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NUEVO MÉTODO AUSTRÍACO

- INTRODUCCIÓN
En el mundo de la construcción de túneles se habla, a menudo, del Método Austriaco
como de un sistema algo misterioso, el cual todo el mundo dice haber usado, como si no
haberlo hecho fuera un desdoro o un sistema de estar anticuado.
A nuestro entender, en el mundo de los túneles no hay métodos antiguos y modernos,
sino posibilidades antiguas y modernas. En el siglo XIX no podía soñarse en construir
más de 2 km de túnel al mes en una ciudad como Madrid (como se hace en la
Ampliación del Metro actualmente): ni la mentalidad, ni la maquinaria disponible lo
hubieran permitido. Sin embargo, en 1893 Robbins patentó ya un escudo con cabeza
rotatoria de picas, avance con gatos contra el revestimiento prefabricado y un sistema de
cadenas para extracción del escombro, con una idea muy similar a la de los escudos
integrales actuales, considerados como muy modernos. Lo que cuenta son las buenas
ideas y adecuar el método de construcción al terreno y a las condiciones que rodean a la
obra (ambientales, económicas, de plazo, de longitud, etc.).
En este sentido cabe señalar que el Método Austriaco es un método clásico, utilizado en
el siglo pasado para hacer algunos de los más importantes túneles de Europa, como los
de Los Alpes. Dicho método esquematizado en la Fig. 1, pretendía excavar en roca con el
menor deterioro posible, a sección multipartida, intentando que la cohesión de la roca se
mantuviera y, así, los empujes fueran pequeños, sujetando –al abrir tajos pequeños- los
bloques de roca con un sostenimiento principalmente de madera. Abriendo dos galerías
–en clave y solera- no sólo se reconocía el terreno, sino que –mediante la comunicación
entre sí por pozos-permitían extraer el escombro de la parte de bóveda por la galería
inferior. Una vez sostenida toda la sección, se procedía a ir construyendo el
revestimiento de abajo a arriba, con mampuestos.
Se pretendía, así:
- No alterar la roca excesivamente, abriendo tajos cortos.
- Instalar, de forma completa, un sostenimiento provisional (que permitía una
cierta relajación, al ser de madera).
- Construir –a cierta distancia, de varios diámetros- un revestimiento definitivo,
encargado de recibir las cargas totales.
Lo que se pretendía era resolver el problema derivado de la escasa potencia de los medios
de excavación disponibles y adecuar la velocidad de excavación y la de colocación del
sostenimiento, para que la roca no estuviera desnuda y los operarios estuvieran
protegidos. La construcción del revestimiento definitivo, así, no corría excesiva prisa.
Una derivación de este método, pero con otra filosofía, es el Método Tradicional de
Madrid (derivado del belga intermedio) en que se pretende construir en suelo y no en
roca, es decir, sin esa cohesión que se ha comentado. Por ello, el sostenimiento no es
suficiente más que para unas horas y el revestimiento debe colocarse lo antes posible.
En el fondo, este Método Austriaco (limitado, como lo eran los métodos de excavación
disponibles), ya estaba aventurando, como se ha visto, las ideas de lo que hoy es básico
en la construcción de túneles en roca.
Fig.1
PRINCIPIOS DEL NUEVO MÉTODO AUSTRIACO
Aunque en el lenguaje corriente se hable del Método Austriaco, a lo que hoy día nos
referimos, realmente, es al Nuevo método Austriaco (N.A.T.M. son sus siglas en inglés),
desarrollado y patentado por Rabcewicz, nada más pasar el ecuador de este siglo. Su
experiencia provenía de haber tenido que construir túneles, durante las Segunda Guerra
Mundial, de bajo coste, con espesores de hormigón muy delgados, que le habían
obligado a medir mucho para comprobar si los ahorros habían sido efectivos. Con la
llegada del hormigón proyectado extiende su experiencia e idea y llega a patentar un
nuevo sistema (o sistema-filosofía). Como indica el Profesor Rodríguez Ortiz en su
conferencia sobre diseño de túneles en roca (Curso de Túneles en Roca, CEDES, 1995),
en la Memoria original de la patente se explica que este Nuevo Método Austriaco se
caracteriza por:
- La aplicación de un revestimiento delgado, semi-rígido, colocado inmediatamente
antes de que la roca pueda ser perjudicada por la decompresión.
- Este revestimiento –que nosotros llamamos sostenimientos- se diseña para
alcanzar un equilibrio permanente, después de adaptarse a un reajuste de esfuerzos,
sin especificar de qué material ha de ser construido.
- El revestimiento –o sea, el sostenimiento- puede ser de cualquier material adecuado
al propósito indicado, tal como anclajes, hormigón proyectado, hormigón, hormigón
prefabricado o arcos metálicos y cada uno de estos medios puede emplearse solo, o
bien emplearse una combinación de dos o más de ellos.
Llevado por su experiencia anterior, Rabcewicz pone como punto importante la
instrumentación (sobre todo el control de convergencias), como máxima garantía del
buen funcionamiento de un sostenimiento delgado.
En los años posteriores, a las publicaciones de Rabcewicz se unen las de Müller (el de
Salzburgo) y otros autores, que van articulando los aspectos teóricos del tema, con
objeto de que tenga una especia de cuerpo de doctrina específico, ya que si se considera
el texto de la patente, podría considerarse como N.A.T.M. cualquier sistema de hacer
túneles (incluso con TBM-EPB integral), ya que el sostenimiento puede considerarse
semi-rígido. En ese sentido Müller-Salzburg indica, como principios básicos del método:
- Utilizar la propia roca como elemento resistente frente a las cargas que se van a ir
produciendo durante la excavación.
- No introducir daños apreciables a la roca con el sistema de arranque, a fin de que
no se abran más diaclasas, no se formen grandes aureolas de decompresión, etc.
- El sostenimiento inicial a colocar deber ser flexible (ya no semi-rígido) y proteger
al macizo rocoso de todos los efectos que entraña la eliminación de la roca en el
interior de la sección del túnel. Es decir, evitar meteorización, progreso de la
decompresión y decohesión inducidas por el arranque, etc. Debe colocarse en
magnitud y velocidad adecuada a cada tipo de roca, a efectos de que se eviten esas
influencias negativas.
- El revestimiento definitivo no es preciso que esté inmediatamente próximo al
frente de avance. Su instalación debe hacerse –si se requiere- con las deformaciones
del sostenimiento ya estabilizadas, a fin de minimizar en él los esfuerzos. No es
necesario que sea de tipo rígido.
- Debe controlarse, en todo momento, el comportamiento de la roca y el
sostenimiento, para comprobar su eficacia o la necesidad de su refuerzo. La medida
de convergencias parece el elemento básico de control.
El desarrollo de la técnicas del hormigón proyectado o gunita (utilizada masivamente en
Austria desde 1954 y empleado en España, por primera vez, en el Túnel de Miranda en
1958), permite el desarrollo del N.A.T.M. al darle su arma preferida: un sistema de
sostenimiento de colocación inmediata, graduable en resistencia (dosificación) y rigidez
(en función del espesor a proyectar y de los refuerzos con cerchas, mallas, etc., que se
utilicen).
Las líneas características (o sea su relación presión-desplazamiento) del terreno y del
sostenimiento llegarían a un equilibrio tras la adecuada deformación y la oportuna
relajación que se produce en el macizo rocoso.
Sin embargo, hay que tener en cuenta algunos aspectos en lo que se acaba de indicar:
- La excavación siempre afecta a la roca, lo que ocurre es que las deformaciones
inducidas movilizan la resistencia de las diaclasas y ayudan a sostener el macizo,
sobre todo si el sostenimiento ayuda a limitar ese movimiento.
- Con ello se consigue que el peso que gravite sobre el sostenimiento sea el de
aquella zona de roca que movilice resistencia en diaclasas. Si esa movilización es
pequeña, la corona de roca afectada alrededor del túnel es de poco espesor y la carga
sobre el sostenimiento es pequeña.
- Si los desplazamientos son muy grandes –es decir, si el sostenimiento fuera
excesivamente flexible- se rebasaría al resistencia de pico de las diaclasas y, aunque
quedara la residual, la resistencia de la roca alrededor del túnel descendería
claramente, obligando a que se movilizara la resistencia de diaclasas más lejanas, con
lo que una masa mayor de roca incide sobre el sostenimiento.
- Los fenómenos de fluencia, de liberación de tensiones internas, etc., hacen que
deban considerarse diferentes líneas características del terreno para corto y largo
plazo, por lo que el equilibrio inicial puede no ser definitivo y necesitarse un refuerzo
del sostenimiento con el tiempo o recurrir al revestimiento definitivo como ese
refuerzo.

APLICACIÓN PRÁCTICA DEL N.A.T.M.


Los sistemas de sostenimiento hoy día usados son diversos:
- Principalmente, el hormigón proyectado (con mallas metálicas, etc.), tanto por vía
seca como por vía húmeda (más conocida)
- Cerchas TH
- Bulones, a la resina (los más rápidos de instalación) e inyectados (cuando el
material se desmorona, hay humedades, etc.), tanto metálicos (Ф 20 a 50 mm) como
de fibra de vidrio (como refuerzo provisional del frente en paradas), etc.
La gunita es el elemento más utilizado y manejable, pudiendo, hoy día, aplicarse con
robots, de forma que los operadores queden alejados del frente de excavación,
aumentando así sus seguridad. Es buena práctica dar una mano de gunita nada más
excavar, para evitar pequeños, pero peligrosos, desprendimiento. A continuación ya se
pueden colocar cerchas (cuyo uso viene heredado de la antigua práctica minera de
sujetar bloques inestables con las propias cerchas, acuñándolas contra los bloques). No
parece conveniente poner las cerchas antes de una mínima protección de gunita, por el
riesgo que entraña a los colocadores de cerchas. Sin embargo, en materiales muy
fracturados, la velocidad de deformación puede ser muy grande e impedir que la gunita
fragüe, por lo que se usan, entonces, primero las cerchas y después la gunita.
Precisamente el que el hormigón proyectado sea casi siempre utilizado en el N.A.T.M., es
lo que ha hecho que muchas personas piensen que: N.A.T.M. = Gunita y viceversa, cosa
que no es correcta. Con hormigón proyectado pueden conseguirse revestimientos muy
rígidos que no sigan la filosofía del N.A.T.M.
Esa gunita puede armarse con mallazo metálico o con fibras metálicas, siendo esta
última solución a la que, actualmente, tiene más aplicación, por el ahorro de tiempo que
supone la colocación de la malla (y el riesgo que siempre supone operadores cerca del
frente) y por las resistencias que ya se alcanzan con las gunitas armadas con fibras. La
primera capa de sellado suele darse sin fibras (ya que suele tener mayor rechazo), pero
eso, a veces, tiene el inconveniente de tener que realizar amasadas diferentes al ir a
gunitar una zona con sellado y otra con refuerzo de espesor.
Ya en los grandes túneles realizados con el N.A.T.M. en Los Alpes (años 60 y 70, como el
Túnel de Alberg o el de Tavern en la Directísima de Austria) , se realizó un diseño, en
función del tipo de terreno, que contemplaba la utilización de siete tipos de secciones,
con mayor o menor refuerzo, y la posibilidad de que el frente se abriera a plena sección o
en dos o tres fases. Esta sistemática es habitual, con lo que, en la práctica, se sigue el
siguiente proceso de diseño y construcción:
- Estudio geomecánico del macizo rocoso en el que se va a construir el túnel, con
determinación de tipos de materiales, direcciones de diaclasado, estado de las
diaclasas, presencia de agua, toma de muestras, ensayos de laboratorio e in situ, etc.
Se consigue, así, el disponer de estudio geológicos y geotécnicos bases, con definición
de materiales y propiedades, anomalías o fallas, etc.
- Se procede a caracterizar geomecánicamente el macizo, con utilización de las
clasificaciones geomecánicas, lo que conduce a sectorizar el trazado, en función de los
materiales existentes, presencia de agua, grado de fracturación, etc.

- Definición de secciones tipo de sostenimiento en cada sector antes distinguido,


que se determinan según diversos tipos de análisis que más adelante se comentan.
- Excavación del túnel, con los medios previstos y que se adecuen al principio
fundamental de dañar la roca lo menos posible.
- Instalación del sostenimiento previsto en cada sector y que se explicita (en
función de las secciones tipo disponibles) por el estado del frente que se va abriendo
(con la supervisión de un técnico que debe estar a pie de obra).
- Instalación inmediata de secciones de auscultación y control, base fundamental
del N.A.T.M. El control mínimo de convergencias (triangulación de la sección abierta,
o sea, con referencias en clave y hastiales), suele hacerse cada 40-50 m, en función
de la calidad del terreno (que, a veces, obliga a instalar referencias cada 20 m), a lo
cual se suele añadir (con intervalos mayores (100-150m, p.e.), el control de empujes
sobre el revestimiento (instalando células de presión total en el contacto gunita-
terreno), los esfuerzos en cerchas (extensómetros eléctricos o de cuerda vibrante) y en
bulones (células de carga), movimientos del interior del terreno respecto al
sostenimiento (extensómetros múltiples de varilla), etc.
- De seguimiento e interpretación de la instrumentación, puede deducirse si la
sección de sostenimiento es la adecuada para ese sector o si es necesario reforzarlo (e,
incluso, si es excesiva). Normalmente, a la magnitud absoluta de movimientos (la
convergencia no debe exceder, habitualmente, del 1-2% de la anchura del túnel),
presiones, etc., lo que suele ser más importante es observar el gradiente de los
movimientos inducidos, que dan una mayor idea sobre al evolución y comportamiento
del sostenimiento. Velocidades de deformación del orden de centímetros por día suelen
ser señal de alto riesgo.
- Si es necesario, puede colocarse un revestimiento definitivo, que suele ser de
hormigón en masa. Muchas veces, este revestimiento es más necesario por condiciones
de ventilación (a partir de 500-600 m de longitud), para reducir la rugosidad con que
suele quedar el sostenimiento. Si la calidad de la roca es alta puede sobrar el
revestimiento y sólo proceder, simplemente, a reforzar los puntos del sostenimiento más
débiles, irregulares, etc.