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EL CERDITO DE LA OREJA BLANCO.

Había una vez un niño llamado Juan, él crio un cerdito que había
quedado huérfano desde el día de su nacimiento, desde aquel
momento Juan se encariñó mucho y prometió cuidarlo. El cerdito
tenía el cuerpo de color marrón con algunas manchas negras, lo
más característico en él era que tenía una oreja de color blanco,
y esto le gustaba mucho a Juan.

Cada mañana se levantaba muy temprano para alimentar al cerdito, chancaba su


maíz lo más menudo posible, luego de ello salían a revisar a todos los animales
de la granja. Una vez terminado los quehaceres se iban al campo, correteaban
hasta quedarse sin aliento, terminaban el día bañándose en la cascada de
Talliquihui. Así fueron pasando los días y el cerdito se robustecía y se veía muy
brioso. Juan decidió poner un nombre, lo pensó por varios días hasta que por fin
se decidió por un nombre se dijo – lo llamaré “Oreja Blanco”. Como cada fin de
semana Juan, llevaba a vender a la ciudad los huevos que las gallinas ponían,
Oreja Blanco lo siguió como de costumbre, en el camino pasaron por casa de la
tía Asunta donde Juan dejaba leche y huevos, Oreja blanco conoció a tres
cerditos, ellos se pusieron a jugar, corrían por el campo sin ningún detenimiento.
Al ver Juan lo feliz que estaba Oreja Blanco, decidió dejarlo en la tía Asunta no
sin antes recomendarle que le cuidase mucho, ella aceptó sin embargo, no
recordó que en el corralón había un cerdo negro muy grande y malo. El cerdo
malo cuando vio a Oreja Blanco, se enfureció, rompió el vallado que lo detenía y
fue en embestida. Oreja Blanco al verlo se asustó mucho y empezó a gritar
mientras corría. La tía Asunta al oír los gritos salió asustada a ver lo que pasaba,
empezó a gritar auxilio, auxilio, ayúdenme por favor. Juan al escuchar ese barullo
regresó inmediatamente, poco pudo hacer para detener al cerdo enfurecido.

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Oreja Blanco tuvo que huir hacia la montaña frondosa sin dejar rastro alguno y
tras de él aquel cerdo malvado, endemoniado que le perseguía para quizás
descuartizarlo.

Juan emprendió su búsqueda, gritaba en el bosque Orejaaaa Blancoooo dónde


estássss, Oreja Blanco, amigooo, Oreja Blancooo vennn. Solo se escuchaba el
eco de su voz, no había respuesta alguna más que el silencio.

Los vecinos de la comunidad ayudaron, ingresaron al bosque con la esperanza


de encontrar algún rastro de Oreja Blanco, ancianos, adultos y niños, toda la
comunidad. Así pasaron los días, semanas y meses. Nunca más se volvió a saber
ni de Oreja Blanco ni del cerdo malvado.

Juan quedó muy acongojado porque había perdido a su amigo de tantas


aventuras, nunca más volvería a encontrar alguien igual que Oreja Blanco. Los
vecinos al final, quedaron enmudecidos, de vez en cuando se oía un susurrar que
decía – pobre cerdito, pobre Oreja Blanco, el demonio se lo ha llevado–, el
demonio se lo ha llevado…

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