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Estilos de crianza

Baumrind (1966, citado por Capano, González y Massonnier, 2016) en su teoría,


propone cuatro estilos de crianza a partir de dos dimensiones, tales como el
control/establecimiento de límites y afecto/comunicación. La dimensión de control hace
referencia a la disciplina que intentan conseguir los padres y de manera que supervisen
el comportamiento; la dimensión de afecto refiere a la aceptación, al amor, y aprobación
brindada a los hijos. Por consiguiente, estas dimensiones desarrollan los siguientes
estilos de crianza, los cuales marcan de manera significativa en el desarrollo humano
durante los primeros años de vida, siendo estas herramientas o estrategias
implementadas por los padres:

Estilo Democrático

Son aquellos padres sensibles ante las necesidades de atención de los hijos
promoviendo la responsabilidad y autonomía, presentan mejor ajuste emocional,
comportamental y niveles altos de comunicación, afecto y exigencias de madurez, por
este motivo, tienden a ser afectuosos reforzando siempre el comportamiento, evitando el
castigo; aquellos padres quienes aplican este estilo de crianza se diferencian de los
demás ya que dirigen y controlan de manera consciente los sentimientos y las
capacidades.

Estilo Permisivo

Los hijos que viven en hogares con este estilo de crianza tienden a mostrar altos
niveles de desobediencia, dificultad en la adopción de valores, constantes conflictos con
los padres, afecciones en la autoestima, problemas en el control de impulsos y la
adquisición de riesgos en el consumo de sustancias psicoactivas (Torío, Peña & Inda,
2008; citado por Capano, González y Massonnier, 2016). Esto se debe a la falta de
restricción por parte de los padres y al ambiente familiar desorganizado; de modo que
no existe establecimiento de normas y reglas lo cual dificulta la aceptación y respeto
ante las obligaciones adquiridas. (Huamán, 2017).

Estilo Autoritario:
Los niños y adolescentes quienes se ven expuestos a este estilo de crianza llegan a
presentar problemas a nivel emocional ya que tienden a ser personas irritables con altos
niveles de tensión y un estado de ánimo bajo; esto debido a la constante exigencia, la
escasa sensibilidad, apoyo y acompañamiento por parte de los padres siendo personas
distantes, poco afectuosas proporcionando reglas claras sin cuestionamiento ante las
decisiones tomadas por los mismos (Huamán, 2017).

Estilo Negligente:

Las personas quienes han crecido en ambientes familiares con este estilo de crianza
presentan problemáticas a nivel académico, emocionales y conductuales. No existen
vínculos afectivos, supervisión y guía por parte de padres, por el contrario, el castigo
físico predomina como medida disciplinaria ante errores y faltas cometidas. Este tipo
de situaciones conlleva a complicaciones y efectos negativos en el desarrollo social de
los niños y adolescentes ya que pueden llegar a ser personas inseguras, inestables, baja
interacción con pares y altas probabilidades presentar conductas delictivas. (Capano y
Ubach, 2013)