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Psicoanálisis y adolescencia

Sara Cohen. Alertas para la angustia adolescente


En esta entrevista, la psicoanalista enciende la alarma sobre los riesgos y sufrimientos que los más
jóvenes padecen en un contexto muchas veces doloroso.

Según Sara Cohen, "sería hipócrita creer que el consumo parte de los chicos: es una sociedad
consumista, se ofrece de todo".

GISELA DAUS

01/05/2019 - 1:47 Clarín.com Revista Ñ Ideas

PsicoanálisisPsicologíaAdolescentesViolencia Juvenil
Morir joven. Clínica con adolescentes (Paidós) es el libro reciente de la psicoanalista, psiquiatra
infanto-juvenil y escritora Sara Cohen. “El libro surgió en relación a cuestiones que se plantean en la
clínica de los adolescentes. Mi escritura de ensayo es un ir y venir por distintas referencias: la
tragedia, obras literarias contemporáneas, temas clínicos actuales... Esta articulación permite pensar
el porqué de ciertas cuestiones críticas en la adolescencia, no siempre relacionadas con situaciones
graves –desde la psicopatología del joven–, a veces son coyunturas”, describe su autora.

Según la Organización Mundial de la Salud, el suicidio es la segunda causa de muerte entre


personas de 15 a 29 años. Si bien existe el riesgo de suicidio en la juventud, aquí se enfatizan otras
cuestiones, sostiene: “Cuáles son los factores de coyuntura entre lo que le acontece al joven; el
momento que atraviesa, relacionándolo con la situación (muchas veces sin o con muy poco sostén)
familiar y social. Y el evaluar posibles formas de intervención para evitar situaciones graves que,
aunque no sean buscadas, encienden alertas”.

“La búsqueda adolescente tiene una inevitable relación de confrontación con la generación que le
antecede y a veces se le puede volver en contra, pero un joven que no desafía no estaría haciendo
un camino que le permita un desarrollo mejor. Los púberes viven muchas experiencias nuevas: al
salir de una posición infantil tienen una gran eclosión, se pueden consumar cosas que antes el niño
no podía realizar. Es un momento fuerte, en el que se juegan situaciones determinantes en su historia
libidinal: pueden tener un gran desarrollo creativo futuro o en ciertas condiciones generarse un riesgo
de cuestión mortífera. Hay que escucharlos, hablar sobre lo que les pasa, sus duelos y las
dificultades que atraviesan. Al trabajarlo encontrás que hay que reubicar cuestiones en el terreno de
la palabra”, amplía Cohen en esta entrevista. La también poeta y traductora, en su inspirador libro
analiza y propone reflexionar sobre los temas que aquí anticipa.
–En tu obra decís que cada sociedad tiene “distintos modos de mandar a la muerte a sus jóvenes”.
¿A qué refiere esta afirmación?
–Cada sociedad tiene puntos en los cuales los pibes no saben de dónde agarrarse, esto no se puede
eludir. Muchas categorías freudianas siguen vigentes pero ciertas patologías –como la neurosis–
aparecen con un perfil de la época, no se presentan como en el siglo XX. Uno no tiene que perder
los ejes que hacen a las diferenciaciones diagnósticas; tampoco se puede ignorar que se está
inmerso en una cultura y algunas cuestiones se pueden naturalizar, cuando en realidad son
determinantes en el desencadenamiento de situaciones a veces graves.
–¿Por qué en tu libro hablás del arte, lo usás como un recurso y relacionás con lo pulsional?
–Es interesante ver cómo algunos artistas, escritores, pensadores refieren o expresan de distintas
maneras que algunas experiencias propias de la adolescencia fueron determinantes en la posibilidad
de su desarrollo creativo. En ciertos casos fue cómo hacer frente a cuestiones críticas que se les
presentaban o encuentros con temas de carácter amoroso, que configuran la posibilidad de
encuentro también de posiciones estéticas. Las posiciones libidinales pueden ir acompañadas de
experiencias estéticas que marcan una vida. En el libro tomo varios artistas, como Christian
Boltanski: cuenta las dificultades que sufría con su encierro, cómo su familia lo favorece dejándolo
pintar y se le desarrolla una posibilidad También abordo la experiencia de Jacques Derrida a sus 12
años en Argelia, cuando fue expulsado del colegio por judío -durante la ocupación nazi de Francia-:
la exclusión y lo que le genera la palabra “comunidad” es muy fuerte, y cómo después él desarrolló
de forma tan interesante su filosofía.
–¿Cuáles son los casos de consulta adolescente más habituales en el presente, tanto en consultorio
como en hospital, y a qué se debe?
–En el consultorio hay un perfil de consultas variado, desde inhibiciones; depresiones; conflictos con
los pares, los familiares, los padres: cuestiones comunes que deparan sufrimiento, de todas las
épocas. En el ámbito hospitalario hay más trastornos de conducta alimentaria; autolesivas, y
consumo de sustancias. Se cree que entre los adolescentes no existen las neurosis pero tienen plena
vigencia, aunque se denominen diferente. Los conflictos neuróticos tienen que ver con
padecimientos respecto al amor, sufrimientos por ser dejado de lado, distintas cosas. También tienen
que ver con el contexto: si a un joven le pasan demasiadas cosas en algún terreno conflictivo,
además de su propia forma de relacionarse y sus dificultades, sucede que no está sostenido como
debería; siempre hay que ubicarse dónde y a quién van destinados estos asuntos. En la dinámica
del desarrollo adolescente están vinculados los padres con los conflictos que se ponen en juego: si
en esa confrontación no hay una contención del otro lado que lo vuelve a una posibilidad, pueden
haber diversas situaciones que no terminen bien. Por otra parte, las consultas en consultorio son
más específicas: hay una idea del conflicto, del problema psíquico a abordar y se recurre aquí a una
psicoanalista/psiquiatra infanto-juvenil. Y en el hospital hay consultas que se tienen que transformar
en abordables por salud mental –pediátrica, aunque sean adolescentes–, ya que en principio vienen
como consultas en las que no hay idea de trabajo psíquico a realizar.
-¿Cómo se concreta la “confrontación sin que resulte destructiva para el joven”?
-Sería terrible creer que un joven sería bueno si fuese obediente, una idea del desarrollo espantosa...
El tema es que en esa confrontación no queden aniquilados. Su oposición, búsqueda, enojo, desafío
-todo lo que implica el tener que dejar sus amores infantiles- cuesta y no se hace sin un grado de
agresión o distancia. Nunca evolucionaría una sociedad si cada generación no se peleara con la
anterior y buscase otros caminos. Nuestras intervenciones profesionales tienen que escuchar al
joven: encauzar lo que busca, sin que confronte salvajemente con lo que necesita como sostén.
Cuando el tema va más lejos de lo que él puede bancar (necesita un grado de respuesta parental,
ya que no está en condiciones de no tenerla), está la intervención.
–¿Qué sucede con el consumo de sustancias y las toxicomanías en el presente?
–El consumo en la adolescencia no necesariamente tiene por qué ser problemático, tiene más que
ver con vencer las inhibiciones que con un consumo compulsivo. Pero también puede tener ese
carácter: lamentablemente muchos jovencitos llegan a urgencias con un coma alcohólico, sin pensar
ni ellos ni su familia que podían llegar a eso. Hay que indagar en esta situación y las circunstancias
en las que se dan, entran muchos factores. Sería hipócrita creer que el consumo parte de los chicos:
es una sociedad consumista, se ofrece de todo. Y el sistema capitalista no favorece porque intenta
evitar cualquier situación que produzca tensión, dificultad, angustia –además de los grandes
negocios en torno al consumo de sustancias–. Hay una desintegración importante en el tejido social:
las familias no tienen posibilidad de sostener adecuadamente a sus jóvenes y a ellos no se les
propone “pensemos qué pasa”, sino que la respuesta es “aliviar pronto lo que pasa”; funcionamiento
que facilita más el consumo.
–También en tu texto sostenés que “la condición humana no es feliz, aunque exista un discurso
contemporáneo que intenta avalar lo contrario”.
–No podemos evitar el dolor: muchas cosas que se piensan y se pueden llevar a cabo requieren
atravesar situaciones que generan un malestar. No se puede estar buscando la idea de la felicidad
como tal, sino entender que algunas cuestiones en sí mismas pueden deparar conflicto pero también
mucha satisfacción si se encuentran caminos propios para concretar lo que uno desea.
-Abordás el tema de “desafiar la muerte con simulacros, una tendencia mortífera que se impone”.
¿Por qué creés que sucede y cómo se abordan estas problemáticas?
–Cuando hay varios llamados hay que tener cuidado: alguno puede resultar. No quiere decir que
siempre el sujeto busque aniquilarse, pero algunos llamados de atención tienen un perfil complejo
que podrían llegar a situaciones trágicas. Ciertas intervenciones si son apropiadas, prontas,
desbarajustan ese sistema y pueden encauzar una situación que se volcaba en diversos tipos de
actuaciones, dentro del poder de la palabra y la reflexión.
-Decís que el tema de lo íntimo con los púberes requiere distintos carriles de abordaje. ¿Cuáles son
y cómo funcionan?
-Los conflictos que refieren siempre implican secretos, inhibiciones, temores. Los jóvenes suelen
presentarse ante los demás de una manera más desfachatada, pero esto no quiere decir
necesariamente que ese sea el funcionamiento... Es verdad que por todo el sistema actual de redes
puede tener consecuencias y alcances que a veces se vuelven en su contra. Hacen lo que pueden:
tienen sus miedos; inhibiciones; conflictos; cuando se trata de neurosis -en otro tipo de patologías
ocurrirán otras cosas-. Respecto al abordaje, cuando hay situaciones de riesgo y urgencias se
necesita trabajo interdisciplinario con médico; nutricionista; toxicólogo u otros profesionales. Vemos
situaciones en sí mismas que no requieren trabajo interdisciplinario, y tienen que ver con los
conflictos de los pibes, pero sí el ver qué ocurre en esos vínculos dentro de lo familiar para que el
joven no quede tan expuesto.
-¿Cómo se logra esto del “aprender de estos jóvenes y no prejuzgar…”, que mencionás en tu obra?
-Siempre se aprende de los pacientes, uno trabaja con ellos... Escuchar lo que está trayendo cada
joven requiere ver de qué se trata y a qué obedece, dentro de qué dinámica, qué le está pasando y
ofrecerse para trabajar con eso.

Básico Sara Cohen

Psicoanalista y psiquiatra infanto-juvenil. Miembro titular en función didáctica de la Asociación


Psicoanalítica Argentina y de la Asociación Psicoanalítica Internacional, forma parte del Servicio de
Salud Mental Pediátrica del Hospital Alemán. Es poeta, ensayista y traductora. Recibió en dos
oportunidades la beca Faculty Research Program, del Consejo Internacional de Estudios
Canadienses, en los períodos 2003-2004 y 2011-2012. Entre sus publicaciones se encuentran los
libros de ensayo El silencio de los poetas (2002), La frontera de la lengua (2006) y La niñez cautiva
(2015); los libros de poesía Una conversación que no tuvo lugar (2015) y Detrás de la cabeza (2018),
entre otros y la novela Veintinueve días de junio (2006).

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