manuel López de Puga, y que no y otro, se hiziese saver en
persona a los Oficiales de las Compañias Milisianas de esta Plaza para
que en inteligencia quedazen adbertidos de la sugeción en que deven estar
a las Justicias Ordinarias y no tengan que Reclamar a su pretendido Fuero
Militar en ocasiones que en adelante se ofrezcan.7

El Gobernador a pesar de acatar el despacho del Virrey y decretar que los milicianos no
gozarían del fuero militar, observó en carta al Virrey José Solís y Foch de Cardona que
privar de tal privilegio a los oficiales de milicias afectaría la disciplina, disposición y moral
de los cuerpos milicianos. La decisión del Virrey Solís se debió a un caso judicial sucedido
en Cartagena. El caso giraba entorno a una causa de cobranza o deudas que seguía el
Alcalde ordinario de Mompox don Manuel López de Puga contra el Capitán de milicias de
la compañía de morenos libres de Cartagena, Antonio Blanqueser, a quien se le impuso la
pena de presidio por una deuda contraída con Don Juan de Atendiola Alcalde de Cartagena.
Este caso originó polémica entre los militares y los jueces ordinarios, pues los primeros
alegaban que el caso de Blanqueser estaba cobijado por el fuero militar, mientras los
segundos alegaban que por ser un oficial voluntario y no veterano, no gozaba de las

7
AGN. Sección Colonia. Fondo competencias. Tomo 2. Folio 619.

4
excepciones consagradas por el fuero militar. Finalmente tras mediación del mismo Virrey
– y bajo presiones del Cabildo de Cartagena – se tomó la decisión salomónica de revocar
la pena impuesta a Blanqueser con la advertencia que en adelante los oficiales de milicias
no podrían invocar el fuero militar para ningún caso judicial.8

Sin embargo el asunto no se detuvo en este hecho, en 1763 por orden directa del rey Carlos
III, los oficiales de la compañía de cuarterones y pardos de Cartagena comandada por el
mencionado Antonio Blanqueser9 obtuvieron el fuero militar. Antonio Blanquecer y
Toribio de la Torre no perdieron tiempo y comunicaron al Cabildo de Cartagena:

se intime y haga saver a todos los Juezes y Justicias de esta Ciudad y a sû


Cavildo donde se archive un testimonio de ello, y otro igual se pase â la
Real Audiencia del distrito para que le consten y guarden, y hagan
guardar y cumplir la exempción referida, y queden en el conocimiento,
que de nuestras personas y causas solo pueden conocer el Governador de
esta Plaza y por su superior recurso a V. Exa.10

A partir de este caso originado en 1752, se puede observar la polémica que despertaba el
fuero militar entre los cabildos municipales y los militares veintiún años antes de las
reformas iniciadas por O`Reilly en 1773. De un lado tenemos a los militares, representados
por el gobernador Ignacio de Sala, Antonio Blanquecer y Toribio de la Torre quienes ven
en el fuero un premio justo a su servicio militar. Por otro lado tenemos a las autoridades
civiles representadas en don Manuel López de Puga, quien pide jurisdicción de la justicia
ordinaria sobre los milicianos, así como la supresión del fuero militar como privilegio para
estos. El caso muestra la aversión de las autoridades municipales hacia la concesión del
fuero militar a las milicias, debido al supuesto que su autoridad se vería afectada al sustraer
de su jurisdicción a los milicianos. En este caso los oficiales de milicias se verían

8
AGN. Sección Colonia. Fondo competencias. Tomo 2. Folios 616 – 620.
9
El llamado Antonio Blanqueser aparece en los documentos consultados con el apellido Blanqueser o
Blanquesel. Sin embargo es él mismo.
10
AGN. Sección Colonia. Fondo milicias y marina. Tomo 17. Folios 588 – 592.

5
favorecidos tras un largo forcejeo con el Cabildo. Sin embargo, fue el Rey quien tuvo la
última palabra y quien decidió la concesión del fuero a los oficiales milicianos.

Este hecho no se presentaba sólo en Cartagena. Caso similar ocurrió en Nueva España,
donde los cuerpos milicianos estaban constituidos por individuos considerados blancos
hasta que el Virrey Cruillas aceptó por razones prácticas la constitución de cuerpos pardos
y morenos, sin otorgarles el fuero militar a estas unidades.11 Sin embargo, Juan Villalba, el
inspector enviado por el Rey para ayudar en la reforma militar al Virrey Cruillas de Nueva
España, aceptó y aplicó el fuero militar a los cuerpos pardos y morenos,12 hecho que fue
ratificado por el sucesor de Cruillas, el marqués de Croix tal como lo expresa Maria del
Carmen Velásquez:

Croix se desatendió del escrúpulo que tuvo Cruillas de considerar de igual


categoría social a los distintos elementos raciales del reino, durante su
gobierno concedió a los milicianos pardos el goce del fuero militar.
También fue este virrey quien les hizo saber que estaban exceptuados del
pago del tributo.13

La concesión del fuero militar a los pardos y morenos fue una maniobra del gobierno
colonial para convertir el servicio de armas en algo atractivo para este sector de la sociedad
colonial. Es más, con la concesión de excepciones judiciales y municipales a los cuerpos

11
La guerra contra Inglaterra y la toma de la Habana en 1762, fue la causa directa para que se aceptara la
formación de cuerpos pardos y morenos adiestrados en el uso de armas. VELÁSQUEZ, Maria del Carmen. El
estado de guerra en Nueva España: 1760 1808. El Colegio de México: México. 1997. p. 35
12
Joseph Sanchez expresa que en el Virreinato de Nueva España, Juan Villalba concedió en nombre del Rey
el fuero militar a los cuerpos de milicianos pardos y morenos que se habían formado con motivo de la guerra
contre Inglaterra. “During the military reorganization of the late 1760s under Juan Villalba, and the
implementation of the Bourbon plan for defense of empire, the militia was expanded to included units
comprised of free blacks. To them was conceded the fuero militar, a set of military privileges, which among
other provisions included the right to bear arms, select unit colors and wear uniforms”. SÁNCHEZ, Joseph.
African Freedmen and the Fuero Militar: A Historical Overview of Pardo and Moreno Militiamen in the Late
Spanish Empire. En: Colonial Latino American Historical Review. Alburquerque. Vol. 3, No. 2 (Verano
1992); p. 165.
13
VELÁSQUEZ. Op. cit., p. 96.

6
milicianos se buscaba involucrar a los americanos en la defensa de los territorios coloniales
españoles.14

No obstante la incorporación de pardos y morenos a los cuerpos militares coloniales así


como el goce del fuero militar por parte de estos era visto con recelo por parte de la
autoridades y las elites coloniales quienes veían en estos individuos a gente viciosa y
pendenciera.15 Inclusive dentro de la tropa veterana, había individuos que consideraban
indebido privilegiar a los cuerpos milicianos ya fueran estos pardos, morenos o blancos
con el fuero militar. La siguiente carta de Celio de Velares, capitán de la compañía de
voluntarios milicianos mercaderes de la ciudad de Cartagena en 1774 expresa este hecho:

La notizia que públicamente corre en la ciudad de havèr ganado el


Theniente de Governador Auditor de Guerra Dn Jossef Ignacio Geredo
junto con los Alcaldes Ordinarios del Año passado una Real Zedula
aboliendo los privilegios que la piedad de V. Exa. se sirviera dispensar a
nstra Compañía de Voluntarios Milicianos Mercaderes nos ha llenado de
lamaior consternazion y sorprendidos de este inesperado subsseso y con
el conocimientp de que para alcanriàn esta revocazion, no es dudable se
aigan alegado falzas causas, y silenciándose los graves motibos, que la
justificazion de V. Exa. tubo presentes hemos deliberado así por este
Juridico motibo, como por no avernos emplazado, ni citado, suplicar de la
Real Cedula y según nstros recursos al mismo Soberano para que su Real
Clemencia sobstenga lo executado por V. Exa. y à este fin en el venidero
correo dirigiremos à V. Exa. La correspondiente representazion con

14
El ministro de Indias don José Gálvez escribió al virrey Manuel Floréz en 1779. “En suposición que es
imposible defender con tropas veteranas los puntos más importantes de esos inmensos dominios, la necesidad
y la política exigen que se saquen de los naturales del país todo el partido que se pueda. Para estoes preciso
que los que los mandan los traten con humanidad y dulzura, que a fuerza de desinterés y equidad les infundan
amor al servicio, y les hagan conocer que la defensa de los derechos del Rey está unida con la de sus bienes,
su familia su patria y su felicidad”. MARCHENA FERNÁNDEZ, Op. cit., p. 24.
15
Las autoridades coloniales civiles y militares les preocupaba la vinculación de pardos y morenos en los
cuerpos militares, pues había recelo por las deficiente moral que según las elites tenían estos sectores, los
cuales podrían transmitir sus vicios a las unidades blancas de las milicias coloniales. SANCHEZ. Op. cit., p.
165.

7
todos los documuentos justificantes de los graves motibos que para le
mexor servicio del Rey impulsaron el animo de V. Exa. à atender nstra
suplica, àfin de que su Superioridad, se digne dirigirlos á la Corthe y
acompañan el ynforme conveniente para que nos quedemos defraudados
de una gracia tan apreciable como conferida à nuestra Compañía, ni la
Justa providencia de V. Exa. sin efecto, solo por la indebida y mal
formada opocizion del Auditor de Guerra y Alcaldes Ordinarios à
quienes nada se perjudica el usso de su Jurisdiczion con que esten
esemptos de ella los pocos Yndividuos de nuestra Compañía quando
pueden exercitarla libremente en los demas de este opulento
Vecindario.16

La carta aquí citada expresa el desacuerdo del Auditor de Guerra con la concesión del fuero
militar a los cuerpos milicianos, los cuales apelan al Gobernador de Cartagena para que este
revoque la orden de supresión del fuero. En este caso el Auditor como máxima autoridad
judicial de los cuerpos militares actúa de acuerdo con los alcaldes ordinarios de la ciudad
para revocar el fuero al cuerpo miliciano. Celio Velares alega falsos testimonios por parte
de aquellos, además de expresar que el fuero en nada afecta la jurisdicción del Cabildo
puesto que será tan solo una pequeña parte de individuos son los que quedaran exentos de
la jurisdicción ordinaria.

Como se ve, la concesión del fuero militar a los cuerpos milicianos constituía un tema
espinoso para el gobierno colonial y las elites coloniales, que veían en éste un problema que
afectaba el orden social existente al privilegiar gente considerada indecente y sometida.

Cartagena y sus milicias. La concesión del fuero militar a los cuerpos milicianos se limitó
en un principio a los oficiales, pero pronto fue extendido a la tropa. Según Kuethe, antes de
la reforma el fuero militar sólo era aplicado a los oficiales de milicias. Sin embargo al igual

16
AGN. Sección colonia. Fondo milicias y marina. Tomo 2. Folios 184 – 186. la cursiva es mía

8
que en Nueva España los milicianos pardos obtuvieron el goce del fuero militar a partir de
1763.

En efecto con carta fechada el 5 de Julio de 1763, el maestre de campo de las milicias de
Santa Marta, José Fernando de Mier y Guerra, pidió la concesión del fuero militar tanto en
lo civil y lo criminal para si y para los oficiales subalternos de las milicias de pardos de la
mencionada provincia.17 Esta petición se dio como resultado de una decisión tomada por el
gobernador de Santa Marta según la cual las compañías de pardos gozarían del fuero
militar según superior decreto del 12 de Junio expedido por el rey de España Carlos III.18
El decreto declaraba:

A los exmos señores sus subcesores, no no conozcan tampoco de ninguna


dura cauzas, los Alcaldes ordinarios, sino el Govdor de las Armas.19

Por medio de esta orden se les concedió fuero militar en lo civil y criminal a los oficiales de
los cuerpos milicianos de pardos y en lo criminal a los soldados de estos.

La decisión tomada por el Gobernador respondía al premio otorgado por los servicios
prestados por estos cuerpos en la protección que estos ofrecían a los caminos y villas
atacadas por los indios chimilas, los cuales hostilizaban algunos centros urbanos de la
provincia. Es decir, el fuero militar se otorgó por la protección que prestaron estos cuerpos
a los dominios y súbditos del rey ante la belicosidad de tribus hostiles al gobierno español.
No obstante también fue otorgado por la decisión tomada en la provincia de Cartagena, al
otorgar a las milicias pardas el fuero militar.

17
Muy Señor mio Haviendome Dignado el Exmo Señor Virrey de este Reyno, conceder a esta maestria en lo
civil; y criminal, para si, y demas oficiales subalternos de ella, conforme se manifiesta para su Superior
Despacho librado en Cartagena, a veinte y seis de Mayo proximo pasado, tomó la resolución de acompañarlo
originalmente a V. s. Para que le merezca el correspondiente pase y de esta suerte hacerse notar su
cumplimiento. 5 de Julio de 1763. AGN. Sección colonia. Fondo milicias y marina. Tomo 93. Folio 561.
18
Preceptuándome V.e. en el Superior Decreto de la real Cedula, que los milicianos Pardos interpretaron a V.
ex. Para el gose del fuero militar, igual, â lo que se les concedio a las milicias de la Plaza de Cartaxena, y que
con justificante se informe la costumbre que ha observado. Ibid., Folio 560.
19
Ibid.,

9
Como se observa, a diferencia de lo que expresa Kuethe, el goce del fuero militar a los
milicianos les fue otorgado diez años antes de la reforma Cartagenera de 1773. Por lo tanto
se puede decir que el reglamento de milicias de Cuba no establece la concesión del fuero
militar a los cuerpos milicianos. Lo que hace es reglamentar una práctica que se venía
dando ya en las colonias americanas y legitimar la incorporación de algunos cuerpos
milicianos al estamento militar español.

La tropa veterana: El Caso del sargento mayor Longaray. Miguel Longaray, sargento
mayor de las milicias de Mompos y por ende militar veterano20 pidió al Virrey y a los
jueces ordinarios de la ciudad que le guardasen exención jurídica y fuero militar en todas
las causas que se le siguiesen. Longaray al parecer era un personaje bastante conflictivo,
pues contra él había dos procesos por fragilidad sexual y maltratos contra su esposa.21 Es
lógico que tal personaje buscara safarse de sus enredos con la justicia ordinaria por medio
del fuero militar. Al final su pedido fue escuchado y pronto Longaray entro bajo
jurisdicción militar. El caso de Longaray es interesante, pues muestra que al igual que en el
caso de las milicias, la tropa veterana se encontraba presionada por la justicia ordinaria,
pues Longaray reconoce como única competencia a su maestre de campo mientras las
justicias ordinarias alegan su competencia sobre las causas que se le siguen al mencionado
Sargento. 22

El conflicto que se da antes de las reformas no es de la misma naturaleza al que se presenta


con posterioridad a estas. En los casos anteriores se observa que el conflicto tiene como eje
la obtención del fuero militar. En efecto, tanto Blanqueser, como Longaray y las milicias
de Santa Marta buscan la concesión del fuero militar en sus causas civiles y criminales

20
El cargo de sargento mayor de un batallón de milicias lo ejercía un oficial del ejercito veterano.
21
Ambos procesos contra Longaray evidencian la personalidad irrespetuosa y libidinosa hacia las mujeres de
personaje. Pues en ambos casos se le acusaba de abuso e irrespeto hacia mujeres. AGN. Sección colonia.
Fondo milicias y marina. Tomo 71. Folios 467 – 470.
22
AGN. Sección Colonia. Fondo competencias. Tomo 2. Folios. 137 – 142.

10
mediante procesos jurídicos que en el caso de Blanquecer duraron varios años. Tras las
reformas el conflicto tomaría una dirección diferente como se vera a continuación.

EL FUERO MILITAR Y LA JUSTICIA MILITAR DESPUÉS DE LAS


REFORMAS.
Fernando del Orbe, sargento mayor de milicias, fue llamado a declarar en una causa civil u
ordinaria23 que involucraba amoríos entre un vecino de la ciudad de Cartagena – el cual
utilizaba a su esclavo como celestina – con una moza de la ciudad. El caso es que el
Sargento se negaba a declarar ante un juez ordinario, alegando que según el articulo 7,
titulo VI del tratado VIII de las ordenanzas establecía que aquel que formara un proceso
que involucrara a un oficial debería ir a la posada o cuartel donde se aloje aquel. El
mencionado sargento recurre a su certificación como militar para justificarse e invocar el
fuero militar ante la justicia ordinaria24 y alega que el Supremo Consejo de Guerra decidió
que la certificación vale como declaración juramentada ante los jueces ordinarios.25 Incluso
se valió de la subordinación militar que el alcalde don Felipe Sánchez Morelia le debía
como su subordinado, pues Sánchez era alférez del cuerpo en el que el sargento del Orbe
servía. 26

Como se observa el conflicto no giraba ya entorno a la obtención del fuero militar, sino a
la reafirmación de los militares como grupo autónomo y privilegiado. El anterior caso
expresa la afirmación de los militares como grupo autónomo, con su propia reglamentación
y privilegios. La competencia jurídica de las autoridades civiles sobre las causas que

23
La causa ordinaria era aquella falta sobre la cual tenía jurisdicción los cabildos.
24
Tanto en las ordenanzas como en el reglamento de milicias se establece que tan solo con mostrar
certificación dada por el coronel del regimiento los militares y los milicianos disciplinados podrían invocar el
fuero miliar. BBNC. Sección raros, Tomo III, Tratado VIII, Titulo I, Articulo 7. BBLA. Libros raros y
manuscritos. Capitulo XI. Articulo 20.
25
El citado caso corresponde a don Manuel de Zalvide, comandante de guerra en Cartagena de Levante, quien
por pedido del corregidor de Murcia ante el intendente general de marina fue citado a declarar. Sin embargo el
supremo consejo de guerra resolvió que Zalvide presentara su certificación, la cual equivaldría a una
declaración juramentada. AGN. Sección Colonia. Fondo milicias y marina. Tomo 41. Folio 376.
26
Para ver el caso de Fernando del Orbe. AGN. Sección colonia. Fondo milicias y marina. Tomo 41. Folios
374 – 378.

11
involucraban a militares representaba una clara violación, según los militares, a su
condición como grupo privilegiado por la Corona.

Sin embargo, el conflicto también tiene otra cara: la rivalidad entre dos grupos
privilegiados por las leyes. Por una parte, los cabildos integrados por los miembros más
distinguidos de la sociedad colonial, que procuraban mantenerse como el grupo dominante
y privilegiado de ésta, y por otra parte los militares, quienes como estamento y grupo social
tenían sus propias leyes así como privilegios, merced de su servicio en armas a la Corona.
Es precisamente a la luz de este conflicto que se debe entender las palabras de la
historiadora venezolana Inés Quintero sobre los cabildos:

En consecuencia se oponen a cualquier acción o iniciativa de alterar la


estabilidad y orden jerárquico de la sociedad, vigilan y fiscalizan, en la
medida que sus funciones y atribuciones se lo permiten, los
procedimientos que puedan tener como resultado cualquier modificación
en la consideración o calificación de un individuo cuando ello no le
corresponde.27

En efecto, a finales del siglo XVIII las élites coloniales trataron por medio de los cabildos,
mantener un orden social en cuya cúspide estaban ellos. Esta situación produjo tensiones
con el grupo militar, que también estaba situado en una posición de privilegio que les
permitió ejercitar sus propias leyes y reglas, dando como resultado la oposición del grupo
militar a la injerencia de los cabildos sobre los individuos pertenecientes a los cuerpos
militares.

Esto no indica que los cabildos asimilaran este hecho de manera consumada, inclusive antes
de la llegada de O`Reilly a Cartagena ya presentaban roces como lo demostró el caso de
Blanquecer. Los cabildos lograron en ocasiones con la complicidad de los mismos militares

27
QUINTERO, Inés. Autoridades en Conflicto: El cabildo y la audiencia de Caracas. En: Anuario colombiano
de historia social y de la cultura. Bogotá. No. 24 (1997) p. 273.

12
suprimir el fuero y lograr la subordinación de las milicias urbanas a la justicia ordinaria, 28
pero chocaron con los miembros de la tropa veterana y las milicias disciplinadas, quienes
esgrimieron argumentos jurídicos de peso para sustentar su autonomía como hombres
pertenecientes a un estamento social tal como se expresó en el caso de Fernando del Orbe,
quién recurre a la reglamentación militar para mantenerse apartado de la jurisdicción del
cabildo de Mompox.

Cabildo vs. Militares.


En el año de 1773 José Floréz de Longoria, administrador de correos de la ciudad de
Cartagena, interpuso una queja ante el coronel del regimiento fijo de la plaza de Cartagena,
coronel José Bernet, contra el alférez Francisco Portillo, quien según el funcionario de la
corona, le había insultado cuando se encontraba revisando el correo destinado al
29
Gobernador de la plaza. Floréz alegaba que por real orden tenía que cerrar la puerta
cuando se revisara y entregara el correo del Gobernador. El mencionado alférez ingresó a la
oficina y Florez le explicó que no podía atenderlo dado que la oficina estaba cerrada por los
motivos ya expuestos. Más tarde Floréz se encontró con el alférez Portillo quien lo insultó.
La situación llegó al borde de la agresión física sino es por que don José Antonio Berrío
vecino de la ciudad, se interpuso entre los dos hombres.

Hay que aclarar que otra era la versión de Portillo quien dirá que Floréz lejos de portarse
con cortesía lo hizo de la manera más grosera, pues según el alférez, Florez cerró con
violencia la puerta. Ante esta ofensa el alférez esperó al administrador de correos y le
increpó encolerizado diciéndole que tenía mala crianza por haberle cerrado la puerta en la
cara. Portillo alegaba que su reacción se debía por el trato que recibió siendo él oficial
veterano.

28
El caso citado hace referencia a los milicianos mercaderes de Cartagena, a quienes les fue revocado el fuero
militar mediante Real Cedula del 30 de Diciembre de 1775. He aquí un aparte del documento “ Señor: He
rezivido la copia de la Real Cedula de 30 de Diziembre del año pasado de 75, en que se sirvió S.M. declarar la
observancia de la de 12 de Mayo de 74, relativa a la derogación de los fueros que allí se expresan, concedidos
a la Compañía de Mercaderes de esta Plaza”. AGN. Sección Colonia. Fondo milicias y marina. Tomo 57
Folios 556 – 557.
29
AGN. Sección colonia. Fondo milicias y marina. Tomo 57. Folios 564 – 582.

13
El caso terminó con Portillo en prisión por orden del Gobernador y su absolución por
parte de Florez, quien tras visitar al acusado en la cárcel y recibir las disculpas de éste,
retiró los cargos. En este caso tenemos de un lado a Florez, quien alega que su trabajo y su
persona fue irrespetada de manera grosera por el alférez Portillo. Y por otro lado a Portillo
que alega que por ser un oficial veterano merece respeto y honra, llegando inclusive a
insultar a un funcionario real para hacerse valer como militar.

El caso anterior muestra el irrespeto y recelo que existía entre los funcionarios ordinarios y
los militares, pues ambos encontraban su oficio de más importancia que su contraparte,
hecho por el cual se producía el enfrentamiento entre ambos grupos. Este hecho lo confirma
otro caso similar sucedido en 1773 en Cartagena. El 7 de Agosto de 1773 el alcalde José
Díaz Escandon mandó al alguacil José García a efectuar un arresto. El hecho no hubiera
tenido trascendencia alguna sino fuera porque el reo gozaba del fuero militar. En efecto, el
miliciano pertenecía a una de las compañías milicianas artilleras comandada por el capitán
veterano Domingo Esquiaqui. Al momento de efectuarse la detención, tanto Díaz como
García ignoraron dar informe de la detención a Esquiaqui, que al enterarse de lo ocurrido
entró en cólera. Acto seguido liberó al miliciano, no sin antes amenazar a García con
represalias en caso de volverse a cometer acto similar.

En este caso ambas partes, jueces ordinarios y militares, esgrimieron argumentos para
justificar su actuación. De una parte esta el alcalde Díaz, quien no dudó en expresar el
respeto y sometimiento que debían tener los habitantes de la ciudad de Cartagena hacia el
Cabildo y por otra parte a Esquiaqui, quien considera que los privilegios militares eran la
base de un sólido orgullo corporativo: el de la milicias. Por ello opinaba que el fuero debía
ser defendido sin contemplaciones, en especial cuando éste era desafiado abiertamente.30

Otro caso similar pero con diferente resultado se presentó en Mompox hacia el año de 1799
entre el cabildo y la milicia de cazadores urbanos de la ciudad. El caso giraba entorno a la

30
Para ver detalles del caso: Kuethe. Op. cit., p. 117 a 124.

14
aprehensión que hizo el ministro de justicia Lino Mora, a un miliciano llamado Félix
Zarrazola, quien debía ser arrestado según orden del Alcalde Ordinario Martín Ribón.

Lino Mora ejecutó la orden contra el mencionado miliciano, pero la aprehensión la llevo a
cabo cuando Zarrasola estaba en función de armas, es decir en formación u orden cerrado
bajo la orden de un jefe militar, el teniente veterano Manuel de Herrera. Según los
testimonios recogidos por el cabildo el miliciano no se hallaba en formación por lo que
Mora efectuó el procedimiento sin informar al teniente Herrera. Al enterarse Herrera
amenazó al ministro Lino Mora con romperle la cabeza y el alma si este volvía a cometer
tal acto sin informarle, a lo que Mora respondió que si a alguien tenía que romperle la
cabeza era al alcalde Ribón pues este era quien le había ordenado aprehender a Zarrasola.31
A raíz de este incidente el alcalde Ribón expresó al gobernador:

Que de ningun modo puedo yò permitir, por el irrespeto a la Real Justicia,


y mal exemplo; menos quando por mi parte no se le ha dado el meno
motibo para semejantes excesos.32

A tales acusaciones el Marqués de Torre Hoyo, coronel veterano comisionado33 para el


cuerpo de cazadores urbanos, respondió en carta al gobernador que Lino Mora había
aprehendido al miliciano Zarrasola en el acto de formación y lista de mencionado cuerpo,
lo cual lo testificaba también el cabo primero veterano Francisco Martínez.

Los militares alegaban que Lino Mora a pesar de contar con una orden de arresto expedida
por el alcalde Ribón no comunicó la orden al jefe de la formación el teniente Manuel de
Herrera. Esta omisión constituía una violación al fuero militar, pues a pesar de que el
miliciano no se hallaba empleado en servicio, si lo estaba en servicio de armas bajo las

31
Testimonios tomados a Gregorio Duque, portero del cabildo y alcalde de la real cárcel de Mompos y
Antonio Buenaventura vecino de dicha ciudad. AGN. Sección colonia. Fondo milicias y marina. Tomo 3.
Folios 590 – 592.
32
Carta de Martín Ribón al Gobernador Anastasio Zejudo. Ibid. Folios 597 – 599.
33
El cargo de Comisionado en un cuerpo miliciano se daba a un militar veterano por vacante del cargo de
coronel voluntario hasta que se escogiera un reemplazo.

15
ordenes de un comandante militar. Por tal motivo el coronel Torre Hoyo disponía del
arresto por parte de la justicia militar de Lino Mora, advirtiendo que de haber queja contra
algún individuo que gozara de fuero de guerra:

La presente a la queja de su respectivo inmediato gefe de quien dependa


para que el provea de oportuno remedio como aquel juritativa y
exclusivamente le corresponda conocer de todas sus causas.34

Como respuesta Ribón dirigió una carta nuevamente a Anastasio Zejudo en la que
expresaba su inconformidad con la decisión tomada por los militares puesto que sentía que
el fuero militar no podía entorpecer el cumplimiento de la justicia ordinaria, además de
creer injusto el arresto de Lino Mora por parte de los militares, pues según él, de haber
cometido delito alguno el mencionado ministro, el cabildo de Mompox era quien debía
castigarlo por que era este organismo el que tenía la potestad de enjuiciar a sus miembros.35

La contestación de los militares no se hizo esperar. En carta dirigida tanto al Gobernador


como al Cabildo de Mompos, Torre Hoyo expresó que:

A la Jurisdicción Militar corresponde entre otros delitos el conocimiento


de relaciones, ô insulto que en qualesquiera modo se intente contra el
Comandante Militar, Oficiales, o Tropa – el Ministro del Alcalde
Ordinario de Mompox Lino Mora, ridículamente vestido, con calzon
largo; y con un palo en la mano, hallándose formadas las compañias en
el acto de Revista, tubo el atrevimiento de sacar de dicha formación al
miliciano Felix Zarrasola.36

Al final el mismo Gobernador de Cartagena Anastasio Zejudo dispuso el arresto por quince
días en la cárcel militar de Bocachica de Lino Mora dando punto final al caso. Como
34
Carta del coronel marqués Torre Hoyo al gobernador de Cartagena. Ibid., Folios 601 – 603.
35
Carta de Martín Ribón al gobernador Anastasio Zejudo. Ibid., Folios 605 – 606.
36
Nótese la manera despectiva como se trata a Lino Mora. Ibid., Folios 607 – 610. La cursiva es mía

16
epilogo queda una real orden dada por Carlos IV, en la cual establecía que los regimientos
de milicias urbanas no gozarían de fuero militar en otro tiempo que no fuera estando en
servicio.37

El desempeño de ambos grupos muestra el celo y aversión del Cabildo hacia los militares,
así como el desprecio de los militares hacia el Cabildo. La actuación del Cabildo al arrestar
a Zarrasola expresa el irrespeto y poca estima que las elites sentían hacia los militares, pues
se ignoró de manera deliberada la autoridad del teniente Herrera en formación al no
informarle de la aprehensión de un subordinado. Sin embargo cuando los hechos se
volvieron en contra del funcionario del Cabildo, no se dudó ni un momento en reclamar la
jurisdicción ordinaria sobre sus funcionarios tal como lo dictaba la ley. En tanto los
militares se sintieron ofendidos por la actuación de Lino Mora, sometiéndolo a su autoridad
y ridiculizando sus funciones así como la del Cabildo municipal, entrando en choque
abierto

Los casos anteriormente citados expresan la identidad que asumieron los militares como
grupo distinguido en la sociedad colonial cartagenera. En efecto, no son casos aislados ya
que expresan la altivez y orgullo que sentía este grupo por portar armas y uniformes, lo cual
según sus criterios los hacía dignos de respeto y distinción.38 En ambos casos los militares
sienten afectado su orgullo y su posición como grupo social distinguido lo cual los llevará a
actuar de una manera tosca e irrespetuosa hacia los funcionarios administrativos coloniales,
como lo ilustran las ofensas que profirió el teniente Portillo hacia el administrador de
correos o la manera despectiva como se expresan los militares hacia el ministro Lino Mora.

Más importante aún es que los dos casos ilustran la desconfianza existente entre los
militares y las elites de la provincia de Cartagena, pues tanto el estamento militar como las

37
La real orden de Carlos IV en 1799 reconfirmaba la real orden dada por Carlos III el 13 de Febrero de 1786
que ordenaba que las milicias urbanas no gozarían del fuero militar en otro tiempo que no fuera estando en
servicio de armas (formación bajo un jefe militar) Ibid., Folio 617 y Juzgados Militares de España y de sus
Indias. BBNC. Fondo Antiguo. 1789. Discurso preeliminar. p. 8.
38
Para ver sobre la honra y reputación de los militares en le imperio español: MUNEVAR, Oscar, Op cit.,
Capitulo primero.

17
elites provinciales trataban de imponerse uno sobre el otro. Celosos entre sí por la
intromisión que podía ejercer un grupo en los asuntos del otro. Así lo expresa el caso de
Lino Mora en el que los militares al sentir ofendida su jurisdicción deciden someter a Mora
bajo ésta misma al arrestarlo por quince días, hecho que agudiza el conflicto de este caso
pues el alcalde Ribón no acepta lo que para él es una violación a la jurisdicción de la
justicia ordinaria. Sin embargo los choques por la autonomía y reconocimiento como grupo
social no solo se producían con el Cabildo. Igualmente los militares entraron en conflicto
con la Iglesia.

Tenemos que para Febrero de 1774, el coronel del regimiento fijo de Cartagena don José
Bernet entra en discusión con el Obispo de Cartagena al querer este último empadronar
(censar) a los individuos que componen el pie de fuerza de este cuerpo. Bernet se opone
pues considera perteneciente a la jurisdicción militar la cual siente irrespetada por la Iglesia
al querer ésta llevar a cabo el empadronamiento del regimiento. En efecto, el Obispo mandó
un párroco con el fin de empadronar al regimiento, hecho al cual se opuso Bernet, pues le
ordenó a su Sargento mayor que le negara al párroco el permiso para empadronar al
regimiento.39 Ante este comportamiento el gobernador Roque de Quiroga ordenó de manera
tajante a Bernet que dejara empadronar al regimiento por arte de la Iglesia.40 No obstante
y a pesar que este hecho parece ser la causa de la disputa entre militares e iglesia el
conflicto se da por la intromisión de la Iglesia en los asuntos del estamento militar. A raíz
del empadronamiento se desastó el conflicto iglesia – militares, pues la iglesia según
observaciones del propio Bernet, había limitado y eliminado las facultades de los
capellanes del regimiento al impedirles la administración de sacramentos, así como de la
misa y el confesionario.41

39
AGN. Sección colonia. Fondo Competencias. Tomo 2. Folio 638.
40
Para ver los detalles del proceso. AGN. Sección colonia. Fondo Competencias. Tomo 2. Folio 635 – 663.
41
Carta de Bernet al virrey. AGN. Sección colonia. Fondo milicias y marina. Tomo 58. Folio 715.

18
Al final el regimiento en pleno fue excomulgado por oponerse a la jurisdicción eclesiástica
y perdonado por la intervención del Virrey quien reconoció y ordenó al regimiento aceptar
la jurisdicción del obispado de Cartagena sobre los asuntos religiosos del regimiento.

COCLUSIONES
Los casos aquí expuestos muestran un hecho común: la lucha del grupo militar por el
reconocimiento de su autonomía judicial y de sus privilegios ante la sociedad cartagenera.
La existencia de unos códigos y privilegios no garantizó de por sí que el estamento militar
llegara a ser reconocido como tal por las elites cartageneras.

Este conflicto tiene 2 periodos divididos por el año de 1773. Año en el que se inició la
reforma miliar en Cartagena de Indias. El primer periodo que va desde 1750 hasta 1773, se
caracterizó por los esfuerzos de los militares en lograr el reconocimiento de algunas
prerrogativas por parte de la administración colonial. Sin embargo sus esfuerzos chocaron
con las elites sociales representadas en los cabildos, los cuales lograron la negación e
inclusive la supresión de los privilegios cuando les fueron otorgados a los militares. El
segundo periodo que comienza en 1773 hasta el inicio del proceso de independencia, se
caracterizó por ser un conflicto más agudo que el anterior, ya que los miliares lograron por
parte de la Corona española su reconocimiento como grupo autónomo y privilegiado, hecho
que lograron bajo los auspicios de las ordenanzas militares y el reglamento de milicias
disciplinadas. Sin embargo no lograron este mismo reconocimiento por parte de las elites
locales representadas en los cabildos y la iglesia católica dado que las leyes españolas
también los privilegiaban a ellos. Esta situación produjo un conflicto entre grupos
privilegiados, lo cuál desgastó a la larga el orden y la administración colonial, ya que dos
grupos encargados de representar a la Corona y mantener el orden en la colonia, entraron en
conflicto, produciéndose el debilitamiento y decadencia de las estructuras sociales
existentes en Cartagena de Indias durante el siglo XVIII.

19

También podría gustarte